martes, 6 de septiembre de 2016

Tres semanas de lucha libre





Cinco días antes de que gallegos y vascos vayan a votar, la cuestión de Catalunya estará al rojo vivo

ENRIC JULIANA,

El guión de agosto se va cumpliendo. Investidura fallida, a falta de seis votos. Campaña electoral de tres semanas para las elecciones en Galicia y el País Vasco, convertidas en un test general sobre la fortaleza de Mariano Rajoy y del Partido Popular (en Galicia, especialmente), sobre la capacidad de resistencia del PSOE de Pedro Sánchez, sobre las reservas de carburante de Podemos, sobre el vigor de Ciudadanos en dos territorios que le son poco propicios, y sobre la futura ubicación del Partido Nacionalista Vasco en la descoyuntada política española. No es poco.

Puesto que las encuestas han quedado un tanto desprestigiadas por un abuso de ellas en los últimos meses, las elecciones parciales del 25 de septiembre se perfilan como un sondeo veraz. Cada vez nos parecemos más a Italia, en lo que se refiere a la dinámica de los partidos. “Una Italia sin italianos”, como profetizó Felipe González hace más de un año. En ese país son frecuentes las elecciones de carácter parcial. Los turnos regionales en Alemania también han adquirido una gran importancia política, con consecuencias de verdadero alcance europeo. La canciller Angela Merkel retrasó en el 2010 la respuesta alemana a la crisis de la deuda de Grecia a la espera de las elecciones en el land de Renania del Norte-Westfalia, uno de los más importantes del país. Muchos economistas creen que la crisis de Grecia hubiera sido menos grave si se hubiese actuado antes. No fue así. Una alteración del sismógrafo en Renania podía poner en serios aprietos a la cancillería federal. Hay otro ejemplo, bien reciente. Este fin de semana, las elecciones en Maklemburgo-Pomerania Occidental, distrito electoral de Merkel en la antigua Alemania del Este, han dado la sorpresa: los populistas de derechas de la AfD han superado por primera vez a la CDU. Un acontecimiento de alcance europeo.

No es exagerado afirmar, por tanto, que las elecciones en Galicia y Euskadi pueden generar una decantación del confuso momento político español. Si certifican un cierto vigor del PP y confirman el decaimiento del PSOE, Pedro Sánchez va a tener muy serios problemas en su partido a principios de octubre. Si ocurre lo contrario –imaginemos que el PP no lograse revalidar la mayoría absoluta en Galicia–, se redoblarán las presiones para que Rajoy de un paso atrás y ceda el paso a otro candidato de la derecha. Octubre no será un mes benigno para el Partido Popular. Se aproximan los monzones judiciales: primer juicio sobre el caso Gürtel (4 de octubre); Rodrigo Rato en el banquillo por las tarjetas black de Caja Madrid, junto con otros 66 procesados (primera vista el 26 de septiembre), y posible citación del Tribunal Supremo a la senadora Rita Barberá, que debería renunciar al escaño en virtud del pacto PP-Ciudadanos, ahora congelado por Albert Rivera.

Hasta que no se conozcan los resultados del test del 25 de septiembre, el Rey no volverá a convocar a los partidos. Antes de esa fecha no habrá acuerdos. Quedan, por tanto, tres semanas de lucha libre. Tres semanas en las que noticias como la designación del exministro José Manuel Soria para un alto puesto directivo en el Banco Mundial pueden provocar auténticas tormentas que delatan una fuerte irritación social.

Tres semanas en las que Catalunya actuará otra vez de reactivo. La Diada del próximo domingo. El 19 de septiembre Francesc Homs acudirá a declarar ante el Tribunal Supremo. El día 20, el pleno del Tribunal Constitucional deberá pronunciarse sobre la votación del Parlament en julio sobre la hoja de ruta del plan soberanista. Cinco días después, gallegos y vascos irán a votar.
Fuente: La Vanguardia

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