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martes, 15 de noviembre de 2016

"Unidos Podemos de momento no es un movimiento político y social, pero tiene que aspirar a ello"



Alberto Garzón, en la redacción de eldiario.es. MARTA JARA



ENTREVISTA: Alberto Garzón (IU)


Garzón defiende que Unidos Podemos evolucione hacia un "sujeto político" de momento indefinido: "Uno puede deducir de las palabras de Pablo Iglesias, de sus discursos y de su práctica, que está de acuerdo también en el objetivo"
"Tenemos un proyecto de país y el PSOE no, salvo el de ser subalterno del PP", afirma
"Quiero que la gente sepa que Unidos Podemos es el instrumento para mejorar su vida cotidiana sin esperar cuatro años"
Ante el Congreso del PCE: "Podemos cometer un error: el cambio de discursos sin cambios de caras o el cambio de caras sin cambios de discurso"



Andrés Gil / Aitor Riveiro 


ENTREVISTA

Alberto Garzón (Logroño, 1985) fue el artífice de que Izquierda Unida sobreviviera al tsunami de Podemos el 20D y, seis meses después, de la firma de un acuerdo electoral con el partido de Pablo Iglesias para el 26J. El coordinador federal de IU y diputado de Unidos Podemos defiende que ese espacio de confluencia debe crecer y convertirse en un sujeto propio –"creo que uno puede deducir de las palabras de Pablo Iglesias, de sus discursos y de su práctica, que está de acuerdo también en el objetivo"–, y apuesta con la presencia de la organización allá donde "sufre la gente" para conectar con el votante al que quieren representar.

Ese análisis, el de adaptar la organización política a las necesidades de un cuerpo electoral cambiante –"con la gente que está en la calle sufriendo esas consecuencias"–, entiende que es fundamental para frenar discursos de extrema derecha crecientes en Europa: "Yo quiero que la gente sepa que Unidos Podemos es el instrumento para mejorar su vida cotidiana sin esperar cuatro años".

Esa adaptación a la realidad, según Garzón, también ha de llegar al PCE, partido integrado en IU en el que milita: "Es normal que en todos los partidos cambien las caras con el tiempo, pero lo más importante es el proyecto. Porque, si no, podemos cometer un error: el cambio de discursos sin cambios de caras o el cambio de caras sin cambios de discurso. Cualquiera de las dos sería un fracaso, tendrían que ir las dos acompañadas, fundamentalmente por coherencia".

Este fin de semana hablaba del "monstruo" de Donald Trump, ¿cómo cree que ha surgido?


Ha ganado mucho peso entre los perdedores de la globalización, los sectores que son víctimas de los procesos de desregulación financiera y productiva a lo largo de las últimas décadas, que han sufrido la desindustrialización y todas las consecuencias de la fase histórica del capitalismo actual. Han optado en busca de protección por un discurso xenófobo, racista, pero que les protege en lo económico. Estos son los ingredientes transversales al crecimiento de la extrema derecha en la actualidad pero ya se dio en los años 30 del siglo pasado. Una vez diagnosticamos eso, es evidente que la materia política está en cómo conseguimos que esa canalización se haga por la izquierda, en torno a labores y principios de libertad, igualdad y fraternidad en vez de por la extrema derecha. Esa es la verdadera batalla política.


¿Y cómo se hace?


Con estar presente como organizaciones políticas en el conflicto. Explicar a la gente que las causas de sus problemas no están en la inmigración sino en el propio sistema económico y por lo tanto las soluciones son distintas a las que propone la xenofobia de la extrema derecha. Tenemos que estar en los barrios, en el tejido social y en los espacios laborales. Esa es la vacuna real que existe.


¿Un discurso populista de izquierdas no ayudaría a derrotar a un discurso populista de derechas?


Se habla mucho de populismo sin definirlo. Es un problema socrático porque si no defines bien las cosas no estás hablando de lo mismo. No creo que nos estemos refiriendo a lo mismo cuando hablamos de populismo si escuchamos a Esperanza Aguirre, a Íñigo Errejón, a Pablo Iglesias o a mí. Podemos desistir de definir el populismo e insistir más en lo positivo, en cómo se puede evitar que un proceso de extrema derecha pueda canalizar la frustración de una gran parte de la sociedad.

Esto tiene mucho que ver con una clase trabajadora que ha quedado fuera de los ganadores de la globalización. Ese es el sector fundamental que está decantando la balanza a favor de la extrema derecha en Europa, de procesos como el Brexit y a favor de Donald Trump. La solución no es tanto una pelea discursiva, centrar en la utilización de unas palabras en lugar de otras, sino más bien en vivir lo que vive la gente que sufre la globalización y que sufre la dinámica del capitalismo.

Yo siempre pongo el ejemplo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Si en vez de ser una organización cuyos principios podemos identificar con la izquierda, hubiera sido una organización cuyos principios se identificaran con la extrema derecha, en este país tendríamos ya un germen muy importante de extrema derecha. La vacuna es una organización que sea capaz desde el conflicto de transformar la rabia y la frustración de la gente en un compromiso político, que tiene unos contornos ideológicos de izquierdas y no de derechas, porque en esa praxis así se ha discutido y se ha combatido.

Creo que esa es la clave más allá de que cuando llegas al conflicto adaptas tu discurso a las circunstancias concretas de esa praxis. No llegas a un desahucio y hablas de la plusvalía absoluta o la plusvalía relativa, conceptos del marxismo académico, porque no son útiles. Llegas con otro discurso. Pero lo esencial es estar en el conflicto porque es donde se genera la subjetividad de la gente.



Habla de clase trabajadora, ¿no ha cambiado ya el sujeto político al que se dirige una organización como es IU?


La clase trabajadora existe. Existe en un nivel abstracto cuando haces un análisis del capitalismo, que es lo que hace Marx en El Capital cuando define dos clases abstractas, capitalistas y clase trabajadora. Y luego la clase trabajadora concreta existe en formas cada vez más diversas, como resultado de la dinámica del capitalismo en una sociedad que ya no es fordista, con trabajo estable en grandes empresas, con afiliación sindical masiva.

Estamos en escenarios de precariedad permanente, de incapacidad de afiliarse y de menos derechos laborales. Todo eso condiciona y hace que la clase trabajadora tal y como se ha entendido sobre el papel en la práctica sea mucho más diversa y heterogénea y, por lo tanto, tiene unos intereses más complejos. Esto no es nuevo. Marx, en el 18 Brumario, en el siglo XIX, ya especifica que la heterogeneidad es mucho más importante de lo que pudiera parecer.

Creo que tiene vigencia hablar de clase trabajadora en la medida en que son sectores sociales enfrentados en forma antagónica quienes están gestionando nuestro país y nuestras economías. Y cuando los propietarios, los accionistas, toman decisiones en favor de rescatar sus bancos, autopistas quebradas, de rescatar a la élite de este país, están tomando decisiones que afectan negativamente a la mayoría social, a la clase trabajadora por muy fragmentada que esté.

Lo importante no es embarrarse en la definición del sujeto sino estar en la práctica política, con la gente que está en la calle sufriendo esas consecuencias y que a lo mejor se considera clase trabajadora, a lo mejor se considera precario o a lo mejor no se considera de ninguna forma. Pero lo que es evidente es que son sujetos de pleno derecho que pertenecen al espacio social que nosotros identificamos como los perdedores del capitalismo y que necesitamos autoorganizarnos. En resumen: menos academicismo y más práctica política.

En los últimos días se han publicado varias encuestas y Unidos Podemos no recoge el descontento de los votantes del PSOE, que se van a la abstención la mayoría. ¿A qué cree que se debe?


El PSOE hay que analizarlo en dos planos. El primero es el análisis más objetivo de los intereses que representa su práctica política. Uno analiza la historia del PSOE y se encuentra con hitos fundamentales donde la dirección socialista siempre ha apoyado al establishment, al régimen. Ha apoyado la construcción europea, desde Maastricht hasta acá, la modificación del artículo 135 (de la Constitución) o el referéndum de la OTAN, una serie de hitos que han establecido los pilares del sistema. Pero es verdad que en su retórica y en su discurso se ha intentado plantear como el sujeto antagónico al PP.

Creo que con la decisión del PSOE de abstenerse ante el Gobierno de Mariano Rajoy este segundo nivel de escenificación entra en una contradicción brutal. Y la gente se da cuenta de que era mentira. Aunque en otros procesos no hubiera sido consciente en este es inevitable darse cuenta de que el PSOE está apoyando a las grandes fortunas, las grandes empresas. Hay mucha gente de la base social del PSOE que ha entrado en crisis. Y es normal que en primera instancia haya una impugnación de su propio partido. Dejan de creer en lo que hasta ahora creían.

Eso no significa que vaya a haber un automatismo entre esa decisión y el crecimiento de otras formaciones. Esto hay que dejarlo muy claro: no hay un automatismo entre la caída del PSOE y de su legitimidad entre su base social y el crecimiento de Unidos Podemos. Que eso sea así o que no lo sea es una cuestión de batalla política. Tenemos mucho trabajo por delante. Conseguir convencer al votante desencantado del PSOE requiere de mucha inteligencia y habilidad. No se trata tanto de convencerles, atraerles y seducirles con discursos sino de demostrarles con hechos que somos lo que ellos quisieran para su sociedad y su país.

El CIS asegura que el 50% de los votantes del PSOE jamás votaría a Unidos Podemos. ¿Es el liderazgo de Pablo Iglesias un problema?


La gente que dice que no vota a Unidos Podemos pero que ha votado al PSOE también es muy heterogénea. En ese sector habrá mucha gente que sociológicamente pertenece a la izquierda y que en este periodo convulso en el que hemos estado viviendo se ha enfrentado de forma muy enconada con el espacio político de Unidos Podemos. Es normal que digan que no nos van a votar nunca, pero eso también puede cambiar. Estamos haciendo una foto fija a un momento de enorme tensión.

Si caemos en decirle al votante del PSOE "ves como yo tenía razón, te equivocaste porque en definitiva eres idiota", sería un grave error. No se trata de regañar a los votantes, se trata de convencerles de que tu práctica política, tu programa, es con el que ellos en realidad están de acuerdo. Con el que mejorarían su forma de vivir. Si eso se hace bien ese porcentaje puede reducirse e incrementar nuestra base social que es de lo que se trata. No creo que tenga tanto que ver con los liderazgos como con la práctica política.



Habla de estar en la calle, en el conflicto, en los barrios, en la sociedad. Es lo que en IU teorizan como un movimiento político y social. ¿No es Unidos Podemos ya ese espacio?


Unidos Podemos de momento no es un movimiento político y social, pero tiene que aspirar a ello. Unidos Podemos es una alianza electoral, de momento. Pero Unidos Podemos sí tiene los ingredientes para ser el germen de un movimiento político y social. No me voy a entretener en las discusiones jurídicas o de nombre. Creo que ese espacio heterogéneo y plural que representa a las diferentes izquierdas rupturistas de nuestro país debe caminar más allá del Parlamento.

Debe participar en la calle no solo con una actitud pasiva de acompañar los procesos del conflicto social, como pasó con el CIE, sino ser parte. Hay que estar involucrado, que la gente sienta que ese es el instrumento. Ahora mismo la gente que vota a Unidos Podemos cree que somos el instrumento para transformar las leyes. Yo quiero que la gente sepa que Unidos Podemos es el instrumento para mejorar su vida cotidiana sin esperar cuatro años.

¿Eso cómo se hace? ¿Cómo se camina?


Se camina primero poniéndose de acuerdo en que ese es el objetivo. Si entendemos que venimos de diferentes tradiciones políticas, pero que queremos construir un espacio político en el que la gente se vea representada pero además crea que es útil, que sean parte de Unidos Podemos porque saben que es un instrumento que mejora su vida, que impide que sufran la precariedad o regresiones vitales como puede ser un despido laboral o que mejora muchas instancias de la vida como puede ser la instancia ecológica o feminista.

Eso se construye, insisto y hago mucho hincapié en ello, en la práctica. En la izquierda siempre tenemos un problema para ponernos de acuerdo. Ponemos un papel encima de la mesa e intentamos ponernos de acuerdo en la letra de un manifiesto, por ejemplo, y siempre tenemos problemas con las comas, las palabras o los significantes. Pero si en vez de ir por el camino de definir las cosas antes, lo que hacemos es una práctica política consecuente con lo que estamos diciendo se irá definiendo solo.

Cuando ocurrió lo del CIE (la protesta en el CIE de Aluche en Madrid), el espacio político de Unidos Podemos dentro de toda su diversidad, teníamos muy claro cuál era nuestra posición y hasta dónde teníamos que llegar. Así debe ser con todos los conflictos. Eso es lo que significa construir pueblo desde un punto de vista de la clase política.


Pero en Catalunya ya se está construyendo el nuevo sujeto político.


En Catalunya van a una velocidad diferente del resto del Estado porque tiene sus propias singularidades. No me refiero a singularidades de identidad nacional, sino que allí hay un espacio de movimientos sociales mucho más amplio y desarrollado que en otras partes del Estado.

Cuando hablamos de la unidad de la izquierda o de la unidad de los sujetos subalternos y que queremos construir una alternativa de país y de sociedad, se hace desde esa práctica política. Si uno observa la trayectoria de Barcelona En Comú se da cuenta de que es desde abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo. Son muchas asambleas de base, mucha discusión. La PAH. Otra serie de movimientos. Una tradición muy fuerte de la izquierda antagonista, ecologistas, feministas y pacifistas. Todo eso ha ido solidificándose en torno a una práctica cotidiana en los barrios. Y después ha surgido Barcelona en Comú. Ese es el proceso. Si empezamos por arriba, tenemos muchas papeletas de que salga mal.



Ese proceso debe acabar en un partido o alguna estructura orgánica, ¿es una hoja de ruta de Alberto Garzón, de IU o de Unidos Podemos? ¿Lo tiene hablado con Pablo Iglesias?


Nosotros tenemos esa posición política. Es la mía personal y la que ha aprobado IU en sus órganos. Aparte, creo que uno puede deducir de las palabras de Pablo Iglesias, de sus discursos y de su práctica, que está de acuerdo también en el objetivo. Lo que hay que concretar es el acercamiento, la coordinación y la construcción del sujeto. Es decir, el cómo. Pero el qué, en sus contornos, estamos absolutamente de acuerdo Pablo Iglesias y lo que decimos en IU.

Hablaba antes de que el PSOE, en los momentos importantes, acaba siendo un sostén del régimen. El próximo hito de esas características serán los Presupuestos Generales del Estado. Si no se aprueban, iremos a elecciones. ¿Cree que el PSOE los apoyará?


Es difícil de saber, todo es especulativo. Lo que es correcto es que el PSOE ha apoyado a Mariano Rajoy con el argumento de que no quería terceras elecciones porque podía tener mucho coste para ellos. Esa amenaza va a estar sobrevolando cada decisión que se tome en el Congreso porque el PP tiene un botón nuclear, que es el de la repetición electoral, que lo puede presionar en el momento que considere oportuno. Y si ve que no tiene respaldo suficiente lo va a hacer.

Por eso vamos a estar en juego dialéctico entre los intereses del PSOE a corto plazo y medio plazo. El PSOE quiere ganar tiempo para reconstruir un relato de antagonismo al PP pero para ganar ese tiempo necesita que no haya elecciones y para eso tiene que ayudar al PP. A veces serán votaciones de elementos centrales como los presupuestos o el techo de gasto y otras tendrán que ver con otra serie de leyes. El PP tiene la sartén por el mango, cuando quiera convoca elecciones y el PSOE si no quiere elecciones tiene que pasar por el aro. Punto.

¿No hay un espacio sociológico y electoral desde el que el PSOE pueda remontar y rehacerse como el partido hegemónico del centro-izquierda?


Vivimos tiempos que no permiten llegar a ese tipo de conclusiones. Son tiempos en los que la gente está cambiando su identidad política, son tiempos de crisis de régimen. Y eso no solo significa que el sistema de partidos haya implosionado, significa también que la gente está pensando la política de una forma más diferente, más líquida, y los cambios de comportamiento son más importantes y se dan con más frecuencia.

No es fácil predecir lo que va a suceder en ningún sentido. Estamos en una batalla política y el PSOE va a intentar convertirse en antagonista del PP. Lo tiene difícil porque les ha apoyado y porque necesita tiempo, pero también porque nosotros existimos, con una hoja de ruta que pasa por canalizar la frustración de la gente para construir un instrumento que cambie el sistema. Eso no tiene tanto que ver con el eje izquierda-derecha, sino que estamos en un momento donde la gente cambia muy rápido su intención de voto, por lo que la batalla está muy abierta y se premia que haya un proyecto de país detrás. Nosotros sí tenemos un proyecto de país y el PSOE de momento no, salvo el de ser subalterno del PP.

El PCE, partido integrante de IU al que usted pertenece, tiene pendiente la segunda fase de su congreso para elegir una nueva dirección. ¿La renovación que se hizo en IU se trasladará al PCE? ¿Seguirá siendo José Luis Centella el secretario general del PCE?


Nosotros somos de una tradición en la que preferimos hablar primero del proyecto antes que de nombres, y creo que es precipitado hablar de nombres en general en relación al congreso del PCE.

Me interesa más plantearlo desde el punto de vista de la renovación de un proyecto político. En primer lugar, se trata de reconstruir la izquierda, y no de demolerla, que es uno de los debates que está encima de la mesa en nuestro país. En segundo lugar, se trata de construir instrumentos que sirvan a lo que hemos planteado en las preguntas anteriores sobre cuál es el objetivo de una organización política.

Y si hemos diagnosticado que nuestras organizaciones políticas de izquierdas, no sólo en España sino en toda Europa, no solemos llegar con facilidad a las clases populares que decimos representar, un ejemplo es un nivel de parados. Nosotros en Unidos Podemos hemos llegado al 13% de los parados, pero el 21% vota a PP/Ciudadanos, el 11% al PSOE y el 20% se abstiene. Claramente es una manifestación de que hay cosas que no estás haciendo bien y eso hay que corregirlo.

Y uno de los elementos que debes reflexionar es si tu organización representa efectivamente a la sociedad en sus propios dirigentes. ¿Somos como organización el espejo en términos de reflejo de la sociedad o somos algo desconectado? Creo que sería importante introducir un componente de clase muy claro en el PCE. Tiene que haber un cupo de trabajadores manuales, un cupo de gente en el estado actual de precariedad, tiene que haber una representación real de la sociedad, el partido tiene que ser imagen de lo que es la sociedad en su estructura, para que seamos capaces de defender con eficacia nuestra clase social.

Ese tipo de cuestiones son las que se derivan de un análisis como el que parte siempre de analizarlo desde el punto de vista de la clase social, que creo que es lo que le corresponde al PCE, pero también al resto de organizaciones. Hay que resolver cómo se llega a las clases populares, aceptando que ni el PCE, ni IU ni Podemos ni ningún otro de la izquierda anticapitalista de la Europa actual llega a esos sectores. Y hay que llegar, y eso significa acometer cambios en tu partido para que esa tarea sea cumplida con éxito.

Esta es una primera reflexión y hay otras muchas derivadas de un mismo análisis, creo que el análisis es correcto y habrá que tomar medidas para que no se quede sólo sobre el papel, sino para que se ponga efectivamente en marcha.

¿Eso se puede hacer con la actual dirección del PCE?


Bueno, por suerte nuestras organizaciones son democráticas y primero debates del proyecto, de para qué sirve un partido y después das responsabilidades para cumplir. Es lo que hemos hecho en IU: apoyamos unas tesis muy determinadas en la XI Asamblea Federal y a partir de esas tesis se eligió una dirección, y esa dirección es la que hemos sido elegidos para cumplir, y si no cumplimos tenemos la opción ética de marcharnos o, incluso, la militancia tiene un instrumento: el revocatorio, echarnos porque no estamos cumpliendo.

Por tanto, lo primero es definir el proyecto y luego elegir a la gente. Creo que es normal que en todos los partidos cambien las caras de las organizaciones en función de que va pasando el tiempo, pero lo más importante es el proyecto. Porque si no, podemos cometer un error: el cambio de discursos sin cambios de caras o el cambio de caras sin cambios de discurso. Cualquiera de las dos sería un fracaso. Por coherencia tendrían que hacerse las dos cosas a la vez.



¿Va a participar en el diseño del nuevo proyecto?


Yo participo en los debates de mi partido, el PCE, igual que lo he hecho en los de IU, como militantes influyendo en la medida de nuestras posibilidades y capacidades, y cuando se vaya acercando iremos viendo, pero nosotros somos conscientes de que no se pueden duplicar las responsabilidades, lo importante es ayudar a contribuir en la discusión política y luego surgirán opciones para ser dirigentes del PCE en esta nueva etapa y ahí tendremos nuestra opinión. Pero aún no estamos en nuestra fase.

¿Cuándo tendría que ser el congreso?


Aún está la fecha en discusión, creo que no hay que precipitarse, pero tampoco hay que alargarlo mucho. Todo tiene que estar integrado en la estrategia de país, el congreso no puede estar aislado de los problemas de nuestro país y necesitamos integrarlo en la estrategia que estamos intentando acometer en el conjunto de Europa: el análisis de clase, de por qué no llegamos a las clases populares; qué necesitamos para llegar a las clases populares –instrumentos que estén en el conflicto social–; y cómo adecuamos el partido a ese objetivo: el partido tiene que tener una orientación de clase y no de marca jurídica o de liturgia autorreferencial, que sería un grave error. Tiene que tener una práctica política y una coherencia con lo que se dice.
Fuente: eldiario.es

jueves, 3 de noviembre de 2016

Hartazgo político en España






Por José Luis Arceo Vacas



Mariano Rajoy está políticamente quemado, pero sigue en Moncloa a pesar de sus fortísimos recortes sociales y del incesante paseíllo por los tribunales de personajes con eco PP. La mayoría ciudadana alucina.

Pedro Sánchez se marca una jugada con riesgo pero con más futuro que otra cosa, porque la coherencia en política siempre es más rentable que los juegos de triler@s. La mayoría ciudadana guiña un ojo.

Podemos fue lanzado como un cohete por Pablo M. Iglesias, pero si de lo que se trataba sobre todo era de estimular a votantes de izquierda que se quedaban en casa, el lance se desvirtuó abrazándose a Anguita y al tiempo disfrazándose de socialdemócrata. La mayoría ciudadana no entiende nada e Iñigo Errejón cada vez sonríe más.

Ciudadanos se ha quedado sin merienda a manos del PP, y además habrá de aguantar una legislatura en la que su único colega será aquel al que negó hasta el infinito, Rajoy. La mayoría de votantes liberal-conservador@s votará a quien sustituya a Rajoy, no a Rivera, que se ha pasado de frenada.

Izquierda Unida, o despierta de su sueño podemita, se reestructura de verdad y va por libre, o se convertirá definitivamente en la vieja guardia -en minoría flagrante- del partido liderado hoy por Iglesias. La mayoría de votantes actuales de IU ni traga ni digiere la mezcla UPodemos.

El PSOE tiene un problema gordísimo: o se da prisa en montar un congreso y unas primarias (con “riesgo” de que Sánchez arrase) para tapar el desaguisado público del uno de octubre, o por mucho que se empeñe va a alcanzar de verdad un suelo histórico. La mayoría de militantes y votantes socialistas espera carcajeándose.


Fuente: Diario 16

jueves, 30 de junio de 2016

Carta a la militancia y simpatizantes tras el 26J


Alberto Garzón

En primer lugar, quisiera agradeceros a todos los militantes y simpatizantes el esfuerzo hercúleo que habéis empleado en esta campaña electoral. Ha sido una campaña hermosa, con los actos más multitudinarios de la época reciente en España y con nuestra gente dedicándose en cuerpo y alma, como siempre, a la tarea política del momento. Habéis llevado nuestro programa y nuestro proyecto político a cada rincón de este país. Y además gracias a ese esfuerzo hemos avanzado mucho en la construcción de un espacio político unitario, algo tan necesario en estos momentos. Sin vosotros esto no hubiera sido posible. Gracias.

No obstante, los resultados de las pasadas elecciones no han sido los que nos esperábamos. No hemos cumplido los objetivos para los que pusimos en marcha la coalición entre Podemos e Izquierda Unida. El Partido Popular ha salido reforzado, con más de setecientos mil votos adicionales, mientras que la coalición hemos perdido más de un millón de votos respecto de la suma de votos de ambas organizaciones el pasado veinte de diciembre. No hemos logrado derrotar al PP ni tampoco crear las condiciones parlamentarias para que nuestro país tenga un gobierno de izquierdas.

La reflexión sosegada y rigurosa se torna necesaria. Tendremos que analizar todos los datos e informaciones que tengamos a nuestro alcance en los próximos meses para averiguar qué ha pasado. No nos esperábamos este resultado, así como tampoco lo hacía ningún otro partido político ni empresa encuestadora. Probablemente en nuestra sociedad, y más aún en la izquierda, se han dado fuerzas sociales que no hemos sabido detectar. Yo el primero, que no supe ver con precisión qué estaba sucediendo en el electorado de izquierdas.

Lo que parece evidente, sin perjuicio de posteriores análisis, es que no hemos logrado seducir ni convencer a un electorado de izquierdas que sí confío en IU y en Podemos en las pasadas elecciones. La abstención nueva, los que se quedaron sin votar en esta ocasión pero sí lo hicieron en diciembre, prácticamente coincide con los votantes perdidos por la coalición. No está claro si este electorado se perdió ya antes de la coalición, por la frustración respecto a las negociaciones en la investidura, o si ha sido un fenómeno posterior. Pero sí parece claro que no hemos logrado convencer a todos nuestros votantes del momento histórico por el que atraviesa nuestro país. Tendremos que profundizar con calma en las causas de este hecho y en las soluciones que se requieren.

No obstante, es positivo que nos preguntemos si la confluencia ha sido una buena idea. Yo pienso que sí. La confluencia ha sido, en primer lugar, una estrategia racional que nos ha permitido mantener los escaños a pesar de perder en número de votos. Y en segundo lugar ha sido una buena idea en términos políticos, dado que es nuestra apuesta aprobada por la asamblea y es lo que nos permite empezar a construir un espacio político con enorme potencial de transformación.

Ahora bien, también debemos poner encima de la mesa el resultado político global. Desde el año 2011 hasta ahora el ciclo político de movilización y protestas ha producido un cambio radical en el sistema de partidos pero también en el espacio político de la izquierda. Mientras en 2011 únicamente teníamos once diputados en ese espacio, hoy hay setenta y uno. Se trata de un avance considerable, si bien insuficiente. Pero cabe recordar que la ilusión generada por las encuestas es solamente eso, una ilusión, y que nuestro espacio político nunca ha tenido tanta fuerza en el parlamento español como la tiene ahora.

Y aún así, el análisis no puede circunscribirse únicamente al hecho electoral. Nuestro país sigue atravesando una dura crisis económica y política que afecta a los fundamentos mismos de nuestra sociedad. La actual fase histórica del capitalismo está siendo gestionada por gobiernos neoliberales cuya gestión provoca un empeoramiento en las condiciones de vida de la mayoría social. Estas políticas son las responsables del crecimiento de la frustración y rabia de las clases populares, lo que ha alimentado el crecimiento de la extrema derecha en toda Europa y amenaza con hacer implosionar el proyecto de la Unión Europea, como acabamos de ver en el Reino Unido.

En nuestro país, sin embargo, en gran parte hemos logrado explicar la crisis desde las coordenadas ideológicas de la izquierda. Y el régimen aún sigue en crisis, incapaz de resolver la cuestión económica sin recurrir a duros recortes que afectan a su base social e incapaz también de alcanzar un escenario de gobernabilidad. Los próximos meses y años serán de enormes retos para las clases populares y para la izquierda social y política. Y para afrontar esa tarea nos encontramos más fuertes que nunca.

En nuestra XI Asamblea hemos aprobado la hoja de ruta que insta a construir confluencia y unidad popular desde la movilización social y el plano cultural. Sin duda toda confluencia electoral es insuficiente e incapaz sin esos otros dos elementos: la capacidad de construir una concepción del mundo diferente a la de la oligarquía y sin un movimiento popular protagonista. Estoy convencido de que ese es el camino correcto, y debemos aprovechar que tenemos una organización fuerte y unida. Nuestra mejora en representación política, con ocho diputados y dos senadores, estará igualmente al servicio de dicha hoja de ruta.

La hegemonía no es un concepto que se refiera a la capacidad de vender un producto en el mercado electoral, sino más correctamente a la capacidad de extender una alternativa concepción del mundo, cultural y social y por eso anclada en la vida cotidiana de las clases populares. Ese trabajo sólo se puede lograr con organización y con ideología, es decir, con compromiso colectivo y con proyecto político. Nuestra organización es la mejor preparada para esa función, y no vamos a fallar.

No hemos alcanzado nuestros objetivos electorales, es cierto. Pero tenemos una organización que está sabiendo construir un incipiente bloque social y político alternativo para gobernar y transformar nuestro país. Y tenemos una organización comprometida con un proyecto político llamado socialismo. Y tenemos, sobre todo, una militancia de oro que defiende estas causas en los mejores y en los peores momentos, y un montón de compañeros y compañeras que se suman en cada batalla, que comparten su tiempo y energía apoyando nuestro proyecto. Y ahora, pese a los ataques mediáticos, nos encontramos ante una fase histórica que abre un importante abanico de oportunidades. Aprovechémoslo.

Salud y República.
Alberto Garzón
Fuente: Público.es

lunes, 30 de mayo de 2016

La paciencia dialéctica de Garzón

Alberto Garzón, foto eldiario.es

Por Fernando López Agudín

Es el número cinco de la lista de Unidos Podemos por Madrid, pero realmente Alberto Garzón es quien lidera junto con Iglesias la coalición electoral progresista. Antes del 20 de diciembre, se hablaba de Pablo e Iñigo Errejón; y ahora, antes del 26 de junio, se habla de Pablo y Alberto Garzón. Nada más lógico, pues, que en la víspera de la XI Asamblea de Izquierda Unida haya sido elegido como nuevo coordinador de IU en sustitución de Cayo Lara. Es el reconocimiento de la mayoría de sus compañeros a su trabajo político del último año. A lo largo de doce meses ha sabido, pacientemente, tejer los hilos necesarios para, primero, mantener en pie la sigla y, después, recolocarla como uno de los dos motores de una amplia mayoría progresista.

En otoño pasado casi nadie daba un céntimo de euro por Izquierda Unida. La espectacular irrupción de Podemos apenas parecía dejarle espacio, el cainismo interno se multiplicaba, los sondeos extendían su certificado de defunción, y más de uno de estos rojos se convertían en morados. Mientras tanto, Iglesias apelaba al trasvase personal de los militantes de Izquierda Unida a Podemos, de uno en uno y con el carnet en la boca. Importantes figuras de la época de Julio Anguita parecían sumarse al funeral. En este gran desconcierto, Alberto Garzón tuvo la valentía de atarse al mástil de Izquierda Unida, como lo hizo Ulises, para no verse arrastrado por los cantos de sirena de los podemitas. Casi un millón de electores le dieron la razón.

No menos complicado fue el último invierno para este líder político. El PSOE, habituado a servirse de IU como un comodín, no supo ver la renovación habida dentro de Izquierda Unida, e intentó manipularla  como el mejor estraportín de ese fracasado gobierno Rivera-Sánchez. Los medios afines a la operación política, ensalzaron a Garzón como un estadista, a la vez que Ferraz le ofrecía, el colmo del disparate, ocupar un ministerio en una alianza gubernamental con la derecha de Ciudadanos. Una sola reunión entre el PSOE, Podemos e IU evidenció que Alberto Garzón no iba a sumarse a los juegos contra natura de los socialistas. Fiel al adjetivo que la define, la unidad de la izquierda nunca pasa por la derecha.

Desde que en junio de 1993, González, vencedor por mayoría relativa en aquellas elecciones, optó por pactar con el presunto delincuente  Jordi Pujol, en vez de hacerlo con el entonces líder de IU, Julio Anguita, no cabía más opción a Izquierda Unida que la de construir una estrategia progresista nada subordinada al PSOE. Unos veinte años más tarde, ahora en Andalucía, volvía a repetirse la política de Felipe González, cuando Susana Díaz rompía en enero de 2015 el gobierno con Izquierda Unida para poder pasar a gobernar con la derecha andaluza de Ribera. Ese largo retraso en abordar esta urgente tarea pendiente, la construcción de una alternativa de progreso, es una de las causas del nacimiento de Podemos.

Esa es la carta de Alberto Garzón. Recuperar aquel impulso con el que nació Izquierda Unida, gestada al calor de referéndum sobre la OTAN, que ayude  a la configuración de una propuesta nacional-popular a la grave crisis creada por las respuestas fallidas de la derecha y sus compañeros de viaje. En esa dirección, IU puede cualitativamente aportar mucho. Socialmente, al vincular a los sectores del mundo del trabajo ( CCOO) con los sectores de la clase media; políticamente, al proporcionar cuadros con experiencia política y de gestión. En este sentido, dado que los morados solo cuentan con dos años de vida, Izquierda Unida y Podemos son complementarios. Efectivamente, Unidos Podemos.

Esa paciencia dialéctica de Garzón ha conseguido hacer de IU lo que nunca fue. Pudo haberlo sido con Anguita, pero las famosas condiciones objetivas no daban para más. Izquierda Unida tiene hoy un peso y una  responsabilidad que casi nadie, salvo el propio Garzón, hubiera sospechado. Precisamente porque no la concibe como un fin sino como un instrumento, la potencia al máximo en la medida que moviliza a amplios sectores sociales golpeados por los poderosos desde hace ya nueve años. Tras las urnas del 26 de junio, Unidos Podemos va a recoger una muy amplia cosecha electoral sembrada por la audacia de Iglesias y la paciencia de Garzón. Un binomio imparable.

Fuente: Público.es

domingo, 22 de mayo de 2016

"Sí, soy podemita, soy un traidor. ¿Y ahora, discutimos de política?"




Manolo Monereo.- CHRISTIAN GONZÁLEZ
Manuel Monereo, cabeza de lista de Unidos Podemos por Córdoba, repasa los últimos meses de encuentros y desencuentros entre IU y Podemos, esboza la estrategia electoral y poselectoral de la coalición y recuerda a sus críticos que Podemos no existiría se IU hubiera hecho sus deberes.




JAIRO VARGAS @JairoExtre


MADRID.- Se define como un "hombre de IU" que pensaba como los dirigentes de Podemos mucho antes de que estallara el 15-M en las plazas españolas. Ideólogo de la teoría del 'sorpasso', mano derecha del ex líder del IU y del PCE Julio Anguita, con quien comparte lista electoral por Córdoba para el 26-J y "padre político" de Pablo Iglesias. Querido y odiado a partes iguales en el submundo del la izquierda española. Manuel Monereo (Jaén, 1950), Manolo para casi todos lo que le conocen, ha terminado su travesía por el desierto de la confluencia encontrando un oasis electoral en el que dejar su abultada mochila.

No huye de la autocrítica y reconoce que se equivocó al abandonar a Alberto Garzón cuando no hubo acuerdo con Podemos para el 20-D. Pero también recuerda que nunca hubiera ido en una candidatura que compitiera con la organización que ayudó a fundar a los 80. Ante los insultos de muchos, él pasa a la ofensiva porque no le importa los más mínimo. Ya lo dijo hace una año en otra entrevista en 'Público': "Si IU hubiera hecho sus deberes ahora no hubiera hecho falta un Podemos".


Todo el mundo, a favor o en contra, esperaba que fuera en estas listas antes. ¿Por qué ahora sí y el 20-D, no?

Básicamente por la unidad. Soy un antecedente de Podemos, pero soy un miembro de IU, fundador de IU y llevo 30 años vinculado a IU. Mi situación es muy difícil, pero tenía claro que no iría en una lista contra IU. No lo hice en las otras elecciones y en estas tampoco lo hubiera hecho sin acuerdo. En todos procesos de unidad hay pontoneros y dinamiteros. Pontoneros somos los que construimos puentes y, por la noche, los dinamiteros los rompen. Así hemos estado estos meses. Mi presencia en la lista es para demostrar que el trabajo callado da sus frutos, aunque no lo entiendan los sectarios de uno y otro sitio. Los intereses que valoramos son los de los trabajadores que necesitan un nuevo país, una alternativa.

En estos cuatro meses se ha forjado la unidad como suele ocurrir en los momentos actuales. Cada día parece normal, pero todo se acelera, todo cambia y muta y no se puede decir de este agua no beberé, porque al final te la tragas toda.

¿Iñigo Errejón ha sido de los dinamiteros?

Para nada. Tengo la mejor opinión de Iñigo. Es un lujo en una formación política, porque es un intelectual-político, mientras que Pablo Iglesias es un político-intelectual. Eso no es un juego de palabras. Errejón es de altos vuelos, un enamorado de la política en grande, con una visión muy amplia. De esos políticos que no son tan buenos en el día a día, pero tienen una gran intuición y buenas estrategias.

A Iñigo lo conozco bien. El término populismo de izquierdas lo acuñamos en una reunión en la que estaban él, Pablo Iglesias y otros hace años. Lo que le ha preocupado siempre es que los viejos alineamientos políticos izquierda- derecha (PP-PSOE), eran un corsé que no dejaba respirar a una nueva sociedad que estaba emergiendo. Yo lo comparto. Lo que hemos vivido no vale, nos mata a todos, a quien más mató fue a IU. Por eso entiendo la idea de transversalidad, porque izquierda-derecha mata la parte dinámica de la sociedad, por eso hay que generar una fuerza política que los rompa, crear una nueva agenda y un nuevo eje e ir hacia una fuerza transversal, popular, radical democrática y sobre todo mestiza, con mestizaje político y cultural, sin esquemas ideológicos del pasado. Nuevas identidades ideológicas. Esa es la gran aportación de Errejón.

Cuando Garzón e Iglesias competían, los otros partidos y los medios vendían a Garzón como un político coherente y responsable. Una vez que llega el pacto, todos los partidos y algunos medios han resucitado el fantasma del comunismo, sobre todo contra Podemos.

¿Es esto lo que temía y quería evitar Errejón cuando rechazaba un acuerdo entre formaciones?

Para que te puedan golpear tienes que estar asentado en un territorio donde el enemigo pueda enviar golpes. A Errejón le preocupa lo mismo que a mí, aunque yo tengo un matiz: los dos estamos de acuerdo en que la sociedad española ya no es la de antes. En estos cuatro meses, lo que se ha hecho y dicho contra Podemos es de tal magnitud que sólo tiene parangón en la época de Anguita, de la pinza. Pero eso no ha logrado mover sustancialmente a la sociedad, que ha permitido que Pablo y Alberto pacten. Es lo que le pasa a Prisa, a 'El País', al PSOE y al PP: hablan a una sociedad que ya no existe. Ya no tiene el monopolio de la verdad.

Por eso tenemos que crear nuevas transversalidades, mecanismos que no nos permitan estar fijos, estáticos. Nos va bien la posición difícil de fijar. La mejor identidad de Podemos e IU es una flexible, compleja, que asuma muchas cosas a la vez: Colau, Anguita, Errejón, Iglesias, Garzón, Yolanda Díaz, Mónica Oltra, Beiras. Identidades múltiples, plurales, porque estamos en un momento clave.

Esa identidad tan volátil, múltiple y cambiante que expone, ¿no cae en el riesgo de estar vacía y de ponerse de perfil ante situaciones concretas, de ser algo indefinido? ¿No es lo que criticaba Garzón a Podemos en la pasada campaña?

Siempre hay peligro. Cuando se es muy intenso se es menos extenso y viceversa. Esa contradicción existe. Lo que nos salva es que la pluralidad tiende a extenderse, a profundizar. Y aquí aparece algo tan importante como el programa. El discurso actual es más elaborado que el de hace cuatro meses y el programa es mucho más definido, concreto y preciso para esta pluralidad. Y sobre todo, somos muchos más. Por primera vez en España, todo lo que se puede unir está ya unido. Eso es increíble. Es un milagro que eso no estalle cada mañana, pero ese milagro llega porque todos nos damos cuenta de que cosas que hacíamos antes ahora la sociedad no las admite. La sociedad nueva que emerge vigilia y hay dos tipos de fuerzas políticas: las vigiladas por el capital financiero y las vigiladas por la ciudadanía. Nosotros somos la segunda.

¿A qué se debió aquella falta de acuerdo para el 20-D y esta pérdida de tiempo para ambas formaciones políticas?

¿Hemos perdido el tiempo o lo hemos ganado? Creo que no había condiciones para hacerlo en aquel momento. Por dos razones: Las dos fuerzas internamente estaban llevadas a la separación. Podemos tenía que diferenciarse de la vieja izquierda pero, a su vez, IU, de alguna manera, se veía agredida por Podemos y, sobre todo, por una enorme injusticia histórica: cuando era nuestra oportunidad, llegó otro y se la llevó.

Había un relato en cada formación. En una era lo que Pablo decía de la mochila. En IU y el PCE decían: "estos son populistas, un invento de los medios de comunicación para perjudicar a IU". Esos relatos expresaban imposibilidad. Y sin estos cuatro meses tampoco hubiera habido unidad. Lo que ha ocurrido ha hecho madurar en ambas fuerzas la idea de construir la alternativa más allá de las derechas que hoy dominan el mapa político español. Los grandes políticos se la juegan en los momentos clave, y Alberto y Pablo se la han jugado en el momento oportuno, no era fácil para ninguno de los dos. Con las nuevas elecciones ya no había marcha atrás. Una guerra entre ambos hubiese destrozado a las dos fuerzas y hubiera hecho el juego a la derecha. Hace cuatro meses luché hasta el último momento por la unidad, pero acabé dándome cuenta de que no había condiciones.

Hace pocos meses, muchos dirigentes de IU, entre ellos usted, dejaron solo a Garzón porque no daba un golpe en la mesa para buscar el acercamiento a Podemos. ¿No fue injusto o, al menos, prematuro, ese abandono?

Cuando yo digo que comparto el proyecto de Podemos lo digo con mucha tranquilidad y normalidad. Me asombra que se vea como una traición porque una parte de IU pensábamos así antes de que existiera Podemos. En esa parte estaba Garzón. Pero Garzón no es Monereo. Él estaba llamado a dirigir una formación política en la que era candidato pero no controlaba los principales elementos de la estructura organizativa. Tuvo que vadearse, compaginar, mezclarse, definirse e indefinirse. Si algo ha demostrado en la historia ─lo digo con autocrítica─ es que en este tema era Garzón más realista que yo. Él entendió mucho mejor que yo la IU real que había, yo estaba muy despistado.

Eso me lleva a que renazcan mis esperanzas sobre IU y su futuro. Era pesimista sobre esto y sobre la unidad, me he sentido abandonado y desesperado en IU. Hoy reconozco públicamente que Garzón llevaba más razón que yo. Por eso estoy agradecido a su capacidad, lucidez y valentía.


A quien cambia la palabra unidad por absorción o disolución de IU en Podemos, ¿qué le dice?

Siempre ha sido una mentira, una superchería. Nunca nadie ha estado en IU para diluirla en Podemos. Estábamos por la convergencia. Ente otras cosas porque no se puede definir a Podemos como una organización política normal. Es un gen mutante que cambia, su público cambia, su base social cambia, se acelera se radicaliza o luego otra vez, no. Me han llamado tanto podemita, descalificando, que yo ya paso a la ofensiva. Sí, ¿qué pasa? Soy un podemita, soy un traidor. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Vamos a discutir de política? ¿Qué hacemos con Podemos? Dice ese sector que hubo descalificaciones. Claro que las hubo. ¿Y cuántas hemos hecho nosotros? ¿Se hace política echándonos encima nuestras descalificaciones? No, se hace buscando lo que nos une y lo que nos divide y encontrando arreglo, porque por separado no somos nada. Yo me siento más que nunca un pontonero. Y los que hemos construido puentes, durante años, desde el 15-M, hemos ganado a los dinamiteros. Eso es una victoria de todos, pero también de muchos en IU que han tenido que pasar un calvario.

Ahora que hay unidad en la herramienta electoral, ¿se puede pensar en esa idea suya del partido orgánico de la revolución democrática?

Estoy convencido del todo.

¿Dependerá del resultado electoral o es algo irrelevante?

Sin duda. Este tipo de grandes argumentaciones ideológicas a espaldas del resultado electoral no me los creso. Pero el resultado será excelente y eso contribuirá en IU y Podemos y otros a un debate de tipo táctico y estratégico. Se va a fortalecer la unidad de acción en el Parlamento, y eso va a ser clave. Vamos a impulsar todos juntos, después de elecciones, una gran movilización social. Esta calma chicha es sólo aparente. Debajo hay capacidad de movilización que ahora tiene forma electoral pero después, cuando el panorama esté claro, llegará. Y también habrá un mejor acuerdo programático, una profundización.

¿Se irá a una única organización?

Que eso se convierta en un solo partido, en una sola estructura, que el partido orgánico coincida con el institucional, se dará a medio y largo plazo, pero con que fuésemos capaces de organizar un archipiélago, una federación en la que cada cual pueda estar sin necesidad de perder su identidad, con comités de enlace permanentes entre organizaciones...

¿El clásico 'caminar separados y golpear juntos'?

Sí, pero con algo más. Preparar acciones conjuntas y adoptar formas dinámicas de hacer política. Por ejemplo, hacer asambleas conjuntas en los municipios, desde abajo. Noto que necesitamos más unidad por abajo.
Cuando se plantearon los círculos de Podemos parecía algo revolucionario, pero no parece que estén teniendo demasiado incidencia en las decisiones de la cúpula.
Es una asignatura pendiente en Podemos. Creo que el nombramiento de Echenique fortalece a los círculos. En la etapa anterior, con luces y sombras, se dejó a un lado la fuerza de abajo. Echenique era gran partidario de los círculos.

Tanto que compitió con Iglesias por el modelo de partido. Aunque ahora es secretario de Organización por designación, por el modelo de partido de Iglesias.

Sí. Así es. Por eso creo que los círculos van a crecer y multiplicarse. Pero habrá algo nuevo que nos une a lo que Anguita dice del Frente Cívico: ir más allá de círculos de Podemos y agrupaciones de IU, crear mecanismos unitarios de base, contrapoder social al poder global. Una estrategia no sólo electoral, sino político-social. Hay que ir a la unidad popular y eso implica un trabajo serio de democratización de las instituciones, pero también de fortalecimiento de la sociedad civil organizada. Espero que esto vaya de la mano, con un trabajo serio desde la sociedad civil.


¿Cómo se puede conjugar, de cara a ese partido orgánico, lo que Podemos trae de nuevo, de flexible y de transversal con el antiguo y rígido imaginario del comunismo clásico?

Manolo Monereo.- CHRISTIAN GONZÁLEZ
Manolo Monereo.- CHRISTIAN GONZÁLEZ
Podría decir que es fácil, pero no lo será para nadie. Se trata de saber muy bien de dónde se viene. Hay que partir de un dato esencial: el pasado ya no volverá. El mundo del posfordismo, de la posdemocracia y la pospolitica es más heterogéneo y complejo. Hay una disolución planificada de las identidades política y social.

¿La pregunta sería si queda aún clase obrera consciente de sí misma?

Claro. Hay una disolución de la idea. Hay más obreros que nunca y más lucha de clases que nunca. Pero eso no da identidad política a los trabajadores. En el fordismo, sí. En la sociedad de hoy hay que definir un nuevo proyecto que cumpla el papel histórico que el socialismo ha construido en las sociedades europeas desde el siglo XIX hasta finales del XX. Se hace yendo todos, desde la pluralidad y desde la autocrítica de la propia tradición, a definir ese proyecto con una identidad compleja, ambivalente. Yo soy profundamente ecofeminista, me ha costado mucho serlo y, como cualquier hombre, tengo derivas machistas. Una formación que sea capaz de valorizar el feminismo, la ecología política, el pensamiento descolonial, que no luche contra el eurocentrismo, que no sea capaz de hacer autocrítica del pasado (no solo para lo malo) u llevar a una nueva confluencia. Debe ser de masas y no de dos personas con un aparato mediático.

Cada cual tiene su mochila, los que dicen que no la tiene tienen un mochilazo. Las viejas tradiciones del movimiento obrero (anarquismo, socialismo y comunismo) tienen que mezclarse con los nuevos problemas del mundo contemporáneo: ecologismo, feminismo y crítica a la colonialidad del poder.
En términos electorales, parece de justicia poética que, según las encuestas, uno de los teóricos del 'sorpasso' al PSOE con Anguita vaya a materializarlo 20 años después. ¿Cuál ha sido el detonante de este cambio?
La sociedad española ha cambiado profundamente. Y nada de esto es imaginable sin el 15-M. Pero nada hubiera sido posible sin Podemos. El trío Iglesias-Errejón-Monedero ha funcionado. Este sector tuvo la audacia política de convertir el catalizador social, el 15-M, en una identidad nacional-popular y trasversal.

Pero heredera de una izquierda renovada

Esa es la relación entre Anguita y Pablo. Cuando digo que Pablo es el mejor discípulo de Anguita todos piensan en el Anguita a los 'Brabe Heart', el construido por el Grupo Prisa, el ortodoxo del comunismo, anacrónico. No, el Anguita real es el de la innovación. IU era tecnología punta social y política en Europa cuando surge. El acto fundante de Anguita fue el "vengo a gobernar, no soy la muleta del PSOE". En esa insubordinación está la verdad del anguitismo. Pero el ataque fue tan brutal que lo encerraron en el extremo izquierdo del tablero político. Hizo lo posible por salir de ahí, por eso se creó IU, porque el PCE no era suficiente.

Este Anguita rebelde contra el discurso dominante es el que hereda Pablo. Cuando Podemos nace, Pablo dice: "vengo a ganar, no quiero ser la oposición al régimen, quiero ser la fuerza que lidere el cambio de régimen". Eso es lo que ha hecho factible todo lo de hoy. En este grupo dirigente estaba también Teresa Rodríguez y más compañeros. Eso es lo que yo llamo una insubordinación epistémica del sistema.

¿Cómo cree que afectaría el 'sorpasso' al PSOE en unas negociaciones para formar un Gobierno progresista? ¿Facilitaría o dificultaría un pacto?

La clave del bóveda del régimen ha sido siempre el bipartidismo. Era un juego para hacer que el que no se presenta a las elecciones mantuviera el poder. Una derecha de derechas, una izquierda que no lo era y que, cada vez que había elecciones, pedía el voto útil para ganar a la derecha. Eso destrozó a IU.

La condición previa para un cambio político es romper el bipartidismo por la izquierda. La derecha siempre se une. Mientras el PSOE siga siendo la fuerza mayoritaria de la izquierda y tenga el monopolio de su discurso no habrá cambio. Cuando el PSOE deje de tener ese monopolio habrá una grave crisis en el PSOE y en la UGT. Entonces sólo tendrá dos opciones: o convertirse en el PASOK griego o regenerarse democráticamente hacia la izquierda. Con ese PSOE regenerado, con políticas de Izquierdas, lo que representa Tapias, sería muy importante converger. La mejor manera de defender el socialismo es que el PSOE deje de tener el monopolio de la izquierda en el Estado español.

Usted dice venir a reforzar "la pata andaluza del cambio". ¿Cómo lo hará?

Con una convicción que tienen Garzón e Iglesias: sin cambiar Andalucía no se cambia España. Hay que construir una alternativa andaluza. Unidos Podemos puede ser la primera fuerza en Andalucía, tenemos que salir a serlo. Si lo hacemos así y avanzamos sustancialmente en la alternativa andaluza hay que sentarse a construir la alternativa de Gobierno y de poder para la región. El papel de Andalucía y Extremadura en el PSOE de hoy representa lo más reaccionario, anticomunista y autoritario del PSOE. Es el peor PSOE que uno puede conocer, su dinámica es conservadora, no hay innovación social, por eso hacen un discurso que en los grandes temas es algo más social que el del PP, pero no mucho más. El partido de Susana Díaz es el que hace coalición con la derecha. Es lo más rancio del socialismo español.

Syriza en Grecia era el espejo en el que se miraban IU y Podemos, pero un gobierno de izquierda radical no ha logrado imponer su hoja de ruta. ¿Por qué habría que pensar que en España sería diferente?

Grecia es para mí un espejo en lo positivo y en lo negativo. Para cambiar la política española hace falta algo más que llegar al Gobierno. Hace falta una sociedad organizada que construya contrapoderes sociales. En segundo lugar, España no es Grecia, la fortaleza política de Grecia no es la fuerza económico-social de España. Las dimensiones geopolítica y económica de España son enormes. Un cambio en España sería un motor del cambio en el Sur de Europa y crearía una nueva circunstancia geopolítica que los compañeros griegos solos no han podido hacer. Si llegamos al Gobierno con un programa claro en defensa de los derechos sociales y económicos y construimos alianzas en Grecia, Portugal, Francia, Italia... vamos a generar un nuevo cambio en Europa. Un Gobierno de Iglesias, Errejón, Garzón... en España cambiará Europa. Lo de Grecia se puede decir que fue muy importante más en lo simbólico que en lo real. En España será real, porque debemos tanto que no nos pueden echar. Grecia es ejemplo de lo bueno y de lo malo, por eso hay que estar preparado, porque el desafío será enfrentarse a los poderes descomunales de las instituciones europeas y los poderes económicos. Este pueblo no va a aceptar ser un país subalterno de una Europa alemana.

Dice que sigue siendo un hombre de IU y llega en plenas elecciones la XI Asamblea de la federación. ¿Qué va a suponer?

No quiero hablar mucho de esto para no perjudicar a Alberto Garzón. Es un proyecto en movimiento. IU ha agotado todas las denominaciones de refundación y ahora se ha dedicado a decir: "Vamos a hacerlo y no hablemos de ello". Garzón y su equipo están haciendo la refundación que llevamos tantos años luchando. Y lo está haciendo si hacer bandera, por la vía de los hechos y con un profundo conocimiento de la correlación de fuerzas existentes dentro. Estas tres listas de IU demostrarán que el proyecto de Garzón es mayoritario, heterogéneo, contradictorio, pero el impulso de la unidad con Podemos será hacia la renovación profunda de IU.
Fuente: Público.es

martes, 10 de mayo de 2016

Por qué el PSOE tiembla ante Podemos-IU



El PSOE, ¡¡¡ tiembla!!!

Aunque aún resta la ratificación definitiva de las bases, nada parece que tumbará el acuerdo para que Podemos e IU acudan juntos a las urnas el próximo 26 de junio. La convergencia de la izquierda llega tarde, es cierto, pero al menos llega y con el aval de que tiene principios. Y eso es lo que teme el PSOE, que si algo ha demostrado -una vez más- durante el fiasco que ha supuesto el proceso de pactos, es que los socialistas perdieron el norte -lo que había de ser su norte- hace años.
Mientras el PSOE no ha dudado un segundo, no sólo en pactar, sino en casi fusionarse con Ciudadanos -del que en campaña aseguró que era una amenaza para el Estado de Bienestar- para no apearse de La Moncloa, Podemos se ha mantenido firme mostrando su incompatibilidad. IU, por su parte, ha sido el único que ha logrado sentar a la mesa a todos los partidos de la izquierda, materializando lo que los viejos del lugar añoran, el espíritu de ‘los Pactos de La Moncloa’, pero mejorado, porque en esta ocasión no se iba a esconder la basura bajo la alfombra. Ahí el PSOE, que era quien por experiencia y por ser quien aspiraba a gobernar, tenía que tirar del carro, andaba a por uvas… siempre pareció que en lugar de liderar el proceso de pactos ibar a rebufo del resto, reactivo, en lugar de proactivo.
Por otro lado y aunque sea una lástima, parece muy complicado que en las próximas elecciones generales haya algún partido que desbanque al PP del primero puesto por número de votos. Tal y como explica Carlos Enrique Bayo, su electorado de rentistas y pensionistas aún le sostiene -a lo que hay que sumar el incomprensible voto de muchos parados-. Sin embargo, los datos nos engañan al constatar que este nuevo frente de izquierdas es la primera fuerza entre los menores de 55 años y ahí es donde el PSOE se echa a temblar.
Ahí es donde, a las puertas del quinto aniversario el 15-M que servirá de puesta de largo de la convergencia con el regreso de los indignados a las plazas, los socialistas ven peligrar su actual posición como segunda fuerza política. Podemos e IU son más complementarios de los que muchos han querido ver, comenzando por su capacidad para ilusionar. El desencanto que quizás ha podido cosechar Pablo Iglesias durante los pactos, lo aplaca y con creces el candidato mejor valorado de todos, el único que supera el aprobado, que es Alberto Garzón.
El PSOE no teme, está aterrado por la alianza Podemos-IU. A pesar de haber movilizado al partido para vendernos que Pedro Sánchez es su único candidato, en el gran granero de votos socialistas, en Andalucía, Susana Díaz tiene claro que ella es la que atraerá más votos. La campaña que prepara la hija del fontanero es ‘marca Susana’ y así lo pactará con los alcaldes andaluces, cuestionando una vez más el liderazgo de su secretario general. Díaz necesita como respirar sacar buen resultado en Andalucía, aunque el PSOE pierda las elecciones, pues ese será su aval para desplazar a Sánchez de Ferraz.
Imagino que el PSOE entiende a la perfección el enigma de por qué aún hay ciertos electores que siguen votando al PP… es el mismo enigma de por qué en Andalucía, aunque cada vez menos, sigue ganando el PSOE: Mientras el diputado Miguel Ángel Heredia presume de comedores escolares, ese mismo día salta la noticia de un colegio en lugar de servir comida, dan bocadillos a los niños por falta de personal, las listas de espera en el Servicio Andaluz de Salud (SAS) son eternas -a pesar de que las privadas hacen su agosto con las derivaciones que hace el SAS para pruebas diagnósticas-, el paro y el fracaso escolar están lejos de alcanzar cifras dentro de lo razonable… por no hablar de los casos  de corrupción, en los que la falta de transparencia ha sido la tónica general.
Se aproxima el 26-J y hoy más que nunca desde hace cinco años, cuando nació el 15-M, los españoles vislumbran una alternativa real al bipartidismo. Será difícil conseguir que el PP no sea la fuerza más votada por una mera cuestión de desinformación ciudadana -las mentiras de Rajoy en la anterior campaña sobre el objetivo de déficit deberían relegarle al último puesto- y falta de madurez democrática en este país, pero la nueva alianza puede contar con tantos apoyos que sí forje un Gobierno con el apoyo del PSOE. Lo positivo de esa alianza, es que los socialistas estarán en una posición de inferioridad, que sin duda no le vendrá mal para que de una vez por todas sus bases cojan las riendas y regeneren el partido.

David Bollero

Fuente: Público.es

 


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