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lunes, 10 de octubre de 2016

La turbulencia global que viene



Michael Roberts 


Esta semana ha comenzado la reunión semestral del FMI y el Banco Mundial en Nueva York. Es una oportunidad para que los estrategas económicos del mundo hagan balance del estado de las principales economías del mundo. Y las noticias no son buenas. A comienzos de este mes, la OCDE, que se ocupa de las 30 principales economías del mundo, informó en su ‘interim economic forecast’ que el crecimiento del PIB mundial (incluyendo India y China) se estancaría en torno al 3% en 2016, con sólo una modesta mejora prevista para 2017. En general, la OCDE cree que la economía mundial "se mantuvo en una fase de bajo crecimiento con un decepcionante bajo crecimiento que afectará a las expectativas y tendrá como consecuencia un debilitamiento del comercio, la inversión, la productividad y los salarios". Catherine Mann, economista jefa de la OCDE, dijo: "Se necesita actuar para sacar a la economía mundial de la trampa del bajo crecimiento". "La espiral no es ascendente, sino descendente. Con caída del comercio, baja productividad, y reducción del crecimiento global".

En cuanto al comercio mundial, antes de la reunión del FMI este fin de semana, sus economistas publicaron un capítulo de sus próximas Perspectivas de la economía mundial en el que argumentan que una de las características del bajo crecimiento (depresión) actual ha sido la caída sin precedentes del crecimiento del comercio mundial. "Desde 2012, el crecimiento del volumen del comercio mundial de bienes y servicios ha sido menos de la mitad que en las tres décadas anteriores. Apenas se ha mantenido a la par con el PIB mundial y la desaceleración ha sido generalizada”. Los economistas del FMI calculan que este débil crecimiento del comercio es sobre todo un síntoma de la lenta recuperación económica. "De hecho, hasta tres cuartas partes del déficit de crecimiento real del comercio desde 2012, en comparación con 2003-07, puede atribuirse a un crecimiento económico global más débil, en particular de una inversión moderada".

La UNCTAD, la organización de la ONU que sigue las economías de los llamados países en desarrollo, publicó un informe en el que llegó a la conclusión de que el mundo está a punto de "entrar en una tercera fase de la crisis financiera". Las campanas de alarma han estado sonando durante la explosión de los niveles de deuda de las empresas en las economías emergentes, que ahora supera los 25 billones de dólares. "No se pueden descartar espirales deflacionarias dañinas". Según la UNCTAD, muchos países "en desarrollo" no están desarrollándose. No hay inversión en los sectores productivos. Muchos países han aumentado la distancia con los países ricos en relación con la década de 1980, a pesar de la "apertura" de sus economías a los flujos de capital multinacionales. Mientras que la participación de los beneficios en el PIB en las economías emergentes se ha elevado a un máximo histórico del 36% del PIB desde el 30% en 1980, la inversión privada ha caído al 17%, desde el 21%. En otras palabras, la mayor parte de los beneficios obtenidos han salido del país o se han invertido en sectores no productivos como el inmobiliario o la especulación financiera.

Además, como las tasas de interés mundiales han caído, la deuda corporativa en los mercados emergentes ha aumentado del 57% al 104% del PIB desde finales de 2008, lo que representa un riesgo real de colapso financiero si se produce una nueva recesión global o si las tasas de interés aumentan bruscamente y las monedas nacionales se hunden frente al dólar o el euro.

La débil inversión es la mayor preocupación de todos estos organismos internacionales. Y también ha sido causa del mensaje de alarma de los estrategas económicos del sector privado como los consultores de gestión McKinsey,. En un nuevo informe, llamado Turbulence ahead: Renewing consensus amidst greater volatility, McKinsey explica por qué el comercio y el crecimiento mundial se han desacelerado a niveles tan bajos desde el final de la Gran Recesión en 2009.  "El impacto de la crisis financiera mundial de 2008 provocó la primera caída registrada del PIB mundial y dado que la resaca se ha mantenido, muchos países luchan con recuperaciones inesperadamente débiles". Y no va a mejorar según McKinsey: "lo más preocupante es que las perspectivas de crecimiento a largo plazo son alarmantes. La proyección del crecimiento del PIB anual de 2014 a 2064 se reduce a la mitad, cayendo a un 2,1 por ciento a nivel mundial y un 1,9 por ciento para los países desarrollados".

Las políticas existentes adoptadas por los gobiernos no han funcionado: "la inversión privada y pública permanecen insensibles a este crédito barato. Incluso la muy esperada política de flexibilización cuantitativa ha hecho poco para cambiar esta situación". El crecimiento de la inversión ha disminuido significativamente desde el año 2008. Se derrumbó por completo en la Unión Europea, disminuyendo en 330.000 millones de dólares. A pesar de que la inversión bruta en los EE.UU. ha aumentado, la inversión neta como porcentaje del PIB se ha reducido a la mitad desde 2007. Las empresas han invertido en activos de más corta duración, pero no han conseguido compensarlo aumentando la inversión bruta. Sin la inversión dirigida por el Estado en China, las cifras globales serían aún peores. "China ha apuntalado la inversión global, y constituye el 79 por ciento del aumento de la inversión desde el año 2008. Sin embargo, esto no va a durar: se espera que el crecimiento anual de la inversión en China caiga desde un 10,4 por ciento entre 2008 y 2015 al 4,5 por ciento entre 2015 y 2030".

De hecho, los datos más recientes de EE UU -hasta mediados de 2016- muestran que la inversión fija de Estados Unidos se ha paralizado.



He tratado la causa de este pobre historial de inversión en varias notas. En mi opinión, no se debe a "la falta de demanda de los consumidores" que impide a las empresas mayores inversiones. El crecimiento del gasto de los consumidores ha sido relativamente robusto desde el año 2009. De hecho, cuando se excluye el gasto de los consumidores, el resto de la economía de Estados Unidos ya está en territorio negativo.



La mala o incluso negativa inversión tampoco es debida a la "incertidumbre" o la regulación etc. Sólo se debe a la rentabilidad. He citado un número creciente de estudios que lo confirman. Por ejemplo, los economistas convencionales Kothari, Lewellen y Warner escribieron un artículo titulado  "El comportamiento de la inversión empresarial".

Los autores encuentran una estrecha correlación causal entre el movimiento de la inversión empresarial en Estados Unidos y la rentabilidad empresarial. Los tres autores del documento deducen que "el crecimiento de la inversión es altamente predecible, hasta un 1 ½ años de antelación, utilizando las ganancias pasadas y los rendimientos de las acciones, pero tiene poca relación con las tasas de interés, los márgenes de crédito, o la volatilidad de las acciones. De hecho, los beneficios y los rendimientos de las acciones anegan el poder predictivo de otras variables propuestas en la literatura".  Y que "los beneficios muestran un patrón de ciclo empresarial claro y una clara correlación con la inversión".

Los datos muestran que la inversión crece rápidamente después de altas ganancias y retornos consistentes de las acciones en prácticamente cualquier modelo de inversión empresarial, pero puede tomar hasta un año y medio para ajustarse plenamente. Esta era exactamente la conclusión a la que llegué en mi propio estudio y de forma conjunta con G Carchedi.

Y en un informe reciente, los economistas de JP Morgan señalan que los ratios capital-producción están por encima de su promedio histórico y que la productividad del capital ha mostrado la tendencia más débil en la última década. En términos marxistas, la composición orgánica del capital va en aumento y los rendimientos del capital social están disminuyendo. Las últimas cifras oficiales de capital social hasta 2015 en los EE UU están ya disponibles, así que en una futura nota voy a actualizar la evolución de la tasa de beneficio de EE UU a la Marx.

Pero mientras tanto, permítanme referirme al trabajo de un economista de la Reserva Federal de Cleveland, que encontró que "un análisis de correlación simple muestra que la correlación entre la evolución de los beneficios empresariales y la paralela de la producción industrial es del 54 por ciento; pero la correlación sube al 66 por ciento si utilizo los datos del trimestre previo para la producción industrial. Del mismo modo, la correlación entre la evolución de los beneficios empresariales y la evolución paralela de la inversión privada interna bruta es del 57 por ciento, pero la correlación sube al 68 por ciento utilizando los datos del trimestre previo de la inversión. Más formalmente, una prueba de causalidad de Granger indica que la variación trimestral de los beneficios conduce a una variación trimestral de la producción con una diferencia de un trimestre, pero la evolución de los beneficios es independiente de los cambios en la producción. Una relación similar se aplica a la variación trimestral entre beneficios e inversiones. 6 Por lo tanto, las empresas parecen ajustar su producción e inversión tras experimentar una caída en sus ganancias".

De acuerdo con Dubravko Lakos-Bujas de JP Morgan, desde 1900 ha habido 27 casos de dos trimestres consecutivos de caída de los beneficios empresariales,  similares a lo que tenemos ahora. Lakos-Bujas escribe:"La disminución de los beneficios empresariales, medido por acciones EPS de EE.UU. han sido seguida de cerca por, o coincidió con, una recesión 81% de las veces desde 1900".



Los economistas de Deutsche Bank también han llegado a conclusiones similares.  Citan cuatro indicadores que aparecieron antes de las recesiones en 1990, 2001 y 2008. Y están las cuatro en rojo actualmente. En primer lugar, ya hay una recesión de beneficios en los Estados Unidos. Han ido disminuyendo desde que alcanzaron su punto máximo en el segundo trimestre de 2014. En segundo lugar, el Índice de Condiciones del Mercado de Trabajo de la Reserva Federal, un rastreador de múltiples indicadores, pasó a ser negativo en agosto. Un situación por debajo de cero fue seguido por una recesión en cinco ocasiones en los últimos 40 años. En tercer lugar, el crecimiento de la tasa capital-gasto se ha vuelto negativa, un 2% más que el año pasado. Y en cuarto lugar, las tasas de morosidad de las empresas están aumentando.

Sólo un año (1986) en los últimos 60, los márgenes empresariales estadounidenses declinaron sin que esto provocara una recesión. También fue el único período en 40 años en el que no hubo una recesión a pesar de que el crecimiento de la tasa capital-gasto disminuyó. Así que por lo general, la inversión sigue la evolución de los beneficios. Y las últimas cifras de Estados Unidos lo demuestran.



Mientras se desarrollan las reuniones del FMI y el Banco Mundial, la economía global se mantiene en un estado débil. Los economistas del FMI están pidiendo una acción coordinada mundial para "contrarrestar la desaceleración renovada". En un nuevo documento afirman que solo políticas correctas pueden "acabar con la preocupación generalizada de que los políticos poco pueden hacer cuando se enfrentan a un círculo vicioso de (muy) bajo crecimiento, (muy) baja inflación, tasas de interés cercanas a cero, y altos niveles de deuda". Su sugerencia es adoptar medidas de política fiscal (gasto público e inversión); a aplicar "reformas estructurales" en los mercados de trabajo y fortalecer los bancos y los sistemas financieros.

Aparte de la cuestión de si alguna de estas políticas funcionará, no hay ninguna señal de que los gobiernos de las principales economías estén dispuestos a coordinar globalmente ninguna acción política. La inversión pública para compensar la debilidad de la inversión privada está cayendo en la mayoría de los países para tratar de "equilibrar el presupuesto" y reducir la deuda pública. Las reformas estructurales (es decir, la privatización y el recorte de los derechos laborales) se enfrentan a una oposición seria de los trabajadores. Y ahora hay nuevas señales de que los bancos están otra vez con problemas (Deutsche Bank; los bancos italianos, etc.).

El crecimiento del PIB real per cápita se está desacelerando, tanto en las economías capitalistas avanzadas como en las llamadas emergentes, mientras que el gran monstruo de la expansión global, China, también se está desacelerando. Ahora bien, si la economía de Estados Unidos reduce aun más su ritmo de caracol, será muy difícil evitar una nueva crisis mundial. Los indicadores están empezando a ponerse rojos. Por lo tanto, como dice McKinsey, nos espera una turbulencia global.

Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente: Sin Permiso - https://thenextrecession.wordpress.com/2016/09/29/global-turbulence-ahead/

Traducción: G. Buster


martes, 10 de mayo de 2016

"Una ‘tormenta perfecta’ de desigualdad en el horizonte". Entrevista







Branko Milanovic



Branko Milanovic [entrevistado por Felipe Ossa para la revista New York] ha pasado decenas de años estudiando la desigualdad de rentas. A lo largo de la mayor parte de sus veinte años como economista jefe del Banco Mundial, afirma, “ni siquiera la palabra desigualdad era políticamente aceptable, porque parecía algo salvaje o socialista o lo que sea”. Eso empezó a cambiar hace unos pocos años, gracias en parte a Milanovic, que ayudó a introducir El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, en el mundo anglosajón con una crítica  de veinte páginas que recibió amplia difusión antes de su publicación en los EE.UU. en 2014. Desde entonces, la desigualdad se ha convertido en palabra de moda, y en cuestión central en la campaña presidencial norteamericana.
Y ahora el economista serbio-norteamericano — profesor investigador en el Luxembourg Income Study Center, un centro de investigación internacional sobre desigualdad de CUNY [Universidad de la Ciudad de Nueva York] —  aparece con un libro propio. Global Inequality examina las disparidades de renta entre países y dentro de ellos, cómo hemos llegado a esta situación y si hay forma de salir de la misma.
A los “millennials” [generación de los nacidos a final de siglo] los están machacando en una serie de países opulentos, y en los EE.UU. son los jóvenes quienes respaldan a Bernie Sanders, el candidato de la desigualdad.
Existe esta brecha entre los “millennials” y los “baby-boomers”, a los que les va muy bien, que crearon sistemas sociales en tiempos de prosperidad que, por supuesto, están hoy todos garantizados. Se beneficiaron de grandes aumentos en los ingresos reales [ajustados a la inflación] a lo largo de todo un periodo, y ahora de la Seguridad Social. No creo que se le pueda dar la vuelta a esto.
¿De manera que vamos a asistir a un conflicto integeneracional?
Resulta irreal esperar que el tipo de trabajos que es probable que la gente tenga en el futuro vaya a verse protegido de la competencia extranjera y que sea un empleo estable, que vamos a librarnos de estos trabajos precarios o a corto plazo. Y el problema es que la gente que podia ganar una suma razonable de dinero y riqueza puede hoy transferirla a sus hijos. Eso crea otra brecha, la que hay en el seno de los “millennials”.
Desde luego, eso es algo que se siente muy agudamente en la ciudad de Nueva York, con todos esos niños subvencionados. Pero cuando se trata de enfrentarse a la desigualdad, se muestra usted escéptico respecto a que las políticas redistributivas, como un impuesto sobre la renta más progresivo, puedan afectar mucho a la desigualdad.  
Mi impresión es que la disposición de la gente a pagar más impuestos — aunque sean menos que los que estaban acostumbrados a pagar — ha llegado a un límite. Podría deberse a que la impresión hoy en día es que el gobierno es ineficiente.
Los ricos podrían coger su capital y llevárselo a otro lado.
Las personas de alta cualificación que ganan mucho dinero pueden trabajar en Londres o Singapur. Hay un límite objetivo al volumen de redistribución que podemos llevar a cabo.
Tanto Trump como Sanders han denunciado los acuerdos comerciales y se han comprometido a proteger a los trabajadores norteamericanos. ¿Es posible o incluso deseable revertir la globalización? ¿Se podría volver a traer aquí las fábricas, con políticas proteccionistas?  
Se puede revertir cualquier fuerza. Puedes intentar que la OCDE [Organización para la  Cooperación y Desarrollo] vaya contra las reglas de la Organización Mundial de Comercio y levante nuevas murallas. Pero no creo que sea probable y no creo que sea deseable. El problema es que estas fuerzas tienen perdedores y ganadores en todos los aspectos. No es verdaderamente posible creer que pueden estar todos entre los ganadores.
¿Forma parte de la solución gestionar mejor la transición para los perdedores?
En los países ricos, el “establishment” se ha olvidado de que de que hay que prestar atención a los perdedores. El enfoque consistía en que “si a nosotros nos va estupendamente, algo se irá filtrando a los demás, deberían tener paciencia que al final las cosas irán bien”. Hay que prestarle mayor atención a eso.
¿Qué quiere decir eso? Quiere decir un mayor salario mínimo, que ya sabemos que reduce la pobreza y reducía la desigualdad. Y reciclarse. La educación es más importante a largo plazo; reciclarse es importante ahora..
Sanders quiere que impulsemos un enfoque más nórdico.
Lo comprendo muy bien, [pero] pero tengo algunas dudas cuando habla del modelo nórdico. Hay un problema evidente: los EE.UU. no se asemejan a los países de los que estamos hablando. [Pero también es que] los grandes estados del Bienestar a la vieja usanza, de los que los escandinavos son el ejemplo más espectacular, sufren una enorme presión debido a la globalización y también a las migraciones. No hablo ya de lo que está pasando con los refugiados sirios, porque podría tratarse de un acontecimiento único que se debe a la guerra civil, sino [de los inmigrantes} de Europa Oriental y África. Aunque se muestre que los inmigrantes no recurren de manera desproporcionada a las prestaciones de esos sistemas de Bienestar, la impresión de que están explotando realmente el sistema es muy fuerte.
Mientras tanto, en el Reino Unido hay de verdad un cargo que es el de “zar de la movilidad".
Me parece que aquí la gente lo ridiculizaría como una broma burocrática.
En su libro sostiene que la desigualdad probablemente no ha alcanzado su cénit todavía en los Estados Unidos. ¿Qué es lo que sigue empujándola hacia arriba?
Es una tormenta perfecta. En primer lugar, hay una concentración muy elevada de ingresos del capital [retornos de activos como acciones o propiedades]. Eso va a continuar [sobre todo considerando que] ha ido aumentando la parte de la renta total que va al capital comparada con la que va al trabajo.
En segundo lugar, cada vez hay más gente rica en el 1% más alto, tanto en términos del capital del que reciben rentas como también de su trabajo. Es algo muy reciente. No tenemos eso tan anticuado de capitalistas y trabajadores. Hoy la gente más rica dispone de los dos tipos de ingresos. Hace que la desigualdad sea mayor a la vez que le da un aspecto más meritocrático. Eso dificulta las medidas políticas [para reducirla].
El tercer elemento es la homogamia: que la gente se case con otras personas con un nivel semejante de ingresos. Esto es consecuencia de que las mujeres tienen mucha mejor formación.
El cuarto es el funcionamiento del sistema político norteamericano. Ahora ha quedado ya mucho más claro que el dinero está jugando un papel muy importante. Creo que en el pasado acaso la gente tenía el mito de la “democracia participativa”…Vemos ahora que se trata verdaderamente mucho más de un dólar-un voto que de una persona-un voto.
Aun así, prevé usted que en cierto momento, la desigualdad norteamerica “entrará en un ciclo de caída”.
¿Cuáles son las fuerzas que en última instancia harán que esto remita? La primera, que es la que estamos presenciando ahora, es el contragolpe político.
La segunda es la llamada “disipación de las rentas”.  [Nota: Las rentas, en el sentido económico es un fallo del mercado. Se utiliza a menudo para dar a entender ingresos inmerecidos o beneficios excesivos respecto a lo que permitiría un mercado perfecto de oferta y demanda. La “búsqueda de rentas” — anatema para los entusiastas del libre mercado — puede producirse cuando una empresa intenta obtener un monopolio o beneficios gracias al cabildeo]. Si la revolución tecnológica ha llevado a todos estas nuevas rentas, gradualmente, a medida vayan extinguiéndose las patentes o este progreso tecnológico, se disiparán estas rentas. La gente que está recibiendo elevadas rentas empezaría a perderlas y eso reduciría la desigualdad.
Con las subidas en los salarios de la escala alta de los que tienen mucha formación, hay un incentivo para substituir a esos trabajadores, de modo que podríamos asistir a un cambio tecnológico que hasta ahora ha ido reemplazando a trabajadores con menos formación, que empiece a reemplazar las tareas desempeñadas por personas altamente cualificadas, porque salen demasiado caras.
Esto no suena terriblemente positivo.
Cuando se echa un vistazo atrás en la Historia, hasta el siglo XV, se ve cómo la desigualdad aumenta y disminuye. Eso me lleva a ser un tanto optimista en el sentido de que  la desigualdad tiene un límite natural. No puede sencillamente — en sociedades ricas, en sociedades democráticas — seguir aumentando perennemente.

es un economista serbio-norteamericano. Especialista desarrollo y desigualdades, es profesor visitante en el Graduate Center de la City University of New York (CUNY), así como investigador titular en el Luxembourg Income Study (LIS). Anteriormente, fue economista jefe en el Departamento de Investigación del Banco Mundial. 
Fuente: Sin Permiso
Fuente original: New York Magazine, 24 de marzo de 2016
Traducción:

Lucas Antón
 



 

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