viernes, 12 de agosto de 2016

El Islam, ¿enemigo de Occidente?


 El Islam, ¿enemigo de Occidente?
(Sobre el terrorismo en Europa)


José María Tortosa

 (Albaida (Valencia)1943) es un científico social español. Es un analista influido por la teoría del sistema-mundo y la investigación para la paz. Ex-catedrático y miembro investigador del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Social y Paz (IUDESP) de la Universidad de Alicante (España)

Malcocinado, Badajoz, 6 de agosto de 2016 Aniversario del terrorismo contra Hiroshima




Lo publiqué hace quince años en la revista catalana Papers con el mismo título con que ahora edito esta recolección y ampliación, aunque en esta ocasión le añada un subtítulo. El texto publicado en aquella revista puede leerse aquí. En castellano.  El problema viene de antiguo y mi preocupación también aunque no hable árabe y mis estancias en países de mayoría musulmana se hayan reducido a Argelia y Senegal, por cuestiones de trabajo, y a Marruecos, por turismo. Creo que conocí mejor el ambiente en este último caso que en los dos primeros ya que tuve de guía a Pepe Corrochano, quien, hijo de exiliado, había vivido su infancia y juventud allí y que me mostró sus “lugares de la memoria”. Era el masón más antiguo y viejo de España (se había iniciado ya en Marruecos) y tenía una capacidad especial para contar anécdotas e historias cargadas de sentido. De todas maneras, es más que evidente que, no siendo especialista en nada, menos lo soy en asuntos islámicos aunque me he ocupado por las reacciones “occidentales” ante tal “amenaza”, como digo. Más desde aquí que desde allí. Los fieles lectores de mi blog “sobre el mundo mundial” pueden atestiguarlo, pero también quien use un buscador dentro del mismo con las palabras “yihad”, “terrorismo”, “musulmán”.
El artículo que cito comenzaba negando la mayor: ni el Islam es un actor o agente que tome decisiones y las lleve a la práctica ni Occidente es una cosa fácilmente individuable. Si alguien plantea la pregunta de la que ahora parto (ya decía entonces) es más para tener un enemigo exterior que unifique las propias fuerzas que para buscar en la “rugosa realidad” elementos que permitan su respuesta. Hablar de los “cruzados” es  lo mismo que hablar de los “musulmanes” suponiendo, en ambos casos, que se trata de un todo homogéneo y que actúa al unísono. Cosa, evidentemente, falsa.
La palabra terrorista también me ocupó hace años. En 2006 para ser exactos y el texto puede leerse aquí. Ya entonces veía su carácter polisémico y recorrí las definiciones que entonces estaban disponibles y los actos, personas o ideologías a las que se aplicaban. Ahora parece que la palabra se reserva, en los medios y las declaraciones públicas de cargos públicos, para matanzas llevadas a cabo por alguien a quien se le puede relacionar directa o indirectamente con el Islam en general o, mejor, con el Estado Islámico (EI, DAESH en sus siglas árabes que tan mal suenan a oídos árabes). Esa misma matanza, causada por alguien de imposible relación con el Islam o con EI (o Al Qaeda y sus fragmentaciones del tipo Al Nusra y similares), deja de ser “terrorismo” y es calificada de cualquier otra manera, pero no de terrorismo. Lo que hizo Breivik en Noruega hace cinco años por lo visto no fue “terrorismo”. Más observaciones,  de Ignacio Ramonet, aquí.
Un ejemplo anecdótico: Léase este titular que dice inicialmente “La fiscalía belga acusa a un hombre de 33 años de planear un atentado terrorista” que después aparece como “La Fiscalía belga acusa a uno de los hermanos detenidos de planear un atentado terrorista. Durante los registros no se han hallado armas ni explosivos, según las autoridades”. Seguro que en el cuerpo de la noticia se informa del nombre árabe del acusado y, en el simplismo habitual, seguro que árabe se identifica con musulmán (aunque la mayoría de iraníes sean musulmanes, pero no árabes) y, subrepticiamente, musulmán con sospechoso de terrorista.




Por otro lado, la palabra “terrorista” podría aplicarse a más casos y no solo a los yihadistas. Podría entenderse como terrorista la política nuclear de las superpotencias cuando se discute cuántas bombas nucleares harían falta para borrar a la especie humana de la cara del Planeta. El candidato Trump lo daba a entender. Por un lado:
"I'm not going to use nuclear, but I'm not taking any cards off the table" Y, por otro,
"Somebody hits us within ISIS, you wouldn't fight back with a nuke?"

Las armas nucleares se tienen porque tenerlas es una forma de terrorismo disuasorio; basta con tenerlas y que los demás lo sepan y teman que las podamos utilizar contra ellos. Usarlas contra otra potencia nuclear sería el apocalipsis y usarlas contra el EI sería contraproducente para los intereses estadounidenses, además de repugnante.
En ese mismo sentido, sería también terrorismo la aceptación de Theresa May, primera ministra británica, en su parlamento de, mediante las armas nucleares, poder matar de  un solo golpe a más de 100.000 personas (mujeres y niños incluidos).
A otra escala, se podría aplicar la palabra “terrorista” al bombardeo, equivocado o pretendido, de hospitales, al asesinato como “efectos colaterales” de mujeres y niños a manos de “drones” insensibles o de bombardeos ciegos y a la publicación de casos de tortura que se convierten en amenazas, aviso a navegantes. Pero eso no es “terrorismo”: es guerra que puede matar 77 civiles -niños incliudos- en Siria en solo dos días.
El tema no acaba ahí. Se trata de otra forma de terrorismo, importante aunque no determinante del yihadismo. Es la cuestión palestina, con sus pequeños ataques e intifadas por un lado y Operaciones Plomo Fundido y demoliciones por el otro. Sin ir más lejos, y solo en Cisjordania (sin Jerusalén oriental), esas demoliciones israelíes de casas palestinas, construidas en lo que queda de Palestina pero sin permiso del Estado  de Israel, han dejado sin vivienda, en los últimos diez años, a más de 5.000 personas incluyendo a más de 2.500 niños.
Completando. Esta lectura es algo depresiva. Comienza con una larga cita del general Eisenhower sobre el negocio de la guerra. Recuérdese que, además de general, fue presidente de los Estados Unidos y que en su discurso de despedida habló del Complejo Militar-Industrial (CMI) que tomaba decisiones por encima de los intereses del país. Militares que pasaban a la industria del armamento y gestores de dicha industria que ocupaban puestos importantes en el Pentágono. Cosa conocida. Pero después, el artículo que cito entra a ver quién y cómo está ganando, en los Estados Unidos, en su "guerra contra el terror". Ganando no militarmente sino económicamente. Habría que ser muy malvado para suponer que ese CMI (que sigue existiendo) está interesado en que siga existiendo el terrorismo y la paranoia al respecto. Es suficiente suponer que los buenos empresarios encuentran ocasiones de negocio allí donde se dan tales ocasiones, como también con las tragedias de los refugiados (un millón trescientos mil en 2015 hacia la Unión Europea más Noruega y Suiza). Se trata de aprovechar de las circunstancias  para hacer caja. Es legal. Y hasta es posible que sea legítimo. Pero queda feo. Dicho lo cual, se puede releer el texto de Eisenhower y ver hasta qué punto el mundo no ha cambiado mucho desde 1953 a nuestros días.
De todos modos, voy a referirme básicamente al terrorismo yihadista, con mayor o menor lazo con el Islam, que es el que se discute con más frecuencia. El “no-islámico”, como he dicho, no suele ser etiquetado de terrorista. Volveré  a ese tema  más abajo.  Los datos, como después se verá, no apoyan la idea de que el terrorismo yihadista forma parte de una lucha titánica del "Islam contra Occidente". Las noticias recientes,  tampoco: el llamado "terrorismo islámico" es particularmente virulento contra países de mayoría musulmana desde Turquía a Indonesia sin olvidar Egipto o Túnez o, en concreto, los yazidíes. Y, sobre este asunto, resulta interesante la lectura (mediante suscripción) del reportaje del Wall Street Journal sobre las opiniones del papa Francisco al respecto: ninguna religión tiene el monopolio de tener miembros violentos, no se trata de “guerra de religiones” y hay otros factores a considerar en Europa:
"I ask myself how many young people that we Europeans have left devoid of ideals, who do not have work. Then they turn to drugs and alcohol or enlist in [the Islamic State, or ISIS]".
Mucho más si se compara esa frase con esta otra, tomada de un “leader” de The Economist que dice
“The lot of young Arabs is worsening: it has become harder to find a job and easier to end up in a cell. Their options are typically poverty, emigration or, for a minority, jihad”.
Lo que he hecho ahora, entonces, es ordenar, revisar y corregir las entradas que he subido al blog y que tienen que ver con el tema, aunque ocupándome más del “enemigo de Europa” que del “enemigo de Occidente”. He reducido lo que tenían de reacción inmediata a hechos concretos y he apagado lo que tenían de reacción personal a cosas oídas en tertulias y sobremesas, aunque es obvio que no he podido evitar el “ajuste de cuentas”, no conmigo mismo como en las Cartas fraternales que también publico aquí, sino con opiniones escuchadas o leídas en boca o pluma de amigos y conocidos inteligentes, cordiales y sensatos blandiendo opiniones que difícilmente encajan con los datos disponibles. Tampoco he podido evitar observaciones y referencias que han tenido que ver con el aciago mes de julio que solo para Alemania (sin incluir otros países europeos, Bélgica y Francia) se resumía así

In the span of one week in July, a 17-year-old Afghan asylum seeker attacked five train passengers with an ax in the Bavarian city of Würzburg; a Syrian asylum seeker exploded a bomb outside a music festival in another Bavarian  city, Ansbach, wounding 15; an 18-year-old German of Iranian descent massacred nine people at a shopping mall in Munich; and a 21-year-old Syrian asylum seeker used a machete to murder a local woman in Reutlingen who had rejected his advances. The last two attacks had no apparent connection to




foreign terrorist groups. But the succession of violent incidents, all linked in some way to the Middle East, has created a sense of siege. [subrayado mío]
Ya no me dedico a aquel tipo de artículos, más o menos académicos, sino a lo que  podría llamarse “periodismo de segundo nivel”, es decir, periodismo a partir del periodismo de otros.

1.  Resumen


Pongo en resumen lo que he venido planteando estas últimas fechas y que colgué en el blog convenientemente. Sirve para ver la lógica del resto de este escrito y, de paso, para pedir disculpas por las repeticiones y desvíos del tema que sin duda se van a producir.
2.    Los "valores europeos" son un recurso retórico respetable, pero muy difícil de concretar. Mi lucha (Hitler y su antisemitismo sustituido ahora por la islamofobia del tipo del noruego Breivik), el Manifiesto comunista (Marx y Engels, "la religión es el opio  del  pueblo"), La  religión  dentro  de  los  límites  de  la  mera  razón (Kant)   y   la Introducción al cristianismo (Ratzinger, después Benedicto XVI) son de autores igualmente europeos, casi todos alemanes. Y si es por denominador común, es inútil buscarlos en Ceaucescu, la Inquisición de la Stasi alemana, Le Pen, Berlusconi, Carrillo, Moro, Blair, Aznar, González, Barroso o Monet (¿Se considera al ahora ortodoxo Putin como europeo?).
3.   El Islam no está en contra de Europa. Los ataques yihadistas son de grupos muy particulares de musulmanes, en muchos casos poco musulmanes, y ni representan al Islam ni están en contra de Europa sino que tienen agendas locales que se extienden a Europa, pero extenderse no es tenerla como objetivo central.
4.   Los musulmanes europeos ni son tantos ni su proyección demográfica hace pensar que vayan a ser mayoría. Mucho menos la de los que son de estricta observancia. El aumento de su porcentaje tiene que ver con la debilidad demográfica de  los  "aborígenes" más o menos cristianos (tan poco fanáticos como la mayoría de musulmanes) poco dispuestos a superar la tasa de reposición (nacimientos frente a fallecimientos) y sí dispuestos a producir sociedades notablemente envejecidas.
5.   El simplismo de los planteamientos propagandísticos del Estado Islámico y antes de Al Qaeda se parece, en su función, al simplismo de los planteamientos xenófobos e islamófobos: buscan movilizar a personas con características personales y sociales aptas para ser cooptados.
6.  Entre el simplismo europeo está incluso el suponer que los muyaidines que fueron a luchar a Afganistán contra los infieles comunistas (azuzados, en parte, por "Occidente") o que han ido a Siria son todos iguales. Tampoco son iguales los que han regresado: los hay desilusionados por la corrupción observada, las prácticas poco islámicas observadas y los excesos observados en el "campo de batalla".




7.  Pero el problema es que algunos matan y lo hacen de manera espectacular. Responder a la violencia con la violencia es garantizarse que no hay final posible (Gandhi  reconocía que “si se practica el ojo por ojo, al final todos ciegos”).
8.    Las trayectorias de estos asesinos comienzan a conocerse y parece claro que la religión no es "el" factor determinante. Cierto que algunos pasan del islamismo "sociológico" (poco practicante) a la observancia y de ahí al wahabismo y de ahí al salafismo y de ahí al yihadismo tal como se lo entiende en Europa, es decir, violento. Pero la religión viene después, no antes de su radicalización.
9.  El papel del reclutador es muy importante, sea en la cárcel, la mezquita, el grupo de amigos o internet. Es gente que sabe percibir la vulnerabilidad de quien puede ser cooptado, conocidas sus circunstancias personales. O, simplemente, que deja  su mensaje para que quien lo necesite pueda asimilarlo y hacerlo propio.
10.        El terrorismo yihadista no es el único terrorismo que hay en Europa y, desde algunas perspectivas, su letalidad es menor que la de otros terrorismos europeos (secesionistas, de extrema derecha o extrema izquierda y similares).
11.  El miedo y la inseguridad son malas consejeras. Se pueden trasformar con facilidad en violencia y, en todo caso, son terreno abonado para políticos y reclutadores con intereses relativos al poder, no a las ideas o los valores. Provocar el miedo se puede hacer mediante un acto violento o mediante la magnificación del mismo o por  el anuncio de ulteriores violencias. Lo hacen políticos y reclutadores que saben que el inseguro es más dócil y más dispuesto a creerse simplificaciones, en particular las que  se refieren al "enemigo" (sea el "cruzado" o el "musulmán").
12.    Siendo problemas que vienen de antiguo y que han entrado en una espiral de violencia, no tiene mucho sentido pensar que se van a resolver de un día para otro.
13.    Deslegitimar, no entrar en su juego, evitar los simplismos, policía (no tanto ejército), infiltración, analizar las causas de cada contexto (no hay una única causa ni su constelación está generalizada), conócete a ti mismo y conoce al otro, evitar "choques  de civilizaciones" (lo digo recordando la fallida "alianza de civilizaciones" que promovieron Rodríguez Zapatero y Erdogan), empatía, evitar la visceralidad  y promover la racionalidad son posibilidades que algunos de los que defienden los "valores europeos" pueden aceptar y otros rechazarán de plano. Hay responsables de estas tragedias y dolores en todos los campos.
14.   Imponer "nuestros valores" (costumbres, versión de la religión) a los inmigrantes y refugiados podría estar en contradicción con dichos "valores" si como tales se toma a  los de la Ilustración (libertad de pensamiento, libertad de expresión. rechazo de la pena de muerte). Cierto que en algunos países árabes (no en todos) se practica la teocracia (es decir, una determinada legitimación del poder político) y se persiguen otras formas religiosas, pero no creo que esa sea la razón para aplicar esas prácticas en Europa.




1.  Primero, Occidente


Comencemos por ese Occidente de quien se dice que el Islam es su enemigo. Cuando se plantea esa cuestión, es frecuente que surja el tema de los valores. Comencemos por los “europeos”.
Los "valores europeos" son un recurso retórico respetable, pero muy difícil de  concretar. Los textos que he citado más arriba (alemanes todos y, por tanto, europeos dignos de mención) plantean cuatro formas diametralmente opuestas de entender la religión. El cristianismo para ser exactos, y que se supone es el sustrato de esa civilización. El antisemitismo de Hitler, el rechazo de Marx, la racionalización de Kant y  la  prédica  de  Ratzinger  pertenecen  a  la  misma  y  son  difícilmente   compatibles.
¿Libertad, igualdad, fraternidad? Un repaso a la historia de ese subcontinente indica hasta qué punto se ha defendido la libertad, en qué medida se ha promovido la desigualdad y cómo la competitividad ha ido ganando terreno a la supuesta fraternidad.
Y es que para, algunos autores, los “valores” que rigen la actual civilización son los de  la competitividad. Valores en el sentido de ligitimadores de acciones y de criterios para elegir entre términos dispares. Competitividad entre desiguales que genera más desigualdad. En parte, las actitudes “occidentales” hacia el Islam (y viceversa, de líderes de países de mayoría musulmana hacia “occidente”) son precisamente los de la competitividad. Competitividad, además, entre Arabia Saudita e Irán por geopolítica y de Arabia Saudita y los Estados Unidos por geoeconomía.
A todo eso hay que añadir un hecho que debería haber sido tenido en cuenta con más detenimiento: los perpetradores de algunos de los atentados que tanto han ocupado a los europeos ¡eran europeos! Europa es mucho más heterogénea de lo que se pretende.
Pero, claro, “Occidente” no es solo Europa. Se incluye igualmente a los Estados Unidos y ahí el vocabulario cambia ligeramente para hablar de lo “judeocristiano” (excluyendo  a los antijudíos llamados antisemitas, obviamente). Es comprensible esta oscilación, dado el apoyo que los Estados Unidos han dado al Estado de Israel, aunque no lo hicieran en sus comienzos. Pero hace ver que, en términos de “valores”, lo que se está haciendo es referirse a dos de las religiones monoteístas del Libro (Kitab para  los árabes) y que, por tanto, haría falta incluir a la tercera, a saber, la musulmana. Estamos, pues, en el reino de la retórica, no en el de las prácticas.
Las prácticas históricas tienen algunos hitos que tal vez pervivan en el imaginario colectivo si es que tal cosa existe. El año 711 comienza la invasión de la Hispania visigoda por parte de bereberes y árabes que practican el Islam a su vez divididos en kalbíes y qaysíes. En el 722 comienza la Reconquista por parte de los reyes como don Pelayo y el avance de las invasiones más allá de los Pirineos es cortado por Carlos Martel que “salva a la cristiandad francesa” en la batalla de Potiers. La presencia oficial del poder político árabe terminará, en las Españas, en 1492 aunque la expulsión de los moriscos de las tierras de los reyes tendrá que esperar hasta 1613. De aquello solo quedan las fiestas de “moros y cristianos” en diversas localidades pero con el mismo esquema: desfiles, los “moros” conquistan el castillo, desfiles, los “cristianos” reconquistan el castillo y ahí termina el enfrentamiento: siempre ganan los cristianos aunque los desfiles de los moros suelen ser más vistosos.
La relación en sentido inverso viene representada por las Cruzadas que iniciaría el papa Urbano II con aquel “Dios lo quiere” con que convocó a la cristiandad a liberar los santos lugares de la ocupación “pagana” (todo no-cristiano es pagano como, para los musulmanes, todo no-musulmán es infiel). Hay libros que han intentado describir cómo fue percibido el hecho por parte árabe que, obviamente, no lo vio como “cruzada” (que viene de “cruz”) sino como guerra o conquista por parte de los francos (cristianos a los que se opone la media luna). Pero a diferencia de la historia de las invasiones árabes, las invasiones “occidentales” han tenido su continuidad hasta la división de Oriente Medio en monarquías y protectorados después de la I Guerra Mundial (el acuerdo Sykes-Picot, inglés y francés respectivamente) y la nakba, la creación en 1948 del Estado de Israel en territorios del protectorado británico, expulsando entre 500.000 y 900.000 palestinos de lo que había sido su territorio tradicional.
He escuchado y leído el argumento de que el Islam es a "Occidente" lo que los vándalos y los visigodos fueron al imperio romano. Los musulmanes "nos" invaden y la culpa la tenemos nosotros, decadentes, laicistas, multiculturalistas, "progres", buenistas y demás calificativos al uso, si es que lo somos en la práctica (¿A que queda  bien  primera persona del plural?).
Faltan dos puntos para que la comparación funcione, y los tomo (primera persona del singular) de este texto. Lo que se dice sobre Roma no incluye nada sobre por qué funcionó Constantinopla tanto tiempo. Y, viniendo a nuestros días, no parece que los romanos estuviesen financiando a los "bárbaros" que acabaron invadiéndoles como "Occidente", bajo su líder Estados Unidos, ha estado financiando a los yihadistas (no al Islam, sino a esta versión "bárbara" que pone bombas en países musulmanes y en países cristianos) hasta el punto de que, en buena medida, fueron creación occidental, por lo menos desde la financiación de Ben Laden o, si se prefiere, desde lo de Lawrence de Arabia. No es el único factor que ha llevado a la reciente aparición del Estado Islámico, pero nunca se repetirá suficientemente el mea culpa de Tony Blair. Así que la solución del problema no es la intervención militar, sino que la intervención militar ha sido parte del problema. Y afirmar el "choque de civilizaciones" es lo que el Estado Islámico espera de nosotros (de nuevo en plural).
La analogía entre la "decadencia de Occidente" y la "caída de Roma" tiene que verse mirando no solo a los "bárbaros" que vienen, sino también a los bárbaros que ya vivían  y viven dentro. Primero, quod non fecerunt barbari, fecerunt Barbenini, la familia pontificia que desmanteló media Roma clásica. Y, segundo, la clase alta, su estilo de vida y los problemas de la menguante clase media que se convierte en clase baja. Ahora hay signos, para muchos evidentes, de decadencia.
Porque, a lo que aquí me ocupa, hay algo más importante que las civilizaciones y sus artificiosas   clasificaciones   a   lo   Huntington   con   sus   nueve   “civilizaciones” con anomalías como la uniformidad de América Latina y África (que suena a desconocimiento del colonialista) y la utilización de las religiones para distinguirlas... excepto para “Occidente”. Si utilizara este último criterio, Rusia pertenecería al ámbito “judeocristiano” al etiquetarla de “ortodoxa” (cristiana, pues). En general, estas clasificaciones pasan por encima la más que evidente heterogeneidad de sus supuestos componentes (católicos y protestantes, por ejemplo, en la “civilización occidental” menos heterogénea que la “civilización hindú”).
En realidad, lo que muestra el mapa no son “civilizaciones” sino territorios en los que se plantean cuestiones geopolíticas particulares. Si es por “civilizaciones”, son evidentes las semejanzas entre la ummah islámica (comunidad de los creyentes), el cuerpo místico cristiano (“pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal, pueblo de Dios”) y el pueblo elegido, es decir, el pueblo judío, este sí con pretendida base territorial por parte de los sionistas y pretensión de haber sido elegido por Dios de forma que se sitúa por encima de cualquier derecho positivo, cosa que Inglaterra primero y los Estados Unidos después aprenderían rápidamente
.

Si yo entiendo bien, es tan dificultoso encontrar las bases empíricas que distinguen a un supuesto “Occidente” del resto de civilizaciones, que es preferible buscar otro término para ver contra quién está el Islam.

2.  Después,  el Islam


Insisto: la pregunta está mal planteada. Si “Occidente” es una construcción problemática,  el  Islam  también  lo  es.  Cubre  entidades  muy  heterogéneas  que,    en




muchos casos, mantienen conflictos internos históricos, no actúa “como un solo hombre” y, por tanto, no puede estar, como tal, enfrentado con “Occidente” en general y con Europa en particular.
Pero los ataques y masacres son evidentes aunque no son “del Islam” sino de grupos muy particulares de musulmanes, en muchos casos poco musulmanes, y ni representan al Islam ni están en contra de Europa sino que tienen agendas locales que se extienden a Europa, pero extenderse no es tenerla como objetivo central. Sobre ellos tendría que centrarse la discusión, no sobre un Islam con sus corrientes que van del sufismo al wahabismo y su división entre chiítas y sunitas, amén de los niveles de adhesión religiosa, comunes con otras religiones. Hay, en efectos, creyentes y practicantes fervorosos en un extremo y, en el otro, los que han sido criados en tales creencias y prácticas con las que solo tienen una relación biográfica y no existencial. Igual que en España hay “catolicismo sociológico” que nada tiene de creyente y practicante, el Islam tiene “musulmanes sociológicos” que ni rezan, ni peregrinan, ni dan limosnas ni se abstienen de alimentos y bebidas prohibidos.
Tomar a los militantes, franquiciados y simpatizantes de Al Qaeda, el DAESH (Estado Islámico, EI), Al Nusra y, para complicarlo, Boko Haram como únicos representantes del Islam que ataca a Europa es erróneo. Ni siquiera son todos sunitas. Y, para complicarlo, tienen entre ellos (y dentro de ellos) problemas de conflicto por el poder en la organización.
El hecho contrastado por encuestas (y por prácticas reconocidas entre políticos de países con mayoría musulmana) es el rechazo mayoritario ahora al EI en muchos países de mayoría musulmana (no en Pakistán, por cierto). Otras encuestas, algo más amplias en cuanto a su cobertura geográfica, ya daban porcentajes muy bajos de apoyo a Al Qaeda cuando “el problema” era Al Qaeda y Osama ben Laden. Todo ello sin olvidar la aplicación estricta de la sharia en países no-árabes como Indonesia.
Es anecdótico pero sintomático. Se trata de la intervención en la Convención Demócrata del padre de soldado estadounidense que era musulmán y que murió en Irak en acto de servicio. El caso se usó para poner de manifiesto los fallos de la política anti- musulmana del candidato Donald Trump que pretendió hacer una excepción con el alcalde musulmán de Londres y fue rechazada por dicho alcalde produciendo un típico rifirrafe entre políticos. También en este caso ofreció una reacción que ha sido muy criticada (como parte de una campaña electoral en la que todo es campaña) aunque no le falta razón a Trump al decir que fue Clinton la que votó por la guerra de Irak, no él..
El Islam no está contra Occidente ni, en concreto, contra Europa. Pero el yihadismo es una realidad cuyo peligro se confunde con cuestiones meramente demográficas sobre el número de musulmanes en Europa, como si ese número tuviera relación directa con el de yihadistas dispuestos al atentado.




3.  Los musulmanes europeos


Algunos comentarios adicionales sobre la “amenaza musulmana” enfrentando datos a prejuicios, necesitados estos últimos de un mínimo de matización.
1.  No son "invasores" sino inmigrantes y refugiados. El problema, entonces, hay que buscarlo no en lo que creen sino en qué condiciones económicas y políticas viven. El factor de expulsión es más importante que el factor de atracción.
2. Tampoco "nos" invaden. El primer país en recibir a estos inmigrantes-refugiados es un país de mayoría musulmana: Turquía. A finales de 2015 podrían haber alcanzado los dos millones y medio, según dicen.
3. Antes de decir que "nos están invadiendo y pueden llegar a mayoría en pocos años", no estará de más ver el porcentaje de religiones en el mundo y en sus distintos países, por ejemplo según el  World Factbook que edita la CIA.
4.  A esa escala, hay más cristianos (31 %) que musulmanes (23 %) según datos del PEW Research Center de 2012.
5. Los musulmanes no se están convirtiéndose en mayoritarios a escala mundial (cosa, por otro lado, irrelevante para lo que aquí nos ocupa).  Las proyecciones para  2050 hacen de los musulmanes la religión con mayor tasa de crecimiento, pero no por ello mayoritaria. Cercana, eso sí, a la mayoritaria, que es la cristiana (recuérdese que en el Islam hay variedad como la hay entre los cristianos, que también pelearon entre ellos hace 450 años. No se trata de la misma situación, pero sí pueden entenderse cuestiones contemporáneas viendo qué sucedió en las Guerras de Religión europeas). Estas son las proyecciones


6.  Los musulmanes no tienen tasas de natalidad superiores a las de los cristianos. La demografía de las diferentes religiones no tendría que confundirse con la demografía de




los diferentes países o regiones. Cierto que la tasa de natalidad europea es mucho menor que la norafricana que debe de estar en términos parecidos a los de la India (mayoría hinduísta) o latinoamericana (mayoría cristiana, aunque de diferentes confesiones). Pero es inexacto confundir Europa con cristianismo. Por eso se mantienen las tasas (demográficas) de crecimiento del cristianismo.
7. Dicen que si Argelia no se hubiese independizado de Francia, ahora Notre Dame, la catedral de París, sería una mezquita. Problemático. Cuando se comparan países, conviene hacerlo para las mismas fechas. Por ejemplo, no tiene sentido comparar la población de Argelia de ahora (son 37 millones en 2013) con la población de Francia de antes de la independencia (eran 46 millones en 1960). Sí es cierto que en 1960 la población de Argelia (supongo que incluía a los colonos) era un 24 por ciento de la francesa mientras que en 2013 es un 58 por ciento.
8.  La  religión  diferente  lleva   a   tener   tasas   de   natalidad   diferentes. No   hay   tal "determinismo religioso". Así, por ejemplo, la población francesa (cristiana) está disminuyendo y la argelina (musulmana) aumentando. No es la religión sino las condiciones socio-económicas. Los dos países están en puntos diferentes de la llamada "transición demográfica", teoría que atribuye natalidad y mortalidad a diferentes momentos de la industrialización.

En ese contexto mundial, pasemos ahora a los musulmanes en Europa que no son tantos si nos atenemos a las cifras disponibles que muestran a Bulgaria, Holanda, y Francia como países con más del 6 por ciento de población musulmana o conocida como tal seguidos de Bélgica y Alemania, siendo los que mayor porcentaje muestran.







La “visibilización” de los musulmanes tiene que ver con la tendencia a concentrarse en barrios más o menos marginados o marginales del tipo las banlieus francesas o poorer eastern wards de Londres. Se trata de barrios pobres, más visibles que los barrios de los ricos que tienden a invisibilizarse (pienso en algunos condominios en México DF a los que solo falta un puente levadizo y un foso con cocodrilos para hacerlo invisible a los




ojos de los profanos). Además, los musulmanes ricos no forman parte del rechazo popular islamófobo: son “jeques”, no “moros”.
Si aumentamos la perspectiva para ver Europa en su conjunto y no solo en la UE, los porcentajes en Kosovo, Albania, Bosnia, Macedonia y Montenegro (y también Rusia, con sus propios problemas chechenos) son muy superiores a los indicados para la UE. A pesar de todo, según este cómputo, los musulmanes en el conjunto europeo no llegan al 8 por ciento de la población total y para 2050 podrán llegar a ser el 10 por ciento de la población europea, a pesar de ser la religión que más aumenta en el mundo y que podría igualar a la población cristiana en dicha fecha. La razón es su tasa de natalidad y la juventud de sus adherentes.
Hay, además, algunas cuestiones que no siempre quedan claras, sobre todo si nos quedamos en los síntomas y no vamos al diagnóstico. Vayan algunas de ellas.

1.  No todos los musulmanes que llegan a  Europa siguen  fieles  a  su  religión.  Los  hay apóstatas. Esta es una de las primeras advertencias ante las generalizaciones apresuradas. En contextos de familias que están a la defensiva, la apostasía es más difícil, pero el hecho es que se da.
2.  No todos los musulmanes que llegan a Europa y siguen fieles a su religión se radicalizan (se hacen todavía más religiosos) ni todos los que se radicalizan optan por la vía violenta. Intrigante que este último proceso se produzca, en varios casos, dentro de  la familia aunque, como se verá, se da de manera más visible en otros contextos. Que en mi pueblo de residencia habitual haya una carnicería “halal” no implica necesariamente que todos sus clientes sean radicales ni, mucho menos, violentos. Aun así, ha habido problemas con la creación de una sencilla mezquita para uso de los practicantes.
3. Muchos terroristas, delincuentes por el hecho de asesinar, ya eran delincuentes antes de radicalizarse y optar por la violencia. Ladronzuelos, camorristas, traficantes y demás delitos menores están en el curriculum de varios asesinos y son delitos propios de barrios marginales. Los barrios de los ricos se especializan en otras cosas (delito de cuello blanco o de guante blanco), pero tampoco se puede decir que “todos” sus habitantes sean delincuentes. Como en los barrios marginales como he podido comprobar a través de gente conocida que ha vivido en ellos a su llegada a Europa, en este caso desde Argentina.
4. No son muchos, pero son suficientes. Parece que el Estado Islámico ha entrenado a unos 400 para que lleven a cabo ataques en Europa, al margen de los “espontáneos”, asunto que es preciso tener en cuenta. Se trata de una proporción muy pequeña frente    al contingente total del EI y todavía más pequeña sobre el total de musulmanes en Europa.
5. Los gobiernos, y en particular el belga, han sido particularmente chapuceros en este terreno y no solo por no haber compartido información sobre estos ya entrenados sino por no haber "hecho sus deberes" cosa que el ministro español del ramo afirmaba haber hecho. Después de la masacre de Niza, en un 14 de julio, fiesta nacional, el gobierno francés también ha sido acusado de no haber “hecho sus deberes”.




6.  Un error habitual es el de no ver las semejanzas con una guerra de guerrillas que puede durar indefinidamente. Por eso lo dicho en el punto 4 debe ser entendido en este contexto. No se trata de una guerra de posiciones.
7. Pero tampoco se trata de una guerra de guerrillas como, por ejemplo, las de las FARC en Colombia. Hay un caldo de cultivo que sigue inalterado (o incluso incrementado) cuando se pretende haber "descabezado" la organización o ese resulta ser el objetivo (militar por supuesto) buscado. Parece que se trata de una organización organizada verticalmente como un ejército (por tanto, con "cabezas") pero que, al mismo tiempo se organiza horizontalmente.
8. La xenofobia/islamofobia que provocan estos atentados es, en parte, un éxito de los mismos. Gracias a ella (y a otros factores, claro) se producen los fenómenos indicados en 2 y en 3. Causa y efecto, pues.
9.  Cada palo que aguante su vela: gobiernos, comunidad musulmana y resto de la población europea, cada cual tiene algo que aportar para reducir el riesgo de otra catástrofe. Que la habrá.

Cuantos más argumentos se den contra el simplismo, mejor para todos menos para los violentos.

Conviene añadir esta conclusión de un artículo de Moisés Naïm lleno de datos:

La tasa promedio de homicidios en todo el mundo en 2014 fue de 6,24 muertos por cada 100.000 habitantes, mientras que los muertos por terrorismo fueron  0,47 por 100.000. Esto quiere decir que, ese año, por cada 13 homicidios hubo una persona asesinada por un terrorista.
Los números del terrorismo son relativamente bajos cuando los comparamos con otras causas de muerte. Pero sus consecuencias son desproporcionadamente grandes.

4.  El simplismo como arma


El simplismo de los planteamientos propagandísticos del Estado Islámico y antes de Al Qaeda se parece, en su función, al simplismo de los planteamientos xenófobos e islamófobos: buscan movilizar a personas con características personales y sociales aptas para ser cooptados. Las respuestas oficiales en "occidente" ante los ataques terroristas son estándar: odian nuestra democracia, la modernidad y el (relativo) secularismo mientras su religión bendice (y fomenta) la yihad, la lucha violenta contra el infiel, en un afán misionero universalista (algo así como el "id y predicad a todas las gentes" del Evangelio cristiano, pero con más violencia).

Viéndolo desde Francia, esto decía Sarkozy recientemente:

« La France, c’est un corps, c’est un esprit, c’est une âme »




Es un cuerpo, es decir, es un Estado. Es un espíritu, es decir, es algo que se trasmite de padres a hijos. Es un alma, es decir, es un sentimiento nacionalista. Nada que le diferencie de los nacionalismos sin Estado excepto en que ahí sí que hay un Estado. Por lo menos desde la Grand Révolution, la de 1789. Cierto que hay pequeños problemas con algunos corsos que quieren tener su propio Estado. Y los hay en Bretaña o en el Languedoc porque, aun aceptando el "cuerpo", preferirían otra alma.
Pero es que los dichos del nacionalista no tienen desperdicio y se pueden leer en Le Monde cuando trona contra la:
« tyrannie des minorités qui fait chaque jour davantage reculer la République »

Ah, sí, hay algo más ¿Inmigrantes? En particular, ¿musulmanes?. Evidente, Francia es un:
« pays chrétien dans sa culture et dans ses mœurs, un pays ouvert, accueillant, tolérant »,
« un pays que doivent respecter ceux qui veulent y vivre ».

Así que ya saben los que vengan (volveré a ese asunto en el último epígrafe del presente texto)
¿Nacionalismo excluyente? Pues eso parece.

« Pourquoi, dans une société multiculturelle, tout le monde aurait-il le droit de cultiver sa différence, tout le monde sauf la majorité, tout le monde sauf le  peuple français qui commettrait un crime contre l’altérité en voulant demeurer lui-même ? »

Me suena. Como si ya hubiese leído esas cosas en otras partes tanto desde Estados a la búsqueda de su nación como de naciones a la búsqueda de su Estado. Pero me  temo  que ese no es el problema. Yo antes preguntaría sobre el poder de quién sobre quién  para qué. Sobre todo para qué. Y me temo que lo de la identidad no es  más  que un medio presentado como si fuese un fin para esconder el fin que realmente se está buscando mientras los que escuchan quedan arrobados por tales propósitos que les enaltecen aunque sean unos mindundis.
Esa respuesta identitaria ante los ataques pasa por alto dos hechos que tendrían que ser archisabidos: la mayor parte de esos ataques se producen en países de mayoría musulmana. Incluso cuando se busca afanosamente una componente religiosa en un ataque, como se intentó en el reciente en la India que se presentó como ataque a los cristianos que después resultó que había tenido mayoría de víctimas musulmanas, se acaba encontrando otro tipo de motivaciones o estrategias de tipo político, económico y social por delante de lo religioso-cultural.




El otro hecho es la historia: atacan a "occidente", según ellos mismos dicen, por lo que "occidente" ha hecho y está haciendo en algunos países de Oriente (Medio y "Lejano"). Sin  necesidad   de   remontarse   a   las   Cruzadas,   la   historia   de   las   intervenciones "occidentales" no es precisamente un dechado de perfecciones cristianas. Pero es “su” simplismo presentarla como “la” causa.
El "por qué nos atacan" tendría que responderse con algo más de seriedad que las soflamas de los líderes "occidentales" orgullosos de su democracia, modernidad y secularismo. Si atacan en sitios tan diferentes y por motivos muy distintos unos de  otros, habrá que buscar otro tipo de argumentos al margen del simplismo de las  soflamas del EI..
En ese texto que cito hay también referencias a justificaciones que algunos de estos practicantes del terrorismo dan a sus actos. Por cierto, Kerry fue a Hiroshima, pero todavía el gobierno estadounidense no ha pedido disculpas por aquel ataque terrorista, cosa que no estaría mal que hiciera Obama si, como fantaseo, visita Hiroshima el próximo 6 de agosto, aniversario de la masacre perpetrada por los cristianos contra los shintoístas -?-. Claro que no atacaron por motivos religiosos, faltaría más.
Las circunstancias personales que llevan a practicar el ataque terrorista convencional incluyen la facilidad para ser engañado. En paralelo podría considerarse el curioso porcentaje de partidarios del Brexit contra los inmigrantes en distritos ingleses en los que, prácticamente, no hay inmigrantes. Los inmigrantes no son la variable explicativa sino el nivel educativo: más bajo en los distritos en los que ha triunfado el Brexit.
Un caso más pertinente como antídoto para el simplismo: el de un  musulmán  que odiaba a los árabes y a los turcos, a saber, el asesino de Munich, alemán “de origen iraní” y que se sentía “ario”.
También sería simplismo reducir el problema a condiciones climatológicas adversas unidas a sociedades dividas para explicar enfrentamientos armados, todo ello al margen de la aconsejable duda metódica sobre estas investigaciones científicas (fallos y malas prácticas han echado por tierra numerosas investigaciones de “alto  nivel científico” sobre el cerebro). No es “una” causa sino constelación de varias de ellas. Si fuera “la” causa, las condiciones climatológicas de julio de 2016 explicarían la cantidad de  muertes masivas perpetradas en Francia, Alemania, Estados Unidos, Siria, Irak, Afganistán y, también, Palestina en dicho mes. Las de Siria, perpetradas por los  ejércitos “occidentales”, es decir, dirigidos por los Estados Unidos, han sido objeto de particulares discusiones. Lo que sí es constatable es el aumento de  personas  desplazadas por desastres relacionados con el clima y las preocupantes proyecciones cara al futuro.
Otro simplismo es suponer que solo existe el Estado Islámico como antes se creía que solo existía Al Qaeda, que no hay rivalidades y violencias entre grupos armados diferentes incluyendo Al Nusra y que lo que hay detrás de esas organizaciones es solo el Islam.  Evidente:  una  misma  causa  no  puede  producir  efectos  diferentes  y, encima,




enfrentados entre sí, sobre todo, en este caso, sabiendo que un musulmán tal vez pueda matar a un infiel, pero nunca a otro musulmán. Y los matan.

5.  Más simplismo


Entre el simplismo europeo está incluso el suponer que los muyaidines que fueron a luchar a Afganistán contra los infieles comunistas (azuzados, en parte, por "Occidente") regresaron como “afganos” a sus países de origen con idénticas prácticas políticas. O suponer que los que han ido a Siria son todos iguales. Tampoco son iguales los que han regresado: los hay desilusionados por la corrupción observada, las prácticas poco islámicas observadas y los excesos observados en el "campo de batalla", aunque sea muy difícil cuantificar el contenido de cada una de esas categorías, sobre todo sabiendo que, desde el punto de vista de generación del miedo (ver epígrafe 10, más adelante), es más “práctico” dar al grupo como homogéneo.
Los datos sobre "los que se van" a luchar en Irak-Siria, es decir, en el Estado Islámico serían estos, problemáticos como es de suponer


El tamaño de los círculos refleja el número de "los que se han ido" y el color la proporción respecto al número de habitantes del país. Las barras se refieren a los mayores pesos de la población musulmana en países de Europa Occidental. Lástima que no venga ese dato sobre Rusia, aunque sí viene el de los "voluntarios". Aun así, este último dato echa por tierra los dichos que han corrido por las redes sobre lo bien que lo está haciendo Putin en este terreno. Sobre "las canteras europeas de la yihad" se puede ver el texto y el mapa interactivo que publica el ABC. Se comprende que se detenga a quienes pretenden pasarse al EI, normalmente a través de Turquía. Por lo menos antes del confuso golpe de Estado producido en julio. Perseguir las intenciones es una política




demasiado ambigua como para no producir errores en un sentido y otro (detener a quien no tiene tal intención, si es que la intención es un delito, y no detener  a quien sí la  tiene).
Responder a la violencia con la violencia (vuelvo de inmediato al tema) es garantizarse que no hay final posible (Gandhi reconocía que si se practica el ojo por ojo, al final  todos ciegos). Y esa parece ser la opción de algunos gobiernos europeos y de la dirigencia del Estado Islámico cuyo futuro como califato con base territorial es problemático incluso en Irak, pero que pasa por el uso de la violencia. No  solo  en Europa sino también en el sureste asiático. ¿Un mundo post-EI?
Se pueden decir muchas mentiras con cifras, pero no por eso hay que despreciarlas (a  las cifras; a las mentiras, sí). Es suficiente tomar las cifras cum mica salis y contrastarlas con las mentiras que tal vez recibamos en palabras y sin cifras.
El The Economist dedicaba uno de sus "leaders" a lo que titulaba "The war within". Curiosamente, el fondo era el mismo que el de un artículo de Shlomo Ben Ami por las mismas fechas sobre el "euroyihadismo", a saber, que hay que tener cuidado con las respuestas fáciles y sencillas y que no hay que atribuirlo todo al "exterior" (como parece que está haciendo el presidente Maduro en Venezuela, donde todo es culpa del "imperio" y del "colonialismo español" y su "basura colonialista").
Por lo que se refiere al euroyihadismo, el ex-embajador de Israel era claro: hay que buscar los elementos "euro" antes de lanzarse a echarle toda la culpa el Islam o, en concreto, a los árabes (hay que repetirlo siempre: hay musulmanes que no son árabes - los iraníes, por ejemplo- y árabes que no son musulmanes -aunque algunos tengan problemas internos como en Arabia Saudita-). Nota: hay, sí, yihadistas estadounidenses pero en cantidad muy, pero que muy inferior a los europeos.
Por el otro lado, dirá The Economist en su "leader" (que, como casi toda la revista, viene sin firma, es decir, que viene a ser como una editorial -eso sí, el especial  sobre el  mundo árabe sí viene firmado-) que el problema de los árabes puede atribuirse a Sykes- Picot (al colonialismo europeo) o al intervencionismo estadounidense. Pero no vendrá mal buscar las raíces locales antes de lanzarse a respuestas fáciles y simples. Beware of easy answers, recordará en un epígrafe.
Cierto que, como dice el artículo, la situación posterior a las "primaveras árabes" no es muy halagadora. Incluyendo al Egipto de al-Sisi, peor que Mubarak para muchos, y centrándose en Irak, Siria, Libia, Yemen. Que ha habido intervención extranjera está fuera de discusión, pero se entiende esa retirada al refugio de la identidad cuando las condiciones generales empeoran sensiblemente (ya pasó en Argelia con el FIS). Además, en lugar del hablar de "choque de civilizaciones", más convendría hablar de "choque dentro de la civilización árabe". Hay problemas que no se entienden sin entender rivalidades, algunas sobrepasando dicha civilización, como el conflicto entre Arabia Saudita e Irán, entre “árabes” y “arios”.




Ambos artículos coinciden en reducir el papel que el Islam tiene en esta situación. Condiciones de desarraigo, desempleo, vulnerabilidad, rechazo, marginación o pobreza de determinadas comunidades en Europa y en el mundo árabe explican mejor la aparición del yihadismo que, como es sabido y constatado, es rechazado por la mayoría de dichas comunidades.

6.  Asesinos


Pero el problema es que algunos matan y lo hacen de manera espectacular. Es comprensible que los europeos, con su comprensible eurocentrismo, piensen en estos atentados que asocian con el Islam como una cuestión que les afecta a ellos solos como reflejaba Le Monde: en torno a los 2.000 muertos desde 2001. Y es también comprensible que se planteen preguntas sobre lo inmediato de tales atentados (a comparar  con  esta versión  estadounidense).  Pero  hay  más:  desde  la   creación    del
« califato » en territorio entre Siria e Irak en 2014 e incluyendo la adscripción de Boko Haram en 2015, Le Monde tiene igualmente constancia de 213 actos terroristas cometidos por el EI o sus « franquicias » (que las tiene como las ha tenido Al Qaeda) en 28 países que han producido más de 3.000 muertos (se excluyen los muertos en Siria e Irak, pero no se reducen únicamente a Europa). Algunos son bien conocidos antes y después de la creación del EI: Nueva York en 2001, Madrid en 2004, Londres en 2005, Toulouse en 2012, Londres y Boston en 2013, Ottawa y Sidney en 2014, Túnez y la playa de Susa en 2015, París en enero y noviembre de 2015, Rusia en 2015, Bruselas. Niza y Normandía en julio de 2016
Hay algo más: la violencia indiscriminada contra no-combatientes, es decir, civiles. Hay un buen análisis de los efectos de causar víctimas civiles en el caso de Afganistán, extensible a Yemen, Irak, Siria y Paquistán.
Los asesinos forman un conjunto muy heterogéneo (desde el subproletariado bangladesí que puede “inspirarse” en el EI a los ex delincuentes de Bruselas o París pasando por gente corriente y moliente e incluyendo a desadaptados "lobos solitarios"). Sus condiciones de vida tienen que ser tenidas en cuenta por una razón muy sencilla: si la religión fuera LA causa, todos los que la comparten tendrían ese comportamiento asesino. La pregunta, entonces, es sobre los factores que llevan a que este individuo  mate y el de al lado, con condiciones semejantes -incluida la religiosa-, no mate.
Como los militares dedican una parte de su trabajo a enseñar a matar, me sigue resultando interesante este libro de uno de ellos sobre cómo aprender a matar y, en particular, este gráfico que copio de allí:






En las características del individuo se incluye su temperamento, sus experiencias recientes y el entrenamiento. Algo se sabe. Las experiencias pueden incluir  marginación, frustración, "mobbing" y similares.
El grupo es importante pues va a suponer un apoyo para la acción. Pero también lo es la autoridad (se incluye la del Corán, leído a la manera de cada cual, como sucede con todas las demás religiones con Libro) y cómo se ve a la víctima y se  entiende  la distancia que les separa (cultural, moral -si son pecadores, mejor- etc.).
La pregunta final es sobre qué pretenden "los que les mandan". Porque algo quieren. Y  si no se habla de eso, lo demás se convierte en una discusión sobre los asesinatos en Chicago: 315 en lo que va de año (se podría llegar a 600 en este 2016), 15 enfrentamientos armados al día que suponen 2 muertos al día en el pasado mes de junio. No es terrorismo, pero es terrorífico y más en vísperas del 4 de julio, que siempre suele resultar algo más violento que en días normales.

7.  Convertirse en asesino


Las trayectorias de estos asesinos comienzan a conocerse y parece claro que la religión no es "el" factor determinante. Cierto que algunos pasan del islamismo "sociológico" (poco practicante) a la observancia y de ahí al wahabismo y de ahí al salafismo y de ahí al yihadismo tal como se lo entiende en Europa, es decir, violento. Pero la religión viene después, no antes de su radicalización.




Esta es una buena revisión de la literatura sobre los factores que llevan al extremismo violento y este el resumen de dichos factores


El Royal United Services Institute (www.rusi.org) publicó el pasado octubre un estudio sobre los factores que podían llevar a la radicalización política y, eventualmente, a extremismo violento. Para ello, revisaron más de 150 libros y artículos académicos  sobre el tema, intentando ver qué respuestas parecían comprobadas y cuáles no. Traduzco, ordeno según su clasificación y añado, en algún caso, un comentario.
1.  Estos factores no llevan a la radicalización
Las madrassas, los centros de educación islámicos, como canal de difusión y adoctrinamiento de propuestas extremistas.
La vulnerabilidad ante los mensajes extremistas producida por la escasez  de información, analfabetismo funcional y falta de fuentes de información variadas, llevando todo ello a ver los problemas en blanco o negro con escasa comprensión del contexto.
La falta de empoderamiento de las mujeres que se supone, erróneamente, que juegan un papel moderador contra el extremismo.
Los ideales de masculinidad y honor que son difíciles de alcanzar en determinadas sociedades.
Comentario: no es la religión en cuanto tal ni la ignorancia ni un determinado sexismo  lo que está detrás de este problema.
2.  Estos factores sí que llevan a la radicalización
Desigualdad y discriminación institucionalizada que coinciden con divisiones religiosas o étnicas.




El fracaso de los gobiernos en proporcionar servicios básicos (sanidad, educación, bienestar). Favorece que grupos extremistas cubran esas necesidades y consigan apoyo en consecuencia.
Ausencia de paz y seguridad. En ese contexto, las poblaciones están dispuestas a menudo a aceptar cualquier entidad que les ofrezca estabilidad
La búsqueda de la identidad personal y de grupo entre los que sienten que ha sido debilitada por un cambio social rápido.
El crecimiento de las identidades religiosas y étnicas, sobre todo si entran en competencia con la lealtad hacia el estado.
Comentario: Desigualdad, discriminación, inseguridad, alienación política, insatisfacción de otras necesidades básicas. La religión viene después.
3.  Estos factores, también, pero con muchas más excepciones
Los grupos organizados de la sociedad civil que han intentado cambiar las cosas relacionándose con el estado y no lo han conseguido, es más probable que, a veces, recurran a tácticas extremistas y que, eventualmente, alcancen apoyo por parte de la población general.
Experiencias de discriminación y exclusión compartidas pueden llevar a que se acepte o se dé crédito a una sola versión mezclando resentimientos y objetivos en una sola solución.
Comentario: el fracaso de grupos que hasta han podido ser bienintencionados en su origen y las respuestas simplistas ante situaciones complejas se mezclan, y no solo para llegar a comportamientos violentos, pero sí radicales (no hay que irse muy lejos de la Península Ibérica). Pero las respuestas simplistas pueden llevar a nuevos fracasos con lo que lo que produce es todavía mayor retraimiento.
4.  Finalmente, estos factores unas veces llevan a la radicalización y otras no
La pobreza de ingresos y las carencias son factores que pueden llevar a la radicalización. O al conservadurismo.
Una participación política bloqueada, corrupción muy extendida en el proceso político, dominación por parte de una élite y escasas esperanzas de cambio que crean frustración que puede ser aprovechada por grupos extremistas aunque no siempre.
El fracaso del estado en proporcionar seguridad y justicia junto a la experiencia popular de instituciones predatorias y opresivas del sector de la seguridad, son factores que llevan al extremismo. O al retraimiento.
Los jóvenes subempleados con aspiraciones frustradas y con papel muy limitado en la sociedad son particularmente susceptibles de radicalización. No siempre.
Los sucesos en Palestina o Irak percibidos como un ataque mundial contra el Islam y la creencia de que los países de mayoría musulmana son menos prósperos de lo que deberían (como resultado de políticas occidentales), originan indignación y resentimiento que fomenta el apoyo a la acción extremista.
Comentario: la pobreza no es el problema, sino la desigualdad y la discriminación. Me resulta inesperado el último punto, el de Palestina, Irak y demás situaciones violentas en el mundo  de mayoría  musulmana. Pero eso  dice  la  literatura analizada por el  informe




que estoy siguiendo. Que “los países de mayoría musulmana son menos prósperos de lo que deberían” probablemente tiene apoyo entre unos, menos informados, que entre otros que saben cuál es la situación de las monarquías petroleras. Porque si el problema es de desigualdad, esta ya se da entre “países de mayoría musulmana”, por ejemplo en las clasificaciones del PNUD y su “índice de desarrollo humano”. Dichos países se encuentran en todas las categorías, arriba y abajo.
En general, conviene hacer salvedades sobre las fuentes del estudio en cuestión. Pero no es malo el enfrentarse a los resultados.
Un caso particular es el de los llamados “lobos solitarios”, subrayando lo de “llamados” ya que algunos, tal vez, lo sean, pero otros tienen lazos con personas, grupos o instituciones de las que han recibido inspiración, motivaciones, instrucción y hasta materiales. Se trata, como se ha dicho, de violencia política, no de “radicalización” y menos de radicalización en poco tiempo. Recuérdese que el asesino de Munich, alemán (“de origen iraní” como se decía) se declaraba orgulloso de ser “ario”, contrario a turcos y árabes, imitador del noruego Breivik y admirador de Hitler.
El reservar “la palabra terrorista” para los asesinatos múltiples cometidos por musulmanes es una sospechosa forma de simplismo. No todo asesinato múltiple es yihadista y, por tanto, no todo asesinato múltiple es etiquetado como “terrorismo”, que  se reserva, ilegítimamente, para los yihadistas. El polémico ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido ha dado buen ejemplo de ello: llamó “terrorista” a uno de dichos actos y se lo corrigieron: había que mantener el guión.
8. Agentes

El papel del reclutador es muy importante, sea en la cárcel, la mezquita, el grupo de amigos o internet. Es gente que sabe percibir la vulnerabilidad de quien puede ser cooptado, conocidas sus circunstancias personales. O, simplemente, que deja  su mensaje para que quien lo necesite pueda asimilarlo y hacerlo propio.
Tres son los contextos en los que, parece, se produce el paso desde el “islamismo sociológico” a la radicalización. Uso “islamismo sociológico” en el mismo sentido en que se usa “catolicismo sociológico” en las Españas: no hay práctica religiosa, las creencias son difusas si es que las hay y la relación con los centros de culto suele reducirse a los entierros, ahora que las bodas parecen ir de capa caída. Pues bien: los  tres contextos parecen ser el de la cárcel, las redes sociales y los centros de culto, y los pongo en orden de mayor a menor eficacia en conseguir radicalizar al futuro terrorista (el terrorista no nace: se hace). Vamos a imaginar cómo puede producirse dicho  proceso. Hay una parte que proviene de investigaciones realizadas por otros y otra que es pura especulación por lo que a respecta.
1.  El caso de las cárceles ha sido estudiado sobre todo en Inglaterra, pero es conocida la existencia de “reclutadores” también en Francia, Bélgica y España. El individuo con una mera adhesión ambiental al Islam comete un pequeño  delito  y va  la  cárcel (los  que




cometen grandes delitos tardan mucho más, como es sabido). Se encuentra solo, inseguro, temeroso de un ambiente nuevo percibido como hostil. Y en ese momento aparece un compañero que le ofrece, simultáneamente, varias cosas que para el individuo son muy valiosas: primero, protección frente a las violencias internas; segundo, un grupo en el que integrarse, pasear, fumar, hacer deporte y lo que sea; y un sentido a su vida compartido con el grupo que le protege: la versión radical (salafista, wahabita o lo que corresponda) del Islam. A eso se le llama conversión con la consiguiente obediencia a la autoridad y aceptación de los mitos propios de esa religión (cada religión tiene los suyos, no se vaya a creer que el Islam es un caso raro).
2.  Las redes sociales tienen una dinámica diferente. Se trata de individuos aislados que “navegan” por internet creyendo que así se relacionan con la gente (craso error: la relación humana sigue siendo cara a cara y la pantalla solo es un mal menor). Buscan, pasean, caen tal vez en páginas que el Islam convencional rechaza (rechaza los comportamientos que reflejan o los que provocan; hablo, claro está, del sexo) y de repente encuentra temas que le recuerdan su infancia (sus padres eran  creyentes  devotos, pero él se emancipó rechazando lo que veía como tradición y no le ayudaba a integrarse en la nueva sociedad), comienza a relacionarse más con esas páginas, aparecen personas que le dan sentido a su vida de marginado y desempleado y le proponen pasar de ser un mindundi a ser un guerrero, un héroe, qué héroe: un superhombre capaz de las más grandes hazañas que se hayan podido cometer. Claro, eso viene envuelto progresivamente con elementos trascendentales, y trascendental significa superar la situación de marginación presente. Y se da la conversión. Por supuesto que  no todos los posibles candidatos caen en esas redes, redes a las que no accedemos los  que no parece que estemos por la cuestión. De hecho, el porcentaje de yihadistas “occidentales” respecto a la población en la que se originan es muy bajo y probablemente no llegue al 5 por ciento. Eso sí: ese cinco por ciento es capaz de matar.
3.   Las mezquitas, como el culto para algunos cristianos o las parroquias para algunos católicos, no son un lugar de conversión. Me extrañaría que alguien se hubiese convertido en un centro de ese tipo. Se asiste por “islamismo sociológico”, familiar, “lo que hay que hacer” en el día correspondiente y es una forma de sociabilidad, muy evidente en grupos marginales de “catolicismo sociológico” que se convierten al culto como forma de recuperar las relaciones sociales cotidianas. Para el caso musulmán es posible que suceda algo parecido: se asiste, ahí se escucha una predicación que, como tantas predicaciones, entra por un oído y sale por el otro, pero que va calando si va acompañada de apoyo en el propio grupo, el de la familia, el de los amigos. Cuando lo que se oye se puede “anclar” en un grupo, adquiere un valor de verdad que no tendría si uno lo escuchase en la más absoluta soledad. Y, sí, puede haber un imam que, convenientemente financiado por países petroleros, insista en las versiones más  radicales del Islam y que eso vaya calando en grupos que, con el correspondiente “reclutador” al acecho, den el paso hacia el martirio como forma suprema de expresión religiosa.




9.  Los otros terrorismos


El terrorismo yihadista no es el único terrorismo que hay en Europa y, desde algunas perspectivas, su letalidad es menor que la de otros terrorismos europeos (secesionistas, de extrema derecha o  extrema  izquierda  y  similares).  Aquí  puede  leerse  otro  estudio sobre los lobos solitarios estadounidenses con cuantificaciones sobre personas, planificación, armas etc. y constatando que, después del 11-S, los ataques no-yihadistas han sido más numerosos que los yihadistas locales
Este gráfico de The Economist muestra el número de muertos causados por  el  terrorismo en Europa hasta 2015 distinguiendo, en rojo, los causados por yihadistas, en azul los causados por otros y, en un color que no sé cómo se llama, los que no se sabe quién los ha causado (en Suiza y Holanda según el gráfico).

Véase lo importante que fue el caso de Noruega (Breivik, una sola persona, en Oslo y en la isla Utoya. en 2011) que causó más muertos que el del Reino Unido en 2005. Véase también lo muy importante, bajo cualquier criterio, que fue el de Atocha en España (2004)   cuando   el  gobierno   evitó   atribuir   el   atentado   al  yihadismo   y pretendió




relacionarlo con ETA, argumento que todavía perdura y emerge de vez en cuando en los medios.
Por casualidades de la vida, cuando se produjo el atentado en Oklahoma City en 1995   yo estaba escuchando una emisora de radio estadounidense. El diagnóstico fue claro en lo que se refería a los autores: "muslim fanatics". Pero no lo fue. Resultó que Timothy McVeigh ni siquiera era negro: es blanco y cristiano. Los dispuestos a encontrar a los "fanáticos musulmanes" detrás de cada atentado quedaron muy frustrados. Porque hay un terrorismo de extrema derecha que nada tiene que ver con los musulmanes (que, sin duda, también cometen atentados) y todavía menos si se toma la larga lista de casos con que cuenta Estados Unidos (esta lista exagera un poco, pero no por eso deja de ser interesante).
Si se repasa la lista de países en los que el acceso a las armas está reconocido como un derecho ciudadano, es cierto que los Estados Unidos están (segunda enmienda a su Constitución) y lo ejercen con entusiasmo. Pero no son los únicos en los que las armas están presentes aunque proporcionen tasas muy altas de tenencia de las tales.
Con eso llegamos a Orlando, con esa ametralladora AR-15 de fácil compra y con intentos desesperados para hacer responsable al Estado Islámico (sucesor de Al Qaeda  en la atribución de todos los males). No soy el único que duda de esta última atribución aunque sea difícil, a estas alturas, atribuir esos asesinatos a la homofobia pura y simple  o al terrorismo local, como "lobo solitario". No soy quien para negar lo del EI (no tengo información), pero ya resulta sintomático que Obama (que algo de información debe de tener, aunque siempre se pueden sospechar intenciones ocultas que incluyen la manipulación) haya tildado el asunto como act of terror and an act of hate”, terror y crimen de odio. Aunque más parece esto último (homofobia) más que aquello (yijadismo). Cosecha propia. Coinciden Obama y el FBI. Un enfermo tal vez, inspirado en actos como el de San Bernardino. Pero un enfermo con fácil acceso a las armas.
Un reciente estudio del Royal United Services Institute for Defence and  Security  Studies sobre este tipo de terrorismo entre el año 2000 y el 2014 en Europa proporciona algunos datos interesantes al comparar el del lobo solitario del tipo del noruego Breivik, es decir, de extrema derecha con el de lobos solitarios de suficiente adscripción islámica como para ser clasificados en ella. En proporción vienen a ser parecidos: 38 por ciento del total son de extrema derecha y 33 por ciento se clasifican como islamistas. Pero son mucho más diferentes en cuanto a su letalidad: los de extrema derecha habrían producido 260 heridos y 94 muertos (recuérdese que incluye el caso extremo de Noruega) mientras que los de adscripción musulmana habría herido a 65 personas y matado a 15.
El estudio que cito cita a su vez un trabajo del Institute for Economics and Peace que atribuye el 80 por ciento de las muertes perpetradas por lobos solitarios en Occidente a actores de extrema derecha, nacionalistas y antigubernamentales.




La cuestión es saber cuál de los dos terrorismos tiene mayores probabilidades de aumentar en el próximo futuro y cuáles son las causas que lo producen (se incluye, obviamente, la salud mental, pero, para ambos, en ningún caso como único factor). La diferencia entre el contexto estadounidense (musulmanes poco radicalizados, intervención particular del FBI) y el europeo hace pensar que el terrorismo de lobo solitario podría ser más frecuente en aquel territorio que en este.
Tomados del Índice de Terrorismo Mundial, hay algunos datos a considerar..

The number of countries to experience at least one or more deaths from terrorist activity has increased from 59 in 2013 to 67 in 2014. This includes OECD countries such as Austria, Australia, Belgium, Canada and France.
Despite this, just fiive countries Afghanistan, Iraq, Nigeria, Pakistan and Syria - account for 78% of all deaths in 2014. It is important to note that over 60% of  the countries ranked by the Index experienced no deaths from terrorism.



Este es el mapa del índice:
Un 60 por ciento de países no han tenido ninguna muerte por terrorismo, aunque la actividad ha aumentado en el año de referencia (2014). La enorme cantidad de muertos se ha producido en países de mayoría musulmana, pero los países de la OCDE no están exentos. Irak es el país con más muertes por terrorismo y Nigeria el país donde más han aumentado (entre el Estado Islámico y Boko Haram,  ya se obtiene el 51 por ciento de  las muertes de 2014, razón para buscar de dónde venía el 49 por ciento restante).
Este era el mapa de casos:




De alguno de los índices atribuidos no estoy tan seguro, pero eso debe de ser paranoia del que está cansado de que le engañen con datos como si las cifras fuesen garantía de verdad absoluta. Eso sí: me creo que, a escala mundial, muere más gente por homicidio que por terrorismo (trece veces más según el informe).
show that since 2012 there has been a dramatic rise in the number of deaths from terrorist attacks [no solo yihadistas] across the world. In western Europe, however, the figure has decreased since the early 1990s.
Although terrorist attacks took place in nearly 100 countries in 2015, they were heavily concentrated geographically. More than 50% of all attacks took place in five countries (Iraq, Afghanistan, Pakistan, India, and the Philippines), and 69% of all deaths due to terrorist attacks took place in five countries (Iraq, Afghanistan, Nigeria, Syria, and Yemen). [Pocos cambios a este respecto].

While the Islamic State of Iraq and the Levant (ISIL) was responsible for 10% fewer terrorist attacks in Iraq, the number of attacks carried out by ISIL in  Syria




increased by 58%. The geographic reach of attacks by ISIL and its affiliates expanded as several existing terrorist groups pledged allegiance to ISIL. In addition to Boko Haram in West Africa, the most active of these ISIL branches were located in Afghanistan/Pakistan, Egypt, Libya, and Yemen. More than 15 perpetrator groups self-identified as "provinces" of the Islamic State in 2015, compared to four in 2014.
El mapa de los últimos 45 años es también interesante (España refleja también los últimos asesinatos de ETA):


La lógica del “loco” y la del “yihadista” son diferentes, pero sus prácticas no son tan fáciles de distinguir. Hay, sin duda, “yihadistas” que están “locos”, aunque los hay muy cuerdos. Igual que no todos los “yihadistas” han sido antes delincuentes comunes con problemas con la policía, pero se conocen casos en los que sí lo han sido. Lo curioso del caso es que, ante un ataque violento que incluye muertes y heridos, la SO15 inglesa intervenga ya que el causante de 19 años, noruego de origen somalí que ha vivido en Inglaterra los últimos diez años, puede tener problemas de “salud mental” que expliquen sus hechos, pero también puede tratarse de “terrorismo” (y así lo recogió alguna prensa española). ¿Va ganando el miedo o la manipulación o la prevención?

10.  Miedo


El miedo y la inseguridad son malas consejeras. Se pueden trasformar con facilidad en violencia y, en todo caso, son terreno abonado para políticos “occidentales” y reclutadores yihadistas con intereses relativos al poder, no a las ideas o los valores.
“Política del miedo” es el tema del informe de este año del Human Rights Watch en la medida en que el miedo es utilizado para reducir la satisfacción de derechos humanos. En particular, el miedo al terrorismo (yihadista, por supuesto) y el miedo a los refugiados, inmigrantes y, en general, al "diferente", una especie de "barbari ad portas". Malos presagios.
Provocar el miedo se puede hacer mediante un acto violento o mediante la magnificación del mismo o por el anuncio de ulteriores violencias.




Estos resultados vienen de una reciente encuesta del Pew Research Center:

Siempre se puede dudar si las mayorías tienen razón (las mayorías no son un instrumento para conocer la verdad, sino una regla para tomar decisiones). Lo que sí es claro es que se da una notable diferencia de percepciones de un país a otro y casi parece que a más preocupación con el impacto de la “crisis de los refugiados” sobre el terrorismo, mayor presencia de partidos xenófobos. Difícil saber cuál es la causa y cuál es el efecto.
Como tantas otras veces, lo más interesante no son las respuestas sino las preguntas: terrorismo, desempleo, criminalidad asociados en el imaginario de los encuestados con el fenómeno de los refugiados. No sé, podrían preguntar por rejuvenecimiento de poblaciones, ocupación de empleos que nadie quiere, salarios medios ("ejército de reserva", que diría Marx), acceso real a los servicios "universales" y cosas de esas. En todo caso, el miedo y el descontento son reales. También en los Estados Unidos y puede tener consecuencias electorales.
Lo hacen políticos y reclutadores que saben que el inseguro es más dócil y más dispuesto a creerse simplificaciones, en particular las que se refieren al "enemigo" (sea el "cruzado" o el "musulmán").
Ignacio Ramonet lo expone aquí: el auge de la extrema derecha y de la xenofobia (no siempre la xenofobia es de derechas) en la civilizada Europa, la de los valores, la democracia y la Ilustración, se explica por el tipo particular de miedo que se difunde entre capas importantes de la población europea. Los miedos son nuevos: son más económicos (desempleo, crisis, pobreza, servicios públicos en decadencia, pensiones inciertas etcétera). Ramonet recuerda los miedos anteriores, los del siglo pasado. Pero es fácil estar de acuerdo en que hay un miedo que explica aquellos auges y aquella xenofobia. Los políticos utilizan el miedo y la presentación de un enemigo sencillo e identificable para obtener el correspondiente rédito electoral.




Añado: ese miedo sirve para explicar esos fenómenos, pero también el auge de la depresión incluyendo la depresión que lleva al suicidio (que también aumenta).
Y añado todavía más: ese miedo sirve para explicar el auge del yihadismo entre jóvenes europeos, sean de origen musulmán (no necesariamente de muy practicantes) o  de origen cristiano. Tiene la misma estructura que lo que cuenta Ramonet: es utilizado por los reclutadores como otros lo utilizan para aumentar el rechazo  a todos los  musulmanes ya que es más sencilla la islamofobia general que el molestarse en plantear análisis concretos de situaciones concretas.
El miedo lleva a situaciones que rayan en la histeria como cuando se hace descender de un avión a un matemático, sospechoso al ver los extraños signos que escribe en su tablet y que son fórmulas, no árabe, o a una psicoterapeuta que trabaja en el campo de la “radicalización”, sospechosa por estar leyendo un libro sobre arte pero en Siria. Excesos de histeria.
Y termino: no es buena estrategia intelectual (aunque sí política) explicar fenómenos recurriendo a un solo factor. La razón es sencilla: no hay fenómenos que se deban a un solo factor. El miedo, pues, es uno de ellos y hace falta ver, por seguir con mis tres salidas (xenofobia, depresión suicida y yihadismo), por qué unos van en una dirección y otros en otra. Obvio: hay otros factores personales, sociales y culturales que hay que considerar.
Es algo que el EI sabe bien y pone en práctica con los jóvenes europeos, de escasa formación religiosa y mucho más escasa observancia y que no conocen los verdaderos objetivos del DAESH. Son sus miedos e inseguridades los que son utilizados como instrumento de captación. Y si haría falta afrontar los de los demás europeos, con la misma razón es preciso afrontar los miedos e inseguridades de los “reclutables”.

11.  Tiempo al tiempo


Siendo problemas que vienen de antiguo y que han entrado en una espiral de violencia, no tiene mucho sentido pensar que se van a resolver de un día para otro. Los problemas complejos no suelen tener soluciones sencillas. Difícil solución. Lenta  en  cualquier caso. No solo está la cuestión de las invasiones árabes y bereberes a Europa (la fecha clásica para la Hispania de entonces es el 711) o las invasiones europeas a países de mayoría musulmana iniciadas en el siglo XI llamadas cruzadas al grito de “Dios lo quiere” según habría dicho el papa Urbano II (yihadista cristiano a lo que parece). También está la historia reciente desde Palestina a Siria pasando por Afganistán, Irak o Libia. No es “la” causa, pero aparece en las autolegitimaciones de los yihadistas europeos. La guerra de los drones, por ejemplo en Pakistán, también produce muertes de civiles (mujeres y niños) cuyas familias pueden clamar venganza.
Hablando de las explicaciones del fenómeno, se decía en Al Yazira (La Península en árabe, Aljazeera en su transliteración inglesa) que




Active warfare and serious national fragmentation or collapse are the fate of every country where the US and others in the past two decades have fought terrorism mainly militarily - Yemen, Afghanistan, Syria, Iraq, Libya - without addressing any of the underlying social, political, and economic disparities  and deficiencies that are the deeper drivers of terror [subrayado mío]
Porque igual que para entender el caso de los yihadistas europeos hay que entender sus contextos, para entender el origen de tales comportamientos hay que entender qué sucede y ha sucedido en otros países. Una cosa es el ambiente que provoca la decisión de matar y otra los factores que llevan a que el individuo concreto la tome.
El caso francés es paradigmático, con algunas explicaciones que pretenden explicar por qué y por qué allí, huyendo del simplismo.
“A concatenation of several factors helps to explain why France remains the jihadis’ favourite target”. Vale la pena de ser leído (hace falta subscripción), pero este sería el resumen con algunos añadidos:
To start with, the bombing of Isis bases inevitably attracts a response. This is the price of the firm action that Mr Hollande has espoused but which has not slowed down the pace of terrorist attacks on French soil. [Por parte estadounidense, convertir el problema en una “guerra contra ISIS”, abundando en bombardeos (que generan víctimas civiles), extendida a Libia, puede ser un remedio peor que la enfermedad. El anuncio de Hollande de incrementar la participación francesa en Irak y Siria y las frases del candidato Trump en el sentido de estar dispuesto a declarar una “guerra mundial” (sic) no van en esta dirección]
Then there are the radicals of north African descent who have left France for Syria and Iraq, and are reliably reported to hold important positions in the Isis command structure. They are said to have maintained links with the “soldiers” who went to the Middle East and then returned to France to  perpetrate the attacks in Paris last year.
Isis planners also appear to see an opportunity to drive a wedge between those in France, like Mr Hollande, who reject the most hardline security policies in the name of republican values, and those who call for Israeli-style measures. The potential for fostering political, ideological and indeed ethno-religious conflict ahead of next year’s presidential election is considerable.
If there are economists in the Isis high command, they may also be counting on the attack to hit France’s status as the world’s leading tourist destination.
The alienation of the young people who lived on these [suburban] estates, many of them immigrants or the children of immigrants, was striking even then. It has only intensified since as high levels of unemployment and crime have dogged the banlieues.




The result is a rejection of the republic by young people who feel it is at best irrelevant to them, and at worst actively hostile. This, in turn, creates a climate in which a man like Mohamed Lahouaiej Bouhlel, the Nice killer, finds a home for his turbulent instincts in Isis propaganda.
A propósito de los asesinatos en Bangladés a los que se podrían añadir los de Bagdad, un artículo de Roberto Toscano en La Repubblica que me han hecho recordar las clases de marketing que recibí en su día y en las que se distinguía entre factores pull (que atraían) y factores push (que empujaban) como el estudio citado más arriba. El autor utiliza la expresión "teología política" para distinguir entre los fines (políticos) y los medios (religiosos). Efectivamente, ni hay que descartar el factor religioso ni hay que tomar la religión como EL factor único a considerar.
Claro que hay factores que están detrás de esta emergencia: las desgraciadas intervenciones "occidentales" ("de los cruzados" según otros) en Oriente Medio (hay  que incluir la prepotentes e irrespetuosas rayas en el mapa perpetradas por el acuerdo Sykes-Picot después de la I Guerra Mundial), el problema palestino que parece no tener solución (no solo por el sionismo israelí sino también por las divisiones palestinas) y las peleas por el territorio y la hegemonía local de ahora entre sunitas y chiítas.
Y claro también que hay toda una serie de factores de propaganda que intervienen directamente. Las mezquitas wahabitas financiadas con dinero saudí (llegan hasta Xinyang y los huigures del fronterizo occidente chino), las redes sociales (el prejuicio "occidental" no acaba de entender que esos "atrasados" y "salvajes" utilicen tan inteligentemente internet) y los reclutadores se unen al hecho de la existencia del Estado Islámico como entidad casi mítica hacia la que se vuelven los ojos de gente muy heterogénea que no tiene necesariamente que compartir las estrategias del DAESH, pero sí convertirse en su prueba de existencia que genera ulteriores pruebas de existencia, a saber, el acto terrorista.
Un gobierno, en un estado con mayoría de una determinada variante de una religión, persigue a los que practican una variante diferente de esa misma religión. Obsérvese que no se trata de luchas entre religiones sino de intervención política a favor de una determinada variante de la misma religión. Cierto que las luchas entre religiones son  más vistosas, en el caso de que se dé tal cosa. Pero estos otros casos son dignos de mención para rebajar visiones apocalípticas sobre el "choque de civilizaciones" (suponiendo  que  las  "civilizaciones"  son  religiones).   Dos  casos   interesantes:  1.   El gobierno ruso, de acendrado cristianismo (eso sí, ortodoxo), persigue a los cristianos de otras tendencias (el cristianismo es muy heterogéneo); y 2. Sl gobierno saudí, de acendrado islamismo (eso sí, wahabita), persigue a los musulmanes de otras tendencias (el Islam es muy heterogéneo).
Tendría que ser evidente que tales persecuciones tienen poco que ver con la religión en  sí misma ya que es utilizada como instrumento (no como causa) de otras actividades estrictamente políticas. Pues lo mismo tendría que pensarse para los "choques de civilizaciones" en el caso de que existan.




Wallerstein, a propósito de los problemas Arabia Saudita-Irán, normalmente interpretados como choque entre chiítas y sunitas, recuerda los numerosos momentos en que ha habido colaboración entre ambos países. La alianza y el conflicto no pueden atribuirse a sus respectivas versiones del Islam sino a asuntos más mundanos. Al fin y al cabo, una constante -la religión- no puede explicar una variable -la relación entre países- que tiene más que ver con la geopolítica, los cambios en el país hegemónico o la economía. Lo mismo puede decirse de las peleas dentro de la misma variante de esa religión.

12.  ¿Qué hacer?


Dicen que "vamos" ganando la "guerra". En este caso, contra el Estado Islámico. Dicen que van perdiendo territorio que, al fin y al cabo, es el objetivo de toda guerra que se precie: quién manda sobre qué territorio. Sin embargo, hay voces que insisten en lo equivocado de esa estrategia (¿o es táctica?).
Parece que hay dos razones de peso: una, que plantearla así son ganas de no entender qué está pasando y que aplicar a fenómenos contemporáneos nuevos doctrinas del siglo XIX o incluso anteriores pensadas para otros contextos casi condena al fracaso. Mucho peor si, como propone Trump, se "ataque al fuego con el fuego". Y, dos, que, precisamente porque se trata de fenómenos nuevos (territoriales, pero no únicamente territoriales), esos "triunfos militares" lo que producen es un aumento de las prácticas terroristas en el territorio de los supuestos "vencedores". Hay otras opciones que  parecen más sensatas a fuer de poco militaristas.
¿Qué puede hacer "Occidente"? Primero, lo que tiene más a mano: barrer su propia  casa, políticas sociales, plantearse, sí, la cuestión de la cultura. Y, después, intentar influir en el mundo árabe. Como dice The Economist a propósito de la trasformación que, a su entender, precisa el mundo árabe,
"America and Europe cannot impose such a transformation. But the West has influence".
Desgraciadamente, en Europa aumenta la islamofobia como en los Estados Unidos representados por Trump y se ha mantenido la idea de que "hay que democratizarlos" (aunque sea a bombazos) y aunque los verdaderos objetivos fuesen otros.
Esa parte de "culpa" por parte de "Occidente" ("the West", que dice The Economist para referirse a USA-Europa) al no hacer sus deberes dentro y fuera corre en paralelo con la de los países árabes, aunque lo que hacen "fuera" sea de menor cuantía que lo que ha hecho "the West". Hay responsables de estas tragedias y dolores en todos los campos. Como dijo el primer ministro francés Manuel Valls (después de los ataques de julio)
« Etre lucide face à la menace, ce n’est pas basculer dans le populisme ».





« Il y a urgence à aider l’islam de France à se débarrasser de ceux qui le minent de l’intérieur. Pour cela, il nous appartient de bâtir un véritable pacte avec  l’islam de France, donnant à la Fondation [Fondation pour l’islam de France]  une place centrale ».
Al fin y al cabo, el Islam, en la laicista Francia, es la segunda religión del país. Algunas propuestas por parte de la comunidad musulmana francesa son dignas de mención: introducir un impuesto sobre el comercio halal para financiar las actividades religiosas de la comunidad evitando la financiación por parte de donantes radicales extranjeros. Pero parece claro que esa financiación forma parte del problema.
En todo caso, primero mirar dentro. E ideas no faltan, como las ideas de Soros para luchar contra el EI que aquí se amplían. Pero, en general, las propuestas “hacia dentro” (para afrontar el problema de los yihadistas europeos) se pueden clasificar en tres capítulos: SEP, o sea, servicios sociales, educación y policía (que incluye la infiltración y los servicios de “inteligencia” del tipo SO15 británico).
Desde el punto de vista de los servicios sociales, lucha contra la desigualdad, políticas de inclusión (sin homogeneizar) y de empleo, vivienda, sanidad, es decir, lo mismo que con toda la población del país, pero aplicadas caso por caso.
Desde el punto de vista de la educación (formal e informal), esta sería una posible  lista incompleta:
-  Deslegitimar el uso de la violencia “venga de donde venga”, a pesar de la exaltación machista generalizada del uso de la misma y que comienza en los juegos informáticos al entretenimiento de masas.
-  no entrar en su juego, y mucho menos, al de “acción-reacción”
-  evitar los simplismos, como ya he indicado más arriba
-  analizar las causas de cada contexto ya que no hay una única causa ni su constelación está generalizada. Atribuir el problema a una única causa es engañoso
-  conócete a ti mismo y conoce al otro es una extensión del viejo consejo griego: saber dónde está “Occidente” y saber cómo está el contexto de esos yihadistas
-     evitar "choques de civilizaciones" (lo digo recordando la fallida "alianza de civilizaciones" que promovieron Rodríguez Zapatero y, ay, Erdogan)
-  evitar el racismo y la xenofobia, a pesar de que pueda dar réditos electorales
-   fomentar la empatía, esa empatía cuya ausencia es tan evidente en cargos públicos y candidatos a serlo (como es el caso de Trump)
-  evitar la visceralidad, es decir, primero pensar, después actuar sin dejarse llevar por la ira y el (comprensible pero catastrófico) deseo de venganza
-  y promover la racionalidad, como pedía Valls y he citado más arriba

Desgraciadamente, son posibilidades que algunos de los que defienden los "valores europeos" pueden aceptar y otros rechazarán de plano, lo cual indica hasta qué punto se puede hablar de tales “valores” en el sentido de instrumentos para tomar decisiones cuando hay alternativas.




13.  Otras soluciones


Imponer "nuestros valores" (costumbres, dieta, vestido, horarios o versión de la religión
-¿protestantes? ¿católicos? ¿evangelistas? ¿ortodoxos? ¿ateos militantes tipo Richard Dawkins?-) a los inmigrantes y refugiados podría estar en contradicción con dichos "valores" si como tales se toma a los de la Ilustración (libertad de pensamiento, libertad de expresión. rechazo de la pena de muerte). Nada que ver con lo dicho por Sarkozy y citado anteriormente. Cierto que en algunos países árabes (no en todos) se practica la teocracia (es decir, una determinada legitimación del poder político) y se  persiguen otras formas religiosas, pero no creo que esa sea la razón para aplicar esas prácticas en Europa.
Acción constante, paciente y razonable, pues. Y cada palo que aguante su vela o, si se prefiere, que cada cual haga lo que pueda y esté en sus manos, a su alcance. Lo que yo puedo es escribir. Algo es algo.






 Fuente: Rebelión