lunes, 28 de abril de 2014

Ucrania: Frontera entre imperialismos



Arseniy Yatsenyuk, primer ministro de Kiev


John Weeks, Rob Ferguson ….

¡ La economía de la desintegración de Ucrania !

Occidente impuso al mundo post-soviético la “terapia de choque”, con resultados catastróficos.
Ahora, intenta repetir el experimento en Ucrania.
En el futuro, la gente estudiará la desintegración política, la fragmentación social y el colapso
económico de la Unión Soviética - la Gran Desintegración - como un desastre humano comparable a la Gran Peste del siglo XIV. Durante la Gran Peste, la gente sabía ni la causa ni la cura de la epidemia. Durante la Gran Desintegración, la causa era evidente y la cura conocida. El régimen se derrumbó debido a su propio peso muerto. El desastre económico que siguió, sin embargo, fue el resultado de las políticas económicas disfuncionales impulsadas por las potencias occidentales.
La escala del desastre humano en los países en transición post-soviéticos se refleja más
claramente en las estadísticas sobre la esperanza media de vida (véase A. Cornia, The Morality
Crisis in Transitional Countries ). En el caso que mejor conozco, la ex soviética República de Moldavia, entre 1990-1995 la esperanza de vida al nacer se redujo en casi tres años, hasta situarse por debajo de 66 años. Una caída así, en tiempos de paz, de las expectativas de vida no tiene precedentes. El único ejemplo reciente ha sido la epidemia del SIDA en algunos países del África subsahariana.
La principal causa de esta disminución de la esperanza media de vida en los países en transición ha sido la llamada terapia de choque, que desmanteló las instituciones de la economía planificada, sin sustituirlas por nada. Millones de personas en toda la antigua Unión Soviética perdieron sus medios de vida, los recortes presupuestarios destruyeron los servicios de sanidad y la pobreza empujo a la gente a la embriaguez y las drogas, acortando sus vidas.
El propósito explícito en estas políticas de ajuste draconianas diseñadas por los gobiernos occidentales era asegurarse de que la Unión Soviética no podía ser reconstruida. Vladimir Putin es muy consciente de ello, y espera a frustrarlo.
En la década de 1990, los políticos de los Estados Unidos y Europa occidental acogieron el
colapso de la Unión Soviética como una liberación. Pero unas elecciones no hacen una democracia, y 25 años después, por lo menos once de los 15 estados surgidos de la URSS,  tienen regímenes autoritarios, incluida la propia Rusia. Los gobiernos de los tres países bálticos han demostrado ser serios violadores de los derechos civiles, y toleran la actividad de grupos abiertamente fascistas. Solo la pequeña Moldovia es una candidata creíble para ingresar en el club de las democracias.
Cada ex república soviética tuvo su propia transición trágica. Medido por la caída en el ingreso
per cápita, Ucrania fue la que peor lo paso, con excepción de Georgia, que se hundió en un conflicto civil separatista después de 1990. Los ingresos por persona en Ucrania cayeron casi
un 60% entre 1990 y 1997 y la recuperación no empezó hasta el 2000. A finales de 2013 seguía un 20% por debajo de 1990 (véase el gráfico). Ingreso per cápita en Ucrania, 1990-2013
Todos los años, en comparación con 1990. Por ejemplo, en 1998 el ingreso per cápita fue de casi un 60% por debajo de 1990, de -60. En 2013 fue casi un 25% por debajo de, -25.
En este contexto podemos entender las tensiones y los conflictos internos de Ucrania. Una parte de la oligarquía ve a la Unión Europea como un bloque que ofrece un futuro económico
brillante. Este grupo arrastra consigo al oeste del país, de habla ucraniana, capitalizando un sentimiento anti-ruso de muchas generaciones. En el este, los rusófonos constituyen una
amplia mayoría y ven a Rusia, donde el ingreso per cápita en 2013 fue un 20% superior al de 1990, en comparación con el 20% inferior en Ucrania. La caída de ingresos en el este del país
ha sido aún mayor que la media nacional, debido a la concentración de la industria pesada anteriormente vinculados a la Unión Soviética en el antiguo bloque comercial del COMECON.
Sin embargo, a pesar de la gravedad del sufrimiento económico en Ucrania durante la década de 1990 como consecuencia de la terapia de choque, los Estados Unidos y sus aliados
europeos tienen previsto repetirla, mediante un programa del Fondo Monetario Internacional. El Bloomberg View (30 de marzo de 2014) informa que esta terapia de choque déjà vu promete
tener consecuencias aún más nefastas que su predecesora durante la década de 1990:
"... Rusia ... ha estado alimentando el este rusófono de Ucrania con una narrativa acerca de cómo una mayor integración con la Unión Europea va a cerrar sus minas y fábricas, eliminará puestos de trabajo, aumentará los precios y reducirá sus pensiones. Sin embargo, para poder firmar el acuerdo con el FMI, el primer ministro interino Arseniy Yatsenyuk tuvo que informarles
a los ucranianos que ese escenario, en parte, se producirá. Advirtió que la inflación podría subir hasta un 14% este año, mientras la economía se contrae un 3%”.
"En una situación de este tipo, la terapia de choque estándar del FMI no es una opción. Las condiciones de los préstamos del FMI - recorte de las subvenciones para calefacción de los hogares, por ejemplo - son esenciales, pero el impacto en los ciudadanos comunes debe ser amortiguado mucho más que lo que gobierno puede permitirse".
Al igual que en la década de 1990, los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea presentan al 99%de los ucranianos un futuro sombrío. Se insta a la población a rechazar la agresión y proclividades autoritarias de Putin, y aceptar en cambio un programa que incluso un medio representativo de Wall Street como BV considera que 'no es una opción´.
El gobierno que aplicará la terapia de choque versión 2.0 llegó al poder en Ucrania apoyando el derrocamiento de un presidente elegido constitucionalmente. Hay pocas dudas sobre el
alcance de la corrupción bajo el gobierno del depuesto presidente Viktor Yanukovich. Pero igualmente esta fuera de toda duda el historial corrupto de los que aspiran a reemplazarlo.
Un régimen extra-legal en el poder, oligarcas que respaldan un nuevo programa económico draconiano, un ingreso per cápita en declive y que inevitablemente disminuirá aún más gracías
al programa económico: no es ninguna sorpresa que los ucranianos en el este del país miren con nostalgia aunque sin grandes esperanzas a Rusia. Más sorprendente, es que este segundo programa de terapia de choque encuentre apoyo en el oeste de Ucrania, lo que trae a la mente el comentario atribuido a Albert Einstein, de que la “estupidez es hacer la misma cosa una y otra vez y esperar resultados diferentes. "
Quienes apoyan la terapia de choque en Estados Unidos y la UE, es una estupidez con un propósito: imponer su influencia política en Ucrania. El programa del FMI puede ser el desastre económico que provoque un desastre aún mayor, la desintegración de Ucrania. Los políticos de EE.UU. y de la UE y los oligarcas ucranianos puede que consideren este resultado una solución alternativa a sus objetivos geopolíticos y económicos, cuando, de hecho, es más
probable que sea un desastre humano.


John Weeks es profesor emérito de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos, Universidad de Londres, y autor
del libro Economics of the 1%: How mainstream economics serves the rich, obscures reality and distorts policy,
Anthem Press (2014)
http://www.opendemocracy.net/od-russia/john-weeks/economics-of-disintegration-in-ukraine

jueves, 24 de abril de 2014

Italia: La democracia átona

 

IL CAVALIERE

 

Rossana Rossanda

La asignación de Silvio Berlusconi a los servicios sociales legitima políticamente al Cavaliere, que podrá tranquilamente hacer campaña electoral para las elecciones europeas. Reina soberana una atonía democrática.  Y cubre también las mofas de la ministra Boschi contra los juristas "saboteadores de las reformas"

Nos hemos enterado esta mañana, a pocos días de la fecha en la que la magistratura milanesa debería definir a los términos de la ejecución de una pena decidida hace cerca de siete meses para Silvio Berlusconi, que se han orientado a asignarlo a una actividad en los servicios sociales (cuya naturaleza sigue siendo obscura) que, de todos modos, no le impediría hacer política, incluyendo la campaña electoral para las elecciones europeas. Si es cierto, sería una verdadera y auténtica tomadura de pelo. En realidad, el problema con el Cavaliere es su ingerencia de más de veinte años en la esfera pública; a nadie le interesa, todavía menos a quien esto escribe, desde siempre poco persuadida del papel educativo de la cárcel, poner límites a su libertad personal física, tanto más dada su edad, sino impedirle precisamente una función política por los delitos cometidos contra la fiscalidad del Estado y por la manipulación de un juez. 

Resulta además asombroso cómo la prensa libre no sólo parece no tener nada que decir sobre la legitimación del Berlusconi político sino que no ha comentado los términos con los que la señora Boschi ha insultado a Rodotà, Zagrebelski y, en general, a los juristas, como saboteadores de las magníficas reformas que querría realizar Renzi.

Reformas más enunciadas que concretadas. En el tema del trabajo, un retrasado y permanente zig-zag de posiciones parece llegar, con el acuerdo del ministro Poletti, a una mayor precarización del contrato de trabajo; por lo que respecta a la ley electoral, la propuesta es en muchos aspectos inadecuada para la severa admonición del Tribunal Constitucional y de hecho está bloqueada por el momento; y la tercera y proclamada reforma consistiría en la pura y simple transformación del Senado en una asamblea ya no electiva, con nulos poderes de hecho, o por lo menos, menos que modestos. 

Y sobre este fondo de atonía democrática es donde se multiplica el vocerío del equipo de Matteo Renzi, rebautizado  – siempre por la prensa libre – “Matteo”, definición que durante cerca de dos mil años, se ha referido exclusivamente al primero de los evangelistas. Parece una pésima comedia.

Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

lunes, 7 de abril de 2014

Suárez: el Secretario General del Movimiento y la democracia

 

“"

“Puedo prometer y prometo”

 

Xavier Domènech

 

 

Un héroe trágico El 29 de enero de 1981, el Presidente del Reino de España, Adolfo Suárez, presentaba su dimisión. Se había quedado solo. La Unión de Centro Democrático (UCD), el partido “moderado” que él mismo había puesto en pie, era poco más que un avispero para su fundador. Los militares, que se sentían traicionados por sus promesas incumplidas, lo querían sí o sí fuera del gobierno. Pero fue sobre todo el deterioro de su relación con el Rey, ese Rey que ahora nos explica que la transición la “impulsamos Adolfo y yo”, lo que acabó por dar la puntilla final a su presidencia. Hacía tiempo que el monarca quería su dimisión. El último gran desencuentro entre ambos se había producido poco tiempo atrás a cuenta de la elección del General Armada como segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército. Suárez se negaba a aceptar el nombramiento del que posteriormente se convertiría en el Elefante Blanco del 23F, pero finalmente la voluntad del Rey se impuso por encima del que poco después dejaría de ser Presidente. Se buscaba un golpe de timón ante un proceso de cambio político demasiado abierto y era el momento de prescindir de unos de sus timoneles por arriba. Nuestro pequeño y audaz Maquiavelo, más táctico que estratégico, quedó absolutamente abandonado. Abandonado primero por los suyos y después por el propio pueblo que, según nos cuentan, lo seguía a pies juntillas, cual flautista de Hamelín, fascinado ante un político de tamaña osadía que se sacrificó porque los amaba tanto. En su nueva aventura, con la creación del Centro Democrático y Social, Suárez solo consiguió dos diputados en las elecciones generales de 1982. De hecho, a pesar de todos los mitos, cuando en 1985 se realizó una encuesta del CIS en la que se preguntaba a quién se debían las libertades, sólo un 13% de los españoles apuntaron a sus dirigentes, mientras que un 55% las atribuyó a las movilizaciones populares. Fue precisamente a partir de esos años cuando se empezó a intensificar el mito de la transición para ahogar otro posible mito, el de la calle, en tiempos en que el conflicto social era culpabilizado como el principal freno de la modernización. La leyenda de Suárez contiene en sí misma elementos de una construcción precaria. Ahora mismo estamos bañados en ella, como una forma específica de reedición del mito de la transición, tan intensa como es su crisis real en nuestro propio presente. Su construcción hagiográfica es de todas formas tardía en relación con la propia articulación memorial de la transición y establece una relación compleja con la misma. Más cuando muchos de los constructores del mito de la transición ya en los años ochenta habían sido a su vez los sepultureros políticos de Suárez. Fue precisamente desde su olvido personal, a partir de una enfermedad que afecta precisamente a la memoria, que empezó su activación. Hay en este sentido un cruce entre la famosa fotografía realizada en 2008 de Suárez con el Rey, de un Suárez que ya no recordaba prácticamente nada y era recibido por aquel que no quería recordarlo todo, y la publicación poco después del libro de Javier Cercas Anatomía de un instante. Libro que significó el espaldarazo final a la construcción de la leyenda de Suárez como el gran héroe trágico, incomprendido por sus contemporáneos, engrandecido por la posteridad, ya que él en su audacia de llanero solitario pertenecía al futuro y no al pasado. Había también una coherencia profunda en esta construcción que iba más allá del propio Suárez. En Soldados de Salamina también de Cercas ya encontrábamos las semillas de la recuperación de ese fascismo fascinante, en la historia novelada del cofundador de Falange y futuro Ministro de Franco Rafael Sánchez Mazas que para el autor contenía en su vida cristales de la futura Reconciliación Nacional. Poco después éramos invadidos por la recuperación de fascistas “liberales” (un oxímoron realmente digno de consideración) como los verdaderos iniciadores del camino hacia la democracia, en una operación muy al gusto de ciertos grupos mediáticos. Historia que con Adolfo Suárez penúltimo Secretario General del Movimiento, es decir de la Falange en el poder, se coronaria en ese absurdo que hace del fascismo el origen de la democracia. En este último caso, si se quiere como héroe trágico y audaz condenado a la soledad entre los suyos, como político incomprendido, como mito para nuestro presente. Pero Suárez ni fue un llanero solitario, ni tan siquiera un avanzado a su época, sino un producto genuino de la misma y de las gentes que los pusieron en el lugar que lo pusieron, para luego abandonarlo. Causas y consecuencias: entre la calle y el palacio La transición española como período histórico mantiene un especial carácter en relación con nuestro propio presente. No es sólo un tiempo dejado en manos de la historia, y por ello la articulación de su memoria pública se debe más a periodistas y políticos que a historiadores, ni tan siquiera en las de una memoria democrática ya cerrada, sino que es considerado el período genético de nuestro sistema político. En este sentido su construcción como mito es a su vez una construcción normativa sobre actitudes políticas y sociales, un espacio que incluye aquello que se considera legítimo a la vez que excluye todo aquello que se considera ilegitimo. Y esto es así tanto para aquellos que hacen de este mito su principio de acción, como para aquellos que intentado atacar ese mito no hacen sino reconstruirlo alimentado el espejismo de su poder, confundiendo el propio mito con la realidad. El proceso de cambio político se inició con una serie de primero pequeñas mutaciones en las formas de acción política y social en la década de los sesenta, que interactuaron con las dinámicas internas de la dictadura y las externas al régimen en el seno de la sociedad, hasta devenir finalmente un torrente incontrolado en los setenta. Pero una cosa es el proceso y otra muy distinta el mito. Éste fue objeto de construcción y densificación, más allá de las narrativas puestas en juego en los años setenta, en los años ochenta. Liberar en este sentido al proceso de su mito es liberar también a todas las realidades, tensiones y potencialidades del cambio político de las narrativas, legitimidoras y deslegitamadoras, que no hacen sino enterrarlas. De hecho, la misma definición de la transición está marcada por su carácter normativo. No hay casi posibilidad para ponerse de acuerdo sobre su inicio, ni sobre su final, ya que esa delimitación hace y deshace legitimidades alternativas. Su definición como período histórico, separado del franquismo y del sistema democrático, equiparando así dos sistemas políticos, culturales y sociales a un proceso, conlleva en este sentido una serie de cargas inherentes que no se pueden desconocer. Se supone así que conforma un momento autónomo definido precisamente por su carácter transitivo. No se trata tanto de lo que sucedió realmente durante ese tiempo mal definido, sino de cómo devino. Se define así por su final. Todo lo que no explica ese devenir, y ese final, todo lo que muestra posibles vías diferentes o realidades contradictorias con ese final, deviene así menor o tratado como un accidente. Se esconde así el proceso y los agentes reales del cambio político que se gestaron en el período franquista, que no terminó con la muerte de Franco (confundir Franco y franquismo siempre ha sido en este sentido una confusión interesada), sino con la instauración de un nuevo sistema político. Esta construcción de la transición a su vez como período en si mismo y, de forma relacionada, como mito contiene muchas y variadas implicaciones. Pero nos detendremos sólo en dos que tienen consecuencias directas en la construcción de la leyenda alrededor de la figura de Adolfo Suárez: a la primera la llamaremos el efecto túnel de lavado y a la segunda la conversión de causas en consecuencias. En el primer sentido, la definición de la transición precisamente como período que transita hacia un final, en este caso la democracia, presuponiéndose que esa línea ya se encuentra presente en su inicio, y en ese sentido conforma un período coherente en si mismo, decanta rápidamente la sustitución de las legitimidades de origen de las elites políticas por las legitimidades de ejercicio en relación de nuevo al final del período. Así Manuel Fraga Iribarne no sería uno de los más destacados ministros de la dictadura, ni tan siquiera el Ministro de Gobernación cuando sucedieron los muertos de Vitoria en 1976, sino uno de los miembros reformistas del primer gobierno de la transición (ya no de la dictadura) que habría llevado la democracia a España; Juan Carlos I no fue tampoco un monarca instaurado por uno de los dictadores más sanguinarios del siglo XX, saltándose la misma legitimidad sucesoria monárquica que recaía en su padre en el exilio, que juró lealtad a los principios fundamentales del Movimiento, sino el dirigente clarividente que aportó luz a una tierra carente de ella; y, finalmente, en el caso que nos ocupa, Adolfo Suárez no era ese Ministro Secretario General del Movimiento que se oponía durante el primer semestre de 1976 a cualquiera de los proyectos de transformación del régimen, que no de liquidación de la dictadura, ya fueran los de Garrigues o los del mismo Fraga, sino el sagaz piloto del cambio. La transición es así en si misma una construcción desmemoriada y desmemorizadora que restaura legitimidades y echa al olvido todo aquello que no es congruente con las mismas. Pero quizás donde estos efectos de la construcción de la Transición contienen mayores consecuencias para nuestro presente y para la comprensión de la figura de Suárez, es en la conversión de las consecuencias del cambio político en causas del mismo para reforzar su propia legitimidad. La consolidación de la monarquía, con problemas para perpetuarse más allá de la dictadura, el papel dominante de las elites por encima de los agentes sociales, de los líderes políticos por encima de sus organizaciones o el discurso de la moderación, fueron consecuencias del cambio político, cierto. Pero ser el resultado de un proceso no te convierte en su activador, ni siquiera en su conformador. El proceso no se desencadenó como un encuentro entre elites, las del régimen y las de la oposición, como tampoco se inició a partir de las contrastadas credenciales democráticas de aquellos que habían sostenido la dictadura. La primera batalla de la transición, en palabras del Gobernador Civil de Barcelona en 1976, “fue la batalla de la calle”. Esa calle que para Fraga era “mía”, es decir del franquismo, como forma de controlar a falta de cualquier mecanismo democrático que se produjera un plebiscito público sobre qué quería la gente. Y esa batalla el régimen la perdió. El primer semestre de 1976, en un país donde el derecho a huelga y a manifestación no sólo estaba prohibido sino que en algunos casos podía conllevar la tortura y la muerte, España se puso al frente de la conflictividad europea. Huelgas generales como las trece vividas en Vizcaya, las de Córdoba, Sabadell o el Baix Llobregat, tan sólo eran la punta del iceberg de un proceso profundo que estaba atravesando toda la sociedad. De hecho, esas huelgas, y el modelo de oposición gestado con anterioridad, consiguieron que en un momento de fuerte crisis económica se produjera una intensa alza de los salarios reales. Pero si ese fue su resultado social, sus resultados políticos crearon un escenario de bloqueo. La oposición podía ocupar la calle, pero no el poder, ya que a diferencia de la revolución portuguesa de 1974 no contaba con ninguna alianza posible en el seno de las Fuerzas Armadas, fieles hasta al final a la dictadura. El régimen podía mantenerse en el poder, pero era incapaz de gobernar el país. Ese escenario planteaba al Rey un dilema crucial. No entre dictadura o democracia, sino sobre en torno a la posibilidad de consolidar la monarquía o no (no está de más recordar que todos los Borbones desde Fernando VII han probado las hieles del exilio). Necesitaba recuperar la iniciativa política para no quedar ahogado en un proceso desbordante. Necesitaba, en este sentido, una figura que reuniera las cualidades de fidelidad a su persona y legitimidad dentro del franquismo para iniciar el desbloqueo de la situación. Para ello no servían ni Fraga, ni Areilza, las dos principales figuras del reformismo dentro del franquismo, ya que despertaban tanto recelo en sus filas como proyecto propio tenían. Finalmente, la elección inesperada del nuevo Presidente del Gobierno en julio de 1976, a partir de los mecanismos electivos propios de la dictadura, recayó en Adolfo Suárez. Suárez era en 1976, según Javier Tusell, “una persona inequívocamente identificada con el Movimiento”. De hecho era su máximo dirigente y desde allí controlaba todo su poder institucional y mediático que no era poco. Pero a su vez también era, en las propias palabras del futuro presidente del gobierno, “un chusquero en política”, sin una trayectoria política de largo recorrido, sin un padrino fuerte que le protegiera después de la muerte de Herrero Tejedor, pero capaz de muestras de fidelidad inconfundibles hacia Juan Carlos. En este sentido su elección tranquilizaba al personal político franquista, era claramente uno de los suyos y como tal aseguraría su pervivencia, y a la vez permitía asegurar el proyecto de la monarquía. Éste no era otro que consolidar la institución y si para ello hacía falta la democracia, como se hizo claro finalmente, bienvenida fuera. Con Suárez se podía encontrar alguien dispuesto a iniciar un camino de recuperación de la iniciativa política, llevándose con ella a parte del régimen. Y así fue, pero ello no se podía hacer sin asumir una parte del programa de la oposición antifranquista. En este sentido, la primera medida que tomó el nuevo gobierno en julio de 1976 no fue otra que el Decreto-Ley de Amnistía para los presos políticos antifranquistas. Lo que vino después fue una alocada huída siempre hacia adelante, que tomó forma de operación, incluyendo la legalización de los partidos políticos, exceptuando los republicanos que no pudieron presentarse a las elecciones de junio de 1977 para no poner en peligro precisamente a la monarquía, y la celebración de unas elecciones pluripartidistas por sufragio universal sin restos de ningún tipo de representación orgánica. Ello no se encontraba en ninguno de los proyectos del reformismo franquista y no fue otra cosa que una imposición de las gentes que ocuparon las calles. No de la forma soñada eso es cierto, pero tampoco nunca soñada por los franquistas. De hecho, si la movilización de 1976 marca el inicio del fin de la dictadura, también el resultado de las elecciones de 1977 fue una sorpresa para los jerarcas del régimen. Después de más de casi cuarenta años de dictadura, de control de los medios de comunicación, de control y adoctrinamiento educativo y de represión, ganaron las elecciones, pero no obtuvieron la mayoría electoral. Entre la Unión de Centro Democrático articulada desde el poder por el mismo Suárez y la Alianza Popular dirigida por Fraga obtuvieron el 43% de los votos, mientras que los partidos que venían del campo del antifranquismo en su conjunto agrupaban el 49,2%. Y entonces pasó lo que no estaba previsto por la última ley fundamental de la dictadura, la Ley de la Reforma Política, esas Cortes se declararon ilegalmente constituyentes. Se produjo así la ruptura jurídica con la dictadura, aunque eso no fue seguido de otras y fundamentales rupturas. El papel de Suárez en este proceso fue posible sólo a partir de una gran autonomía de la esfera política respecto a otras instancias de poder, que en ciertos momentos le llevó a confrontaciones con el ejército o los mismos poderes económicos, posibilitada por la intensidad del conflicto entre las fuerzas en pugna. El proceso acabó con el franquismo, pero preservó gran parte de su personal político que en algunos casos salió del mismo con una nueva legitimidad renovada, los aparatos de coerción, las fuerzas armadas y la judicatura franquistas no sufrieron ninguna depuración, y, finalmente, la monarquía pudo consolidarse como institución. Pero si ello era debido a la capacidad de iniciativa política que mostró una parte del régimen, el final de la dictadura sólo es atribuible a la calle. El proceso constituyente se impulsó desde abajo, aunque se controló desde arriba. La autonomía de Suárez en todo esto fue, de todas formas, una autonomía relativa. Su papel consistió en asegurar siempre, en cada nueva huída hacia delante, la preeminencia de la iniciativa política por parte del franquismo y la monarquía. Pero cuando los ritmos sociales se desaceleraron, cuando llegó el gran frenazo, su figura quedó suspendida en el aire: ya no era útil. Ahora, es verdad, parece haber recobrado utilidad en forma de leyenda. Pero el mito se articula y se difunde desde el palacio, mientras que la dignidad y la libertad se construyen desde la calle. Ahora, como antes, el mito es un intento de transfigurar la realidad.

XavPolítica, Españaier Domènech es historiador y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Fuente: www.sinpermiso.info

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Ucrania: laboratorio neonazi, gas y petróleo



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lunes, 31 de marzo de 2014
La clave ucraniana

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Del Maidan de Kiev a la crisis mundial 



"Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista.
Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro.
Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío.
Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí."
Martin Niemoeller
Pastor protestante, 1892-1984.

“Todo tiene sus límites, y en el caso de Ucrania nuestros socios occidentales se han pasado de la raya, se han comportado de manera grosera, irresponsable y poco profesional”… “San Petersburgo fue la cabeza de Rusia, Moscú su corazón, pero Kiev la madre”.
Vladimir Putin
Discurso sobre Crimea, 2014



Por: Víctor Wilches
Agropolis


Los tambores que anuncian el inicio de una gran guerra mundial continúan repicando en Ucrania. La injerencia a fondo por parte de EE.UU./UE/OTAN en la desestabilización de Ucrania entraña unas connotaciones geopolíticas que van más allá del golpe de estado inducido para instalar un régimen/laboratorio neonazi a las puertas de Europa. Los acontecimientos conducen a conjeturar que con esta agresión se busca alterarle el rumbo al orden internacional multipolar gestado en la última década e impedir su consolidación, y en su lugar imponer un orden internacional hegemónico, opresor, militar/mercenarizado y violento capitaneado por la plutocracia de EE.UU.

La agresión político-militar desplegada por EE.UU./UE/OTAN para forzar un nuevo orden internacional que responda a los intereses de EE.UU. está develando que inevitablemente todos los caminos conducen finalmente a una guerra frontal con China. Para llevar a cabo este arriesgado sueño imperial, Washington y Bruselas tienen que controlar/derrotar tres lugares emblemáticos: La Plaza Maidan, la Plaza Roja, y la Plaza Tiananmen. Tarea no fácil, pero el desespero puede llevar a cualquier demencial aventura, así ésta sea una pugna intercapitalista.

Esta peligrosa jugada por parte de EE.UU./UE/OTAN es producto de la pérdida de influencia y de poder global de EE.UU., cuyo declive acelerado viene acompañado de una profunda crisis económica y energética sin retorno. El modelo capitalista de producción depredó, destruyó y agotó los recursos naturales y energéticos, y contaminó todos los ecosistemas del planeta en su afán de acumulación. El crecimiento económico es cosa del pasado. Sin energía es imposible crecer. Para crecer económicamente se requiere aumentar el consumo de energía, y a la inversa, sin aumento del consumo de energía es imposible crecer económicamente. Por lo tanto, si un sistema basado en el crecimiento económico infinito no puede crecer está abocado a un colapso societal. El modelo capitalista ha llegado a su punto límite y ha comenzado su implosión arrastrado por una crisis multidimensional inherente al propio modelo. “La decadencia y caída del imperio global de Estados Unidos es el hecho más importante de la geopolítica en el mundo de hoy” (1), el colapso está en camino y su impacto es de grandes proporciones telúricas a nivel global. Ucrania acusa ser un revelador síntoma para evitar que el sistema colapse. Esta encrucijada hace que los apetitos imperiales de Estados Unidos en su huida hacia adelante por el control de territorios y de los recursos que quedan conduzcan a una guerra mundial nuclear.

El sistema capitalista estocado de muerte en el alma hegemónica imperial ha entrado de lleno en un giro geopolítico de eje geográfico/Asia/ acelerado. Los acontecimientos internacionales están testificando que la transición de paradigma post imperial-USAmericano se precipita a empellones, dejando a su paso profundas y graves crisis económicas, sociales, ecológicas, políticas, culturales, éticas y humanitarias. Ninguna transición y disolución imperial hegemónica puede ocurrir sin crisis, violencia, ni guerras, así ese escenario sea el menos deseado por la mayoría de la humanidad. Lo ideal sería que ésta fuera pacífica, pero un poder hegemónico erigido a base de violencia y de destrucción no va dar el paso al lado de manera pacífica para que otros llenen este vacío.

La actual ofensiva geopolítico puesta en marcha en Ucrania por EE.UU./UE/OTAN para remodelar el orden internacional -aparte de sus peligros, costos y desenlace final- ha dejado al descubierto dos líneas relevantes interrelacionadas que deben ser analizadas con atención: instauración de un régimen/laboratorio neonazi en Kiev; y una gran crisis energética en especial gas y el petróleo.

¿Por qué Ucrania es centro de rivalidad?

Ucrania juega un rol estratégico en los intereses y en las aspiraciones hegemónicas de EE.UU. desde siempre en su afán por controlar el mundo. Estas tendencias vienen desde tiempo atrás. A inicios del siglo XX la teoría del “Heartland” de Halford Mackinder sostiene que “Quien gobierne en Europa del Este dominará el Heartland; quien gobierne el Heartland dominará la Isla-Mundial; quien gobierne la Isla-Mundial controlará el mundo." Y más concretamente quien domina el “Heartland”, domina el mundo, especialmente si controla Ucrania.

La particular situación geopolítica de comienzos del siglo XXI revive y da un nuevo impulso y valor funcional a la región euroasiática como segmento espacial a controlar para dominar el mundo, lo cual choca frontalmente con las visiones geopolíticas del euroasianismo ruso y de la alianza sino-rusa de revivir la Ruta de la Seda. Este nuevo impulso en “occidente” vendrá de las pretensiones imperiales delineadas por el estratega de seguridad de EE.UU. Zbigniew Brzezinski, quien enfatiza la doctrina que el Estado que domine este vasto continente, el cual constituye un eje geopolítico, de hecho controlaría dos de las tres regiones económicas más productivas y avanzadas del mundo, subordinaría a África y tornaría el hemisferio occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos. En Eurasia, vive el 75% de la población mundial y están depositadas 3/4 de las fuentes de energía conocidas en todo el mundo. Y más en concreto afirma que “Rusia sin Ucrania deja de ser un imperio, pero Rusia con Ucrania sobornada y luego subordinada, automáticamente se convierte en un imperio”. Estos parámetros expuestos muestran por qué EE.UU./UE/OTAN están dispuestos a jugar sus últimas cartas en una aventura bélica en Ucrania; y además, por qué en sus propósitos de alcanzar sus metas de dominio y control de Eurasia no existe parámetros de ninguna especie que les impida acudir a los métodos y alianzas execrables, como el apoyo a grupos neonazis y extremistas violentos de derecha.

En el complot dirigido y patrocinado por EE.UU./UE/OTAN para derribar el gobierno de Viktor Yanukóvich y empotrar un régimen neonazi en Kiev, hace gala de la combinación de una serie de elementos entrelazados que deben ser analizados.

Laboratorio neonazi en Kiev

En Ucrania no se empleó el típico golpe de estado blando sustentado en el modelo “revolución de colores” del Albert Einstein Institution, de Gene Sharp, en este caso se recurrió a la aplicación de diferentes instrumentos para llevar a cabo el golpe de estado. Estos van desde la utilización de la protesta social pacífica hasta métodos abiertamente radicales, en los que prevalecen formas de violencia extrema apuntaladas con grupos neonazis y extremistas nacionalistas y mercenarios-francotiradores.

Cambios y variantes al modelo de Gene Sharp ya se habían visto en Egipto, Libia, Siria. Allí se acude abiertamente a yihadistas islámicos como complemento central. En el actual complot en Ucrania por su importancia geoestratégica se sincronizan, se actualizaron y se ejecutan nuevos mecanismos. Por un lado tenemos el modelo de “golpe de estado blando” con toda su parafernalia: la mass media corporativa de “occidente” acusando de lo peor y demonizando hasta el paroxismo al gobierno de Yanukóvich, a Rusia y en especial a Putin (Nota: aquí el autor de ninguna manera está afirmando que Yanukóvich y Putin sean unos santos, se está es analizando el desarrollo de los acontecimientos de rivalidad intercapitalista); las ONGs actuando a tope para velar por los “derechos humanos” y las “libertades civiles y democráticas”. Además, ahora encontramos que las cancillerías, embajadas, parlamentos e instituciones de EE.UU., Unión Europea, Canadá, OTAN, OSCE, tienen una nueva misión diplomática participar abiertamente y en masa en las revueltas de la Plaza Maidan de Kiev, abrazados de partidarios de la neonazi Svoboda de Stepan Bandera y del Sector Derecho.

Por otro lado, esto va acompañado con la participación de multinacionales como Chevron orientadas a la apropiación del gas esquisto de región oriental de Ucrania –en cualquier análisis con relación a Ucrania es básico ver el papel que juegan las multinacionales en la crisis-. La firma de un acuerdo de 10 mil millones de dólares para la producción compartida de gas esquisto entre el gobierno ucraniano y Chevron, es tomado desde Washington como un paso en dirección de la independencia energética de Rusia, y en la tradición de unir los intereses de las corporaciones multinacionales bajo el paraguas y pretexto de la seguridad nacional de EE.UU. Al respecto el International Business Times afirmó que “el acuerdo de Chevron con Ucrania fue apoyado por USA como parte de su estrategia de seguridad nacional para ayudar a reducir la dependencia energética de Europa y de Kiev de Rusia.”  A la par de esto, la multinacional Cargill apunta al control de la producción de los alimentos fortaleciendo la posición comercial de la corporación en uno de los negocios al invertir más de 200 millones de dólares en las acciones de UkrLandFarming (Financial Times, enero 12, 2014). Esta empresa ucraniana que posee 500 mil hectáreas de tierra, es la octava cultivadora de tierra más grande del mundo y el segundo mayor productor de huevos. Cargill también tiene en Ucrania negocios en plantas de procesamiento y terminales de exportación en el Mar Negro. Seguramente necesitaba un puerto para aumentar el grado de control sobre el mercado. No se debe olvidar la importancia mundial agrícola de Ucrania y de la franja de tierra de gran fértil que abarca la mayor parte de las llamadas "tierras negras" o chernozem, al centro y oeste del país. Y para completar el cuadro, Monsanto, la empresa de semillas transgénicas más grande del mundo, también está ganando espacio en Ucrania donde ya controla el 40% del mercado de semillas. Jugada comercial de control agrícola que busca cerrarle espacio a China en el mercado ucraniano. Lo cual se puede inscribir dentro de las guerras por las tierras fértiles y la alimentación desatada a nivel mundial.

Esto se complementa con las medidas que el gobierno neonazi títere de Kiev ha comenzado a tomar para preparar al país para “que afronte las dolorosas pero necesarias reformassociales y económicas” impuestas por la medicina del FMI. Una de los primeros requerimientos del FMI es que los subsidios al gas de los hogares se reduzcan en un 50%. Otros requisitos onerosos del IMF incluyen recortes a las pensiones, en el empleo estatal y la privatización de los activos y propiedad del gobierno (traducción: que las corporaciones occidentales puedan comprar a precio de regalo los bienes públicos); así como otras reducciones en los programas de gastos sociales en Ucrania (Voice of Russia: Ukraine's economic crisis: Who benefits? Who pays?).

El laboratorio neonazi/neofascista de Kiev no es un mero hecho coyuntural para Ucrania o para ciudadanos de tercera o cuarta clase. Ese es el modelo que UU.EE., la Unión Europea, Canadá y en los países del autoproclamado “occidente” vienen adecuando y refinando para implantar en sus propios países. La pérdida y la restricción continuada de las libertades civiles, políticas, sociales y derechos democráticos avanzan a pasos agigantados. Las demandas sociales y políticas son acalladas. Nada de esto existe mientras no esté en la falsimedia corporativa. La protesta ciudadana es criminalizada y penada severamente. El desmonte del estado de bienestar es a marchas forzadas y a golpe de decreto. Todo lo público y los bienes comunes son saqueados. El control e interceptación de todas las fuentes de información y a todos los ciudadanos, pese a ser uno de los más aberrantes ataques a la libertad, no es otra cosa que el miedo de estas plutocracias y sus amos. Las legislaciones nacionales del autoproclamado occidente se están ajustando a un modelo neofascista en ciernes para ser aplicado a sus ciudadanos. Por ello, EE.UU./Obama, el gobierno de Canadá y los gobiernos de Europa salieron presurosos a afirmar y ratificar que el gobierno títere neonazi montado en Kiev tras el golpe de estado es un “gobierno legítimo”. Ese experimento puesto en escena en Kiev es todo un laboratorio neonazi/neofascista que esperan trasladar depurado a sus propias naciones. Un ejemplo palmario de lo que puede pasar en inmediato futuro es la destitución del periodista finlandés Jari Sarasvuo (ver:http://rawnata.blogspot.se, Känd finsk programledare Jari Sarasvuo fick sparken; y enHelsingin Sanomat www.hs.fi/) y el cierre fulminante de su programa por entrevistar al catedrático de la Universidad de Helsinki, Johan Beckman, quien exigió la liberación de Europa de la "junta fascista" ucraniana y acusó al canciller de Finlandia de apoyo a los nazis.

Que nadie se llame a engaño. Alguien puede imaginarse a EE.UU., la Unión Europea, Canadá, la OTAN, entregándole 5000 millones de dólares a unos grupos ucranianos sin saber quiénes eran éstos (dinero confirmado por la misma la Secretaria de Estado adjuntaVictoria Nuland). Ni quiénes son los que conforman esos grupos, y mucho menos darse por enterados quiénes son sus líderes. Naturalmente que todos sabían que sus pupilos/marioneta encargados del golpe eran miembros de grupos neonazis y de extrema derecha. Este monto económico aportado no es una bicoca, ni tampoco gratis. Ante la magnitud de los objetivosoccidentales se podría pensar que es mucho más dinero. La infraestructura y los niveles de coordinación entre los interesados en el caos y el complot contra el gobierno de Yanukóvich y el control de Ucrania pueden ser mucho más oscuros de lo que cualquier mente pueda imaginar. La apuesta de EE.UU./UE/OTAN es una jugada geopolítica temeraria, pero ante la crisis multidimensional por la que están atravesando los conduce inevitablemente a esa aventura.

Crisis energética: Gas y petróleo
La crisis económica mundial galopante desde 2007/2008, y en especial, en los países desarrollados (mal-desarrollados es la mejor definición), se debe a la escasez y el declive de los hidrocarburos. Al no poder disponer de ingentes cantidades de energía en el mercado, fundamentalmente de petróleo, hace que el complejo sistema industrial y tecnológico, sustentado en esta fuente de energía, no pueda funcionar y mucho menos crecer. Por consiguientemente, el sistema al no poder continuar con su crecimiento y su consumo sin límites entra en crisis. El sistema ha chocado con un mundo que es finito, realidad física de la cual no se puede escapar: el cenit del petróleo.

El cenit del petróleo que ya hemos pasado, y que la propia Agencia Internacional de la Energía en su informe anual de 2010 (World Energy Outlook 2010) finalmente reconoce, y afirma que éste tuvo lugar en 2006. Además, muchos expertos y estudios señalan que el cenit de los hidrocarburos más el uranio tendrá lugar en 2018, de ser así estamos ante un problema muy grueso. Estas gráficas de diferentes reportes lo ratifican: el de la izquierda es de Energy Watch Group: Fossil and Nuclear Fuels, the Supply Outlook 2013. Y el otro tomado de The Future.

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Esto cambia el panorama y le da un vuelco total a las políticas de seguridad y a relaciones internacionales de los países de las economías (mal)desarrolladas, pues en su afán de garantizar el acceso, disposición, transporte y control de los recursos energéticos chocan frontalmente con los intereses de otros países y poderes que también están compitiendo por los mismos escasos recursos. Por ello, EE.UU./UE/OTAN han estado involucrados en la última década en cantidad de agresiones e invasiones a países que cuentan todavía con recursos como gas y petróleo, o con abundante agua dulce y tierras fértiles.

En la actual situación internacional de crisis, Ucrania es una puerta crucial en la búsqueda del control de los hidrocarburos de Rusia y de las regiones del Mar Caspio y de Asia Central. Ucrania es una zona geoestratégica que juega un papel central en la estrategia de EE.UU. en sus ansias de hegemonía global. Con esta arremetida Washington, en primer lugar, busca sacar a Rusia de Ucrania y a su vez, quitarle la posibilidad de acceso al Mar Negro y a las aguas del Mediterráneo. Segundo, correr las fronteras de la OTAN si es posible al centro de la Plaza Roja. Tercero, desmembrar a Rusia para controlar sus hidrocarburos y su vasto territorio. Cuarto, tratar de estrangular a China por sus flancos norte y occidental como refuerzo de la llamada política del “pivote Asia-Pacífico” de Obama, para entrar a asestarle de golpe de gracia.

Por lo tanto, nadie se puede auto-engañar o dejarse engañar. Aquí todo tiene que ver con petróleo y gas: energía. Petróleo es casi sinónimo de poder. La trama ucraniana de EE.UU./UE/OTAN obedece al acceso y control del petróleo y el gas de Rusia, Mar Caspio y Asia Central. Sin energía y sin petróleo no hay posibilidad de sostener la máquina de dominio y es imposible parar la caída del imperio. Sin petróleo el dólar chatarra es eso chatarra, pues no hay fuerzas armadas, ni misiles amenazantes que lo impongan como moneda global.

La “aparente sensación de empate” que se presenta en la crisis ucraniana encierra muchos peligros escondidos. Esto no para ahí. Por un lado, porque EE.UU. y sus aliados europeos aunque estén contentos con su gobierno-títere neonazi en Kiev, no se van a quedar satisfechos con lo logrado. Y por el otro lado, Rusia no duerme tranquila pese a la rápida adhesión de Crimea tras el masivo referendo autodeterminación.

El forzoso alto en la marcha al que se vio obligado EE.UU./UE/OTAN, tras la rápida jugada del Kremlin al consolidar su posición en Crimea y de un control seguro de la base militar de Sebastopol, es un simple interregno para preparar los siguientes pasos. Mientras tanto, la obscura realidad es maquillada con sanciones y expulsiones de organismos que ya no juegan un papel preponderante en el contexto internacional.

La pregunta que surge es ¿qué obligó a EE.UU./UE/OTAN a hacer este alto en la marcha de conquista? Respuesta, la carencia y garantía de insumos energéticos (gas y petróleo) suficientes y seguros que permitan seguir a delante con la agresión.

Por tal motivo, petróleo y gas y su garantía de abastecimiento es el tema recurrente en actual la crisis ucraniana por parte de las élites gobernantes europeas y de EE.UU., asunto que contiene dos vertientes centrales: 1) que los países de Europa no disponen de gas y petróleo, y 2) que Europa en gran parte depende las importaciones de gas y de petróleo de Rusia.

Esta baza a favor de Rusia y el hecho de que Moscú pueda cortar el suministro de energía hace que las agresiones se detengan un momento, mientras se resuelve cómo garantizar el abastecimiento para que la economía europea no se vea comprometida y paralizada. Ante esta circunstancia han surgido las más variadas soluciones y respuestas. Estas van desde acudir a la supuesta abundancia e independencia energética de EE.UU. para usarla como arma energética estratégica contra Rusia, hasta llegar a plantearse el supuesto abastecimiento energético con gas del norte de África.

Ninguna de estas alternativas son reales, ni tampoco fáciles de concretar, por más que sus líderes las den como ciertas. En cuanto al gas procedente del norte África, surge una inquietud, si esa vía puede abastecer con tanto gas a Europa por qué no se ha puesto en marcha de tiempo atrás. Y súmele a esto que Europa no cuenta con gasoductos, ni con plantas de licuefacción de gas en Europa. Ni con plantas de almacenamiento de grandes cantidades. Por lo tanto, esto para tranquilizar a los ciudadanos puede estar bien, pero con  meros deseos no basta para garantizar la seguridad energética de un continente que no cuenta con petróleo y gas.

Con relación a la abundancia de gas y de petróleo de EE.UU. encontramos argumentaciones de que Washington podría suplir las necesidades de gas de Europa o, como afirma Angela Merkel que “El gas estadounidense podría ser una opción”. Sabrá Merkel lo que esconde la historia del gas esquisto, que no existe tal abundancia que permite exportar, y que esto no es más que una gran burbuja energética más parecida a una pirámide Ponzi. Que el decline del gas esquisto de Estados Unidos ya está en camino como lo señala este artículo de Oil Price.com Shale Bust: North America Natural Gas Production set to Seriously Decline”.Además, Ella debería saber que los inversores están huyendo del negocio por la baja rentabilidad y la oposición de los habitantes de los lugares afectados por el fracking, por los graves problemas de contaminación medioambiental. Ella y los gobernantes europeos podrían consultar el completo estudio sobre el tema: “Baby, Drill, Baby” de David Hughes, para que no especulen con el gas pizarra de EE.UU., ni de Polonia.

Veamos cómo quedan las pretensiones de inundar a Europa con gas estadounidense, escuchemos que dicen al respecto los militares y expertos que se reunieron en la última cumbre de diciembre del Dialogo Transatlántico de Seguridad Energética. Afirma el coronel US Army Daniel Davis: “La producción del gas pizarra de USA ha soportado una meseta en el último año que es poco probable que consiga mantener la sostenibilidad a largo plazo debido al modo impresionante de las altas tasas de declive, y debido a que gran parte de la producción proviene sólo de dos o tres campos.”  

Y qué hablar de crear una “unión energética europea”, esto parece más un pomposo discurso para el oído de los ciudadanos europeos. Es algo así como no hace falta el gas ruso, no lo necesitamos. No se preocupen que si vamos a la guerra les garantizamos que no pasarán frio en el invierno. La pregunta es dónde están los hidrocarburos, quizá la UE cuenta con los recursos de otros países.

Asimismo el petróleo esquisto de EE.UU. tampoco inundará a Europa. La abundancia e independencia procedente del boom petróleo esquisto ha tocado las cumbres del pico y comienza su declive acelerado. Contemplemos la relación que presenta BP para el año 2012 con relación a importación/exportación de EE.UU., para ver si de verdad puede enviar petróleo a los sedientos países europeos. EE.UU. produjo 8.9 millones de barriles diarios, consumió 18.5 Mbd e importó 10.5 Mbd. Según la U.S. Energy Information Administration(EIA), en enero de 2014 el consumo fue de 18.89 Mbd y su producción de 8.39 Mbd, lo cual indica que tiene un déficit de 10.5 Mbd, que deben importar. Por lo tanto, en dónde está el petróleo para enviar a Europa y evitar la dependencia de las importaciones europeas procedentes de Rusia.

Al mismo tiempo, encontramos información que corrobora cuál será el devenir del boom energético de EE.UU. en el corto tiempo, y existen muchas preguntas sobre qué va a pasar cuando la burbuja procedente del gas y petróleo pizarra se desinfle. Le Monde de Francia se pregunta Según Washington, el boom del petróleo de esquisto estadounidense alcanza el pico en 2016. ¿Después qué?” Por su parte Christian Science Monitor, enero 21 de 2014, preguntaQué pasará cuando el boom del shale finalice?” Mientras que  Bloomberg, feb. 27 de 2014, se refiere a que El sueño de la independencia del petróleo de USA le tira la puerta por la cara contra los costos del petróleo pizarra. Y Wall Street Journal, enero 28 de 2014, preocupado por los negocios se refiere a que “Las grandes compañías petroleras luchan para justificar los crecientes costos de los proyectos. Y a manera de remate tomemos lo que dice el experto Arthur Berman en una entrevista el 5 de marzo de 2014:Seamos honestos, después de todo. La producción de combustibles pizarra no es una revolución, es una fiesta de jubilación. (Oilprice.com y en Produktionen från Skiffer är inte en Revolution utan ett Pensionärsparty!).

Lo anterior completa el cuadro. Esto sugiere y reitera que la aparente “calma que se presenta” en la crisis ucraniana, post-adhesión de Crimea a Rusia, es un periodo de preparación mientras EE.UU./UE/OTAN resuelven de manara expedita y “segura” el problema central: los energéticos, para poder seguir con los planes de copar a Ucrania, desmembrar a Rusia y continuar la marcha a Pekín.

Aquí en este momento del análisis es que aparece de forma diáfana la pieza del puzle energético que hace falta en toda esta aventura bélica: Venezuela. Los hidrocarburos de Venezuela son los que van a garantizar que EE.UU./UE/OTAN puedan continuar con sus pretensiones de imponer un nuevo orden internacional hegemónico. La desestabilización del gobierno de Nicolás Maduro es parte de la obra geoestratégica. Por lo tanto, lo que viene para Venezuela es un ataque con la combinación de todos los instrumentos posible de parte de Washington para derrocar al gobierno bolivariano, pues ese petróleo es requerido con urgencia. Ese petróleo para EE.UU. es la garantía de que no desaparezca de la escena internacional como imperio. Aquellos países que cuentan con recursos energéticos suficientes y que pueden ser apropiados para los intereses de EE.UU., deben esperar la misma medicina. País que cuente con gas o petróleo será agasajado con “bombardeos humanitarios” y la democracia le llegará con drones.

A manera de conclusión hay que resaltar el selecto gambito Sebastopol Севастóпoль de Putin, de la profiláctica defensa Crimea que acusa extenderse por el flanco oriental, y  que su vez, amenaza por rayos X con su poderosa pareja de alfiles: gasífero y petrolífero, el corazón de la industria y de la economía jadeante europea que no vislumbra signos de recuperación. El Zar prepara enroque corto, mientras se introducirse en las complejas estrategias del weiqi围棋(Go), juego de los eruditos chinos. Todo acontece bajo la atenta mirada de los bric+s, jugadores de un moderno chaturanga. Pero a pesar de tan rápidos movimientos y de las obligadas alianzas defensivas para detener el monstruo, en el tablero global danza amenazantemente una guerra mundial nuclear. En el escenario global, el orden mundial que más probable se percibe es el de un darwinismo social militar-mercenarizado regido bajo dictámenes de un neofascismo social, capitaneado por la plutocracia de EE.UU. y secundado por la Unión Europea e Israel. Si esta seria amenaza a la humanidad no logra ser contenida por los poderes que han venido consolidando el orden internacional multipolar actual, el futuro será demasiado aciago. Y si a la par de esto, los pueblos del mundo y sus luchas no cuentan con la suficiente unidad y fortaleza el futuro de las nuevas generaciones será sombrío. Por ello, todos los esfuerzos y las luchas que se emprendan para detener a la barbarie puesta en marcha son una conquista. Cada segundo que se gane para evitar que el leviatán avance es un tiempo valioso para la humanidad. El aleteo de la mariposa puede desencadenar olas de emancipación social y política a nivel global y la sed de libertad de los pueblos puede derribar imperios

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sábado, 5 de abril de 2014

EL GRAN JUEGO CONTINUA EN EL SIGLO XXI

 

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10 DOWNING STREET un viejo poder muy vivo

RUSIA UN PODER QUE NO SE RINDE



04-04-2014
Ucrania, el bastión de Eurasia ante la OTAN
Umberto Mazzei
Alainet
Desde la Guerra de los Siete Años (1756 – 1763) el Imperio Británico expandió sin rivales su control político y su comercio por todos los rincones del mundo. Por esa época sucedió en Europa la revolución técnica que creó la base para la revolución industrial. Comenzó también la prédica de la economía liberal, de la apertura de mercados, del intercambio imperial de productos elaborados contra materias primas. Es cuando comienza el Gran Juego, el asedio británico a la masa Euro-Asiática donde avanzaba Rusia hacia la India, China y Japón. Cien años después, el control financiero británico de las antiguas colonia españolas y la repartición de África, esbozan el prototipo anglo-sajón de globalización. Su freno era la alianza entre el Imperio Ruso y el recién reconstruido Imperio Alemán.
La primera fase técnica de la globalización neoliberal fue el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Poco antes (1913) las elites financieras anglo-americanas habían creado la Reserva Federal, que sería la fuente de recursos financieros que hizo de Estados Unidos el acreedor de todos los beligerantes al final de esa terrible e innecesaria guerra. La primera post-guerra desplazó el centro de gravedad financiero de la City de Londres a Wall Street de New York. Fue un cambio geográfico, porque los grupos financieros anglo-sajones ya estaban ligados.
La crisis que comenzó en 1929 y que duró hasta la Segunda Guerra Mundial fue la primera prueba de los efectos de unas finanzas globalizadas con mercados abiertos. Como ahora, unos pocos se hicieron más ricos y muchos se arruinaron. En 1941, la política de mercados abiertos se fijó en la Carta Atlántica de 1941, la declaración conjunta anglo-americana sobre las políticas económicas internacionales para después de la guerra; debemos señalar que fue hecha antes de que EE UU fuese beligerante.
La victoria aliada trajo el pago eterno de las deudas de guerra, el plan Marshall, el Banco Mundial, el FMI y el dólar como moneda de referencia; todo eso entregó a los bancos de Wall Street la mitad de la economía mundial. Con la industria euro-asiática destruida, EE UU quedó como la única potencia industrial y también exportadora de materias primas. EE UU ayudó la recuperación, pero a cambio de apertura a sus empresas, que cubrieron con sucursales el mundo ajeno a la esfera soviética. La segunda fase hacia un mundo anglo-americano replicaba en Eurasia el anterior Gran Juego británico; pero en 1948 perdieron China, el premio ganado con la guerras del opio (1839 -1860).
En Eurasia hay dos grandes potencias: Rusia y China. La India pudiera serlo, pero es una obra británica, hecha con partes dispares que dificultan la toma de decisiones. Eurasia tiene los recursos humanos y físicos para ser el eje de la economía y la política internacional; el papel que, separados, ejercieron por milenios su extremo europeo y su extremo chino. Eso es justo lo que la política exterior angloamericana trata de impedir. Es la razón para la ocupación financiera y militar de Europa y erosionar su cultura; la razón para promover gobiernos corruptos y fomentar guerras y revueltas civiles que impidan la proyección euroasiática.
El Gran Juego sigue. Una parte esencial es impedir la proyección marítima de China en el Mar de China y de Rusia hacia el Mar Mediterráneo. Otro factor en esa estrategia es el control de la energía y el modo más económico es controlar su transporte. Estos elementos muestran la importancia de Ucrania como corredor del gas ruso hacia Europa y hacia la Crimea, la base de la flota rusa del Mar Negro. De allí el golpe de Estado euro americano en Kiev.

Ucrania y su papel energético

Europa depende de Rusia en cerca del 40% del gas que importa y la mayoría es transportado a través de Ucrania. Ese gas es transportado por gasoductos que pertenecen a Gazprom pero eso pudiera cambiar. Chevron firmó, en noviembre 2013, un contrato, con el gobierno ucraniano de Yanukovich, para explorar 650 mil hectáreas en busca de gas. Unos meses antes el mismo gobierno había firmado otro menos importante con Royal Dutch Shell.
El acuerdo de Chevron fue apoyado por Washington para reducir el comercio energético y la complementación económica de Europa con Rusia. El área asignada a Chevron incluye el Oleska Block, donde hay roca de pizarra con potencial en gas de esquisto. El problema es que el método para su obtención, llamado fracking hidráulico, es altamente contaminante y ha sido prohibido ya por algunos países europeos donde se usó, como en Rumania y Lituania.
Es probable que haya alguna coordinación entre el Departamento de Estado y Chevron para el golpe de Estado en Kiev, porque fue en un encuentro patrocinado por Chevron donde Victoria Nuland, Subsecretaria de Estado norteamericana para Europa del este anunció que el gobierno norteamericano había invertido 5 mil millones en prepararlo (promover la democracia en Ucrania, dijo ella). Se puede especular sobre si una razón del golpe de Estado sea la de nacionalizar los oleoductos de Gazprom, para darlos luego en administración a Chevron. De ese modo la venta de gas ruso y el aprovisionamiento europeo quedarían en manos de una empresa norteamericana muy vinculada con la política exterior de Washington.
El golpe de Estado mira evidentemente a penetrar Ucrania con intereses angloamericanos más que con intereses de la UE, porque Europa no es soberana; es regida por gobiernos títeres que obedecen órdenes de New York y Londres; está bajo ocupación militar y financiera. Lo demuestra que Bruselas hable de aplicar sanciones a Rusia, cuando a la industria y la población europea eso no conviene. El pretexto es castigar a Rusia por aceptar la solicitud de Crimea de integrarse a la Federación Rusa. Esa solicitud refleja el deseo de la población de Crimea y ya fue hecha en 1994, cuando la independencia ucraniana, pero que no fue acogida, sin duda por la influencia angloamericana en el triste gobierno de Boris Yeltsin.

Las sanciones por Crimea

Rusia no bombardeó 78 días para que la Crimea se separara de Ucrania, como la OTAN hizo en Serbia, para arrancar a Kosovo. La Crimea, de población rusa mayoritaria, se desprendió de Ucrania sola, impulsada por los atropellos contra la población de lengua y la cultura rusa cometidos enseguida por el gobierno ilegítimo puesto por los angloamericanos en Kiev. La Crimea usó el derecho a la autodeterminación, un derecho inapelable reconocido por las leyes internacionales. Ese resultado imprevisto del golpe de estado en Kiev inspira chistes sobre los US$5 millardos invertidos por Washington en el golpe…para que la Crimea regrese a Rusia.
La frustración por el fracaso en sacar a Rusia del Mar Negro y el temor de que el “gobierno provisional” en Kiev resulte muy provisional, ha causado un berrinche más en la Casa Blanca, que quiere castigar a la madre Rusia porque Crimea volvió a su regazo. Washington dice que se trata de proteger intereses vitales suyos, que, como siempre, están ubicados en otro país.
Las sanciones no temen el ridículo y, hasta ahora, son como sigue:
Primero, se interrumpe la colaboración militar con Rusia, aún cuando es la OTAN quien necesita a Rusia para llevar sin riesgo pertrechos militares a Afganistán;
Segundo, se excluye a Rusia del G-8; eso si tiene lógica porque la próspera Rusia no debe estar en un club de países arruinados; como la próxima reunión hubiera sido en Sochi y esa exclusión le ahorra a Rusia los esfuerzos y gastos de ser el anfitrión;
Tercero, se prohibió a un grupo de funcionarios rusos viajar a EE UU, sin saber si querrían ir; también se congelaron sus cuentas en EE UU, sin saber si las tienen. La UE hizo también su lista. Las sanciones estimulan el ahorro dentro de Rusia y el regreso de capitales. De paso, dio pretexto a Rusia para prohibir el ingreso a los agentes subversivos de la National Endowment for Democracy (NED), como el Senador John Mc Cain.
Se habla oscuramente de imponer sanciones económicas y eso es imposible para la UE. Las de EE UU serían irrelevantes por el monto y la composición. El gráfico es elocuente.
El comercio entre Rusia y la UE en 2012 fue de 276,5 millardos. Las exportaciones rusas fueron principalmente de gas y petróleo, por 76 billones. Sin ellas la UE se paraliza; las otras exportaciones importantes son cereales. Las importaciones rusas son maquinaria y transporte, por 50 millardos, químicos y farmacéuticos, todos productos de alto valor agregado.
EE UU también sufriría con las sanciones, porque Rusia es de los pocos países con quien EE UU tiene un superávit comercial. En 2013 las exportaciones rusas fueron por 112 millardos, principalmente gas y aluminio y las importaciones fueron 167 millardos, todas de alto valor agregado, como calderas y material nuclear o equipos ópticos.

La perspectiva futura ucraniana

Desde el derrocamiento del último gobierno elegido democráticamente por las turbas financiadas por la NED en Maidan. Ucrania no conoce paz. En parte porque entre los cuatro partidos asociados para el golpe, sólo Batkivshina – el de Yulia Timoshenko y “Yats” Yatseniouk, como lo llama Ms. Nuland – tiene alguna base electoral. Los otros tres son pequeños o recientes: Svovoda sacó 10 % en las últimas elecciones; UDAR que en ucraniano significa golpe, lo fundó en 2010 un boxeador; Pravy Sector es una milicia de choque, creada ad hoc en noviembre 2013. La visita de pleitesía que “Yats” Yatseniouk rindió a Obama no lo hará popular entre sus socios nacionalistas, los de tradición rusa o el ejército. Se sabe por encuestas que la mayoría ucraniana esta contra ser miembros de la OTAN.
“Yats” también ordenó la entrega a la Reserva Federal, el 7 de marzo, de las 36 toneladas de oro de reservas ucranianas, como reconoció la Reserva federal de New York. Cuento se sepa, es probable que cause violencia política y reacciones en las fuerzas armadas ucranianas. Es un caso claro de traición, porque cualquiera que sabe de finanzas - Yats es banquero – conoce que la FED no devuelve el oro que se le confía; como con las 1500 TM de oro alemán allí, que cuando Alemania pidió la entrega de 674 TM, solo se le devolvieron 5TM.

La perspectiva futura rusa

El golpe de estado euro-americano en Kiev ha llevado a una previsible crisis con Rusia. La hipocresía de EE UU y de la UE no encubre que el objetivo final del golpe era sacar la flota rusa del Mar Negro e instalar bases de la OTAN en Ucrania. Rusia no puede permitir eso porque son intereses vitales y tiene los medios para impedirlo. En Washington, ni el más loco de los halcones habla de acción militar o dice que “todas las opciones están sobre la mesa”.
Cuando se analiza las inversiones de Rusia en infraestructura puede verse que su proyección es más hacia el espacio euro-asiático que hacia Europa. Tiene una lógica absoluta, porque allí es donde están los recursos a los cuales aplicar su ciencia y tecnología. Europa es solo un mercado que se encoge a causa de políticas de austeridad impuestas por el rescate con dinero público de bancos privados insolventes.
El principal instrumento de esa proyección hacia el este es la Unión Económica Euroasiática, que nace de la Unión Aduanera entre Belarus, Kazakhstan y Rusia. La idea viene germinando desde 1994, cuando la lanzó el Presidente de Kazakhstan, Nursultan Nazarbayev. El acuerdo se firmó en noviembre 2011, se creo una Comisión Económica Euroasiática que lo administra y entrará a funcionar en 2015. Sus miembros fundadores son los mismos, pero se prevé la adhesión de miembros del espacio histórico zarista, como Armenia, Kirgiztan y Tajikistan, y aún de otros, como Siria, que ya manifestaron interés. EE UU, en cambio, ya manifestó su hostilidad: la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo “estamos buscando medios efectivos para demorarlo o impedirlo” (Associated Press 06/12/2012).
Sobre Ucrania, hubo hace pocos días una propuesta conciliadora rusa que condujo a una reunión entre el Ministro de Relaciones Exteriores ruso Sergey Lavrov y el Secretario de Estado norteamericano John Kerry, en Paris, el 31 de marzo. En esencia se pedía dar amplia autonomía a las regiones rusas en Ucrania, al estilo suizo o tal vez español. Terry exigió concesiones inaceptables para discutirla, como el alejamiento de las tropas rusas de sus bases fijas en la frontera ucraniana y la inclusión en las conversaciones del ilegítimo gobierno transitorio ucraniano impuesto por Washington en Kiev.
Conclusiones
La principal es que por primera vez, desde 1990, los EE UU renuncian al uso o la amenaza de violencia para resolver una diferencia internacional. Un indicio de que el excepcionalismo americano basado en el “full espectrum dominance” encontró un límite político, económico y militar. La opinión pública americana y mundial está harta de guerras, otra más colapsaría la economía y con Rusia sería un mutuo suicidio militar.
La torpe retórica hipócrita ante el ejercicio en Crimea del derecho a la autodeterminación están camino a deshacer el principal triunfo diplomático obtenido por Henry Kissinger: el alejamiento entre la China y la URSS. Las sanciones que se quiera aplicar serán siempre inocuas para Rusia y perjudiciales para la UE, pero lo peor es que alejaran a Rusia, próspera y llena de recursos, hacia Asia; hacia el fortalecimiento de sus lazos con China.
El mayor beneficio que pueden sacar Rusia y China – la potencia energética y la potencia manufacturera - de su asociación es acabar de modo incruento, pero eficaz, con la agresividad de la OTAN; basta ayudar al colapso el dólar. No olvidemos que China es la patria de Sun Tzu, el estratega de las victorias sin batalla.
El imprudente golpe de estado en Kiev y la torpe secuela para legitimarlo va a provocar que el cacareado pivote hacia Asia no sea tanto de EE UU como de Rusia. Eso fortalecerá a China y será pésimo para la economía de la UE, pero tendrá el beneficio de colapsar económicamente a la OTAN, que no es otra cosa que la institucionalización, en 1949, de la ocupación militar anglosajona de Europa, desde 1945.
Umberto Mazzei es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia. Es Director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales en Ginebra

Publicado por Jose R amon Montes Gonzalez en 1:58