lunes, 29 de abril de 2013

Boston: conmoción y pavor

 

 

Nazanín Armanian

 

29abr 2013

 

Al atentado de Boston del pasado15 de abril, que dejó 3 muertos y que fue inquietante por la cantidad de informaciones contradictorias, le sucedieron en pocos días una serie de noticias (que no hechos) que añadían más confusión a una semana loca de terrorismo.

15 de abril: nos informan de la explosión en una biblioteca y de bombas en dos hoteles en EEUU.

16 de abril: la policía de Washington dice haber interceptado una carta con ántrax enviada a Barack Obama. Esta vez el remitente tampoco es Saddam Husein, a quien acusaron en su día y nos enteramos siete años después de que el verdadero autor era un investigador estadounidense. Nos dicen que esta vez era un doble de Elvis Presley. Inocente, han detenido a otro…

16 de abril: “Dos explosiones en la Casa Blanca. Obama está herido”, leemos en un tuit de la agencia Associated Press. Había sido haqueada, dicen. Wall Street por los suelos.

17 de abril: una explosión en una fábrica química de Texas deja 70 muertos y unos 200 heridos. Terrorismo ecológico, dicen.

22 de abril: Canadá afirma haber detenido a dos tunecinos de Al Qaeda, apoyados por Irán, que planeaban atentar contra un tren de pasajeros en Toronto. El guionista, un aficionado, desconoce que los wahabitas consideran a los chiítas iraníes herejes y enemigos de Dios. Es tan chapuza que el Gobierno se resiste a implicar a Irán, a pesar de que el año pasado cortó sus relaciones con Teherán.

23 de abril: dicen que han detenido a un iraní en Katmandú por el intento de atentado contra la embajada israelí.

23 de abril: dice el secretario de Defensa estadounidense, Chuck Hagel, que “Irán es una verdadera amenaza” y, en su viaje a Israel, Jordania, Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, habla de un eventual ataque israelí a Irán, mientras vende armas sofisticadas a los hebreos y a los árabes por el valor de 10.000 millones de dólares.

26 de abril: Washington y Londres dicen tener pruebas de que Assad ha utilizado sus armas de destrucción masiva en Alepo. Mientras, él asegura que fueron “terroristas” respaldados por Turquía, socio de la OTAN. El líder fugitivo de Al Qaeda al-Zawahiri, con un pie en la lista de “asesinatos selectivos” de la CIA. Curiosamente, la Casa Blanca pidió una investigación y prudencia, aunque ya se va preparando la opinión pública para poner fin al Gobierno de Damasco.

Tanta “conmoción” y “pavor” no suelen juntarse en pocos días golpeando el poco ánimo que la crisis económica ha dejado a los ciudadanos. No importa que en ninguno de los casos haya habido una investigación, o que los acusados no hayan pasado por un tribunal para ser considerados culpables. El propio Obama, graduado en Derecho, cometió esta falta en su segundo discurso tras el atentado de Boston: un presidente tiene que tener respuestas para todo, aunque sean inventadas.

Material para los “conspiracioncitas” que preguntan…

¿Por qué nunca un afgano o un iraquí ha atentado en los países de la OTAN y ahora aparecen unos chechenos antirrusos (cuya insurgencia recibe apoyo de la CIA) y quieren vengarse de la tragedia de los 45 millones de víctimas de Irak y Afganistán, matando a tres personas? En los últimos veinte años, EEUU y sus aliados han atacado –por motivos geopolíticos y económicos-, a siete naciones musulmanas: Somalia, Sudán, Afganistán, Pakistán, Libia, Irak y Yemen, arrancando la vida de decenas de miles de inocentes, provocando millones de heridos, refugiados, desesperados.

¿Por qué un estudiante de Arabia, sospechoso y herido en el atentado, fue deportado a su país, tras un encuentro sorpresa del embajador saudí con Obama?

¿Es cierto que Tamerlan, contradiciendo el relato del FBI, era un agente doble de EEUU y de los islamistas radicales, según el diario israelí Debka? La presencia de cerca de 8.000 policías y de los miembros de la empresa de seguridad privada International Craft, con mochilas negras y ropa militar en el escenario, ¿indican que estaban listos para un (simulacro de) atentado?

¿Por qué durante los magnicidios de Kennedy o Luther King no se estableció el Estado de Sitio como en Boston? Tampoco lo hicieron los noruegos cuando el fundamentalista cristiano Anders Breivik mató a 77 personas.

Nos dicen que estos chavales raperos, antes de cometer un acto de esta magnitud, en vez de cumplir con el ritual –ponerse a rezar-, se fueron de fiesta, y que su madre, en vez de mostrar su orgullo por tener hijos mártires, acusó al FBI de haber tendido una trampa a sus hijos.

¿Por qué esos yihadistas no ocultan su rostro ante cientos de cámaras, ni tenían ningún plan de fuga o de suicidarse?  ¿Por qué en vez de dispararse en la cabeza el más joven se ha pegado un tiro en la garganta? ¡Es que se han roto todos los esquemas!

Es cierto que la policía en Occidente somete a los inmigrantes a la presión para que espíen a sus compatriotas. Lo hacen con amenazas de expulsión y (pocas veces) dándoles algún premio. Dzhojar tenía una beca para estudiar, algo que ni todos los estadounidenses de pura cepa consiguen.

Los antiguos colaboradores como Saddam, Gaddafi, Bin Laden, una vez muertos, no cantarán. Tampoco lo harán los mudos.

Las consecuencias

A falta de información, vamos a especular sobre los posibles objetivos:

A nivel interno: reavivar la pesadilla del choque de civilizaciones, y canalizar la ira y la conmoción de la población hacia los musulmanes (muchos, compatriotas); presionar a Obama para que los neocon consigan el apoyo público para sus políticas belicistas; justificar la necesidad de la actividad y relevancia del millonario presupuesto de las compañías de seguridad privadas -como Blackwater o Craft- después de que Obama prescindiera de parte de sus servicios en los países ocupados; restringir aún más el estado de derecho. Al detenido se le negó un abogado y le condenaron sin ser juzgado. Método que podrán aplicar a los movimientos sociales que luchan contra la crisis económica como “Occupy Wall Street”: sacar de la chistera al enemigo extranjero con el fin de unir a la sociedad fragmentada estadounidense y desviar las miradas de la grave situación del país. Y, de paso, restringir la ley migratoria.

A nivel externo: que la nacionalidad de los acusados fuera chechena, esperemos que no signifique el envío de los drones al Cáucaso. Presionar a Rusia y a Irán es una locura que se planeó durante la cumbre de la OTAN en Lisboa, cuando diseñaban su nuevo “concepto estratégico”. En su pulso contra China por la hegemonía mundial, la Alianza pretende ampliar su “perímetro defensivo” para “actuar en cualquier lugar del mundo”. Debilitar a Rusia, como miembro de BRICS (que acaba de anunciar la creación de un banco alternativo a los organismos financieros de EEUU y la Unión Europea) ha llevado a Washington a respaldar, desde finales de 1980, a los terroristas chechenos dirigidos por Shamil Basayev. La CIA y el ISI, Inter Servicios de Inteligencia de Pakistán, les entrenaron en Afganistán. Las compañías anglo-estadounidenses soñaban con el control del petróleo y las rutas de los oleoductos que nacen del Mar Caspio. Basayev, luego, con el apoyo de Arabia saudí, creó una base en Grozny, luchando contra los rusos, los nacionalistas laicos y el islam sufí (credo mayoritario), sembrando caos y terror talibanianos entre los chechenos.

El Poder de las Pesadillas

The Power of Nightmares” es el título de un documental de la BBC (Adam Curtis, 2004) en el que altos cargos de la CIA admiten que Al Qaeda es un mito creado por los políticos occidentales y no existe. La versión oficial no mejora ésta: dijo Robin Cook, Ministro de Exteriores del Reino Unido (1997-2001), que durante los 80 la CIA y los saudíes financiaron y armaron a los yihadstas dirigidos por Bin Laden -apodados por Ronald Reagan “luchadores por la libertad”-, y que aquello fue un error de cálculo monumental. Sin embargo, la OTAN de 1997 utilizó el mismo patrón en Kosovo reclutando a esta misma gente para integrarla en el Ejército de Liberación, que allanó el camino de la agresión de la Alianza. Incluso después del 11-S, Washington siguió utilizando a estos terroristas para llevar a delante su agenda por todo el Globo (en Libia, primero, y ahora en Siria), y así materializar la “guerra global contra el terrorismo”.

Hoy los aspirantes a yihadistas son reclutados, incluso en los propios países de la OTAN, y enviados a luchar contra Siria.

Aun con la versión oficial, lo sucedido es una violencia de ida y vuelta y demuestra hasta qué punto es inútil atacar al nido de los terroristas (Afganistán, Pakistán o Yemen).

Por cierto, si, a partir de ahora, las ollas a presión con clavos son armas de destrucción masiva, ¿qué eran las que acabaron con la vida de 260.000 japoneses en Hiroshima y Nagasaki?

martes, 23 de abril de 2013

La depresión del Excel

 

Kenneth Rogoff               Carmen Reinhart

 

Paul Krugman · · · · ·

SINPERMISO 21/04/13

 

¿Puede un error en una hoja de cálculo haber destruido casi por completo la economía de Occidente?

En esta era de la información, los errores matemáticos pueden llevar al desastre. La Mars Orbiter de la NASA se estrelló porque los ingenieros olvidaron hacer la conversión a unidades del sistema métrico; el plan de la ballena de Londres de JPMorgan Chase salió mal en parte porque quienes hicieron los modelos dividieron por una suma en lugar de por una media. De modo que, ¿fue un error de codificación de Excel lo que destruyó las economías del mundo occidental? Esta es la historia hasta la fecha: a principios de 2010, dos economistas de Harvard, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, divulgaron un artículo, Growth in a time of debt (Crecimiento en una época de endeudamiento), que pretendía identificar un umbral crítico, un punto de inflexión, para la deuda pública. Una vez que la deuda supera el 90% del producto interior bruto, afirmaban, el crecimiento económico cae en picado.

Reinhart y Rogoff tenían credibilidad gracias a un libro anterior admirado por todo el mundo sobre la historia de las crisis financieras, y el momento escogido era perfecto. El artículo se publicó justo después de que Grecia entrase en crisis y apelaba directamente al deseo de muchos funcionarios de virar del estímulo a la austeridad. En consecuencia, el artículo se hizo famoso inmediatamente; seguramente era, y es, el análisis económico más influyente de los últimos años.

El hecho es que Reinhart y Rogoff alcanzaron rápidamente un estatus casi sagrado entre los autoproclamados guardianes de la responsabilidad fiscal; la afirmación sobre el punto de inflexión se trató no como una hipótesis controvertida, sino como un hecho incuestionable. Por ejemplo, un editorial de The Washington Post de principios de este año advertía contra una posible bajada de la guardia en el frente del déficit porque estamos “peligrosamente cerca de la marca del 90% que los economistas consideran una amenaza para el crecimiento económico sostenible”. Fíjense en la expresión: “los economistas”, no “algunos economistas”, y no digamos ya “algunos economistas, a los que contradicen enérgicamente otros con credenciales igual de buenas”, que es la realidad.

Porque lo cierto es que el texto de Reinhart y Rogoff se enfrentó a críticas considerables desde el principio y la controversia aumentó con el tiempo. Nada más publicarse el artículo, muchos economistas señalaron que una correlación negativa entre la deuda y el comportamiento económico no significaba necesariamente que la deuda elevada fuese la causa de un crecimiento lento. Podría ocurrir perfectamente lo contrario, y que el mal comportamiento económico condujese a una deuda elevada. De hecho, este es evidentemente el caso de Japón, que se endeudó enormemente después de que su crecimiento se hundiese a principio de los noventa.

Con el tiempo, surgió otro problema: otros investigadores, usando datos de deuda y crecimiento aparentemente comparables, no fueron capaces de replicar los resultados de Reinhart y Rogoff. Lo habitual era que encontrasen cierta correlación entre la deuda elevada y el crecimiento lento (pero nada que se pareciese a un punto de inflexión en el 90% ni, de hecho, en ningún nivel concreto de deuda).

Finalmente, Reinhart y Rogoff permitieron que unos investigadores de la Universidad de Massachusetts analizasen la hoja de cálculo original; y el misterio de los resultados irreproducibles se resolvió. En primer lugar, habían omitido algunos datos; en segundo lugar, emplearon unos procedimientos estadísticos poco habituales y muy cuestionables; y finalmente, sí, cometieron un error de codificación de Excel. Si corregimos estos errores y rarezas, obtenemos lo que otros investigadores han descubierto: cierta correlación entre la deuda elevada y el crecimiento lento, sin nada que indique cuál de ellos causa qué, pero sin rastro alguno de ese umbral del 90%.

En respuesta a esto, Reinhart y Rogoff han admitido el error de codificación, han defendido sus demás decisiones y han afirmado que nunca aseguraron que la deuda provoque necesariamente un crecimiento más lento. Esto es un tanto insincero porque repetidamente dieron a entender esa idea aunque evitasen formularla expresamente. Pero, en cualquier caso, lo que realmente importa no es lo que quisieron decir, sino el modo en que se ha interpretado su trabajo: los entusiastas de la austeridad anunciaron a bombo y platillo que ese supuesto punto de inflexión del 90% era un hecho probado y un motivo para recortar drásticamente el gasto público incluso con un paro elevadísimo.

Por eso debemos situar el fiasco de Reinhart y Rogoff en el contexto más amplio de la obsesión por la austeridad: el evidentemente intenso deseo de los legisladores, políticos y expertos de todo el mundo occidental de dar la espalda a los parados y, en cambio, usar la crisis económica como excusa para reducir drásticamente los programas sociales.

Lo que pone de manifiesto el asunto de Reinhart y Rogoff es la medida en que se nos ha vendido la austeridad con pretextos falsos. Durante tres años, el giro hacia la austeridad se nos ha presentado no como una opción sino como una necesidad. Las investigaciones económicas, insisten los defensores de la austeridad, han demostrado que suceden cosas terribles una vez que la deuda supera el 90% del PIB. Pero las investigaciones económicas no han demostrado tal cosa; un par de economistas hicieron esa afirmación, mientras que muchos otros no estuvieron de acuerdo. Los responsables políticos abandonaron a los parados y tomaron el camino de la austeridad porque quisieron, no porque tuviesen que hacerlo.

¿Servirá de algo que se haya hecho caer a Reinhart y Rogoff de su pedestal? Me gustaría pensar que sí. Pero preveo que los sospechosos habituales simplemente encontrarán algún otro análisis económico cuestionable que canonizar, y la depresión no terminará nunca.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel 2008

domingo, 21 de abril de 2013

EUROMUERTO

 

EUROMUERTO

 

Una muerte justa y digna para el euro.


Por: William Pfaff *
Traducción: Enrique Prudencio, para Zona Izquierda

Cuando se lanzó inicialmente la propuesta de creación de una moneda europea, al que esto escribe le pareció una buena idea, con el nimio inconveniente de que no iba a funcionar. Aunque inexperto en economía (siendo un producto de la era de la aritmética), me impactó como efecto de falsa analogía con los Estados Unidos, siendo común en Europa por entonces esa comparación. Si Nueva York, Texas e Iowa podían manejarse con el dólar como única moneda, ¿por qué no iban a poder tenerla Francia, Alemania e Italia? Europa ya tenía un mercado europeo único – o estaba terminando de construirlo (el Mercado Común Europeo), sin aranceles aduaneros. ¿Por qué no una moneda única para un mercado único? Una gran mayoría de entusiastas de la unificación europea parecía pensar que lo único que se necesitaba era darle un nombre y un diseño y a continuación acuñarla. A la fértil imaginación del anterior Presidente francés Valery Giscard d´Estaing, ya se le había ocurrido un nombre en recuerdo de la época perfumada de Francia para el mecanismo
que llevaría a la moneda única, el “Ecu”, que significa “European currency union” (moneda de la unión europea), y que felizmente era también el digno nombre que se le había dado durante los siglos XVII y XVIII a una serie de monedas francesas de oro y plata. Cuando llegó el momento de crear finalmente la moneda, el chauvinismo de los otros países europeos se opuso al nombre francés y la moneda fue tristemente denominada el euro (ni siquiera con mayúscula) y acuñada con diseños de puentes y viaductos sumamente aburridos. (Pero como todos los países de la eurozona tienen algún puente o viaducto, todos podrían decir que aquél del diseño era el del suyo.) La queja que yo (entre otros) planteamos desde el principio fue que los países europeos no eran estados norteamericanos. Eran entidades políticamente soberanas. Cada una tenía su economía característica, recursos, productos, mercados y sus propios déficits y superávits nacionales. Era vitalmente importante el hecho de que cada país tenía su propia moneda, y estas monedas no eran intercambiables, y además, no tenían un valor fijo y constante. Había que ir al banco si se deseaba adquirir otra divisa y pagar por ella según el tipo de cambio del día. Pero los entusiastas decían que en California no tenían que cambiar sus dólares cuando viajaban a Nevada. En Europa sería lo mismo. Llegados a este punto, los norteamericanos tenían que explicar la guerra civil norteamericana, en la que hubo más muertos que en todas las guerras libradas por este país. Y que esta guerra se libró para terminar con las reclamaciones soberanistas de los estados esclavistas del sur. El resultado fue una sola nación soberana, con una sola moneda y eventualmente con un solo presupuesto que prevaleció a nivel nacional.
La única respuesta a esto que los interlocutores europeos pudieron dar a los norteamericanos, fue que Europa había superado ya el cupo de guerras que le correspondía. La Unión Europea intentaba poner fin a esa desafortunada práctica en Europa. Esa práctica, en los últimos tiempos, la habían ejercido principalmente los alemanes. La Francia de los Borbones, Napoleón y la Tercera República cedieron el liderazgo en el desencadenamiento de guerras devastadoras a los Hohenzollern y después a los Nazis en Alemania. Durante esos mismos tiempos aun recientes, Estados Unidos se interesó por Europa y sus guerras y como resultado adoptó un nuevo rol como potencia europea -- como “LA” potencia europea, tal como dejó claro a Europa Occidental el diplomático norteamericano Richard Holbrooke cuando era embajador de Estados Unidos en Alemania en 1990, reforzando el papel dominante que desempeñaron siempre los norteamericanos desde que dio comienzo el movimiento de unificación europea en 1951. Es un papel que está finalizando actualmente. La crisis de Wall Street en 2008 desencadenó la crisis crediticia europea que siguió inmediatamente. Esta crisis puede estar a punto de destruir la unión monetaria europea tal como existe actualmente. Mentalmente, los europeos ya están divididos entre los miembros del norte y los del sur, con Francia a caballo de las dos partes, sin éxito alguno. El euro ha producido altas tasas de desempleo, ira entre las masas y represión en Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia, e inminentemente en Chipre y Eslovenia. Gran Bretaña, a pesar de permanecer fuera de la eurozona, depende de ésta para el comercio exterior y se está deslizando hacia la misma crisis, con gran ayuda de las políticas de austeridad del Primer Ministro
Cameron. Alemania, con los miembros del norte de la Eurozona que son tradicionalmente dependientes de los teutones, ha impuesto su propia política monetaria conservadora al conjunto del bloque europeo, un trago muy amargo para los países meridionales, víctimas ahora de un endeudamiento extremo. Los ciudadanos alemanes a los que la crisis ha empezado a rozar ahora, tienen el control del Banco Central Europeo y la dirección política del gobierno de la UE, que impone unas normas de austeridad despiadada a los países del sur de la UE que se quejan constantemente, y que se encuentran ahora con que esta política que les sume en la gran miseria, además no funciona. Y, lógicamente culpan de ello a los alemanes. El resultado es una oleada de hostilidad popular de los alemanes hacia sus ingratos socios europeos, que a su vez acusan a Alemania (todavía en voz baja) de que habiendo tenido bastante con haber destruido el equilibrio económico y político de Europa en dos mortíferas y destructivas guerras mundiales, se ha puesto otra vez a ello. El nuevo movimiento político “Alternativa para Alemania” ha irrumpido como reacción contra el euro y contra los socios de Alemania en la U.E. Académicos observadores de la situación comparan la fuerza política que apoya este movimiento con la erupción del Tea Party norteamericano. La Canciller Angela Merkel se enfrenta a elecciones federales en Septiembre. Sus socios de la Coalición Democrática Libre se encuentran con dificultades. Lo que signifique esto para la política interior alemana es por supuesto impredecible en estos momentos. Pero combinado con la desilusión de una cierta élite con el sistema de la eurozona y sus consecuencias económicas, el abandono alemán del euro y el retorno al marco se presenta actualmente como una posibilidad muy seria. El experimento del euro está fracasando. Se puede salvar la Unión Europea respecto de otras muchas cosas, pero la moneda única es un
disparate. Esto es también lo que el financiero George Soros ha recomendado recientemente a los alemanes: abandonar el euro para servir sus propios intereses, al tiempo que se libera a los demás miembros del bloque para que pongan en común sus deudas mediante la emisión de eurobonos para escapar de las limitaciones impuestas por Alemania. ¿Qué pasará? Los estados que sufren el desempleo y la crisis crediticia harán lo que siempre han hecho en el pasado: devaluar sus monedas y estimular sus economías. El Keynesianismo encontraría su reivindicación.

miércoles, 10 de abril de 2013

El eterno retorno de Berlusconi. Y quién lo hace posible...

 

Rossana Rossanda · · · · ·

07/04/13

¿PROTAGONISTAS EN ITALIA?

El ataque a Bersani para que no se presentase ante las Cámaras, el “plan B” con Berlusconi, que vuelve a ser protagonista, siguiendo el guión del Quirinal. Entre una izquierda subalterna y la carencia histórica en Italia de una derecha al menos formalmente democrática, nos deslizamos por una deriva mortal para nuestra frágil democracia.

Ni Hollande ni Bersani son revolucionarios ninguno, pero no recuerdo haber asistido a una guerra más violenta que la que se libra contra ellos. Verdadera guerra de clase, tiene razón Gallino: la derecha propietaria al ataque contra todo aquel que no sea neoliberal puro. En Francia, la derrota de  Sarkozy se ha visto seguida por una ofensiva patronal durísima, cierres, despidos, deslocalizaciones que han aumentado de golpe un desempleo ya fuerte debida a la crisis: más de tres millones de parados, sin contar otros dos millones de personas que se ven forzadas a trabajillos sin continuidad ni derechos. La gente común, cuyo poder adquisitivo se va diezmando mes a mes, reprochará con mayor aspereza todavía al gobierno socialista no haber mantenido sus promesas. En resumen, fuego a discreción a derecha e izquierda.

En Italia, Pier Luigi Bersani ha sido objeto de una destrucción sistemática por parte del Quirinal [residencia del presidente de la República] y de la prensa, por haberse atrevido a proponer que se  verificase en las Cámaras una propuesta de programa, desde luego modesta, pero con la esperanza no infundada de obtener algún voto del ejército de diputados grillinos, que son una “armata Brancaleone” [1] sin programa, entre los cuales se podía encontrar una docena de votos, como se ha encontrado para la presidencia del Senado. El Quirinal no se lo ha permitido, como si fuésemos ya una república presidencial. Bersani no ha aceptado, pero ni siquiera se ha rebelado contra la voluntad del jefe del Estado. Así va avanzando el llamado “plan B”, que apunta a reintroducir en el gobierno a un Berlusconi más descarado que nunca: “quiero esto, quiero aquello” inoxidable, persuadido de poder proponer para el gobierno una mayoría de la que sería parte fundamental y para el Quirinal un hombre suyo (“Letta [2] o, por qué no, yo mismo”).

No sé cuánto habría durado un gobierno como el propuesto por Bersani, aunque se le hubiera permitido sacárselo a las Cámaras, pero lo que es seguro es que el sentido de la prohibición presidencial estriba en reabrir el camino a una unidad nacional de la que Berlusconi debe ser una parte determinante. De algún modo, el hecho de que Napolitano le haya recibido en el Quirinal después de que el Cavaliere hubiera vomitado sus insolencias dos días antes en Piazza del Popolo, le ha legitimado, políticamente hablando. Y en toda Italia parece haberse exhalado un suspiro de alivio, basta de descalificaciones, quien propone y decide es el voto popular, tesis que en el siglo XX ha dado el poder a las dictaduras fascistas. ¿Por qué Italia no ha querido en absoluto a Bersani? No desde luego, repito, porque tuviera un programa subversivo ni extremista, siquiera antieuropeo, sino bastante vagamente reformista, porque tenía relaciones con Vendola y la FIOM [sindicato del Metal], porque había permitido que en su partido anidaran peligrosos sujetos como Orfini y Fassina [3]. Esto había que bloquearlo. 

Ha llegado el momento de dejar de preguntarse cómo es que Berlusconi vuelve a reaparecer en la escena política. Hace falta reconocer que cuando parece del todo abatido, hay siempre una mano a derecha o izquierda que lo saca del pantano en el que se encuentra. Hace falta que nos preguntemos por qué por quinta vez este escenario se repite y si no hay en el país un defecto bastante profundo que permite esa inclinación. Parece evidente la responsabilidad de una izquierda – concretamente del PCI, que había sido en la postguerra la más relevante e interesante de todo Occidente – por no haber examinado las razones del derrumbe del 89, cuando los hijos de Berlinguer se han convertido de golpe a Fukuyama (“la Historia ha terminado”) con la misma impermeabilidad que habían opuesto a quien, hasta un mes antes, había suscitado alguna crítica al sistema soviético.

Pero, una vez admitida esta debilidad de la izquierda y de los comunistas en particular, es imposible no preguntarse porque Italia parece incapaz, ya históricamente, de dotarse de una derecha al menos democrática, no al borde de la imputación en nombre del código penal. Y esta es una maldición que nos persigue desde la unificación del país y no parece desde luego que los diez “sabios” propuestos desde la Colina [del Quirinal] estén en situación de enfrentarse a sus razones y extirpar las raíces. Derecha e izquierda parecen enfermas en su mismo fundamento cultural y moral; la razón de fondo por la que nos encontramos en la feísima situación de hoy está, evidentemente, aquí; hasta que no se haga seriamente este diagnóstico, no saldremos, ni siquiera cuando no faltan, como hoy, razonables propuestas para bloquear una deriva que parece mortal para nuestra joven y frágil democracia.

NOTAS T.: [1] L´Armata Brancaleone es el título de una legendaria comedia cinematográfica italiana de 1966, dirigida por Mario Monicelli. La expresión se utiliza como en español “el ejército de Pancho Villa” para referirse a una agrupación irregular, caótica o pintoresca. [2] Enrico Letta (1935), uno de los hombres de confianza de Berlusconi, fue candidato de la derecha a la presidencia de la República en la elección de 2006 en la que las Cámaras escogieron a Giorgio Napolitano. [3] Matteo Orfini (1974) y Stefano Fassina (1966), ambos diputados, pertenecen a los llamados “Jóvenes Turcos”, una de las corrientes de izquierda del Partido Democrático. Orfini es responsable de Cultura e Información; Fassina, de Economía y Trabajo.

Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.

jueves, 4 de abril de 2013

FMI-CHIPRE

Sobre las causas y las consecuencias de lo ocurrido en Chipre



SOY EL FMI, LA ECONOMÍA





Mikhail Khazin
Worldcrisis.ru
Traducido del ruso para Rebelión por Arturo Marián Llanos


Hoy se habla mucho sobre las causas que han obligado al FMI y las autoridades de la Unión Europea a hacer lo que han hecho, llevar a cabo la reforma confiscatoria. Pero hay unas cuantas cuestiones de las que habría que hablar aparte.
La primera pregunta es: ¿quién, al fin y al cabo, fue el artífice de tal tremebunda acción? Creo que ha sido el FMI y diré por qué. Dentro de la distribución de fuerzas en el mundo occidental (que hoy controla prácticamente todo el globo terráqueo, pero que de por sí es bastante limitado) el FMI es un organismo muy importante dado que es “el guardián” de las reglas de este mundo, enunciadas por primera vez todavía en los acuerdos de Bretton Woods en 1944. Las propias reglas fueron seriamente cambiadas en varias ocasiones, pero su base y la influencia del FMI han permanecido inalterables.
Mientras que la Unión Europea es simplemente una de las organizaciones que actúan dentro del marco establecido por estas reglas, tal vez una de las más potentes, pero que no tiene potestad para cambiarlas. Y todavía menos, reglas tan poderosas como “el sagrado derecho a la propiedad privada”. Y aunque estas reglas se violan en todas partes, siempre se encuentran serias excusas, que permiten tratar tales sucesos como excepciones puntuales, sobre las que dejan de actuar las reglas (cuando, por ejemplo, se confisca el dinero cuya procedencia no les gusta a “los poderosos de este mundo”). Por este motivo no creo que la UE se hubiera permitido semejantes libertades – está claro que el FMI ha tenido que intervenir directamente.
Cuestión segunda. Ya ha sido discutida, pero vale la pena repetirse. ¿Por qué el FMI transgrede de una manera tan brutal, “sistémica” sus propias reglas? ¿Para qué cortar la rama sobre la que están sentados? La respuesta es sencilla: tal acción únicamente tiene sentido si ya es imposible conservar el actual sistema bancario. Porque sus activos, en realidad, hace mucho que no valen nada, pero los pasivos (obligaciones contraídas, incluidas las contraídas ante los clientes) se han conservado plenamente. En otras palabras, devolverlos en cualquier caso es imposible y hay que buscar la manera de deshacerse de ellos. En este sentido se puede considerar el variante de Chipre como una prueba – para ver cómo reaccionan los participantes en el proceso, cómo de fuerte es la resistencia, de si habrá demandas y de qué tipo.
Además, naturalmente, se da por sobreentendido que el truco con la confiscación se seguirá repitiendo en otros países. Algunos de ellos ya se han olido de qué va la cosa. Así el ministro de Exteriores de Luxemburgo Jean Asselborn ha acusado a Alemania de que pretende conseguir la hegemonía en la eurozona, dictando a Chipre su política en el sector bancario y financiero. Según ha informado la agencia Reuters.
En palabras de Asselborn, “Alemania no tiene derecho de decidir qué modelo han de seguir los países de la Unión Europea”. El cabeza de exteriores del ducado subrayó que “no se puede permitir que bajo la apariencia de la solución de los problemas estrictamente técnicos de la política financiera dejen sin respirar a otros países”. Aunque, como ya hemos visto, el proceso fue iniciado por el FMI y no por Alemania, la apelación a Alemania también tiene su sentido. El caso es que Alemania claramente pretende alinear a todos los países de la UE dentro del marco de la “vertical del poder”, donde las relaciones financieras “especiales” con “terceros” países (que no son miembros de la UE) solo sean posibles a través de Bruselas o (todavía mejor) a través de Berlín.
Precisamente debido a ello el Banco Central Europeo ha prohibido a Letonia recibir el dinero ruso que se va de Chipre, según ha informado la emisora de radio letona MIX FM, aduciendo fuentes informadas. “A nuestros amigos letones se les dijo claramente – si quieren unirse a la eurozona, no deben dar acogida al dinero ruso que viene de Chipre”, - reproduce las palabras del representante del banco central de uno de los países de eurozona la emisora. Letonia, que ni siquiera tiene derecho a voto dentro de la UE, en seguida comenzó a pedir disculpas, dado que además piensa introducir el euro en su territorio (¡difícil imaginarse mayor idiotismo hoy en día!), pero la esencia del proceso no cambia.
Aunque los países anglosajones, que indudablemente están más cerca del centro financiero del mundo, son todavía más sinceros. Así Nueva Zelanda y Canadá, según me han comunicado, escriben abiertamente en sus presupuestos que la salvación de los bancos problemáticos (o sea, prácticamente todos) se realizará a costa del dinero de sus depositantes. Así que nadie guarde ilusiones.
Y tercero. El FMI está destruyendo su propio sistema ¿pero qué propone a cambio? ¡Aquí está lo más interesante! Nadie hace ninguna propuesta acerca de cómo tiene que ser el nuevo sistema, como si fuera posible destruir el viejo sin construir el nuevo. Lo cual es bastante terrible, pues el caos es peor que cualquier sistema, incluso muy malo. Pero esta situación también se puede explicar, porque el FMI claramente ya no tiene poderes para tratar el tema y no existe ninguna alternativa. En otras palabras, existe la comprensión de que hace falta el nuevo sistema, pero nadie sabe cómo, con quién y en el marco de qué procedimiento hay que discutirlo. ¡Este es el principal problema ahora mismo!
Mikhail Khazin (1962, Moscú) es economista y publicista ruso. En los años 1997-2001, junto con Oleg Grigóriev y Andrei Kobiakov, ha elaborado la teoría de la crisis actual. En colaboración con A.Kobiakov ha publicado el libro “El ocaso del imperio del dólar y el fin de la pax americana” (Ed. Veche, Moscú, 2003












lunes, 1 de abril de 2013

¿Es esto, todavía, democracia? El Partido de La Izquierda, frente al sistema alemán de partido único

 

Oskar Lafontaine , die linke.

31/03/13 SINPERMISO

“Mientras los grandes patrimonios –y la estructura social de poder de ellos resultante— sigan formándose de modo que la minoría ‘explote’ el trabajo de la mayoría; mientras eso ocurra, no podrán, lógicamente, imponerse los intereses de la mayoría. En otras palabras: la democracia, que significa un orden social en el que los intereses de la mayoría se imponen, naufraga en el rocallar de las estructuras de poder armadas por el partido único alemán.”

En los próximos meses se representará en Alemania una comedia. La pieza se titula: “El campo de la contienda electoral”. Los papeles principales corresponden a Angela Merkel y Peer Steinbrück. Entre los actores secundarios vemos a Horst Seehofer, Sigmar Gabriel, Philipp Rösler, Jürgen Trittin y el resto del personal dirigente de la CDU/CSU, SPD, FDP y Verdes. Para la Izquierda no está previsto en esta representación papel alguno. Con ayuda de la policía política, de los medios de comunicación en manos de grandes corporaciones privadas y de la radiotelevisión de titularidad pública se hará todo lo posible para echar de la pasarela del capitalismo al incómodo partido.

El lenguaraz escritor norteamericano Gore Vidal lo dejó dicho hace ya unos cuantos años: “La democracia es manifiestamente un lugar en el que se da un sinnúmero de elecciones con inmensos costes sin asuntos programáticos de por medio y con candidatos intercambiables”. Para él no había ya en los EEUU varios partidos, sino “un sistema de partido único con dos alas derechas” trabajando a favor de los intereses de las grandes empresas privadas. Y no veía en los medios de comunicación sino instrumentos de propaganda para la conservación de las relaciones sociales de poder.

Se podrá descontar la opinión de Gore Vidal como exageración literaria de un escritor, pero lo cierto es que Heribert Prantl acaba de ofrecernos en laSüddeutschen Zeitung una traslación del juicio de Gore Vidal sobre la política en EEUU a las elecciones alemanas en curso para el Parlamento Federal:

“El campo de la contienda electoral es una disputa electoral que propiamente no existe ya… El campo de la contienda electoral es un término malhadado, por mucho que lo acuñara Heiner Geißler. Lo que Geißler quiso significar en su día, existía en su día como tal. Había posiciones encontradas, opuestas, en todas las cuestiones fundamentales de la política: política exterior, política económica, política energética, política migratoria… Las diferencias fundamentales entre los partidos (exceptuada la Izquierda) han desaparecido.”

Americanización

La cosa no ofrece duda: la americanización de la política alemana ha llevado a que hoy, también en Alemania, haya un sistema de partido único con cuatro alas, para seguir con la imagen de Gore Vidal. Las alas se llaman CDU/CSU, SPD, FDP y Verdes, y actúan todas, unas veces más, otras veces menos, a favor de los intereses de los bancos y de las grandes empresas, como lo prueban la política fiscal de los últimos años y el sinnúmero de rescates bancarios aprobados. Afirman todos sin reservas un orden económico en el que la desigual distribución del ingreso, del patrimonio y del poder lleva a que una minoría haga trabajar en su propio beneficio a una mayoría, dando a esa mayoría salarios y participaciones subalternas muy por debajo de lo que corresponde al pleno rendimiento de su trabajo. En oposición al partido único federal alemán, la Izquierda dice: la propiedad debería dimanar sólo del propio hacer, del propio trabajo, y no de lograr que otros trabajen para uno. Mientras los grandes patrimonios –y la estructura social de poder de ellos resultante— sigan formándose de modo que la minoría “explote” el trabajo de la mayoría; mientras eso ocurra, no podrán, lógicamente, imponerse los intereses de la mayoría. En otras palabras: la democracia, que significa un orden social en el que los intereses de la mayoría se imponen, naufraga en el rocallar de las estructuras de poder armadas por el partido único alemán.

Mientras no se ataquen esas estructuras, asistiremos a los sumo a pugnas de cara a la galería y a crispadas disputas en torno a objetivos secundarios de batallitas menores. Cuanto menos se diferencian las posiciones políticas fundamentales unas de otras, tanto más ruidosa debe ser la grita, a fin de dar la impresión de que el campo de la contienda electoral se mantiene vivo. De aquí el juicio de Heribert Prantl: “Es lo más probable que, pese a toda la faramalla organizada en torno a la política de rentas, no haya en toda Alemania más de mil personas capaces de poder deletrear las diferencias entre la CDU y la SPD. Y lo mismo ocurre con otras políticas”. También el diario [conservador] Frankfurter Allgemeine Zeitung habla de un campo de contienda electoral “impropio”.

Tampoco hay que dejarse cegar por los “casos de plagio” roji-verde. Con gran diligencia socialdemócratas y Verdes han venido haciendo suyas, con modificaciones y desnaturalizaciones varias, tradicionales propuestas políticas de la Izquierda, a fin de hacer olvidar los desastres sociales causados por las políticas que desarrollaron durante sus años de gobierno en coalición: relaciones laborales precarizadas, salarios ínfimos, pauperización de la vejez, destrucción de los sistemas sociales de seguridad.

Plagian, desde luego, la idea del salario mínimo, y lo mismo puede decirse respecto de las timoratas propuestas con que ahora pretenden:

* mejorar las jubilaciones y elevar un tanto el bajo nivel de las prestaciones ofrecidas desde su contrarreforma del Hartz-IV;

* rebajar el copago sanitario y las matrículas universitarias;

* poner coto al trabajo temporal y a los contratos externalizados de obra;

* aumentar los tipos fiscales marginales altos, gravar fiscalmente el patrimonio, las rentas de capital y las transacciones financieras;

* limitar los alquileres, los precios de la energía y los intereses por descubiertos bancarios;

* introducir eurobonos;

* retirar licencias a los bancos que facilitan la evasión fiscal;

* promover la separación entre banca comercial y banca de inversión;

* limitar las remuneraciones de los ejecutivos;

* exigir responsabilidad a los acreedores y proceder a quitas de deuda.

Eso, por limitarnos a unos cuantos ejemplos.

El robo de ideas no puede confundir a nadie: la SPD y los Verdes, lo mismo que CDU/CSU y FDP, son y serán, llegado el caso, secciones leales al sistema del partido alemán federal único. Han votado todos de consuno a favor de modificar la Constitución para imponer un tope de deuda; de consuno han votado todos a favor del Pacto Fiscal europeo, así como por los distintos rescates. Lo que muestra que el “campo de la izquierda”, SPD y Verdes, no ha roto amarras con sus viejas y catastróficas políticas del Hartz-IV y de la Agenda-2010. El Pacto Fiscal significa el afianzamiento de esta brutal política de recortes para toda Europa. Sólo por eso se avilantan la SPD y los Verdes a llamarse a sí mismos partidos europeos: porque han interiorizado y hecho suya con descaro la idea de una Europa de mercados libres y grandes empresas como la única Europa posible.

Minas sin estallar sembradas por toda Europa

De medirse la realidad social conforme a la intención política declarada, no resultaría un juicio demasiado duro decir que ambos protagonistas “de izquierda” del actual “campo de contienda electoral” son como artefactos explosivos sin detonar abandonados por toda Europa. El Consejo Europeo resolvió en Lisboa, en diciembre de 2010, con la colaboración del Canciller roji-verde Schröder, “hacer de la UE el espacio económico basado en el conocimiento más competitivo y dinámico del mundo: un espacio económico capaz de crecimiento duradero, con más y mejores puestos de trabajo y una mayor cohesión social”. Esa era la intención declarada. ¿Cómo es la realidad?

Los jóvenes europeos de hoy que, crecientemente azotados por el paro, lean esto estarán plenamente justificados para dudar de la capacidad de juicio y aun del equilibrio mental de esos estadistas. ¿Cuándo comprenderán los políticos del partido alemán único que un sistema económico que tiene como fin la maximización de los beneficios y del patrimonio de la minoría necesariamente ha de traer consigo situaciones como las que estamos observando hoy en Europa?

En ese contexto resulta un chiste de pésimo gusto oír decir de consuno a CDU/CSU, SPD, FDP y Verdes que quieren poner la justicia social en el centro del “campo de contienda electoral”.

Es lógico también –porque está en la naturaleza del sistema— que ambos “campos” coincidan en convertir las guerras por los derechos humanos en el instrumento esencial de su política exterior. De manera inigualable ha estampado el Príncipe Harry la quintaesencia de esta nueva era de la política exterior alemana en la primera plana del diario sensacionalista Bild: “Resulta sin duda notable en este contexto que políticos de la SPD y de los Verdes criticaran con tal acritud a Merkel y a Westerwelle, acusándoles de que el gobierno federal no colaborara en la guerra de Libia.”

El rasgo que hace único al Partido de la Izquierda

La Izquierda, y eso lo sabe la gran mayoría de sus partidarios y de sus miembros, sólo puede justificar su existencia y sólo puede sostenerse con éxito en las contiendas electorales, si no se convierte en un ala más del partido único. El rasgo que la hace única es abogar por un orden económico en el que todos reciban el pleno importe del trabajo realizado. Esa constitución económica lleva a empresas democráticas cooperativas, y no a estructuras económicas autoritarias con trabajo temporal, contratos de obra, sueldos paupérrimos y minijobs. Lleva a una política exterior pacífica, que busca asegurarse las materias primas con el comercio, y no con guerras de derechos humanos.

Con ese transfondo resulta claro porqué SPD y Verdes vienen rechazando tajantemente desde hace años las repetidas ofertas de colaboración de la Izquierda. Los políticos del partido único alemán quieren arreglarse entre sí. Rechazan las reformas estructurales que podrían cambiar la constantemente creciente desigualdad en la distribución del bienestar y de las oportunidades en Alemania. Los programas electorales de la SPD y de los Verdes, que incorporan, más o menos desleídas, propuestas del Partido de la Izquierda, sirven sólo para enmascarar la realidad. Las electoras y los electores no deben percatarse de que detrás de esas proclamas no hay la menor intención de ponerlas por obra. Como dijo el otrora Gran Maestro de las campañas electorales socialdemócratas Franz Münterfering: “Es injusto valorar a los partidos, después de las elecciones, conforme a sus promesas electorales”.

El susodicho campo de contienda electoral es una farsa. Las electoras y los electores tendrán la experiencia de un dejà-vu. Luego de las elecciones, todo será en Alemania como antes de las elecciones, cualesquiera que sean los políticos y las fracciones del partido único que formen el gobierno federal. Asombrosamente, los representantes de la economía alemana manifiestan a hurtadillas su preferencia por un gobierno federal roji-verde. El antiguo jefe de la BDI [la organización de la patronal industrial alemana], Keitel, lo resumió así: “Cuando un país necesita hacer reformas político-económicas, lo mejor es que el gobierno que las lleve a cabo no tenga un color político demasiado sospechoso de favorecer a los empresarios.”

Oskar Lafontaine es Presidente del grupo de La Izquierda en el Parlamento del Sarre. Entre 2007 y 2010 fue el Presidente del Partido de La Izquierda

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Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro