lunes, 19 de mayo de 2014

Declaración programática de Alexis Tsipras. Mi candidatura: un mandato para la esperanza y el cambio

 

Alexis Tsipras · · · · ·

 

Con ocasión de su 4º congreso, celebrado del 13 al 15 de diciembre de 2013 en Madrid, el Partido de la Izquierda Europea (PIE) me eligió como candidato a la Presidencia de la Comisión Europea.

Es para mí un honor y una responsabilidad. Es un honor personal, pero no sólo eso. Esta candidatura, confiada al dirigente de la principal fuerza de oposición en Grecia, es un reconocimiento simbólico de los sacrificios hechos por el pueblo griego. Expresa igualmente la solidaridad hacia todos los pueblos del Sur de Europa que sufren las consecuencias sociales catastróficas del «Memorándum» de austeridad y de recesión. Con esta candidatura, estimo igualmente que se me confía un mandato: un mandato para la esperanza y el cambio en Europa. Hacemos un llamamiento en pro de establecer en Europa una democracia en la que todas las generaciones encuentren su lugar. Emprendemos un combate para conquistar el poder con el fin de cambiar la vida cotidiana real de la gente corriente. Para nosotros, tomar el poder (y cito aquí a Aneurin Bevan, el padre fundador del National Health Service británico, un verdadero socialdemócrata) es «utilizar la acción colectiva con el fin de transformar la sociedad y para elevar las condiciones de vida de todos».

Yo no soy el candidato del Sur de Europa. soy el candidato de todos los pueblos, de todos los ciudadanos europeos que quieren una Europa liberada de la austeridad, de la recesión y del Memorándum, cualquiera que sea su lugar de residencia, tanto si viven en el Norte como en el Sur. Mi candidatura tiene la vocación de dirigirse a todas y todos vosotros, ciudadanos y ciudadanas de Europa, independientemente de cuáles hayan sido hasta aquí vuestras convicciones políticas y vuestras opciones electorales nacionales. Aspira a unir muy en particular a las gentes que la gestión neoliberal de la crisis económica no ha dejado de dividir. Va dirigida a todos aquellos que quieren una vida mejor para ellos y para sus hijos en una Europa mejor. Con mi candidatura, la indispensable alianza anti-Memorándum del Sur viene a confluir con un movimiento europeo más amplio en contra de la austeridad: un movimiento para la reconstrucción democrática de la Unión Monetaria.

Mi candidatura va dirigida especialmente a los jóvenes. Hoy, por primera vez desde la Liberación, la juventud de Europa prevé que va a vivir peor que sus progenitores. La juventud vé cómo sus esperanzas son cruelmente truncadas por el desempleo masivo y la perspectiva de un crecimiento hecho de bajos salarios y de subempleo. Es responsabilidad nuestra actuar ahora: no «para los jóvenes» sino «con los jóvenes».

Es urgente acabar con «el dinero rey» que destruye nuestros proyectos y nuestros niveles de vida en todo el continente. La Zona Euro vacila, está al borde del desplome. Esta situación no es debida al euro en sí mismo, sino al neoliberalismo: es decir, al conjunto de las políticas de austeridad que conducen a la recesión y que, lejos de servir de apoyo a la moneda única, la han desestabilizado peligrosamente. Más aún, al mismo tiempo que la moneda única, dichas políticas socavan la confianza misma de los pueblos en la Unión Europea y el apoyo público a una integración europea más avanzada y más sólida. Por esa razón estamos convencidos de que el neoliberalismo es un factor importante, incluso un acelerador, del euroescepticismo.

Pero ésa no es nuestra Europa. Es solamente la Europa que nosotros queremos cambiar. En lugar de una Europa en que todo el mundo vive con miedo al desempleo y a la pobreza, donde la invalidez y el envejecimiento son sinónimos de precariedad; en lugar de la Europa actual que entrega la riqueza a los más ricos y que teme a los pobres, en lugar de una Europa que se pone al servicio de las necesidades de los banqueros, nosotros queremos una Europa que esté al servicio de las necesidades del ser humano.

¡El cambio es possible y llegará! Necesitamos reconstruir una Europa unida, sobre bases democráticas y progresistas. Hemos de hacer que Europa conecte de nuevo con sus orígenes ilustrados y dé la primacía a la democracia. Pues está claro desde ahora que Europa será democrática o no será. Ahora bien, para nosotros, la democracia no es negociable.

El Partido de la Izquierda Europea se bate por una Europa democrática, social y ecológica, es decir, por la refundación de la Unión Europea sobre la base de esos objetivos estratégicos. He aquí nuestras cuatro prioridades políticas:

1. La reorganización democrática de Europa

Europa no será ni social, ni ecológica, si no es ante todo democrática. Y si no es democrática, se enajenará el apoyo de sus ciudadanos, tal como ocurre hoy día. Desde este punto de vista, hemos llegado a un momento crítico en la actual Unión Europea, que se halla reducida, después de un proceso de constante deterioro democrático, a una organización oligárquica y autoritaria, al servicio de los banqueros, de las multinacionales y de los muy ricos. La democracia en Europa está en retroceso. No hay duda: es preciso acabar con la austeridad y reconquistar la democracia. En efecto, el hecho de que los parlamentos nacionales hayan aceptado, bajo presión, imponer a sus pueblos la austeridad neoliberal via el «Memorándum» ha tenido como consecuencia su descrédito. En el plano de la democracia social, esta política ha destruido los derechos sociales de los ciudadanos, que habían sido conquistados después de largas luchas. Además, esa política se ha aplicado con metodos dignos de Estados policiales. Al mismo tiempo, la estructura y el funcionamiento actual de las instituciones de la Unión Europea ‑a la que han sido transferidas una parte de las competencias y de la soberanía nacionales‑ carecen de legitimidad democrática y de transparencia. Un puñado de burócratas, desconocidos para todo el mundo, no puede tomar legítimamente decisiones en lugar de responsables políticos elegidos. En fin, para que esta discusión sobre la democracia en Europa adquiera todo su sentido, es preciso que la Unión Europea disponga de un presupuesto propio y sólido, a la altura de las tareas que ha de realizar. Es preciso que el Parlamento Europeo, que vota el presupuesto, pueda supervisar igualmente su ejecución, en concierto con los parlamentos nacionales, y que disponga de los medios necesarios para evaluar la eficacia de las políticas adoptadas. La reorganización democrática de la Unión Europea es primordial: es, por excelencia, nuestro objetivo político. Ello pasa por el aumento de la intervención pública, por una implicación más fuerte de los ciudadanos en la elaboración de las políticas y en el control de los servicios públicos en Europa. En paralelo, debemos reforzar las instituciones dándoles una legitimidad democrática directa, como la que poseen los parlamentos nacionales y el Parlamento Europeo. Ello supone tomar iniciativas políticas concretas, ante todo para restaurar la función primordial de los parlamentos nacionales en la elaboración de los presupuestos nacionales y en el conjunto de las decisiones que tienen que ver con ello. Esto significa la suspensión de la aplicación de los artículos 6 y 7 del Reglamento (UE) 473/2013, que ha dado a la Comisión Europea el poder de examinar y revisar los presupuestos nacionales antes de que los parlamentos nacionales mismos puedan hacerlo. En un segundo tiempo, tal como he indicado más arriba, eso supone la plena participaciónt, a la vez, del Parlamento Europeo y de los parlamentos nacionales en el control del presupuesto europeo. Y supone también un reforzamiento importante de los poderes del Parlamento Europeo para hacer de él un verdadero mecanismo de control democrático del Consejo Europeo y de la Comisión Europea. Finalmente, esta democratización de la Unión Europea es incompatible con el mantenimiento de una actitud arrogante, agresiva, belicosa y militarista fuera de sus fronteras. Por esa razón necesitamos un sistema de seguridad europeo basado en la negociación y el desarme. Ningún soldado europeo tiene vocación de actuar fuera de Europa.

2. Acabar con la austeridad

La austeridad es el remedio que agrava el mal en lugar de curarlo y que interviene en el peor momento, con consecuencias devastadoras para la cohesión de las sociedades, para la democracia y para el futuro de Europa. Una de las heridas producidas por la austeridad que no muestra signo alguno de curación es el desempleo y, en particular, el desempleo de los jóvenes. En Grecia y en España, el desempleo de los jóvenes afecta al 60%. Con 5,5 millones de personas sin empleo entre los menores de 25 años, Europa cava su propia tumba.

3. Acometer una transformación ecológica del modo de producción

La crisis que estamos viviendo no es solamente económica. Es también ecológica en el sentido de que es el reflejo de un modo de producción insostenible en Europa. Tenemos, por ello, necesidad de una transformación a la vez económica y ecológica de las empresas europeas: para salir de la crisis y crear las bases sólidas y duraderas de un desarrollo portador de justicia social y de igualdad entre hombrees y mujeres, que ofrezca empleos estables y decentes, así como una mejor calidad de vida para todas y todos. ¡Y esta transformación es urgente! En efecto, con el pretexto de la crisis y de la necesidad de buscar soluciones a corto plazo para relanzar el crecimiento económico, la Unión Europea y los Estados miembros han rebajado los criterios de vigilancia ambiental y circunscrito la ambición del desarrollo sostenible ‑en el mejor de los casos‑ a la energía y la explotación de los recursos.

Europa necesita transformar en profundidad su modelo económico para poner en marcha un desarrollo sostenible. Una primera etapa debe ser la profundización en los logros europeos. Es necesaria en Europa una política pública en materia de ecología que dé prioridad al desarrollo sostenible, a la calidad de la producción, a la cooperación y a la solidaridad. La transformación ecológica del modo de producción abarca ámbitos tan vastos y variados como: la reforma fiscal, que debe cambiar de lógica y, en lugar de gravar el empleo, contribuir a frenar el consumo de recursos, pero también suprimir las subvenciones a las actividades que destruyen el medio ambiente, sustituir las energías tradicionales por energías renovables, invertir en la investigación y el desarrollo ambientales, la agricultura biológica y el transporte sostenible, y rechazar, en fin, todo tratado de libre comercio transatlántico que no ofrezca la garantía de un alto nivel de normas sociales y ambientales.

4. Reformar el marco europeo de la inmigración

Es imposible frenar la aspiración de los seres humanos a una vida mejor. Levantando muros se pone fin a los derechos humanos, pero no se suprime la existencia de los emigrantes. Mientras las desigualdades de renta y de perspectivas entre los países de emigración o de tránsito, por un lado, y la Unión Europea, por otro, sigan siendo tan profundas e incluso continúen aumentando, la emigración hacia Europa no cesará. La Unión Europea, por el contrario, debería mostrar la necesidad de una doble solidaridad: en el exterior de sus fronteras, en dirección a los países de emigración, y en el interior, con un justa distribución geográfica de los inmigrantes en Europa. En particular, la Unión Europea debería lanzar una iniciativa política para la renovación cualitativa de las relaciones con dichos países, reforzando a la vez la ayuda al desarrollo y las capacidades de desarrollo endógeno, asociado a la paz, la democracia y la justicia social. Al mismo tiempo, será preciso cambiar en su conjunto la arquitectura institucional de la Unión Europea en lo relativo a la inmigración y al derecho de asilo. Hemos de asegurar el respeto de los derechos humanos fundamentales en todo el territorio europeo y planificar inmediatamente medidas eficaces para socorrer a los emigrantes en alta mar, establecer centros de acogida en los puntos de entrada en territorio europeo y adoptar un procedimiento legal y un nuevo marco legislativo que organice de manera justa y eficaz el acceso de los inmigrantes a todos los países de la UE, de manera equitativa y proporcional, y tomando en consideración, en la medida de lo posible, los deseos de los inmigrantes. Será preciso revisar en consecuencia la financiación de la Unión Europea. Las recientes tragedias de Lampedusa y de Farmakonisi han demostrado claramente que el Pacto europeo sobre la inmigración y el derecho de asilo, así como el llamado Reglamento Dublín II (Reglamento (CE) 343/2003 y Reglamento (UE) 604/2103) deben ser inmediatamente revisados. Rechazamos la idea de una «Europa fortaleza», que no hace sino favorecer la xenofobia, el racismo y el fascismo. Trabajamos por una Europa que se convertirá en una fortaleza inexpugnable para la extrema derecha y el neonazismo.

Nuestro plan contra la crisis: las 9 medidas para una crecimiento basado en la justicia social y el pleno empleo

La Zona Euro es el nivel más apropiado para aplicar políticas económicas progresistas que tengan por objetivo el crecimiento, la redistribución de la riqueza y el pleno empleo. En efecto, la Unión Monetaria goza de un mayor grado de libertad en la definición de las políticas que cada uno de sus Estados miembros por separado, en la medida en que está menos expuesta a la volatilidad y a la inestabilidad del entorno exterior. Pero el cambio exige a la vez un plan político creíble y una acción colectiva.

Para acabar con la crisis en Europa necesitamos un cambio radical de rumbo político, que pasa por las nueve medidas programáticas siguientes:

1. Un «New Deal» para Europa

Desde hace 6 años, la economía europea viene sufriendo la crisis, con un índice medio de desempleo que se sitúa en torno al 12% y con riesgos inminentes de deflación comparable a la que tuvo lugar en los años 1930. Europa puede y debe obtener colectivamente créditos a bajo interés para financiar un programa de reconstrucción económica y un desarrollo sostenible, con una atención particular a la inversión en favor de las personas, la tecnología y las infraestructuras. Dicho programa ayudará a las economías más afectadas por la crisis a romper el círculo vicioso de la recesión y de la deuda creciente, permitirá crear empleo y lograr un restablecimiento duradero. Los Estados Unidos lo hicieron: ¿por qué nosotros no?

2. Aumentar el crédito a las pequeñas y medianas empresas

Las condiciones de crédito en Europa se han deteriorado claramente. Las pequeñas y medianas empresas se han visto particularmente afectadas por este fenómeno. Han tenido que cerrar por centenares, especialmente en las economías de la Europa del Sur, a las que ha golpeado de lleno la crisis. No han cerrado porque no fueran económicamente viables, sino simplemente porque dejaron de tener acceso al crédito. Las consecuencias para el empleo han sido desastrosas. Una situación extraordinaria exige medidas extraordinarias: el Banco Central Europeo debe seguir el ejemplo de los bancos centrales que, en todo el mundo, proporcionan crédito a muy bajo precio a los bancos, con la condición expresa de que acepten aumentar sus préstamos a las pequeñas y medianas empresas por un importe equivalente.

3. Ganar la batalla contra el desempleo

El índice medio de desempleo en Europa es hoy el más alto nunca registrado. En este momento, cerca de 27 millones de personas están sin empleo en la Unión Europea, más de 19 millones de ellas en la Zona Euro. El índice medio oficial de desempleo ha pasado del 7,8 % en 2008 al 12,1% en noviembre de 2013. Tan sólo en Grecia, del 7,7 % al 27,4%, y en España, del 11,3% al 26,7% durante el mismo período. Para muchos, el desempleo dura desde hace más de un año y numerosos jóvenes no han tenido siquiera la possibilidad de acceder a un empleo remunerado y satisfactorio.

Este desempleo masivo es la consecuencia de un crecimiento económico débil o incluso negativo. Pero la experiencia demuestra que, aunque el crecimiento se reanude en Europa, llevará mucho tiempo antes de que el desempleo vuelva a su nivel de antes de la crisis. Ahora bien, Europa no puede permitirse esperar. Esta larga oleada de desempleo deja marcas indelebles al destruir los talentos y las competencias, en particular, de los jóvenes. Alimenta a la extrema derecha, desestabiliza la democracia y destruye el ideal europeo. Europa no debe perder tiempo. Debe movilizar y redirigir los recursos de su Fondo Estructural hacia la creación de ofertas de empleo válidas para sus ciudadanos. Allá donde las limitaciones fiscales de los Estados miembros sean demasiado fuertes, la contribución nacional debe reducirse a cero.

4. Suspender el nuevo marco fiscal europeo

Éste impone presupuestos anuales equilibrados, sin tener en cuenta las condiciones económicas existentes en un Estado miembro. Así, elimina la posibilidad de utilizar la fiscalidad como una herramienta política de estabilización en tiempo de crisis, es decir, en el momento mismo en que es más útil, haciendo así correr un riesgo grave de desestabilización de la economía. En suma, es una idea muy peligrosa. Europa necesita un marco fiscal que reconozca la necesidad de la disciplina fiscal a corto plazo, pero permitiendo a los Estados miembros recurrir a la fiscalidad para estimular la economía en períodos de recesión. Es preciso, pues, optar por una política fiscal adaptada al ciclo económico y que dé margen suficiente a la inversión pública.

5. Un verdadero Banco Central para Europa: prestamista de última instancia para los Estados miembros y no sólo para los bancos

La experiencia histórica tiende a probar que, para tener éxito, las uniones monetarias necesitan bancos centrales que dispongan plenamente del conjunto de los poderes propios de su función y que no se centren exclusivamente en el mantenimiento de la estabilidad de los precios. El compromiso de actuar como prestamista de última instancia debe ser incondicional. No debe depender, por tanto, de que cada Estado miembro dé su acuerdo previo al Mecanismo Europeo de Estabilidad para la puesta en práctica de un programa de reformas. El destino del euro y la prosperidad de los pueblos de Europa podría muy bien depender de ello.

6. Un reajuste macroeconómico

Los países que tienen un excedente presupuestario deben contribuir tanto como los países cuyo presupuesto es deficitario a la corrección del desequilibrio macroeconómico en Europa. Europa debe exigir (pero también realizar y evaluar), de los países cuya balanza es excedentaria, actuaciones que permitan aliviar la presión que pesa hoy de manera unilateral sobre los países deficitarios. La actual disimetría entre los países con presupuestos excedentarios y los países deficitarios no perjudica únicamente a estos últimos. Perjudica a Europa en su conjunto.

7. Una «Glasse-Steagall Act» para Europa

Su finalidad es separar las actividades bancarias comerciales de las actividades bancarias de inversión e impedir la aparición de riesgos graves en una entidad incontrolada.

8. Una legislación europea eficaz para gravar las actividades económicas y empresariales en el exterior, en los paraísos fiscales

9. Una conferencia europea sobre la deuda

Nuestra proposición se inspira en uno de los momentos más sensibles de la historia política de Europa. Era en 1953 cuando tuvo lugar el «Acuerdo de Londres sobre la deuda externa alemana» que, al liberar a Alemania de la carga económica de su propio pasado, ayudó a la reconstrucción democrática del país en la posguerra y sentó las bases para su futuro éxito económico. El Acuerdo de Londres exigió a Alemania el pago, como máximo, de la mitad de toda su deuda, tanto privada como intergubernamental. Vinculó el calendario de reembolso a la capacidad del país para pagar, extendiéndolo por un período de más de 30 años. En suma, condicionó el reembolso de la deuda al rendimiento económico del país, instaurando así un principio implícito de «cláusula de crecimiento»: entre 1953 y 1958 sólo debían pagarse los intereses. Este aplazamiento del reembolso del capital principal tenía por objeto dar al país un margen suplementario, un poco más de oxígeno. A partir de 1958, el Acuerdo exigía a Alemania proceder a un pago anual del resto de su deuda, pago que resultaba cada vez más insignificante a medida que la economía alemana despegaba. Dicho Acuerdo suponía, pues, en su época, de manera implícita, que reducir el consumo en Alemania ‑lo que hoy se llama «devaluación interna»‑ no era aceptable y que no podía en ningún caso ser una forma aceptable de asegurar el reembolso de las deudas. Los reembolsos de Alemania estuvieron, de hecho, condicionados a la capacidad del país para reembolsar. El Acuerdo de Londres sobre la deuda rompe radicalmente con la lógica errónea de las reparaciones impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles, que desestabilizó en su momento gravemente la capacidad del pueblo alemán para reconstruir su economía, haciendo así dudar de las verdaderas intenciones de los aliados.

Dicho Acuerdo está ahí como una referencia y un esquema general útil para actuar hoy. Sin embargo, no queremos una conferencia sobre la deuda para la Europa del Sur. Queremos una conferencia sobre la deuda para Europa en general. En ese marco, todos los instrumentos políticos disponibles deberán ser empleados, incluida al respecto una actuación del BCE como prestamista de última instancia, así como la emisión de títulos de deuda europea, como los eurobonos, para reemplazar las deudas nacionales.

Hay que lograr el cambio

Para lograr el cambio es necesario estar en condiciones de ejercer una influencia decisiva, desde ahora, sobre la vida de la gente corriente. Nuestro objetivo no es simplemente cambiar la dirección de las políticas vigentes, sino ampliar el campo de la intervención pública y de la implicación de los ciudadanos en las decisiones políticas y en su puesta en práctica. Para ello debemos construir alianzas sociales y políticas lo más amplias posible.

Es preciso invertir el equilibrio del poder político en Europa a fin de lograr el cambio en Europa. El neoliberalismo no es un fenómeno natural, no es ni ineluctable ni invencible. Deriva únicamente de opciones políticas, que dependen de la correlación de fuerzas políticas en Europa: es, por tanto, únicamente coyuntural y está históricamente fechado.

Debe su longevidad al paradigma económico dominante y principalmente a los socialdemócratas, que, hacia mediados de los años 1990, hicieron la opción estratégica de adoptar íntegramente sus principios y hacer suyos sus fines, reajustando en consecuencia su posición sobre el tablero político y alejándose cada vez más de la izquierda. Para muchos, en Europa, los socialdemócratas no son más que el eco lejano de una época pasada. ¡No para nosotros! Pero el sufrimiento social provocado por esta crisis prolongada, así como la desafección de una parte importante del electorado por el tran-tran político habitual, los han conducido a un callejón sin salida estratégico.

La realidad no puede permitirse esperar el retorno de la socialdemocracia en Europa. Aquí y ahora, los socialdemócratas deben optar por un cambio histórico y redefinirse ante la gente como una fuerza política de Izquierda. Ello pasa por la ruptura decidida con el neoliberalismo y las políticas que han fracasado, es decir, por la afirmación de una diferencia clara con el PPE y la Alianza de los Liberales; o bien, tal como se ha subrayado con acierto, convirtiéndose en una fuerza política «con voluntad de ser tan radical como la realidad misma».

Europa se halla en la encrucijada de dos caminos. En las elecciones europeas del 25 de mayo próximo, dos opciones alternativas claras para el presente y el futuro de Europa están sobre la mesa: o bien seguir con los conservadores y los liberales, o bien ir hacia delante con la Izquierda Europea. O se acepta el statu quoneoliberal ‑pretendiendo que la crisis puede resolverse con las mismas políticas que la han agravado‑ o se toma el camino del futuro con la Izquierda Europea.

Nos dirigimos muy particularmente a los ciudadanos europeos que han votado hasta ahora por los socialdemócratas. Ante todo, os exhortamo a ejercer vuestro derecho de voto el 25 de mayo: no os abstengáis y no dejéis que los demás voten por vosotros. Luego, en segundo lugar, os invitamos a votar por la esperanza y el cambio que encarna la Izquierda Europea. De este modo podremos reconstruir juntos nuestra propia Europa, una Europa del trabajo, de la cultura y de la ecología. Una vez más, en la historia de nuestra casa común que es Europa, ha llegado la hora de la reconstrucción. Es hora de reconstruir Europa como un conjunto de sociedades democráticas, hechas de justicia social y de prosperidad. Si hemos de reconstruir Europa, es para cambiarla. Y para que sobreviva, hay que cambiarla ahora.

Alexis Tsipras es el presidente del partido unificado de la izquierda radical griega Syriza, la novedad sin duda más interesante, programática y organizativamente, de las izquierdas europeas de las últimas décadas. Gran promesa de la izquierda europea actual, el joven dirigente griego (39 años) ha logrado tal autoridad moral y política en el conjunto del continente, que en Italia, por ejemplo, la llamada “Lista Tsipras” ha unido electoralmente a los restos del naufragio de la izquierda transalpina para las elecciones al Parlamento Europeo del próximo mes de mayo. Tsypras es precisamente el candidato del Partido de la Izquierda Europea a la Presidencia de la Unión Europea en esas elecciones.

Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel Candel

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