miércoles, 27 de junio de 2012

Un mal rescate que nos empujará al abismo

 

27jun 2012  Público.es

Juan Torres López
Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

Por fin se produjo lo que Rajoy, como otras tantas cosas que ha negado, aseguró que nunca se produciría. En una carta, por cierto, plagada de faltas y con redacción deplorable, España se entrega  una vez más a los poderes financieros y se somete a un designio que inmola los intereses nacionales en aras de los mismos grandes banqueros que han provocado el daño que sufrimos.

Lo que Rajoy y sus ministros negaban que se fuese a dar, lo habíamos anticipado con precisión Vicenç Navarro, Alberto Garzón y yo en nuestro libro Lo que España necesita. Una réplica con propuestas alternativas a la política de recortes del PP que ya está en librerías publicado por Deusto Ediciones. En su página 96 escribimos: “En esta situación a los bancos acreedores, principalmente alemanes, lo único que les interesa es salvar sus muebles, es decir, que se garantice que los bancos españoles van a pagar su deuda con ellos. Por eso, con el apoyo de sus gobiernos, presionan al español para que tome medidas que garanticen el saneamiento de sus balances  y el pago de la deuda. Y no les importa que dándole prioridad a esto se deteriore cada día más la economía porque esa es la excusa perfecta que tendrían para intervenir y ‘rescatar’ a España, es decir, para obligarla a suscribir préstamos cuantiosos que se dedicaría directamente a refinanciar a los bancos españoles para que estos devolvieran a su vez la deuda a sus acreedores.”

Da hasta vergüenza escribir de nuevo para adelantar –como venimos haciendo muchos economistas críticos desde hace años– lo que va a ocurrir en los próximos meses, pero es que no resulta difícil preverlo y es preciso combatir como sea la mentira continua de nuestros gobernantes. Ya se han “rescatado” de esta forma a otros países y en otros lugares, así que sabemos casi a ciencia cierta lo que nos va a ocurrir a nosotros cuando se nos aplique el mismo protocolo.

Lo primero que sabemos es que no nos entregamos a almas beatíficas, que sepan cuál es la cura que precisan nuestros males y que tengan los medios para evitarlos, como nos hacen creer. Las autoridades a las que recurrimos para que nos salven son las que han tomado las decisiones que nos han llevado a la situación en las que estamos y las que se muestran totalmente incompetentes e incapaces de sacar a los países europeos de la crisis. Son las que miraron a otro lado cuando los bancos alemanes y europeos en general financiaban la burbuja y cuando cargaban sus balances de basura financiera, provocando así que se hundieran las economías. Y son las que llevan ya dedicados varios billones de euros a salvarlos sin conseguir, sin embargo, que vuelvan a financiar la actividad y el empleo, que es lo que deberían haber conseguido para que la economía vuelva a ponerse en marcha. Nos ponemos, pues, en manos de incompetentes que vienen tomando decisiones en virtud de un fundamentalismo ideológico que en lugar de salvar a otros países los ha hundido aún más después de rescatarlos. Así que es demasiado ingenuo, o una verdadera locura, creer que cuando lo hagan con nosotros van a tener un súbito ataque de sabiduría y lucidez que los lleve a tomar las decisiones correctas que no han sabido adoptar hasta ahora con ningún otro país.

Sabemos que este rescate es, en todo caso, un rescate de los bancos y que ni siquiera eso va a funcionar bien. El rescate que se prepara no va a resolver los problemas del sector bancario porque se adopta sin haberse atrevido a poner en negro sobre blanco la verdadera situación patrimonial de cada uno de ellos, para evitar así el escándalo de mostrar las barbaridades que han cometido los banqueros españoles (y alemanes, no lo olvidemos) a costa de hundir a la economía. No va a funcionar y no va a servir para tranquilizar a los mercados, por utilizar la expresión con la que se refieren a los inversores especulativos que hacen el agosto por anticipado con la incertidumbre, y la prima de riesgo seguirá desbocada porque nadie se cree los resultados de las auditorías privadas que se han realizado para justificar la petición de rescate. Sus estimaciones se basan en el diseño sin fundamento científico alguno de escenarios que nunca han acertado a prever y se refieren al sistema en su totalidad y no en concreto a las entidades que necesitan más o menos capital, que hubiera sido lo necesario. El rescate de la banca que se prepara tampoco salva al sector financiero español como tal, porque este tipo de operaciones no se hace para lograr que vuelva a fluir el crédito, que es lo que hace un sistema sano, sino para recapitalizar discrecionalmente a las entidades y ayudarles a que mejoren sus cuentas de resultados, que es otra cosa. Así que el rescate no va a restaurar la solidez del sector, ni salvará a la banca en general o a todas las entidades que lo conforman, sino que solo conseguirá poner en bandeja de las grandes el resto del mercado.

Este rescate, por supuesto, no salva a la economía española sino que la hundirá más por varias razones. Porque va a ir de la mano de condiciones que van a agudizar la parálisis de la actividad, toda vez que no rompen con la tónica de austeridad y descapitalización pública que vienen provocándola. Porque no contempla los males de fondo que han producido el deterioro estructural de nuestra economía: la especialización perversa; la desigualdad; la venta a mal precio de activos vinculados a nuestro mercado interno y la pérdida de fuentes de ingresos endógenos; la disminución de capacidad adquisitiva de asalariados, de trabajadores autónomos y de pequeños y medianos empresarios; el mal funcionamiento de nuestra administración pública y el gasto innecesario y la corrupción de muchos de nuestros administradores y grandes empresarios; el fraude y la inequidad fiscal y la carencia de políticas redistributivas potentes que ayuden, como en los países más avanzados, a que la actividad sea más sostenible económica, ecológica y socialmente y más competitiva… Y, porque, en lugar de reforzar las necesarias fuentes de valor que se necesitan para que una economía progrese con bienestar (conocimiento, innovación, espíritu empresarial, sinergias y creación de redes…) las va a destruir para muchos años.

Y el rescate no va a permitirnos salir adelante porque tampoco aborda el daño que hace a nuestra economía la pertenencia a una unión monetaria mal diseñada, sin resortes de reequilibrio y sin las instituciones que la teoría económica más elemental nos ha enseñado que debe poseer para no ser un mecanismo endiablado de generación de inestabilidad, de desigualdad y de problemas de eficiencia de todo tipo.

Sin abordar estos asuntos, e incidiendo en los que, por el contrario, ahondan en nuestras carencias, podemos predecir que la economía española va a ir a peor inmediatamente después que se ponga en marcha este rescate. Un rescate a costa de todos los ciudadanos que puede dar un respiro a algunos grandes banqueros, que tendrán más cerca quedarse con todo el mercado, pero que nos pondrá directamente en la antesala de otro nuevo, ya de toda la economía y que igualmente podemos anticipar que tampoco servirá para nada, porque es imposible que España pague la deuda acumulada y la que se va a ir añadiendo cada vez más vertiginosamente, como tampoco la van a poder pagar los demás países europeos.

Nuestros gobernantes se empeñan inútilmente en cuadrar el círculo y así nos han introducido en una espiral trampa de la que ya solo se puede salir cortando por lo sano. Es materialmente imposible hacer frente a la deuda del modo en que quieren hacerlo las autoridades europeos y el gobierno español, suponiendo que este sepa lo que quiere. Las políticas europeas contra el déficit no alivian la deuda sino que son su fuente de crecimiento inagotable. Y ocultan que la deuda no solo tiene causas sino también propósitos: la esclavitud de los pueblos y el mayor negocio de los banqueros. Las políticas y rescates, como el de ahora a España, que dicen que se adoptan para disminuirla simplemente la aumentan y nos sitúan en la antesala de medidas aún más drásticas para avanzar hacia lo que de verdad van buscando: imponer un nuevo modelo que les proporcione beneficios a base de empobrecer a la población para competir a la baja con el resto del mundo, eliminando para ello todo resto de estado de bienestar y de justicia fiscal o económica.

El tiempo se encargará, más pronto que tarde, de señalar de nuevo quién lleva razón y quién no.

martes, 19 de junio de 2012

PATAKOS CON CORBATA

 
 
 

  PATAKOS ECONOMISTA EN GRECIA
 
 


Europa, Coriolano enfurecido
19jun 2012:    
Coriolano fue un general romano que quiso dar un castigo ejemplar al pueblo de Roma. Primero se propuso hacerlo con el hambre, después con las armas. En la obra homónima de Shakespeare, Coriolano declama en una escena: para merecer la grandeza, hay que merecer el odio del pueblo. Eso mismo deben de tener en mente los dirigentes de Europa, pues el acoso a la voluntad del pueblo griego no solo ha venido de periódicos como el Financial Times en su versión alemana, sino de las mismas instituciones europeas. Hoy Coriolano ya no lleva espada, sino corbata.
En una entrevista reciente en La tertulia en el canal 24 horas de TVE (11/6/2012), el secretario de Estado para la UE, Íñigo Méndez de Vigo, señalaba en relación con las elecciones de Grecia del pasado domingo que él esperaba “que ganasen los buenos”. Y añadía que un amigo socialista le había comunicado que “nunca había deseado tanto que ganase la derecha”. Tiempo atrás esto hubiese podido ser una afirmación escandalosa. Ahora, sin embargo, ya no puede sorprender a nadie.
El espectáculo que Europa ha dado en las últimas semanas en lo tocante a estas elecciones no es producto de una locura transitoria, sino la expresión del sistema neoliberal europeo en un momento de posible colapso. Las amenazas que Europa ha lanzado al pueblo griego son una herida en la delirante visión que la UE tiene de sí misma. O votaban a los conservadores de Nueva Democracia o el destierro. Esto tiene un precio. Y se llama democracia y proyecto europeo.
Al neoliberalismo, entendido como la cultura política de los mercados, le sobra la democracia, pero no el Estado-nación. Los gobernantes de Europa lo han venido dejando claro. El condicionamiento del voto griego por una campaña de terror mediático pone en claro una contradicción en el proyecto europeo que ya había salido a la luz con los gobiernos tecnócratas de Italia y Grecia. Europa se precia de legitimarse mediante un voto legislativo o gubernamental cada x años. No obstante, de la última semana podemos concluir que el voto estorba en determinadas ocasiones. Y que es lícito amenazar y castigar ese voto con el infierno si los electores se salen de lo aceptable, esto es, del turno bipartidista que sustenta moralmente el sistema y acepta el realismo que éste exige.
De ello podemos deducir algo que ya sabíamos: que la democracia liberal es más liberal que democrática. No es intención de Europa llevar el voto a otros ámbitos que pudieran hacer avanzar a las fuerzas de lo común y retroceder al imperio de los mercados (el capital financiero). Y no lo es porque los Estados y la UE han aceptado el orden de cosas y la definición de la realidad que el capitalismo tardío ha impuesto. Entre otros motivos, porque han sido los gobiernos los ejecutores de esa visión de lo real que se ajusta al funcionamiento de los mercados. Los Estados-nación garantizan esta realidad mediante la legitimidad que se les supone para establecer ese orden. Pero, al mismo tiempo, estos Estados tienen unos compromisos sociales adquiridos que resultan incompatibles con las demandas de los mercados. Y ahí reside el conflicto.
Brezhnev acuñó un término para el status de Europa del Este: doctrina de la soberanía limitada. Los pueblos europeos se encuentran hoy dentro de ese tipo de soberanía,aunque el imperio ya no es el soviético, sino el de los mercados. Grecia es el ejemplo más evidente, pero España no lo es menos. Ni un solo gobernante exige sacrificios a esos mercados. Nadie los ha votado, pero los gobiernos actúan para darles confianza en detrimento de la de los pueblos. Éstos votan, pero no se les tiene miedo a menos que su voto vaya contra esos mercados que limitan la soberanía de los Estados. Las amenazas de expulsión a uno de sus miembros si se salía de lo aceptable es un hachazo al proyecto de la UE. El verdadero rostro de Europa ha quedado al descubierto.
Es difícil pensar en una vuelta atrás. La UE no nació como un proyecto de democracia plena, pero al menos trataba de disimularlo con su retórica. Sin embargo, las elecciones griegas han marcado un nuevo hito en este proceso de subordinación de las instituciones a los mercados. Los modos que Europa ha empleado con otras partes del mundo se dirigen ahora contra uno de sus miembros. Y no contra uno cualquiera, sino contra el que se consideraba “cuna” de Europa. Resulta complicado pensar en una UE sin el país cuyo mito democrático ha servido de coartada cultural para el proyecto europeo.
Estos días hemos visto unas elecciones en un estado de sitio impuesto a un país miembro. Las fuerzas democráticas de lo común en Grecia están sufriendo este ataque del imperio de los mercados. Pero esto no ha acabado. Nada garantiza que Grecia pueda aguantar otra vuelta de tuerca. La legitimidad del sistema se ha desvelado como una farsa que ahora se nos aparece como una tragedia. No se gobierna para la multitud sino para los mercados. Cuando hay que elegir entre la gente corriente y los mercados, los gobiernos escogen a estos últimos. Grecia lo ha puesto de manifiesto, y España también. Qué más podemos hacer, decía Cristóbal Montoro, si ya hemos hecho los deberes. No hay otros deberes que hacer que el sometimiento a los mercados en un espectáculo que pone en cuestión hasta los mínimos exigibles a una democracia liberal con un cierto – por pequeño que sea- compromiso social. Se gobierna para el mercado, y éste quiere deshacerse de los restos de ese compromiso social que el liberalismo aceptó en 1945 a cambio de la estabilidad y la entrada de la socialdemocracia en el sistema. Los mercados han logrado de la UE y la prensa lo que querían: una campaña de acoso que evitase la victoria de SYRIZA.
Sin embargo, el nerviosismo y la irritación europeos demuestran que lo Diferente está presente. Y es el voto, en el que Europa cifra las alabanzas del sistema actual, aquello que han tratado de castigar con un escandaloso asedio. Europa está desnuda. Quizá la próxima vez que un gobierno del turno bipartidista prometa su cargo pronuncie las palabras que, según Aristóteles, usaban los magistrados de las repúblicas oligárquicas griegas: “seré enemigo del pueblo bajo y decidiré contra él el mal que pueda”. El sufrimiento continúa para el pueblo griego.
Finalmente, el llamado voto del miedo debe ser analizado con cuidado. La campaña del miedo no habría sido efectiva de no conectar con un sentimiento más profundo. No se debe subestimar el desprestigio cultural de las alternativas al sistema. Después de 1968, la Diferencia sistémica se configuró en el imaginario político como una Otredad monstruosa, gris y brutal, o como un escenario apocalíptico de destrucción y caos bíblico. A este respecto, ha sido sintomática la influencia de lo que Fredric Jameson ha llamado el colapso de la imaginación utópica: podemos imaginar antes el fin del mundo que el fin del capitalismo y su alternativa. Sin embargo, SYRIZA sigue ahí. Su fuerza ha crecido y su voz no ha desaparecido. La posibilidad de la Diferencia a la que remite indirectamente esta coalición sigue presente y real; tan real como el espectro europeo que afiebra las noches de Coriolano enfurecido

lunes, 18 de junio de 2012

LA VERDADERA CARA DE LA UE

 

 

El Pireo, Atenas

Casi nada cambia en Grecia y la UE respira

En unos minutos, los transcurridos desde los sondeos hasta los primeros datos sobre votos escrutados de las elecciones generales en Grecia, la «preocupación», el «temor», la «alerta» que profusamente habían transmitido las autoridades de la UE desde las anteriores elecciones se transformó en «alivio», «tranquilidad» y «buenas noticias». No porque nada haya cambiado sustancialmente, sino simplemente porque no han de enfrentarse a la más que incómoda situación que habría supuesto la necesidad de negociar con Syriza.

El partido de Alexis Tsipras no ha ganado las elecciones, pero tampoco cabe hablar de derrota, menos aun tras el acoso sufrido por esa formación, que ha logrado acumular gran parte del voto de izquierda y del descontento popular. También Nueva Democracia ha conseguido aglutinar, aunque no sea por méritos propios, la mayor parte del voto de derecha. Sin embargo, en esta ocasión tiene opción de formar gobierno con el Pasok, el cual ayer se mostraba partidario de que en la coalición también participe Syriza, lo que resulta comprensible toda vez que el hasta hace unas semanas referente mayoritario de la izquierda griega, que ha apostado por el acatamiento de las duras condiciones impuestas al país incluso cuando estas se han demostrado contraproducentes para su recuperación, ve reducido su electorado y posiblemente atisba el peligro de extinción.

Desde un punto de vista muy básicamente democrático, estas elecciones han puesto en evidencia una actitud de las autoridades europeas que merece el calificativo de sonrojante, solo igualada por los grandes medios de comunicación. Olvidada la ética, ni siquiera se han preocupado de la apariencia estética, mostrando un desprecio indisimulado hacia los ciudadanos griegos y su capacidad y derecho de elección, desprecio acorde a las medidas de austeridad impuestas no precisamente pensando en el bienestar de esos ciudadanos. Queda en el aire la pregunta, en la hipótesis ya descartable de la victoria de Syriza, sobre la capacidad y, sobre todo, el margen de maniobra con que hubiera contado ese partido para sacar adelante su program

domingo, 3 de junio de 2012

OBAMA EL JUSTICIERO MUNDIAL

 
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ESTADOS UNIDOS CÁMARA DE GAS  

03-06-2012
Justicia absoluta
La “kill list” de Obama
Marco d’Eramo
Il Manifesto
Traducción Susana Merino
El más grande horror es aquel del que nadie se horroriza. Y es el que ha llegado a los “mass media” mundiales sobre la “kill list” de Obama. En el que la “kill list” no es una película de Quentin Tarantino que podría disfrutar cómodamente el presidente de los EE.UU. sentado en un sillón de la Sala Oval de la Casa Blanca.
No la “kill list” es la lista de seres humanos que deben ser asesinados y que Obama administra personalmente todas las semanas. Algo que el New York Times define como “el más extraño ritual burocrático” “cada semana alrededor de 100 miembros del siempre elefantiásico aparato de seguridad nacional se reúnen en videoconferencia secreta, para analizar las biografías de sospechados terroristas y recomendarle al presidente cual deberá ser el próximo condenado a muerte”. Los burócratas se lo recomiendan pero la última palabra la tiene Obama que firma personalmente la condena a muerte de los “sospechosos terroristas” ya fueren ciudadanos usamericanos o extranjeros. Es de destacar que ninguno de ellos ha sido jamás condenado por ningún tribunal. El presidente de los EE.UU. se arroga literalmente el insindicable derecho de vida o muerte, sea cual fuere el ser humano de este planeta. Desde luego que una vez firmada esta “extraña” sentencia es inapelable y ni siquiera criticable (puesto que es secreta).
En el fondo, por muchos menos fue arrasada la Bastilla: los monarcas absolutos del Antiguo Régimen se limitaban a firmar sentencias, arbitrarias órdenes de encarcelación, ciertamente pero no asesinatos. Al fin de cuentas el calumniado George Bush fue más fiel al espíritu de la constitución estadounidense puesto que se “limitaba” a ordenar la arbitraria detención de cualquier sospechoso del mundo: si debía ser asesinado, el acusado era por lo menos procesado por una corte marcial usamericana. Ahora en cambio tenemos paradojalmente un presidente que fue elegido prometiendo el cierre de la prisión de Guantánamo y a no permitir que los sospechosos fueran detenidos indefinidamente sin juicio, pero que concluye su primer mandato firmando personalmente la lista de los asesinatos de estado. Detenerlos sin proceso, no, pero matarlos sin proceso, sí. Hay que tener en cuenta que la lista incluye no solo terroristas reales sino también “colaboradores”.
Para decirlo exactamente: mientras que por los decretos presidenciales de Bush podía ocurrir que un comando irrumpiese de repente en mi casa en Italia y me llevase a Egipto (o a la vituperada Siria) y me hiciese torturar por los mayores expertos y luego me transfiriese a una base militar de los EE.UU. de ultramar, como Diego García, para hacerme procesar por una corte militar estadounidense y eventualmente matarme, haciéndome desaparecer para siempre de la faz de la tierra sin que nadie se enterara, ahora con los poderes que Obama se ha arrogado, mientras estoy en Italia, cualquiera de la Casa Blanca, lee mi biografía, decide que soy un peligroso colaborador y firma mi condena a muerte: a este punto un empleado en mangas cortas (que imagino pachorrientamente obeso) de la base militar de Midwest se sienta ante su computadora y con el mando de los videojuegos dirige un drone a 9 mil km de distancia sobre la terraza de mi casa y me fulmina con un misil.
Sin embargo el sosegado New York Times protesta débilmente diciendo que “es demasiado poder para un presidente” pero hipócritamente propone “establecer criterios certeros” para la inclusión de alguno en la “kill list”.
Estamos ante el poder absoluto. Pero como decía anteriormente mucho más terrorífica es su acogida por parte de la opinión pública mundial. Estamos totalmente acostumbrados, nada nos asombra. No hay ningún indignado que se indigne por esto! ¿Qué más nos hace falta para despertarnos? Un primer ejemplo de “crueldad humanitaria”, de “bondadosa ferocidad” en el que resbalamos siempre cada vez más anestesiados y que proporcionó la imagen definitoria de la primera presidencia de Obama fue aquella reunión de notables y de amigos a los que invitó no a ver el final del Super Bowl sino al asesinato en directo de Osama Bin Laden y a festejar no un gol sino una bala.
Pero todavía más emocionante es el chiste referido por el New York Times, después de que se firmara la condena a muerte de un ciudadano usamericano en el Yemen por incitar a yihad, y por la cual el premio Nobel de la paz comentó lo siguiente “Aquello resultó fácil