domingo, 23 de octubre de 2016

Saldrá lo peor


Javier Fernández: "Con los independentistas no tenemos nada que hablar"
EFE

La tesis de la abstención en bloque sólo beneficia a los que están dispuestos a efectuar la gran traición. No quieren mancharse solos y piensan que si todo el PSOE lo hace será menor el estigma personal y político 


Elisa Beni  


Rajoy va a ser presidente del gobierno con el voto del Partido Socialista Obrero Español.

La forma en que se decida hacerlo en el comité federal sólo tiene interés para conocer el alcance del daño que va a producir en el partido. Nos permitirá predecir parte del futuro negro e incierto que le espera a los socialistas y con ellos a la política de este país.

La tesis de la abstención en bloque sólo beneficia a los que están dispuestos a efectuar la gran traición. No quieren mancharse solos y piensan que si todo el PSOE lo hace será menor el estigma personal y político que acompañe a este sector. Creen que podrán darle la vuelta mejor al discurso si no queda ningún hombre o mujer bueno en el partido que pueda recordar su vergüenza. Si la abstención en bloque se consuma, veremos al PSOE fracturarse de diversas maneras. Le veremos perder su dimensión nacional ante la disensión de los catalanes y los vascos. Veremos como algunos diputados se rebelan y otros dejan sus actas. Hay al menos once noes asegurados. La necesidad de purga y castigo a que se vería abocada la gestora desangraría aún más a un herido casi exangüe.

La postura de la abstención técnica produce el efecto contrario. Sólo once diputados se envuelven en Sartre y meten las manos en la mierda y en la sangre. Esos once serían los once del patíbulo pero, a cambio, sería más fácil salvar ante los electores la cara de que el partido en sí no se ha movido de su sitio. Haría así el PSOE una especie de tamayazo oficial pero para ello hacen falta once inmolaciones. ¿De quién? Si se pidieran voluntarios para una misión honrosa no se produciría ese silencio espeso. Esta solución permitiría que el PSC pudiera mantenerse dentro de la disciplina y que Pedro Sánchez y sus diputados de confianza la mantuvieran también. El desgarro no sería inmediato aunque a la larga se produciría. Es una solución que el Partido Popular no quiere.

Por último la postura más democrática,dentro de lo que cabe, que sería establecer la libertad de voto para asegurarse de que ni las conciencias de los diputados ni el mandato de sus electores se viera totalmente vulnerado. Desde el punto de vista de la lógica, esta decisión permitiría cumplir el objetivo buscado por quienes decidieron dar un golpe de timón -el gobierno de Rajoy- pero lo haría asumiendo que no hay una postura unitaria dentro del partido y permitiendo que cada diputado, libremente, la exprese con su voto.

Sería además la postura más legítima puesto que la disciplina de voto procede de un reglamento mientras que la libertad de voto recogería la interpretación constitucional en el sentido de que “quienes han sido elegidos(..) han solicitado el voto de los electores para orientar su actuación en un sentido determinado (...) y el mandato que cada uno ha obtenido es producto de la voluntad de los que les eligieron y que viene determinada por el programa electoral”. Esta postura no profundizaría la división más allá de la que ya se ha expresado. Ya conocemos la postura de todos. Votarían distinto porque piensan distinto. Nada nuevo bajo el sol. El problema seguiría siendo el mismo.

El único sentido que tiene forzar la abstención en bloque es preservar el capital político no del PSOE sino de Susana Díaz y sus seguidores que podrían así diluir su responsabilidad en este suicidio técnico cuando, según piensan, llegue el momento de dar el paso y someterse al voto de los ciudadanos.

¿Nos apostamos a ver qué sale del comité federal? Yo no juego. Gracias.

Fuente: eldiario.es

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