lunes, 19 de enero de 2015

"Hay que conservar el impulso de bondad que Francia expresó el día 11"

 

 

Susan George, escritora y presidenta de honor de ATTAC, en su casa de París en el 2010 Getty

Rafael Poch | París

 

“Espero que lo que ha pasado con Charlie Hebdo dé energía a la gente con buenas ideas y que esta tragedia no sea solo una excusa para endurecer las políticas de seguridad”, dice la escritora franco-americana Susan George, nacida en 1934 y residente en París desde los años cincuenta. Presidenta de honor de la asociación altermundista ATTAC, George acaba de publicar el libro Los usurpadores, cómo las transnacionales toman el poder que Icaria publicará en español en marzo. Es imperativo, “conservar el impulso honesto” que se manifestó masivamente el domingo pasado en París y otras ciudades de Francia en reacción a los atentados sufridos.

Este atentado parece un regalo al establishment: divide a los de abajo y fomenta una “unión sagrada” desde arriba. ¿Cómo ve la situación creada?

Es un regalo para el Frente Nacional, pero la reacción que siguió, seguramente con más protagonismo de la clase media mayoritariamente blanca, fue positiva. El impulso que se vio en la movilización del día 11 fue honesto: significa que la gente quiere ir más allá, quiere integrar a la gente que no lo está, y eso es muy positivo. En la sociedad francesa hay gente que se siente excluida, como se demostró en 2005 cuando los disturbios en las banlieues. Entonces no se hizo nada, pese a que se sabe lo que se necesita: más vivienda social, clases con menos alumnos, esfuerzos en educación…, pero lo único que han conseguido es que se creen ghettos dentro de la sociedad. Es verdad que hay una realidad compleja, que cuando se ha integrado a un millón de personas siempre hay otro millón que acaba de llegar, o sea que es un fenómeno continuo que obliga a mantener el esfuerzo. Los hermanos Kouachi eran huérfanos, con una educación deficiente, gente que acaba el colegio y no sabe nada, luego delincuencia menor que pasa a ser mayor, cárcel, que es una escuela de radicalización… es un esquema que se repite con los jóvenes que deciden irse a Siria, se aburren como ostras y de pronto les vienen unos tipos que les dicen que el Estado islámico les dará armas, mujeres, un sueldo, poder… y se van. En cualquier caso se trata de una minoría. La estadística dice que el riesgo de morir en un atentado en Francia es de 3,2 personas por cada 100.000, comparado con los 3000 que mueren atropellados, las 120 mujeres víctimas de la violencia de género o los 730 niños que mueren por maltrato, pero es muy espectacular. En Francia se necesitan entre 15 y 25 personas para vigilar a una sola. Además ahora la táctica de quienes están metidos en esto es camuflarse en la masa, ser discreto, no ser abiertamente religioso, no estar metido en grupos, no ir regularmente a la mezquita para frecuentar a tal o cual Imán, etc…Complicado. Conocía a Bernard Maris (el economista muerto en la redacción de Charlie Hebdo) y sigo muy triste por todo esto, pero pienso que la unidad que se vio el domingo pasado era real, sincera, y aunque no fue completa, porque hay una brecha y en las banlieues la gente dijo “esto no me concierne”, la reacción fue positiva y hay que intentar conservar este impulso de bondad. No quiero que todo esto sea una excusa para dar un giro aún más pronunciado hacia la derecha.

¿Es el racismo un problema tan grave en Francia como en estados Unidos?

Para nada. No tiene las mismas raíces. Allí tuvimos una guerra civil por ello. Cuando llegué a Francia conocí a varios americanos negros que me decían que la vida era mucho mejor aquí que en Estados Unidos, y eso era en los años cincuenta. Es otra categoría, aunque en Francia también está relacionado con la clase social; después de la guerra de Argelia había mucho resentimiento contra los argelinos…

…Y un millón de pieds noirs expulsados del norte de África que se encontraron con dos millones de magrebíes…

Si, pero esto acaba por diluirse. Ahora hay otra generación, pero es cierto que hay ghettos. Montreuil es la tercera ciudad de Mali en población; va uno y le sigue el primo, la familia, es normal la gente crea comunidades. Así que no siempre es culpa de Francia, hay también una elección individual, porque la gente quiere hablar su lengua y estar con los suyos. Es natural. Cada cinco o diez años Francia confecciona su censo y está prohibido preguntar sobre origen étnico o religión. Eso no aparece en estadísticas. Me parece bien. En Estados Unidos es lo contrario, la gente se define como blanca, negra, mestiza, latina…

Es “valiente sátira política” la permanente injuria al sentir de una minoría estigmatizada y objeto de discriminación y racismo? ¿De qué se trata el fenómeno Charlie Hebdo?

En Francia no se puede alentar el odio contra los judíos o contra los musulmanes, pero la blasfemia no es delito, menos en Alsacia donde al parecer aún está en vigor una ley de la época alemana. El país tiene una concepción de la laicidad muy diferente de la que tienen otros países europeos, como España, con siglos de interferencia de la Iglesia Católica en los asuntos de Estado. Eso no existe en Francia que tiene una ley muy estricta que existe desde 1905 y que dice que la gente crea lo que le de la gana, al Estado no le importa. Hay libertad de conciencia, de culto, pero hay una separación muy estricta para que no haya interferencia. Eso está muy bien si se compara con Estados Unidos, donde algunas iglesias evangélicas y lobbies religiosos tienen mucho poder, como el lobby judío que garantiza que la política del gobierno respecto a Israel no cambie. Nadie ha dicho que Charlie Hebdo fuera de buen gusto. Era un producto muy anarquísta, a veces divertido, otras solo provocativo e incluso estúpido, menos informativo que Le Canard Enchaîné, que también es un periódico satírico. La iglesia católica lo denunció una docena de veces, pero eso no tiene nada que ver con lo que ha pasado ahora, porque estos terroristas han matado a gente. A mi hay revistas que me molestan, por ejemplo Minute, revistas de extrema derecha que publican cosas tremendas sobre los musulmanes o sobre los negros, pero no las leo y punto. Si se quisiera imponer una censura el problema es que no se sabe por donde empezar ni donde acabaríamos.

¿Cómo explica la siguiente paradoja?: El desorden neoliberal culmina en debacle en 2008, pero siete años después nos encontramos en plena ofensiva de aquel mismo desorden: más guerras que nunca en el exterior, recorte del estado social hacia adentro, Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) contra el que usted dedica tanta energía…

Es sorprendente que esta doctrina y su práctica se hayan desarrollado más que nunca. Los Estados, a los que considero totalmente cómplices de los bancos y las multinacionales, aceptaron dejarlo todo igual. Nadie ha querido controlar a los bancos ni proponer nuevas reglas. Es la misma historia. En su día destruyeron el New Deal de Roosvelt para construir todo lo que ha permitido que esta crisis tuviera lugar. En solo siete años desmantelaron la docena de leyes impuestas por Roosvelt. Bill Clinton firmó la última de esas leyes, la que cancelaba la Ley Glass-Steagall, en 1999, y enseguida los bancos se fusionaron y se les permitió jugar con el dinero de la gente. Aquella libertad permitió preparar esta crisis y provocarla. Se decía lo mismo en 1929; presupuestos equilibrados, austeridad, la idea que la crisis se va a resolver por si sola… con los resultados que se ven en España, Grecia, Portugal y tantos otros lugares. Ahora estamos frente a una deflación, que la gente con dos dedos de frente advertía. Draghi introdujo un pocote alivio, pero es poco y demasiado tarde…

Pero el descrédito de todo este desorden se ha hecho evidente y aún así se sigue con lo mismo…

Es lo que nos preguntamos en Nouvelle Donne, que quiere decir lo mismo que New Deal, porque antes de constituirnos en partido éramos una asociación que se llamaba Colectivo Roosvelt que proponía acciones legislativas similares a las de Roosvelt. El economista Pierre Larrouturou y otros iban a ver a François Hollande y a Jean-Marc Ayrault, les decían que no podrían sacarnos de la crisis con estas políticas y les contestaban que ya lo sabían pero no les escuchaban, no se si por estupidez o por complicidad con los bancos.

¿Por qué la cuestión del TTIP es para usted la prioritaria ahora?

Porque con una sola medida pueden llegar a destruir todo el sistema judicial, el sistema de reglamentación de Europa, para dar mucho más poder a las empresas que ya tienen bastante. Es algo que ha estado en preparación durante 20 años y que ha sido preparado solo por empresas transnacionales de Europa y estados Unidos. Son las transnacionales las que preparan los textos y las que van a decidir si tenemos que aceptar o no los organismos genéticamente modificados, por ejemplo, toda una serie de cosas que han sido rechazadas por los europeos, como la sanidad privada y más educación privada. Significa la privatización de todo lo que nos queda de servicio público y supone realmente la culminación del edificio neoliberal. Hay que parar esto y creo que se puede parar. Hemos reunido 1,2 millones de firmas, hay muchos colectivos y con un año más de campaña se puede ganar.

Como persona con raíces anglosajonas, ¿cómo interpreta usted el french bashing, la denigración de Francia tan recurrente en los medios anglosajones?

¿French bashing porque no siguieron a EE.UU en las guerras de Iraq? A mí me parece muy bien: mire a donde nos han llevado esas guerras. Sin ellas no hubiéramos tenido guerra en Siria ni Estado Islámico. Ni le menciono a los británicos, eso es una historia que dura desde hace más de mil años, desde Guillermo el Conquistador… Respecto a la crítica del estatismo francés, yo estoy muy contenta con ese estatismo. Tener un Estado centralizado que cree empleo es positivo. Necesitamos gasto público. Los suecos quizá fueron demasiado lejos cuando su gasto representaba el 70% del PIB, pero un 50% no es mucho. Si quieren un 20% del PIB en gasto público, volveremos al nivel de 1919.

Francia, que dispone de la tradición social más potente del continente, parece ser prisionera de la falta de soberanía a la que le condena el marco europeo y el consenso de Bruselas ¿Qué hacer para liberar el potencial francés?

Soy muy europea pero no estoy a favor de esta Europa. Europa es el futuro porque ningún país europeo se las puede arreglar solo, pero esta Europa neoliberal, y particularmente los diez años de Barroso, han hecho mucho daño. Syriza o Podemos quizá puedan hacer que vayamos hacia otra Europa solidaria. Hay que apoyarlos. Europa no tiene nada que decir sobre cómo tienen que votar los griegos. Los pueblos deben decidir individualmente lo que quieren, como españoles, catalanes, pero al mismo tiempo hay esa necesidad de solidaridad. Los franceses sabemos que Europa no es democrática: en 2005 votamos contra la constitución europea, pero al final nos hicieron lo mismo con el Tratado de Lisboa. Hay que luchar contra eso, pero no saliendo de Europa o del euro como pide el Frente Nacional. Espero que lo que ha pasado con Charlie Hebdo dé energía a la gente con buenas ideas y que esta tragedia no sea solo una excusa para endurecer las políticas de seguridad, porque la seguridad total es algo imposible.

Susan George, escritora altermundialista, acaba de publicar el libro 'Los usurpadores', sobre cómo las transnacionales toman el poder

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