lunes, 24 de marzo de 2014

Negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Dilemas paralelos

 

Ayatolá Khamenei

Immanuel Wallerstein

La Jornada

Durante más o menos el último mes ha habido negociaciones formales entre Estados Unidos e Irán sobre cuestiones nucleares. De hecho, las negociaciones han venido ocurriendo de manera no oficial y en secreto por más de seis meses. Técnicamente, el grupo que negocia con Irán es el llamado P5+1 (los cinco miembros del Consejo Permanente de Seguridad de la ONU más Alemania). Pero el P5+1 es, en gran medida, una cobertura para el negociador clave: Estados Unidos.

La postura pública en cada lado es idéntica. Cada uno tiene un objetivo primordial, pero sus propósitos son diferentes. Cada uno dice que tiene aspectos de principio sobre los que no transigirán. Sin embargo, cada uno parece estar guiado por lo que el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Khamenei, ha llamadoindulgencia heroica.

Hay más paralelos. El presidente estadunidense Barack Obama y su homólogo de Irán Hassan Rouhani parecen querer un arreglo que evite un conflicto armado. Esto es porque cada uno considera que el conflicto armado traería consecuencias muy negativas para ambos países y para sí mismos en lo personal.

En el caso de Obama, originalmente él ganó la elección con una plataforma que llamaba a poner fin a la guerra en Irak. No quiere que su legado se defina como el de un presidente que involucró a Estados Unidos en una importante tercera guerra en el Medio Oriente en el siglo XXI. Muy aparte de su legado histórico, considera que una guerra arruinaría cualquier posibilidad de lograr que se apruebe la legislación interna que busca con urgencia. También teme que una guerra incremente la probabilidad de que los demócratas pierdan las elecciones presidenciales de 2016.

                                  Obama

En el caso de Rouhani, él fue electo con el consentimiento tácito del ayatolá Khamenei y el respaldo activo de gran parte de las siempre crecientes clases medias, pues ambos vieron en él al único líder iraní que podría negociar exitosamente con Estados Unidos. De fallar en su intento podría ser depuesto como presidente, y en cualquier caso su agenda política interna probablemente perdería toda posibilidad de culminarse. Por supuesto que una guerra tendría más inmediatas consecuencias destructivas para Irán que para Estados Unidos, pero en el plazo más largo el daño sería también enorme para Estados Unidos.

El problema básico es que el objetivo primordial de ambos países está definido en modos casi contradictorios. Estados Unidos afirma que quiere seguridades de que Irán no desarrollará, ni podrá desarrollar, armas nucleares. Irán dice que no tiene la intención de desarrollarlas, pero insiste en que tiene el derecho, que posee cualquier otro país del mundo, de desarrollar una mayor capacidad de energía atómica para usos pacíficos. Supuestamente los negociadores buscan una formula mágica que pueda servir de puente para atravesar la brecha entre estas dos definiciones de la situación. Cada uno necesita ser capaz de presentar el texto final como victoria para sus objetivos. Esto parece difícil en extremo, aun si ambos lados negocian de buena fe. Más aún: ¿qué es la buena fe? Existen grupos y personas en ambos países que no consideran que el otro lado esté negociando de buena fe o que tenga intención alguna de un arreglo de compromiso. Hay aun personas o grupos que no consideran que sea deseable arreglo alguno.

Así que Obama y Rouhani están bajo constante presión para no hacer concesiones significativas. Y tanto Obama como Rouhani parecen haber probado, de tiempo en tiempo, que no se someten en asuntos de principio. Los críticos internos siguen diciendo que el otro país está haciendo tiempo mientra prosigue en secreto con sus verdaderos objetivos inconfesados.

Las negociaciones no pueden proseguir por demasiado tiempo sin que haya consecuencias políticas negativas para ambos líderes. Uno solamente puede preguntarse qué tanto es demasiado tiempo, pero pienso que de aquí a un año es lo más que tenemos para alcanzar algún acuerdo. En ese lapso no parece muy probable que vaya a ocurrir un acuerdo. Por tanto, la pregunta es: ¿qué pasará entonces?

Hay, en realidad, sólo dos escenarios alternativos: el desdichado es que en ambas naciones el control político caiga en manos de personas que prosigan sus objetivos lo más militantemente posible, amenazando al otro país con algún tipo de acción armada. Una vez que comencemos a andar por ese sendero no sería demasiado difícil para alguna persona o grupo, de forma deliberada o no, lanzar el conflicto. Comenzaría entonces la importante tercera guerra en Medio Oriente del siglo XXI y, probablemente, sería de lo más dañina en sus resultados para los dos países. Lo que es peor, sin duda se esparciría por toda la región.

Hay otro escenario menos desastroso. Éste es que no pase mucho. Las negociaciones pueden detenerse por un tiempo y los actuales proponentes de las negociaciones pueden caer en desgracia y ser reemplazados por dirigentes más militantes. Sin embargo, la opinión pública en ambas naciones bien podría empujar a sus líderes a ser precavidos. Y los militares de ambos lados podrían advertirle al liderazgo civil que una acción armada es demasiado riesgosa.

El segundo escenario es, por supuesto, mejor que el primero. Pero no resuelve nada. La situación se pudre. Ningún país puede avanzar seriamente para mejorar las condiciones en su nación. Y el segundo escenario siempre es un tanto azaroso, pues puede volverse el primer escenario después de un tiempo.

Ergo, ¿qué? Las negociaciones actuales son nuestra mejor posibilidad, de hecho nuestra única posibilidad, de lograr un resultado que sea algo positivo.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/03/22/index.php?section=opinion&article=022a1mun

Traducción: Ramón Vera Herrera

Feruli Etiquetas de : , ,

viernes, 21 de marzo de 2014

LA UE SIN POLTICA NI EXTERIOR NI INTERIOR


Ucrania y unión bancaria: Europa sigue brillando por su ausencia

Carlos Elordi

Los líderes de UE darán una respuesta conjunta a la anexión de Crimea a Rusia
Merkel, a su llegada a la reunión del PPE previa a la cumbre de Bruselas.


Los últimos acontecimientos que se han producido en el territorio político de la UE no están precisamente animando a creer en la trascendencia de las próximas elecciones europeas. La incapacidad de los 28 para acordar una respuesta que esté a la altura de las iniciativas que Vladímir Putin ha adoptado en Ucrania no sólo ha confirmado patéticamente que la UE carece de algo parecido a una política exterior, sino también las enormes limitaciones que los dirigentes europeos tienen a la hora de actuar un palmo más allá de la frontera de sus estrictos intereses nacionales. Y los cicateros acuerdos adoptados en materia de unión bancaria han mostrado que, más allá de concesiones muy restringidas, los países ricos de la UE, con Alemania a la cabeza, siguen sin estar dispuestos a poner el dinero necesario para solventar los problemas de los más endeudados.
Hasta los analistas menos osados coinciden en que la UE ha actuado mal desde el inicio de la actual crisis ucrania. Que propició lo que iba a ser el elemento desencadenante de la misma –el acuerdo de asociación de Ucrania a la UE, que sacaba al país de la esfera de influencia de Rusia– sin poner un solo euro para hacerlo viable. Que cuando el poder entonces dominante en Kiev rechazó dicho acuerdo, provocando una protesta popular que no dejaría de crecer, algunas cancillerías europeas y, particularmente, sus servicios secretos, se dedicaron, en secreto, a apoyar dicha protesta sin tener un plan para hacer frente a las consecuencias que un eventual éxito de la misma podría provocar y, más en concreto, la inevitable respuesta por parte de Moscú.
Los acontecimientos se fueron precipitando –el Maidán ganó la partida al presidente Yanukovich, le depuso sin mayores miramientos constitucionales, se declaró fervientemente antirruso y finalmente Putin ocupó Crimea– sin que a Bruselas se le ocurriera convocar una cumbre para acordar una posición en torno a la peor crisis que el continente ha vivido desde la desintegración de Yugoslavia y que, si los peores escenarios futuros se verificaran, sería bastante más grave que aquella, porque, puestos a lo peor, podría llevar a soluciones militares de amplio espectro. O, cuando menos, a que se plantearan sobre el papel.
Tan necesaria cumbre sólo se ha producido esta semana. Cuando los hechos, al menos en la fase actual, ya se habían consumado. Dos días después de que Vladímir Putin anunciara la integración de Crimea en la Federación Rusa, los líderes de los 28, reunidos en Bruselas, se limitaban a proclamar que eso estaba muy mal, que no podía ser, y a adoptar unas sanciones mínimas en cuya eficacia no podía confiar nadie. Nunca la UE ha demostrado tener tanta cortedad de miras. Tal y como están las cosas, Putin –que él sí que tiene objetivos claros en política exterior, que él sí que sabe que ésta es un ingrediente primordial de cualquier política de Estado– tiene las manos sustancialmente libres para decidir autónomamente. Y si a partir de ahora actúa con prudencia, que eso es lo que parece que va a ocurrir, será porque así lo considere oportuno, de acuerdo con sus propios cálculos e intereses, no porque se lo impongan desde fuera.
La actitud timorata de Europa no se debe tanto al miedo a las eventuales represalias energéticas por parte de Rusia. Distintos informes europeos coinciden que un corte del suministro de gas tendría consecuencias mucho menores de las que pudo tener hace una década y se podían asumir. A lo que Europa tiene miedo es a un enfrentamiento con cualquier potencia que se atreva a cuestionar su supuesta hegemonía en el hinterland que considera propio.
La soberbia complaciente de la clase dirigente europea le ha impedido comprender que la Rusia que se creía sojuzgada para siempre tras el desastroso final del sistema soviético ha resurgido de sus cenizas y quiere contar con voz propia en la escena internacional. Los grandes de la UE no lo tenían previsto. Creían que las inversiones, el comercio y los chantajes financieros bastaban para tener controlado a Moscú. Y ahora no sólo no saben qué hacer, sino que carecen de instrumentos para afrontar lo que se les ha venido encima. La inexistencia de una verdadera unión política europea, con su correspondiente política exterior, aparece como un problema insuperable y paralizante.
Respecto del otro asunto, el Gobierno de Mariano Rajoy se ha quedado solo a la hora de cantar las excelencias del reciente acuerdo en materia de unión bancaria. Las demás opiniones coinciden en que el texto se ha quedado muy corto respecto a las necesidades reales, en que Alemania no ha cedido en su férrea posición de no implicarse demasiado en la solución de los problemas bancarios del resto de países de la eurozona, al tiempo que ha dejado fuera del ámbito de aplicación del acuerdo a buena parte del sector financiero germano. Y, lo que es más inquietante, que si se produce una nueva crisis bancaria, los recursos que se dispondrán para afrontarla sólo serán algo más sólidos y estarán algo más perfilados que los que había en la anterior. Por tanto, nada sustancial ha cambiado.
Por el contrario, se nos repite hasta la saciedad que lo que sí han cambiado, a mejor y mucho, son las atribuciones de los parlamentarios europeos a la hora de influir en las decisiones políticas de la UE. Pero, vistas más de cerca, esas nuevas atribuciones, siendo bienvenidas, tampoco son para tanto. Y, además, todavía está por ver qué incidencia tendrán en la práctica, a medida que vayan rodando y generen anticuerpos con los que los poderes comunitarios reales tiendan a anularlas. Lo que, hoy por hoy, sí que parece seguro es que el Parlamento europeo, aun dotado de esas nuevas atribuciones, no podría haber evitado, en lo sustancial, que la política de la UE se orientara de forma distinta a lo que hasta ahora lo ha hecho en la crisis ucrania ni en materia de unión bancaria

Fuente: Público.es

lunes, 17 de marzo de 2014

Desmantelar el Estado Británico. Por la independencia de Escocia. Entrevista

 

 

EDIMBURGO, CAPITALDE ESCOCIA

 

 

Tariq Alí · · · · ·

Entrevista exclusiva a Tariq Ali sobre la independencia de Escocia para Bella Caledoniarealizada por James Foley previa a su doble conferencia esta semana en Edimburgo y Glasgow.

JF:  Los políticos laboristas escoceses afirman hablar en pro del internacionalismo, y a menudo acusan a los partidarios de la independencia de provincianismo y de nacionalismo mezquino. Como internacionalista que vive en Londres, ¿por qué apoya la independencia?

TA: Porque no acepto cuando los New Labour o sus coaliciones semejantes proclaman que ellos son los internacionalistas. Su internacionalismo, en esencia, significa subordinar el Estado británico por completo a los intereses de los EE.UU. Ellos han hecho de Inglaterra un Estado vasallo: en Irak, en Afganistán, en muchas otras cosas. Tampoco es que se trate de un gran secreto.

De ahí, retaría sin dudarlo cualquier idea que diga que los gobiernos en el sí del Estado británico han sido internacionalistas. No lo han sido, y ya llevan mucho tiempo así. Eso es algo que hay que sacárselo de la cabeza.

En segundo lugar: una Escocia independiente, un Estado pequeño, alberga muchas más posibilidades de un internacionalismo real y genuino. Eso significa establecer vínculos directos con muchos países y gentes en el mundo. Los noruegos, por ejemplo, tanto en sus medios de comunicación como en su cultura, están compenetrados con países de todo el mundo. Estaba en Noruega, la semana pasada, en una convención en el Medio Este, presidida por una diplomática noruega. Ella dijo que justo acababa de regresar de pasar dos años en la ciudad palestina de Ramallah, y lo sabía todo sobre el asunto. Así pues, el hecho de que vayas a ser pequeño no significa que vayas a ser provinciano. Por el contrario, puede suponer incluso todo lo contrario.

JF: Muchos políticos laboristas también tildarán al Partido Nacionalista Escocés de populistas neoliberales, como anti-clase trabajadora, y demás. ¿Cómo ve el nacionalismo escocés?

TA: El partido nacionalista escocés se ha transformado. Cuando se creó, era un partido conservador con “c” minúscula, y un poco arcaico. Pero eso cambió con el grupo del 79. Aunque muchos de sus miembros fueron al principio expulsados, incluyendo a Alex Salmond, ahora están en el gobierno. Además, el Partido Nacionalista Escocés ha estado reclutando mucha gente, incluyendo a partidarios laboristas y a los primeros miembros de grupos de extrema izquierda. Personalmente, no estoy de acuerdo con su programa social y económico, creo que es demasiado débil. En otros aspectos, también guardo ciertos recelos.

Sin embargo, creo que definitivamente apoyaría el voto al “sí”, simplemente por la razón de que la gente de Escocia tiene el derecho democrático a la autodeterminación de su propio futuro. Esta es la primera vez que se les pide de hecho votar sobre esta cuestión. La Unión que se desarrolló a través del oportunismo, la corrupción y el soborno en 1707 no fue el resultado de un voto democrático, como todos sabemos. Esa es la razón por la que tuvieron que luchar en la batalla de Culloden. Ese fue un episodio decisivo de la historia escocesa, porque esa derrota en Culloden impuso la Unión tal y como la conocemos, algo totalmente controlado por Inglaterra.

El Partido Nacionalista Escocés ahora intenta romper con esa tradición, así, de manera efectiva, pide a la gente de Escocia que declaren la independencia que una vez tuvieron. Y creo que sería mucho mejor para Escocia, y creo que también lo sería para Inglaterra. El New Labour está totalmente corrupto, desde mi punto de vista, en todos sus frentes social, político y económico. El New Labour es el nuevo Tartan Tories.

Esto no significa que no deba discutirse con el Partido Nacionalista Escocés, que no deba debatirse, y estoy convencido de que la gente de sus filas lo harán. Y la alianza por la Independencia Radical juega un papel principal en todo esto. He sido invitado a participar en un meeting a favor del “Sí” organizado por el Partido Nacionalista Escocés en Kirkcaldy este junio, cosa que voy a hacer.

Estoy totalmente a favor de la independencia de Escocia, y siempre lo he estado, a pesar de los desencuentros con el Partidos Nacionalista Escocés. La idea de que uno no puede estar en desacuerdo con el Partido Nacionalista Escocés y apoyar la independencia es absurda.

JF: ¿Podría hablarnos un poco sobre las potenciales implicaciones globales de una ruptura con Inglaterra?

TA: Creo que, en concreto, sería muy positivo para Inglaterra, la cual siempre ha sido el factor dominante de la Union. Abrirá un nuevo espacio político. Puede que al comienzo no beneficie a los progresistas, pero al menos permitirá discutir sobre política sin las cargas del pasado. Eso es lo primero: será bueno para la democracia inglesa, ya que se encuentra en un estado bastante triste.

Lo segundo es que incluso ayudará a los unionistas más fanáticos de Inglaterra a comprender que el juego ha terminado, y que tienen que, de alguna manera, abandonar las pretensiones imperialistas. Esas pretensiones persisten a pesar de ser una gran tontería en el sistema, y solo lideran por cortesía de los EE.UU. ¿Y quién sabe? Tal vez abrá un espacio para la independencia británica otra vez. Quiero decir una independencia británica real, algo que no ocurre desde 1956.

Ya veremos lo que pasa, pero dudo mucho de que los efectos sean negativos. También creo que una Escocia independiente, que juegue un rol independiente en la política mundial y en Europa, tendrá su impacto en Inglaterra.

Otra cosa que vale la pena decir es que esto solo puede hacerse con el consentimiento de los escoceses. Nadie puede forzarlo. Así pues no puede haber ninguna discusión sobre coacciones. Si acaso, solo la campaña del miedo y la intimidación que Londres ha estado blandiendo y que es absolutamente patética, y espero que los escoceses lucharán en contra de eso.

Recuerdo cuando Tony Blair vino en su última gira por Escocia, y dijo: “si votáis por la independencia, todas las familias perderán 5.000 libras al año. ¿Quién se inventó esa cifra? Algún burócrata en Whitehall que quería algo para asustar a los escoceses. Luego leí, hace tan solo unos pocos días, que Danny Alexander está repitiendo esas mismas cifras absurdas. Hacen esto porque quieren asustar a la gente, diciendo que sus estándares de vida bajarán. Pero no hay razón por la que tengan que bajar si la economía se maneja de forma adecuada.

JF: ¿Cree que las élites británicas están preocupadas por la perspectiva de la independencia?

TA: Algunas secciones tal vez lo estén, porque lo ven como una bofetada en las pretensiones británicas. Pero creo que bien puede existir una sección de la élite que puede que diga “vale, nos ahorrará dinero, parará los subsidios, etc. y Escocia no produce demasiada riqueza de todas formas. Esta es la sección de la élite que cree que la única manera de salir adelante es efectivamente vender la economía británica y las ciudades del sur a los ricos, a oligarcas de varias nacionalidades: Ucrania, Rusia, Arabia, etc., los cuales dominan extensas partes de los mercados financieros de Londres a día de hoy. A esa sección de la élite, que considera que ese es el futuro, no les importará para nada, a pesar de lo que le digan a la gente.

JF: ¿Cree que los unionistas se están echando un farol sobre la cuestión de la unión de la moneda?

TA: Creo que están marcándose un gran farol. Sin embargo, creo que Alex Salmond enseñará sus cartas: “Si vais a comportaros de una manera tan mezquina y ruin, entonces, Escocia no tendrá más opción que crear su propia moneda. De hecho, la moneda escocesa ya es diferente de la inglesa. Escocia imprime esa moneda. E imprimiremos nuestra propia moneda, y si nos quitáis la influencia, buscaremos otros caminos”. Creo que Salmond debe actuar con mucha cautela en este asunto, y mostrar sus cartas. No debería tener miedo.

JF: ¿Puedo preguntarle algo más sobre el elemento histórico en todo esto? ¿Por qué cree que la contrarrevolución neoliberal tuvo tanto éxito en Inglaterra?

TA: Bueno. No llegaría a decir que ha sido un éxito. O bien, si ha tenido éxito, es gracias en gran medida a que los sindicatos y el partido laborista no asumieron ninguna lucha o enfrentamiento contra ello. Si mira a Suramérica, incluso a pequeños países de ese continente que se han enfrentado al neoliberalismo y que se han separado de ello en varios niveles, lo han hecho gracias a enormes movimientos sociales. Desgraciadamente, el movimiento sindical británico se vio tan derrotado tras la huelga minera que, simplemente, abandonaron. No se enfrentaron, no lucharon, y una vez el partido laborista se había efectivamente asesinado a sí mismo al convertirse en el New Labour, entonces Tony Blair se convirtió en el núcleo duro del liderazgo Thatcherista. Y continuó en la misma vieja senda Thatcherista.

Así pues, en términos de ofrecer alguna alternativa a esa gente, los New Labour y los conservadores colaboraron al decir que no había ninguna alternativa. Y no es que la gente lo apoye, especialmente tras el crack de Wall Street en el 2008. Lo que ocurre, en efecto, es que no se han presentado alternativas.

Si Escocia consigue la independencia, y sus líderes tienen las agallas, podría romper con el neoliberalismo. En Inglaterra, no había ninguna fuerza desde abajo para enfrentársele. La gente se sintió derrotada, se sintió desmoralizada, y sintieron que aquellos en los que habían confiado durante mucho tiempo, les habían traicionado. Así, la manera en que la gente se enfrenta a ello es desde la derecha. El apoyo en auge del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), en concreto, es una forma de oponerse a los juegos llevados a cabo por la élite. Es una tontería, porque Farage y compañía no están ofreciendo nada. Pero esa es la escala de la desesperación. Y no existe nada en la izquierda para enfrentarse a eso. En otras partes de Europa, existen enfrentamientos desde la izquierda. Pero no en Inglaterra. No diría que la gente los esté aceptando, diría que no se les ha mostrado ninguna alternativa por parte de ningún grupo o personas.

JF: Esta semana usted va a hablar sobre “desmantelar” el Estado británico. Algunas personas preguntan qué es lo que quiere decir con eso.

TA: Quiero decir que el Estado británico, creado por la Unión en el siglo XVIII, nunca ha sido efectivamente puesto en la encrucijada. El único escrito de la constitución británica es el Tratado de la Unión de 1707. Ahora, aquello por lo que los escoceses van a votar –si, como espero, dicen “sí”- supondrá desmantelar el Estado británico tal como es ahora, y punto. Cómo va a continuar después es algo que habrá que ver. Pero, ciertamente, con Escocia separándose, el Estado británico se desmantela.

JF: Muchos socialistas negarían que hay algo especialmente tóxico sobre el Estado británico, y dirían que todos los estados capitalistas son malos. Por supuesto, sabemos que rivales como Francia, Alemania e Italia también tienen sus problemas. ¿Cree que el Estado británico tiene alguna característica distinta? ¿Significa eso que tenemos que enfrentarlo de una manera diferente?

TA: Por un lado, puede decirse que la economía capitalista de esos Estados es más o menos la misma. Pero esos Estados tienen sus peculiaridades. En el caso de Inglaterra, como ha señalado mi viejo amigo Tom Nairn, esas peculiariades viven en el ámbito de la sátira. La preservación de una corona, mantenida a través del internacionalismo monárquico de la Casa de Hannover, que encontró dirigentes para Inglaterra cuando se le acabaron los naturales. Crear y mantener esta monarquía es una farsa. La Cámara de los Lores es también absolutamente antidemocrática. Todo junto da al Estado británico un carácter arcaico. El hecho de que el absurdo culebrón de Downton Abbey es increíblemente popular es una señal de lo que significa. Todo esto ha conllevado en Inglaterra a la deferencia hacia el dirigente, un quitarse el sombrero y todo eso, lo que se transfiere a Escocia de la misma manera, en el sentido en que la misma familia Real tiene una casa en Balmoral cuando se trata de hablar de Escocia y demás.

Esto ha obstaculizado la modernización de Inglaterra. El Estado británico tiene sus características. Y creo que es algo con lo que hay que romper. Pero ha sido imposible romper de otra manera, así que la independencia escocesa sería un buen comienzo. Por cierto, cuando los noruegos decidieron separarse de Suecia en 1905, lo hicieron por razones muy similares: querían su propio país y estaban hartos de estar dominados por Estocolmo. Y pasó de forma relativamente amistosa. Así pues, estas cosas pueden suceder.

Ciertamente, puede argumentarse que desde que el capitalismo domina en todas partes, entonces, no debería hacerse nada. Pero eso sería una marcha atrás hacia la pasividad total y el fatalismo.

JF: Gran Bretaña perdió su imperio ya hace generaciones, pero ¿es Inglaterra todavía imperialista?

TA: Bueno, se trata de un subimperialismo, contraído con el único imperio existente hoy en día, los EE.UU de América. Sin embargo, otros países todavía albergan pretensiones imperialistas. Algunos tratan de revivir su pasado, como Putin está haciendo en Ucrania. Otros lo fingen, y de hecho cargan con más de lo que pueden, porque están atados al renombre de un imperio existente. Si se mira a los grandes imperios que una vez fueron, los japoneses, los alemanes, los franceses, los británicos, ¿dónde están ahora? Ahora están atados a los EE.UU de América. No pueden hacer absolutamente nada sin el permiso de Washington. Los EE.UU son, hoy por hoy, el único imperio.

JF: Ha mencionado el pobre estado en que se encuentra la democracia inglesa. ¿Le preocupa el auge de las políticas de derecha populistas en Inglaterra? ¿Por qué cree que están teniendo tanto éxito ahora en Inglaterra?

TA: Bien, tienen éxito porque no hay nada más. Efectivamente, las dos cuestiones sobre las que versan las campañas del UKIP son la Unión Europea y la inmigración. Están vinculados, porque la inmigración que atacan, en gran medida, es la que proviene de la Unión Europea. Desgraciadamente, estas son demandas populares en toda Europa en este momento debido a la crisis económica.

Además, en mi opinión, la izquierda ha sido muy débil al no adelantarse con fuertes críticas a la Unión Europea y en cómo está funcionando, porque tienen miedo de ser considerados antieuropeos. Pero no es antieuropeo decir que la Unión Europea está totalmente corrupta, es burocrática, antidemocrática, dirigida por las élites y que es, efectivamente, una unión de banqueros. Eso es un hecho. Pero la izquierda no ha estado haciendo campaña con todo ello, excepto en Francia, por cierto.

Así se tiene una situación en la que un partido emerge de las entrañas del viejo Tory Party, y aparece con todas estas cosas; y los grupos fascistas que empiezan a hacer su entrada se han convertido en una fuerza política cuyo principal propósito es presionar a los Conservadores y separarles de Europa. Ciertamente, han tenido éxito a la hora de empujar a todos los partidos en Westminster hacia la derecha en materia de inmigración. De ahí que estén en auge.

Sin embargo, creo que hay un problema más profundo, argumentado por Peter Mair, un buen politólogo, en su libro póstumo, Ruling the Void. Argumenta, correctamente en mi opinión, que lo que tenemos ahora en el mundo capitalista avanzado se trata de una situación en la que la clase política no representa las necesidades o los puntos de vista de la población. Esto conlleva una creciente alienación de la política como tal. En consecuencia, el déficit democrático en Inglaterra es muy fuerte. Es enorme. Y esta es también una de las razones por la que los escoceses deberían agarrar esta oportunidad y huir de la cárcel en la que Inglaterra se ha convertido, desarrollar sus propias políticas y discutir abiertamente la manera de salir adelante. No deberían aspirar a una versión menor del neoliberalismo inglés.

JF: Mucha gente está preocupada por las implicaciones, si Escocia se va, con el futuro de los gobiernos del centroizquierda laborista en la Inglaterra restante. En el contexto del UKIP, del creciente populismo, de las revisiones de Collins y demás ¿cuál es el futuro de la socialdemocracia en Inglaterra?

TA: He expresado abiertamente mi opinión sobre este punto desde la aparición del New Labour. Se acepta de forma generalizada que no existe ninguna diferencia fundamental entre el centroizquierda y el centroderecha en la política británica; tampoco en la francesa o en la alemana.

Efectivamente, lo que tenemos es un extremocentro. “Extremo” porque respalda guerras y ocupaciones. “Extremo” porque declara guerras sobre su propia gente, intenta culpabilizar a las víctimas por los crímenes cometidos por las élites. “Extremo” porque se prepara para desmantelar derechos democráticos fundamentales con el fin de prevenir disenciones en las discusiones sobre el estado secreto.

Este extremocentro cerca tanto a la centroizquierda como a la centroderecha. Hacen algún ruido cuando se encuentran en la oposición, pero a lo largo y a lo ancho, cuando están en el poder, hacen lo mismo. Hasta este día, el banco de la primera fila de los New Labour no ha sido capaz de decir que se separarán de las políticas fundamentales de la coalición en materia de economía. No pueden decirlo, porque ellos son sus políticas. No son diferentes.

De ahí que toda esa charla sobre la debilitación de las fuerzas de izquierda en lo que quedará del Reino Unido es una cortina de humo. ¿Una cortina para qué? para nada. No mantiene ninguna relación con la realidad. Los sindicatos son débiles, la última huelga general se convocó en 1926, así pues la noción de que uno está de alguna manera traicionando la unidad de la clase trabajadora escocesa e inglesa no tiene ningún sentido. En cualquier caso, esa unidad puede ejercerse desde detrás de fronteras independientes. Los socialistas siempre solían defender la unidad de una clase trabajadora internacional, hasta que la primera guerra mundial mostró la fuerza del nacionalismo del tipo retrógrado, que también aunó a los trabajadores.

Así que ninguna de estas ideas son serias, en mi opinión. El núcleo duro unionista tienen un fuerte argumento al decir que Dios, iglesia y monarquía son los factores que unen la Unión, y que así ha sido desde 1707, y que no deberíamos romper con ellos, y que los escoceses que quieran hacerlo serán castigados. Eso es al menos una perspectiva consistente, pero completamente anacrónica.

JF: Algunas personas también argumentan que Escocia e Inglaterra se ahogarán tras la independencia. También hablan de impuestos corporativos y demás. ¿Cree que las cosas realmente mejorarán si Escocia consigue la independencia?

TA: Bueno, creo que se han sentado las bases para que las cosas mejoren. Si mejoran o no depende de dos hechos, de si los líderes del Partido Nacionalista Escocés están preparados para ir más allá en términos de crear una socialdemocracia escocesa o no. Espero por Dios que lo estén. En segundo lugar, y más importante, depende de si en una Escocia independiente habrá el deseo de la gente de participar de manera más activa en la política a todos los niveles. No solo a través de las instituciones ya existentes, sino a través de la creación de instituciones que supervisen y observen la nueva democracia escocesa. Necesitan participar en ello, y hablar alto y claro cuando las cosas no vayan bien. En un país más pequeño, es mucho más fácil hacerlo. Creo que, seguramente, ese será el efecto. La izquierda en Escocia debe interpretar su papel.

JF: ¿Qué opina del modelo nórdico y de otras variantes del capitalismo? ¿Puede Escocia basarse en esas ideas?

TA: Bueno, hablamos sobre un período en el que el sistema capitalista ha triunfado, y las ideas sobre el socialismo han sufrido una enorme derrota global. Estamos viviendo en un extraño período de transición, el cual bien puede durar hasta el final de siglo. No deberíamos excluir esa posibilidad. Así pues, uno tiene que trabajar con lo que existe, y ver cómo el capital en sus peores aspectos puede regularse, cómo un Estado puede regularse de manera que trabaje en beneficio de la gente trabajadora…quiero decir, este era el propósito de Labour en 1945, y ese programa era bueno, por cierto. Realmente cambió las condiciones de vida de la gente, e incluso hoy, yo no vivo en Escocia, pero la gente me dice que el sistema educativo en Escocia es mejor, desde ese punto de vista, que el sistema educativo inglés. Aquí es donde una Escocia independiente podría marcar la diferencia. Si maneja bien su economía, su petróleo, la lección que hay que aprender es la noruega, los cuales invirtieron la riqueza de su petróleo de manera muy sabia. Como resultado, goza de un estado de bienestar socialdemocrático que es la envidia de prácticamente todo el mundo. Cuando estaba allí, mi amigo noruego me dijo: “No te veré hasta octubre, porque me voy seis meses” y yo le dije “¡seis meses!, ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?” y me contestó: “mi mujer va a tener un hijo, y según la ley noruega, se permite a ambos compañeros una baja de seis meses.” Estaba sorprendido, porque sabía que había algo así, pero no conocía los detalles.

Así pues, la gente siente, de alguna manera, que ellos viven mejor bajo gobiernos socialdemócratas, o bajo consensos que aceptan que ciertas reformas no tienen precio.

Y son los programas de privatización de la élite británica las que han hundido el país.Ahora, se venden el servicio sanitario. El New Labour debería recordarlo. Había un artículo del anterior secretario de sanidad, Alan Milburn, en el Financial Times la semana pasada discutiendo sobre el caso de la sanidad privada, con la pretensión de que se trata de una manera de salvaguardar la Seguridad Social. Esto es lo que ha generado el enfado en Inglaterra y Escocia. Son los New Labour los que han hecho esto. Y uno tiene que decididamente romper con esas políticas y crear una sociedad mejor.

Esta no va a ser la sociedad socialista con la que muchos socialistas han soñado. Pero abriría el espacio en el que al menos tales cosas pueden ser debatidas, y las reformas pueden verse implementadas de tal forma que mejoren las condiciones de vida en Escocia. No hay absolutamente ninguna razón por la que una Escocia independiente no pueda reindustrializarse, y construir una gran industria naviera, con la ayuda de países fuera de Europa, que están preparados para irse. Es tonto quedarse solo con ver el futuro de Escocia en relación con Inglaterra o incluso con el resto de Europa. Si es imaginativo, puede ir mucho más lejos.

JF: La mayor ansiedad de mucha gente es que Escocia se verá cada vez más aislada tras la independencia. ¿Cómo podría Escocia prevenirlo? ¿Y qué tipo de alianzas cree que Escocia debería construir?

TA: Pero, ¿no está Escocia aislada ahora? Yo diría que Escocia ahora está aislada al ser una parte de Inglaterra. Inglaterra no lo está, pero Escocia desde luego que sí. Así que esta idea de que se quedará sola tras la independencia está equivocada. ¿El conjunto de alianzas que debería construir? Para comenzar, el propósito debería ser construir alianzas con el bloque escandinavo, particularmente con Noruega y con Suecia. Creo que serían recibidos con los brazos abiertos, para hacer negocios financieros, turismo, para tratados políticos, etc. El bloque escandinavo es una posibilidad.

En el seno de la Unión Europea, deberían luchar por el derecho a Estados más pequeños a expresarse. Escocia debería construir vínculos con repúblicas más pequeñas en el seno de la Unión Europea, o incluso en esas áreas en el interior de la UE que todavía no son independientes, como Catalunya.

No hace falta mencionar a lo largo y ancho del mundo. ¿Por qué debería Escocia ser dependiente de Inglaterra para mediar sus relaciones con países de Asia o África? De ahí, creo que los escoceses tienen que mirar más allá. La principal institución que debería crearse, entre las otras nuevas, sería un Ministerio de Asuntos Exteriores, un comercio de ultramar, eso es muy importante. 

Tariq Ali es miembro del consejo editorial de SIN PERMISO.

Traducción para www.sinpermiso.info: Betsabé García Álvarez

lunes, 10 de marzo de 2014

¡UNA GUERRA NUCLEAR POR UCRANIA?




 KERRY/OBAMA ¿IRÍAN A LA GUERRA POR KIEV?
10-03-2014
La primavera fracasa en Ucrania
Pepe Escobar
Asia Times Online
Traducido para Rebelión por Germán Leyens
La promoción de la excepcionalidad estadounidense de “democracia” entra en acción: Washington ha reconocido un golpe de Estado en Ucrania que cambió el régimen de –a pesar de sus evidentes faltas– un gobierno democráticamente elegido.
Y el presidente ruso Vladimir Putin, ya habló el año pasado sobre cómo Rusia y China decidieron comerciar en rublos y yuan, y destacó cómo Rusia tiene que abandonar el “excesivo monopolio” del dólar de EE.UU. Tenía que saber que el Imperio devolvería el golpe.
Ahora hay más: el consejero presidencial ruso Sergey Glazyev declaró a RIA Novosti: Rusia abandonará el dólar estadounidense como moneda de reserva si EE.UU. impone sanciones contra la Federación Rusa”.
Por lo tanto el Imperio devolvió el golpe dando “una pequeña ayuda” al cambio de régimen en Ucrania. Y Moscú contestó tomando el control de Crimea en menos de un día sin disparar un tiro –con o sin brigadas de elite Spetznaz (think-tanksbasados en el Reino Unido dicen que participan; Putin dice que no).
La evaluación de Putin de lo que ocurrió en Ucrania es realmente correcta: “una toma anticonstitucional y armada del poder”. Queda abierto un interminable debate, en su mayor parte desagradable, sobre si el Kremlin exageró en su reacción o no. Considerando el historial de una satanización generalizada de Rusia y Putin que ha tenido lugar durante años –y que ahora llega a un nivel febril– la rápida reacción del Kremlin fue bastante mesurada.
Putin aplicó Sun Tzu al pie de la letra, y ahora juega EE.UU. contra la UE. Ha dejado en claro que Moscú no necesita “invadir” Ucrania. El tratado de partición de 1997 de Ucrania-Rusia permite específicamente tropas rusas en Crimea. Y después de todo Rusia es un activo proponente de soberanía estatal; este principio lleva a que Moscú rechace una “intervención” occidental en Siria.
Dejó abierta la puerta para –oh cósmica ironía de ironías– una invención/intervención estadounidense (y eso, predeciblemente, no fue detectable por los medios corporativos occidentales; la R2P –responsabilidad de proteger– de la ONU en caso que los fascistas y neonazis alineados con Occidente en Ucrania amenazaran a civiles rusos o ruso parlantes con un conflicto armado. Samantha Power debe estar orgullosa de sí misma.
No te metas con la inteligencia rusa
“Occidente” ha aprendido una vez más que no hay que meterse con la inteligencia rusa, que rápidamente previno en Crimea una réplica del golpe en Kiev, precipitado en gran parte por UNA-UNSO – una tenebrosa fuerza paramilitar derechista de primera vinculada a la OTAN, que utiliza Ucrania como base, como lo denuncia William Engdahl.
Y Crimea fue una operación aún más lóbrega, porque esos neonazis de Ucrania Occidental trabajaban en tándem con yihadistas tártaros (la Casa de Saud será fuertemente tentada a financiarlos desde ahora).
En los hechos, el Kremlin tiene razón cuando señala que el golpe fue esencialmente realizado por fascistas y “nacionalistas” de ultraderecha – código occidental para neonazis. El miembro del consejo político del partido Svoboda (“Libertad”), Yury Noyeby incluso admitió abiertamente que se utilizó la integración con la UE como pretexto “como medio para romper nuestros vínculos con Rusia”.
Los medios corporativos occidentales siempre olvidan convenientemente que Svoboda –así como los fascistas del Sector Derecho– siguen los pasos del fascista/terrorista de Galicia Stepan Bandera, un agente tristemente célebre de un conjunto de agencias de inteligencia “occidentales”. Ahora Svoboda ha logrado incluir no menos que seis mandamases como parte del nuevo régimen en Kiev.
Además existen los nuevos gobernadores regionales nombrados para el predominantemente rusófono este y sur de Ucrania. Son –qué iban a ser– oligarcas, como ser los multimillonarios Sergei Taruta instalado en Donetsk e Ihor Kolomoysky instalado en Dnipropetrovsk. La gente en Maidán en Kiev protestaban sobre todo –quiénes iban a ser– contra los oligarcas cleptócratas. Una vez más, los medios corporativos occidentales – que hablaron incansablemente de un levantamiento “popular” contra la cleptocracia – no se dieron cuenta.
Una vez más, seguid el dinero
Las reservas de divisas extranjeras de Ucrania, cayeron –solo en las últimas cuatro semanas– de 17.800 millones de dólares a 15.000 millones. ¿Queréis comprar hryvnia? No realmente; la moneda nacional ucraniana se encuentra en una caída cósmica frente al dólar. Es una buena noticia solo para los buitres del capitalismo del desastre.
Y en el momento justo, el Fondo Monetario Internacional está enviando esta semana una “misión investigadora” a Ucrania. Los ucranianos de todo tipo tratarán de escapar pero no se podrán ocultar ante el “ajuste estructural”. Podrán juntar lo necesario para comprar un pasaje con sus despreciables hryvnia (ser un candidato para una visa a la llegada a Tailandia siempre es útil).
Los bancos europeos –que según el Banco de Pagos Internacionales (BIS) se enfrentan a más de 23.000 millones de dólares en préstamos impagos– podrían perder mucho en Ucrania. Los bancos italianos, por ejemplo, han prestado cerca de 6.000 millones.
En el frente del Ductistán, Ucrania depende fuertemente de Rusia: 58% de su suministro de gas. No puede exactamente diversificar y comenzar a comprar mañana de Catar – ¿con entrega mediante Qatar Airways?
E incluso mientras un 66% del gas ruso exportado a la UE transita a través de Ucrania, el país está perdiendo rápidamente su importancia como centro de tránsito. Tanto el gasoducto Nord Stream como el South Stream –desde Rusia por vía submarina– soslayan Ucrania. Nord Stream, terminado en 2011, vincula Rusia con Alemania por el Mar Báltico. South Stream, bajo el Mar Negro, estará listo antes del fin de 2015.
Geoeconómicamente, el Imperio necesita que Ucrania esté fuera de la unión económica eurasiática promovida por el Kremlin – que también incluye a Kazajstán y Bielorrusia. Y geopolíticamente, cuando el Secretario General de la OTAN, el engreído títere Anders Fogh Rasmussen, dijo que un paquete FMI-UE para Ucrania sería un “importante estímulo para la seguridad euro-atlántica”, esto dio el toque final; lo único que importa en todo este juego es que la OTAN “anexe” Ucrania como examiné anteriormente.
Siempre ha tenido que ver con el Imperio de Bases – igual que el cerco de Irán; igual que el “giro” hacia Asia equivalente al cerco de China; igual que el cerco de Rusia con bases y “defensa de misiles”. Pasando por sobre el cadáver colectivo del Kremlin, por supuesto.
Saqueemos ese yermo
La acusación del Secretario de Estado de EE.UU. John Kerry de que Rusia esté “invadiendo Ucrania”, en “violación del derecho internacional”, y “de vuelta al Siglo XIX”, es tan espectacularmente patética en su hipocresía –una vez más, considerad el historial de EE.UU.– que no merece comentarios de ningún observador informado. A propósito, es tan patético como su oferta de miserables 1.000 millones de dólares en “garantías de préstamos” – que apenas pagaría las cuentas de Ucrania durante dos semanas.
El gobierno de Obama –especialmente los neoconservadores del tipo “que se joda la UE”– ha perdido su maniobra agresiva. Y en cuanto a Moscú, no tiene ningún interlocutor en Kiev porque considera que el cambio de régimen es ilegal. Moscú también ve a “Europa” como un montón de plañideros perdedores consentidos – sin una política exterior común para comenzar.
Por lo tanto cualquier mediación depende de Alemania. Berlín no toma en serio la idea de “sanciones” – el sacrosanto mantra excepcionalista estadounidense; Rusia es un excelente mercado para la industria alemana. Y a pesar de todas las vociferaciones del Economist y del Financial Times, la City de Londres tampoco quiere sanciones; el centro financiero cuenta con los pródigos fondos político/oligárquicos rusos. En cuanto al “castigo” occidental a Rusia al amenazar con su expulsión del Grupo de Ocho, es un chiste. El G-8, que excluye a China, ya no decide nada relevante; el G-20 sí lo hace.
Si se realizara un amplio sondeo, revelaría que la mayoría de los ucranianos no quieren formar parte de la UE – así como la mayoría de los europeos no quieren a Ucrania en la UE. Lo que les queda a los ucranianos son los chupasangre del FMI, recibidos debidamente por “Yats” (como llama al primer ministro Yatsenyuk Vic –“Que se joda la UE”– Nuland).
Ucrania se arrastra hacia la federalización. Los cambiadores de régimen de Kiev no tienen influencia en Crimea autónoma – que es casi seguro que seguirá siendo parte de Ucrania (y, a propósito, Rusia se ahorrará los 90 millones de dólares de alquiler que paga por la base de Sebastopol, que hasta ahora tuvo que pagar a Kiev.)
La jugada final está prácticamente predeterminada; Moscú controlará gratuitamente una Crimea autónoma, y EE.UU./UE “controlarán”, o tratarán de saquear, al estilo del capitalismo del desastre, un páramo occidental ucraniano “administrado” por un montón de títeres occidentales y oligarcas, con algunos neonazis.
¿Qué hará entonces el dúo estratégico magistral Obama/Kerry? ¿Comenzarán una guerra nuclear?