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miércoles, 20 de julio de 2016

El ridículo golpe de Estado de Turquía en 17 reflexiones





Nazanín Armanian

A partir de la escasa información disponible sobre los acontecimientos del 15 de julio, se me ocurren las siguientes ideas:


  • Aunque el régimen de Recep Tayyip Erdogan es capaz de cometer un atentado de bandera falsa (había planeado destruir el mausoleo de Sha Solimán, fundador de la dinastía otomana situado en Siria, y lanzar un misil sobre sus propios ciudadanos culpando de ambos actos al gobierno de Bashar al Assad, como se reveló el marzo del 2014), no lo haría desde el ejército. Sería demasiado arriesgada una operación con armas reales desde una institución en la que desconfía el presidente turco.
  • También es dudoso que Fathola Gülen, el clérigo sunnita turco afincado felizmente en EEUU, haya podido, como señala Erdogan, movilizar a miles de militares de un ejército profundamente laico. Además, su método es tomar el poder infiltrándose en los puestos claves del poder, que no patrocinar un alzamiento de amateurs.
  • ¿Es posible organizar un golpe de Estado en un país de la OTAN (que no sólo está ubicado en la región más estratégica del mundo, además está en guerra) sin el conocimiento y/o la autorización del Pentágono? Los al menos 1.500 militares de EEUU presentes en las bases de Turquía deberían saber algo del plan de unos golpistas, que para más inri, actuaron como aficionados.
  • EEUU pretende acabar con el régimen unipersonal de Erdogan. Esta chapuza de golpe, al igual que el atentado del aeropuerto de Ataturk dos semanas antes, suceden justo cuando Ankara pretendía corregir, a su manera, los graves errores en la política exterior que le ha enfrentado con todos sus vecinos. El diálogo entre EEUU y Turquía se ha roto: a las discrepancias sobre la situación de Siria, Irak y la cuestión kurda, se ha añadido la solicitud de Turquía a ingresar en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), donde el presidente turco participó el 29 de junio en Tashkand, diciendo que “es mucho mejor que la Unión Europea”. ¡No puedes ser miembro de la OTAN y acercarte a China y Rusia (en parte como consecuencia del Brexit y la pérdida de interés de Bruselas por integrar a Turquía) ofreciéndole a Rusia suculentas propuestas comerciales que romperán las sanciones impuestas por Occidente, o estar en la Organización de Cooperación Económica del Mar Negro (BSEC), en vez de potenciar la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP/ATCI)! EEUU necesita un socio obediente en la región que lleve adelante la estrategia de la contención militar y económica de Rusia, China e Irán. Algunos medios rusos apuntaron el 31 de marzo también a este deseo o plan de EEUU a un “cambio de régimen” en Turquía.
  • Barack Obama, que empezó su mandato respaldando a los Hermanos Musulmanes, apostó fuerte por el ‘Islamismo de corbata’ frente a la nefasta alianza de Bush con el islamismo de turbante de los jeques wahabíes de Arabia Saudí. Recibió con brazos abiertos a Erdogan y su esposa, y aplaudió las conversaciones de paz con la guerrilla kurda de PKK, ignorando que el astuto dirigente turco había tendido una trampa a los kurdos. El desencanto posterior de Obama hacia el líder turco no fue por haberle visto sin máscara, sino porque su aliado tenía su propia agenda en la política exterior, saliendo de la órbita de EEUU. Por lo que le castigó duramente, empujándole al infierno de la guerra de desgaste de Siria. El 28 de marzo pasado, Obama rechazó recibirle en audiencia en Washington e inaugurar juntos una mezquita turca en Maryland.
  • Más allá de la responsabilidad del Erdogan y su partido en la deriva del país, Turquía ha sido víctima de las estrategias equivocadas de Washington (incluso para sus propios intereses). Convirtió al peso pesado de Eurasia en ‘Pakistán 2.0’, desde donde la CIA envía grupos terroristas religiosos al país vecino, Siria, para desmantelar su gobierno semilaico, perdiendo a un aliado clave como Turquía. ¿No ve que Pakistán ha sido recogido por China?
  • Aunque hoy el presidente de Turquía se presenta como el héroe nacional y parezca el principal beneficiario del motín militar, no lo es: el fin del erdoganismo empezó con su derrota en las elecciones del junio del 2015. Ahora, ni podrá controlar a tantos enemigos que se ha creado dentro y fuera del país, ni gobernar a la sociedad que ha fragmentado tan vilmente.
  • Este no iba a ser un golpe contra la democracia. El golpe le asestó el gobierno del Partido de Justicia y Desarrollo, cuando bombardeó la población kurda, retiró la inmunidad de los parlamentarios opositores, cerró a decenas de diarios, encerró a un cientos de periodistas, estudiantes, alcaldes, jueces y políticos.
La pantomima de un golpe de Estado
  • Sorprende que los golpistas de un ejército de medio millón de hombres y un presupuesto anual de 18.000 millones de dólares no siguieran los más elementales pasos de tomar el poder:
  • Contar con las figuras más destacadas y de mayor rango del ejército. Los comandantes de las fuerzas terrestres y marina turcos no se involucraron en la intentona.
  • Haber inmovilizado los aviones y buques militares, controlando los aeropuertos, carreteras principales, etc. ¡Los golpistas fueron atacados por un cazabombardero, por tanques y helicópteros!
  • Haber detenido o asesinado al jefe del Estado o al resto del gobierno. Se cuenta que llegaron a bombardear el hotel donde estaba Erdogan, pero sólo cuando él ya lo había abandonado. Luego aterrizó en el aeropuerto internacional de Ataturk, que no había sido ocupado por los golpistas.
  • Haberse hecho con el control de todos los medios de comunicación. Salvo la Radio Televión turca, donde dieron una penosa imagen de golpistas sin ánimo de triunfar, se olvidaron del resto de los medios, incluidas las redes sociales (que Erdogan suele bloquearlas incluso cuando hay manifestaciones pacíficas en su contra). Desde la televisión no presentaron a un líder decidido y firme, ni leyeron una declaración de intenciones atractivas, ni dieron la imagen de personas que iban a tomar el poder de verdad. Así, era imposible reclutar a los sectores sociales anti Erdogan ni mucho menos a los indecisos. En cambio, el presidente (al parecer) sólo con un móvil y con la CNN turca, consiguió arrastrar a miles de sus seguidores a las calles. El resto lo hicieron las mezquitas, animando a los fieles para que fueran a la guerra contra “los enemigos del Islam”.
  • Los militares se equivocaron pensando que la actual sociedad iba a apoyar un golpe de Estado. Los ciudadanos, los partidos de la oposición, e incluso los kurdos que viven una verdadera masacre, recuerdan aún las dictaduras despiadadas de los uniformados: “Ni Erdogan, ni militares”, ha sido el lema de los partidos de izquierda.
  • No atrajeron el apoyo de otros países. En las tres primeras horas que Obama mantuvo un extraño silencio, Irán y Qatar se opusieron al golpe, y Arabia lo consideró un asunto interno.
  • No hubo ninguna condición objetiva, ni subjetiva para el triunfo del levantamiento. “Alguien” se la jugó a los amotinados, tendiéndoles una trampa. Lo cual no impide que en el futuro el ejército turco actué, pero de verdad, y esto será cuando EEUU no vea la posibilidad de una transición no violenta para desmantelar el régimen de Erdogan.
  • Los militares forman una casta, lo cual significa que se protegen desde la lealtad corporativista. Por lo que cuando fracasa su intento de golpe de Estado, los mandatarios suelen moverlos de sus puestos o jubilarlos, en vez de detenerlos o ejecutarlos. Así, evitarán contragolpes. Lo que haga Erdogan al respecto, mostrará el grado de su habilidad y el sentido común.
La principal lección de estos hechos es que Erdogan no controla la situación, y su permanencia en el poder podrá empujar a Turquía hacia una guerra civil, con las fuerzas reaccionarias de protagonistas: nadie puede garantizar que Turquía estará inmune a caer en una ‘sirización’ total.


Nazanín Armanian

Fuente: Público.es

lunes, 18 de julio de 2016

Turquía. Islamismos en competencia. Golpe frustrado contra Erdogan







Tino Brugos

En la noche del 15 al 16 de julio se produjo en Turquía un intento de golpe de Estado militar contra el gobierno de Tayip Erdogan que, desde hace meses parece empeñado en una escalada de atentados contra las libertades democráticas en Turquía. Que en Turquía se produzca una asonada militar no resulta extraño a la luz de la tradición intervencionista de su ejército, convertido durante años en el guardián de las esencias laicas de la República fundada por Mustafá Kemal, Ataturk, inspirador del modelo de occidentalización impuesto desde arriba al conjunto de la sociedad.

Precisamente para salvar ese modelo laico el ejército ha protagonizado diversos golpes de Estado en 1960, 1971, 1980 que implantaron, de facto, gobiernos que dejaron nuevos marcos constitucionales diseñados desde el alto Estado Mayor. Aún más, en 1997 se produjo lo que se dio en llamar un golpe de Estado blando con el que el Consejo de Seguridad Nacional presidido por los militares, acabó con el gobierno islamista de N. Erbakan del Partido del Bienestar (Refah Partisi). Así pues, hablar de una intervención militar en Turquía hace que de inmediato se piense en una inspiración ideológica laica.

Sin embargo en esta ocasión las cosas parece que han sido diferentes. Desde su llegada al poder Erdogan ha venido impulsando un proceso de islamización de la vida social turca. Los principios sagrados del laicismo han sido cuestionados uno tras otro. Y, lo más importante, ha ido imponiendo su estilo en instituciones alejadas del centro de poder y hostiles como puede ser el caso del ejército. En su primera legislatura se denunció la existencia de varias conspiraciones contra el gobierno del AKP. Este asunto fue utilizado para abrir un proceso de depuración que se concretó en diversos juicios de los cuales el proceso Ergenekon fue el más conocido. Como consecuencia de todo ello la correlación de fuerzas cambió, el ejército se “profesionalizó” y los sectores laicos dejaron de ser los predominantes en el seno de las Fuerzas Armadas. Es por eso que la idea de un golpe militar de inspiración laica sonó extraña desde el comienzo, sobre todo sabiendo que en el caso de un supuesto triunfo no podrían contar con el apoyo de instituciones occidentales como la Unión Europea o la OTAN. El hecho de que el CHP, partido laico oficial en tiempos lejanos, condenara el intento de golpe obligaba a buscar su origen en otras fuentes de inspiración política.

Tras las condenas de los diferentes partidos: DHP pro-kurdo, CHP, ultras del MHP y por supuesto del gobernante AKP, todas las miradas se dirigieron hacia la cofradía nurcu dirigida por Fetullah Gülen que entra en competencia con el AKP de Erdogan en su búsqueda de una inspiración islamista que pueda resultar aceptable para occidente.

Un Islam de rostro amable

La experiencia histórica del islamismo en Turquía está marcada por su enfrentamiento con el modelo laico y la represión impulsada en su contra desde las estructuras estatales. Una represión que en 1961 condujo a la horca al ex presidente Adnan Menderes. La búsqueda de una cohabitación con el Estado laico se convirtió en esencial para garantizar la supervivencia. Es en este proceso donde aparece la cofradía Nurcu dirigida por Fetullah Gülen que se pronuncia por hacer un trabajo lento y a largo plazo impulsando una política de educación islámica con escuelas propias que ofertan una educación de alta calidad, empresas inspiradas en la lógica islamista, redes de asociaciones, prensa y finalmente cadenas de televisión. La idea era, y sigue siendo, infiltrar la sociedad y sobre todo las estructuras del aparato de Estado turco. Este modelo no ha quedado reducido a Turquía extendiéndose a otras regiones del mundo islámico, particularmente los nuevos estados surgidos en Asia central tras la implosión de la URSS.

En el caso de Turquía, con el tiempo, la cofradía logró un significativo éxito en áreas alejadas de las grandes ciudades del oeste del país, más occidentalizadas, y entre sectores medios y campesinos. El éxodo rural ha permitido llevar a parte de esa base social a las grandes ciudades.

Cuando Erdogan creó el AKP buscando el reconocimiento de occidente los nurcu se sumaron al proyecto. Sin embargo con el tiempo, cuando Erdogan comenzó a desarrollar su propio proyecto de centralizar el poder en sus manos surgieron fricciones entre el aparato del AKP y los seguidores de la cofradía de Gülen que se han concretado en un proceso de depuración de funcionarios calificados de dudosa fidelidad al poder, cierre de periódicos y cadenas de televisión, etc La ruptura entre Gülen y Erdogan es pública y notoria desde hace algo más de dos años.

El intento de golpe de estado militar, condenado por Fetullah Gülen, solo puede obedecer a los deseos de este último de intervenir para limitar o derrocar al caudillo islámico que no oculta su deseo de convertirse en el nuevo sultán. Hará falta disponer de más datos para confirmar esta afirmación pero todas las fuentes miran y señalan a militares inspirados por los nurcu como los responsables del intento de golpe de estado

El fracaso del golpe

Pese a que los primeros movimientos intentaron dar a entender que estábamos ante un golpe militar pronto se hizo evidente que se trataba de una facción del ejército que se había movilizado intentando tomar el control de los aeropuertos de Estambul y Ankara, edificios de televisión y los puentes del Bósforo. La entrada en escena de Erdogan rechazando el golpe y llamando a la movilización para la defensa de su gobierno democrático generó la aparición de población civil dispuesta a ofrecer resistencia a unos golpistas que pronto perdieron la iniciativa. El rechazo internacional, la aparición de Erdogan en varias cadenas de radio así como la falta de apoyos institucionales dentro del país permitieron una rápida ofensiva que cortó en seco las aspiraciones de los golpistas. Al ponerse en evidencia un apoyo minoritario a la intentona la resistencia se limitó a unos pocos lugares en la zona del Bósforo poniendo fin a la rebelión.

El panorama que se abre después de este episodio hace pensar en un reforzamiento de la figura de Erdogan tanto en el plano interno como a nivel internacional. Sin duda, el jefe de gobierno turco utilizará en su favor la tentativa golpista como un elemento de movilización de su base social con un previsible cierre de filas en torno a su persona. Conviene resaltar que la movilización civil impulsada desde los medios de comunicación ha sido el elemento determinante para acabar con el golpe. Al mismo tiempo, de cara a la comunidad internacional, Erdogan se presentará como un gobernante elegido democráticamente que tiene que hacer frente a procesos internos que amenazan el funcionamiento de las libertades en un momento en el que occidente necesita garantizar el mantenimiento de la estabilidad para que Turquía pueda cumplir con sus compromisos relacionados con éxodo de refugiados sirios, la guerra civil en ese país así como la amenaza yihadista de grupos como la organización del Estado Islámico y el Frente Al Nusra vinculado a Al Qaeda. Dicho de otra manera, si Erdogan cumple con sus compromisos Europa hará oídos sordos ante las denuncias y exigencias del pueblo kurdo y ante las referencias a malos tratos sobre la población siria refugiada en ese país.

De momento Erdogan ha decidido mostrar músculo. Además de los muertos durante la intentona ha anunciado la detención de cerca de tres mil militares acusados de formar parte de la trama y un número algo más reducido de jueces. Todo hace pensar que su deseo de controlar la totalidad del aparato de estado tendrá que hacer frente a una resistencia cada vez menor de los sectores descontentos.

Tino Brugos forma parte de la redacción web de VIENTO SUR
Golpe de Estado | Turquía
Fuente: Viento Sur

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