sábado, 23 de julio de 2016

Catalanes en Madrid


Xavier Domènech



Editorial

La Vanguardia

Un político catalán, Albert Rivera, líder de un partido de ámbito general español con sede central en Barcelona, ofrece su abstención para que Mariano Rajoy forme Gobierno...

Un político catalán, Albert Rivera, líder de un partido de ámbito general español con sede central en Barcelona, ofrece su abstención para que Mariano Rajoy forme Gobierno. Xavier Domènech, joven profesor de historia nacido en Sabadell, diputado de En Comú Podem, intenta presidir el Congreso de los Diputados, apoyado por los 71 escaños de Unidos Podemos. De la mano de Francesc Homs, los diputados de Convergència Democràtica de Catalunya prestan unos cuantos votos al Partido Popular en la votación de la Mesa del Congreso. En la operación también participa el Partido Nacionalista Vasco. Los populares exhiben capacidad de pacto, más allá de Ciudadanos. A cambio, CDC, en pleno proceso de refundación, se asegura grupo parlamentario propio e indica una clara disposición a no mantenerse al margen del nuevo tablero político español. El vicepresidente económico de la Generalitat, Oriol Junqueras, líder de ERC, se reúne en Madrid con un grupo de destacados empresarios españoles y es recibido por segunda vez en la Moncloa por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, esta vez acompañada por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. La Generalitat es autorizada a formalizar operaciones de deuda a corto plazo por valor de 6.854 millones de euros. En la conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría defiende que Barcelona pueda acoger la Agencia Europea del Medicamento (hoy en Londres) y afirma que Barcelona es la “segunda capital de España”.

Esta interesante secuencia de acontecimientos se ha producido en menos de diez días. Todos los partidos catalanes, con la única excepción de la CUP, trabajan para tener presencia en la política española. Esquerra dice estar de paso, pero su líder amplía la comunicación con el Gobierno y procura ser conocido por la élite empresarial española. A su vez, el Partido Popular rompe el “cordón sanitario” que mantenía aislados a los soberanistas catalanes y pacta en secreto un prés­tamo de votos en el Congreso. El Gobierno relaja las relaciones con la Generalitat y lanza un mensaje hasta ahora desconocido en el vocabulario de la derecha: “Barcelona, segunda capital de España”. ¿Quién dijo desconexión?

Evidentemente, las cuestiones de fondo subsisten y el Govern de la Generalitat mantiene viva la “hoja de ruta hacia la independencia”, pendiente de la cuestión de confianza que el president Carles Puigdemont afrontará en septiembre. Estamos ante un momento interesante. Por un lado vemos evidentes movimientos de “reconexión”; por otro, el programa de la “desconexión” se prepara para una validación parlamentaria. Puede parecer contradictorio, pero quizá no lo sea tanto. Cuando las posiciones maximalistas entran en un callejón sin salida, las maniobras para salir del atolladero suelen ser enrevesadas y complejas. Esto es lo que está pasando en Catalunya. Ajuste de posiciones catalanas en el tablero español y continuidad nominal de la agenda soberanista. Matices interesantes también en la última encuesta del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat. Hay más catalanes a los que les gustaría que Catalunya fuese independiente (47%) que contrarios a esa idea (42%), y a la vez el bloque independentista perdería diputados y podría quedar por debajo de la mayoría absoluta en caso de elecciones. Todo se mueve. Y mucho más que se va a mover.

Fuente: La Vanguardia

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