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viernes, 8 de abril de 2016

La hipocresía de los liberales españoles, como el señor Rivera de C’s, sobre los derechos humanos





Vicenç Navarro
Autor del libro ‘Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante’, Anagrama, 2015

Una postura ampliamente promovida por portavoces de los partidos pertenecientes a la Internacional Liberal, como lo es Ciudadanos (así como autores cercanos a ella, como Mario Vargas Llosa), es presentar a Venezuela como uno de los países en América Latina que comete mayor número de violaciones de los derechos humanos, presentándose ellos mismos como los grandes defensores de tales derechos. Intentan con ello identificar el liberalismo con la defensa de los derechos de los individuos frente a la opresión del Estado. Y esta percepción se está generalizando con la ayuda de los mayores medios de información españoles, la gran mayoría de tendencia conservadora o liberal, próximos a la Gran Banca, la gran promotora del neoliberalismo en este país que los financia. De esta manera, esta identificación de los derechos humanos con el liberalismo (también conocido como neoliberalismo) se acepta como evidente, asumiendo que tales partidos liberales ponen la libertad y la demanda de derechos humanos como principio básico de su posicionamiento ideológico. Siguiendo tal costumbre (la de atribuirse el ser defensores de los derechos humanos), vimos anteayer al Sr. Rivera, en el Congreso de los Diputados, presentarse una vez más como tal gran defensor, mostrando su crítica a Venezuela y su propuesta al Congreso de que se analice la ausencia de tales derechos humanos en aquel país como un indicador más de su defensa de los derechos humanos.

El conocimiento de la realidad en América Latina, sin embargo, permite cuestionar dicho supuesto compromiso con los derechos humanos de los liberales en España en general, y del Presidente del partido neoliberal Ciudadanos en particular. En primer lugar, el adjetivo ampliamente utilizado por este señor en contra de sus adversarios, definiéndolos como “demagogos” (término ampliamente muy utilizado por las derechas en este país para descalificar a aquellos con los cuales están en desacuerdo), se aplica claramente a sus propios argumentos, pues la falta de credibilidad y certeza en su descripción de la realidad, tergiversándola para alcanzar sus fines políticos (característico de la demagogia), es fácil de demostrar, aun cuando me gustaría pensar que ello es más consecuencia de su ignorancia que de su demagogia. Pero la repetitividad de tal práctica, con el empleo incluso de mentiras, insultos y sarcasmos (característicos de la derecha española), hace difícil atribuir dicho comportamiento a mera ignorancia (ver mi artículo “Las mentiras y falsedades de Albert Rivera, Presidente de Ciudadanos, en La Sexta Columna”, Público, 14.04.15).

Existe un extenso debate sobre el significado de los derechos humanos hoy en la literatura científica, pero en sentido contrario al significado reduccionista que utiliza el Sr. Rivera. En realidad, tal debate aparece incluso a nivel político con un nivel de rigor y seriedad ausente en España. De hecho, el mejor documento sobre los derechos humanos es la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, aprobada en el año 1948, la cual definía las diferentes dimensiones de los derechos humanos, que incluían desde derechos económicos (tales como el derecho al trabajo y a una vida digna) a los derechos sociales (como el derecho a la sanidad y a la educación), así como los derechos cívicos y políticos (el derecho a la libertad de organización y de expresión). El Presidente Roosevelt, que ha sido el presidente más popular de EEUU, enfatizó la necesidad de desarrollar los derechos humanos en todas sus dimensiones. Y es importante resaltar que fue un momento de gran interés cuando el Presidente Obama, en su visita a Cuba, felicitó al gobierno cubano por el desarrollo de los derechos económicos y sociales en aquel país, criticando a la vez la ausencia de los derechos civiles y políticos en Cuba, subrayando la enorme importancia que tenían tales derechos. Ahora bien, es importante señalar que a la declaración anterior añadió que aceptaba la crítica que podría hacerse a EEUU por las limitaciones en el desarrollo de los primeros derechos (los económicos y sociales) en ese país. No imagino a ningún dirigente político liberal, como el Sr. Rivera, hacer tal tipo de autocrítica, que sería muy necesaria en España, donde hay una limitación muy marcada de los derechos humanos (de todo tipo, económicos, sociales, cívicos y políticos).

Lo que el Sr. Rivera entiende como derechos humanos

La defensa de los derechos humanos de los partidos liberales se limita a los últimos, es decir, a los derechos civiles y políticos, derechos necesarios (repito, muy necesarios) pero muy insuficientes. Repito que tales derechos son fundamentales. Tengo una biografía para mostrar mi compromiso con el desarrollo de estos derechos, todavía muy limitados en España. Por lo visto, el Sr. Rivera no es plenamente consciente de que hay muchos más canales televisivos y rotativos de derechas en Venezuela (que supuestamente están bajo una dictadura de izquierdas) que canales de televisión y rotativos de izquierdas en España (supuestamente un país democrático, definición cuestionable como consecuencia de la escasísima diversidad en los medios de información). La persecución de opositores y la detención de dirigentes políticos debe ser denunciada. Pero para tener credibilidad, esta denuncia tiene que afectar a todos los gobiernos que incurran en tales prácticas, y no solo a aquellos gobiernos a los que el Sr. Rivera considera sus enemigos o adversarios. Y la ausencia de esta práctica en el caso de los liberales como Rivera muestra su doble moral, o mejor dicho, su hipocresía, utilizando su mal llamada defensa de los derechos humanos para fines única y exclusivamente políticos, característica de los demagogos.

El silencio ensordecedor de los liberales como Rivera sobre el modelo liberal de Honduras

Hoy el país donde todos los derechos humanos (los económicos, los sociales, los cívicos y los políticos) han sido violados más sistemáticamente en Latinoamérica ha sido y continúa siendo Honduras, gobernado por un tiempo por un partido liberal perteneciente precisamente a la misma familia política del partido Ciudadanos, del cual el Sr. Rivera es el Presidente. Y tal gobierno liberal fue resultado de un golpe militar en el año 2009 contra el gobierno del presidente Zelaya, democráticamente elegido. Tal golpe ocurrió en el año 2009, instalándose un gobierno del partido liberal que intentó legitimar su mandato recurriendo a unas elecciones fraudulentas denunciadas internacionalmente. Tal partido impuso en 2010 unas leyes de propiedad rural que afectaron muy negativamente a los intereses de los pequeños agricultores, indígenas la mayoría, que pasaron a ser brutalmente reprimidos por el Ejército y la policía, aumentando de una manera muy notable el asesinato de sus dirigentes y de las voces críticas frente a tal matanza. Dicho gobierno y sus sucesores han aplicado políticas de carácter represivo, con una clara violación de todos los derechos humanos, incluyendo los derechos cívicos y políticos, siendo considerado este país por parte de organizaciones internacionales de defensa de derechos humanos, como el país hoy en América Latina que tiene el mayor número (en términos proporcionales) de asesinatos políticos, no solo en América Latina, sino en todo el mundo, siendo a la vez uno de los países con mayores desigualdades sociales y mayor pobreza de ese continente. En realidad, esta situación determina que Honduras se haya convertido en el país origen del mayor número de niños y adolescentes que huyen de Latinoamérica como refugiados a EEUU, habiéndose transformado este caso en un escándalo internacional, aunque el lector español no lo sabrá si se limita a ver solo la prensa española (conocida internacionalmente por su escasa diversidad ideológica, lo cual ha sido denunciado incluso por The New York Times).

Ni que decir tiene que ni el Sr. Rivera ni su partido Ciudadanos, ni el PP, ni el PSOE, ni el Sr. Vargas Llosa, ni los otros liberales que tienen grandes cajas de resonancia, han dicho nada ni han expresado ninguna denuncia hacia esta brutal represión de los derechos humanos, guardando un silencio ensordecedor frente a tanto asesinato político. El último asesinato es el de Berta Cáceres, dirigente del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, seguido de otro asesinato, dos semanas más tarde, de otro dirigente, Nelson García, y así un largo etcétera, habiéndose generado una protesta internacional que ha determinado una investigación del Congreso de EEUU (véase Congressional Briefing: “The Assassination of Berta Cáceres and Ongoing Killings and Attacks Targeting Social Activists in Honduras”, March 30, 2016). Según PEN International, tales asesinatos se realizan con plena impunidad, sin que nadie sea juzgado por ellos. 100 miembros del Congreso de EEUU han denunciado este asesinato sistemático de campesinos y sus defensores. Mientras, las Cortes Españolas están a punto de juzgar a Venezuela a propuesta del partido del Sr. Rivera, supuestamente el gran defensor de los derechos humanos. Y, cómo no, con las cajas de resonancia provistas por los grandes medios, incluido El País, a el gran promotor de Ciudadanos, que nunca ha dicho ni pio sobre las matanzas que ocurren en Honduras. Y todo ello bajo la supuesta defensa de los derechos humanos, derechos sistemáticamente violados en Honduras, y, por cierto, también en España, sin que ello se denuncie en este país. El nivel de hipocresía alcanza niveles enfermizos cuando la evidencia muestra que tales fuerzas políticas están jugando un papel clave y determinante para dicha violación de los derechos que retóricamente dicen defender.

Vicenç Navarro
Autor del libro ‘Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante’, Anagrama, 2015

Fuente: Púbico.es

sábado, 30 de enero de 2016

“Destruimos sus ciudades para salvarlos” y otros titulares futuros







   Tom Engelhardt





Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo


Uno de los atractivos del futuro es su poderoso componente de imprevisibilidad, su capacidad de sorprendernos de maneras encantadoras o de golpearnos inesperadamente en el trasero. La mayor parte de los futuros que imaginaba de niño, por ejemplo, no han llegado a la altura de mis expectativas, por lo que ni me desplazo en mi vehículo volador privado sobre los rascacielos de Nueva York ni voy de vacaciones a la Luna. Por otro lado, ¿quién podría haber imaginado Internet, por no hablar de los medios sociales y el ciberespacio (a menos que hubiera leído hace 30 años la novela de William Gibson “Neuromante”)? ¿Quién podría haber soñado que el aparato de inteligencia de una sola nación pudiera escuchar o interceptar y revisar no solo las conversaciones y los mensajes de sus propios ciudadanos –imagínense los regímenes totalitarios del siglo XX- sino los de cualquier habitante del planeta, desde los campesinos de Pakistán hasta los de al menos 35 presidentes de grandes y pequeños países de todo el mundo? Ese es, por supuesto, nuestro presente distópico, basado en avances tecnológicos que ni siquiera los escritores de ciencia-ficción imaginaron.
¿Y quién iba a prever la irrupción de la Primavera Árabe, del movimiento Occupy Wall Street o, si vamos al caso, un califato del terror en el corazón de Oriente Medio o que un candidato presidencial como Donald Trump cosecharía éxito tras éxito, por no citar más ejemplos de otras noticias cubiertas por los medios libres de las que apenas nos enteramos? (Un pequeño consejo: no se haga adivino; es un infierno).
Podemos considerar que todo esto son las malas noticias sobre el futuro, pero también las buenas. En un mundo cada vez más desalentador que parece llevar marcado el fracaso en toda su extensión, las sorpresas que pueden acarrear los años venideros, los cambios de rumbo inesperados, los nuevos inventos, rebeliones e intervenciones permiten tener un resquicio de esperanza, al menos hasta que suceden. Por otra parte, hay un aspecto del futuro de ese mismo mundo desalentador que no puede ser más deprimente: la repetición de muchas cosas que podríamos pensar que nadie querría que se repitieran. Estoy hablando de toda la gama de titulares del mañana que podrían escribirse hoy y poseen una dolorosa razonable verisimilitud.
Estoy seguro de que usted podría escribir su propia versión de dichos titulares futuros en diversas áreas, pero estos son los que yo imagino en relación con las guerras, intervenciones y conflictos notoriamente imposibles de ganar en la zona de Oriente Medio y, cada vez más, en África.
De qué hablamos cuando hablamos de “victoria”
Empecemos con un acontecimiento ocurrido en Irak a finales de 2015 y que generó titulares que incluían la palabra “victoria”, un término que los estadounidenses pocas veces han visto utilizar en el siglo XXI, excepto, claro está, en boca de Donal Trump. (“Vamos a ganar tantas veces, victoria tras victoria, tras victoria, que vais a empezar a suplicarme: “por favor, presidente, perdamos alguna vez. No podemos soportarlo más”. Y yo voy a deciros: “De eso nada. Vamos a seguir ganando. No vamos a perder. Nunca, jamás, vamos a perder”). Me refiero a la “victoria” conseguida en Ramadi, una ciudad de la provincia de al-Anbar que los militantes del Estado Islámico (EI) arrebataron al ejército iraquí en mayo de 2015. Con el respaldo de la Fuerza Aérea Estadounidense (hubo más de 600 ataques aéreos de EE.UU. sobre Ramadi y sus alrededores en los meses anteriores a dicha victoria) y con unidades iraquíes especiales entrenadas y financiadas por EE.UU., el ejército iraquí recuperó la ciudad plagada de minas y bombas-trampa, expulsando a los militantes del EI fuertemente atrincherados el pasado mes de diciembre. La noticia supuso un evidente alivio para el gobierno de Obama y fue la que produjo dichos titulares.
Y estos fueron los resultados de esa victoria: según el ministro de defensa iraquí, al menos el 80% de la ciudad de 400.00 habitantes está destruido. Reducido a escombros. Arrasado. Puede que todavía la llamen “ciudad”, pero difícilmente se la podría catalogar como tal. Según el periodista del New York Times Ben Hubbard, que visitó Ramadi poco después de la “victoria”, pocos de sus habitantes permanecían en ella. Le acompañaba un general iraquí destinado a una unidad contraterrorista, de quien Hubbard escribe:
“Al llegar a uno de los barrios se encontró con un panorama tan desolador que ni siquiera estaba claro dónde se levantaban los edificios originales. Al preguntarle cuándo regresarían los residentes a sus casas, se detuvo y dijo: ¿casas?, no quedan casas”.
Hubbard citaba los datos proporcionados por el gobierno provincial de al-Anbar, según el cual “serían necesarios 12.000 millones de dólares para la reconstrucción de la ciudad”. (Otros funcionarios iraquíes sitúan la cifra en 10.000 millones). Nadie tiene ese dinero y menos el gobierno iraquí, cada vez más ahogado por el derrumbe de los precios del petróleo. Y tengamos en cuenta que estamos hablando de una única comunidad. Las victorias anteriores de los kurdos en Kobane y Sinjar, en Siria, también apoyados por la potencia devastadora de la fuerza aérea de EE.UU., produjeron una destrucción parecida, al igual que las bombas de barril arrojadas por las fuerzas de Bashar al-Assad en zonas de la ciudad de Alepo y en la ciudad actualmente destruida de Homs, en Siria Central, por ejemplo. Los rusos, por supuesto, también se han sumado a la pelea al estilo estadounidense, con bombardeos y asesores.
Añadamos algo más antes de escribir nuestros futuros titulares. El día posterior al último discurso sobre el estado de la nación del presidente Obama, el secretario de defensa Ashton Carter visitó la División Aerotransportada 101 en Fort Campbell, Kentucky. Próximamente, 1.800 miembros de esa división serán destinados a Irak para apoyar a unidades del ejército iraquí en su intento de recuperar partes del país ocupadas por el Estado Islámico. Carter se dirigió a esos futuros asesores explicando con cierto detalle los planes del presidente y sus previsiones sobre el avance del conflicto. Incidiendo en la imagen del EI como un cáncer que se reproduce, afirmó:
“El tumor primario del Estado Islámico tiene dos centros: Raqqa en Siria y Mosul en Irak. El EI ha aprovechado su control sobre dichas ciudades y el territorio circundante como base de poder para conseguir considerables recursos financieros, mano de obra e influencia ideológica. Constituyen su centro de gravedad militar, político, económico e ideológico”.
“Ese es el motivo por el que el mapa de nuestros planes de campaña muestra grandes flechas apuntando tanto a Mosul como a Raqqa. Comenzaremos destruyendo el control del EI sobre ambas ciudades para continuar luego con operaciones de eliminación en otros territorios ocupados por el EI en Irak y en Siria”.
La realidad es que dicha campaña otorgaría al término “operaciones de eliminación” un significado nuevo, que supondría prácticamente la eliminación literal de la infraestructura urbana de una parte significativa de la región. Tres son las ciudades actualmente consideradas como blanco: Faluya (con una población de unos 300.000 habitantes), la otra ciudad importante controlada por el EI en la provincia de al-Anbar, Mosul (segunda ciudad de Irak, con una población actual estimada entre 1 y 1’5 millones), y Raqqa, la “capital” siria del Estado Islámico, que ahora se supone repleta de refugiados (más de 200.000 habitantes). Si unimos todas ellas tenemos para 2016 una serie de campañas en Irak y Siria (apoyadas por EE.UU.) basadas en la misma fórmula que la toma de Ramadi: bombardeos estadounidenses masivos en apoyo de fuerzas operativas especiales iraquíes bien entrenadas y asesoradas o, en el caso de Siria, de milicias kurdas de peshmerga y de una mezcla de rebeldes sirios y kurdos. Si añadimos a ello las ganas del Estado Islámico de convertir las áreas urbanas bajo su control en bombas gigantes, lo que obtenemos es un plan integral para continuar reduciendo a escombros otras ciudades de la región.
Por supuesto, se ha hablado mucho de una ofensiva para retomar Mosul desde que un grupo relativamente reducido de combatientes del EI arrebataran la ciudad a decenas de miles de tropas iraquíes que se dieron a la huída en junio de 2014. Hubo, por ejemplo, una ofensiva primaveral de la que se habló mucho a inicios de 2015, pero que nunca llegó a producirse, así que es imposible estar seguro de que el ejército iraquí, estresado y poco efectivo por lo general, llegue a recuperar Mosul en 2016, o de que “botas” no estadounidenses estén dispuestas a tomar Raqqa, especialmente porque dicha ciudad se asienta muy lejos de cualquier imaginable futuro Kurdistán. Aún así, si asumimos que todo salió “bien”, podemos suponer lo que nos depara el futuro: “victorias” al estilo de Ramadi.
Como resultado, los titulares de finales de año sobre las operaciones conjuntas estadounidenses y de rebeldes iraquíes/kurdos/sirios (adaptada de la tristemente célebre frase de un oficial del ejército estadounidense en Vietnam, después de que EE.UU. machacara la capital provincial de Ben Tre) serían: “Destruimos sus ciudades para salvarlos”.
Si nos basamos en Ramadi, podríamos calcular una futura estimación global sobre el coste de la reconstrucción de dichas ciudades: Faluya, 10.000 millones de dólares; Raqqa, 7.000 millones; Mosul, de 20.000 a 25.000 millones. Evidentemente, se trata de cifras imaginarias, pero lo importante es que el “triunfo” y la “victoria” sobre el Estado Islámico convertirán sin duda alguna a gran parte de la región en un moderno Cartago. ¿Y quién pagará los nuevos Ramadi, Mosul, Faluya o Raqqa, por no hablar de todos juntos y de otros más?
Dicho de otra manera, la “victoria” supondría que Irak tendría menos ciudades habitables y un número todavía mucho mayor de desplazados y refugiados cuyo asentamiento indudablemente estaría sujeto a las tensiones étnicas que alimentaron el nacimiento del Estado Islámico. Esta situación representa un futuro razonablemente predecible, que debería resultar suficientemente obvio a ojos de cualquiera que estudie los hechos de manera mínimamente seria. Con toda seguridad, debería resultar obvio para Ashton Carter, así como para los estrategas del Pentágono y del gobierno Obama. Y, sin embargo, los planes continúan adelante como si “victoria” fuera un término cargado de significado en las actuales circunstancias.
Así son las cosas: podemos colaborar con el Estado Islámico en la destrucción completa de Siria y partes de Irak y luego expulsar de los escombros a sus combatientes, pero estaremos destrozando los medios de subsistencia de una inmensa cantidad de población, que vive una situación cada vez más inestable. Pero lo que no conseguiremos hacer en este proceso es destruir a un movimiento iniciado en una prisión estadounidense de Irak y que siempre ha sido un conjunto de ideas. Sencillamente estaremos creando una leyenda.
Rienda suelta a las Operaciones Especiales y a los drones
Ahora, vamos a considerar otra serie potencial de futuros titulares relacionados con los planes actuales y la experiencia del pasado. El secretario de Defensa Carter afirma que la estrategia estadounidense contra el Estado Islámico se basa en la creación de una “inestabilidad política en la región”, lo que significa no solo en los campos de batalla de Irak y Siria, sino en todo Oriente Medio en su acepción más amplia. Tal y como declaró ante los miembros de la División Aerotransportada 101:
“Ahora, déjenme que les explique la lucha fuera de Irak y de Siria. Mientras trabajamos para destruir el tumor primario en Irak y en Siria, debemos reconocer que el EI está desarrollando metástasis en áreas como el norte de África, Afganistán y Yemen. La amenaza constituida por el EI y grupos similares evoluciona continuamente, cambiando su foco y su ubicación. Por tanto, exige que nuestra respuesta sea flexible, ágil y de amplio alcance”.
Para ello, cuenta con dar rienda suelta a las fuerzas operativas especiales estadounidenses no solo en Siria, sino en cualquier otro lugar, para realizar misiones con el fin de asesinar a las figuras fundamentales del Ejército Islámico o a quienes dirigen sus franquicias lejanas. También tiene la intención de enviar drones por toda la región en “operaciones antiterroristas contra objetivos especialmente valiosos”, para “actuar con decisión y prevenir que los socios del EI supongan una amenaza tan grande como el propio tumor primario”.
Existe un punto de referencia en la región para la futura toma de ciudades en Siria e Irak. En su libro “Kill Chain”, Andrew Cockburn denomina “la estrategia del cerebro” a este acercamiento al enemigo. Se utilizó por primera vez en la guerra contra las drogas en Sudamérica y América Central en la década de los noventa y, posteriormente, tras el 11-S, adaptado a los drones armados y las fuerzas de operaciones especiales. La idea consistía en desmantelar los cárteles de la droga o los grupos terroristas posteriores desde arriba hacia abajo, eliminando a sus cabecillas.
La realidad, según demuestra Cockburn, es que tanto en la guerra contra las drogas como contra el terrorismo, los resultados de esta estrategia han sido desastrosos una y otra vez. Los drones, por ejemplo, han demostrado tener la capacidad de “eliminar” tanto a la dirección de los grupos terroristas y sus “principales “tenientes” como a otras figuras influyentes de dichas organizaciones, pero las consecuencias han sido de lo más desalentadoras, ya que dichas organizaciones (al igual que los cárteles del narcotráfico anteriormente), ante la presión de los drones y de los ataques de fuerzas especiales, se han limitado a reemplazar a sus líderes muertos con otros a menudo más jóvenes y agresivos, mientras aumentaban sus ataques y los propios grupos, en lugar de replegarse, se extendían por toda la región de Oriente Medio y aledaños, llegando hasta África. El uso de drones implica “daños colaterales” relativamente generalizados, que incluyen la muerte de un gran número de niños, aterrorizando a las sociedades sobre las que actúan, por lo que han demostrado ser un cartel de reclutamiento ideal para los mismos grupos terroristas que pretenden combatir.
Así pues, primero de forma improvisada en la era Bush y posteriormente de un modo sistemático en los años de Obama, las campañas de asesinatos con drones en Pakistán, Afganistán, Yemen, Irak, Siria, Libia y Somalia han acabado con la vida de importantes líderes a la vez que contribuían a extender las organizaciones terroristas contra las que actuaban. Es decir, han formado parte no de la guerra contra el terror sino de la guerra del terror. Si observamos la expansión de esos grupos terroristas, incluyendo el creciente número de “franquicias” del Estado Islámico, es evidente que de las misiones con operaciones especiales a los asesinatos con drones, de las invasiones a gran escala a la destrucción de ciudades, los más de 14 años de diversas estrategias y tácticas militares estadounidenses han contribuido repetidamente a crear el terror arrastrando a gran parte de la región al torbellino.
Lo más sorprendente al escuchar al secretario de defensa Carter es que, por raro que resulte, nada de esto parece llegar hasta Washington. De otro modo, ¿cómo se explica la ausencia de cualquier seria reconsideración de las acciones de EE.UU., siendo el único debate que existe el de los partidarios de continuar con las acciones de un modo más discreto (entre los que está el propio Obama) y sus críticos republicanos partidarios de aumentar la escala de las operaciones? En otras palabras, en 2016 vamos a contemplar un nuevo pulso entre lo que conocemos y la esperanza de que suceda algo diferente. Como esto último es poco probable, para la siguiente serie de titulares futuros recurra al pasado conocido y substituya, cuando sea necesario, el nombre del futuro dirigente terrorista: “al-Qaeda en la Península Arábiga anuncia la muerte de [rellene el nombre] en un ataque con drones de Estados Unidos”; “EE.UU.: el número 2 del Estado Islámico eliminado mediante un ataque con dron en Irak”, “El cuerpo de élite del ejército Delta Force acaba con la vida del dirigente del EI [rellene nombre] mediante un osado ataque con dron en Siria”; “El Pentágono confirma la muerte de un dirigente de al-Qaeda en una operación con dron”, y así más o menos ad infinitum.
El área de inestabilidad
Recientemente, cuando aún rondaba por mi cabeza la estrategia para la “estabilidad” de Ashton Carter, capté una frase en un reportaje informativo que no oía desde hace mucho. Un periodista analizaba el reciente ataque terrorista de al-Qaeda en el Magreb Islámico contra un hotel en Burkina Faso, un país de África Occidental que hasta ahora había sido relativamente estable, en el que murieron al menos 30 personas, principalmente extranjeros. El periodista hablaba de extender el “área de inestabilidad” en la región.
En los primeros años de este nuevo siglo, las autoridades del gobierno Bush y los neocons que le apoyaban solían usar esa frase para describir el “Gran Oriente Medio”, desde Pakistán hasta el norte de África. Por extraño que parezca, la frase desapareció en los años posteriores a la invasión de Irak y se mantuvo ausente los años de Obama, mientras la desastrosa intervención en Libia, la campaña de asesinatos con drones orquestada por la presidencia y otras acciones contribuyeron a transformar aun más el “Gran Oriente Medio” en una auténtica “área de inestabilidad”.
En la actualidad, la región está repleta de Estados fallidos o en camino de serlo (algo que hubiera resultado inimaginable en 2002-2003), de Afganistán y Siria a Yemen, Libia y Mali. Aunque tal vez Irak no llegue a ser un Estado fallido, ya tampoco es exactamente un país como tal, sino una especie de entidad tripartita. Así son las cosas y así seguirán siendo, por supuesto, si Estados Unidos arroja (como hizo en 2015) otras 23.000 bombas y miles de otras municiones en la región, o muchas más, como parece indicar la presión para aumentar la guerra contra el Estado Islámico.
Como es lógico, no podemos saber qué países serán los próximos en fracasar. No obstante, bien podemos suponer que mientras la estrategia de Obama (o la de Hillary Clinton, Ted Cruz, Donald Trump, Marco Rubio o quienquiera que le suceda) suponga más –o mucho más- de lo mismo, seguirá ocurriendo lo mismo o mucho peor. Como resultado, similares titulares ocuparán las cabeceras de los diarios, mientras los países se disuelven de distintas maneras y el Estado Islámico, grupos como al-Qaeda en el Magreb Islámico o nuevos grupos terroristas cobran fuerza en medio del caos. En ese caso, solo hace falta indagar en el pasado reciente para encontrar los titulares futuros y adaptarlos ligeramente: “El Ejército Islámico construye guaridas en [nombre del país], advierte el secretario de defensa Warns”; “El EI gana terreno en [nombre del país] en competencia con al-Qaeda”; “El EI cobra fuerza [nombre del país] incorporando a los yihadistas locales”, y así sucesivamente.
Junto a lo tristemente predecible coexisten, claro está, muchas incógnitas. La principal es que, en este momento de la historia, no tenemos ni la menor idea de las consecuencias que tendrá convertir una región, ciudad por ciudad, país por país, en algo así como un inmenso Estado fallido y continuar bombardeando los escombros. ¿Cómo empezar a imaginar lo que puede surgir en un mundo así de las ruinas de esa región fallida, de un área de inestabilidad mucho mayor que cualquier cosa que hayamos contemplado desde la Segunda Guerra Mundial? No me gustaría tener que pronosticar los titulares que podrían darse algún día a partir de esa situación, pero sean cuales sean las sorpresas que nos aguardan, la mera posibilidad de un futuro tal debería ser suficiente para helarnos la sangre en las venas.
Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la misma.
Fuente del original en inglés: http://www.tomdispatch.com/blog/176094/ 

Fuente: Rebelión.org

viernes, 11 de julio de 2014

EL AGUA DERECHO HUMANO




 Infraestructuras Públicas para el derecho al agua

  
Los miedos de Aquafed, el principal lobby europeo del agua
Pablo Elorduy
Diagonal
Dos documentos enviados a la Comisión Europea por Aquafed, federación que une a Suez y Veolia, muestran su inquietud ante la iniciativa por el derecho al agua.
Hay palabras que se gastan con el uso y otras que nunca acaban de popularizarse. Si hablamos de la Unión Europea, lobby es el primero de esos casos y el neologismo “comitología” está en la segunda categoría. Dicen que el primer Conde de Romanones dijo aquello de “Ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento”, y eso da muestra de la importancia que tiene el desarrollo que sigue a una ley –o directiva, en el caso de la Comisión Europa–, en la que “expertos” o comitólogos, ponen la letra que acompaña a la música que propone la Comisión Europea.



                                       









EMBALSES PARA EL SUMINISTRO DE AGUA PÚBLICA


Dos documentos enviados a la Comisión Europea por Aquafed, la federación internacional de operadores de agua privada, que agrupa a los dos gigantes internacionales del sector, Suez y Veolia, muestran el impacto que una Iniciativa Ciudadana Europea ha tenido a la hora de plantear cómo se gestiona y cómo se garantiza el derecho al agua en la Unión Europea. Pero la batalla del agua en Europa aún no se ha terminado, y a partir de septiembre se decidirá quién pone la letra al cambio de ritmo propuesto por la sociedad europea en una consulta sin precedentes que, a decir de Aquafed, tambalea las bases del Tratado de Lisboa de 2007.
Dicha iniciativa, que se cerró en septiembre de 2013, llegó a la Comisión Europea gracias a que más de 1.880.000 personas de los distintos Estados europeos pusieron su firma en una campaña, Right2Water (derecho al agua), que ha obligado a las instituciones a tomar en cuenta las demandas de la sociedad civil, especialmente de la Europa central, respecto al agua. Lo que se pretende con ella, según explica Pablo Sánchez Centellas, responsable de comunicación de la Federación Europea de Sindicatos de Servicios Públicos, es conseguir una directiva vinculante que dé garantías sociales, como el acceso a un mínimo vital de agua por persona, y que ésta no se pueda cortar a personas en situación de pobreza. La Comisión ha abierto un periodo de consultas a la ciudadanía, que comenzó el 23 de junio y terminará el 23 de septiembre, que se utilizará “como base para decidir si es necesario mejorar la Directiva 98/83/CE sobre el agua y qué aspectos en particular”. De este modo, la iniciativa ha acompañado un debate de actualidad en países como Alemania, donde el Ayuntamiento de Berlín optó por la remunicipalización del agua a pesar de que tendrá que pagar cuantiosas indemnizaciones, o Grecia, donde, en mayo, el Gobierno central prohibió una consulta sobre la privatización del agua impulsada por la ciudad de Tesalónica.
Aunque no se propone un único modelo, la iniciativa recoge los casos de aumento de tarifas tras el paso de un operador público a uno privado, así como la “trampa” de los cánones concesionales, el elemento “que más limita a los ayuntamientos”, según explica Eloi Badia, de la plataforma Aigua és Vida. Cánones que han supuesto la subida del recibo del agua, por medio de la “ingeniería en el recibo”, como la califica Badia, destinada a asegurar un beneficio que ronda, según los casos, entre el 10 y el 20% de la factura y que han servido también para usar el agua “como un activo financiero” de los ayuntamientos.
Como recuerda Badia, en las elecciones del 25 de mayo, cinco de los seis candidatos a la presidencia de la Comisión se posicionaron a favor del derecho al agua. Antes, en 2013, la sociedad civil obtuvo una victoria con la exclusión del agua y el saneamiento de la directiva de concesiones. Una retirada de calado, ya que, según se calculó entonces, el 50% de las concesiones afectaban al agua. Para Sánchez Centellas, esta decisión, que fue calificada como “vergonzosa” por Aquafed, llevó al principal lobby del agua a “activar su batería de vínculos en la Comisión Europea”.
El tono es distinto en los dos documentos enviados por Aquafed a la Comisión Europea, publicados por la organización Acces Info Europe. El primero, de fecha 31 de enero, es un análisis legal de la Iniciativa Legislativa Popular, de la que dice que puede llevar a procesos “opacos y discriminatorios”. Aquafed muestra su inquietud con la Iniciativa Legislativa Popular y recuerda en varias ocasiones que “la iniciativa no crea una obligación de actuar” sino que es una mera “invitación” y que “crearía un precedente peligroso que puede suponer la desintegración del mercado interno”. Además, instó a Eureau, una plataforma técnica a atacar la iniciativa, lo que generó una fuerte controversia, y los representantes de Aquafed denunciaron que la iniciativa es un “mecanismo de los lobbies del agua pública de Alemania”.
El segundo informe de Aquafed, en febrero, es un cambio de tercio ante la exitosa trayectoria de la iniciativa. Para Sánchez Centellas, es una muestra de que “la ola les sobrepasa”. Así, el informe considera que es “muy difícil interpretar” qué querían decir los casi dos millones de personas que firmaron la declaración cuando dice que “el suministro y mantenimiento de los recursos hídricos no debe sujetarse a las reglas del mercado interno y que el agua debe excluirse de la liberalización”.
En vista de eso, Aquafed ha optado por una jugada propia de la “comitología”, en primer lugar pide la inclusión del derecho humano al acceso al agua potable y sanitaria segura en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, algo para lo que se necesita mayoría en el Parlamento y unanimidad en el Consejo Europeo –lo que parece difícil dada la posición de Reino Unido respecto al acceso al agua–. Además, Aquafed pide la creación de un comité de expertos o “terceras partes” para el debate en el Parlamento y la Comisión.
Pero hay otro punto de apoyo para Aquafed y es que, aunque de momento el tema del agua se mantiene bloqueado en las negociaciones del acuerdo comercial entre EE UU y la UE (TTIP, por sus siglas en inglés), su liberalización puede reactivarse en el futuro. Esto acarrearía dificultades ya que las empresas tendrían derecho a exigir indemnizaciones por beneficios no obtenidos o ­demandar en un mecanismo de solución de diferencias entre inversor y Estado a las localidades que opten por la remunicipalización de su servicio de aguas. Decisiones recientes como las del Ayuntamiento de Ermua (Bizkaia), donde la presión ciudadana terminó con la concesión a Aquarbe, del grupo Agbar, o Montpellier, donde se ha remunicipalizado el servicio, dependerían aún más de las decisiones políticas de municipios, regiones y mancomunidades para mantener en un nivel de gestión democrático un recurso común y básico como el agua


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