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martes, 27 de junio de 2017

Reajustes en el Medio Oriente


El jeque Tamin ben Hamad al-Thani, emir de Qatar.




La crisis diplomática alrededor de Qatar ha congelado varios conflictos regionales y disimulado varios intentos de arreglos vinculados a otros. Nadie sabe cuándo se levantará el telón, pero lo que sí es seguro es que cuando eso suceda veremos una región profundamente transformada.
1– El conflicto palestino

Desde que la mayoría de los palestinos fueron expulsados de su tierra –el 15 de mayo de 1948, en lo que hoy se designa como la Nakba– y que los pueblos árabes rechazaron aquella limpieza étnica, lo único que había modificado parcialmente la distribución del juego era la paz separada israelo-egipcia pactada en los acuerdos de Camp David (en 1978) y la promesa de resolver la cuestión palestina mediante la creación de dos Estados, surgida de los acuerdos de Oslo (en 1993).

Sin embargo, cuando la existencia de negociaciones secretas entre Irán y Estados Unidos se dio a conocer, Arabia Saudita e Israel decidieron conversar entre sí. Al cabo de 17 meses de encuentros secretos, se concluyó un acuerdo entre el Guardián de las Dos Mezquitas y el Estado judío [1]. Este acuerdo se concretó a través de la participación del ejército de Israel en la agresión contra Yemen [2] y de la entrega de bombas atómicas tácticas israelíes al reino de los Saud [3].

Recordemos que ese acuerdo también preveía hacer que Arabia Saudita evolucionara de forma tal que su sociedad siguiera siendo salafista y sus instituciones pasaran a ser laicas. Estipulaba además la independencia del Kurdistán iraquí –donde se realizará un referéndum en septiembre– y la explotación simultánea de los yacimientos de gas del desierto de Rub al-Khali (a menudo designado como The Empty Quarter), en territorios de Arabia Saudita y Yemen –yacimientos que son la verdadera razón de la actual guerra contra Yemen– y los de la región de Ogadén –lo cual explica la retirada, esta semana, de las tropas qataríes de la frontera con Yibuti.

Finalmente, Egipto cedió a Arabia Saudita las islas de Tiran y Sanafir, cumpliendo así el compromiso que había contraído hace un año. Al aceptar la posesión de esas islas, Riad reconoce de facto los acuerdos de Camp David, que estipulan la libre circulación de los barcos israelíes en las aguas circundantes. Israel incluso confirmó que ha recibido garantías de Arabia Saudita en ese sentido.

Es importante observar que lo que llevó a Egipto a ceder las islas no fue la presión de Arabia Saudita –aunque Riad bloqueó tanto sus entregas de petróleo al Cairo como un préstamo de 12 000 millones de dólares– sino la crisis diplomática del Golfo. Los Saud oficializaron su ruptura con la Hermandad Musulmana, proceso que ya venía avanzando desde que el presidente egipcio al-Sissi les entregó una serie de documentos que demostraban la existencia de un proyecto de golpe de Estado en Arabia Saudita en el que estaban implicados varios miembros de la cofradía. Al principio, Arabia Saudita creyó ser capaz de separar a los “buenos” de los “malos”, entre los miembros de la Hermandad Musulmana. El reino ya había acusado a Qatar de aportar respaldo a los golpistas, pero en aquel momento las cosas se desarrollaron por la vía pacífica. Actualmente, Riad tiene intenciones de luchar contra toda la Hermandad Musulmana y eso lo obliga a revisar su posición hacia Siria.

La cesión de las islas de Tiran y Sanafir, egipcias desde la Convención de Londres de 1840, no tiene otra razón de ser que permitir que Arabia Saudita reconozca de forma implícita –al cabo de 39 años– los acuerdos de paz separada firmados en Camp David entre Egipto e Israel.

Por su parte, Teherán acogió a la dirección política del Hamas –que se compone principalmente de miembros de la Hermandad Musulmana–, tanto en nombre de la solidaridad con la causa palestina como por el hecho que comparte con los dirigentes del Hamas la misma concepción del islam político.

La próxima etapa será el establecimiento de relaciones comerciales públicas entre Riad y Tel Aviv, que ya se mencionan en la edición del 17 de junio del diario británico The Times –varias empresas israelíes parecen haber sido autorizadas a operar en Arabia Saudita y la compañía aérea israelí El-Al podría utilizar el espacio aéreo saudita [4]–, y después vendrían el reconocimiento de la iniciativa de paz del príncipe saudita Abdala –adoptada por Liga Árabe en 2002– y el establecimiento de relaciones diplomáticas –el príncipe Walid ben Talal se convertiría en embajador del reino en Israel [5].

Ese proyecto podría conducir a la paz en Palestina (reconocimiento de un Estado palestino e indemnización para los refugiados), en Líbano (retirada israelí de las Granjas de Shebaa) y en Siria (cese del apoyo a los yihadistas y retirada israelí del Golán).

El tema del Golán ha de resultar particularmente difícil ya que el gobierno de Netanyahu ha reafirmado –en son de provocación– su anexión mientras que Estados Unidos y Rusia reaccionaron duramente ante la expulsión de la Fuerza de Naciones Unidas de Observación de la Separación (FNUOS) y la sustitución de sus cascos azules por los yihadistas de al-Qaeda [6]. No sería, sin embargo, imposible que durante la guerra en Siria, Washington o Moscú se hayan comprometido con Tel Aviv a mantener el statu quo en el Golán.

Ese proyecto de arreglo general es un reflejo del modus operandi de Donald Trump y Jared Kushner como hombres de negocios: crear una situación económica que impone un cambio político. Y encontrará probablemente la oposición de la Hermandad Musulmana (el Hamas) y del triángulo del islam político conformado por Irán, Qatar y Turquía.
2– El conflicto en territorios de Irak y Siria

Todos los actores regionales están de acuerdo en considerar que Irak y Siria constituyen en este momento un solo campo de batalla. Pero los occidentales, que se aferran a las mentiras de la administración de George Bush hijo –incluso cuando admiten la inexistencia de las armas de destrucción masiva que supuestamente tenía Saddam Hussein– y a la versión romántica de las «primaveras árabes» -incluso cuando reconocen que ese movimiento nunca trató de favorecer la libertad sino, por el contrario, de imponer el islam político– se obstinan en considerarlos dos escenarios diferentes.

En este punto, remito a nuestros lectores a mi libro Sous nos yeux en cuanto a cómo se inició esta guerra [7]. El hecho es que, desde el inicio de la crisis alrededor de Qatar, la guerra en Irak y en Siria se ha limitado a
(1) la lucha contra el Emirato Islámico (Daesh), en Mosul y Raqqa, y a
(2) la lucha contra Turquía, en Baachiqa y al-Bab [8].

Lo que resulta evidente para todos en la región es que, desde la llegada al poder del presidente chino Xi Jinping con el proyecto de creación de dos “rutas de la seda”, Washington ha estimulado la creación de un «Sunnistán» en territorios pertenecientes a Irak y a la República Árabe Siria. Con ese objetivo, Washington financió, armó y dirigió las fuerzas del Emirato Islámico para que bloquearan el eje de comunicación terrestre Beirut-Damasco-Bagdad-Teherán-Pekín.

Desde hace 4 meses, la administración Trump estudia y negocia de qué manera pudiera modificar esa política y reemplazar por una asociación con Pekín la actual situación de enfrentamiento [9].

Mientras que en el terreno asistimos a una verdadera sucesión de acontecimientos contradictorios, los ejércitos de Irak y de la República Árabe Siria han avanzado rápidamente desde el inicio de la crisis alrededor de Qatar. En su rápido avance hacia la frontera común, ambos ejércitos han liberado del control del Emirato Islámico sus zonas fronterizas y hoy están a punto de entrar en contacto –con lo cual restablecerían la ruta de la seda. Ya sólo los separan, en el punto de confluencia, unos 200 metros de terreno ilegalmente controlado por fuerzas de Estados Unidos [10].

En cuanto a los combates en el sur de Siria… han cesado inesperadamente. Damasco proclamó unilateralmente un alto al fuego en Deraa. En realidad, Moscú y Washington dieron a Tel Aviv garantías de que Siria sólo permitirá frente a la frontera israelí el despliegue de fuerzas rusas, excluyendo la presencia allí de fuerzas iraníes o del Hezbollah libanés.

En pocas palabras, si el Pentágono sigue las órdenes de la Casa Blanca, debería producirse un amplio cese del conflicto. Sólo quedaría por resolver entonces la ocupación turca de territorios en Irak y Siria, según el modelo de la ocupación turca en Chipre, situación a la que la Unión Europea se ha acomodado en una evidente muestra de cobardía. En la nueva situación, Estados Unidos y Arabia Saudita, hasta ahora enemigos de Irak y Siria, se convertirían nuevamente en sus aliados.
3– El conflicto en Yemen

Es posible que los yemenitas salgan perjudicados del actual cambio de situación. Aunque resulta totalmente evidente que Arabia Saudita entró en guerra para instalar en Yemen un régimen favorable a la explotación conjunta de los yacimientos de hidrocarburos del desierto de Rub al-Khali y para dar al príncipe Mohamed ben Salman la posibilidad de “acumular méritos”, la ayuda que Irán ha aportado a los Huthis y al ex presidente Saleh desvía las miradas de los países árabes y de la llamada «comunidad internacional» de los crímenes que allí se cometen.

En efecto, cada cual tiene que escoger su bando y casi todos han optado por ponerse del lado de Arabia Saudita contra Qatar y los aliados turcos e iraníes del pequeño emirato. Lo que pudiera ser positivo para Palestina, Irak y Siria resulta negativo para Yemen.
Conclusión

Desde el 5 de junio de 2017 y la ruptura de relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita y Qatar, las cancillerías se preparan para una posible guerra, aunque sólo Alemania ha mencionado públicamente esa posibilidad. La situación es extremadamente sorprendente, sobre todo si se tiene en cuenta que no es Arabia Saudita sino Qatar quien ostenta el estatus de observador en el seno de la OTAN [11].

Mientras tanto, anuncios de dimisiones siguen llegando constantemente de Doha y van desde la embajadora estadounidense Dana Shell Smith hasta el entrenador uruguayo de la selección de futbol de Qatar, Jorge Fossati. Y no sólo los países que se han puesto del lado de Arabia Saudita han cortado sus relaciones comerciales con Qatar. También lo han hecho, ante el riesgo de guerra, numerosas empresas sin vínculos particulares con la región del Golfo, como la China Ocean Shipping Company (COSCO), la mayor compañía naviera de China y una de las más grandes del mundo.

En todo caso, aunque sus reclamos –basados en la historia– están realmente justificados, parece a todas luces imposible que Arabia Saudita anexe Qatar, teniendo en cuenta que antes se opuso a la anexión de Kuwait por parte del Irak de Saddam Hussein, basada exactamente en las mismas razones históricas. Una regla se impuso en el mundo desde los tiempos de la colonización británica: nadie tiene derecho a modificar las fronteras que Londres impuso con un solo objetivo, que es precisamente perennizar problemas insolubles para los Estados nacidos de los procesos de independencia.

De hecho, así logra Londres que esos Estados sigan dependiendo de su antigua metrópoli. En el caso que ahora nos ocupa, la próxima llegada de 43 000 soldados pakistaníes y turcos que asumirían la defensa de Qatar debería fortalecer su posición.
Thierry Meyssan
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[1] «Exclusivo: Los planes secretos de Israel y Arabia Saudita», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 22 de junio de 2015.

[2] «La Fuerza “Árabe” de Defensa Común», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 20 de abril de 2015.

[3] «¡El Medio Oriente está nuclearizado!», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de marzo de 2016.

[4] “Saudi trade talks with Israel are historic first”, Michael Binyon y Gregg Carlstrom, The Times, 17 de junio de 2017.

[5] «Exclusivo: Arabia Saudita construye una embajada en Israel», Red Voltaire, 30 de mayo de 2016.

[6] «El Consejo de Seguridad de la ONU se dispone a exigir que Israel rompa con al-Qaeda», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 3 de julio de 2016.

[7] Sous nos Yeux. Du 11-Septembre à Donald Trump, éditions Demi-Lune, 2017. Este libro está actualmente en proceso de edición para su publicación en español.

[8] «Invasión militar turca en Irak», por Ibrahim Al-Jaafari, Red Voltaire, 19 de octubre de 2016.

[9] «Trump: los negocios contra la guerra», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 14 de febrero de 2017.

[10] «¿Impedirá Estados Unidos la reapertura de la ruta de la seda?», Red Voltaire, 17 de junio de 2017.

[11] «Israel y emires en la OTAN», por Manlio Dinucci, Il Manifesto (Italia) , Red Voltaire, 14 de mayo de 2016.
Thierry Meyssan


Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «Reajustes en el Medio Oriente», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 20 de junio de 2017, www.voltairenet.org/article196900.html

sábado, 8 de abril de 2017

EEUU inicia la tercera fase de la operación “Desmantelar Siria”




Nazanin Armanian

Bajo el pretexto de castigar al gobierno de Bashar al Assad por el supuesto uso de armas químicas contra la población de Khan Sheikhoun el día 4 de abril, el régimen de Donald Trump ha lanzado unos 60 misiles sobre una base militar siria, sin la autorización de la ONU, ni siquiera la del Congreso de EEUU. Washington y sus aliados europeos, árabes, turcos e israelíes no han presentado ni una sola prueba, ni han realizado ninguna investigación al respecto. La ausencia de información impide saber el tipo de arma química utilizado. Si ha sido el gas nervioso Sarín (el que Assad entregó a la ONU en 2013) ¿por qué los llamados “Cascos Blancos” -que operan en la zona controlada por los terroristas-, tocan el cuerpo de los heridos y fallecidos sin protección?. Siria, recientemente denunció ante la ONU la entrada en Idlib de productos químicos desde Iraq y Turquía, países bajo el control militar de EEUU.

Es posible que estemos ante la tercera fase de la destrucción del estado sirio: la primera tuvo lugar entre 2008 y2014 desestabilizando el país, y la segunda se inició patrocinando a los “yihadistas” del Estado Islámico, quienes ya han cumplido su misión: arrasar Siria, para allanar el camino de una intervención terrestre “low cost” de la OTAN.

¿“Cui bono” del uso de armas químicas?

Sobre la autoría de lo sucedido hay varias versiones:

Que la aviación siria haya lanzado gas Sarín sobre una fábrica de armas tóxicas controlada por los terroristas, desatando el letal agente nervioso. Si es así, Assad además de tonto debe ser un suicida, justo cuando días antes Trump había afirmado que abandonaba la idea de derrocarle.  
Que, como afirma Kremlin, Siria bombardeó esta fábrica de armas de los rebeldes, sin saber que allí habían depositado armas químicas.
Que los terroristas hayan cometido este acto bajo la “bandera falsa”, dando pretexto a la OTAN para intervenir, al ver que Trump se negaba a deponer al presidente sirio. Según New York Times (del 21 de noviembre del 2016), el ISIS ha utilizado armas químicas en 52 ocasiones en Siria e Iraq. ¿Quién se los proporciona?
Que un grupo de la oposición las haya usado contra otro, culpando al gobierno sirio. Al Qaeda en varias ocasiones ha realizado matanzas colectivas de los militantes de grupos rivales.
No se debe descartar que fuese una de las “operaciones encubiertas” de los Escuadrones de la muerte creados en 2011 por el experto en la materia Robert Ford, el ex embajador de EEUU en Damasco y en Bagdad.
El asesinato de los civiles, considerado “daño colateral” por una causa superior es un atroz crimen de guerra. Los propósitos de EEUU de esta acusación son las mismas que persiguió en septiembre del 2013 acusando al gobierno sirio del uso de armas de destrucción masiva, a pesar de que los rebeldes reconocieron su implicación a la periodista de Associated Press, Dale Gavlak: las habían recibido de Arabia saudí y fue un “accidente” por mala manipulación de las mismas.

Los objetivos del ataque de EEUU

Asestar un duro golpe a aquella facción del stablishment  que se acercaba a Rusia e Irán, al considerar a China el principal enemigo del imperio, y cuya representante fue Obama. Los gobiernos de Israel, Arabia Saudi y Turquía no ocultan su satisfacción.
Suspender la conferencia organizada por la ONU sobre la paz en Siria, que iba a celebrarse el 5 de abril. El fracaso de las negociaciones realizadas entre Turquía, Irán y la oposición siria de Astaná (Kazajistán) dirigidas por Moscú, puede haber contribuido a la toma de esta decisión.
Crear zonas de exclusión aérea y terrestre en las fornteras de Siria con Jordania y Turquía. Trump ordenó públicamente al Pentágono establecer zonas “seguras” en Siria el 19 de enero pasado, iniciando la balcanización del país que iría con una paz armada.
Forzar a Assad a elegir entre una de las 5 opciones de cómo puede abandonar el poder, que se le ofreció el mayo del 2016: Rex Tillerson anuncia que se está dando pasos para eliminar al presidente sirio. Éste ha sido el propósito de EEUU desde el 2006. Al contrario de quienes (peligrosamente) menosprecian el incontestable poderío militar de EEUU, afirmando que Rusia e Irán han conseguido salvar a Assad de los ataques de la suma de las fuerzas de la OTAN, Israel, y los 11 países árabes del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico, lo cierto es que Barak Obama retrasó el destitución del doctor Assad por las siguientes razones:
No provocar a Irán (que considera a Siria su profundidad estratégica para disuadir a Israel de un ataque) en el medio de las negociaciones nucleares. Para Obama era más importante entrar en la historia por haber impedido un Irán nuclear (y sin dispararle un sólo misil) que eliminar a un presidente en Siria que se iba a caer tarde o temprano.
La incapacidad de la oposición a formar una alternativa viable a Assad.
Decidió convertir a Siria en un pantano, donde los enemigos de EEUU e Israel (Rusia, Irán, Turquía, Hizbolá, etc.) se desgastaban, que no cerrar la guerra. Ante enemigos debilitados, los costos de una intervención directa en el futuro serían menor.
EEUU avanza en su plan de reconfigurar el mapa del estratégico Oriente Próximo, iniciado tras el derrumbe de la Unión Soviética.  La principal tarea de las fuerzas progresistas en estos momentos no es defender la inocencia de Assad (que se está cayendo desde el 2011 a cámara lenta, por la conspiración de las potencias regionales y mundiales, pero también por sus propias políticas), sino organizar movimientos contra la guerra imperialista a nivel mundial: imaginad por un momento cómo cambiaría de forma cualitativa la dimensión de ésta guerra si EEUU causa grandes bajas entre los militares rusos en Siria.

 Fuente: Público.es

lunes, 2 de enero de 2017

Rusia, el alto el fuego en Siria y la expulsión de 35 diplomáticos de EEUU



Àngel Ferrero

El conflicto en Siria ha entrado esta semana en una nueva fase. El jueves, el presidente ruso, Vladímir Putin, anunció que Rusia y Turquía, como representantes de dos de los bandos de este complejo conflicto, habían  llegado a un acuerdo para una tregua a escala nacional a partir de la medianoche (22:00 GMT). El alto el fuego, extensivo a más de 60.000 combatientes armados, excluye a Estado Islámico, Jabhat Fateh al-Sham (anteriormente Frente al-Nusra, vinculado a Al Qaeda) y a “todos los grupos afiliados a ellos”, según un comunicado del Ejército Árabe Sirio. En el conflicto sirio, Rusia e Irán apoyan al gobierno de Bashar al-Assad, mientras que Turquía apoya oficialmente al Ejército Libre de Siria (ELS).

El acuerdo se compone de tres documentos, según informó el presidente ruso. “El primero, entre el gobierno de Siria y la oposición armada para un alto el fuego en el territorio de la República Árabe Siria; el segundo, un conjunto de medidas para verificar el alto el fuego; el tercero anuncia la disposición para comenzar las negociaciones de paz”, detalló. Las negociaciones se celebrarán en la capital de Kazajistán, Astaná, tal y como decidieron Rusia, Turquía e Irán en una cumbre celebrada la semana pasada en Moscú. El presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev, ya ha aceptado la propuesta y se ha ofrecido como anfitrión de las negociaciones. Los gobiernos ruso, turco e iraní se comprometen a verificar y garantizar todo el proceso.

Putin describió los acuerdos como “un suceso que no sólo hemos esperado durante mucho tiempo, sino que también hemos intentado convertir en una realidad”. Añadió empero que éstos “son muy frágiles, requieren de una atención especial, paciencia, actitud profesional y contacto permanente con nuestros socios”, y llamó al resto de potencias implicadas en el conflicto a respaldarlos. “Llamo al gobierno de la República Árabe Siria, a los grupos de la oposición armada y a todos los países de la región implicados en el conflicto y que tienen influencia sobre los bandos del mismo a apoyar los acuerdos conseguidos y a participar de manera activa en las negociaciones”, dijo.

El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, también avanzó que Rusia reducirá su presencia militar en Siria si avanzan las negociaciones, aunque seguirá “apoyando al gobierno legítimo de Siria en su lucha contra el terrorismo”, en palabras de Putin, y mantendrá sus contingentes militares en la base aérea de Jmeimim y la base naval de Tartus. El consenso entre la mayoría de analistas es que la operación militar aérea rusa y el apoyo terrestre de las milicias chiíes modificaron el equilibrio de fuerzas del conflicto a favor del gobierno.

El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, manifestó la intención de invitar a representantes de la ONU “para garantizar la continuidad del proceso político bajo los principios de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU 2254”, así como de otros países, y mencionó a Egipto, Arabia Saudí, Qatar, Irak y Jordania.

Reacciones al acuerdo

Bashar al-Assad valoró positivamente el acuerdo, según Konstantín Kosachev, presidente de la comisión de política exterior del Consejo de la Federación (cámara alta del parlamento). Kosachev, que se reunió con el presidente sirio al frente de una delegación de senadores, relató que al-Assad considera que este documento “establece los fundamentos para estabilizar la situación en el país y para una reforma constitucional”. “El presidente sirio cree que es importante que otros países de la región y de Occidente, especialmente los miembros de la Unión Europea, contribuyan a los esfuerzos”, añadió.

El portavoz del Alto Comité de Negociaciones (ACN), Mounzir Makhous, afirmó a la agencia RIA Novosti que el ACN hubiera preferido “que las negociaciones con los representantes del régimen sirio se celebrasen en Ginebra bajo la égida de la ONU, basándose en la resolución del Consejo de Seguredad y el Comunicado de Ginebra, y con el apoyo del Grupo Internacional de Apoyo a Siria”. El ACN reconoció además que “no es posible continuar” los combates debido a la falta de recursos contra las fuerzas gubernamentales y sus aliados.

Un portavoz del Ejército Libre de Siria, Osamu Abu Zaid, aseguró a la BBC que las Unidades de Protección Popular (YPG) kurdas quedan fuera tanto del acuerdo como de las negociaciones en Astaná. El presidente del Partido de la Unión Democrática (PYD), Salih Muslim Mohammad, confirmó posteriormente que no habían sido contactados para sumarse al acuerdo. La BBC también recogía unas declaraciones del ministro de Exteriores turco, Mevlüt Cavusoglu, reclamando que las milicias de Hezbolá abandonen Siria. Al día sigueinte, Cavusoglu también exigió a las YPG que depusieran las armas y abandonasen sus aspiraciones de autodeterminación.

El enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, valoró positivamente el acuerdo y dijo que esperaba que sirviese para salvar vidas, mejorar la entrega de ayuda humanitaria y allanar el camino a las conversaciones de paz.

El Departamento de Estado de EEUU calificó el acuerdo de “desarrollo positivo”. “Cualquier esfuerzo que ponga fin a la violencia, salve vidas y cree las condiciones para negociaciones políticas renovadas y productivas será bienvenido”, expresó su portavoz, Mark Toner. Toner fue preguntado por los periodistas si el acuerdo, del que ha sido significativamente marginado Washington e impulsado por una Turquía que parece alejarse paulatinamente de Occidente, no significa una pérdida de influencia de la diplomacia estadounidense en la región.

EEUU anuncia nuevas sanciones contra Rusia

Ese mismo día, desde Hawai’i, donde pasa las vacaciones de Navidad, y a través de un comunicado, el presidente estadounidense, Barack Obama, anunció la expulsión de 35 diplomáticos rusos y sus familias en respuesta a los ciberataques registrados durante la pasada campaña presidencial contra el Partido Demócrata, que Washington atribuye al Kremlin. El medio que publicó los correos, Wikileaks ,ha negado en varias ocasiones que la fuente que se los proporcionó sea Rusia, y apunta a una filtración interna del propio Partido Demócrata. Varios periodistas estadounidenses especializados en seguridad nacional y nuevas tecnologías han señalado las inconsistencias del informe de 13 páginas presentado por los servicios de inteligencia, y han alertado de precedentes donde la escasez de pruebas condujo a decisiones políticas erróneas.

Además de la expulsión de los diplomáticos –de la embajada de Washington y del consulado de San Francisco–, a los que se dio 72 horas para abandonar el país, también se clausurarán  dos edificios rusos en los estados de Maryland y Nueva York. Obama advirtió además que EEUU adoptaría nuevas sanciones “en el momento que lo decida”, incluyendo “operaciones que no serán reveladas a la opinión pública”. El último incidente similar ocurrió en 2001, cuando Washington expulsó a 51 diplomáticos rusos acusados de espionaje y Moscú respondió con la expulsión de 50 diplomáticos estadounidenses.

En previsión de la imposición de sanciones, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zajárova, advirtió el miércoles que medidas como éstas tendrían una respuesta por parte de Moscú. “Estamos cansados de esta mentira sobre los hackers rusos”, dijo al calificar el anuncio de sanciones de “provocación”.

Moscú cree que las últimas acciones de la Casa Blanca tienen como objetivo quemar puentes entre la nueva administración y el Kremlin. “En general se tiene la impresión de que, adoptando esta ley, la administración de Barack Obama busca minar al futuro gobierno de Donald Trump, haciendo más difícil que pueda poner en práctica su política exterior y, en combinación con una febril imposición de nuevas sanciones, dictarle una continuación de su agresiva política antirrusa”, afirmó Zajárova, que también expresó el deseo de Moscú de que la nueva administración de EEUU “demuestre más sabiduría”.

Desde el Báltico, donde se encontraba de visita como parte de una gira por la región, el senador republicano Lindsey Graham –quien con el también senador republicano John McCain encabeza la oposición a cualquier tipo de reconciliación con Moscú– se mostró favorable a la imposición de nuevas sanciones. “El Congreso investigará la interferencia rusa en nuestras elecciones y habrá un consenso entre Demócratas y Republicanos para imponer sanciones que golpearán duramente a Rusia, en particular a Putin”, declaró. Por su parte, en una entrevista con la corporación de radio y televisión pública de Estonia (ERR), John McCain evitó responder si daría su apoyo al secretario de Estado propuesto por Trump, Rex Tillerson, y aseguró que el Senado le interrogaría sobre su relación y actitud hacia el presidente ruso. Al día siguiente ambos volaron hasta Ucrania, donde fueron condecorados por el presidente ucraniano, Petró Poroshenko, con la orden de la libertad. La próxima semana McCain presidirá una audiencia especial sobre el presunto ataque informático ruso, que arrancará el 5 de enero.

“Pienso que deberíamos continuar con nuestras vidas”, dijo Trump a los periodistas desde su residencia en Mar-a-Lago, en Florida, sin entrar en detalles y de nuevo en contraste con las declaraciones de algunos de los miembros de su propio partido. En una entrevista con la cadena de televisión Fox, el republicano Newt Gingrich señaló días atrás que el nuevo presidente podría “repeler un 60 ó 70% del legado de Obama simplemente vetando todas las diferentes órdenes ejecutivas que Obama ha estado utilizando por la sencilla razón de que no podía aprobarlas en el Congreso”. Las palabras de Gingrich generaron de inmediato especulación en Moscú sobre si en este “60 ó 70%” no se encontrarían también las sanciones que Washington ha aprobado. Según Gingrich, el objetivo de esta súbita actividad de la administración saliente es incrementar la cantidad de medidas que Trump repelerá para presentar al republicano como un autócrata que gobierna a golpe de decreto presidencial.

Otras fuentes estadounidenses apuntan a un conflicto mucho más profundo entre agencias de inteligencia y rumorean que el asesor de Seguridad Nacional de Trump, el general retirado Michael T. Flynn, planea reforzar la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) –de la que formó parte– en detrimento de la CIA.    

Según informaciones del tabloide alemán Bild, el ex secretario de Estado Henry Kissinger ya estaría elaborando un plan para retomar las relaciones con Rusia. El británico The Independent iba más allá y presentaba un escenario según el cual EEUU, de acuerdo con el plan de Kissinger, aceptaría la soberanía rusa de Crimea. A cambio, Moscú retiraría la cobertura dilomática y el asesoramiento militar de las autoproclamadas repúblicas asesor de Seguridad Nacional de Trump de Lugansk y Donetsk, en el este de Ucrania.

La respuesta rusa a las sanciones estadounidenses

“Mañana habrá declaraciones oficiales y medidas de respuesta”, informaba lacónicamente la cuenta de Twitter de la embajada rusa en Washington. Las primeras reacciones por parte de Rusia aparecieron en canales informales. “Hoy América y el pueblo americano han sido menospreciados por su propio presidente”, escribió la portavoz del Ministerio de Exteriores en su cuenta de Facebook. Zajárova acusó a Obama “de maximizar la cantidad de problemas urgentes de la próxima administración” y utilizó un tono muy duro contra la actual administración estadounidense. “Incapaz de incluir ningún logro importante en la arena internacional en la historia de su presidencia, el ganador del Premio Nobel ha conseguido cerrar su capítulo con una mancha en lugar de un gesto elegante”, declaró.

Durante la mañana, la CNN informó de que el gobierno ruso había ordenado el cierre de la escuela angloamericana de Moscú y de una residencia de vacaciones de la embajada al noroeste de la capital como medida de respuesta, informaciones que fueron desmentidas poco después en los medios de comunicación rusos.

Finalmente, el Kremlin respondió con un comunicado publicado en su página web la tarde del viernes, donde calificaba las medidas de Obama de “provocación destinada a seguir minando las relaciones ruso-americanas”. El Kremlin, asegura el comunicado, “se reserva el derecho a tomar acciones de respuesta de acuerdo con la práctica internacional dominante”, aunque, añade, “sin caer en el nivel de la diplomacia irresponsable y ‘de cocina’, y tomando pasos hacia la restauración de las relaciones ruso-americanas” con la próxima administración. Según la oficina del presidente ruso, Moscú no creará “problemas a los diplomáticos estadounidenses”: “No expulsaremos a nadie [...] Es más, invitamos a todos los hijos de los diplomáticos acreditados en Rusia a las fiestas de Navidad y Año Nuevo organizadas en el Kremlin”.

“Es una lástima que la administración del presidente Barack Obama termine su trabajo de esta manera, a pesar de todo, le felicito a él y a su familia por el Año Nuevo”, dice el comunicado, que acaba felicitando “al presidente Trump y al pueblo estadounidense”.

Debido a las complicaciones para abandonar el país en plenas fiestas navideñas, Moscú puso a disposición un avión de la flota del gobierno ruso para trasladar a los diplomáticos y sus familias.

El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, bajo cuya presidencia tuvo lugar el malogrado “reset” de las relaciones con EEUU, lamentó la evolución de la política de Obama hacia su país. “Es triste que la administración Obama, que comenzó con la restauración de la cooperación, termine en esta agonía antirrusa. DEP”, escribió Medvédev en su cuenta de Twitter.

“Es increíble cómo los profesionales de EEUU con más pedigrí y credenciales parecen amateurs en todo este escándalo del hackeo informático después de ocho años en la administración”, valoraba el periodista estadounidense Mark Ames, especializado en Rusia. “Uno de los objetivos de las expulsiones era dificultar las relaciones con Rusia”, explicaba Ames, pero “Putin no mordió el anzuelo”. Según este periodista, este caso demuestra cómo en Washington la ideología se ha solapado con la política exterior. “Están combatiendo al Putin de dibujos animados de sus campañas de comunicación, no al Putin despiadadamente práctico de la realidad”, sentenciaba.

Una versión anterior de este artículo se publicó en el diario El Punt Avui.

Àngel Ferrero Periodista residente en Moscú. Miembro del comité de redacción de Sin Permiso.

Fuente: www.sinpermiso.info, 28 de diciembre 2016


martes, 25 de octubre de 2016

La posición francesa en Siria, cada vez más marginal y menos comprensible



Hollande abre la puerta del Elíseo a los “Cascos blancos”, ovacionados en la Asamblea Nacional
La posición francesa en Siria, cada vez más marginal y menos comprensible


Rafael Poch
La Vanguardia


Francia reafirmó la pasada semana su compromiso y apoyo a los adversarios del régimen sirio, cuando su presidente, François Hollande, recibió en el Elíseo a Rahed Al Saleh, presidente de la organización “Cascos blancos” y cabeza de una delegación civil de rebeldes del sector oriental de la asediada ciudad de Alepo. Al Saleh y su delegación fueron recibidos, y ovacionados, en la Asamblea Nacional entre el escepticismo de varios diputados que han visitado Siria en los últimos meses.
“Lo que pasa en Alepo con los bombardeos incesantes del régimen y sus sostenedores es inaceptable e intolerable, haré todo lo posible para que la tregua sea prolongada”, dijo Hollande en la recepción, poco antes de salir para Berlín a reunirse con el “grupo de Minsk”, donde pensaba abordar la cuestión siria con el presidente ruso, Vladimir Putin. Las diferencias entre París y Moscú sobre Siria, intercambiándose vetos en el Consejo de Seguridad de la ONU, anularon esta semana una visita de Putin a París.

Una nota del Elíseo explicaba que, “el papel de la sociedad civil es fundamental para denunciar la situación de Alepo, las violaciones del derecho internacional y humanitario y la implicación directa de Rusia”, cuya intervención militar al lado del gobierno sirio ha dado un vuelco a la situación y frustrado, de momento, el proyecto de cambio de régimen en el país auspiciado por los países del Golfo y las potencias occidentales, con Estados Unidos y Francia en primer lugar, maltrecho proyecto que se superpone y al mismo tiempo arropa la revuelta contra el régimen de Bashar El Assad.

Humanitarios-yihadistas

La organización de Al Saleh, que solo actúa en zonas controladas por los yihadistas, “gestiona 121 centros y una red de 3000 voluntarios, ha salvado la vida de más de 60.000 personas y desempeña el papel de observador imparcial sobre el terreno”, explicaba la nota informativa del Elíseo.

En abril, Estados Unidos negó la entrada en su territorio a Al Saleh, devolviéndolo en el mismo avión a Turquía por considerarlo un islamista radical. El portavoz del Departamento de Estado, Mark Toner, confirmó recientemente ese informe, sin conseguir aclarar por qué, al mismo tiempo, organizaciones estadounidenses como USAID -históricamente vinculada a la desestabilización de regímenes adversarios por la CIA- y otras, subvencionaron al peligroso y no deseado Al Saleh con 23 millones de dólares. El secretario de exteriores británico, Boris Johnson, también ha confirmado la financiación de su país a los Cascos blancos de Al Saleh con 65 millones de libras.

La comparecencia del Presidente de los “Cascos blancos” en la Asamblea Nacional francesa fue contestada por varios diputados que le preguntaron por esa financiación. “¿A quien representan ustedes verdaderamente?, ¿Quién les financia?, ¿No es su presencia aquí una manipulación?”, preguntaron los diputados de la derecha Jacques Myard y Pierre Lelouche. En su respuesta, Al Saleh mencionó a Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Holanda y Dinamarca, pero no a Francia, entre sus financiadores.

El “buen trabajo” de la filial de Al Qaeda

Desde el principio del conflicto sirio, Francia estuvo proporcionando armas y medios al Frente Al Nusra, una filial de Al Qaeda de la que el entonces ministro de exteriores francés, Laurent Fabius, afirmó que “hace un buen trabajo”, recuerda Claude Goasguen, un ex ministro y actual diputado importante de Los Republicanos. “Los rebeldes recuperaron para Al Qaeda las armas entregadas por Francia”, explica este veterano político conservador. Los últimos mensajes electrónicos de Hillary Clinton divulgados por WikiLeaks confirman en palabras de la actual candidata a la presidencia de Estados Unidos el secreto a voces de una, “financiación clandestina y ayuda logística en apoyo del Estado Islámico y otros grupos sunitas radicales en la región” por parte de Arabia Saudí y Qatar.

Los correos de Clinton divulgados por WikiLeaks no hacen sino confirmar, a su vez, la declaración pública del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, en la conferencia que pronunció en la Universidad de Harvard en octubre de 2014: el régimen saudí, con otros países del Golfo y Turquía, “han puesto centenares de millones de dólares y decenas de miles de toneladas de armas en manos de cualquiera dispuesto a combatir contra Assad”, dijo Biden.

“Somos el aliado incondicional de Arabia Saudí”, dice en París el diputado Goasguen.

Disneylandia

La utilización propagandística de organizaciones no gubernamentales, supuestas o reales, en conflictos y operaciones de cambio de régimen, tiene una larga historia reciente, desde Yugoslavia, hasta Ucrania, pasando por Georgia y otras ex repúblicas soviéticas. Los “Cascos Blancos” de Siria han estado en el centro de una de esas acciones cuyo objetivo reciente, y frustrado, fue la campaña en pro del Premio Nobel de la Paz 2016. En la campaña participaron desde actores de Hollywood como George Clooney, Ben Affleck y Justin Timberlake, hasta potentes lobys atlantistas y medios qatarís como el canal Al Jazira y el diario Al Arabi Al Jadid-New Arab con sede en Londres. El Premio Nobel fue finalmente concedido al Presidente colombiano, Juan Manuel Santos.

La apertura de las puertas del Elíseo a los “Cascos Blancos”, “es una especie de protesta de Francia contra su exclusión de la conferencia de Lausana sobre Siria, el pasado 15 de octubre”, explica Rene Naba, experto francés en Oriente Medio y editor de la web Madaniya. “Rusos y americanos excluyeron a los europeos de las negociaciones de paz para no dificultar la búsqueda de un acuerdo sobre Siria”, explica Naba. Ahora, Kerry irá el sábado y el domingo a Londres para informar a los europeos de los resultados de las negociaciones con los rusos. Reino Unidos, Alemania y Francia son ahora designados “países afines” por su afinidad con la guerra de Siria. “Al principio de la guerra ese grupo se llamaba “grupo de amigos de Siria” y tenía 105 miembros”, recuerda este experto, sugiriendo lo mucho que ha cambiado la situación.

Incoherencias

Francia tiene una posición muy frágil hacia Siria. Por un lado aquellos que su ministro de exteriores definía no hace mucho como factores de “un buen trabajo” estuvieron directa e ideológicamente relacionados con los autores de la matanza de periodistas y dibujantes en la redacción de Charlie Hebdo en enero del año pasado. Por otro, Francia critica los bombardeos de Rusia en Alepo Este, sin que nunca haya manifestado la menor objeción por el bombardeo del otro sector de la ciudad, menos intenso pero continuo y también con goteo de víctimas civiles, y aún menos durante los combates en Irak en la ciudad de Falluya, donde se emplearon armas y medios tanto o más destructivos que en Alepo y que dejan inquietantes secuelas genéticas para las futuras generaciones. La propia Francia lleva meses bombardeando en Irak con su aviación.

Analogías inconvenientes

El Presidente Hollande tiende a adjudicar a su adversario el Assad el monopolio de los 300.000 muertos (la cifra que mencionó ayer en el Elíseo) de esta cruel y devastadora guerra con múltiples responsabilidades, incluidas rusas, pero casi todas derivadas de la intentona del “nuevo orden” de George W. Bush en la región, ignorando los estimados 65.000 soldados del régimen caídos en la guerra civil inducida, así como las muertes civiles de partidarios de Assad, o de los muchos indiferentes y no alineados en el conflicto, en múltiples bombardeos y atentados de los “rebeldes”.

Toda esa manifiesta incoherencia puede hacerse ahora más complicada que nunca con el inicio de las operaciones militares contra Mosul, donde hay muchos más civiles que en sector oriental de Alepo y donde quienes dirigen la artillería son militares franceses, mientras la aviación se reparte entre Estados Unidos, Francia y otros. En ese sentido, suena muy significativa la afirmación publicada en su edición de hoy por el diario Le Monde, descalificando, por inconveniente, “la analogía entre los bombardeos de ambas ciudades”. Eso es, “un recurso de quienes apoyan a Vladimir Putin”, dice cándidamente ese diario que hace cuarenta años aún ofrecía una visión francesa del mundo diferente de la atlantista.

Fuente: http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch/2016/10/19/la-posicion-francesa-siria-vez-mas-marginal-menos-comprensible-80820/

domingo, 9 de octubre de 2016

Guerra Eterna Oriente Medio, EEUU, el universo y todo lo demás




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Por Iñigo Sáenz de Ugarte

Los saudíes cometen otro crimen de guerra en Yemen


El ataque aéreo del sábado en la capital de Yemen ha tenido las características comunes a otros bombardeos similares en la campaña de bombardeos que se prolonga desde hace más de un año. Primero, un misil destruye el objetivo y provoca un alto número de víctimas. Minutos después, cuando los equipos de emergencia intentan sacar de allí a los heridos, otro misil impacta en el mismo lugar.

Este sábado, se estaba celebrando en un local de grandes dimensiones el funeral por la muerte de una persona que resultaba ser el padre de uno de los principales aliados de las milicias huzíes, que combaten contra los saudíes y sus aliados yemeníes. Centenares de personas asistían al acto para presentar sus condolencias a la familia del muerto.

En estas imágenes se puede comprobar el segundo ataque. Del edificio, ya sale un gran columna de humo a causa del primer misil.


Si como dicen algunas fuentes, hubo tres misiles, y los dos primeros fueron casi simultáneos, es posible que este sea el tercer ataque. Está claro que la intención era que no saliera nadie vivo del edificio. El número de muertos es de 140 y los heridos son más de 500. Es difícil saber con exactitud las cifras, porque muchos de los cadáveres estaban carbonizados o mutilados. “El lugar se ha convertido en un lago de sangre”, ha dicho una de las personas que intentaron ayudar a los heridos.

El fallecido por el que se celebraba el acto era el padre de Galal al-Rawishan, ministro de Interior en el Gobierno apoyado por las milicias huzíes y el expresidente Saleh. También había formado parte del Gobierno del anterior presidente, ahora apoyado por los saudíes, por lo que era una persona muy conocida en la capital. Es posible que hubiera otros dirigentes huzíes asistiendo al funeral.

Un portavoz militar saudí ha negado que el ataque procediera de su aviación, una respuesta habitual en los bombardeos que producen un alto número de víctimas. Ha dicho que la explosión pudo deberse a “otras causas”. Es indudable que se trata de un ataque aéreo, no de la explosión de una bomba colocada en el interior del edificio. Los aviones saudíes y de los Emiratos son los únicos que están en condiciones de realizar ese tipo de ataques en Yemen.

 Julia Macfarlane ✔ @juliamacfarlane


La campaña de bombardeos saudíes no sería posible sin la ayuda militar y logística de EEUU y Reino Unido. Desde el primer día, facilitó información de inteligencia sobre los objetivos que atacar. Y ha suministrado el equipamiento militar que los saudíes necesitan reemplazar.

Mientras en el Consejo de Seguridad de la ONU, EEUU promueve iniciativas para poner fin a los ataques aéreos sobre la ciudad siria de Alepo (este sábado, apoyó una resolución presentada por Francia y España que fue vetada por Rusia), lo único que ha hecho en relación a Yemen es difundir comunicados en los que se muestra “preocupada” por el número de bajas civiles. Mientras tanto, la guerra y el bloqueo naval realizado por las fuerzas saudíes han agravado la situación económica del país más pobre de Oriente Medio, algunas de cuyas zonas se encuentran al borde de la hambruna.

Según Unicef, tres millones de personas no cuentan con comida suficiente para alimentarse, y 1,5 millones de niños sufren de malnutrición, de los que 370.000 son casos graves de malnutrición.

 Frédérique Geffard ✔ @fgeffardAFP


YEMEN - A hand of a victim amid the destruction following reported airstrikes by Saudi-led coalition air-planes on Sanaa. By Mohammed Huwais


EEUU sostiene la campaña bélica saudí en Yemen. Guerra Eterna, 18 agosto.

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Fuente: eldiario.es

domingo, 18 de septiembre de 2016

Siria estrena su alto el fuego con estallidos de violencia pocas horas después

Fotografía cedida por la agencia de noticias oficial siria (SANA), que muestra al presidente de Siria, Bachar al Assad, mientras pasea por una calle de Daraya durante la festividad del Eid al Adha, horas antes de la entrada en vigor del cese de hostilidades EFE

EEUU recuerda al régimen de Asad que no debería bombardear ningún objetivo en zonas bajo el control de la oposición
Después de pasar el año pasado impulsando al líder sirio, Bashar al Asad, bombardeando grupos y comunidades contrarias a él, Rusia ha surgido como el principal defensor del alto el fuego.
El secretario de Estado de EEUU, John Kerry, asegura que "es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas"

MARTIN CHULOV | BEIRUT / JULIAN BORGER | WASHINGTON
 

El alto el fuego planificado entre los grupos del régimen y la oposición lucha por resistir en varias partes de Siria. Horas después de entrar en vigor, se han registrado explosiones en la línea de suministros del lado rebelde en el Este de Alepo y en el sur de la ciudad de Daraa.

También se han producido ataques en Homs, Hama y Deir Azzour el lunes tras anochecer, cuando la tregua que habían pactado Rusia y Estados Unidos debía comenzar. Durante el fin de semana se depositaron escasas esperanzas en el acuerdo. Los grupos de la oposición insistieron en que ninguna de las partes podría conseguir que la otra aceptase su posición en los asuntos más discutidos, tales como qué áreas siguen siendo objetivos a bombardear o cuáles deberían recibir ayuda.

Desde Washington, John Kerry aseguró que los informes iniciales hablaron de cierta reducción de la violencia así como de luchas esporádicas, pero que era "demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas".

"Sin duda, habrá informaciones que apunten a violaciones aquí y allá. Esto es lo normal durante un alto el fuego", asegura el secretario de Estado estadounidense. "Para todas las dudas que persistan, y habrá muchos desafíos durante los próximos días, a pesar de esto, el plan es una oportunidad para trabajar".

En sus declaraciones, Kerry sugirió que el régimen de Asad podría llevar a cabo ataques aéreos contra el frente de al-Nusra (que recientemente ha cambiado su nombre oficial al de Jabhat Fateh al Sham) si tuviera la aprobación rusa y estadounidense. Sin embargo, el portavoz del departamento de Estado, John Kirby, negó esta posibilidad: "El acuerdo anunciado la semana pasada no prevé de ninguna manera que Estados Unidos y Rusia aprueben ataques por el régimen sirio, y esto no es algo que podamos concebir. El primer propósito de este acuerdo, desde nuestra perspectiva, es prevenir que las fuerzas aéreas del régimen sirio puedan sobrevolar o bombardear cualquier zona en la que la oposición o Nusra esté presente".

EEUU y Rusia quieren fijar objetivos comunes

"El propósito del JIC (acuerdo entre EEUU y Rusia para atacar objetivos de ISIS), si termina por establecerse, será coordinar acciones militares entre EEUU y Rusia, no para ningún otro bando", añadió.

Kerry aplaudió a los grupos de la oposición por mostrar el "valor" al separarse por sí mismos de al Nusra, que oficialmente ha declarado su escisión de Al Qaeda, pero que según Estados Unidos sigue siendo una filial de la organización terrorista. Por otro lado, Kerry instó a otros grupos a separarse de las unidades de al Nusra en la primera línea de combate.

"No podemos adoptar de ninguna manera el peligro moral simplemente porque ellos luchan ferozmente y decir, 'oh, vamos a permitir que de algún modo Al Qaeda sea la punta de la lanza con respecto a Asad", explicó Kerry, y añadió que una estrategia como esa sería "loca y finalmente autodestructiva", elevando el nivel de terror en Europa, Oriente Medio y otros lugares.

"Para la oposición no es aconsejable, al estar siendo apoyada por países amenazados por Nusra, estar jugando con este grupo. Es un caso perdido", apuntó el secretario de Estado. "Lo hemos dejado claro... si después deciden estar del lado de Nusra, ellos correrán con ese riesgo".

Rusia insistió en que mantendría sus aviones lejos de las áreas de la oposición en las que no haya presencia de grupos yihadistas como Jabhat Fateh al Sham, que está catalogado por Estados Unidos como un grupo terrorista. También presionó sin éxito para que los grupos islamistas Ahrar al Sham y Jaish al Islam sean añadidos a la lista.

La cuestión de qué áreas de la oposición se consideren todavía objetivos válidos es una de las claves de la desconfianza de los grupos de la oposición, particularmente en Alepo y la provincia de Idlib, donde los yihadistas e islamistas mundiales han llegado a tener una presencia relevante durante el transcurso de los cinco años de guerra.

¿Qué es terrorismo?

"Queremos saber qué garantías hay", ha dicho Salem al Muslet, portavoz del High Negotiations Commitee, la principal organización siria de la oposición. "¿Cuál es la definición que se ha acordado para el término 'terrorismo'?"

Al final del primer día de la celebración del Eid al Adha (festividad mayor de los musulmanes), el ejército sirio anunció que cesaba sus operaciones. Antes, Turquía había manifestó un apoyo cauteloso al alto al fuego, al igual que los otros dos principales protagonistas, Irán y Hezbollah.

Después de pasar el año pasado impulsando al líder sirio, Bashar al Asad, bombardeando grupos y comunidades rebeldes contrarias a él, Rusia ha surgido como el principal defensor del alto el fuego. Se ha comprometido a abrir líneas de ayuda para zonas asediadas, como el este de Alepo controlado por la oposición, y también a perdonar a las comunidades rebeldes, si se desvinculan de los yihadistas.

Antes del cese al fuego, Asad dijo el lunes que su gobierno estaba determinado a "recuperar cada área de las manos de los terroristas y reconstruir" el país. "Pedimos a todos los sirios que miren ahora hacia la reconciliación", dijo Asad a la agencia de noticias estatal Sana durante una extraña comparecencia pública en las calles de Daraya, un suburbio de Damasco que se entregó a la autoridad del gobierno el mes pasado.

Aparentemente, los grupos de la oposición se reunieron en varias partes de Siria el lunes por la noche. Antes de la tregua, muchos se mostraron cautelosos sobre lo que significaría, argumentando que no habría modo de forzar al régimen sirio a cumplirla y que había pocos incentivos para que sus países aliados no utilizaran esta tregua para vender en casa una victoria en el campo de batalla.

A pesar de todo, se espera que la mayoría de los grupos apoyen cautelosamente el pacto, que sigue a los fracasos de los tres acuerdos anteriores. Uno fue un intento de alto el fuego, mientras que los otros dos se derrumbaron en la mesa de negociación. Si el alto el fuego se mantiene, tanto Moscú como Washington han asegurado que abrirán un comando conjunto central para consensuar los futuros objetivos.

Los aviones rusos y sirios han causado numerosos estragos en la infraestructura civil desde el comienzo de la intervención rusa, con hospitales, zonas comerciales y escuelas atacadas regularmente. Los grupos de la oposición han insistido en que Rusia tenía intención de obligarles, a base de bombardeos, a sentarse en una mesa de negociación, pero reclamaron que no podían sentarse con autoridades sirias o sus partidarios desde una posición debilitada.

Traducido por Cristina Armunia Berges

ACTUALIZACIÓN | La ONU acusa al régimen sirio de bloquear la entrada de ayuda humanitaria en Alepo este

Un día después de que el alto el fuego entrara en vigor este lunes, ya ha surgido un primer obstáculo. La ONU ha comunicado que el régimen no está dando permiso para que entren 20 camiones de ayuda humanitaria de Naciones Unidas en la parte este de Alepo. El enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, ha indicado que el acuerdo de alto el fuego establece de forma clara que solo hace falta notificar al gobierno la ayuda que entra en la ciudad.

Hasta 20 camiones están listos para desplazarse. El procedimiento acordado consiste en dar detalles al gobierno del contenido de los camiones. No debería hacer falta permiso ni inspecciones de las autoridades sirias. De Mistura ha asegurado que "los camiones no se están moviendo" y ha dado a entender que el gobierno sirio está incumpliendo el acuerdo al negarse a permitir el acceso sin poner obstáculos. "Tenemos que hacer nuestros deberes", ha reclamado De Mistura.

Fuente: eldiario.es - the guardian

lunes, 8 de agosto de 2016

Turquía: El golpe no falló, ha sido un éxito total




AUGUSTO ZAMORA R. *
*Profesor de Relaciones Internacionales. Autor de Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos.


El rápido fracaso la asonada militar en Turquía ha llevado a considerarla un golpe de estado fallido cuando ha ocurrido todo lo contrario. Transcurrido casi un mes desde la asonada, algo evidente puede concluirse. Contrariamente a lo que se ha creído, el golpe de estado no fracasó: ha sido un éxito absoluto y todos sus objetivos han ido siendo alcanzados a lo largo de estas semanas por el promotor del golpe, el presidente Recep Tayyip Erdogán, a quien sería preciso felicitarlo por su audaz y exitosa jugada. Para alguien modestamente enterado de la dinámica de un golpe de estado militar –de los de verdad-, sobre todo cuando el ejército golpista tiene una vasta experiencia –caso de Turquía-, nada encajaba en la asonada militar.

De entrada, los golpistas no buscaron capturar al presidente, sino que éste voló, tranquilamente, del balneario donde estaba ¿descansando? hasta el aeropuerto de Estambul el cual, cosa curiosa, no había sido tomado por los golpistas. Éstos cañonearon el Parlamento, donde no había nadie, pero fueron incapaces de controlar la televisión estatal, a la que llegó –milagros de Alá- un mensaje por teléfono móvil de Erdogán, que fue retransmitido de inmediato (los militares se habían retirado). Un ejército que posee más de 37700 tanques sacó unos cuantos a la calle que ‘la multitud’ dominó tan fácilmente que los soldados parecían instruidos no para luchar, sino para rendirse. Más que asonada, payasada.

Demasiadas preguntas quedaban sueltas: ¿no es sorprendente la rapidez con que ha venido sucediendo todo en Turquía, desde la asonada militar a la represión general, sin que ningún general se queje? ¿Todos los 700.000 militares educados en el kemalismo y el golpismo ahora obedientes como colegiales, mientras Erdogan realiza purgas de escándalo? ¿Está realmente sólo Erdogán en esta aventura o hay un poderoso padrino detrás, lo que explicaría tanta obediencia? ¿O son varios los padrinos?

Nada absolutamente que ver entre esta asonada y el golpe militar de septiembre de 1980, dirigido por el general Kenan Evren. Ese año, los golpistas detuvieron a unas 650.000 personas, fueron ejecutadas más de 7.000 y registraron a casi dos millones de personas como sospechosas de ser ‘criminales’. En el poder estuvo Evren hasta 1989. Excepción hecha del número de víctimas, el golpe de Erdogán (o contragolpe, si algún purista desea llamarlo así), guarda similitudes con el de Evren. Inmediatamente después de haber ‘fracasado’ la asonada militar, don Recep Tayyip inició una purga implacable contra todos sus enemigos políticos, reales o potenciales, en todas las instancias del Estado, desde el Ejército hasta el Ministerio de Educación, superando la cifra de represaliados las 70.000 personas, incluyendo 42.000 maestros y académicos universitarios (gremios asazmente peligrosos, como bien se sabe), más de 3.000 jueces y personal judicial (ingratos al poder) y hasta 1.400 trabajadores de banca (que no banqueros: a esos, como al teflón, nunca se les pega nada en ninguna parte del mundo).

Pensar que estas purgas no estaban preparadas sería pecar de extrema ingenuidad. Meses debía llevar el señor Erdogán elaborando minuciosamente los listados, para que no quedara nadie libre de culpa, ni siquiera los enemigos muertos. Es aquí donde la asonada encontraría explicación. Fue animada desde el poder para servir de pretexto para encubrir el verdadero golpe de estado, civil, dirigido a tumbar todo atisbo de oposición al proyecto autoritario e islamista de Erdogán, sobre todo en lo referente al Ejército, que el presidente turco desea ver recluido, como nunca antes, en sus cuarteles.
Turquía no es Egipto y Occidente no puede darle el lujo de que Turquía se descomponga
¿Por qué el golpe? Todo parece apuntar al proyecto más querido de Erdogán, que es islamizar Turquía y convertirse él en el faro-guía del mundo musulmán, para rivalizar con la potencia creciente de Irán, cuya influencia –tras el acuerdo nuclear- no cesa de crecer en Oriente Medio y Próximo, frente a una Turquía que ve cada día más reducida su influencia. Porque Turquía tiene casi dos décadas de frustraciones y fiascos. El país vio fracasar el proyecto pan-turco de los años 90, alentado por Occidente, que pretendía hacer de Turquía el hermano tutelar de las repúblicas turcomanas ex soviéticas y al que Rusia le puso fin en los primeros años del siglo XXI. Está viviendo el fracaso de su política intervencionista en Iraq y Siria, en contubernio con la OTAN, usando al Estado Islámico como instrumento. Se hallaba enfrentada a Rusia por el derribo del cazabombardero Su-24, que causó serios quebrantos económicos, políticos y militares a Turquía. Sufre el ascenso del movimiento kurdo dentro y fuera de sus fronteras, un movimiento apoyado por su querido aliado EEUU y, para remate, veía cómo el islamismo radical empezaba a salírsele de las manos y golpeaba a la propia Turquía… Un ambiente propicio para soñar con rehacer el país, marcar distancia con Occidente, que sólo problemas le ha creado (lo que explicaría sus elogios a la pena de muerte y, sobre todo, su acercamiento a Rusia, con cuyo presidente se reunirá el 9 de agosto) y, por último, para librarla (veremos por cuánto tiempo) de la herencia de Mustafá Kemal, reordenando Turquía desde el islamismo ‘suave’ que profesa Erdogán.

¿Amenaza también de nuevas alianzas para acallar las quejas de Occidente? ¿Con Rusia y China quizás, ante el declive de EEUU? Sorprendente la arrodillada de Erdogán ante Rusia, pidiendo perdón por el derribo del Su-24 y, tras el golpe, ordenando la captura de los pilotos que derribaron la aeronave. Pese a tales gestos, no cabe dudar de que Turquía siga siendo miembro fiel de la OTAN, pues esa raya sí que no puede atravesarla Erdogán, pues tendría que sufrir las iras de EEUU y la UE. Por otra parte, siguen siendo prioridad para EEUU contar con una potencia musulmana aliada que le sirva para contrarrestar a Irán, dado que su peón saudí no tiene talla suficiente para asumir ese desafío. Eso explicaría la indulgencia con que Occidente sigue la situación turca.

Con todo, no pararán las sorpresas en ese país, al que su presidente parece querer devolver a sus esencias asiáticas que –por mucho que se empeñaron Kemal y sus seguidores- nunca ha abandonado. Porque Turquía es asiática y musulmana, pese a todos los esfuerzos de EEUU, atendiendo a su estratégica situación geográfica, por transmutarla en europea por imperativos geopolíticos, contra la voluntad de Europa, que la quiere de perro guardián, pero no de socia, mucho menos de miembro de la UE.

El mundo sigue cambiando, aunque Europa se empeñe en negarse a ver los cambios. Si no hay otro golpe que ponga fin al proyecto de Erdogán (posible, pero no probable por el riesgo de radicalización de los islamistas turcos, que pasarían de perseguidores a perseguidos: Turquía no es Egipto y Occidente no puede darle el lujo de que Turquía se descomponga. Eso sí que sería su naufragio en Oriente Próximo), veremos a dos repúblicas islámicas disputándose la hegemonía en Oriente Medio y Próximo: la atlantista –por ahora- Turquía y República Islámica de Irán, aliada de Rusia y China. La próxima reunión entre Putin y Erdogán dará muchas pistas sobre el derrotero que quiere seguir el presidente turco. Mientras tanto, se admiten apuestas. Desde aquí hacemos una: la OTAN y la UE pierden. Rusia e Irán ganan. China se ríe. Los sauditas lloran.
Redacción Público
Fuente: Público.es

martes, 26 de julio de 2016

No será el último golpe en Turquía



Robert Fisk


Recep Tayyip Erdogan se lo había ganado. El ejército turco no iba a mantener su obediencia mientras el hombre que iba a recrear el imperio otomano convertía a sus vecinos en enemigos y a su país en una caricatura de sí mismo. Pero sería un grave error dar por sentadas dos cosas: que el sofocamiento de un golpe militar es un asunto momentáneo, después del cual el ejército se mantendrá leal a su sultán, y considerar los al menos 250 muertos y más de 2 mil 839 detenidos como algo aislado del colapso de las naciones-estados de Medio Oriente.

Los sucesos del fin de semana en Estambul y Ankara tienen íntima relación con el derrumbe de las fronteras y de la credibilidad del Estado –la suposición de que las naciones de Medio Oriente cuentan con instituciones y fronteras permanentes–, que ha infligido graves heridas en Irak, Siria, Egipto y otros países del mundo árabe.

La inestabilidad es hoy tan contagiosa en la región como la corrupción, en especial entre sus potentados y dictadores, una clase de autócratas de la que Erdogan ha sido miembro desde que cambió la constitución en beneficio propio y reinició su perverso conflicto con los kurdos.

Inútil es decir que la primera reacción de Washington fue instructiva: los turcos deben apoyar a su gobierno democráticamente electo. La parte sobre la democracia fue difícil de tragar; aún más doloroso fue recordar la reacción de ese mismo gobierno al derrocamiento del gobierno democráticamente electo de Morsi en Egipto en 2013, cuando Washington en definitiva no pidió al pueblo egipcio apoyar a Morsi y dio con prontitud su respaldo a un golpe militar mucho más sangriento que la intentona en Turquía.

Si el ejército turco hubiera triunfado, sin duda Erdogan habría recibido el mismo trato despectivo que el infortunado Morsi. Pero ¿qué se puede esperar cuando las naciones occidentales prefieren la estabilidad a la libertad y la dignidad? Por eso están preparadas a aceptar que las tropas de Irán y los milicianos iraquíes leales se unan a la batalla contra el Isis –así como los pobres 700 sunitas que desaparecieron después de la recaptura de Faluyá–, y por eso la cantaleta de Assan debe irse ha sido dejada un lado con discreción. Ahora que Bashar al-Assad ha sobrevivido al gobierno de David Cameron –y casi de seguro perdurará más allá de la presidencia de Obama–, el régimen de Damasco observará con asombro los sucesos en Turquía este fin de semana.

Las potencias victoriosas en la Primera Guerra Mundial destruyeron el imperio otomano –que era uno de los propósitos del conflicto de 1914-18, después de que la Puerta Sublime cometió el error fatal de alinearse con Alemania– y las ruinas de ese imperio fueron desmenuzadas por los Aliados y entregadas a reyes brutales, coroneles sanguinarios y un montón de dictadores. Erdogan y el grueso del ejército que ha decidido mantenerlo en el poder –por ahora– encajan en esta misma matriz de estados desgarrados.

Los signos de alarma ya estaban a la vista de Erdogan –y de Occidente– con sólo haber recordado la experiencia de Pakistán. Utilizado sin vergüenza por los estadunidenses para enviar misiles, armas de fuego y dinero a los mujaidines que combatían a los rusos, Pakistán –otro pedazo arrancado a un imperio (el indio) se convirtió en un Estado fallido, sus ciudades fueron devastadas con bombas gigantes, su corrupto ejército y su servicio de inteligencia colaboraron con los enemigos de Rusia –incluido el talibán– y luego fueron infiltrados por islamitas que a la larga acabarían amenazando al Estado mismo.

Cuando Turquía empezó a desempeñar el mismo papel para Estados Unidos en Siria –enviar armas a los insurgentes, y su corrupto servicio de inteligencia a cooperar con los islamitas para combatir el poder del Estado en Siria–, también tomó la ruta de un Estado fallido, con sus ciudades devastadas por bombas gigantes y su territorio infiltrado por islamitas. La única diferencia es que Turquía también relanzó una guerra contra los kurdos del sureste del país, donde partes de Diyabakir están ahora tan devastadas como grandes zonas de Homs o Alepo.

Demasiado tarde se dio cuenta Erdogan del costo del papel que eligió para su nación. Una cosa es disculparse con Putin y remendar las relaciones con Benjamin Netanyahu, pero cuando ya no se puede confiar en el propio ejército entonces hay asuntos más serios en los cuales concentrarse.

Dos mil arrestos o más dan idea de la seriedad del golpe para Erdogan; mucho más grande, de hecho, que el golpe que planeaba el ejército. Pero deben ser apenas unos cuantos de los miles de oficiales turcos que creen que el sultán de Estambul está destruyendo su país.

No se trata sólo de considerar el grado de horror que la OTAN y la UE habrán sentido por estos hechos. La verdadera cuestión será el grado en que el éxito (momentáneo) de Erdogan lo envalentonará para emprender más juicios, encarcelar a más periodistas, cerrar más periódicos, matar más kurdos y, para el caso, seguir negando el genocidio armenio de 1915.

A los extranjeros les resulta a veces difícil entender el grado de temor y disgusto casi racista con que los turcos observan cualquier forma de militancia kurda; Estados Unidos, Rusia, Europa –Occidente en general– han privado de contenido la palabra terrorista a grado tal que no logramos comprender hasta qué punto los turcos llaman terroristas a los kurdos y los ven como un peligro para la mera existencia del Estado turco; así es como veían a los armenios en la Primera Guerra Mundial.

Mustafá Kemal Ataturk era tal vez un buen autócrata secular, admirado incluso por Adolfo Hitler, pero su lucha por unificar a Turquía fue causada por las mismas facciones que siempre acosaron a la patria turca, junto con las sospechas oscuras (y racionales) de un complot de las potencias occidentales contra el Estado.

En suma, este fin de semana han ocurrido sucesos más dramáticos de lo que podrían parecer a simple vista. Desde la frontera de la Unión Europea, a través de Turquía, Siria, Irak y vastas partes de la península del Sinaí en Egipto y hasta Libia y –¿nos atreveremos a mencionar esto después de Niza?– Túnez, existe ahora un rastro de anarquía y estados fallidos. Sir Mark Sykes y François Georges-Picot comenzaron el desmembramiento del imperio otomano –con ayuda de Arthur Balfour–, pero éste persiste hasta nuestros días.

En esta sombría perspectiva histórica debemos ver el golpe frustrado en Ankara. Esperen otro en los meses o años por venir.

Robert Fisk veterano corresponsal del diario británico The Independent en Oriente Medio y autor de varios libros sobre la región.
Fuente:
http://www.jornada.unam.mx/2016/07/17/mundo/023a1mun

martes, 7 de junio de 2016

El ISIS puede perder territorio por primera vez desde que proclamó el califato

Irak estrecha el cerco a los yihadistas en Faluya
Varios bomberos intentaban apagar el fuego producido en un pozo petrolífero en Kirkuk, al norte de Irak, este jueves. 

  • Dos de sus bastiones en Siria y otros dos en Irak están recibiendo ataques coordinados, y a los militantes del grupo terrorista les está costando defenderlos
  • Las rivalidades étnicas plantean una fuerte amenaza para el éxito de los ataques: las relaciones entre kurdos y árabes, que han convivido en el noreste de Siria, se han deteriorado rápido durante el último año

 

Por primera vez en los dos años que han pasado desde que el líder del Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, proclamó la existencia de un "califato islámico" extendido por Siria e Irak, el grupo yihadista está en riesgo real de perder buena parte del territorio que conserva.
Cuatro bastiones del ISIS –dos en Siria y dos en Irak– están ahora sufriendo un ataque coordinado, y en todos los casos los militantes que los defienden tienen dificultades para contener asaltos bien organizados y con recursos, que han sido planeados a lo largo de varios meses.
Los ataques cuentan con el firme apoyo de Estados Unidos, que ha reforzado desde abril su campaña para "destruir y degradar" a la organización terrorista en su feudo declarado del Este de Siria y el Oeste de Irak. Un proyecto de dos años de duración, que algunos aliados y otros países han criticado porque lo consideraban demasiado limitado y prudente, tiene ahora fuerza militar.
En Irak, un ataque contra Faluya, donde el ISIS ha estado refugiado desde enero de 2014, ha entrado en su segunda semana. En el Norte, el bastión de Mosul, clave para el destino del grupo terrorista, parece ahora menos formidable tras un ataque peshmerga desde el Este. El fin de semana pasado, mientras la atención estaba en Faluya, las fuerzas kurdas tomaron nueve pueblos que hasta entonces habían estado sin fisuras en manos de los yihadistas.
En Siria, la capital de facto del ISIS, Raqqa, y sus alrededores son el escenario de enfrentamientos recientes y de un éxodo de refugiados que está despejando la ciudad para una ofensiva terrestre inevitable pero no inminente. Además, a lo largo de la frontera sur del país con Irak, una unidad recientemente creada, el Nuevo Ejército Sirio, apoyado por las fuerzas especiales de EEUU y Jordania, está reforzando posiciones cerca de una frontera que había sido tierra de nadie para el resto de grupos de oposición desde mediados de 2013.
Pero incluso mientras el ISIS empieza a debilitarse –en algunas zonas de forma sorprendentemente veloz–, están surgiendo rápido algunas grietas entre los que luchan contra ellos que podrían pronto hacerles retroceder en sus victorias. Lo que ocurra después, según dicen los líderes tribales, podría acabar refortaleciendo al ISIS, al devolver a sus manos a las propias comunidades que la guerra trata de liberar.
Al acecho sobre el campo de batalla, en cambio constante, está el problema no abordado pero esencial de cómo un proceso político puede volver a liberar a los suníes marginados de ambos países a quienes el ISIS dice defender. Cuanto más rápido caiga el grupo sin un plan para lo que viene después, más real es la amenaza de una división irreversible en torno a líneas étnicas sectarias, entre comunidades que hasta ahora habían conseguido coexistir.
Las rivalidades étnicas plantean una fuerte amenaza para el éxito del ataque más reciente, lanzado el miércoles en la zona conocida como bolsillo de Manbij, al sur de la frontera turca, a unos 160 kilómetros al este de Alepo, entre la ciudad de al-Bab y Raqqa, el epicentro del ISIS.
Al igual que un avance en Raqqa la semana pasada, que fue en parte una jugada para el movimiento en Manbij, la operación está dirigida por Estados Unidos y apoyada por sus aviones de combate. Los que se enfrentan son una fuerza subsidiaria de EEUU dominada por kurdos locales y complementada por árabes cercanos. A pesar de la insistencia de Washington en lo contrario, el matrimonio no está funcionando bien.
Los líderes tribales en Manbij y alrededores, algunos de los cuales ofrecieron lealtad al ISIS cuando el grupo entró en la zona, dicen que el hecho de que el asalto esté al menos conjuntamente liderado por fuerzas kurdas desincentiva un cambio de lealtades. Las relaciones con los kurdos, cuyas comunidades han coexistido con los árabes en el noreste de Siria, se han deteriorado rápido durante el último año y especialmente desde que Rusia lanzó los ataques aéreos en el norte de Siria.
Desde entonces los kurdos, que han protegido sus posiciones durante la guerra civil, han empezado a avanzar en zonas árabes, aliándose en la práctica con el régimen de Asad y sus protectores y alarmando a los grupos opositores, a las comunidades árabes locales y a Turquía, que ve a los kurdos sirios como una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, contra quien Ankara ha reforzado los ataques dentro de sus propias fronteras.
Washington está defendiendo a las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), apoyadas por Estados Unidos y formadas sobre todo por kurdos sirios y un pequeño grupo de árabes, como una alianza que puede cambiar el curso de la guerra contra el ISIS. El componente árabe es una ventaja crucial, aunque hay resentimiento entre sus miembros.
Abu Musaafer, habitante de Manbij de 35 años, explica que abandonó las SDF por las rivalidades entre etnias que estaban trastocando la causa del gurpo. Señala que la presencia de árabes en el grupo solo tiene objetivos de relaciones públicas. "Los árabes están solo para los medios, en realidad no son para nada importantes", afirma.
"Muchos miembros importantes de los kurdos vienen de Qandil Mountain, y en realidad son del PKK. Hay mucho racismo entre los árabes y los kurdos. Yo soy jeque en una gran tribu de Manbij, y en realidad quiero liberar mi zona del ISIS", explica Musaafer. "En los alrededores de Manbij, las SDF a menudo van a los jeques de las tribus árabes y les dicen que van a organizar una enorme cena, con varios corderos, y que si algún miembro de su tribu no está presente y no se une a las SDF, significa que son ISIS y los matarán".
Musaafer añade: "Es lo mismo que hace el ISIS con las tribus árabes de Manbij y otras zonas, exactamente lo mismo. ISIS dice que si no te unes a ellos, has traicionado al islam. Las SDF dicen que si no luchas con ellos, apoyas al ISIS y te crearán un montón de problemas a ti y a tu tribu. En realidad, necesitan una tribu árabe para reunir a muchos combatientes y ponerlos en el frente cuando las SDF ataquen Manbij, porque conocen la zona y necesitan poder decir a la gente que tienen árabes luchando con ellos".
Ali Shatat, de 32 años, que fue exiliado por el ISIS desde el cercano Deir Azzoz, se muestra algo más positivo. "Llevo cuatro meses como soldado de las SDF. Empecé a trabajar con ellos porque soy de la tribu shatat, donde el ISIS masacró a varios miembros el año pasado. Todos en mi tribu escaparon de Deir Azzoz como refugiados. Fue peor que lo que hizo Israel a los palestinos", valora.
"No creo que el Ejército Libre Sirio pueda de verdad luchar contra el ISIS, porque tiene un montón de problemas. Día tras día, no podía encontrar la manera de vengarme contra el ISIS, solo las SDF. Hay una gran oportunidad de reconquistar nuestra tierra con ellos, mucho más de lo que podrían hacer los rebeldes. Pero el problema con las SDF es que no siento que yo sea importante, o que los árabes lo sean", lamenta Shatat. "Mi líder es árabe, sí, pero su líder es kurdo. Cuando trabajamos con los kurdos, sentimos que no hay confianza entre nosotros, en absoluto. En los medios se ven las SDF como un frente unido, pero en realidad, hay una enorme diferencia entre los árabes y los kurdos. Nosotros somos pocos en número, no especialmente fuertes. Pero aún así, en este momento somos mucho mejores que ninguno de los demás grupos que están luchando en el terreno".
Traducción de  Jaime Sevilla Lorenzo
FUENTE: THE GUARDIAN - ELDIARIO.ES

domingo, 22 de mayo de 2016

Entrevista a Luz Gómez, investigadora y profesora de Estudios Árabes e Islámicos “Sin la implosión del régimen saudí no habrá justicia social en el mundo árabe”

Luz Gómez



En otros tiempos el motor del mundo árabe se situaba en Egipto, incluso puede que en Siria, pero actualmente la potencia regional es, sin duda, Arabia Saudí. De hecho, “no se puede concebir transformación política o social alguna en el sentido que demandaban los jóvenes árabes en 2011 (“Pan, libertad y justicia social”) sin que el régimen saudí implosione”, sostiene la arabista y profesora titular de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, Luz Gómez. Sentada esa premisa, ¿qué rasgos definen al régimen de Riad en las últimas décadas? “Naturalizar el sectarismo ideológico y consolidar la dependencia económica mundial de su petróleo”. Además de doctora en Filología Árabe, Luz Gómez es coautora con Héctor Grad y Daniel Miguel Gil del libro “BDS por Palestina” (Ed. Oriente y Mediterráneo) y autora de los estudios “Diccionario de Islam e Islamismo” y “Marxismo, islam e islamismo. El proyecto de Adil Husayn”, entre otras obras. Se ha hecho cargo de la edición de textos como “Bajo la ocupación. Relatos palestinos” o “Abbas Beydoun: un minuto de retraso sobre lo real”. Luz Gómez también pertenece al grupo investigador Travelling Concepts in Feminist Pedagogy de la Red Europea Athena.


-“Para que algo cambie en Oriente Próximo todo tiene que cambiar en Arabia Saudí”, has escrito en un artículo. ¿La política del joven príncipe Muhammad Bin Salmán, la caída de los precios del petróleo y el creciente endeudamiento público pueden contribuir a estos cambios? 

-Sí, el cambio en Arabia Saudí es la clave para que toda la región avance, para que avance en términos de justicia social y pluralismo y no solo para que cambie cosméticamente, y desde luego es crucial para que se solucionen los conflictos ahora en marcha, desde el sirio al yemení pasando por el palestino. No se puede concebir transformación política o social alguna en el sentido que demandaban los jóvenes árabes en 2011 (“pan, libertad y justicia social”) sin que el régimen saudí implosione. Porque tras años de enfrentamientos con el nacionalismo árabe, Arabia Saudí se ha convertido en la piedra angular del maltrecho edificio árabe, si se me permite la metáfora. Quiero decir que en otros momentos Egipto, o incluso en menor medida Siria, fueron el motor del mundo árabe, pero hoy en día el poder regional de facto está en la Península Arábiga, y Arabia Saudí es por su extensión, población e historia su centro neurálgico.
La política saudí tanto interárabe como internacional de los últimos 30 años ha tenido como fin último naturalizar el sectarismo ideológico y consolidar la dependencia económica mundial de su petróleo. Hoy en día, aquí en Europa, nadie cuestiona la existencia de un enfrentamiento “milenario” de sunníes contra chiíes, pero hace 40 años estas palabras (“sunníes”, “chiíes”) ni se conocían. Y si nadie se cuestiona esta construcción interesada, menos aún a quién beneficia esta concepción binaria del mundo islámico. No es a Irán, sino a Arabia Saudí, temerosa de un vecino potente al que no puede someter. Es algo que se ha hecho más evidente a raíz de las negociaciones de Irán con Estados Unidos por el programa nuclear iraní, que han progresado en paralelo al incremento de los conflictos en la región, con Arabia Saudí patrocinando tanto la guerra en Yemen como a las milicias yihadistas en Siria o Irak o retirando la ayuda militar al inestable Ejército del Líbano, al que acusa de estar infiltrado por Hezbolá.

-¿Puede darse una influencia exterior que contribuya a esos cambios? 

-Arabia Saudí puso en marcha en los años cincuenta una suerte de califato oculto, un control en la sombra del mundo sunní a través de sus redes proselitistas del wahabismo, la ideología del reino. Estas redes se han convertido en redes de financiación del yihadismo más militarista, desde al-Qaeda, como la misma Hillary Clinton reconocía en los cables hechos públicos por WikiLeaks, al ISIS actual. Es un califato que se sostiene también en el control financiero, no solo del mundo árabe, a través de inversiones y préstamos directos a los regímenes satélites del poder saudí, sino incluso de Estados Unidos y Europa. Dos ejemplos recientes. En Estados Unidos, hace pocas semanas que se ha sabido que el ministro de Asuntos Exteriores saudí ha amenazado con vender los 750.000 millones de dólares en activos americanos que su país tiene si el Senado estadounidense sigue adelante con la propuesta de reformar la legislación para que se pueda demandar al Gobierno saudí por los ataques del 11-S. Obama se aprestó a tranquilizar a los saudíes unos días después en visita oficial al país. Y lo de Europa es aún más burdo: la industria militar y la de grandes infraestructuras dependen en buena medida del cliente saudí. En 2015, Gran Bretaña y España fueron los principales suministradores europeos de armas a Arabia Saudí (con el 26% y el 6% respectivamente), solo superados por EEUU. En concreto, el negocio subió para España más de un 25% respecto al año anterior. ¿Alguien puede creer que vaya a surtir efecto la resolución de febrero del Parlamento europeo solicitando a los gobiernos el embargo de armas a este país a raíz de la guerra en Yemen? No solo Arabia Saudí ha de cambiar desde dentro, también la cínica política europea habría de hacerlo.

-¿Qué peso tienen factores internos como la importancia de la población joven o el descontento social ante las “reformas”? 

-Sin duda, el impulso primero para el cambio en Arabia Saudí tiene que venir de una contestación interna. Y los factores que mencionabas están contribuyendo a trastocar el statu quo del Estado saudí como gran proveedor de las necesidades básicas de su sociedad. El príncipe heredero del heredero, Muhammad Bin Salmán, acaba de lanzar el plan Visión 2030, al que se le ha dado gran cobertura internacional. Su objetivo de crear un gran fondo soberano saudí, el mayor del mundo, privatizando parte de la compañía petrolera ARAMCO para paliar el creciente déficit fiscal (en torno al 15%) e invertir en la diversificación de la economía (dependiente en un 70% del petróleo), ha sido acogido con grandes alharacas por medio mundo, por supuesto también por el FMI. Pero los saudíes no viven de proyecciones futuristas, sino que padecen el rigor de las medidas más recientes. Hace cuatro meses que las tarifas del agua y de la electricidad, prácticamente testimoniales antes, sufrieron un aumento del 200%, y las desigualdades en el acceso al empleo y en los servicios entre regiones no dejan de crecer. Coincidiendo con la promoción del plan Visión 2030, tuvieron lugar en La Meca unos disturbios laborales sin precedentes: los obreros de la construcción, muchos de ellos del grupo Bin Laden, prendieron fuego a la flota de autobuses municipales en protesta por el impago de sus salarios desde hace meses. El plan del príncipe, cuya elaboración ha costado ya 1,5 billones de dólares pagados a McKinsey, una multinacional de la consultoría, no deja de ser una maniobra de distracción ante la creciente desafección de la juventud saudí (el 70% de la población tiene menos de 30 años) hacia el proyecto de Estado. Es esta juventud la que demanda reformas que amplíen sus horizontes de futuro, y por eso a ella (y a las mujeres) se dirigen los guiños de este plan de diversificación económica, que no política. ¿Lo uno sin lo otro? Igual los espejismos funcionan en Arabia Saudí, pero todavía está por demostrar.

-Precisamente Arabia Saudí encabeza la coalición de países que bombardea Yemen. ¿Consideras que se trata de una guerra silenciada? ¿Se está produciendo una terrible masacre por el control del crudo sin que lo advierta la opinión pública mundial? 

-Arabia Saudí ha emprendido en Yemen una guerra no sólo por el control de las rutas comerciales del petróleo, que también, sino que además la de Yemen es una guerra por recuperar el control del Oriente árabe tras unos años de reveses para la hegemonía saudí. Irak, como para tantas otras cosas, es clave en este conflicto: Riad consideró una cuestión interna la toma del poder en Irak por los grupos chiíes de la órbita iraní. El surgimiento de Al-Qaeda en Irak, y luego del ISIS, se debe tanto a los errores de la política estadounidense como a los intereses saudíes, en lo cual no se suele insistir tanto.
La cuestión económica es evidente si echamos un vistazo al mapa: en términos geográficos, Yemen es estratégicamente decisivo para el control marítimo del paso del océano Índico al mar Rojo, esto es, del paso del petróleo rumbo a Europa. Además, existe el plan saudí, revitalizado en los últimos años, de construir un gran oleoducto que desde el Este de Arabia Saudí, donde se encuentran los grandes yacimientos del país, vaya directamente al Índico por el Hadramaut, la región oriental de Yemen, sorteando así el estrecho de Ormuz, celosamente guardado por Irán y Omán. La geografía siempre ha sido la gran aliada y la gran enemiga de Yemen, la primera protagonista de su historia, que la ha convertido en cruce de culturas y en objeto de codicia.

-¿También en el conflicto de Yemen influye la política interna saudí? 

-La guerra por la hegemonía, con un fuerte componente simbólico, tiene que ver con la nueva estrategia saudí de reforzamiento ante el deshielo de las relaciones de Estados Unidos con Irán y a la vista de las revueltas árabes. El joven príncipe Muhammad, el heredero del heredero, nieto del fundador del reino, si algún día es rey será el primero que no pertenezca a la segunda generación de saudíes, la que hoy tiene 80 años; sabe por tanto que las viejas legitimidades que sostienen a su padre y sostuvieron a los anteriores monarcas, no le servirán. Se está haciendo una corte a la medida, como ha puesto de manifiesto la destitución del ministro del petróleo, Ali al-Naimi, una figura respetada en los círculos de la OPEP que llevaba más de 20 años a cargo del ministerio y que es una de las primeras cabezas en rodar para que despegue el mencionado plan Visión 2030.
La guerra de Yemen también forma parte de esta estrategia de afirmación del joven príncipe, de apenas 30 años. La intervención en Yemen y la formación ad hoc de una coalición musulmana internacional (más nominal que real) fueron decisiones suyas, muestran su poder y pretenden reafirmar su posición entre el clan gobernante, muy amplio y diverso. Está por ver si esta nueva política exterior más abiertamente bélica que la que hasta la fecha caracterizaba al reino logra sus frutos y no acaba por volverse en contra del príncipe y sus socios en el interior y en el exterior, sobre todo porque el aliado histórico de los saudíes, Estados Unidos, parece cada vez más dispuesto a repensar sus alianzas en la región. El acuerdo con Irán es el ejemplo más evidente, pero no hay que olvidar una variante diplomática menos clásica, que ha permitido que Catar se convierta en una potencia autónoma, molesta para los saudíes.

-¿Y respecto a la opacidad de los medios? 

-En cuanto al silencio mediático aquí, en Europa, sobre lo que sucede en Yemen, no sorprende: lo de Yemen es demasiado complejo, está demasiado lejos, son demasiado árabes, demasiado pobres. La actualidad se fabrica con unos moldes muy específicos. Yemen no vende: no hay blancos, no hay minorías cristianas, y el culpable es el gran amigo de Occidente. La de Yemen es una guerra de patio trasero saudí. Un experimento para reconfigurar un país en términos confesionales, tribales y regionales. Una limpieza étnica a base de drones y muyahidines. Un campo de entrenamiento para EEUU ante una previsible confrontación con el ISIS. Justo estos días el Pentágono ha reconocido la presencia de tropas estadounidenses sobre el terreno combatiendo a Al-Qaeda, cosa que hasta ahora no le había interesado. 

-¿Qué significado estratégico y de fondo tienen las fotografías de los gobiernos de Arabia Saudí y Egipto unidos para la construcción de una nueva infraestructura, en concreto, un puente sobre el Mar Rojo entre los dos países? 

-Esa fotografía pone imagen al fin de una época, que hace tiempo que murió pero que simbólicamente aún es muy potente en el imaginario de los árabes de las generaciones de los dos protagonistas: el mariscal Sisi, nacido en 1954, casi a la vez que la república de Egipto (1952), y el rey Salmán, nacido en 1935, casi con el reino saudí (1932). Egipto y Arabia Saudí se han venido enfrentando por la hegemonía ideológica del mundo árabe desde la Segunda Guerra Mundial, y tras el interregno naserista de un Egipto aguerrido dispuesto a liderar la independencia árabe en el mundo de la Guerra Fría y el aparente triunfo del tercermundismo en la década de los 50 y los 60, ha sido Arabia Saudí la que ha marcado el camino del retorno árabe a la dependencia colonial. A los egipcios sobre todo, les ha costado asumirlo. Dicen de su país que es “la madre del mundo” (um al-dunia); bien, pues esa madre no tiene fuerza ya para seguir creyéndose a sí misma y, como decía una caricatura egipcia que ha circulado estos días por Twitter, se ha convertido en “la madre de la muñeca” (um al-dumnia), haciendo un juego de palabras típicamente árabe y un chiste al más puro estilo egipcio: si fuimos el centro del universo, hoy somos una simple marioneta.
El puente entre los dos países es una vieja obsesión saudí, a la que todos los presidentes egipcios anteriores a Sisi se habían opuesto, más por razones de simbología nacionalista que por razones económicas o sociales. Ahora, no solo está en marcha el puente: durante la visita del rey Salmán a Egipto a mediados de abril, el gobierno de Sisi anunció que devolverá a Arabia Saudí la soberanía de dos islotes del mar Rojo, Tiran y Safir, que durante años los saudíes habían reclamado sin mucho empeño, bien es verdad. Es parte del precio que el régimen paga por el apoyo económico saudí a Egipto tras el golpe de Estado de 2013, y que se calcula supera los 30 billones de euros en metálico.
Pero el precio que está pagando en el interior del país por esta cesión territorial no es poco. Con este acto, el régimen de Sisi se ha granjeado la enemistad de buena parte de sus voceros en los medios de comunicación, a los que había alimentado con un discurso neonacionalista de baja calidad, que ahora se ha vuelto en su contra. Hasta los medios más afines, como el centenario diarioAl-Ahram, han dejado entrever su malestar y criticado la detención y juicio de los manifestantes contrarios a la cesión (en menos de dos semanas se han emitido 130 condenas exprés a 2 y 5 años de prisión por quebrar la ley antimanifestaciones aprobada por Sisi en la primavera de 2014).

-Se ha señalado la política represiva contra los periodistas y otros profesionales… 

-A la represión en la calle por este asunto se ha sumado la del gremio periodístico, lo cual, de momento, se ha saldado con los más graves incidentes entre periodistas y poder en la historia del Egipto contemporáneo. Por primera vez en sus 70 años de historia, el pasado 30 de abril las fuerzas de seguridad entraron en la sede del Sindicato de Periodistas (en Egipto es obligado estar colegiado para poder ejercer) so pretexto de detener a dos periodistas. Desde hacía días, los periodistas se venían concentrando en el sindicato exigiendo el respeto de la libertad de expresión y en apoyo de sus colegas presos: en lo que va de 2016, la cifra de periodistas encarcelados asciende a 30, frente a los 23 de 2015, 12 en 2014 y ninguno en 2012, cifras solo superadas por China. La represión del exmariscal ahora presidente, que comenzó con los islamistas y se extendió a toda voz disidente, incluidos los jóvenes revolucionarios y los liberales contestatarios (se calcula que en la actualidad hay 41.000 presos políticos en Egipto), está empezando a afectar a grupos sociales hasta ahora intocables, bien por su apoyo más o menos tácito al nuevo régimen bien por su poder estratégico, como médicos, abogados y periodistas. El asunto del puente y el de las islas han inaugurado una nueva escalada en el conflicto interior egipcio.

-Un connotado futbolista afirmaba recientemente que debería ser un orgullo llevar en la zamarra publicidad de Catar. ¿Por qué tiene este país tan “buena prensa”? ¿Son ciertas las referencias a trabajadores inmigrantes en régimen de semi-esclavitud? 

-La buena prensa de Catar es fruto de la estrategia diplomática emprendida a mediados de los años noventa por los Thani, la familia reinante en este emirato del Golfo. No pudiendo competir en el terreno geopolítico clásico con un país tan fuerte como Arabia Saudí, y en un momento en que las nuevas tecnologías anunciaban una revolución en el mundo de las comunicaciones, el emir Hamad ibn Jalifa concibió la creación de una cadena de televisión por satélite panárabe, Al-Jazeera. Lo novedoso es que Al-Jazeera se propuso bajar a la calle y dar voz a los árabes de a pie, por así decir, al pueblo árabe, no a sus élites, como era habitual tanto en los medios de comunicación estatales como privados árabes. Esto permitió que en términos de opinión pública, se empezaran a difuminar las barreras estatales: el egipcio comprendió que era tan pobre y desheredado como el marroquí o el sirio. Esto es lo que luego se materializó en el llamado “efecto dominó” de las revueltas árabes de 2011. He hizo que Catar se convirtiera ante el mundo en Al-Jazeera, o lo que es lo mismo, en el gestor de 280 millones de voces árabes. No se puede entender bien el poder de Catar sin el de Al-Jazeera: la cadena ha refundado la lengua árabe en una medida no conseguida por otras instancias oficiales hasta la fecha, la ha convertido en una verdadera interlengua de los árabes del siglo XXI y con ella se ha recreado un sentimiento de pertenencia que nada tiene que ver con el viejo panarabismo de la posguerra mundial.
Al-Jazeera ha dado expresión a la desgracia de ser árabe, que decía Samir Kassir, escritor libanés, de padre palestino y madre siria, asesinado en 2005; pero también a la ira compartida capaz de ser proactiva, como la que estalló en 2011. El clan de los Thani inventó esta arma, la usó contra otros Estados árabes y como chantaje a EEUU o incluso a Europa cuando así le convenía. Era un aviso de algo que sonaba como “cuidado, que si abrimos los micrófonos la codiciada estabilidad se viene abajo”. Y así los cataríes se convirtieron en interlocutores privilegiados a varios niveles. Su potencial financiero hizo el resto. Hacia Occidente, Catar también vendió bien la imagen de eso que por aquí gusta contar en términos de “equilibrio entre tradición y modernidad”, y que es lo que el futbolista, o más bien su club, quiere vender a su vez con su camiseta: ¿hay algo más clásico y más fashion que el fútbol?

-¿Cómo resumirías la política exterior del régimen catarí? 

-Cuando el pueblo se levantó en Egipto, Túnez, Yemen, Siria, el régimen catarí, como los demás del Golfo, vio el peligro que una verdadera emancipación árabe suponía para su misma existencia, basada en un salvaje capitalismo financiero que había encumbrado a un puñado de familias en un territorio sin más recursos naturales o geoestratégicos que unas reservas limitadas de hidrocarburos, cuyos ingresos, eso sí, se han invertido bien en el exterior para diversificar la economía nacional. Con la abdicación del emir Hamad en 2013 y el acceso al poder de su hijo Tamim se han puesto en marcha otras estrategias de acceso a la interlocución, como la financiación de grupos insurgentes árabes. Al-Jazeera también ha cambiado su política, las cámaras seleccionan ahora de otra forma a quién dan voz, y su sede en Doha es el púlpito preferente de los grupos islamistas afines a los Hermanos Musulmanes. Con ello, el enfrentamiento con Arabia Saudí se ha agudizado, y los choques por grupos yihadistas interpuestos en Siria también. Es lo que explica, por ejemplo, que la mediación catarí haya sido fundamental para la reciente liberación de los periodistas españoles Pampliega, López y Sastre, secuestrados en Alepo el verano pasado.
Lo que destaca de todo este recorrido plasmado en el orgullo del futbolista por su patrocinador es que Catar ha sabido dotarse de una imagen internacional que difícilmente va a verse deslucida por las condiciones en que se están levantando las instalaciones para el Mundial de fútbol de 2020. Las condiciones laborales de los trabajadores son inhumanas, pero también son terribles las consecuencias medioambientales de todo este negocio, por ejemplo. En cualquier caso, el fútbol saca a una luz pública más amplia las consecuencias generales del sistema neocapitalista actual. Lo cual no es poco. 

-¿Es tan palmaria como se afirma la financiación de grupos yihadistas por parte de Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes? ¿Hay diferencias reales entre la miríada de facciones, milicias y grupúsculos armados por estos países? ¿Qué rasgos generales permiten comprender este fenómeno? 

-El yihadismo actual es una excrecencia del wahabismo, la ideología fundacional del reino de Arabia Saudí, como decíamos al comienzo. Por ello, en su origen, en los años setenta, la financiación del yihadismo dependió del proselitismo wahabí a través de fundaciones saudíes. Esto es algo que cambió en los años 80, con la creación de Al-Qaeda en Afganistán y Pakistán: Osama Bin Laden y Abdallah Azzam, los padres del yihadismo contemporáneo, organizaron su financiación privada con la fundación de la Maktab al-Jidmat (Oficina de Servicios) en Peshawar en 1984. Esta oficina se dotó de una red de donantes. Se trataba de grandes capitales pero también de donaciones de particulares por mediación de otras entidades dedicadas a recoger el azaque, el “impuesto” que constituye uno de los pilares del islam, o las limosnas voluntarias de los creyentes. La Maktab al-Jidmat canalizaba las remesas hacia la yihad. Por así decir, el yihadismo se emancipó de la financiación saudí y con ello también del poder oficial. O lo que es lo mismo, se descentralizó, facilitando la diversificación de donantes y, en consecuencia, de grupos receptores.
Argelia, con la guerra civil de los años noventa, e Irak, tras la ocupación norteamericana de 2003, sufrieron las siguientes mutaciones del yihadismo en términos económicos (lo cual equivale también a decir en términos ideológicos, pero dejemos ahora eso). En Argelia, el dinero del yihadismo se “localizó” tras la deslocalización financiera de Afganistán; en Irak, la yihad se fue comercializando como valor de cambio en la guerra contra la ocupación y la guerra civil paralela. A lo que asistimos ahora en Siria es a un cruce entre ambas estrategias. Por un lado, las milicias están fuertemente localizadas, y obtienen de ello réditos económicos: según el territorio en el que sean fuertes, estos réditos serán más dependientes del petróleo, o más de las antigüedades, o más de los rescates. Por otro, las mismas milicias se venden al mejor postor y obtienen beneficios según varíe el mercado mundial de los pactos y las negociaciones. No es cinismo exponerlo así, es una forma gráfica de explicar por qué la red de la financiación es tan enmarañada, hasta el punto de que hace imposible la adscripción de un determinado grupo yihadista a los intereses y financiación de uno de esos países que has mencionado (a los que habría que sumar Turquía, Irán o, puestos a hablar de financiación indirecta, Israel, Estados Unidos, Rusia o la mismísima Gran Bretaña). 

-¿Se abusa de la Geopolítica cuando se analiza la realidad de Oriente Medio? ¿Tuvieron autonomía propia las “Primaveras Árabes” y los “rebeldes” sirios o, de un modo u otro, acaba apareciendo siempre la OTAN? 

-La geopolítica ha condicionado la realidad de toda esta región desde que Napoleón Bonaparte, aún general, desembarcó cerca de Alejandría en 1798. No me parece exagerado tenerla siempre presente: hasta el ISIS sucumbe a sus razones y ha popularizado a los infaustos Sykes y Picot, los diplomáticos británico y francés que en 1916 trazaron las fronteras de lo que hoy llamamos Siria, Irak, Jordania, Líbano, Palestina y parte de Turquía. No, la geopolítica es la gran tragedia árabe contemporánea. Ahí está la creación de Israel, un Estado colonial al servicio del ideario orientalista. Distinto es que la geopolítica se convierta en una obsesión conspiratoria para explicar en términos antiimperialistas la historia árabe más reciente.
La intervención de la OTAN en Libia o el infame papel de algunos Estados europeos y EEUU en la región no pueden servir para negar independencia y capacidad emancipadora a los pueblos árabes. Si algo ha demostrado el fracaso de este primer tiempo de las primaveras árabes es precisamente que las revueltas fueron auténticamente populares y autónomas, pues ni en sus mejores sueños la entente regímenes árabes-Occidente habría sido capaz de idear un panorama tan favorable a su perpetuación como el que ahora se observa. Las revueltas, de haber podido ser inducidas por Occidente para llegar a donde estamos, lo habrían sido mucho antes: como se ve, los recambios siempre están a mano: Sisi ha sucedido a Mubarak, aunque con peor resultado para el pueblo egipcio. Y Mohammed Morsi, el primer presidente egipcio elegido democráticamente, se pudre en la cárcel a la espera de una previsible ejecución. Las élites árabes, marionetas que Occidente manipula a su antojo, y sobre todo, Occidente mismo, son grandes expertos en contrarrevolución, no en revolución. Miremos si no a América Latina.

-¿Qué opinas de los análisis de la izquierda occidental? 

-La izquierda europea en general, y con ella una parte de la española, ha buscado fácil refugio a su desconocimiento de la realidad de los pueblos árabes y también, hay que decirlo, al etnocentrismo que subyace en su cosmovisión buscando la explicación a las revueltas árabes en los parámetros antiimperialistas que manosea desde hace décadas. Pero eso es ignorar la realidad de las sociedades árabes, sometidas a una depauperación económica y un autoritarismo político sin fondo, y despreciar la capacidad de agencia y empoderamiento de sus pueblos, que según esa lógica antiimperialista caduca siguen siendo dependientes y subalternos, o bien de Estados Unidos o bien de Rusia. Lo cual, hay que decir, no deja de ser a su vez otra forma de imperialismo, igual de xenófobo y depredador que el que se dice combatir. 

-¿Consideras que el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel es precisamente un ejemplo del potencial de la “sociedad civil”? ¿Qué logros ha alcanzado el movimiento en apoyo a la causa palestina? 

-En términos de potencial político de la ciudadanía, el BDS es modélico en muchos sentidos. Además, se ha demostrado que, en las actuales circunstancias, es la mejor arma para luchar contra la violación sistemática del derecho internacional y los derechos humanos por parte de Israel.
El BDS es modélico, en primer lugar, porque es una iniciativa que parte de la sociedad palestina. Fueron 172 asociaciones y sindicatos los que en un primer momento, en 2004, idearon la estrategia del boicot económico, cultural, deportivo y académico a Israel e hicieron su llamamiento al resto de los activistas por Palestina en el mundo. Es importante destacar este hecho, pues supone que son los palestinos quienes deciden cuál es la estrategia de lucha más adecuada y luego la coordinan internacionalmente, es decir, los palestinos son sujetos activos y no pasivos de la lucha por Palestina, cuestión esta que las relaciones internacionales y la cooperación y el mundo de las ONGs han tendido a marginar con frecuencia.
En segundo lugar, el BDS es un movimiento transversal, y esto quiere decir que entronca con otras luchas decisivas a nivel mundial. El Comité Nacional del BDS, con sede en Ramala, no deja de insistir en esta característica, que es fundamental para el éxito de la estrategia de boicot. La lucha por los derechos de los palestinos es también la lucha por los derechos de otros grupos oprimidos (negros, latinos, indios nativos americanos, mujeres, LGTB+, campesinos, obreros, presos), cuya complicidad en estrategias y objetivos se busca. Por dos motivos: porque, como recuerda continuamente Angela Davis, las solidaridades transnacionales son el mayor potencial para el cambio revolucionario; y por la convicción de que la justicia o es universal o no es tal, en expresión de Raji Sourani, director del Centro Palestino de Derechos Humanos con sede en Gaza.
En tercer lugar, porque es una estrategia política que apela a los individuos como agentes del cambio, que busca el empoderamiento de los ciudadanos como actores políticos. El BDS permite a los ciudadanos comprometidos participar desde sus diferentes países y situaciones concretas en las distintas campañas de boicot contra Israel, de presión para la desinversión en Israel o de demanda de sanciones por la violación israelí de la legalidad internacional. La coordinación básica parte del comité central del BDS en Ramala, pero existe una enorme autonomía de acción a nivel local.

-¿Qué estrategia ha proporcionado mejor resultado al BDS? 

-Los mayores éxitos del BDS han sido aquellos que mejor han sabido aunar estas tres características. Aquí, en España, donde la solidaridad con Palestina tiene una larga tradición, la estrategia de declarar y visibilizar Espacios Libres de Apartheid Israelí (ELAI) ha sido una de las más exitosas. Ha logrado que instituciones como ayuntamientos afines a las Mareas ciudadanas, empresas comprometidas con un desarrollo sostenible y negocios afines al comercio justo rechacen mantener relaciones con empresas e instituciones israelíes que no denuncien la discriminación de la que son objeto los palestinos. También el boicot académico es uno de los más activos a nivel europeo, solo superado por el británico: más de 1.400 profesores universitarios de todo el Estado firmaron el año pasado, en menos de dos meses, el manifiesto por el boicot a las universidades y centros de investigación israelíes. Lo cual no significa que los profesores nos neguemos a colaborar en términos científicos con nuestros colegas israelíes, sino que no lo haremos en tanto haya financiación israelí de por medio y nuestra contraparte israelí no denuncie la ocupación y el apartheid. Como en Sudáfrica en los años 70 y 80, la consecución de una solución justa a casi 70 años de opresión en Palestina tiene que venir de las presiones de la sociedad civil internacional, que arrincone al Estado de Israel a nivel internacional y movilice a sus ciudadanos en demanda de cambios. La prueba de que el BDS es una estrategia efectiva para acabar con la ocupación, el apartheid y el incumplimiento del derecho al retorno de los refugiados por parte de Israel es el cambio en la actitud y la política israelíes hacia el BDS.

-¿En qué sentido? 

-El gobierno israelí, en un principio, mantuvo una actitud desdeñosa hacia él, restándole toda trascendencia. A medida que las campañas comenzaron a dar fruto con creciente repercusión internacional (por citar algunas: Veolia retirándose de la construcción del tranvía del apartheid por los Territorios Ocupados, Orange desinvirtiendo en su filial israelí u Oxfam obligando a su “embajadora” Scarlett Johansson a elegir entre los derechos humanos o la esponsorización de una empresa israelí instalada en una colonia de Cisjordania), la preocupación de las autoridades israelíes creció y con ella los intentos de desacreditar al BDS en los habituales términos difamatorios que el establishment israelí utiliza para frenar toda crítica al sionismo o al Estado de Israel, que se resumen en la acusación torticera de antisemitismo. La tercera fase es en la que nos hallamos, en la cual el Gobierno de Netanyahu ha puesto en marcha un proyecto multifocal para anular el BDS. Tiene distintas estrategias a distintos niveles, todas ellas bien financiadas y coordinadas.
Van desde campañas de promoción de la imagen de Israel a nivel internacional (no solo presentando en términos publicitarios a Israel como un paraíso turístico o gay friendly, uno de los tópicos más extendidos entre algunos europeos bienintencionados, sino financiando viajes VIP a las estrellas cinematográficas del momento para que “conozcan” el país, como el que ha regalado este año a los nominados a los premios Oscar) hasta presiones diplomáticas para que se persiga en Europa o EEUU a los defensores de los derechos humanos y se criminalice el BDS, presiones que han surtido cierto efecto en Francia y son crecientes en Gran Bretaña, donde han chocado con la fuerza y buena organización del BDS británico, amén de ser la británica una sociedad menos acomplejada con la cuestión sionista que la francesa. A todo ello se suman en Israel las nuevas medidas legislativas que criminalizan la mera expresión de apoyo al BDS. Por último, y esto es lo más grave y rebasa todo límite, la deriva totalitaria del Gobierno israelí ha llegado al punto de amenazar de muerte a los dirigentes palestinos del BDS. Así, a finales de marzo,el ministro de Inteligencia y Energía Atómica Yisrael Katz, llamó a la “eliminación civil selectiva” de los líderes del BDS, nombrando en concreto a Omar Barghouti, el coordinador general del Comité Nacional palestino de BDS.
En estos momentos, no hay duda de que el movimiento de BDS, que es un movimiento civil, pacífico y basado en el derecho internacional, es la principal amenaza a la política de limpieza étnica y apartheid ejecutada a diario por el poder israelí tanto en Israel como en el resto de la Palestina histórica. 

-Por otra parte, ¿es Rusia en Oriente Medio un aliado antiimperialista, que actúa como freno al único imperialismo existente, Estados Unidos? ¿O es una potencia imperialista más, que “ayuda” por sus intereses geopolíticos al gobierno sirio? 

-A estas alturas, considerar a Rusia un aliado antiimperialista es, amén de una actitud criminal si se atiende a la realidad árabe, un suicidio político para la parte de la izquierda europea que sigue anclada en ese discurso. No niego la necesidad de la lucha antiimperialista, pero con gafas bifocales, o incluso multifocales, con perdón por el símil óptico: además de la polaridad clásica Estados Unidos/Rusia, nuevos gestores imperiales protagonizan la política de las últimas décadas, cada cual con las estrategias que le son más propias, como la económica por parte de China o el imperialismo ilustrado de la Unión Europea, que asoma la cabeza como puede.
A principios de 2012, cuando la guerra siria no había degenerado hasta el punto actual, comparé lo que allí estaba en juego con un “mikado” neocolonial: las viejas potencias de la Primera Guerra Mundial y las nuevas potencias del mundo multipolar habían lanzado allí sus palillos y nadie estaba dispuesto a mover uno a riesgo de que se movieran todos. El régimen de Al-Asad, el ISIS, la miríada de grupos yihadistas y los grupos del Ejercito Libre Sirio se han convertido en los actores interpuestos de las potencias neoimperiales. Con sus comparsas circunstanciales, sobre todo el Golfo al completo: Arabia Saudí, Irán, EAU, Catar. El pueblo sirio, más de la mitad del cual se halla desplazado en su propio país o en el exilio, es rehén de esta impudicia internacional, que cada día que pasa es más difícil resolver dada la multiplicación de enfrentamientos interpuestos. Rusia no es una excepción en este panorama, al contrario, es uno de los máximos responsables del ahondamiento del conflicto. Son sus intereses económicos, militares, estratégicos y políticos los que condicionan su apoyo a Al Asad, que caerá cuando Putin y su camarilla de capitalismo neozarista le encuentren un recambio seguro. La propaganda rusa de apoyo a Siria ha tenido un fuerte componente nacionalista; baste mencionar la puesta en escena del concierto de ¡música clásica! en la Palmira recién reconquistada al ISIS con que nos obsequió a primeros de mayo RT, la cadena multilingüe de televisión por satélite de la Federación Rusa.
Pero en términos más generales, también es importante destacar que el callejón sin salida de la guerra en Siria es sinónimo de la inoperancia del orden internacional consagrado por el sistema de Naciones Unidas: el Consejo de Seguridad tiene una gran responsabilidad en lo que está sucediendo, mientras la llamada comunidad internacional sigue sin buscar modelos alternativos que organicen la relaciones internacionales; no solo no los busca, sino que ha sido parte interesada en que los movimientos sociales altermundistas pasaran por enormes dificultades organizativas y de proyección durante la pasada década, debido a la criminalización de cualquier cuestionamiento de la “guerra contra el terror” tras el 11-S. En esto Rusia, con el Cáucaso como patio trasero, no ha ido a la zaga de EEUU. 

-¿Es una exageración afirmar que, de algún modo, Occidente tiene responsabilidad en los últimos atentados en Bruselas y París, por su acción en Oriente Medio durante las últimas décadas? 

-El yihadismo es un fenómeno político, no religioso, y, por tanto, los motivos que llevan a los jóvenes al yihadismo son políticos, no religiosos. Eso es igual entre los jóvenes que llegan al yihadismo aquí, en Europa, y hacen de los ciudadanos europeos su objetivo, que entre los del mundo árabe, que tienen a sus conciudadanos como objetivo. Occidente tiene su parte de responsabilidad, desde luego, pero conviene no olvidar la que tienen a su vez las élites árabes, gerontocráticas y dependientes asimismo de los intereses occidentales.
La política europea en Oriente Medio es una suma encadenada de errores desde hace décadas. Los agravios se activan en el inconsciente colectivo cuando alguna hecatombe nueva se produce. Irak en 2003 y la guerra Siria en la actualidad se han sumado a una larga lista: la traición europea a la independencia árabe tras la Primera Guerra Mundial, la creación del Estado de Israel en 1948, la agresión contra Egipto por la nacionalización del Canal de Suez en 1956, la guerra de independencia argelina, el boicot internacional contra Irak en los 90... Son temas que los jóvenes yihadistas franceses o belgas sacan a relucir cuando explican cómo han llegado a la militancia radical. Si bien son el resultado de una visión ideológica de la realidad, no por ello son motivos menos “reales”, en el sentido de proactivos, que las condiciones materiales en que se desenvuelven las comunidades inmigrantes y que condenan a la inmensa mayoría de su juventud a la marginalidad económica y social.
La UE ha sido incapaz de concebir, y menos poner en marcha, una política integradora del Mediterráneo. A parte de declaraciones de intenciones e iniciativas relumbrantes pero no vinculantes (como el Proceso de Barcelona, Unión por el Mediterráneo) lo cierto es que no ha habido voluntad política de integrar el Mediterráneo en la dimensión europea. Si no lo ha habido para el Mediterráneo del norte, como ha puesto de manifiesto el estrangulamiento de la troika a Grecia, o el austericidio inducido a España, menos aún se ha pensado con seriedad en la necesidad de crear un verdadero espacio común con la orilla sur. Los déspotas regionales y su cohorte de intereses económicos han facilitado (y alentado) el ahondamiento de la sima entre ambas orillas. Se nos ha servido una vez más la pócima de la estabilidad a cambio de seguridad. La contrarrevolución en marcha en Egipto, Yemen, Siria, Libia, reproduce este esquema. Que es del que se alimenta el yihadismo en las dos orillas del Mediterráneo. 

-¿Con qué ideas sencillas podrían desmontarse los tópicos “islamófobos? 

-Me temo que las ideas sencillas son las más difíciles de aceptar. A izquierda y a derecha, porque la islamofobia sí que es transversal. Pero allá voy. Todo se reduce a comprender que el islam ni es uno ni lo es todo. Lo cual, a su vez, puede herir la susceptibilidad de algunos musulmanes, pero en absoluto lo digo para denostar su fe. Al contrario.
La historia del islam es la de una civilidad compartida a partir de una enorme diversidad cultural: la alimentación o la indumentaria, muy variadas, serían formas muy visibles de esto que indico, pero también las prácticas religiosas o las creencias metafísicas, pues las romerías, la arquitectura o la relación con el más allá, por poner ejemplos sin elegir mucho, son a la vez compartidas y muy distintas según la cultura en la que se ha implantado y crecido el islam. Y esto también repercute en el islam europeo en formación, que tiene que gestionar de una forma propia el aluvión del islam indio, turco, árabe, africano... que la emigración ha traído a Europa. La pluralidad es intrínseca al islam, en igual medida que la propensión a la unidad. Ver solo una cara de la moneda, la del discurso esencialista de “el islam es...”, “los musulmanes son...” recrea un mundo binario (“ellos” frente a “nosotros”) que no puede dejar de ser conflictivo, pues expulsa a los musulmanes del aquí y el ahora.
Y luego está la sobredimensión del musulmán por su religión. Es una consideración que desde fuera del mundo islámico está muy extendida, y que antepone la identidad o la pertenencia religiosa a cualesquiera otras (de clase, de género, de raza, de nación). Esta identificación inmediata que se hace del ciudadano de tradición islámica como creyente ante todo, sobremusulmaniza a los musulmanes, por decirlo con expresión tan retorcida como gráfica. Lo hace primero a ojos ajenos, pero también, por efecto reflejo e inevitable, a ojos propios. En Europa los musulmanes continuamente se tienen que preguntar a sí mismos por su religión ante la interpelación continua de los demás. Incluso aquí, en España, chavales de 15 años se descubren musulmanes porque se ven impelidos a ello al tener, entre otras cosas, que contestar de continuo a si el Corán dice tal o cual ocurrencia que un compañero del instituto ha escuchado en algún medio de comunicación. A nivel más político, es algo a lo que asistimos periódicamente, cuando a raíz de cada atentado se multiplican las voces que exigen a los musulmanes de a pie que se manifiesten explícitamente en contra del yihadismo, la visión rigorista del islam, la falta de integración de algunos musulmanes, etc. ¡Como si ser musulmán supusiera militar como tal sin elección posible!
Un proyecto de ciudadanía compartida, horizontal y no jerárquico, proyectado hacia el futuro y no deudor de esencias del pasado, interseccional y no blanco-varón-burgués-heterosexual, sería el antídoto contra la islamofobia en Europa, o más bien contra las varias fobias que se superponen en la islamofobia: la de raza, pues los musulmanes son los no-blancos; la de clase, pues los musulmanes son el proletariado, como bien se ha recordado con la reciente elección de Sadiq Khan como alcalde de Londres; la de origen, pues los musulmanes provienen de los márgenes de las viejas metrópolis coloniales; incluso la de género, pues las musulmanas encarnarían la versión más baja de la mujer.

-En tu “Diccionario de Islam e Islamismo” te refieres a un islamismo marxista, ¿en qué consiste? 

-En cuanto al islamismo marxista, en cierta medida ejemplifica, dentro de las sociedades árabes, la ruptura con el islam uno y todo que explicaba para el caso de la islamofobia europea. La consideración de que la religión puede ser una fuerza popular y revolucionaria no es ajena a la tradición marxista de corte gramsciano. Es lo que consideraron un grupo de exmilitantes comunistas egipcios a finales de los 70 y comienzos de los 80 para proponer una relectura de la teoría de la dependencia neomarxista desde postulados legitimadores anclados en la tradición islámica, como son la solidaridad, la obligación de la ruptura con el gobernante injusto y la complementariedad del cuerpo social. No hay que perder de vista que la Revolución Islámica Iraní había triunfado gracias precisamente a la concurrencia de islamistas e izquierdistas, por más que luego se produjera la purga de estos segundos. En la formación de un ideario movilizador chií en términos revolucionarios fue fundamental la aportación de Ali Shariati, sociólogo bien conocido y leído por la izquierda árabe.
El atractivo, incluso la fascinación, por lo ocurrido en Irán se dejó sentir entre numerosos marxistas críticos árabes, recién salidos del marasmo que supuso la derrota del ideario panarabista en la guerra de 1967. En Egipto, excomunistas como Adil Husayn, o naseristas como Tareq al-Bishri, se sirvieron de las herramientas analíticas del marxismo gramsciano para hacer una relectura de la historia árabe más reciente y proponer en términos endógenos, esto es, islámicos, una ideología alternativa al nacionalismo árabe en retirada. El intento no quedó en el plano teórico: la toma del Partido del Trabajo, exsocialista, por el grupo liderado por Adil Husayn y su éxito en la confluencia con los Hermanos Musulmanes en el Parlamento de1987-89, el más plural de la era Mubarak, son un ejemplo de las posibilidades de este islamismo de corte civista, que hace una interpretación culturalista del potencial revolucionario del islam. Pero esto es algo de lo que Occidente nunca ha querido oír hablar.
Continuando con esto y volviendo a los hechos posrevolucionarios, hay que recordar que el islamismo como alternativa democrática ha sido la opción política más respaldada por las sociedades árabes allá donde se les ha permitido elegir libremente, esto es, en Túnez y en Egipto. El experimento tunecino sigue abierto, gracias en parte a las renuncias de los islamistas “civistas” del partido Ennahda, decididos a facilitar la transición democrática aun a costa de tener que replegarse tácticamente a un segundo plano. Precisamente, el líder de Ennahda, Rachid al-Ganouchi, estuvo en estrecha relación en los 90 con los islamistas egipcios excomunistas de los que hemos hablado.

-¿Y en cuanto a la experiencia egipcia? 

-Ha sido muy distinta: el golpe de Estado que depuso en julio de 2013 al presidente Morsi, miembro de los Hermanos Musulmanes, no se produjo en el aire, sino tras una dura campaña de acoso durante el año escaso que estuvo en el poder. En el derribo de Morsi participaron por igual, aunque algunos de ellos hoy bien lo lamenten, militantes de derechas y de izquierdas, jóvenes revolucionarios o dirigentes de la iglesia copta y el islam oficial, todo regado con una generosa financiación saudí. La tibia reacción de Occidente en los primeros momentos del golpe, y su connivencia con el régimen golpista después, han vuelto a poner de manifiesto la volubilidad de los cacareados principios democráticos occidentales cuando del mundo islámico se trata. Estirando el concepto de “islamofobia”, lo cual hay que hacer con cuidado, diríamos que el islamismo activa la islamofobia latente en muchos “demócratas”, incluidos muchos supuestos progresistas. 

-Por último, ¿compartes la idea de que, a grandes rasgos, la realidad de Oriente Medio se explica por una estrategia de “caos” controlado por las grandes potencias (estados nacionales que se desintegran, grupos terroristas “desestabilizadores”, dictadores “amigos” a los que se financia y otros –“enemigos”- a los que se derriba…)? 

-La idea de “caos controlado” enajena a los pueblos árabes, les niega toda agencia sobre su realidad presente o su futuro posible. No estoy en absoluto de acuerdo con este punto de partida. Y en todo caso, el caos, que es más una visión idealista exógena que producto de un análisis de las realidades materiales internas, sería también responsabilidad de unas élites árabes alienadas. Durante décadas, una minoría corrupta y fuertemente endogámica ha desestructurado los movimientos sindicales, estudiantiles o civiles que han intentado articular las luchas de la inmensa mayoría del pueblo. Porque no hay que olvidar la brecha generacional entre unas élites gerontrocráticas y unas sociedades con un 70% de la población con menos de 30 años, los cuales padecen una tasa de desempleo que llega al 60%. Ha sido así en eso que hoy algunos llaman con delectación “Estados fallidos”: Irak, Siria, Yemen, Libia. Pero también en Estados más fuertes, bien por su base, como Egipto, bien por su superestructura, como Arabia Saudí.
Contra este “caos” estructural, por rehacer la expresión, se alzó el grito revolucionario de 2011, que contraponía “el pueblo” (al-chaab) a “el régimen” (al-nizam), un pueblo activo (“el pueblo quiere”) a un régimen incapaz (“la caída del régimen”). No es este un distingo filológico, sino un análisis semiótico de la realidad lingüística de la revolución, complementaria a la socioeconómica. Creo que puede ayudar a comprender a los árabes desde una realidad, su lengua, que les ha venido significando como tales hasta la actualidad. “El pueblo quiere la caída del régimen” es una expresión performativa, porque la expresión hace algo, es una fuerza ejecutiva de la voluntad y no una mera constatación, como podría ser la expresión “lo que el pueblo quiere es que el régimen caiga”. Por eso, a la revolución, desde esta perspectiva, no le ha seguido el caos, sino el orden contrarrevolucionario, cuyo ciclo, a diferencia del caos, tiene fin. Que sea más cercano o lejano dependerá de la fuerza de los pueblos árabes para librarse de las formas de dependencia reforzadas (el Ejército, la economía rentista, la ayuda internacional) o reformuladas (el yihadismo, el armamentismo, las migraciones) que la contrarrevolución ha puesto en marcha. No será cosa de los designios de las grandes potencias, pues con su ayuda no cabe contar.

Fuente: Rebelión 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes

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