viernes, 31 de enero de 2014

EL HORIZONTE DE UCRANIA





 Disturbios Confusos en Kiev
  

Horizonte ucraniano
Rafael Poch de Feliu
La Vanguardia

Hasta el más iluso activista de cualquier movimiento social europeo comprende ahora el misterio de lo que se ha visto en Kiev: Si la causa es “justa”, se puede ocupar más de media docena de edificios y sedes ministeriales en el centro de la capital, varias sedes regionales del gobierno, organizar escuadras paramilitares, presentar una fuerte resistencia física ante los antidisturbios, matar incluso a dos agentes y ganarse el aplauso de la Unión Europea y hasta conseguir resultados: la dimisión del gobierno, cancelación de las leyes antidisturbios, una amnistía y quién sabe si elecciones anticipadas.

Revolución bendecida por la troika

Las batallas campales son allá “valientes y pacíficas manifestaciones”. Las autoridades, y no los ciudadanos, “deben renunciar a la violencia” y derogar “las leyes que limitan las libertades y derechos” y sus reivindicaciones deben ser escuchadas, Merkel et Bruselam dixit. Y del dicho al hecho; a lo largo de dos meses una treintena de políticos polacos, alemanes, europeos y americanos, han hecho acto de presencia en la plaza de Kiev, aleccionando al gobierno local y predicando la buena nueva a “un país que quiere ser europeo y no ruso”, en palabras del agudo senador John McCain.
¿Comienza una nueva época? ¿Veremos a políticos rusos, bielorrusos y ucranianos llamando a la huelga general en Atenas, coreando el “no nos representan” en la Puerta del Sol o aplaudiendo a quienes lanzan botellas incendiarias a la policía en el Ocupy Frankfurt? Absurda comparación, sin duda, la que el Presidente Putin sugería el martes en Bruselas. Este es un mundo desigual; Imperio y colonia, señores y vasallos, centro y periferia. La Unión Europea no reconoce ni las formas diplomáticas, ni la soberanía nacional, ni la más elemental equidad entre sus miembros. Eso ya lo sabían en las plazas españolas, griegas o portuguesas. ¿Cómo vamos a comparar el capitalismo oligárquico ucraniano con las democracias occidentales y sus “valores europeos”?
Cuando se trata de Ucrania, todo es posible para el pueblo indignado. Ese es el verdadero espejo que Ucrania ofrece a los movimientos sociales en Europa. Hasta tomar por asalto el Palacio de Invierno es legítimo. Todo con tal de impedir, “el intento de implantar un gobierno autoritario y el regreso a la órbita imperialista de Rusia”, lo que, “representa un peligro para la UE, su integridad moral y quizá institucional”, señala el correspondiente manifiesto de intelectuales suscrito por los habituales defensores del “intervencionismo humanitario” de la OTAN de Londres, París y Varsovia; Timothy Garton Ash, Mark Leonard, Andre Gluksmann, Bernard Kouchner y demás.

Entre Belgrado y Atenas

Kiev se encuentra estos días en unas coordenadas situadas entre el Belgrado de los meses de septiembre y octubre del año 2000, cuando una revuelta inducida desde el exterior y orquestada desde la OTAN derribó a Milosevic, y la actual Atenas de las protestas contra la troika europea y la involución neoliberal, que no es otra cosa sino un hermano mayor y pariente directo del capitalismo oligárquico postsoviético.
Lo primero, porque impedir la integración de Rusia en su espacio tradicional es un vector fundamental de la política occidental desde el mismo momento en que se disolvió la URSS. Impedir que la integración ya en marcha de Rusia, Bielorrusia y Kazajstán se extienda a otros países como Ucrania, Armenia y Moldavia, equivale a un “intento de resucitar la URSS”. Tal como la secretaria de estado norteamericana Hillary Clinton dijo en diciembre de 2012, “Estados Unidos no va a permitir la refundación de una nueva versión de la URSS bajo el pretexto de una integración económica creada bajo la coacción de Moscú”. Pero si aquello es Imperio, ¿qué nombre le damos a la integración sufrida por la Europa del Este, los países ex soviéticos, y desde hace poco, hasta el sur de Europa, entre el sonriente diktat de Bruselas/Berlín, que presenta a Ucrania ofertas de asociación sin la más mínima posibilidad de discrepar ni de negociar absolutamente nada? ¿Es verdaderamente esta Unión Europea regida por los tres principios de la constitución teutona (Autoridad, Austeridad, Desigualdad) un club de iguales?
Lo segundo, porque el vector popular ucraniano quiere un cambio hacia una sociedad menos corrupta e injusta –y ahí Rusia no puede ser modelo- que no se diferencia en su impulso ético esencial de la que pueda haber en Atenas o en el 15-M español. En Kiev rechazar el sistema oligárquico, que en su presente versión tiene muchas más conexiones con Moscú que con Bruselas, significa rechazar la influencia rusa. Ese sentimiento tiene, además, una fuerte carga nacional independentista en la mitad de Ucrania, en aquellas partes del país que en el pasado pertenecieron a Polonia y el Imperio Austro-húngaro y que a la hora de elegir entre sus dos poderosos vecinos, siempre eligieron a los occidentales. La última vez que se presentó la ocasión, Galitzia (Lvov, Ivano Frankovsk, etc) prefirió a Hitler que a Stalin. Pero eso es solo el cuadro identitario de la mitad de Ucrania, e incluso menos de la mitad. En la mayor y más poblada parte del país, las regiones del sur y del este, al final prefirieron a Stalin que a Hitler.

Consenso o caos

La revuelta antioligárquica ucraniana puede tener base social en el conjunto del país, pero en su componente nacional anti-ruso, la nación se divide. Ucrania ha convivido con esa identidad nacional plural, con ese corazón partido, de forma ejemplar hasta el día de hoy desde la misma disolución de la URSS. Esa convivencia ha sido consecuencia de un consenso razonable entre todos los ucranianos. La extraordinaria marcha atrás efectuada esta semana por la Rada (parlamento) de Kiev sobre las leyes antidisturbios y lo que seguramente seguirá, con votaciones casi unánimes, refleja ese buen sentido. Si la amalgama ucraniana de revuelta libertaria contra la corrupción y la oligarquía, y pulso geopolítico entre Occidente y Rusia, pierde de vista ese equilibrio básico, el país puede entrar en una caótica deriva extremadamente peligrosa.
Curiosamente este factor se comprende instintivamente mucho mejor en Moscú –donde el fantasma de una revuelta social similar en Rusia genera escalofríos en un establishment que tiende a ver conspiración y no concibe la autonomía social-, que en Bruselas o Berlín, donde no parecen entender lo más básico, a saber; que apostar por un maximalismo que rompa ese equilibrio esencial de Ucrania abre el mismo escenario irresponsable y criminal que en los años noventa echó leña al fuego de la sangrienta implosión yugoslava.
En Ucrania ni el cambio de régimen ni el cambio de sumisión geopolítica son posibles sin un gran derramamiento de sangre. Ha sido un verdadero milagro que en la caótica amalgama de grupos de extrema derecha militarmente organizados, robustas escuadras ciudadanas, oscuras financiaciones no gubernamentales, bandas de lumpen y matones parapoliciales de civil trabajando en conjunción con las fuerzas especiales antidisturbios, solo se hayan registrado seis muertos, algunos de ellos tan confusos que se atribuyen a una “tercera fuerza” que tanto puede situarse al servicio de un bando como del otro…
Pero este milagro no va a ser eterno, porque privado de un acuerdo básico razonable, el horizonte de la protesta no es ni la revolución ni el cambio de régimen, sino la smuta, el turbulento caos de la historia eslava-oriental, que en Ucrania tuvo siempre figuras mucho más simpáticas y libertarias que en Rusia, lo que a fin de cuentas afecta poco a su resultado siempre violento, caótico e inestable por poco duradero.
A un lado hay una oposición sin programa ni líderes que en el mejor de los casos representa a la mitad occidental del país y cuenta con el apoyo de polacos, alemanes y norteamericanos. Esa escena la ocupa una troika formada por tres personajes; el ex boxeador Vitali Klishkó, un hombre rico y sin experiencia que ha sido potenciado desde Berlín por la canciller Merkel y la fundación Konrad Adenauer, el economista Arseni Yatseniuk, ex gobernador del banco de Ucrania y partidario de las recetas económicas de la UE y del FMI, y el neofascista Oleg Tiagnibok, jefe del partido “Svoboda”. Esa mezcla de derechistas y magnates, no representa un cambio real para la situación social del país, una de las peores de Europa. Su único mérito es geopolítico: que encarna la apuesta de la Unión Europea y de Estados Unidos y las inversiones en “sociedad civil” realizadas en el país desde hace más de veinte años vía sus servicios secretos y organizaciones “no gubernamentales”. El control que este trío tiene de la calle es discutible.
Al otro lado, un gobierno desprestigiado y titubeante confrontado a una protesta, que se crece ante la evidencia de sus escrúpulos y vacilaciones. “No muchos países tienen unas fuerzas de seguridad que toleren este tratamiento en una situación similar”, ha dicho significativamente el ex presidente Leonid Kravchuk. El actual presidente, Viktor Yanukovich es, sin duda, un hombre entre presionado y apadrinado por Moscú, representante de los magnates del Este del país y desprestigiado. Las defecciones en su campo son manifiestas. La población de Ucrania sudoriental, donde Yanukovich tiene sus bastiones, no debe estar muy motivada por el presidente, desprestigiado ante unos por débil y pusilánime, ante otros por la corrupción familiar que le rodea y ante la mayoría por ambas cosas.
Por todo eso, por la debilidad de ambas partes, lo más probable es que esta crisis se salde con uno de esos compromisos que no contentan a nadie; ni a los ucranianos, ni a las “terceras fuerzas” subterráneas en presencia. Pero la alternativa a ese escenario sería aún menos estable y, seguramente, mucho más sangrienta. Ucrania necesita, en sus dos grandes vecinos, estímulos que moderen su crisis interna, no que la exacerben. Respecto a los ucranianos, si se les deja solos lo más probable es que lleguen a un acuerdo de mínimos razonable




















jueves, 30 de enero de 2014

UCRANIA, UNA LUCHA ENTRE OLIGARCAS

 

Donetsk, cuenca carbonífera de Ucrania

Txente Rekondo

 

Un pulso entre oligarcas domina la nueva crisis ucraniana

Las escenas de violentos enfrentamientos y protestas de la capital ucraniana nos muestran una fotografía distorsionada de lo que realmente está pasando en Ucrania, y sobre todo nos impide observar con nitidez quién está moviendo los hilos en esta nueva crisis.
Los oligarcas, o más bien, el pulso que éstos están manteniendo entre sí, son el motor de la actual situación, y la calle no es más que una de las armas que éstos estarían utilizando en su nueva pugna. Todo ello acompañado además de un claro objetivo, proteger sus propios intereses y aumentar su riqueza y su influencia.
La fractura de la sociedad ucraniana no es nada nuevo, las diferencias regionales, culturales y políticas han sido una constante en las últimas décadas, aunque probablemente, en los últimos veinte años esa división se ha hecho mucho más visible.
El fenómeno de los oligarcas no es algo exclusivo del antiguo espacio soviético, a pesar de que numerosos autores parecen querer circunscribirlo al mismo. Un ejemplo lo encontramos en el libro “Presidentes, oligarcas y burócratas. Formas de gobierno en el espacio postsoviético”, donde se centra en ese fenómeno en países como Rusia, Ucrania, Georgia y las repúblicas de Asia Central.
Esos intentos por circunscribir esa realidad al citado espacio se sirven de numerosos soportes y teorías académicas. Además, como señalan algunos ucranianos estos días, “mientras que el término oligarca aparece una y otra vez en artículos sobre nuestro país, en situaciones similares en otros lugares, incluso en Occidente, esos mismos articulistas prefieren el uso de “magnates o millonarios” para referirse a los mismos protagonistas”.
A pesar de todo, y en el caso ucraniano, es evidente que esos vasos comunicantes entre el mundo de la política, de la economía y las finanzas están representados o protagonizados por los llamados oligarcas. A día de hoy, unos cien oligarcas, que representan el 0,00003 % de la población, controlan entre el 80-85 % del PIB o la riqueza del país. Además, “todo el mundo conoce que entre los parlamentarios, no son pocos los que son corruptos multimillonarios, con sus guardaespaldas y su último modelo de mercedes negro con las ventanas tintadas”.
En los últimos años, los oligarcas ucranianos han seguido el mismo guión que sus semejantes en otros países. Han obligado a la gente a vender sus negocios, se han ido haciendo además con el control de las entidades estatales en las industrias clave: metalurgia, química, petróleo y gas, electricidad, maquinaria…Y para ello, para defender y promocionar sus propios intereses se han aprovechado de la privatización de las empresas públicas, han logrado contratos privilegiados para sus compañías, han asegurado el control y acceso a los recursos estatales, y todo ello en un evidente contexto de corrupción y amenazas.
Los oligarcas y sus intereses dominan, por tanto, el teatro político en Ucrania. En las elecciones parlamentarias, el Partido de las Regiones, del actual presidente Viktor Yanukovych, obtuvo 185 escaños, aunque en los meses posteriores, gracias a diferentes maniobras ha aumentado la cifra a 205, manteniendo una holgada diferencia sobre el partido de Yulia Tymonshenko (con 90 parlamentarios es el mayor partido opositor), la otrora estrella de Occidente, cuyo oscuro pasado oligarca siempre se intenta ocultar, y de quien muchos dicen que ya “es historia”.
La red de apoyos que ha ido gestando el presidente ucraniano y su partido en los últimos años ha traído beneficios para sus intereses, pero al mismo tiempo ha tenido que tejer un complejo equilibrio entre los diferentes grupos e intereses. A día de hoy al menos siete facciones conviven en el Partido de las Regiones, pero sobre todo destacan tres grupos de oligarcas.
Por un lado está el grupo en torno a personajes de la “cuenca del Donets”, relacionados con empresas mineras y dominado por el multimillonario Achmetov, y con el apoyo también del primer ministro Azarov y en el pasado del propio Yanukovych. Por otro lado, encontramos al grupo articulado en torno a la industria química y el comercio del gas, con Dmytro Fistash como su principal figura. Y finalmente, en los últimos años, cada vez cobra más fuerza la llamada “familia”, creada en torno a Yanukovych y sus hijos.
Las pugnas y diferencias entre esos grupos podrían estar tras los recientes acontecimientos y protestas. Algunos medios como el Financial Times señalaban hace semanas que “tanto la política del gobierno, así como las protestas están controladas y financiadas por los oligarcas”. En estos momentos las diferentes fuerzas están maniobrando para defender sus negocios y sus intereses políticos.
En este contexto no parece que las fuerzas opositoras hasta ahora dominantes hayan logrado sacar réditos de la situación. Al contrario, en este complejo escenario, son las fuerzas de extrema derecha, algunas con claras tendencias neonazis, las que parecen sacar tajada. Partidos y organizaciones como Svoboda o Bratstvo están surgiendo con fuerza estas semanas, acentuando aún más la división del país.
Desde Occidente se mira con preocupación el cariz de los acontecimientos, no tanto por la población ucraniana, sino por sus propios intereses. Y ante el posible final de la carrera política de Yulia Tymonshenko, hay quien quiere ver en la figura del antiguo campeón de boxeo, Vitali Klitschko y su partido la Alianza Democrática Ucranian por las Reformas (UDAR en ucraniano y que se traduciría como “golpe” la alternativa más viable.
La política exterior ucraniana parece estar marcando la agenda del país en estas décadas. Algunos han venido definiendo esa política como el resultado de maniobras entre Occidente y Rusia, lo que definen como “una política multi-vectorial”. Por ello los intereses de los grupos oligarcas que controlan el país suelen girar hacia Moscú o Bruselas en función de sus propios intereses.
No obstante, en ese complejo juego, también asoman los movimientos de esos terceros actores. Así, mientras que Rusia no está dispuesta a perder sus beneficios económicos y la importancia geoestratégica de Ucrania para sus gasoductos, la Unión Europea y Estados Unidos, buscan debilitar a Moscú, y frenar el auge y protagonismo que está adquiriendo Rusia en los últimos meses, al tiempo que colocando un gobierno favorable a ellos, le abriría además las puertas a un importante mercado para sus productos (Ucrania tiene más de 46 millones de habitantes), con tierras muy productivas en agricultura o materias primas.
Por ello, parece que algunos oligarcas en estos momentos no verían mal ese acercamiento a la UE, ya que esperan que con el apoyo de ésta y con otras medidas del FMI, disminuya el peso del gobierno y de esa forma asegurar a medio y largo plazo sus propios intereses y seguir dominando la vida política, económica y financiera de Ucrania.
La lucha desatada por algunos sectores oligarcas determinará el futuro del país. Y como señalaba recientemente un periodista habrá que permanecer atentos a lo que ocurra en las próximas semanas “en los cuarteles y en los consejos de oligarcas”, ya que la posible interrelación de ambos puede condicionar que la nueva crisis ucraniana adquiera un rumbo u otro.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 28 de enero de 2014

Disputar Europa

 

 

Catedral de Estrasburgo

 

Gerardo Pisarello  [SinPermiso]

 

Para un sector importante de la población, las elecciones europeas son una convocatoria inservible. Si la clase política local se encuentra bajo severa sospecha, en el caso europeo el juicio es aún más duro. El Parlamento Europeo es percibido como una institución lejana, con competencias misteriosas pero más bien inútiles y un papel marginal en el entramado institucional de la Unión Europea (UE). En parte del imaginario colectivo, su mayor servicio al bien común consiste en haber acogido a políticos retirados, asegurándoles una jubilación plácida, sin sobresaltos. Son este tipo de imágenes las que alimentan, no sin razón, las previsiones abstencionistas. De ahí la tendencia a minimizar la importancia de estos comicios, a tratarlos si acaso como una oportunidad para medir fuerzas locales y para ganar músculo de cara a pugnas electorales posteriores.

Y sin embargo, todo ello ocurre en un momento en el que Europa se ha convertido en un terreno de batalla decisivo. Más, sin duda, que hace cinco años, cuando la expropiación política y económica de las poblaciones del continente -sobre todo del Sur y del Este-, no era tan drástica. Es en la UE, de hecho, donde se fraguan parte de los rescates a entidades financieras que hincharon las burbujas especulativas y que ahora se benefician impunemente de su estallido. Es en la UE donde los hombres de negro y el club de amigos de Goldman Sachs ultiman los planes de austeridad que condenan a millones a la precariedad y a la exclusión. Es en la UE donde los lobbies de las principales transnacionales presionan para limitar la libertad de expresión en la red y otros medios o para laminar los estándares laborales, sociales y ecológicos.

Combatir esta ofensiva desde la propia UE no es fácil. Antes de 1979, el Parlamento europeo estaba integrado por delegaciones de los parlamentos estatales. Esto permitía un vínculo algo más estrecho entre la política local y la comunitaria. Cuando se introdujeron las elecciones directas al Parlamento, los diputados de uno y otro ámbito dejaron de reunirse. El cambio dio pie a una paradoja. Había cuestiones que se discutían en Estrasburgo, pero cuando llegaba el momento de plantearlas en los parlamentos estatales, nadie sabía lo que su propio partido había propuesto.

Este alejamiento, sumado al creciente protagonismo de instituciones sin legitimidad democrática como la Comisión Europea, el Banco Central o el Tribunal de Luxemburgo, acabó por dinamitar el carisma del Parlamento. Daba igual que cada nuevo Tratado recordara la conquista de unas cuantas competencias. La percepción generalizada era que allí había poco que hacer. Esto se reflejó de manera nítida en la participación electoral. En 1979, fue de un 63%. Desde entonces, no ha dejado de caer. 61% en 1984; 58,5% en 1989; 56,8% en 1994; 49,8% en 1999; 45,5% en 2004; 43% en 2009.

Para algunas posiciones críticas, esta tendencia señalaría una línea de actuación: dejar languidecer el Parlamento y replegarse en el ámbito local. El europapanatismo profesado por las elites que se han rendido a la Troika y que en estos días desfilan en los salones de Davos hace comprensible esta reacción. Pero afirmarse sin más en ella puede resultar peligroso.

De entrada, ninguno de los partidos responsables de la actual deriva antidemocrática y autoritaria de la UE -incluidos el PP y el PSOE- dejarán de ir a Estrasburgo a cumplir su papel. La extrema derecha de Marine Le Pen o de Geert Wilders tampoco resignará este espacio. Aborrecerá en público la pérdida de “soberanía nacional” en beneficio de la “tecnocracia de Bruselas”. Pero hará todo lo posible por conseguir en el Parlamento un altavoz que le permita propagar sus causas: atacar a la “plutocracia” mientras pacta con banqueros y grandes empresas, convertir a la inmigración en chivo expiatorio de la crisis o azuzar el chovinismo y la islamofobia.

Los movimientos sociales y sindicales partidarios de una radicalización democrática y las fuerzas transformadoras de izquierdas y ecologistas no pueden dejar el campo libre a estas iniciativas. Ni aquí, ni en Grecia, ni en Portugal, ni en Alemania. Quizás el Parlamento europeo cuente poco y su presencia mediática sea escasa. Pero también puede ser una caja de resonancia y un espacio de contrapoder y resistencia. La experiencia de los últimos años lo atestigua: mientras más controladas estén las instituciones europeas por fuerzas tecnocráticas o reaccionarias, mayor será el sufrimiento y la impotencia de las poblaciones locales, comenzando por las más vulnerables.

Dar batalla en las instancias supraestatales no está reñido con la defensa de la organización desde abajo y de las iniciativas cooperativas en el territorio, en los lugares de trabajo, o en las pequeñas escalas en general. Por el contrario, el fortalecimiento de la democracia en estos ámbitos depende estrechamente de lo que se consiga en escalas más amplias. Para revertir el fraude y la regresividad fiscal, para poner fin a las deudas ilegítimas e impagables, para combatir la xenofobia y la homofobia o para contrarrestar, sencillamente, la oligarquización de la vida política y económica. Llevar la necesidad de una ruptura democrática más allá de las fronteras, denunciar los cantos de sirena del repliegue estatal y crear las condiciones para un proceso constituyente, también europeo, no es sencillo. Pero o se hace desde premisas solidarias, internacionalistas, o la serpiente incubará su huevo racista y anti-igualitario también en el corazón del continente.

Gerardo Pisarello es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

lunes, 27 de enero de 2014

Ucrania: Las 10 Тesis de la oposición de izquierdas

 

Kiev, es el fundamento espiritual de Rusia

 

Zahar Popovich · · · · ·

26/01/14

 

Euromaidan y el Programa de la Izquierda

El movimiento de protesta espontáneo Euromaidan que ha llevado a los ciudadanos ucranianos a resistir durante tantos días y noches en la Plaza Europa no tiene nada que ver con el proceso de adhesión a la Unión Europea. Hay que buscar en los problemas socioeconómicos del país, que son mucho más agudos que los de sus vecinos del Este y el Oeste, el motivo y el significado de la protesta. El salario medio en Ucrania es entre 2 y 2.5 veces inferior al de Rusia y Belarus, y mucho más bajo que en la UE. La crisis económica mundial ha afectado a Ucrania mucho más drásticamente que a cualquier otra economía en Europa, desde el Atlántico hasta los Urales. El crecimiento económico desde el comienzo de la crisis casi se ha paralizado y se prevee que va a continuar así todo el 2013. Además, el sistema económico ucraniano prácticamente no obliga a pagar impuestos a los oligarcas. Se puede exportar legalmente minerales, metales, amoníaco, trigo y girasol por valor decenas de billones de dólares sin declarar ningún beneficio.Todas las ganancias se ocultan en paraísos fiscales, donde la mayoría de las empresas que funcionan tienen su sede legal. Cualquier beneficio conseguido por una empresa en el país puede ser transferido legal y fácilmente a los países sin control fiscal, por ejemplo disfrazándolo de préstamo ficticio.

¿Sorprende a alguien que el gobierno ucraniano tenga sistemáticamente problemas para renovar el presupuesto? Al final del año pasado Ucrania estuvo cerca de la bancarrota. Se ha convertido en una práctica habitual el no pagar los atrasos a los funcionarios y los recortes en los programas sociales. La situación se exacerbó con la guerra comercial con Rusia, cuando Gazprom quiso obligar a la subida de las tarifas del gas ucraniano al mismo precio del Este europeo. Los oligarcas condujeron al país a un callejón sin salida; incluso después de interminables discusiones, no fueron capaces de formular una estrategia de desarrollo coherente, renunciando a invertir en las instalaciones y permitiendo su deterioro. Cualquier estrategia de desarrollo debe controlar sus prebendas desmesuradas –debe como mínimo terminar con la fuga de capital y reforzar la carga impositiva. Pero es exactamente lo que los oligarcas no quieren aceptar, incluso sabiendo que si las reglas del juego no son cambiadas ellos mismos conducirán el país hacia la catástrofe económica, cortando la rama del árbol donde ellos mismos tienen su nido.

Cuando la oposición de derechas habla de los problemas económicos, se centra exclusivamente en temas de ineficacia organizativa y corrupción. Y si la conversación les lleva a la cuestión de la oligarquía que está saqueando la nación, entonces se limitan a denunciar a los ejecutivos próximos al Partido de las Regiones, y en la mayoría de casos no van más allà de los negocios que pertenecen a los hijos de Yanukovich. Desde el punto de vista de la derecha, los otros oligarcas no son un problema, porque ellos tienen conciencia nacional. Según esta lógica cuando Ucrania es saqueada por un “auténtico” ucraniano es incluso beneficioso para la causa nacional.

Se está creando una situación paradójica. Todos los economistas conscientes (icluso algunos neoliberales como, por ejemplo, Viktor Pinzenik) están de acuerdo en afirmar que el sistema impositivo fue construido para permitir que las grandes fortunas no pagaran impuestos. Todos pueden ver que este sistema no es sostenible, pero ninguno de los políticos en el parlamento se han atrevido a ofrecer un sistema alternativo realista y funcional. Casi nadie se atreve a admitir públicamente que el tema más acuciante para Ucrania no es la UE o los sindicatos, sino simplemente que los oligarcas empiecen a pagar impuestos. El aparato del estado es perfectamente capaz de obligarles a que lo hagan, porque sus recursos están todos situados en Ucrania. Sin embargo, tal como Andrei Hunko recientemente destacó, la oligarquización de la política ucraniana ha alcanzado unas proporciones tales que ni uno solo de los partidos parlamentarios puede mencionar este tema.

Es muy triste que solo los izquierdistas radicales hablen de estas mínimas y evidentes reivindicaciones. Insisto en que estas demandas no han de ser vistas como un programa de la Oposición de Izquierdas, sinó como los primeros pasos hacia la formación de políticas que pueden aglutinar a todas las fuerzas anti-oligárquía, las cuales no consideran que una dictadura fascista de ultra-derecha sea ninguna solución: el tipo de dictadura a la cual el partido nacionalista “Svoboda” nos quiere conducir, mientras los líderes de la oposición se sientan apáticamente a verlas venir.

La falta evidente de un plan de acción coherente para ayudar a Ucrania a salir de la crisis es tan acuciante que incluso las publicaciones liberales o derechistas-liberales han empezado a discutir nuestros “Diez Puntos”– como por ejemplo, Lvov’s zaxid.net.

Zahar Popovich, Oposición de Izquierdas de Ucrania

Plan por el cambio social en diez puntos

Introducción por la Oposición de Izquierdas

Os presentamos el documento titulado “Plan por el Cambio Social ”, que traza algunas líneas para incrementar el bienestar de los ciudadanos y garantizar el progreso social. Ha sido escrito en parte porque la mayoría de las reivindicaciones de Euromaidan han sido ignoradas. Nuestro deseo es que este documento pueda servir como plataforma de unión de una amplia gama de iniciativas sociales de izquierdas y de los sindicatos. Este documento ha sido escrito por militantes de la Oposición de Izquierdas, la organización socialista que tiene como objetivo unificar a todas las personas pertenecientes al movimiento llamado provisionalmente #leftmaidan.

No estamos de acuerdo con los partidos políticos que transforman los movimientos de protesta y lo dirigen hacia la política electoral; ellos intentan encontrar nuevas voces en lugar de realizar cambios significativos del sistema. No secundamos las ideas de las estructuras liberales que abogan por la economía de libre mercado, tampoco aceptamos a los nacionalistas radicales que abogan por políticas discriminatorias.

Nuestra esperanza es que el movimiento, motivado por la insjusticia social, sea capaz de cortar de raíz las causas de la injusticia. Creemos que la causa de la mayoría de los problemas sociales está en la oligarquía surgida de la alianza entre capitalismo salvaje y la corrupción. Es importante limitar los intereses egoístas de los oligarcas, en lugar de confiar en la ayuda de Rusia o del FMI, con la consecuente dependencia de la nación. Creemos que es perjudicial añadir nuestras voces a la demanda de integración en Europa; por el contrario necesitamos delimitar claramente los cambios inprescindibles para apoyar los intereses de los ciudadanos corrientes, especialmente de los trabajadores. En varias ocasiones citamos las experiencias progresistas de algunos estados europeos que han tomado medidas en este sentido.

Nuestros objetivos son relativamente moderados para que puedan ser asumidos por el mayor número de organizaciones. No vamos a ocultar el hecho que, para nosotros, este plan es en menor medida una reacción a los hechos actuales que un paso hacia la formulación de una fuerza política de izquierdas contemporánea – una fuerza que sea capaz de influir a los dirigentes en el poder y ofrecer una alternativa al orden social existente. La Oposición de Izquierdas considera este plan propuesto como de mínimos para la construcción del socialismo basado en los principios de autogestió, socialización de la industria, dedicación del beneficio para fines sociales y la elección directa de los ciudadanos para las funciones de gobierno

Reemplazar unos políticos y oligarcas por otros sin un cambio general del sistema no va a mejorar nuestras vidas. En cambio, nuestro grupo de activistas sociales y sindicales está proponiendo diez condiciones básicas para superar la crisis económica y asegurar el futuro crecimiento económico de Ucrania

El colectivo de oposición de izquierdas

1. EL GOBIERNO POR EL PUEBLO, NO POR LOS OLIGARCAS

Tiene que haber una transición desde un régimen presidencial a la república parlamentaria, en la cual el poder presidencial esté limitado a funciones representativas a nivel internacional. La autoridad debe de ser transferida de los administradores estatales a los comités regionales representativos (soviets). Las autoridades han de tener el derecho de cesar a los delegados que no cumplan con su cometido; los jueces y los jefes de policía no han de ser nombrados sinó elegidos.

2. NACIONALIZACIÓN DE LAS INDUSTRIAS PRIMARIAS

La metalurgia, la minería y las industrias químicas, junto con las empresas estructurales (energía, transporte y comunicaciones) deben de contribuir al bien común.

3. LOS TRABAJADORES DEBEN DE CONTROLAR TODAS LAS FORMAS DE PROPIEDAD

Siguiendo el modelo de los ejemplos europeos de éxito, tenemos que constuir una amplia red de sindicatos independientes de trabajadores que controlen la gestión y sean garantía de los derechos laborales. Los trabajadores han de tener el derecho a la huelga (a cesar de trabajar cuando no se les paga). Los trabajadores deben de contar con préstamos con garantía del empresario si el pago de los salarios se retrasa (como sucede en Portugal). La contabilidad y los datos de gestión de las empresas de más de 50 personas, o que sobrepasen el capital de más de 1 millón de dólares, han de ser accesibles en línea.

4. INTRODUCCIÓN DEL IMPUESTO DEL LUJO

Tenemos que grabar un 50% los artículos de lujo – yates, coches de élite y otros ítems que valgan más de 1 millón de gryvnas. Se debe crear un impuesto progresivo personal. Las personas con rentas superiores a 1 million de gryvnas deben tener una carga impositiva de un 50%, siguiendo el ejemplo de Dinamarca (con este sistema Renat Ahmetov habría aportado 1.2 billion gryvnas al presupuesto federal, mientras que con un gravamen del 17% solo ha contribuido con 400 millones).

5. PROHIBICIÓN DE LAS TRANSFERENCIAS DE CAPITAL A PARAÍSOS FISCALES

Las leyes que permiten a las empresas ucranianas no pagar impuestos en un gran número de paraísos fiscales han de ser revocadas, para evitar la fuga de capitales. Los fondos de dichas compañías deben de ser intervenidos y se debe nombrar una administración provisional hasta que la legalidad de las inversiones pueda ser demostrada

6. INCOMPATIBILIDAD ENTRE EMPRESARIOS Y CARGOS POLÍTICOS

Los ciudadanos cuyas rentas excedan 1 million de grivnas no podrán ocupar cargos estatales o locales. Se convocarán elecciones estatales de acuerdo con esta normativa.

7. REDUCCIÓN DE GASTOS DEL APARATO BUROCRÁTICO

El gasto gubernamental ha de ser transparente y controlado. Deben de llevarse a cabo las reformas necesarias para reducir el número de empleados de alto nivel en la administración. En la actualidad departamentos enteros pueden substituirse con la gestión informatizada. Sin embargo en los últimos ocho años el número de funcionarios se ha incrementado en casi el 10%, más de 372,000 personas (en Ucrania hay 8 funcionarios por cada 1000 personas – ¡En Francia, hay sólo 5 por cada 1000!).

8. DISOLUCION DEL BERKUT Y OTRAS FUERZAS ESPECIALES

A partir de 2014 habrán reducciones en el presupuesto en seguridad del aparato estatal: el Ministerio del Interior, el Servicio de Seguridad, la Oficina del Fiscal General y las fuerzas especiales de la policía. Es inaceptable que el Ministerio del Interior tenga de presupuesto de más de 16.9 millones de grivnas en 2013: ¡6.9 millones más que el gasto en salud pública!

9. ACCESO A LA EDUCACIÓN Y SANIDAD GRATUITA

Fondos para esta iniciativa han de provenir de la nacionalización de industrias y de la reducción del gasto en el aparato de seguridad y en la burocracia. Para eliminar la corrupción en educación y sanidad, debemos aumentar los honorarios de médicos y profesores y restaurar el prestigio en sus áreas respectivas.

10. RETIRADA DE LAS INSTITUCIONES FINANCIERAS INTERNACIONALES ABUSIVAS

Abogamos por el cese de la colaboración con el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones financieras internacionales. Debemos seguir el ejemplo de Islandia, que se negaron a pagar la deuda contraída por los banqueros y burócratas (con el beneplácito del gobierno) para su enriquecimiento personal y subvenciones arbitrarias no destinadas al desarrollo industrial.

La Oposición de Izquierdas es un colectivo de la izquierda alternativa ucraniana

Traducción para www.sinpermiso.info: Victor Feliu Jornet

viernes, 24 de enero de 2014

Los Latinos, mayoría en California

 

SAN FRANCISCO. CALIFORNIA

Arturo Balderas Rodríguez

La Jornada

En California, por muchas razones el estado más importante de Estados Unidos, los latinos serán mayoría relativa a partir del mes de marzo. El 39 por ciento de la población del estado tendrá ese origen, superando a 38 por ciento de la población blanca. La información se desprende de un reporte de la oficina del gobernador del estado. Si a ese porcentaje se agrega la población de origen asiático y afroestadunidense, el resultado es que California será todo menos un estado de blancos.
Dos conclusiones importantes se pueden sacar del reporte, la primera de ellas económica. Tomando en consideración que la población blanca es el grupo étnico de edad más avanzada, según el censo, quienes tendrán la mayor responsabilidad de mantener la economía del estado serán los latinos. La segunda consideración es de orden político. De hacerse cargo de su importancia y potencial, los latinos estarán en posibilidad de influir en las decisiones de las que han estado marginados tradicionalmente.
Antes de que esto último suceda es necesario que superen algunos de los obstáculos que les han impedido constituirse en una importante fuerza, no sólo de trabajo, sino política y económica. Una de ellas es su invariable deserción del sistema escolar: menos de 4 por ciento de ellos se gradúan de la universidad. Esto los pone en clara desventaja con aquellos que obtienen un título universitario, que les abre las puertas a puestos de dirección en el sector privado y público. Otro obstáculo es la relativa apatía que han demostrado para participar en procesos políticos que vayan más allá de defender su estatus migratorio. Tomando en consideración el creciente número de latinos, son contados los casos como el de Antonio Villarraigosa, quien fue alcalde de Los Ángeles, la ciudad más poblada de Estados Unidos. Deben multiplicarse si quieren ser tomados en consideración, no sólo en California y otros estados, sino también en el Congreso estadunidense, donde su participación debe aumentar en relación con la población que representan.
No hay que elaborar mucho para entender la importancia que día a día cobran quienes salieron de su país buscando mejor vida, la mayoría de ellos de origen mexicano. No obstante las evidencias, aún hay quienes no lo entienden y siguen negándose a una reforma que les dé un estatus migratorio digno. No pasará mucho tiempo para verlos convertidos en estatuas de sal.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/01/20/opinion/014o1pol

lunes, 20 de enero de 2014

Hungría: panorama pre-electoral

 

BUDAPEST EN CONSTRUCCIÓN

 

Jake Blumgart · · · · ·

12/01/14

Todo en Budapest parece estar en construcción. Al salir de la estación central de ferrocarril, tras llegar a la ciudad, tuve que abrirme paso entre un montón de maquinaria pesada y de hormigón hecho pedazos: la herencia de una línea de metro que ha estado en construcción desde 2009. En la orilla oriental del Danubio, los turistas se pasean entre encorvados trabajadores de la construcción para acceder al gran número de tiendas pijas en las calles que están siendo repavimentadas. El edificio del parlamento húngaro, con su bosque de agujas puntiagudas en fila, se encuentra vallado e inaccesible desde el este debido a un proyecto masivo de renovación: una eficaz pantalla contra las concentraciones de protesta que se realizan en la plaza con regularidad.

La renovación de las secciones más importantes de la ciudad parece que se debe a la proximidad de las elecciones del 2014, que serán las primeras desde que el partido conservador de Fidesz consiguió 262 de los 386 escaños en el parlamento. El líder del partido, Víktor Orbán, es el más respetado de los antiguos oponentes al régimen comunista. Orbán fue descrito por el historiador Timothy Garton Ash en 1989 como el activista “fogoso de la barba negra” que fue el único orador en la conmemoración de la muerte del líder disidente Imre Nagy capaz de inspirar una ferviente respuesta entre la inquieta multitud. “De entre todos los líderes de la era poscomunista , es el único al que se construirá un monumento”, según me contó un periodista.

Pero desde los embriagadores días de 1989, Orbán ha girado más que nunca hacia la derecha. De nuevo, su partido parece destinado a otra victoria electoral. Los partidos de centroizquierda disponen de poca legimitidad o incluso de poca energía para desafiarle. Sus débiles filas están integradas por viejos fieles militantes y tecnócratas neoliberales. Y la única fuerza que parece querer aprovechar el descontento masivo es el partido fascista Jobbik, una de las formaciones de extrema derecha más fuertes de Europa.

De vuelta al autoritarismo

La mayoría parlamentaria absoluta que Fidesz ganó en 2010 fue de tal dimensión que el partido pudo reescribir la Constitución a voluntad, sin tener que consultar a otros partidos políticos. En 2011, hicieron exactamente eso: diseñarla desde cero con artículos que atentaban contra la independencia de los medios, el poder judicial, el Banco Central, y enfatizaban la identidad cristiana de Hungría. (El nuevo documento engloba la idea de que la vida empieza en la concepción, y que el matrimonio solo puede darse entre un hombre y una mujer.) Los llamamientos a un referéndum popular para aprobar la nueva Constitución fueron desechados, e importantes responsables de instituciones culturales en Budapest fueron reemplazados por miembros fieles al partido.

Las reformas de Fidesz que tenían en el punto de mira a las instituciones socialdemócratas han sido objeto de menor atención. Se ha acabado con la educación superior gratuita y ahora se cobran tasas. Los impuestos progresivos han sido reemplazados por un impuesto fijo del 16%, sin que ni siquiera formase parte de su programa electoral. El gobierno está intentando recuperar los ingresos perdidos con una versión bastarda del impuesto Tobin, que tasa no solo a las altas finanzas, sino también a las transacciones cotidianas, como pagar las facturas de la luz y el agua o las tarjetas crédito.

Se ha impuesto un sustancial aumento de un 27,5% en los impuestos sobre bienes de primera necesidad. Las nuevas reformas laborales han debilitado drásticamente los derechos de los trabajadores, haciendo que sea más fácil echar a los empleados enfermos o a los que protestan; ha limitado la protección legal reduciéndola a un número restringido de sindicalistas en el lugar de trabajo, y ha eliminado las negociaciones colectivas de las empresas públicas.

La izquierda gira hacia el neoliberalismo

Estas políticas de mano dura de Orbán han provocado críticas internacionales. Sin embargo, la debilidad de los movimientos de oposición en el país y la falta de una alternativa progresista eficaz ha sido todavía menos estudiada.

Recientes artículos en el Wall Street Journal y en The Economist han vitoreado las maniobras de los principales partidos de centroizquierda: el tímidamente moderado Juntos-2014, y los socialistas de centro-izquierdas del MSZP, que gobernaron entre 2002-2010 en coalición con el ahora difunto partido liberal, la Alianza de los Demócratas libres. La victoria total de Fidesz en 2010 se debió a la corrupción, a los errores policiales, y a una clara incompetencia del MSZP. Su liderazgo está compuesto básicamente por remanentes de la vieja clase gobernante del Partido Comunista, que han renovado sus tendencias oligárquicas y que ahora gobiernan como neoliberales, aplicando las órdenes que vienen ahora de Washington y Bruselas en lugar de Moscú.

Tras las elecciones de 2006, el MSZP privatizó el sistema sanitario universal, que tenía más de 40 años, y lo sustituyó por un sistema dualizado, que se basa en un sistema de asistencia pública para los pobres y seguros privados para aquellos que se lo puedan permitir. El plan cerró muchos hospitales públicos. Existen problemas reales en el sistema sanitario húngaro, incluyendo la excesiva prescripción de medicamentos, doctores con bajos salarios y dispuestos al soborno y resultados médicos terribles. Pero los esfuerzos del MSZP no dieron lugar a ahorros significativos: “la mayor parte del fracaso (en el gasto médico) proviene del éxito del ministro a la hora de promover los genéricos más baratos en lugar de medicamentos de marca”, en palabras de un think tank pro-privatización.

Los socialistas desmontaron las instituciones social-demócratas, y Orbán vio una salida política. Encabezó la lucha contra las políticas de privatización del MSZP y se las arregló para forzar un referéndum nacional sobre ellas, en el que en 2008 fueron derrotas por un 80% de los votos. La derrota de la reforma sanitaria fue una avanzadilla de lo que tenía que venir: en 2010, el MSZP perdió 131 escaños en el parlamento, y sus aliados liberales fueron expulsados del parlamento por primera vez desde la caída del comunismo. Desde entonces, las estadísticas les han mostrado una y otra vez con un apoyo de menos de la mitad que el de Fidesz, y un reciente seguimiento por edad muestra que su base tiende a disminuir. Fidesz va muy por delante de sus competidores en todas las categorías por edad; el MSZP solo mejora en un 20% entre aquellos encuestados con más de 47, y se acerca a los conservadores solo entre los encuestados de 73 años y mayores.

Otros factores hacen que la revitalización de la izquierda sea improbable. Por encima de todo, la densidad sindical en Hungría ha caído del 19,7% en 2001 al 12% en 2009. La mayoría del movimiento obrero húngaro está formado por sindicatos que ya eran miembros de la SZOT, la domesticada federación oficial de la era comunista. La segunda federación sindical más grande, basada en el sector privado, MSZOSZ, ha seguido afiliada al MSZP, pero no tiene relación con grupos progresistas.

El movimiento obrero en su conjunto parece moribundo, con una palpable falta de nuevos esfuerzos organizativos y con unos afiliados relativamente mayores, la mayoría entre los 40 y los 54 años. En mayo de 2013, tres de las federaciones sindicales, incluyendo MSZOSZ y la mayor de ellas, implantada en el sector público, SZEF, anunciaron sus planes para unirse en una supra federación, en un intento de presentar un frente unido a Fidesz. (Orbán ha estado valiéndose de tácticas de “divide y vencerás” en sus negociaciones con las facciones del movimiento obrero). Pero a menos que la nueva gran organización, haga precisamente eso, organizar a nuevos afiliados, parece poco probable que los esfuerzos den sus frutos.

Aunque el movimiento obrero puede resurgir (los sindicatos de enfermeras lucharon contra el intento del MSZP de privatizar el sistema sanitario, y la mayoría del movimiento obrero luchó a la defensiva contra las reformas antiobreras de Fidesz), sus dirigentes muestran un marcado desinterés en lograr alianzas con otros movimientos sociales. Los activistas sociales que han intentado sumarse a los piquetes o coordinar acciones de solidaridad han sido recibidos con sorpresa. Entretanto, las ONG’s tienen una fuerte presencia en Budapest, incluyendo una serie de organizaciones que defienden los derechos de los gitanos, pero que no tienen ninguna implantación popular, ninguna capacidad de movilización y tampoco de influir en el gobierno. Las ONGs no tienen poder para forzar cambios o para influir en políticos destacados, a la vez que los sindicatos no disponen de recursos para llegar más allá de sus propios afiliados.

Los bárbaros a las puertas

El tercer mayor partido en Hungría es Jobbik, una formación filofascista con una ideología racista antisemita y anti-gitana, y con un sector paramilitar, la Magyar Garda, con la que se coordinan. Este grupo es el que tiene peor fama por la bárbara ocupación de Gyöngyöspata, una pequeña y empobrecida ciudad que, como en la mayoría de pueblos húngaros, hay tensiones entre la minoría gitana, relegada a escuelas destartaladas y a casas por debajo de los estándares normales en las afueras de la ciudad, y los húngaros étnicos.

Con la excusa de que la ciudad ha sido destruida por los “crímenes gitanos”, las milicias de la extrema derecha afiliadas a Jobbik marcharon sobre la ciudad con hachas y después llevaron a cabo “patrullas de vigilancia del vecindario” durante dos meses, simplemente para aterrorizar a los gitanos. A pesar de que el gobierno ha supuestamente tomado medidas contra tal despliegue, el partido todavía convoca marchas con antorchas, repletas de uniformes escalofriantes y de eslóganes racistas, y los miembros uniformados de la milicia hicieron abiertamente su instrucción frente a la reciente convención en Budapest del Congreso Judío Internacional. Su legitimidad política es intocable –en claro contraste con sus homónimos griegos, el partido Aurora Dorada, que ha sido prohibido por el gobierno y que se ha visto enfrentado en las calles por la izquierda organizada.

Las poblaciones rurales en la zona económicamente deprimida del este de Hungría, donde habita la mayor parte de la población gitana, constituyen una base potencial para un partido de extrema derecha. No obstante, el apoyo fascista entre los jóvenes habla por sí solo de la falta de alternativas reales a los partidos políticos establecidos. Las encuestas favorecen a Jobbik más que a MSZP en todos los grupos menores de 47, con un mayor apoyo entre los 18 y 22 años. Con su estable base entre los pensionistas de la tercera edad, el partido socialista no consigue llamar la atención de los jóvenes. Ningún otro grupo progresista ha conseguido llenar el vacío, dejando que los partidos de la derecha atraigan a aquellos insatisfechos con el statu quo. La accidentada integración de Hungría en la Unión Europea y el shock de la gran recesión tuvieron lugar durante el gobierno del centroizquierda; solo Fidesz y Jobbik se han reforzado con sus terribles consecuencias, gracias a sus esfuerzos organizativos sobre el terreno.

Jobbik ofrece becas universitarias, una táctica especialmente popular dado a la reciente introducción de tasas. A medida que se iban reforzando a mediados de la década del 2000, los fascistas organizaron conciertos, fiestas, y otras celebraciones con poco contenido político explícito, pero que sirvieron para construir su popularidad entre los jóvenes húngaros. Hoy, todos los partidos políticos mayoritarios tienen presencia en los mercados públicos, normalmente un puesto con publicaciones sobre el partido y un complaciente representante. Pero Jobbik fue el primero, años antes que los demás. También ha desarrollado su propio juego sobre el terreno, con visitas puerta a puerta, recavando votos. La recompensa por esta estrategia, de organización a ras del suelo, puede verse en sus ascendentes estadísticas.

El camino a seguir

No existe un equivalente húngaro a la Die Linke alemana o a la Syriza griega, que ofrezcan alternativas progresistas a los partidos de centroizquierda de toda la vida. Los tres mayores partidos húngaros de centroizquierda están a la gresca unos con otros, con muy poco interés público por sus rasgos ideológicos. Todos ellos se contentan con una propaganda anti-Orbán, mientras que su partido sigue subiendo en las encuestas con más fuerza que ninguno de ellos.

Podría haber sitio para que emergiera un nuevo partido de izquierda, pero el único esfuerzo visible en el horizonte es el Movimiento por la Cuarta República (4K!), un partido socialdemócrata que se presenta a las urnas por primera vez en 2014. Dicen tener 400 miembros, la mayoría en los veinte o treinta años (poca afiliación, pero la militancia política no supone un fiel indicador de la fuerza electoral en Hungría).

La sede del 4K! en el centro de la ciudad parece pequeña, todavía provisional. Situados en un laberinto de oficinas que incluyen una unidad de periodismo de investigación, un teatro, y una cafetería en un viejo almacén, unos pocos hombres y mujeres bromeaban en sus pantallas de ordenador el día que los visité, sentados entre cajas de pegatinas y carteles de György Dózsa, un campesino que lideró, alrededor del 1400, una cruzada contra la nobleza local. El presidente del 4K!, András Istvánffy, es joven, un chico simpático con un inglés casi perfecto, que puede hablar entusiasmado sobre política y macroeconomía sin parecer estar dando clase.

4K! tiene pocas posibilidades de alcanzar en 2014 el umbral del 5% que se necesita para conseguir representación parlamentaria, pero Istvánffy no parece especialmente preocupado por este hecho. Son un partido joven, fundado en los dos últimos años tras una larga lucha por conseguir su legalización. Estas serán sus primeras elecciones y creen que tienen una oportunidad de subirse al carro: solo con que el partido gane el 1% de los votos, serían elegibles para una financiación estatal para su campaña-.

4K! espera convocar tanto a los jóvenes como a aquellos hartos del centroizquierda establecido, pero que no están interesados ni en Jobbik ni en Orbán. El nombre del partido se refiere a la nueva constitución de Orbán, que ellos consideran ha puesto punto final a la Tercera República formada tras la caída del comunismo. Quieren volver a las normas democráticas del período post-1989, pero con un mayor contrato social.

“La Tercerca República solo cumplió unas pocas de sus promesas… [creando] un sistema estable multipartidista, un estado de derecho, y libertades básicas garantizadas para todo el mundo” La plataforma del partido 4K! dice: “El país ha perdido el mínimo común de civilización que se logró tras el socialismo, es decir, que la sociedad no abandonase a ninguno de sus miembros. Además, la Tercera República casi ha abandonado a los gitanos.”

Pocos húngaros recuerdan la era comunista con afecto. Pero tal y como la plataforma 4K! apunta, hay muchos que echan de menos un poco la seguridad económica del sistema. En aquellos días, el Estado daba trabajo a casi todo el mundo, incluyendo a los gitanos, que ahora se enfrentan a la violencia de Jobbik y a una tasa de desempleo seis veces peor que la de la media nacional del 10%. El Estado comunista proscribía la indigencia. Pero como casi todo el mundo tenía trabajo, incluso los más pobres podían al menos permitirse pagar una habitación en las enormes instituciones conocidas como munkásszálló, hostales donde la gente soltera podía alojarse.

Hoy, Fidesz también ha proscrito la indigencia (una ley que el tribunal Constitucional declaró inconstitucional, y Orbán simplemente cambió la constitución para que encajase en ella), pero la nueva Hungría no ofrece nuevos programas sociales para albergar a aquellos que lo necesitan. Las estaciones y las bocas del metro de Budapest están llenas de gente en sacos de dormir: una visión impactante para aquellos que recuerden la era comunista, cuando nadie dormía en la calle. La indigencia es la enfermedad más obvia de las que acechan a Hungría, como la rampante falta de empleo y el atribulado sistema sanitario, de lo que no puede culparse solo a Orbán: los socialistas y otras élites post-1989 comparten también responsabilidades.

La masiva oposición al programa de privatización de la sanidad y la erosión de la base del partido sugieren que podría haber pronto espacio en el espectro político húngaro para un partido dispuesto a luchar por el estado del bienestar. Hasta entonces, las opciones se quedan en lo neoliberal, fascistas o Orbán. Dadas una opciones tan poco apetecibles, Fidesz no necesita estar reconstruyendo constantemente Budapest para recordar a todo el mundo que ellos son la única apuesta seria en el país.

Jake Blumgart es un joven periodista independiente norteamericano que colabora con la revistaJacobin

jueves, 26 de enero de 2012

HUNGRÍA NAZI

Viktor Orban

Estonia rehabilita a sus nazis, Lituania convierte en tabú el holocausto judío y en Budapest se sueña con la gran Hungría

El parlamento de Estonia aprobará en marzo, por amplia mayoría, conceder el título de "luchadores de la libertad" a los miembros de la "Legión SS" estonia que combatió al lado de Hitler contra los soviéticos en la segunda guerra mundial.

Los veteranos estonianos de la SS, unos 12.000 hombres en 1944, glorifican desde hace años su participación en la guerra en actos oficiales concurridos por veteranos de las SS y jóvenes neonazis de otros países, pero la de marzo será la primera ley en materia de "luchadores por la libertad".

Algo parecido ocurre en Ucrania Occidental, donde se glorifica desde hace años a los combatientes de la división "Galizia" de las SS.

En Budapest, cada 11 de febrero se reúnen ultraderechistas de Alemania, Eslovaquia, Bulgaria y Serbia para conmemorar el llamado "Día del honor". La jornada recuerda el fin de la batalla por Budapest en la que un ejército de 100.000 soldados, alemanes y húngaros, rodeados por los soviéticos mantuvieron la posición durante 52 días, en 1945.

"Occidente se defendió de las hordas rojas de las estepas de Asia con un inmenso tributo de sangre y heroísmo", señala la convocatoria de grupos neonazis alemanes para acudir este año al acto de Budapest.

El cerco de Budapest tuvo entre sus consecuencias la aniquilación de gran parte de los últimos judíos que aun quedaban en la ciudad, a manos de los fascistas húngaros.

"En muchos países del antiguo bloque oriental se está abriendo paso una unilateral versión de la historia a la medida de la ultraderecha", constata el periodista rumano-alemán William Totok.

El fenómeno supera lo meramente histórico para manifestarse en una creciente hegemonía política derechista que parece estar calcando el mapa de los años treinta, cuando la región estuvo dominada por regímenes ultraderechistas.

Regreso a un mapa conocido

Los países bálticos, Rumanía, Bulgaria, Hungría, la Ucrania occidental y la católica y conservadora Polonia, vuelven a destacar en papeles en los que ya se les vio en vísperas de la segunda guerra mundial.

En la segunda guerra mundial seis países europeos fueron aliados militares de Hitler: Finlandia, Hungría, Rumanía, Italia, Eslovaquía y Croacia. Sólo Finlandia, que no se identificó con la ideología racista que animaba la guerra, mantuvo un sistema democrático dentro de aquel bloque y contó hasta el final con soldados y oficiales judíos en su ejército.

Otro grupo de países oficialmente "neutrales" u ocupados como, España, Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca y Noruega, enviaron voluntarios a luchar con Hitler.

En los países bálticos, en el Cáucaso del norte, en Polonia, Ucrania y Bielorrusia, así como en la misma Rusia, los agravios históricos del dominio imperial ruso, de la represión y deportación estalinistas, de la colectivización agraria y la cuestión nacional, o los ecos de la propia guerra civil rusa, se tradujeron en luchas activas contra la URSS de Stalin, que Hitler instrumentalizó en su favor de diversas maneras.

Nuevo "macartismo" europeo

La llamada "Declaración de Praga" de junio de 2008, iniciada por Vaclav Havel y otros disidentes anticomunistas del antiguo bloque del Este, y parcialmente bendecida por la Unión Europea, dio alas a no pocas tendencias internas en esos países al equiparar nazismo y comunismo. Con el paquete del anticomunismo regresa el antisemitismo y el maltrato al gitano.

En Lituania, por ejemplo, desapareció de la visión, la aniquilación del 95% de los 220.000 judíos locales, entre 1941 y 1944. Los alemanes daban las órdenes, pero la mayoría de los ejecutores del exterminio fueron voluntarios lituanos. La memoria de ese colaboracionismo criminal no existe.

Los lituanos, que sufrieron mucho a manos de los soviéticos, se han escudado en los 30.000 de ellos que fueron deportados a Siberia en 1941, y en las decenas de miles que volvieron a serlo o fueron ejecutados al concluir la guerra, para construir una conciencia nacional limpia y sin tacha, pese a que tiene 195.000 cadáveres judíos en el armario.

En el Museo Nacional de Vilnius la narración salta desde el periodo 1939-1941 hasta 1944, sin detenerse en los años claves del holocausto y el colaboracionismo. Desde junio de 2010 el código penal lituano criminaliza la puesta en cuestión del "doble genocidio".

En 2008 se estableció la prohibición de símbolos nazis y comunistas, pero un tribunal de Klaipeda sentenció en 2010 que la esvástica pertenece al "patrimonio cultural lituano".

Por la misma equiparación, en Rumanía una organización no puede denominarse "comunista" sin exponerse a ser considerada, "amenaza para la seguridad nacional".

El gobierno rumano prepara una ley que prohíbe actos públicos que "propaguen ideas totalitarias, es decir fascistas, comunistas, racistas o chovinistas".

En Chequia el Partido Comunista está amenazado de ilegalización por la misma idea. La situación en Polonia quedó ilustrada el pasado diciembre cuando el periodista polaco Kamil Majchrzak, redactor de Le Monde Diplomatique, una publicación de izquierdas, pidió, durante una conferencia pronunciada en Berlín, que no le hicieran fotos por estar amenazado por la extrema derecha en su país.

En Hungría, los miembros del ex partido comunista, muchos de ellos ahora en el partido socialista, podrán ser perseguidos judicialmente por "delitos comunistas" cometidos antes de 1989, de acuerdo a las nuevas normas introducidas por el gobierno de Viktor Orban.

Revanchismo nacional

El nuevo derecho electoral contemplado por Budapest para los húngaros residentes en el extranjero, es decir en primer lugar para las abultadas minorías húngaras existentes en Eslovaquia, Serbia y Rumania, es una invitación al revisionismo de las fronteras, a cuestionar el Tratado del Trianon, que, después de la Primera Guerra Mundial, restó a Hungría casi la tercera parte de su territorio.

Tal revisionismo es impensable, o muy difícil, en el cuadro de la Unión Europea, y por esa razón hay que vigilar las tendencias anti Unión Europea que comienzan a aflorar al calor de la crisis.

En Hungría, la degradación socio-económica ha liberado el sueño de la "Gran Hungría", explica el periodista y experto en cultura magiar, Bruno Ventavoli.

"Los valores de la democracia, del pluralismo, del diálogo o de la diversidad parecen superfluos, cuando en la vida cotidiana no hay dinero para hacer la compra o pagar facturas. Así nace la tentación de replegarse sobre si mismos, soñando con una Gran Hungría, aderezada con una sospecha de victimización por las heridas de la historia; desde las guerras contra los turcos a la invasión soviética, pasando por el tratado del Trianon", dice Ventavoli.

Bruselas y Budapest

En Bruselas no pasó gran cosa mientras el primer ministro húngaro, Viktor Orban, se limitaba a restringir la democracia con medidas y proyectos que atentan contra la libertad de prensa o la división de poderes, o a purgar la administración y los medios de comunicación de voces críticas y afirmar una constitución que recuerda a la época del Almirante Horthy.

El Partido Popular Europeo, al que pertenecen los partidos del gobierno de Sarkozy y Merkel, no se inmutó por ello.

El problema empezó de verdad cuando Orban apuntó medidas como: modificar el sistema fiscal, nacionalizar los fondos privados de pensiones, dar al parlamento derecho de veto sobre la legislación europea y, sobre todo, someter a su banco central al control directo del gobierno.

Fue entonces cuando Bruselas clamó que "los valores europeos" están en peligro en Hungría y comenzó a urdir, en compañía del FMI, el propósito de desplazar a Orban del gobierno.

La banca austriaca está muy expuesta en la economía húngara, que está al borde de la quiebra. Aunque Hungría no esté en el euro, esa conexión austriaca es vista con prevención.

Fraguando el tercer golpe

Pero realizar un tercer golpe de estado tecnocrático en Europa, después del griego y el italiano, es complicado, señala el diario "Népszabadság". "No es fácil destituir a un primer ministro desde el exterior cuando ha resultado electo y cuenta con dos tercios de los escaños del Parlamento, y aun lo es más si la oposición está fragilizada", observa.

Orban llegó al poder en 2010 como reacción al desencanto con una coalición de gobierno anterior encabezada por los socialistas.

Aquel desencanto también consagró al partido fascista Jobbik como tercera fuerza del país. En 2008 los socialistas y sus socios iniciaron duras medidas de ajuste y de desmonte del sector público bajo el dictado del FMI que Orban ha continuado.

El primer ministro tiene una sólida mayoría apoyando su proyecto retrógrado-populista, frente al escenario europeo, que responde a lo que la canciller alemana, Angela Merkel, define como una "democracia acorde con el mercado".

Los cien mil húngaros que salieron el 2 de enero a la calle en Budapest contra Orban, están aprisionados entre dos escenarios antidemocráticos, el nacional derechista de su gobierno y el europeo tecnocrático de Berlín y Bruselas, en muchas cosas redundantes, que disuelven ambos la democracia y la soberanía nacional.

"Además de querer conservar un régimen representativo y constitucional, las potencias occidentales y la Comisión Europea quieren que Hungría adopte una política económica que no sirve a los intereses del pueblo magiar", dice el filósofo Gáspár Miklós Tamás.

"Decepcionado en muchas ocasiones, el pueblo húngaro podría no ver en la "causa democrática" de Bruselas más que un mero adorno puesto como colofón a unas medidas de austeridad cada vez más pesadas, impuestas por las potencias occcidentales preocupadas por la estabilidad financiera", dice. Esa contradicción convierte en "muy frágil" la situación de la oposición húngara, concluye.

La extrema derecha puede liderar

"El gobierno debe repensar varias leyes, sobre todo las que conciernen a la independencia del Banco Central", señala el Financial Times Deutschland, una declaración en la que lo más significativo es ese "sobre todo".

Cuestionar la "independencia" bancaria, que no es más que servicio al sector privado y que en el caso del Banco Central Europeo condena a la eurozona a la miseria especulativa con los bonos de la deuda pública, es un peligroso precedente europeo de rebeldía y desafio a la nueva seudodemocracia europea "acorde con el mercado".

La paradoja es que ese precedente de rebeldía lo está sentando un gobierno populista con tendencia de extrema derecha, no un gobierno de izquierda. El mensaje no puede ser más claro: En Europa la crisis está creando agujeros negros.

El caso húngaro advierte, de la forma más clara, que la extrema derecha, con su desprecio al débil, su racismo, su xenofobia y su propensión al militarismo, está dispuesta a rellenar ese agujero con programas y propuestas perfectamente capaces de conquistar la calle y el liderazgo.

Rafael Poch, amigo y colaborador de SinPermiso, es el corresponsal en Berlín del diario barcelonés La Vanguardia.

La Vanguardia, 16 de enero de 2012

Traducción para www.sinpermiso.info: Betsabé García

1914: El fin de la Belle Epoque

 

Michel Winock · · · · ·

19/01/14


 

Bella, desde luego, no lo fue para todos. Pero esta edad de oro de la burguesía supuso un periodo de una creatividad excepcional. El gran historiador francés Michel Winock relata lo que fueron estos tiempos, cuya nostalgia no dejará de cultivar la Francia de postguerra, en una entrevista con Claude Weill para el semanario parisino Le Nouvel Observateur.    

Le Nouvel Observateur - ¿Existió la Belle Epoque? ¿O es un mito, una ilusión retrospectiva?

Michel Winock – Un mito, si se quiere, porque esta época no fue bella para todo el mundo. La protección social era débil, las desigualdades considerables, la esperanza de vida al nacer no superaba los 50 años…Buen número de índices nos sugieren que esta “bella época” fue sobre todo la de una burguesía triunfante cuya felicidad no era muy compartida por los mineros de Carmaux o los obreros del textil de Roubaix. 

¿De cuándo data la expresión misma?

Nace tras la gran matanza del 14-18. La Belle Epoque era, en primer lugar, la preguerra: los años de vida, por oposición a los años de muerte. Las viudas, los huérfanos, los mutilados, los supervivientes de la catástrofe, en resumen, todos los franceses tenían alguna razón para pensar que había un “antes” del gran drama asesino. Y luego, los años que siguen a la paz de Versalles son años difíciles, el franco se hunde y con él los ahorros, la inflación es galopante, el aparato productivo ha quedado devastado, las privaciones se imponen…Entonces sí, ¡fueron hermosos los años de la preguerra! Sin embargo, más allá de esta explicación, mecánica en suma, la expresión se justifica por los hechos, las creaciones, las invenciones, una cierta situación de las costumbres que debemos tener en cuenta: está el mito, pero también una quincena de años excepcionales. En eso es en lo que la leyenda de laBelle Epoque tiene un fondo histórico.

Sigamos por un momento en el mito: una sociedad desigual, dice usted…

Francia sigue siendo entonces un país enormemente rural. Hace falta esperar al censo de 1931 para que la población urbana supere numéricamente a la población rural. ¡Y tanto! Se llamaba ciudad a una aglomeración de más de 2.000 habitantes. La preponderancia del campesinado no debe enmascarar su naturaleza jerárquica: 150.000 propietarios poseen el 45% de la superficie agrícola. El mayor número lo constituyen los pequeños propietarios, cuya situación es a menudo mediocre y precaria, dependiendo de la coyuntura. La revuelta de los viticultores del Midi en 1907 muestra la fragilidad de las economías agrícolas. En lo más bajo de la escala, los parias: asalariados agrícolas, jornaleros, sirvientes. Paralelamente, no ha dejado de crecer el número de obreros industriales. Son cerca de 5 millones en 1914, o sea, un tercio de la población activa. Pero su concentración es todavía débil: sólo el 10% trabaja en fábricas de más de 500 asalariados. La evolución va, con todo, en el sentido de esta concentración: Renault, que daba empleo a 110 personas en 1900 cuenta con 4.400 en 1914. Como media, el salario real anda a la baja a partir de 1905, lo que explica en parte los movimientos sociales violentos a partir del año siguiente. El paro sigue siendo consubstancial a la condición obrera: paro endémico, estacional, coyuntural, ¡y sin ninguna garantía contra el mismo! Sin duda, el conjunto del mundo obrero ha salido de la miseria, pero sigue careciendo de seguridad, aunque se voten algunas leyes sociales en el curso de este periodo: la ley de descanso dominical en 1907, la ley sobre retiro obrero en 1910…¡Estamos todavía lejos del Estado del Bienestar!      

En resumen, una bonita época para los que tienen…

Lo que en efecto llama la atención de esta sociedad es el reinado no compartido de la burguesía. Compuesta aproximadamente de un millón de personas, no sólo posee las palancas de la producción económica sino que impone también su modelo de civilización, monopoliza la cultura letrada, domina los medios de comunicación –los periódicos-, fija las reglas de la condición femenina y de la vida familiar. El aspecto positivo es que constituye lo que Veblen ha llamado la “clase ociosa”. Al disponer de capital, al contrario que los campesinos y obreros, fomenta el desarrollo de los deportes, el auge del automóvil, las artes y las letras. Pero, en su totalidad, insisto, la sociedad de esta época es una sociedad vivamente en contraste, jerarquizada, desigual, nada como para estar contento como no sea echando la vista atrás a lo que la precedió: los franceses viven a buen seguro mejor bajo M. [Armand] Fallières [presidente de la República entre 1906 y 1913] que bajo Luis Felipe.     

Es también la época de los grandes inventos: los que anuncian el nuevo siglo…

Sí, ¡una profusión triunfal de creaciones! La Exposición Universal de París, en 1900, parece dar el impulso de arranque a los inventos y desarrollos técnicos. La primera línea de metro atraviesa la capital. El "hada Electricidad" está llamada a transformar la industria y la vida cotidiana. El cine, que nació en 1895, se convierte en el gran arte popular, en el que Louis Feuillade se impone a Georges Méliès. Los automóviles surcan las carreteras de Francia. Enseguida la aeronáutica apasiona a las multitudes; Blériot realiza la primera travesía del Canal de la Mancha en 1909 y Roland Garros, la del Mediterráneo en 1913. 

Y París, capital de las artes y las letras: ¿otro mito?

¡Claro está que no! París se convierte en la Ciudad-Luz, la que atrae a escritores y artistas del mundo entero: Picasso, Chagall, Stravinsky y los ballets rusos…En París es donde se libra la gran batalla entre el arte académico, que ocupa todavía las instituciones, y las vanguardias: el fauvismo, el cubismo, el futurismo…

Los cafés de Montparnasse son los cuarteles generales de artistas y escritores de todas las nacionalidades. La vida teatral es intensa. En los bulevares se aplauden la puesta en escena de [André] Antoine, las piezas de Claudel, [Jacques] Copeau crea el Vieux Colombier. Pensemos asimismo en el gran florecimiento musical que conoce Francia, con Debussy, Satie, Ravel…En el Collége de France, hay codazos por escuchar a Bergson. La literatura vive uno de sus momentos más fastuosos: fundación de la Nouvelle Revue Française, en torno a André Gide, creación del Premio Goncourt, rivalidad entre Maurice Barrès y Anatole France, resplandores de Charles Péguy y Leon Bloy, aparición de Guillaume Apollinaire, descubrimiento de Alain-Fournier y de Marcel Proust…Se puede hablar de una luz cegadora de la Belle Epoque.

En el terreno político es también una época de debates intensos. ¿La Belle Epoque supone a la vez el apogeo de la burguesía y el poderoso ascenso del socialismo?

De hecho, el movimiento socialista conoce un auge considerable. El año 1905 ha sido testigo de la creación de la SFIO [Sección Francesa de la Internacional Obrera, el socialismo francés], sobre la base de las tesis guesdistas [de Jules Guesde] que, en nombre de la lucha de clases, prohibían a un socialista participar en un gobierno burgués. Pero Jaurès, aparentemente derrotado por Guesde, no deja por ello de ser menos la gran figura de un partido socialista al que convence de la "evolución revolucionaria": conservar la revolución en la cabeza, pero aceptar y promover todas las reformas sociales, que, lejos de debilitar el dinamismo revolucionario, no pueden más que aguijonearlo.  

Sin embargo, el socialismo de partido debe contar con su rival, el sindicalismo revolucionario de la CGT, que es otra forma de socialismo, pero separada de prácticas partidistas, parlamentarias y electorales. Este sindicalismo de acción directa, cuyos principios se reafirman en el congreso de Amiens de 1906, contempla la revolución por medio de la huelga general. La separación entre partido y sindicato impide la formación de una socialdemocracia a la alemana. Jaurès no cejará en su búsqueda de una alianza entre los dos movimientos; lo logra parcialmente en la gran campaña contra la ley del servicio militar de tres años, que es también una campaña contra la guerra. En las elecciones de 1914, la SFIO consigue un centenar de diputados elegidos para la Cámara, y es una fuerza con la cual han de contar las demás formaciones de izquierda, empezando por los radicales 

Sin embargo, la pasión nacionalista está viva

Es incontestable que el nacionalismo no es una pasión extinguida a comienzos del siglo XX. Pero el nacionalismo exacerbado xenófobo y antisemita del asunto Dreyfus ha perdido mucho de su vigor. Desde luego, la Acción Francesa se mantiene en esta filiación, pero en la derecha se afirma otra forma de nacionalismo, encarnada por una nueva generación intelectual que ilustra la encuesta aparecida en 1912 bajo el pseudónimo de Agathon y titulada “Los jóvenes de hoy en día”. Dicha encuesta nada tiene de científica, pero la corroboran en parte otras encuestas del mismo género en la prensa. En ellas se expresa un nacionalismo belicista, el gusto por el deporte, por la disciplina y el mando, un retorno al catolicismo…Hay periplos individuales que completan estos testimonios, sobre todo los de los antiguos dreyfusards [Charles] Péguy y [Ernest] Psichari, vueltos a la fe cristiana y que hacen apología de la guerra.

Más que nacionalismo, Francia está henchida de patriotismo. La batalla en torno a la  ley de tres años de servicio militar no debe ocultar la de un Jaurés que predica contra sus adversarios no el antipatriotismo, como ciertos anarquistas, sino una reforma militar destinada a crear un ejército de ciudadanos, organizado en función de la defensiva. En L´Armée Nouvelle [El nuevo ejército], expone esta idea y hace apología, contra Marx, de la idea de patria, incluyendo a los proletarios. Concurren la unificación del territorio gracias a los transportes modernos, la escuela obligatoria, el servicio militar, los grandes diarios y la literatura popular para formar una consciencia nacional. Julien Benda escribirá que nunca se sintieron los franceses pertenecer a una misma nación como en 1914.   

Así pues, es el ¡Viva Déroulède y “abajo los boches”! ¿No está obsesionada la Francia de entonces con la cuestión de Alsacia-Lorena?

Es más complejo. El recuerdo de Alsacia-Lorena, desde luego, sigue estando vivo. En enero de 1913, [Gabrielle] Réjane pone en escena en su teatro una pieza mediocre de Gaston Leroux, Alsace, que obtiene un gran éxito. Los hechos de Saverne, en 1913, cuando un oficial alemán la emprende con reclutas alsacianos e insulta a la bandera francesa, suscitan una gran oleada de emoción. Y sin embargo, en un clima electrizado por las crisis franco-alemanas de 1905 (Tánger) y de 1911 (Agadir), la voluntad de una guerra de revancha contra la Alemania victoriosa de 1871 no es perceptible más que en grado muy débil. De hecho, nadie o casi nadie cree en la guerra. La muerte, a principios de 1914, de Paul Déroulède, profeta de la revancha, es como un símbolo. Cuando sucede el atentado de Sarajevo, los diarios en absoluto pronostican un conflicto armado: consagran sus portadas del mes de julio al proceso de la señora Caillaux, asesina del director de Le Figaro.  

Desde hace cuarenta años, Francia se dedica a escuchar a las sirenas de la paz: ha superado sucesivas crisis internacionales, primero con los ingleses, luego con los alemanes; ni siquiera las guerras balcánicas, en 1913, han hecho estallar Europa. Únicamente el ultimátum de Austria-Hungría a Serbia, el 23 de julio de 1914, es el que, de un solo golpe, hace sonar las alarmas. Cinco días más tarde, Austria-Hungría declara la guerra a Serbia. Se desencadena el engranaje infernal de las alianzas. La Belle Epoque se termina.

Michel Winock (1937), profesor universitario y especialista en la historia de la República Francesa, así como de los movimientos intelectuales, el nacionalismo, el fascismo y la extrema derecha, es autor, entre otras muchas obras, de Siècle des intellectuels (Seuil, Premio Médicis de ensayo, 1997), La Belle Epoque: la France de 1900 à 1914 (Perrin, 2002) y Clemenceau, (Perrin, 2007).

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

miércoles, 8 de enero de 2014

Jerusalén: un ejemplo de no-ciudad

 


Meir Margalit · · · · ·

05/01/14

Un velo de niebla envuelve las negociaciaciones de paz que se estan llevando a cabo en estos dias entre israelies y palestinos con el auspicio del secretario de estado John Kerry. Poco y nada se sabe del estado actual de las negociaciones, pero lo que esta claro, y no hace falta ser un gran estadista para percibirlo, es que aunque eventualmente llegaran a acuerdos en todos los topicos en disputa, al callejon sin salida se llegará cuando aborden el tema de la division de Jerusalem. Este será el gran obstaculo de las conversaciones, el escollo que derrumbará todo acuerdo y ello es realmente paradojico, ya que nada mas facil que dividir lo que ya esta dividido.

Jerusalén, al igual que Belfast, Nicosia, Sarajevo o Beirut, puede ser considerada una de las ciudades más conflictivas del globo. "Es posible que Jerusalén haya sido la ciudad más disputada de la historia” sostiene Rashid Khalidi,(1). Y Arthur Koestler afirma que "Ninguna otra ciudad ha sido causa de tantas oleadas de muertes, violaciones y miserias mundanas a lo largo de los siglos que la Ciudad Santa” (2). Fragmentada por barreras étnicas, religiosas, nacionales, socioeconómicas, culturales, lingüísticas, identitarias, psicológicas, por falta de denominador común de su población, por la disparidad de sus componentes, por la ausencia de acuerdos mínimos, más que ciudad, Jerusalén debería ser definida una no-ciudad.

Si el sistema llamado "ciudad", por imaginario que sea, requiere un mínimo de coherencia, lazos sociales y denominador común, Jerusalén no cumple con esos requisitos. Por el contrario, en un espacio reducido de 124 Km2, disputan tres sistemas culturales mutuamente incompatibles y enajenados- judíos laicos, judíos religiosos y árabes-, y la combinación de estas tres sustancias químicas, comprimidas en un mismo espacio territorial, conforman la formula infalible para una gran reacción explosiva.

La autoridad- cualquiera sea el gobernador de turno-, descansa en el poder pero carece de legitimidad, y no debido a la política circunstancial de tal o cual dirigente, sino por razones estructurales, ya que todo aquel que gobierne la ciudad- sea laico, ortodoxo o árabe, carecerá automáticamente e indefectiblemente de legitimidad de los otros dos tercios de sus habitantes, independientemente de lo que haga o deje de hacer. Por ello, la única forma de gobernar Jerusalén es a través del uso de fuerza y coerción; y el único modelo de gobierno posible en Jerusalén, más allá de sus desmesuradas pretensiones democráticas, será siempre totalitario, autoritario y policíaco: no puede ser de otra manera. En un marco de esta indole, la relacion entre comunidades esta regida por procedimientos, sanciones, burocracia meticulosa, reglas destinadas a doblegar, a imponer, a satisfacer aspiraciones nacionales mas que necesidades humanas. En otras palabras: satisfacer luchas de poder. Una estructura de esta índole es destructiva, desgastante, nada bueno puede resultar de un modus vivendi tan agobiante. Una sociedad de esta índole, en la cual son tantos los residentes insatisfechos, no puede perdurar a lo largo del tiempo, y si pudiera ¡no se lo merece!

En esta "no-ciudad" funcionan dos comunidades antagónicas e incompatibles: la israelí y la palestina. Ni siquiera comparten un espacio urbano común, ya que murallas invisibles dividen la ciudad en barrios israelies y barrios árabes, y casi no se encontraran espacios comunes a los dos pueblos: la ciudad es un laboratorio de segregación socio-espacial urbana. Desde el sistema educativo, en el cual árabes y judíos estudian en escuelas diferentes, en idomas distintos y de acuerdo a un curriculum escolar diferente, hasta el sistema económico en el cual pesar de usar la misma moneda, se han generado dos economías diferentes y desconectadas, ambos pueblos viven en su propio planeta y giran por orbitas paralelas. Hay roce, pero no contacto, ni vinculación, ni interacción. La enajenación invade cada recodo y deja sus huellas en el cuerpo, lo que a dado lugar a "prácticas de evitamiento", y de "denegación social" destinadas a esquivar la presencia perturbadora del Otro, las cuales acrecentan recelos y refuerzan estereotipos (3).

Por cierto, intereses circunstanciales (generalmente de orden económico) podrían preservar el status-quo durante un periodo determinado, y también es cierto que los palestinos han demostrado a lo largo del tiempo una admirable capacidad de adaptación, pero a la larga, dicho modelo esta condenado a colapsar, por estar minado por un sinfín de conflictos, evidentes o disimulados, imposibles de aplacar, que se retroalimentan cotidianamente y convierten a Jerusalén en un polvorín, o tal vez un volcán, a punto de estallar en cualquier momento.

La discriminación estatal es independiente de las intenciones del funcionario estatal. Posee vida propia. No esta supeditada a lo que haga/no haga, - pretenda/no pretenda el funcionario de turno. Puede ser que la actitud del funcionario municipal mantenga una apariencia correcta, pero implícita o explícitamente, esta supeditada a una política de exclusión, inherente al sistema por el solo hecho que los palestinos no tienen acceso a los círculos de toma de decisiones y estan fuera de lo que podríamos denominar, parafraseando a Foucault, "los circuitos reservados del poder". El mensaje que el gobierno transmite a los palestinos jerosolimitanos es que pueden aspirar a todo lo que deseen, salvo a ¡ejercer poder! Este aparato de control es sumamente sofisticado y pasa por canales finos, invisibles. Esta diseminado por un sinfín de agentes de poder, "micropoderes", que operan y articulan desde el seno mismo de la sociedad, a través de mecanismos panópticos, procedimientos tecnológicos combinados con seguimientos personales de antigua estirpe, dispersados por todas las esferas sociales y espacios públicos.

Precisamente esta es la razón por la cual Jerusalén representa una experiencia única, un laboratorio de relaciones humanas y políticas para sociólogos, politólogos, planificadores urbanos, geógrafos y un desafío en el área internacional de resolución de conflictos. Para afrontar este desafio hace falta mucha creatividad y en eso estamos abocados en estos precisos momentos, y hago un llamado a los lectores de SINPERMISO, a aportar modelos de gobernalidad viables e ideas constructivas de como salir de este pantano.

Notas:

(1) Rashid Khalidi, prefacio en : Asali K.J. editor, Jerusalem in History, NY, 2000

(2) Arthur Koestler, Citado por Bernard Wasserstein, en el prologo a Divided Jerusalem, Yale University, 2001.

(3) Practicas de evitamiento, o denegación, son términos acuñados por Adrian Scribano y Emilio Sevezo Zanin, en: La Cabeza contra el Muro, Geopolítica de la Seguridad y Practicas Policiales, Revista de Ciencias Sociales, Vol 25- no,30, julio 2012, Universidad de la Republica, Uruguay.

Meir Margalit, cofundador del ICAHD, ha sido concejal del Ayuntamiento de Jerusalén y es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.