lunes, 9 de septiembre de 2013

¿Qué es una revolución?

 

Hasan Nasrallah, MÁXIMO DIRIGENTE DE HEZBOLLAH

 

Tariq Ali


Desde el comienzo de la Primavera árabe se ha hablado mucho de revoluciones. No yo. He
argumentado contra la posición de que los levantamientos de masas por si mismos constituyen una revolución, es decir, una transferencia de poder de una clase social (o incluso una capa ) a otra que conduzca a un cambio fundamental. El tamaño real de la multitud no es un factor determinante, a menos que la mayoría de los participantes tengan objetivos sociales y políticos claros. Si no es así, siempre se verán desbordados por quienes los tengan o por el Estado, que recuperará el terreno perdido muy rápidamente.
Egipto es el ejemplo más claro en los últimos años. No han surgido órganos de poder
autónomos. La Hermandad Musulmana, una fuerza social conservadora, que se unió
tardíamente a la lucha para derrocar a Mubarak, emergió como el actor político más fuerte en el conflicto y, por lo tanto, ganó las elecciones subsiguientes. Su sectarismo, la estupidez, y el deseo de tranquilizar tanto a los aparatos de seguridad locales como a Washington en el sentido que las cosas continuaban como siempre (“business as usual”), la llevaron a cometer varios errores estratégicos y tácticos desde su propio punto de vista. Estallaron nuevas
movilizaciones masivas, incluso mayores que las que habían provocado la caída de Mubarak.
Una vez más carecían de dirección política, vieron en el ejército su salvador y, en muchos
casos, aplaudieron la brutalidad de los militares contra los Hermanos Musulmanes.
El resultado fue evidente. El antiguo régimen ha vuelto, con apoyo de masas. Si la primera ola de movilizaciones no fue una revolución, ésta segunda difícilmente puede ser una contrarevolución. Simplemente los militares han reafirmando su papel político. Fueron ellos los que decidieron acabar con Mubarak y Morsi. ¿Quién va a acabar con ellos? ¿Otra movilización de masas? Lo dudo mucho. Los movimientos sociales incapaces de desarrollar una política independientes están destinados a desaparecer.
En Libia , el viejo Estado fue destruido por la OTAN después de una campaña de bombardeos que duró seis meses y bandas tribales armadas, de un tipo u otro, aún deambulan por el país, exigiendo su parte del botín. Desde ningún punto de vista se puede considerar una revolución.
¿Lo de Siria? Aquí también el levantamiento de masas era genuino y reflejaba un deseo de
cambio político. Si Assad hubiese aceptado negociaciones durante los primeros seis meses o incluso más tarde, se hubiera podido llegar a un acuerdo constitucional. En su lugar, se
embarcó en una represión despiadada y las trágicamente familiares divisiones entre sunitas y chiítas se convirtieron trágicamente en frentes de batalla (un verdadero triunfo para los Estados Unidos tras la ocupación de Irak). Turquía, Qatar y los saudíes hicieron fluir armas y voluntarios a sus partidarios y los iraníes y los rusos hicieron lo propio con más armas .
La idea de que el Consejo Nacional Sirio es el motor y representante de una revolución siria es tan ridícula como la idea de que la Hermandad lo era en Egipto. Actualmente se libra una guerra civil brutal en la que ambas partes cometen atrocidades. ¿Utilizó el régimen gas u otras armas químicas? No lo sabemos.
Los ataques previstos por los Estados Unidos tienen como objetivo evitar que los avances
militares de Assad derroten a la oposición y vuelva a hacerse con el control del país. Eso es lo que está en juego en Siria.
Fuera del país, Arabia saudí está desesperada por que los suníes se hagan con el poder y
aislar aún más a Irán, que se ha reforzado gracias al régimen semi-clerical chiíta en Irak creado por la ocupación de los Estados Unidos. Los intereses de Israel son un secreto a voces: quieren a Hezbollah aplastado. Cualquier otra cosa que pueda o no estar sucediendo en Siria está muy lejos de una revolución. Sólo el sectarismo con anteojeras más fantasioso puede imaginar que este sea el caso.
La idea de que Arabia saudí, Qatar, Turquía, apoyadas por la OTAN, van a crear un escenario democrático revolucionario o simplemente democrático es desmentido por lo que sucede en el mundo árabe en otros lugares. El demócrata Hollande defiende y justifica la autocracia
marroquí, los saudíes impiden que Yemen avance y ocupan Bahrein, Erdogan ha estado muy ocupado reprimiendo en su propio país, a Israel no le basta con una OLP genuflecta y presiona a Hamas en el mismo sentido (Morsi hubiera ayudado a ello) y solo espera que le dejen intentar de nuevo acabar con Hezbollah.
La región es un caos total y la mayoría de los refugiados sirios en el Líbano y Jordania son muy conscientes de que los ataques de Estados Unidos no ayudarán a su país. Muchos de los valientes ciudadanos de Siria que iniciaron la revuelta se encuentran hoy en los campos de refugiados. Los que están en casa le tienen miedo a ambas partes y ¿quien les puede culpar de ello?

Tariq Ali, miembro del consejo editorial de Sin Permiso, acaba de publicar The Obama Syndrome (Verso) .
Traducción para www.sinpermiso.info: Gustavo Buster



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