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sábado, 4 de febrero de 2017

Las sonrisas de la señora May





por Thierry Meyssan

En momentos en que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca abre una nueva etapa en las relaciones internacionales, cada Estado va tratando de reposicionarse. El gobierno británico, después del referéndum que lo obliga a salir de la Unión Europea, trata de conciliar los intereses de su clase dirigente con los del pueblo. Con ese objetivo, la primera ministro Theresa May está explorando opciones contradictorias.
Las cosas nunca son sencillas. El cambio de administración en Washington debería llevar a la erradicación de la Hermandad Musulmana y del conjunto de grupos yihadistas nacidos de esa cofradía. En sólo una semana, el nuevo presidente de Estados Unidos publicó un Memorándum sobre la manera de combatir realmente contra el Emirato Islámico (Daesh) [1]. Sin embargo, los aliados de Estados Unidos no parecen dispuestos a someterse tan fácilmente a ese giro de 180 grados en relación con una política de la que ya han aprendido a sacar ventajas.

El Reino Unido se plantea en este momento diferentes opciones que se le abren con el Brexit: acercarse a la potencia económica en ascenso, que es China, o apostar nuevamente por la alianza anglosajona y conformar un directorio mundial con Estados Unidos. El problema es, por un lado, que los chinos conservan un desastroso recuerdo de la colonización británica y que están mostrando a Hong Kong que no tienen ninguna intención de ir más allá con el acuerdo conocido como «Un país, dos sistemas» mientras que, por otro lado, los estadounidenses quieren reemplazar el imperialismo militar por un renacimiento comercial.

Dado el hecho que Donald Trump no quiso por el momento viajar a Londres, fue la primera ministro Theresa May quien se apresuró a cruzar el Atlántico. En un sorprendente discurso pronunciado ante los congresistas republicanos en Filadelfia, la señora May recordó la historia común que comparten su país y Estados Unidos y la influencia internacional del Commonwealth, para concluir anunciando que está dispuesta a establecer con el presidente Donald Trump una relación similar a la que existió entre Ronald Reagan y Margareth Thatcher, tándem que dominó el mundo occidental en los años 1980.

Durante su encuentro con el presidente Trump, la primera ministra británica fue toda sonrisas. Se felicitó por el acuerdo comercial bilateral que anunció Trump, aunque ese acuerdo no podrá entrar en vigor hasta que el Reino Unido haya salido efectivamente de la Unión Europea, lo cual no ocurrirá antes de uno o 2 años.

Como no está segura de haber sido lo suficientemente convincente, la señora May viajó después a Turquía. Durante su encuentro con el presidente Recep Tayyip Erdogan, la primera ministro británica anunció –por supuesto– un desarrollo del comercio bilateral. Pero, no era ese el verdadero objeto de su visita. Las conversaciones con Erdogan estuvieron dedicadas principalmente a buscar la manera de que Londres y Ankara puedan aprovecharse juntos de la Unión Europea, desde afuera.

Pero lo primero que hizo la jefe del gobierno británico fue felicitar al dictador por haber defendido de manera brillante la democracia durante el abominable intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016, que en realidad fue un intento de asesinato orquestado por la CIA contra Erdogan. Ya en julio, el embajador británico en Turquía fue el primero en cambiar de casaca y celebrar la victoria del «Estado de derecho».

La idea más reciente del Foreign Office consiste en “resolver” el conflicto chipriota otorgando derechos económicos especiales a Turquía. Ankara podría así gozar de las ventajas del mercado común europeo sin ser miembro de la Unión. Esa jugada también permitiría a Londres utilizar ese privilegio para seguir comerciando con la Unión más allá del Brexit. La idea es ciertamente una muestra de astucia, pero no de buena fe, ni tampoco inspira la confianza que la propia señora May exige a Bruselas para negociar el Brexit.

Theresa May expresó inquietud ante el acercamiento entre Turquía y Rusia, surgido a pesar del antagonismo secular existente entre ambas partes. Como la señora May ha entendido que las negociaciones de Astaná no tienen como objetivo conciliar puntos de vista entre los sirios sino permitir a Turquía dar un primer paso hacia Damasco, lo que hizo fue tratar de crear problemas en el seno de la naciente alianza. Desde su punto de vista, el problema no es que Erdogan esté preparándose para abrazar al presidente Assad –después de haberlo combatido durante largo tiempo– sino que lo haga bajo los auspicios del gran rival ruso del Reino Unido.

En cuanto a Siria, Londres podría ayudar en la lucha contra los kurdos si Ankara le entregara el control de los yihadistas –una propuesta que contradice totalmente la que hizo a los estadounidenses. Pero eso no importa, históricamente la «pérfida Albión» siempre ha tenido la costumbre de decir cosas muy diferentes a sus distintos interlocutores para ver con el tiempo lo que funciona y lo que no.

Thierry Meyssan
[1] «Donald Trump disuelve la organización del imperialismo estadounidense», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 30 de enero de 2017.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).



Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional


Artículo bajo licencia Creative Commons

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Fuente : «Las sonrisas de la señora May», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 31 de enero de 2017, www.voltairenet.org/article195151.html

miércoles, 13 de julio de 2016

Así piensa (ahora) Theresa May, la nueva primera ministra de Reino Unido


Theresa May, durante la presentación de su efímera campaña hacia el liderazgo del Partido Conservador.
Theresa May, durante la presentación de su efímera campaña hacia el liderazgo del Partido Conservador. EFE

La sucesora de Cameron ahora se muestra dura contra la inmigración, defensora de la igualdad de género y favorable a ampliar los derechos laborales, pero esas no son las opiniones que ha manifestado siempre


JESSICA ELGOT

Theresa May se convertirá en la primera ministra de Reino Unido este miércoles por la tarde, ¿pero cuál es su postura sobre los asuntos fundamentales? Estos son sus éxitos, sus fracasos, sus opiniones y cómo han evolucionado:

Inmigración

El trabajo de May en inmigración durante su larga temporada como ministra del Interior es la parte más conocida de su actividad política. No fue ella quien propuso el objetivo de reducir la migración neta a decenas de miles, pero sí se comprometió en varias ocasiones a intentar cumplirlo. Según el último dato, la migración neta en Reino Unido está en 330.000 personas al año.

Una de sus políticas más controvertidas, dirigida a reducir drásticamente la inmigración desde fuera de la Unión Europea, fue una nueva normativa que prohibía a los ciudadanos británicos traer a Reino Unido a sus cónyuges o hijos salvo que ganasen más de 18.600 libras (unos 22.000 euros), independientemente de cuánto ganara su cónyuge no británico. Las familias han recurrido la ley ante el Tribunal Supremo. Los grupos de presión señalan que la normativa está llevando a niños pequeños a estar separados de sus familias durante largas temporadas.

Uno de sus mayores aprietos en el Ministerio del Interior fue la muy criticada campaña de las "furgonetas 'vete a casa", que recorrían el país ofreciendo ayuda a los inmigrantes ilegales para volver a sus lugares de origen. Además de recibir muchas burlas y llamadas falsas, el sistema solo logró que 11 personas abandonaran el país.

Derechos humanos

En su única intervención importante durante el referéndum sobre la Unión Europea, May insinuó que Reino Unido debería retirarse de la Convención Europea de Derechos Humanos independientemente del resultado del referéndum. "La Convención puede atar las manos del Parlamento, no aporta nada a nuestra prosperidad, nos quita seguridad al evitar la deportación de extranjeros peligrosos y no hace nada por cambiar las actitudes de gobiernos como el ruso en cuanto a derechos humanos", dijo.

Sin embargo, cuando le preguntaron directamente en el lanzamiento de su campaña sobre sus planes de abandonar la Convención, May dijo que ya no aspira a ello.

May considera la deportación de Abu Qatada como uno de sus grandes logros como ministra del Interior, después de que le aconsejaran varias veces que no sería posible por las preocupaciones sobre el tratamiento que recibiría en Jordania. También está preparada para bloquear la deportación de ciudadanos británicos, como la del hacker Gary McKinnon.

Se enfrentó al gran referente conservador Ken Clarke en una conferencia del partido en 2011. Después de asegurar que no se podía deportar a un inmigrante si tenía un gato, Clarke dijo que se apostaría algo con May a que nadie había evitado nunca la deportación por esa razón.

May es una de las principales defensoras del proyecto de ley de vigilancia masiva conocido como  snooper's charter y la acusaron de intentar acelerar su trámite parlamentario hace unos meses, antes de que la obligaran a aceptar varias concesiones sobre privacidad.

Mujer e igualdad

May se ha descrito a menudo a sí misma como una " tory one-nation". La advertencia que lanzó en 2002 a los conservadores de que se les veía como "el partido despreciable" fue una llamada a las armas por la modernización. Votó a favor de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, diciendo: "Si dos personas se cuidan, si se aman, deberían poder casarse".

Sus posturas han evolucionado de forma clara a lo largo de los años. Anteriormente votó en contra de reducir la edad de consentimiento para el sexo homosexual y también en contra de derogar el artículo 28, una norma del gobierno de Tatcher que prohibía a los centros educativos plantear "la aceptación de la homosexualidad como una relación familiar normal".

May habló de igualdad de oportunidades durante su discurso: "Si eres mujer, sigues cobrando menos que un hombre", dijo. Como ministra del Interior, promovió acciones contra la violencia doméstica, como una ley contra el control coercitivo y una investigación nacional sobre el tratamiento a las víctimas de violencia doméstica por parte de la Policía, llevada a cabo por el organismo público de inspección  HMIC.

Los activistas señalan, sin embargo, que May se ha mostrado mucho menos interesada en el tratamiento a las mujeres migrantes: se ha negado a poner fin a las detenciones de mujeres embarazadas en el centro de deportación de inmigrantes Yarl's Wood.

Como ministra de Mujer e Igualdad, el Partido Laborista la criticó por eliminar la obligación legal de que los organismos públicos intenten reducir la desigualdad de clases. "Fue tan ridículo como simplista", dijo ella.

Economía y derechos laborales

May hizo de los derechos laborales la piedra angular de su discurso de este lunes. "Bajo mi liderazgo, el Partido Conservador se pondrá al servicio de la gente trabajadora de forma completa, absoluta e inequívoca". May ha prometido dar espacio a los trabajadores en los consejos de administración de las empresas. También se ha comprometido a que la votación anual de las pagas a los ejecutivos por parte de los accionistas sea una obligación y no una recomendación.

No siempre ha sido una gran defensora de los derechos laborales. Un año después de ser elegida por primera vez en 1997, dio varios discursos en los que se oponía a un salario mínimo obligatorio a nivel nacional. "En el salario mínimo nacional, la carga se traslada del gasto social del Estado a las empresas", dijo. Añadió que el Gobierno debería plantearse "permitir a las empresas quedar fuera de las obligaciones del salario mínimo durante un periodo limitado en circunstancias económicas extremas".

Educación

May ha cambiado de opinión a lo largo de los años sobre las tasas universitarias. Votó en contra de un cambio en el sistema de tasas que las aumentaba y en contra de elevar el techo de las mismas. Sin embargo, cuando entró en el gobierno cambió rápido su posición. En 2010 votó a favor de aumentar ese techo.

Es una firme defensora del empeño de Michael Gove por las  free schools (un sistema educativo similar a la escuela concertada española). Lo dejó claro en 2009, en un discurso en el que defendió permitir que "las ONG, filántropos, federaciones educativas ya existentes, fundaciones sin ánimo de lucro, cooperativas y asociaciones de madres y padres abran nuevas escuelas en el sector estatal".

Elecciones generales

En 2007, después de que Gordon Brown relevara a Tony Blair en Downing Street, May pedía elecciones generales desde las filas parlamentarias de la oposición: "El primer ministro tiene miedo a unas elecciones generales", dijo. Pero cuando May lanzó oficialmente su apuesta por el liderazgo de los conservadores, descartó adelantar los comicios. "No debería haber elecciones generales hasta 2020", aseguró.

Traducción de Jaime Sevilla Lorenzo

Fuente: theguardian - eldiario.es

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