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domingo, 10 de julio de 2016

La propaganda de la Unión Europea contra Rusia



El Parlamento Europeo podría adoptar, el 12 de julio de 2016, una resolución sobre «las comunicaciones estratégicas de la Unión Europea».

Impulsada por el estadounidense Zbigniew Brzezinski y varias personalidades polacas que ya lanzaron una «iniciativa por la guerra de la información» contra Rusia en el Center for European Policy Analysis (CEPA), en Washington, la OTAN ya creó un Centro de Comunicaciones Estratégicas, en Letonia, y la Unión Europea se dotaría ahora de una estructura similar.

El objetivo es centralizar todos los esfuerzos de manipulación de los medios de difusión, hasta ahora divididos por perfiles, en guerra sicológica, propaganda, etc.

El programa inicial estaba enteramente dirigido contra Rusia. Sólo en los últimos meses se agregó una línea de trabajo contra el Emirato Islámico (Daesh), pero no contra el yihadismo.

Durante la lectura de los documentos internos de la OTAN y de la Unión Europea, tuvimos la sorpresa de ver que el nombre de uno de los autores de la Red Voltaire aparece citado entre supuestos jefes de la propaganda rusa en Europa, síntoma de que los trabajos de los anti-rusos no son especialmente serios.

La Unión Europea dispone actualmente de un grupo de trabajo para las comunicaciones estratégicas hacia el este (East StratCom Task Force), que forma parte de su Servicio de Acción Exterior (EEAS). Este grupo envía sistemáticamente (2 veces por semana) a varios cientos de periodistas toda una serie de elementos que los receptores deben introducir en sus artículos para tratar de desacreditar los medio de prensa rusos.

A pesar de que dedica un enorme presupuesto al financiamiento de los medios de difusión, la Unión Europea está extremadamente inquieta luego de haber perdido el control de Euronews y ante el marcado aumento de los índices de audiencia de la agencia de prensa rusa Sputnik y del canal informativo de televisión ruso Russia Today.

La resolución tendiente a instaurar un verdadero servicio de comunicaciones estratégicas en la Unión Europea será introducida a través de un informe de la ex ministra polaca de Relaciones Exteriores, Anna Elzbieta Foty
Fuente: Red Voltaire

domingo, 29 de mayo de 2016

La guerra contra la Historia, una campaña de la OTAN a largo plazo


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La OTAN es una alianza que existe desde tiempos inmemoriales, que liberó Europa del nazismo y nos protege del aterrador oso ruso. Al menos eso es lo que quieren hacernos creer. Como la verdad histórica es muy diferente, la alianza atlántica trata de reescribirla. Tarea a largo plazo y de oscuras consecuencias.




Alerte: Cuando ya habíamos publicado este artículo en otros idiomas, su autor fue encarcelado, según indica el coordinador de los servicios secretos de Polonia.

Varsovia acogerá la cumbre de jefes de Estado y de gobierno de la OTAN, que realizarán una reunión del Consejo del Atlántico Norte los días 8 y 9 de julio de 2016. Esta 25ª cumbre de la alianza atlántica desarrollaría el acuerdo concluido en 2014 en Newport. Se tratará principalmente de instalar en el este de Europa la Fuerza de Acción Rápida para defender el flanco oriental de la alianza. El ministro polaco de Relaciones Exteriores, Witold Waszczykowski, ya anunció que durante esa cumbre se anunciará la instalación de bases militares permanentes de Estados Unidos y la OTAN en territorio polaco.
Se prevé la presencia de 2 500 participantes y de 1 500 periodistas extranjeros. El estadio nacional, en pleno centro de Varsovia, ha sido puesto al servicio de este acontecimiento. Se han reforzado todas las medidas de seguridad, tanto para enfrentar posibles amenazas terroristas como para evitar las manifestaciones anunciadas por varios partidos que se oponen a la realización de esa cumbre.
Paralelamente a la preparación de ese encuentro, se ha desarrollado una intensa campaña de prensa cuyo principal objetivo es exacerbar el miedo a las acciones y planes supuestamente agresivos de Rusia. La guerra contra la memoria forma parte de esta campaña a largo plazo. Es importante reconocer aquí que la reevaluación de los hechos históricos y la negación del papel de la Unión Soviética en la gran victoria de 1945 tienen cierto basamento histórico en los países bálticos y Rumania. Es por eso que los autores de la «historia» de la OTAN se refieren, lo más a menudo posible, directamente a los movimientos locales que colaboraron con la ocupación nazi, presentando sus acciones como ejemplos de la «lucha por la independencia» contra la Unión Soviética.
Esto se ve de manera muy diferente en Polonia, donde resulta bastante difícil encontrar respaldo para la tesis que afirma que la liberación no salvó al pueblo polaco del genocidio hitleriano. La revisión de la historia moderna se ha coordinado aquí con organismos públicos como el «Instituto Polaco de la Memoria Nacional». Todas estas actividades apuntan a evitar la disonancia cognitiva, de tal manera que la población del este de Europa no pueda ver los monumentos que recuerdan que el Ejército Rojo liberó esa parte del continente de la ocupación nazi. El objetivo es imponer la idea de que es Rusia el eterno enemigo y agresor.
La revisión de la percepción misma de los hechos históricos es parte de esa guerra a largo plazo, constituye un proyecto bastante complejo y es un objetivo imposible de alcanzar en sólo los 2 meses que preceden la celebración de la cumbre de la OTAN. Pero es posible realizar otros esfuerzos en ese sentido.
En el marco de la guerra mediática, los medios de difusión del este de Europa publican constantemente documentos sobre el despliegue de armamento nuclear en la región de Kaliningrado y presentan la existencia de esa región como territorio de la Federación Rusa como si representara una amenaza para la existencia misma de los países vecinos. Un papel similar le otorgan esos medios, en el flanco sur, al territorio conocido como Transnistria. O sea, utilizan a Kaliningrado para atemorizar a los pueblos bálticos y a los polacos y hacen lo mismo con la Transnistria para espantar a los rumanos y, en menor medida, a los búlgaros en la escalada de percepción de la supuesta amenaza rusa.
La guerra mediática se desarrolla de forma sistemática y profesional. Todo comenzó con la necesidad de preparar a la opinión para el despliegue de sistemas [estadounidenses] de «defensa» antimisiles en el este de Europa.
Con el proceso de normalización de las relaciones entre Occidente e Irán, los responsables de las relaciones publicas de la OTAN se han visto finalmente obligados a reconocer que sus sistemas de misiles están destinados exclusivamente a enfrentar la imaginaria «amenaza rusa».
Polonia está tratando de desempeñar un papel de primer plano en la carrera armamentista emprendida en las zonas del norte y del Báltico, del este de Europa. Por su parte, Rumania trata de tomar la iniciativa alrededor del Mar Negro. Pero eso le resulta especialmente difícil en la medida en que Turquía ha estado actuando allí como jefe de la coalición anti-rusa desde hace un semestre. Y se trata de la misma Turquía que ya ha mostrado ciertas ambiciones geopolíticas.
Bucarest está tratando, sin embargo, de utilizar la total ausencia de confianza de Washington hacia Recep Tayyip Erdogan para prestar otros servicios al Pentágono. La iniciativa planteada por el ministro rumano de Defensa, Mihnea Motoc, para crear en el Mar Negro una flota militar con la participación de la OTAN, que estaría representada en esa fuerza naval por Estados que no son aún miembros de esa alianza –Ucrania y Georgia–, forma parte de esa maniobra.
La preparación de la cumbre ha sido cuidadosamente supervisada por el Departamento de Estado estadounidense. El adjunto de John Kerry, Anthony Blinken, visitó cierto número de países del este de Europa y las conversaciones que sostuvo con sus colegas de esos países giraban alrededor de un solo punto: los antiguos miembros del bloque del este deberían apoyar sin reservas la posición de Washington durante la cumbre, en particular en lo tocante al dispositivo que la OTAN está construyendo en su flanco oriental y su financiamiento por los presupuestos nacionales.
Blinken afirmó que Rusia tiene intenciones de provocar a las fuerzas de la OTAN antes de la cumbre. Como prueba de su afirmación mencionó las patrullas de la fuerza aérea rusa sobre el Mar Báltico. Pero evitó mencionar que lo que dio lugar al patrullaje ruso es la presencia allí de navíos de guerra estadounidenses que probablemente violan el Tratado INF [1]. Según los estadounidenses, es mejor no mencionar ese punto en el marco de la guerra mediática.
Blinken ha arreglado las cosas de manera tal que el presidente de Estados Unidos se sienta a gusto en la capital polaca. Para crear el mejor ambiente posible para la cumbre, Varsovia ha prohibido la realización de cualquier tipo de manifestación durante ese encuentro, agitando para ello –claro está– el argumento antiterrorista.
Todo eso se ha hecho para garantizar la comodidad del amo de la nueva Europa proestadounidense. Pero los gastos oficiales del ministerio polaco de Defensa vinculados a la organización de esa cumbre se elevarán a 40 millones de dólares, información que podría convertirse en fuente de malestar y llevar al pueblo polaco a acrecentar la tensión durante la cumbre.
[1] «Escalada nuclear en Europa», por Manlio Dinucci, Il Manifesto (Italia) ,Red Voltaire, 20 de abril de 2016.
Mateusz Piskorski
Mateusz PiskorskiDirector del Centro Europeo de Análisis Geopolítico (Varsovia).


jueves, 26 de febrero de 2015

Ucrania: mejor la “solución belga” que la “solución polaca”

 

BRUSELAS

 

Nazanín Armanian

La guerra intercapitalista de Ucrania, de momento, es de los “caos controlados”, a pesar de su complejidad por numerosos escenarios en los que intervienen diversos actores con sus cambiantes, opacas y contradictorias intenciones.

El conflicto, que ya se ha cobrado la vida de al menos 60.000 personas y ha obligado a huir a cientos de miles, se ha enquistado. Los federalistas afines a Rusia, a pesar de carecer de una estructura de mando político-militar coordinada, van ganando posiciones al Gobierno de Kiev. La desastrosa situación económica y la corrupción de un equipo disfuncional de dirigentes están entre los factores que impiden que una institución prestamista como el FMI le entregue al Ejecutivo de Petro Poroshenko los 17.000 millones de dólares pactados en el Acuerdo Stand-By de abril del 2014, y eso a pesar de ser una cantidad menor que el desembolsado para el “rescate” de Grecia y de España, y que Ucrania sea más estratégica que dichos países.

El propio Banco Mundial prevé que el PIB de Ucrania para 2015 bajará del -1% al -2,3%.  Además, no ve ni una señal de una futura estabilidad política: ¿podrán los ucranianos tan polarizados confiar en un Poroshenko que ha sido incapaz de recuperar las zonas bajo el control de los federalistas, y mucho menos Crimea, u obtener un apoyo determinante de Occidente? Una de las condiciones para recibir ayudas por el país de la fracasada “revolución naranja” es la realización de reformas estructurales, entre ellas, privatizar gran parte de su industria, algo pendiente de hacer.

Una Ucrania  y  tres soluciones

En este conflicto, al igual que en la mayoría, el pueblo no tiene ni voz ni voto, siendo las potencias internacionales quienes decidirán su destino, hoy en desacuerdo sobre cómo repartir los espacios de influencia:

 

VARSOVIA

1. Desde EEUU ofrecen varias salidas:

a) La “solución polaca”: integrar Ucrania en la estructura de la OTAN y en la UE, y mimarle como país hostil a Rusia. Los halcones republicanos y demócratas insisten en el envío de armas pesadas al Gobierno de Kiev (o sea, declarar la guerra a Moscú), con el fin de asestar un golpe mortal a Rusia, rebajar su estatus de “país núcleo” en el escenario mundial a “periferia”, derrocar al presidente Putin, romper la Federación Rusa, y acabar con los BRICS y la organización de Cooperación de Shanghái (la OCS);

b) La finlandización de Ucrania propuesta por Zbigniew Brzezinski, el exasesor de Seguridad Nacional del presidente Carter, para que así se convierta en un mercado abierto a Rusia y a los occidentales, sin integrarse en ninguna alianza militar;

c) La peculiar propuesta del presidente Obama: ejercer la paciencia estratégica. El desastroso resultado de la intervención en Libia, a la que se había opuesto, le ha servido a Obama para negarse a lanzar un ataque a Siria y no intervenir militarmente en Ucrania. Prefiere seguir con sus opciones favoritas: sanciones económicas y presión militar a Rusia. ¿Para conseguir qué? ¿La devolución de Crimea? Parece que Obama no conoce la “doctrina Putin”, y que tales amenazas no sólo no cambiarán su postura, sino que harán que utilice sus bazas con Irán y su programa nuclear, o en Afganistán, donde  miles de soldados de la OTAN dependen del equipamiento militar que reciben desde Asia Central, gracias al Kremlin.

2. Desde Alemania, Ángela Merkel, pragmática, sin ideas estratégicas, y a pesar de que su país es rehén de los 50.000 soldados estadounidenses instalados en su territorio, mira los intereses de su economía, sus banqueros y sus empresas: Rusia se presenta así con mucha mayor importancia que Ucrania, y no sólo por ser la reina energética, sino también por su peso político en el tablero mundial. Por lo que se opone a la otanización de Ucrania (en parte porque prefiere consolidar su posición dentro de la Alianza, en vez de llenarla con esos molestos países del Este que hacen de peón de Washington), y tampoco defiende con determinación la entrada de otro país en crisis en la UE. Es más, Berlín es consciente de que el segundo gran objetivo de EEUU en provocar una guerra en Ucrania, después de sacarle a Kiev de la esfera de la influencia rusa, ha sido impedir una alianza ruso-germana que algún día llegue a controlar Eurasia, el “corazón del mundo” (que prevé la “Teoría Heartland”). O, quién sabe, quizás espera que Rusia siga desintegrándose sin violencia, como lo ha hecho hasta hoy. En este país, la doctrinaOstpolitik (normalizar las relaciones con el Este de Europa) sigue teniendo sus defensores desde la era soviética, y hoy aboga por una alianza energética entre la UE y Rusia, y su inclusión en la estructura de seguridad europea.

Entre las medidas de Merkel para encontrar una salida política al conflicto está ofrecerle a Kiev un préstamo de 1,6 millones de euros, con la condición de que no sea invertido en operaciones militares en las provincias fronterizas con Rusia. Putin ha aplaudido el gesto de la canciller, ya que además así podrá cobrarle a Poroshenko lo que le debe por el gas vendido. Total: el dinero permanece en el mismo círculo de la oligarquía europea.

La UE que lidera Merkel está perdiendo cientos de millones de euros por culpa de las sanciones impuestas por Washington a Rusia. Las inversiones de cerca de 3.000 compañías alemanas se han visto afectadas. A la Europa Occidental le está saliendo muy caro seguir la política hostil de la Casa Blanca hacia Rusia y su absurda e infantil división maniquea del mundo entre los prooccidentales y los enemigos.

3. A los rusos les gusta más la “solución belga”: neutralidad reconocida y garantizada de una Ucrania federal que respete los derechos de sus minorías. Bélgica declaró en 1830 su independencia del Reino de los Países Bajos, y a pesar de que Francia estaba tentada en anexionarse la ciudad de Bruselas, al final aceptó la propuesta de los demás grandes de Europa de respetar su integridad territorial y su neutralidad permanente. La misma neutralidad reconocida internacionalmente de la que goza también Suiza. En pocas palabras, una Ucrania federal, neutral, y con actuales fronteras.

Confusión sobre la postura de Kremlin

Las relaciones entre Moscú y los rusos de Ucrania no son las del “amo y sus peones”. Aunque les unen algunos intereses, lo cierto es que el principal objetivo del equipo de Putin es impedir con todas sus fuerzas la adhesión de Ucrania a la OTAN, mientras la  prioridad de los federalistas rusos de Ucrania es el derecho a la autonomía.

Con el fin de garantizar su seguridad, Moscú sí que intenta mantener el control sobre la minúscula zona liberada del país, como medida de presión sobre el Gobierno cliente de Kiev, sin querer ser dueño de ella: los altos costos de mantener a millones personas se juntarían con los de reconstruir las zonas devastadas, y hoy por hoy, Moscú no está para estos gastos, por lo que ayudaría a los separatistas en su justa medida: ni tan poco para que sean aplastados por Kiev, ni tanto para que provoque la desintegración del país. De hecho, el Kremlin reconoció al Gobierno el resultado del golpe de Estado de Kiev para toda Ucrania.

Rusia, en sus negociaciones con los europeos, intenta conseguir un acuerdo global para poner fin a la crisis, pues un “conflicto congelado”, duradero y eterno en Ucrania permitiría a EEUU armar a Kiev, sin que Moscú pudiese continuar sufragando la asistencia militar a los separatistas y la ayuda humanitaria a millones de personas afectadas por la guerra durante mucho tiempo. Además, algunos grupos rebeldes, con el tiempo, pueden alcanzar un acuerdo con Kiev.

Para alcanzar tal objetivo, con sus propuestas están provocando un choque de intereses entre los halcones de EEUU y la UE, pero también en el seno de ambos espacios por separado: en Washington aíslan a los belicistas, y en la UE, llegan a acuerdos con Alemania y Francia en perjuicio de las posturas rancias de Lituania o Polonia.

Putin pide a Merkel y a Hollande que se opongan a más sanciones (que expiran en julio) y que alivien las actuales que pesan sobre su economía. En otro frente, el militar, espera mayor división en el seno de la OTAN entre los defensores de una intervención bélica y sus detractores.  De momento, celebra que la Turquía “antirusa” haya dejado de serlo, para acercar posiciones a  Moscú (a pesar de que Obama, como castigo, esté aumentando el poderío militar de la Autonomía Kurda de Irak), o que el izquierdista Alexis Tsipras, el líder de Grecia, otro país de la OTAN, se reuniera el mismo día de jurar su cargo con el embajador de Rusia. El país heleno, desvalijado por sus socios europeos, es un gran candidato para convertirse en un sólido aliado: también profesa la ortodoxia cristiana, y puede ser la ruta de tránsito de gas a la UE, junto con Turquía.

***

Es obvio que Ucrania tiene gran peso en las agendas de Putin, Obama, Merkel y Hollande, pero no tanto para que por ella inicien una guerra abierta.  Eso sí, puede que en esta guerra “delegada” (Proxy) firmen un mal acuerdo con el fin de sacar ventajas al otro, pero es dudoso, ya que los intereses compartidos están demasiado entrelazados. Todo está bajo el control, de momento, en esta “paz caliente”.

FUENTE: PUBLICO.ES

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