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lunes, 17 de octubre de 2016

Reino de España: La antesala de la Tercera República



Javier Pérez Royo 16/10/2016

Nos estamos aproximando al fin de la Segunda Restauración. No hay ningún otro país europeo en el que la necesidad de reforma constitucional esté tan presente como en España. Y, sin embargo, la Reforma ni está ni se la espera

Hace unos años Christopher Clark, catedrático de Historia en la Universidad de Cambridge, publicó un libro con el título Sonámbulos. Cómo Europa entró en guerra en 1914, en el que desarrolla la tesis de que ningún país específicamente tuvo interés en poner en marcha el proceso que condujo al desencadenamiento del conflicto, pero todos, cada uno a su manera, fueron dando pasos que acabaron haciendo la guerra inevitable. Nadie quería la guerra, pero todos como sonámbulos se movieron en esa dirección. Cuando se despertaron, ya era tarde.

Entre la Europa de los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial y la España de este segundo decenio del siglo XXI es imposible encontrar semejanza alguna digna de mención y, sin embargo, la metáfora del sonambulismo que acabó conduciendo a una guerra resulta apropiada para retratar lo que está ocurriendo en España respecto de la Restauración de la Monarquía. No hay nadie en España con audiencia mensurable en términos de opinión pública que haya levantado la bandera de la República como alternativa y, sin embargo, los pasos que se están dando por todos los actores políticos y por todas las instituciones apuntan a la inviabilidad del sistema político en el que descansa la Monarquía restaurada.

En este sentido, entre la crisis política que puso fin a la Primera Restauración y la crisis que está viviendo la Segunda hay una clara diferencia. La República estuvo presente de manera inequívoca en la crisis de los años finales de vigencia de la Constitución de 1876. Hubo un Pacto de San Sebastián y hubo candidaturas republicanas en las primeras elecciones que se celebraron tras la suspensión de la vigencia de la Constitución por el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923. El triunfo de las candidaturas republicanas en las capitales de provincia en las elecciones municipales de abril de 1931 puso fin a la Primera Restauración de nuestra historia.

Nada parecido es rastreable en la crisis que está atravesando desde hace unos años la Segunda Restauración. Ni hay partidos republicanos con presencia mensurable en la sociedad española, ni hay nada que apunte a una suerte de Pacto de San Sebastián, ni nada por el estilo. De acuerdo con la serie histórica de los barómetros del CIS la Monarquía ha tenido una valoración positiva continuada desde la muerte del general Franco hasta los muy últimos años del reinado de Juan Carlos I, en los que se produjo un bajón pronunciado, habiéndose producido a continuación una recuperación tras la abdicación de Juan Carlos I en su hijo Felipe VI. Nada indica que la Monarquía entre dentro de las preocupaciones de los ciudadanos españoles. El contraste entre la Primera y la Segunda Restauración desde la perspectiva de la alternativa Monarquía/República no puede ser más llamativo.

Y sin embargo entre la crisis que fue final de la Primera Restauración y la crisis, que todavía no sabemos si será final, de la Segunda también hay semejanzas desde otras perspectivas. Fundamentalmente desde la incapacidad en ambos casos de renovarse de la única manera jurídicamente ordenada que puede hacerse en un Estado constitucional: recurriendo a la reforma de la Constitución.

La semejanza es más que notable desde esta perspectiva. En la sociedad española se fue muy consciente desde los últimos años del siglo XIX y, sobre todo, desde los muy primeros años del siglo XX, de que la Restauración de la Monarquía, tal como había sido articulada por la Constitución de 1876, ya no podía ser el marco a través del cual la sociedad española podía expresarse políticamente. Mariano García Canales, en la Revista de Derecho Político en 1981, Núm. 8, pasó revista a Los intentos de reforma de la Constitución de 1876, analizando cómo dichos intentos no pasaron de ser eso, meros intentos, que ni siquiera se ensayaron seriamente. A la altura de 1931 el edificio constitucional estaba hueco y bastó una manifestación tan subalterna del sufragio universal, como son unas elecciones municipales, para que se hundiera.

La sociedad española de este comienzo del siglo XXI también es muy consciente de que el sistema político resultante de la operación de Restauración de la Monarquía en que consistió La Transición, tal como está definido en la Constitución de 1978, no puede continuar siendo, sin reformas profundas, el marco a través del cual la sociedad española puede autodirigirse políticamente. Es una opinión mayoritaria tanto en la opinión pública como en la opinión publicada. Prácticamente unánime en la comunidad académica. No hay ningún otro país europeo en el que la necesidad de la reforma constitucional esté tan presente como en España.

Y sin embargo, la Reforma ni está ni se la espera. La Constitución española no puede ser reformada. Jurídicamente puede serlo. Pero políticamente no. Porque las decisiones constituyentes fundamentales, la Monarquía como premisa indiscutible, la composición bipartidista del Congreso de los Diputados y del Senado, y el carácter antifederal de la estructura del Estado, no se adoptaron por las Cortes elegidas por sufragio universal el 15 de junio de 1977, sino que se adoptaron por las Cortes del Régimen de las Leyes Fundamentales que aprobaron la Ley para la Reforma Política y por el Gobierno preconstitucional presidido por Adolfo Suárez que aprobó el Real Decreto-ley sobre normas electorales en marzo de 1977. Las llamadas Cortes Constituyentes harían suyas dichas decisiones predemocráticamente definidas sin introducir modificación sustantiva alguna. Las Cortes Constituyentes aceptaron un corsé para que la sociedad española pudiera hacer una síntesis política de sí misma de la que no podemos salirnos. El límite que impuso el Régimen nacido de la Guerra Civil a través de la Restauración de la Monarquía a la expresión democrática de la sociedad española nos resulta insuperable.

Por eso estamos donde estamos, en un país en el que se repiten elecciones y en el que corremos el riesgo de volver a repetirlas. Sin que nadie o casi nadie con peso significativo en la sociedad española lo esté buscando expresamente nos estamos aproximando al fin de la Segunda Restauración. La repetición de las elecciones puede muy bien convertirse en la antesala de la Tercera República.

Javier Pérez Royo Catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla.

Fuente: http://ctxt.es/es/20161012/Firmas/8962/España-tercera-Republica-Transicion-Perez-Royo.htm



miércoles, 7 de septiembre de 2016

¿Habrán comenzado los “amenes” del reinado 18 de julio juancarlista?

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Parlament cuestionado, año 2011


 Ramón Pedregal Torregrosa

Valle Inclán llamó “Los amenes del reinado isabelino” a lo que sucedió en España dos años antes de la derrota monárquica en las urnas. Llegará un momento en que se auditará la deuda pública, la historia no se detiene, y esa comisión saldrá del pueblo venciendo a los violentos del capital con régimen monárquico e instaurando la República.
1. El muro de silencio sobre las características de la deuda y sus responsables lo forman en primer término el gobierno y su otra cara, la reemplazante del PPPSOE; no se dejen engañar y no se desengañarán, no se queden en la superficie, vayan al fondo concreto de las diferencias que establecen y fomentan entre las clases sociales los servidores del capital, miren a quién defienden, qué mandatos siguen y a quién atacan y a quién quitan de la vista de todos, qué política han hecho y llevan adelante.
Hasta ahora PPPSOE, todos sus empleados estaban tan contentos entregando el dinero de los trabajadores a sus banqueros, sus empresarios y accionistas, pero a la vez tan inseguros, que, por saltaba el montaje por los aires, para que la barbaridad antisocial que hacían no quedase como obra particular, se comprometían todos respaldando con su voto cada decisión “democrática”, votaban siempre juntos, siempre iguales, y siempre sin pedir opinión al pueblo, haciendo antes, durante y después ruido con la charlatanería para distraer, salsa de tomate, abundante, para tapar lo que ponen debajo. Son un bloque, y siempre están dispuestos a ignorar, a ridiculizar y a aplastar toda protesta contra su sistema, contra ellos. Se dicen Estado mientras hacen su representación teatral, pero los verdaderamente poderosos, quienes detentan los medios de producción, quienes les manda las leyes que quieren, no hacen teatro, su círculo privado se reúne tras las cortinas y tiene una posición dominante sobre el escenario, los capitalistas son el foco cenital que ilumina a sus actores en la representación y les escrito el guión, en el les ordenan que vacíen el Estado, les han dicho que no habiendo resistencia popular quieren ejercer su poder como los señores feudales, y sus lacayos se han puesto a sacar todo lo que hay dentro.
Y ahora dicen que somos “España”, quienes siempre se han titulado “España” y han sojuzgado a su arbitrio al pueblo, extienden la culpa sobre la mayoría para hacer de la culpa su beneficio, emplean el subterfugio de lo que denominan “deuda”, que es su deuda de casino capitalista, la de sus amos financieros, para amedrentar y continuar disminuyendo nuestro nivel de vida, dicen que tenemos una deuda, ¿deuda? ¿qué deuda?. Empecemos por el principio: ¿cuánto dinero se han llevado y quiénes son los responsables?, se necesita hacer una auditoría de la deuda, una auditoría que lleve adelante un organismo que represente los intereses de quienes trabajan, una auditoría que delimite la “deuda inmoral”, la “deuda ilegal” y la “deuda odiosa”, le recomiendo el documental “Debitocracy”, en rebelion.org, día 27-05-2011, http://www.rebelion.org/noticiaphp?id=129187; también deben consultar el artículo, magnífico, “La fiesta de la deuda, el show de la violencia”, de Juan Luis Rodríguez, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=130905; otro artículo de gran calibre, este del profesor Vicen Navarro, “Los ricos y la deuda pública”, editado en rebelion.org, http://.vnavarro.org/?p=5712. La auditoría necesitará detrás a quien no hace teatro, a quien ilumina la Historia, necesitará al pueblo unido y presionando, ejerciendo poder.
2. Después de estos trazos gruesos sobre lo que viene aconteciendo, les propongo que hagan memoria y recuerden las manifestaciones en todo el Estado contra las medidas del gobierno, contra las medidas que todos sufrimos, contra las medidas que iban a aprobar, han aprobado, en el Parlamento catalán en favor de la Patronal y los Bancos, y a su vez, recuperen la grabación colgada en internet por los medios del 15M, y censurada o anulada ¿por quién cree usted?, mostrando a los autores de la violencia, a los violentos, y los violentos resultaron ser policías infiltrados entre los manifestantes. A pesar de la censura la grabación ha pasado por correo electrónico de ordenador en ordenador: se ve a un grupo que esta entre los furgones de la policía, sacando de unas bolsas algunos objetos, cómo algunos de éstos mismos individuos, lanzan botellas a los furgones de policía, y al poco cómo la gente se va separando de ellos porque los va identificando, se les va descubriendo, son hombres y mujeres, los van señalando los mismos manifestantes, y aislados se van a meter bajo unos soportales, se les ven los auriculares en los oídos, los conocidos como pinganillos, ¿alguien duda de quién recibían órdenes a través de ellos?, tapándose el rostro, para una vez allí juntos, mirar con indiferencia ante las recriminaciones que les hace la gente. Y también habrán visto y escuchado a un muchacho que se dirige a los policías pidiéndoles que reflexionen, que piensen en lo que sus patronos del gobierno van a firmar con las consecuencias nefastas también para su entorno, hermanos o hermanas, padres, madres, novias, novios, vecinos, amigos, y les pregunta “¿por qué hacéis esto?”, y los que se disfrazan, con pantalones vaqueros, piratas, calzando deportivas, con camisetas y camisas de manga corta, jóvenes más o menos musculados, los hombres van de pelo corto y tienen formado el rostro por rasgos cortantes y duros, ellas con el pelo recogido y gorras de visera, permanecen quietos, mirando con distancia y sonrisa irónica, otros con gafas oscuras, uno en un grado de impudor, de falta de conciencia y de respeto por el pueblo palestino lleva al cuello una keffiya palestina, a quien está detrás le da igual la idea más humana, lo que representa al pueblo más castigado, al más necesitado de respeto y ayuda, el personaje causa vergüenza ajena, asombro, rabia, y adoptan una postura retadora ante quienes les miran, un par de ellos en primera fila se han cubierto el rostro con buzos y gafas oscuras, miran al frente con los brazos cruzados enseñando musculatura, en la mano derecha agarran porras extensibles, son provocadores natos, se ve que tienen costumbre de enfrentarse con quienes ven como subhumanos, los rubalcabas los han entrenado para despreciar a la gente del pueblo, para considerarnos seres inferiores, y ellos, más allá de este momento que les es crítico, se sienten satisfechos, claro que sí, los rubalcabas se vuelcan en su deformación, primera trinchera de la violencia física en la defensa del orden capitalista, clones obedientes en el apaleamiento, en la retorcedura, en la violencia contra las masas: su preparación es la que requiere el mantenimiento del orden organizado para la división social, para las diferencias de clase, estos que ves ahí, reunidos bajo unos soportales, separados de la gente, sostienen esa concepción, y su ejercicio se alimenta con dinero, como compran a los mercenarios, para finar el dato de la violencia física como sentido de la vida del lumpen y más tarde como recurso estatal de la burguesía puede usted ver la película “La naranja mecánica”, verá como se promueve el terror y se legaliza después en la acción de quienes lo ejercen, y para los capitalistas y monárquicos ya saben ustedes que no hay nada por encima del dinero, no hay valores sociales, solo existe el valor de apropiación del rendimiento social, no puedo evitar recomendarles un libro que entronca con la actualidad perenne, “El Príncipe” de Maquiavelo, no dejen de leerlo, y en los servidores de ese “Príncipe” que se han recogido en los soportales se percibe en sus maneras que no les cuesta envalentonarse, violentarse con la gente trabajadora, no se reconocen en ella, algunos se ponen de costado o de espaldas en desprecio a la multitud que los mira intensamente, y ellos no se inmutan ante quienes les rodean, pero no les sale una palabra, no pueden hablarse, permanecen quietos, con apenas algún pequeño gesto, en silencio, lo que denota que no se sienten tan seguros como quieren aparentar, y llama la atención que de entre todos no hay ninguno que manifieste alguna capacidad humana de cambio, no hay en ellos rubor, principio de, o, expresión de duda, de vergüenza, de empatía con los pacíficos manifestantes, ahí están, congelados en su falta de conciencia, y, los violentos tampoco se atreven a cruzar entre quienes los han descubierto, están recibiendo órdenes a través de los pinganillos, se sabe y queda claro para todos cuando un grupo de uniformados de negro o azul oscuro, botas militares, escudos, porras, pistola, grilletes, encasquetados y con la visera de plástico bajada, y quitada la placa con su número para que no se les pueda reconocer en última instancia, esos seres, pagados para tareas de rechazo al pueblo trabajador, pasan entre la gente, la misma a la que un momento antes habían apaleado, sin que nadie se les oponga, y, llegando hasta los falsarios disfrazados de paisano, los rodean y protegen para sacarlos entre la pacífica multitud que protesta; Valle Inclán en su novela “La corte de los milagros”, hace que uno de sus personajes diga a un guardia que ha machacado a un pobre: “- ¿Por qué siendo un paria como todos los presentes se deja usted arrebatar del odio contra el pueblo?”.
3. Quienes hacen las declaraciones que tienen a continuación conocían lo aquí contado, como lo sabíamos todas las personas que siguieron los acontecimientos, con tales declaraciones buscaban, y buscaran en otro momento, criminalizar al pueblo que protesta contra sus medidas antidemocráticas, y, con la criminalización, alentar la división social, sembrar el miedo, introducir la sospecha …, lean lo dicho por Rubalcaba queriendo falsificar la realidad que ya era conocida: “Habrá firmeza con los violentos y prudencia con los pacíficos”, ¿Ha mandado detener a alguno de aquellos violentos que eran los infiltrados suyos?. Alfonso Guerra declara enérgicamente lo que sus policías deben hacer con los manifestantes: “detenerlos”. José Bono le acompaña en la idea con firmeza y alza la voz para que intervengan los mismos de la misma manera exigida por Guerra: “para eso está, ¿o para qué está la Policía?”, refiriéndose a las manifestaciones del movimiento 15M, Rosa Díez: “Esto no se puede seguir tolerando”. Sánchez Dragó: “Duro con ellos”. Hubo voces como las de Esperanza Aguirre, Ruiz Gallardón, Rajoy, que adelantaron una idea: iban a “investigar” a quienes protestaban, iban a revisar las grabaciones que hacen sus servidores, y acompañaban esas intenciones manifestadas con la sentencia de que no van a permitir que los manifestantes queden impunes, o que se permita la “impunidad”; ¿hay duda sobre los intereses de clase de quienes hacen esas declaraciones?, ¿hay duda sobre su moral y su ética?; son frases recogidas en diferentes momentos estos últimos días, son amenazas que, como siempre, dirigen contra quienes rechazamos en manifestación pública su ley electoral caciquil, contra quienes rechazamos sus imposiciones guerreras, contra quienes rechazamos su rapiña financiera-capitalista, son amenazas contra el pueblo. En tanto que se emplean es esos menesteres, también en estos días invierten en reforzar la trinchera de retorcer el lenguaje, y sus servidores escriben y hablan de cambiar, quieren un retoque para que todo siga de igual a peor para la mayoría social, van a intentar ocultar el fondo con nuevos enjuagues, hablar con palabras de serpiente, como nos recuerda el cantante Javier Krae en su canción sobre el demagogo del capitalismo Felipe González al frente del PPPSOE y su campaña sobre la OTAN; volvamos a las preguntas: ¿hay duda sobre los intereses de clase de quienes hacen esas declaraciones ?, ¿hay duda sobre su moral y su ética?. Quienes hacen esas declaraciones contra quienes protestamos ¿harán un llamamiento público a la denuncia? ¿repartirán un documento con preguntas para que rellenen porteros, vigilantes y vecinos escogidos, en el que cuenten su versión e inculpen a quienes ellos consideren?, así era el documento que repartieron los fascistas cuando tomaron Madrid, el día antes, el 1 de abril de 1939 habían sacado un edicto en el que decían: “El sentido de justicia vuelve a Madrid con nosotros para siempre”(1); ¿defenderse de los fascistas era una injusticia?, ¿defenderse de los ladrones, en términos políticos son neofascistas, es una injusticia? Y siguen haciendo subir la deuda pública, siguen entregando los bienes del Estado a las multinacionales, a los Bancos, al Vaticano, que es un paraíso fiscal, uno entre los que protegen en Europa, y alardean ¿de qué?. La paranoia de tales gentes empieza a desatarse; es el tiempo de los corruptos y corruptores, los delincuentes más peligrosos para la mayoría social; en ese escogido y reducido grupo antiobrero se advierte la mayor actividad contra los bienes sociales y sus valores humanos, quienes hacen el daño social en esta dimensión sólo son neofascistas.
4. Un ejemplo de en qué se traduce concretamente la violencia de su ejercicio legislativo contra los trabajadores: hace tan solo unos días los usureros bancarios pusieron en marcha a quienes se dedican a tarea tan infame como es llevar a cabo un desahucio, esa acción cada vez se parece más a los progroms de los nazis, 500.000 familias han sido expulsadas de sus casas desde el año 2007, pues fueron a expulsar de su casa por impago a un anciano de 74 años, un récord de valentía y conciencia social, pero además éste hombre tiene el 65% de minusvalía; igual que los policías disfrazados, ninguno de los reconocidos potentados del PPPSOE se unió a los vecinos que impidieron semejante tropelía, ninguno se reconoció en ellos, y otra vez las preguntas: ¿hay duda sobre los intereses de clase que defienden quienes crean esos aparatos y los lanzan contra el pueblo? ¿hay duda sobre su moral y su ética?.
Este acontecimiento trae consigo un dato que nos retrotrae en la Historia, el nombre de la calle es Alfonso XIII, el monarca Borbón que se fue de España cuando el pueblo votó mayoritariamente a las candidaturas republicanas, Alfonso XIII es el nombre y número que tenía el abuelo del Borbón actualmente reinante, el mismo que el dictador Franco impuso como su sucesor con la mayor violencia, crímenes, torturas, cárceles, campos de concentración, campos de trabajo esclavo, hambre y terror, para hacer volver ¡otra vez! al descendiente del apellido y su sociedad clasista, por eso el rey dijo alto y claro: “No consiento que en mi presencia se hable mal de Franco”, nada más acorde. Y para que el esperpento adquiera actualidad, les cuento: hace tan solo unos días el hijo del rey impuesto por Franco fue recibido en la Universidad Autónoma de Madrid con gritos de rechazo, la Historia le persigue y el presente le cuestiona, pueden imaginar por qué, y , a quienes le declaraban su rechazo haciendo una rima con borbones y tiburones, él, fíjense, les dirigió las siguientes palabras como recriminación: “igualdad, libertad y participación democrática”, seguro que después del encuentro en Navarra con una militante de Unidad Cívica por la República le hicieron aprendérselo de memoria, lo dijo así y se quedó tan ancho, o, ¿a lo mejor quiso decir que los que no quieren igualdad, libertad y democracia son los manifestantes?; con toda la tradición histórica mencionada anteriormente, sin más proeza que la de ser descendiente vía espermatozoide, pronuncia en voz alta principios sociales antimonárquicos, ha leído su propio negativo. Esperpento por esperpento, es la misma escuela que la de su raíz histórica, que la de su soporte: los fascistas españoles que impusieron la monarquía condenaban a los republicanos españoles por “rebelión” por haber elegido en las urnas su propia opción, republicana, de cambio de Estado y progreso social dijeron no a la España monárquica tradicionalista parasitaria que por su esencia empobrece a las grandes mayorías; el pueblo votó por la República y contra la opresión monárquica; un párrafo literario-histórico, entre otros muchos, en relación con todo esto es el que traigo aquí del gran escritor Max Aub en su novela “Campo de los almendros”, perteneciente al título general “El laberinto mágico”, pintura vivísima sobre la guerra del 36 al 39, Max Aub escribe el discurso de don Juanito Valcárcel subido a una farola ante los concentrados en el puerto de Alicante: “¡Ciudadanos! La insurrección es la garantía de los pueblos, pero los Gobiernos deben también otorgar su legítima garantía: la justicia y la virtud. La confabulación más funesta que puede urdirse contra el Gobierno es la corrupción del espíritu público, para distraerle de la justicia y de la virtud, con tal de que, perdiendo su garantía, pueda ser atacado y destruido. Vengo desde esta alta tribuna a denunciar, en nombre del Comité de Salud Pública, el perverso plan urdido contra él y, al mismo tiempo, contra el pueblo español. Vengo a deciros -amigos del pueblo, enemigos de la tiranía, ciudadanos-, ¿dónde estaríamos, adónde llegaríamos si la verdad se callara y escondiera, si el vicio reinara con toda impunidad? ¡Que la audacia de los enemigos de la libertad sea permitida a sus defensores! Cuando se establece legalmente un Gobierno, como lo fue el de la República, ¡debe conservar legítimamente todos los medios necesarios para aplastar cuanto se opone a la prosperidad pública! ¡Debemos tener el valor de anunciar al pueblo que ha llegado la hora de que todos volvamos al campo intachable de la moral; que la aristocracia se hunda en el horror de los abismos y hacer la guerra a la desenfrenada corrupción; que se haga deber ineludible la economía, la modestia, las virtudes cívicas y el hundir en la nada a los enemigos del pueblo que halagan los vicios y las pasiones de los hombres corrompidos, que arman ciudadanos contra ciudadanos para levantar de nuevo el trono y servir al extranjero!”. Esto es la elevación política de las protestas de los trabajadores en nuestros días.
5. Los manifestantes de nuestros días han hecho bien conocida una frase: “Lo llaman democracia y no lo es”, todo un resumen. Con la puesta sobre la mesa de las contradicciones económicas, políticas y sociales de este régimen ¿habrán comenzado “los amenes” del reinado del 18 de julio juancarlista? Valle Inclán llamó “Los amenes del reinado isabelino” a lo que sucedió en España dos años antes de la derrota monárquica en las urnas. Llegará un momento en que se auditará la deuda pública, la historia no se detiene, y esa comisión saldrá del pueblo venciendo a los violentos del capital con régimen monárquico e instaurando la República.

“La obra del miedo”, de Gutmaro Gómez Bravo, y, Jorge Marco. Editorial Península.
Ramón Pedregal Casanova es autor de “Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios”, edita Fundación Domingo Malagón y Asociación Foro por la Memoria (asociacion.foroporlamemoria@yahoo.es)
Fuente: Sociología Crítica

lunes, 2 de mayo de 2016

Construiremos libremente la ciudad y el país que queremos, y lo haremos sin pedir permiso







Gerardo Pisarello

A lo largo del mes de abril, el gobierno municipal de Barcelona organizó diversos actos para conmemorar el 85 aniversario de la proclamación de la República y para celebrar, en general, la plena vigencia de los valores del republicanismo democrático. Lo hizo junto a diversas entidades sociales y culturales que participaron activamente en los actos celebrados en diversos puntos de la ciudad.

Esta celebración “sin precedentes”, en palabras de algún medio conservador, ha convertido a la Barcelona soberanista de Ada Colau en capital republicana de Catalunya y de España.

A continuación, reproducimos el discurso pronunciado por el Primer Teniente de Alcaldía, y miembro del Consejo de redacción de Sin Permiso, Gerardo Pisarello, en el vermut popular organizado en la actual plaza de Juan Carlos I de la ciudad para anunciar la propuesta de cambio de nombre de este espacio.

Amigas, amigos. Estamos hoy aquí para celebrar juntos una fiesta. Una fiesta de los valores republicanos. Desde los barrios de Gràcia al Eixample, desde el Clot a Nou Barris, nos hemos convocado para celebrar juntos los valores de la libertad, la igualdad, la fraternidad, y la participación colectiva en la construcción de lo que es común. Y lo hemos hecho a bailando, cantando, asistiendo a obras de teatro y a muchas otras expresiones de cultura popular.

Sabemos que no hemos estado solos. Que en Valencia, en Zaragoza, en Cádiz, en Coruña y en muchas otras ciudades del Estado, la República ha sido celebrada, a pesar de la inquina del Ministro del Interior, con banderas y lenguas diferentes. Porque las memorias republicanas son múltiples. Así fue el 14 de abril de 1931 y así continua siendo hoy.

Seguramente, el 14 de abril no significó exactamente lo mismo para los obreros y las clases populares de Gràcia, o de lo que ahora es Nou Barris, que para las clases populares de Jaca, de Madrid, de València, de Eibar o de Getxo que también salieron a las calles para festejar el fin del antiguo régimen.

Seguramente la República no significaba exactamente lo mismo para Clara Campoamor, para la libertaria Federica Montseny o para Natividad Yarza Planas, la primera alcaldesa republicana democráticamente elegida en Catalunya.

Tampoco eran las mismas las exigencias republicanas de Francesc Macià, de Lluís Companys, de Manuel  Azaña o de Andreu Nin. La República que Castelao soñaba para Galicia no podía ser exactamente la misma que Blas de Infante pedía para Andalucía, o la que Eli Gallastegui soñaba para Euskadi.

Pero todos y todas ellas compartían un anhelo común de defensa de libertad, de la igualdad y de la fraternidad.

Se nos dice a menudo que en el mundo existen y han existido repúblicas autoritarias, injustas, poco comprometidas con estos ideales. Y es verdad. Pero también es cierto que sólo a través de repúblicas constantemente democratizadas conseguiremos generar políticas y prácticas que les hagan honor.

No estamos aquí para celebrar una República perfecta. Ninguna lo es. Tampoco la instaurada en 1931. La II República estuvo atravesada por contradicciones y errores. Pero fue un conmovedor esfuerzo colectivo que generó muchas esperanzas y que defendió valores que aún hoy continúan vigentes: la regeneración democrática, la honradez en el ejercicio de la función pública, la defensa de los derechos de las mujeres, la importancia de una educación pública y laica para la creación de una conciencia ciudadana libre. Valores todos que conservan una actualidad indiscutible.

Estamos aquí, pues, para homenajear este pasado. Pero también estamos aquí para defender un nuevo republicanismo: un republicanismo democrático, ciudadano y popular, que tiene que ser, sobre todo, un republicanismo de futuro. Desconfiemos de los republicanos del día después. De los que sin la proclamación formal de una República son incapaces de comenzar a construirla y a luchar por ella. La República debe comenzar a construirse aquí y ahora. Necesitamos construir un republicanismo del día a día y tenemos que hacerlo sin pedir permiso.

Y es que con actos como este, con movilizaciones como las que se han producido en la ciudad en estos días, ya estamos construyendo República.

Tenemos República, de hecho, cada vez que nos alzamos contra el privilegio. Cuando nos indignamos ante la  relación obscena entre política y dinero que ha promovido el actual capitalismo financiarizado. Construimos república cuando nos indignamos ante los papeles de Panamá, ante el fraude fiscal generalizado de los poderosos, y cuando defendemos una fiscalidad más redistributiva en nuestras ciudades, en nuestros municipios.

Tenemos República, también, cuando nos organizamos en defensa de la libertad ideológica y de expresión, cuando ejercemos el derecho a discrepar de los poderes de turno sin que nos lo impida ni la Ley Mordaza ni el Ministro que condecora a la Virgen o que querría a Maruhenda de gran Comisario.

Comenzamos a construir República, también, cuando nos oponemos a la precarización del trabajo y cuando defendemos el acceso igualitario a bienes comunes como la vivienda, la sanidad, los suministros energéticos o el agua.

Tenemos República, también, cuando defendemos una relación entre mujeres y hombres marcada por la fraternidad y no por el desprecio o por la violencia machista; cuando rendimos  homenaje a nuestra gente mayor, cuando nos hermanamos con tanta gente que ha venido –que hemos venido de lejos– y que hoy somos barceloneses y catalanes adoptivos y con mucho orgullo. Y construimos república, naturalmente, cuando construimos una sociedad fraterna y acogedora con quienes están huyendo del hambre, de la persecución y de la guerra en tantos rincones del mundo.

Esto ya es hacer República. Y también es construir República recuperar la memoria. Recuperar la memoria democrática, popular, que tantas veces ha sido menospreciada y olvidada.

Y por eso queríamos hacer estos actos, con la gente de los diferentes barrios de la ciudad. Porque Barcelona es una ciudad eminentemente republicana. En el barrio de Gràcia, por ejemplo, se recordaba hace una semana la Revuelta de las Quintas, que fue un levantamiento ciudadano, republicano, contra el militarismo, contra el centralismo autoritario, y que aún hoy nos interpela. También en Gràcia, en el año 1873, Baldomer Lostau, miembro de la Primera Internacional, proclamó el Estado catalán dentro de la República Federal Española.

Nosotros no podemos olvidar esta memoria. Porque al evocarla también estamos defendiendo el derecho a vivir el presente y el futuro sin miedo. Barcelona tiene un obelisco en el centro de la ciudad, en la confluencia de Diagonal con Paseo de Gracia, que tiene una larguísima historia. Es un monumento originariamente republicano, de homenaje a la República y de homenaje al padre del republicanismo, uno de los grandes padres del republicanismo federal en Catalunya, que fue Francesc Pi i Margall (defensor, por cierto, de un federalismo que se basaba en la idea del pacto, sí, pero del pacto construido desde abajo, entre libre e iguales; no de un pacto impuesto, centralizador y hostil a la diversidad).

Durante la dictadura franquista, este espacio pasó a llamarse Plaza de la Victoria. Era un nombre de venganza y de odio. Y cuando llegó la monarquía parlamentaria después de la transición, en 1981, se volvió a cambiar el nombre y pasó a llamarse Juan Carlos I.

En una nota breve publicada en el diario Ara, el periodista Antoni Bassas recordaba que aquel cambio de nombre se produjo inmediatamente después del intento de golpe de estado de Tejero el 23 de febrero de 1981. En un momento –recuerda él– en el que en Barcelona mucha gente sentía que había que quedar bien con el ejército y con la monarquía. El cambio de nombre, de hecho, se produjo después de un desfile militar, con más de 13.000 soldados, con carros blindados desfilando por Barcelona. En aquel momento gobernaba la ciudad Narcís Serra, del PSC, junto al PSUC. Tras el intento de golpe, el ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol había regalado al ejército una gran bandera española, al pie de la cual se bailaron sardanas. Incluso un dirigente republicano convencido como el entonces presidente del Parlamento de Catalunya, Heribert Barrera, asistió a estos actos.

Nosotros no estamos hoy aquí para juzgar aquellas circunstancias, y menos todavía para juzgar a muchísima gente honestamente republicana a la cual le tocó vivir aquella época. Pero sí que estamos aquí para dejar claro que el tiempo del miedo se ha acabado. Y que nosotros, en el año 2016, aquí y ahora, construiremos libremente la ciudad y el país que queramos, y lo haremos sin pedir permiso a nadie.

Por eso, al proponer recuperar para esta plaza el nombre popular, barcelonés, de toda la vida, de Cinc d’Oros, lo que pretendemos es mostrar que una ciudad sin miedo debe poder hablar de estos temas con naturalidad. Por salud democrática.

Ciertamente este espacio, como muchos otros de la ciudad, podría llevar otros nombres. Podría ser perfectamente un lugar dedicado a hacer visible la memoria de miles de mujeres y hombres célebres o anónimos que han contribuido a mejorar esta ciudad y que han sido injustamente olvidados. Podría ser también un lugar emblemático de homenaje a la idea de República, o a las Repúblicas democráticas, o a la República catalana o a la Tercera República española. Pero lo importante, hoy, aquí, es que ese debate pueda producirse en libertad, con la participación de los vecinos y vecinas de la ciudad.

Porque lo importante, hoy, es recuperar estas memorias democráticas que son fundamentales para construir un nuevo republicanismo ciudadano, popular, de futuro. Un nuevo republicanismo que no vendrá, como no ha venido nunca, de mano de las élites de siempre, sino que debe comenzar a construirse aquí y ahora, con la implicación activa de la gente común, de las clases populares de nuestra ciudad.

Y para poder hacerlo, seguramente, deberíamos aplicarnos, todos, aquellas máximas de otra figura insigne del catalanismo popular, Josep Anselm Clavé, que continúa teniendo hoy plena vigencia: instruyámonos, y seremos libres; asociémonos, y seremos fuertes; querámonos y seremos felices.

Muchas gracias, ¡que viva Barcelona y que viva la República!

Gerardo Pisarello

miembro del comité de redacción de sinpermiso

Fuente:

www.sinpermiso.info, 1 de mayo de 2016

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