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sábado, 24 de septiembre de 2016

Así montó Esperanza Aguirre su guerra sucia contra la Marea Verde


Esperanza Aguirre en un acto junto a Lucía Figar

El ejército de tuiteros y medios fantasma de la Púnica al servicio de la Consejería de Educación repetía en internet el argumentario del PP contra la movilización
La campaña de desprestigio llamaba vagos a los docentes, y afirmaba que había consenso social sobre el "ahorro" educativo
Aguirre y Lucía Figar llegaron a acusar a los profesionales de protestar por trabajar 20 horas a la semana al mezclar jornada laboral y horario lectivo.


Raúl Rejón
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La munición del Gobierno de Madrid presidido por Esperanza Aguirre contra la Marea Verde educativa que nació en 2011 era clara. ¿Los profesores? Unos vagos que apenas trabajaban y ganaban un dineral. ¿Los sindicatos? Instigadores de huelgas políticas. ¿La culpa del "ahorro", sinónimo de recortes? El presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

A Esperanza Aguirre le estalló la Marea Verde en septiembre de 2011. Y según fue creciendo, tanto Aguirre como su consejera de Educación, Lucía Figar, dedicaron más y más tiempo a atacar la movilización educativa contra sus recortes.

Intervenciones públicas, comparecencias en la Asamblea de Madrid... Cualquier foro servía para atizar a los convocantes. Y, a medida que avanzaba la protesta, se repetían las jornadas de huelga y las manifestaciones, más y más dinero público iba a reforzar sus ataques mediante una ofensiva de desprestigio online, según apunta el informe de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil incluida en el sumario de la trama Púnica.

La fórmula Aguirre fue sencilla: decretó que los profesores de instituto impartieran dos horas más de clase. De 18 a 20 a la semana. Esas clases ya no se cubrían con docentes interinos. Podían deshacerse de 3.000 profesores y recortar 80 millones de euros.

La culpa, al Gobierno de Zapatero

Lo primero que hizo que Esperanza Aguirre fue justificarse con la crisis económica, culpa del Gobierno socialista. Mandó una carta a los docentes para pedirles un esfuerzo "en medio de una de las situaciones económicas más difíciles por las que ha pasado España en las últimas décadas".

Las empresas de la Púnica comandadas por Alejandro de Pedro lanzaban esta premisa en la redes mediante usuarios fantasma de Twitter: "Pero menuda caradura la de Gabilondo [ministro de Zapatero], que le recortan un 7,5% el presupuesto y se dedica a dar lecciones sobre no reducir el presupuesto en Educación", según recoge la investigación.

Lucía Figar se atrevía a explicar que se habían encontrado entre la espada y la pared: recortaban o se iba al traste la igualdad de oportunidades. "Teníamos que elegir entre contratar interinos o pagar las becas", contaba pocos días antes de comenzar el curso 2011-2012.

Los que menos trabajan

La protesta aglutinó a muchos de los miembros de la comunidad educativa. Docentes, interinos y fijos, vieron en el decreto un deterioro evidente del sistema. Así que la siguiente andanada la lanzó Aguirre, ya sin disimulo, contra los profesionales de la educación.

Los calificó, prácticamente, como caraduras ya que, en una comparecencia para dar cuenta de los acuerdos semanales de su Ejecutivo, no se contuvo y con irónica acidez afirmó que "sabemos que les estamos pidiendo un esfuerzo especial pero 20 horas son, en general, menos de las que trabajan el resto de los madrileños".

Ocultó que ese cómputo era el de horas lectivas, no de jornada laboral. Luego rectificó "el que tiene boca se equivoca", a pesar de asegurar que "sabía" lo que trabajaba un profesor.

Aunque mediante un exceso, había marcado la línea de actuación. Su consejera Figar tampoco tuvo problema en seguirle el juego a la jefa y declarar: " Que se pongan en huelga por trabajar 20 horas no lo va a entender nadie. Eso da mucha vergüenza".

Por otra vía, la contratista de la Púnica machacaba mediante sus tuiteros fantasma que propagaban la idea de que "menos alumnos por aula, menos horas de trabajo y más sueldo, ¿de qué se quejan los profesores españoles?".

El ejército digital creado por De Pedro al servicio de la Consejería de Educación de Lucía Figar estaba formado por periodistas autónomos, empleados y medios zombi que repetían las consignas del Gobierno contra la protesta. Los perfiles que se creaban eran de "profesores, estudiantes universitarios, directivos, empresarios y amas de casa para defender la postura del ahorro escolar", informaba la empresa.

Todo es mentira

Para socavar la legitimidad de los sindicatos que convocaban los paros y los partidos políticos que los apoyaban (el Partido Socialista e Izquierda Unida), el argumentario del Gobierno del PP madrileño subrayaba que todo era un movimiento "político", sin motivaciones laborales. "No saben ya que hacer para justificar una huelga política", denunciaba la expresidenta cuando ya tenía cerca de una decena de jornadas de huelga encima a mediados del mes de noviembre. "Están amedrentando a profesores", no se cortaba en atacar.

La sección Púnica de la campaña de propaganda vinculaba a base de tuits la huelga y la política: "Se despiden 5.000 interinos en las universidades andaluzas y Tomás Gómez [PSM]] respalda una campaña contra recortes de Madrid #hipocresía". La directriz era convencer de que "hay una marea pero de gente que está cansada de estos profesores y sindicatos y que no cree en sus mentiras", instruía la contratista a su empleados tras haber hablado con su cliente: la Consejería de Educación.

En una de sus últimas cabriolas de ataque, Aguirre aseguró que la propia iconografía de la marea, las camisetas verdes, eran una fuente de negocio para Izquierda Unida, aunque era mentira. En sede parlamentaria espetó que "ahora me he enterado de que hace un gran negocio con la camiseta que venden a cinco euros y producen a tres. Entiendo el negociazo que hacen…".

Lo que podría pasar por un comentario en la Asamblea tuvo su cara oscura ya que una profesora fue sancionada por llevar una de estas camisetas puestas en un centro.

La ofensiva contra la Marea Verde a base de dinero público estaba inserta en la campaña para mejorar la imagen online de una de las mimadas de Esperanza Aguirre: Lucía Figar. El deterioro de su figura era galopante al ser la cara visible de los recortes.

Aguirre la había nombrado consejera en 2007. Su estrella política iba en ascenso. Cantera pura del PP de Madrid, había arrancado siendo asesora del Gabinete de Presidencia de José María Aznar en 1998. En 2010, Esperanza Aguirre la colocó como responsable de comunicación del partido. Dimitió en 2015 al ser imputada en esta trama. Una de las empleadas al servicio de la imagen de Figar, María Bernal Talavera, ha terminado como parlamentaria regional por el PP en Las Corts en la Comunidad Valenciana.

En noviembre de 2011, las elecciones del día 20 dieron la mayoría absoluta a Mariano Rajoy. José Ignacio Wert pasó a ser ministro de Educación y la Marea Verde se convirtió en un movimiento nacional pese a las arremetidas de Esperanza Aguirre contra su origen, en Madrid.

Fuente: eldiario.es

viernes, 23 de septiembre de 2016

El liberalismo según Esperanza Aguirre



Liberalismo es Telemadrid. Liberalismo es la gestapillo. Liberalismo es pagar a  Púnica para que insulte a los profesores que protestan. Ese liberalismo, querida Esperanza Aguirre, eres tú.

Ignacio Escolar

liberalismo:
De liberal e -ismo.
1. m. Actitud que propugna la libertad y la tolerancia en la vida de una sociedad.
2. m. Doctrina política que postula la libertad individual y social en lo político y la iniciativa privada en lo económico y cultural, limitando en estos terrenos la intervención del Estado y de los poderes públicos.

Liberalismo es  espiar a los dirigentes políticos rivales de tu propio partido con cargo a los presupuestos públicos. Liberalismo también es intentar sobornar a uno de los espías cuando va a tirar de la manta en el juzgado. Liberalismo, siempre según el ejemplo de los gobiernos de Esperanza Aguirre e Ignacio González, es citar mucho a Margaret Thatcher mientras te comportas como Richard Nixon y montas un watergate.

Liberalismo es  pagar un sobresueldo a algunos jueces y fiscales y que esa propinita  la ponga una empresa privada, Indra, muy beneficiada por los contratos del Gobierno de Madrid. Liberalismo también es que esa misma empresa, Indra, pague a la trama Púnica por tus servicios personales de propaganda en Internet.

Liberalismo es financiar parte de los gastos de tu campaña electoral con 'donativos' de empresarios amigos, a través de una fundación opaca: Fundescam. Liberalismo es que estos mismos empresarios amigos –como el muy liberal Gerardo Díaz Ferrán– se lleven después  más de 300 millones de euros en contratos públicos del mismo Gobierno que te ayudaron a conseguir.

Liberalismo es presumir de "destapar la trama Gürtel" cuando la Justicia ya ha detenido a esta trama, y que gran parte del Gobierno y del partido que presides esté metido de hoz y coz en ese lodazal.

Liberalismo es comprar a medios de comunicación y periodistas con cargo al presupuesto público, a través la publicidad institucional. Es repartir millones de euros de forma arbitraria entre la prensa afín. Es forzar el despido del director de ABC, José Antonio Zarzalejos, porque no te baila el agua. Es entregar licencias de radio y televisión a los amigos, como Jiménez Losantos – ese otro 'liberal' cuyo medio financió la caja B del PP–. Liberalismo es regar de millones a Vocento para después, tras la puerta giratoria, cobrar cada artículo en el ABC a diez veces la tarifa habitual.  Liberalismo es lo que han hecho con Telemadrid.

Liberalismo es colocar a los amigos y familiares en la administración.  A tu hijo en el Ministerio. A tu hermana en el partido. A tu primo en el Canal. Liberalismo es  enchufar a tu secretaria personal como consejera de Caja Madrid –341.000 euros al año, más la Black– y que después, cuando la caja quiebra, la secretaria declare en el juzgado que ella no tenía conocimientos financieros ni de contabilidad.

Liberalismo es criticar que el PP de Rajoy proteja a Luis Bárcenas mientras haces exactamente lo mismo con tu tesorero imputado. Liberalismo es defender el despido libre salvo en el caso de ese mismo tesorero, que es "un funcionario" al que no se puede despedir.

Liberalismo, como publicamos hoy, es  pagar con dinero público a la trama Púnica para que insulte y desprestigie en Internet a los profesores que protestan contra los recortes y a los partidos y líderes políticos rivales.

Liberalismo es que, con esta trayectoria, Aguirre siga dando lecciones de ética y de moral desde el Ayuntamiento de Madrid y que tu partido te lo consienta. Normal que se moleste Rita Barberá porque a ella sí la hagan dimitir.

Ignacio Escolar

Fuente: eldiario.es

jueves, 11 de junio de 2015

Los Soviets de Aguirre



Emmanuel Rodríguez

 Hay algo en Esperanza Aguirre –lucidez, intuición, instinto de supervivencia– que la cataloga como una extraordinaria especie reptil en el terrario de la política española. Quizás sólo Artur Mas haya mostrado tal imaginación para la improvisación, el subterfugio, la reinvención personal. La semana pasada, mientras las trituradoras de papel del antiguo Palacio de Correos liquidaban un cuarto de siglo de historia del gobierno de Madrid,

Aguirre se sentaba ante la prensa para invitar a todos, Carmona, Carmena, Villacís, a un gobierno de "concentración municipal". Sólo ponía una condición: "que se acabe con los soviets de los distritos". Teniendo en cuenta que se trata de alguien que no pierde ni medio minuto en leer los programas de sus adversarios –al fin y al cabo, si en algo se distingue un político de pura cepa es en separar lo "importante" de lo fundamental– , Aguirre ha demostrado una capacidad excepcional para comprender esa "extraña cosa" que la ha derrotado.

A lo mejor por eso, por su capacidad de reconocer a sus enemigos reales, se le deba atribuir una capacidad política muy superior a la de la mayoría de sus adversarios.

Lo confirmaba unos días antes con su última "originalidad" –Aguirre no da puntada sin hilo–, al separar los campos en conflicto entre los partidos del régimen y los "antirégimen", a sabiendas que entre los primeros tiene todas las de ganar, mientras que entre los segundos la desbandada seguirá siendo la tónica mientras domine la confusión, el "espíritu de responsabilidad" y las medias tintas.

 Sea como sea, Aguirre ha entendido lo fundamental. Los modos de hacer política que había aprendido durante casi cuatro décadas de transporte en coche oficial están seriamente amenazados. Con la misma intuición que sus viejos maestros, Rodolfo Martín Villa o Manuel Fraga, sabe –como cuando ellos cuando se enfrentaron al PSOE o al PCE– que el monstruo no es Podemos, ni tampoco una prestigiosa jueza por muy de izquierdas que sea, sino la marejada de fondo que empujó primero a los de Pablo Iglesias y hoy a Ahora Madrid.

 La elección de la palabra "soviet" tampoco es casual. Obvio que pretende invocar el recuerdo del "terror rojo" entre los bienpensantes de la capital. Pero ella sabe que está hablando de otra cosa. "Soviet" fue el término que empleó Fraga para hablar de Vitoria en 1976, antes y después de masacrar la huelga más importante de la Transición. Y como Lenin en 1917, Aguirre se teme que vayamos a una situación de doble poder, en la que instituciones y políticos profesionales ya no reinan en solitario, teniéndoselas que ver con poderes sociales capaces de cosas extraordinarias.

 Si se quiere entender tanto como Aguirre, hay no obstante que desacomodarse de las imágenes del realismo político más ramplón y leer la historia en los términos de un ciclo político más complejo que el electoral. Lo que ha sucedido en Madrid, y lo que nos va a sorprender en los próximos años, no comenzó el 25 de mayo de 2014 cuando Podemos se llevó el 10% de los votos en la ciudad, ni siquiera el 15 de mayo de 2011 cuando una insurrección democrática y pacífica cortocircuitó los mecanismos de reproducción de las mentiras que habían organizado la política desde 1978. Como en la historia de todas aquellas ciudades (París, Barcelona, Turín) que han sigo capitales de alguna revolución, el hilo rojo de esta región metropolitana, que aloja ya a siete millones de almas, tiene raíces profundas.

 La Comuna de Madrid –no hay mejor nombre para designar aquello de lo que hablamos– se empezó a forjar a finales de los años noventa. Salió a la luz, como el topo de la historia, cuando eclosionó el movimiento global y el movimiento contra la guerra. Obtuvo su primer triunfo entre los días 11 y 13 de marzo de 2004, cobrándose la cabeza de su primer autócrata, Jose María Aznar. Y de ahí siguió su curso subterráneo con manifestaciones episódicas hasta que el 15M la desbordó en una clave insurreccional y democrática que duró varios meses en la acampada de Sol, se desparramó después en más de un centenar de asambleas de barrio y se confirmó con la ocupación de institutos, hospitales, facultades. Literalmente centenares de miles de personas se han iniciado y han hecho política –la seria, la de verdad, la que aspira a cambiar las cosas– en los episodios inconstantes, pero siempre sorprendentes, de la Comuna de Madrid.

 La victoria de 24 de mayo en Madrid tiene pues una explicación compleja, pero es imposible si se separa de esta historia. Por eso conviene rebatir el manual improvisado de las claves del éxito electoral con el que se nos va a aleccionar –se nos alecciona ya– acerca del voto transversal de Carmena, de Carmena como "significante vacío" o de Carmena como atractor del voto del PSOE. Sin restar la eficacia que puedan tener todas estas explicaciones, resultan insignificantes y anecdóticas cuando se comparan con los soviets de Aguirre. Basta echar un vistazo al mapa electoral: los votantes de Ahora Madrid se concentran abrumadoramente en los distritos populares (Centro, Vallecas, Arganzuela), en los mismos barrios en los que menos debiera funcionar la identificación con la imagen de una jueza amable y anciana, en los mismos lugares en los que lleva concentrándose el esfuerzo militante de asambleas ciudadanas, movimientos de vivienda, mareas, centros sociales, etc.

 Esperanza Aguirre, la última autócrata, ha sabido reconocer la monstruosidad "soviética" oculta detrás del rostro amable de Ahora Madrid. Por eso más allá de mandar a las hordas en contra del "gobierno de la izquierda radical", ha intuido también cuál puede ser el antídoto, la política de la representación y el compromiso institucional. Dejar que gobiernen, que asuman responsabilidades y con ello el funcionamiento normal en la administración de las cosas. Al fin y al cabo, están en minoría, ya caerán.

 Por eso, la mejor manera de profundizar la democracia –¡de qué otra cosa se trata hoy!– no consiste tanto en asumir el chantaje implícito en la "responsabilidad" de gobierno, como en llevar de nuevo la movilización a las plazas, desbordar los órdenes de gobierno, recuperar la iniciativa política para la movilización social. Por contradictorio que parezca, hay que estar de acuerdo con Aguirre, lo de Ahora Madrid son los soviet, o en palabras más actuales: la democracia hecha de autonomía y autogobierno de los contrapoderes ciudadanos.

 Emmanuel Rodríguez es miembro del Observatorio Metropolitano de Madrid
 Fuente original: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=8044

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