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jueves, 1 de septiembre de 2016

China y Siria


Aunque se desconoce su verdadero contenido, hoy se sabe que las fuerzas armadas de la República Popular China y de la República Árabe Siria concluyeron un acuerdo que modifica simultáneamente el campo de batalla y el equilibrio de las relaciones internacionales. Los servicios secretos anglosajones divulgaron el pasado año toda una serie de falsedades absurdas sobre ese tema. En este trabajo, Thierry Meyssan pasa en revista la significación de dicho acuerdo.


por Thierry Meyssan


A pesar de haberse producido en el marco de una serie de contactos con el conjunto de los países de la región, la presencia en Siria del almirante Guan Yufei, jefe del nuevo Departamento de Cooperación Militar Internacional de las fuerzas armadas chinas, ha despertado inquietud en Occidente. Por el momento, según el acuerdo firmado, las fuerzas armadas de la República Popular China se comprometieron solamente a formar en China a miembros de los servicios de salud de las fuerzas armadas de la República Árabe Sirio. Pero todo el mundo intuye que este acuerdo puede ser la parte visible del iceberg dado el hecho que ya hace 4 años que la mitad de los médicos militares sirios se forman en China. Aunque se ignora lo que realmente se decidió durante la visita, la mera existencia de este acuerdo constituye un cambio de naturaleza estratégica.

En efecto, durante los últimos 5 años, la República Popular China se abstuvo de asumir cualquier forma de cooperación que pudiese ser interpretada en Washington como una ayuda de carácter militar. Y no sólo se abstuvo de toda entrega de armamento sino incluso de proveer a Siria algún tipo de equipamiento civil indispensable en el tipo de conflicto que enfrenta este último país, como el equipamiento capaz de detectar la existencia de túneles.

Independientemente de la enorme envergadura económica actual de Pekín, muchos recuerdan probablemente que, a inicios de 2012, Rusia había firmado con Siria un acuerdo similar, documento que ya prefiguraba la asistencia militar rusa iniciada 3 años y medio más tarde. ¿Será que China está preparando su propio despliegue?

Es muy probable que la respuesta dependa de la rapidez del despliegue estadounidense en el Mar de China y de las provocaciones de los aliados de Washington en la región.

En todo caso, el interés de China por Siria data de la Antigüedad y la Edad Media. La célebre Ruta de la Seda atravesaba el Asia Central y pasaba por Palmira y Damasco antes de bifurcar hacia Tiro y Antioquía. Exceptuando la pagoda representada en los mosaicos de la Gran Mezquita de los Omeyas, en Damasco, poco queda actualmente de aquella lejana cooperación comercial. Pero el presidente chino Xi Jinping ha convertido en principal objetivo de su mandato la recuperación de esa vía de comunicación y la creación de una segunda Ruta de la Seda a través de Siberia y Europa.

El otro gran interés de Pekín es la lucha contra el Partido Islámico de Turquestán, afiliado sucesivamente a al-Qaeda y al Emirato Islámico (Daesh). Hoy existe un barrio uigur [1] en Raqqa, ciudad siria actualmente bajo control del Emirato Islámico, y este último incluso publica un diario especialmente dirigido a los miembros de ese Partido.

Los miembros de ese grupo se vinculan con la Orden de los Naqchbandis, una congregación sufista en la que fue líder el ex Gran Muftí de Siria, Ahmad Kuftaru. En 1916, varias logias de esa orden se acercaron a la Hermandad Musulmana, bajo influencia de los servicios secretos anglosajones, la CIA y el MI6. Los Naqchbandis participaron así en la creación de la Liga Islámica Mundial, por parte de Arabia Saudita, en 1962. En Irak, los Naqchbandis se organizaron alrededor de Izzat Ibrahim al-Duri y respaldaron el intento de golpe de Estado organizado en Siria por la Hermandad Musulmana, en 1982. En 2014, proveyeron 80 000 combatientes al Emirato Islámico. En Turquía, los Naqchbandis crearon la Milli Gorus, entre cuyos responsables se hallaba un tal Recep Tayyip Erdogan. Fueron también los Naqchbandis quienes organizaron, en los años 1990, los movimientos islamistas surgidos en el Cáucaso ruso y en la región de Xinjiang, en China.

Incluso más que los rusos, los chinos necesitan datos de inteligencia sobre ese movimiento y sobre la manera cómo Washington y Londres lo controlan. En 2001, los chinos creyeron, erróneamente, que los anglosajones habían cambiado después de los atentados del 11 de septiembre y que colaborarían entonces con la Organización de Cooperación de Shanghai en materia de lucha contra el terrorismo. Hoy en día, 15 años después, ya saben que Siria es un auténtico amigo de la paz.

Thierry Meyssan
Fuente: Al-Watan (Siria) - Red Voltaire

jueves, 7 de julio de 2016

Maquiavelismos con calor africano


La investidura comienza a depender del PSOE, con Pedro Sánchez sumergido

ENRIC JULIANA
Mariano Rajoy va a tener que sudar para formar Gobierno. El Partido Nacionalista Vasco, que tiene la acción de oro de la nueva legislatura, dejó ayer una cosa muy clara: no cerrará ningún pacto con el Partido Popular hasta después de las elecciones de octubre en Euskadi. Unos comicios que los de Sabin Etxea van a tener que jugar obligatoriamente por la banda izquierda, sin concesiones demasiado visibles al poder central español.

El PNV necesita neutralizar a Bildu y frenar al pujante Podemos vasco (vencedor de las elecciones generales en Euskadi en diciembre y junio), para asegurarse una legislatura tranquila con apoyo socialista. Neutralizar a Arnaldo Otegi y frenar a Podemos, que a su vez resta votos a Bildu con un izquierdismo totalmente ajeno a los rescoldos de ETA. Si los números fallan, Iñigo Urkullu deberá explorar en otoño el apoyo del Partido Popular en el parlamento de Vitoria y entonces las acciones del PNV en Madrid valdrán la mitad. Esa es la cuestión. Aitor Esteban, abogado de Deusto, portavoz del peneuvista en el Congreso, sugirió ayer a Rajoy que no tenga prisa por poner en marcha el reloj de los sesenta días. Que deje pasar el tiempo. Los vascos son únicos.

Sabin Etxea no está disponible hasta octubre. Sin sus cinco escaños, la abstención del PSOE es del todo imprescindible para la investidura. El apoyo de Ciudadanos no bastaría y todo indica que Albert Rivera, Juan Carlos Girauta e Inés Arrimadas no tienen muchas ganas de acabar sirviendo los cafés en la mesa del Consejo de Ministros. El joven grupo dirigente de Ciudadanos reivindica su autonomía política.

Primera posibilidad. Una abstención socialista orgullosa de sí misma, con la cabeza alta, en plan SPD alemán, bendecida por Felipe González, basada en una negociación programática que debería incluir la reforma constitucional.

Segunda posibilidad. Abstención vergonzante a última hora, con la cabeza baja, mirando de reojo a Podemos, después de que el PP llegue a un acuerdo con Ciudadanos para disponer de una plataforma estable de 170 diputados.

Tercera posibilidad. Explorar una mayoría alternativa con Ciudadanos y Podemos. Los socialistas catalanes y baleares empujan en esa dirección. Podemos envía mensajes maquiavélicos: “ahora sí estamos dispuestos”. Puesto que esta vez PSOE y Ciudadanos (117 diputados) suman menos que el PP (137), la alianza quedaría en manos de Unidos Podemos (71). Es casi imposible que Ciudadanos juegue esa baza. González y la vieja guardia la vetarían, y el socialismo meridional (31 diputados, entre andaluces, extremeños y castellano-manchegos) amenazaría con no votar.

Pedro Sánchez, sin embargo, podría tener la tentación de someter el no al PP al referendo de la militancia socialista, lo cual dejaría a los barones sin margen de maniobra. Hay miedo en el PSOE a que Sánchez, sintiéndose acosado, recurra al dispositivo plebiscitario. Pies de plomo ante el comité federal del domingo.

El PSOE tiene la pelota en su tejado, con un liderazgo precario. Pese a su derrota en Andalucía, Susana Díaz no renuncia al asalto, y ya comienza a insinuarse una tercera vía en la persona del joven socialista aragonés Ignacio Urquizu, brillante sociólogo.

Cuarta posibilidad. Terceras elecciones.

(Y en Madrid estos días el calor es africano).

Fuente: La Vanguardia

martes, 1 de marzo de 2016

Historia de un abrazo


 
'El abrazo', cuadro del valenciano Juan Genovés
'El abrazo', cuadro del valenciano Juan Genovés



El cuadro que esto días simboliza la necesidad de acuerdos estuvo treinta años en un sótano

Enric Juliana, Madrid
Hay un cuadro que está saliendo mucho en los periódicos y en los noticiarios de televisión después de pasar un montón de años en el cuarto oscuro. Estamos hablando de ‘El abrazo’, de Juan Genovés, considerado uno de los símbolos pictóricos de la transición. El lienzo se exhibe desde hace tres meses en el Congreso de los Diputados después de haber permanecido varias décadas en los depósitos del Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Treinta años de oscuridad. Ahora hay bofetadas por retratarse junto a la pintura reencontrada.
Pedro Sánchez y Albert Rivera eligieron ‘El abrazo’ como telón de fondo de su primera comparecencia pública –por separado– para anunciar las bases del acuerdo programático entre el PSOE y Ciudadanos. El grupo negociador socialista se fotografió al completo frente a la obra de Genovés. Lo propio hizo el equipo de Ciudadanos. Estaban encantados. En Madrid ya hay quien propone que el acuerdo para el Gran Centro pase a denominarse el Pacto del Abrazo. La idea es del periodista Pedro J. Ramírez, buen fabricante de titulares.
Juan Genovés (Valencia, 1930) pintó el cuadro unos meses después de la muerte del general Franco, invocando la reconciliación entre los españoles. Hijo de familia republicana y buen conocedor de las penalidades de la posguerra, el autor es un hombre hecho a sí mismo. Su pasión por el arte despertó entre estufas de carbón y cartillas de racionamiento. Comenzó decorando muebles infantiles y a los treinta y tantos años ya exponía en la bienal de Venecia. Poco a poco se hizo un hueco en la capital y en los ambientes intelectuales antifranquistas, de la mano del crítico José María Moreno Galván. Realismo social. Compromiso político. Cuando en 1976 pinta ‘El abrazo’ ya forma parte del círculo de artistas del Partido Comunista de España. El cuadro ilustró un cartel de la Junta Democrática (primer organismo unitario de la oposición española) en favor de la amnistía y Genovés fue detenido por ello. Años después, ‘El abrazo’ inspiró el monumento que recuerda el asesinato de los abogados laboralistas del PCE en un despacho de la calle Atocha de Madrid, en enero de 1977. La actual alcaldesa Manuel Carmena salvó la vida de milagro en aquel atentado, cometido por un grupo de sindicalistas ultras, muy bien armados. La matanza de Atocha fue uno de los avisos que pautaron la transición.
Comprado por un coleccionista de Chicago, ‘El abrazo’ fue recuperado por el Estado español a iniciativa del Gobierno de Adolfo Suárez. Pasó a formar parte del fondo del Reina Sofía, pero alguien decidió mandarlo al almacén. Allí permaneció durante treinta años hasta que los diputados de Izquierda Unida propusieron su exhibición en el Congreso con motivo del 35º aniversario de los asesinatos de Atocha.
Llegó al Parlamento el pasado 7 de enero con los resultados electorales aún calientes. Y ahora nadie se explica como esa obra pudo estar tantos años encerrada en un sótano. Ha regresado a la luz en el momento oportuno. ‘El abrazo’ preside estas semanas la complejidad española. La complejidad y la paradoja. El cuadro anima al acuerdo, estimula pactos e inspira centrismos. Y su autor se declara partidario de Podemos.
 
Enric Juliana | Enric Juliana Ricart
Enric Juliana Madrid
Fuente: La Vanguardia

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