lunes, 20 de julio de 2015

No a la Europa alemana

Napoleon Bonaparte

Rebelión

El proyecto de una Europa unida ha sido el sueño de millones de personas de este continente, que buscaban un modelo propio europeo basado en el estado del bienestar, en la consecución de un demos propio y en una economía al servicio de las personas.

Sin embargo, la Unión Europea actual nada tiene que ver con esa aspiración, pues los poderes económicos la han transformado en un mercado al servicio de los intereses de las multinacionales y alejado totalmente de las personas. La democracia es un estorbo para la Unión Europea actual y quien ose cuestionarla, es echado a los infiernos, como hemos visto en Grecia. Esta Europa debe ser enterrada, porque está muerta, pues se ha convertido en un lugar inhóspito para la gente decente, como bien dice Yannis Varufakis.

Sobre la solución griega de la Unión Europea, el semanario alemán Der Spiegel dice: “el catálogo de atrocidades que el gobierno griego se ve obligado a firmar con una pistola en la sien”. El nada sospechoso Financial Times afirma, que las condiciones impuestas al gobierno griego es “una paz cartaginesa” (quiere decir, que es la muerte del pueblo griego. Cartago fue destruido fisicamente). Lo que se firmó, el 12 de julio de 2015, será recordado como una jornada negra para la construcción europea y un bochorno para todos los europeos por no impedirlo.

Europa se ha convertido en el cortijo de Alemania. ¡Qué frágil es la memoria de los alemanes! Hagamos un recorrido por la historia de Alemania de los últimos cien años, para así comprender el horror de la actuación de Merkel respecto a Grecia. Es un aviso al resto de países, es el nuevo nazismo económico alemán.

Con la derrota de Alemania en la I Guerra Mundial, este país tuvo que firmar y aceptar el Tratado de Versalles, con unas condiciones escandalosas, que suponían una humillación para todo el pueblo alemán. La derecha alemana consideró el final de la guerra como una traición y el Tratado de Versalles fue la semilla que provocó el nazismo y en consecuencia nos avocó a la II Guerra Mundial, donde nuevamente Alemania salió derrotada, provocando la muerte de millones de personas y la destrucción de Europa. No olviden nunca los campos de concentración nazi. La derrota provocó la división de Alemania en cuatro partes, siendo ocupado por las cuatro potencias vencedoras.

Poco tiempo después, los territorios ocupados por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña se unieron para formar la República Federal de Alemania con capital en Bonn, mientras que en la parte soviética se formó la República Democrática de Alemania.

El país estaba totalmente destruido y debía hacer frente a una gran deuda pública. También debía hacer frente a las indemnizaciones por la guerra, como es el caso de Grecia, que todavía no lo ha hecho, y debería devolver los 3.000 millones de dólares de un préstamo que se llevaron los alemanes del Banco central griego, nunca devuelto.

Ante la insolvencia alemana se realizó en la conferencia de París en 1953, donde se le condonó el 63% de la deuda, que debía. Entre los países, que le perdonaron deuda estaba Grecia y España. ¡Qué duro es recordar para los alemanes la generosidad de todos con Alemania! ¡Qué pronto se olvida la historia!

El mundo occidental estaba cansado de la altanería alemana y las decenas de millones de muertos que esta produjo. Hubo dos planes que fueron diseñados para Alemania después de la II Guerra Mundial, Por un lado, el plan Morgenthau, que era Secretario del Tesoro de los Estados Unidos y diseñó el plan de su nombre, cuyo objetivo era castigo para Alemania y consistía en desindustrializarla, convirtiéndola en un país de base agraria, para que nunca más pudiera ser una amenaza nadie. Es el plan que se aplica a los países que pierden las guerras.

Por el otro lado, el ya conocido plan Marshall, que supuso el que Alemania recibiera ingentes cantidades de dinero para que se desarrollara nuevamente como potencia industrial. Finalmente, este plan es el que se les aplicó con la generosidad de todos los países.

Con la caída del muro de Berlín en 1989, toda Europa fue tremendamente solidaria con Alemania, tanto en política como financieramente, permitiéndoles la unificación alemana bajo el mandato del canciller Helmud Khol, con la participación muy activa de Mitterand, Felipe González o del propio presidente ruso Boris Yeltsin. Mucho dinero de la Unión Europea fue destinado a Alemania a pesar, de que esto perjudicaba a los países del sur de Europa.

Cuando se planteó la Constitución europea, tanto Holanda como Francia dijeron NO, pero Alemania consiguió posteriormente el Tratado de Lisboa que era lo mismo pero sin tener que votarse. Como vamos viendo esta Unión Europea es muy alérgica a las elecciones democráticas. Lo hemos visto en Grecia también ahora.

Alemania siempre aduce que las reglas de la Unión están para cumplirse. Resulta que el país que más incumplimientos ha tenido es Alemania. Sigue sin cumplir el límite establecido en los Procedimientos de Desequilibrios Macroeconómicos, año sí y otro también, pero nadie puede decirle nada. Entre los años 2000-2010 ha incumplido los límites de déficit (3%) o de deuda (60%) como establecen los Tratados hasta catorce veces y no pasa nada. El BCE actúa en función exclusiva de los intereses alemanes haciendo que los países del sur suframos sus consecuencias.

Alemania ha impuesto un modelo, que le permite competir en plena transición geoeconómica dentro de un mundo multipolar. Es un pacto bien sellado para beneficios de las grandes multinacionales privadas europeas, como se va viendo en el TTIP entre la Unión Europea y Estados Unidos.

El 12 de julio de 2015 debemos certificar el final de la Unión Europea, tras el acuerdo con Grecia. La inmensa mayoría de europeos decentes no debemos permitir que en nuestro nombre nos gobiernes multinacionales, que nos llevan con sus políticas a regresar al siglo XIX y a la desigualdad social, la injusticia y al sálvese quien pueda.

De los hechos de Grecia debemos sacar unas conclusiones. En primer lugar, el triste papel de la socialdemocracia en tantos temas, pero especialmente en Grecia. ¿En qué se diferencia Hollande, Schultz, Pedro Sánchez de la Merkel? La aplauden y jalean en sus tropelías, convirtiéndose en los monaguillos de la derecha alemana. ¿Nos explicará el Sr Sánchez porqué apoyan el TTIP? Aquí en España después del desastre de Zapatero nos dijeron “hemos vuelto”, claro, para seguir haciendo lo mismo que con Zapatero y seguir siendo los monaguillos de la derecha. Esto lo confirma el nombramiento de Jordi Sevilla como asesor de Sánchez, personaje este que se destaca por su social liberalismo. En consecuencia, ninguna esperanza con el PSOE, siguen sin aprender nada.

¿Reflexionará Pablo Iglesias sobre lo sucedido en Grecia? Le recomiendo que lea mucha historia y deje de cometer los errores históricos que ha cometido la izquierda española en los últimos cuarenta años, La realidad es que Pablo Iglesias con un año de experiencia en Podemos, no sólo los está cometiendo sino los está aumentando, llevándonos al desastre para muchos años.

Por favor unan a la gente decente de este país, para que así podamos poco a poco salir del lodazal, en la que nos ha metido este capitalismo estúpido.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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