jueves, 19 de mayo de 2016

La Iglesia católica italiana, dividida, se ve obligada a rechazar las uniones homosexuales


La Iglesia católica italiana, dividida, se ve obligada a rechazar las uniones homosexuales
“Yo juré sobre la Constitución, no sobre el Evangelio”, contestó Renzi, cortante, a las protestas de los obispos (Filippo Monteforte / AFP)

Siempre se dijo que en Italia, durante decenios la campeona mundial de las crisis de gobierno, el único factor político permanente era la influencia de la Iglesia católica y del Vaticano. Su poder, sin embargo, no impidió que perdieran de forma clamorosa grandes batallas como la del divorcio y del aborto. Eran realidades sociales imparables, incluso para muchos creyentes.
El último pulso que libra el mundo católico militante –y parte de la jerarquía– parece más difícil de ganar y crea aliados muy incómodos. La recién aprobada ley sobre las uniones entre homosexuales, pese a que no puede equipararse legalmente al matrimonio heterosexual, ha encrespado a un sector de los obispos. Durante la reciente sesión plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), su presidente, Angelo Bagnasco, expresó el temor de que el Parlamento acabe dando un “golpe final” y autorice los úteros de alquiler, una práctica que la Iglesia considera la expresión más escandalosa de una transformación antropológica que condena sin reparos.
El primer ministro, Matteo Renzi –que se confiesa católico y fue monaguillo–, tuvo una reacción que hubiera sido considerada algo extrema en otros tiempos. “Yo juré sobre la Constitución, no sobre el Evangelio”, contestó Renzi, cortante, a las protestas de los obispos.
La Iglesia católica, donde conviven sensibilidades muy diversas sobre la materia, se halla en un brete porque, por un lado, se siente obligada a criticar con dureza la nueva ley y a defender la familia tradicional, pero sabe al mismo tiempo que entre los fieles también hay división. Peor aún son los potenciales aliados circunstanciales que tendría la Iglesia si prospera la petición de un referéndum para anular la ley. En el mismo bando estaría también la derecha más reaccionaria y xenófoba, con la Liga Norte y su secretario general, Matteo Salvini, a la cabeza. La formación de un frente que algunos ya llaman teocon (religioso y conservador) entrañaría riesgos, crearía malestar y tensiones en el seno de las parroquias. Los referéndums contra el divorcio, en 1974, y contra el aborto, en 1981, no son un buen augurio. En ambos casos venció por una mayoría muy clara la posición contraria a la que defendía la Iglesia.
Francisco, desde que fue elegido papa, ha sido muy cauteloso y ha evitado meterse en el lodazal de la política italiana. Él predica criterios universales y no quiere dar la impresión de que interfiere en la acción del Gobierno y del Parlamento Oltretevere (al otro lado del Tíber). En su discurso ante la CEI y en una entrevista, pasó de puntillas sobre el asunto de los homosexuales y se limitó a decir que debe aceptarse la objeción de conciencia de los funcionarios públicos.

Para los sectores conservadores, la ambigüedad y la cautela de Francisco es un motivo más para atacarle y para acusarle, como hizo hace unos días un influyente blog católico, de promover “una Iglesia líquida y multicultural en la que cada uno hace lo que quiere”.

Fuente: La Vanguardia

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