lunes, 31 de agosto de 2015

VARUFAKIS, EN LA FIESTA DE LA ROSA

Yanis Varoufakis ….

 

Nuestra Primavera de Atenas

 

Este discurso fue pronunciado el 23 de agosto de 2015, por el ex ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis, en el Festival de la Rosa, en Frangy-en-Bresse, en el departamento francés de Saône-et-Loire. El festival fue organizado por la organización local del Partido Socialista francés y el ex ministro de Industria Arnaud Montebourg, que fue cesado por el primer ministro Manuel Valls en agosto de 2014. Déjenme decirles por qué estoy aquí con las palabras de un famoso antiguo manifiesto. Estoy aquí porque: Un fantasma recorre Europa: el espectro de la democracia. Todos los poderes de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para exorcizar ese fantasma: los banqueros patrocinados por el estado y el Eurogrupo, la Troika y el Dr. Schäuble, los herederos en España del legado político de Franco, la dirección en Berlín del Partido Social-Demócrata Alemán (SPD), los gobiernos bálticos que imponen a sus poblaciones una terrible recesión innecesaria y la reaparecida oligarquía de Grecia. Estoy aquí frente a ustedes, porque una pequeña nación optó por oponerse a esta santa alianza. Para mirarlos a los ojos y decir: Nuestra libertad no está en venta. Nuestra dignidad no se subasta. Si renunciamos a la libertad y a la dignidad, como exigen que lo hagamos, Europa perderá su integridad y perderá su alma. Estoy aquí frente a ustedes porque nada bueno sucede en Europa si no comienza en Francia. Estoy aquí frente a ustedes porque la primavera de Atenas que unió a los griegos y les devolvió: * Su sonrisa * Su valor * Que les liberó del miedo * La fuerza para decir NO a la irracionalidad * NO a la no-libertad * NO a una subyugación que al final no beneficia ni a los fuertes y poderosos de Europa ... Esa magnífica Primavera de Atenas, que culminó con un 62% que dijo un NO majestuoso a la sin-razón y la misantropía. Nuestra Primavera de Atenas, fue también una oportunidad para una primavera de París, una primavera de Frangy, de Berlín, de Madrid, de Dublín, de Helsinki, de Bratislava, una primavera de Viena… Estoy aquí porque nuestra Primavera de Atenas fue aplastada, al igual que la Primavera de Praga antes. Por supuesto, no fue aplastada utilizando los tanques. Fue aplastada utilizando los bancos. Como dijo Berthold Brecht una vez: "¿Por qué enviar asesinos cuando podemos emplear agentes judiciales?" ¿Por qué organizar un golpe de Estado cuando se puede enviar a un gobierno recién electo al Presidente del Eurogrupo para decirle al nuevo ministro de Finanzas, tres días después de asumir el cargo, que tiene que elegir entre el Programa de Austeridad preexistente, que provocó una Gran Depresión en su país, o el cierre de los bancos de la nación. ¿Por qué enviar tropas cuando puede haber visitas mensuales de la Troika con el propósito explícito de hacerse cargo de todas las ramas del gobierno y de escribir todas y cada una de las leyes del país? Las elecciones no pueden cambiar nada Cuando en mi primera reunión del Eurogrupo, en febrero, sugerí a los ministros de finanzas un compromiso entre el Programa de Austeridad de la Troika en vigor y la agenda de reformas del nuevo gobierno electo, Michel Sapin tomó la palabra para decir que estaba de acuerdo conmigo, para defender elocuentemente un terreno común entre el pasado y el futuro, entre el programa de la Troika y el programa electoral de nuestro nuevo gobierno que el pueblo griego acababa de votar. El ministro de Finanzas de Alemania inmediatamente intervino: "Las elecciones no pueden cambiar nada", dijo. "Si cada vez que hay una elección las reglas cambian, la zona euro no puede funcionar". Tomando de nuevo la palabra, respondí que, dada la forma en que nuestra Unión se diseñó (¡muy, muy mal!), tal vez el Dr. Schäuble tuviese razón. Pero añadí: "Si bien es cierto que las elecciones no pueden cambiar nada, debemos ser honestos con nuestros ciudadanos y decírselo. Tal vez deberíamos modificar los Tratados europeos e insertar en ellos una cláusula que suspenda el proceso democrático en los países obligados a pedir prestado a la Troika. Que suspenda las elecciones hasta que la Troika decida que se pueden celebrar de nuevo. ¿Por qué debemos someter a nuestro pueblo a unos caros rituales electorales si las elecciones no pueden cambiar nada? Pero -le pregunté a mis compañeros ministros-, es esto en lo que se ha convertido Europa, colegas? ¿Es esto lo que nuestros pueblos han suscrito?". Piénsenlo, esta admisión sería el mejor regalo para el Partido Comunista de China, que también cree que las elecciones son una complicación peligrosa que solo obstaculiza un gobierno eficiente. Por supuesto que están equivocados. Como dijo Churchill, la democracia es un sistema malo. Pero es la mejor de todas las alternativas y, en términos de su eficiencia económica a largo plazo, también. Se hizo un frío silencio durante unos segundos en el Eurogrupo. Nadie, ni siquiera el habitualmente abrasivo Sr. Djisselbloem, pudo encontrar algo que decir hasta que algún colega de Europa del Este rompió el silencio con otro tarareo del Libro de los Salmos de la Austeridad de la Troika. Por el rabillo del ojo pude ver a Michel Sapin mirando desolado. Me acordé de algo que me había dicho en París, cuando nos conocimos en su oficina: "Francia no es lo que solía ser." Desde una edad muy temprana miré a Francia en busca de inspiración, posiblemente una reminiscencia de la forma en que Grecia reaparición en el mundo moderno inspirándose en la Revolución francesa, con citas de Voltaire y Rousseau que resuenan en mi cabeza. En ese momento, el silencio de Michel era difícil de soportar. La imagen y el sonido de la impotencia de Francia es un presagio de una Europa que ha perdido su camino. Un golpe muy europeo Ya en los días de nuestra dictadura en 1967-1974, cuando los tanques eran los amos de las calles de Atenas, los demócratas griegos llegaban a Francia, viajaban a Alemania, Austria, Suecia, Canadá, Australia, para conseguir apoyo para una nación griega sitiada. Para impulsar la solidaridad con el pueblo griego en su lucha contra la dictadura fascista. Amigos, no estoy aquí hoy para buscar apoyo para una democracia griega aplastada. Estoy aquí para aportar el apoyo y la solidaridad del pueblo griego la democracia francesa. Porque esto es lo que está en juego. La democracia francesa. La democracia española. La democracia italiana. La democracia en toda Europa. Grecia fue, y por desgracia sigue siendo, un laboratorio en el que se probó el poder destructivo de una contraproducente austeridad. Grecia nunca fue el verdadero problema para la Troika y sus secuaces. ¡Sois vosotros! No es cierto que el verdadero objetivo de nuestros acreedores sea recuperar su dinero prestado al estado griego. O que quieran ver una Grecia reformada. Si lo fuera, habrían discutido seriamente nuestras propuestas para la reestructuración de la deuda pública de Grecia de modo que se garantice que recuperan la mayor parte de sus créditos. Pero no les importa. En su lugar, insistieron en nuestra rendición. Era lo único que les importaba. Lo único que les preocupaba era una cosa: garantizar la veracidad de la frase del Dr. Schäuble de que no se puede permitir que unas elecciones cambien nada en Europa. Que la democracia termina donde comienza la insolvencia. Que hay que condenar a unas naciones orgullosas que enfrentan problemas de deuda a una prisión por deuda en la que es imposible producir la riqueza necesaria para pagar sus deudas y salir de la cárcel. Y Europa se está convirtiendo de nuestra casa común en una jaula de hierro compartida. Esto es importante. Leen los periódicos y escuchan programas de radio y televisión que bombardean con la apaciguante historia de que el Eurogrupo, de que la Troika alrededor de la cual el Eurogrupo funciona, de que los programas de austeridad solo buscan llevar a cabo REFORMAS, que obliguen a la economía fallida de Grecia a aumentar su riqueza para que pueda pagar sus deudas y dejar de ser una carga para el resto de Europa. Pero Europa no funciona así en la práctica. Si a través de un agujero en la pared hubieran seguido nuestras negociaciones, hubieran visto como yo a la señora Lagarde, al Sr. Draghi, al señor Juncker, al propio Dr. Schäuble, que solo les interesaba una cosa: dictarnos las "condiciones de la rendición". Unas condiciones que buscan acabar con la Primavera de Atenas. Unas condiciones que quieren borrar la sonrisa de toda Europa, que nos miró y pensó que una nueva política es posible. Unas condiciones impuestas por los acreedores, que, increíblemente, garantizan que nosotros, los deudores, no podamos pagar nuestras deudas, viejas y nuevas. Una medicina tóxica Muchos de ustedes se preguntarán, con razón: Pero ¿por qué los acreedores imponen a Grecia unas condiciones que reducen su capacidad para pagar la deuda a esos mismos acreedores? ¿Por qué los acreedores impiden que el gobierno griego lleve a cabo reformas reales, unas reformas que harían que Grecia estuviese en mejores condiciones dentro de Europa? ¿No podría ser que la Troika esté simplemente tratando de que los griegos traguen una medicina amarga pero necesaria? Y ¿por qué los griegos no queremos tragar una medicina que necesitamos? ¿Por qué no queremos hacer nuestros deberes, como dice la señora Merkel? Estas son preguntas cruciales. Son cruciales para ustedes, para el pueblo de Francia. ¿Por qué? Porque si nosotros, los griegos somos la causa de nuestros propios problemas, y si es verdad que somos unos mimados, gente perezosa que se niega a hacer su parte y a tomar su amarga medicina, entonces no tienen nada que temer. No deben perder el tiempo escuchando a gente como yo. Pero, si no es así, si la medicina que se nos pide tomar una y otra vez es un veneno, si hemos hecho los deberes, pero el maestro no quiere ni leerlos, entonces lo que está pasando en sitios como Grecia no tiene nada que ver con Grecia. Se trata de la política europea, de la de Francia en particular. Por lo tanto, permítanme ser claro: la medicina no es simplemente amarga. Es tóxica. Un médico que recetase semejante medicina a su paciente sería arrestado e inhabilitado por el colegio médico. Pero en el Eurogrupo, el hecho de que la medicina este matando al paciente es considerado la prueba de que lo que se necesita es aumentar la dosis. Durante cinco años el programa de austeridad de la Troika ha creado la recesión más larga y profunda de la historia. Hemos perdido un tercio de nuestros ingresos colectivos. El desempleo aumentó del 10% al 30% en un país donde sólo el 9% de los desempleados han recibido alguna vez subsidios de desempleo. La pobreza afecta ya a 2 de nuestros 10 millones de habitantes. Nunca hubo la posibilidad de que fuera de otra manera. En 2010, el Estado griego se declaró en quiebra. Nuestro estado no podía pagar sus deudas a los bancos franceses y alemanes. Así que, ¿qué hizo Europa? Decidió dar el Estado griego en quiebra el préstamo más grande de la historia condicionado a una austeridad que redujo los ingresos con los que había que pagar los viejos y los nuevos créditos. Hasta un niño de diez años puede explicar que no se puede salir de una situación de insolvencia a base de más préstamos cuya condición sea que el ingreso se reduzca. La austeridad hace que los ingresos se reduzcan, mientras que las deudas crecen. Más deuda, en forma de nuevos préstamos de rescate, con la condición de más austeridad que reduzca los ingresos, conduce, con precisión matemática, a la catástrofe. Todo el mundo lo sabía. Así que, ¿por qué Europa lo hizo? Porque el objetivo no era rescatar a Grecia, Irlanda, Portugal o España! El objetivo era rescatar al Deutsche Bank, a BNP Paribas, a Finanz Bank, a la Societe General, a los bancos alemanes y franceses con dinero de los contribuyentes y que fueran los europeos más débiles quienes más pagaran, provocando una crisis humanitaria en Grecia y una recesión de combustión lenta en Francia. Y luego, cuando fue evidente que toda esta austeridad, de hecho, había aumentado la deuda de Grecia del 120% al 180% de la renta nacional, en lugar de reducirla, ¿qué hizo la Europa oficial? Más de lo mismo en 2012, en 2013, en 2014. Los ingresos continuaron cayendo, la pobreza aumentó, el desempleo alcanzó récords mundiales, todo el mundo debía dinero a todo el mundo y nadie podía pagar. Conceder más préstamos al Estado que tendrían que pagar los ciudadanos más débiles nunca fue una política económica que pudiese funcionar. Al igual que Macbeth que cometió crimen tras crimen, tratando de ocultar su crimen anterior con uno nuevo, la Troika añadió un rescate tóxico tras otro, ampliando la crisis, haciéndola más profunda, mientras al mismo tiempo nos engañaba diciendo que todo se iba a arreglar. Fue este proceso misántropo el que extinguió toda esperanza en Grecia entre 2010 y 2015. En enero pasado fuimos elegidos para recuperar la esperanza. En lugar de sentarnos en la sombra y maldecir la oscuridad, decidimos encender una vela. Para dar a la esperanza y la racionalidad otra oportunidad. Y el pueblo lo supo. La pequeña vela que encendimos iluminó los rostros de la gente, y no sólo en Grecia. Desde la perspectiva de la Santa Alianza de la vieja Europa, era un terrible crimen por el cual nosotros, y los que votaron por nosotros, tendríamos que ser castigados. Con otro gran préstamo. Con más austeridad contraproducente que pronto situará nuestra deuda pública en el 205% de la renta nacional. Con otra decisión del Eurogrupo condenando a nuestro pueblo a un sufrimiento innecesario por el crimen atroz de recuperar la esperanza y, peor aún, de difundir esa esperanza al resto de Europa. ¿Terreno común? Volviendo a mi primera participación en el Eurogrupo, debo decir que fui con la determinación de encontrar un terreno común, como también lo hizo Michel Sapin. Permítanme leerles extractos de mi intervención, en la que propuse una nueva asociación con las instituciones y con mis colegas, los otros ministros de Finanzas: La nueva asociación que les proponemos debe basarse en objetivos realistas y políticas eficientes. Nosotros, el nuevo gobierno griego, debemos ganar una moneda muy preciosa sin agotar un importante bien de capital: Tenemos que ganar su confianza, sin perder la confianza de nuestro pueblo - de los votantes que, por ahora, nos dan unos índices de aprobación considerables. Porque ese índice de aprobación es un capital importante en la lucha de Europa para reformar Grecia y estabilizarla y normalizarla. En este tiempo de cambio, escuchamos sus preocupaciones acerca de las intenciones de nuestro gobierno. Necesitamos, con claridad, tranquilizarles. Estoy aquí hoy para transmitir un mensaje claro sobre el programa y los compromisos del nuevo gobierno a sus socios del Eurogrupo. Grecia, como miembro de la zona euro, está totalmente comprometida a encontrar una solución, discutida conjuntamente con los socios, para fortalecer nuestra unión monetaria. Nos hemos comprometido a cooperar de buena fe con todos nuestros socios europeos e internacionales, en igualdad de condiciones. Estamos comprometidos con la solidez de las finanzas públicas. Grecia ha hecho un gran ajuste en los últimos cinco años con un inmenso coste social. Su déficit está ahora por debajo del 3% en términos nominales, frente al 15% en 2010. Ahora tenemos un superávit primario y nuestro superávit estructural, según el Fondo Monetario Internacional, es el más grande de la UE. El nuevo gobierno toma este ajuste como punto de partida. Deseamos ahora seguir adelante, sobre la base de una nueva asociación mutuamente beneficiosa con nuestros socios europeos. Estamos comprometidos con las reformas estructurales profundas.

Nuestro programa de reforma tiene como objetivo recrear la confianza entre los ciudadanos griegos, el crecimiento de la economía, y la credibilidad de Europa. Reconoce la necesidad de reformas profundas para garantizar la prosperidad a largo plazo de Grecia en la zona euro. Reconocemos que el programa de ajuste anterior refleja compromisos asumidos por Grecia y sus socios del Eurogrupo. Reconocemos los enormes esfuerzos realizados por los contribuyentes de sus países para apoyar la deuda de Grecia y mantener la integridad del euro. Sin embargo, las metas fiscales, poco realistas y autodestructivas que se han impuesto a nuestro país y la población, deben ser revisadas. Una meta de superávit primario de más del 3% de la renta nacional anual no tiene precedentes históricos en ninguna situación parecida a la de Grecia hoy. Simplemente, no será posible que nuestro país crezca si permanecemos en el camino de la austeridad impuesta que mina el crecimiento de nuestra economía. También es bastante inconsistente con el logro de una deuda sostenible en relación con los ingresos. El nuevo acuerdo se proponemos discutir con usted debe reconocer esta evidencia. El nuevo acuerdo se basará en reformas que son "asumidas" por los ciudadanos y las instituciones nacionales, con muchos elementos de la agenda política acordada previamente. Esto también significa que la esperanza de una prosperidad compartida debe ser revivida en toda Europa. Queremos discutir con ustedes esta agenda surgida de Grecia que refleja nuestras limitaciones tanto potenciales como específicas. Queremos que nuestro crecimiento sea inclusivo, basado en la inversión y las ganancias de productividad. El crecimiento basado en una mayor reducción de los costes laborales no puede tener éxito en Grecia y ha sido rechazado por nuestro pueblo. Sobre la base de objetivos más realistas de superávit primario y nuestra agenda griega, una reforma y una agenda de crecimiento plenamente asumidas, el nuevo acuerdo que proponemos restaurará una trayectoria sostenible de la deuda. Invitamos al Fondo Monetario Internacional a trabajar con nosotros para evaluar la estructura griega de sostenibilidad de la deuda y los compromisos del gobierno. Grecia está dispuesta a hacer propuestas concretas a sus socios, a su debido tiempo, con un menú de instrumentos innovadores para reducir la carga de la deuda de manera eficiente, incluyendo el canje de deuda. Y concluí con estas palabras: Estimados colegas, Europa es una e indivisible, y el Gobierno de Grecia considera que Grecia es miembro permanente e inseparable de la Unión Europea y de nuestra unión monetaria. A algunos de ustedes, lo sé, no les ha gustado la victoria de la izquierda, de un partido de izquierda radical. A ellos tengo que decirles: perderemos una oportunidad si nos ven como sus adversarios. Somos europeístas convencidos. Nos preocupamos por nuestra gente profundamente pero no somos unos populistas que prometamos todo a todo el mundo. Por otra parte, podemos representar al pueblo griego para llegar a un acuerdo que sea realmente beneficioso para el europeo medio. En nosotros encontrarán socios fiables que no ven estas reuniones como un medio de extraer algo de la nada, de ganar a costa de los demás.

Espero poder discutir con ustedes ahora, en un verdadero espíritu de cooperación y asociación, y escribir juntos esta nueva página de nuestra relación. Les agradezco mucho su atención. Mis disculpas por leerles estos extractos. Pero quería transmitirles una idea del espíritu de cooperación con el que nos acercamos al Eurogrupo. Mientras yo estaba pronunciando estas palabras en el Eurogrupo, "fuentes" de Bruselas filtraron que estaba siendo grosero, que estaba dando lecciones a mis compañeros, que estaba rechazando las "reformas" de la Troika. No tomé esas filtraciones como un ataque personal. Era parte de una campaña de propaganda brutal para justificar la demonización de nuestro gobierno, un intento de caricaturizarnos como comunistas radicales que solo buscaba preparar a la opinión pública europeo para nuestra derrota. Durante cinco largos meses, nuestro delegación presentó, propuestas claras, sofisticadas para la reforma de la agencia tributaria, que sería totalmente independiente de mi ministerio, pero también de la oligarquía; para una reestructuración de la deuda que redujese al mínimo nuevos préstamos a Grecia y maximizase nuestros pagos a los acreedores; para un nuevo banco de desarrollo que utilizaría los activos públicos y colaboraría con el Banco Europeo de Inversiones; para un nuevo banco malo con el que hacer frente a los préstamos no recuperables del sistema bancario griego, las deudas malas privadas que obstruyen los circuitos de crédito, impidiendo que los bancos presten incluso a las empresas rentables, orientadas a la exportación; para crear mecanismos de lucha contra la corrupción, la fijación de precios en los mercados minoristas, el trabajo no declarado en los mercados laborales; para una reforma de las pensiones que restringiese la jubilación anticipada sin hundir más gente anciana en la pobreza. Cada vez que propusimos una medida importante o una reforma, se nos apuñalaba por la espalda. Mis colegas franceses no podían dar crédito, deprimidos por su falta de influencia. Incluso cuando acordamos alguna medida con Michel Sapin o Pierre Moscovici, ¿qué paso? Si el Presidente del Eurogrupo lo decidía, nuestro acuerdo ni siquiera podía ser escuchado en el Eurogrupo. -Por supuesto, el Sr. Djisselbloem jamás tomó estas decisiones por su cuenta. Cuando, consciente de ello, traté el asunto con el Dr. Schäuble, Wolfgang se negó a negociar conmigo nada de sustancia. Es el (fallido) programa existente o la puerta, era su respuesta. "Vaya a las instituciones". Fue lo que hice. La táctica de cerrojo Salvo que nuestras negociaciones con las instituciones, la Troika, fueron la experiencia más frustrante que uno pueda tener. Al igual que esas personas irritantes que quieren hablar de todo a la vez, lo que significa que no se habla de nada en absoluto, las instituciones insistieron en una "revisión integral" para un "acuerdo global", lo que significaba que querían hablar sobre todo. Nos dijeron que necesitaban todos los datos de las proyecciones fiscales de la economía griega, que necesitaban todos los datos de las empresas estatales, todos los datos sobre los fondos de pensiones, de las empresas de energía, en esto, de aquello y lo otro. Para demostrar nuestra voluntad de cooperación les dimos lo que pedían, respondimos a los cuestionarios, realizamos innumerables reuniones para proporcionales los datos. Después de desperdiciar gran cantidad de tiempo reuniendo datos que ya tenían, antes de que los ministros los conociéramos, nos preguntaban que queríamos hacer en IVA. Hicimos todo lo posible para explicarles nuestros planes sensatos, moderados, para el IVA. Nos escucharon, mirándonos con cara de estar poco convencidos, rechazaron nuestra propuesta, pero no adelantaron ninguna propia. Y sin llegar a ningún acuerdo sobre el IVA, cambiaban de tema, y empezaban a hablar de las privatizaciones. Nos preguntaban que queríamos hacer con las privatizaciones,

les proponíamos algo sensato y moderado y ellos lo volvían a rechazar. Entonces cambiaban de nuevo de tema, sacaban las pensiones, de allí a los mercados de productos, después las relaciones laborales, y de las relaciones laborales a cualquier otro aspecto. Era como un perro que se muerde la cola. Tal vez el mayor impedimento para una negociación sensata fue la fragmentación de la Troika. El FMI estaba cerca de nosotros sobre la importancia de la reestructuración de la deuda, pero insistió en que debíamos eliminar cualquier protección residual de los derechos de los trabajadores y profesionales de clase media, como los farmacéuticos o ingenieros. La Comisión era mucho más comprensiva con nosotros en estos temas sociales, pero prohibió hablar de la reestructuración de la deuda para no molestar a Berlín o Frankfurt. El BCE tiene su propia agenda. En pocas palabras, cada una de las instituciones tenía diferentes líneas rojas, lo que significaba que estábamos encarcelados en una cuadrícula de líneas rojas. Lo peor es que tuvimos que hacer frente a la “desintegración vertical” de nuestros acreedores, ya que los jefes del FMI y la Comisión tenían una agenda diferente a sus funcionarios y los ministros de Finanzas de Alemania y Austria tenía una agenda totalmente distinta que la de sus ministros de asuntos exteriores. Mientras tanto, los días y las semanas fueron pasando porque nuestros acreedores retrasaban, retrasaban y retrasaban la negociación, al mismo tiempo que filtraban a la prensa y éramos nosotros lo que teníamos que convocar una nueva reunión de negociación: nuestro gobierno estaba siendo asfixiado a propósito por el BCE. Incluso antes de que ganásemos las elecciones, el BCE había señalado que reduciría el acceso de la banca griega a sus programas de liquidez. Nuestros oponentes convirtieron esto en la prensa en una gigantesca campaña de miedo, incitando efectivamente a los depositantes a sacar su dinero de los bancos. No hay nada más fácil en el mundo que un Banco Central provoque una fuga de depósitos y el pánico bancario cuya prevención justificó su creación. Días después de ganar las elecciones, fui a Londres para hablar con los financieros de la City con el fin de calmar sus nervios y convencerlos de que nuestro gobierno estaba a favor de la empresa, aunque también estaba decidido a salvaguardar los intereses de nuestra sufrida población. Funciono. A la mañana siguiente la bolsa griega subió un 12% y las acciones de los bancos un 20%. Al día siguiente, el BCE anunció que iba a limitar el acceso de nuestros bancos a su mecanismo de liquidez. La bolsa de valores se estrelló de nuevo. ¿Por qué le hizo el BCE eso a nuestro nuevo gobierno? La respuesta oficial fue porque el "programa" de Grecia expiraría a finales de febrero, lo "que planteaba interrogantes sobre las garantías de los bancos griegos". En realidad, el BCE estaba haciendo presión sobre nuestro gobierno para acabar con toda esperanza y obligarnos a aceptar el fallido programa de la Troika, aunque fuese con algunos cambios cosméticos. Es interesante comparar lo que el BCE hizo con nosotros con lo que había hecho en el verano de 2012 cuando otro nuevo gobierno fue elegido y, de nuevo, el "programa" griego estaba en el limbo. Entonces, el BCE aumentó enormemente la liquidez de los bancos de una sola vez y el límite de la tarjeta de crédito del estado griego (eso es el T-Bill) de 15.000 millones hasta 18.300 millones. ¿En nuestro caso? En nuestro caso, el BCE aumentó la liquidez de los bancos poco a poco, día a día, creando miedo en los depositantes de que tal vez mañana se agotase el límite y los bancos se quedasen sin liquidez. Naturalmente, la fuga de depósitos empeoró. En cuanto al límite de la tarjeta de crédito del gobierno, en lugar de elevar de 15 mil millones a 18.3 mil millones, el BCE lo redujo, usando un truco legal sin precedentes, de 15 a 9 mil millones. Y todo esto en el momento en que tenía que encontrar 7 mil millones para hacer pagos al FMI, un pago que en principio iba a hacerse con nuevos préstamos que nunca nos  concedieron. Su estrategia era muy, muy simple: retrasar cualquier acuerdo, echarnos la culpa del retraso y acusar de falta de "credibilidad" a nuestras propuestas, hasta que nuestro gobierno, el estado, se quedase sin liquidez. Entonces nos dieron un ultimátum, con la amenaza de un cierre inmediato de los bancos. Era, simplemente, un golpe de Estado. Como ya he dicho, en 1967 fueron los tanques y en 2015 los bancos. Pero el resultado es el mismo en el sentido de derrocar al Gobierno o obligarle a derrocarse a si mismo - como lamentablemente decidió hacer el primer ministro Tsipras en la noche de nuestro magnífico referéndum, la noche en que dimití de mi ministerio, y luego otra vez el 12 de julio. Un pescado más grande para freír Volviendo a febrero, pude ver lo evidente. Pude ver que la Troika no estaba interesada en las reformas que afectaban a la oligarquía, en parte porque estaban en buena relación con los oligarcas (cuyos prensa apoyaba a capa y espada a la Troika en su lucha contra nosotros) y en parte porque tenía peces más grandes que freír, siendo Francia el más grande. ¿Qué podía hacer para que fuese más difícil que ignorasen nuestras propuestas? Hice dos cosas. Les sugerí lo que yo pensaba que era un compromiso razonable y decente en relación con el proceso de negociaciones. Les dije: vamos a acordar tres o cuatro reformas importantes como el IVA, como un sistema para combatir la corrupción en la contratación pública, y vamos a ponerlo en práctica de inmediato, a cambio de que el BCE relaje las restricciones sobre nuestra liquidez. ¿Quieren un acuerdo global? Vamos a continuar negociando hasta llegar a él. Pero mientras tanto vamos a presentar de común acuerdo estas reformas en el Parlamento. ¿Su respuesta? "No, no, no, esto tiene que ser una revisión exhaustiva. Nada se llevará a cabo si se atreven a presentar ningún borrador de ley. Se considerarán medidas unilaterales, contrarias al proceso de negociación". Así que, en respuesta, intenté algo más, algo que me recomendó un funcionario del máximo nivel del Fondo Monetario Internacional. Con un equipo de expertos muy capaz, me puse a crear un plan de 60 páginas para la Recuperación de Grecia, un programa de reformas para Grecia, un plan para acabar con la crisis griega. En ese esfuerzo conté con el asesoramiento de expertos no griegos excepcionales. Larry Summers, ex Secretario del Tesoro de EE UU, Lord Lamont, mi amigo y ex ministro británico de finanzas, Thomas Mayer, economista en jefe del Deutsche Bank, mi gran amigo Jamie Galbraith, de la Universidad de Texas, y Mariana Mazzucato, de la Universidad de Sussex. Jeff Sachs, de la Universidad de Columbia, quien ha ayudado a poner juntos muchos programas de reforma nacional para el Fondo Monetario Internacional, me ayudó a editar el documento. Entregué ese documento a otros ministros de Finanzas, lo envié a los gobiernos y funcionarios de las instituciones. ¿Alguien le prestó atención? Por supuesto que no. Incluso mi primer ministro fue demasiado tímido a la hora de enviarlo a otros jefes de gobierno, temeroso de que la Troika considerase nuestro exhaustivo documento un desafío a su autoridad, a su "proceso de revisión integral". Mientras tanto, la Troika, varias personas de la Comisión, de la Secretaría de Hacienda alemana y otras fuentes de poder, aceleraron sus filtraciones a los medios, en el sentido de que nos negábamos a reformar el país, que estábamos perdiendo el tiempo, que no teníamos nada creíble que ofrecer. Les invito a mirar mi página web, donde he colgado ese documento y, si tienen tiempo y energía, a compararlo con el "acuerdo" que se impuso en última instancia al primer ministro Tsipras. Un rápido vistazo les convencerá de que nuestro plan, que nadie cuestionó, que incluso el gobierno griego no dio a conocer, hubiera puesto fin a la crisis griega, a diferencia de los términos de la rendición dictada el 12 de julio, y que nuestro parlamento ha aprobado recientemente, que acrecentará la crisis aún más, con efectos desastrosos los ciudadanos griegos más débiles. Jaque mate Y la negociación interminable continuó hasta que la liquidez de nuestro estado se agotó por completo. En la penúltima hora, el 25 de junio, cuatro días antes de que los bancos griegos fuesen cerrados por el BCE, la Troika nos dio su propuesta de acuerdo. Era un ultimátum. Lo toman o sus bancos nunca abrirán sus puertas de nuevo. Leemos sus propuestas. Eran puro veneno ... totalmente inviables y tóxicas. Querían que aceptásemos una nueva serie de medidas de austeridad, aumentar el IVA de los hoteles de nuestras islas del mar Egeo del 6% al 23%, cuando en Turquía es el 7%, reducir las pensiones de los pensionistas más pobres en un tercio. La lista de horrores era interminable. Durante meses asfixiaron a nuestro gobierno y nuestra economía con una fuga de depósitos y una restricción de liquidez simultáneas, mientras insistían que nuestro asfixiado estado pagase al Fondo Monetario Internacional con nuestra propia sangre, y retrasaba las negociaciones hasta que estuviésemos al borde del acantilado. Y en ese momento se hizo el tipo de propuesta que se hace cuando uno no se quiere un acuerdo. La pregunta es: ¿Por qué querrían hacer algo así? ¿Lo hicieron para que aceptásemos su reformas? Por supuesto que no. Estábamos desesperados por hacer reformas. Cuando hablaban de reformas nunca era en serio. Una reforma no es reducir las pensiones de un pensionista de 300 a 200 euros al mes. Nuestras propuestas de reforma del sistema de pensiones eran auténticas reformas: teníamos un plan sobre cómo apalancar los activos públicos con el fin de hacer inversiones que pagasen dividendos que, a su vez, apoyasen a los fondos de pensiones. Hemos propuesto una reestructuración de los fondos de pensiones y restricciones drásticas de la jubilación anticipada. Pero no estaban interesados. Permítanme referirme ahora a la cuestión de la deuda. El objetivo de reestructurar la deuda es reducir el volumen de los nuevos préstamos necesarios para el rescate de un deudor en quiebra. Los acreedores ofrecen un alivio de la deuda para recuperar más dinero y ampliar la nueva financiación al mínimo en la medida de lo posible a la entidad quebrada. Los acreedores de Grecia hicieron lo contrario. Se negaron a reestructurar la deuda e insistieron en que debíamos asumir más y más deuda con unas condiciones que hacían imposible su devolución. Durante las negociaciones, nunca dejé de sugerir a nuestros acreedores una serie de canjes de deuda inteligentes que buscaban dos objetivos: minimizar los nuevos préstamos; y garantizar que Grecia calificase para el tipo de apoyo del BCE que el resto de los estados miembros de la eurozona reciben a diario, como la mejor manera de frenar el endeudamiento de los contribuyentes europeos. Rechazaron mis propuestas y ahora han impuesto un nuevo préstamo que es el doble de grande de lo que era necesario. Nuestras propuestas no fueron, de hecho, rechazadas. Esto es lo que realmente importa: ¡nuestras propuestas nunca fueron discutidas! Aunque sabíamos de buena fuente que eran técnicamente rigurosas y jurídicamente correctas, la voluntad política del Eurogrupo fue ignorar nuestras propuestas, para que las negociaciones fracasasen, cerrar los bancos, y obligar al gobierno griego a una rendición incondicional, que incluía un nuevo préstamo gigantesco, mucho mayor que el que nosotros propusimos. ¿Por qué? Así que, volviendo a la terrible pregunta: ¿Por qué los acreedores de Grecia prefirieron un nuevo paquete de préstamos mucho más grande de lo necesario? ¿Por qué ignoraron nuestras propuestas de reforma que sabían que podíamos y queríamos poner en práctica? ¿Por qué desperdiciaron la gran oportunidad que representaba contar con el único gobierno que contaba con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo griego? ¿Acaso no "entienden" que éramos el único gobierno que contaba con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo griego? ¿Acaso no "entienden" que éramos los únicos que podíamos pedir al pueblo griego que tomase la amarga, aunque no tóxica, medicina reformista? ¿Por qué insisten en que la medicina debe ser venenosas y no terapéutica? No hay una respuesta económica. La única respuesta es la que reside firmemente en el ámbito de la política del poder. El mayor temor de la Troika era que nuestro gobierno pudiese tener éxito. Que su propia superior autoridad y sabiduría quedase en evidencia, queridos amigos, ante los pueblos de Europa. A la Troika no le importa que Grecia sea una herida abierta que no cierre. Al ministro de Finanzas alemán ni siquiera le preocupa tanto recuperar el dinero de los contribuyentes alemanes. Los que dirigen el show en Europa están dispuestos a derramar mucho más dinero de sus contribuyentes en el pozo sin fondo griego, aunque el pueblo de Grecia sufra, si es la única manera de perpetuar su control sobre sus propios pueblos. La deuda es poder para los acreedores y la deuda insostenible da a los acreedores aún más poder. No querían recuperar su dinero. Querían derrocar nuestro gobierno a costa de los contribuyentes europeos. Es más, querían poner una cama de clavos y que nos acostásemos en ella de forma voluntaria, dándoles las gracias por dejarnos hacerlo. Querían humillar al único gobierno que se atrevió a cuestionar la lógica de una política económica ilógica. Nuestra larga negociación de cinco meses fue un pulso entre el derecho de los acreedores a gobernar una nación deudora y el derecho democrático de los ciudadanos de esa nación de auto-gobernarse. Nunca hubo una negociación entre la UE y Grecia como estado-miembro de la UE. Por eso estoy aquí. Estoy aquí porque lo que nos pasó está empezando a pasarles a ustedes. Grecia es un campo de batalla en el que se experimentan nuevas armas para una guerra contra la democracia europea, contra la democracia francesa. En mayo, en los pasillos de una nueva reunión del Eurogrupo, había tenido el privilegio de una conversación fascinante con el Dr. Schäuble. Hablamos extensamente tanto sobre Grecia como sobre el futuro de la zona euro. Más tarde ese día, la agenda de la reunión del Eurogrupo incluyó un tema sobre los futuros cambios institucionales para reforzar la zona euro. En esas conversaciones, se hizo patente lo que el Dr. Schäuble estaba planeando para Europa. También quedó claro que una gran mayoría de ministros de Finanzas estaban de acuerdo.

Michel Sapin no fue uno de ellos, pero, aún así, no recuerdo oírle protestar abiertamente contra la visión del Dr. Schäuble. Francia no es, evidentemente, lo que solía ser ... ¿Y cuál es el plan? Francois Mitterrand sabía que la zona euro estaba mal construido. Creía que la primera gran crisis del euro obligaría a sus sucesores a avanzar hacia la unión política necesaria para salvar a Europa de una fragmentación tipo 1930. Estaba equivocado. Una crisis a gran escala es, por supuesto, inevitable cuando el control sobre el dinero de diferentes naciones se delega en los "tecnócratas", sin vinculación con un proceso parlamentario que los controle o los respalde cuando sea necesario. Una vez que estalló la crisis inevitable, los intereses nacionales resurgen vengativos. La historia demostró que Mitterrand estaba equivocado: la crisis enfrenta una nación orgullosa contra otra y alejó una solución federal aún más a un futuro lejano. Lo que nos trae al plan del Dr. Schäuble: un “señor del presupuesto” de la Eurozona (posiblemente una versión glorificada del presidente del Eurogrupo) con excepcional poder de veto sobre los presupuestos nacionales. Sobre el presupuesto de Francia para ser precisos. Un Eurogrupo más y más poderoso que la Comisión Europea, que se desvanece en el horizonte, marginada a ocuparse de los asuntos de menor importancia. A los que hablan de "más Europa" y en favor de una "unión política", yo les digo: ¡Cuidado! La Unión Soviética fue también una unión política. La pregunta es: ¿Qué tipo de unión política? ¿Un espacio democrático de prosperidad compartida? O ¿una jaula de hierro para los pueblos de Europa? Una democracia federal, permítanme que les recuerde, como Alemania, Estados Unidos o Australia, se basa en la soberanía de los ciudadanos que se refleja en el positivo poder de sus representantes federales para legislar lo que debe hacerse en nombre del pueblo soberano. En marcado contraste, el Plan Schäuble prevé solamente poderes negativos: un “señor del presupuesto” que sólo puede decir "no", pero que tiene una capacidad muy limitada para reciclar los excedentes de Europa de las regiones con superávit a las deficitarias, que es lo que un sistema federal haría. El problema con este plan es doble. En primer lugar, no ayudaría a salvaguardar y administrar la macro-economía de la zona euro. En segundo lugar, se estarían violando los principios básicos de la democracia liberal occidental. Así que, ¿por qué es relevante Grecia en todo esto? Debido a que parte del plan es utilizar a Grecia como una moraleja, como una demostración de que le espera a la gente si se resiste a esta versión disciplinaria de unión política. Grexit se ha convertido en una amenaza que obliga a la gente de Francia a aceptar como un mal menor la austeridad permanente, la crisis permanente y el control directo sobre su destino por aquellos que no rinden cuentas, sin rostro, pseudo-tecnócratas económicamente analfabetos. No nos equivoquemos: nuestro gobierno fue aplastado porque nos atrevimos decir No a la Troika en un momento en que había planes en marcha para que la Troika fuese a París. No digan que no están advertidos. "Todos somos griegos ahora" no porque los griegos sean especiales, sino porque la Primavera de Atenas había encendido una pequeña vela que transmitía esperanza a todos los europeos. Una vela que la Troika tuvo que extinguir a toda costa, para que su autoridad no quedase impugnada por el espectro de la democracia.

 

La perdida de soberanía sobre los principales ministerios del Estado Uno de los aspectos más chocantes con los que me encontré al asumir el Ministerio de Finanzas era como los cinco años de gobierno de la Troika habían convertido el Estado griego en un queso gruyere. Trozos enteros de nuestro gobierno habían sido engullido por la Troika, y respondían directamente a ella, sin rendir cuentas a los ministros o, de hecho, al Parlamento. Y no era sólo el Banco de Grecia, que se había incorporado al Banco Central Europeo - el mismo banco central que, en lugar de ayudar a nuestro gobierno (para lo que se concibieron los bancos centrales), nos estaba asfixiando. No, me refiero a otras instituciones cruciales como el Fondo Helénico de Estabilidad Financiera - HFSF (que posee en nombre del estado todos los bancos), el equipo que se encarga de todas las privatizaciones, la Oficina de Estadística y, por supuesto, la agencia tributaria de mi propio ministerio. Cuando tomé la decisión de reducir los enormes sueldos de los gerentes del HFSF, nombrados en gran medida por la Troika, recibí una carta del Sr. Thomas Wieser, presidente del Grupo de Trabajo del Euro, un funcionario clave de la Troika, que me dijo que no podía hacerlo sin su aprobación. En un país donde la Troika exige recortes salariales y de pensiones constantes, el ministro no podía reducir los salarios exorbitantes de los niños y las niñas favoritas de la Troika, unos sueldos pagados por nuestro país en bancarrota. En otra ocasión traté de interrogar a la secretaria de la agencia tributaria de mi propio ministerio por qué se había retrasado cuatro meses la entrada en operación de la aplicación web a través de la cual las empresas debían presentar sus declaraciones de impuestos: los cuatro meses cuando estaba siendo asfixiado nuestro estado y teníamos una extrema necesidad de ingresos tributarios. Yo estaba, efectivamente, conectado directamente con la Troika. Pero durante las negociaciones, la Troika pidió que se legislase mayor autonomía para el secretario general que estaba ayudando a asfixiar a nuestro estado! Y cuando, después de mi renuncia, les conté a un grupo de financieros mi plan para restablecer la soberanía nacional sobre esa secretaría en particular, de repente me enfrenté a una campaña, desde los medios de comunicación griegos partidarios de la Troika, para que se me juzgase por ... alta traición. Les cuento todo esto para que estén sobre aviso. Cuando la Troika venga a París, en persona o en espíritu, sepan esto: también se impondrá a los ministros franceses una horrible perdida de soberanía nacional. Si no se ha impuesto ya. Déficit democrático Permítanme ahora volver a finales de junio. El primer ministro Tsipras había convocado el referéndum sobre la base de que ni teníamos un mandato para aceptar un acuerdo no viable, ni para enfrentarnos frontalmente con Europa. Así, pusimos el ultimátum de la Troika a juicio del pueblo griego. En la reunión del Eurogrupo que siguió, el 27 de junio, varios ministros de Hacienda me criticaron por preguntar a la gente común cuestiones financieras complejas. ¿Qué?¿No es ésta la esencia de la democracia, formular preguntas complejas a la gente común, sobre la base de una persona un voto? ¿Estaba oyendo bien? El Eurogrupo - el órgano de la mayor economía del mundo en el que se toman todas las decisiones determinantes para nuestras economías sociales, ¿estaba rechazando la democracia en mi cara? En esa reunión, el presidente Dijsselbloem anunció que iba a convocar una segunda reunión más tarde esa noche sin mí; sin que Grecia estuviese representada. Protesté, diciendo que no podía, por su capricho, excluir el ministro de finanzas de un estado miembro de la zona euro y pedí asesoramiento jurídico sobre el asunto. Después de un breve descanso, la Secretaría del Eurogrupo dictaminó: "El Eurogrupo no existe en la legislación europea. Es un grupo informal y, por lo tanto, no hay reglas escritas que obliguen a su Presidente”. Ni reglas escritas, ni actas (para que los ciudadanos no puedan ver lo que se dijo en su nombre), ni respeto por la democracia. Esta es la institución que decide por ustedes y por mí, por sus hijos y los míos. ¿Es esta la Europa por la que habían luchado Adenauer, De Gaulle, Brandt, Giscard, Schmidt, Kohl, Mitterrand etc.? ¿O es el epitafio de la Europa que siempre habíamos pensado como punto de referencia, nuestra brújula? Una semana más tarde, el pueblo de Grecia, a pesar de los bancos cerrados y la campaña del miedo de los medios de comunicación griegos corruptos, votaron un rotundo NO en el referéndum. Al día siguiente, la Cumbre Euro respondió imponiendo a nuestro Primer Ministro un acuerdo que sólo puede ser descrito como una rendición incondicional de nuestro gobierno. ¿El arma preferida de la Cumbre del Euro? La amenaza ilegal de amputar a Grecia de la zona euro. Sea lo que sea lo que se piense de nuestro gobierno, y a pesar de las divisiones surgidas por esa rendición, este episodio pasará a la historia europea como el momento en el que la Europa oficial declaró la guerra a la democracia europea. Grecia capituló, pero fue Europa la derrotada. Nuestro descontento Como habrán oído, esa noche manifieste mi desacuerdo con el primer ministro Tsipras y dimití. Habíamos estado en desacuerdo sobre toda una serie de cuestiones antes. Al conceder a la Troika a finales de abril unos superávit primarios ridículamente elevados, sin mi consentimiento, se envalentonaba a nuestros acreedores. Una vez que se admiten unos superávit primarios tan altos, es decir, se acepta de nuevo la austeridad, lo que se esta diciendo es que no se defiende de verdad la reestructuración de la deuda. Y una vez que se aceptan la austeridad y la deuda, la Troika sabe que ha vencido. Todo lo que tenían que hacer era esperar nuestra capitulación. La razón por la que no dimití entonces, a finales de abril o principios de mayo, fue que estaba seguro de que la Troika no ofrecería a mi Primer Ministro ningún acuerdo medio decente, incluso después de que les hubiera hecho casi todas las concesiones que habían pedido. Porque su objetivo era humillarnos, no un acuerdo por dura que fuera la austeridad impuesta. Así que esperé a que Alexis endureciera el tono. El referéndum le dio esa oportunidad. Cuando el Eurogrupo dio la señal al BCE para que cerrase nuestros bancos en represalia por nuestro referéndum - los mismos bancos que el BCE había declarado en repetidas ocasiones solventes - recomendé dos o tres actos de represalia por nuestra parte. Cuando me quede en minoría en nuestro gabinete de guerra, supe que se había acabado la partida. Pero entonces el bravo, valiente pueblo de Grecia, a pesar de la propaganda de los oligarcas y sus estaciones de televisión y radio, haciendo caso omiso de los bancos clausurados, votaron un rotundo "No" a la rendición. Esa noche Danae y yo creímos que teníamos otra oportunidad. O que, por lo menos, debíamos dimitir si pensábamos que ya no nos quedaban más armas, y salir a las calles con nuestro valiente pueblo. "No en nuestro nombre", debería haber sido nuestra respuesta desafiante a las exigencias de la Troika de que firmásemos su “nuevo” plan catastrófico. Estos desacuerdos entre Alexis Tsipras y yo son agua pasada. Me entristece que nuestros caminos se han ido distanciando. En particular, me entristece escuchar como mi camarada lucha para encontrar las palabras para apoyar un programa que él sabe que no puede funcionar. ¿Podemos seguir adelante unidos a pesar de las diferencias? La izquierda no ha sabido hacerlo en el pasado. Mejor que aprenda ahora a hacerlo. Tenemos que dejar la puerta abierta a todos aquellos que tienen el deseo y la capacidad de unirse a nosotros en la lucha por la recuperación de la integridad y el alma de Europa. Para democratizar la Eurozona. Una falsa, pero entretenida, historia del euro ¿Por qué hemos creado los europeos el euro? Una respuesta analíticamente equivocada pero entretenida es la siguiente: Los franceses temían a los alemanes Los irlandeses quería escapar del Reino Unido. A los griegos les aterrorizaba Turquía. Los españoles querían parecerse más a los franceses. Los italianos del sur querían tener derecho a emigrar a... Alemania. Los italianos del norte querían convertirse en alemanes. Los holandeses y los austríacos casi se habían convertido en alemanes. Los belgas intentaban superar sus profundas divisiones uniéndose tanto con Holanda como con Francia bajo los auspicios de un marco alemán reconfigurado. Los países bálticos temblaban ante la idea de una Rusia renacida. Los eslovacos no tenía a dónde ir después de la separación de sus hermanos checos. Eslovenia se escapaba de los Balcanes. Finlandia tenía que hacer algo que Suecia no quisiera. Y, por último, los alemanes temían…¡a los alemanes! Como todas las grandes mentiras, este cuento esconde algunas importantes pequeñas verdades. Los franceses le temen a los alemanes. Y los alemanes tenían razones para temer ese miedo, así como a la capacidad de su propio Estado-nación para la autodestrucción. En este punto quiero discrepar de aquellos que echan la culpa de la crisis de Europa a Alemania y "los" alemanes. Siempre me he opuesto a esta tendencia por dos razones. En primer lugar, no hay tal cosa como "los" alemanes. O "los" griegos. O "los" franceses, para el caso.Cualquiera que conozca la sociedad alemana, griega, francesa también sabe que hay muchas más divergencias de carácter, virtud y opinión dentro de los griegos, dentro de los franceses, y dentro de los alemanes que diferencias entre alemanes, franceses y griegos. La segunda razón, por la que me opongo a este tipo de criticas a Alemania es porque París tiene mayor responsabilidad que Berlín en nuestro actual desastre. Permítanme regresar al 18 de septiembre de 1992. Ese día, dos días antes de que los franceses fuesen a votar en el referéndum sobre el Tratado de Maastricht, Le Figaro escribió lo siguiente: “Los opositores a Maastricht temen que la moneda común y el nuevo Banco Central fortalecerán la superioridad del marco alemán y el Bundesbank. Pero va a suceder exactamente lo contrario. Si se aprueba Maastricht, Alemania tendrá que compartir su poderío financiero con los demás. "Alemania pagará", dijeron en la década de 1920. Hoy Alemania paga. Maastricht es el Tratado de Versalles sin una guerra”. Ningún alemán puede perdonar tal insensibilidad. No cabe la excusa de que el establishment francés estaba luchando por convencer a un electorado francés escéptico a votar "Sí" en el referéndum. El Tratado de Versalles 1919 condenó a los alemanes a una miseria indecible, humilló a la orgullosa nación alemana, y la lanzó en brazos de los matones nazis. Los nazis habrían sino una mera nota a píe de página, si no hubiera sido por las reparaciones imposibles del Tratado de Versalles. No se trataba solo de un editorial díscolo de algún periódico francés.El presidente De Gaulle también había previsto que la unión monetaria con Alemania fuese como "la guerra por otros medios", precisamente en el espíritu de Le Figaro. Y luego, en 1983, cuando Francois Mitterrand decidió deshacerse de las políticas anti-austeridad del gobierno socialista para aplacar a los mercados y al Bundesbank, Jacques Delors argumentó que aceptaba la austeridad porque la austeridad sólo podía ser derrotada en el ámbito europeo. ¿Y cómo? El plan de Delors plan era capturar una institución querida por el pueblo alemán, el Bundesbank, subsumirlo en un banco central dominado por franceses y extender a Alemania y el resto de Europa las políticas que le gustaban a París. Sí, es cierto que he acabado harto de escuchar a los políticos alemanes, como Wolfgang Schäuble, repetir una y otra vez que las normas son sagradas aunque sean inaplicables. Pero hay que ser honestos: las élites de Francia son responsables de poner a las elites de Alemania a la defensiva. Los graduados de los Gran Ecóles franceses son unos maestros a la hora de hablar del bien común de Europa, pero en realidad están dispuestos a sacrificar los intereses de la mayoría del pueblo francés en el altar de sus propios intereses egoístas. Siempre han exigido que su propio pueblo y el resto de los pueblos de Europa hagan los sacrificios necesarios para que la clase gobernante de Francia prospere, y tenga sus bolsillos llenos de marcos o de euros. El euro cambió todo eso. Prisioneros de su abrazo de acero, los sofisticados administradores de Francia se están dando cuenta de que la unión monetaria no les entregará Alemania en un a bandeja de plata. De hecho, se están dando cuenta de que no sólo no están ganado a Alemania, sino que están perdiendo Francia. Y esto no nos consuela a los humanistas europeos de verdad. Nuestra gente en Francia, en Alemania, en Grecia, en Finlandia está sufriendo el manejo inane de la inevitable crisis del euro de nuestras llamadas élites. Hormigas y cigarras Volviendo a ese viejo manifiesto con el que empecé mi charla, sigue siendo cierto que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. La única fuerza política que lo olvidó fue la ... Izquierda. La derecha nunca ha dudado a la hora de la guerra de clases, en la práctica, ni de hacer uso de cualquier crisis para enfrentar a una nación orgullosa contra otra. La idea de que las hormigas viven todas en el norte y las cigarras todas en el sur, además de en Irlanda, es absurda. Hay hormigas y hay cigarras en cada una de nuestras naciones. Durante los "buenos" tiempos de la zona euro, las cigarras del Norte y las cigarras del Sur tuvieron una bacanal. Y cuando sus pecados condujeron a la crisis, fueron las hormigas del Norte y las hormigas del Sur las que tuvieron que pagar la factura. La Troika y el Eurogrupo representan la adhesión de la Europa oficial a la agenda de las cigarras, en todas partes en Europa, enfrentando a las hormigas del Norte contra las hormigas del Sur en una Europa que está perdiendo su alma a causa de los estereotipos, el rechazo y por la determinación férrea de unas avariciosas supuestas élites de no abandonar las palancas de un poder mal habido. En 1929 una caída en Wall Street comenzó el proceso que desmanteló la moneda común de la época: el patrón oro. En 2008 otra caída en Wall Street comenzó el proceso de fragmentación de la Eurozona. En ambas ocasiones, los franceses se volvieron contra los alemanes, los alemanes contra los franceses, antes de que los franceses se volvieran contra los franceses, los griegos contra los griegos y los alemanes contra los alemanes. En ambas ocasiones, en 1930 y ahora, los únicos beneficiarios fueron los fanáticos, los nacionalistas, los xenófobos, los misántropos.El huevo de la serpiente no se necesito mucho tiempo para incubarse en el clima que se creó. Anti-nacionalista, anti-nazi Por eso que es tan importante que evitemos comenzar las frases con "Los alemanes esto" o "Los franceses aquello" o "Los griegos lo otro". Por esa razón, es imperativo que entendamos que no hay tal cosa como "los" alemanes", “los griegos” o “los franceses”. Que somos todos europeos ante una crisis muy europea. En mi primera visita a Berlín, en la conferencia de prensa que di con el Dr. Wolfgang Schäuble, dije esto en su presencia: Como ministro de Finanzas de un gobierno que atraviesa por circunstancias excepcionales causadas por una crisis de deuda deflacionaria salvaje, creo que la nación alemana es la que nos puede entender mejor que nadie. Nadie entiende mejor que la gente de esta tierra cómo una economía muy deprimida junto con la humillación ritual y una desesperanza sin fin pueden incubar el huevo de la serpiente dentro nuestras sociedades. Cuando regrese a casa esta noche, voy a sentarme en un Parlamento en el que el tercer partido más grande es un partido nazi. Alemania puede estar orgulloso del hecho de que el nazismo se ha erradicado aquí. Pero una de las ironías crueles de la historia es que el nazismo está levantando su fea cabeza en Grecia, un país que lucho tan gallardamente contra él. Necesitamos al pueblo de Alemania para que nos ayuden en la lucha contra la misantropía. Necesitamos que nuestros amigos alemanes permanezcan sin vacilaciones en el proyecto de la Europa de postguerra; es decir, no volver a permitir que una depresión como la de 1930 divida a las orgullosas naciones europeas. Vamos a cumplir con nuestro deber en este sentido. Y estoy convencido de que también lo harán nuestros socios europeos. Así que, no más estereotipos de griegos, alemanes, franceses, de nadie. Vamos a extender nuestra mano a todos los que quieren que Europa sea un ámbito democrático de prosperidad compartida. Conclusión No quiero cansarles más. Permítanme terminar con mi profundo agradecimiento y el de Danae a Arnaud Montebourg y Aurelie Filippatti por su hospitalidad, su amistad y por permitir que nos reunamos con todos ustedes hoy, por esta oportunidad para empezar algo importante, aquí en Frangy. Francia es el laboratorio de Europa. Al traer a Francia el espíritu de la primavera de Atenas, podemos darle a la esperanza otra oportunidad. Estimados amigos, la diversidad y la diferencia nunca fueron un problema en Europa. Nuestro continente comenzó a unirse con muchas lenguas y culturas diferentes, pero terminó dividido por una moneda común. ¿Por qué? Porque dejamos que nuestros gobernantes tratasen de hacer algo que no se puede hacer: despolitizar el dinero, convertir a Bruselas, el Eurogrupo, el BCE, en zonas libres de política. Cuando la política y el dinero se despolitizan lo que ocurre es que la democracia muere. Y cuando la democracia muere, la prosperidad queda limitada a los pocos que ni siquiera puede disfrutarla detrás de las puertas y las cercas que necesitan levantar para protegerse de sus víctimas. Para contrarrestar esta distopía los pueblos de Europa deben creer de nuevo que la democracia no es un lujo al alcance de los acreedores pero negado a los deudores. Tal vez es hora de crear una red europea con el propósito explícito de democratizar el euro. No otro partido político, sino una coalición incluyente pan-europea, de Helsinki a Lisboa, de Dublín a Atenas comprometida de pasar de la Europa de "Nosotros los gobiernos" a la de "Nosotros, el pueblo”. Comprometidos con acabar con el juego de las culpas. Comprometidos con el dicho de que no hay tal cosa como "los" alemanes, ”los" franceses” o "los" griegos. El modelo de partidos nacionales que forman alianzas endebles en el Parlamento Europeo está obsoleto. Los demócratas europeos deben unirse primero, formar una red, forjar una agenda común, y luego encontrar maneras de conectar tanto con las comunidades locales como a nivel nacional. El realismo nos exige que nuestra nueva Red Europea busque formas de adaptar las instituciones europeas existentes a las necesidades de nuestros pueblos. Ser modestos y utilizar las instituciones existentes de forma creativa. Olvidar, al menos por ahora, modificar el Tratado y las medidas federales que sólo puede ser posibles después de que nosotros y el espectro de la democracia hayamos puesto fin a la crisis. Consideren los cuatro espacios donde la crisis de Europa se está desarrollando. Deuda, bancos, inversión insuficiente y pobreza. Los cuatro están actualmente en manos de gobiernos que son impotentes para actuar en ellos. ¡Europeicémoslos! Que las instituciones existentes gestionen parte de la deuda de los estados miembros, que los bancos que quiebren se sitúen bajo una jurisdicción común europea, que el Banco Europeo de Inversiones administre un programa de recuperación de la inversión pan-europeo. Y, por último, que los beneficios contables que se acumulan en el Sistema Europeo de Bancos Centrales sean utilizados para financiar un programa de lucha contra la pobreza en toda Europa, incluyendo Alemania. Llamo a este programa global “europeización descentralizada” porque europeiniza nuestros problemas comunes, pero no propone ningún tesoro federal, ni pérdida de soberanía, ni transferencias fiscales, ni garantías alemanas o francesas para la deuda irlandesa o griego, ni necesidad de cambios en el Tratado, ni nuevas instituciones. Da más libertad a los gobiernos electos. Limita su impotencia. Restaura el funcionamiento democrático de nuestros Parlamentos. Hace unos años, Michel Rocard respaldó esta propuesta, e incluso escribió el prefacio a la misma. Puede ser el punto de partida de las deliberaciones de nuestra red pan-europea que reúna a la izquierda francesa, a la izquierda radical griega, a una sociedad alemana más confiada, incluso a aquellos conservadores que están de acuerdo en que el sistema actual está está envenenando la democracia y descarrilando nuestras economías. No tenemos que estar de acuerdo en todo. Basta que empecemos con el acuerdo de que la zona euro necesita ser democratizada. Cuando a Gandhi se le preguntó qué pensaba de la civilización occidental, su famosa respuesta fue: "... sería una idea muy buena". Si nos preguntan qué pensamos nosotros de nuestra Unión Europea hoy, debemos decir: "¡Qué idea espléndida, si se pudiera llevar a cabo!" Nosotros podemos llevarla a cabo. Lo que necesitamos hacer es ayudar al fantasma de la democracia a que asuste a quienes la detestan. Déjenme terminar añadiendo a los ideales franceses de libertad, fraternidad e igualdad algunas otras nociones que nuestra Primavera de Atenas puso en primer plano y que la nueva Europa debe abrazar de nuevo: esperanza, racionalidad, diversidad, tolerancia y, por supuesto, democracia.

Yanis Varoufakis, exministro de finanzas del gobierno griego de Syriza, es un reconocido economista grecoaustraliano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Fue recientemente profesor invitado en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su libro El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas tres décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada.

FUENTE: SINPERMISO.INFO

2012. Traducción para www.sinpermiso.info : G. Buster

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