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martes, 4 de octubre de 2016

F.G. y Cebrián, operación acoso y derribo a Sánchez

Felipe González, Juan Luis Cebrián


Roberto Montoya
Viento Sur


“Me dijo (Sánchez) que se iban a abstener, me siento engañado”. Con su sinceridad habitual -faltaba más-, el ex presidente Felipe González hacía esas declaraciones a la cadena SER el miércoles pasado. Minutos después el resto de medios del Grupo PRISA rebotaba con fuerza la noticia y a continuación lo hacían en tromba los otros medios y las redes sociales.

Las palabras del eterno intrigante González parecían ser la contraseña acordada -como lo era ’Duque de Ahumada’ para los golpistas del Tejerazo- porque sólo horas más tarde 17 barones de la Ejecutiva Federal del PSOE presentaban conjuntamente su dimisión para forzar la caída de Pedro Sánchez, según su torticera interpretación de los estatutos del partido.

A pesar de las rivalidades políticas y personales que mantienen entre sí varios de esos barones -y baronesas-, quienes vienen orquestando desde hace ya mucho tiempo la operación acoso y derribo de Sánchez consiguieron con su medida el objetivo buscado: unir en un frente común al grueso de los críticos a Sánchez.

Para ello provocaron un impacto mediático que llegó a todos los confines del -mal llamado- mundo desarrollado, centrado en mostrar al máximo líder del PSOE como el único responsable de los desastrosos resultados electorales del partido, como el aventurero que se atrevía a intentar, tímida y tardíamente, tantear la posibilidad de presentar una propuesta de Gobierno alternativo progresista que impida seguir gobernando al PP.

¡Qué barbaridad, a quién se le ocurre algo semejante!, que diría Susana Díaz, quien criticaba estos días a “aquellos que se han cegado con los fogonazos de los partidos nuevos”. Algo parecido a lo que decía González: “la dispersión del voto no ha aportado nada bueno a España” ¿Qué opinará Rivera, que le permitió a Susana Díaz ser presidenta de Andalucía sobre su alusión a los “partidos nuevos”? ¡Ah!, es que hay partidos nuevos, y partidos nuevos-viejos, viejísimos, es eso, hay que saber diferenciar.

Toda esta operación de acoso y derribo contra Sánchez lo ha convertido en un izquierdista de toda la vida, un radical, un extremista.

La trama urdida por el Señor X -perdón, el que fuera presunto Señor X, que el otro día parecía a punto de confesar al fin con eso que dijo de “a pesar de lo que hicimos en el País Vasco, tá, pá, pá”-, junto con Cebrián, los señores del IBEX35 y los fondos buitre y otros accionistas de PRISA, ha estado sin duda bien coordinada.

Esa trama empezó en realidad hace mucho, mediáticamente al menos desde 2014, cuando Felipe González, sentado entonces en su poltrona en Gas Natural y desde el púlpito de PRISA lanzó la provocadora idea de una “gran coalición” entre el PP y el PSOE, indicándole así el camino a seguir al entonces secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Posteriormente F.G. fue diluyendo esa propuesta y apostando abiertamente para que el PP o el PSOE dejaran gobernar a aquel de ellos que resultara más votado. En definitiva, lo importante era mantener el bipartidismo, lo que garantizaba tranquilidad para el Poder real del país.

“Ni el PP ni el PSOE deberían impedir que el otro gobierne”, decía González el 26 de enero de 2016 -en El País, por supuesto-, a cuatro columnas en portada y gran despliegue interno.

De ese segundo planteamiento F.G. pasó dos meses después a declarar en otra entrevista a El País, cuando se le preguntó tras el pacto entre el PSOE y Ciudadanos a qué tercera puerta tendrían que tocar para tener mayoría: “No tengo preferencias entre el PP y Podemos”. Al que hasta dos décadas antes había sido secretario general del PSOE le daba lo mismo que su partido compartiera el poder con la derecha o con la izquierda.

Sin embargo, en su tercera postura en dos años González ya acabó con cualquier ambigüedad. Pidió a Sánchez que se olvidara de intentar un gobierno alternativo progresista con “leninistas 3.0” y “los que quieren romper España”. González reclamó públicamente al secretario general de su partido que se abstuviera ante la segunda intentona de investidura de Rajoy permitiéndole gobernar. Y, según González, Sánchez se comprometió a ello. Por ello se habría sentido “engañado” cuando el líder socialista se negó rotundamente a abstenerse. Se hubiera comprometido o no en aquella conversación -varios analistas aseguraban que esa iba a ser efectivamente la postura del PSOE- el hecho es que Sánchez y su equipo decidieron finalmente plantarse y dejar de bajar y bajar la cabeza una y otra vez como lo venían haciendo.

Y esto desencadenó la crisis.

Cebrián, punta de lanza de la ofensiva

El Grupo PRISA, y muy especialmente El País, ha tomado partido de una forma más abierta que nunca en la escena política nacional y en esta crisis interna del PSOE, porque Cebrián, como González -socio de este en muchos negocios y miembro del Consejo Editorial- y los principales accionistas se juegan mucho en esto.

Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo de PRISA, que en pleno ajuste y despidos de personal en 2014 se aumentaba un 35 % su sueldo -hasta 1,5 millones de euros anuales- y se aseguraba un bonus por jubilación de 1,2 millones anuales, ha logrado en abril pasado que la Junta de Accionistas prorrogue su vinculación con el holding hasta 2020.

Sin embargo, Cebrián no puede estar tranquilo, sabe que Amber Capital, el fondo buitre que controla el 16 % del capital y que tiene como consejero a su fundador, Joseph Oughourlian, va a por él, acusa a Cebrián de ser el principal responsable de la crisis por la que atraviesa PRISA. Por ello para Cebrián es clave estar bien con el poder, “con los de toda la vida”, y le da lo mismo en definitiva que gobierne el PP o el PSOE, siempre que este sea dócil y cómplice.

Los titulares de portada de El País, el tratamiento a la información política nacional y los editoriales ya han perdido la más mínima fachada de objetividad, van a degüello contra Sánchez, contra Iglesias, las Mareas, los nacionalistas, sin intentar siquiera guardar las formas.

En las últimas semanas El País y el resto de medios del poderoso holding PRISA sacan chispas en sus titulares y editoriales: “Los críticos se preparan para frenar los pactos de Sánchez”, “Los líderes del PSOE harán frente al plan de Sánchez”, “Sánchez, dispuesto a un congreso para hacerse fuerte en el cargo”, “Sánchez pasa al ataque para eliminar la crítica en el PSOE”, “El PSOE se alza ante el intento de Sánchez de retener el cargo”, “Sánchez se atrinchera tras su cese”, son algunos de los grandes titulares de las últimas portadas de El País.

Sin embargo, fue el editorial “Salvar al PSOE” del pasado jueves 29, que tenía como subtítulo “El cese inevitable y legítimo de Sánchez es la única salida para el partido”, el que desbordó la indignación de la Redacción de El País y de dirigentes socialistas como Josep Borrell.

Ese mismo jueves el Comité de Redacción de El País mantuvo a última hora una reunión con el director del periódico, Antonio Caño, para transmitirle el malestar suscitado entre numerosos periodistas ante el tono insultante y partidista empleado contra Sánchez, al que se le llegó a tildar de “insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido que con tanto desacierto ha dirigido”. En ese editorial se le acusaba igualmente de “populista” por “convocar a los militantes para atrincherarse en el cargo”. Es loable que la Redacción reaccionara así aún en los tiempos que corren, en los que los EREs, la precarización del trabajo y la pérdida de derechos laborales dificulta en todos los grandes medios las protestas internas, la actividad sindical y la reivindicación de la cláusula de conciencia.

“El Comité no entra a valorar la línea ideológica del periódico, pero sí los calificativos utilizados en este texto, que exceden el equilibrio y mesura propios del estilo editorialista de El País”, dice en uno de sus pasajes el comunicado del Comité de Redacción del periódico.

El texto explica cuál fue el resultado de la reunión con Antonio Caño: “El encuentro, mantenido a última hora de la tarde, apenas duró un minuto. El director argumentó que no acepta ningún debate ni con el Comité ni con la Redacción sobre la línea editorial y que es el único responsable de la misma”. Esta es la idea de periodismo libre e independiente que defiende PRISA. ¿La reivindicará también en su costoso Máster de periodismo?

Días atrás recordábamos en otro artículo (http://vientosur.info/spip.php?article11679) que el Consejo Editorial, del que forman parte, entre otros, González y ahora también Rubalcaba, es clave en la decisión de la línea editorial, pese a que Caño se atribuye la responsabilidad exclusiva de los editoriales.

Ese agresivo editorial, que quedará sin duda como una más de las grandes manchas que cosecha El País en su historia, y ya son muchas, ha provocado también que veteranos dirigentes socialistas, como Josep Borrell, ex ministro de González, reaccionaran con ira: “Me da pena el comportamiento de El País. Que yo sepa, el Grupo PRISA no puede cesar al secretario general del PSOE”.

Y es verdad, los Estatutos del PSOE no lo prevén, aunque por momentos lo pareciera.

Roberto Montoya, periodista y escritor, es miembro del Consejo Asesor de VIENTO SUR

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article11737
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

domingo, 2 de octubre de 2016

PSOE: Sánchez dimite, la crisis continúa




 Jaime Pastor

Consumatum est. Desde que, tras el pasado miércoles, con el golpe de silbato de Felipe González y la dimisión del sector afín a Susana Díaz de la Comisión Ejecutiva Federal, se iniciara una ofensiva en todos los planos, con PRISA a la cabeza, contra el todavía Secretario General del PSOE, era difícil pensar que el equipo encabezado por Pedro Sánchez fuera capaz de aguantar la presión sufrida durante la reunión de del Comité Federal. Y, efectivamente, al final ha tenido que tirar la toalla después de una votación a mano alzada en la que su propuesta de Congreso ha sido rechazada por 137 votos contra 105.

Se cierra así, provisionalmente, el momento más crítico del conflicto abierto en el seno de este partido, pero sigue pendiente el debate sobre la posición que deberá adoptar el grupo parlamentario ante la previsible votación sobre la investidura de Rajoy como presidente del gobierno antes de que finalice el plazo el 31 de octubre. Sabemos cuál es la intención de la elite ganadora pero parece que todavía no lo dice con la suficiente claridad por miedo al rechazo que puede encontrar en una parte importante de la militancia. ¿Someterán a referéndum la decisión final? ¿Habrá una presión de sectores militantes de este partido a favor de esa consulta?

Desde el miércoles y culminando en la jornada de hoy hemos visto transcurrir una “guerra fratricida” en la que, dejando aparte el papel de Felipe González/1. no han faltado anécdotas vergonzosas -como el hecho de arrogarse la “única autoridad” por parte de la presidenta de la Mesa del Comité Federal- y recursos por parte de unos y otros a métodos de resolución del conflicto nada democráticos. Todo, no lo olvidemos, por un debate táctico pero sin duda con un alcance mayor porque lo que está detrás del mismo gira en torno a cómo afrontar la crisis de régimen: ¿contribuir a resolverla permitiendo gobernar al PP de Rajoy o, por el contrario, intentando formar un “gobierno alternativo” que fuera capaz de ir atrayendo al redil de la “gobernabilidad” a Unidos Podemos e incluso a un sector del independentismo catalán?

Hoy ha quedado evidente que pese al apoyo que dieron a Sánchez la y los presidentes de gobiernos autonómicos (con la excepción de la de Baleares) en el anterior Comité Federal para intentar el “gobierno alternativo”, en realidad solo esperaban a su fracaso rápido para así poder entrar luego a negociar con el PP una posible abstención ante la investidura de Rajoy. Era, pues, un “De entrada, no a Rajoy” que venía a recordarnos el que empleara Felipe González con la OTAN para convertirse luego en un ferviente atlantista. A todo esto se ha sumado el miedo a unas terceras elecciones después de ver confirmado su declive electoral con los resultados de las elecciones gallegas y vascas, aunque no se haya dado ningún argumento de peso para atribuir solo a Sánchez la responsabilidad de los mismos.

A partir de ahora se abre una nueva etapa en este partido después de uno de los momentos más críticos de su historia, solo comparable con el que se produjo a finales del año 1935 o con el vivido en 1979, aunque ambos giraran alrededor de divisorias diferentes de la de ahora. Con todo, lo que ha quedado de manifiesto con este conflicto es que la crisis de la versión española de una socialdemocracia europea también a la deriva está conduciéndola a una pérdida ya irreversible de su centralidad, de su papel clave dentro de este régimen y, en resumen, de su capacidad para ser alternativa de gobierno. Ahora sí, se acabó definitivamente el bipartidismo y entramos en una nueva fase de recomposición del sistema de partidos en el que Podemos y las “confluencias” han de jugar un papel fundamental para construir desde el empoderamiento popular y, esperemos, con aquellos sectores del PSOE que también apuesten por ello, una firme oposición al PP y al bloque de poder que le sustenta.

La resistencia (no ajena a sus propios intereses) de la fracción más institucionalizada del PSOE ante el nuevo ciclo que se ha ido abriendo desde el 15M de 2011 y el ascenso electoral de Podemos, pese a los apoyos que ha obtenido en varias Comunidades Autónomas de esta formación para poder gobernar, parece que va a seguir presidiendo el comportamiento de este partido. Se han empeñado en continuar mirando más a la derecha que a la izquierda, primero revalorizando a Ciudadanos como “fuerza del cambio” y luego temiendo hacer oposición al PP en cuestiones clave como las políticas austeritarias de la troika. Una actitud semejante han mostrado ante la demanda del referéndum por parte de una mayoría soberanista catalana: su fidelidad a un nacionalismo español excluyente y a una lectura fundamentalista de la Constitución le han debilitado más en Catalunya y Euskadi y le están reduciendo a ser un partido del “Sur”, basado en lo que todavía son sus baluartes andaluz y extremeño.

No pudiendo ser ya alternancia en el gobierno sin contar con alianzas a derecha o izquierda y con una base electoral en declive, tanto socialmente (con una clase media menguante) como en su capacidad de atracción de las nuevas generaciones y de quienes ya reconocen abiertamente la realidad plurinacional dentro de este Estado, el PSOE está conociendo una nueva mutación: si ya hace tiempo que era un partido alejado de lo que fueron las señas de identidad originales de la socialdemocracia, ahora se queda sin proyecto alternativo frente a la derecha neoliberal y además con la tarea pendiente de reconstruir, desde una oposición subalterna al PP, una coalición dominante y un liderazgo en su seno que sean capaces de ir cerrando las heridas abiertas a lo largo de esta intensa semana en la que la “guerra” ha llegado hasta extremos inéditos.

1/10/2016

Jaime Pastor es profesor de Ciencia Política de la UNED y editor de VIENTO SUR

Notas:

1/ Ver el artículo de Roberto Montoya, F.G. y Cebrián, operación acoso y derribo a Sánchez en: http://www.vientosur.info/spip.php?article11737


Fuente: Viento Sur 

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