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lunes, 15 de mayo de 2017
Perspectivas sobre el futuro de la Unión Europea
Alejandro Nadal
Durante más de dos siglos la teoría económica ha estado dominada por el paradigma del equilibrio. La idea es sencilla: el enfrentamiento entre fuerzas económicas, como las de la oferta y la demanda, conducen a una situación de reposo o equilibrio. Pero en el mundo real las cosas no funcionan así. La inestabilidad y el desequilibrio dominan los procesos económicos y conducen a senderos explosivos y crisis.
Al adoptar el arquetipo del equilibrio, la teoría económica convencional se cerró las puertas al conocimiento y eso explica por qué le cuesta tanto trabajo a los economistas convencionales entender el aprieto por el que hoy atraviesa la Unión Europea. Y eso a pesar de los avisos de alerta de algunos importantes economistas, que como Wynne Godley y Charles Goodhart percibieron con gran lucidez los peligros de una unión monetaria mal concebida.
En un artículo publicado en 1992, Godley escribió que el proyecto de la unión monetaria europea (UME) estaba basado en la premisa de que la integración podía llevarse a cabo con una moneda común administrada por un banco central único e independiente. Los promotores del proyecto consideraban que no se requería nada más, pero eso tenía sentido sólo bajo el supuesto de que las economías nacionales fueran sistemas estables que se ajustan automáticamente. Esa idea falaz es el marco de referencia del Tratado de Maastricht. Lo único que debían hacer los gobiernos era mantener un balance fiscal mientras que el Banco Central Europeo (BCE) administraría la oferta monetaria a escala supranacional.
Pero para Godley la entrega de soberanía monetaria inscrita en el tratado es un sacrificio mayúsculo que reduciría a las economías nacionales europeas al estatus de autoridades locales e incluso el de colonias. Después de Maastricht los países integrantes de la unión monetaria abandonaron su capacidad de utilizar al banco central como prestamista de última instancia, renunciaron la potestad de fijar el tipo de cambio y cedieron la capacidad de fijar la tasa de interés de referencia.
En el caso de una recesión prolongada, o una crisis deflacionaria y altas tasas de desempleo crónicas, las autoridades nacionales y el BCE serían incapaces de aplicar políticas macroeconómicas para superar los problemas. En esas condiciones, señaló Godley, como los miembros de la unión monetaria no tendrían el beneficio de un mecanismo fiscal para compensar los desequilibrios, se encaminarían en un proceso acumulativo (de rendimientos crecientes) y declinación terminal en el que sólo la migración podría hacer frente a la miseria y el hambre.
Escribiendo en 1997 Goodhart, los promotores del euro compararon la reducción de costos de transacción (al remplazarse las múltiples divisas europeas por el espacio monetario común del euro) con el costo de un deterioro macroeconómico. Sobrestimaron la reducción de costos de transacción y minimizaron el riesgo de cualquier desajuste macroeconómico. De esta forma, no tomaron en cuenta las complejas relaciones entre la política fiscal y la creación monetaria y prefirieron ignorar el peligro de un debilitamiento de la postura fiscal de los gobiernos miembros de la unión o de que una crisis en el mercado cambiario se trasladara al mercado de bonos. En esos casos, los gobiernos no tendrían más opción que la de aplicar medidas deflacionarias, como las que vaticinó Godley.
El Tratado de Maastricht impone una restricción sobre el balance fiscal para someter a los gobiernos a la disciplina del mercado de capitales. Pero confrontados con una crisis deflacionaria, esa disciplina sólo se mantiene aplicando una política de austeridad que añade gasolina al fuego. El estancamiento por el que atraviesa Europa en estos tiempos es el trágico resultado.
Las reformas que urgen en la unión monetaria incluyen el manejo de la deuda mediante bonos europeos y la reforma a fondo del pacto de estabilidad y crecimiento para erradicar la carrera hacia la austeridad. Los obstáculos para estas reformas son considerables. Alemania no quiere oír hablar de ellas porque el proyecto monetario le ha funcionado muy bien. Pero si el esquema de integración no se modifica, muy bien tendría que decirle adiós al proyecto europeo.
Los focos rojos siguen alertando sobre las amenazas que rodean a la unión monetaria. Hoy la crisis del euro sigue su camino inexorable, pero el Banco Central Europeo ha anunciado que continuará por el camino de la flexibilización monetaria. En los meses que vienen las dificultades pueden intensificarse y el epicentro podría cambiar, acercándose más al quebradizo sistema bancario italiano.
El Tratado de Maastricht y las políticas para afrontar la crisis son el resultado de una teoría económica aferrada a la postura ideológica sobre estabilidad de las economías nacionales. Si no se adopta un marco analítico más riguroso y menos comprometido con los dogmas del neoliberalismo, el resultado terminal del proceso será la destrucción del euro y el fin del proyecto de integración europea.
Alejandro Nadal
Economista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.
Fuente: La Jornada, 10 de mayo 2017
lunes, 3 de abril de 2017
El pan es suyo, la dignidad nuestra
DAVID BOLLERO
La entrevista a Luis de Guindos que publica hoy Cinco Días es una bofetada de realidad a esas personas ingenuas que de verdad creen que España mejora sustancialmente, que el nivel de vida a pie de calle se está recuperando; esos que, como denunciaba hace unos días, parecen no haber escarmentado. El ministro de Economía hace gala de su más inquietante neoliberalismo, de ese capitalismo depredador que devora a la clase trabajadora.
España engrosa la lista de países a lo largo de la Historia que prueba que bajar los salarios -o la ‘moderación salarial’, en su lenguaje manipulador- no contribuye a reducir la tasa de desempleo. Que España haya bajado del 27 al 17%, no se debe a la bajada de sueldos, sino a la precarización del empleo y la temporalidad.
Aunque ya se siente lo suficientemente acorralado por la realidad como para tener que admitir que “la evolución salarial no debe ser ya la de una economía al borde del colapso”, el responsable de Economía no duda en afirmar que “sería un error incorporar el repunte de inflación que hemos vivido en estos meses a los salarios”.
Dicho de otro modo, que no les engañen los cantos de sirena ni nadie crea que el mensaje de De Guindos trae consigo una subida salarial. Nada más lejos de la realidad. El ministro habla de “normalizar” y, además, de ajustar los salarios a la productividad. ¡Qué gran falacia del neoliberalismo!
Parece mentira que en esas mismas escuelas de negocios de donde salen personajes de esta calaña se produzcan estas contradicciones y las masas aborregadas las sigan a pies juntillas. En esas escuelas, se habla de la gestión del talento, del compromiso del trabajador con la empresa, lo que ahora de denomina el engagement. ¿De veras creen que ligar salario a productividad favorece ese compromiso?
¡Qué gran error de gestión! La ecuación es inversa: si l@s trabajador@s se siente cuidad@s, si se ven recompensad@s justamente por el trabajo que desempeñan, serán las primeras personas que mimen a la organización, se convertirán sus mejores prescriptor@s. Ligar su salario a la productividad -que sale de descontar los costes, de los que hay que deducir los sueldos astronómicos de la alta dirección-, empapa a toda la empresa de un tufo esclavista atroz.
Continúa De Guindos, en esa lógica neoliberal que nos ha conducido a niveles de miseria jamás vividos en España desde la posguerra, indicando que “la subida no puede ser uniforme, tiene que haber dispersión”, es decir, que sea cada empresario, en función de cuánto quiere embolsarse, el que juegue con el pan de las personas y sus familias.
Para cualquiera mínimamente informad@, la entrevista al ministro de Economía, lejos de tranquilizar, debería mantenerle en guardia, porque constata en manos de quién está nuestro pan. No olviden que la dignidad es suya y solo suya. No la pierdan ni dejen que se la arrebaten.
Fuente: Público.es
jueves, 16 de marzo de 2017
Escenario 3: una integración diferenciada para la Unión Europea
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| El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker (izq), conversa con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk (d). EFE |
Durante el Consejo Europeo de diciembre de 2017 los Estados miembros deberán tomar posiciones sobre la Unión Europea que desean. Hay demasiado en juego
Mariola Urrea Corres El 14 de septiembre, como cada año por esas mismas fechas, el presidente de la Comisión Europea compareció ante el Parlamento Europeo para pronunciar su Discurso sobre el Estado de la Unión. Una oportunidad perfecta para hacer balance sobre los logros conseguidos y plantear los retos de futuro. En esta ocasión, Juncker no quiso restar importancia a la situación de profunda crisis por la que atraviesa la Unión y, en un ejercicio de realismo y honestidad, no dudó en afirmar que "nunca antes había visto tanta fragmentación, tan pocas cosas en común en nuestra Unión".
Desde este planteamiento, se preguntaba, a continuación, si queremos dejar que nuestra Unión se desintegre ante nuestros propios ojos o si, por el contrario, ha llegado el momento de ponerse manos a la obra para avanzar hacia una Europa mejor. Un proyecto que, a su juicio, pasa por profundizar en "una Europa que proteja, una Europa que preserve el modo de vida europeo, una Europa que empodere a nuestros ciudadanos, una Europa que vele por su seguridad y una Europa que asuma responsabilidades". En definitiva, una Europa más justa, más solidaria, más democrática, más atractiva y más comprensible.
Resulta difícil no compartir el diagnóstico expuesto o no estar de acuerdo con el propósito señalado por el presidente de la Comisión en torno a la necesidad de construir una Europa mejor. Sin embargo, nada de lo dicho hasta el momento responde a la pregunta clave: ¿cómo abordamos en los próximos 12 meses el fortalecimiento de esta Europa con ciertas garantías de éxito en el empeño?
Para inspirar la solución y contribuir al debate, la Comisión Europea ha preparado un documento con el que aporta su reflexión particular a la Cumbre que tendrá lugar en Roma, el próximo 25 de marzo, en la que se conmemora el sexagésimo aniversario de un proyecto de integración que debe hacer frente a nuevos desafíos dentro de las posibilidades que le ofrece el actual marco jurídico-institucional previsto en los Tratados, dado que la opción de una reforma de los mismos, aunque necesaria, está obviamente descartada.
En este sentido, el citado Libro Blanco sobre el futuro de Europa de la Comisión Europea describe cinco escenarios posibles hacia los que, a su juicio, puede evolucionar la Unión Europea hasta 2025. A saber, Seguir igual (escenario 1), Solo el mercado único (escenario 2), Los que deseen hacer más, hacen más (escenario 3), Hacer menos pero de forma más eficiente (escenario 4) y Hacer mucho más conjuntamente (escenario 5).
De los cinco escenarios descritos por la Comisión Europea, en tres de ellos se aprecia un preocupante escaso nivel de compromiso con la filosofía que ha inspirado desde su nacimiento el proyecto europeo (escenarios 1, 2 y 4). Más aún, parece claro que mientras el escenario 1 incorpora, incluso, un potencial riesgo de involución sobre lo ya logrado, el escenario 2 proyecta una verdadera mutación de la actual Unión Europea hacia una modesta zona de libre cambio. Más ambiguo resulta la descripción del escenario 4, cuyos pretendidos resultados, para que sean positivos, demandan unos consensos previos que difícilmente pueden hoy asegurarse.
Parece claro, por tanto, que sólo los escenarios 3 y 5 descritos en el Libro Blanco presentan, realmente, un nivel de ambición política digna de ser tomada en consideración por quienes aspiran a garantizar la viabilidad futura de Europa. De los dos escenarios señalados, el escenario 5 responde al modelo de Unión federal que ha estado presente desde los documentos fundacionales, si bien no parece una agenda realista para una Europa a 27 trufada de importantes desencuentros. En consecuencia, el impulso que precisa la Unión requiere asentarse, al parecer, sobre la integración diferencia que expone, con acierto, el escenario 3.
Conviene tener presente que la conveniencia de introducir elementos de diferenciación temporal, espacial o material en el proceso de construcción europea, para hacer compatible el progreso de la Unión con la capacidad y la voluntad de los distintos Estados miembros, no es ninguna novedad. De hecho, fue Willy Brandt quien formuló por primera vez esta idea ante el Congreso del Movimiento Europeo celebrado en París en 1974.
Desde entonces, la búsqueda de fórmulas flexibles de integración con creativas formulaciones semánticas (Europa "varias velocidades", Europa como "núcleo duro", Europa a "geometría variable", Europa de "círculos concéntricos", Europa a "la carta"…) ha sido un recurso habitual, dentro y fuera de los Tratados, para materializar la Unión Económica y Monetaria, el Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia o la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión, entre otras políticas.
De hecho, difícilmente se habrían obtenido tales avances si hubieran estado sometidos a las exigencias que impone la integración unitaria. Desde una concepción positiva de la idea de integración diferenciada, el Tratado de Ámsterdam dio un paso más al regular la cláusula de cooperación reforzada imponiendo condiciones y limitaciones para su uso que las reformas de Niza y Lisboa han ido modulando con acierto. Este mecanismo jurídico, cuya utilización hasta la fecha ha sido testimonial, permite, a aquellos Estados que lo deseen, poder seguir avanzando en la integración, dentro de las instituciones europeas y de acuerdo a los procedimientos de la Unión, sin que sus pretensiones puedan verse limitadas por aquellos otros Estados que no deseen acompañar el proceso. Una fórmula, sin duda, ingeniosa que, en breve, puede dar importantes resultados en el ámbito de la defensa, a través de la puesta en marcha de una cooperación estructurada permanente.
Durante el Consejo Europeo de diciembre de 2017 los Estados miembros deberán tomar posiciones sobre la Unión Europea que desean y apuntar los compromisos que están dispuestos a asumir para hacerla realidad. En este debate, todavía abierto, creo firmemente que la integración diferenciada puede ser una opción adecuada por tratarse de un método que permite, de una parte, administrar con cierta armonía intereses contrapuestos de los Estados y, de otra, preservar la concepción de la Unión como una federación supranacional de corte asimétrico.
No es una aspiración de máximos, pero su consolidación en un momento de extrema debilidad política para la Unión podría representar, sin duda, un escenario claramente esperanzador. Este es, en realidad, el desafío político más importante al que se enfrenta la Unión en el momento de celebrar su sesenta aniversario. Convendría acertar con la propuesta. Hay demasiado en juego.
Fuente: eldiario.es
jueves, 9 de marzo de 2017
El porqué del declive electoral del PSOE: los entramados de sus equipos económicos
Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona
A primera vista, parece sorprendente que sea tan difícil para la dirección del PSOE comprender por qué la socialdemocracia en España (y en Europa) ha ido perdiendo apoyo electoral desde ya hace años, pérdida que se acentuó de una manera muy marcada en los últimos años de gobierno del PSOE, que fueron los años del inicio y desarrollo de la Gran Recesión. La explicación más común que dan voces de esta dirección (y columnistas próximos a tal partido) a este descenso del apoyo electoral es que la estructura social del país ha ido cambiando, de tal manera que la clase trabajadora (que tradicionalmente había sido la base electoral más sólida y leal de dicho partido) ha ido desapareciendo o se ha ido transformando en clase media, que ha pasado a ser la mayoría de la población. Esta explicación continúa apareciendo de una manera explícita o, más frecuentemente, de una manera implícita, en las declaraciones de dirigentes de tal partido, justificando así su pérdida de apoyo electoral.
La evidencia que podría avalar tal argumento, sin embargo, no existe, tal como he indicado en mi reciente artículo “Las consecuencias del poder de clase: el subdesarrollo social de España (parte I)” (Público, 23.02.17). Los datos existentes muestran que hay más personas en España que se autodefinen como clase trabajadora que como clase media, situación que, por muy paradójico que parezca, ocurre en la mayoría de países capitalistas a los dos lados del Atlántico Norte. En realidad, la explicación de tal descenso electoral no radica en los cambios del electorado, sino en los cambios en las direcciones y aparatos de dicho partido, habiendo éstos incorporado, en sus políticas económicas, elementos clave de la ideología liberal (que se conoce en la narrativa popular como neoliberal) enraizados en la cultura económica dominante, configurada por los poderes económicos y financieros, que ejercen un enorme dominio en la configuración del conocimiento económico que se expresa no solo en las revistas económicas académicas y en los think tanks (como Fedea, sostenidos y financiados todos ellos por dichos poderes económicos y financieros), sino también en las páginas de los espacios económicos de los mayores medios de comunicación y persuasión del país. La gran mayoría de los “gurús” económicos en tales medios (como Sala i Martín en los medios públicos de la Generalitat de Catalunya -TV3 o Catalunya Ràdio-, o José Carlos Díez, promocionado en El País o en La Sexta) son (y se definen a sí mismos como) liberales.
El dominio del pensamiento liberal en los equipos económicos del PSOE
Este dominio del pensamiento liberal ha sido particularmente acentuado en los equipos económicos de tal partido. Miguel Boyer, Carlos Solchaga, Pedro Solbes, Elena Salgado, Miguel Sebastián, Jordi Sevilla, y muchos más, se definieron todos ellos como liberales. Y todos ellos procedían, antes de aceptar los cargos políticos, de las esferas privadas próximas al mundo empresarial (y especialmente al financiero), o de la administración pública en la regulación de los sectores financieros, estableciéndose un entramado entre esos intereses financieros y económicos, por un lado, y los dirigentes de las políticas económicas del PSOE, por el otro, lo que tuvo un enorme impacto en el desarrollo de las políticas públicas del partido. Rubén Juste acaba de publicar un excelente libro, “IBEX-35, una historia herética del poder en España”, que detalla y documenta extensamente la relación de clara complicidad entre muchos de ellos y las mayores empresas financieras, industriales y de servicios que componen el IBEX-35 (el centro de poder económico del país). En realidad fue Solchaga el economista liberal que, siendo Ministro de Economía, jugó un papel clave en el establecimiento de dicho IBEX-35. Y fue otro economista, también liberal, el sr. Solbes, el que, al terminar su mandato como Ministro de Economía, señaló que la política pública de la cual estaba más orgulloso era “no haber aumentado el gasto público” en España, dicho y hecho en el país de la UE-15 con uno de los menores gastos públicos por habitante (ver entrevista a Pedro Solbes en el diario El País, 22.07.2007). Más tarde, tal ministro pasó a dirigir las políticas de ortodoxia liberal en la Comisión Europea.
Los economistas neoliberales de la época Zapatero
Jordi Sevilla y Miguel Sebastián encajaron perfectamente en la definición de economistas liberales, definiéndose cada uno de ellos como pertenecientes a tal sensibilidad político-económica. El primero, Jordi Sevilla, señaló en más de una ocasión que bajar impuestos era de izquierdas (frase que repitió más tarde el Presidente Zapatero, al cual estaba asesorando), acentuando además que no era necesario un aumento del gasto público en España, señalando que “solo los socialdemócratas tradicionales [la manera amable de decir anticuados] como Vicenç Navarro” están todavía pidiendo un aumento del gasto público, todo ello dicho y hecho en el país que continuaba teniendo uno de los menores gastos públicos sociales en la UE-15 (el grupo de países de similar nivel de desarrollo al español). Y Miguel Sebastián, como bien señala Rubén Juste, siguió la misma filosofía liberal de Solchaga, del cual fue discípulo, dando gran protagonismo al IBEX-35 en la respuesta a la crisis iniciada bajo el mandato del Presidente Zapatero.
¿Por qué los equipos económicos del PSOE son liberales?
Un hecho llamativo en el PSOE es precisamente el gran dominio de los economistas liberales en los equipos económicos de los distintos gobiernos del PSOE (desde que se estableció la democracia); no solo todos los ministros de Economía, sino también los responsables de otros ministerios de las esferas económicas y financieras del gobierno han sido y se han definido a sí mismos como liberales. El lector se preguntará: ¿por qué han sido todos ellos neoliberales? Y, ahí, la respuesta es también extraordinariamente clara de ver. Su dominio y desarrollo de las políticas económicas es, ni más ni menos, resultado del maridaje y del entramado del poder financiero y económico, por un lado, con el poder político (y también mediático), por el otro. La evidencia de este maridaje y entramado es abrumadora. Existe una larga lista de estudios que documentan su existencia. El último de ellos es el ya citado libro de Rubén Juste.
Y esta situación es fruto de la percepción de la dirección política del PSOE de la necesidad de proveer estabilidad y seguridad a los poderes fácticos financieros y económicos, que podrían estar atemorizados por el discurso socialista y la narrativa movilizadora de su lenguaje político y electoral. De ahí que los presidentes de los gobiernos del PSOE hayan siempre asignado a economistas liberales la dirección de las áreas económicas y financieras, mientras que los economistas más socialdemócratas eran asignados a las áreas sociales. Estas dos sensibilidades han estado siempre presentes en los gobiernos PSOE, relación que no siempre ha sido complementaria pues, en esta bipolaridad, la batuta y el bastón de mando los ha llevado, en la mayoría de los casos (con contadas excepciones), el equipo económico, que es el que ha establecido el marco dentro del cual se desarrollan las políticas sociales. Estas han podido desarrollarse en momentos de expansión económica, pero, en momentos de regresión, como el periodo de la Gran Recesión, el dominio de las políticas liberales definido por el equipo económico ha sido absoluto. No hay que olvidar que las políticas características del neoliberalismo frente a las crisis fueron iniciadas por el gobierno Zapatero. Y es extraordinario que la dirección del PSOE no haya hecho una autocrítica de tales políticas, pues es esta aplicación de tales políticas (la reforma laboral que determinó el gran deterioro del mercado de trabajo, y los enormes recortes del gasto público sociale, como parte de las políticas de austeridad) la que conllevó su enorme descenso electoral.
¿Cambiará el PSOE?
Todas las señales muestran que si el PSOE sigue la dirección iniciada por su gestora y por la candidata a la Secretaría General, la Sra. Susana Díaz, tales políticas continuaran. Y una prueba de ello es que se ha asignado a otro economista que explícitamente se define como liberal para dirigir su programa económico. El economista José Carlos Díez, que es asesor de tal candidata, es el “gurú” económico de El País y lo fue por un periodo de La Sexta. Su propuesta Ponencia 2017 (de la cual ha coordinado la parte económica) tiene un claro estilo empresarial, acentuando la necesidad de mejorar el capital humano de la población laboral, siguiendo las recetas de las escuelas de negocios que consideran al trabajador primordialmente como un instrumento para optimizar y servir al capital, enfatizando más y más reformas laborales que aumenten la competitividad del mundo empresarial, considerando como objetivo del programa del PSOE que los salarios alcancen el nivel del año 2011. El programa critica la reforma laboral del PP pero no dice nada de la reforma laboral del PSOE (que fue la que inició el deterioro del mercado laboral). En cuanto a su política social, esta puede reducirse a políticas asistenciales que atiendan a los pobres para eliminar la pobreza, y a enfatizar políticas que garanticen la igualdad de oportunidades (el eslogan que caracteriza al pensamiento liberal), ignorando que para que exista igualdad de oportunidades entre un niño o una niña de un barrio como Nou Barris (barrio obrero de elevado desempleo) y Pedralbes (barrio burgués) se requiere no solo ayudas a la pobreza sino medidas profundamente redistributivas, no consideradas en el programa Ponencia 2017.
Ni que decir tiene que, aquí y allá, hay propuestas que parecen haber sido añadidas al repertorio liberal por presión de otras sensibilidades, propuestas que podrían dar la impresión que los autores del programa, el Sr. Díez entre ellos, parecen haber cambiado. En este sentido hay una propuesta que merece citarse pues significa un cambio notable de pensamiento de tal personaje.
La osadía (o cara dura) del economista Sr. Díez
Cuando el profesor Juan Torres y yo preparamos para Podemos las líneas estratégicas de lo que debería ser el programa económico de un gobierno progresista, Democratizar la economía para salir de la crisis mejorando la equidad, el bienestar y la calidad de vida. Una propuesta de debate para solucionar los problemas de la economía española, el Sr. Díez, entonces el gurú económico de El País, nos criticó con el sarcasmo e insulto que caracteriza a las derechas liberales de este país. Con un tono predeciblemente condescendiente (también característico de la pomposidad del poder, aupado por las cajas de resonancia mediática que dicho poder les ofrece), escribió en las páginas de tal rotativo que, aun cuando teníamos buenas intenciones, no sabíamos de lo que estábamos hablando, pues cuando proponíamos que el Banco Central Europeo prestara dinero al ICO para que este lo prestara directamente a las pequeñas empresas hacíamos gala de nuestra ignorancia, pues lo que proponíamos ya, según él, existía: el ICO ya recibía tal dinero y hacía lo que estábamos proponiendo. Ni que decir tiene que la gran mayoría de medios reprodujeron su crítica, aunque no nuestra respuesta, que sentimos que era necesaria, pues era él quien no sabía lo que estaba haciendo el ICO, ya que este no estaba haciendo lo que nosotros proponíamos (y que yo había elaborado intensamente en mis escritos). Ni El País ni ningún otro rotativo que había publicitado la crítica de tal personaje publicaron nuestra respuesta.
Ahora bien, lo que representa ya un elevado nivel de osadía (que a nivel popular se diría caradura) es que en las propuestas que tal señor hizo hace unos días en la presentación del programa económico del PSOE, hiciera prácticamente la misma (repito, prácticamente la misma) propuesta que Juan Torres y yo habíamos hecho en nuestro documento, algo que él entonces había señalado, ERRÓNEAMENTE, que el ICO ya hacía. Esto es una muestra de la manipulación que tal señor ejerce.
Las manipulaciones del gurú económico de la gestora del PSOE
Tal desfachatez (manipulación incluida) continuó en otra nota de El País, inspirada por el mismo personaje, donde se me criticó que atribuyera el gran éxito económico del Estado de North Dakota (EEUU) al hecho de que era de los pocos Estados que tenían una banca pública (ver “La banca pública es mejor que la banca privada: el caso de EEUU”, Sistema, 14.10.11). El País intentó ridiculizarme indicando que el gran éxito se debía a la existencia de petróleo en tal Estado. El que lea mi artículo puede ver que no atribuyo al hecho de que tal Estado tuviera una banca pública la única responsabilidad de haber controlado mejor sus finanzas (pues había otros factores), pero no hay duda de que la existencia de dicha banca pública, que gestionó los fondos públicos, tuvo gran influencia en tal éxito. Otros Estados, productores de petróleo y sin banca pública, no han gestionado tan bien sus deudas públicas.
Los economistas liberales, desde El País, constantemente manipulan y tergiversan las propuestas de aquellos a los que quieren destruir. Sin embargo, espero que, como ocurrió con el tema del ICO, los nuevos equipos económicos del PSOE (rama Susana Díaz) evolucionen y terminen apoyando la extensión de la banca pública en España, el país de la UE-15 que tiene uno de los sectores públicos bancarios más reducidos y uno de los sectores privados más hipertrofiados y extendidos. Por desgracia, excepto por la proposición de convertir el ICO en una banca pública, no cuestionan el excesivo protagonismo que la banca privada tiene en España. Y dudo que lo hagan, pues todos ellos son muy cercanos a la banca privada.
De ahí y de otras limitaciones del programa de Díez, concluyo que este programa continuará el declive del PSOE, pues en líneas generales no significaría el cambio profundo que el país necesita. Significará que el PSOE continuará siendo el apoyo del PP (junto con Ciudadanos), intentando ser la hoja de parra (añadiendo una dimensión social) que cubra el cuerpo desnudo liberal del gobierno del PP.
¿Puede cambiar el PSOE? La propuesta de Pedro Sánchez
Hay una alternativa al programa producido por la gestora del PSOE. Es el documento Somos socialistas. Por una nueva socialdemocracia del candidato a la secretaría general del PSOE, Pedro Sánchez, que intenta movilizar a las bases y la militancia del PSOE. Es un programa distinto y con muchos elementos progresistas, claramente inspirado por el programa de Podemos, recogiendo muchas de las propuestas que hizo este partido en las últimas elecciones. La narrativa utilizada en el programa recupera el discurso de la socialdemocracia (cuando esta era socialdemócrata), incluyendo, sin embargo, algunos de los errores de la narrativa de la socialdemocracia, que quedan reflejados en la nota introductoria del programa cuando hace suyo el eslogan (del congreso del Partido Socialdemócrata alemán en 1959, en Bad Godesberg) que proclama que “la socialdemocracia aspira a tanto mercado como es posible, y a tanto Estado como sea necesario”. Esta dicotomía mercado versus Estado, sin embargo (aunque suene muy bien), es errónea, pues mucho de lo que se conoce como mercado no es mercado (como ocurre en el mal llamado mercado energético en España, cuyas limitaciones son resultado de la complicidad del Estado con las empresas energéticas). Y, por otro lado, se pueden tener mercados dentro del sector público de una economía. Lo que ha caracterizado a la socialdemocracia en Europa ha sido la aplicación de políticas que empoderaron a la clase trabajadora, permitiéndole que aumentara sus niveles de exigencia, una clase trabajadora que, en aquellos países en los que había conseguido mayores derechos laborales, sociales y políticos, llegó a cuestionar el enorme poder del capital, poder que limita el poder político. Las reformas Meidner en Suecia fueron un claro ejemplo de ello. Y la crisis de la socialdemocracia se debió precisamente a haber contribuido al maridaje del poder económico con el poder político y mediático, bien definido por Pablo Iglesias recientemente como trama o, como he indicado antes, entramado.
Es la imperativa necesidad de romper con este maridaje a lo que un programa económico de una opción socialista (en realidad, de cualquier opción auténticamente democrática) debería dar prioridad. Y ello incluye no solo el fin de las puertas giratorias entre el mundo financiero y empresarial y el mundo político, sino unas políticas más atrevidas en su enfrentamiento con el poder financiero y económico del país para anular su excesivo poder político y mediático.
La necesidad de romper el entramado
Estas observaciones no tienen como objetivo desmerecer y minusvalorar el programa del candidato Sánchez. Todo lo contrario, considero positivas un gran número de sus propuestas, pero en políticas públicas, cualquier política pública deber evaluarse en el contexto político en el que se desarrolla. Y el problema mayor de la economía española es la excesiva concentración del poder económico y su hipertrofiada influencia sobre el Estado y sobre los medios, tema poco tratado en el programa. Esta influencia no es solo mala para la salud democrática del país, sino también para su eficiencia económica, tal como he señalado en mi artículo “Las consecuencias del poder de clase: el subdesarrollo social de España (parte 1)”. El silencio ensordecedor del programa en este punto clave resta credibilidad a sus propuestas.
Otro problema es que en sus ansias de querer ser políticamente correcto, no toca algunos temas que son igualmente relevantes y que impactan en la calidad de vida de las clases populares. Hoy el mayor problema social y económico del país es el escaso desarrollo de la dimensión social del Estado, viéndose los servicios y transferencias públicos del Estado del Bienestar más como un gasto que no como una inversión. Invertir en escuelas de infancia es mucho más importante no solo para la calidad de vida de las familias, sino para la eficiencia económica del país, que continuar expandiendo el AVE en España. La primera inversión ayuda, además de a crear empleo, a facilitar a la mujer su integración en el mundo del trabajo. Y así miles de ejemplos.
Otro problema es que se le ve el plumero, pues en su intento de ir más allá que Podemos hace una serie de propuestas, como reducir la semana laboral a 30 horas o instaurar una Renta Universal sin establecer un calendario, sin el cual tales proposiciones quedan como “buenas intenciones” sin más.
La necesidad de ser creíble en la alternativa Sánchez
Ahora bien, es un buen paso, y es mucho mejor que el del Sr. Díez. Por cierto, también hace suya la propuesta sobre el ICO que Juan Torres y yo realizamos. Pero las reservas que me genera su plan parten de su credibilidad. No es la primera vez que el PSOE promete mucho y se queda muy corto. En realidad, la lectura de sus propuestas y la no realización de ellas lleva a una frustración, origen del escepticismo sobre tales propuestas. Y no es que dude de la intención sincera de sus autores. Pero hay que ser consciente de que el PSOE siempre ha tenido una izquierda que, por muchas propuestas progresistas que haga, permanece callada cuando sus propuestas no solo no se incluyen en las políticas públicas del partido, sino que se aplican incluso otras contrarias de sentido liberal. ¿Dónde estaban los izquierdistas cuando Zapatero aprobó la reforma laboral, o cuando hizo la reforma del artículo 135 de la Constitución? Solo Josep Borrell protestó; nadie más.
De ahí el escepticismo. Puede que un aspecto más optimista sea que entre sus autores hay personas que proceden del equipo de Borrell, como Manuel Escudero, que es el que dirige el proyecto económico del Sr. Sánchez, economista que en su día nos felicitó a Juan Torres y a mí por el programa económico que propusimos, y que incluso ofreció su apoyo a Podemos. Me alegra saber que un economista con el que tengo grandes acuerdos (aunque también importantes desacuerdos que he reflejado en mi debate en Público sobre la sociedad futura sin trabajo) esté intentando renovar el PSOE, pues considero clave para el futuro del país que el PSOE cambie sus políticas económicas y sociales.
Y me alegra ver que hay una alternativa a la de la gestora del PSOE. Pero el mayor indicador de su credibilidad es definir su relación con Unidos Podemos. Las elecciones en 2015 y 2016 mostraron claramente que el aparato del PSOE vetó que este gobernara en colaboración con Podemos. Esto fue lo que imposibilitó que hubiera un gobierno con mayoría de izquierdas en 2016. El veto que el aparato del PSOE hizo a un gobierno del PSOE con Unidos Podemos es lo que hizo posible que Rajoy gobernara. Tal como detalla Rubén Juste, tanto en las elecciones de diciembre de 2015 como más tarde en las de junio de 2016, los miembros del banco “CaixaBank” fueron los que se movilizaron más para promover la Gran Coalición PP-PSOE-Ciudadanos, a fin de parar a Podemos. Juan Rosell, consejero de La Caixa y presidente de la gran patronal CEOE, tuvo una activa agenda de reuniones con el PSOE y Ciudadanos para presionarlos en esta dirección. Juan Luis Cebrián (presidente del consejo de administración de PRISA, participada por La Caixa, en cuyo consejo está, desde 2007, Alain Minc) y Villar Mir, consejero de Abertis, donde coincidió con Isidre Fainé y Salvador Alemany, estaban también en el entramado presionando para que se estableciera la Gran Coalición. Tampoco se puede olvidar al mismísimo Felipe González, que estaba en Gas Natural, donde coincidió con Fainé de nuevo. Tales presiones, aunque discretas, fueron conocidas por las autoridades del IBEX-35 y, naturalmente, por los dirigentes de los partidos políticos cuya coalición era deseada. Y entre ellos estaba el Secretario General del PSOE en aquel momento, Pedro Sánchez, que sabía de su vulnerabilidad en caso de oponerse a tal coalición, hecho que constató en su entrevista con Jordi Évole en Salvados, sin mencionar, sin embargo, ninguno de los nombres de las personas en el entramado procoalición y que jugaron un papel clave en el golpe dentro del PSOE que lo destituyó. Y ganó así la opción (como Rubén Juste señala en su libro) que había propuesto el IBEX-35, liderado por el presidente de la Fundació Bancària La Caixa, de establecer la Gran Coalición. Y esto tiene que ver con el sujeto de este artículo. El equipo económico del candidato Sánchez de aquel momento se sentía más cómodo con el equipo económico del PP y de Ciudadanos que no con las propuestas económicas de Unidos Podemos, a las cuales consideró “extremistas”, excesivamente “utópicas” o cualquier adjetivo peyorativo que se les ocurriera.
Es un paso adelante que varias de estas propuestas estén ahora apareciendo en el programa de Sánchez. Pero la credibilidad de este quedará reflejada si el candidato Sánchez aclara si estará dispuesto o no a gobernar a nivel del Estado con Unidos Podemos y sus confluencias. Si no se aclara este punto clave se señalará que acepta el veto de los de siempre y todo quedará en una nueva tarea de marketing político. Hoy no puede haber un gobierno progresista en España sin una alianza de gobierno entre el PSOE y Podemos. Y el aparato del PSOE, bien reflejado en la gestora y en la candidatura de Susana Díaz, no lo permitirá. De ahí que para el bien del país se exige que el nuevo Sánchez no solo haga suyos muchos de los elementos que aparecen en el programa de Unidos Podemos, sino que también esté dispuesto a gobernar con Unidos Podemos bajo un programa común. De no aclararlo ahora, no recuperará su credibilidad. Así de claro.
Fuente: Público.es
viernes, 6 de enero de 2017
“El fútbol es una pelota y unos amigos”
El entrenador Ángel Cappa y la periodista María Cappa abordan el “robo” del fútbol por multinacionales y televisiones
“El fútbol es una pelota y unos amigos”
Enric Llopis
Rebelión
¿Son el Real Madrid y el Barcelona sólo clubes de fútbol o más bien se trata de franquicias deportivas? Sobre el papel, en su día no se convirtieron en sociedades anónimas, pero en la práctica operan igual que multinacionales del entretenimiento. En 2008 los ocho clubes españoles que compitieron en la Copa de Europa (Champions League) contaban, desde cuatro años antes, con plataforma en Internet, seis de ellos con servicios de televisión y la mayoría con emisoras de radio. Tienden, además, a fichar futbolistas que rebrillan por su “marca” en el mercado global. Cuando el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, cerró el fichaje del brasileño Kaká, fue una de las primeras ideas que destacó: la contratación del “astro” brasileño había permitido la firma de nuevos acuerdos de publicidad y patrocinio. Durante la última década se multiplicó por diez el dinero pagado por las multinacionales para esponsorizar clubes de las grandes ligas europeas. “También nos roban el fútbol”, titulan Ángel Cappa y María Cappa el libro recientemente publicado en la colección A Fondo de la editorial Akal.
Adidas ha llegado a pagarles en un año 38 millones de euros al Real Madrid y otros 27 millones al Bayern Munich en calidad de espónsor. No parece que malbaraten los capitales: el millón de zamarras vendidas con la “marca” Cristiano Ronaldo en la temporada 2013-2014 superaron en 80 millones de euros lo que costó el fichaje del futbolista. A los dos días de anunciar el club merengue la adquisición de James Rodríguez, se vendieron 300.000 camisetas con su nombre. Pero el negocio tiene su reverso, detallan los autores del libro de 270 páginas que aborda la mercantilización y “robo” del balompié a sus aficionados desde múltiples puntos de vista. Según afirmaciones del ministro de Desarrollo de Alemania (recogidas en el ensayo a dos voces), la camiseta oficial de la selección germana costaba 85 euros en 2014, de los que 37,4 se quedaban en las tiendas oficiales, otros 13,5 euros en impuestos (en concepto de IVA), mientras que 16,2 euros retornaban a la empresa proveedora (en este caso Adidas); el resto del capital se distribuía entre fabricantes, intermediarios, la federación alemana de fútbol, gastos de marketing, distribución y otras partidas. A las obreras del zurcido se les remuneró con 15 céntimos por camiseta. Pero la compraventa de las elásticas configura sólo una parte del entramado mercantil que rodea a este deporte adjetivado como “rey”. Incluso el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planteó en 2015 la compra a través de su consorcio empresarial de un club de fútbol, el Atlético Nacional de Colombia, por 100 millones de dólares.
Ángel Cappa es entrenador de fútbol y ha trabajado en clubes como el Real Madrid, el Tenerife y los argentinos River Plate y Rácing de Avellaneda. Además ha publicado cuatro libros sobre balompié: “Fútbol sin trampa: en conversaciones con César Menotti”, “La intimidad del fútbol”, “Y el fútbol, ¿dónde está?” y “Hagan juego”. En cuanto a María Cappa, ha ejercido el periodismo en medios como La Marea y el diario.es; también ha sido profesora de Investigación Artística en Dramaturgia en la Universidad Internacional de La Rioja. La selección de citas que incluye el libro revela el tipo de fútbol que reivindican los autores; a veces se apoyan en el testimonio de escritores e intelectuales: “Creo que el fútbol era hace setenta años más espontáneo y menos táctico, con la consecuencia de que se metían muchos más goles” (Miguel Delibes); “La clásica noción de juego sigue existiendo, pero sólo como condición subsidiaria; ahora la prioridad es desembozadamente mercantil. El jugador ha pasado a ser una pieza de consumo y de especulación” (Mario Benedetti); en otras ocasiones recurren a los profesionales: “¿Fútbol como diversión? Sería lindo recordarlo más veces, pero hay tanto dinero, tanto negocio que perturba” (Diego Forlán); “Yo no me voy del todo conforme si no disfruté de un partido” (Fernando Redondo).
El libro de la colección A Fondo, coordinada por el periodista Pascual Serrano, aporta información prolija y una perspectiva global de un deporte que, aun en su estadio actual, el excapitán del Fútbol Club Barcelona, Xavi Hernández, asimila a “una pelota y unos amigos”. O que el señero exfutbolista del Real Madrid, Alfredo di Stéfano, capturaba en su esencia: “Para hablar de fútbol puedes poner los números que quieras: 4-2-4, 4-4-2, 5-3-2… Pero para jugar bien los números no sirven para nada”. Sin embargo, la pelota circula hoy por otros vericuetos. Una decena de clubes de la primera y segunda división españolas ingresaron más de 1.000 euros en cinco años –entre 2002 y 2007- por las reclasificaciones urbanísticas. Una consultora financiera, KPMG, señaló en un informe que el fútbol español, en su vertiente profesional, generó más de 7.600 millones de euros (0,75% del PIB) de manera directa e indirecta en la temporada 2012-2013. Los autores mencionan las “multinacionales deportivas”. El Manchester United fue uno de los clubes que marcó la senda. Pero tampoco el entramado se sostendría sin el rol desempeñado por el periodismo deportivo, con un discurso en muchas ocasiones “banal” e “idiotizante”. Muestra de ello fueron los debates durante meses sobre el estado de melancolía de Cristiano Ronaldo.
Karl Marx afirmaba que la religión era el opio del pueblo. Ángel Cappa y María Cappa subrayan las palabras de dos de las estrellas de la radio deportiva, José Ramón de la Morena y Manolo Lama, narrador este último en la Cadena Cope de los partidos del Real Madrid, quien explica: “Con todo lo que está pasando, con el paro, los dramas, la corrupción… Si la gente no está quemando las calles, es por el deporte”. El libro extiende la mirada al ámbito “macro”, por ejemplo, a los tejemanejes y tramas mafiosas urdidas por la FIFA (“representa mejor que ninguna otra institución la esencia del neoliberalismo”), a las que dedica cerca de 70 páginas muy documentadas; también a las dimensiones del deporte como actividad puramente crematística. De hecho, “ya forma parte de las industrias con mayor facturación del mundo, junto con la alimentaria, la farmacéutica, la armamentística y el narcotráfico, aunque ha sido la deportiva la que más ha aumentado en los últimos años; en 2012 su ratio de negocio creció a mayor velocidad que el del PIB mundial”. En 2014, la previsión de ingresos de los Juegos Olímpicos, el Mundial de Fútbol y la Super Bowl se elevó a 95.000 millones de euros (45.000 y 36.000 millones de euros en las dos ediciones anteriores). A ello se agrega el imperio de las televisiones que, afirman los autores del ensayo, “condicionan los reglamentos, la organización y los horarios de los encuentros”.
El libro penetra en todos los frentes. Los acuerdos de la Liga de Fútbol Profesional (los explícitos y los ocultos) con Mediapro y Telefónica por los derechos de retransmisión televisiva de los partidos; el desembargo de grandes inversores en las entidades (multimillonarios rusos en el Chelsea, el Arsenal o el Mónaco; jeques árabes en el París Saint-Germain, el Manchester City o el Málaga; grandes fortunas de Singapur en el Valencia, o capital chino en el Español y el Atlético de Madrid); el monto global -3.400 millones de euros- que en el curso 2015-2016 el fútbol europeo dedicó a fichajes. No queda resquicio donde no entre el dinero. Al otro lado del “charco”, ejemplos como el de México, que Ángel Cappa y María Cappa explican en 15 páginas, desbordan cualquier límite (siete de los consorcios mexicanos más poderosos –entre ellos el Grupo Televisa, Grupo Pachuca, TV Azteca y Cementos Cruz Azul- se reparten hasta 15 entidades deportivas de primera división). Y si además, Pelé, “siempre amable con el poder, siempre moderado en sus opiniones políticas, es la figura ideal para cualquier operación de marketing”, ¿qué le queda al viejo aficionado, al niño que juega en las villas más pobres del mundo, de este deporte de origen plebeyo convertido en espectáculo, dinero, poder y disciplina?
“Devolverle el fútbol a la gente”, concluyen los autores, que dedican el último capítulo –“Rebelión en la granja”- a las alternativas. En Europa, se han difundido en los últimos años algunos manifiestos contra el fútbol moderno, ése que paga 17 millones de euros anuales netos a Cristiano Ronaldo y 22,5 millones al barcelonista Leo Messi (2.200 y 2.900 veces por encima del salario mínimo). Entre las propuestas destacan la rebaja del precio de las entradas, la posibilidad de ver los partidos de pie, el respeto a las tradiciones de los clubes y la expulsión de los ultras violentos. En el caso español, Ángel Cappa y María Cappa han establecido una tipología de clubes modestos y recuperados por la afición. El primero es el Unión Club Ceares, de Gijón, que tras el fracaso en la gestión de un hostelero de la zona retornó a las raíces, a ser un equipo de barrio. Muchos de los directivos provienen del activismo político. En verano organizan actividades y fiestas, y se sienten muy a gusto jugando en tercera división. Principios similares rigen la actividad del Club de Accionariado Popular Ciudad de Murcia, refundado en 2010 tras dos desapariciones. Para no depender de empresarios, cada socio invierte 500 euros en cinco años. Promueven acciones contra el racismo y han constituido un equipo con personas discapacitadas. Por último, el Xerez Deportivo, que acumulaba deudas por valor de 30 millones de euros en 2013, se refundó antes de la quiebra y en sólo un año reunió a 5.000 socios. Esta sociedad deportiva sin ánimo de lucro es una de las que participa en el encuentro de clubes con accionariado popular, que tiene lugar una vez al año desde 2014. “Se trata de recuperar lo que nos quitaron –concluyen los autores-, los jugadores deberían sentir el fútbol como amateurs que, por otra parte, es la manera más eficaz de ser profesional”.
Fuente: Rebelión
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
lunes, 5 de diciembre de 2016
Trump, el Dragón y el Minotauro
Yanis Varoufakis
Si Donal Trump entiende de algo, es del valor de la quiebra y la reconversión financiera. Conoce todo sobre cómo ganar vía impagos estratégicos, seguidas de grandes quitas de deuda y conversión de deuda en activos. Pero, ¿entiende la profunda diferencia entre la deuda de un empresario y la de una gran economía? ¿Y entiende que la burbuja de deuda privada China es un barril de pólvora bajo la economía mundial? Mucho dependen de que lo entienda.
Trump fue elegido gracias a la ola de descontento con la desastrosa gestión del boom económico anterior a 2008 y la posterior recesión. Sus promesas sobre un estímulo doméstico y políticas proteccionistas para traer de vuelta los empleos en el sector de la manufactura le han llevado a la Casa Blanca. Si puede o no llevar a cabo estas políticas depende de si entiende el rol que América tenía en los “viejos buenos tiempos”, el rol que puede jugar ahora y, crucialmente, el papel de China.
Antes de 1971, la hegemonía mundial de EEUU se sostenía en el superávit exportador con el resto del mundo capitalista, el cual los EEUU ayudaron a estabilizar reciclando su superávit en Europa y Japón. Esto sustentó la estabilidad económica y redujo fuertemente la desigualdad en todo el mundo. Sin embargo, al deslizarse América hacia el déficit comercial, ese sistema mundial no pudo funcionar más, dando lugar a lo que he venido a llamar la fase del Minotauro Global.
Según el antiguo mito, el Rey Minos de Creta debía su dominio al Minotauro, una trágica bestia encarcelada bajo el palacio de Minos. La vehemente soledad del Minotauro era solo comparable al miedo que inspiraba por todas partes, ya que su voraz apetito solo podía satisfacerse –y así garantizar el reino de Minos- con carne humana. Por lo que un barco cargado con jóvenes navegaba regularmente a Creta desde la lejana Atenas para entregar su humano tributo a la bestia. El horrible ritual era esencial para mantener la pax cretana y la hegemonía del Rey.
Cuanto más crecía el déficit, mayor era el apetito de capital de Europa y Asia. Lo que hizo al Minotauro realmente mundial fue su función: ayudó a reciclar el capital financiero (beneficios, ahorros y excedentes monetarios). Mantenía las relucientes fábricas alemanas ocupadas. Consumía todo lo producido en Japón y, más tarde, en China. Pero al mismo tiempo, Wall Street aprendía como acrecentar y potenciar esos influjos de capital a través de exóticos instrumentos financieros. Las compuertas de la financiarización estallaron y el mundo se inundó de deuda.
En el otoño de 2008, el Minotauro estaba herido mortalmente tras chocar contra el muro de deuda privada, que era al mismo tiempo un subproducto de su apetito. A pesar de que la Fed y el Tesoro reflotaban los mercados estadounidenses (a expensas de los débiles americanos abandonados desde los 70), nada sería igual: se desvaneció la capacidad de Wall Street para continuar “cerrando” el ciclo de reciclaje mundial. El sector bancario estadounidense no pudo seguir aprovechándose de los déficits gemelos, comercial y público, con el propósito de seguir financiando la demanda interna que sostenía las exportaciones netas del resto del mundo. Desde entonces, la economía mundial no encontraría como recuperar su aplomo.
Tras la mortal herida del Minotauro, América no solo tenía que agradecer a la Fed y el Tesoro por ayudarle a evitar una nueva Gran Depresión. Los EEUU fueron también salvador por el Dragón: el gobierno chino puso en marcha la inversión doméstica hasta niveles sin precedentes para llenar el vacío creado por la contracción del gasto en EEUU y Europa. Durante años, China permitió la desbocada creación de crédito a través de su sistema bancario tradicional y sus bancos en la sombra, incluso permitiéndoles beneficiarse de la enorme cantidad dinero fácil proveniente de la Fed endeudándose en dólares. Dicho escuetamente, el Dragón intervino para equilibrar la economía occidental cuando el Minotauro era ya incapaz de ello.
Los dirigentes chinos sabían lo que hacían. Estaban creando una burbuja de insostenible inversión para dar a Europa y los EEUU una oportunidad para unirse y actuar. Pero, ¡ay!, ambos fallaron: América por el estancamiento entre el presidente Barack Obama y el congreso controlado por los Republicanos, y Europa por razones demasiados dolorosas como para recodar. Y cuando azotó la tormenta perfecta, con los tipos de interés escalando mientras los precios de las materias primas caían, China tuvo que aumentar el crédito una vez más.
Hoy, el boom crediticio de China está sustentado por activos colaterales casi tan dañinos como aquellos en los que Bear Stearns, Lehman Brother y el resto confiaban en 2007. Además, como el renminbi chino está exageradamente sobrevalorado, las empresas están adquiriendo préstamos en dólares para pagar sus anteriores préstamos ya denominados en dólares, añadiendo presión bajista sobre el tipo de cambio.
El plan de Trump para ayudar a aquellos abandonados desde los 70, según lo que uno puede discernir, parece apoyarse en dos ejes: un estímulo doméstico y una negociación bilaterales sobre comercio bajo la amenaza de tarifas y cuotas. Pero si juega duro con China, obligándolos a revaluar el renminbi y lleva a cabo las amenazas sobre tarifas y cuotas, puede también acabar pinchando la burbuja de deuda China –desencadenando un diluvio de horribles consecuencias que aplastarían cualquier estímulo que introdujese.
En ese caso, el gasto en infraestructuras de Trump mutaría en mayor enriquecimiento de las empresas, implicando un efecto multiplicador insignificante. A su vez, sentaría las bases para una futura austeridad, ya que el pánico a mayores subidas de los tipos de interés americanos y a que los presupuestos federales se hinchen pondrá restricciones en los actuales y ya escasamente financiados compromisos del gobierno (por ejemplo, la seguridad social).
Si la estrategia a medio plazo de Trump pasa por tener cualquier oportunidad ganadora, debe entender que no es la deuda pública de los EEUU, sino la deuda privada China, la que necesita ser reestructurada. De otro modo, los tipos de interés que paga el Tesoro americano se puede disparar, debilitando severamente la sostenibilidad de la deuda.
Del mismo modo, Trump debe entender que no puede hacer “America great again” emulando el estímulo sin financiación de Ronald Reagan. Aquel truco funcionó cuando el Minotauro estaba encadenado y alimentado; no funcionará ahora que el Dragón se ha quedado sin su fuego. En cambio, si Trump quiere realmente equilibrar la economía de EEUU de tal modo que el crecimiento beneficie a la gente abandonada, a los que él tanto ha prometido, debe emular a Franklin D. Roosevelt y llevar a cabo una renovación keynesiana de Bretton Woods.
Yanis Varoufakis exministro de finanzas del gobierno griego de Syriza, es Profesor de política económica en la Universidad de Atenas. Su libro El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.
Fuente:
https://www.project-syndicate.org/commentary/trump-chinese-debt-global-imbalances-by-yanis-varoufakis
Traducción: Ayoze Alfageme
jueves, 1 de diciembre de 2016
¿Por qué el PP, C’s y el PSOE (y el PDECat en Catalunya) están equivocados en sus políticas económicas?
Vicenç Navarro
Autor del libro ‘Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante’. Anagrama, 2015
Para responder a esta pregunta hay que ser consciente de que hay diferencias entre las propuestas económicas de tales partidos. No se pueden poner en el mismo cajón, por ejemplo, al PP (un partido conservador-liberal), a Ciudadanos (un partido liberal) y en Catalunya al Partit Demòcrata Europeu Català –PDECat- (un partido liberal perteneciente a la misma familia política que Ciudadanos) por un lado, y al PSOE (un partido socioliberal que se autodefine como socialdemócrata) por el otro. Hay diferencias en sus políticas económicas, pero, a pesar de tales diferencias, comparten los mismos principios que caracterizan las políticas económicas que hoy son dominantes en las instituciones europeas (tales como el Consejo Europeo, la Comisión Europea, el Eurogrupo y el Banco Central Europeo). E incluyo a la familia que se autodefine como socialdemócrata en esta categoría. En realidad, una de las voces más duras con la aplicación de tales políticas ha sido el presidente del Eurogrupo (los Ministros de Finanzas de la UE), el Sr. Jeroen Dijsselbloem, un socialista holandés, Ministro de Finanzas de los Países Bajos, como también lo es el Sr. Pierre Moscovici, Comisario de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea, un político francés que fue Ministro de Finanzas en el gobierno socialista francés presidido por el Sr. François Hollande (y como lo había sido el Sr. Pedro Solbes, también Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la Comisión Europea, y después Ministro de Economía del gobierno socialista del Sr. Zapatero, y más tarde el Sr. Almunia, también socialista, ministro del gobierno socialista presidido por el Sr. Felipe González). Todos estos dirigentes socialistas han sido piezas clave del establishment que ha impuesto las políticas económicas neoliberales, tanto en sus propios países como en la Unión Europea y en la Eurozona.
¿En qué coinciden estos partidos?
En principios básicos de las políticas económicas neoliberales. Incluyen la necesidad de aumentar la competitividad de cada país como manera de salir de la enorme crisis que han sufrido, aumentando las exportaciones, que serán las que estimularán la economía. Y para alcanzar tal aumento de la competitividad hay que hacer reformas (como las reformas laborales) que en teoría aumentarán la flexibilidad laboral, término que ha significado en la práctica bajar los salarios, medida deseada de tales reformas para bajar los costes laborales, y así abaratar los precios de los productos y de los servicios cuya exportación se desea aumentar. La ideología que sostiene tal política económica es que, puesto que no se puede devaluar la moneda del país, hay que devaluar los costes de producción, entre los cuales, los costes del trabajo se consideran los más esenciales.
En este aspecto, el gobierno Rajoy es presentado por el establishment europeo como el mejor ejemplo de lo que debe hacerse en Europa. No solo la Sra. Merkel, sino también el Sr. Draghi, Presidente del Banco Central Europeo, el Sr. Juncker, Presidente de la Comisión Europea, el Sr. Dijsselbloem, Presidente del Eurogrupo, y el Sr. Moscovici, Comisario de Economía, han mostrado a España como ejemplo a emular en Europa. En España los salarios y la protección social han bajado enormemente, atribuyéndose (erróneamente) el crecimiento de la economía española al aumento de las exportaciones, resultado de una disminución de precios como consecuencia del descenso de los salarios.
Cada uno de estos supuestos es falso
Estos supuestos, descritos en la sección anterior, están siendo reproducidos constantemente por los mayores medios de información del país, así como por los blogs económicos como Nada es Gratis y centros de investigación como FEDEA financiados o próximos al IBEX-35. Escuchen las entrevistas casi semanales a los grandes gurús económicos en Catalunya Ràdio, en TV3, en La Sexta Noche, entre muchos otros, y verán que todos repiten predeciblemente estos postulados como “dogmas y verdades objetivas de las ciencias económicas”.
Estos supuestos se promueven aun cuando la evidencia científica muestra su enorme falsedad. Vayamos uno por uno:
1. El precio de una mercancía, sea un producto o un servicio, no depende solo de los salarios. Hay muchos otros factores que influyen en la determinación de precios de las mercancías, puesto que en el cálculo de los costes de producción se deben incluir muchas otras variables como, por ejemplo, los beneficios empresariales. En realidad, como bien han señalado Torsten Müller, Thorsten Schulten y Sepp Zuckerstätter en su artículo “Wages and Economic Performance” (en Social Europe Journal, 24.11.16), el llamado “milagro Rajoy” tan cacareado por el establishment europeo liderado por la Sra. Merkel, basado en una enorme devaluación salarial (la mayor en la UE), no se ha traducido primordialmente en una reducción de los precios de las exportaciones españolas, sino en un enorme incremento de los beneficios empresariales. En realidad, España ha sido uno de los países que ha visto crecer más las rentas derivadas del capital, a costa de un enorme descenso de las rentas del trabajo.
2. El éxito de las exportaciones en la UE no depende primordialmente del precio de las mercancías (sean productos o servicios) exportadas, sino de la capacidad de compra de los que importan los productos exportados (que depende mucho de la demanda doméstica del país importador), y sobre todo de la calidad y composición del cuadro de exportaciones del país exportador. El gran éxito exportador alemán, por ejemplo, no está basado en los precios de los productos exportados, sino en su mix exportador, de elevado valor añadido. La centralidad de sus exportaciones en las industrias automovilísticas, químicas y de ingeniería son las mayores causas del gran tamaño del sector exportador.
3. Y el supuesto de que las exportaciones deben ser el mayor estímulo de la economía es profundamente erróneo, como bien muestra la evidencia científica existente. Una prueba de ello ha sido, por ejemplo, la situación económica española durante estos años de crisis. Las clases populares han atravesado (y continúan atravesando) un periodo de enorme dolor debido a la Gran Recesión, y, sin embargo, el sector exportador ha continuado siendo exitoso durante todo el período de la Gran Recesión. El éxito del sector exportador tiene un limitado efecto en el resto de la economía en la mayoría de países de la Eurozona, donde tal sector representa solo un 20% de toda la actividad económica. De ahí que intentar salir de la crisis económica potenciando el sector exportador (que es lo que proponen el PP, Ciudadanos, el PSOE y el PDECat) mediante el aumento de la competitividad sea una propuesta enormemente limitada. Durante muchos años vimos el desastre que significaron las políticas económicas de promoción del sector exportador en América Latina.
¿Qué es lo que debería ocurrir?
La única vía para salir de la Gran Recesión es precisamente aumentar la demanda doméstica para estimular la economía a través de medidas que sigan una dirección opuesta a las que se están aplicando. Y puesto que la mayoría de la demanda doméstica procede de las rentas del trabajo, es condición sine qua non para la recuperación económica que aumenten los salarios (y también el gasto público, del cual el gasto social es el gasto público que se traduce en mayor aumento del consumo y la demanda). Una condición para que ello ocurra es que se refuercen los sindicatos y todos los instrumentos del mundo del trabajo (tales como los convenios colectivos), con un giro de 180º en las políticas públicas del país, que deberían estar orientadas hacia crear buen empleo, no solo directamente (mediante inversiones públicas en la infraestructura social, energética y de comunicaciones del país), sino también indirectamente, exigiendo (por parte de las autoridades públicas) a las empresas privadas que paguen buenos salarios como condición para que sean contratadas por el Estado (sea este central, autonómico o local). El Estado es en cualquier país el mayor contratante de servicios, y debe utilizar esta situación para configurar las prácticas empresariales en el sector privado, a favor del mundo del trabajo.
Y esta notable expansión del sector público debería financiarse a través de reformas a las que el PP, Ciudadanos, el PSOE y el PDECat se están oponiendo, tales como el aumento de los ingresos al Estado mediante mayor gravación real a las rentas del capital, a las rentas superiores, recuperando los impuestos de sucesiones y de patrimonio, y reformando el IRPF, haciéndolo más progresivo y redistributivo, medidas que algunos sectores del PSOE podrían apoyar, aunque ello requeriría un cambio notable en la dirección y el aparato de tal partido, y muy en particular de sus asesores económicos, la mayoría de los cuales proceden de los sectores más neoliberales próximos al mundo empresarial, con el cual han establecido amplias complicidades. Sería de desear que estos cambios en el PSOE ocurrieran para poder ayudar a los cambios tan urgentes y necesarios que España (incluyendo Catalunya) necesita. El bienestar de las clases populares depende, en gran medida, de que haya una amplia base de apoyo a estas políticas opuestas a las políticas neoliberales dominantes, con una amplia coalición de partidos políticos y movimientos sociales que exijan su aplicación y desarrollo, interrumpiendo las políticas que se han ido aplicando llevando al país a una situación insostenible e intolerable. Así de claro.
Fuente: Público.es
jueves, 17 de noviembre de 2016
Primera ley de la física: no hay elecciones, Rajoy sube los impuestos
JUAN CARLOS ESCUDIER
Debido a la herencia recibida, es decir la de Zapatero, Rajoy no podrá cumplir de nuevo su promesa electoral más importante: bajar los impuestos. A este hombre le persigue la fatalidad y el fantasma de las cejas circunflejas porque su determinación era inquebrantable. Poco antes de que se repitieran las elecciones se lo dijo al señor corresponsal del Financial Times y no a los chicos de la prensa: si todo seguía como hasta ahora, volvería a bajar el IRPF y lo que se le pusiera por delante porque España era mucha España y en ningún lado estaba escrito que él no pudiera acometer una rebaja fiscal, cumplir con el déficit y seguir durmiendo la siesta a pierna suelta, pese a las amenazas de Bruselas.
Ni aquella fue una promesa electoral ni fue electoralista la reforma tributaria anterior por la que se dejaron de recaudar cerca de 8.000 millones de euros, de los que 4.800 millones procedían del IRPF y el resto, en su mayor parte, de reducir el adelanto a cuenta del impuesto de sociedades, una medida que después de los comicios hubo de ser corregida a toda prisa sin que nuestro dúo sacapuntas económico se pusiera rojo de vergüenza. Nada extraño por otra parte ya que para Montoro ponerse rojo es un imposible metafísico y para Guindos el imposible es físico: por poco sol que tome adquiere un barnizado tipo sapelly que no admite ninguna otra gama de colores.
Descartada la estafa electoral en toda regla, la mala suerte ha querido que del “podemos acometer otra rebaja de impuestos” se haya pasado a “no subiré los impuestos más importantes”, con lo que da cumplimiento una vez más a la primera ley de la física, cuyo enunciado reza así: todo impuesto alejado de un período electoral experimenta una fuerza hacia arriba proporcional a la cara dura del que gobierna. Obviamente, no vamos a pedir ahora que el Ejecutivo escape a las leyes de la física, sobre todo a la de la inercia en la mentira.
Como hay que cumplir sí o sí el objetivo de déficit, que para eso la Comisión Europea ha desbloqueado los fondos estructurales y ha suspendido la multa por el desequilibrio excesivo de las cuentas, el Gobierno se dispone a seguir a rajatabla las instrucciones de Rajoy, que no dejan lugar a dudas: salvo el IRPF y el IVA -y está por ver- aumentarán todos los impuestos y, como no será suficiente, se crearán otros para poder subirlos en el futuro.
Curiosamente –y en esto sí que sonreirá la fortuna a nuestro desdichado guía- no es de esperar una gran oposición del resto de partidos, que en algún momento han planteado alternativas similares. El menú que se prepara incluye eliminar deducciones en el impuesto de sociedades, elevar el de los hidrocarburos y el del alcohol y el tabaco, que es muy ecológico y muy sano, gravar las bebidas azucaradas, que es más sano todavía, y, posiblemente, armonizar con un tipo mínimo el de Patrimonio y Sucesiones.
Lo normal sería acometer de una vez por todas una reforma integral que asegure las funciones primordiales de la fiscalidad, esto es, que pague más el que más tiene y que se redistribuya adecuadamente la riqueza. Y eso no pude pivotar sobre la imposición indirecta, que es tan igualitaria que hace pagar lo mismo a un banquero que a un limpiador de ventanas. Tan racional parece que está descartado a priori.
Pese al episodio de Fernández Díaz, con el que se ha dado la impresión de que la oposición atenaza al Gobierno y que ha obligado al PP a una argucia para asegurar al exministro el aumento de sueldo prometido, la geometría variable permitirá que salgan adelante el techo de gasto y los Presupuestos, subidas de impuestos incluidas. Lo contrario abocaría a nuevas elecciones, que es un escenario que detestan el PSOE y C’s, sobre todo por el tapizado de los sofás y las cortinas. Donde Rajoy no llegue con la mano llegará con la punta de su espada, que es la de Damocles.
Fuente: Público.es
domingo, 30 de octubre de 2016
Valonia desbloquea el tratado del CETA
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| Una vuelta atrás |
Daniel Tanuro
La victoria valona contra el CETA ha sido de corta duración. El jueves 27 de octubre, tras varios días de negociaciones, de dramatización y de comunicación, las entidades federadas y el gobierno federal belga han llegado a un acuerdo en torno a la interpretación del tratado. Se ha adoptado un documento de cuatro páginas que será sometido a los parlamentos regionales y comunitarios para su ratificación-exprés (en 24 horas). Este documento no modifica en nada el tratado. Será propuesto a la Comisión y al resto de Estados miembros. El presidente valón, el socialdemócrata Paul Magnette, siempre ha dicho que él no estaba opuesto al CETA sino que lo que deseaba era modificarlo en algunos puntos. El documento aprobado le permite presentarse como vencedor de este pulso, pero:
1) El documento está muy lejos de la posición adoptada por el parlamento valón el 16 de octubre; y
2) No compromete al Estado belga y a sus componentes.
El único punto positivo es que el Estado belga solicitará la opinión de la Corte Europea de Justicia sobre el Tribunal de Arbitraje. Los movimientos sociales que desde hace tres años vienes movilizándose contra los tratados y por una ruptura clara con el neoliberalismo son los más perjudicados. Decir que la maniobra de la socialdemocracia y de la democracia cristiana era pura y exclusivamente electoral sería excesivo, pero lo que se confirma es que esta preocupación ha jugado un rol totalmente determinante en su actitud. Queda por ver si los movimientos sociales seguirán unidos en la lucha contra el CETA o si algunas organizaciones se inscribirán en la lógica del "mal menor".
Daniel Tanuro es militante ecosocialista belga y colaborador habitual de VIENTO SUR
Bélgica | acuerdos de libre comercio | Transnacionales
Fuente: Viento Sur
miércoles, 19 de octubre de 2016
Paraísos fiscales y el "secreto comercial". La impunidad de la gran delincuencia financiera
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| El caso de Panamá, que ha causado gran revuelo, no es ni de lejos la única aberración en materia fiscal. |
Jérôme Duval
Diagonal
La incoherencia de las listas de los paraísos fiscales
El caso de Panamá, que ha causado mucho revuelo, no es ni de lejos la única aberración en materia fiscal. ¿Cómo explicar, por ejemplo, que las Bermudas –donde el banco Société Générale tiene una filial que ha obtenido 17 millones de euros de cifra de negocio en 2013 sin ningún asalariado- hayan sido retiradas de la lista francesa de los paraísos fiscales en enero de 2014? ¿Cómo Bélgica ha podido esperar a 2015 para colocar oficialmente el gran ducado de Luxemburgo en la lista belga de los paraísos fiscales? ¿Cómo es posible que ciertos Estados europeos, la Unión Europea (UE), el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), organismo intergubernamental de lucha contra el blanqueamiento de dinero, la OCDE o el FMI tengan listas de paraísos fiscales distintas?
Esta incoherencia de las falsas soluciones aportadas por actores que supuestamente luchan contra el fraude y la evasión fiscal favorece la impunidad de los grandes delincuentes financieros que disfrutan, por otro lado, de una justicia a medida, tolerante o continuamente esquivada.
La directiva sobre el “secreto comercial” protege a los delincuentes y encarcela a los periodistas
Sólo algunos días antes del proceso contra el filtrador Antoine Deltour, en el origen de las revelaciones del LuxLeaks, y diez días después del principio de las revelaciones de los Papeles de Panamá sobre las sociedades offshore en paraísos fiscales, la directiva europea sobre la protección del “secreto comercial” fue aprobada en el Parlamento Europeo el 14 de abril de 2016.A pesar de una petición contra esta iniciativa firmada por más de 500.000 personas, una gran mayoría de los eurodiputados aprobaron el texto por 503 votos a favor, 131 en contra y 18 abstenciones de los 652 eurodiputados presentes en el Parlamento ese día.
Del lado francés, tan sólo los diez representantes de Europe Écologie-Los Verdes y del Frente de Izquierda votaron en contra, mientras que el Frente Nacional, el Partido Socialista y la derecha votaron mayoritariamente a favor. De Bélgica, sólo tres eurodiputados votaron contra esta directiva de los 20 que participaron en el voto.
En el conjunto, se observa, una vez más, un gran entendimiento entre las dos grandes familias liberales en el Parlamento Europeo, el Partido Popular Europeo y los socialdemócratas (S&D), que mayoritariamente votaron a favor de esa ley liberticida.
Esta directiva, propuesta en noviembre de 2013 por la Comisión Europea, amenaza “el trabajo de investigación de los periodistas y, por extensión, la información revelada del ciudadano”, protege a las empresas y sus maniobras ilegales prohibiendo la divulgación de sus “secretos económicos” a la opinión pública interesada.
Compromete seriamente el trabajo de los periodistas, filtradores, ONG y otros actores que intentan sacar a la luz informaciones sensibles de utilidad pública. “Esto va a voltear la carga de la prueba hacia los periodistas, que deberán probar que la difusión de la información era legítima”, advierte Véronique Marquet, miembro y abogada del colectivo Informer N’est Pas un Délit (“informar no es un delito”). “Esto (es igual a) preguntarles –continúa- si están dispuestos a asumir el riesgo de ser condenados, lo que constituye una verdadera arma de disuasión a disposición de las empresas”.
Criminalidad financiera y denuncia: dos pesos, dos medidas
Para completar el escándalo, siguiendo la misma lógica, la justicia luxemburguesa acaba de colocar los intereses de las multinacionales por encima del interés general. Mientras que los organizadores de la evasión fiscal gozan de una total impunidad, la sala correccional número 12 del tribunal de distrito de Luxemburgo ha condenado al filtrador francés Antoine Deltour a 12 meses de prisión con suspensión de la pena y 1.500 euros de multa. Raphaël Halet, otro filtrador, ha sido condenado a nueve meses de prisión con suspensión de la pena y mil euros de multa.Estos dos filtradores, por tanto, permitieron que los ciudadanos europeos descubrieran cómo cientos de empresas multinacionales han podido escapar masivamente a los impuestos, firmando acuerdos secretos con Luxemburgo. Revelaron informaciones cruciales para el interés general y deberían estar protegidos y recompensados en vez de perseguidos y condenados.
Sus condenas recuerdan a los procesos contra uno de los fundadores del movimiento Alternatiba y de Action Non Violente COP21 (ANV-COP 21), Jon Palais. Activista de la asociación Bizi! (“vivir” en vasco), está acusado de “robo en grupo” y será juzgado el 9 de enero de 2017 por haber participado en una requisa ciudadana de sillas en una sucursal del BNP Paribas en París.
El banco francés, que tiene un beneficio neto de 6.700 millones de euros en el año 2015, está muy implantado en los paraísos fiscales y judiciales, con 170 filiales declaradas, de las que buena parte todavía están en activo. Su reciente decisión de cerrar sus sucursales en las islas Caimán británicas es muy insuficiente. Los capitales que se evaden en los paraísos fiscales hacen profunda falta al Estado, que se endeuda para afrontar sus gastos.
Recordemos que en Francia un informe del grupo de trabajo del Colectivo por una Auditoría Ciudadana (CAC) determina que más de la mitad de la deuda pública proviene de regalos fiscales y de tasas de interés excesivas. En su libro Offshore, paradis fiscaux et souveraineté criminelle ("Offshore, paraísos fiscales y soberanía criminal"), Alain Deneault nos aclaraba las consecuencias de este fraude: “Defraudar al fisco no se limita a ahorrar gastos, sino que consiste en perjudicar la financiación de las instituciones públicas y, en consecuencia, la noción misma de bien público, para constituir polos de decisión offshore ocultos sobre cuestiones de envergadura histórica”.
Traducción: Gladys Martínez.
Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/global/31856-la-impunidad-la-gran-delincuencia-financiera.html
martes, 18 de octubre de 2016
Nos han saqueado
La crisis económica que padecemos no se produjo por casualidad ni por que las cosas en economía son cíclicas y nos ha tocado
Por Victor Arrogante
Un dato: el ministro en funciones de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, era miembro del Consejo Asesor de Lehman Brothers a nivel europeo y Director en España y Portugal hasta su quiebra en 2008. Ya sabemos cómo provocó la caída en cadena de tantas economías como la española. De otra parte, se calcula en más de 7.500 millones de euros saqueados por la corrupción de empresarios y políticos sin escrúpulos, mientras reducían los gastos sociales.
Hemos conocido el Barómetro del CIS de septiembre, por el que la segunda preocupación de los españoles es la corrupción y el fraude (el primero sigue siendo el paro). El cuarto de los problemas es el de índole económica. El 89,1% considera que la situación política sigue siendo «mala» o «muy mala»; y el 64,7% de los encuestados que la situación económica es «mala» o «muy mala» y con pocas esperanzas de futuro (seguirá igual para el 40,2% y peor para el 22,8%). Pese a todo, no se entiende que algunos miembros del partido socialista pretendan que siga gobernando el PP.
Algunas encuestas, tras la crisis en el PSOE, muestran que la celebración de terceras elecciones rompería el equilibrio de fuerzas que existía hasta ahora y el PP saldría muy reforzado. Esta situación se confirma en el Barómetro de Octubre del Instituto DYM para El Confidencial, que pronostica que el principal beneficiado de terceras elecciones sería el PP y el más perjudicado el PSOE, que caería a la tercera posición, siendo adelantado por Unidos Podemos, que quedaría como líder de la oposición. También confirma que el 69,6% de los encuestados cree que unas terceras elecciones no solucionará el bloqueo político. Conclusión: el PP, implicado en los dos grandes escándalos de corrupción, no roza a Rajoy ni como testigo, y sería el partido más votado y con mayor fidelidad de votantes.
Otras encuestas, como la de JM&A para Público, nos dicen que en unas terceras elecciones, ni el PP ganaría escaños ni tendría mejores bazas para sacar adelante la investidura de Rajoy a la presidencia del Gobierno. Todo por ver, después de las declaraciones de Rajoy, asegurando que no pondrá condiciones al PSOE para que se abstenga y el aviso de Fernández de que «en ningún caso le va a dar estabilidad».
A lo que vamos, el objetivo del sistema capitalista es ganar dinero con lo que fabrica y vende cuanto más mejor. Cuando la capacidad de producir crece más que la posibilidad de consumir, entra en juego el sistema financiero, que concede créditos al consumo provocando el endeudamiento desproporcionado de familias y empresas. Cuando los precios suben o se inflan, como fueron los de la vivienda, se crea una «burbuja especulativa» y cuando la distancia entre la capacidad de compra y capacidad de pago aumenta, el riesgo de impago sobrepasa los límites y estalla la burbuja. Si a esto sumamos lo que se han llevado los corruptos gestores empresariales y los políticos administradores públicos, las arcas se vacían.
Estamos sufriendo las consecuencias de los recortes y ajustes económicos que los gobiernos de turno han ejecutado en los últimos años. Es la puesta en práctica de la ideología neoliberal, «teoría económica y políticas austericidas contra el pueblo llano». Para Adam Smith, las relaciones económicas de forma equilibrada se producen gracias a una «mano invisible», que, de forma espontánea, coordina los mercados y sus intereses. Keynes defiende, que en momentos de crisis, es necesaria la intervención del estado para corregir los desequilibrios que el mercado origina, mediante políticas fiscales y redistributivas. Para Marx, el capitalismo se sustenta en la existencia de dos clases cuyos intereses son antagónicos: la burguesía, dueña de los medios de producción, y el proletariado, dueño de su fuerza de trabajo. Burguesía y proletariado enfrentados en una «lucha de clases», que sigue vigente aunque no se diga.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), ilustra en un informe, que 2.000 millones de personas no tienen contrato, carecen de derechos y de protección social, perciben un salario injusto o sufren enfermedades y accidentes laborales. También denuncia que 168 millones de niños están atrapados en el trabajo infantil y 21 millones de personas son explotadas en condiciones de trabajo forzoso. Dos tercios de los trabajadores que hay en el mundo carecen de contrato laboral y de derechos, sufren discriminación, cobran salarios inferiores a sus capacidades, no tienen protección social y están sobreexpuestos a accidentes o enfermedades laborales. Datos que muestran las escandalosas cifras de la barbarie capitalista.
EL OBJETIVO ES GANAR DINERO A COSTA DE LO QUE SEA
Tras el fracaso de los países comunistas, la «economía planificada», dejó de ser alternativa al «capitalismo». Los defensores del «mercado» se hicieron más fuertes y el «pensamiento único» se implantó globalmente para quedarse. ¡Que el estado no intervenga! y piden privatizaciones, inversión pública o rescate cuando se reducen las ganancias. En este sistema económico, si alguien no compra otro no vende, no obtiene beneficios por lo que no tiene sentido seguir produciendo ni mantener asalariados. El objetivo es ganar dinero a costa de lo que sea y es secundario lo que se venda: si existe demanda (incluso prostitución, armas o drogas), si crea beneficio y posibilidad de acumulación de riqueza, todo vale. El capitalismo alcanza las mayores cuotas de creación de riqueza, a costa de la injusticia social.
Hay otro enfoque posible, en el que ni todo vale, ni todo consiste en ganar dinero, en donde la producción adquiere una función social. El modelo basado en la competencia combina: la libre iniciativa con progreso social, asegurado por la capacidad económica. Los valores éticos en los cuales se fundamenta la economía social de mercado, se centran en principios que guardan relación con la dignidad humana, el bien común, la solidaridad y la subsidiaridad, a fin de lograr un sistema económico equilibrado al servicio de la calidad de vida de los seres humanos. En la «economía social de mercado» el Estado interviene para garantizar la justicia social.
LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA PERMITE LO UNO Y LO CONTRARIO
La Constitución española permite lo uno y lo contrario. Proclama la voluntad de «Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida». Dice en su articulado: «Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad». Reconoce el derecho y el deber de todos los españoles «al trabajo,… y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia». España se constituye en un «Estado social y democrático de Derecho» y garantiza un orden económico y social justo. «Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado». Los gobiernos han optado por la economía de mercado, alejándose del Estado social.
En estas estábamos cuando El 2 de septiembre de 2011 el Congreso aprobó, a propuesta de Rodríguez Zapatero, con 316 votos a favor y 5 en contra, la primera reforma constitucional de calado para introducir de forma urgente en la Constitución el principio de estabilidad financiera para limitar el déficit. La reforma salió adelante con el desplante del resto de grupos: CiU y PNV presentes en el hemiciclo y se ausentaron IU, ERC, NBG, ICV y Nafarroa Bai. El PSOE justificó la reforma: «No hay peor sordo que el que no quiere oír, le digo que las tensiones en los mercados han llegado a un límite que pone en riesgo las políticas sociales. Esta es la realidad», le espetó el portavoz socialista José Antonio Alonso a Gaspar Llamazares.
Al grito de «ahora no es Tejero, son Rajoy y Zapatero», el Movimiento 15M protestó airadamente contra lo que llamaron mercadocracia, que había suplantado a la democracia. En el extremo opuesto, la canciller alemana Angela Merkel, defensora del principio de estabilidad financiera en las constituciones europeas, felicitó al presidente Zapatero. Lo hicieron también la OCDE, el presidente Sarkozy, y la agencia de calificación Moody’s. Por quienes apoyaron la reforma, podemos conocer lo que se pretendía con la famosa reforma del artículo 135. Izquierda Unida presentó una enmienda la totalidad, al considerar muy grave, lo que calificó como «golpe de los mercados a la Constitución», rechazando frontalmente la reforma constitucional.
Las novedades introducidas en la Constitución, consagraron el principio de estabilidad presupuestaria, supeditando la política de deuda a las decisiones europeas. Se da «Prioridad absoluta» en los presupuestos del Estado en el pago de la deuda, cuyas condiciones no podrán ser renegociadas, límites de deuda por ley, que sólo podrán incumplirse en caso de «catástrofes naturales, recesión económica o situaciones de emergencia». La reforma de la Constitución, se hizo con agostidad sin someterla a ningún debate público ni plantear una consulta a la ciudadana sobre el cambio de la Carta Magna. La norma consagra una cesión de soberanía a la UE y a los mismos especuladores que amenazaban con hundir la economía española. «Prioridad absoluta» para pagar a unos acreedores, que exigían unos intereses altísimos por prestar el dinero. Primero la deuda, después, todo lo demás (sanidad y educación incluidas).
El gobierno de Rajoy, que gestiona el Estado al servicio de los intereses del capital, con la excusa de la crisis, ha desmantela el «Estado social» y hasta el democrático de Derecho con su rodillo, sus reformas y las dejaciones en la administración de justicia. Con austeridad y sin inversión pública, recortó gastos en prestaciones sociales, eliminó derechos y servicios públicos esenciales y privatizó otros. El gobierno no ha asumido su fracaso y Rajoy, pese a lo que dice, ha consolido la miseria. La crisis la hemos pagado los que siempre pagamos todo, en beneficio de los poderosos.
Desde determinados ámbitos del PSOE, se piensa en la abstención para que siga gobernando Rajoy y los suyos, pese a la corrupción y sus políticas antisociales y regresivas. Javier Fernández ha llegando a decir «abstenerse no es apoyar al PP», pero si es consentir.
Espero que el partido socialista tenga en cuenta al menos el caso Gürtel, en el que se procesa a 37 personajes corruptos miembros o cercanos –incluso al propio PP de Rajoy–, en el que se piden hasta 732 años de cárcel y millonarias indemnizaciones.
No puede permitirse que una «organización criminal», que ha saqueado las arcas públicas, vuelva a gobernar.
Victor Arrogante
Fuente: Diario 16
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Constitucion,
Economía,
España
lunes, 17 de octubre de 2016
DADA LA SITUACIÓN HAY QUE PROFUNDIZAR EL ANÁLISIS
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| Miren Etxezarreta |
Miren Etxezarreta
Doctora en economía y economista crítica
Doctora en economía y economista crítica
Son
innumerables los comentarios de opinión dedicados en los medios de comunicación
de este país a los acontecimientos políticos de los últimos meses, en especial
después de las segundas elecciones y de las dificultades para nombrar Gobierno.
No obstante, la gran mayoría de ellos son reflexiones centradas en lo que
sucede en el país, en los acontecimientos del Estado o en sus personajes
centrales. En este cúmulo de opiniones me faltan aquellas dedicadas a integrar
en las mismas un ámbito más amplio: lo que está sucediendo en el mundo a la luz
de la historia reciente. Estamos inmersos en comentarios coyunturales,
superficiales, locales, ignorando el impacto que otros hechos de mayor alcance
tienen en éstos.
Lo que está
sucediendo en el Estado español en estos momentos no es más que la expresión en
la superficie de los profundos cambios que se están dando en las sociedades
globales desde hace ya bastantes años. Sabemos que el mundo está cambiando
intensamente y, sin embargo, cuando tratamos de comprender lo que está
sucediendo olvidamos casi por completo la incidencia de estos cambios en la
pequeña parte del orbe en la que vivimos. Lo que limita nuestra comprensión del
fenómeno, dificulta valorarlo en toda su magnitud y, sobre todo, obstaculiza el
proceso de resolver los graves problemas que causa.
Después del
periodo de paz, sólo relativo, tras la II Guerra Mundial (1945-1975), ya desde
fines de los sesenta, el mundo estaba siendo atravesado por acontecimientos de
gran envergadura: en una primera etapa, la guerra fría, la guerra de Vietnam,
los movimientos sociales del 68-69 sobre todo en Francia e Italia que supuso ya
un gran cuestionamiento de las formas tradicionales de expresión política, la
acusada crisis de los setenta, cuya percepción ha podido ser relegada por la
mucha mayor crisis de los 2007, pero que marcó el comienzo de las dificultades
económicas de una nueva era, el surgimiento, con fuerza de los primeros países
emergentes en el sureste asiático. Junto al hundimiento del keynesianismo y la
enérgica recuperación del neoliberalismo que venía ya preparándose con Milton
Freedman desde los cincuenta, pero tuvo su confirmación pública con los programas
neoliberales de Pinochet y Videla en los setenta, los nuevos macroeconomistas
estadounidenses de la misma época, la abierta conversión de la UE al
neoliberalismo siguiendo las pautas de Estados Unidos…
La etapa más
reciente es todavía más dinámica: China convertida en un sistema
económico-social incalificable pero muy próximo al capitalismo, una serie de
potentes países emergentes –los BRICS- que alteran la división del trabajo en
el mundo, aumentan la producción y presentan importantes elementos de competencia
y sobreproducción para las grandes empresas globales, la aparición y el uso
pujante y generalizado de internet, avances tecnológicos de impacto en muy
diversas industrias, el temor a la escasez de materias primas. La tecnología
que se transmite con facilidad, de modo que los trabajadores de todo el mundo
pueden realizar las mismas tareas y se ven obligados a competir entre sí. La
concentración creciente del capital y la revolución financiera de amplísimo
alcance, la financiarización, que han facilitado la penetrante adopción del
neoliberalismo, dando lugar a la aceptación sin límites de los criterios
capitalistas en todo el mundo, a lo que hemos llamado globalización. Los
grandes capitales compiten con fiereza y las monedas se convierten en instrumentos
principales de esta competencia. Para culminar –por ahora- en la tremenda
crisis de 2007, en algunos países adobada por vigorosos procesos de corrupción
de las clases dirigentes… Nos encontramos en un mundo donde la concentración de
los capitales ha conducido a poderosísimos agentes que controlan enormes
parcelas de la economía global y donde la categoría país tiene
cada vez menor poder analítico y político. Y me dejo muchos más aspectos en el
tintero. Por una parte, el capitalismo global extremadamente dinámico, sometido
a grandes turbulencias y problemas económicos, si bien, al mismo tiempo, ha
logrado convertirse en el sistema económico y social indiscutible en el mundo
entero.
Estas
convulsiones no se manifiestan solo en el Estado español – la triste suerte y
los desastres asociados a las primaveras árabes, los graves movimientos hacia
la extrema derecha de varios países europeos, la renovación e intensificación
de los nacionalismos e independentismos, el Brexit británico, la potenciación
primero y el debilitamiento actual del ‘socialismo del siglo XXI’ en varios
países latinoamericanos, las sacudidas del gobierno en Brasil y los menos
conocidas por nosotros pero no menos significativos movimientos en Asia y
Africa, los movimientos migratorios …
Las sociedades,
en todo el mundo, están experimentando sacudidas profundas, movimientos de gran
intensidad y alcance, como afectadas por grandes terremotos que alteran toda su
estructura productiva, social y política, produciendo conflictos que dan lugar
a grandes incertidumbres y turbulencias.
Todo ello se
expresa en la superficie de las sociedades en diversas formas en los distintos
países. Su dinámica no es más que la apariencia visible de los enormes
movimientos en las capas tectónicas (que parecen) subterráneas que realmente
los causan.
Frente a
ello la organización social y política continúa anclada en los moldes del siglo
XX. Es verdad que en muchos países, el capitalismo ha expandido la democracia
parlamentaria, consciente de que funciona mejor con ella, pero con la misma
filosofía, estructura y organización que a finales del siglo XIX, o todavía
menos reivindicativa que entonces. Las instituciones políticas y sociales (no
sólo partidos políticos y sindicatos) han modificado, quizá, algunos elementos
secundarios, pero esencialmente sus planteamientos continúan siendo los mismos
que al consolidarse la revolución industrial; el mejor ejemplo de ello son las
dificultades de la UE para avanzar en la aproximación política de sus países
miembros-.
Hay una
contradicción profunda entre la dinámica social y económica y la organización y
actuación política. Se quieren enfrentar las situaciones nuevas en odres
viejos. De aquí la potente desafección de las poblaciones por la política, que
no reside sólo en la mejor o peor actuación de las instituciones políticas
específicas de algunos territorios, puesto que se encuentra en todo el globo y
señala con claridad a la honda diferencia que existe entre la dinámica
económica y social actual de carácter mundial y la organización y actuación
política que corresponde a épocas pasadas. De aquí la búsqueda en la práctica
de nuevas fórmulas como los movimientos de las plazas, las campañas
internacionales, la poderosa rehabilitación de los movimientos separatistas, la
intensificación nacionalista, la tendencia a buscar refugio en la extrema
derecha, junto al esfuerzo por mantener fórmulas anteriores de los partidos y
otras instituciones tradicionales.
Muy escasa
ha sido la mención de estos elementos en los análisis de nuestras crisis. Se
buscan las razones en los elementos de siempre –ideologías, incapacidad,
corrupción, rivalidad, confusión- y las soluciones también –más participación a
las bases, primarias, mejor comunicación, rejuvenecimiento-, elementos todos
que, por supuesto inciden coyunturalmente en las situaciones que vivimos, pero
que no parecen percibir que el mundo ha cambiado y está cambiando
permanentemente de tal forma que es necesario analizarlo con ojos más profundos
para descubrir las fuertes transformaciones sistémicas que se muestran a través
de las alteraciones en la superficie. Quedarse en estos elementos coyunturales
no favorece la percepción de lo que realmente sucede sino que contribuye a
desviar la verdadera naturaleza del problema. Asistimos a un agrio divorcio entre
la necesidad de enfrentar las turbulencias reales de un sistema con grandes
fallas y los mecanismos que este utiliza para tratarlos.
Parece como
si no se quisiera percibir que es el sistema capitalista y sus contradicciones
lo que está en la raíz de estos problemas, a pesar de su aparente solidez. El
capitalismo global tiene cada vez menos capacidad de proporcionar la
satisfacción de las necesidades y deseos de sus sociedades. Sus problemas, la
dura competencia entre sus gigantescos agentes y el poder que acumulan, la
necesidad de explotar cada vez más a las poblaciones para poder reproducirse
como tales gigantes, la utilización de herramientas y conocimientos cada vez
más sofisticadas, está llevando al desencanto, cuando no a la desesperación a
importantes segmentos de la ciudadanía que a menudo acusan a los agentes
políticos de sus problemas, sin percibir que estos son sólo agentes
secundarios, voluntarios y cooperativos y por lo tanto responsables, eso sí, de
no avanzar hacia las soluciones necesarias. Es una necesidad de cambio del
sistema económico y social mucho más que de remozar las organizaciones de
partidos e instituciones políticas.
Nos
encontramos con un sistema social en el que los poderosos tienen cada día más
poder y han ido conformando los sistemas institucionales de acuerdo con sus
intereses, mientras que las ciudadanías han sido deliberadamente conducidas a
la confusión, ‘la crisis (que no se pregunta de dónde y por qué surge) tiene la
culpa’-, y se encuentran inermes para incidir en sus sociedades y sus vidas.
Desilusionadas y confusas acusan a la actuación política de sus males en lugar
de enfocar la magnitud del problema sistémico, y van abandonando cuando no
rechazando la participación política institucionalizada.
¿Qué se
puede hacer en esta situación? Por supuesto que no me arrogaré la capacidad de
saberlo. Pero sí sé que mientras no consideremos los problemas en toda su
magnitud y no detectemos sus raíces, estaremos cada día más lejos de
aproximarnos a una situación mejor.
Necesitamos
profundizar más y más en nuestros análisis, hasta aproximarnos a las causas
profundas de las situaciones, y necesitamos enfrentarnos a este mundo tan
global y rápidamente cambiante, donde hay agentes poderosísimos que mueven los
hilos de su dinámica. Con el objetivo renovado de transformar el sistema,
tenemos que explorar nuevas e inéditas maneras de organizarnos y actuar. No es
tanto un problema de mayor o menor habilidad de los partidos parlamentarios,
sino la necesidad de plantearse radicalmente el tipo de política necesaria para
un mundo muy inestable e injusto, cuyos poderes dominantes no están dispuestos
a cambiar en lo esencial – el capitalismo no ha abandonado en un ápice sus
objetivos permanentes- y que va muy por delante en sus estrategias de cambio.
Los intentos
de cambio político que inicialmente parecieron aportar frescas e ilusionantes fórmulas
novedosas, en una parte importante de las nuevas iniciativas no han logrado
salir del sistema tradicional de filosofía y organización —quizá nunca se plantearon
transformarlo— y, por lo tanto, no están aportando las formas nuevas
imprescindibles para que la ciudadanía se sienta responsable de su propia
suerte y capaz de actuar para ello. Hay mucho por inventar genuinamente nuevo
en el universo político. Sólo si conseguimos transcender el análisis en
términos de simples elementos coyunturales para explorar los elementos
estructurales del sistema y su dinámica, podremos avanzar, con dificultades,
pero con tenacidad y sin prisas, hacia propuestas alternativas que permitirán
desarrollar otra genuina forma de hacer política como ciudadanía que
pretendemos ser agentes decisorios de nuestras sociedades y nuestras vidas.
Fuente: Público.es
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