jueves, 31 de julio de 2014

Unas palabras sobre Israel

 

FRANK LUNTZ GRAN DEFENSOR DE ISRAEL

 

Frank Luntz es un publicista estadounidense que hace un lustro escribió un manual para uso de los defensores de Israel, diplomáticos y periodistas principalmente, aunque más correcto sería decir que el manual de 112 páginas fue escrito para quienes tiene que defender públicamente la ocupación israelí.

El estudio fue encargado por The Israel Project, un grupo de presión que tiene sedes en Estados Unidos, por supuesto, y en Israel, y que tiene por objetivo único mejorar la imagen del Estado judío en los medios de comunicación occidentales.

En otras palabras, The Israel Project es una pieza importante del engranaje de la hasbara, es decir de dedicar tiempo y dinero a realzar la imagen de Israel en el mundo y no a acabar con la ocupación, al contrario, a justificarla de una manera generalmente fina y educada.

Frank Luntz es uno de esos ideólogos americanos que pertenecen al partido republicano. Es un neoconservador recalcitrante que incluso ha trabajado con políticos del Tea Party y de la corriente religiosa americana.

Cuando Obama ganó las últimas elecciones, Luntz dijo que estaba deprimido hasta un nivel que nunca lo había estado en toda su vida.

El estudio de 112 páginas sobre Israel dirigido a diplomáticos y periodistas contiene algunas perlas interesantes.

Por ejemplo, recomienda a los defensores de Israel que digan que el Estado judío “tiene derecho a unas fronteras defendibles y seguras”, pero recomienda que no se entre a discutir qué quiere decir eso, es decir que no se precise nunca cuáles son o deberían ser las fronteras de Israel.

El estudio debe mantenerse oculto de los ojos de los profanos y “no publicarse ni distribuirse”, aunque la web de Newsweek lo publicó hace ya bastante y desde entonces ha circulado con frecuencia.

Luntz recomienda a diplomáticos y periodistas proisraelíes que califiquen de “demanda” el derecho de retorno de los palestinos, puesto que los estadounidenses en general tienen una actitud negativa hacia las “demandas”.

Recomienda mostrar cierta simpatía hacia lo palestinos, puesto que eso es más rentable para la hasbará, aunque quien hable sea contrario a un Estado palestino o a cualquier otra “demanda” de los palestinos.

Por supuesto, un seguidor de Israel nunca debe aceptar en público que Israel está matando a un gran número de civiles, incluidos niños y mujeres, justamente lo que está ocurriendo estos días en la Franja de Gaza.

Poder e ignominia: obnubilados por Israel, ciegos en Gaza

 

 

SUFRIMIENTO EN GAZA

 

 

Tariq Alí · · · · ·

El Senado norteamericano vota de modo unánime defender a Israel, incluyendo al senador Bernie Sanders, de Vermont. No creo que lo haya hecho por dinero. Es un miembro a sueldo del PETEI (‘Progresistas en Todo Excepto Israel’), el segmento liberal de la sociedad norteamericana, que no es progresista en muchas cosas, incluido Israel.

Tomemos, por ejemplo, el caso del ‘coronel’ Sanders. Yo pensaba que mi difunto amigo Alexander Cockburn era a veces demasiado duro con Sanders, pero me equivocaba. Sanders lleva mucho tiempo siendo un lameculos, tal como nos informó Thomas Naylor deshaciendo los mitos que rodean al senador en un artículo deCounterPunch en septiembre de 2011:

“Aunque pueda haber sido socialista antaño, en los 80, cuando era alcalde de Burlington [Vermont], hoy socialista no es. Más bien se comporta como un tecnofascista disfrazado de liberal, que respalda todas las repugnantes guerritas del presidente Obama en Afganistán, Irak, Libia, Pakistán, Somalia y Yemen. Puesto que siempre “apoya a las tropas”, Sanders nunca se opone a ningún proyecto de ley de gastos en Defensa. Respalda a todos los contratistas militares que llevan a Vermont  puestos de trabajo muy necesarios.  

El senador Sanders rara vez pierde la oportunidad de hacerse la foto con las tropas de la Guardia Nacional de Vermont cuando las envían a Afganistán o Irak. Está siempre en el Aeropuerto Internacional de Burlington cuando regresan. Si Sanders apoyara de verdad a las tropas de Vermont, votaría a toda prisa por acabar con todas las guerras”.

Un voto unánime del Senado es raro, por lo tanto, ¿qué explica ser más leal a Israel de lo que lo son unos cuantos judíos críticos en ese mismo país? Un factor importante es sin duda el dinero. En el año 2006 cuando la London Review of Books publicó un artículo (encargado y rechazado por el Atlantic Monthly) de los profesores Walt y Mearsheimer sobre el grupo de presión israelí, se produjo el habitual revuelo de los sospechosos habituales. No del difunto Tony Judt, que defendió públicamente la  publicación del texto y que se vio él mismo sometido a violentas amenazas y odiosos correos por parte de ya sabemos quién.

The New York Review of Books, acaso avergonzada de su falta de arrestos en esta cuestión, entre otras, le encargó un texto a Michael Massing que señalaba algunos errores del ensayo de Mearsheimer/Walt pero proporcionaba a la vez algunas cifras interesantes. Su artículo merece leerse por sí mismo, pero el siguiente extracto ayuda a explicar el voto unánime de apoyo a la actuación israelí:

“A los defensores del AIPAC [Comité de Acción Política Norteamericano-Israelí] les gusta sostener que su éxito se explica por su capacidad de explotar las oportunidades de las que se dispone en la Norteamérica democrática. Hasta cierto punto, es cierto. El AIPAC dispone de una formidable red de apoya a lo largo y ancho de los EE.UU. Sus 100.000 miembros —han subido en un 60% en los últimos cinco años — tienen la guía de las nueve oficinas regionales del AIPAC, sus diez oficinas satélite, y un equipo en Washington de más de cien personas en el que se cuentan cabilderos, investigadores, analistas, organizadores y publicistas, respaldados por un ingente presupuesto de 47 millones de dólares….Esa descripción, sin embargo, pasa por alto un elemento clave del éxito del AIPAC: el dinero. El mismo AIPAC no es un Comité de Acción Política [entidades que en los EE.UU. recogen dinero para campañas políticas]. Más bien, tras evaluar el historial de voto y las declaraciones públicas, proporcionan información a esos comités, que dan dinero a los candidatos. El AIPAC les ayuda a decidir quiénes son los amigos de Israel de acuerdo con los criterios del AIPAC. El Center for Responsive Politics, un grupo no partidista que analiza las contribuciones políticas, recoge una lista de un total de 36 CAPs pro-israelíes, que en conjunto aportaron 3,14 millones de dólares a los candidatos en el ciclo electoral de 2004. Los donantes pro-israelíes dan muchos millones más. En los últimos cinco años, por ejemplo, Robert Asher, junto a varios de sus parientes (un mecanismo habitual para maximizar las aportaciones), ha donado148.000 dólares, sobre todo en sumas de 1.000 o  2.000 dólares a uno u otro candidato.

Un antiguo miembro del personal del AIPAC me describió cómo funciona el sistema.  Un candidato entra en contacto con el AIPAC y expresa sus fuertes simpatías por Israel. El AIPAC le señala que no respalda candidatos, pero se ofrece a presentarle a gente que sí puede apoyarlos. Al candidato se le asignará alguien asociado al AIPAC para que actúe como persona de contacto. Se juntarán cheques de 500 o 1.000 dólares provenientes de donantes proisraelíes y se le enviarán al candidato con una clara indicación de las opiniones políticas de los donantes (todo esto es perfectamente legal). A esto se añaden reuniones para recaudar fondos en diversas ciudades. Con frecuencia, los candidatos proceden de estados con una insignificante población judía.

Un miembro del personal del Congreso me contó el caso de un candidato demócrata de un estado montañoso que, deseoso de acceder al dinero pro-israelí, contactó con el AIPAC, que le asignó un ejecutivo informático de Manhattan ansioso por ascender en la organización del AIPAC. El ejecutivo organizó una recepción para recaudar fondos en su apartamento del Upper West Side, y el candidato salió de allí con 15.000 dólares encima. En el reducido mercado de anuncios televisados y de prensa de su estado, esa suma demostró ser un factor importante en una carrera en la que se impuso por la mínima. Así se convirtió el congresista en uno de los varios centenares de miembros en los que se podía confiar para que votasen siguiendo los designios del AIPAC (la persona en cuestión me dio el nombre del congresista, pero me pidió que no lo dijera para evitarle el bochorno)”.

Todo esto es posible gracias a la política oficial norteamericana desde 1967. Si los EE. UU. llegasen algún día a modificar su posición en este asunto, los votos unánimes resultarían imposibles. Pero ni siquiera en los EE.U.U se han llegado a prohibir las manifestaciones públicas que se oponen a la brutalidad israelí y a su consecuente despliegue de terror estatal.

En un fin de semana (18-19 de Julio de 2014) en el que hubo manifestaciones en diversas partes del mundo, el gobierno francés prohibió una marcha en París organizada por numerosos grupos, entre ellos varias organizaciones judías no sionistas de Francia y demás. Desafiaron la prohibición. Varios miles de personas se vieron envueltas en gases lacrimógenos lanzados por los odiados CRS [las Compañías Republicanas de Seguridad, los antidisturbios franceses]. El primer ministro Manuel Valls, desesperado oportunista y neo-con, azote de los roma en Francia, que compite con Le Pen por el voto de la derecha, y es ornato, nada sorprendentemente, de un Partido Socialista Francés que sigue el modelo de un desvergonzado picapleitos y criminal de guerra (Tony Blair), explicaba la prohibición en razón de ‘no alentar el antisemitismo’, etc. El control del grupo de presión de Israel en Francia es total. Domina la cultura y los medios de información franceses y las voces críticas con Israel (tanto judías como no judías) quedan efectivamente acalladas. 

El poeta y crítico israelí Yitzhak Laor (cuyas obras, que retratan la brutalidad colonial de los soldados israelíes han sido a veces prohibidas en su propio país) describe el nuevo ascenso del euro-sionismo en términos mordaces. La ‘ofensiva filosemita’ es ahistórica:

Sería simplista considerar esta cultura memorial como una crisis tardía de la conciencia internacional, o un sentido de la justicia histórica que ha tardado tiempo en materializarse…

La mayoría de los miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas han surgido de un pasado colonial: son descendientes de los que sufrieron genocidios en África, Asia o América Latina. No debería haber ninguna razón por la que la conmemoración del genocidio de los judíos llevara a bloquear la memoria de esos millones de africanos o indígenas americanos asesinados por los civilizados invasores occidentales de sus respectivos continentes. 

La explicación de Laor es que con la desaparición de la vieja dicotomía amigo-enemigo de la Guerra Fría, había que dar pábulo en Europa a un nuevo enemigo global:

En el nuevo universo moral del ‘fin de la historia’, había una abominación —el genocidio judío — que todos podían unirse para condenar; y lo que es igualmente importante, quedaba firmemente en el pasado. Su conmemoración serviría tanto para consagrar la tolerancia liberal-humanista de la nueva Europa frente a ‘el otro (que es como nosotros)’ y redefinir ‘al otro (que es diferente de nosotros)’ en términos de fundamentalismo musulmán.

Laor desmonta hábilmente a los Glucksmann, los Henri-Levy y los Finkelkrauts que dominan la prensa escrita y la videosfera en la Francia de hoy. Después de abandonar sus creencias marxistas de juventud a finales de los 70, hicieron las paces con el sistema. El surgimiento de una corriente ultrasionista en Francia es anterior, sin embargo, a los ‘Nuevos (sic) Filósofos’. Tal como explicaba el profesor Gaby Piterburg en su reseña de los ensayos de  Laor en la New Left Review:

Al igual que en los EE.UU., fue la guerra de 1967 la que supuso un giro decisivo en la consciencia judía francesa. Un joven comunista, Pierre Goldman, describió la ‘gozosa furia’ de una manifestación pro-israelí en el bulevar Saint-Michel, donde se encontró a otros camaradas, ‘marxistas-leninistas y supuestos antisionistas regocijados por la capacidad guerrera de las tropas de Dayan’. Pero la reacción política del Elíseo fue opuesta a la de la Casa Blanca. Alarmado de que Israel trastocara el equilibrio de poder en Oriente Medio, de Gaulle condenó la agresión, y describió a los judíos como ‘un pueblo de élite, seguro de sí mismo y dominante’. Las organizaciones judías francesas que habían dado por hecha una política exterior pro-israelí comenzaron a organizarse sobre una base política, mientras Pompidou y Giscard continuaban el embargo de armas de de Gaulle en los años 70. En 1976 el Comité Judío de Acción (CJA) organizó un ‘día de Israel’, que movilizó a 100.000 personas. En 1977, CRIF, consejo representativo de unos 60 organismos judíos, anteriormente apacible, elaboró una nueva carta en la que denunciaba el ‘abandono de Israel’ por parte de Francia, publicada por Le Monde como documento de hecho. En las elecciones presidenciales de 1981, el fundador del CJA,   Henri Hajdenberg, llevó a cabo una campaña de perfil alto en favor de un voto judío contrario a Giscard; venció Mitterrand por un margen del 3 %. Se levantó el boicot y Mitterrand se convirtió en el primer presidente en visitar Israel. Quedó así sellada una cálida relación entre el CRIF y la élite del Partido Socialista y se cubrió con un discreto velo de silencio el papel de Mitterrand durante la guerra como funcionario de Vichy.

[Una nota breve: cuando al profesor Piterburg (antiguo oficial de las FDI, el ejército israelí) le atacan los sionistas en sus intervenciones públicas acusándole de ser un “judío que se odia a sí mismo”, responde así: “No me odio a mí mismo, pero sí a vosotros”.]

Lo mismo vale para la Francia oficial. El país es diferente. Las encuestas de opinión revelan que, como mínimo, el  60 % de los franceses se opone a lo que Israel está haciendo en Gaza. ¿Son todos antisemitas? No les han podido influir los medios, ¿verdad? Porque están absolutamente a favor de Israel. ¿No será que la población francesa ignora a Hollande, Valls y los ideólogos mercenarios que les apoyan?

¿Y qué pasa con Gran Bretaña? Aquí el Extremo Centro que gobierna el país, así como la ‘Oposición’ oficial apoyaron debidamente a sus señores de Washington. La cobertura de los recientes sucesos de Gaza en la televisión estatal (la BBC) fue tan espantosamente unilateral que hubo manifestaciones frente a las oficinas de la BBC en Londres y Salford. La mínima experiencia que yo mismo tuve con la BBC revela lo temerosos y pusilánimes que se sienten en su interior. Como conté en mi blog de la London Review of Books, esto fue lo que pasó:

El miércoles, 16 de Julio, recibí cuatro llamadas del programa Good Morning Wales, de la BBC.

Primera llamada por la mañana: ¿podían contar conmigo para entrevistarme sobre Gaza mañana por la mañana? Contesté que sí.

Primera llamada de la tarde: ¿les podía contar lo que diría? Dije que (a) Israel es un estado matón, mimado y malcriado por los EE. UU. y sus vasallos. (b) Apuntar y matar niños palestinos (sobre todo chicos) es una vieja costumbre israelí. (c) La cobertura de Palestina que hace la BBC es abominable y si no me cortaban les explicaría cómo y por qué.

Segunda llamada de la tarde: estaría dispuesto a debatir con alguien favorable a Israel. Respondí que sí.

Mensaje por la tarde en mi teléfono: lo sentimos muchísimo. Ha habido un accidente de  autopista en Galés, de modo que hemos decidido prescindir de su intervención.

Pocos ciudadanos británicos son conscientes del papel que desempeñó su país a la hora de crear este embrollo. Fue hace mucho tiempo, cuando Gran Bretaña era un imperio y no un vasallo, pero los ecos de la historia nunca se desvanecen. No fue por accidente sino intencionadamente que los británicos decidieron crear un nuevo Estado, y no fue sólo Balfour. El Centro de Información Alternativa de Beit Sahour, una organización conjunta israelo-palestina que promueve la justicia, la igualdad y la paz de palestinos e israelíes publicó recientemente un texto. Era una cita del Informe Bannerman, escrito en 1907 por el primer ministro de Gran Bretaña, Sir Henry Campbell-Bannerman, cuya importancia estratégica hizo que se ocultara y no se hiciera público hasta muchos años después.

“Hay un pueblo que controla espaciosos territorios [los árabes] que bullen de recursos ocultos y a la vista. Dominan las intersecciones de las rutas mundiales. Sus tierras fueron cuna de civilizaciones y religiones humanas. Esta gente tiene una fe, una lengua, una historia y las mismas aspiraciones. Ninguna barrera natural aísla a esas gentes unas de otras…si por azar esta nación se unificara en un Estado, tomaría el destino del mundo en sus manos y separaría a Europa del resto del mundo. Tomando todo esto seriamente en consideración, debería implantarse un cuerpo extraño en el corazón de esta nación para impedir la convergencia de sus alas, de tal forma que puedan agotarse sus poderes en interminables guerras. También podría servirle a Occidente para conseguir sus codiciados objetivos”.[1]

NOTA: [1] Dan Bar-On & Sami Adwan, THE  PRIME SHARED HISTORY PROJECT, en Educating Toward a Culture of Peace, páginas 309–323, Information Age Publishing, 2006.

Tariq Ali  es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

lunes, 21 de julio de 2014

¿GRIETAS EN OCCIDENTE?

 

LA NUEVA CANCILLERÍA ALEMANA (BUNDESKANZLERAMT)

Esos cuatro llamados Puntos Cardinales, son algo con lo que casi nacimos, el amanecer y el ocaso, la mañana y la tarde, el principio y el final de los tiempos. Esos puntos esenciales, tienen varios nombres que se usan con diferentes significados. Algunos de esos elementos denominativos, poseen valores culturales muy conocidos y potentes y así se habla con toda evidencia de ORIENTE y OCCIDENTE, idea geográfica, desde luego, pero mucho más amplia y polisémica.
Dada la esfericidad del planeta, todo es naturalmente relativo y es Oriente para unos y Occidente para otros según el lugar en que se encuentren de la Tierra.
Pero la Historia y las Culturas o Civilizaciones, en presencia y en lucha, se han apoderado de la neutralidad geográfica y han marcado a fuego de modo indeleble determinados contenidos y valores y les bautizaron con uno de los puntos cardinales como señas de identidad. La parte del mundo basada en origen en el cristianismo y la huella greco - romana que lo envuelve, fue llamada OCCIDENTE con muchos otros caracteres y matices bien conocidos para todos.
Sin tener que profundizar en análisis históricos o culturales, tras la Segunda Guerra Mundial la humanidad fue dividida por un teatral espantajo llamado TELÓN DE ACERO inventado al parecer por el singular CHURCHILL, el belicoso dirigente inglés de la contienda contra Alemania y del acoso y deseado derribo de Rusia. La parte dominada por las lenguas inglesas y norteamericanas se autoproclamó como MUNDO LIBRE con su mercantilismo económico y su liberalismo político.
 

DOWNING STREET
La popular GUERRA FRÍA era algo muy cómodo ya que de un lado estaban los tenidos por buenos, los de la libertad ante todo y por el otro estaban los enemigos, Stalin y su herencia, Mao y su revolución cultural, allí estaban justificadas las novelas y películas de espías.
Pero el final de la URSS rompió la aburrida bipolaridad, durante bastantes años el tenido por el OCCIDENTE VENCEDOR anduvo errante a la búsqueda del imprescindible enemigo que diese cohesión a la gran tramoya y el 11 S fue un maravilloso regalo, ya tenía OCCIDENTE un adversario malvado el ISLAM FUNDAMENTALISTA Y TALIBÁN, de nuevo se podía, se debía invertir en armamento, el esquema se había salvado y América e Inglaterra podía acaudillar de nuevo la irrenunciable LUCHA O CRUZADA POR LA LBERTAD. De paso la hegemonía cultural y económica quedaba asegurada para las dos potencias nimbadas con la bendición de su DESTINO MANIFIESTO e incuestionable.
Como entorno y apoyo a los legitimados como PAÍSES JEFES, están los otros miembros de la OTAN y los integrantes de la UE todos marcando el paso de los angloparlantes.
 
SÍNTOMAS DE GRIETAS
La Guerra de Iraq, y la intervención en Libia empezaron a dibujar un cierto resquebrajamiento de las unanimidades del tiempo reciente, la fiel Alemania se distanciaba y París dudaba en Iraq.
Pero entre tanto ha ocurrido lo que el pensador político francés JACQUES SAPIR ha denominado como EL Regreso de Rusia, que ya no es la odiada Unión Soviética pero resulta que tiene otra vez bastante poder y tiende a tener más. Primero Siria y la caliente UCRANIA están sacando a la luz dudas y tendencias de independencia de los países no ingleses, hace muy poco tiempo inimaginables, el gas ruso, la guerra de Gaza la vieja cuestión cubana y otros asuntos serios del tablero mundial, hacen ver que el llamado OCCIDENTE ya nos es tan unitario sin olvidar los paulatinos abandonos del compromiso en Afganistán.
UNA GRIETA INIMAGINABLE.
Se viene diciendo, y es globalmente cierto, que lo que llamamos convencionalmente occidente, al menos desde el punto de vista del enfrentamiento político a escala mundial, es un conjunto de países sometidos y dirigidos por el conglomerado anglosajón. Pero la guerra de Siria puso de manifiesto una desavenencia impensable que no apareció en el conflicto de Iraq o en la guerra de Afganistán. Esta discrepancia consistió en una rotunda negativa del Parlamento inglés a la participación de las tropas de ese país en las operaciones de bombardeo contra Damasco y otras ciudades como, Latakia y Tartús esta última base de la flota rusa del mediterráneo. El parlamento de Londres recogiendo posiciones muy claras de la población, que no deseaba arriesgar soldados en una operación fundamentalmente estadounidense, sacó a la luz que incluso el núcleo fundamental de occidente comienza a experimentar ciertas dudas respecto a su unanimidad interna.
DE LE PEN A SYRIZA
Algo va surgiendo en Europa que no es liberal y no es invitado a los fastos doctrinales del CLUB BILDENBERG, los llaman extremistas y anti sistema, pero es el caso que desde el 25 de mayo traen por la triste calle de la amargura a los consagrados bipartidismos liberales y socialistas, ALEXIS TSIPRAS Y MARIN LE PEN no aprueban las sanciones contra Rusia y Austria ha firmado un acuerdo de gas con Putin. La sucesión de Durao Barroso y la Comisión Europea están resultando ser un guirigay, Obama debe de andarse con cuidado. Nos hallamos en el centenario de la Gran Guerra que fue también llamada  Guerra Europea, los biempensantes decían que eso de la guerra ya no es propio de la hermosa Europa, pero SARAJEVO, BELGRADO, KIEV Y SLAVIANSK ¿Dónde están?
José Ramón Montes, de GATONEGRO, Madrid 21 de julio de 2014

domingo, 20 de julio de 2014

EL EMBAJADOR EN ALEMANIA NO HABLA ALEMÁN



                                                ALEXANDER PLATZ, BERLÍN

Alemania y Estados Unidos: una brecha sin precedente

Immanuel Wallerstein
La Jornada

El 10 de julio, el gobierno alemán demandó el retiro inmediato del jefe de la misión de la CIA en Berlín. Tal exigencia no es inusual, aun entre aliados ostensibles. Lo que es inusual es que deba ser anunciado públicamente y con tanta fanfarria. ¿Qué es lo que da cuenta de lo que algunos ya están llamando una brecha sin precedente en las muy cercanas relaciones entre Estados Unidos y la República Federal Alemana desde 1945?
En tan sólo un día el asunto fue la ocasión para dos textos importantes: un editorial en Los Ángeles Times y un reportaje en el periódico alemán Der Spiegel. Ambos son pesimistas en torno a si tal brecha sin precedente pueda ser reparada con prontitud, si es posible repararla.
El editorial de Los Ángeles Times, escrito por Jacob Heilbrun, se titula La ruptura germano-estadunidense. La palabraruptura es inequívoca. O casi. Tras una revisión panorámica de varios comentarios alemanes, Heilbrun finaliza con esta admonición: “Si Obama es incapaz de controlar el espionaje en Alemania puede descubrir que está ayudando a convertir en adversario a un aliado. Para Obama, decir auf wiedersehen a un aliado de muchos tiempo le asestará un golpe a la seguridad nacional estadunidense que ninguna cantidad de información secreta podrá justificar”.
Si Heilbrun parece tener muy poca esperanza de que su punto de vista sea escuchado en Washington, palidece ante el reportaje principal de Der Spiegel de la misma fecha. Este largo texto se intitula: La opción de Alemania: ¿Será Estados Unidos o Rusia? Una sección del reportaje tiene por título: La gota que derramó el vaso. Cita a alguien que no está en la izquierda o a alguien que haya promovido relaciones más cercanas con Rusia. Menciona, en cambio, a un promovente de la economía de libre comercio, conservador y pilar de las relaciones con Estados Unidos, alguien que es cabeza de una organización conocida como el Puente Atlántico. En un tono de desesperación, dice: Si (los más recientes alegatos acerca del espionaje) resultan ser ciertos, es tiempo de que esto se detenga. Nótese que el escrito dice que es tiempo de que esto se detenga, no de que haya ulteriores discusiones o negociaciones al respecto. Sólo detenerse.
Un último detalle punzante: el embajador estadunidense en Alemania no habla alemán. El embajador ruso es tan fluido en alemán, que casi no se le nota el acento. La entrada a la oficina del embajador estadounidense está protegida con el nivel más alto de seguridad posible, sobrepasando aun la que gobierna la entrada a la Oficina Oval de la Casa Blanca. La entrada a la embajada rusa es tan casual, que ocasiona desconcierto.
¿Es esta brecha sin precedente tan repentina e impredecible? Por ahora, cada uno de los periódicos importantes y menores en Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y otras partes está publicando esta historia, analizando las causas y predicando entorno a la solución. Sobre todo, casi todos los artículos buscan a quien culpar. Los sospechosos principales son la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y el presidente Obama. Pero, ¿acaso son simplemente las poco sabias decisiones de la NSA o de Obama? En otras palabras, ¿podría haber sido diferente? Bueno, seguramente en los detalles. El gobierno estadounidense ha sido estúpido y muy torpe. Sin embargo, el problema es estructural. No son los errores coyunturales ni la estupidez de quienes detentan el poder en Estados Unidos.
El problema básico es que Estados Unidos está y ha estado por algún tiempo en decadencia geopolítica. No le gusta esto. En realidad no lo acepta. Con seguridad no sabe cómo manejarlo, es decir, minimiza las pérdidas para Estados Unidos. Así que intenta restaurar lo irrestaurable –el liderazgo estadounidense (léase: la hegemonía) en el sistema-mundo. Esto hace de Estados Unidos un actor muy peligroso. No es pequeño el número de agentes políticos en Estados Unidos que llaman a alguna suerte de acción decisiva –sea lo que esto pueda significar. Y las elecciones estadounidenses pueden depender en gran parte de cómo juegan este juego los actores políticos estadounidenses.
Eso es de lo que se están percatando los europeos en general y ahora la canciller Angela Merkel. Estados Unidos se ha vuelto un socio muy poco confiable. Así que aun aquellos que en Alemania y otros países de Europa tienen nostalgia por el cálido abrazo del mundo libre, con renuencia se están uniendo a los menos nostálgicos en decidir cómo sobrevivir geopolíticamente sin Estados Unidos. Y eso los está empujando a la alternativa lógica: a un techo europeo que incluya a Rusia.
Y conforme alemanes y europeos en general se mueven inexorablemente en esta dirección, tienen sus dudas. Si ya no pueden confiar en Estados Unidos, ¿podrán realmente confiar en Rusia? Y lo más importante, ¿podrán hacer un arreglo con los rusos que los rusos encuentren importante y necesario cumplir? Pueden apostar que eso es lo que se está discutiendo en los círculos internos del gobierno alemán hoy, y no cómo reparar la brecha irreparable de confianza con Estados Unidos



jueves, 17 de julio de 2014

1914: La brutalización del mundo.

 

TRINCHERAS

 

Entrevista

Stéphane Audoin-Rouzeau · · · · ·

 

Se esperaba una guerra corta. Durará más de cuatro años y en ella cambiará todo: la estrategia militar, la psicología de los soldados, pero también el mapa del mundo y, más allá de ello, nuestra visión del progreso y de la democracia. André Burguière, periodista del semanario parisino Le Nouvel Observateur entrevista en profundidad al historiador Stèphane Audoin-Rouzeau.

Le Nouvel Observateur: Se ha dicho a menudo que los soldados de 1914 partieron en los dos bandos con flores en los fusiles. En París se gritaba: “A Berlin!” y en Berlín: “Nach Paris!”. ¿Qué debemos pensar de este lugar común?

Stéphane Audoin Rouzeau: Los historiadores –sobre todo Jean-Jacques Becker en el caso de Francia- le han hecho justicia desde hace mucho a la idea de que los movilizados partieron en medio del entusiasmo. En algunas grandes ciudades hubo manifestaciones de ardor patriótico. En las capitales y en las estaciones, sobre todo. Pero se puede uno preguntar si esas manifestaciones no eran ante todo una forma de negar la angustia que oprimía a los soldados en el momento de dejar a los suyos. En lo más hondo de los países afectados, la noticia de la guerra fue acogida con un sentimiento de consternación y también de aceptación, que se transformó progresivamente en resolución. Pero fue raro el entusiasmo. Por un fenómeno de selección o de deformación del recuerdo es cómo las manifestaciones de belicismo exaltado en el momento de la partida, puestas de relieve por la prensa y a veces filmadas, han acabado por invadir la memoria.    

Se esperaba una guerra corta, siguiendo el ejemplo de la guerra franco-prusiana de 1870, y fue larga. Al cabo de cuatro meses, el frente se inmoviliza y comienza entonces la guerra de trincheras. ¿Quién había previsto que la guerra tomara ese giro?

Los estados mayores eran conscientes de que podía ocurrir una nueva forma de guerra, y eso desde la guerra ruso-japonesa que todos habían escudriñado atentamente. Sobre todo la batalla de Mukden de febrero-marzo de 1905: de pronto, pareció que la batalla desaparecía, los ejércitos quedaron inmovilizados y enterrados. El mito de la guerra muy ofensiva y breve, que inspiraba los planes de los estados mayores en víspera del conflicto, era una forma de negar la obsesión de que se reprodujera dicho esquema. Habían visto en que se convertía un ejército que se enterraba. Y luego, queriendo evitar la trampa de enterrar a las tropas, han caído en ella. A partir de otoño de 1914, por lo menos en el oeste, se instala un interminable asedio de 700 kilómetros de largo a campo abierto. Las causas de esta inmovilización son las mismas que las de la guerra ruso-japonesa: la intensidad de fuego (el cañoneo de una artillería completamente renovada, en particular) que obliga a enterrarse.      

¿Se trata de una guerra totalmente nueva?

Los soldados se quedaron pasmados ante la potencia del fuego a distancia en los primeros enfrentamientos en septiembre de 1914, en las fronteras de Bélgica o de Alsacia-Lorena: combates extraordinariamente mortíferos. Para los estados mayores, una vez más, esta intensidad no suponía nada nuevo: la habían observado durante la guerra de los Boers, la guerra ruso-japonesa o en última instancia en las guerras balcánicas. Se atenía esencialmente a los perfeccionamientos de la artillería, al papel desempeñado por la artillería pesada en el campo de batalla junto a la artillería de campaña, al muro de balas levantado ante ellas por las ametralladoras, al aumento del alcance de las armas individuales y al nuevo poder de penetración de las balas, propulsadas por pólvora sin humo. El perfeccionamiento técnico se aceleró durante el conflicto, pero sin innovación radical, con excepción de los gases tóxicos puestos a punto por Alemania y rápidamente imitados por el otro bando. 

Por lo que respecta a la pareja “tanques-aviones”, se impone tardíamente, en el curso del año 1918. Desde entonces, los aviones, utilizados al principio para vuelos de reconocimiento o combates aéreos individuales que recordaban a la antigua caballería, al final de la guerra atacan a las tropas en tierra por medio del bombardeo o el ametrallamiento.    

Pese a la existencia de combates a corta distancia, es verdad que raros, la muerte es, por tanto, esencialmente anónima. Se asiste a una despersonalización profunda de la violencia bélica.

Los mandos tuvieron las mayores dificultades a la hora de pensar este tipo de guerra e intentaron recuperar la movilidad perdida. Pero en vano…y al precio de espantosas pérdidas. Los franceses, en particular, subestimaron el papel de obstáculo que desempeñaban las alambradas y no reconocieron más que lentamente la necesidad de moverse en las diferentes líneas de trincheras escalonadas en profundidad.

En 1918, generalizando una táctica ya aplicada en 1917 en otros frentes, los alemanes lanzan a las Sturmtruppen (de las que formó parte Ernst Jünger) para penetrar en las primeras líneas enemigas, sacándole partido a su agresividad y autonomía con el fin de desorganizar el frente adverso. Frente a esta táctica tan provechosa, los franceses se mantienen en la defensa de la primera posición, antes de admitir el principio de defensa en profundidad. En el fondo, es la recurrencia de ofensivas desastrosas la que hizo evolucionar a los estados mayores, pero al precio de la rotación de los generales en jefe…y de espantosas pérdidas humanas.   

Por tanto, la guerra ha cambiado de naturaleza. ¿Y el combatiente?

El combatiente, también. Hay una novedad antropológica en esta guerra. Se pasa del combate del “cuerpo enderezado” al del “cuerpo acostado” y escondido. En septiembre de 1914, los soldados se dejan matar cargando de pie. El equipo militar no había abandonado los colores (los pantalones rojos de los franceses seguían siendo un caso extremo). Luego, con las trincheras, se pasa al cuerpo disimulado, acostado, protegido. La retro-innovación del casco (para proteger de los desprendimientos y de la caída de rocas, y no de las balas) fue adoptada por todos los ejércitos, con excepción de los rusos. Es ésta una experiencia corporal nueva: la batalla, en tanto que experiencia de enfrentamiento muy intenso pero breve, se ve reemplazada por una violencia discontinua pero interminable.

Este nuevo tipo de combate ha configurado un nuevo tipo de soldados. Sobre todo de soldados que ya no saben moverse. En el verano de 1918, cuando los Aliados retoman la ofensiva, los soldados ya no saben avanzar y son por tanto los contingentes norteamericanos, que no han adoptado todavía la costumbre de enterrarse, los que mejor reaccionan. Eso es también lo que explica que los Aliados, pese a una superioridad técnica y demográfica aplastante a partir del verano de 1918, no hayan podido quebrantar al ejército alemán en el campo de batalla. Lo rechazan progresivamente, como un muro que retrocede, pero sin llegar a derribarlo, lo cual ha tenido su parte asimismo en el mito alemán de un ejército invicto en 1918.           

¿Por qué estos forzados de las trincheras han aguantando tanto tiempo en ambos lados, pese a algunos baches, como, por ejemplo, en 1917?

La “leva masiva” había existido desde la Revolución, pero no con la misma intensidad. Gran Bretaña, aferrada a una larga tradición de soldados de enganche. no recurrió a la conscripción más que a partir de 1916, y Australia, que envió, sin embargo, contingentes militares importantes, no llegó nunca a establecerla. La coacción del aparato militar no puede explicar por sí sola que los “poilus” hayan podido soportar tales sufrimientos durante tanto tiempo. La razón esencial de su tenacidad tiene que ver con el hecho de que se trata de ejércitos de ciudadanos con educación, salvo en el caso del ejército ruso, que no ha aguantado tan bien y ha acabado por sublevarse literalmente en el otoño de 1917.   

La escolarización, la conscripción y la lectura de periódicos, como ha mostrado Eugen Weber, han homogeneizado las actitudes y las expectativas. Han reforzado el apego a la nación. Los soldados comprenden y aceptan los objetivos de guerra de sus gobiernos. Sus motivaciones defensivas  han seguido siendo fuertes, pese al aflojamiento de 1917, y en el campo aliado se aprecia una “removilización” en 1918. Pero la experiencia de las trincheras, con sus sufrimientos y sus violencias, va a endurecer a cambio los comportamientos políticos. Se ha descrito este endurecimiento de los comportamientos como un proceso de “brutalización”, una forma de transposición en la vida política de postguerra de las representaciones y de las prácticas adquiridas en el combate: el culto del jefe, de la obediencia, de la fuerza y de la acción violenta, por ejemplo. El fascismo, el nazismo y en cierto modo también el bolchevismo son igualmente herederos de la violencia de guerra.       

Otro resorte secreto de la resistencia de los combatientes tiene que ver con los beneficios de la educación: se trata del apoyo moral que les aportó la correspondencia. En momentos de calma en el frente occidental, los soldados escriben de media una carta al día a su mujer, a su novia, a sus padres o a sus allegados. Se enviaron miles de millones de cartas por medio de un servicio postal al que las autoridades militares dedicaban la máxima atención, pues valoraban su interés psicológico. En la correspondencia no se habla ni de detalles de la guerra (censura obliga) ni de política sino antes bien generalmente de lo que han dejado atrás. Los campesinos y los comerciantes siguen gestionando sus negocios. Los padres vigilan la escolaridad y el comportamiento de sus hijos. Se habla también de amor, y mucho. Como una inmensa red inmaterial tendida más allá de los campos de batalla, estos innumerables intercambios epistolares han permitido a los muertos-vivos de las trincheras seguir siendo civiles de uniforme, animados por la esperanza de volver entre los suyos.    

Los imperios centrales (Alemania y Austria-Hungría) han perdido la guerra. Pero, ¿quién la ha ganado?

En 1918, la cuestión de la victoria queda zanjada: los Aliados han ganado la guerra de la manera más nítida y el Tratado de Versalles, impuesto sin discusión a Alemania, expresa perfectamente este predominio. Pero las primeras dudas sobre la extensión real de la victoria se revelan con bastante rapidez, pues la cuestión no estriba en ganar la guerra sino en ganar la paz: desde mediados de los años 20, esas dudas asaltan a la opinión pública de las potencias victoriosas, y no dejarán, después, de propagarse. Añadamos que la dominación de Europa sobre el mundo se ve profundamente afectada por la guerra, en beneficio de nuevas potencias, como los Estados Unidos, que forman parte de los vencedores. Su dominación colonial, que reposaba sobre una imagen de autoridad moral e invulnerabilidad, conocía sus primeros cuestionamientos por parte de los pueblos colonizados. Han asistido al enfrentamiento de las potencias coloniales, que han perdido todo su prestigio a sus ojos matándose entre ellos, y que han tenido que ir a mendigar su implicación para evitar la derrota.

Hoy en día, el problema del desenlace de la I Guerra Mundial se plantea de manera diferente: se ha impuesto el sentimiento de que la gran Guerra no dejó más que vencidos, lo que me parece bastante exacto. No queda gran cosa, en efecto, de las inmensas esperanzas suscitadas por la victoria de 1918, tal como las expresaron sus contemporáneos. De lo que más nos damos cuenta ahora es de hasta qué punto la idea de “progreso”, consubstancial a la idea democrática en el siglo XIX y a principios del XX, ha sido subvertida en profundidad por el primer conflicto mundial:  me parece que nunca ha llegado exactamente a recuperarse.    

¿1918 no es por tanto una victoria de la democracia?

En apariencia, o a corto plazo, con el hundimiento de los imperios, la victoria de las democracias parece completa: la creación de la Sociedad de Naciones constituye una suerte de transposición de esto en el plano internacional. Y en efecto, hay que reconocerlo, las democracias se han mostrado más eficaces que los regímenes autoritarios a la hora de efectuar los buenos arbitrajes que imponían las economía de guerra, repartiendo más armoniosamente la carga del conflicto entre el frente y el “frente interior”. En este sentido, su victoria es también la victoria de los valores y del tipo de régimen que encarnan.

Con todo, esta victoria ha sido de corta duración: la democracia retrocede enseguida en todas partes, hasta el punto de tomar la forma de ciudadela asediada en el curso de la década de 1930. Hay que señalar aquí varias cosas: a corto o a más largo plazo, la “brutalización” de las sociedades europeas por la guerra, por retomar el concepto evocado anteriormente, introducido por el gran historiador norteamericano George Mosse, tuvo importantes efectos en el campo político. No se puede comprender la afirmación de los grandes totalitarismos del siglo XX sin hacer referencia a la experiencia bélica: la victoria del bolchevismo en Rusia no es concebible sin referencia a la guerra, lo mismo que la brutalidad que despliega en la guerra civil, en el curso de la cual el nuevo régimen, nacido en 1917, vuelve a usar de modo intensivo todas las técnicas del campo de batalla. El fascismo italiano, ese “producto” ideológico nuevo, surge del intervencionismo italiano y de la experiencia combatiente.    

En cuanto al nazismo, es en grandísima medida una derrota rechazada tanto como una Gran Guerra que se vuelve a librar: contra el enemigo interior, en primer lugar, los judíos y los rojos, que habrían apuñalado por la espalda al ejército alemán e instaurado la República de Weimar, abandonista y, luego, contra el enemigo exterior. No se comprende nada de su energía asesina sin hacer referencia a sus raíces, que se hunden en la Gran Guerra, tal como la vivió Alemania, en sus modalidades de derrota militar no percibida y no asumida como tal. 

Los pueblos vencedores, los franceses, ingleses, italianos, ¿se dejaron llevar por la sensación de victoria?

Los festejos de la victoria que tuvieron lugar en los países aliados en 1918, 1919 o 1920, según calendarios diferentes, son indiscutiblemente fiestas espectaculares. Las escenas de alborozo podrían hacer pensar que la ebriedad de la victoria lo arrastra todo entre los antiguos beligerantes victoriosos. En realidad, y más en profundidad, las sociedades europeas han quedado marcadas por el luto masivo; un luto integrado por otra parte en la fiesta, en forma de homenaje a los muertos.    

El culto de los muertos reviste en la postguerra en Europa una intensidad sin precedentes, a escala nacional (los monumentos y los homenajes al Soldado Desconocido) como a escala local (los monumentos a los caídos erigidos en cada localidad). Domina la impresión de que las sociedades europeas intentaron, tras la gran matanza, una forma de catarsis. ¿La lograron? Lo dudo. El aspecto espectacular de la conmemoración de los muertos no significa necesariamente que haya aliviado el luto de los vivos. Este es masivo, a menudo redoblado o multiplicado. También es prolongado. Estoy persuadido de que esa huella es todavía perceptible en Francia, donde, es verdad, dos tercios de la sociedad están, de una forma u otra, de luto al concluir la guerra.   

La relación que mantenemos con esta guerra parece dar la razón a Maurice Barrès: la patria son nuestros muertos. Pero los supervivientes, ¿no nos han transmitido nada?

El legado de la Gran Guerra debe entenderse de diferentes maneras, según las generaciones. Tenemos en principio la experiencia de la primera generación, la de los combatientes, la de las familias de luto. Una experiencia a menudo callada, oculta: el libro de Jean Rouaud Les Champs d´honneur, de 1990, [Los campos del honor, Anagrama, Barcelona, 1991] muestra esto admirablemente. A continuación está la experiencia de la segunda generación, que ha vivido en esta sociedad, en estas familias enlutadas, y que ha sufrido ese silencio sin poder traspasarlo, cuestionarlo. Y luego está la tercera generación, la que plantea las preguntas, de diferentes maneras: es la mía.

En Quelle histoire. Un récit de filiation (1914-2014) quise mostrar cómo la guerra y sus traumatismos podían inscribirse en el parentesco, destruyendo, por ejemplo, los lazos de los veteranos con sus ascendientes, con sus allegados, con sus descendientes. He intentado la experiencia del relato y del análisis de un proceso de este género en mi propia familia, centrándome en mi abuelo paterno, que volvió vivo y aparentemente intacto de la guerra, pero destruido en profundidad, luego en mi propio padre, el cual, a falta de haber comprendido la guerra de su padre, se vio atrapado por la violencia del conflicto, que no sólo se desplegó en ese instante sino también posteriormente. Es lo que he terminado por comprender a través de mi labor de historiador y lo que, al mismo tiempo, le da acaso más sentido.  

Stéphane Audoin-Rouzeau (1955), director de estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) y presidente del centro internacional de investigación del Historial de la Grande Guerre de Peronne, en el Somme, es uno de los máximos especialistas franceses en la I Guerra Mundial, a la que ha dedicado numerosos estudios, además de dirigir la obra colectiva Encyclopédie de la Grande Guerre 1914 - 1918 (Éditions Bayard, 2004).

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

Francia: ¿Hay que desesperarse con el PS?

 

RUE SOLFERINO, PARIS

 

 

Laurent Bouvet · Éric Fassin · · · ·

 

Una frase reciente del primer ministro francés Manuel Valls –“la izquierda puede morir”— ha desencadenado una oleada de debates y comentarios sobre la situación del Partido Socialista y el Front de Gauche [Frente de Izquierda]. El sociólogo Eric Fassin y el politólogo Laurent Bouvet son entrevistados para el semanario Le Nouvel Observateur sobre estos asuntos por la periodista Aude Lancelin.  

Laurent Bouvet: Los partidos políticos son mortales, hay numerosos casos en la historia. De todos modos, el PS ha conocido en poco menos de un siglo de existencia numerosas crisis de las que siempre ha salido. Hoy en día, el PS debe refundarse sin duda tal como lo hizo en 1969-1971. Los “dos cuerpos” del PS se han visto en efecto tocados. Su “cuerpo inmaterial”, doctrinal, está por reconstruir enteramente. El PS ya no produce ideas, proyecto de sociedad u orientaciones políticas fuertes, identificables, siquiera, desde hace mucho tiempo. La novedad es ya que su “cuerpo material, sus cargos electos, sus militantes, sus redes, su gente de confianza…está gravemente tocado. La pérdida de 30.000 cargos electos en las municipales y de 25.000 militantes desde 2012 es un signo del desmoronamiento del conjunto organizativo y reticular que representaba el PS.

Eric Fassin: Manuel Valls habla a los socialistas, pero prefiere inquietarse, por una vez, por “la izquierda”. Es una forma de no aludir a la muerte anunciada del PS. Es verdad que el PS arrastra hoy en día a toda la izquierda en su naufragio. La crisis de la socialdemocracia es más bien una renuncia ideológica que un fracaso político, un poco por doquier en Europa: Blair y Schröder antes de Valls. François Hollande “asume”, se dice, ser socialdemócrata. Pero el pacto de responsabilidad no tiene nada que ver con la socialdemocracia: en lugar de arbitrar entre capital y trabajo, ¡el presidente negocia con la patronal olvidando a los sindicatos! ¿Será social-liberal? En realidad, no es ni social ni liberal: pone al Estado al servicio de los bancos y de los mercados. Es, por tanto, neoliberal. Pero hay muchos que lo niegan. Fijaos: en Europa, Hollande y Renzi han apoyado a Juncker, y él es de los editorialistas que han saludado “el viraje a una izquierda saludable”.

Más allá de las clases populares, ¿cuáles son las demás categorías de la población cuyo descolgamiento explica la debilidad actual del voto socialista?

Laurent Bouvet:  Más allá de las clases populares que el PS ha “perdido” desde hace mucho tiempo, el conjunto de su base electoral se ha diluido desde hace dos años (parciales, municipales, europeas). Las opciones económicas y “de sociedad” dividen profundamente al electorado de François Hollande de 2012. De este modo, el voto al PS en tal o cual elección se ha convertido en si en un problema. Para muchos electores de categorías medias o superiores, las subidas de impuestos tienen un papel disuasorio, como se ha visto en las encuestas hechas con ocasión de las municipales. Para los funcionarios públicos, la bajada del gasto público se vive como una amenaza a su actividad misma, por no hablar de medidas sectoriales que sientan mal, como los ritmos escolares entre los enseñantes. A eso se ha añadido la desmovilización de ciertos electorados insatisfechos con cuestiones más específicas, como el matrimonio para todos o el género.    

Eric Fassin: El electorado que pierde el Partido Socialista es en primer el lugar electorado de izquierda. ¿Por qué votar por un partido que ya no es de izquierda? Se nos ha querido hacer creer que el PS perdía al pueblo para conservar a los “bo-bos” [“bohemios burgueses”], que sacrificaba las clases populares a las minorías y que se ocupaba del matrimonio antes que del paro. Pero este gobierno no hace nada por los barrios del extrarradio (las “banlieues”) ni contra las discriminaciones. En cuanto a los derechos de las minorías sexuales, ¡es cosa terminada! En resumen, no se podrá decir que es a causa de las cuestiones “de sociedad” por lo que no se ocupa de la “cuestión social”.  

Las decepciones del PS no parecen, sin embargo, aprovecharle en modo alguno a la izquierda de la izquierda, como han mostrado los resultados de las últimas europeas. ¿Cómo lo explican ustedes? ¿Por qué Francia no produce un fenómeno a lo Syriza, partido de izquierda radical que ha quedado en primer lugar en Grecia?

Eric Fassin: Ésa es efectivamente la gran pregunta. Dado que François Hollande aplica la misma política económica que Nicolas Sarkozy, podríamos imaginar que la crítica de la deriva neoliberal beneficiaría tanto a la izquierda de la izquierda como a la extrema derecha. Ahora bien, éste no es el caso. ¿Por qué? Por una parte, el PS da la razón al Frente Nacional, que denuncia la “UMPS” [es decir, la equivalencia política de la UMP, la derecha francesa, y el PS]. Y la alternancia sin alternativa alimenta el rechazo de la democracia, con el voto de extrema derecha, pero también con la abstención. ¿Cómo creer en la democracia si las elecciones no cambian nada? Por otro lado, el FN ha acabado por imponer su lenguaje identitario, no sólo en la UMP sino también en el PS (ya se trate de los inmigrantes, de los musulmanes o de los rom). La hegemonía económica es el frente UMP-PS, pero la hegemonía cultural es el frente FN-UMP-PS. En esa condiciones, no resulta fácil que se escuche otra cosa. La principal esperanza estriba en la “hipótesis Syriza”: el completo hundimiento del PASOK ha acabado por abrir un espacio a la izquierda y, por tanto, una alternativa. De golpe en Grecia hay menos abstención, se vota menos a la extrema derecha y se vota más a la izquierda de la izquierda. Hoy en día, la “hipoteca PS” obstruye el paisaje de la izquierda.

Laurent Bouvet: El Front de Gauche mantiene un discurso desajustado en relación a su electorado. Su discurso se apoya en las consecuencias nefastas de la mundialización y del capitalismo, se dirige de modo prioritario a sus víctimas (a los más expuestos y a los más débiles) . Ahora bien, las soluciones propuestas para ponerle remedio (aumento del gasto público y reforzamiento del papel del servicio público) aparecen como algo que beneficia en primer lugar a sectores (como los funcionarios públicos) menos expuestos a los riesgos de la mundialización (sobre todo, al paro y la deslocalización). Este hiato entre discurso, propuestas y electorado está en mi opinión en el centro de las dificultades del Front de Gauche.  

Sin embargo, usted, Laurent Bouvet, parece considerar que el socialismo encarnado por Valls es la vía correcta para la izquierda, sobre todo en la reconquista del voto popular. ¿Qué responde usted a los que consideran hoy que la izquierda actualmente en el poder no es otra cosa que una “derecha acomplejada”?

Laurent Bouvet: ¡Yo no sé si es la “vía correcta” para la izquierda! Lo que yo constato, más modestamente, es que la posición política de Manuel Valls –resumidamente, el retorno a una forma de autoridad en la que la acción pública se ejecuta articulada en un proyecto abiertamente social-liberal- ofrece una elección clara a los socialistas y a la izquierda en general, con respecto a otra propuesta, más intervencionista en el plano económico, pero también más liberal en lo que respecta a las cuestiones de sociedad (encarnada, sobre todo, por los Verdes de EELV). Habrá que ver en 2017 cómo se encarnan estas dos propuestas y cuál prevalece en la izquierda frente a las de la derecha y la extrema derecha.     

La izquierda se convirtió en electoralmente dominante en 2012, en un momento en que su descomposición doctrinal estaba ya muy avanzada. ¿Qué es lo que, según usted, no se ha hecho, y cuál sería la terapia de choque que hay que adoptar?

Eric Fassin: La hegemonía ideológica de la derecha desacomplejada descansa sobre una izquierda acomplejada. Nuestros gobernantes se creen realistas: de hecho, creen sólo en que la realidad es de derechas. Para compensar, pretenden acercarse al pueblo metiéndose con los rom, por ejemplo.  Eso significa apostar por la idea de que la gente sería de derechas. Hay que invertir esa lógica: reivindicar una ideología de izquierdas. Es así cómo se podrá esperar reencontrar por fin un electorado de izquierdas. 

Laurent Bouvet es profesor de historia de las ideas políticas en la Universidad Versailles-Saint-Quentin y director del observatorio de la vida política de la Fundación Jean Jaurès. Su último ensayo es Le Sens du peuple. La gauche, la democratie, le populisme (Gallimard, París, 2012).   EricFassin (1959) es sociólogo y profesor de ciencias políticas en la Universidad París-VIII-Vincennes-Saint Denis, y miembro del colectivo Cette France-là, observatorio de la situación de los extranjeros en Francia, y autor, entre otros libros, de Démocratie précaire, Chroniques de la déraison d´Etat (La Découverte, 2012) y Roms et riverains. Une politique municipale de la race (La Fabrique, 2014).   

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

Ucrania, génesis de un conflicto

 

 

SLAVIANSK 

 

 

Rossana Rossanda · · · · ·

 

 


Prensa y televisión pintan un cuadro de una Ucrania pobre pero democrática que se debatiría entre las garras del oso ruso, el cual, después de haberle arrancado la península de Crimea, querría devorarla entera. Pero la historia de las relaciones entre Rusia y Ucrania es todo menos lineal. Y Europa parece haber olvidado historia, geografía y política.

Cierto es que Europa no nació en clave antiamericana sino, dadas las dimensiones y el número de habitantes, al menos como gran mercado autónomo y  con una moneda acaso competitiva; y durante algunos años esto es lo que ha sido. Pero desde hace algún tiempo ha subrayado de modo pasmoso un papel que antaño se habría llamado “atlántico”. Ya no bajo enseña anticomunista, al haber desaparecido el comunismo de golpe, sino antirrusa. 

Hace algunos años me decía Immanuel Wallerstein que, agotados todos los enfrentamientos ideológicos, las nuevas guerras habrían de ser comerciales. ¿Y qué otro sentido darle al conflicto que se desarrolla en Kiev? Parece tener por objeto la identidad nacional de Ucrania. Excepción hecha de Il Manifesto, toda la prensa y la televisión pintan el cuadro de una Ucrania pobre pero democrática que se debatiría entre las garras del oso ruso; el cual le ha arrancado ya la península de Crimea y querría devorarla entera. Poco falta para que se defina a Rusia como un nuevo Tercer Reich. Con ocasión del 70 aniversario del desembarco de Normandía, el presidente francés Hollande fue acusado de haber invitado también a Putin a las celebraciones - como si la batalla de Stalingrado no hubiera permitido a los Estados unidos el desembarco mismo, distrayendo del norte de Europa al grueso de la Wehrmacht –, cuando al mismo tiempo había invitado nada menos que a unidades alemanas a participar en la conmemoración del primer lanzamiento paracaidista aliado sobre el pueblo de Sainte-Mère-l’Eglise.

Desde algunos días más tarde sabemos que los Estados Unidos, ni siquiera el presidente Obama sino su antiguio rival Mc Cain – han exhortado a Bulgaria, Serbia y los demás países involucrados en un proyecto de gaseoducto para transportar el gas ruso por Europa (con un trazado que evitaba Ucrania, por ser mala pagadora) a clausurar las negociaciones en curso, preferiendo un nuevo trayecto a través de Ucrania a ese otro que iría directamente por Europa occidental. Estupor y tímidas protestas de Bruselas, convencida de que se trata de una amenaza simbólica. Que se inserta, no obstante, en el marco de un cambio de las exportaciones de los EE.UU., ya dirigidas al comercio del gas de esquisto, que, por lo demás, todavía no está en marcha.

Europa teme represalias de Rusia por haber aplaudido el derrocamiento del presidente ucraniano filorruso Yanukovich a manos de las fuerzas (de la plaza Maidán) que hoy están en el gobierno en Kiev. Pero la historia de las relaciones entre Rusia y Ucrania es todo menos lineal. El principado de Kiev fue la primera forma del futuro imperio ruso, anexionado por Catalina II a Rusia hacia la mitad del siglo XVIII y que estableció en Crimea su base naval más fuerte. Su cultura, su desarrollo y sus personajes, de Gogol a Berdiaev, han estado entre los protagonistas de la literatura rusa del siglo XIX. Toda la literatura rusa queda marcada por la guerra entre Rusia, Inglaterra y Francia, que trataron de ponerle las manos encima: no hay más que pensar en Tolstoi y en la topografía de las capitales correspondientes, ricas en avenidas y arterias que la conmemoran (Sebastopol). Pero al país, que en su origen había sido recorrido, como Italia, por multitud de etnias, de los escitas en adelante, le ha costado unificarse como nación, distingiuéndose por luchas crueles y no sólo de ideales entre diversos nacionalismos, a menudo de derecha. La culminación se produjo en la I y en la II Guerra Mundial: en la primera bajo la presidencia de Petliura, nacionalista de derecha, cuando Ucrania se convirtió en refugio último de los generales “blancos” Denikin y Wrangel, con el enfrentamiento entre él y la república soviética de Jarkov. Sólo con la victoria definitiva de la URSS se consolidó la república soviética nacida en Jarkov, destinada a convertirse en los años 30 en centro de la industrialización. Industrialización desarrollada exclusivamente en el este (la cuenca de Donbás, con capital en Jarkov), mientras el oeste del país seguía siendo en su mayor parte agrícola (capital Kiev, asimismo de toda la república); y ésta sigue siendo la base del contencioso entre la dos partes del país. Luego, durante la II Guerra Mundial, la ocupación alemana concitó el favor de una parte del panorama político ucraniano, una herencia evidentemente todavía viva en los recientes hechos de la Plaza Maidán: el partido explícitamente nazi todavía se muestra activo y no es la última de las razones por las que el país sigue dividido entre la zona oriental y la occidental. Tras la II Guerra Mundial, Jruschov dio a Ucrania plena autonomía administrativa, Crimea incluida, sin ninguna consecuencia políticamente relevante, pues seguía siendo un proceso interno de la Unión Soviética.

Sólo desde 1991 y el derrumbe de la URSS, bajo presión asimismo polaca y lituana, mira el gobierno de Ucrania a Europa (y  a la OTAN) y aumenta su enfrentamiento con su parte oriental. Parece imposible que en Occidente no se haya considerado que la Unión Soviética no era sólo una fórmula jurídica: disolverla arbitrariamente y desde arriba, como ocurrió en 1991, significaba crear una serie de situaciones críticas, tanto en la cultura como en las relaciones económicas que atraviesan todo ese vasto territorio. Desde entonces no ha escondido Kiev que apuntaba a una unificación étnica y linguística también forzosa de las dos zonas, hasta llegar a prohibir el uso de la lengua rusa a los habitantes del este para los que era habitual. 

Europa y la OTAN no han dejado de apoyar las políticas de Kiev ni la insurrección, luego, contra un presidente Yanukovich muy corrupto, obligado a cortar los lazos con Moscú. Pero la zona oriental seguro que no lo lamenta: no tolera el gobierno de Kiev y su complicidad con la OTAN, pero no porque tenga nostalgia de este personaje. Se ha rebelado contra la política pasada y reciente de Kiev que ha intentado incluso impedir el uso de la lengua rusa, usada por la mayoría de la población en el este. Europa y la OTAN, apoyadas por Polonia y Lituania, afirman que no se trata de una verdadera y espontánea solución nacionalista sino de una ingerencia directa de Rusia, y así lo dicen la prensa y la televisión italianas. No hay duda de que Rusia ha querido el retorno de Crimea a su seno, pero la propuesta del este de formar una federación con el oeste, garantizando la autonomía de ambas partes, fue bloqueada por Kiev y el gobierno de los insurgentes. La decisión de votar en un referendum contra Kiev en el Este la tomó no Putin, puesto en un brete, sino la población del Este que ha votado en este sentido en un 98%. No se trata de un proceso regular (no aceptaríamos que el Alto Adigio [región del norte de Italia de lengua alemana] votase uno de estos próximos domingos su incorporación a Austria sin algún precedente diplomático negociado), pero no ha sido siquiera una maniobra rusa, como ha sostenido Europa entera. 

Es sorprendente que hasta lo poco que queda de las izquierdas europeas haya abrazado esta tesis y que no hayan tenido ningún eco en Italia las reservas de Alexis Tsipras respecto a las políticas de Brusela. Hay incluso quien evoca de modo irresponsable acciones armados contra Moscú. La deriva de los conflictos, militares también, y no solamente en Ucrania, corre el riesgo de dejar todavía más señales en una Europa que ha olvidado historia, geografía y política.

Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

viernes, 11 de julio de 2014

EL AGUA DERECHO HUMANO




 Infraestructuras Públicas para el derecho al agua

  
Los miedos de Aquafed, el principal lobby europeo del agua
Pablo Elorduy
Diagonal
Dos documentos enviados a la Comisión Europea por Aquafed, federación que une a Suez y Veolia, muestran su inquietud ante la iniciativa por el derecho al agua.
Hay palabras que se gastan con el uso y otras que nunca acaban de popularizarse. Si hablamos de la Unión Europea, lobby es el primero de esos casos y el neologismo “comitología” está en la segunda categoría. Dicen que el primer Conde de Romanones dijo aquello de “Ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento”, y eso da muestra de la importancia que tiene el desarrollo que sigue a una ley –o directiva, en el caso de la Comisión Europa–, en la que “expertos” o comitólogos, ponen la letra que acompaña a la música que propone la Comisión Europea.



                                       









EMBALSES PARA EL SUMINISTRO DE AGUA PÚBLICA


Dos documentos enviados a la Comisión Europea por Aquafed, la federación internacional de operadores de agua privada, que agrupa a los dos gigantes internacionales del sector, Suez y Veolia, muestran el impacto que una Iniciativa Ciudadana Europea ha tenido a la hora de plantear cómo se gestiona y cómo se garantiza el derecho al agua en la Unión Europea. Pero la batalla del agua en Europa aún no se ha terminado, y a partir de septiembre se decidirá quién pone la letra al cambio de ritmo propuesto por la sociedad europea en una consulta sin precedentes que, a decir de Aquafed, tambalea las bases del Tratado de Lisboa de 2007.
Dicha iniciativa, que se cerró en septiembre de 2013, llegó a la Comisión Europea gracias a que más de 1.880.000 personas de los distintos Estados europeos pusieron su firma en una campaña, Right2Water (derecho al agua), que ha obligado a las instituciones a tomar en cuenta las demandas de la sociedad civil, especialmente de la Europa central, respecto al agua. Lo que se pretende con ella, según explica Pablo Sánchez Centellas, responsable de comunicación de la Federación Europea de Sindicatos de Servicios Públicos, es conseguir una directiva vinculante que dé garantías sociales, como el acceso a un mínimo vital de agua por persona, y que ésta no se pueda cortar a personas en situación de pobreza. La Comisión ha abierto un periodo de consultas a la ciudadanía, que comenzó el 23 de junio y terminará el 23 de septiembre, que se utilizará “como base para decidir si es necesario mejorar la Directiva 98/83/CE sobre el agua y qué aspectos en particular”. De este modo, la iniciativa ha acompañado un debate de actualidad en países como Alemania, donde el Ayuntamiento de Berlín optó por la remunicipalización del agua a pesar de que tendrá que pagar cuantiosas indemnizaciones, o Grecia, donde, en mayo, el Gobierno central prohibió una consulta sobre la privatización del agua impulsada por la ciudad de Tesalónica.
Aunque no se propone un único modelo, la iniciativa recoge los casos de aumento de tarifas tras el paso de un operador público a uno privado, así como la “trampa” de los cánones concesionales, el elemento “que más limita a los ayuntamientos”, según explica Eloi Badia, de la plataforma Aigua és Vida. Cánones que han supuesto la subida del recibo del agua, por medio de la “ingeniería en el recibo”, como la califica Badia, destinada a asegurar un beneficio que ronda, según los casos, entre el 10 y el 20% de la factura y que han servido también para usar el agua “como un activo financiero” de los ayuntamientos.
Como recuerda Badia, en las elecciones del 25 de mayo, cinco de los seis candidatos a la presidencia de la Comisión se posicionaron a favor del derecho al agua. Antes, en 2013, la sociedad civil obtuvo una victoria con la exclusión del agua y el saneamiento de la directiva de concesiones. Una retirada de calado, ya que, según se calculó entonces, el 50% de las concesiones afectaban al agua. Para Sánchez Centellas, esta decisión, que fue calificada como “vergonzosa” por Aquafed, llevó al principal lobby del agua a “activar su batería de vínculos en la Comisión Europea”.
El tono es distinto en los dos documentos enviados por Aquafed a la Comisión Europea, publicados por la organización Acces Info Europe. El primero, de fecha 31 de enero, es un análisis legal de la Iniciativa Legislativa Popular, de la que dice que puede llevar a procesos “opacos y discriminatorios”. Aquafed muestra su inquietud con la Iniciativa Legislativa Popular y recuerda en varias ocasiones que “la iniciativa no crea una obligación de actuar” sino que es una mera “invitación” y que “crearía un precedente peligroso que puede suponer la desintegración del mercado interno”. Además, instó a Eureau, una plataforma técnica a atacar la iniciativa, lo que generó una fuerte controversia, y los representantes de Aquafed denunciaron que la iniciativa es un “mecanismo de los lobbies del agua pública de Alemania”.
El segundo informe de Aquafed, en febrero, es un cambio de tercio ante la exitosa trayectoria de la iniciativa. Para Sánchez Centellas, es una muestra de que “la ola les sobrepasa”. Así, el informe considera que es “muy difícil interpretar” qué querían decir los casi dos millones de personas que firmaron la declaración cuando dice que “el suministro y mantenimiento de los recursos hídricos no debe sujetarse a las reglas del mercado interno y que el agua debe excluirse de la liberalización”.
En vista de eso, Aquafed ha optado por una jugada propia de la “comitología”, en primer lugar pide la inclusión del derecho humano al acceso al agua potable y sanitaria segura en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, algo para lo que se necesita mayoría en el Parlamento y unanimidad en el Consejo Europeo –lo que parece difícil dada la posición de Reino Unido respecto al acceso al agua–. Además, Aquafed pide la creación de un comité de expertos o “terceras partes” para el debate en el Parlamento y la Comisión.
Pero hay otro punto de apoyo para Aquafed y es que, aunque de momento el tema del agua se mantiene bloqueado en las negociaciones del acuerdo comercial entre EE UU y la UE (TTIP, por sus siglas en inglés), su liberalización puede reactivarse en el futuro. Esto acarrearía dificultades ya que las empresas tendrían derecho a exigir indemnizaciones por beneficios no obtenidos o ­demandar en un mecanismo de solución de diferencias entre inversor y Estado a las localidades que opten por la remunicipalización de su servicio de aguas. Decisiones recientes como las del Ayuntamiento de Ermua (Bizkaia), donde la presión ciudadana terminó con la concesión a Aquarbe, del grupo Agbar, o Montpellier, donde se ha remunicipalizado el servicio, dependerían aún más de las decisiones políticas de municipios, regiones y mancomunidades para mantener en un nivel de gestión democrático un recurso común y básico como el agua