miércoles, 7 de septiembre de 2016

Europa, Rajoy, Rivera y Podemos

A vueltas con la UE



Fernando Luengo

Profesor de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y coordinador del área de economía del Consejo Ciudadano Autonómico de Podemos Madrid.  https://fernandoluengo.wordpress.com Twitter: @fluengoe

¿Es necesario que el programa electoral con el que los partidos políticos acuden a las elecciones formule propuestas al respecto de la actual encrucijada europea? En mi opinión, la contestación debe ser rotundamente afirmativa. Hay, al menos, cuatro razones que justifican una clara toma de posición: a) por la gestión autoritaria y oligárquica que la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, junto al Fondo Monetario Internacional (la célebre Troika) han realizado de la crisis, b) por los cambios decisivos, una histórica regresión, que se han operado en las instituciones comunitarias y en las políticas que promueven, c) porque nuestra economía forma parte de la Unión Europea (UE) y de la Unión Económica y Monetaria, lo que supone una notable cesión de soberanía en parcelas cruciales de la política económica, y d) porque la credibilidad y la legitimidad de la UE ha quedado seriamente erosionada, incluso entre aquellos sectores de la ciudadanía más comprometidos e ilusionados con el denominado “proyecto europeísta”.

Con el convencimiento de que los partidos en liza no pueden eludir tan decisiva cuestión, por más que trascienda las costuras del Estado español, procedo a la lectura del documento “150 compromisos para mejorar España”, suscrito por el Partido Popular (PP) y Ciudadanos (C’s), base de la investidura y de un posible gobierno de coalición. Al final del texto, encuentro que el bloque V está dedicado a  “España en Europa y en el mundo”. Supongo que es aquí donde encontraré respuestas y propuestas –económicas, ahí centraré la reflexión- al interrogante que abre el artículo.

Me sitúo directamente en el referido bloque, al que, primer detalle significativo, se dedica algo más de una página, 9 párrafos y 38 líneas en total. Poco espacio, desde luego, para definir cuál la posición de “España en Europa y en el mundo”. No obstante, apelando al viejo dicho que reza “lo bueno, si breve, dos veces  bueno”, me animo a continuar adelante con la lectura, poniendo especialmente la lupa, como he dicho antes, en los temas que conciernen con la economía. Y aquí me encuentro con 1 párrafo y 3 líneas; si añado lo que se dice sobre los refugiados, tenemos 7 líneas adicionales contenidas en otro párrafo. Y sanseacabó.

Sorprendido, pero no abatido, pues acaso en este microespacio los autores del documento han condensado el pensamiento de ambos partidos. Veamos.

El primero de los párrafos proclama la necesidad de “apostar de manera decidida por una mayor profundización en el proceso de integración de la Unión Europea”. Me parece evidente que esto no es una propuesta -¿o acaso estos partidos nos quieren dar gato por liebre?-, sino una mera declaración de intenciones que, tal y como está formulada, podríamos encontrar en cualquiera de los miles de documentos oficiales que han visto la luz desde que se crearon en 1957 las Comunidades Europeas.

Pero no se trata sólo de un bienintencionado, vacío y atemporal brindis al sol. Lo más importante es que omite o ignora (no sé qué es peor) que tanto el espacio comunitario como la zona euro se encuentran en un avanzado proceso de desintegración. Y aquí estamos hablando de palabras mayores.

La evidencia de que Europa navega a la deriva es abrumadora. Tan sólo algunos ejemplos significativos al respecto. Las diferencias productivas y tecnológicas entre el norte y la periferia meridional se han hecho más pronunciadas; la fractura social, la brecha entre los ricos y los pobres y la degradación de las clases medias se han instalado en Europa; las instituciones comunitarias han sido secuestradas por las elites, del norte y del sur, y han sido puestas a su servicio; han aumentado las tendencias centrífugas, como han puesto de manifiesto la salida del Reino Unido de la UE y el enorme avance de los  partidos xenófobos y de extrema derecha.

Y todo esto no puede ser atribuido a la actual crisis económica y social, como si fuera una suerte de fatalidad ante la cual nada se puede hacer. Es cierto que la crisis es de proporciones históricas, pero cuentan sobre todo las políticas aplicadas por la Troika y los gobiernos europeos; políticas que han beneficiado a las oligarquías y a la industria financiera, perjudicando a las mayorías sociales. ¿Algún comentario o insinuación en el texto que apunte en esta dirección? Nada de nada.

En el segundo párrafo se habla de “Defender en el ámbito de la Unión Europea una solución justa, responsable y solidaria a la crisis de los refugiados…, seguir impulsando una política común de migración y asilo que responda a este reto, con un enfoque global y equilibrado que aborde todas las vertientes”. ¿Defender y seguir? ¿Esta declaración, tan vacía y testimonial como la anterior, es la respuesta de estos partidos a la colosal crisis migratoria que enfrenta Europa, la mayor de las últimas décadas? ¿Profundizar y proseguir la política actual? Una política consistente en intentar echar el candado a las fronteras comunitarias y firmar un vergonzoso acuerdo con Turquía, que vulneran la legislación internacional y comunitaria en materia de derechos humanos.

En ese escenario, verdaderamente crítico, resulta un sarcasmo lleno de cinismo el pronunciamiento –sin compromisos, sin medidas concretas- a favor de la integración europea. Dos partidos que se dicen responsables, que criticaban a Podemos por carecer supuestamente de propuestas y alternativas, y con voluntad de gobierno no pueden, no deben al menos, salirse por la tangente en estos asuntos. Y, sin embargo, lo hacen en este documento. Ni una sola propuesta en materia europea digna de tal nombre. El tema, como acabamos de ver, se liquida en un par de afirmaciones –genéricas, imprecisas y vacías- que ignoran por completo la Europa realmente existente y sus desafíos.

Pero, de otra manera, de la manera equivocada, Europa –o, para ser más exactos, los imperativos de la Troika- están en el corazón del texto, impregnando y condicionando todas las propuestas. Desde el comienzo queda claro para el tándem PP/C´s que el objetivo central de la política económica será seguir la hoja de ruta impuesta desde Bruselas en materia de ajuste presupuestario. El paquete de medidas que se desgranan en las páginas siguientes no son sino la concreción de este compromiso. A esto se reduce su propuesta europea. Paradoja de las paradojas, esto lo suscribe un partido, el PP, cuyo gobierno, sin reducir sustancialmente el déficit público, ha llevado los niveles de deuda pública a cotas astronómicas. Qué importa, el papel lo aguanta todo.

Lo cierto es que seguir los imperativos de Bruselas significa no tanto sanear las cuentas públicas, como pasar la factura de la crisis a la mayoría social, entregar el sector público a las corporaciones privadas y someterlo a la lógica del mercado, consolidar un capitalismo de naturaleza extractiva, desmantelar los estados de bienestar y, de paso, desactivar la resistencia de la ciudadanía. Estos y no otros son los verdaderos objetivos de las muy mal denominadas políticas de austeridad, salarial y presupuestaria.

La seña de identidad de una Europa que se construya con su gente no puede ser la lógica del ajuste presupuestario. ¿Más tiempo, más flexibilidad para cumplir los requerimientos fiscales de Bruselas? No es un tema solo ni quizá fundamentalmente de plazos, sino de contenidos.

Necesitamos una Europa muy distinta de la que está surgiendo con la crisis. Empezar a construir una nueva Europa pasa por lanzar un plan de emergencia sostenido en dos pilares. Por un lado, la celebración de una conferencia europea cuyo eje tendría que ser una reestructuración de la deuda; de otra parte, llevar a cabo un ambicioso plan de inversiones sociales y productivas dirigido a la periferia. Ambos objetivos, si hubiera voluntad política, podrían abordarse desde las actuales instituciones comunitarias. Para nuestra economía y para las otras economías meridionales avanzar en esta dirección es vital. Sin esta reorientación de las políticas europeas, el margen de maniobra de un gobierno del cambio se reduce sensiblemente.

Una Europa que será nueva si es cooperativa y democrática, si sitúa en el eje de su actuación la convergencia productiva y social, además de la sostenibilidad. Una Europa con ese perfil no puede reconocerse ni construirse a partir del  Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento (y mucho menos en las medidas adoptadas en los últimos años, que han endurecido su cumplimiento, mostrándose especialmente inflexible con las economías meridionales). Urge, en este sentido, abrir un amplio debate entre la ciudadanía que ponga sobre la mesa objetivos y políticas, instituciones y recursos necesarios para otra Europa.

Ese debate forma parte esencial de una política de cambio y, en consecuencia, debe entrar de lleno en la agenda política, sobre todo de los partidos que pretenden gobernar para la mayoría social. Ignorarlo, aplazarlo o limitarlo a una cuestión de ritmos para cumplir las exigencias presupuestarias es un grave error.

Fuente: Público.es

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