Mostrando entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de julio de 2017

¿Beneficiaría la paz en Siria a Israel y Turquía?


por Thierry Meyssan

El fin de la guerra contra Siria se acerca sin que los anglosajones hayan podido completar ninguno de los objetivos que se habían trazado. La Hermandad Musulmana no sólo fracasó con las primaveras árabes sino que hoy aparece como perdedora en todos los países de la región, con excepción de Qatar y Turquía. Como país, Siria ha sufrido una destrucción tremenda pero la sociedad siria y su modelo multiconfesional han resistido. Y todo indica que por fin se va a restablecer la «ruta de la seda». En cuanto a Israel y Turquía, esos dos países parecen estar a punto de lograr sacar las castañas del fuego y beneficiarse, a su manera, con la agresión contra Siria.

Todos preveían que la crisis surgida entre Arabia Saudita y Qatar facilitaría el resurgimiento del eje Riad-Damasco-El Cairo, que dominó la vida política del mundo árabe hasta el inicio de las «primaveras árabes». Pero no ha sido así.

Es posible que el príncipe Mohammed ben Salman conserve aún la esperanza de lograr la victoria en Yemen y que por eso crea inútil intentar un acercamiento a Siria. También es posible que los sauditas, que en el pasado encabezaron la rebelión árabe contra los otomanos, consideren que hoy resulta demasiado peligroso ponerse del lado de Siria, en contra de Turquía. Lo cierto es que la semana pasada, en las negociaciones de Crans-Montana, la ONU, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea de hecho respaldaron la ocupación militar turca en el norte de Chipre, a pesar de ser esta totalmente ilegal. Aunque en Occidente se ha puesto de moda criticar la dictadura de Erdogan, es evidente que la OTAN apoya sin reservas el despliegue militar turco en Chipre, en Siria y en Qatar.

Según la sabiduría popular, «a la Naturaleza le horroriza el vacío» y parece ser cierto porque fue Qatar el que acabó por ponerse en contacto con Damasco. Para el presidente sirio Bachar al Assad, el acercamiento de Qatar es menos importante que si hubiese sido Arabia Saudita… pero aún así es un logro porque siempre será un Estado menos en contra de Siria, cuando en realidad en este momento ya sólo se mantienen en guerra contra Siria –además de algunas transnacionales estadounidenses– el Reino Unido, Turquía e Israel.

El encuentro del 7 de julio de 2017, en la cumbre del G20 realizada en Hamburgo, entre los presidentes Vladimir Putin y Donald Trump parece haber cambiado muchas cosas. La reunión entre Trump y Putin, que debía durar sólo media hora, finalmente duró 4 veces ese tiempo, obligando a los demás jefes de Estado y de gobierno a esperar a que Putin y Trump terminaran su conversación. Todavía no se conocen las decisiones que tomaron los dos presidentes y sus respectivos ministros de Relaciones Exteriores… pero sí se sabe lo que negociaron.

Israel, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos han propuesto poner fin a la guerra contra Siria, lo cual corrobora la victoria de Tel Aviv sobre la resistencia palestina. Esta última se ve actualmente dividida entre al Fatah, que gobierna Ramalah, y el Hamas, al mando en Gaza.

Pero al Fatah, hoy encabezado por Mahmud Abbas, ha ido hundiéndose en la corrupción y está colaborando abiertamente con Israel, mientras que el Hamas, creado por la Hermandad Musulmana, con la bendición inicial de los servicios secretos israelíes para debilitar a al-Fatah, se ha desacreditado, primeramente por sus actos de terrorismo contra los civiles, así como por su increíble comportamiento en la guerra contra Siria. De hecho, sólo Turquía e Irán mantienen su apoyo al Hamas, ahora rechazado por todos los demas Estados.

Sin ningún pudor, el Hamas, que ya en 2012 se alió a los servicios secretos israelíes y a al-Qaeda para masacrar a los dirigentes del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) en el campamento palestino de Yarmuk, en Damasco, ha implorado nuevamente el perdón de Tel Aviv.

Es ese el origen del increíble plan que consiste en reunir a las dos principales facciones palestinas, quitar el mando al viejo Mahmud Abbas –de 82 años–, reconocer un Estado palestino títere y ponerlo bajo la dirección… del general Mohammed Dahlan.

Mohammed Dahlan, es el líder de al-Fatah que se convirtió secretamente en agente de Israel, luchó contra el Hamas de forma salvaje y luego envenenó a Yasser Arafat. Al ser descubierto, Dahlan fue excluido de al-Fatah, huyó a Montenegro y la justicia palestina lo condenó en ausencia. Durante los últimos años, Dahlan residió en los Emiratos Árabes Unidos, donde administraba una fortuna de 120 millones de dólares malversados de los fondos de la Autoridad Palestina. En Gaza, ahora lo recibirían sus enemigos históricos miembros del Hamas, como Yahya Sinwar, el nuevo «primer ministro» de esa organización, un amigo de la infancia del propio Dhalan. Olvidando el pasado, el Hamas pondría a Dhalan, para empezar, a la cabeza de la lucha contra el Ejército del Islam, la rama palestina del Emirato Islámico (Daesh).

Si realmente llega a ponerse en práctica, ese plan marcaría la liquidación definitiva de la resistencia palestina, al cabo de 70 años de lucha.

Es en ese contexto que tenemos que ver el anuncio del acuerdo entre Putin y Trump sobre 3 regiones del sur de Siria. Se autorizaría en ellas el despliegue de tropas estadounidenses, supuestamente para mantener la paz, pero sería en realidad para crear una zona desmilitarizada entre el Golán sirio y el resto del país. Las tropas iraníes no estarían autorizadas a acercarse a Israel. De esa manera, el Golán, territorio sirio que Israel ocupa ilegalmente desde hace 40 años, sería considerado de hecho, y aunque nadie pronuncie esa palabra, como territorio anexado por la potencia ocupante. En octubre de 2018, se eligirían allí los consejos locales de las poblaciones, según la legislación de Israel. Rusia no se opondría… a cambio de que Estados Unidos olvide su actual obsesión con la cuestión de Crimea.

En el resto de Siria podría concluirse la paz, exceptuando la franja que los kurdos han arrebatado al Emirato Islámico y la que ocupan los turcos. Washington y Moscú permitirían que los turcos ajustaran cuentas a los kurdos, lo cual implica que estos últimos serían masacrados. Sucedería entonces exactamente lo mismo que cuando Henry Kissinger apoyó a los kurdos iraquíes contra Saddam Hussein… para acabar abandonándolos de la noche a la mañana, echando por tierra el sueño de creación de un Kurdistán. En definitiva, el ejército turco mantendría la ocupación de la región siria de Al-Bab, como ya ocupa el norte de Chipre y la región de Baachiqa en Irak.

Palestinos y kurdos pagarían así el error de haber luchado por obtener territorios que están fuera de sus tierras históricas –en Jordania y en Líbano, en vez de Palestina, y en Irak y Siria, en vez del Kurdistán.

Israel y Turquía serían así los dos únicos países en sacar alguna ganancia de los 6 años de guerra contra el pueblo sirio.

Thierry Meyssan

Red Voltaire

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : Red Voltaire

viernes, 2 de junio de 2017

Noam Chomsky desde una perspectiva siria


Yassin al Haj Saleh

No había pasado ni un mes de mi salida de la cárcel a finales de 1996 cuando comencé la traducción del libro Powers and Prospects de Noam Chomsky, el conocido lingüista, activista y crítico político estadounidense. Conseguir libros extranjeros no era fácil para gente como yo en su momento; sin embargo, los padres de un compañero mío que aún estaba en prisión me visitaron pocos días después de mi salida. Pensaron que podía estar interesado en traducir un libro que quizá habían planeado enviar a su hijo, mi compañero, antes de que nos exiliaran a ambos a la terrible prisión de Tadmor a principios de 1996. El compañero Al-Harith al-Nabhan había traducido dos libros de Chomsky mientras estábamos en la prisión de Adra, aunque se publicaron con el nombre de su hermana.

En lo que respecta a nosotros, los presos comunistas, cuyo pilar de identidad intelectual y político se había desplomado mientras estábamos aún en la cárcel, las obras de Chomsky nos transmitían que la lucha por la liberación y la igualdad en el mundo seguía siendo posible, y que quizá la disolución de la Unión Soviética y su bloque nos había quitado un peso en esta lucha. En ello había algo que podía servir para salvar nuestros significados y apuntalar nuestra tropezosa lucha política. Aunque no mucho, pues los escritos de Chomsky se centran casi por completo en EEUU y apenas cubren parcialmente las necesidades de los luchadores pos-comunistas en busca de tierra firme.

Aproximadamente un año y medio después, terminé la traducción en colaboración con otro compañero de cárcel, Safwan Akkash, que estuvo más de 15 años en las cárceles de Hafez al-Asad, de un libro sobre Chomsky: A life of Dissent de Robert F. Barsky. Intentábamos asegurarnos un sueldo mediante la traducción por una parte y por otra, retomar nuestro rol público con los medios disponibles. En la introducción que escribimos, intentamos ligar nuestra desconocida lucha sobre la que hablamos en términos generales, a la lucha de Chomsky en los años sesenta del siglo XX en el seno del movimiento por los derechos civiles en EEUU. En ese momento, el hombre fue detenido durante uno o dos días, y nosotros, ex presos, solo podíamos decir que la persecución que Chomsky había sufrido había sido un mero juego de niños en comparación con lo que sufren los luchadores y la gente común en países como el nuestro.

Nuestra intención no era en absoluto restarle valor a uno de los pensadores más conocidos del mundo. Simplemente queríamos dejar constancia de la diferencia, y quizá buscábamos reconocimiento. Salimos de la cárcel no solo para encontrarnos una realidad en la que el régimen que nos había encerrado durante largos años dominaba, sino también para darnos de bruces con la pérdida de confianza mundial y global en las ideas del socialismo y el comunismo que era nuestro identificador en el momento de ser detenidos.

Estábamos de veras agotados, sin confianza en nosotros mismos. Buscábamos la fuerza en lo que nos parecía un eslabón de la lucha, que no era en absoluto independiente de la nuestra. Sin embargo, no era así, y conllevaba en cierto modo una aspiración mundial como la que se había derrumbado hacía nada.

El problema es que la obra de Chomsky apenas reconoce la diferencia y su visión mundial se centra desmesuradamente en EEUU. Sus obras se baten en continua lucha contra las políticas estadounidenses en el mundo, y ven los tentáculos estadounidenses en casi todo. El hombre se opone al papel de EEUU en el mundo desde la perspectiva de que EEUU es una fuerza imperialista dominante sin parangón en el mundo de hoy, y desde la perspectiva de que EEUU es su país. Por eso, piensa ─acertadamente en mi opinión─ en que el deber del intelectual es criticar las políticas de su país en primer lugar, y no, por ejemplo, criticar las políticas del enemigo oficial, como la Unión Soviética en los años de la Guerra Fría.

Es una buena postura, aunque estemos en un mundo interconectado hoy, invitados a asumir una responsabilidad mundial que no se reduce a cuestionar y pedir explicaciones a las élites del poder en nuestros países. Y ello se aplica antes que nadie a los intelectuales estadounidenses y occidentales, dados sus privilegios a la hora de moverse, su gran preparación profesional, su relativa inmunidad y su capacidad de llegar a diversas fuentes de información de forma más sencilla. Sin embargo, Chomsky no se opone al papel de EEUU en el mundo solo porque EEUU es su país, sino porque lo considera la fuerza imperialista con mayor influencia en el devenir del Universo. Eso es lógico, pero su forma de pensar se inclina hacia la negación de la amplia independencia de las luchas sociales y políticas en otros países del mundo, casi doscientos.

La realidad es que no piensa en ese punto. No dice que todas las luchas son una misma contra el imperialismo; sin embargo, su obra parece llegar a una conclusión como esta, más que a certificar la independencia de las diferentes luchas en diferentes países.

En nuestra región de mundo, Oriente Medio por ejemplo, hay actores políticos locales que son la primera fuente de mal, de discriminación, de despotismo, de masacres y del empeoramiento de la vida. Algunos de ellos se apoyan de facto en el apoyo que les brindan las sucesivas administraciones estadounidenses, y muchos otros prefieren cargar los problemas que sufre su país a los estadounidenses; sin embargo, su margen de independencia es amplio en ambos casos. La situación de los palestinos no se comprende sin el firme apoyo que reciben las élites políticas y militares israelíes, pero no se puede negar la responsabilidad de dichas élites en los crímenes que cometen contra los palestinos. Los asadianos en Siria prefieren ligar sus problemas generales a Israel y EEUU, de forma que ellos no carguen con ninguna responsabilidad.

Mientras, no dejan de relacionar sus logros imaginarios consigo mismos en el ámbito de la lucha con esas fuerzas enemigas conspiradoras. En el mundo árabe se dan situaciones extremadamente negativas, en lo político y en lo humano, que no se comprenden de veras si no se tiene en cuenta el papel que juegan las potencias de dominio mundial, especialmente EEUU, a lo largo de tres generaciones. Sin embargo, no es correcto que toda la situación se deba al papel que han jugado. No se puede tampoco inferir la independencia de las luchas en todo caso partiendo de la ideología proclamada por sus élites. En la buena relación de Israel con EEUU no hay nada que niegue la independencia de las instituciones israelíes en sus crímenes. La turbulenta relación entre los asadianos y EEUU tampoco es en lo que se puede uno apoyar para hablar de la independencia de nuestra lucha. La independencia nace de la estructura actual del mundo.

Existe una pluralidad de luchas y unas son independientes de otras. No existe además un modelo de determinismo mundial que determine su dependencia de una única lucha central. Se trata de una lucha contra el imperialismo estadounidense, aunque no digamos que el concepto heredado de imperialismo, que lo imagina como una perla escondida en algún lugar de EEUU, tal vez la Casa Blanca, tiene una utilidad limitada. Y hoy nos encontramos ante un sistema de relaciones internacionales que niega el derecho de los habitantes a decidir su destino, un destino que las élites locales reproducen según su interés. La relación de la élite asadiana con el común de los sirios, por ejemplo, es más parecida a la relación de Israel con los palestinos, a quienes niega la propiedad de sus tierras y la decisión de su destino. Igual que la relación colonial entre los colonos y los colonizados. Podemos diferenciar entre imperialismos centrales e imperialismos periféricos, pero no entre imperialismos e imperialismos. Lo mejor, en mi opinión, es trabajar para cambiar el paradigma en su conjunto.

La cuestión no se reduce a que Chomsky no nos sirva para eso, sino que parece que ese antiimperialismo desarrolla las luchas imperialistas que le conciernen, cuando tiende a ver todas las luchas del mundo desde la perspectiva de una única gran lucha que lo pone a él mismo y sus semejantes contra el establishment. Ese modelo de “expansión imperialista” nos deja a los realistas bajo el dominio de las mafias locales asesinas invisibles y cuya voz no se escucha.

Y parece que la postura de Chomsky en relación a la revolución siria nace de su antigua perspectiva imperialista, que niega la autenticidad y la independencia a nuestra lucha. El pensamiento del hombre se ha mantenido centrado en la alta política y los grandes actores, al acecho del papel estadounidense, con una tendencia clara a fijarse en los estadounidenses que desean la caída del régimen asadiano y no al revés. Ello oscila entre una simplificación que nace del envejecimiento de la perspectiva, y el craso error. Chomsky coincide con la izquierda mundial y la derecha y el centro en la demonización de los yihadistas, uniéndose con ello a un consenso asfixiante que no precisa de otra cosa que personas como él, y que tiende a considerar a los revolucionarios sirios en general como yihadistas. En cuanto al régimen asadiano, lo ve como el rival de ese mal absoluto, y reprocha a los estadounidenses que no se oponen lo suficiente a los yihadistas. Si lo hicieran, no estarían en contra del régimen asadiano que los combate en su opinión (y contra los iraníes). Esto trasluce los problemas del centralismo de Chomsky de forma temprana. Desde su posición estadounidense, no ve cómo la fuerza principal del mal sin parangón en Siria es el Estado asadiano y que el cambio positivo en Siria es imposible sin cerrar ese capítulo. Es cierto que el hombre ha calificado a Bashar de bestia, pero lo dijo para luego centrarse en otra cosa que para él es lo importante. Error. Lo importante y lo más importante es que Bashar al-Asad (como nombre de un régimen, su élite y una relación política) es una bestia y un asesino. El resto de cosas, incluidos Daesh y Al-Qaeda son secundarias. El mundo entero estará con nosotros contra los yihadistas si nos deshacemos del asesino principal que gobierna el país y lo posee desde hace cerca de medio siglo.

Durante seis años y medio desde el inicio de la revolución, ha quedado claro que Chomsky no sabe nada de valor en relación a Siria, ni de su sociedad, ni de su vida política, ni de su historia, y se basa en fuentes en absoluto merecedoras de respeto, como Patrick Corbin y Theodor Postol (que niega la responsabilidad del régimen en la matanza química de Jan Sheijún), y que está lejos de la consistencia ética y política en relación a la cuestión siria, como ha quedado claro en los intercambios de correspondencia que ha mantenido con él y publicado Sam Chales Hamad recientemente. Esto no es una deficiencia personal, sino que está ligada con la visión del conocido pensador estadounidense. Desde esa perspectiva imperialista, ni somos vistos ni prácticamente existimos.

Chomsky fue un pilar para nosotros a la salida de la cárcel tras una primera vuelta de lucha social y política en nuestro país, aunque no parece que él supiera nada de nosotros en ningún momento. Hoy no puede decir nada claro ni útil de la segunda vuelta de la lucha, mucho más grande que la anterior, y que es lo más importante que sucede hoy en el mundo. Sin embargo, nosotros sabemos hoy que nuestro pilar es esta ingente lucha en sí misma, y que la independencia de nuestra lucha de los grandes planes imperialistas de crear imperialismos inversos es el pilar más firme para nuestra aspiración de liberar nuestro país asolado y hacerlo independiente. No hay otro pilar.

* Yassin al-Haj Saleh es un escritor e intelectual sirio que, siendo estudiante de Medicina en Alepo, fue detenido y encarcelado el año 1980 y estuvo preso hasta 1996.

http://traduccionsiria.blogspot.com.es/2017/05/noam-chomsly-desde-una-perspectiva-siria.html?
- See more at: http://vientosur.info/spip.php?article12635#sthash.GEC9i5hn.dpuf
Fuente: Viento Sur

sábado, 8 de abril de 2017

EEUU inicia la tercera fase de la operación “Desmantelar Siria”




Nazanin Armanian

Bajo el pretexto de castigar al gobierno de Bashar al Assad por el supuesto uso de armas químicas contra la población de Khan Sheikhoun el día 4 de abril, el régimen de Donald Trump ha lanzado unos 60 misiles sobre una base militar siria, sin la autorización de la ONU, ni siquiera la del Congreso de EEUU. Washington y sus aliados europeos, árabes, turcos e israelíes no han presentado ni una sola prueba, ni han realizado ninguna investigación al respecto. La ausencia de información impide saber el tipo de arma química utilizado. Si ha sido el gas nervioso Sarín (el que Assad entregó a la ONU en 2013) ¿por qué los llamados “Cascos Blancos” -que operan en la zona controlada por los terroristas-, tocan el cuerpo de los heridos y fallecidos sin protección?. Siria, recientemente denunció ante la ONU la entrada en Idlib de productos químicos desde Iraq y Turquía, países bajo el control militar de EEUU.

Es posible que estemos ante la tercera fase de la destrucción del estado sirio: la primera tuvo lugar entre 2008 y2014 desestabilizando el país, y la segunda se inició patrocinando a los “yihadistas” del Estado Islámico, quienes ya han cumplido su misión: arrasar Siria, para allanar el camino de una intervención terrestre “low cost” de la OTAN.

¿“Cui bono” del uso de armas químicas?

Sobre la autoría de lo sucedido hay varias versiones:

Que la aviación siria haya lanzado gas Sarín sobre una fábrica de armas tóxicas controlada por los terroristas, desatando el letal agente nervioso. Si es así, Assad además de tonto debe ser un suicida, justo cuando días antes Trump había afirmado que abandonaba la idea de derrocarle.  
Que, como afirma Kremlin, Siria bombardeó esta fábrica de armas de los rebeldes, sin saber que allí habían depositado armas químicas.
Que los terroristas hayan cometido este acto bajo la “bandera falsa”, dando pretexto a la OTAN para intervenir, al ver que Trump se negaba a deponer al presidente sirio. Según New York Times (del 21 de noviembre del 2016), el ISIS ha utilizado armas químicas en 52 ocasiones en Siria e Iraq. ¿Quién se los proporciona?
Que un grupo de la oposición las haya usado contra otro, culpando al gobierno sirio. Al Qaeda en varias ocasiones ha realizado matanzas colectivas de los militantes de grupos rivales.
No se debe descartar que fuese una de las “operaciones encubiertas” de los Escuadrones de la muerte creados en 2011 por el experto en la materia Robert Ford, el ex embajador de EEUU en Damasco y en Bagdad.
El asesinato de los civiles, considerado “daño colateral” por una causa superior es un atroz crimen de guerra. Los propósitos de EEUU de esta acusación son las mismas que persiguió en septiembre del 2013 acusando al gobierno sirio del uso de armas de destrucción masiva, a pesar de que los rebeldes reconocieron su implicación a la periodista de Associated Press, Dale Gavlak: las habían recibido de Arabia saudí y fue un “accidente” por mala manipulación de las mismas.

Los objetivos del ataque de EEUU

Asestar un duro golpe a aquella facción del stablishment  que se acercaba a Rusia e Irán, al considerar a China el principal enemigo del imperio, y cuya representante fue Obama. Los gobiernos de Israel, Arabia Saudi y Turquía no ocultan su satisfacción.
Suspender la conferencia organizada por la ONU sobre la paz en Siria, que iba a celebrarse el 5 de abril. El fracaso de las negociaciones realizadas entre Turquía, Irán y la oposición siria de Astaná (Kazajistán) dirigidas por Moscú, puede haber contribuido a la toma de esta decisión.
Crear zonas de exclusión aérea y terrestre en las fornteras de Siria con Jordania y Turquía. Trump ordenó públicamente al Pentágono establecer zonas “seguras” en Siria el 19 de enero pasado, iniciando la balcanización del país que iría con una paz armada.
Forzar a Assad a elegir entre una de las 5 opciones de cómo puede abandonar el poder, que se le ofreció el mayo del 2016: Rex Tillerson anuncia que se está dando pasos para eliminar al presidente sirio. Éste ha sido el propósito de EEUU desde el 2006. Al contrario de quienes (peligrosamente) menosprecian el incontestable poderío militar de EEUU, afirmando que Rusia e Irán han conseguido salvar a Assad de los ataques de la suma de las fuerzas de la OTAN, Israel, y los 11 países árabes del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico, lo cierto es que Barak Obama retrasó el destitución del doctor Assad por las siguientes razones:
No provocar a Irán (que considera a Siria su profundidad estratégica para disuadir a Israel de un ataque) en el medio de las negociaciones nucleares. Para Obama era más importante entrar en la historia por haber impedido un Irán nuclear (y sin dispararle un sólo misil) que eliminar a un presidente en Siria que se iba a caer tarde o temprano.
La incapacidad de la oposición a formar una alternativa viable a Assad.
Decidió convertir a Siria en un pantano, donde los enemigos de EEUU e Israel (Rusia, Irán, Turquía, Hizbolá, etc.) se desgastaban, que no cerrar la guerra. Ante enemigos debilitados, los costos de una intervención directa en el futuro serían menor.
EEUU avanza en su plan de reconfigurar el mapa del estratégico Oriente Próximo, iniciado tras el derrumbe de la Unión Soviética.  La principal tarea de las fuerzas progresistas en estos momentos no es defender la inocencia de Assad (que se está cayendo desde el 2011 a cámara lenta, por la conspiración de las potencias regionales y mundiales, pero también por sus propias políticas), sino organizar movimientos contra la guerra imperialista a nivel mundial: imaginad por un momento cómo cambiaría de forma cualitativa la dimensión de ésta guerra si EEUU causa grandes bajas entre los militares rusos en Siria.

 Fuente: Público.es

domingo, 26 de marzo de 2017

Revelaciones: la yihad de Lafarge-Holcim



por Thierry Meyssan

En ocasión de la publicación del libro de Thierry Meyssan, «Sous nos yeux. Du 11-Septembre à Donald Trump», damos inicio a una serie de artículos que desarrollarán por separado algunas de las muy numerosas informaciones que contiene ese volumen. En línea con la intervención del candidato Jean-Luc Melenchon en el debate televisivo previo a la elección presidencial francesa, abrimos esta serie con la verdadera historia de la transnacional Lafarge-Holcim en Siria.



El 2 de marzo de 2017, la empresa Lafarge-Holcim reconoció que su filial en Siria «entregó fondos a terceras partes para llegar a arreglos con cierto número de grupos armados, entre ellos terceros bajo sanciones, con vista a mantener la actividad [de la filial] y garantizar un paso seguro a los empleados y el aprovisionamiento hacia y desde la fábrica» [1].

Esa transnacional productora de cemento ya es objeto de 2 investigaciones. La primera la iniciaron, el 15 de noviembre de 2016, las asociaciones Sherpa y ECCHR, mientras que la segunda la emprendió el ministerio francés de Economía. Ambas encuestas son consecuencia de supuestas revelaciones del diario francés Le Monde, que afirma que Lafarge entregó dinero al Emirato Islámico (Daesh), en violación de las resoluciones de la ONU.


Es importante observar que los artículos publicados el 2 de marzo en Intelligence Online (un boletín poco difundido de Le Monde) y en el propio diario Le Monde fueron redactados por Dorothy Myriam Kellou, que no es periodista de ese cotidiano francés. Dorothy Myriam Kellou estudió en la universidad de Georgetown, notoriamente vinculada a la CIA, y fue encargada de prensa en el consulado francés de Jerusalén. Lo que publicó esta joven fue confirmado por un libro de Jacob Waerness, titulado Risikosjef i Syra, donde este ex empleado describe la grave situación del personal de Lafarge en Siria. Después de publicar el libro, su autor siguió colaborando con el fabricante de cemento.

Las falsas revelaciones de Le Monde en realidad se coordinaron con Lafarge-Holcim para desviar la mirada de la opinión y de los jueces hacia algo que no pasa de ser un detalle: ¿Podía aceptarse o no el chantaje de Daesh?

La verdad es mucho más grave.

La preparación de la guerra contra Siria

En junio de 2008, la OTAN organizaba la reunión anual del Grupo de Bilderberg [2] en Chantilly, Estados Unidos. Hillary Clinton y Barack Obama se presentaron como participantes en esa reunión.

Entre los 120 presentes se hallaban también Basma Kodmani –la futura portavoz de la Coalición Nacional Siria– y Volker Perthes –el futuro asistente del diplomático estadounidense Jeffrey Feltman en la ONU a cargo del tema de Siria. Durante un debate sobre la permanencia de la política exterior estadounidense, estos dos personajes intervinieron para presentar la importancia de la Hermandad Musulmana y el papel que esa cofradía podía desempeñar en la «democratización» del mundo árabe.

Jean-Pierre Jouyet –el futuro jefe del equipo de trabajo del presidente de Francia–, Manuel Valls –futuro primer ministro de Francia– y Bertrand Collomb –el patrón de Lafarge– estaban presentes en el encuentro junto a Henry R. Kravis –el futuro coordinador financiero del Emirato Islámico (Daesh).

Lafarge en Siria


Lafarge es el líder mundial de la producción de cemento. La OTAN pone en manos de Lafarge la construcción de búnkeres para los yihadistas en Siria y la reconstrucción de la parte sunnita de Irak. A cambio, Lafarge permite que la OTAN maneje el funcionamiento de sus instalaciones en ambos países, sobre todo la fábrica de cemento de Yalabiyeh –al norte de Alepo y cerca de la frontera turca. Durante 2 años, la transnacional francesa garantiza el material de construcción para la edificación de gigantescas fortificaciones subterráneas que permiten a los yihadistas desafiar al Ejército Árabe Sirio.

Lafarge se halla ahora bajo la dirección del estadounidense Eric Olsen, quien integra a la transnacional las fábricas de los hermanos Sawiris y de Firas Tlass. Este último es hijo del general sirio Mustafá Tlass, quien fue ministro de Defensa del presidente Hafez al-Assad. Firas Tlass es además hermano del general Manaf Tlass, al que Francia quiso convertir en el próximo presidente de Siria, y de Nahed Tlass-Ojjeh, la viuda del negociante de armas saudita Akram Ojjeh. Nahed Tlass-Ojjeh trabaja actualmente con el periodista francés Franz-Olivier Giesbert.

Los vínculos entre Lafarge y las fuerzas especiales francesas se facilitan gracias a la amistad existente entre Bertrand Collomb –ahora convertido en presidente honorario de la transnacional– y el general Benoit Puga –jefe del estado mayor particular del presidente de Francia bajo los mandatos sucesivos de Nicolas Sarkozy y de Francois Hollande.

La mentira del diario francés Le Monde


En un primer momento, el diario online de los mercenarios anti-sirios Zaman Al-Wasl publica varios correos electrónicos que demuestran que Lafarge está entregando dinero al Emirato Islámico. En una segunda fase, Le Monde publica sus artículos y los documentos de Zaman Al-Wasl desaparecen de su sitio web, documentos que usted encontrará aquí, en nuestro sitio.

Según el diario francés Le Monde, Lafarge estaba pagando a los yihadistas el petróleo que necesitaba para el funcionamiento de la fábrica. Eso es falso porque esa instalación funciona principalmente con carbón, que seguía recibiendo de Turquía. Sin darse cuenta de la importancia de lo que está confesando, «Le Monde» reconoce que Lafarge producía anualmente 2,6 millones de toneladas de cemento, destinadas a las «zonas rebeldes».

Pero, en medio de esta terrible guerra, era imposible que los civiles construyesen absolutamente nada en esas zonas.

La construcción de búnkeres
para los yihadistas


2,6 millones de toneladas durante más de 2 años suman un total de 6 millones de toneladas de cemento producidas para los «rebeldes». Y si escribo la palabra «rebeldes» entre comillas es porque esos combatientes no son sirios sino individuos provenientes de todo el mundo musulmán e incluso de Europa.

Tal cantidad de cemento es comparable a la que utilizó el Reich alemán para construir la Línea Sigfrido en 1916-1917. Desde julio de 2012, la OTAN –incluyendo a Francia– estaba organizando una guerra de posiciones, conforme a la estrategia que describe Abu Mussab «El Sirio» en su libro de 2004 Management of Savagery, o sea “Gestión de la Barbarie”.

Es fácil imaginar la cantidad de ingenieros militares de la OTAN –incluyendo especialistas franceses– que fueron necesarios para construir este gran conjunto de fortificaciones.

Lafarge, los Clinton y la CIA


En la década de los 80, Lafarge enfrentó su proceso por contaminar en el Estado de Alabama (Estados Unidos) recurriendo a una célebre abogada, Hillary Rodham-Clinton, quien logró reducir la multa que la Agencia de Protección de Medioambiente impuso a la transnacional a sólo 1,8 millones de dólares.

Bajo el mandato de George Bush padre, Lafarge prestó servicios a la CIA en Irak transportando ilegalmente el armamento que más tarde utilizaría la rebelión cuando Irak invadió Kuwait y la coalición internacional encabezada por Estados Unidos acudió en ayuda del emirato ocupado por Saddam Hussein.

La intervención militar rusa


Atrincherados en sus búnkeres, los yihadistas podían darse el lujo de desafiar al Ejército Árabe Sirio, manteniendo sus posiciones sin dificultades. Siria se vio dividida en dos durante 2 años porque el gobierno tuvo que optar por ceder terreno para garantizar la protección de la población.

Cuando Rusia interviene en el conflicto, a pedido del gobierno sirio, su misión consistía en destruir con bombas penetrantes los búnkeres de los yihadistas. La duración prevista de esa operación debía ser de 3 meses –desde septiembre de 2015 hasta la navidad ortodoxa, el 6 de enero de 2016. Sin embargo, las fortificaciones de Larfage-Holcim eran de una envergadura tal que las fuerzas rusas necesitaron 6 meses para acabar con ellas.

Conclusión


Cuando la transnacional Lafarge-Holcim terminó su misión en Siria al servicio de la ingeniería militar de la OTAN, simplemente cerró la fábrica y prestó la instalación a la alianza atlántica. La fábrica de Lafarge en Yalabiyeh fue entonces convertida en cuartel general de las fuerzas especiales de Estados Unidos, Francia, Noruega y el Reino Unido que ocupaban ilegalmente el norte de la República Árabe Siria.

Al contrario de lo que sugiere la cortina de humo del diario Le Monde, el caso de Lafarge-Holcim no es la triste historia de una empresa constructora que negoció con yihadistas para salvar a sus trabajadores. La responsabilidad real de Lafarge-Holcim reside en el papel central que desempeñó en una amplia operación militar de destrucción emprendida contra Siria, una guerra secreta que ya ha costado cientos de miles de vidas.



[1] «Comunicado de Lafarge-Holcim sobre sus actividades en Siria», Red Voltaire, 2 de marzo de 2017.

[2] «Lo que usted no sabe sobre el Grupo de Bilderberg», por Thierry Meyssan, Komsomolskaïa Pravda (Rusia), Red Voltaire, 15 de abril de 2011.

Thierry Meyssan
Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «Revelaciones: la yihad de Lafarge-Holcim», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 24 de marzo de 2017, www.voltairenet.org/article195758.html

Thierry Meyssan
 Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional

miércoles, 22 de febrero de 2017

Siria, la izquierda y el “camarada” Putin

Rusia se ampara en el derecho internacional para intervenir en Siria



Nazanin Armanian

La intervención militar de Rusia en la guerra de Siria ha dividido a la izquierda en tres principales grupos: los que creen firmemente que los rusos (¿soviéticos?), desde Siria, están parando los pies al “yihadismo” e imperialismo; los que le acusan de crímenes de guerra y de ser igual o peor que los yanquis, y quienes a pesar de asimilar que la patria de Lenin hoy es un país capitalista, se consuelan con que fortalecerla pondría fin a la pesadilla del mundo unilateral dirigido por EEUU.

Vladimir Putin, héroe o villano

Sin duda, la figura y la trayectoria del super presidente Putin es desconcertante. Desde Stalin ningún líder ruso ha gozado de tanta popularidad que él. Hábil en el uso de “humo y espejos”, el hombre de “orden y disciplina” que gobierna el país más grande del planeta, representa una alianza de la burguesía y magnates que controlan los medios de producción privatizados y públicos. Una élite “internacionalista” que presume de contar con el ex canciller del imperialismo alemán, Gerhard Schröder, que utilizando las “puertas giratorias” se ha colado en la dirección de Gazprom: la enfermedad holandesa azota Rusia y otros países productores de petróleo y gas.

El presidente Putin de hoy no es el mismo que hizo de primer ministro para un tal Boris Yeltsin, el Donald Trump ruso. En aquellos años, EEUU ni intentó debilitar o derrocar a Vladímir Vladímirovich, ya que podría servirle para contener a los comunistas.

Pragmático en interior y “realista” en la política exterior, Putin aplica su “sofisticada doctrina”:  mientras celebra el “Día de la Cheka” en homenaje a la policía secreta bolchevique, o utiliza la simbología soviética en los desfiles públicos, o habla del “decadente Occidente imperialista”, mima también a la ultra conservadora iglesia ortodoxa, y pone velas para que Europa y EEUU le llamen para juntos administrar el mundo. Y Oriente Próximo es un excelente espacio para recuperar el estatus de la potencia mundial.

La putinomanía, creada desde un impulso maniqueo para desafiar la rusofobia (confundida con la “comunismofobia”), tacha de “conspiración occidental” a cualquier protesta (por muy obrera que sea) en contra de las políticas de Kremlin como si milagrosamente la “lucha de clase” hubiese desaparecido de aquella sociedad capitalista.

¡Lo que diga el  PC ruso!

Ante el desconocimiento de lo que sucede realmente en Siria, algunos recomiendan  fiarse de la posición del Partido Comunista ruso (defensor de la diplomacia de Putin), pero:

¿Se refieren al mismo partido que condujo a la URSS – país al que conocía perfectamente-, y al socialismo mundial hacia aniquilación, a pesar de contar con cientos de analistas a su disposición?
¿Es que los comunistas no se equivocan? Tener “fe” no es un rasgo precisamente marxista.
En el PC ruso al igual que en otros, hay varias facciones, y no todas apoyan a la política exterior del presidente.
Los comunistas rusos, si por un lado han cometido muchos errores sobre los acontecimientos de Oriente Próximo, por otro, han dado prioridad a los intereses estratégicos de su país sobre los intereses de los pueblos afectados. Como ejemplo: La URSS fue el primer país en reconocer el Estado sionista de Israel. ¿Debería la izquierda palestina hacer lo mismo?
La intervención en Siria

Varios apuntes:

. Ninguno de los países participantes en la guerra de Siria lo hace por el amor al pueblo sirio, ni para crear un orden regional o internacional progresista.

. La legalidad de la presencia militar rusa (por tener el permiso de Damasco) no la legítima. En Yemen, EEUU y Arabia están bombardeando el país, muy legalmente a petición de su presidente Hadi, provocando la mayor crisis humanitaria del mundo.

. Entre los objetivos de Moscú no está proteger a los sirios, ni siquiera a su acorralado mandatario, ni mucho menos recuperar la integridad territorial de Siria.

. Esta intervención no ha cambiado ni las razones iniciales de la guerra ni su resultado. Sólo ha añadido mayor complejidad al conflicto. Moscú y Washington ya han pactado la suerte de Siria.

. Rusia cayó en la trampa de Obama que decidió no derrocar a Assad (que vive en su  palacio que sigue intacto, a pesar de 5 años del ataque de unos 30 estados el país), convirtiendo a Siria en un lodazal donde los enemigos y defensores de Asad se matan, haciendo felices a Washington y Tel Avive.

. Hay muchos matices en la “liberación” del mítico Alepo “gracias a los rusos”: Moscú permitió a Turquía acabar con Rojava, la autonomía kurda, si los yihadistas bajo su mando desalojaban Alepo. Así, los yihadistas fueron trasladados (con sus armas) con los autocares fletados y bocadillos, a otra ciudad, Idlib: los sirios no daban crédito a lo ocurrido. La “victoria” teatral en Alepo además no cambiaba NADA en el equilibrio de las fuerzas en este escenario.

. Las bombas de las fuerzas liderada por Rusia que caen sobre los civiles son igual de mortales que las de EEUU y Turquía. Ambos bandos utilizan la “guerra contra el terror” como una carta blanca para llevar adelante sus intereses estratégicos. Hay quien justifica éstos “daños colaterales” (el cuerpo sin vida de miles de familias sirias), desde sus cómodos sofás en un país en paz, como precio a pagar por el noble objetivo de derrotar el imperialismo. ¡Ésta es la guinda de la decadencia ética! “Los fines no justifican los medios” ha sido uno de los rasgos identitarios de la izquierda. ¿Matar a una parte del pueblo para salvar a otra? Que Putin solucionara la crisis Chechenia, o la de los rehenes en el Teatro de Moscú y en la escuela de Beslan, matando a miles de civiles para acabar con el terrorismo, entre otras observaciones, muestra una considerable falta de inteligencia, además de humanidad.

. Rusia, en el sentido marxista del término (aun) no es un país imperialista, aunque muestre aspiraciones jingoístas (nacionalismo exaltado militarista). Su apasionante y cambiante realidad social y política seguirá creando mucha confusión.

¿Es Rusia anti-imperialista?

Pocos saben que el Sr. Putin en 2001 solicitó el ingreso de Rusia en la OTAN. Se creó el Consejo OTAN-Rusia para coordinar la cooperación militar y civil entre ambos, que fue estrenada en Afganistán, donde la invasión de la Alianza ha dejado a cientos de miles de muertos y unos 5 millones de desplazados. EEUU, entre 2012 y 2015 utilizó la base área de la ciudad natal de Lenin, Uliánovsk, para transportar cargas a Afganistán. También con su abstención en el Consejo de Seguridad permitió en 2011 el ataque a  Libia, votó en favor a las sanciones económicas y militares contra Irán, mientras Israel y Arabia Saudi se armaban hasta los dientes, generando un peligroso desequilibrio militar en la zona.

La ofensiva de la OTAN contra Rusia se debe a que EEUU no soporta que un poderoso país con tantos recursos naturales esté fuera de su control. Esta fricción geopolítica no puede ser aprovechada por las fuerzas progresistas, simplemente porque éstas han sido debilitadas hasta casi desaparición. ¡Y no, los entes religiosas (que son de derecha más reaccionaria) no pueden llenar este vacío, aunque sus inocuas ruidos anti estadounidenses llenen el escenario!

Y un mundo multipolar no reduce el riesgo de las guerras. Durante la existencia de la URSS ¿cuántas invasiones militares y golpes de estado hubo? Rusia no es un estado belicista, pero tampoco es el ángel de la paz: es el segundo vendedor mundial de armas.

Hoy, la guerra revolucionaria carece de sentido. Los pequeños y grandes estados usan sus armas de destrucción masiva contra miles de civiles, sin pestañar.  En Siria, todos los actores extranjeros deberían salir del país, y que fuese la ONU quien vele por la paz y la democracia, antes de que Trump lo declare “Estado Fallido” y le mande sus tropas.

Fuente: Publico.es

jueves, 5 de enero de 2017

El cambio de bando de Turquía


por Thierry Meyssan

El presidente ruso Vladimir Putin anunció la proclamación de un alto al fuego en Siria, acordado con Turquía, país que hasta ahora había sido el principal respaldo operativo de los yihadistas. ¿Cómo se explica este giro inesperado? ¿Logrará el presidente turco Erdogan mover su país de la esfera influencia de Estados Unidos a la de Rusia? ¿Cuáles son las causas y consecuencias de este importante cambio de bando?


Turquía es un país miembro de la OTAN, aliado de Arabia Saudita, amo del yihadismo internacional desde que el príncipe saudita Bandar ben Sultán tuvo que ser hospitalizado –en 2012– y padrino de la Hermandad Musulmana desde el derrocamiento de Mohamed Morsi en Egipto y la discrepancia entre Doha y Riad, en 2013 y 2014. En noviembre de 2015, Turquía llegó incluso a atacar a Rusia, derribando un Sukhoi-24 y provocando con ello una ruptura de relaciones diplomáticas con Moscú.

Pero esa misma Turquía acaba de apadrinar el alto al fuego en Siria, diseñado por Rusia [1]. ¿Por qué?

Desde 2013, Washington ha dejado de ver a Recep Tayyip Erdogan como un aliado confiable. Debido a ello, la CIA realizó diversas operaciones no contra Turquía sino directamente contra Erdogan. En mayo-junio de 2013, la CIA organiza y respalda el movimiento de protesta del parque Taksim Gezi. Durante las elecciones legislativas turcas de junio de 2015, la agencia estadounidense financia y maneja el partido de las minorías HDP para limitar los poderes del presidente Erdogan. Recurre a esa misma táctica en las elección de noviembre de 2015, pero el poder turco logra “arreglarlas”. La CIA pasa entonces de la política a la acción secreta. Organiza 4 intentos de asesinato, de los que el más reciente –en julio de 2016– termina muy mal, cuando la agencia estadounidense empuja un grupo de oficiales kemalistas a tratar de dar un golpe de Estado sin ninguna preparación.

Recep Tayyip Erdogan se halla, por lo tanto, en la misma posición que el primer ministro italiano de los años 1970, Aldo Moro: está a la cabeza de un país miembro de la OTAN y enfrenta la hostilidad de Estados Unidos. A Aldo Moro, la OTAN logró eliminarlo manipulando un grupo de extrema izquierda [2]. Pero no ha logrado liquidar a Erdogan.

Por otro lado, para ganar las elecciones en noviembre de 2015, Erdogan tuvo que captar a los supremacistas turco-mongoles reactivando unilateralmente el conflicto con la minoría kurda. De hecho, a su base electoral islamista del AKP le agregó los supuestos «nacionalistas» del MHP. En cuestión de meses mató más de 3 000 ciudadanos turcos miembros de la etnia kurda y arrasó varias aldeas, incluso barrios de grandes ciudades.

Para terminar, al servir de intermediario para la entrega a al-Qaeda y al Emirato Islámico (Daesh) del armamento que enviaban Arabia Saudita, Qatar y la OTAN, Erdogan estableció una estrecha relación con las organizaciones yihadistas. No dudó en utilizar la guerra contra Siria para echarse dinero en el bolsillo, a título personal. Primero lo hizo apoderándose de las maquinarias de las fábricas de Alepo –desmontadas y trasladadas a Turquía– y luego traficando con el petróleo y las antigüedades robados por los yihadistas. Todo el clan Erdogan fue vinculándose paulatinamente a los yihadistas. Por ejemplo, su actual primer ministro, el mafioso Binali Yildirim, organizó talleres para la fabricación de artículos falsificados en los territorios que administra Daesh.

Pero la intervención del Hezbollah en la segunda guerra contra Siria –a partir de julio de 2012– y después la intervención de la Federación Rusa –en septiembre de 2015– imprimieron un giro al conflicto. La gigantesca coalición de los “Amigos de Siria” ha perdido gran parte del terreno que ocupaba y está encontrando cada vez más dificultades para reclutar nuevos mercenarios. Miles de yihadistas han abandonado el campo de batalla y ya se han replegado hacia Turquía.

Pero la mayoría de esos individuos son incompatibles con la civilización turca. El problema es que los yihadistas no fueron reclutados como un ejército coherente sino para reunir el mayor número posible de elementos armados. Llegaron a ser al menos 250 000, quizás incluso muchos más. Al principio eran delincuentes árabes bajo las órdenes de miembros de la Hermandad Musulmana. Progresivamente, fueron agregándose los sufistas naqchbandis del Cáucaso e Irak, e incluso jóvenes occidentales sedientos de revolución.

Esta increíble mezcolanza no puede mantenerse si se desplaza a Turquía. En primer lugar, porque los yihadistas ahora quieren tener su propio Estado, y parece imposible que puedan proclamar otra vez el Califato en Turquía. Y también por todo tipo de razones de orden cultural. Por ejemplo: los yihadistas árabes han adoptado el wahabismo de los donantes sauditas. Según esa ideología del desierto, la Historia no existe. Por eso han destruido numerosas ruinas antiguas, supuestamente porque el Corán prohíbe los ídolos. Si bien esa óptica no ha encontrado problemas en Ankara, nadie concibe que los dejen tocar el patrimonio turco-mongol.

De hecho, en este momento Erdogan tiene –además de Siria– otros 3 enemigos:
- Estados Unidos y sus aliados turcos –el FETO, organización del islamista burgués Fethullah Gulen;
- los kurdos independentistas, sobre todo el PKK;
- las pretensiones de los yihadistas, principalmente los de Daesh, de crear un Estado sunnita.

El interés de Turquía sería aplacar prioritariamente sus conflictos internos con el PKK y con el FETO. Pero el interés personal de Erdogan es encontrar un nuevo aliado. Después de haber sido aliado de Estados Unidos, durante el ascenso estadounidense, ahora quiere convertirse en aliado de Rusia, que ya es la primera potencia militar del mundo en materia de guerra convencional.

Operar este cambio de bando parece particularmente difícil en la medida en que Turquía es miembro de la OTAN, organización de la que nadie ha logrado salir. Quizás pudiera, en un primer momento, salir del mando militar integrado, como hizo Francia en 1966. Y hay que recordar que en aquella época Charles De Gaulle tuvo enfrentar un intento de golpe de Estado y fue objeto de numerosos intentos de asesinato por parte de la OAS, organización financiada… por la CIA [3].

Suponiendo que Turquía lograse manejar ese cambio, todavía tendría que hacer frente a otros dos grandes problemas.

En primer lugar, aunque no se conoce con precisión la cantidad de yihadistas desplegados en Siria e Irak, es posible estimar que ya queden sólo entre 50 000 y 200 000. Sabiendo que esos mercenarios son masivamente irrecuperables, ¿qué se puede hacer con ellos? El acuerdo de alto al fuego, redactado de manera voluntariamente imprecisa, deja abierta la posibilidad de atacarlos en Idlib. Esa gobernación siria se halla bajo la ocupación de una serie de grupos armados, sin vínculos entre sí pero bajo la coordinación de la OTAN, desde el LandCom, instalado en Esmirna (Izmir) –precisamente en Turquía–, a través de ONGs «humanitarias». Contrariamente a Daesh, esos yihadistas no han sabido organizarse correctamente y siguen dependiendo de la ayuda de la OTAN. Esa ayuda les llega a través de la frontera turca, que podría cerrarse de un momento a otro. Sin embargo, si bien resulta fácil controlar los camiones que siguen rutas bien definidas, no es posible cortar el paso a los hombres que se mueven a campo traviesa. Miles, quizás decenas de miles de yihadistas, podrían huir próximamente hacia Turquía y desestabilizar ese país.

Turquía ya inició su cambio de retórica. El presidente Erdogan acusó a Estados Unidos de seguir apoyando a los yihadistas en general y a Daesh en particular, dando a entender que si él mismo lo hizo en el pasado fue bajo la mala influencia de Washington. Ankara espera ganar dinero poniendo la reconstrucción de Homs y Alepo en manos de su empresa constructora. Pero es difícil imaginar que, después de haber pagado a cientos de miles de sirios para que abandonaran su país, después de haber saqueado el norte de Siria y de haber respaldado a los yihadistas que han destruido el país y asesinado a cientos de miles de sirios, Turquía logre evadir todas sus responsabilidades.

El cambio de bando de Turquía –si se confirma en los próximos meses– traerá todo una cadena de consecuencias. Comenzando por el hecho que el presidente Erdogan se presenta ahora no sólo como aliado de Rusia sino también como socio del Hezbollah y de la República Islámica de Irán, o sea de los héroes del mundo chiita. Termina con ello el sueño de una Turquía líder del mundo sunnita, que lucha contra los «herejes» con el dinero de Arabia Saudita. Pero el conflicto artificial entre musulmanes, desatado por Washington, no terminará hasta que Arabia Saudita también renuncie a la ilusión.

El extraordinario giro de Turquía resulta probablemente difícil de entender para los occidentales, que creen que la política es siempre pública. Sin entrar a mencionar el arresto de varios oficiales turcos en un bunker de la OTAN en el este de Alepo, hace 2 semanas, es más fácil de interpretar para quienes recuerdan, por ejemplo, el papel personal de Recep Tayyip Erdogan durante la primera guerra de Chechenia, cuando él mismo dirigía la Milli Gorus, papel del que Moscú nunca habló pero que está ampliamente documentado en los archivos de los servicios de inteligencia de la Federación.

Vladimir Putin ha preferido convertir un enemigo en aliado, en vez de hacerlo caer y tener que seguir batallando contra el Estado que hoy dirige. El presidente Bachar al-Assad, sayyed Hassan Nasrallah y el ayatola Alí Khamenei han comprendido que es mejor hacer lo mismo.

Elementos a recordar:
- Después de haberse ilusionado con la conquista de Siria, el presidente Erdogan ahora se halla en dificultades –únicamente por causa de su propia política– en 3 frentes a la vez: tiene problemas con Estados Unidos y con el FETO –la organización de Fethullah Gulen–; con los kurdos independentistas del PKK; y con Daesh.
- A esos tres adversarios podría agregarse nuevamente Rusia, que posee abundante información sobre la trayectoria personal de Erdogan. Eso ha llevado al presidente Erdogan a optar por aliarse con Moscú y pudiera llegar a salir del mando integrado de la OTAN.

[1] «Los documentos del alto al fuego en Siria (completo)», “Resolution 2336 (Syrian Ceasefire, Astana Talks)”, Red Voltaire, 1º de enero de 2017.

[2] «La guerra secreta en Italia», por Daniele Ganser, Red Voltaire, 2 de marzo de 2010.

[3] «Cuando el stay-behind quiso derrocar a De Gaulle», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 28 de agosto de 2009.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «El cambio de bando de Turquía », por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 3 de enero de 2017, www.voltairenet.org/article194810.html

viernes, 30 de diciembre de 2016

Después de Alepo, liberar Idlib

Pobladores del este de Alepo acogen con júbilo a los soldados del Ejército Árabe Sirio.

por Thierry Meyssan

La liberación del este de Alepo pone fin al intento de derrocamiento de la República Árabe Siria. Y ha sido posible porque Qatar abandonó la partida y porque Turquía prácticamente ha cambiado de bando. Pero una parte de la geografía siria aún se halla bajo la ocupación de los yihadistas, servidores de la OTAN. Las próximas victorias militares y el fin de la guerra dependen, por tanto, de las negociaciones secretas que acaban de iniciarse con varios miembros de la alianza atlántica.


La liberación del este de Alepo por el Ejército Árabe Sirio se hizo posible porque varios actores extranjeros aceptaron retirar su respaldo a los yihadistas. La República Árabe Siria no podía negociar por sí misma la salida de los actores que abandonan la escena, sólo podía hacerlo la Federación Rusa.

Moscú logró convertir a Qatar en un aliado. El cambio de bando de Qatar quedó sellado, a principios de diciembre, con la venta a Doha de una quinta parte del capital de Rosneft, el gigante ruso de los hidrocarburos. Rosneft es la joya de Rusia, es la empresa más grande del mundo. Con esa transacción, supuestamente destinada a equilibrar el déficit del presupuesto ruso, el presidente de Rosneft Igor Setchin y el presidente ruso Vladimir Putin unieron indisolublemente las políticas energéticas de los dos principales exportadores de gas del planeta. De hecho, Qatar abandona a sus yihadistas, aunque tiene una oficina permanente en la sede la OTAN, en Bruselas, desde mayo de 2016.

El otro actor que cambió de casaca es Turquía. Aunque Turquía sigue siendo miembro de la OTAN, el hecho es que su presidente, Recep Tayyip Erdogan, se ha convertido, en el plano personal, en adversario de Washington. Desde las elecciones legislativas, la CIA ha tratado de asesinarlo 4 veces –la más reciente fue el pasado 15 de julio. Así que Moscú utiliza ahora a Erdogan para separar a Turquía de Estados Unidos.

Aunque es una maniobra complicada que puede exigir bastante tiempo, lo cierto es que ya causa inquietud en Tel Aviv, comanditario del asesinato del embajador ruso en Ankara –crimen debidamente aprobado, e incluso celebrado públicamente en las páginas del New York Daily News, el cuarto diario más importante de Estados Unidos y portavoz del grupo de presión sionista más radical. Es posible que Tel Aviv esté también detrás de la muerte de Peter Polshikov, director del buró a cargo de Latinoamérica en el ministerio ruso de Relaciones Exteriores, hallado muerto en su apartamento de Moscú, con un balazo en la cabeza.

Después de haberse planteado la posibilidad de que el asesinato del embajador ruso en Ankara, Andrei Karlov, fuese resultado de un doble juego de Erdogan, Moscú comprobó que esa hipótesis resulta muy poco probable. Vladimir Putin ordenó reforzar las medidas de seguridad en Rusia y la protección de sus representantes en el extranjero. En todo caso, el asesinato del embajador ruso demuestra que el presidente Erdogan ya no controla plenamente la situación en su terreno.

La captura de un grupo de militares extranjeros en un bunker construido en el este de Alepo viene a ilustrar la evolución del conflicto. Se trata principalmente de oficiales británicos, estadounidenses, franceses, sauditas y turcos. Al dar a conocer públicamente, en Nueva York, una lista no exhautiva con los nombres de 14 de esos militares, el embajador sirio Bachar Jaafari puso a la OTAN ante sus responsabilidades, actitud muy diferente de la que Siria había adoptado –en febrero de 2012– cuando negoció bilateralmente con Francia y Turquía durante el asedio del Emirato Islámico implantado en Baba Amro. En aquel momento, Damasco entregó a ambos países unos 40 oficiales turcos y una veintena de militares franceses capturados en Baba Amro. Los militares turcos fueron liberados a través de la mediación del director de los servicios de inteligencia rusos, Mijaíl Fradkov, mientras que los franceses fueron entregados directamente al almirante Edouard Guillaud –el entonces jefe de estado mayor de las fuerzas armadas de Francia–, quien vino personalmente a recogerlos en la frontera libanesa. A cambio de la entrega de los militares franceses, el gobierno sirio y la administración del entonces presidente francés Nicolas Sarkozy concluyeron un acuerdo en el que Francia se comprometía a abandonar la guerra contra la República Árabe Siria, acuerdo posteriormente violado por el sucesor de Sarkozy, Francois Hollande.

La existencia de un bunker de la OTAN en el este de Alepo confirma lo que siempre denunciamos sobre el papel de coordinación con los yihadistas que desde el inicio de la crisis ha desempeñado el LandCom de la OTAN, desde la ciudad turca de Esmirna (Izmir). Pero el Consejo del Atlántico Norte nunca fue consultado sobre esa operación. Al igual que en el momento del asalto a Trípoli –la capital libia– en agosto de 2011, Washington utilizó los medios de la OTAN a espaldas de algunos miembros de ese bloque militar. Y con ello aplica la doctrina Rumsfeld, según la cual ya no existe una coalición permanente alrededor de Estados Unidos sino únicamente una sucesión de coaliciones “a la carta”, según los blancos que selecciona Washington.

El proceso de liberación total del suelo sirio debería proseguir ahora con la liberación de Idlib. Esa gobernación siria se halla actualmente bajo la ocupación de una multitud de grupos yihadistas sin mando común. Como esos elementos son incapaces de garantizar la administración del territorio que controlan, y mucho menos de satisfacer las necesidades de la población civil, ese territorio está siendo gobernado de facto por la OTAN a través de falsas ONGs. Así lo comprobó el mes pasado un think tank estadounidense.

Para vencer a los yihadistas de Idlib habría que cortarles su vía de abastecimiento, o sea sellar la frontera turca. Eso es lo que la diplomacia rusa está tratando de obtener.

Thierry Meyssan
Fuente
Al-Watan (Siria)

miércoles, 21 de diciembre de 2016

El síndrome del este de Alepo

Algunos habitantes del este de Alepo rechazan la ayuda del gobierno sirio.

por Thierry Meyssan

Mientras las grandes potencias que impartían órdenes a los yihadistas en el este de Alepo fingen interesarse por la suerte de los habitantes de la ciudad para sacar de allí a sus propios militares, nadie parece entender realmente el drama que los sirios han vivido en esa ciudad. Contrariamente a las declaraciones de los dirigentes occidentales, no son los bombardeos lo que ha llevado sufrimiento a la población de Alepo sino la ocupación de una parte de su ciudad por un ejército de yihadistas extranjeros que impuso el reino de su versión de la «sharia». Algunos pobladores sufren ahora un grave disturbio sicótico: el síndrome del este de Alepo.


Al cabo de 4 años y medio de guerra, la población del este de Alepo ha sido finalmente liberada de la ocupación yihadista por la ofensiva del Ejército Árabe Sirio, con ayuda del Hezbollah, de Irán y de Rusia. La mayoría de los 120 000 pobladores liberados han sido registrados por el Estado sirio. La mayoría, pero no todos.

Asombrosamente, y a pesar de que el Estado sirio les ofrece alimentos, atención médica y alojamiento, este último por el momento precario, algunos habitantes del este de Alepo dicen que «no confían en el Estado». ¿A qué le temen? El hecho es que no han sido arrestados y que, por el contrario, están siendo acogidos como hijos de la Patria siria que permanecieron largo tiempo prisioneros del enemigo.

Como si hubieran olvidado la libertad en que vivían antes de la «primavera árabe» y como si nada hubiese sucedido durante los 4 últimos años, esas personas repiten la retórica de las transmisiones de Al-Jazeera de 2011. Afirman que la República es una dictadura, que tortura niños, masacra a los sunnitas, etc.

Se observa en ellos, por primera vez a escala de una ciudad, un fenómeno ya muy conocido a escala individual. Como el niño o la esposa maltratados por un padre o un marido cruel, y que a pesar de ello justifican ese comportamiento brutal, algunos habitantes del este de Alepo repiten ahora el discurso de los yihadistas que los oprimían.

En 1973, el siquiatra sueco Nils Bejerot analizó el shock sufrido por los clientes de un banco retenidos como rehenes durante un asalto. El incidente se convirtió en una verdadera pesadilla. Dos policías resultaron heridos, uno de ellos gravemente. El primer ministro Olof Palme trató inútilmente de razonar con los criminales que amenazaban con matar a todos los rehenes. Sometidos a una terrible presión, los rehenes no optaron por rebelarse sino que prefirieron tratar de ganarse la simpatía de sus captores para escapar a una muerte que parecía probable. Y así acabaron los rehenes repitiendo el discurso de sus captores. Trataron de convencer a la policía para que no tomara el local por asalto y una de las mujeres capturadas como rehenes incluso se enamoró de uno de los criminales. Ese fenómeno es lo que hoy se designa como «síndrome de Estocolmo», por el nombre de la ciudad donde tuvo lugar el incidente.

Finalmente, la policía recurrió a gases somníferos, logrando así detener a los bandidos y salvar a los rehenes. El secuestro de estos últimos duró 6 días, pero se mantuvieron afectados por el síndrome durante mucho tiempo, al extremo de negarse a comparecer como testigos en el subsiguiente juicio. La joven anteriormente mencionada mantuvo la relación amorosa con su captor mientras este estuvo tras las rejas.

El año pasado, el sicólogo clínico Saverio Tomasella mostró que el «síndrome de Estocolmo» es «la marca de una gravísima afectación de la interioridad del ser humano que ha vivido, directamente e impotente, el rapto de su identidad subjetiva».

No debemos por lo tanto creer que los habitantes del este de Alepo que hoy sufren ese síndrome van a recuperar rápidamente su contacto con el mundo real. Debemos, por el contrario, ofrecerles una total seguridad y dar prueba, una vez más, de gran paciencia. Aunque el deber de cada sirio es aportar, en primer lugar, respaldo y socorro a los soldados y a todos los que resistieron a la ocupación yihadista, esos civiles siguen siendo –por encima de todo– conciudadanos, hijos de la Patria siria.

Thierry Meyssan
Fuente
Al-Watan (Siria)
Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «El síndrome del este de Alepo», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire , 20 de diciembre de 2016, www.voltairenet.org/article194626.html

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Dos mundos separados

Estados Unidos se negó, el 28 de octubre de 2016, a aceptar que la ONU trabaje con la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), representada en esta imagen por su secretario general, el tayiko Rachid Rashid. ¿Por qué? Porque Rusia es miembro de esa organización regional. La OCS representa más del 40% de la población mundial.
© UN Photo/Evan Schneider


por Thierry Meyssan

Durante una importante reunión del Consejo de Seguridad de la ONU realizada el 28 de octubre –reunión que la prensa occidental ha preferido no mencionar–, Estados Unidos se negó a aceptar que la ONU coopere con las organizaciones regionales en las que figuren Rusia y, de hecho, China. Al negarse a aceptar toda cooperación con esos países, negándose por consiguiente a aceptarlos como iguales, Washington opta por la división del mundo en dos bandos y pone fin a la globalización económica.


Moscú convocó una reunión especial del Consejo de Seguridad de la ONU, realizada el 28 de octubre de 2016, sobre las posibilidades de cooperación entre la ONU y las organizaciones regionales. Como presidente del Consejo de Seguridad, el embajador Vitali Churkin había invitado a los secretarios generales de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), el ruso Serguei Ivanov; de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), el general ruso Nikolai Bordyucha; y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), el tayiko Rashid Alimov.

Los tres secretarios generales expusieron ante el Consejo de Seguridad el trabajo que realizan esas organizaciones: la CEI se ocupa de la cooperación entre los Estados de la antigua Unión Soviética; la OTSC es una alianza militar; y la OCS trabaja a favor de la cooperación regional para estabilizar el Asia Central. Y resaltaron sus aportes a la ONU en la lucha contra el tráfico de droga y contra el terrorismo, dos temas que la retórica internacional señala unánimemente como prioritarios en momentos en que todos saben que son dos males generados y controlados por Estados Unidos.

Todo había comenzado bien y los embajadores de los países miembros del Consejo de Seguridad se felicitaban por aquella bocanada de aire fresco. Pero el clima de la reunión cambió drásticamente con las intervenciones de los embajadores de Ucrania y Estados Unidos. Para evitar que esas tres organizaciones vengan a modificar el actual monopolio de la OTAN y la Unión Europea, los representantes de Ucrania y Estados Unidos acusaron a Rusia de todo tipo de crímenes y denunciaron las tres organizaciones regionales como pantallas del expansionismo ruso. La embajadora de Estados Unidos concluyó que no es por consiguiente posible plantear ningún tipo de cooperación entre la ONU y esas organizaciones, entre las que se encuentra la Organización de Cooperación de Shanghai, lo cual equivale a rechazar también la cooperación con China.

Se reedita así la posición que el mundo ya pudo verse anteriormente durante la conferencia Ginebra 2: en teoría, todos están unidos contra el terrorismo; pero en realidad, Washington no considera el terrorismo como una prioridad y da más importancia a las exigencias de su propio imperialismo. La diferencia es que en esta reunión del Consejo no se trataba de agredir a Siria. Lo que Washington acaba de hacer es asestar una bofetada a Rusia y China.

Así paga el mundo la enorme ambigüedad que rodea la lucha contra el terrorismo desde el año 2001. Y es importante recordar que el terrorismo no es un enemigo sino una forma de lucha a la que recurre el enemigo.

Washington cierra, por lo tanto, la única puerta de salida que se le mantenía abierta. La administración Obama se niega así a reconocer el desarrollo de Rusia, primera potencia militar en materia de guerra convencional, y de China, la primera potencia económica. Se niega a permitir que se modifique la organización unipolar del mundo impuesta a partir de la operación «Tormenta del Desierto», en 1991, y prosigue sus guerras en el Levante y Ucrania solamente para cortar las dos vías de abastecimiento terrestre de China hacia Europa occidental.

Como está consciente de que su posición es insostenible a corto plazo y no desea una guerra mundial, Washington se prepara para dividir el mundo en dos bandos. Pero tampoco quiere un regreso a la guerra fría, donde el mundo era una sola entidad que contaba con dos administraciones. Lo que Washington desea es una nueva estructuración: de un lado, un mundo unipolar gobernado únicamente por Estados Unidos; del otro lado, Estados independientes e insumisos que cooperan entre sí alrededor de Rusia y China; y la menor cantidad posible de contacto entre esos dos mundos. Esta estructuración implica el fin del libre comercio mundial, el fin de la organización del comercio a escala mundial, el fin de la globalización económica y, por consiguiente, un gigantesco retroceso.

Si Washington persistiera en marchar en esa dirección, tendría que acabar retirándose militarmente de Siria y permitiendo el regreso de la paz a ese país –exceptuando la frontera iraquí, donde mantendrá bloqueada la ruta de la seda. Por causa, esta vez, de Estados Unidos, una barrera infranqueable caería sobre el mundo dividiendo la Humanidad tal y como el Muro de Berlín dividió la población de la ciudad que había sido la capital de toda Alemania, separando familias enteras por más de medio siglo. Para los sirios que salieron de su país huyendo de los yihadistas, eso haría muy difícil el regreso a su país y el reencuentro con sus familiares. Para los occidentales, será imposible pasar las vacaciones en Moscú y quizás hasta la compra de ordenadores chinos.

Thierry Meyssan
Fuente
Al-Watan (Siria)

NOTICIERO DEL CAMBIO DE ORDEN MUNDIAL #13Thierry Meyssan

 Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «Dos mundos separados», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire , 8 de noviembre de 2016, www.voltairenet.org/article193971.html

martes, 25 de octubre de 2016

La posición francesa en Siria, cada vez más marginal y menos comprensible



Hollande abre la puerta del Elíseo a los “Cascos blancos”, ovacionados en la Asamblea Nacional
La posición francesa en Siria, cada vez más marginal y menos comprensible


Rafael Poch
La Vanguardia


Francia reafirmó la pasada semana su compromiso y apoyo a los adversarios del régimen sirio, cuando su presidente, François Hollande, recibió en el Elíseo a Rahed Al Saleh, presidente de la organización “Cascos blancos” y cabeza de una delegación civil de rebeldes del sector oriental de la asediada ciudad de Alepo. Al Saleh y su delegación fueron recibidos, y ovacionados, en la Asamblea Nacional entre el escepticismo de varios diputados que han visitado Siria en los últimos meses.
“Lo que pasa en Alepo con los bombardeos incesantes del régimen y sus sostenedores es inaceptable e intolerable, haré todo lo posible para que la tregua sea prolongada”, dijo Hollande en la recepción, poco antes de salir para Berlín a reunirse con el “grupo de Minsk”, donde pensaba abordar la cuestión siria con el presidente ruso, Vladimir Putin. Las diferencias entre París y Moscú sobre Siria, intercambiándose vetos en el Consejo de Seguridad de la ONU, anularon esta semana una visita de Putin a París.

Una nota del Elíseo explicaba que, “el papel de la sociedad civil es fundamental para denunciar la situación de Alepo, las violaciones del derecho internacional y humanitario y la implicación directa de Rusia”, cuya intervención militar al lado del gobierno sirio ha dado un vuelco a la situación y frustrado, de momento, el proyecto de cambio de régimen en el país auspiciado por los países del Golfo y las potencias occidentales, con Estados Unidos y Francia en primer lugar, maltrecho proyecto que se superpone y al mismo tiempo arropa la revuelta contra el régimen de Bashar El Assad.

Humanitarios-yihadistas

La organización de Al Saleh, que solo actúa en zonas controladas por los yihadistas, “gestiona 121 centros y una red de 3000 voluntarios, ha salvado la vida de más de 60.000 personas y desempeña el papel de observador imparcial sobre el terreno”, explicaba la nota informativa del Elíseo.

En abril, Estados Unidos negó la entrada en su territorio a Al Saleh, devolviéndolo en el mismo avión a Turquía por considerarlo un islamista radical. El portavoz del Departamento de Estado, Mark Toner, confirmó recientemente ese informe, sin conseguir aclarar por qué, al mismo tiempo, organizaciones estadounidenses como USAID -históricamente vinculada a la desestabilización de regímenes adversarios por la CIA- y otras, subvencionaron al peligroso y no deseado Al Saleh con 23 millones de dólares. El secretario de exteriores británico, Boris Johnson, también ha confirmado la financiación de su país a los Cascos blancos de Al Saleh con 65 millones de libras.

La comparecencia del Presidente de los “Cascos blancos” en la Asamblea Nacional francesa fue contestada por varios diputados que le preguntaron por esa financiación. “¿A quien representan ustedes verdaderamente?, ¿Quién les financia?, ¿No es su presencia aquí una manipulación?”, preguntaron los diputados de la derecha Jacques Myard y Pierre Lelouche. En su respuesta, Al Saleh mencionó a Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Holanda y Dinamarca, pero no a Francia, entre sus financiadores.

El “buen trabajo” de la filial de Al Qaeda

Desde el principio del conflicto sirio, Francia estuvo proporcionando armas y medios al Frente Al Nusra, una filial de Al Qaeda de la que el entonces ministro de exteriores francés, Laurent Fabius, afirmó que “hace un buen trabajo”, recuerda Claude Goasguen, un ex ministro y actual diputado importante de Los Republicanos. “Los rebeldes recuperaron para Al Qaeda las armas entregadas por Francia”, explica este veterano político conservador. Los últimos mensajes electrónicos de Hillary Clinton divulgados por WikiLeaks confirman en palabras de la actual candidata a la presidencia de Estados Unidos el secreto a voces de una, “financiación clandestina y ayuda logística en apoyo del Estado Islámico y otros grupos sunitas radicales en la región” por parte de Arabia Saudí y Qatar.

Los correos de Clinton divulgados por WikiLeaks no hacen sino confirmar, a su vez, la declaración pública del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, en la conferencia que pronunció en la Universidad de Harvard en octubre de 2014: el régimen saudí, con otros países del Golfo y Turquía, “han puesto centenares de millones de dólares y decenas de miles de toneladas de armas en manos de cualquiera dispuesto a combatir contra Assad”, dijo Biden.

“Somos el aliado incondicional de Arabia Saudí”, dice en París el diputado Goasguen.

Disneylandia

La utilización propagandística de organizaciones no gubernamentales, supuestas o reales, en conflictos y operaciones de cambio de régimen, tiene una larga historia reciente, desde Yugoslavia, hasta Ucrania, pasando por Georgia y otras ex repúblicas soviéticas. Los “Cascos Blancos” de Siria han estado en el centro de una de esas acciones cuyo objetivo reciente, y frustrado, fue la campaña en pro del Premio Nobel de la Paz 2016. En la campaña participaron desde actores de Hollywood como George Clooney, Ben Affleck y Justin Timberlake, hasta potentes lobys atlantistas y medios qatarís como el canal Al Jazira y el diario Al Arabi Al Jadid-New Arab con sede en Londres. El Premio Nobel fue finalmente concedido al Presidente colombiano, Juan Manuel Santos.

La apertura de las puertas del Elíseo a los “Cascos Blancos”, “es una especie de protesta de Francia contra su exclusión de la conferencia de Lausana sobre Siria, el pasado 15 de octubre”, explica Rene Naba, experto francés en Oriente Medio y editor de la web Madaniya. “Rusos y americanos excluyeron a los europeos de las negociaciones de paz para no dificultar la búsqueda de un acuerdo sobre Siria”, explica Naba. Ahora, Kerry irá el sábado y el domingo a Londres para informar a los europeos de los resultados de las negociaciones con los rusos. Reino Unidos, Alemania y Francia son ahora designados “países afines” por su afinidad con la guerra de Siria. “Al principio de la guerra ese grupo se llamaba “grupo de amigos de Siria” y tenía 105 miembros”, recuerda este experto, sugiriendo lo mucho que ha cambiado la situación.

Incoherencias

Francia tiene una posición muy frágil hacia Siria. Por un lado aquellos que su ministro de exteriores definía no hace mucho como factores de “un buen trabajo” estuvieron directa e ideológicamente relacionados con los autores de la matanza de periodistas y dibujantes en la redacción de Charlie Hebdo en enero del año pasado. Por otro, Francia critica los bombardeos de Rusia en Alepo Este, sin que nunca haya manifestado la menor objeción por el bombardeo del otro sector de la ciudad, menos intenso pero continuo y también con goteo de víctimas civiles, y aún menos durante los combates en Irak en la ciudad de Falluya, donde se emplearon armas y medios tanto o más destructivos que en Alepo y que dejan inquietantes secuelas genéticas para las futuras generaciones. La propia Francia lleva meses bombardeando en Irak con su aviación.

Analogías inconvenientes

El Presidente Hollande tiende a adjudicar a su adversario el Assad el monopolio de los 300.000 muertos (la cifra que mencionó ayer en el Elíseo) de esta cruel y devastadora guerra con múltiples responsabilidades, incluidas rusas, pero casi todas derivadas de la intentona del “nuevo orden” de George W. Bush en la región, ignorando los estimados 65.000 soldados del régimen caídos en la guerra civil inducida, así como las muertes civiles de partidarios de Assad, o de los muchos indiferentes y no alineados en el conflicto, en múltiples bombardeos y atentados de los “rebeldes”.

Toda esa manifiesta incoherencia puede hacerse ahora más complicada que nunca con el inicio de las operaciones militares contra Mosul, donde hay muchos más civiles que en sector oriental de Alepo y donde quienes dirigen la artillería son militares franceses, mientras la aviación se reparte entre Estados Unidos, Francia y otros. En ese sentido, suena muy significativa la afirmación publicada en su edición de hoy por el diario Le Monde, descalificando, por inconveniente, “la analogía entre los bombardeos de ambas ciudades”. Eso es, “un recurso de quienes apoyan a Vladimir Putin”, dice cándidamente ese diario que hace cuarenta años aún ofrecía una visión francesa del mundo diferente de la atlantista.

Fuente: http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch/2016/10/19/la-posicion-francesa-siria-vez-mas-marginal-menos-comprensible-80820/

viernes, 21 de octubre de 2016

Obama retrocedió ante el abismo, ¿lo haría Hillary?




Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García

El público estadounidense necesita entender qué está pasando en Siria. Desgraciadamente, los medios más importantes solo publican propaganda que caiga simpática a Wahington; esto hace que sea difícil separar los hechos de la ficción. Lo mejor para abrirse camino entre las mentiras y la desinformación es utilizar una sencilla analogía que nos ayude a ver que Siria no está en una agonía de confusión y guerra civil sectaria sino que es la víctima de otra operación de cambio de régimen lanzada por Washigton para derrocar al gobierno de Bashar al-Assad.A partir de esto, trate el lector de imaginar si los trabajadores del vestido en huelga en la ciudad de Nueva York decidieran armarse y tomar algunas zonas del sur de Manhattan. Y, permítasenos decirlo, el primer ministro canadiense Justin Trudeau resolviera que podría aumentar su influencia geopolítica mediante el reclutamiento de extremistas islámicos y su envío a Nueva York para que se unieran a los trabajadores en huelga. Eventualmente, el plan de Trudeau tendría éxito y las milicias rebeldes estarían en condiciones de apoderarse de una vasta porción del territorio de Estados Unidos incluyendo la mayor parte de la coste Este y extendiéndose hacia el Medio Oeste. Después –en el curso de los cinco años siguientes– esas misma fuerzas yihadistas proceden a destruir la mayor parte de la infraestructura civil en todo el país, a expulsar a millones de personas de sus casas y negocios y a exigir que el presidente Obama renuncie a su cargo de modo que pueda ser reemplazado por un régimen islámico que impondría una estricta ley islámica o sharia.
En una situación como ésta, ¿qué consejo le daría a Obama. ¿Le diría que negociara con la gente que invadió y destruyó su país o le diría que hiciera todo lo que considere necesario para derrotar al enemigo y recuperar la seguridad?
Las personas razonables estarían de acuerdo en que el presidente tiene el derecho de defender el país y de mantenerlo seguro. De hecho, la soberanía y la seguridad de las naciones son los cimientos sobre los que se asienta el derecho internacional. Sin embargo, ni los medios ni el Congreso de Estados Unidos, ni la Casa Blanca, ni la totalidad del establishment de la política exterior de este país acuerdan con este principio tan sencillo y honesto: que los gobiernos tienen el derecho de defenderse contra las invasiones extranjeras. Todas estas instituciones creen que Estados Unidos tiene el inalienable derecho de intervenir cada vez que decida hacerlo, utilizando todos lo medios necesarios para llevar a término sus operaciones de cambio de régimen.
En el caso de Siria, Washington está utilizando a yihadistas “moderados” para derribar el gobierno de Bashar al-Assad, surgido de unas elecciones. Tenga el lector en cuenta que ni siquiera se cuestiona QUÉ está haciendo Estados Unidos en Siria (un cambio de régimen) ni que Estados Unidos esté empleando una fuerza sustituta para conseguir su objetivo. El único cuestionamiento es si en realidad esos “moderados” lo son de verdad o si se trata de al-Qaeda. Ese es él único punto en el que hay cierto desacuerdo (nota: casi todos los que siguen los acontecimientos desde cerca y en el propio terreno saben que los moderados son al-Qaeda).
¿No le sorprende como algo un poco extravagante? ¿Cómo hemos llegado al punto en el que para Estados Unidos está “bien” derrocar un gobierno extranjero solo porque los agentes que utiliza para ello son pendencieros “moderados” en lugar de pendencieros “extremistas”.
¿Cuál es la diferencia? El hecho es que Estados Unidos está recurriendo a yihadistas nacidos en otro país para derribar a un gobierno soberano, el mismo procedimiento que empleó en Ucrania –donde se valió de neonazis para derrocar un gobierno–, el mismo que utilizaron las fuerzas armadas estadounidenses para voltear el gobierno soberano de Irak y el mismo que han usado las fuerzas de la OTAN para hacer caer el gobierno soberano de Libia. ¿Se entiende? Los métodos han podido cambiar, pero la política ha sido siempre la misma. La razón por la cual la política no cambia es que a Washington le gusta elegir sus propios líderes; unos líderes que invariablemente sirven a los intereses de sus elementos más ricos y poderosos, particularmente los de la industria de petróleo e Israel. Así es como funciona el sistema.
Todo el mundo ya sabe esto. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Washington ha derrocado –o lo ha intentado– más de 50 gobiernos. Estados Unidos en una franquicia: Golpes-R-EEUU.
Hillary Clinton es un miembro fundador de la oligarquía a favor del cambio de regímenes. Su carencia de principios no le impide acomodarse a circunstancias ideológicamente opuestas, y cree devotamente en el “excepcionalismo” de Estados Unidos, una noción que podría expresarse así: “Si Estados Unidos lo hace, está bien”.
Hillary también cree que la mejor manera de resolver el conflicto de Siria es empezar una guerra contra Rusia. Esto es lo que dijo el domingo [9 de octubre] en el debate con Donald Trump:
–La situación en Siria es catastrófica. Y cada día que pasa, vemos los resultados de la asociación del régimen de Al-Assad con los iraníes en tierra y con los rusos en el aire... Cuando yo era secretaria de Estado, abogaba, y sigo haciéndolo hoy, por una zona de exclusión de vuelo y unas zonas de seguridad.
Repitamos: “Hoy día abogo por una zona de exclusión de vuelo y unas zonas de seguridad”.
Este es un punto muy importante. Desde el primer día, Hillary ha apoyado las zonas de exclusión de vuelo, y lo ha hecho a pesar del hecho de que –ella misma lo ha admitido– esa política podría provocar una enorme cantidad de víctimas civiles. Pero este no es el único peligro que plantean las zonas de exclusión de vuelo. Pensemos en la advertencia del principal soldado estadounidense y presidente de la junta de jefes estado mayor, el general Joseph Dunford. En respuesta a una pregunta del senador republicano por Mississippi Roger Wicker sobre los riesgos potenciales de tratar de “controlar el espacio aéreo sirio”, Dunford contestó de esta inquietante manera: “Ahora mismo... para controlar todo el espacio aéreo sirio sería necesario iniciar una guerra contra Siria y Rusia”.
En pocas palabras, la Doctrina Hillary es esta: enfrentemos a los rusos en Siria y que empiece la Tercera Guerra Mundial. Si hay otra forma de interpretar la respuesta de Dunford, por favor, ¿podría decirme cuál es?
Además, Hillary agregó que “debemos trabajar en contacto más estrecho con nuestros socios y aliados en la región”.
Esto quiere decir que la política –puesta en marcha por Obama y la CIA– de apoyo a los militantes yihadistas que combaten sobre el terreno para derrocar a un gobierno legalmente constituido continuará tal como ha sido durante los últimos cinco años. ¿Es eso lo que quieren quienes apoyan a Hillary: más intervención militar, más enfrentamiento, más escenarios como el iraquí y el sirio?
Ella también dijo esto: “Apoyo con firmeza todo lo que se haga para investigar los crímenes; los crímenes de guerra cometidos por los sirios y los rusos y que se hagan responsables de ellos”.
Quien esté leyendo esto debería hacer una pausa y tratar de paladear la intricada absurdidad de los dichos de Clinton. Tal como señalamos en nuestra analogía de más arriba, Putin y Al-Assad están intentando de restablecer el control gubernamental del país para instaurar cierta seguridad, lo mismo haría Obama si necesitara combatir contra unos rebeldes armados en el sur de Manhattan. Los gobiernos tienen el derecho de gobernar su país. Esto no debería ser tan difícil de entender. Lo que propone Hillary es que los sirios y los rusos (que han sido llamados por Al-Assad) sean llevados a un tribunal por haber cumplido con el deber que todo líder que ganó unas elecciones juró cumplir cuando asumió su cargo, mientras que –al mismo tiempo– el país (Estados Unidos) que ha (lo ha admitido explícitamente) armado, adiestrado y financiado a unos invasores extranjeros que han hecho trizas el país invadido y matado a más 400.000 civiles sea dejado libre de culpa y cargo.
Nuestros medios occidentales de propaganda merecen un gran homenaje por hacer que alguien como Hillary pueda hacer una declaración tan necia como la suya y que el mundo entero no se lo tome a broma. En la lógica de Hillary, Obama podría ser llevado a juicio por crímenes de guerra si en su intento de liberar el sur de Manhattan murieran civiles. La propuesta es totalmente ridícula.
He aquí otra frase antológica de Hillary en el debate:
“Estoy convencida de que el uso de fuerzas especiales –que las estamos empleando–, que la utilización de facilitadores y de instructores en Irak –que ha tenido algunas consecuencias positivas–, responden mucho a nuestros intereses, por eso doy todo mi apoyo a lo que está sucediendo”.
¿”Consecuencias positivas”?
¿Cuáles son esas consecuencias? Han muerto 400.000 personas, ha habido siete millones de desplazados internos o refugiados y el país ha sido reducido a escombros, como en Fallujah. En la guerra de Hillary no ha habido consecuencia positiva alguna. Ha sido una completa y atroz catástrofe. El único triunfo que puede exhibir es el hecho de que el repugnante liderazgo demócrata y sus corruptos colegas mediáticos han tenido éxito en su tarea de esconder a los ojos del pueblo estadounidense los detalles de su depredación. Aparte de eso, ha sido una pérdida total.
Un poco más de Hillary: “Yo iría tras Baghdadi. Me centraría específicamente en él; estoy convencida de que tenemos que poner en la mira a lodos los jefes Al-Qaeda...”.
Baghdadi, Schmaghdadi; ¿qué más da? ¿Cuándo el inmoral programa de asesinatos selectivos de la CIA logró reducir alguna vez el conflicto, ralear las nutridas filas de las organizaciones terroristas o hacer que el pueblo estadounidense esté más seguro?
¿Cuándo? Nunca jamás. Todo esto es un maldito juego. Hillary solo quiere otro trofeo para poner en un anaquel de la futura biblioteca presidencial, otra cabellera para colgar junto a la de Gadhafi. ¡Esa mujer está enferma!
He aquí otra –la última– cita del debate: “Yo pensaría también en armar a los kurdos. Ellos han sido nuestros mejores socios en Siria, lo mismo que en Irak. Sé que en algunos círculos hay mucha preocupación en relación con esto, pero yo creo que ellos deben tener las armas y los equipos que necesiten; los combatientes kurdos y árabes que están allí constituyen el principal medio para tomar Raqqa después de expulsar al Daesh de Irak”.
Obama ya está armando a los kurdos, pero a ellos no les interesa la captura de Raqqa porque no forma parte de su tierra natal tradicional y porque eso no les ayuda a conseguir el territorio contiguo que desean para establecer su propio país. Aparte de esto, armar a los turcos solo enfadaría al presidente turco Tayyip Erdogan, que permite el uso del crucial aeropuerto de Incirlik desde donde Estados Unidos lleva acabo la mayor parte de los ataques aéreos contra los blancos enemigos en Siria. En otras palabras, Clinton no tiene la menor idea de lo que está diciendo.
Mientras no vale la pena analizar el papel de Hillary en el inicio de la guerra de Siria, hay una situación muy peliaguda que se dio la semana pasada y que, para quienes todavía tienen intención de votar a Clinton en las elecciones de noviembre, sí vale la pena detenerse en ella.
He aquí un breve resumen de lo sucedido: el miércoles [5 de octubre] el Washington Post filtró una nota en la que se consignaba que la administración Obama estaba considerando la posibilidad de atacar abiertamente algunas posiciones sirias, dicho de otro modo, llevar a cabo una guerra encubierta de baja intensidad directamente contra el régimen de Al-Assad (en lugar de utilizar solo fuerzas sustitutas).
El jueves [6 de octubre] el ministro de Defensa ruso, general Igor Konashenkov, anunció que Moscú había enviado algunos sistemas de defensa de última generación (de misiles de antiaéreos S-300 y S-400) al teatro de operaciones y que estaba planeando emplearlos en el caso de que las tropas sirias o rusas se viesen amenazadas.
En unas declaraciones televisadas, Konashenkov dijo: “Debe entenderse que es improbable que las unidades de defensa antiaérea con misiles de Rusia tengan tiempo para establecer con exactitud –vía Teléfono Rojo– el programa de vuelo de los misiles o quién es son el propietario de sus portadores”.
En referencia al provocador artículo del Washington Post, Konashenkov añadió: “Yo recomendaría a nuestros colegas de Washington sopesen con cuidado las posibles consecuencias del cumplimiento de semejantes planes”.
Los rusos estaban diciéndonos con toda la claridad posible que si los aviones de Estados Unidos atacaran, ya fueran las instalaciones rusas como a las tropas sirias, serían derribados inmediatamente. Cualquier persona razonable puede suponer que el derribo de un avión estadounidense desencadenaría una guerra con Rusia.
Afortunadamente, hay indicios de que Obama captó el mensaje y desactivó inmediatamente el ridículo plan (¿del Pentágono?). He aquí un fragmento de una nota en The Duran.com que quizá sea la mejor noticia sobre Siria que he leído en los últimos cinco años. Fue publicada el viernes [7 de octubre] y ha sido prácticamente ignorada por los medios más importantes:
“Después de la advertencia rusa de que los aviones de Estados Unidos serían abatidos, un portavoz de la Casa Blanca confirmó que el plan de ataques aéreos estadounidenses en Siria había sido rechazado... Josh Earnest dijo esto en conversación con los periodistas el jueves 6 de octubre de 2016.
“El presidente ha explicado con algún detalle por qué es improbable que una acción militar contra el régimen de Al-Assad para tratar de resolver la situación de Aleppo cumpla los objetivos que muchos preveían últimamente en relación con la disminución de la violencia en esa ciudad. Es mucho más probable que eso conduzca a numerosas consecuencias no buscadas que nada tienen que ver con nuestros intereses nacionales.” (“Un paso atrás de Estados Unidos en Siria después de que Rusia amenazara derribar avión estadounidense”, Alexander Mercouris en The Duran.com)
La pregunta es: ¿Haría lo mismo Hillary Clinton?

Mike Whitney vive en el estado de Washington. Ha colaborado en la redacción de Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion (AK Press). Hopeless... también está disponible en edición Kindle.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2016/10/12/obama-stepped-back-from-brink-will-hillary/

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la misma.

Fuente: Rebelión

Seguidores