jueves, 26 de diciembre de 2013

¿PODRÁ ESTADOS UNIDOS CON TODO EL FARDO?

 

 

Corbis

Este año se considera fructífero para las relaciones entre China y Rusia, mientras que los vínculos de ambos países con Occidente se han deteriorado. El creciente poder chino-ruso obliga a EE.UU. a reconsiderar sus gastos militares pese a la crisis.

Según publicó la revista japonesa 'The Diplomat', en los últimos años muchos expertos indicaron que las dos guerras de EE.UU., en Irak y en Afganistán, y el debilitamiento de su economía, han dado a China la oportunidad de aumentar su importancia en la arena mundial. Al mismo tiempo, el crecimiento de la economía china y la situación relativamente estable en términos de seguridad han ayudado a Pekín a consolidarse como una potencia hegemónica de Asia.
El interés recientemente intensificado de Washington en la región obviamente no implica que exista la posibilidad de gastar dinero y recursos para equilibrar realmente la influencia que tiene allí China. Por ello, Pekín no tuvo que dar explicaciones por la amenaza que supuso cambiar el statu quo en la región estableciendo una nueva zona de defensa aérea en el mar de China Oriental el pasado mes de noviembre.
Asimismo, China y Rusia conjuntamente son capaces de obligar a Washington a dividir sus fuerzas y, por lo tanto, a actuar sin eficacia. Para conseguirlo, los dos países necesitan solamente ampliar el número de desafíos que plantean a EE.UU. en materia de seguridad, algo que aumentará aún más la presión sobre los recursos de las Fuerzas Armadas del país norteamericano, que ya están al límite. Moscú y Pekín, publica 'The Diplomat', parecen haber resuelto, al menos temporalmente, sus disputas territoriales y ahora están colaborando a nivel estratégico en un intento de forzar a EE.UU. a retirarse completamente de Asia.
Actualmente se presta mucha atención a la estrategia china para impedir el acceso a determinadas áreas en Asia, cuyos componentes clave son misiles balísticos antibuque DF-21D  y también la nueva zona de defensa aérea. Por su parte, Rusia está aumentando su presencia en el Ártico y ahora está desplegando en su territorio del extremo norte un amplio sistema de radar de detección temprana y unidades de guerra radioelectrónica.
Evidentemente, EE.UU. buscará equilibrar la creciente presencia rusa en el Ártico, pero esta búsqueda de "un equilibrio de poderes" en esta región solo dificultará el reparto del presupuesto de Defensa del país y desviará parte de sus recursos del asunto asiático.
Algunos expertos dudan que Washington pueda evitar la quiebra después de aumentar seriamente el gasto en Defensa. Es poco probable que EE.UU. pueda reaccionar simultáneamente al ascenso de China en Asia y al crecimiento de la presencia rusa en el Ártico y en las fronteras de los países bálticos, donde según algunas informaciones, Rusia está desplegando sistemas tácticos de misiles Iskander, considerado un elemento estratégico en las tensiones ruso-estadounidenses por el escudo antimisiles de la OTAN en Europa.
Para hacer frente efectivamente a los desafíos a largo plazo provenientes del eje China-Rusia, es posible que EE.UU. tenga que hacer importantes cambios en su estrategi

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/115322-eje-china-rusia-eeuu-bancarrota-militar

martes, 24 de diciembre de 2013

HA MUERTO EL MEJOR FUSIL DEL MUNDO



Fallece Mijaíl Kaláshnikov, el padre del legendario fusil de asalto AK-47




AFP NATALIA KOLESNIKOVA

Mijaíl Kaláshnikov, un hombre-leyenda cuyo apellido se asociará para siempre y en todo el mundo con el arma que creó, el fusil de asalto AK-47, falleció a la edad de 94 años.
Kaláshnikov murió en un hospital de la ciudad de Izhevsk, dijo el portavoz del presidente de la república rusa de Udmurtia, Víktor Chulkov, citado por la agencia Itar-Tass. Kaláshnikov será enterrado en Izhevsk, donde se encuentra la primera fábrica de fusiles de asalto AK-47.
El 17 de noviembre, Kaláshnikov fue hospitalizado debido a una hemorragia gástrica.
El presidente Vladímir Putin ha expresado sus condolencias a los familiares de Kaláshnikov, informa el servicio de prensa de Kremlin.



Nacido en 1919, Kaláshnikov fue el decimoséptimo hijo en una familia de campesinos ricos. Cuando tenía 11 años, toda su familia fue deportada a Siberia.
a
A medida que URSS comenzó a movilizarse de cara a una posible guerra, Kaláshnikov decidió entrar en una brigada de tanques. Le permitieron crear varias modificaciones -un contador de disparo del tanque, un medidor de tiempo de ejecución- que después fueron adoptadas en todo el Ejército Rojo, y le hicieron famoso.




Durante varias décadas el padre del AK-47, y una amplia familia de armas desarrolladas a partir de su famoso fusil, ocupó el puesto de jefe de la oficina de diseño en la planta de armas ligeras de Izhmash, de la ciudad rusa de Izhevsk.
El teniente general Mijaíl Kaláshnikov tuvo una exitosa carrera militar. Obtuvo numerosos premios y títulos por sus invenciones, entre los cuales están el de Héroe de la Federación de Rusia, la Orden de la Bandera Roja del Trabajo, la Orden Patriótica de la Guerra de Primera Clase y la Orden de la Estrella Roja.




Su fusil de asalto AK-47, que ya tiene más de 60 años, está considerado el mejor del mundo en su categoría.
Fue diseñado en 1947 y dos años más tarde se inició su fabricación a gran escala. Muy pronto se convirtió en la principal arma ligera del Ejército soviético.
La URSS primero armó con el AK-47 a sus aliados en Europa Oriental y luego lo exportó a todos los continentes. A día de hoy se han fabricado a nivel mundial 100 millones de unidades.


El arma se puede sumergir en el agua y lanzar al barro sin que su seguridad y fiabilidad se vean afectadas. El kaláshnikov adquirió gran popularidad en todo el mundo y supuso el inicio de una nueva época en la fabricación de armas.
Es el único fusil de asalto que figura en una bandera y escudo nacionales, los de Mozambique, ya que gracias a esta arma el país logró su independencia. Podemos ver su silueta también en el escudo de Zimbabue y en el de Timor Oriental desde el año 2007. El AK-47 aparece igualmente en la bandera de la organización islamista chií Hezbolá.
El fusil se ha extendido tanto por todo el mundo que es el que más víctimas ha causado en la historia de la humanidad.



Mijaíl Kaláshnikov escribió en sus memorias: "A menudo me preguntan si estoy contento con lo que me ha deparado la vida. Estoy contento. Estoy contento de haber dedicado toda la vida a algo que era necesario para el pueblo. Claro, un arma no es un tractor, una sembradora o un arado. Con un arma no se puede arar la tierra ni cultivar cereales. Pero sin ella uno no podrá defender su tierra natal, no podrá proteger la patria y a su pueblo".


lunes, 23 de diciembre de 2013

San Alexánder Nevski, capitán de submarino nuclear

 

 

Este lunes entra en servicio de la Armada rusa el crucero submarino nuclear portador de misiles Alexánder Nevski, del proyecto 955 Boréi. El ingreso se realiza en el marco del programa estatal de armamento hasta 2020.

La ceremonia oficial de la entrega del submarino nuclear a la Armada rusa se celebrará hoy mismo en la ciudad de Severodvinsk, perteneciente al óblast de Arcángel y contará con la participación del ministro ruso de Defensa, el general Serguéi Shoigú.
Alexánder Nevski es el primer portador de misiles de la serie del proyecto Boréi. La cabeza de serie, Yuri Dolgoruki, fue puesta en servicio de la Armada rusa el 10 de enero de 2013. Otra nave del proyecto de submarinos de cuarta generación, el submarino Vladímir Monomaj, pasa las pruebas de navegación. El cuatro submarino, Kniaz Vladímir, actualmente se está construyendo en los astilleros de la empresa rusa Sevmash. La construcción de ocho buques del proyecto Boréi, los tres primeros de la versión 955 y los demás de la 955A, está programada para antes de 2020.
Todos los submarinos de la cuarta generación del proyecto Boréi han sido diseñados en la Oficina Central de Diseño de Ingeniería Marina 'Rubín', en San Petersburgo, una de las principales empresa rusas de diseño de submarinos, tanto diésel eléctricos como nucleares.
Cada submarino del proyecto 955, con una eslora de 170 metros, una manga de 13,5 metros y una capacidad de desplazamiento de 24.000 toneladas, es capaz de portar 16 misiles intercontinentales balísticos R-30 Bulavá, con un alcance efectivo que supera los 10.000 kilómetros y equipados con hasta seis ojivas nucleares con ayudas a la penetración.

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/115027-nsubmarino-nuclear-armada-rusa

KARZAI BURLADO POR EEUU

HAMID KARZAI, PRESIDENTE D AFGANISTAN

 

 

EEUU se burla del presidente de Afganistán

Karzai exige respeto

Immanuel Wallerstein

La Jornada

El presidente Hamid Karzai, de Afganistán, no es tomado muy en serio en Estados Unidos –ni por el gobierno, ni por los medios, ni por el público en general. Una pieza de la evidencia es ésta: el 10 de diciembre otorgó una larga entrevista aLe Monde que el periódico publicó tanto en el inglés original como en traducción al francés, y esta bastante detallada entrevista ameritó tan sólo una cita (o menos de una oración) en el New York Times.

Esto es más notable aún porque Karzai hizo algunas aseveraciones muy fuertes, bastante diferentes a lo que uno lee en la prensa estadunidense. Es como si todo mundo asumiera que las afirmaciones de Karzai son una tontería, están muy equivocadas o son inconsecuentes o meras tácticas para la negociación. Nadie jugaría con la idea de que las expresiones del gobierno estadunidense pudieran ser una tontería, estar equivocadas o ser inconsecuentes o meras tácticas para la negociación.

Lo menos que deberían hacer los estadunidenses (así como todos los demás) es leer con cuidado lo que Karzai está diciendo. El presidente afgano comienza la entrevista insistiendo en que él argumenta desde hace ocho años que la guerra contra el terrorismo no puede pelearse y no debe pelearse en los poblados afganos, en los hogares afganos. Si es que debiera haber una guerra contra el terrorismo, ésta debería llevarse a los santuarios terroristas (supongo que en Pakistán), donde son entrenados y alimentados.

Después afirma que este es el problema principal, pero que un segundo conflicto es su creencia de que Estados Unidos no está haciendo un esfuerzo visible y genuino por ayudar al proceso de paz. Karzai insiste en que ha estado en contacto con los talibanes y que ellos están listos para negociar oficialmente con el Alto Consejo de Paz (ACP) que Karzai creó.

Karzai alega que ciertas fuerzas en Occidente no quieren que ocurran estas negociaciones. En cambio, han intentado etnificar los conflictos en conversaciones arregladas entre los señores de la guerra y los grupos étnicos... Estamos convencidos de que se hizo un esfuerzo deliberado por debilitar a Afganistán para volverlo una serie de feudos (con) un gobierno central débil.

Karzai asegura que estaría dispuesto a firmar de inmediato el Acuerdo Bilateral de Seguridad (ABS) con Estados Unidos y la OTAN en cuanto tuviera garantías de que Estados Unidos pondría fin a los ataques sobre los hogares afganos y de que los estadunidenses respaldarían el lanzamiento de un esfuerzo de pacificación.

El reportero pregunta a Karzai si considera adversario a Estados Unidos. Karzai responde que atacar los hogares afganos es un acto de agresión –no el comportamiento apropiado de un aliado. Y pregunta si Estados Unidos lanzaría aviones no tripulados (drones) en casa, en persecución de un terrorista en Estados Unidos. ¿Por qué entonces piensa que lo puede hacer en Afganistán? ¿Por qué piensan que la vida afgana vale menos que la vida estadunidense? No somos menos valiosos.

Karzai acusa a Estados Unidos de lanzar una guerra sicológica que alienta a que las compañías abandonen Afganistán y que atemoriza a los afganos sobre las consecuencias de la retirada de las tropas extranjeras. A la pregunta del reportero de si Karzai considera que Estados Unidos actúa como un poder colonial, él responde: Absolutamente.

El gobierno de Estados Unidos parece determinado a mantener algunas tropas en Afganistán, pero igualmente ya parecía decidido a hacer esto con un ABS firmado antes del fin de diciembre. Estados Unidos no parece, sin embargo, listo a cumplir las dos precondiciones de Karzai. ¿Qué van a hacer entonces? El 3 de diciembre, el secretario de Estado, John Kerry, sugirió públicamente una solución que probablemente es de legalidad dudosa. Dijo que alguien debería firmar el ABS, pero no necesariamente el mandatario. Sería suficiente con que lo rubricara el secretario de la Defensa, que supuestamente está más listo a aceptar los términos de Estados Unidos. Sería suficiente con que alguien aceptara la responsabilidad, por el acuerdo.

¿Quién cederá al último minuto? De hecho, Karzai ha ganado en el muy corto plazo. El 11 de diciembre, el funcionario en jefe del Departamento de Estado estadunidense para Afganistán, James Dobbins, anunció que el 31 de diciembre no es ya el plazo final duro. El ABS debería firmarse, dijo, lo más pronto posible.

El resultado es poco claro ahora, aunque sospecho que Estados Unidos tiene la mano más fuerte, por el momento. Pero en el largo plazo, ¿no es éste otro de los casos en que uno se dispara a sí mismo en el pie? Y Karzai insiste: Si EU quiere ser nuestro aliado, tiene que ser un aliado respetuoso. Parece duro para una superpotencia, particularmente una en seria decadencia, el aprender cómo respetar a los aliados.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/12/21/index.php?section=opinion&article=030a1mun

Traducción: Ramón Vera Herrera

lunes, 16 de diciembre de 2013

Argentina: revuelta policial y fractura social

 

Decadencia y corrupción

 

Guillermo Almeyra · Alberto Binder · · · ·

15/12/13


 

La rebelión de la policía de la provincia de Córdoba, con la ola de saqueos que fue analizada la semana pasada en Sin Permiso, tuvo un efecto cascada o dominó que se propagó por todo el país. El conflicto, puso en evidencia una vez más la fractura social ahondada por una inflación que supera el 25 por ciento anual, a la vez que mostró el fracaso de 30 años de gobiernos constitucionales en la democratización de las fuerzas de seguridad, eliminando la brutal corrupción interna y el carácter militar de su formación y funcionamiento. El costo y las consecuencias de estos nuevos parches, puestos con urgencia en estos días para seguir flotando en la crisis, todavía no han sido evaluados con seriedad. Ciertamente, los aumentos logrados a fuerza de pistola y saqueos por los policías de algunas provincias, desataron ya una ola de demandas en otros gremios de funcionarios públicos. La Central de Trabajadores Argentinos (CTA), opositora, convocó a una movilización para el próximo 19 de diciembre reclamando aumento de salarios y de las jubilaciones, un prolegómeno de lo que puede ser un verano caliente. La condena a prisión perpetua, en un juicio más que dudoso, a trabajadores petroleros de la localidad santacruceña de Las Heras, constituye un salto cualitativo en la criminalización de la protesta social, una escalada que tendrá seguramente consecuencias. El artículo de Guillermo Almeyra analiza la actual situación política argentina, la revuelta policial y el pillaje registrado en los últimos días, en el marco de la crisis económica mundial. Carlos Abel Suárez consultó a Alberto Binder, un destacado especialista en procesos de reforma policial y penal de América Latina, sobre aspectos específicos de la rebelión de los uniformados. Binder, desde una perspectiva democrática republicana, viene pregonando desde hace décadas que "la demanda de seguridad tiene raíces profundamente democráticas y se vincula al reconocimiento que hace el Estado de esos conflictos y al modo en interviene en ellos". [SP]

Abortos, ladrones y policías

Argentina vive en pleno surrealismo festejando "30 años de democracia" cuando en casi todas las provincias hay muertos, pillajes, motines policiales. En efecto, los policías, que ganaban sueldos insuficientes de maestros, se amotinaron y acuartelaron en 15 de las 23 provincias del país. Obtuvieron, entre otras cosas, que les dupliquen o tripliquen el sueldo. El gobierno nacional habla de sedición y extorsión y envió 18 000 gendarmes a las provincias donde la policía se retiró de las calles, con el resultado, en alguna de ellas, de tiroteos entre los dos sectores "guardianes del orden". El gobierno dice también que no es casual que, pocos minutos después del comienzo de los motines policiales, estallasen saqueos, con un saldo de doce muertos. Según el ministerio de Justicia el instigador de todo eso sería un ex jefe de la Policía de Buenos Aires, elegido diputado por la derecha peronista encabezada por Sergio Massa, ex jefe de gabinete (primer ministro) de Cristina Fernández de Kirchner.

Las jefaturas de las policías de Santa Fe y de Córdoba están siendo enjuiciadas por sus lazos con el narcotráfico. Esos cuerpos policiales, como los de las provincias de Buenos Aires y Neuquén, son famosos por los asesinatos de jóvenes y sus lazos con la delincuencia. El asistencialismo sin creación de empleos no crea sentimientos solidarios y fomenta en cambio el "arreglarse como sea" (y, por lo tanto, la pequeña delincuencia, el narcotráfico, los saqueos cuando alguien crea la ocasión). El gran retroceso cultural favorecido por el congelamiento de los sueldos de los maestros y la represión a los movimientos de los mismos, también difunde el individualismo. Por otra parte, puesto que todo fomenta el consumismo pero hay vastas capas de la población que no pueden comprar los bienes que les refriegan todos los días por la cara, el saqueo es para éstas una forma fácil de consumo.

En prácticamente todas las provincias del país hay hoy decenas de miles de personas dispuestas a saquear en cuanto son incitadas o ven la posibilidad de hacerlo. Respetan la propiedad privada que, por medio del robo, quieren redistribuir y no atacan a los grandes supermercados sino a los almacenes de su barrio, que están casi inermes y en los cuales pueden aplicar la táctica del "muerde y huye", robando algo caro para llevarlo esconderlo de inmediato en su casa. Ante estos ataques los pequeños y medios comerciantes y los vecinos se atrincheraron, armaron, formaron patrullas barriales sobre la base del "cada uno por sí" y en defensa de los bienes propios, sin ninguna solidaridad entre las distintas vecindades ni intento alguno de sustituir al Estado.

Estos estallidos de violencia no se dirigen contra el sistema capitalista pero muestran el hartazgo de buena parte de la sociedad ante la corrupción y el lujo de todos los "potentes", ante la impunidad de los delincuentes que cuentan con la complicidad policial y judicial. Expresan igualmente la violencia que impera cotidianamente a todos los niveles de la sociedad. Son un aborto, impiden el nacimiento de algo nuevo y diferente y mantienen "el orden" odiado al ampliar el desorden generalizado. El reflejo "de orden" de los pequeños propietarios temerosos del futuro no busca un nuevo orden, se limita a tratar de reforzar el viejo pero ya sin las reglas morales y jurídicas ni los valores que antaño lo sostenían.

Este aborto crea un ambiente propicio para una derecha autoritaria y centralista. El hecho de que las fuerzas armadas no tengan ya ni las armas ni el poder necesarios para actuar corporativamente no es ninguna garantía: en el Uruguay del presidente Terra, en 1933, el golpe de Estado lo dieron los bomberos y la policía cordobesa, con el apoyo de Perón y en nombre de la derecha peronista, derribó en 1974 al gobernador Ricardo Obregón Cano y a su vice, el sindicalista combativo y líder de la CGT local Atilio López, quien fue asesinado pocos meses después…

La descomposición ideológica y moral del capitalismo mundial y de los poderes estatales es la base principal de los saqueos y de los motines policiales. El Estado es un semiEstado. El poder económico está en manos de las transnacionales y del capital financiero a quienes el gobierno kirchnerista les concede incluso que los juicios sobre las diferencias eventuales se desarrollen en el extranjero, abdicando así de la soberanía jurídica. Estados Unidos tiene bases en Argentina y espía a quien quiere y por las aguas argentinas circulan libremente naves inglesas con armas atómicas, lo que demuestra cotidianamente que no hay un Estado que haga respetar la soberanía territorial. Por último, los altos mandos policiales trabajan junto con el narcotráfico y las armas no están en manos del aparato estatal sino de esos Estados dentro del Estado formados por mercenarios.

Éstos, como siempre sucedió en la historia con la descomposición del poder estatal, primero chantajean para obtener prebendas y mejores salarios y después dominan y someten a quienes creen ser sus patrones. Así sucedió con los pretorianos del Bajo Imperio romano, con las compañías de mercenarios y con los condottieri italianos que peleaban o no según se les pagase. Porque el Estado es "un grupo de hombres armados" y si ese grupo se recluta en los mismos medios de desempleados y marginales donde recluta el narcotráfico y se liga con éste, formará el poder delincuencial de un semiEstado en descomposición, similar a las diversas bandas de señores de la guerra chinas de los años 20.

Si se quiere orden, justicia, democracia, hay que luchar por desarrollar la solidaridad que está presente en las acciones barriales cuando hay catástrofes, crear tribunales populares que juzguen a los delincuentes, asegurar la democracia formando cuerpos de ciudadanos controlados por la sociedad, como las policías comunitarias mexicanas.

Guillermo Almeyra es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

La Jornada 15-12-2013

El problema está en la dirigencia política, no en la policía

Desde la eclosión de la "maldita policía", en tiempos del gobierno de Eduardo Duhalde en la provincia de Buenos Aires, se discute sobre la reforma policial. Mucho se habló pero poco se hizo. Dejar policías muertos de hambre, funcionales al crimen organizado, junto a ejércitos privados al servicio de la seguridad de los ricos. Mientras los pobres y desocupados de matan entre ellos. ¿Esto sería una política correcta?

Efectivamente el problema es mucho más grave y complejo (y anunciado). Las condiciones laborales de la policía son paupérrimas y degradantes y no tienen vías para canalizarlas. Así que los policías tienen razón. Las dirigencias políticas siempre han compensado esa falla con el permiso para co-financiarlas con la corrupción sistémica y de mediana y pequeña monta que es la que financia a toda la tropa o los mandos medios. La otra, la más grande se reparte con el financiamiento de la política. 

El problema es que antes, mientras la corrupción "menor" era más "benévola" el sistema se sostenía. Hoy significa ponerse en contacto con las redes de narcotráfico  Pero eso es otra cosa, otras exigencias, otras sumas de dinero. Esta es la primera ruptura del equilibrio.

La segunda ruptura, tiene que ver con el hecho de que la dirigencia política y las cúpulas policiales pretenden concentrar la corrupción. Eso ya lo vivimos en la época de Pedro Klodczyk, en la bonaerense. Desatan en consecuencia una ruptura interna entre las bases y las cúpulas, que, racionalmente, no ven porqué tienen que tener sueldos tan bajos mientras los otros participan en la ganancia mafiosa. El esquema de "paciencia que te llegará" propio de las estructuras mafiosas no llega hasta los niveles más bajos, más ansiosos, peores formados, desconocedores, incluso, de la lógica policial tradicional.

A todo esto hay que sumarle que no se pudo avanzar en los tiempos necesarios en un nuevo esquema de gobierno, en la profesionalización, etc. Todo esto ha hecho un cóctel más que predecible. 

¿Hay una conspiración que planificó esta revuelta?

En cuanto al discurso de sedición, es contraproducente. Lo que queremos es que los policías sean trabajadores civiles, profesionalizados, que prestan un servicio importante, pero no más importante que los maestros o los médicos. Creer que hay conspiraciones es ponerlos en el lugar de garantes de algo, volver a pensarlos desde lo militar.

En fin, el problema está en la dirigencia política, no en los policías que si estuvieran sindicalizados solo estarían haciendo paritarias.

Alberto Binder es abogado, miembro del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, (INECIP) y presidente del Centro de Estudios de Políticas Públicas para el Socialismo (CEPPAS).

lunes, 9 de diciembre de 2013

LOS TUBOS DE LA RISA, GAS PETRÓLEO, PODER

 
 Azerbaiján se aleja de Estados Unidos, BAKÚ


Nazarin Armanian
 
La reclamación de Gazprom al gobierno ucraniano para que pague su cuantiosa deuda contraída por el suministro de gas, no explica la profunda tensión que vive el país actualmente. Es posible que Rusia, afectada por la crisis financiera mundial y la caída de los precios de gas, realmente necesite esos 900 millones de dólares, pero también lo es que se baraja una pelea entre las oligarquías energéticas de ambos países, o que Ucrania pretenda exhibir ante la UE su capacidad de tomarle como rehén, tras la negativa de Bruselas de ofrecerle los 160.000 millones de euros que había solicitado para renovar sus infraestructuras y hacer competitivos sus productos.
Pero también es posible que Moscú haya querido impedir el ingreso de Kiev en la UE, debilitar a los sectores pro atlantistas ucranianos y consolidar su influencia sobre otro de los países del espacio exsoviético. Durante varios días retuvo por motivos de «seguridad nacional» a unos 1.000 camiones de carga ucranianos en la frontera, causando importantes pérdidas comerciales a su contrincante. En cambio, si decidiera integrarse en la Unión Aduanera liderada por Rusia, incluso podría disfrutar de ventajas en la compra de gas.
El resultado de este capítulo del pulso entre Moscú y Kiev (y entre Rusia y Occidente) es que Ucrania no se convierte, de momento, en otro de los peones geopolíticos de EEUU, mientras Europa seguirá buscando otras fuentes de suministro y otras rutas de tránsito de energía. Los trabajos de la compañía Chevron en Lituania para extraer gas de esquisto no descartan la puesta en marcha de más reactores nucleares en el suelo europeo para reducir la dependencia de Rusia.
Desde la era soviética, más de un centenar de tubos transportan el 80% del gas natural ruso a Europa a través de Ucrania, a pesar de que Zbigniew Brzezinski sigue recomendando a Washington desestabilizar los países del entorno de Rusia, para interrumpir el flujo de su petróleo y gas al mundo, y así debilitarle como potencia. Los rivales rusos en Europa son Libia y Argelia, además de Qatar -el mayor exportador de gas natural licuado (GNL) del mundo-, que esquiva el tenso Estrecho de Ormuz, vendiendo el 30% de su gas GNL a Europa a través de buques cisterna.
El transporte de gas es más costoso que el de petróleo: debe ir por tuberías que no pueden ser desviadas en caso de conflictos y tensiones políticas. Por ello, los acuerdos entre los compradores, vendedores y los países de tránsito son a largo plazo. Con la inestabilidad de Libia, Nigeria e Irak, Europa necesita más de Rusia, y a pesar de que los países ex socialistas europeos prefieren alejarse de Moscú, Italia o Alemania dan prioridad a su seguridad energética manteniendo buenas relaciones con el Kremlin.
¿Fue una casualidad que Vladimir Putin ofreciera asilo político a Snowden en la reunión del Foro de Países Exportadores de Gas (FPEG) celebrada el 1 de julio? Más allá de la guerra de gas, para EEUU, Ucrania tiene un valor militar: el deseo de completar el cerco militar a Rusia, integrando al país eslavo en la estructura de la OTAN, y, quien sabe, implantar otro escudo anti misil en su territorio (como Polonia), apuntando a Moscú.
A Nabucco no le mató un rayo
Lo mató Rusia; el gaseoducto bautizado con el nombre del rey de Babilonia, quien iba a salvar a los judíos de la esclavitud, no sobrevivió en el intento. Esta conducción, que iba a transportar el gas de Azerbaiyán a través de Turquía y hasta Austria con el objetivo de reducir la dependencia de la UE del gas ruso y también la influencia rusa sobre Asia Central, fracasó por los siguientes motivos:
1. Era una tubería “política”, que no comercial.
2. Pretendía quitar el pan a los rusos, y eso no se hace a un viejo y sólido imperio.
3. Moscú, China e Irán compraron gran parte del gas actual y futuro disponible de Asia Central, dejando a Nabucco sin gas que transportar.
4. Rusia construyó South Stream (Corredor Sur) en 2007 para transportar el gas a Bulgaria, Hungría, Eslovenia e Italia y, para más inri, esquivó a Ucrania por si a EEUU se le ocurría utilizarle contra Moscú. En 2011 trazó el Nord Stream (Corredor Norte) hacia Alemania, desmintiendo la acusación de querer hundir a Europa.
5. La suculenta oferta de Moscú a los azeríes de comprar la totalidad de su gas a buen precio, para así dejar a Nabucco sin la sangre azul en sus venas.
6. Las dudas sobre la capacidad de Azerbaiyán –que también vende su gas a Irán- de poder llenar el conducto con 50 millones de metros cúbicos de gas al año. Ahora sólo produce 27 millones.
En mayo pasado, las petroleras y los políticos de 42 estados se reunieron en Azerbaiyán buscando una solución. El pequeño país subdesarrollado con enormes reservas de gas y petróleo es chiita y socio de la OTAN e Israel.
Y llegó la alternativa; construir el gasoducto TANAP (Trans Anatolian Gas Pipeline) que iría desde Azerbaiyán hasta Turquía. Con la destrucción de Libia y Siria como Estados –a costa de la vida de millones de víctimas, entre muertos, heridos, violadas, desplazados…-, en un levante Mediterráneo otanizado no habría problemas para el transporte seguro y continuo de energía, esquivando además así a Rusia e Irán.
¡Que compren el gas de EUU!
En 2010 el Presidente Obama lanzaba con euforia la Iniciativa Global de Gas de Esquisto; su país afirmaba que iba a competir con Rusia a partir de 2030 y que será la “Arabia Saudita del gas” con reservas para un siglo a base del esquisto. Cierto, pero con matices; esta potencia que hoy importa el 20% de sus necesidades energéticas, produjo en 2012 unos 651 mil millones de metros cúbicos de gas (Rusia unos 653), aunque no ha introducido el factor de la relación inversa entre el número de los pozos de gas y su rendimiento decreciente, ni la contaminación del agua, aire y suelo por el uso de sustancias tóxicas y posibles seísmos que puede provocar este método de extracción. ¿Será rentable? EXXon dice que no.
A más inseguridad en los gaseoductos rusos y de Oriente Próximo, más defensores tendrá el esquisto americano, y más posibilidad de que se aprueben polémicas tuberías como la de Keystone que propone extraer petróleo de las arenas alquitranadas de Canadá. Fue así como algunos republicanos proponían, en agosto pasado y ante la crisis de armas químicas sirias, que se vinculasen dos temas en el debate del Congreso: si Obama quería un Sí al ataque a Siria debía aceptar el proyecto de Keystone. Al final Obama consiguió posponer la decisión sobre ambas cuestiones. Esta quizás sea una respuesta a quienes no encontraban motivo económico para la participación militar de EEUU en el conflicto sirio.
Asia central expulsa al Occidente
Al fracaso del proyecto del gaseoducto transafagano (ver: 11 de septiembre: lo que pasó antes y después y La OTAN confiesa: en Afganistán había petróleo) y del sueño atlantista de apoderarse de los hidrocarburos de esta región, le han seguido la caída del gobierno pro-estadounidense de Kurmanbek Bakíyev en Kirguizistán y el cierre de la base de EEUU en Manas. Pero las cosas podían aun ir a peor: EEUU tuvo que paralizar la exploración de las inmensas reservas de gas iraquí por la inestabilidad del país, aunque su aliado turco no ha perdido tiempo en comprar el gas del Kurdistán, a espaldas de Bagdad y de Washington, reconociendo implícitamente la independencia de la región kurda, provocando la inestabilidad del país y la ira de Irán.
Queriendo estrangular a China
Tras intentar la expulsión a China de las fuentes de energía de Irak, Sudán y Libia, Washington trabaja ahora para desestabilizar el corredor energético euroasiático, con Pakistán en el epicentro, y no solo por la presencia de las empresas chinas en la provincia gasífera y estratégica de Baluchistán, sino también por el giro en la política de Islam Abad hacia su vecino, alejándose de Washington (ver: Pakistán: tirado por EEUU, recogido por China). Enviar al general Musharraf al país forma parte del plan de dividir a la sociedad y debilitar aún más a su gobierno, para luego declararlo Estado fallido. Tras desoír las amenazas de la Casa Blanca de romper el acuerdo del Gaseoducto de Paz con Irán, ahora ambos países barajan llevar la tubería hasta el puerto pakistaní de Gwadar (alquilado por China) donde Beijing planea poner en marcha un gaseoducto que una el Océano Índico con la región de Xinjiang, sin descontar que en un futuro podría construir una ruta desde el norte de Irán hacia China para evitar el estrecho de Ormuz. Además, los trabajos de infraestructura que Irán está realizando en Tayikistán –de habla persa-, facilitan su conexión con China, que también disfruta de la protección iraní en sus trabajos en los campos de hidrocarburo de Irak.
Barak Obama a pesar de aumentar la presencia militar de su país en la zona Asia-Pacífico y rodear a su rival asiático con bases militares, poco ha conseguido. Ni chantajes al gobierno de Myanmar ni la campaña de apoyo a la opositora Suu Kyi han impedido la construcción en 2008 de las tuberías que unen a los dos países vecinos y que permite a los buques chinos transportar el petróleo desde África y Oriente Medio, evitando el Estrecho de Malaca -controlado por EEUU bajo el rentable pretexto de la “lucha contra piratas y terroristas”-.
Además, en pocos años, China será la destinataria de la mayor parte del gas ruso, ya que el modelo de “regionalismo energético” en esta zona ha relegado a las compañías multinacionales y ha terminado por derrotar a EEUU en la “guerra de tuberías” sin utilizar una sola bala. ¿Y por qué EEUU no copia la actitud china? Pues porque el “imperialismo” está incrustado en el sistema capitalista y además la industria militar es uno de los pilares de la economía de este país.
Moscú y Pekín se han unido en bloques económicos y militares con distintos países (Tratado de Cooperación de Shangai y BRICS entre otros) para desafiar la hegemonía occidental. Estos países, junto con Irán, están trazando un nuevo mapa energético en Eurasia y el Caspio, comprando la totalidad de las exportaciones actuales y futuras (para los próximos 25 años) de Turkmenistán, con tres gaseoductos que llevan la materia energética hasta los tres países.
Los persas, además de tejer una alfombra de redes de distribución de gas por toda la zona, construyeron en 2007 una enorme planta de GNL, en la costa del Golfo Pérsico, que le permite el transporte del gas licuado a cualquier zona del mundo.
Pierde Turquía, gana Israel
Al tiempo que los turcos asimilan los golpes recibidos por el fracaso de los Hermanos Musulmanes en los países árabes, así como la suspensión del Nabucco (con ello dejan de percibir millones haciendo de peaje y también se aleja la posibilidad de convertirse en el punto neurálgico de los gaseoductos euroasiáticos), intentan impedir la construcción del gaseoducto Irán-Irak-Siria, a costa de derrocar a Bashar Al Asad e imponer una guerra al pueblo sirio. Objetivo compartido por Israel que así podrá apoderarse de los yacimientos de petróleo y gas –bautizado como Leviatán, nombre de la bestia marina bíblica-, que se ha descubierto en las costas de Chipre, Israel, Líbano, Siria y Palestina.
La invasión militar israelí a la Franja de Gaza a finales de 2008 estaba dirigida a hacerse con el control de Leviatán, militarizar el litoral de Gaza y declarar la soberanía judía sobre esta área. ¿Tiene algo esto que ver con la expulsión de 70.000 beduinos palestinos de sus tierras, que continua hoy con los depósitos de esquisto en el desierto de Naqab?
Israel aprovecha la crisis provocada en Siria y en Líbano, así como la división entre palestinos, para así alterar el equilibrio geopolítico en Medio Oriente, y establecer su hegemonía como potencia energética. Aunque de momento, todo es teoría y planes.
El “Gran Juego” continúa y la guerra del gas hoy es un conflicto que suma cero.

Fuente: publico.es


¿Puede Syriza cambiar la economía europea desde Grecia?




                                   HERAKLION. CRETA. ESTO TAMBIEN ES GRECIA
 
Yanis Varoufakis
08/12/13


 
SYRIZA, es el nombre bien conocido del partido político que más está creciendo en Grecia, y es un acrónimo de "Coalición de la Izquierda Radical." Para los norteamericanos, la idea de que un partido de izquierda radical pueda alcanzar el poder es impensable y también lo era para los griegos hasta hace muy poco. Pero las duras medidas de austeridad que la UE ha impuesto a Grecia, tras el colapso económico, han creado unas condiciones extremas en Grecia: seis de cada diez jóvenes están en el paro, se han recortado los salarios y las pensiones y el producto nacional bruto ha caído en una cuarta parte.
Europa, en estos momentos, se encuentra atrapada en un bucle involucionista negativo, del que la política y los políticos tradicionales son incapaces de encontrar la salida. Desde hace tres años, una corriente interminable de recortes de gastos y aumentos de impuestos ha dominado la agenda del Parlamento griego. Una victoria de SYRIZA puede ser el reactivo que Europa necesita: el triunfo de un partido europeísta que pretende mantener al país, tanto en la zona euro como en la Unión Europea pero sobre todo, un partido que, por su ideología radical, esta dispuesto a abrir el proceso a nivel de Consejo Europeo para que, por fin, los líderes europeos se enfrenten a los problemas que han estado ignorando durante los últimos cinco años. En junio pasado, en un artículo de opinión del New York Times, James K. Galbraith y yo asegurábamos que "SYRIZA puede ser la mejor esperanza para Europa" y seis meses más tarde sigue siendo cierto.
Aunque SYRIZA ha existido, de alguna forma, desde principios de los noventa, su popularidad se ha disparado en medio de la crisis del euro, y en estos momentos mantiene un porcentaje de votos entre el 20 y el 30 por ciento. Desde junio, ha empezado a tomar la delantera en las encuestas de opinión, al mismo tiempo que las promesas de la coalición en el gobierno de lograr una "recuperación a la griega” se van disipando. No tocan elecciones generales hasta junio de 2016, pero el actual gobierno cuenta con una mayoría muy frágil y puede llegar a disolverse tras una más que probable derrota en las elecciones al Parlamento Europeo del próximo mayo en 2014. Y si se convocan elecciones generales, SYRIZA podría convertirse en el partido mayoritario del Parlamento griego.
Surge entonces la pregunta: ¿qué consecuencias podría tener esa victoria sobre la misma SYRIZA? ¿Puede un partido radical de izquierda mantener su cohesión en un cara a cara con los banqueros neoliberales de los bancos centrales y sus homólogos conservadores en Alemania, Países Bajos, Finlandia, Francia y España? En tales circunstancias, cualquier gobierno de izquierda duraría bien poco. Si los funcionarios europeos y los líderes políticos se anticipan a la llegada al poder de SYRIZA, la capacidad de negociar de SYRIZA, de forjar nuevas alianzas y de acabar con el silencio sobrecogedor que reina en la sede de Bruselas de la Unión Europea, se puede ver seriamente comprometida.
Una breve historia de SYRIZA
Para hablar de los orígenes de SYRIZA debemos remontarnos a 1968, con la invasión de Checoslovaquia por el ejército soviético para aplastar la llamada “Primavera de Praga”. En aquel entonces, Grecia soportaba el segundo año de una dictadura militar de corte neofascista y los líderes del Partido Comunista se encontraban dispersos geográficamente: la mayoría habían escapado hacia los países del Este, pero muchos otros languidecían en las cárceles griegas. A esta dispersión le siguió la división ideológica, ya que la mayoría de los líderes encarcelados se opusieron a la invasión soviética de Praga, mientras que, los que estaban en el otro lado del telón de acero, apoyaban la línea dura de Moscú. Cuando la dictadura griega se desplomó, en julio de 1974 y el Partido Comunista fue legalizado, los dos grupos se habían escindido y Grecia contaba con dos partidos comunistas: el anti-soviético y europeísta, formado por el Partido Comunista del Interior, cuyos líderes permanecieron en el país durante la dictadura, y el Partido Comunista de corte estalinista, cuyo referente y contraparte se encontraba en el Partido Comunista del exterior. SYRIZA es, a grandes rasgos, el heredero del Partido Comunista del interior.
Es evidente que, desde mediados de los años setenta, el panorama político ha cambiado por completo. En 1981, el Partido Socialista Griego, el PASOK, llegó al poder, liderado por el carismático Andreas Papandreu. Su plataforma era mucho más de izquierdas que la de cualquiera otro partido socialdemócrata europeo. Abogando, entre otras cosas, por la salida de Grecia de la Comunidad Económica Europea (CEE) y de la OTAN, por la eliminación de todas las bases militares norteamericanas en Grecia, por un programa de socialización masiva en la industria y por incrementar el gasto público. Los dos partidos comunistas pugnaban, entonces, por encontrar la manera de posicionarse frente a un PASOK que amenazaba con usurpar su monopolio en la izquierda griega.
A finales de los años ochenta, la agenda del PASOK hizo agua. Abandonó la idea de salir de la OTAN y la CEE y sólo se nacionalizaron las empresas que quebraron a raíz de la recesión mundial de la década de 1980. El Partido Comunista y el Partido Comunista del Interior forjaron una alianza llamada Synaspismos (que significa "coalición"), con la esperanza de beneficiarse de la caída de popularidad del PASOK entre los izquierdistas griegos. Las elecciones generales en 1989 dieron lugar a un Parlamento sin mayorías, y el nuevo partido Synaspismos, que había subido alrededor del 15 por ciento en las elecciones generales, forjó una coalición oportunista con el partido de derecha, Nueva Democracia, basado unicaménte, en la antipatía común hacia el PASOK y Andreas Papandreou.
Esta alianza temporal duró sólo unos meses, durante los cuales se dedicó a arrastrar a Papandreu por los tribunales, acusándole de malversación de fondos con pruebas verdaderamente endebles. Una vez absuelto, Papandreu reapareció y Synaspismos comenzó a desvanecerse en las encuestas. Mientras que, los dirigentes del Partido Comunista dentro de Synaspismos, decidieron retirarse de la coalición, causando una nueva gran división dentro del Partido Comunista, al optar gran número de sus principales miembros, por permanecer en Synaspismos.
El Partido Comunista, ya por separado, volvió a su programa anti-Unión Europea. Y afianzándose así, en torno a su dogmático “mantra” estalinista, le fue mejor que a Synaspismos, llegando a alcanzar un promedio del 5 por ciento en las elecciones generales. Por el contrario, Synaspismos se dedicaba a la introspección permanente, tratando de ampliar su atractivo convirtiéndose en una confederación de grupos, de todo tipo y pelaje, dentro del espectro de la izquierda. Lo que incluía a socialdemócratas desencantados, verdes, eco-activistas y grupos anti-racistas. Para tirar juntos de tan dispares y a menudo recalcitrantes, grupos, Synaspismos se reconvirtió en lo que yo llamo en broma 'Synaspismos Squared' (‘Synaspismos al cuadrado’): aunque ya era una coalición de diferentes facciones (recordemos que Synaspismos significa coalición), Synaspismos se coaligó con grupos que no querían formar parte de Synaspismos pero buscaban una alianza política. Así, en 2004, Synaspismos se transformó en SYRIZA, 'La Coalición de Izquierda Radical’. El énfasis del partido se puso en lo ‘radical’, que proporcionaba a los que permanecían fuera un pretexto para fusionarse con Synaspismos. No es para asombrarse que tales travesuras internas emocionaran muy poco al electorado y que a partir de mediados de la década de 1990 y hasta hace muy, muy poco, SYRIZA apenas se mantuviera a flote en las encuestas, que le daban un escaso porcentaje entre el umbral mínimo para asegurar la representación parlamentaria (3 por ciento) y el 5 por ciento. Esto sucedió, hasta que la crisis del euro nos alcanzó en 2010.
En las elecciones de octubre 2009 SYRIZA alcanzó poco más del 5 por ciento del voto popular, mientras que los socialistas del PASOK de George Papandreu, hijo de Andreas, obtuvieron un aplastante 44 por ciento, formando el gobierno que hubo de supervisar la implosión económica, unos meses más tarde. Un año después de la quiebra de Grecia, las encuestas indicaron que el PASOK había caído hasta el 10 por ciento, mientras que SYRIZA era catapultada a casi el 30 por ciento, entrando en competencia por la victoria electoral. Cuando el sistema político ya no pudo evitar las elecciones generales, las elecciones de mayo de 2012 confirmaron esta popularidad propulsando SYRIZA al segundo lugar, justo detrás de la derechista Nueva Democracia. Una segunda elección enseguida, un mes más tarde, en junio de 2012, dio a Nueva Democracia el 29,7 por ciento y el 26,9 por ciento a SYRIZA.
La crisis económica se mantiene, mientras que SYRIZA parece incrementar sus apoyos constantemente en las encuestas. ¿Qué podría significar su victoria para Grecia, para Europa, y para la misma SYRIZA?
La amenaza sobre SYRIZA
A los partidarios y activistas de SYRIZA les preocupa que, al igual que al PASOK, una victoria electoral puede enfrentarles a compromisos que se resisten a hacer. Así como el PASOK entró en el gobierno en 1981 con propósitos nobles y de izquierdas, que se disolvieron rápidamente en su camino, dentro del poder establecido, bien pudiera suceder que la dirección de SYRIZA, bajo las tensiones extremas, en la negociación de la quiebra económica de Grecia, con Berlín, Frankfurt y Bruselas, tuviera que plantearse abandonar su agenda radical de cambio social y económico en Grecia. Es un temor fundado que los líderes de SYRIZA no pueden darse el lujo de ignorar.
La mayoría de los partidos políticos griegos, incluidos los de la actual coalición de gobierno entre Nueva Democracia y PASOK, estarían de acuerdo en que los términos y condiciones de los llamados ‘programas de rescate’ de Grecia son injustos y que la Troika de prestamistas (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) están imponiendo condiciones a Grecia que dañan permanentemente el tejido social del país y son imposibles de cumplir.Uno no tiene que ser radical, ni de izquierdas, para reconocer la locura de la lógica de forzar, a un gobierno en bancarrota, a reducir salvajemente el ingreso nacional como condición para obtener más créditos, (ya que es una consecuencia inevitable de la dura austeridad durante una profunda recesión). Sin embargo, la Coalición en el Gobierno está actuando como un preso ‘modelo’, obedeciendo las instrucciones de la Troika mientras que, al mismo tiempo, suplica una racionalización de las políticas impuestas, en sus términos y sus condiciones.
La posición de SYRIZA difiere en dos puntos importantes.En primer lugar, SYRIZA cree, pienso que con razón, que la única manera de conseguir que la Unión Europea cambie el tratamiento de Grecia de forma razonable y deje de plantear medidas de austeridad de castigo, es levantar una punta de lanza a favor de un replanteamiento inmediato del 'Programa griego’ a través, en primer lugar, de la suspensión unilateral de las políticas exigidas por la Troika y en segundo lugar, a través del uso o de la amenaza, de su poder de veto en el Consejo Europeo.
En segundo lugar, SYRIZA quiere combinar la línea dura de negociación con una agenda radical para el cambio social en Grecia, incluyendo una modificación importante en la base fiscal imponible, la re-introducción de un salario mínimo decente y el incremento de los fondos para la Seguridad Social y la Sanidad Pública.Por encima de todo, los activistas SYRIZA quieren un gobierno que rompa la íntima relación entre los operadores políticos, las grandes empresas y los tecnócratas europeos que, sobre la base de los fondos de rescate, está desarrollando una nueva cleptocracia en el país.
En este contexto, el mayor temor para los activistas de SYRIZA es el de terminar ‘acomodándose’ en Europa. Temor a que, siendo consecuentes con una de las líneas genéricas del pensamiento de SYRIZA, su europeísmo, éste pudiera llegar a imponerse a expensas de abandonar la radicalidad de su programa nacional. Estos temores se alimentan, de forma natural, con las tensiones y divergencias entre los distintos grupos que componen la confederación SYRIZA, algunos de los cuales no aceptan plenamente, la orientación de mantener a Grecia en la unión monetaria europea. Al mismo tiempo que, el verano pasado, los miembros SYRIZA votaban, con mayoría abrumadora, a favor de convertir su coalición en un partido político unitario, el liderazgo de SYRIZA, sin embargo, enfrentaba dos tareas que, muchos piensan, pueden resultar contradictorias. Por un lado, debe evitar convertir a SYRIZA en el tipo de partido al que sus afiliados actuales no quieran pertenecer y por otro lado, debe atraer a los votantes indecisos en número suficiente para hacer que al Partido, no sea sólo elegible, sino que sea lo suficientemente potente como para sentarse a negociar, con eficacia, frente a los líderes europeos.
Cómo puede SYRIZA cambiar Europa

Si SYRIZA hubiera seguido el consejo de algunos economistas de Estados Unidos y de Gran Bretaña que planteaban que Grecia debía salirse de Europa y de la zona euro, sus líderes habrían sido capaces de unir a todas sus facciones bajo la bandera tranquilizadora de la autarquía, de la retirada unilateral, y la salida heroica de la red de instituciones neoliberales y restricciones que constituyen la zona euro. Sin embargo, dicha plataforma, que serviría para maximizar la cohesión interna de SYRIZA, se construiría a costa de hacerla inelegible. Después de todo, la mayoría de los griegos entienden que una salida griega de Europa acarearía costos insoportables para la mayoría. Así pues, SYRIZA ha elegido la difícil posición de mantener a Grecia en la zona euro, al tiempo que prosigue la lucha, para cambiar las incongruencias fundamentales de la eurozona, desde el interior. ¿Puede un país pequeño, en bancarrota y golpeado por la pobreza, permanecer dentro de la zona euro, mientras se opone a algunos de sus principios básicos? ¿Puede un gobierno SYRIZA llevar a cabo los proyectos humanitarios básicos que la izquierda está determinada a promulgar?
Continuar perteneciendo a la zona euro significa que el gobierno no tendrá capacidad para crear liquidez, en ausencia de un banco central que lo respalde. Los activistas de SYRIZA afirman que van a recaudar dinero gravando con más impuestos a los ricos, pero los ricos se han llevado ya sus euros a Suiza, Frankfurt, Londres y Nueva York, mientras que la clase media ha ido a la quiebra y ya no recibe ingresos de sus propiedades vacantes y se ve obligada a pagar crecientes impuestos sobre ellas.
Mientras tanto, una victoria de SYRIZA podría agudizar la presión de la Unión Europea sobre las finanzas del Estado griego y el sistema bancario: Bruselas, Frankfurt y Berlín, probablemente, tomarían represalias, cortando el acceso del gobierno griego a parte de sus ingresos, como el dinero que el Banco Central Europeo aporta al gobierno griego procedente de las super-ganancias que ha obtenido, previa y vergonzosamente, a través de las compras de bonos del mismo gobierno griego, de los fondos estructurales de la UE, etc. Además, esa victoria también podría provocar una retirada moderada de los depositantes en los bancos, que pueden temer una suspensión, por parte del BCE, de las provisiones de liquidez a los bancos griegos.
Es probable que un gobierno de SYRIZA pueda negociar con éxito sobre estas presiones financieras, durante sus primeras semanas en el poder, pero, desde luego, no sería capaz, al mismo tiempo, de financiar los programas sociales con los que se ha comprometido. ¿Cómo podrá, en esas circunstancias, no decepcionar a sus seguidores, confirmando los temores de algunos de que SYRIZA acabará vendiendose ante los europeos, por encima y más allá de los compromisos adquiridos? La única salida para el éxito de un gobierno de SYRIZA es cambiar la economía de Europa. Es una tarea difícil, pero creo que no es imposible. De hecho, no hay otra alternativa para SYRIZA ni, de hecho, para cualquier otro partido político en la periferia de Europa que aspire a una economía social estable.
Europa se ha instalado en la negación desde hace cinco años.Durante este período, las deudas, las pérdidas bancarias, el desempleo y los desequilibrios flagrantes se han ido acumulando mientras que los líderes de Europa silbaban al viento. Si Londres puede usar su poder de veto a nivel del Consejo Europeo para proteger a los banqueros de la City de la regulación, seguramente Atenas puede y debe, hacer lo mismo en defensa de sus ciudadanos. Invocando la cláusula del interés nacional, un gobierno de SYRIZA tendría derecho de veto sobre todas las decisiones hasta que el enfoque europeo sobre el programa griego fuera revisado. Tales medidas puede soltar lenguas y dar impulso a un debate que, esperamos, lleve a cambios modestos pero muy necesarios para racionalizar la política europea (en línea con los que Stuart Holland, James Galbraith y yo hemos estado abogando ). Estas medidas pueden, en efecto, permitir a los partidos como SYRIZA el combinar una línea pro-europea con políticas internas que derroten a las viejas y las nuevas cleptocracias, proporcionen un respiro a los trabajadores y, por último pero no menos importante, contribuyan a restaurar la fe en la democracia.
Los líderes de Italia, Francia y España tal vez aún no se sienten lo suficientemente desesperados como para romper el muro de silencio a nivel de Consejo Europeo.Pero Grecia es ya tan miserable y esta tan angustiada, que su gobierno tiene el imperativo moral de hablar, e incluso de actuar, en el exterior. En el escenario político actual, sólo un gobierno liderado por SYRIZA podía hacer eso. Esto daría, a los funcionarios portugueses, españoles, italianos y, lo que es más importante aún, a los funcionarios franceses, la oportunidad de cambiar el discurso que rodea al clima económico en Europa. Pero incluso, si nadie sigue el ejemplo de SYRIZA en Europa, un gobierno SYRIZA todavía tendría poder de negociación suficiente, cortesía de su poder de veto, no sólo para lograr cambios que pueden salvar vidas en el "Programa griego", sino también para obligar a la Unión Europea para volver a repensar su crisis sistémica y con ello llevar a cabo un tratamiento radicalmente diferente.
SYRIZA puede tener la oportunidad de transformar Grecia y cambiar el curso de la historia europea, pero esta es una tarea que, en comparación, nos llevaría a considerar la ‘odisea de Ulises’ como un mero paseo por el parque. No le va a ser fácil tomar el poder sin dejar de ser fiel a su agenda radical y mantener su cohesión interna. Queda por ver si los líderes de SYRIZA pueden llevar a cabo este milagro.Creo que se puede, siempre y cuando no se emitan promesas tontas antes de las próximas elecciones y se mantenga una agenda verdaderamente radical encaminada a cambiar Europa con paso firme, proponiendo a los ciudadanos alemanes, españoles, holandeses, una agenda europea que restaure el sueño de una prosperidad europea compartida.
Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, acaba de ser publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.

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David Cameron y los “bárbaros útiles” de la UE

 

 

¿Quienes son los barbaros?


“Porque la noche cae y no llegan los bárbaros. Y gente venida desde la frontera afirma que ya no hay bárbaros. ¿Y qué será ahora de nosotros sin bárbaros? Quizá ellos fueran una solución después de todo”. Así termina el poema “Esperando a los bárbaros” del poeta griego del siglo pasado Constantino Cavafis (1863-1933).

Estos últimos días, los países ricos del oeste de Europa han redescubierto la amenaza milenaria de los bárbaros representados esta vez por los rasgos de sus padres pobres del Este del continente. La semana pasada, el primer ministro británico se sacó de la manga una serie de medidas que tienen como objetivo limitar el acceso de los emigrantes rumanos y búlgaros al mercado de trabajo y a las prestaciones sociales británicas. A partir del 1 de enero de 2014 deberían desaparecer las últimas restricciones existentes en este sentido.

Esta cuarentena decretada por Londres ha provocado una protesta lo suficientemente suave por parte de Bruselas y una reacción algo más enérgica que de habitual por parte de la diplomacia búlgara. En los días posteriores a esas declaraciones, Alemania y Francia se unieron a Gran Bretaña al decretar también restricciones suplementarias para búlgaros y rumanos. La gran coalición de Angela Merkel, que aúna a izquierda y derecha, se compromete a poner fin a las "pretensiones no justificadas para tener acceso a las ayudas sociales". El Gobierno socialista de François Hollande en Francia ha declarado a su vez haber tomado medidas en este ámbito.

Una tendencia preocupante

Si los tres países más poderosos de la UE deciden simultáneamente levantar barreras es que está pasando algo. Durante la primera mitad de 2012, Alemania asegura haber recibido unos 550.000 inmigrantes, es decir, un aumento del 11% con relación al mismo periodo del año anterior. Dos tercios son residentes de la UE, y una mayoría de ellos provienen de Europa del Este. Pero Berlín también ha levantado acta del auge de la inmigración del sur de Europa: un 39% más de españoles, un 41% más de italianos y un 26% más de portugueses.

Es cierto que estos recién llegados no representan ningún peligro para un país de 82 millones de habitantes, pero revelan una tendencia preocupante. En primer lugar, la crisis de la deuda, que ha afectado especialmente al sur del continente, ha generado un flujo de inmigrantes de esos países, que se suma así al de los europeos del Este. Y, en segundo lugar, la presencia relevante que han ganado en la escena política de Europa del Norte y del Oeste los partidos nacionalistas, aislacionistas y antieuropeos. En Reino Unido, el Partido por la Independencia (UKIP) de Nigel Farage cada vez tiene más peso en los debates y si carece de diputados se debe únicamente a cuestiones específicas del modelo de escrutinio mayoritario.

Presa fácil de sensacionalismo

Según las encuestas, los británicos se muestran cada vez más radicales sobre este tema y son muchos los que se identifican con un partidos aún más extremista, el Partido Nacional Británico (BNP). En Francia, el partido dinástico de Jean-Marie Le Pen, el Frente Nacional, es el que va viento en popa y en ocasiones obliga a algunos ministros, a semejanza de Manuel Valls, a dar un cierto tono más agresivo, concretamente a las campañas contra los gitanos. En Alemania las veleidades extremistas siguen estando bajo control gracias a una legislación especialmente rigurosa en esta materia.

En resumen, la Europa de 2013 es bien diferente de aquella a la que se unieron a bombo y platillo Sofía y Bucarest en 2007. Ya no se oyen voces evocando la unidad del por fin restaurado Viejo Continente ni sobre las virtudes civilizadoras de la democracia y la economía de mercado. No, al contrario, los inmigrantes famélicos (sobre todo los gitanos) que provienen de Bulgaria y Rumanía se han convertido en una presa fácil para los diarios sensacionalistas y los tabloides- Algo similar a lo que ocurre con los refugiados sirios en Bulgaria ahora mismo...

Ruslan Yordanov es un periodista y cronista búlgaro, especializado en temas sociales. En 2010 ganó el premio periodístico más prestigioso del país, por el conjunto de sus crónicas.

Ruslan Yordanov · · · · ·

08/12/13

Traducción: Other News español

El problema de Rusia en Ucrania

 

Kiev, centro del conflicto Ucraniano

Rafael Poch | 06/12/2013

Sin contener nada social, Rusia, con su tradición autocrática, su corrupción y su economía incierta, es incapaz de seducir a las sociedades de su entorno.

En la batalla entre Rusia y la Unión Europea por ver quien se queda con Ucrania, hay un problema que nadie contabiliza pese a que está en el centro de la situación. Se trata del problema de Rusia. Más allá de la minoría rusófoba que existe en Ucrania Occidental, el hecho central es que a pesar de la proximidad cultural, histórica y civilizatoria existente entre la inmensa mayoría de los ucranianos y los rusos, Rusia no es atractiva para ellos. Muchos ucranianos no ven en la hermana Rusia una perspectiva de futuro y modernización. Y los motivos son claros.

Rusia adolece de los mismos vicios y enfermedades que el pueblo ucraniano sufre en su país. Aunque gracias a una mayor capacidad de consenso y de rebelión contra la injusticia, el poder autocrático sea más leve en Kiev que en Moscú, uno encuentra en ambas capitales sistemas parecidos de corrupción y de capitalismo de estado-oligárquico. Es inevitable que muchos ucranianos, especialmente la juventud deseosa de cambio, vean en una integración con Rusia un mero fortalecimiento de su propio sistema que rechazan, por más que tal integración esté cargada de racionalidad económica e histórica para muchos de ellos. Las ventajas de lo segundo no alcanzan para compensar el desagrado hacia lo primero.

Algo parecido, pero al revés, ocurre con el acuerdo propuesto a Ucrania por la Unión Europea: que sus condiciones sean un completo abuso y desastre para Ucrania, es secundario en este contexto, pues lo que domina es la ilusión de un cambio de sistema.

En este sentido, la batalla entre las potencias occidentales opuestas a la consolidación geopolítica de Rusia (Estados Unidos y la OTAN, Alemania, Polonia y otras) y Moscú, se decide sobre todo en Moscú. Esa batalla comenzó con la misma disolución de la URSS en 1991 y dura ya 22 años. A lo largo de todos estos años, pese a acuerdos más o menos exitosos e inestables con los oligarcas de Donetsk y Dniepropetrovsk en materia de gas o de la presencia de la flota del Mar Negro en los puertos de Crimea, Rusia ha ido más bien perdiendo posiciones en el imaginario. Para vencer Rusia debe ganarse a la población ucraniana, debe ser capaz de proponer, no a los oligarcas sino a la ciudadanía, una vía de desarrollo moderna, en lo material y social, en lo político y en lo económico: una vía capaz de seducirla.

Desgraciadamente –porque la consolidación de un polo ruso es deseable en nombre de la pluralidad mundial y del contrapeso a la dictatorial hegemonía occidental de la mundialización- estamos bastante lejos de eso. Mi impresión es que esto no se entiende en Moscú y que en gran medida no es computable por el sistema de poder que hay allí.

Esta circunstancia hace inevitable entrar en el problema de Rusia para entender la batalla de Ucrania.

El poder que Putin preside en Moscú es un conglomerado formado por el tradicional estatismo ruso y el sistema de magnates parasitarios heredado del yeltsinismo. Putin y sus guardias civiles del ex KGB pertenecen al primero de los polos de este conglomerado. Tienden a poner por delante los intereses de la potencia rusa y enfatizan su autonomía, lo que determina cierta orientación hacia lo estatal y público, planes de inversiones y esfuerzos estratégicos, etc, y, por supuesto, una mayor hostilidad occidental. Por el contrario, su gobierno encabezado por el primer ministro y ex presidente Dmitri Medvedev, está dominado por neoliberales abiertos a la influencia occidental y de los magnates rusos. Esta división, repleta de tensiones y contradicciones, impide formular planes de desarrollo coherentes que liberen el enorme potencial de la economía y la sociedad rusa, que cuenta con un enorme mercado y una sólida base de conocimiento y capacidad industrial, pero que continua presa de la extracción y exportación de materias primas.

El país sufre una falta clamorosa de inversiones en sus infraestructuras industriales y sociales. Su complejo industrial-militar y la alta tecnología, sus redes de transportes terrestres, ferroviarias y aéreas, precisan de fuertes inversiones, pero el capital de los magnates prefiere colocar su dinero en el extranjero o dedicarlo a la especulación cortoplacista, mientras que los sectores neoliberales se oponen a toda regulación estatal.

Hasta ahora la popularidad de Putin se sostuvo sobre la relativa prosperidad y el considerable crecimiento que el país experimentó en sus dos primeros mandatos presidenciales. Aunque todo estuvo muy mal repartido, algo llegó a la población, se mejoraron un poco las pensiones y los sueldos de los funcionarios, por más que la gente de talento siga prefiriendo trabajar en un seudobanco haciendo operaciones de casino que en el ministerio de exteriores o la Academia. Que por primera vez en veinte años, las cosas no fueran a peor le dio a Putin una gran base. Ahora, cuando lo que hay por delante es más bien un periodo de estancamiento (el crecimiento es del 3,5% y con el índice de inflación significará caída de ingresos para la mayoría) a Putin le esperan tiempos difíciles.

Sin apartar del poder a los neoliberales -algo que inevitablemente provocaría acusaciones de dictadura en Occidente y beatificación de los depuestos- va a ser muy difícil acometer los programas de desarrollo necesarios para modernizar el país y su sociedad, y dinamizar el mercado de 200 millones del que la unión aduanera propuesta a Ucrania es aspecto fundamental. En lugar de eso, Putin surfea entre las dos tendencias de su conglomerado que se anulan mutuamente, lo que agrava la perspectiva de estancamiento.

Eso está ocurriendo mientras alrededor de Rusia se está formando un ambiente tan abiertamente hostil que comienza a parecerse a la guerra fría. Vista desde Moscú, la estrategia occidental está actuando donde más daño puede hacer: sobre el sector de la energía, con el apoyo a rutas alternativas a los gaseoductos rusos, para que el gas de Asia Central pueda llegar al mercado mundial sin pasar por Rusia, impulsando la extracción del gas de esquisto para bajar el precio del gas ruso o estableciendo medidas antimonopolio contra el consorcio Gazprom desde Bruselas. Todo eso ha llevado a Rusia a aumentar su exportación hacia Oriente; hacia China -con quien por fin se ha llegado a un acuerdo sobre precios- hacía Japón y Corea.

Solo un regreso a su tradición social podría cautivar de nuevo a la juventud de Eurasia, pero para ello se necesita un cambio en Moscú. De momento, los movimientos sociales en Rusia apenas están despertando, mientras las protestan que se han visto estos últimos años en Moscú, la ciudad mimada y privilegiada que concentra el grueso de los flujos económicos, han sido muy poco sociales. La revuelta de Rusia contra su oligarquía es cosa del futuro. Así que sin contener nada social, Rusia, con su tradición autocrática y su corrupción, y con su economía incierta es incapaz de seducir a las sociedades de su entorno, Ucrania en primer lugar.

En ayuda de Putin actúa el hecho de que también la Unión Europea está metida hasta las cejas en una crisis que va a ir a más. Moscú ha obtenido un éxito de política exterior al desmontar con un acuerdo el plan bélico hacia el que se dirigían americanos y franceses en Siria. El principio de acuerdo con Irán también es una buena noticia para ella. Recordemos que el plan del escudo antimisiles, claramente diseñado contra el arsenal estratégico de Rusia, se justifica por el fantasmagórico “peligro iraní”. En buena lógica, como ha dicho el ministro de exteriores ruso, Sergei Lavrov, en Bruselas, eso debería conducir al abandono del plan. No va a ocurrir.

De momento lo que tenemos es una batalla de Ucrania en la que las potencias europeas, con Alemania en primer lugar, muestran una beligerancia inusitada: los ministros de exteriores de Polonia y Suecia han expresado su apoyo a la protesta popular. El ex primer ministro polaco Jaroslav Kaczynski ha intervenido en los mitines de Kiev. Berlín ha advertido al Presidente ucraniano contra el uso de la violencia y apoya directamente a dos partidos que organizan la protesta desde la fundación Konrad Adenauer de la CDU. El gobierno alemán alecciona al ucraniano y califica el sistema judicial que mantiene encarcelada a la magnate prooccidental Julia Timoshenko, tan corrupta como sus adversarios, de “justicia selectiva” –algo que más allá de su realidad es un claro exceso diplomático e ignora que la justicia selectiva europea ha sido norma por ejemplo en los Balcanes- mientras el ministro de exteriores Guido Westerwelle se pasea por el escenario de las protestas en Kiev en compañía de sus líderes, entre banderas de “Svoboda”, un partido de extrema derecha abiertamente antisemita… Toda esa solidaridad con “la justa causa popular” contrasta mucho con la actitud demostrada hacia las protestas contra el diktat de Bruselas y Berlín en Europa.

¿Cuánto tiempo será aún vista esta Europa impresentable como modelo, por las futuras víctimas de su arrolladora expansión hacia el Este?

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jueves, 5 de diciembre de 2013

EL PAPEL DE LOS INTELECTUALES EN LA POLÍTICA Y EN LA HISTORIA

 

 

Reflexiones inéditas de Thompson sobre política, historia y el papel de los intelectuales

Edward P. Thompson · · · · ·

01/12/13

 

Se reproduce a continuación la versión castellana de un breve texto inédito de Edward P. Thompson escrito en el marco del Programa Historia y Sociedad de la Universidad de Minessota en el año académico 1987-88 con el título informal de “Reflexiones sobre Jacoby y todo eso”. El working paper circuló fotocopiado entre los estudiantes del Programa y parece solicitado como comentario al entonces reciente bestseller de Russell Jacoby The Last Intellectuals: American Culture in the Age of Academe [Los últimos intelectuales: la cultura norteamericana en la edad de la academia].

Se me ha invitado a decir algo sobre las relaciones entre la escritura, la historia y la política conforme a mi propia experiencia. [1] En cierto sentido, hay poco que decir que no resulte obvio. O eso me parece a mí. Uno escribe historia como historiador y se embarca en la polémica política como ciudadano, y una cosa no excluye a la otra. En efecto, los dos papeles pueden solaparse o aun confundirse a veces, pero tampoco significa eso que se precise de llegar a grandes compromisos. Los modos de salir airoso del asunto son menos un problema teórico que un problema práctico. Yo estoy resueltamente en contra de mezclar la docencia con cualquier variante de proselitismo político, porque eso es aprovecharse injustamente de una posición de ventaja sobre los estudiantes. Mi impresión, de todas, todas, es que ese abuso lo suele cometer de manera flagrante, mucho más que la izquierda, una derecha incautamente habituada a suponer que sus puntos de vista constituyen la única ortodoxia posible. Pero eso no debe ser excusa para que la izquierda se ponga a emular abusos de la derecha.

Tal vez parto de este simple punto de vista porque mi padre fue un escritor: un historiador y un polemista en asuntos que tenían que ver con la independencia de la India. De manera que la forma “normal” de ir a trabajar que yo observé en mi infancia consistía en bajar en pantuflas al estudio con una humeante taza de café en mano.[2] El ruido de la máquina de escribir era “trabajo”. Mi padre tenía también cierta relación contractual a tiempo parcial con la Universidad de Oxford, como Lector de bengalí y, luego, como investigador asociado en Historia de la India; pero sus tareas no eran demasiado exigentes, de manera que pasaría probablemente por el filtro de la severa definición de “intelectual” de Russell Jacoby. Él, sin embargo, se entendía a sí mismo como “escritor”: como poeta, novelista, historiador, periodista y hombre de letras. Y cuando abría el correo, rebosante de interminables peticiones para escribir sobre esto, hablar sobre estotro, leer tal manuscrito o asesorar sobre tal otro (casi siempre de balde), se entendía también a sí mismo como servus servorum[siervo de los siervos].

Los años en que yo he venido desempeñando un papel prominente en el movimiento por la paz me han permitido comprender demasiado bien esa forma de entenderse a sí propio. El mundo está lleno de gente encantadora y meritoria que, por alguna razón, suponen que un escritor es un servidor público sin goce de sueldo. A veces, la mitad o más de mi vida laboral se destina a responder el correo, y la pila de cartas todavía sin respuesta gravita permanentemente sobre mi mente. Una parte de esa correspondencia hace al mantenimiento de una buena relación con un público, pero ese público también puede ser irreflexivamente exigente. La Trampa-22 del asunto es que uno nunca llega a conocer a los corresponsales delicados, precisamente porque tienen demasiado tacto como para inundarte con cartas.

Baste eso como prólogo. Quedan por añadir tan sólo algunos breves detalles biográficos. Cuando era joven, yo suponía que podría llegar a ser un Escritor (con mayúscula). Mi primer empleo fue de tutor extramuros, cargo que desempeñé 17 años en West Yorkshire para la Universidad de Leeds: se trataba de tutorías externas en la educación de adultos. Volveré sobre eso. Yo me hice historiador en esa época escribiendo mis libros sobre William Morris y sobre La formación de la clase obrera en Inglaterra. [3] Dorothy (mi mujer) y yo andábamos muy metidos en el activismo político: el momento culminante fue el feroz conflicto dentro (y, luego, fuera) del Partido Comunista (1956) y la formación y el trabajo editorial para The New Reasoner y la New Left Review. Mi siguiente puesto de trabajo fue ya dentro de una universidad, la recientemente fundada Universidad de Warwick: sólo me duró seis años, pero una de sus recompensas fue la formación de un excelente centro de graduados, especialmente fuerte en el estudio de la historia social inglesa del siglo XVIII. Luego dimití (1971) para poder escribir, oportunidad que me brindaba Dorothy, quien (con los chicos ya un poco crecidos) logró tardíamente entrar en le enseñanza universitaria, lo que significaba el ingreso de un salario académico regular en la familia. Mi libertad para ser un intelectual dependía de eso, y tal vez Jacoby presta poca atención a este tipo de asuntos materiales garbanceros. Escribir seriamente por cuenta propia no proporciona un sustento. De vez en cuando, en las dos últimas décadas, hemos recargado nuestra cuenta bancaria y también nuestros recursos intelectuales aceptando la amable hospitalidad de universidades norteamericanas, canadienses y otras para enseñar ocasionalmente o durante cursos enteros. De modo que yo soy medio intelectual y medio académico. Mi vida de escritor académico se ha visto interferida –y repetidamente aplazada— por las exigencias de la publicística política polémica: primero, en defensa de libertades civiles como la integridad del sistema de jurados populares y en oposición al autoritarismo creciente en Gran Bretaña; y luego, en representación del movimiento por la paz. Si hay que distinguir entre el escritor de historia y el escritor político, entonces el historiador que hay en mí lamenta mucho los años desperdiciados en política: y nunca más que ahora, cuando me hallo rodeado de obra inacabada y demasiado poco tiempo por delante. Pero, como ciudadano, no tengo por qué disculparme con el historiador.

Volvamos a Russell Jacoby, aunque supongo que ya os habéis hecho una idea suficiente de su posición durante el seminario. A mí, en general, me gusta su libro. Con una prosa viva y abundancia de ejemplos, presenta a la cultura académica, no como una solución, sino como un problema. Tal vez me gusta el libro porque yo mismo he venido sosteniendo tesis parecidas durante años. En una discusión sobre el papel de la universidad en la educación de adultos, escribí (en 1968) lo que sigue:

“La cultura educada superior no está ya aislada de la cultura popular conforme a las viejas fronteras de clase: pero sigue estando aislada dentro de sus propios muros de autoestima intelectual y soberbia espiritual. Hay, huelga decirlo, más gentes que nunca que atraviesan los muros y entran. Pero es un gravísimo error –en el que sólo pueden caer quienes miran la universidad desde fuera— suponer que, dentro de los muros, se hallan ardientes protagonistas (…) de valores intelectuales y culturales. En la buena clase de adultos, la crítica de la vida se lleva al trabajo o al objeto de estudio. Es natural que esto resulte menos común entre los estudiantes universitarios corrientes; y buena parte del trabajo del profesor universitario es del tipo de un charcutero intelectual: pesar y medir programas de estudio, listas de lecturas o temas de ensayo en pos del entrenamiento profesional que se pretende. El peligro es que ese tipo de necesaria tecnología profesional se confunda con la autoridad intelectual: y que las universidades –presentándose a sí mismas como sindicato de todos los ‘expertos’ en todas las ramas del conocimiento— expropien al pueblo su identidad intelectual. Y en eso se ven secundadas por los grandes medios centralizados de comunicación –señaladamente, por la televisión—, que suelen presentar al académico (¿o tal vez debería hablar de ciertos académicos fotogénicos?), no como un profesional especializado, sino, precisamente en ese sentido, como un verdadero ‘experto” en la Vida.” (“Education and Experience,” págs. 21-22)

Esta no es exactamente la misma queja que la de Jacoby, porque lo que a él le preocupa es la incapacidad de los académicos para proyectarse como intelectuales públicos, mientras que lo que a mí me preocupaba era la expropiación de la vida intelectual de la nación por parte de las universidades. Pero ambos estamos radicalmente interesados en el intercambio, en el diálogo entre la academia y el público. Sin embargo, Jacoby presenta el problema de manera demasiado fácil. A pesar de las salvedades, su libro parece presentar un autoaislamiento voluntario en el que los intelectuales comprometidos han terminado optando por el progreso profesional en el cuadro de los mefíticos vocabularios de las carreras académicas. Es verdad que eso se da ahora, como se dio en el pasado. En momentos materialistas y horros de heroísmo eso se dio ya antes. Pero seguramente no es sino la mitad del proceso. Jacoby no se molesta en inquirir más allá, en indagar en las razones “estructurales” del autoaislamiento de una categoría de intelectuales: no se pregunta si ese aislamiento y ese autoencarcelamiento con jerga autopromocional es consecuencia no menos que causa. ¿No será que las relaciones políticas e intelectuales entre los intelectuales y el gran público se han visto interrumpidas por cambios en las tecnologías de la comunicación, o tal vez que, como consecuencia de ulteriores cambios políticos e ideológicos, los intelectuales se han quedado hablando consigo mismos o sin tener mucho que decir que sea de interés general?

Llegados a este punto, yo les invitaría a ustedes a echar un vistazo a dos artículos míos que entraban en ese problema desde distintos ángulos. El primero, “The Segregation of Dissent” [La segregación del disenso], fue escrito para la BBC y finalmente rechazado por ella en 1961; terminó publicándose en un pequeño periódico estudiantil publicado en Oxford, The New University. [6] El destino final de su publicación parecía la ilustración de su argumento. El segundo, “The Heavy Dancers” [Los bailarines grávidos] venía a ser, en cierto modo, una reelaboración del argumento del primero, pero en el contexto harto más autoritario que se daba veinte años después. [7] Fue un encargo de una unidad de producción algo osada de una TV comercial que trabajaba para el ocasionalmente intelectual Chanel Four. Pero la iniciativa no era tan osada, ni mucho menos, porque el nervio sensible de mi charla –que tenía que ver con la Guerra de las Malvinas— ya había sido ampliamente enervado por la victoria de la Señora Thatcher. Durante esa guerra, aun cuando todos los sondeos de opinión arrojaban entre un 20% y un 25% de la población contraria a la guerra, la presentación televisiva o radiofónica de argumentación antibélica habría resultado imposible. Me limito a subrayar ante ustedes la obviedad de que hay razones estructurales y políticas para el aislamiento de los intelectuales (si son disidentes). Lo que resulta especialmente obvio en la Gran Bretaña de las pasadas décadas, con el constantemente creciente autoritarismo, la absurda obsesión gubernamental con la pseudoseguridad, la complicidad del poder judicial y la prensa popular decadente. Hay, desde luego, y lo digo complacido, cierto movimiento de resistencia entre los propios profesionales de los medios de comunicación –señaladamente, en la televisión—, pero la Señora Thatcher ya se está ocupando de eso.

A mí me parece que algo similar ha venido ocurriendo en los EEUU desde el final de la II Guerra Mundial. En la revista Tri-Quaterly (nº 70) he esbozado una especie de biografía intelectual de vuestro distinguido compatriota de Mineápolis, el poeta Thomas MGrath, comparándolo con un movimiento de resistencia desarrollado a través de “samizdat” compuestos con pequeñas reseñas. [8] Ahora mismo, este distinguido intelectual se encuentra marginado de la vida académica norteamericana: su obra no figura en los programas de estudio, ni se discute en la New York Review of Books. ¿No será que los argumentos de Jacoby son circulares y autoconfirmatorios? No menciona a McGrath, presumiblemente porque no ha oído hablar de él. ¿Y cuántos intelectuales habrá que resulten invisibles por las mismas razones? Envié un manuscrito de mi estudio sobre McGrath a ese fino historiador literario que fue el último Warren Susman. Su respuesta me resultaó estimulante. Pero en una cuestión disentía vigorosamente. La cultura de resistencia de los pequeños periódicos samizdat por todos los EEUU debería considerarse tan “típica” de las décadas recientes como la cultura “oficial” de la academia y la New York Review of Books. “Para el historiador cultural”, sostenía Susman, “los hechos culturales importantes son tanto la tipicidad como la especificidad única de McGrath”.

Yo no sé cómo lidiar con este problema. Doy todo mi apoyo a la labor de las revistas minoritarias, y no sabría ni contar las horas, días, semanas, meses y años de mi vida dedicados a la edición de, a la colaboración con y a la financiación de ese tipo de publicaciones, desde Our Time hasta el New Reasoner, desde la New Left Reviewhasta, hoy mismo, el END Journal. Pero por importantes que sean estas publicaciones, no resuelven por sí propias el problema de la comunicación con un público más amplio. Se necesitan ciertos mecanismos de transmisión o de mediación. Cuando conocí a Wright Mills en los primeros días de la New Left Review, andaba muy preocupado por este problema. Creía poder encontrar una solución con el pequeño libro de bolsillo, y construyó una particular alianza amistosa con Ian Ballantine, de Ballantine Books, quien planeó poner esa idea por obra sirviéndose de máquinas expendedoras de libritos de bolsillo en las grandes superficies comerciales a lo largo de los EEUU: podría llegar a vender hasta 20.000 ejemplares de cada libro, aun si se limitara a ofrecer una cubierta sobre un cuaderno de páginas en blanco. (Yo sospecho que si hubiera llegado a poner eso en práctica con demasiada frecuencia, sus máquinas habrían sido saboteadas.) [El libro de Wright Mills] Escucha Yanky fue escrito para ese tipo de audiencia de Ballantine, y (la primera versión de) La imaginación sociológica, así como Las causas de la III Guerra Mundial, pensaban en una audiencia similar. [9] Recuerdo claramente haber discutido sobre todo eso con Mills y Ballantine en una finca rural de una montaña galesa, y yo, desde luego, veía la edición del libro de bolsillo como un medio “de masas”, como una respuesta a la TV y a la prensa popular. El problema no es sólo que los productos intelectuales o políticos compiten pobremente cuando comparten salida comercial con el sensacionalismo, la pornografía ligera, la novelita de ocasión o aun las guías para computadores, sino que, en el intento de convertirlos en competidores efectivos, pueden diluirse sus cualidades intelectuales. Admiré mucho –y sigo admirando— el ejemplo de Wright Mills. Pero pensaba que Escucha Yankyhabría resultado más eficaz, si no hubiera sido escrito en telegrafés; que La imaginación sociológica presentaba un argumento demasiado facilón; y que Las causas de la III Guerra Mundial –que he releído recientemente— arruinaba los efectos de algunas visiones de notable penetración (que han resistido el paso del tiempo) al envolverlas en un formato argumentativo pobremente servido por una prosa asertiva y exclamatoria. La popularización es un tipo especializado de escritura para el que pocos están dotados, y si un pensador populariza sus propias ideas, puede terminar sin otro resultado que el de su devaluación.

Lo que pueda suministrar un medio de transmisión de las ideas disidentes acaso no sea una solución técnica –un periódico popular o una máquina expendedora de libritos de bolsillo—, sino un movimiento político, religioso, nacionalista o del tipo que sea. Sí, será gallina o será huevo, pero a menudo gallina y huevo aparecen juntos: las ideas se popularizan y se difunden rápidamente, porque: a) la opinión pública ya está preparada para recibirlas; y b) cierta excitación pública junta a las gentes en asociaciones, clubs, ejércitos o entusiasmos religiosos, en los que las ideas se debaten rápidamente. Las ideas radicales pueden mantenerse dormidas por décadas, derrotadas por la aniquiladora propaganda del statu quo; pero si pueden cambiar las circunstancias de modo que apunten a una nueva oportunidad, si aparecen razones para la esperanza, entonces las ideas radicales pueden florecer al instante y por doquiera. (Aun cuando los primeros 18 meses de reformas del Sr. Gorbachov se vieron con sospecha y cautela, yo creo que en la Unión Soviética puede apreciarse ahora en acción esa esperanza que es siempre una potente fuerza histórica.)

[Esta línea falta en la copia mimeografiada del manuscrito de Thompson que se está usando para la traducción] … durante el New Deal, las preocupaciones del común y el discurso del común se difundieron por todos los EEUU; en Gran Bretaña, una parte del público llegó a organizar en clubs de préstamo de libros. A fines de los 50, fenómenos similares llevaron a la fundación de la New Left Review (NLR). Durante un breve período (tal vez entre 1961 y 1963) tuvimos 20 o más clubs de la NLR en los grandes centros urbanos: servían como estafetas de entrada y salida de la revista y como lugares de irradiación para iniciativas políticas locales. Se trataba tanto de una correa de transmisión como de una audiencia con una identidad conocida: la sección final del libro de Raymond Williams The Long Revolution [10] se dirigía tal vez a esa audiencia, lo mismo que (ciertas partes de) mi libro La formación de la clase obrera en Inglaterra. Pero prestar servicio a esos clubs representaba una pesada carga para nuestro desbordado comité editorial, que funcionaba en parte como asesor y en parte como organizador de un nuevo movimiento de izquierda. Algunos miembros del comité sentían que su intervención en el movimiento resultaba incompatible con una actividad intelectualmente congruente de la revista, y varios jóvenes y brillantes colegas terminaron (a resultas de otras dificultades) por hacerse con el control de la revista y cortaron de todos los vínculos con los (deteriorados) clubs, dejando incluso de mencionarles en los créditos de la revista y purgando al comité editorial de todos los miembros conectados con el movimiento (¡incluido el minero que luego terminaría siendo secretario general de la Unión Nacional de Trabajadores Mineros!).

Menciono todo esto, no por echar gárrulamente la lengua a pacer, sino porque guarda relación con la cuestión de las audiencias y los cambios registrados en las últimas décadas. Porque si en vuestras estanterías conserváis la colección de laNew Left Review (NLR), podéis examinar todos los números. El estilo de la revista cambió al cabo de dos o tres números. En vez de dirigirse a una audiencia activista, con su correspondiente retórica y, a veces, sensiblería, la NLR empezó a afectar un tono y un formato de rigor, claramente dirigido a la academia. Su circulación probablemente cayó, pero se convirtió en una publicación internacional y las bibliotecas universitarias llegaron a considerarla de tan obligatoria presencia comoPast&Present o la Economic History Review. Consiguió evitar el colapso y consolidarse con una notable consistencia durante veinticinco años, desarrollando y definiendo una teoría socialista de la academia. Su audiencia –y su sentido de las relaciones con la audiencia— es de todo punto diferente de la de vuestra New Masses y de la de nuestra Left Review de fines de los 30. Su trayectoria parecería confirmar e ilustrar, en ciertos respectos, la tesis de Jacoby. Pero deberíamos añadir también que la historia todavía continua. Si la NLR ha sido un laboratorio académico, aún es posible que sus innovaciones y su influencia lleguen a ser potentes en la década venidera. Yo no estoy seguro de que eso termine de gustarme. Como tantas otras cosas que nos circundan por todas partes, la NLR es el producto de una era excesivamente cerebral y poco creativa. [11]

El movimiento feminista y el movimiento por la paz también han proporcionado sus propias correas de transmisión para libros e ideas. El primero parece haber conseguido una audiencia substantiva y permanente. El segundo ha sido más volátil y se va visto sometido a los vientos de la moda. Muy notablemente en los EEUU, con las subitáneas alzas y bajas de la audiencia del Freeze, que se pueden ilustrar con el sensacional éxito del libro de Schell Fate of the Earth. [12] (Dicho sea de paso: ¿por qué no cuenta Jonathan Schell entre los “intelectuales” de Jacoby?) Yo he observado oscilaciones parecidas en Gran Bretaña. La formación de nuestro movimiento constituyó un ejemplo notable del uso de instrumentos y medios de comunicación premodernos para irrumpir en un “consenso” manipulado o indiferente u hostil. Nos servimos del panfleto, de la hoja volandera semanal, de la reunión en la parroquia o en la escuela, de la manifestación callejera o del piquete, y con efectos tales, que, hacia 1981, nuestras manifestaciones llegaron a ser lo bastante numerosas y coloridas como para que los medios de comunicación mayoritarios no pudieran seguir ignorándolas como si no existieran. Los esfuerzos y las horas de trabajo voluntario fueron un prodigio difícilmente mantenible durante más de dos o tres años con ese grado de intensidad. Llegamos a irrumpir en la TV y (con feas distorsiones) en la peor prensa sensacionalista popular. Ni que decir tiene que al precio de perder el control directo en la forma de presentabar nuestros argumentos cuando parecía que éstos triunfaban: nuestras voces pasaron a otros (comentaristas políticos, animadores mediáticos, locutores) que planteaban sus cuestiones, no las nuestras. Como es característico en la Gran Bretaña, toda la complejidad de nuestras propuestas quedaba reducida a sólo dos cuestiones: a favor o en contra del “unilateralismo”, y “unilateralismo” al modo en que ellos, no nosotros, lo definían; y –prescindiendo directamente de nuestra política de no alineamiento y de nuestros múltiples contactos con los “disidentes” del otro lado— a favor o en contra de las políticas soviéticas. Dada la capacidad de los medios de comunicación mayoritarios para falsificar y manipular, uno se pregunta si no habríamos hecho mejor siguiendo ignorados.

A todo eso, he dicho más bien poco sobre mi propia práctica como escritor político e historiógrafo. Como solté al comienzo, tengo poco que decir que no resulte evidente; y si he pasado por alto cuestiones significativas, preguntadme. Una cosa ha sido importante para mí y para algunos de mis colegas. Mi primer empleo –que duró 17 años— fue en la educación para adultos. Eran tiempos –inmediatamente después de la Guerra— en los que el movimiento era vigoroso y contaba con un amplio apoyo popular. Las clases estaban organizadas por la Asociación de Trabajadores de la Educación, pero los cursos más largos y formales los conducían tutores extramuros de la universidad o extensiones de los departamentos universitarios. Esas clases duraban normalmente tres inviernos de 14 sesiones cada uno, complementadas con escuelas de verano; los estudiantes se embarcaban en esta considerable tarea (y la mayoría, a plena satisfacción) con el único propósito de la instrucción propia: no había grado o diploma al final, y raramente un incentivo vocacional directo. El grueso de los cursos versaba sobre humanidades o ciencias sociales (teoría económica, asuntos internacionales, historia, literatura, música). En una buena clase tutorial de educación para adultos había un diálogo real entre el tutor y los estudiantes, y un joven tutor como yo mismo tenía que afrontar esa clase con humildad antes de adquirir experiencia. (En mi primera clase en una aldea minera del Yorkshire meridional me resultó evidente desde las primeras semanas que no podría ganarme el respeto de la clase hasta que no hubiera bajado con ellos al pozo local de la mina.)

Eso era muy distinto de la enseñanza universitaria externa. Por un lado, los estudiantes tenían poco tiempo para leer lo suficiente, y lo que alcanzaban a leer eran libros, más que artículos académicos especializados. (La era de la fotocopia barata todavía no había llegado, y no disponíamos de revistas académicas encuadernadas en volúmenes en nuestras estanterías.) Pocos eran capaces de escribir ensayos serios. Pero, por otro lado, el tutor se esforzaba para exponer ante la clase, tan clara y ecuánimemente como le fuera posible, el estado de los conocimientos, exposición a la que solía seguir un tiempo de discusión de otra hora en la que los miembros de la clase interrogaban al tutor, introducían su propia experiencia –a menudo, pertinentemente—, y bajo esa luz, avanzaban sus propios juicios. A veces, en una clase de historia, esos juicios estaban insuficientemente informados, pero en la clase de literatura –yo enseñaba ambas cosas por igual: otra ventaja de la educación para adultos— la experiencia del estudiante resultaba superior a la del tutor, lo que resultaba francamente gratificante.

Esta experiencia de la educación para adultos ha influido desde luego en una tradición de la historia social en Inglaterra. R.H. Tawney fue un pionero de las clases de educación tutorial. No sé si los Hammond participaron en eso también, pero sus libros suenan como si lo hubieran hecho. [13] La cosa no ofrece duda: esa experiencia influyó en mi sentido de la audiencia al escribir historia. Mi William Morrisy La formación de la clase obrera en Inglaterra se escribieron con una audiencia en la cabeza compuesta por una clase para adultos o por activistas políticos. Poco que ver con una audiencia universitaria interna. De aquí mi descuido del protocolo académico (del que apenas conocía la etiqueta). He llegado a apreciar la diferencia luego. La buena recepción de La formación me convirtió en blanco de la crítica académica, de manera que en mi actividad literaria de las dos ultimas décadas he tenido en mente también a esa audiencia crítica. Eso ha hecho mi obra más lenta y más autoconsciente; más cautelosa en el juicio; más puntillosa en relación con el aparato académico. Tal vez la obra ha ganado en pericia profesional, pero también ha perdido en otros respectos.

Ha perdido, sobre todo, el sentido del diálogo con un público. Y puede que eso sea inevitable, debido al aislamiento estructural y al autoaislamiento de la academia. Se ha hecho más difícil conjugar academia y público general no especializado. Y en eso todas las partes pierden: los escritores, la audiencia del público y la academia. Porque la educación de adultos ofrecía no sólo una salida a la universidad, sino también un ingreso de experiencia y de crítica. En ese diálogo, aparecían nuevas disciplinas y se ensayaban experimentos: por ejemplo, determinada historia económica y social local, determinados temas sociológicos y culturales. Y los profesores se veían obligados a evitar la jerga profesional introvertida y a dar prioridad a la difícil tarea de la comunicación. Este diálogo y este “ingreso” de experiencia es profundamente necesario para la salud intelectual de la propia academia. En su ausencia, proliferan los escolasticismos y la vida intelectual del público se ve confiscada por quienes tienen una disposición profesional a teorizar que los miembros de la elite intelectual (es decir, ellos mismos) son los únicos agentes libres de la historia, siendo todos los demás meros prisioneros de estructuras o de determinaciones (conceptuales, o de otro tipo) que les reducen a no ser otra cosa que enemigos de la intelectualidad o cómplices de sus victimarios. No es sólo que eso sea falso; es que es un error cargado de consecuencias. Acepta, en nombre de una teoría supuestamente elevada, nuestra fracturada vida intelectual; y reproduce las alienaciones. Pero esa es ya otra historia.

NOTAS: [1] Se ha mantenido la ortografía original del manuscrito. Las palabras y los títulos subrayados se han convertido en cursiva. Todas las notas a pie de página son de Carlos Aguirre. [2]Sobre Edward John Thompson (1886-1946), véase E.P. Thompson, Alien Homage. Edward Thompson and Rabindranath Tagore (Delhi: Oxford University Press, 1993) y Mary Lago, “India’s Prisoner.” A Biography of Edward John Thompson, 1886-1946 (Columbia: University of Missouri Press, 2001), así como Scott Hamilton, The Crisis of Theory. E.P. Thompson, the new left and postwar British politics (Manchester: Manchester University Press, 2012), págs. 11-21 [3] William Morris: Romantic to Revolutionary (London: Lawrence & Wishart, 1955) [Traducción castellana en Editorial Destino de Barcelona]; The Making of the English Working Class (London: Victor Gollancz, 1963) [Nueva edición castellana reciente, conmemorativa del cincuentenario, en la editorial madrileña Capitán Swing, con prólogo de Antoni Domènech.] [4] Dorothy Thompson (1923-2011), la mujer de Edward, fue una historiadora sociasl, autora, entre otras obras, de: TheChartists: Popular Politics in the Industrial Revolution (New York: Pantheon Books, 1984). Sobre la relación de Thompson (y otros historiadores) con el Partido Comunista británico, véase: Harvey J. Kaye, The British Marxist Historians. An Introductory Analysis( New York:Polity Press, 1984). [5] E.P. Thompson, “Education and Experience: Fifth Mansbridge Memorial Lecture” (Leeds 1968), págs. 21-22. Este textito se incluyó en su libro póstumo The Romantics: England in a Revolutionary Age (New York: The New Press, 1997), 4-32. [6] New University, 6, 1961, 13-16, reproducido en Writing by Candlelight (London: The Merlin Press, 1980), 1-10 [7] “The Heavy Dancers of the Air”, New Society, 11, Noviembre 1982, 243-7, reproducido en The Heavy Dancers (London: The Merlin Press, 1985), 1-11 [8] E.P. Thompson, “Homage to Thomas McGrath,” TriQuarterly, 70 (Primavera 1987), 116-17. [9] C. Wright Mills, Listen Yankee: The Revolution in Cuba (New York: Ballantine Books, 1960); The Sociological Imagination(New York: Oxford University Press, 1959); The Causes of World War Three (London: Secker & Warburg, 1958). [10] Raymond Williams, The Long Revolution (London: Chato and Windus, 1961).[11] La historia de la New Left Review ha sido estudiada por Duncan Thompson en: Pessimism of the Intellect?: A History of the New Left Review (London: Merlin Press, 2006). [12] Jonathan Schell, The Fate of the Earth (New York: Knopf, 1982). EPT se refiere aquí al movimiento “Freeze” contra las armas nucleares. Véase al respecto: Alexander Cockburn y James Ridgeway, “The Freeze Movement versus Reagan,” New Left Review, 137, Enero-Febrero 1983. [13] Thompson se refiere a John Lawrence y Barbara Hammond, autores de numerosos y muy influyentes libros de historia social durante las tres primeras décadas del siglo XX. Véase al respecto: Stewart Angas Weaver, The Hammonds: A Marriage in History (Stanford: Stanford University Press, 1998).

Edward P. Thompson fue el historiador social más importante de la segunda mitad del siglo XX y el pensador marxista más interesante y renovador del mundo angloparlante.

Traducción para www.sinpermiso.info. Antoni Domènech