lunes, 24 de septiembre de 2012

EL MINOTAURO GLOBAL

Porqué es tan persistente la Crisis Global. Entrevista

Yanis Varoufakis · · · · ·

23/09/12

UN LIBRO REVELADOR

Ben Hunt, de FUND STRATEGY, me presentó un cuestionario con 8 pregnantes preguntas relativas a la persistencia de la Crisis Global en relación con varios temas de mi último libro, Global Minotaur. Lo que sigue a continuación es un borrador de la entrevista que será pronto publicada en inglés.

1. ¿Qué cree Usted que ha impulsado el crecimiento de la economía mundial (cuál ha sido, si lo prefiere, el “motor del crecimiento”) desde la recuperación posterior a 2009? ¿Ha vivido la economía con “respiración asistida”, merced a un impulso de crecimiento proporcionado por el estímulo fiscal de China, EEUU, etc.?

Desde el Desplome de 2008, lo que hay que contar es la historia de dos mundos: la Recesión Nordatlántica y el crecimiento considerable en China, India, Latinoamérica y, de modo singularmente intenso, África. Sin embargo, todas las fuentes de crecimiento que acabo de mencionar se reducen a un solo país: China. Sin el crecimiento chino, no sólo China estaría terriblemente desestabilizada, sino que se puede argüir que no habría habido crecimiento en Sudamérica (porque su crecimiento se basa en exportaciones a China) o en África (porque la inversión china directa es allí la mayor bendición). Aunque el crecimiento de la India no depende de China, lo cierto es que es demasiado anémico y de puertas adentro como para contar como fuente de demanda mundial.

2. En relación con eso, ¿qué novedades presenta este año, y particularmente, este verano con la aceleración del declive?¿Entiende usted que se trata de una combinación de factores: agotamiento del estímulo, profundización de la recesión europea, medidas de enfriamiento para combatir la inflación en China, desapalancamiento en los EEUU? O tiende usted a singularizar como decisivo algún factor: profundización de la austeridad en Europa, caída de la demanda europea, lo que afecta a China, EEUU, etc.?

La Crisis es global, y globales son también las razones de su actual aceleración mundial.

Europa, ni que decir tiene, es el enfermo del planeta, y está exportando a todo el mundo los efectos recesivos de sus políticas de austeridad. Pero no es sólo la austeridad lo que hace de Europa la Némesis global. Responsable es más bien la combinación de la ridícula arquitectura institucional de la Eurozona con la administración del fármaco de la austeridad, o, para decirlo más propiamente, del veneno de la austeridad.

Sin embargo, fuera de Europa, está actuando un buen número de fuerzas recesivas. En los EEUU, la disputa entre el Congreso y la administración en torno a la política fiscal ha enturbiado las aguas, ha causado un pico de incertidumbre (la debacle de los techos de deuda es sólo la punta del iceberg) y ha dejado al Sr. Bernanke, de la Reserva Federal, con demasiada tareas y una sola palanca a su disposición (laflexibilización cuantitativa). Pero cuando la demanda agregada es tan deficiente y cuando la fuerza de trabajo se contrae por causa del llamado efecto conocido como “desaliento laboral”, por mucho que la Fed dispare la oferta de dinero, sus posibilidades de éxito a la hora de estimular la actividad económica resultan harto limitadas. Como dijo en cierta ocasión Keynes, es como tratar de empujar una cuerda colgante desde abajo, en vez de tirar de ella desde arriba.

Entretanto, aunque China actúa mucho más responsablemente poniendo por obra tanto políticas monetarias como fiscales que han levantado generosamente la inversión, lo cierto es que la economía china no está en condiciones de crear demanda en otras partes del mundo a través de estímulos. Todo lo que ha conseguido el estímulo fiscal es incrementar la tasa de inversión en relación con el PIB hasta un sorprendente 70%, empujando la tasa de consumo de la población china sólo hasta un ridículo 25%: una receta segura para unas malas expectativas de demanda agregada y crecimiento. Juntado eso a una política monetaria relativamente laxa, el resultado es una combinación letal de burbujas de activos (señaladamente en el sector de bienes raíces) y caída del consumo. Para ser justos con Beijing, no tienen elección. Sólo el “manirroto” Occidente puede generar la demanda necesaria para reequilibrar la economía global. China, sencillamente, no puede hacerlo por sí propia. Trágicamente, Occidente ha perdido su inclinación a diseñar políticas macroeconómicas globalmente sostenibles.

3. Hablando de la China de estos últimos años, ¿no cree usted que, en realidad, no ha sido un “motor del crecimiento” para la economía mundial, a pesar de que la gente habla confusonariamente del papel de China como contribuyente a una cuarta parte del crecimiento mundial? Puede que China haya contribuido al enriquecimiento de productores de mercancías, pero con un consumo tan bajo ni de lejos está jugando en parte alguna el papel que jugaron los EEUU como consumidor de último recurso de la economía mundial, ¿no le parece? Y mirando hacia el futuro, usted, supongo, no espera que China pueda jugar ese papel a corto o medio plazo…

Véase la respuesta a la pregunta anterior.

4. Pasemos ahora al asunto del desplome del crédito y del estímulo monetario del que ha hablado usted. Por decirlo simple y sumariamente: una buena parte de la demanda agregada de los últimos años venía de la continuada expansión del crédito/deuda al consumidor en las naciones deficitario-deudoras; pero eso se acabó en 2008. Con los actuales niveles de desempleo y de deuda, etc., los consumidores han perdido las ganas de pedir créditos, se están desapalancando en los EEUU, los bancos que prestan en varios contextos –en los mercados hipotecarios, de deuda pública, etc.— están en muchos casos presos del miedo. Mi primera pregunta es sobre el estímulo monetario. Presumiblemente, su análisis es que las oleadas de LTRO [Operaciones de Financiación a Largo Plazo, siglas en inglés de la política del BCE de préstamos baratos a los banca privada europea desde agosto de 2011], flexibilización cuantitativa de la Fed, etc., no han hecho sino enchufarse a los agujeros de los malos préstamos y reparar los balances, pero no han conducido a préstamos e inversiones productivos en la economía real. ¿Es así? La segunda cuestión tiene que ver con algo que yo no acabo de comprender, y que tal vez llegaría a entender con alguna ilustración. Observo que un desplome del crédito es tremendamente importante en un país como Grecia, dominado por pequeñas empresas perentoriamente dependientes de las líneas de crédito. Pero, ¿qué hay de las economías “granempresariales” como la del Reino Unido, cuyo gobierno insiste en que la restauración del crédito a las PYMEs es algo fundamental? Aquí el asunto del crédito me resulta confuso, porque desconozco la importancia relativa, digamos, de la inversión de las PYMEs comparada con la de las grandes empresas (estas últimas no pueden depender del crédito, disponiendo como disponen de enormes sumas de liquidez que, pudiéndolas invertir, no las invierten). Me pregunto si la cuestión de las grandes empresas que no invierten es la cuestión central que afecta a los suministradores de las PYMES y al resto de la economía, y no la cuestión del préstamo a las PYMES como tal.

Para empezar, el rumor de un estímulo fiscal en los EEUU es una grosera exageración. Si usted toma en cuenta la drástica caída del gasto público de los estados federados y de los municipios norteamericanos, verá que no hubo tal estímulo. Lo que hubo fue un volumen significativo de flexibilización cuantitativa por parte de la Fed, de consuno con el prepóstero plan Geithner-Summers, que no tenía otro propósito que el de cubrir las vergüenzas del Congreso permitiendo fingir a los legisladores que “pensaban” que se había creado un mercado para los difuntos y detestados derivados financieros (tóxicos), cuando, en realidad, se le estaba cargando al contribuyente la factura de las pésimas apuestas del sector privado.

En lo tocante a la flexibilización cuantitativa, nunca hubo la menor posibilidad de que la Fed pudiera crear suficiente demanda agregada mediante la compra de papeles y títulos bancarios de dudoso valor. Lo cierto es que la Fed tenía incluso dificultades reales hasta para incrementar la oferta monetaria, puesto que los bancos se negaban a prestar a pesar de las ridículas facilidades financieras que les ofrecía la Fed, con intereses prácticamente cero.

Así pues, y para hacer corta una larga historia: hubo un pequeño, y precioso, estímulo fiscal en EEUU. Ninguno en Europa. Y las operaciones monetarias a ambos lados del Atlántico fracasaron a la hora de lidiar con la insolvencia bancaria, aun manteniendo la liquidez de los bancos: se hizo precisamente lo que se reprochaba haber hecho a las autoridades monetarias japonesas en los 90. Las dos flexibilizaciones cuantitativas en EEUU y las dos LTROs en Europa lo único que consiguieron fue la “zombificación” de los bancos, un proceso que agudizó el potencial de la Crisis para causar daños recesivos a largo plazo a todo el mundo.

5. Entremos ahora en los temas de su último libro… Tengo una primera e importante pregunta. En general, me convence su análisis; creo que es excelente y que plantea algunas cuestiones verdaderamente profundas. El capitalismo necesita un Mecanismo Global de Reciclaje del Excedente (MGRE), un modo de reinvertir los excedentes comerciales y los beneficios, a fin de coordinar la producción y el consumo a escala internacional y asegurar que los desequilibrios comerciales no lleguen a alcanzar, con el tiempo, proporciones críticas. Según lo entiendo, el fallo del MGRE puesto por obra por el Minotauro Global [metáfora de Varoufakis para el neoliberalismo; T.] fue que los excedentes/beneficios no se reinvertían productivamente en los EEUU, sino que iban a Wall Street y se reciclaban en especulación y consumo, más que en inversión productiva, lo que habría reconstruido la industria estadounidense, lanzado la producción estadounidense y reequilibrado las balanzas. Entonces usted plantea un problema: una desaceleración de la inversión productiva y del crecimiento, y al propio tiempo, un proceso de financiarización (burbujas, deuda, etc.), que pierden tangencia con la economía real. La deuda crece demasiado en relación con los ingresos; el sector financiero crece también demasiado en relación con la economía real, y así sucesivamente. Visto en otro plano, el “privilegio exorbitante” se venga, en el sentido de que los EEUU se endeudan más y más, con el dólar como moneda de reserva, a distintos niveles, pero su economía se debilita al mismo tiempo, lo que genera la peligrosa divergencia que es ahora la “trampa del bajo crecimiento y alto endeudamiento”. Primera cuestión, pues: ¿lo he entendido bien?

Yo creo que sí.

Entonces mi segunda cuestión es esta: ¿por qué el crédito de nueva creación, y los beneficios de los demás, no fueron reeinvertidos en la industria y la producción en los EEUU? ¿Qué explica el proceso paralelo de financiarización y desindustrialización? Me pregunto si la respuesta es que, simplemente, los beneficios crecieron más en la finanza que en la industria desde comienzos de los 80, en parte, quizá –como usted, creo, apunta brevemente en su libro—, debido a la desregulación de las finanzas, es decir, de los tipos de interés. Las grandes empresas empezaron a invertir más capital en las finanzas, a recomprar las propias acciones, etc., mientras que el crédito bancario creció más para las finanzas y los bienes raíces que para la industria. ¿Cree usted que eso es el factor clave, o cree que hay otros factores? Por ejemplo, la inversión granempresarial en la economía real se halla en un inveterado declive (¿desde los 70?). Algunos,Robert Brenner, por ejemplo, dirían que eso tiene que ver con la incapacidad para restaurar la tasa de beneficio a los niveles de postguerra. Otros, como Michael Hudson, que las finanzas se han hecho con una mayor proporción de los ingresos de los trabajadores, lo que ha significado dinero detraído a la compra de bienes y servicios y un golpe a la demanda agregada, lo que, a su vez, ha socavado la motivación para la inversión empresarial. Me interesaría mucho conocer su opinión la respecto.

Todo eso es verdad. Pero deja de lado la gran cuestión: ¿Por qué tuvo que crecer tanto el sector financiero a expensas de la industria? Mi respuesta es muy simple: porque la acumulación de capital nunca deja de seguir la vía de menor resistencia. Dado el volumen de los flujos de capital hacia los EEUU, y la ansiedad respecto de su posible interrupción en el futuro, resultaba imperativo que se mantuvieran las condiciones que permitían mantener la llegada de esos flujos a los EEUU. Requisito primero de todo eso era que los salarios reales de los trabajadores norteamericanos siguieran siendo bajos y que la inflación estadounidense fuera más baja que la europea y que la japonesa. Subcontratar a Asia, adoptar el modelo Wal-Mart (a fin de presionar, a la vez, al trabajador norteamericano, a los pequeños productores norteamericanos y a los suministradores extranjeros) resultaban esenciales para mantener la rueda de la Fortuna y el dinamismo del Minotauro Global. De aquí que la desindustrialización de los EEUU y la efectiva conversión de parte de Norteamérica en una forma de sociedad tercermundista fueran elementos cruciales del mecanismo de reciclaje global que echó a andar en los 70 y estalló por los aires en 2008: a eso me refiero cuando hablo del Minotauro Global.

7. Otra cuestión que surge de aquí tiene que ver con el papel desempeñado por las grandes empresas transnacionales. Usted se ha referido al problema general de la confianza empresarial, relacionándolo con el debilitamiento de la demanda agregada observado en estos últimos años. Los empresarios no invierten, atesoran efectivo, etc. Pero si hay un inveterado declive de las inversiones, al menos en los EEUU y el Reino Unido (el atesoramiento de dinero efectivo empezó a dispararse al alza hace más o menos una década), ¿podría decirse que asistimos a un problema del lado de la oferta (falta de inversión a largo plazo) exacerbado por un golpe a la demanda resultante, estos últimos años, de la falta de crédito a los hogares, a las pequeñas empresas, etc.? ¿Lo ve así?

Muy de acuerdo, sí. Pero eso no resulta sorprendente. Cualquier Crisis con “c” mayúscula implica la coexistencia de dos “montañas”: una montaña de deudas y de pérdidas bancarias, por un lado, y una montaña de ahorros ociosos demasiado amedrentados para canalizarse “por sí propios” hacia la inversión productiva. La situación en que nos hallamos desde 2008 es un caso típico de eso que le digo.

8. Finalmente, y como usted dice en su libro, hemos oído últimamente mucha verborrea sobre desequilibrios globales por parte de los académicos y de instituciones como el FMI, el G20, etc. ¿Le parece insuficiente toda esta retórica? ¿Ve usted algún indicio de que quienes toman decisiones políticas terminen comprendiendo la necesidad de abordar seriamente esos desequilibrios –lanzando otro MGRE, por decirlo con su léxico--, algún indicio en su mundo de dos escenarios: Occidente realizando una epifanía y percatándose de la necesidad de un nuevo acuerdo tipo Bretton Woods, o los BRICS coordinando nuevas inversiones productivas?

Me gustaría compartir con usted buenos augurios. Pero no puedo. El G20 estuvo una vez a la altura de sus responsabilidades, tras la caída de Lehman’s en 2008. Desde entonces, los poderes realmente existentes han demostrado espectacularmente una inusitada capacidad para fracasar en la tarea de coordinarse en una estrategia global para frenar la Crisis. Con Europa en vanguardia de la idiocia organizada, la economía global está experimentando la Gran-Recesión-Que-No-Tendríamos-Que-Estar-Experimentando. Aun si dispusiéramos de autoridades que tuvieran un adarme de comprensión de la necesidad de programar el reciclaje del excedente (una condición necesaria, aunque no suficiente, para salir de la Crisis), nuestro análisis sólo resultaría útilmente completo si entrañara una estimación de las tendencias naturales al fracaso de los mercados de trabajo y monetario. Nada de eso está en el aire. No hay epifanía a la vista. No se divisa en el horizonte un Roosevelt. De verdad que me gustaría estar equivocado, o ser lo suficientemente ciego como para no distinguir los rayos de luz en la lejanía. Mucho me temo, empero, que es que no están.

Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, está a punto de ser publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, enSinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.

Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella

PETRÓLEO SIN DOLAR

 

El dólar ya no es la moneda principal para el comercio de petróleo

Ken Schortgen Jr. · · · · ·

23/09/12

Vladivostok, Petróleo Ruso para China

 

El 11 de septiembre, Lindsey Williams, ex ministro de las compañías petroleras durante la construcción del oleoducto de Alaska, anunció el acontecimiento más significativo para el dólar de EE.UU. desde su creación como moneda. Por primera vez desde la década de 1970, cuando Henry Kissinger forjó un acuerdo comercial con la casa real de Saud para vender petróleo sólo con dólares estadounidenses, China anunció su intención de dejar de lado el dólar en sus negocios de petróleo y comenzó a vender el producto utilizando su propia moneda.

Lindsey Williams: "El día más importante en la historia del dólar estadounidense, desde su fundación, ocurrió el jueves 6 de septiembre pasado; ese día, ocurrió algo que va a afectar nuestras más de lo que imaginamos".

"El Jueves, 06 de septiembre... sólo hace unos días, China hizo el anuncio oficial. China dijo: “nuestro sistema bancario está listo, todos nuestros sistemas de comunicación están listos, todos los sistemas de transferencia están listos y, a partir de ese día, jueves 6 de septiembre cualquier país del mundo que quiera comprar, vender o negociar con petróleo crudo puede hacerlo usando de la moneda china y no el dólar estadounidense”. Entrevista con Natty Bumpo de Just Measures Radio, 11 de septiembre.

Este anuncio hecho por China es uno de los cambios más significativos en los sistemas económicos y monetarios mundiales, pero apenas se informó sobre el anuncio debido a que ocurrió durante la convención demócrata. Las ramificaciones de esta nueva acción son muy amplias, y muy bien podría ser el catalizador que haga caer al dólar como moneda de reserva mundial, y cambiar todo el panorama de cómo funciona el mundo de la compra de energía.

Irónicamente, desde el 6 de septiembre, el dólar de EE.UU. cayó de 81.467 a 79,73 en el índice de precios. Y mientras los analistas se centran en lo que viene ocurriendo en la Eurozona, y mientras se esperan medidas por parte del Banco Reserva Federal respecto a la caída del dólar, no es casualidad que el dólar empezara a perder fuerza el día mismo del anuncio de China.

Dado que China no es un país productor de petróleo, la pregunta que mucha gente se hace es: ¿cómo es que la potencia asiática tiene tanto petróleo como para afectar a la hegemonía del dólar? La respuesta también la dio Lindsey Williams cuando señaló que China y Rusia firmaron un nuevo acuerdo comercial el 7 de septiembre por el que la Federación Rusa acordó vender petróleo a China en las cantidades que esta última deseara.

Lindsey Williams: "Esto nunca ha ocurrido en la historia del petróleo desde que el crudo se convirtió en la fuerza motivadora detrás de toda nuestra (EE.UU.) economía, y que todo en nuestras vidas gira en torno al petróleo. Y nunca, desde que el petróleo se convirtió en el factor de motivación detrás nuestra economía... nunca se había vendido, comprado o intercambiado petróleo en ningún país del mundo, sin utilizar el dólar estadounidense".

"El petróleo crudo es la moneda estándar del mundo. No es el yen ni la libra ni el dólar. No hay, en todo el mundo, otro producto más comerciado que el petróleo".

"El viernes 7 de septiembre, Rusia anunció que desde ese día iba a abastecer a China con todo el petróleo que necesitara, sin importar cuanto... no hay límite. Y Rusia no usará el dólar estadounidense". Entrevista con Natty Bumpo en la red, 11 de septiembre.

Estos dos actos de los dos adversarios más poderosos de la economía y el imperio estadounidenses representan un movimiento para atacar la fortaleza económica principal que mantiene a Estados Unidos como superpotencia económica. Cuando el resto del mundo empiece a pasar por alto el dólar y compre petróleo en otras divisas, el pueblo estadounidense sentirá todo el peso de nuestra deuda y disminución de la estructura manufacturera.

Este nuevo acuerdo entre Rusia y China también tiene graves consecuencias en lo que respecta a Irán, y el resto de Oriente Medio. Las sanciones estadounidenses contra Irán dejarán de tener un efecto mensurable, ya que Irán podrá simplemente optar por vender su petróleo a China, para recibir yuanes a cambio, y usar esa moneda para comprar los recursos que necesita para sostener su economía y su programa nuclear.

El mundo cambió la semana pasada; y ni Wall Street ni los medios de comunicación dijeron ni una sola palabra mientras los políticos [estadounidenses] se regodeaban en su propia magnificencia en sus convenciones partidarias. El 6 de septiembre fue testigo de un gran golpe al imperio estadounidense y al dólar como moneda de reserva mundial. Y China, junto con Rusia, tienen ahora el objetivo de convertirse en los controladores de la energía, y por lo tanto, los controladores de una nueva petro-moneda.

Ken Schortgen Jr. escribe habitualmente en Examiner sobre finanzas.

Traducción para www.sinpermiso.info: Antonio Zighelboim

jueves, 13 de septiembre de 2012

Teoría económica: las preguntas son la respuesta

 

CREANDO IDÉAS , ¿ECONÓMICAS?

Alejandro Nadal · · · · ·

10/09/12

 

Mi generación de economistas se formó en un período en el que la economía vulgar alcanzó los niveles más bajos de vulgaridad. Se impone una aclaración. Estoy citando a la señora Joan Robinson, la maestra en Cambridge que afirmó lo anterior en su “Carta abierta de una Keynesiana a un Marxista”. Es un texto dirigido a su colega Ronald Meek en 1953, pero la frase se aplica a nuestra experiencia en la academia, además de caer como anillo al dedo en los tiempos que corren.

A lo largo del siglo XX la teoría neoclásica dominó la vida académica y el mundo de la política económica. Cuando se presentaron posiciones críticas, fueron recuperadas y, como hoy se dice, ‘refuncionalizadas’. Es lo que sucedió con Keynes. Cuando eso no fue posible, por ejemplo con los marxistas, la crítica fue marginada y castigada con el destierro. Lo importante era mantener sin contrincantes el espacio académico. Y cuando surgían controversias en las que se demostraban los errores de la teoría neoclásica en sus planteamientos medulares, como en la controversia sobre la teoría del capital de los años 1953-1970, la ortodoxia rápidamente los enterró y esperó a que los problemas fueran devorados por el olvido. La práctica docente hizo lo que tenía que hacer, barriendo debajo de la alfombra los problemas. De esa forma la teoría neoclásica pudo seguir triunfando en un torneo imaginario, luchando con su sombra y dando la apariencia de estar envuelta en una justa en la que sobresale el mejor modelo teórico. Sólo así pudo levantar sus extrañas catedrales con altares repletos de falsas deidades. La vulgaridad invadió sus templos hasta quitarle todo vestigio de pensamiento científico.

En el desarrollo de una disciplina científica con frecuencia la pregunta es más importante que la respuesta. Una de las grandes preguntas que lanzó Adam Smith es la siguiente: ¿puede un conjunto de individuos que actúan separadamente y sin coordinación producir resultados benéficos para todo el grupo? Esta pregunta se encuentra intercalada en toda la obra del pensador escocés, en especial en su análisis sobre la naturaleza y movimiento de los precios. Smith trazó así un modelo de problema teórico, un paradigma, que animó un programa de investigación de más de doscientos años.

En el siglo XIX León Walras recogió la estafeta e intentó responder la pregunta. No pudo ofrecer una respuesta, pero con su modelo de equilibrio general estableció un poderoso formato para seguir buscándola. En el siglo XX, los trabajos de Hicks, Samuelson, Arrow y Debreu desarrollaron el plan de ataque trazado por Walras recurriendo a instrumentos matemáticos cada vez más sofisticados.

En trabajos publicados en los años 1959, 1960 y 1974 vinieron las malas noticias. Después de tanto esfuerzo, la conclusión es que en el caso general no se puede, repito, no se puede afirmar que las acciones de una colección de individuos aislados desembocan en resultados benéficos para todos. Desde entonces la teoría de equilibrio general recibió un trato extraño. Se le presentó siempre como un triunfo científico por el uso de instrumentos matemáticos, pero en los cursos universitarios se le enseñó de manera incompleta. Los estudiantes de economía sufrieron el castigo de una educación machacona en lo que se refiere al comportamiento de maximización de los agentes individuales, pero al mismo tiempo se les escamoteó el tema clave de la formación de precios de equilibrio. Es decir, se les hizo pensar (creer) que el análisis de los procesos de maximización era el objeto central del modelo de equilibrio general. Por eso las universidades producen cada año legiones de egresados que creen que la teoría de equilibrio general fue capaz de producir los resultados que alguna vez prometió.

Si a los estudiantes se les enseñara bien, a fondo, la teoría de equilibrio general, podrían percatarse que los únicos resultados que ha ofrecido son de índole negativa. Verían que en el tema de estabilidad nunca se pudo demostrar cómo las fuerzas del mercado conducen a vectores de precios de equilibrio general. Si se les enseñara el tema de existencia del equilibrio, verían que la demostración de existencia es un ejercicio matemático desprovisto de sentido económico. En el lugar de estos temas delicados, los cursos de microeconomía neoclásica se concentraron en la maximización individual y poco a poco le dejaron más espacio a la teoría de juegos.

Cabe aclarar que el tema de la maximización individual es un tema preliminar en el análisis de la teoría del equilibrio general. No constituye el objeto central del análisis de la teoría de equilibrio general. Si se analiza ese tema es porque es un paso preparatorio en la construcción del modelo: es uno de las piedras con las que se construye la catedral, pero no es la catedral misma. Gastar tiempo enseñando hasta el hartazgo como se tallan esas piedras individuales evita el bochorno de tener que mostrar que la catedral no puede mantenerse de pie.

De esta forma, en lugar de exponerla a la crítica, la teoría de equilibrio general fue guardada en una capilla para sólo sacarla a la luz en las peregrinaciones y días de observancia religiosa. Es la forma de asegurar que los millones de fieles sigan desconociendo las sagradas escrituras del neoliberalismo y mantenga su fe en las virtudes eternas del libre mercado.

La “teoría” macroeconómica neoliberal está basada en esa misma creencia. Sus modelos optaron por descansar cada vez más en el supuesto de que de alguna manera el mercado efectivamente conduce a posiciones de equilibrio. Poco importaron los resultados negativos de la teoría microeconómica. De ahí la idea de definir los “fundamentos microeconómicos” de la macroeconomías, una idea falaz que parte del supuesto de que la teoría del comportamiento individual puede ser extrapolada para construir un modelo macroeconómico. Ese intento de buscar los “micro-fundamentos de la macro” está emparentado con el proyecto de construir una teoría macroeconómica con la figura del “agente representativo”, una entidad ficticia que elabora un plan de maximización intertemporal para asignar recursos entre ahorro y consumo. Estos ejercicios han hecho caso omiso de un hecho fundamental: la agregación del comportamiento especificado para los agentes individuales no permite conservar las propiedades de las funciones de oferta y demanda. Este resultado está claramente demostrado por el teorema Sonnenschein-Mantel-Debreu de 1974 y, por lo tanto, el agente representativo es una construcción absurda o un supuesto abusivo. Ciertamente no debería ser utilizado para definir directrices de política macroeconómica.

Pero como la iglesia neoclásica está basada en los misterios de la fe, la figura del agente representativo es una pieza clave en la última generación de modelos de teoría macroeconómica neoclásica. Los modelos dinámicos estocásticos de equilibrio general (DSGE por sus conocidas siglas en inglés) modifican el problema de la optimización intertemporal al introducir el riesgo estocástico y las expectativas racionales sobre los efectos de la política económica. En estos modelos se permite la presencia de choques externos (tales como un aumento en los precios de petróleo o innovaciones tecnológicas) pero el supuesto clave es que los agentes pueden asignar correctamente una distribución probabilística a estos eventos, eliminando así el problema de la incertidumbre. El uso de la figura del “agente representativo” elimina la distinción entre la posición de equilibrio de todo el sistema y la del equilibrio de cada agente. Básicamente, el problema macroeconómico desaparece. Aún así, los modelos DSGE se convirtieron en el instrumento favorito de los bancos centrales en muchos países. La conclusión de esta familia de modelos es que la estabilidad de precios es fundamental para el buen funcionamiento de la economía. La pregunta es entonces ¿cómo se puede alcanzar y mantener la estabilidad de precios? La respuesta es que eso se logra a través de las metas de inflación (“inflation targeting”) anunciadas y buscadas de manera consistente por las autoridades monetarias.

Desgraciadamente, esa no es una buena pregunta. El estallido de la crisis en 2007 demuestra que la estabilidad de precios no es sinónimo de estabilidad macroeconómica. Así que además de la cauda de problemas teóricos que arrastran los modelos DSGE, su utilidad para enfrentar los efectos de la crisis se acerca asintóticamente a cero.

El choque de los modelos neoclásicos con el pensamiento de Keynes no puede ser más violento. El análisis de Keynes parte del reconocimiento de la inestabilidad intrínseca de las economías capitalistas. Su programa de investigación se organiza alrededor de la necesidad de alcanzar el pleno empleo de los recursos en una economía monetaria de producción capitalista, el alcance de un balance de pagos entre todos los países con instrumentos compatibles con el pleno empleo y un sistema de tipos de cambio que permita lo anterior. Pero los poderes establecidos, en la academia y la política, decidieron que este programa de investigación era demasiado peligroso y le condenaron al exilio por subversivo.

Hoy, frente a una crisis que no pudieron prever, se podría pensar que los seguidores de los principios neoclásicos habrían adquirido por fin una brizna de humildad. Y en medio de un agravamiento de la crisis precipitado por las recetas y dogmas neoclásicos, se podría esperar al menos una ligera apertura intelectual. Pero no es así. Tanto en la academia, como en los espacios de la política económica la dogmática se ha endurecido. Desde lo más alto de la pirámide neoclásica, hoy se exige que el mundo se transforme para adecuarse a los axiomas de la teoría neoclásica.

Lo anterior no es una metáfora. Realmente lo que buscan las directrices del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional, así como la retahíla de recetas sobre las tenebrosas “reformas estructurales”, es en efecto, transformar el mundo. El objetivo no es superar la crisis y restablecer los niveles de empleo que había antes del colapso. Y la pregunta de sus analistas es: ¿cómo se puede destruir lo que queda del estado de bienestar y las instituciones que obstaculizan la explotación de las clases trabajadoras? En eso reside la vulgaridad in extremis: cero ciencia, cero soporte racional para la política económica.

Decía Marx que la economía vulgar se contenta con traducir las nociones vulgares al lenguaje doctrinario. Por eso los falsos eruditos desempeñan el papel de vulgarizadores de lugares comunes y desempeñan un papel apologético. Para ellos está cerrado el camino que lleva al trabajo científico. No pueden ver hoy que la pregunta histórica es ¿cómo construir la transición al socialismo?

Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.

¿OTRA VEZ LA GUERRA FRÍA?

El humanitarismo en la trampa siria

BASE NAVAL

Jacques Juilliard · · · · ·

10/09/12

 

Jacques Juilliard, editorialista del semanario Marianne, responde razonadamente a la última petición de Bernard-Henry Lévy de intervención militar en Siria.

En democracia, la oposición tiene muchos derechos: el de ser virulenta, el de ser sistemática, e incluso el de ser injusta. Pero no el de ser estúpida. Cuando los señores Sarkozy, Fillon, Villepin, Copé y consortes, con una unanimidad que hace llorar de ternura, hacen coro para denunciar la inacción de François Hollande a propósito de Siria, se burlan del mundo y no pueden ignorarlo. Incapaces por lo demás de articular la menor propuesta, salvo la genial iluminación de François Fillon: que el presidente tome el avión a Moscú, en compañía de Angela Merkel, que no pide otra cosa, y ¡que persuadan a Putin de que deje caer a Bashar El Asad! Es de lo más sencillo y no haría falta más que pensarlo. En realidad, un paso así, sin la menor esperanza de éxito, se parecería mucho al de Chamberlain y Daladier ante Hitler en

Munich en 1938, y subrayaría más de lo necesario la impotencia diplomática de Francia y de Occidente.   

Hay en la tragedia que se desarrolla en Damasco y Alepo dos aspectos distintos y a menudo contradictorios: por una parte, sobre un fondo de revuelta popular árabe contra las dictaduras minoritarias, una abominable carnicería que el tirano amenazado inflige a su pueblo; por otra parte, en esta ocasión, un nuevo episodio de la guerra que libran sunitas y chiitas musulmanes por la hegemonía en Oriente Próximo.

Contra esta carnicería, los llamamientos a la acción humanitaria de un Bernard-Henry Lévy son legítimos, pero se engaña cuando emparenta la situación en Siria con la de Libia el año pasado. Cierto, Asad está cada vez más aislado en el mundo árabe, pero el apoyo que recibe de Rusia, de China y de Irán es más firme que nunca. Puesto que, justamente en el asunto libio, Putin estima que se la jugaron los occidentales, que habrían transformado la intervención humanitaria que él había consentido de mala gana en operación política. Ha jurado que no volverán a pegársela.

Hay que comprender bien lo que es hoy el estatus de la acción humanitaria en el juego diplomático y estratégico mundial.

La política de derechos humanos no ha podido imponerse recientemente como dato permanente de este orden más que aprovechando el hundimiento de la URSS y el final de la Guerra Fría. Hasta entonces, el enfrentamiento norteamericano-soviético era tal que el mundo se componía de dos cotos de caza. Cada uno de estos dos grandes reinaba dueño de su zona de influencia, y la disuasión nuclear mutua prohibía a cualquiera de ellos toda idea de intervención humanitaria en el patio trasero del otro.

Por eso los norteamericanos dejaron fríamente aplastar todas las revueltas de Europa del Este, en la RDA (1953), en Hungría (1956) y en Checoslovaquia (1968). La acción humanitaria no pudo deslizarse más que entre las fisuras e intermitencias de la Guerra Fría.

Que hayamos vuelto, a propósito de Siria, a una situación de bloqueo recíproco significa que hemos entrado, sin tener conciencia de ello, en una suerte de guerra fría rampante. Aunque Rusia haya perdido su soberbia de antaño, su alianza táctica con China le permite equilibrar el poderío occidental. Hay que denunciar sin descanso esta santa alianza de déspotas y asesinos que es el estadio supremo del socialismo estalinista. Pero sin ilusiones a corto plazo: no habrá intervención militar en Siria porque Putin no lo quiere.

No deberíamos olvidar tampoco los efectos perversos de la acción humanitaria cuando no es más que una acción de comando y no puede apoyarse sobre un movimiento profundo en el seno de las poblaciones que se beneficiarían de ella. Cuando los jefes rebeldes libios, apenas desembarazados de Gadafi, no tuvieron nada más apremiante que anunciar que la restauración de la sharia, aunque fuera flexibilizada en sus aplicación, algo se rompió. Cuando la democracia y la libertad parecen contradecirse y los progresos de la primera parecen restringir el campo de la segunda, lo más urgente es reflexionar. Sobre lo que sucede en Túnez, con ese formidable paso atrás de la condición femenina; lo que pasa en Egipto, esa formidable amenaza que pesa sobre la seguridad de los coptos cristianos; lo que ha pasado ya en Irak a propósito de las minorías cristianas, bien tratadas por Sadam y hoy en vías de desaparición; lo que podría ser mañana el turno de esas minorías en Siria; todo eso significa que si las dictaduras “laicas” de antaño entraban en el orden de lo intolerable, la consolidación de los islamistas, aprovechando las revoluciones árabes, supone ciertamente la instalación de la intolerancia.    

Henos aquí, en nuestra viva esperanza de ver instaurarse un orden internacional más justo, reducidos a una mayor modestia. Más necesaria que nunca, la acción humanitaria no puede esperar apoyarse, en el estado actual de cosas, en la intervención militar para avanzar más rápido: en la conquista de la libertad, el cañón no supone un atajo. No más que la revolución, sea soviética, maoísta o árabe, en el aprendizaje de la democracia. “Natura non facit saltus”, dice Leibniz: la naturaleza no da saltos, no se salta etapas. Pues bien, la política, tampoco.     

Jacques Juilliard (1933) es un veterano intelectual y periodista de la izquierda francesa históricamente cercano a diversas corrientes socialistas y del catolicismo social, antiguo responsable sindical, ensayista autor de obras sobras numerosos intelectuales y políticos, de Pascal a Clemenceau, historiador especializado en el anarco-sindicalismo y destacado articulista del Nouvel Observateur entre 1970 y 2010, fecha en que lo abandonó para convertirse en editorialista del semanario francés Marianne, apelando a una “socialdemocracia de combate” y en contra de una “socialdemocracia como línea de repliegue de la burguesía de negocios”.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

lunes, 3 de septiembre de 2012

EXPRESO RUSO

MUESTRA DE LA GRAN POTENCIA FERROVIARIA DE LA RUSIA ACTUAL,  EL TREN DE VIAJEROS CON EL   MAYOR RECORRIDO CON 7000 KILÓMETROS DESDE MOSCÚ   HASTA EL PACÍFICO EN VLADIVOSTOK