martes, 17 de mayo de 2016

ZPacificador en Venezuela

Capriles,Zapatero y Maduro



Aprovechando uno de los intermedios de la comedia de enredo del PSOE, que tan entretenido le tiene entre bambalinas, Zapatero ha llegado a Venezuela para mediar entre Gobierno y oposición en una crisis que no está a mucho de acabar como el rosario de la aurora. Junto a los también expresidentes Leonel Fernández y Martín Torrijos (República Dominicana y Panamá) y convocados por la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), el trío se reunirá por separado con las partes en conflicto en busca de un milagro que desactive el polvorín. “Intentaremos lo que se pueda” ha dicho al parecer Zapatero, lo que da cierta idea de lo elaborado del plan.

La situación de Venezuela es volcánica. Con varias opositores en la cárcel, a los que se supone ideólogos de las violentas manifestaciones de febrero de 2014 en las que murieron más de 40 personas y 800 resultaron heridas, el país celebró elecciones en diciembre del pasado año que dieron el triunfo a una amalgama opositora, donde conviven cerca de 20 partidos de todo el espectro político, desde la izquierda clásica a la plutocracia más clásica aún, y cuyo único denominador común es acabar con el chavismo y su sucesor. Sin más.

Pese a la terrible crisis económica que ha desabastecido a la población de los productos más básicos, ya sean alimentos o medicinas, con una inflación hiperbólica, una violencia insoportable y la caída en picado de los precios del petróleo, nadie parece muy preocupado por la emergencia social. Los opositores tienen como objetivo prioritario convocar un referéndum revocatorio de Maduro y éste impedirlo, ya sea blandiendo en su contra al Consejo Nacional Electoral o decretando un estado de excepción ante supuestos e indemostrables intentos de golpes de Estado. Es verdad que Chávez sufrió uno –aplaudido y hasta alentado según algunos por nuestro estadista con bigote favorito- aunque en las circunstancias actuales, con mayoría legislativa y con el mundo entero pendiente de Venezuela, habría que tener un cerebro del tamaño de una nuez para volver a intentarlo. Dicho esto, nada es descartable.

En esas circunstancias ha llegado Zapatero a Caracas, sin que la prensa local le haya prestado demasiado atención, todo hay que decirlo. Imbuido de su inagotable optimismo antropológico, ya había comprometido en abril su participación, junto a los citados Lionel Fernández, Martín Torrijos y el secretario general de Unasur, Ernesto Samper, en la llamada “comisión de la verdad”, con la que el Gobierno venezolano pretende determinar los responsables de la violencia de 2014 y en la que la oposición ha dejado sus cuatro sillas vacías. En diciembre ya presenció como “acompañante” el proceso electoral y empieza a ser un habitual por estas latitudes.

Como en esta ocasión Moncloa no se ha puesto como una hidra, hay que suponer que la mediación de Zapatero cuenta con los parabienes del Gobierno español. La casualidad ha querido que su viaje coincida con el de medio Ejecutivo a Cuba, donde se ha intentado remediar la torpeza diplomática de ser los convidados de piedra en el proceso de apertura del régimen, después de que por La Habana haya pasado desde Obama hasta el apuntador. Por esto mismo, a Zapatero y a Moratinos les pusieron a caldo hace algo más de un año tras ser recibidos por un Raúl Castro que se negó a dar el mismo trato a Margallo, que se fue ofendidísimo el pobre. Este lunes le recibía al fin junto a la ministra de Fomento, Ana Pastor, poco después de que se condonara a Cuba cerca de 1.500 millones de euros en intereses de su deuda bilateral. ¿Que cómo fue esta carísima reunión? “Excelente, extraordinariamente familiar y de gran cordialidad”. El acabose, vaya.

Pero estábamos en Caracas, donde Zapatero viene a ser la segunda baraja del juego, después de con la primera, la de Felipe González en el papel de abogado de los opositores encarcelados y la de Maduro llamando a Rajoy “racista, basura corrupta y basura nacionalista” por su apoyo a estos mismos presos, nunca haya dejado de pintar en bastos. No hay embajador en Venezuela porque fue llamado a consultas por estos insultos, pero a cambio tenemos al expresidente y a su sonrisa, lo que viene ser nadar y guardar y la ropa. Así debería ser entendido por su propio partido, que desde que Podemos le pisa los talones es mentarle a Venezuela y embestir como un miura.

Objetivamente, las posibilidades de que la mediación de Zapatero dé algún fruto entran casi en el campo de la quimera. ¿Cómo convencer a la oposición de que reflotar el país, luchar contra la corrupción y consolidar una economía que tenga vida propia más allá del petróleo es ahora más importante que deponer por la vía rápida a esa caricatura de Chávez en la que se ha convertido Maduro? ¿Cómo hacer entender al chavismo que Maduro es una rémora y que necesita reinventarse para no dilapidar algunos de los progresos sociales en sanidad, educación o vivienda que se han conseguido en las dos últimas décadas? ZPacificador lo tiene difícil, pero ya se sabe lo que decía Superman: “No puedo salvar a todo el mundo porque no soy Dios… pero puedo intentarlo”. Lástima de capa en la tintorería.


Juan Carlos Escudier

Fuente: Público.es

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