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lunes, 13 de junio de 2016

Las protestas en Francia siguen hostigando a Hollande ante el inicio de la Eurocopa

La presión de las protestas se relaja temporalmente en Francia
Una de las manifestaciones de estos días en París contra la reforma laboral propuesta por el Gobierno francés. EFE



El presidente francés necesita que el campeonato de fútbol vaya bien para mejorar la popularidad de su gobierno, pero los trabajadores de servicios públicos en huelga no se lo van a poner fácil

El ministro de Transportes advierte de que, si los problemas de transporte empeoran, el Gobierno se planteará usar una medida especial para obligar a los conductores de tren a volver al trabajo


François Hollande ha pedido a los trabajadores franceses en huelga que limiten las perturbaciones de los servicios públicos ante la inauguración de la Eurocopa 2016 en Francia, entre interrupciones del servicio de trenes, de las plantas de tratamiento de basuras y de algunas refinerías.
El presidente francés estuvo a punto de decir que el Gobierno obligaría a los conductores de trenes a volver a trabajar, pero dijo que los servicios públicos estarán garantizados y manifestó a los sindicalistas que estaban organizando la huelga y las acciones de protesta que "deberían asumir su responsabilidad para que este gran evento pueda ser un festival popular compartido".
El impopular líder del Partido Socialista, que espera presentarse el año que viene a la reelección, necesita que la apuesta de la Eurocopa pase sin incidentes para dar un impulso a la situación del Gobierno, al bajo estado de ánimo del país y a la apuesta de París por acoger los Juegos Olímpicos de 2024.
Montones de basura podrida en muchas calles de París y Marsella, así como las cancelaciones de trenes y de vuelos, están provocando dolores de cabeza mientras Francia acogerá a más de dos millones de visitantes extranjeros durante un campeonato que durará un mes.
La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, prometió este viernes que "toda la basura será recogida a partir de ya, de hoy", mientras bolsas de basura, cajas y desechos podridos se apilaban en las aceras de la mitad de los barrios de la ciudad, incluidas zonas turísticas populares de la margen izquierda del río.
Los principales centros de procesado de basuras de la zona de París han estado bloqueados por los huelguistas del sindicato CGT durante más de 10 días, como parte de unas largas protestas contra las propuestas del Gobierno de suavizar las rígidas protecciones laborales. Los basureros y los conductores de camiones de basura se unieron a la movilización.
Los trabajadores del tratamiento de basuras del sector público que llevan días en huelga han prometido continuar con las protestas al menos hasta el martes, pero la ciudad pidió camiones de basura adicionales y contrató a empresas privadas para empezar este viernes a recoger. "Se tardará unos días, obviamente", dijo Hidalgo. El reto será encontrar un lugar en el que tirar la basura, puesto que los huelguistas siguen bloqueando la principal planta de residuos para la zona de París.
Baptiste Talbot, del sindicato CGT, valoró en declaraciones a la agencia Associated Press que la apuesta de Hidalgo por recoger toda la basura de golpe era "un poco optimista", pero no se opuso a la medida. "Queremos mantener presión con la huelga, pero somos sensibles a los problemas de higiene", señaló.
La basura también se acumula en la ciudad portuaria de Marsella, en el sur, puesto que su principal centro de tratamiento de residuos permanece bloqueado. Las huelgas también continúan en otras ciudades del suroeste.
Los trabajadores del servicio estatal de trenes, la SNCF, entraron en su décimo día de huelga escalonada por sus condiciones de trabajo. En Francia había más trenes circulando; cuatro de cada cinco trenes de alta velocidad llegaban puntuales. Sin embargo, había interrupciones en algunos servicios, como dos grandes líneas de cercanías de París, las RER B y D, que cubren el Estadio de Francia, donde se dio inicio a la Eurocopa este viernes por la noche con el partido entre Francia y Rumanía.
Las autoridades ferroviarias prometieron más trenes para transportar a 70.000 personas al estadio para ver el partido. El servicio de metro a las estaciones cercanas al estadio no se vio afectado.
El ministro de Transportes, Alain Vidalies, advirtió de que, si los problemas de transporte empeoraban este sábado, el Gobierno se plantearía usar una medida especial para obligar a los conductores de tren a volver al trabajo.
Al preguntarle en la radio Europe 1 si las imágenes difundidas en todo el mundo de basura podrida podrían también comprometer la apuesta de París por acoger los Juegos Olímpicos de 2024, Vidalies bromeó: "No he visto ninguna horda de ratas mientras venía hacia aquí".
Los pilotos de Air France empezaban este sábado una huelga de cuatro días por su salario y sus condiciones, con la cancelación del 20% de los vuelos. Se cancelará uno de cada cuatro vuelos de medio radio y en torno a uno de cada diez nacionales y de largo radio.
El organizador de la Eurocopa, Jacques Lambert, afirmó en la radio France Inter que las huelgas ya habían dañado al campeonato: "La imagen que se ha dado no es la que queríamos".
Traducción de  Jaime Sevilla Lorenzo

Fuente: The Guardian - eldiario.es

sábado, 11 de junio de 2016

Francia teme el descenso como potencia europea

Francia teme el descenso como potencia europea
Dos soldados patrullan por las calles de París junto a basuras amontonadas por la huelga de los trabajadores del sector (Charles Platiau / Reuters)


  • El que fuera el país más poderoso del continente afronta la Eurocopa entre huelgas
  • Francia teme el descenso como potencia europea

Rafael Poch, París

Francia, ese gran país que logró remontar derrota, ocupación y colaboración, es decir, una humillación completa, para afirmarse como la primera potencia continental después de la guerra, ha sido degradada a segunda división. El marco de ese doloroso descenso ha sido la Unión Europea neoliberal de los últimos treinta años, que construyó un terreno de juego a la medida de la economía de mercado transnacional, sumamente adverso a la tradición política y social francesa.

La Mannschaft liderada por los Kohl, Schröeder y Merkel, al contrario, insertó sus instituciones e intereses –la concepción del Banco Central Europeo y las normas para una economía roñica hacia dentro y exportadora hacia afuera– en ese marco, y triunfó. La victoria fue a costa de la relativa nivelación social de su modelo, rasgo que con el fin de la competición de la guerra fría ante la otra Alemania había perdido rele­vancia, pero al final son los goles lo que cuenta, no la calidad del juego.

Treinta años después llegamos a la actual Francia de la Eurocopa, gran país con conciencia de serlo y en segunda división. Esa contradicción es la que cruje.

En esta Eurocopa ayer iniciada entre huelgas que restaban accesos ferroviarios, algunos montones de bolsas de basura y una vigilancia extrema ante riesgo de atentados, es la “imagen” de Francia la que está en juego, la imagen de Francia en la globalización que ese evento tan mediatizado, con 51 encuentros en diez ciudades francesas hasta el 10 de julio, expondrá con toda claridad.

Y el problema es que esa imagen tiene dos lecturas bien diferentes que se enfrentan en un encuentro apasionante.

Para la derecha, el mundo de los negocios y el mundo de Bruselas, Francia es un país que ha sido “tomado como rehén por un puñado de sindicalistas y contestatarios violentos” que, con el telón de fondo de la amenaza terrorista, “no puede sino provocar miedo a hinchas, turistas e inversores”, explica el editorial de Le Figaro, diario fundado en 1826. Los sindicatos como la CGT, que lidera el actual movimiento, son “vestigios de un mundo antiguo, el bastión de algunos funcionarios atiborrados de derechos adquiridos en menoscabo de los otros asalariados”.

Vista desde la izquierda, la actual situación “contiene cierta esperanza”, explica el filósofo Régis Debray, un compañero del Che Guevara, desde las páginas de L´Humanité, diario fundado en 1904 por Jean Jaurès, el hombre que insertó los ideales socialistas en el entramado republicano.

“Esperanza”, dice Debray, “ en evitar la total descomposición de Francia, que su actual alineamiento con la civilización americana no logre la anexión de la cultura francesa por la norteamericana”. “Constato –dice el filósofo– que esta anexión está en marcha, pero que hay signos de resistencia que son un buen augurio, pienso en las actuales huelgas. La CGT es una singularidad francesa, una tradición obrera que no es propia y a la que Philippe Martínez hace bien el honor”.

La situación concreta bien resumida en la viñeta del genial humorista de Le Parisien: Manuel Valls se apresta a lanzar un penalti con un balón que es la ley laboral francesa. En la portería está Philippe Martínez, el secretario general de la CGT que ha construido una barricada a base de cubos de basura y bloques de huelga para impedir que le cuelen el gol.

Naturalmente es una caricatura, porque detrás de Valls está todo un establishment que ya ha colado ese mismo gol en medio mundo y detrás de Martínez está algo cada vez más parecido al poblado de Astérix que antes se llamaba la “Europa social”: todo aquello que diferenció el consenso de posguerra, del siglo XIX.

En este encuentro Francia busca su regreso a primera división, en códigos y claves diametralmente opuestas. Los unos sueñan con entrar definitivamente en el orden de cosas habitual en los países del mundo que juegan en esta liga. Los otros agitan el sueño de una nación soberana y de política exterior autónoma en la globalización.

Los campos entre ambos sueños están divididos. Hasta hace poco los sondeos adjudicaban un apoyo mayoritario a las protestas contra la ley laboral, pero es evidente que la opinión evoluciona. De casi un 70% se está pasando a un 50%, a una opinión dividida por la mitad. Y en eso la Eurocopa puede ser decisiva. A nadie le gustaría que la fiesta global quedara aguada por las bolsas de basura.

“Hasta ahora los franceses han venido apoyando en los sondeos los movimientos de oposición a la ley laboral, pero pasan los días y metidos en la Eurocopa los franceses podrían girarse si las huelgas y los bloqueos duran y llegaran a perturbar el campeonato”, explica Jean-Marcel Bouguereau, un editorialista de provincias. Entre el militante y el hincha, entre el ciudadano político y el consumidor, será siempre el segundo el que prevalecerá. Tanto el Gobierno como el sindicalismo han percibido exactamente así la situación.

Hollande y Valls confían en que la opinión pública se derrumbará sobre la huelga si ésta continúa y altera la Eurocopa. El primero en privado y el segundo públicamente han amenazado con intervenir los transportes en huelga, como hizo Nicolas Sarkozy en 2010, violando la ley francesa por “atentado al derecho de huelga” y recibiendo una condena de la Organización Mundial del Trabajo.

Mientras la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, se ponía ayer tarde a recoger basura con soluciones y recursos improvisados, Philippe Martínez demostraba estar bien al tanto del terreno que pisa, al llamar públicamente a no bloquear los accesos al Stade de Franceen París, donde ayer se enfrentaban las selecciones de Francia y Rumanía en el encuentro inaugural del gran certamen.

“Hemos lanzado la consigna de que todos los hinchas puedan acceder al estadio”, dijo Martínez ayer tarde. “Es un acontecimiento popular que debe mantener su carácter festivo, no hay ninguna consigna para que el acceso ni el encuentro sean perturbados”, dijo. Cada bando juega su estrategia para evitar o paliar a su manera este doloroso descenso.

Fuente: La Vanguardia

domingo, 29 de mayo de 2016

Las revueltas sindicales en Francia ponen en cuestión el futuro de Hollande



Las revueltas sindicales, como esta manifestación de este jueves en Marsella, acorralan al presidente François Hollande
Las revueltas sindicales, como esta manifestación de este jueves en Marsella, acorralan al presidente François Hollande FRANCK PENNANT/ASSOCIATED PRESS

Las revueltas sindicales en Francia ponen en cuestión el futuro de Hollande
Las huelgas y los bloqueos de refinerías de petróleo someten al presidente Hollande a su crisis más complicada: ningún gobierno socialista había sufrido una rebelión sindical así en 30 años
"Si recurre a la Policía, solo satisfará a los de derechas que de todas formas no lo votarían. Si da marcha atrás en la reforma laboral, los de izquierdas tampoco lo votarán", valora un politólogo
Hollande podría no presentarse a la reelección, aunque en más de 50 años no ha habido ningún presidente que no optara a un segundo mandato


theguardian

ANGELIQUE CHRISAFIS - París

Mientras el humo de neumáticos ardiendo se eleva en los piquetes de refinerías de petróleo francesas, los motoristas hacen colas kilométricas para abastecerse, con miedo, de gasolina racionada, y los conductores de tren y los trabajadores nucleares se preparan para hacer huelga. Con las elecciones presidenciales francesas de 2017 cada vez más cerca, el presidente socialista François Hollande afronta su crisis más complicada y explosiva hasta el momento.

No solo está en juego la supervivencia política de Hollande, sino la propia imagen de Francia. El país se prepara para acoger a dos millones de visitantes en la Eurocopa 2016 dentro de dos semanas, y el telón de fondo no es el ideal: huelgas y temor a una escasez de combustibles, posibles parones de transporte, amenaza terrorista, estado de emergencia y un ambiente de tensión agudizada y violencia entre manifestantes y policías.

Hollande, el líder menos popular en la historia de la Francia moderna, con índices de aprobación que, según varias encuestas, se reducen a entre el 13% y el 20%, no parece poder caer mucho más abajo. Pero en realidad se está aferrando, con los nudillos blancos, al borde de un precipicio.

Se suponía que el socialista pasaría mayo y junio tanteando el terreno para una posible presentación a la reelección repitiendo su nuevo mantra: "las cosas están mejorando", a pesar de que más del 70% de los franceses no cree que eso sea cierto.

Francia afronta una revuelta sindical explosiva por las polémicas reformas laborales de Hollande. El presidente asediado ha presentado esas modificaciones como una relajación esencial de las protecciones laborales de Francia, famosas por su rigidez, para reducir burocracia y cambiar ligeramente algunas de las normas más engorrosas que impiden a las empresas contratar. Argumenta que esto haría a Francia más competitiva y permitiría lidiar con el desempleo, que supera el 10%. Pero después de más de dos meses de manifestaciones callejeras contra los cambios laborales, el sindicato de izquierdas CGT ha elevado radicalmente su estrategia y ahora intenta cortar el suministro de combustible en el país para obligar a Hollande a abandonar las reformas.

Desde el extranjero podría parecer que las escenas de trabajadores franceses del petróleo en huelga y agitando banderas alrededor de un piquete son una imagen habitual, pero en realidad no lo son. En la última década, los altercados por huelgas y las apuestas arriesgadas de los sindicatos habían dado paso a una mayor tendencia a la negociación sindical sobre la mesa.

Los antidisturbios se enfrentaron este jueves en París a los manifestantes que protestan contra la reforma laboral de Hollande, que pretende dar más flexibilidad a las empresas.
Los antidisturbios se enfrentaron este jueves en París a los manifestantes que protestan contra la reforma laboral de Hollande, que pretende dar más flexibilidad a las empresas. FRANÇOIS MORI/ASSOCIATED PRESS
Es verdad que el expresidente de derechas Nicolas Sarkozy también sufrió bloqueos de refinerías de petróleo por sus reformas de las pensiones en 2010. Pero la diferencia crucial de ahora es que Hollande es un presidente de izquierdas al que se están oponiendo sindicalistas de izquierdas. Es la primera vez que un gobierno francés socialista afronta una rebelión sindical a nivel nacional en más de 30 años.

Francia está ahora bloqueada en un callejón sin salida. El Gobierno dice que no retirará la ley. Pero la CGT tampoco retrocederá, y tiene poco que perder al mantener el bloqueo del combustible.

"Hollande está en una trampa, haga lo que haga", valora Pierre Mathiot, profesor de ciencia política en la universidad Sciences Po de Lille. "Si opta por la postura autoritaria estricta, como hizo Sarkozy, y utiliza a la Policía para obligar a abrir las refinerías, enfadará a su base de izquierdas y solo satisfará a los de derechas que de todas formas no lo votarían el año que viene. Si se rinde y da marcha atrás en la legislación laboral, los de izquierdas tampoco lo votarán. Nada de lo que haga tendrá ningún beneficio político; ese es el problema".

No está claro si Hollande volverá a presentarse a presidente. Lo decidirá este año. El anuncio de esta semana de que las cifras de desempleo se han reducido dos meses seguidos es una buena noticia para él. Pero buena parte de su base de votantes de izquierdas se siente cada vez más alejada de quien fue un político del consenso, que llamaba "enemigo" al mundo financiero hasta que, una vez en el poder, se desplazó a una posición más afín a los empresarios.

El dilema de Hollande sobre si presentarse o no a la reelección podría ser un punto de inflexión histórico. En más de 50 años, no ha habido nunca un presidente francés en el cargo que decidiera no volver a presentarse tras un primer mandato. Tampoco ha habido nunca un presidente en el cargo que fuese eliminado en la primera ronda de unas elecciones presidenciales. Hollande podría ser pionero en una de esas dos cosas: algunas encuestas ya señalan que podría ser abatido en la primera ronda en 2017 por Marine Le Pen, del ultraderechista Frente Nacional.

Es una ironía del conflicto actual que los planes económicos de referentes conocidos como Alain Juppé, que competirá para representar a la derecha convencional en 2017, están mucho más orientados a las empresas y al libre mercado que aquellos por los que Hollande está siendo ahora atacado.

El presidente espera que, al final, la decadencia de su popularidad cuente menos en la carrera presidencial del próximo año que el despliegue de una llamada al acercamiento de los izquierdistas que lo han abandonado: "Votadme otra vez, o los ogros de la derecha, mucho más peligrosos, volverán".

Traducción de  Jaime Sevilla Lorenzo

Fuente: eldiario.es

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