jueves, 21 de agosto de 2014

Acusamos a Israel

 

 

Un templo del judaísmo en Tel-Aviv

¿Pueden ciudadanos de a pie de todo el mundo organizarse para proponer en todas las posibles instancias de jurisdicción universal una demanda colectiva contra el Estado de Israel para que se declare su extinción, ya que el estado judío a lo largo de su existencia ha cometido reiteradamente crímenes contra la humanidad, pero sobre todo porque por su propia constitución como estado judío constituye un crimen contra la humanidad? Pueden. Y ya que este tipo de delito no prescribe, estamos a tiempo para hacerlo.

Un templo del Islam en Jerusalén

He aquí los argumentos y soluciones para devolver a los judíos y palestinos, y al mundo en general, la dignidad que les fue robada mediante uno de los actos más violentos del colonialismo europeo en el siglo XX, con el apoyo del imperialismo estadounidense y por la mala conciencia europea desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El término sionismo se refiere al movimiento que apoya el “retorno” de los judíos a su presunta patria de la que supuestamente fueron expulsados en el siglo V antes de Cristo.

Hay que distinguir, sin embargo, entre el sionismo judío y el sionismo cristiano. El sionismo judío tiene su origen en el antisemitismo que desgraciadamente siempre persiguió a los judíos en Europa y que culminó en el holocausto nazi. El sueño de Theodor Herzl, un judío austriaco y gran defensor del sionismo, fue la creación no de un estado judío, sino de una patria segura para los judíos. El sionismo cristiano es a su vez antisemita. La idea de un estado judío se debió a los políticos británicos, sionistas y devotos anglicanos, como Lord Shaftesbury, quien por encima de todo, quería ver a su país libre de judíos en su calidad de judíos. Sólo los judíos cristianizados eran tolerados, como Benjamin Disraeli, que llegó al cargo de primer ministro.

Esta tolerancia tenía que ver con la profecía cristiana según la cual el destino de los judíos era la conversión al cristianismo. El mismo sentimiento existe hoy en día entre los evangélicos norteamericanos, que apoyan a Israel como un estado judío y su despiadada expansión colonial contra los palestinos, porque creen que la total redención se producirá al final de los tiempos, con la conversión de los judíos en la Parusia, con el retorno glorioso de Jesucristo.

Fue Lord Shaftesbury quien, en el siglo XIX, formuló el pensamiento “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, que ayudaría más tarde a justificar la creación del Estado de Israel en Palestina en 1948. Y algunos años más tarde, otro sionista no judío, Arthur James Balfour, fue quien propuso la creación de una “patria para los judíos” en Palestina, sin consultar a los pueblos árabes que habitaban este territorio durante más de mil años. “Las grandes potencias” (Austria, Rusia, Francia, Inglaterra), se dice en el Memorándum Balfour de 11 de agosto de 1919, “están comprometidas con el sionismo. Y el sionismo, correcto o incorrecto, bueno o malo, tiene sus raíces en tradiciones seculares, en necesidades presentes y futuras esperanzas, que son mucho más importantes que los deseos de los 700.000 árabes que ahora habitan en ese antiguo territorio”.

Urgía, por lo tanto, transformar a aquellos árabes en un no-pueblo. En 1948, con el beneplácito de las potencias occidentales, especialmente Inglaterra, fue creado el Estado de Israel en una Palestina poblada por árabes y un 10 por ciento de inmigrantes judíos. Se argumentó entonces que había que encontrar un espacio para el pueblo judío, al que nadie quería recibir tras el genocidio en Alemania.

Mucho antes de esta catástrofe, los judíos sionistas ya habían pensado en varias ubicaciones para su futuro Estado. A finales del siglo XIX, una región de Uganda, en lo que hoy es Kenia, entonces colonia británica, fue considerada como un posible sitio para el futuro Estado de Israel. En Argentina también llegó a ser considerado un espacio. Más tarde, consultado sobre una ubicación en el norte de África, en lo que hoy es Libia, el rey de Italia, Víctor Manuel, se negó respondiendo: “Ma è ancora casa di altri” (Sigue siendo casa de otros). Pero ningún europeo, sin embargo, preocupado por la situación de los judíos, pensó nunca en un lugar en la propia Europa. Había que inventar “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”.Aunque fuera incluso necesaria la destrucción de un pueblo.

Y así, paulatinamente, hemos visto la eliminación de un pueblo de la faz de la tierra desde hace sesenta y seis años. La Cisjordania palestina está siendo desmantelada por los asentamientos ilegales y la Franja de Gaza convertida en prisión al aire libre. La extrema derecha israelí apenas es un poco más estridente que su gobierno cuando reclama que “los árabes hediondos de Gaza sean arrojados al mar”. Lo que es sorprendente, dice el historiador judío israelí, Ilan Pappé, en The Ethnic Cleansing of Palestine (2006), es ver cómo los judíos en 1948, recién expulsados de sus casas, expoliados de sus bienes y finalmente exterminados, procedieron sin pestañear a la destrucción de aldeas palestinas, con la expulsión de sus habitantes y la masacre de aquellos que se negaron a abandonar.

El comentario controvertido de José Saramago de hace unos años, de que el espíritu de Auschwitz se reproduce en Israel hoy en día, tiene más sentido que nunca. Así fue sacrificada Palestina, invocando razones bíblicas e históricas que la Biblia no sanciona y la historia desmitifica. Muchos judíos, como los que forman parte de la “Voz Judía por la Paz”, no son sionistas y consideran que el Estado de Israel, en las condiciones en las que fue creado (un territorio, un pueblo, una lengua, una religión) es una aberración colonialista arcaica, basada en el mito de una “tierra de Israel” y un “pueblo judío” que la Biblia ni siquiera confirma.

Como bien demuestra, entre otros, el historiador judío israelí Shlomo Sand, Palestina como “tierra de Israel” es un invento reciente (The Invention of the Land of Israel, 2012). Por cierto, según el mismo autor, el concepto de “pueblo judío” es un invento reciente (The Inventions of the Jewish People, 2009). La creación del Estado judío de Israel constituye un crimen continuado cuya inhumanidad más profunda hoy es patente. Declarada su extinción, los ciudadanos del mundo proponen la creación en Palestina de un Estado laico, plurinacional e intercultural, donde judíos y palestinos puedan vivir en paz y con dignidad. La dignidad del mundo de hoy está hipotecada a la dignidad de la convivencia entre palestinos y judíos.

Fuente: Público.es

sábado, 9 de agosto de 2014

El último europeo. Entrevista

 


Àngel Ferrero, Roger Suso, Corina Tulbure


Uno de los principales problemas de los que se habla cuando se intenta analizar el patente fracaso de la UE es el económico: los países miembros tenemos la misma moneda, pero no así las mismas políticas económicas. ¿Qué punto de vista aportáis respecto a este tema?


Àngel Ferrero: No quisimos entrar a fondo en esta cuestión, porque ninguno de nosotros es economista, y como otros ya han escrito sobre este tema con mayor conocimiento de causa, preferimos arrojar luz sobre otros fenómenos a los que los medios de comunicación prestan (o hasta hace muy poco tiempo prestaban) menos atención, como la geopolítica, la política migratoria o el ascenso de la derecha radical. Pero es en cualquier caso ineludible, así que también lo mencionamos en el libro. En nuestra opinión, el debate sobre la salida del euro ha
centrado durante demasiado tiempo la atención mediática, desplazando otras cuestiones. Los errores de diseño son evidentes pero, como ha señalado Michael R. Krätke, un economista
alemán, todos los espacios monetarios presentan disparidades económicas (incluso en países pequeños, como Bélgica o los Países Bajos) y de eso no se desprende que cada provincia haya de disponer de su propia moneda. Un retorno a la divisa nacional y su devaluación en un 20 ó 30% dificultaría el pago de la deuda, que seguiría denominada en euros. No hay una solución fácil a este problema. Si un Estado miembro, pongamos por caso Grecia tras una
victoria de Syriza, quisiese modificar la estructura de la Unión, un número suficiente de los restantes siempre podría bloquear sus propuestas en el Consejo de la Unión Europea. La única
posibilidad de cambio es que la izquierda conquiste mayorías sociales en cada Estado miembro, hasta formar un bloque que aúne las fuerzas suficientes como para replantear el proceso de integración. En cualquier caso, creer que con una salida del euro mejorarían las
cosas es llamarse a engaño. En cuanto a la palabra “fracaso”, todo depende de para quién. Para algunos, la gestión de la crisis de la eurozona ha sido un éxito...


Roger Suso: En origen, la UE se construyó a partir de un diseño neoliberal, propicio al fomento de la competitividad y la expansión del capital. Su propio diseño es el que está facilitando que la crisis actual se haga recaer sobre las clases trabajadoras y dificulta la aplicación de políticas keynesianas anticíclicas. El economista Costas Lapavitsas identifica tres escenarios para salir de la crisis: la austeridad, la reforma institucional y la salida del euro. El primera es el que se ha impuesto: recortes públicos, privatizaciones, venta de patrimonio y rescates.

Más que de la economía, habláis de otras problemáticas: el racismo, el imperialismo, la ultraderecha. ¿Cómo han trascendido estos fenómenos de nacionales a europeos? Es decir, ¿por qué no decís que España (o Portugal, Austria o cualquier otro país de la UE)
es xenófoba, sino que la UE es xenófoba? ¿Cómo se produce esa internacionalización de los problemas y de las ideologías? Y, en ese sentido, ¿es la UE un espacio estanco del que no salen esos problemas o, por el contrario, hace de catalizador para expandir
esos problemas al resto del mundo?


Àngel Ferrero: La Unión Europea es por ahora, a falta de la entrada en vigor de la Unión Euroasiática en 2015 y de una mayor integración de la ASEAN, el mayor bloque comercial del mundo. Y lo seguirá siendo después de 2015 en términos económicos y demográficos. La
capacidad de propagación en un espacio tan integrado es sin duda mayor.
Las economías capitalistas son ya mayoría, el capitalismo ha alcanzado su momento de mayor expansión geográfica. Las economías están unidas por numerosos vínculos comerciales.
Difícilmente puede considerarse a la Unión Europea como un espacio estanco del que no salen ni entran ninguno de estos problemas. Lo que sucede en puntos muy distantes del globo tiene
repercusiones en nuestras economías, y los medios de comunicación contribuyen a la propagación de la información con una rapidez sin precedentes históricos, aumentando el sentimiento de inmediatez y proximidad. La relación también funciona en el sentido inverso, por
lo que la Unión Europea, efectivamente, puede actuar como un catalizador de problemas. Su consolidación como bloque geopolítico, por ejemplo, ha empujado a otros países a forjar alianzas supraestatales y constituir sus propios “centros” capitalistas. Ya he mencionado dos ejemplos. Teniendo en cuenta el agotamiento de los recursos naturales, la crisis económica
que atraviesa el propio modelo de capitalismo occidental y la competición entre “centros” por lainfluencia en determinadas zonas, todo esto puede conducir a un escenario internacional
altamente inflamable, como estamos presenciando en Ucrania.
Corina Tulbure: Tal vez la idea de la UE conforme un reto para los mismos pueblos europeos. No se trata de la UE que funciona ahora, la de las multinacionales que tienen más poder que un Estado, sino de la UE de los ciudadanos. Allí el asunto es más complicado y existe un
problema inicial. Hoy en día ni siquiera somos capaces de crear una comunidad que no se vincule mediante el concepto de nacionalidad. Pero por otro lado hablamos de ciudadanos europeos. Tal vez sea el reto del futuro, porque el ciudadano europeo que no se defina
mediante su nacionalidad todavía no ha nacido. Esta contradicción se observa entre los mismos Estados de la UE, en cuanto a la movilidad de los trabajadores dentro de la UE: se expulsa a los ciudadanos europeos de los países europeos, es decir que la UE no aplica ni los
tratados que ella misma emite, como la libre circulación de los trabajadores.


Habláis del papel de EEUU en la creación de la UE. ¿Hasta qué punto es la UE una creación estadounidense? ¿Qué repercusiones tiene la influencia de EEUU tanto para Europa como para el resto del mundo? En ese sentido, ¿cómo se conjugan el imperialismo estadounidense y el europeo?


Àngel Ferrero: Estados Unidos intervino en la creación de la Unión Europea más de lo que la propia Unión Europea, a través de sus portavoces, está dispuesta a admitir. El Plan Marshall es el ejemplo más conocido. Estaba destinado a dotar de fondos a las economías de Europa occidental, porque los Estados habían perdido (o estaban a punto de perder, debido a los movimientos de emancipación nacional) sus colonias, una de sus principales fuentes de ingresos. El ERP -ésas eran las siglas oficiales- creó un mercado para absorber las mercancías

estadounidenses. Apuntalar a las economías europeas occidentales, que de lo contrario hubieran tenido que hacer frente a una recuperación larga y costosa, también tenía fines políticos. Tras la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética había logrado extender su
influencia hasta el corazón mismo de Europa. Pese a todos sus aspectos negativos (y no todos se conocían en la época), la URSS había emergido de la Segunda Guerra Mundial como la principal potencia ganadora. El nuevo bloque socialista era diverso en todos los sentidos -en 1949 se extendía desde la República Democrática Alemana hasta la República Popular China-, y su modelo, atractivo para los países que buscaban una rápida industrialización. En Europa occidental existían partidos comunistas fuertes y con una amplia base social, como en Francia o en Italia, con serias posibilidades de entrar en el gobierno. La guerrilla comunista en Grecia contaba con el apoyo y el antecedente de la vecina Yugoslavia. Una cierta unión económica y política de Europa occidental servía a los objetivos de la política de contención del comunismo, y así lo expresaba abiertamente George Keenan, su ideólogo, en un telegrama que se desclasificó en 1974 y que se puede encontrar sin problemas en Internet. Conviene subrayar
que esa reconstrucción Europa occidental pasó por tolerar la presencia de antiguos nazis en el sistema judicial o los servicios secretos de la República Federal Alemana y los crímenes
coloniales de países como Francia o los Países Bajos. Obviamente, modelos de una unión política para Europa los ha habido de todas las tendencias políticas, pero si hablamos del actual, ahí es donde arranca todo. Esa influencia sigue existiendo hoy. La ilusión de una Unión Europea como un modelo alternativo, e incluso opuesto, al de Estados Unidos, que tanta prédica tuvo durante la guerra en Irak por la
oposición de algunos Estados miembro, se ha evaporado. La política de privatizaciones nos conduce a un modelo “más estadounidense”, si puede llamársele así, y si a alguien le quedaba alguna duda, sólo tiene que seguir las informaciones que se publican sobre el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea. Compartiendo los mismos intereses, es obvio que el imperialismo de uno y otro se complementen. Al fin y al cabo, la mayoría de Estados miembro de la Unión Europea también lo son de la OTAN, y esta relación aún puede profundizarse más si se responden a las llamadas del Presidente estadounidense a una mayor
implicación militar.
Roger Suso: Un ejemplo de esto fue la intervención militar de la OTAN en Libia. Este año, Barack Obama, de visita en Polonia, anunció un plan para aumentar la presencia militar estadounidense en Europa del Este, en el contexto del conflicto de Ucrania, las tensiones con
Rusia y el temor de países como Polonia a un expansionismo ruso en la región. Las tropas de la OTAN han sido desplegadas en la base de Łask, cerca de Łódź, y el ejército polaco ha participado en los ejercicios de la OTAN en Estonia. Desmantelado el Pacto de Varsovia, los EEUU han usado el bloque del este para sus intereses geopolíticos, respeto a Moscú y también Bruselas. Cabe recordar que la UE fue escenario de varías operaciones, a cambio de dinero,
de los servicios de inteligencia de los EEUU: los centros clandestinos de detención de la CIA dónde interrogaron y torturaron a supuestos “líderes del terrorismo islamista” que después
fueron enviados a Guantánamo. Ahora se ha destapado el caso de espionaje de la NSA.
En el caso de la crisis, una vez estalló fueron muchas las voces que dijeron que esto se veía venir. Algo así está ocurriendo con la UE: hemos pasado del europeísmo a un cada vez mayoreuroescepticismo, pero solo cuando los problemas se han revelado evidentes. ¿Se analizaron –y difundieron- en su día suficientemente los potenciales
problemas que podía acarrear la creación de la UE? ¿Qué relevancia tiene la falta de información ciudadana sobre el calado y la importancia de las instituciones europeas en su fracaso?
Àngel Ferrero: Sí que se analizaron, pero no se difundieron suficientemente. Y no lo hicieron porque algunos medios tenían intereses, pero quizá en muchas más ocasiones fue por ingenuidad, simplemente. Y esa ingenuidad era hasta cierto punto comprensible, porque en

Europa meridional y oriental a la Unión Europea se la veía como un progreso, no sólo económico, sino también político: formar parte de una comunidad solidaria de países que durante mucho, demasiado tiempo, habían despilfarrado sus fuerzas en conflictos de toda
índole. En países como España (pero también Portugal o Grecia) que habían vivido en el atraso económico y dictaduras que los aislaban del resto del mundo la idea de una Unión Europea había de tener, a la fuerza, atractivo, y eso explica su “europeísmo” histórico. La propia noción ideológica de “Europa” tiene una fuerza psicológica que no conviene subestimar.
El agotamiento del ciclo económico ha desgarrado en buena medida este velo. La Unión Europea es un club de iguales pero, como en la fábula de Orwell, unos son más iguales que otros.
La falta de información ciudadana es clave, no sólo en este aspecto. Tampoco es que las instituciones europeas contribuyan mucho. Algunas funcionan de manera poco transparente, con decisiones tomadas a puerta cerrada. Otras, como el Parlamento Europeo, son en cambio muy transparentes, pero no mucha gente parece estar interesada, y su influencia es en cualquier caso limitada. Entiendo que la falta de tiempo de los trabajadores (quien no está buscando un trabajo ahora mismo tiene uno en el que tiene que consumir más horas) contribuye. La enorme cantidad de documentos que edita la Unión Europea tampoco facilita el trabajo. De todos modos, vuelvo a la respuesta de la primera pregunta: es un “fracaso”...
Dependiendo de para quien. La falta de interés en el funcionamiento interno de la Unión Europea favorece a sus prácticas actuales y dificulta su fiscalización por parte de los partidos que lo intentan a través del Parlamento Europeo. Por ese motivo la Unión Europea es tan apreciada por los grupos de presión.

 
¿Cómo se explica que la UE crezca constantemente y que a la vez esté generando un mayor empobrecimiento de algunos de sus más antiguos países miembros? ¿Conviene limitar el crecimiento de la UE o todo lo contrario: expandirlo más allá de las ‘fronteras naturales’ (si es que existen) de Europa?


Àngel Ferrero: Se explica porque no son fenómenos opuestos, sino complementarios. Perdidas las colonias, los Estados más fuertes que componen la Unión Europea no pueden competir en el plano internacional contra países que pueden hacer valer su “peso” demográfico o geográfico, o su posesión de recursos naturales. Piénsese por un momento en el enorme potencial que encierran países como China, Rusia, la India o Brasil. Todos estos países se
mencionan con frecuencia como una “amenaza” a la economía europea. Los ideólogos de los principales partidos políticos alemanes lo expresan sin tapujos en sus revistas: una Alemania sin la Unión Europea sería un “Estado de tamaño medio”. Pero uniéndose, los Estados europeos pueden proyectar ese “peso” y competir con ellos. Por eso cuantos más países se unan, más “peso” pueden proyectar los Estados miembro de la Unión Europea en los mercados
internacionales. La guía de los ciudadanos de la Unión Europea, que cualquier visitante puede recoger en Bruselas, lo dice con toda claridad. La Unión Europea es una organización singular,
flexible, en la que sus Estados miembro ceden una parte de su soberanía. Si la Unión Europea fuese una federación, sólo tendría un asiento en los organismos internacionales. No siéndolo
puede llegar a tener hasta veintiocho. Y si se coordina lo suficiente, puede hacer que la mayoría de ellos vote en un mismo sentido. Cuándo actúa como una unión de Estados y cuándo como una “federación” depende del momento y de las necesidades.
Esa competencia entre “centros” capitalistas sólo puede llevarse a cabo con lo que David Harvey ha denominado “acumulación por desposesión”, conduciendo al empobrecimiento de
las poblaciones europeas. Que los países de la periferia europea, especialmente de Europa oriental y las tres repúblicas bálticas, aceptasen este estado de cosas se explica tanto por el
deseo de las oligarquías locales por recoger las migajas del reparto y acceder a los fondos estructurales como por la voluntad de huir de la influencia rusa. La población lo aceptó por las
causas que he mencionado antes, a las que hay que sumar las facilidades para emigrar a Europa occidental.
Según el profesor Sami Naïr, Europa es una determinación geográfica. Yo no creo que sea ni siquiera eso. Europa es un concepto geográfico históricamente determinado. Según una
concepción muy extendida, se extiende desde la península occidental del continente euroasiático hasta los Urales, en Rusia, comprendiendo el Reino Unido e Irlanda, y también la parte occidental de Turquía. Napoleón decía que la geografía es destino y ése parece ser el
lema que ha adoptado Bruselas (excluyendo a Rusia), confundiendo interesadamente “Europa” con la “Unión Europea”. Pero si las que he mencionado antes son las fronteras “naturales” de “Europa”, y un ruso que vive en la parte “europea” de Rusia comparte los mismos “valores
europeos” (sea lo que sea eso) y forma parte de la “comunidad cultural europea”, ¿por qué un ruso que vive en Vladivóstok, que también los comparte no es “europeo”? Turquía, ¿también es
Europa? ¿O solamente una parte de ella? Los restos coloniales y “regiones ultraperiféricas de la Unión Europea”, a miles de kilómetros del continente, ¿también son Europa? Si tuviésemos
todo esto más en cuenta, veríamos que los cimientos sobre los que se asienta todo el “proyecto europeo” son mucho menos estables de lo que parecen, y que la “identidad europea” tiene mucho de proyecto ideológico todavía en construcción.
Roger Suso: A la vez que la UE amplia sus fronteras geográficas -como con Croacia el 2013 o la actual candidatura de Albania-, ésta vive inmersa en una deslegitimación social apabullante,
Estado tras Estado, que llega, por ejemplo a cifras del 83% de abstención en Eslovaquia o del 63% en Portugal. Pero estos no son fenómenos contrapuestos. El mismo Tratado de Lisboa
tiene como objetivo convertir la UE en el espacio económico más competitivo del mundo. Esto atrae, cómo no, a las élites de países como Ucrania, Moldavia, Georgia, Serbia o Islandia.
Ahora bien, si la UE quiere competir con las economías emergentes de los BRICS, tiene que intentar, como bien dice Ferrero, reunir el mismo "peso" demográfico y económico, y, a la vez,
reducir los salarios y las condiciones laborales y construir, como hace, un espacio económico más homogéneo y cada vez menos democrático y más precario y pobre.


¿De dónde surge esa preponderancia de la extrema derecha de la que habláis en el libro? Y, en ese sentido, ¿qué papel está jugando la derecha?


Roger Suso: La idea de que las crisis económicas llevan al aumento del apoyo a los partidos ultraderechistas se remonta a la República de Weimar y el ascenso de Hitler después del crack del 29. Una idea que ha vuelto a llenar páginas de periódicos después de dos rescates
económicos y la llegada del partido neonazi Amanecer Dorado a las instituciones griegas. Pero también por la victoria del UKIP (Reino Unido) con el 27'5% de los votos, del Partido Popular
Danés (Dinamarca) con el 26'6% y del Frente Nacional (Francia) con el 25'4%. Pero no toda la derecha radical es igual -esto lo hemos presenciado con la imposibilitad de que se creara un grupo ultra en el Parlamento de Estrasburgo-, hay una derecha radical que abraza postulados del strasserismo y del fascismo de acción social, anticapitalista y organizándose, en algunos casos clandestinamente, como los grupos autónomos de camaradería libre neonazis, y hay
otra, que se posiciona de manera populista “más allá de la derecha y los liberales” que opta para desarrollar una identidad de “civilización europea” en contraposición y confrontación frontal con la inmigración, el islam y las instituciones europeas.
La preponderancia de la derecha radical yace en el hecho que ha llevado al centro político y social de la sociedad temáticas y discursos que tienen sus orígenes en el extremo, en la ultraderecha. Su discurso, propagado a través del miedo, los temores, las mentiras, el
resentimiento, el chovinismo y el odio, ha sido abrazado y adoptado en repetidas ocasiones y para contrarrestar sus subidas electorales por los partidos del establishment, tanto por la democracia cristiana como por la socialdemocracia. En paralelo, el auge de estas formaciones ultraderechistas se ha traducido también en la presencia de representantes neonazis en las
instituciones -como Udo Voigt del partido alemán NPD o Béla Kóvacs del húngaro Jobbik- y en el acercamiento entre los grupos extraparlamentarios, clandestinos y violentos y los partidos ultraderechistas que participan a las elecciones.
Corina Tulbure: El auge de la extrema derecha es un síntoma visible de unas políticas que no se definen en teoría como de extrema derecha, todo lo contrario, forman parte del arsenal político de partidos de centro, y que miran al ser humano como mercancía para producir un beneficio. El filósofo G.M. Tamás hablaba de la época de postfascismo, el odio del discurso de extrema derecha de antes se ha transformado hoy en día en desprecio. ¿Cómo se explicaría
toda la guerra declarada en las fronteras de la UE contra los inmigrantes, rociar a un inmigrante agarrado a la valla de Melilla con un extintor y otras barbaridades semejantes? ¿Cómo explica
la UE todo eso? Son consecuencias de las políticas de partidos considerados de derecha o de centro, pero que no distan de los gestos promovidos por la extrema derecha.


¿Tiene arreglo la UE? ¿Sería posible dar marcha atrás a un proyecto de esta envergadura? ¿Cuáles son los problemas concretos y tangibles más urgentes y cómo abordarlos?

Àngel Ferrero: La creación de organizaciones supraestatales no es per se ningún problema. No es una cuestión de tamaño, sino de organización. El problema es su diseño institucional. El
profesor Pedro Chaves ha visto bien esta cuestión. Si la Unión Europa, decía, ha de reformarse para ganar en democracia, entonces hay que plantearse cuánta transferencia de soberanía es
deseable, y qué mecanismos articulan la toma de decisiones y garantizan en todo momento la democracia del proceso. Prefiero no utilizar metáforas espaciales como “marcha atrás”, porque
dan pie a interpretar una reforma como un “retroceso” o como un retorno a lo que había antes y que tampoco era un estado ideal de cosas. Si lo que planteas es si la Unión Europea, sometida
a tensiones centrífugas, puede romperse en algún momento por algún lado, lo único que puedo añadir es que todos los imperios -y según José Manuel Durão Barroso, la Unión Europea “se parece bastante a uno”- fueron creados para durar para siempre... ¿y cuántos de ellos quedan?


Àngel Ferrero, Roger Suso, Corina Tulbure son coautores del libro El último europeo: Imperialismo, xenofobia y
derecha radical en la Unión Europea, editado por La Oveja Roja, 2014
Fuente: http://www.infolibre.es, 25 de julio 2014

miércoles, 6 de agosto de 2014

Rehabilitar a la humanidad contra el capitalismo: Jaurès quería cambiar la sociedad, no gestionarla

 

TRINCHERAS EN EL SOME 1916

Jean Paul Scot · · · · ·

 

El asesinato de Jaurès, el 31 de julio de 1914, no sólo descabezó al Partido Socialista francés, dejándole sin su líder carismático: privó al movimiento obrero internacional de su concepción original de tránsito al socialismo democrático. Su «método» para «reabsorber y suprimir el capitalismo» fue rápidamente olvidado, ocultado o negado. Si su figura es enormemente exaltada con fines de recuperación, haría falta devolverle de nuevo la unidad e integridad de su pensamiento.

Jaurès se sumó desde 1892 al «colectivismo» por adhesión al análisis marxista del valor y al descubrir la lucha de clases junto a los mineros de Carmaux. El capitalismo, fundado sobre la insoslayable explotación de las fuerzas del trabajo, seguirá siendo a sus ojos «contrario al ideal de justicia social y al principio de humanidad». Jaurès no sólo ha repetido sin cesar que «el socialismo no es necesariamente revolucionario», ha querido llevar a cabo «la supresión lo más rápida posible de la iniquidad capitalista».

Para ello, al día siguiente del asunto Dreyfus, con el fin de defender mejor a la República amenazada unificando a todos los socialistas franceses, intenta rebasar la oposición canónica entre reforma y revolución, que dividía a las socialdemocracias europea, y clarificar los lazos entre la meta final y los medios para lograrla.  Redactor de la Histoire socialiste de la révolution française, quiere ser tanto heredero de todas las corrientes revolucionarias, socialistas y comunistas francesas del siglo XIX como intérprete renovador del «verdadero marxismo».

Mediante la fórmula paradójica de «evolución revolucionaria» que toma prestada de Marx, con exte oximoron audaz que enlaza dos términos a primera vista contradictorios, Jaurès rechaza tanto la pretendida y estéril «frase revolucionaria» como la aceptación reformista del capitalismo como sistema irrebasable: desde 1901 expone en una larga serie de artículos de La Petite République, a menudo ignorados o deformados, la estrategia en la que se concentrará el Partido Socialista en el Congreso de Toulouse de 1908.

Para empezar, el paso del capitalismo al socialismo no se realizará «ni por un golpe de mano ni por un golpe de mayoría» sino mediante la introducción en la sociedad de hoy, bajo la presión del movimiento obrero, de «formas de propiedad que la desmienten y que la rebasan, que anuncian y preparan la sociedad nueva, y que, mediante su fuerza orgánica, apresuran la disolución del mundo antiguo»

Lo mismo que el capitalismo se impuso poco a poco, igualmente el socialismo se impondrá gradualmente frente al capitalismo. Jaurès preconiza por tanto la nacionalización inmediata de los bancos, la expropiación progresiva de los monopolios industriales, el desarrollo de servicios públicos, la multiplicación de cooperativas de producción y de consumo. Estas formas de propiedad social pondrán en cuestión la lógica capitalista en el curso de un periodo de transición y de grandes luchas sociales, pues «los últimos pedazos del sistema capitalista no caerán más que cuando se aseguren los fundamentos del orden socialista».

Por consiguiente, las reformas no pueden ser soluciones a las contradicciones del capìtalismo; deben ser «preparativos» y puntos de apoyo para «conquistas más audaces», «gérmenes de comunismo sembrados en tierra capitalista». Si todas las «reivindicaciones inmediatas» de los trabajadores (salarios, condiciones de trabajo) se han de defender, el Partido Socialista debe igualmente hacer avanzar desde ahora mismo reformas destinadas «a hacer estallar poco a poco los marcos del capitalismo» (seguros sociales, gestión democrática), pues están dotadas de eficacia revolucionaria.Así Jurès dialectiza acción reformadora y objetivo revolucionario.

Igualmente, dentro de una óptica a la vez evolucionista y revolucionaria es cómo deben concebir los socialistas la conquista democrática del poder, aunque no puedan descartar la eventualidad de crisis políticas y sociales de envergadura.

Si, tras el fracaso de la Comuna de 1871, se reconquistó la república gracias al sufragio universal, hace falta todavía que se respete la soberanía popular gracias a la representación proporcional, hace falta todavía que su «soberanía formal» se convierta en «substancial», pues «si la idea central de la democracia es la soberanía política del pueblo, la democracia social tiene por fórmula la soberanía económica del pueblo, la soberanía del trabajo», lo cual supone, precisa Jaurès, el reconocimiento de la ciudadanía de los trabajadores en las empresas y en el Estado, en los consejos de administración y en el Consejo Democrático del Trabajo, que ha de substituir al Senado. ¡Concepto inédito, todavía hoy revolucionario!

Jaurès concluye que «la República burguesa debe desarrollarse en una serie de formas políticas y sociales cada vez mas democráticas y más populares, antecedentes necesarios o previos, como mínimo, de la República socialista». Tal vez habría visto en el programa del Consejo Nacional de la Resistencia una etapa democrática, pero su objetivo socialista iba más allá de los compromisos de 1944. 

Es obligado que constatar que el análisis de la estrategia de Jaurès contradice las interpretaciones de su pensamiento más extendidas hoy en día. Si los primeros comunistas franceses que esperaban conciliar a Jaurès y Lenin vieron cómo se les imponía durante largo tiempo la doxa estaliniana, los dirigentes socialistas no ven ya en él más que a un defensor de la República moral, de los Derechos del hombre y de la paz: al privar a Jaurès de su dimensión subversiva, tratan de enmascarar sus propios reniegos. 

Su reformismo revolucionario es un legado demasiado gravoso para aquellos que se pretenden herederos suyos.

Jean Paul Scot, especialista en la historia económica de Francia de los siglos XIX y XX, es profesor en la Universidad de Amiens y ha escrito sobre temas tan diversos como el nazismo, la historia de Rusia, los comunistas franceses o Victor Hugo. En septiembre publicará Jaurès et le réformisme revolutionnaire.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

viernes, 1 de agosto de 2014

UCRANIA, Un tablero de ajedrez empapado en sangre

EL BOEING MALASIO

 

Pepe Escobar

Asia Times Online

«Los datos de inteligencia y los hechos están ajustados a la política». Todo el mundo recuerda el Memorando de Downing Street, que reveló la «política» de Bush/Blair en el período que llevó al bombardeo / invasión / ocupación de Irak en 2003. La «política» era deshacerse de Saddam Hussein a través de una guerra relámpago. La justificación era el «terrorismo» y (las inexistentes) armas de destrucción masiva (ADM), que han «desaparecido», montadas en camiones, profundamente en Siria. Olvidemos los datos de inteligencia y los hechos.

La tragedia de MH17 -convertida incidentalmente en un ADM- puede ser vista como una retorcida repetición deformada de la política imperial en Irak. Esta vez no hay necesidad de un memo. La «política» del Imperio del Caos es clara, y multifacética; diversificar el «pivote hacia Asia», estableciendo una cabeza de playa en Ucrania para sabotear el comercio entre Europa y Rusia; expandir la Organización del Tratado del Atlántico Norte a Ucrania; romper la asociación estratégica entre Rusia y China; evitar por todos los medios la integración económica y comercial de Eurasia, desde la asociación entre Rusia y Alemania para la Nueva Ruta de la Seda convergiendo desde China hasta (la cuenca del) Ruhr; mantener a Europa bajo la hegemonía de EE.UU.

La razón clave por la que el presidente ruso, Vladimir Putin no «invadió» el Este de Ucrania -tanto como él fue tentado por Washington / OTAN- para detener un facilitado asesoramiento militar de EE.UU. que va hacia la matanza de civiles es que él no quiere antagonizar con la Unión Europea, el principal socio comercial de Rusia.

De manera crucial la intervención de Washington en Kosovo invocando R2P -Responsabilidad de Proteger- se justificaba en su momento exactamente por las mismas razones que una intervención rusa en Donetsk y Lugansk pueden justificarse totalmente ahora. Salvo que Moscú no va a hacerlo -ya que el Kremlin está jugando un juego de muy largo alcance.

La tragedia MH17 quizás ha sido un error terrible. Pero puede también haber sido una maniobra desesperada de los esbirros de Kiev al servicio del Imperio del Caos. Por ahora, los datos de inteligencia rusos ya han quizás dominado los hechos claves. El predecible modus operandi de Washington era disparar desde la cadera, encendiendo y en teoría ganando la guerra de cómo presentar los hechos, y doblando la apuesta mediante la presentación del proverbial ejército de «altos funcionarios» rebosantes de pruebas de los medios sociales. Moscú tomará su tiempo para constituir un meticuloso expediente, y sólo entonces lo presentará en detalles.

La hegemonía perdida

La «gran imagen» nos muestra a las elites del Imperio del Caos como extremadamente incómodas. Tomemos al Dr. Zbigniew «El Gran Tablero de Ajedrez» Brzezinski, quien como ex mentor de la política exterior tiene los oídos del cada vez más abatido repartidor de periódicos de la Casa Blanca. Este domingo el Dr. Zbig estaba en CNN desafiando a los líderes europeos para que «hagan frente a Putin». Se preguntó si «Europa quiere convertirse en un satélite» y se preocupa por «el momento de importancia decisiva para el futuro del sistema -del sistema mundial».

Y todo es culpa de Putin, por supuesto:... «No estamos comenzando la Guerra Fría. Él [Putin] la ha comenzado. Pero él mismo se ha metido en un atasco terrible. Yo tengo la firme sospecha de que una gran cantidad de personas en Rusia, incluso cercanas a él están preocupadas de que el estatus de Rusia en el mundo está siendo socavado de manera dramática, que desde el punto de vista económico está comenzando a caer, que Rusia está amenazada por la perspectiva de convertirse en un satélite de China, que Rusia está aislándose y desacreditándose».

Obviamente el Dr. Zbig es dichosamente ignorante de los puntos más finos de la asociación estratégica entre Rusia y China, así como de sus voces concertadas dentro de los BRICS, el G-20 y una miríada de otros mecanismos. Al final su conocida rusofobia siempre saca lo mejor de él. ¡Y pensar que en su último libro, Strategic Vision (2012), el Dr. Zbig estaba a favor de un «Occidente» ampliado que anexaría Turquía y Rusia, con el Imperio del Caos actuando como «promotor» y «garante» de la unidad más amplia en el Occidente, y actuando como «equilibrador» y «conciliador» entre las grandes potencias en el Este. Una mirada rápida en el registro desde 2012 -Libia, Siria, Ucrania, el encerclamiento de China- revela el Imperio del Caos sólo como fomentador de, qué otra cosa, el caos.

Ahora comparemos el temeroso Dr. Zbig con Immanuel Wallerstein -quien fue de una gran influencia en mi combado libro de viaje geopolítico Globalistan, en el 2007. En esta obra (en español) Wallerstein sostiene que el Imperio del Caos simplemente no puede aceptar su decadencia geopolítica -y que es por eso que se ha vuelto tan peligroso. Restaurar su hegemonía en el sistema-mundo se ha convertido en la obsesión suprema; y ahí es donde toda la «política» que es el trasfondo esencial para la tragedia MH17 revela a Ucrania como el campo de batalla definitivo.

En Europa, todo gira en torno a Alemania. Sobre todo después de que el escándalo de la Agencia de Seguridad Nacional y sus ramificaciones, el debate clave que hace estragos en Berlín es cómo posicionarse geopolíticamente pasando por alto a EE.UU. Y la respuesta, como presionan amplios sectores del gran capital alemán, se encuentra en una asociación estratégica con Rusia.

Muéstrame el misil

Poco a poco, sin exageraciones y sin sesgar, los militares rusos están empezando a entregar las mercancías. Aquí, por cortesía del blog Vineyard of The Saker, es su presentación clave hasta este momento. Como lo pone The Saker, Rusia tenía -y tiene- una «visión radar 20/20», o vigilancia de espectro completo, sobre todo lo que sucede en Ucrania. Y así, sin duda, lo hace la OTAN. Lo que el Ministerio de Defensa ruso está diciendo es tan importante como las pistas que está presentando para que las sigan los expertos.

El dañado motor a reacción de estribor del MH17 sugiere deformaciones por la explosión de un misil aire-aire -y no un Buk; eso es consistente con la presentación gráfica del Ministerio de Defensa de Rusia, que destacó un SU-25 ucraniano siguiendo el vuelo MH17. Cada vez más, el escenario Buk -histéricamente pregonado por el Imperio del Caos- está siendo descartado. Por no hablar, de nuevo, que ni un solo testigo ocular vio el muy gráfico grueso trazo de un misil, que habría sido claramente visible de haberse utilizado un Buk.

Mucho más allá del hecho establecido de un SU-25 ucraniano seguía el MH17, hay un montón de preguntas sin respuesta, algunas sobre un turbio procedimiento de seguridad en el aeropuerto de Ámsterdam Schiphol -donde la seguridad es operada por ICTS, una empresa israelí con sede en los Países Bajos y fundada por ex oficiales de la agencia de inteligencia israelí Shin Bet. Y luego está la presencia inexplicable de asesores «extranjeros» en la torre de control de Kiev.

Por mucho que Bashar al-Assad en Siria no tenía absolutamente ningún motivo para «gasear a su propio pueblo» -como afirmaba la histérica narrativa del momento- los federalistas del Este de Ucrania no tienen motivo alguno para derribar un avión civil. Y de la misma manera que a Washington le importa un comino la masacre actual de civiles en Gaza, también le importa un comino las muertes de civiles del MH17; la única y sola obsesión es forzar a los europeos a sancionar a Rusia a la muerte. Traducción: romper la integración comercial y geopolítica de Europa y Rusia.

Una semana antes de la tragedia MH17, el Instituto Ruso de Estudios Estratégicos ya estaba sonando la alarma en relación con la «política» del Imperio del Caos y su negativa a «adherirse a los principios y normas del derecho internacional y a las normas y el espíritu del sistema existente de las relaciones internacionales».

Moscú, al constituir su caso sobre la tragedia del MH17, aguardará el momento propicio para desacreditar las afirmaciones de Kiev y maximizar su propia credibilidad. El juego ahora se traslada a las cajas negras y el registrador de voz de cabina. Pero Ucrania seguirá siendo el campo de batalla de vida o muerte -un tablero de ajedrez empapado en sangre.

Pepe Escobar es un periodista brasileño del periódico Asia Times Online y de Al-Jazeera. Pepe Escobar es también autor de: «Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War» (Nimble Books, 2007); «Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge»; «Obama does Globalistan» (Nimble Books, 2009).

Traducido del inglés para El Correo por Alberto Rabilotta

Fuente: http://www.elcorreo.eu.org/Ucrania-Un-tablero-de-ajedrez-empapado-en-sangre?lang=fr