viernes, 21 de octubre de 2016

Obama retrocedió ante el abismo, ¿lo haría Hillary?




Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García

El público estadounidense necesita entender qué está pasando en Siria. Desgraciadamente, los medios más importantes solo publican propaganda que caiga simpática a Wahington; esto hace que sea difícil separar los hechos de la ficción. Lo mejor para abrirse camino entre las mentiras y la desinformación es utilizar una sencilla analogía que nos ayude a ver que Siria no está en una agonía de confusión y guerra civil sectaria sino que es la víctima de otra operación de cambio de régimen lanzada por Washigton para derrocar al gobierno de Bashar al-Assad.A partir de esto, trate el lector de imaginar si los trabajadores del vestido en huelga en la ciudad de Nueva York decidieran armarse y tomar algunas zonas del sur de Manhattan. Y, permítasenos decirlo, el primer ministro canadiense Justin Trudeau resolviera que podría aumentar su influencia geopolítica mediante el reclutamiento de extremistas islámicos y su envío a Nueva York para que se unieran a los trabajadores en huelga. Eventualmente, el plan de Trudeau tendría éxito y las milicias rebeldes estarían en condiciones de apoderarse de una vasta porción del territorio de Estados Unidos incluyendo la mayor parte de la coste Este y extendiéndose hacia el Medio Oeste. Después –en el curso de los cinco años siguientes– esas misma fuerzas yihadistas proceden a destruir la mayor parte de la infraestructura civil en todo el país, a expulsar a millones de personas de sus casas y negocios y a exigir que el presidente Obama renuncie a su cargo de modo que pueda ser reemplazado por un régimen islámico que impondría una estricta ley islámica o sharia.
En una situación como ésta, ¿qué consejo le daría a Obama. ¿Le diría que negociara con la gente que invadió y destruyó su país o le diría que hiciera todo lo que considere necesario para derrotar al enemigo y recuperar la seguridad?
Las personas razonables estarían de acuerdo en que el presidente tiene el derecho de defender el país y de mantenerlo seguro. De hecho, la soberanía y la seguridad de las naciones son los cimientos sobre los que se asienta el derecho internacional. Sin embargo, ni los medios ni el Congreso de Estados Unidos, ni la Casa Blanca, ni la totalidad del establishment de la política exterior de este país acuerdan con este principio tan sencillo y honesto: que los gobiernos tienen el derecho de defenderse contra las invasiones extranjeras. Todas estas instituciones creen que Estados Unidos tiene el inalienable derecho de intervenir cada vez que decida hacerlo, utilizando todos lo medios necesarios para llevar a término sus operaciones de cambio de régimen.
En el caso de Siria, Washington está utilizando a yihadistas “moderados” para derribar el gobierno de Bashar al-Assad, surgido de unas elecciones. Tenga el lector en cuenta que ni siquiera se cuestiona QUÉ está haciendo Estados Unidos en Siria (un cambio de régimen) ni que Estados Unidos esté empleando una fuerza sustituta para conseguir su objetivo. El único cuestionamiento es si en realidad esos “moderados” lo son de verdad o si se trata de al-Qaeda. Ese es él único punto en el que hay cierto desacuerdo (nota: casi todos los que siguen los acontecimientos desde cerca y en el propio terreno saben que los moderados son al-Qaeda).
¿No le sorprende como algo un poco extravagante? ¿Cómo hemos llegado al punto en el que para Estados Unidos está “bien” derrocar un gobierno extranjero solo porque los agentes que utiliza para ello son pendencieros “moderados” en lugar de pendencieros “extremistas”.
¿Cuál es la diferencia? El hecho es que Estados Unidos está recurriendo a yihadistas nacidos en otro país para derribar a un gobierno soberano, el mismo procedimiento que empleó en Ucrania –donde se valió de neonazis para derrocar un gobierno–, el mismo que utilizaron las fuerzas armadas estadounidenses para voltear el gobierno soberano de Irak y el mismo que han usado las fuerzas de la OTAN para hacer caer el gobierno soberano de Libia. ¿Se entiende? Los métodos han podido cambiar, pero la política ha sido siempre la misma. La razón por la cual la política no cambia es que a Washington le gusta elegir sus propios líderes; unos líderes que invariablemente sirven a los intereses de sus elementos más ricos y poderosos, particularmente los de la industria de petróleo e Israel. Así es como funciona el sistema.
Todo el mundo ya sabe esto. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Washington ha derrocado –o lo ha intentado– más de 50 gobiernos. Estados Unidos en una franquicia: Golpes-R-EEUU.
Hillary Clinton es un miembro fundador de la oligarquía a favor del cambio de regímenes. Su carencia de principios no le impide acomodarse a circunstancias ideológicamente opuestas, y cree devotamente en el “excepcionalismo” de Estados Unidos, una noción que podría expresarse así: “Si Estados Unidos lo hace, está bien”.
Hillary también cree que la mejor manera de resolver el conflicto de Siria es empezar una guerra contra Rusia. Esto es lo que dijo el domingo [9 de octubre] en el debate con Donald Trump:
–La situación en Siria es catastrófica. Y cada día que pasa, vemos los resultados de la asociación del régimen de Al-Assad con los iraníes en tierra y con los rusos en el aire... Cuando yo era secretaria de Estado, abogaba, y sigo haciéndolo hoy, por una zona de exclusión de vuelo y unas zonas de seguridad.
Repitamos: “Hoy día abogo por una zona de exclusión de vuelo y unas zonas de seguridad”.
Este es un punto muy importante. Desde el primer día, Hillary ha apoyado las zonas de exclusión de vuelo, y lo ha hecho a pesar del hecho de que –ella misma lo ha admitido– esa política podría provocar una enorme cantidad de víctimas civiles. Pero este no es el único peligro que plantean las zonas de exclusión de vuelo. Pensemos en la advertencia del principal soldado estadounidense y presidente de la junta de jefes estado mayor, el general Joseph Dunford. En respuesta a una pregunta del senador republicano por Mississippi Roger Wicker sobre los riesgos potenciales de tratar de “controlar el espacio aéreo sirio”, Dunford contestó de esta inquietante manera: “Ahora mismo... para controlar todo el espacio aéreo sirio sería necesario iniciar una guerra contra Siria y Rusia”.
En pocas palabras, la Doctrina Hillary es esta: enfrentemos a los rusos en Siria y que empiece la Tercera Guerra Mundial. Si hay otra forma de interpretar la respuesta de Dunford, por favor, ¿podría decirme cuál es?
Además, Hillary agregó que “debemos trabajar en contacto más estrecho con nuestros socios y aliados en la región”.
Esto quiere decir que la política –puesta en marcha por Obama y la CIA– de apoyo a los militantes yihadistas que combaten sobre el terreno para derrocar a un gobierno legalmente constituido continuará tal como ha sido durante los últimos cinco años. ¿Es eso lo que quieren quienes apoyan a Hillary: más intervención militar, más enfrentamiento, más escenarios como el iraquí y el sirio?
Ella también dijo esto: “Apoyo con firmeza todo lo que se haga para investigar los crímenes; los crímenes de guerra cometidos por los sirios y los rusos y que se hagan responsables de ellos”.
Quien esté leyendo esto debería hacer una pausa y tratar de paladear la intricada absurdidad de los dichos de Clinton. Tal como señalamos en nuestra analogía de más arriba, Putin y Al-Assad están intentando de restablecer el control gubernamental del país para instaurar cierta seguridad, lo mismo haría Obama si necesitara combatir contra unos rebeldes armados en el sur de Manhattan. Los gobiernos tienen el derecho de gobernar su país. Esto no debería ser tan difícil de entender. Lo que propone Hillary es que los sirios y los rusos (que han sido llamados por Al-Assad) sean llevados a un tribunal por haber cumplido con el deber que todo líder que ganó unas elecciones juró cumplir cuando asumió su cargo, mientras que –al mismo tiempo– el país (Estados Unidos) que ha (lo ha admitido explícitamente) armado, adiestrado y financiado a unos invasores extranjeros que han hecho trizas el país invadido y matado a más 400.000 civiles sea dejado libre de culpa y cargo.
Nuestros medios occidentales de propaganda merecen un gran homenaje por hacer que alguien como Hillary pueda hacer una declaración tan necia como la suya y que el mundo entero no se lo tome a broma. En la lógica de Hillary, Obama podría ser llevado a juicio por crímenes de guerra si en su intento de liberar el sur de Manhattan murieran civiles. La propuesta es totalmente ridícula.
He aquí otra frase antológica de Hillary en el debate:
“Estoy convencida de que el uso de fuerzas especiales –que las estamos empleando–, que la utilización de facilitadores y de instructores en Irak –que ha tenido algunas consecuencias positivas–, responden mucho a nuestros intereses, por eso doy todo mi apoyo a lo que está sucediendo”.
¿”Consecuencias positivas”?
¿Cuáles son esas consecuencias? Han muerto 400.000 personas, ha habido siete millones de desplazados internos o refugiados y el país ha sido reducido a escombros, como en Fallujah. En la guerra de Hillary no ha habido consecuencia positiva alguna. Ha sido una completa y atroz catástrofe. El único triunfo que puede exhibir es el hecho de que el repugnante liderazgo demócrata y sus corruptos colegas mediáticos han tenido éxito en su tarea de esconder a los ojos del pueblo estadounidense los detalles de su depredación. Aparte de eso, ha sido una pérdida total.
Un poco más de Hillary: “Yo iría tras Baghdadi. Me centraría específicamente en él; estoy convencida de que tenemos que poner en la mira a lodos los jefes Al-Qaeda...”.
Baghdadi, Schmaghdadi; ¿qué más da? ¿Cuándo el inmoral programa de asesinatos selectivos de la CIA logró reducir alguna vez el conflicto, ralear las nutridas filas de las organizaciones terroristas o hacer que el pueblo estadounidense esté más seguro?
¿Cuándo? Nunca jamás. Todo esto es un maldito juego. Hillary solo quiere otro trofeo para poner en un anaquel de la futura biblioteca presidencial, otra cabellera para colgar junto a la de Gadhafi. ¡Esa mujer está enferma!
He aquí otra –la última– cita del debate: “Yo pensaría también en armar a los kurdos. Ellos han sido nuestros mejores socios en Siria, lo mismo que en Irak. Sé que en algunos círculos hay mucha preocupación en relación con esto, pero yo creo que ellos deben tener las armas y los equipos que necesiten; los combatientes kurdos y árabes que están allí constituyen el principal medio para tomar Raqqa después de expulsar al Daesh de Irak”.
Obama ya está armando a los kurdos, pero a ellos no les interesa la captura de Raqqa porque no forma parte de su tierra natal tradicional y porque eso no les ayuda a conseguir el territorio contiguo que desean para establecer su propio país. Aparte de esto, armar a los turcos solo enfadaría al presidente turco Tayyip Erdogan, que permite el uso del crucial aeropuerto de Incirlik desde donde Estados Unidos lleva acabo la mayor parte de los ataques aéreos contra los blancos enemigos en Siria. En otras palabras, Clinton no tiene la menor idea de lo que está diciendo.
Mientras no vale la pena analizar el papel de Hillary en el inicio de la guerra de Siria, hay una situación muy peliaguda que se dio la semana pasada y que, para quienes todavía tienen intención de votar a Clinton en las elecciones de noviembre, sí vale la pena detenerse en ella.
He aquí un breve resumen de lo sucedido: el miércoles [5 de octubre] el Washington Post filtró una nota en la que se consignaba que la administración Obama estaba considerando la posibilidad de atacar abiertamente algunas posiciones sirias, dicho de otro modo, llevar a cabo una guerra encubierta de baja intensidad directamente contra el régimen de Al-Assad (en lugar de utilizar solo fuerzas sustitutas).
El jueves [6 de octubre] el ministro de Defensa ruso, general Igor Konashenkov, anunció que Moscú había enviado algunos sistemas de defensa de última generación (de misiles de antiaéreos S-300 y S-400) al teatro de operaciones y que estaba planeando emplearlos en el caso de que las tropas sirias o rusas se viesen amenazadas.
En unas declaraciones televisadas, Konashenkov dijo: “Debe entenderse que es improbable que las unidades de defensa antiaérea con misiles de Rusia tengan tiempo para establecer con exactitud –vía Teléfono Rojo– el programa de vuelo de los misiles o quién es son el propietario de sus portadores”.
En referencia al provocador artículo del Washington Post, Konashenkov añadió: “Yo recomendaría a nuestros colegas de Washington sopesen con cuidado las posibles consecuencias del cumplimiento de semejantes planes”.
Los rusos estaban diciéndonos con toda la claridad posible que si los aviones de Estados Unidos atacaran, ya fueran las instalaciones rusas como a las tropas sirias, serían derribados inmediatamente. Cualquier persona razonable puede suponer que el derribo de un avión estadounidense desencadenaría una guerra con Rusia.
Afortunadamente, hay indicios de que Obama captó el mensaje y desactivó inmediatamente el ridículo plan (¿del Pentágono?). He aquí un fragmento de una nota en The Duran.com que quizá sea la mejor noticia sobre Siria que he leído en los últimos cinco años. Fue publicada el viernes [7 de octubre] y ha sido prácticamente ignorada por los medios más importantes:
“Después de la advertencia rusa de que los aviones de Estados Unidos serían abatidos, un portavoz de la Casa Blanca confirmó que el plan de ataques aéreos estadounidenses en Siria había sido rechazado... Josh Earnest dijo esto en conversación con los periodistas el jueves 6 de octubre de 2016.
“El presidente ha explicado con algún detalle por qué es improbable que una acción militar contra el régimen de Al-Assad para tratar de resolver la situación de Aleppo cumpla los objetivos que muchos preveían últimamente en relación con la disminución de la violencia en esa ciudad. Es mucho más probable que eso conduzca a numerosas consecuencias no buscadas que nada tienen que ver con nuestros intereses nacionales.” (“Un paso atrás de Estados Unidos en Siria después de que Rusia amenazara derribar avión estadounidense”, Alexander Mercouris en The Duran.com)
La pregunta es: ¿Haría lo mismo Hillary Clinton?

Mike Whitney vive en el estado de Washington. Ha colaborado en la redacción de Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion (AK Press). Hopeless... también está disponible en edición Kindle.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2016/10/12/obama-stepped-back-from-brink-will-hillary/

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la misma.

Fuente: Rebelión

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