jueves, 13 de octubre de 2016

Soy policía por la gracia de Dios


Universidad Católica de Ávila


Juan Carlos Escudier

Para que España vuelva a ser la que pintaba Menéndez Pelayo, evangelizadora de la mitad del orbe, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio y la de Dios es Cristo, el ministro del Interior ha decidido empezar por el principio y adjudicar la formación de los nuevos policías a la Universidad Católica de Ávila en detrimento de la de Salamanca, una corporación con apenas ocho siglos de vida que se venía ocupando de esta tarea desde hace casi 30 años.

Interior ha explicado que la decisión es ajena a que Fernández Díaz sea miembro de la Orden Constantiniana de San Jorge, tenga a un confesor privado que le asesora en la designación de comisarios o haya sido coautor de una obra dedicada a Sor Patrocinio. También se ha descartado que en el asunto haya intervenido Marcelo, el ángel de la guarda del señor ministro, ya que en ese momento le estaba aparcando el coche. Todo, al parecer, ha sido obra (en minúscula) de la mesa de contratación ministerial, que ha valorado que el centro católico era más barato y no ha tenido en cuenta ni el prestigio académico, ni la experiencia, ni el carácter laico y no confesional de la histórica universidad salmantina.

La Universidad Católica de Ávila es un polo de referencia internacional, al menos para el diario La Razón, que este verano organizó en sus aulas una escuela de verano dedicada a los populismo del siglo XXI, donde el comisario Francisco Marhuenda impartió una conferencia magistral titulada Los populismos en la historia, que fue el plato fuerte de aquel día, aunque a los más golosos se les sirvió como postre una mesa redonda, Liberalismo como auténtica alternativa al populismo, con la que los asistentes quedaron tan saciados de los dichosos populismos que se corrió el riesgo de que alguno reventara. El encargado de la clausura de la escuela fue el propio Fernández Díaz, acompañado curiosamente por el Gran Canciller de la Universidad y obispo de Ávila, Jesús García Burillo, que le escuchó decir aquello de que “los populismos prometen conquistar el cielo y normalmente nos llevan al infierno”. Amén.

Que Fernández Díaz y el obispo estuvieran juntos ese día fue casualidad y no debe interpretarse que este hecho haya sido decisivo en escamotear a Salamanca la formación de los policías. También fue casualidad que el ministro inaugurara este pasado mes de agosto, un par de meses después y junto al mismo prelado, un Congreso dedicado a Santa Teresa, “una santa absolutamente española y universal, reformadora del Carmelo, mística, pero al mismo tiempo con los pies en la tierra, absolutamente mujer, con el genio femenino, que dijera Juan Pablo II, sin hacer de eso una ideología”. Lo de “absolutamente mujer” debió de desconcertar a más de uno.

En manos de tan católico magisterio, los nuevos policías recibirán a buen seguro una educación en valores tan firmes como las del obispo y canciller, que está convencido de que los niños abortados “gozan de la felicidad eterna”, que defiende que a los homosexuales se les trate con “respeto, delicadeza y amor”, siempre que no hagan guarrerías entre ellos, y que negar “unilateralmente la soberanía de España” no es prudente “ni moralmente aceptable”.

Es verdad que entregar al clero la formación de la Policía implica pasarse por el arco de Constantino la ley orgánica de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, donde se introdujo la colaboración de universidades públicas en su aprendizaje, pero París bien vale una misa, o eso se dice. Lo importante es que los cadetes llegarán a ser policías por la gracia de Dios y además por menos dinero. Austeridad ante todo.

Juan Carlos Escudier

Fuente: Público.es

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