martes, 20 de septiembre de 2016

“La supremacía en el siglo XXI se dirimirá en los mares de China”

El mar de la China Meridional, en dispusta en el sudeste asiático (Pablo González)



Entrevista a Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China y uno de los principales conocedores de la realidad del gigante asiático y de sus conflictos

“La supremacía en el siglo XXI se dirimirá en los mares de China”El mar de la China Meridional, en dispusta en el sudeste asiático (Pablo González)

 ALEXIS RODRÍGUEZ-

El mar de la China Meridional es el último campo de batalla que tiene lugar sobre el papel, con escuadra y cartabón, y que llega a los discursos, titulares, tribunales y, en menor medida, a una confrontación militar más simbólica que letal.

“A nadie le interesa el conflicto”, indicaba a este redactor días atrás Pedro Nueno, presidente de una de las principales escuelas de negocios asiáticas, CEIBS, y profesor emérito del IESE. “Nunca ha habido violencia. Toca negociar, negociar y negociar”, seguía, entre la República Popular de China y “gobiernos menos estables y sólidos”.

Nueno hablaba de geopolítica. Y de la potencia de una nación que ansía recuperar el protagonismo que tuvo en el pasado y que perdió de forma inesperada en el siglo XIX de mano de las potencias coloniales europeas.

El área, sin embargo, no sólo es disputada por China, Taiwán, Filipinas, Brunei, Malasia o Vietnam –seis países, y cada uno de ellos con sus intereses marítimos propios. Por la zona también transitan la mayoría de los productos que desde Asia oriental se dirigen a Occidente –a Europa. Es el mar por el que discurren la mitad de todas las mercancías del comercio internacional por mar, lo que en la práctica significa la mitad de todas.

Xulio Ríos (Moaña, 1958), director del Observatorio de la Política China y del Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional (Igadi) desde su fundación en 1991, residente durante años en el Imperio del Centro, confía en la paz. Pero con matices.

Hasta seis países reclaman su soberanía de partes del mar de China Meridional. Entre tantos pretendientes, ¿realmente existe la oportunidad de lograr un acuerdo de solución?


No es fácil, y probablemente el mejor –o único– camino para un acuerdo es dejar a un lado la cuestión de la soberanía para centrarse en la explotación conjunta de los recursos y en el desarrollo de códigos de conducta que prevengan y encaucen las tensiones. En esencia, esa fue la política de China en esta materia. Xi Jinping parece haber invertido las prioridades.

China reclama para sí un territorio que se adentra hasta 2000 kilómetros en el mar desde sus costas, y para ello utiliza mapas del siglo XIV al XVII –de cuando reinaba la dinastía Ming y dominaban territorios de Mongolia, Vietnam, etc. El resto hace igual, pero con otras épocas y/o justificándolo en la tradición pesquera local. Por eso, ¿el conflicto se debe a un interés económico real, o a un rearme del sentimiento nacionalista en la región?


Hay obviamente intereses económicos –pesqueros, gas, petróleo–, pero pesan mucho las razones estratégicas y políticas. China ha definido sus ambiciones en la zona como de “interés vital” y, por lo tanto, equiparable al asunto de Taiwán o de Tíbet, por ejemplo. El dominio de la región equivale a la confirmación de su posición hegemónica regional, y por eso despierta tantos recelos no sólo en los países pequeños sino, también, en otros que no lo son tanto, como India o Japón. Es una ruta vital. Y podría llegar a propiciar un golpe de mano que evidenciara esa nueva posición a nivel regional y global. Ello va a depender también de la propia evolución interna en China, del éxito o fracaso de la actual fase de su proceso de modernización.
Xulio Ríos acaba de publicar 'China Moderna' (Tibidabo ediciones) (LVD)


Se edifica en islotes en disputa, se construyen instalaciones militares, y cada año pasan por la zona cinco billones de euros en mercancías –el 50% de todo el tráfico comercial del mundo por vía marítima. La zona, además, es rica en recursos naturales y puede albergar vastos yacimientos de gas y petróleo. Su importancia económica es evidente. ¿El auge como superpotencia de China ha afectado al equilibrio de juegos y su dominio se ha tornado en una conquista más simbólica que de importancia tangible real?


La China de hoy, a diferencia de la del pasado, tiene una alta dependencia del exterior. Uno de sus proyectos emblema es la Ruta Marítima de la Seda. Necesita asegurar las rutas de aprovisionamiento y de comercialización de sus productos. Pero, igualmente, si uno compara los mapas de la China republicana del Kuomintang y la China del Partido Comunista, por ejemplo, puede advertir pérdidas territoriales significativas. Históricamente, además, la inseguridad en su frente marítimo se asocia con la decadencia. Las invasiones extranjeras que le empujaron a la periferia del sistema internacional llegaron por mar. Los chinos han aprendido la lección y de igual modo que la defensa es un pilar clave de la modernización, la gestión-ocupación del espacio marítimo es parte sustancial de su nueva proyección regional y global. Cerrar ese periodo histórico no sólo exige exhibir la supremacía económica global sino también defender mejor lo que en otro tiempo no pudo defender por razón de su debilidad, facilitando que otros se aprovecharan.

No son pocos quienes resumen que “a nadie le interesa el conflicto”. Pero tampoco parece hallarse la solución: China ni siquiera reconoce la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya. ¿Qué vía queda?


Ni China ni Taiwán, que a veces lo olvidamos y tiene el control de la isla más grande de las Spratly/Nansha, reconocen el arbitraje. Desde luego, no es el camino a la solución si el arbitraje no es buscado por todas las partes en conflicto. La mayor parte de los países del sudeste asiático, incluso probablemente ahora la propia Filipinas, apuestan por el diálogo. China va a confiar en su potencial económico y financiero para desarmar las tensiones. Pero debe también aportar garantías y avanzar en un diseño regional de seguridad que hoy es muy débil o inexistente. La Conferencia de Interacción y Medidas de Confianza en Asia (CICA) podría ayudar con una propuesta desde la propia región. Dadas las asimetrías existentes, una apuesta exclusivamente bilateral no interesa a buena parte de los países.

Los mares de China pueden ser las arenas del Golfo del siglo XXI

XULIO RÍOS

Naciones Unidos, en la UNCLOS (por sus siglas en inglés), fija las soberanías marítimas según los islotes, rocas, etc. Sin embargo, ¿es casualidad que el revisionismo en las fronteras llegue según se incrementa la posición como potencia de China?


En las últimas décadas, China ha cerrado acuerdos fronterizos terrestres con la mayor parte de sus numerosos vecinos. Queda pendiente India como el más significativo, aunque es socio en el grupo de los BRICS [Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, ndr], un acrónimo clave para abrir paso a la multipolaridad. Ambos procesos coexisten y la diplomacia de vecindad es una de las notas más sobresalientes del actual período. El aumento de las tensiones probablemente guarde relación con el hecho de tener un mayor poder, que le conmina a buscar reparaciones históricas, pero también con el interés de EE.UU. de explotar el contencioso en beneficio propio y así contener la emergencia china. El problema es que pocos países de la zona confían en que llegada la hora de la verdad EE.UU. se implique en serio en un enfrentamiento con China. EE.UU. espolea las tensiones en beneficio propio en nombre de la defensa de la “libertad de navegación”, pero ni siquiera firmó la UNCLOS. Su respeto de la legalidad internacional es, como sabemos, bien precario. La historia reciente es generosa en ejemplos.


¿Qué importancia geoestratégica tiene el conflicto más allá de para los países de la región que ha hecho que EE.UU. centre aquí su atención política internacional en las próximas décadas?


El conflicto puede tener valedores si eso ayuda a alcanzar otros objetivos como distraer a China de su proceso interno o, en razón de sus tensiones internas, para desviar la atención. Esos son dos grandes peligros. Y tanto puede saltar la chispa con Japón, inmerso en un ambicioso proceso de modernización militar y cambio constitucional del que se habla poco, como con Vietnam o incluso con Taiwán. E, indirectamente, con EE.UU. Probablemente, será aquí donde se dirima la supremacía en el siglo XXI. Los mares de China pueden ser las arenas del Golfo del siglo XXI. EE.UU. sabe que su rival estratégico a futuro es China, y en la medida en que le sea posible intentará distraerla y obligarla a gastar más en defensa tratando de reproducir los viejos esquemas que ya funcionaron con la URSS en la guerra fría. Ahora sería el turno no de una Europa dividida en bloques sino de una Asia dividida en bloques y ya está en curso la conformación de bloques económicos y alianzas militares.

Con la importancia comercial que tiene esta zona, ¿su inestabilidad puede acabar afectando a los principales consumidores de las mercancías que por allí transitan, es decir, a Occidente?


En caso de un conflicto grave, sin duda. Los países asiáticos deben dotarse de mecanismos de gestión preventiva y autóctona de las crisis y acompasar y complementar el dinamismo comercial con un salto cualitativo en el orden de la integración y en el de la seguridad. Eso interesa más al resto del mundo que ver envuelta la región en una pugna hegemónica global que hipoteque su desarrollo y la paz de la zona.

ALEXIS RODRÍGUEZ-RATA

Fuente: La Vanguardia

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