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sábado, 15 de octubre de 2016

El TTIP y la recomposición de Occidente

 Solo un estado se encuentra presente en los tres: EEUU.

Eddy Sánchez

El Tratado de Inversiones y Libre Comercio (TTIP) y su hermano, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), tienen una trascendencia geopolítica mayor que económica.

Para entender esta realidad geoestratégica, habría que remontarse al fracaso de la Ronda de Doha (Qatar) de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que comenzó en noviembre del 2001, relativa a la liberalización del comercio de la agricultura, los servicios y la propiedad intelectual, la cual terminó en “colapso” tras la ruptura realizada por los países del centro occidental (fundamentalmente EEUU y la UE) ante la pérdida de control de dichos países frente al bloque de países periféricos liderados por Brasil, India y Sudáfrica y, la posterior entrada en la OMC de China (2002) y Rusia (2012). El TTIP, TPP y TISA (Acuerdo en Comercio de Servicios) nacen como una reacción del Occidente capitalista ante el ascenso de una nueva semiperiferia amenazante, que luego llamarían BRICS.

El FMI publicó en 2015 el PIB ajustado por paridad de compra (PPP). Por primera vez desde 1872 la primera posición de la lista no está ocupada por los EEUU, índice que marca el imparable declive de la UE y el incontestable ascenso de países como China. De confirmarse estas, y otras previsiones, estaríamos asistiendo a un cambio geopolitico trascendental. No esperar una respuesta de los países del centro capitalista sería sencillamente una ingenuidad.

Desde la crisis del sistema financiero en 2008, esta realidad no ha hecho más que profundizarse. Visto desde esta perspectiva el TTIP conformaría el ala “Atlántica” de un tratado mucho mayor que engloba también al TPP y al TISA, con la intención de crear desde Occidente de un poderoso instrumento geopolitico de contención de sus periferias.

Tal y como señala el experto en geoeconomía, David García, al analizar los acuerdos resaltan tres elementos. El primero está marcado por sus ausencias. Los llamados BRICS no forman parte de los países negociadores, pese a su importancia económica y demográfica. En segundo lugar, solo un estado se encuentra presente en los tres: EEUU. Y por último, un tercer aspecto resalta: todos los países forman parte de la óptica económica y política de Occidente, como México, Chile y Colombia en América Latina y Australia, Japón y Nueva Zelanda en el Área Pacífico.

De lograrse conformar, el TTIP-TPP-TISA englobaría el 75% del comercio mundial lo que impondría condiciones económicas globales que todos los países se verían forzados a cumplir, pero sobre todo, sería una poderosa herramienta de reorganización geográfica del espacio económico, con una periferia aún más dependiente y una Europa más subordinada a EEUU, el cual pasaría a liderar, ya de forma expresa, un poderoso bloque Occidental marcado por el principio rector “everyone but China“ (todos menos China).

Eddy Sánchez

Fuente: Público.es

martes, 11 de octubre de 2016

TTIP, CETA y TiSA: El asalto de las multinacionales al planeta, la democracia y los bienes comunes



Enrique Javier Díez Gutiérrez y Víctor Álvarez Terrón
Rebelión


El sábado 15 de octubre se desarrollan  en todo el Estado, convocadas por organizaciones y movimientos sociales, campesinos, vecinales, sindicales y políticos, para denunciar el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y los Estados Unidos (TTIP) que se prolonga ahora en el CETA y el TiSA, con el lema “Las personas y el planeta no somos mercancía”.

Entramos así en este otoño de resistencia, que se convoca desde los movimientos sociales y altermundistas exigiendo la suspensión del TTIP (entre multinacionales de la Unión Europea y de EEUU) y del CETA (entre multinacionales de la UE y de Canadá, caballo de Troya del TTIP), la nueva hornada de los tratados mal llamados de “libre” comercio e inversiones, que imponen los intereses económicos de las multinacionales en detrimento de los derechos de las personas. Para promover una sociedad igualitaria y respetuosa de los derechos de las personas y el medio ambiente es imprescindible replantear el sistema de comercio global que, a día de hoy, únicamente favorece la concentración del poder en manos de unas pocas multinacionales. El otoño en resistencia global llama a la movilización popular por el fin de la impunidad de las multinacionales y en pos de una acción colectiva para defender alternativas sociales como única vía para recuperar soberanía, democracia y derechos.

Organizamos recientemente un Curso de Verano de Derechos Humanos en la Universidad de León, que se celebró el último fin de semana de septiembre, titulado “TTIP: El Asalto de las Multinacionales a la Democracia”, donde expertos y expertas internacionales y nacionales, como Susan George desde Francia, Eduardo Garzón, Adoración Guamán desde Luxemburgo, Arcadi Oliveres o Maria José Rodríguez Rejas desde México, analizaron las consecuencias de este tipo de tratados para nuestra sociedad, nuestra democracia y nuestro planeta explicando que las organizaciones sociales se oponen a este acuerdo porque vulnera derechos laborales, sociales o medioambientales y sólo beneficia a las grandes empresas.

Explicaban cómo los documentos filtrados por Greenpeace (los principales textos de la negociación permanecen ocultos a la ciudadanía, existiendo una cláusula para no permitir su publicación en 30 años) confirman una devaluación de las normativas europeas en materia de protección de salud pública, consumo y medio ambiente. Quieren que caigan leyes y políticas que aún protegen los derechos e intereses de las mayorías sociales en Europa y Norteamérica.

Pero igualmente grave es la pérdida de empleos que puede suponer el TTIP. Recientes estudios auguran hasta 600.000 empleos surpimidos. La propia Comisión Europea, cuyo discurso gira en torno a la creación de empleo, reconoce que diversos sectores tendrían pérdidas de empleo. Como comentaba la profesora Rodríguez Rejas, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, un tratado similar, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, EEUU y Canadá, donde se preveía la creación masiva de puestos de trabajo, conllevó una pérdida neta de un millón de empleos.

Una consecuencia derivada de estos tratados comerciales, complementaba el economista Eduardo Garzón, es el aumento exponencial de las privatizaciones de los servicios públicos, como la educación, la sanidad, los servicios sociales, etc., bien directamente o de forma desagregada (ambulancias, comedores, gestión hospitalaria y educativa, etc.). Esto supone la implantación del lucro en los servicios públicos y el progresivo deterioro de los sistemas públicos de protección financiados públicamente, al considerarlos una “competencia desleal” con el sector lucrativo privado.

La equiparación de las normativas con las norteamericanas derivaría además en una rebaja de los estándares sociales y ambientales, profundizaba la presidenta del Transnational Institute de Ámsterdam, Susan George, al tomar como referente la legislación más laxa de cada zona, como han solicitado las grandes empresas. En la UE, avanzaba, rige un principio de precaución en el uso de sustancias químicas o pesticidas peligrosas, mientras que la legislación norteamericana da prioridad a la comercialización de los productos, de manera que sólo se retiran si se demuestra a posteriori que son dañinos. Lo mismo pasa con los transgénicos, la carne hormonada (aceptada en EE.UU.) o piensos fabricados con harinas de origen animal. Dado que EEUU tiene, por lo general, peores estándares ambientales (EEUU da prioridad al libre comercio sobre la protección del clima, dada la presión de la industria petrolera) y laborales que la UE, habría una pérdida de derechos sociales, laborales y ambientales cada vez mayor a favor de los intereses de las multinacionales.

Lo que nos mostró la profesora de Derecho del Trabajo, Adoración Guamán, es que se incluye un capítulo de protección de las inversiones, con el que las multinacionales extranjeras pueden denunciar legalmente a los Estados en tribunales internacionales privados, que dan prioridad a la salvaguarda de los inversionistas, por encima de las legislación social, laboral o ambiental del país, algo que ya ha ocurrido con otros tratados comerciales. Un ejemplo sería la privatización del agua en Estonia a una multinacional holandesa que demandó al Estado por querer impedir que subiera las tarifas del agua y la imposibilidad de revertir privatizaciones.

En definitiva, para todos los expertos y analistas, estos tratados sitúan los beneficios económicos por encima de la vida, la salud, los derechos sociales y laborales y el medio ambiente. La meta parece clara: eliminar las barreras sólo para la acumulación de beneficios de las multinacionales ya dominantes.

Las experiencias de Tratados de Libre Comercio anteriores han demostrado que las consecuencias han sido las contrarias a las prometidas: incremento de la desigualdad, aumento de los beneficios de las elites acomodadas, estancamiento de los salarios, crecimiento del desempleo, dumping social, declive de la protección social y destrucción de los derechos de las organizaciones de trabajadores y de su capacidad de negociación colectiva.

No podemos vaciar a la sociedad de derechos y a las instituciones democráticas de capacidad de decisión para cedérselo a las multinacionales, pedía el economista Arcadi Oliveres. Nunca antes ha existido una oposición a la política comercial y de inversión de la UE como con este tratado. Más de 1.800 gobiernos municipales y regionales, pymes y figuras de la cultura integran un movimiento contra los tratados como TTIP, CETA y TiSA con un impacto político cada vez mayor.

Nos vemos, pues, el sábado 15 en las calles defendiendo la democracia, los bienes comunes y el planeta en unos tiempos en que una economía criminal ha demostrado hasta dónde puede llegar en el saqueo y el atropello a la voluntad popular. Allí estaremos construyendo una “geopolítica de las resistencias” frente a la configuración de un gobierno económico mundial sustraído a cualquier control democrático y regido por el afán de saqueo de nuestros bienes comunes y de nuestros derechos.

Enrique Javier Díez Gutiérrez y Víctor Álvarez Terrón. Universidad de León y UNED.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 8 de octubre de 2016

La década ominosa de Latinoamérica llega a España



Andrés R. Amayuelas
Presidente de la Coordinadora de ONG de Desarrollo

La creencia generalizada atribuye a las avestruces la costumbre de esconder la cabeza bajo tierra cuando se acerca un peligro. Aunque no es verdad que lo hagan, la imagen viene como anillo al dedo para explicar el motivo por el que tendemos a no afrontar ciertos problemas porque asumimos que no ocurrirán o porque creemos que no contamos con las capacidades para enfrentarlos. Pero, ojo, como bien alerta la sabiduría popular, escondiendo la cabeza el trasero queda fuera.

Cual avestruz, parte de la población se esconde cuando le llegan los ecos de las graves consecuencias de los acuerdos comerciales que pretende firmar la Unión Europea con Canadá y Estados Unidos. TTIP, CETA, TISA, esa retahíla de siglas indescifrables que, al ser escuchadas, dibujan la mueca de indiferencia que precede al comentario de ¡no será para tanto!

Acabo de volver de Latinoamérica y tengo la sensación de que estamos viviendo en España lo que vivieron por aquellas latitudes a mediados de los 90. El 1 de enero de 1994, entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México. Coincidiendo con esa fecha y mientras los medios oficiales aseguraban que crearía empleos, haría crecer la economía y mejoraría el nivel de vida de la población, en lo más recóndito de la selva Lacandona un grupo de indígenas se levantaba en armas contra un sistema profundamente injusto y un acuerdo que calificaron como ‘sentencia de muerte’. El paso de los años está dando la razón a los insurgentes frente a los argumentos de los voceros del poder. Más de 22 años sufriendo las consecuencias de acuerdos comerciales y planes de ajuste estructural que se impusieron desde organismos y actores internacionales, reduciendo las inversiones en políticas sociales para garantizar que los bancos no quebraran y los países pagaran su deuda externa. ¿Les suena?

Todos los estudios demuestran que este acuerdo (NAFTA, en sus siglas en inglés) ha generado un aumento de la inversión extranjera directa en México, sobre todo desde EEUU. Ahora bien, este flujo no ha servido para promover procesos de crecimiento económico ni un fortalecimiento democrático. Es más, en los últimos 22 años el crecimiento se ha estancado mientras la pobreza se mantiene en un nivel inaceptable, la desigualdad se ha profundizado y el medio ambiente se ha degrado. Y sin duda, el NAFTA ha contribuido mucho a ello. Tal vez pueda pensarse que España no se encuentra en la misma situación que el México de los 90, tal vez… pero recuerden que más de 13 millones de personas se encuentran en riesgo de exclusión social en nuestro país, mientras 500 multimillonarios acaparan más de 30 millones de euros cada uno.

Las tretas de los acuerdos


Quienes defienden los acuerdos comerciales que ahora se negocian a puerta cerrada aseguran que crearán empleos y nuevas oportunidades para las pequeñas y medianas empresas. Cantos de sirena, no más. Si miramos a México comprobamos cómo el NAFTA ha provocado una desarticulación estructural de sus cadenas productivas nacionales en beneficio de la inserción, cada vez más subordinada y desigual, en los circuitos internacionales del capital. La población campesina se ha visto obligada a abandonar sus tierras y migrar hacia Estados Unidos; multitud de pequeñas y medianas empresas han echado el cierre. Las oportunidades laborales disponibles para las personas más jóvenes son mal pagadas, sobreexplotadas y con pésimas condiciones de trabajo. Los resultados de este tipo de acuerdos son devastadores.

Ya, dirán, pero aquí la protección laboral no es la misma que en el país azteca. ¿Seguro? La última reforma laboral ha supuesto el desmantelamiento de las conquistas sindicales del último siglo. Veamos un ejemplo. Una multinacional como Bridgestone ha ofrecido nuevas inversiones en sus plantas españolas siempre y cuando se aumente la jornada, desaparezca la antigüedad laboral y se rebajen en un 30% los salarios para las nuevas contrataciones. Un chantaje puro y duro en una empresa grande y con secciones sindicales organizadas y movilizadas. Para echarse a temblar si pensamos en que este tipo de acuerdos equipará a la baja las condiciones laborales con legislación estadounidense que ni siquiera ha ratificado los convenios internacionales que prohíben el trabajo infantil, garantizan la negociación colectiva o la libertad sindical.

Un último apunte sobre las consecuencias del NAFTA. Desde 1994, México ha pasado de ser un país exportador de maíz, -un cereal del que depende el 80% de la dieta nacional, y que es parte de sus raíces históricas de su cultura-, a ser país receptor de una auténtica invasión de maíz estadounidense de baja calidad. Todo gracias y a consecuencia de la eliminación de barreras comerciales y a la política subsidiaria de Washington. El movimiento campesino de México lo denunció claramente en el manifiesto Ciudad Juárez: “hacer depender la alimentación de nuestro pueblo de las importaciones de los EEUU, controladas por unas cuantas transnacionales, es aceptar la madre de las derrotas: la de la comida de nuestra gente”.

Está claro que si adoptamos la estrategia del avestruz ante los acuerdos comerciales que tratan de imponer los grupos de presión de las grandes empresas, nos van a dar por todos los lados. Es hora de hacerles frente porque hay experiencias que demuestran que un giro es posible. En 1998, gracias a una potente campaña ciudadana, se consiguió parar el Acuerdo Multilateral de Inversiones, que estaba impulsado por la OCDE y la Organización Mundial de Comercio. Si nos movilizamos podemos pararlo de nuevo.

El poder piensa que no tiene a nadie enfrente, que la respuesta social apenas tiene entidad y que quienes creemos que otro mundo es posible y necesario somos incapaces de articular una respuesta global contundente. La historia demuestra que los avances sociales para el 99% de la población solo se han conseguido con la lucha de personas y organizaciones concienciadas y críticas, que han sacado la cabeza del hoyo, y han puesto el apoyo mutuo y el bien común por delante de los intereses de unos pocos privilegiados.

Los tratados comerciales generan desigualdad y pobreza; violan derechos humanos. Es urgente que la ciudadanía dé un paso al frente y se plante; es necesario que gobiernos locales y nacionales nos acompañen. Por eso, nos movilizamos en la semana contra la pobreza; del 14 al 21 de octubre saldremos a las calles para reivindicar, de manera clara y directa, que las personas y el planeta tienen que estar por encima de los intereses de las multinacionales. Si queremos acabar con la pobreza, reducir las desigualdades y proteger a nuestro planeta, no hay otro camino.

Fuente: Público.es

sábado, 2 de julio de 2016

EL TRATADO TRASATLÁNTICO DE COMERCIO E INVERSIONES (TTIP) Y LOS CONSUMIDORES






lamentable.org
José Mª Fernández Seijo
Magistrado

Conviene ir acostumbrándose a escuchar estas siglas: TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership). Bajo este acrónimo se esconden, en realidad, un conjunto de tratados de la más variada índole que están negociando los Estados Unidos con la Unión Europea, su finalidad principal es la de consolidar un mercado único de comercio e inversiones que rija los destinos de la economía global.Ya existen tratados similares firmados en el marco de la Organización Mundial del Comercio que han sentado las bases de la liberalización en las transacciones de todo tipo de bienes o servicios.
El TTIP tiene la particularidad de negociarse directamente entre Estados Unidos y la Unión Europea, la intervención de los países de la Unión es secundaria lo que determina una muy mala noticia si se tiene en cuenta que la Comisión Europea no vive un momento especialmente brillante.
La salida del Reino Unido de la UE (el Brexit) no facilita, ni mucho menos, la negociación ya que los Estados Unidos tradicionalmente han firmado acuerdos bilaterales con UK que han marcado el paso del resto de países occidentales.
Sería una osadía intentar sintetizar en unas cuartillas todos los matices de los tratados en negociación, entre otras razones porque el grueso de los materiales ha sido considerado confidencial y los selectos eurodiputados que han accedido a los documentos están sometidos a severas normas de confidencialidad.

La oposición al Tratado ya se hace sentir en muchas ciudades europeas
Sin embargo, puede ser útil que la gente de la calle vaya acomodando sus oídos, sus bolsillos y sus garantías al TTIP ya que, cuando finalicen las rondas negociadoras, el Tratado puede modificar sustancialmente los derechos de millones de individuos, sobre todo el núcleo más sensible referido a derechos sociales, medioambientales y de seguridad.
El gran mercado Transatlántico, que abarcaría desde Canadá a México y todo el espacio de la Unión Europea, incluido el Reino Unido con sus acuerdos preferenciales, se convierte en un goloso bazar con decenas de millones de consumidores.
Seguramente se publicarán sesudos ensayos sobre la incidencia del TTIP, para hacer boca puede ser útil establecer algunas ideas fuerza acerca de la incidencia del TTIP en la tutela a los consumidores.
1 La protección a los consumidores es un contrapeso a las normas sobre correcto funcionamiento de los mercados. El libre mercado exige que el consumidor no pueda ser engañado, tampoco confundido.
2 En importantes normas sectoriales básicas para el libre mercado (propiedad industrial, propiedad intelectual, competencia desleal, defensa de la competencia), se exige que el consumidor «esté razonablemente informado, sea atento y perspicaz». Por lo tanto, hay un estándar de protección del consumidor que obliga a realizar un esfuerzo a los poderes públicos para que cualquier situación de desequilibrio se pueda evitar tanto en el momento de la contratación como en los procedimientos judiciales a los que pueda acudir el consumidor.
3 Los documentos de trabajo del TTIP sólo hacen referencia a la necesidad de protección del consumidor en los supuestos de comercio electrónico y en el capítulo de información y comunicación electrónica. Olvida referencias concretas a los consumidores en materias tan delicadas como la de los productos sanitarios, farmacéuticos o alimenticios, en los que el riesgo no sólo es patrimonial, sino también de salud. También quedan fuera del ámbito de tutela del consumidor en el TTIP los productos y servicios financieros, en los que se propugna una liberalización casi absoluta.
4 El consumidor no sólo se encuentra en situación de desequilibrio en el momento de la contratación, sino también dentro del proceso (STJUE caso Océano, 27 de junio de 2000), por lo tanto, cualquier sistema de resolución de conflictos en los que se busque alternativas a la tutela judicial exige una especial cautela. No puede soslayarse que uno de los pilares del TTIP se asienta en el establecimiento de un sistema de solución de conflictos arbitral ajeno los sistemas judiciales europeos.
5 En la cultura anglosajona la tutela de consumidores se apoya en acciones colectivas de muy elevado coste, en el modelo europeo no es posible impedir al consumidor que opte por la tutela individual y pueda eludir las demoras y disfunciones de la tutela colectiva (STJUE caso Sales Sinué, 14 de abril de 2016).
6 El consumidor tiene derecho a un especial ámbito de protección que se convierte en derecho fundamental en la carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (artículo 38, mencionado por STJUE caso Kusionova, de 10 de septiembre de 2014). Este derecho fundamental queda desmantelado si se opta por mecanismos de resolución de conflictos que se alejen incluso físicamente del consumidor, también se degrada este régimen de protección si no se garantiza el control de oficio del juez o de cualquier otra autoridad pública.
7 Los sistemas de protección de conflictos que propugnan los borradores de anexos que acompañan al TTIP diluyen los instrumentos de control al fiarlos a organismos transnacionales de naturaleza no jurisdiccional en los que tendrán un peso determinante las grandes corporaciones y los lobbys.
8 La Jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en materia de consumidores daría una respuesta radicalmente contraria a cualquier instrumento de resolución de conflictos con consumidores como consecuencia del funcionamiento del mercado que rebajara esos estándares de protección. Debe tenerse en cuenta que la tutela del consumidor no sólo afecta a cláusulas concretas incluidas en los contratos, sino también a cualquier comportamiento o práctica que, de hecho, debilite al consumidor.
9 Hasta la fecha las negociaciones realizadas en el marco de la Organización Mundial del Comercio se habían realizado entre estados, lo que había permitido que los estados, a la hora de adherirse a alguno de los convenios, pudiera realizar las reservas correspondientes para evitar o reducir los efectos de algunos compromisos. Sin embargo, en el TTIP la negociación se realiza entre USA y UE, sin tener en cuenta las particularidades de algunos países de la Unión. Es difícil que se consensue un modelo de tutela de los consumidores en el marco de los tratados de libre comercio transatlántico, cuando todavía no se ha establecido un marco común de tutela de los consumidores en el ámbito de la Unión Europea, en la que sigue habiendo consumidores de primera o de segunda categoría en función de las legislaciones internas aplicadas.
10 Son especialmente preocupantes las propuesta del TTIP en materia de liberalización de servicios y productos financieros, en los que todas las iniciativas giran alrededor de una liberalización absoluta sin ningún tipo de contrapeso y sin ningún instrumento regulador que pueda evitar o corregir los atropellos del llamado capitalismo de casino (el de las subprime, los derivados financieros, los bonos basura, los fondos de inversión y otros productos que tienen su origen en el mercado financiero anglosajón y que han llevado a la ruina a millones de familias en todo el mundo).
Esperemos que la decimocuarta ronda de negociaciones, que se inicia el 12 de julio, fortalezca el flanco del consumidor, que no haga insalvable el desequilibrio evidente en el que se encuentra a la hora de comprar bienes o adquirir servicios con empresas que no sólo imponen sus reglas, sino también el modo en el que dirimir las disputas.




ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

Fuente: ATTAC Madrid

domingo, 8 de mayo de 2016

TTIP, incoherencia democrática


Francia ha dicho NO ¿Y Mariano?


Con el Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) entre Europa y Estados Unidos como una espada de Damocles sobre Europa la democracia, o lo que llamamos democracia, que dista mucho de serlo, agoniza. Esta semana, entre estertores, hemos visto la luz al final del túnel. Las filtraciones efectuadas por Greenpeace Holanda sobre los documentos secretos del TTIP han reforzado las denuncias realizadas por muchos colectivos sobre los intentos de anteponer los beneficios empresariales a los intereses de la ciudadanía.
El rotundo no al TTIP de Francia nos devuelve la esperanza. El presidente francés ha sido tajante: “no aceptaremos nunca que se cuestionen nuestros principios esenciales, por eso, en este momento, Francia dice no”. El responsable del Comercio Exterior francés explicó la negativa argumentando que “nosotros queremos defender nuestras pequeñas y medianas empresas, la agricultura, el medio ambiente. No tendría ningún sentido haber hecho la COP21 (Cumbre del Clima) en diciembre en París y unos meses después firmar un pacto que la deshace”.
Es de agradecer a Francia esa valentía política o coherencia, tan escasa en nuestros días. Los europeos pagamos, generosamente, a unos europarlamentarios que a la vista de lo acontecido no nos representan, tan sólo representan sus intereses personales. No es entendible que un político permita acuerdos secretos, cuando es un representante del pueblo, o debería serlo. Salvo honrosas excepciones, no hemos visto indignación ante un acuerdo secreto, un acuerdo que se oculta y que a todas luces es contraproducente con los intereses generales. Lo lógico, lo esperable, lo políticamente correcto es que el Parlamento Europeo en bloque se hubiera manifestado contra la opacidad, el ocultamiento de la información porque hablamos de democracia y la información es tan básica como votar.
¿Cómo puede parecerle a un demócrata, sea cual sea su ideología, coherente que se firme un acuerdo para que los documentos de la negociación no sean públicos hasta 30 años después de concluidas las negociaciones? ¿Cómo permitieron que la información sólo fuera accesible a los coordinadores de la Comisión de Comercio Internacional (INTA), o sea sólo un parlamentario por grupo? ¿Cómo permitieron que se hablara de sanciones administrativas o incluso de procesos penales si revelaban toda o parte de la información?¿Cómo permiten que los lobbies corporativos manejaran más información que los europarlamentarios y los ciudadanos? ¿Son conocedores los europarlamentarios del significado de democracia?
Es deleznable comprobar la corrupción que existe en nuestra política. Porque mirar para otro lado, es corrupción aunque a alguno le hiera su sensibilidad. En este país hablar claro molesta. Quieren tenerte etiquetada y controlada. Ser coherente y crítica es peligroso para el poder establecido. Necesitan etiquetarte para intentar desprestigiarte. Yo abogo, como siempre lo he hecho, por la libertad de expresión, por ser coherente con mis principios y valores aunque a los “seguidores” de algunos partidos les moleste cuando pones negro sobre blanco sus incoherencias manifiestas.
Como dice Walter Riso “el respeto por nosotros mismos y por nuestros valores debe anteponerse a cualquier temor o deseo de agradar” Es inaudito no oír, por los responsables políticos, quejas contundentes contra el TTIP dado que atenta contra el bien común beneficiando única y exclusivamente a las empresas multinacionales que no sólo conseguirán mayores beneficios con productos de peor calidad, sino que doblegarán gobiernos. Pretenden rebajar los estándares alimentarios (ver Ostracismo del TTIP en el Pacto de Gobierno), acabar con los derechos de la ciudadanía (ver El TTIP, una pérdida de derechos), doblegar a los gobiernos limitando su capacidad legisladora (ver Mutis por el TTIP en la investidura) y como colofón Greenpeace Holanda nos advierte de la presión que está haciendo EE.UU. para eliminar la cláusula, que Europa tiene en vigor, para impedir que ningún artículo salga al mercado sin previamente haber demostrado que no es dañino, los americanos pretenden imponer el principio de comercialización, o sea, que salga el producto al mercado y luego ya se verá si es dañino.
Se acercan unas elecciones, tal como relatamos desde las primeras declaraciones de los cabezas de lista, dato fácilmente contrastable con la hemeroteca, es necesario que tengamos la cabeza fría siendo críticos y coherentes. No debemos dejarnos engañar por un marketing político cuyo fin es la manipulación. Es una tarea difícil porque “en todas partes cuecen habas” pero como decía Martín Luther King “siempre es el momento correcto para hacer lo correcto” aunque sea difícil, duro y te cuestionen por ello.
Puedes encontrarme en Facebook, YouTube y en Twitter: @OdalysPadronTFE

Fuente: Público.es

viernes, 6 de mayo de 2016

Rechazo al libre comercio



Resultado de imagen de Rechazo al libre comercio
Manifestantes de Greenpeace

Le Monde Diplomatique


Los manifestantes franceses reunidos por el movimiento Nuit Debout esperan que una “convergencia de las luchas” les permita extender su audiencia a participantes menos jóvenes, menos titulados, e insertarse en una dinámica internacional. Uno de sus temas de actuación podría favorecer ese doble objetivo: el rechazo a los tratados de libre comercio (1).
Los meandros de los tratados comerciales suelen ser desalentadores para las movilizaciones por la dificultad que plantean a la hora de entender qué etapa hay que vigilar de cerca, o qué disposición aparentemente técnica es la que disimula una bomba social. Sin embargo, a pesar de la repetición constante de los medios dirigentes, de la patronal y de los medios de comunicación que están de su parte, la hostilidad hacia estos tratados se extiende. Las movilizaciones contra el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés) son importantes en Alemania y en Bélgica (2). En Estados Unidos, todos los principales candidatos a la presidencia se han posicionado en contra del Tratado Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés). Ahora bien, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el imperio estadounidense ha desempeñado un papel central en la liberalización de los intercambios. Con respecto a este tema, el acuerdo fue casi absoluto entre los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca, demócratas o republicanos, de John Kennedy a Ronald Reagan, de George W. Bush al presidente Barack Obama. Y de repente, la locomotora liberal se detiene.
Obama no convenció con su discurso de que “las empresas que sólo buscan salarios bajos ya se han ido”. Porque los acuerdos comerciales precedentes ya tenían que aportar empleos en abundancia y buenos salarios… Así pues, no resulta sorprendente que hombres tan distintos como Donald Trump y Bernie Sanders hayan lanzado ataques electorales criticando dichos tratados. Esto obligó a Hillary Clinton a renegar del apoyo que otorgaba al TPP cuando era secretaria de Estado de Obama. Y François Hollande también estaría dispuesto a cambiar su parecer acerca del TTIP, cuya firma quería acelerar hace dos años…
Los obreros que, chantajeados con el desempleo y con las deslocalizaciones, han sufrido una reducción de sus salarios ya no están solos cuando rechazan el libre comercio. Los ecologistas, los agricultores, los consumidores se han unido a ellos. Y los empleados del sector público, incluso los bomberos, también se movilizan. Hasta tal punto que un dirigente patronal estadounidense no puede creerlo: “Ninguno de ellos compite con las importaciones, pero su sindicato se muestra solidario con los otros” (3). El de los empleados del sector público ha comprendido que no lograría defender durante mucho tiempo los puestos y los sueldos de sus dos millones de miembros si los de los otros empleados se siguen viniendo abajo. Y los bomberos saben que el reemplazo de las empresas que pagan impuestos por terrenos baldíos industriales recortará los presupuestos municipales, lo que pondrá en peligro muchas de sus instalaciones. En definitiva, existe la convergencia de las luchas con respecto a esta cuestión y ya ha cosechado sus primeros éxitos.

Notas
(1) Véase “TTIP, NAFTA, TISA... Una OTAN de la Economía”, Punto de Vista , nº 8 de Le Monde diplomatique en español , octubre de 2015. http://www.mondiplo.net/PV8
(2) Véase Amélie Canonne y Johan Tyszler, “Esos europeos que desafían el libre comercio”, Le Monde diplomatique en español , octubre de 2015.
(3) Noam Scheiber, “Labor’s might seen in failure of trade deal as unions allied to thwart it”, The New York Times , 14 de junio de 2015.

Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=7182df4d-fe90-4fb4-8410-270eb538211d
Fuente: Rebelión

martes, 3 de mayo de 2016

Susan George: “Uno de los propósitos del TTIP es homogeneizar las economías de EEUU y la UE”



Susan George, presidenta de honor de ATTAC Francia y del Transnational Institute de Amsterdam.
Susan George, presidenta de honor de ATTAC Francia y del Transnational Institute de Amsterdam.


“Este tratado es un programa de las corporaciones. Todo lo que contiene se está negociando en nombre de las grandes multinacionales" explica la activista, una de las voces más críticas contra este acuerdo comercial.



BARCELONA. Susan George, la filósofa y politóloga reconocida por su lucha contra el TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones), habló la semana pasada con Público sobre los datos que hoy revela Greenpeace Holanda en relación al acuerdo comercial entre EEUU y la UE. “Uno de los propósitos del TTIP es homogeneizar las economías de EEUU y la UE. Con ello, las corporaciones adquieren el poder de controlar las leyes de los estados”, explicó en Barcelona tras participar en el seminario sobre convivencia planetaria organizado por la asociación Imago.
“La cuestión es que este tratado es un programa de las corporaciones. Todo lo que contiene se está negociando en nombre de las grandes multinacionales: éstas contactan con los negociadores, tienen acceso al contenido del tratado y quieren controlar las regulaciones comerciales”, defendió George.

La también presidenta del Comité de Planificación del Transnational Institute de Ámsterdam y presidenta de honor de ATTAC Francia insistió en que este acuerdo comercial afecta, sobre todo, a los ciudadanos europeos porque “EEUU tiene leyes más débiles con el uso de productos químicos o con la permisión del fracking en beneficio del mercado”.
“El interés de los inversores es ir reduciendo las regulaciones, y entrar en el sector de la salud de Europa”, añadió. Como denuncian desde hace tiempo Greenpeace o Ecologistas en Acción, el medio ambiente, la salud y otros derechos laborales se verían afectados en Europa con la firma del tratado.
George se refirió a los municipios como espacios que “tienen mucho que perder con la firma del TTIP” ya que, por ejemplo, en las zonas rurales de España “habrá una pérdida significativa de pequeños agricultores”. Informada sobre las próximas elecciones en el país, George consideró que “hay que votar al partido que sepa decir No” al TTIP y a una economía dominada por las grandes corporaciones.

Demandar a los gobiernos, otro objetivo del TTIP
“Para que los inversores puedan controlar y censurar a los gobiernos”, continuó George, “necesitan desarrollar un sistema de leyes privadas”. Los tribunales de arbitraje que contempla el TTIP, que permitiría a las corporaciones denunciar a los estados que regulen en contra de sus intereses, “impondrían enormes sanciones a los gobiernos, y en consecuencia, a los ciudadanos”. Sin embargo, parece que tanto Alemania como Francia rechazan la firma del tratado si se incluyen estos tribunales privados.
Para George, la firma del tratado comercial con Europa “responde al interés de EEUU por preservar su hegemonía económica mundial, sobre todo contra los BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica)”. En relación al avance de las negociaciones, Susan George opina que “por mucho que se diga que este acuerdo se aprobará cuando Obama aún esté en su oficina”, la gente está cada vez más concienciada porque “los medios informan en aumento sobre las repercusiones del TTIP”.
El acuerdo CETA, de las mismas características que el TTIP pero entre la UE y Canadá, también está a punto de ratificarse y para George “es peligroso porque las corporaciones estadounidenses usarán la filiación canadiense para demandar a Europa”.

¿Cuál es la demanda de los inversores europeos?
Susan George también habló de las intenciones de las corporaciones europeas en EEUU. “El interés de Europa es meterse en las maniobras de los EEUU, y quieren hacerlo tanto a nivel federal, estatal como local”. “Lo que no entienden en Europa es que los negociadores nacionales no tienen el poder para traicionar lo que los estados han decidido. El gobierno federal no puede obviar la soberanía estatal”, explicó.
La autora del último libro 'Los usurpadores. Cómo las empresas transnacionales toman el poder', a sus más de 80 años, comentó que va a seguir luchando contra la firma del TTIP, ahora en relación a la vulneración de los derechos humanos. “El impacto del TTIP sobre el medio ambiente ya está extendido, ahora toca involucrar a más gente en esta batalla”.

Fuente: Público.es

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