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miércoles, 30 de marzo de 2016

Erdogan anuncia 5 000 kurdos muertos en 9 meses




En un discurso pronunciado el 28 de marzo de 2016 en la Escuela de Guerra, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan hizo un balance de la «guerra contra el terror» que su gobierno dice haber emprendido después del atentado perpetrado el 20 de julio de 2015 en la ciudad de Suruc.


En un discurso pronunciado el 28 de marzo de 2016 en la Escuela de Guerra, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan hizo un balance de la «guerra contra el terror» que su gobierno dice haber emprendido después del atentado perpetrado el 20 de julio de 2015 en la ciudad de Suruc.

Aunque las víctimas del atentado de Suruc, reivindicado por el Emirato Islámico, eran militantes del PKK y alevitas favorables al presidente sirio Bachar al-Assad, la conclusión de Erdogan fue que había que reiniciar la guerra… contra los kurdos.

En 9 meses, las fuerzas de seguridad turcas (ejército y policía) han matado más de 5 000 kurdos, miembros o no del PKK, mientras que los uniformados turcos han perdido 355 hombres.

Si las víctimas de la represión turca fuesen realmente combatientes del PKK, esa organización estaría ya profundamente debilitada. Pero todo indica que gran parte de los kurdos muertos a manos de las fuerzas de seguridad turcas son, en realidad, simples civiles. Eso implica que la represión no hará más intensificar la rebelión e incitar más kurdos a unirse a las filas del PKK.

A quienes lo acusan de haber suprimido las libertades públicas en nombre de la guerra contra el terror, el presidente Erdogan respondió que su país por lo menos ha conservado el equilibrio entre la seguridad y la libertad. Prosiguió diciendo que la guerra civil se ha limitado a pequeñas porciones de territorio, sin afectar –según él– a la mayoría de los ciudadanos.

Acto seguido, Erdogan criticó duramente a los diplomáticos occidentales que asistieron al juicio del redactor-jefe deCumhuriyet –enviado a los tribunales por haber publicado fotos y videos de los envíos de armas de los servicios de inteligencia de Turquía a los yihadistas que operan en Siria– y acusó a dichos diplomáticos de apoyar a un «espía» vinculado a los terroristas.

Durante el mismo discurso, el presidente Erdogan declaró que Turquía no podía ignorar lo que está sucediendo en los Balcanes, en el Levante, en el norte de África y en el Cáucaso, donde viven poblaciones afines a Turquía o vinculadas a la cultura turca. También afirmó que el Asia Central es la «patria» de los turcos.

Erdogan concluyó su discurso garantizando que Turquía no apoya a los yihadistas y que ha expulsado a más de 3 500 extranjeros vinculados a estos y encarcelado a más de 1 000.

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Fuente : «Erdogan anuncia 5 000 kurdos muertos en 9 meses», Red Voltaire , 29 de marzo de 2016, www.voltairenet.org/article191015.html

lunes, 10 de agosto de 2015

UNA LOCA AMBICIÓN QUE CONDUCE A LA GUERRA CIVIL

 

Clinton, Juppé, Erdoğan, Daesh y el PKK

por Thierry Meyssan

La reanudación de la represión contra los kurdos en Turquía es consecuencia de la imposibilidad, ya demostrada, de concretar el plan Juppé-Wright, planteado en 2011. Aunque resultó fácil desplegar el Emirato Islámico (Daesh) en el desierto y en las provincias iraquíes de Ninive y al-Anbar, mayoritariamente sunnitas, ha resultado imposible controlar los poblados kurdos de Siria. Para realizar su sueño de crear un Kurdistán fuera de Turquía, el presidente turco Erdogan no tendrá más opción que la guerra civil.

RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 3 DE AGOSTO DE 2015

 

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Publicado en 2013, el plan Wright retoma elementos del plan del ex ministro francés Alain Juppé para Libia, Siria e Irak. Pero Robin Wright va más lejos, incluyendo proyectos para Arabia Saudita y Yemen.

Al llegar al poder en Ankara, en 2003, el partido islamista AKP modificó las prioridades estratégicas de Turquía. En vez de basarse en la correlación de fuerzas posterior a la invasión de Irak, Recep Tayyip Erdogan ambicionaba sacar a su país del aislamiento en que se hallaba desde la caída del Imperio Otomano. Basándose en los análisis de su consejero, el profesor Ahmet Davutoglu, Erdogan se pronunció por resolver los problemas con sus vecinos que llevaban un siglo pendientes y convertirse paulatinamente en un mediador regional al que sería imposible ignorar. Para eso, Turquía tenía que convertirse en un modelo político y establecer relaciones con sus socios árabes, sin renunciar a su alianza con Israel.

Iniciada con éxito, esa política –llamada de «cero problemas»– llevó a Ankara no sólo a dejar de sentir temor frente a Damasco y su respaldo al PKK, sino a pedirle que le ayudara a negociar una salida de la crisis con los kurdos. En octubre de 2006, el partido kurdo declaró una tregua unilateral e inició negociaciones con el gobierno del entonces primer ministro Erdogan. En mayo de 2008, Ankara organizó negociaciones indirectas entre Damasco y Tel Aviv, las primeras desde que Ehud Barack rechazara el plan del presidente estadounidense Bill Clinton y del entonces presidente de Siria, Hafez el-Assad, negociaciones a las que puso fin el actual presidente sirio Bachar al-Assad cuando Israel atacó Gaza, en diciembre de 2009.

Dándose cuenta de que la cuestión palestina hacía imposible mantener buenas relaciones con todos los Estados de la región al mismo tiempo, Ankara optó por apoyar a los palestinos ante Israel. Fue esa la época de los hechos de Davos y de la Flotilla de la Libertad. Al disponer entonces de un amplio respaldo popular, Ankara se acercó a Teherán y aceptó, en noviembre de 2010, participar en un mercado común Turquía-Irán-Irak-Siria. Se eliminó la exigencia de visas entre esos países, los derechos de aduana se redujeron considerablemente, se creó un consorcio para el manejo de pipelines y gasoductos y se instituyó una autoridad para administrar en común los recursos acuíferos. Todo aquello era tan atractivo que el Líbano y Jordania quisieron incorporarse a aquella estructura. Una paz duradera parecía posible en el Levante.

En 2011, cuando el Reino Unido y Francia se lanzaban en una doble guerra contra Libia y Siria, a pedido de Estados Unidos y bajo su control, Turquía –lógicamente– se opuso a ello. Iniciadas bajo el pretexto de proteger a la población civil, era demasiado evidente que se trataba de guerras con objetivos neocoloniales. Además, afectaban los intereses turcos ya que Libia era uno de los principales socios económicos de Turquía mientras que Siria estaba en camino de serlo, gracias al nuevo mercado común regional.

Fue entonces cuando todo cambió…

Cómo Francia hizo que Turquía cambiara de bando

Por iniciativa del entonces ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, en marzo de 2011, París propuso secretamente a Ankara apoyar la incorporación de Turquía a la Unión Europea y ayudarla a resolver su problema con los kurdos… si Turquía se sumaba a la guerra contra Libia y Siria. Viniendo de los franceses, aquella proposición era radicalmente nueva ya que el propio Alain Juppé se había opuesto firmemente a la entrada de Turquía en la Unión cuando encabezaba el partido gaullista y se hallaba entre los colaboradores del presidente Jacques Chirac. Pero, luego de ser condenado por corrupción en Francia, Juppé se exiló del otro lado del Atlántico en 2005 y trabajó como profesor en Quebec, mientras seguía un curso de formación en el Pentágono. Ya convertido al culto neoconservador, Juppé regresó a Francia, donde el entonces presidente Nicolas Sarkozy lo designó ministro de Defensa y, posteriormente, ministro de Relaciones Exteriores.

Retrospectivamente, el plan Juppé es revelador de las intenciones de Francia: opta por la creación de un Kurdistán en tierras de Irak y Siria, siguiendo el mapa que aparecería publicado –2 años después– en el New York Times. Trabajando en conjunto, el Emirato Islámico, el gobierno regional del Kurdistán iraquí y ex colaboradores de Saddam Hussein vinculados a la Hermandad Musulmana, han estado tratando de imponer ese mapa en el terreno. Ese documento, firmado conjuntamente por el entonces jefe de la diplomacia francesa Alain Juppé y su homólogo turco Ahmet Davutoglu, no deja lugar a dudas: Francia tenía intenciones de dotarse nuevamente de un imperio colonial en Siria. Disponía además de contactos dentro de los movimientos terroristas islamistas y preveía la creación del Emirato Islámico. Para garantizar la aplicación del plan Juppé, Qatar se comprometía a invertir masivamente en el este de Turquía, con la esperanza de que los kurdos de Turquía abandonasen el`PKK.

La existencia de este plan se ha mantenido en secreto hasta ahora. Si parlamentarios franceses o turcos lograran obtener legalmente una copia, eso bastaría ampliamente para llevar a Juppé y Davutoglu ante el Tribunal Penal Internacional por crimen contra la humanidad.

Al contrario de lo que muchos creen, existen profundas divisiones entre los kurdos. En Turquía y en Siria, el PKK, de origen marxista-leninista, siempre ha defendido una visión antiimperialista. En cambio, los kurdos de Irak, vinculados a Israel desde los tiempos de la guerra fría, siempre han sido aliados de Estados Unidos. Estos dos grupos ni siquiera hablan el mismo idioma y sus historias son muy diferentes.

Es probable que Estados Unidos, por su parte, haya incluido en la cesta de matrimonio la promesa de promover el modelo político turco a través del mundo árabe y también de ayudar al partido gobernante turco AKP a controlar los partidos políticos surgidos de la Hermandad Musulmana, para convertir a Turquía en centro del Medio Oriente. Lo cierto es que Recep Tayyip Erdogan respaldó –in extremis– el proyecto de la OTAN, que tomó el lugar del AfriCom [1] cuando el comandante de este último entró en rebelión [2].

De inmediato, Ankara movilizó en Libia a los habitantes de Misurata, mayoritariamente descendientes de soldados judíos del Imperio Otomano –los adghams– y de nómadas vendedores de esclavos negros –los muntasirs–, que en el pasado habían respaldado a los Jóvenes Turcos. Estos elementos formaron el único grupo significativo de libios que se animó a atacar Trípoli [3].

Simultáneamente, Ankara organizó en Estambul varias reuniones de la oposición siria, a partir de agosto de 2011. Finalmente, en octubre de ese año, la Hermandad Musulmana formó el Consejo Nacional Sirio, incluyendo en él algunos representantes de diferentes grupos políticos y minorías.

La OTAN renuncia a invadir Siria

Luego de comprobar la implicación de la OTAN en Libia, Ankara contaba lógicamente con una implicación idéntica de la alianza atlántica en Siria. Sin embargo, a pesar de numerosos atentados y de una campaña de propaganda internacional tremendamente larga e intensa, fue imposible sublevar a la población ni atribuir los crímenes masivos al presidente sirio Bachar al-Assad. Y, muy importante, Moscú y Pekín, que al parecer aprendieron la lección del caso libio, vetaron en 3 ocasiones los proyectos de resolución que supuestamente pretendían «proteger» a los sirios de su propio gobierno (presentados al Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2011, en febrero de 2012 y en julio del mismo año).

Así que Washington y Londres abandonaron la partida, aunque París y Ankara seguían empeñados en el plan inicial [4]. Francia y Turquía establecieron una estrecha colaboración, llegando incluso –en septiembre de 2012– a poner en marcha un intento de asesinato contra el ministro sirio de Exteriores Wallid al-Muallem y el presidente Bachar al-Assad.

El atentado realizado en Riad contra el príncipe Bandar ben Sultán, en represalia por el asesinato de los miembros del Consejo de Seguridad sirio –en julio de 2012–, dejó huérfano al movimiento yihadista internacional. El príncipe saudita sobrevivió a sus heridas, pero estuvo hospitalizado un año entero y ya nunca pudo volver a asumir plenamente el papel que había desempeñado a la cabeza de los yihadistas. Recep Tayyip Erdogan aprovechó esa coyuntura para tomar su lugar. Estableció vínculos personales con Yassin al-Qadi, el banquero de al-Qaeda, recibiéndolo personalmente –y en secreto– en Ankara y también supervisó los numerosos grupos yihadistas, inicialmente creados por los servicios secretos estadounidenses, británicos y franceses.

En enero de 2013, al intervenir militarmente en Mali, Francia se alejó de los yihadistas sirios dejando las operaciones armadas en Siria en manos de Turquía, aunque siempre mantuvo en el terreno algunos miembros de la Legión Extranjera. Poco después, Washington forzó el emir de Qatar, jeque Ahmad, a la abdicación reprochándole –por denuncia de Rusia– el uso de sus facilidades en contra de los intereses estadounidenses. Arabia Saudita asumió el financiamiento de la guerra contra Siria, incluso antes de la entronización del jeque Tamim como nuevo emir de Qatar.

Para gozar de ese apoyo, al igual que del respaldo de Israel, Recep Tayyip Erdogan comenzó a prometer a todo el mundo que Estados Unidos no se detendría ante los vetos de Rusia y China y que lanzaría la OTAN al asalto de Damasco. Aprovechando la confusión, Erdogan organizó el saqueo de Siria, desmantelando todas las fábricas de Alepo, capital económica de ese país, y robando su maquinaria. También organizó el robo de los tesoros arqueológicos sirios y hasta instauró un mercado internacional de piezas arqueológicas robadas en la ciudad de Antioquía, capital de la provincia turca de Hatay.

Al ver que seguía sin obtener los resultados que esperaba, Erdogan organizó, con ayuda del general francés Benoit Puga –jefe del estado mayor particular del presidente de Francia– una operación bajo bandera falsa [5] –el bombardeo químico en el cinturón agrícola de Damasco– para justificar la entrada en guerra de la OTAN. Pero Londres descubrió el engaño de inmediato y se negó a implicarse [6].

Turquía participó en la operación de limpieza étnica e intento de división territorial de Irak y Siria conocida como «plan Wright». La presencia de los servicios secretos turcos en las reuniones preparatorias del Emirato Islámico en Amman, la capital jordana, está debidamente demostrada por la publicación de un documento de esa reunión obtenido por el PKK. El hecho es que el «plan Wright» retoma el ya mencionado «plan Juppé», que había convencido a Turquía de entrar en guerra. Posteriormente, Erdogan asumió personalmente el mando del Emirato Islámico, garantizándole tanto el suministro de armamento como la venta del petróleo que los yihadistas roban en Irak y Siria.

Observando con angustia las conversaciones entre Washington y Teherán, el gobierno de Ankara se inquietó ante la conclusión de un acuerdo de paz que lo deja “al borde de la carretera”. Ante la proposición del presidente ruso, Vladimir Putin, el ahora presidente Erdogan aceptó participar en el proyecto de gasoducto Turkish Stream con el cual Rusia planea enfrentar el monopolio estadounidense y saltarse el embargo europeo. Después, haciendo de tripas corazón, Erdogan se fue a Teherán para reunirse con el presidente iraní Hassan Rohani, quien le aseguró que nada tenía que temer del acuerdo que estaba negociando con Estados Unidos. Pero al firmarse ese acuerdo, el 14 de julio de 2015, se hizo evidente que ese arreglo no dejaba espacio para Turquía en la región.

Y, como era de esperar, Recep Tayyip Erdogan recibió –el 24 de julio– un ultimátum del presidente Obama intimándolo
- a renunciar inmediatamente al gasoducto ruso;
- a poner fin a su apoyo al Emirato Islámico, del que Erdogan se ha convertido en el jefe ejecutivo utilizando como pantalla al califa Abu Bakr al-Baghdadi, y a entrar en guerra contra esa organización yihadista.
Para que Erdogan supiera que la advertencia iba en serio, Barack Obama le dijo que ya se había puesto de acuerdo con el Reino Unido sobre la posibilidad de sacar a Turquía de la OTAN, a pesar de tratarse de una medida que no está prevista en el Tratado del Atlántico Norte.

Después de deshacerse en excusas y de autorizar Estados Unidos a utilizar la base de Incirlik contra el Emirato Islámico, Erdogan se puso en contacto con el enviado especial estadounidense para la coalición internacional anti-Daesh, el general John Allen, cuya oposición al acuerdo con Irán es públicamente conocida. Erdogan y Allen se pusieron de acuerdo para interpretar las palabras del presidente Obama como una exhortación a la lucha contra el terrorismo y en esa categoría incluyeron al PKK. Sobrepasando el marco de sus funciones, el general Allen se comprometió a crear a lo largo de la frontera turco-siria una «no fly zone» (zona de exclusión aérea) de 90 kilómetros de profundidad en territorio sirio, supuestamente para proteger a los refugiados sirios pero en realidad para aplicar el «plan Juppé-Wright». El primer ministro turco Ahmet Davutoglu habló del apoyo estadounidense a ese proyecto ante las cámaras de la televisiónA Haber mientras iniciaba los bombardeos aéreos contra el PKK.

El general John Allen ya había logrado anteriormente prolongar la guerra contra Siria en 2 ocasiones. En junio de 2012, conspiró con el general David Petraeus y con la secretaria de Estado Hillary Clinton para sabotear el acuerdo que Washington y Moscú habían concluido en Ginebra para favorecer la paz en el Medio Oriente. Aquel acuerdo estipulaba, entre otras cosas, el restablecimiento de la paz en Siria –aunque Damasco no había sido invitado a aquella conferencia– pero era inaceptable para los neoconservadores y los «halcones liberales» estadounidenses. El trío Clinton-Allen-Petraeus se apoyó en el nuevo presidente francés, Francois Hollande, y en su nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, para convocar una conferencia de «Amigos de Siria» y rechazar el Comunicado de Ginebra. Al hallarse en plena campaña electoral, el presidente Obama no pudo castigar la traición de sus colaboradores. Pero inmediatamente después de su reelección, hizo arrestar a David Petraeus y a John Allen, a quien había hecho caer en una trampa de índole sexual. Al final, Petraeus fue el único condenado, Allen logró salir limpio y la señora Clinton –al igual que Alain Juppé en Francia– hoy prepara su próxima campaña electoral para competir por la presidencia de Estados Unidos.

El trío Clinton-Allen-Petraeus emprendió una segunda operación, en diciembre de 2014– con la que logró sabotear la Conferencia de Moscú. Prometiendo a la Hermandad Musulmana la puesta en práctica del «plan Juppé-Wright», convencieron a la Coalición Nacional Siria (oposición siria en el extranjero) para que rechazara toda conversación de paz. Este episodio demuestra, de paso, que el objetivo de la Coalición Nacional Siria no es obtener un cambio de régimen en Siria sino destruir ese país y acabar con su estructura como Estado.

Al enterarse de las promesas que el general Allen había hecho a Erdogan mientras que él volaba hacia África, el presidente Obama ordenó desmentir oficialmente el compromiso del general, reconoció el derecho de Ankara a combatir el PKK, pero denunció toda acción contra ese partido kurdo realizada fuera de las fronteras turcas. El presidente Erdogan convocó entonces una reunión del Consejo de la alianza atlántica para informar que Ankara se sumaba a las operaciones de la coalición antiterrorista y el inicio de su doble acción contra el Emirato Islámico y el PKK. El 29 de julio, la OTAN respondió fríamente que respaldaba la acción de Ankara, pero sin reconocerle ningún derecho a bombardear al PKK en Irak y en Siria sin que existiese un caso de «persecución», o sea en caso de comprobarse que el PKK haya utilizado bases en el exterior para lanzar ataques contra Turquía y replegar sus fuerzas hacia ellas.

Al mismo tiempo, el presidente Obama depuso a su enviado especial para Siria, Daniel Rubinstein, y lo reemplazó por Michael Ratney, simultáneamente especialista en Medio Oriente y en manejo de los medios de prensa. La prioridad de Ratney será vigilar estrechamente los movimientos del general Allen.

Turquía en guerra civil

Hasta el momento, las acciones de las fuerzas armadas turcas contra el PKK en Irak y en Siria no tienen ninguna justificación legal a la luz del derecho internacional. Los gobiernos de esos dos países han denunciado los bombardeos turcos como ataques perpetrados contra su territorio nacional. Desde el punto de vista estadounidense, el PKK y el Ejército Árabe Sirio –o sea, el ejército regular de la República Árabe Siria– son las dos únicas fuerzas terrestres eficaces contra el Emirato Islámico. El reinicio de la guerra contra la minoría kurda demuestra que el AKP pretende seguir adelante con la aplicación del «plan Juppé-Wright», incluso a pesar de que Francia y Qatar se han retirado parcialmente de la contienda.

Sin embargo, un elemento fundamental ha venido a modificar profundamente las condiciones del juego: Israel y Arabia Saudita, que hasta hace poco eran favorables a la creación de un Kurdistán y un Sunnistán en territorios pertenecientes a Irak y Siria, ahora se oponen a esa idea. Tel Aviv y Riad saben ahora que si tales entidades llegasen a surgir, no estarían bajo su control sino a las órdenes de una Turquía que ya no esconde sus pretensiones imperiales y que se convertiría de facto en un gigante regional.

En una de esas repentinas inversiones de situación que tanto se ven en el Medio Oriente, Israel y Arabia Saudita han llegado por consiguiente a un acuerdo para contrarrestar la locura del presidente Erdogan y respaldar al PKK por debajo de la mesa, a pesar de tratarse de una formación de tipo marxista. Por otro lado, Israel ya emprendió el acercamiento hacia enemigos tradicionales de Turquía, como la Grecia de Alexis Tsipras y el Chipre de Nikos Anastasiadis.

Que nadie se equivoque. Recep Tayyip Erdogan ha optado por la guerra civil como única salida política personal. Después de haber perdido las elecciones legislativas y logrado bloquear la creación de un nuevo gobierno, ahora trata de intimidar al pueblo de Turquía para convencer al partido MHP (nacionalista) de que debe apoyar al AKP (islamista) en la formación de un gobierno de coalición o para convocar nuevas elecciones y tratar de ganarlas.

La operación antiterrorista, supuestamente emprendida a la vez contra el Emirato Islámico y contra los kurdos, en realidad está dirigida exclusivamente contra el PKK y las YPG (unidades kurdas de autodefensa creadas en Siria a partir del PKK). Los bombardeos turcos supuestamente dirigidos contra el Emirato Islámico no han destruido nada. Simultáneamente, el presidente Erdogan ha iniciado una serie de acciones judiciales contra los líderes kurdos del HPD, Selahattin Demirtas y Figen Yuksekdag. La fiscalía acusa a Demirtas de haber llamado a la realización de actos de violencia contra los no kurdos –algo completamente descabellado– mientras que atribuye a Yuksekdag haber respaldado las YPG, o sea las milicias kurdas de la República Árabe Siria, que para el magistrado turco son una organización terrorista.

Pero la nueva guerra civil no será como la de los años 1980. Será mucho más amplia y sangrienta, porque Turquía ya no tiene ningún aliado exterior y, al mismo tiempo porque la política islamista ha divido la sociedad turca. Ya no será la guerra de las instituciones turcas respaldadas por la OTAN contra el PKK respaldado por Siria sino una verdadera fragmentación de la sociedad turca: islamistas contra laicos, tradicionalistas contra modernos, sunnitas contra alevíes y turcos contra kurdos.

Thierry Meyssan

 


[1] El AfriCom, con sede en Stuttgart, Alemania, es el Mando de las fuerzas armadas de Estados Unidos responsable de las operaciones militares estadounidenses en África. Nota de la Red Voltaire.

[2] Inicialmente denominada «Amanecer de la Odisea», la operación militar contra Libia comenzó bajo las órdenes del general Carter Ham, comandante del AfriCom. Pero este general estadounidense protestó vehemente al ver que se asignaba a al-Qaeda el papel de fuerza terrestre para acabar con la Yamahiriya Árabe Libia, mientras que la coalición anti-Kadhafi decía limitarse únicamente a garantizar la protección de los civiles. Al general Carter Ham se le retiró entonces el mando de la operación militar contra Libia, que pasó a manos de la OTAN bajo la denominación «Protector Unificado».

[3] Después de obtener su independencia de facto, la población de Bengazi se negó a marchar sobre Trípoli. Los ya mencionados habitantes de Misurata estuvieron encabezados por los hombres de al-Qaeda.

[4] Para ser más precisos, París se retiró de la guerra en Siria en marzo de 2012, después de la caída del emirato islámico de Baba Amro y de la entrega a Francia de los miembros de la Legión Extranjera que allí habían caído prisioneros del Ejército Árabe Sirio. Pero, en mayo, el presidente Sarkozy no logró la reelección y su sucesor, Francois Hollande, reanudó la guerra en julio de ese año.

[5] Las operaciones «bajo bandera falsa» o «false flag» son operaciones de inteligencia organizadas de manera que el verdadero organizador pueda atribuir su autoría a otro país o adversario, frecuentemente con intenciones de utilizarla como pretexto o justificación para una represalia ulterior. Nota de la Red Voltaire.

[6] El primer ministro británico, David Cameron, escenificó con el jefe de la oposición un debate en la Cámara de los Comunes, donde ambos líderes “debatieron” leyendo un mismo guión escrito de antemano. El Reino Unido se las arregló así para retirarse del conflicto sirio sin tener que acusar públicamente a Turquía. Estados Unidos optó por la misma solución.

Thierry Meyssan

Thierry MeyssanIntelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Artículo bajo licencia Creative Commons

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Fuente : «Clinton, Juppé, Erdoğan, Daesh y el PKK», por Thierry Meyssan,Red Voltaire , 3 de agosto de 2015,www.voltairenet.org/article188339.html

sábado, 20 de diciembre de 2014

EL HORROR DEL KURDISTÁN



MOSUL



Por Andre Vltchek*

Este artículo está dedicado a Serena Shim. Porque los dos estuvimos cubriendo una historia casi idéntica. Porque ella está muerta y yo sigo vivo. Porque era valerosa. Porque incluso cuando la amenazaban y estaba atemorizada no detuvo su fervorosa búsqueda de la verdad y porque mientras existan personas como ella que trabajen, luchen y mueran por la humanidad, no estará todo perdido, ¡todavía!
El tiempo es sombrío; llovizna y una densa niebla cubre todo el campo. Después de salir de Erbil, capital de la Región Autónoma Kurda de Irak, aparecen grandes y pequeños puestos de control militares y policiales; como fantasmas, a ambos lados y en medio de una vieja y gastada autopista que se construyó en los años de Sadam Hussein.
clip_image004Inmensas banderas kurdas ondean en los puestos de control. Hay otras más pequeñas en los parachoques de los coches.
“No podemos desacelerar, a menos que los guardias ordenen que nos detengamos”, explica mi conductor, mientras pasamos cerca de montañas de sacos de arena y de los agresivos cañones de las ametralladoras. “Tienen órdenes de disparar sin previo aviso”.
No nos detenemos, pero fotografío cada vez que puedo, incluso a través del parabrisas.
Conducimos por la carretera que lleva directamente a Mosul, la ciudad tomada por el Estado Islámico [EI) o como se conoce aquí, en árabe, Da’ish, en junio de 2014.
Mi conductor está asustado. Toda la región está tensa y esta vez incluso la ciudad de Erbil (también conocida como Arbil) tampoco se ha librado. El 19 de noviembre, un coche bomba estalló frente a la oficina del gobernador matando a 6 personas e hiriendo a docenas. Casi de inmediato el EI asumió la responsabilidad, declarando que su objetivo es propagar la inseguridad en el enclave kurdo del norte de Irak, que es prooccidental.
Nuestro coche vuela literalmente sobre baches y pozas, al lado derecho de la carretera hay inmensas instalaciones de perforación de petróleo y refinerías apenas visibles, pertenecientes a KAR, la compañía petrolera kurda. Las llamas de las refinerías arden confiadamente y hay innumerables camiones cisterna con placas turcas estacionados o circulando a lo largo de carreteras principales y secundarias.
Pronto pasamos Kalak Town, también conocida como Khabat. Fue un importante puestode control a través del cual los refugiados de Mosul huían hacia la región kurda, miles cada día, después de la ofensiva sorpresa del EI. Había puestos de varias agencias de las Naciones Unidas, así como personal de todo tipo de ONG, espías de innumerables países y fuerzas armadas con diferentes uniformes.
Ahora solo está la carretera y algunos puestos de frutas. La carretera está destruida, destrozada, como casi todo el país de Irak que ha sido desbaratado, ensangrentado y descorazonado.
Un poco más adelante hay un inmenso puesto de control que termina con un muro de bloques de hormigón. Ahora es el fin de la autopista. Alrededor hay antenas y torres de vigilancia, todoterrenos y vehículos militares.
“No podemos ir más lejos”, dice mi conductor. “El EI está solo a algunos kilómetros. Nadie puede ir más lejos”.
Pero lo tengo todo organizado. Unos minutos de conversación, unas tazas de té caliente y sigo más allá del puesto en un Toyota Land Cruiser conducido personalmente por un comandante de batallón kurdo de la policía militarizada Zeravani (parte de las fuerzas armadas peshmergas), el coronel Shaukat.
Conducimos hacia el gran muro de hormigón y al llegar muy cerca me doy cuenta de que hay un pequeño túnel suficientemente ancho para vehículos militares. Pasamos a través de él y el campo se abre ante nosotros, se vuelve abierto y ancho, y aceleramos hacia la ciudad de Mosul.
La carretera está totalmente vacía y es espectral. Hay unas ametralladoras distribuidas holgadamente alrededor de la cabina del todoterreno. Hay una bajo mis pies; en realidad tengo que apoyar el pie sobre ella. Mecánicamente, me aseguro de que esté bloqueada.
A unos kilómetros del puesto, hay un inmenso muro de arena y luego, un poco más lejos, uno más. Los muros cortan a través de 4 pistas de la autopista, dejando solo un estrecho pasadizo.
“Solían ser las líneas fronterizas entre nosotros y el EI”, explica el coronel. “Puede ver cómo estamos empujándolas más lejos y más atrás, hacia Mosul”.
Hay recuerdos de la guerra a lo largo de la autopista:
“Este coche explotó destruido por un atacante suicida”, sigue diciendo el coronel. “El EI también destruyó el camión cisterna que está por allá, mientras lo forzábamos hacia Mosul y los montes”.
Y repentinamente la carretera termina. Hay un río y un puente totalmente destruido.
“¡El río Khazer!” el coronel se emociona. “Ellos –el EI– estaban por doquier en esta área. Volaron el puente… Destruyeron mi puesto de control, ¿lo ve allá lejos?”
Todo se ve triste por aquí, totalmente arruinado. Pero hay un nuevo puente militar, de metal, de una sola pista. Unos pocos combatientes se acercana nosotros.
“Forzamos a retroceder al EI”, me dicen nuevamente.
“¿A qué distancia estamos de Mosul?” pregunto.
“A 7 kilómetros”, dicen, "máximo 10”.
No lo creo. Tengo un sistema de navegación en mi teléfono y parece que estamos por lo menos a 15 kilómetros de la ciudad arruinada.
“¿Y dónde está ahora la posición más cercana del EI?
Los militares kurdos me llevan al puente militar provisorio y agitan las manos hacia los montes, al sudoeste de nuestra posición.
“Están allí, en esos montes. Y nos siguen disparando día y noche.”
“¿Morteros?” pregunto.
“Esos no. Los morteros no llegan tan lejos. Están disparando obuses de artillería calibre 155. Los reciben de Irán”.
“¿Estáis seguros de que vienen de Irán?” pregunto.
“Nos lo dicen…” No pregunto quién lo hace.
Cerca del puente está la aldea Sharkan, totalmente vacía y despoblada.
El coronel vuelve a hablarme: “Lo conduciré a través de las aldeas”, dice. “Tomaremos un desvío. Los estadounidenses bombardearon al EI destruyendo todo aquí el 9 de septiembre. Entonces nosotros atacamos y recuperamos este territorio. Perdimos algunos hombres… Perdimos al capitán Rashid… Perdimos a un soldado al que conocía, su nombre era Ahmad. El EI también mató a numerosos soldados peshmergas. Varios soldados murieron porque todo por aquí estaba minado”.
Conducimos directamente a esas ruinas: aldea Sharkan, luego Hassan Shami.
“Esta es la aldea del exministro de Defensa, me dice el coronal. “Esta era su casa”.
Casi todo está arrasado, pero la mezquita sigue en pie. Las bombas cayeron en innumerables casas y hay escombros por todas partes.
“¿Cuántos civiles murieron?” pregunto por instinto.
“Ni uno”, me dicen. “¡Lo juro! Les proporcionamos mucha inteligencia, de modo que las fuerzas de EE.UU. sabían qué bombardear”.
Me extraño… Casa tras casa: todo está destruido.
Los soldados del ejército kurdo salen continuamente de la niebla mientras conducimos por esa tierra desolada. Aquí hay muchos uniformes diferentes, pero todos saludan al coronel. Algunos incluso vienen y lo besan.
Nadie vive en las aldeas, ya no. Las aldeas fueron "liberadas", pero destruidas. La gente murió o huyó. O quizá a los supervivientes les ocurrieron otras cosas, no pregunto porque sé que no me lo dirían.
“¿Tienen planes de liberar Mosul?” pregunto.
“No vamos a tomar Mosul”, dice el coronel en uno de los puestos de detención y después de algunas reuniones con militares. Otros asienten. “No tenemos nada que hacer con esa ciudad… Solo queremos recuperar lo que es nuestro.”
Mientras conducimos de vuelta a la base Khazer, me dicen que el contingente del EI que combate por aquí es verdaderamente "internacional". Recientemente las fuerzas kurdas mataron a tres combatientes chechenos, cuatro afganos, dos alemanes y dos o tres libaneses.
Repentinamente me doy cuenta de que el coronel habla un perfecto inglés, algo muy poco usual en esta parte del mundo. Y se identifica con un solo nombre.
“Coronel Shaukat”, pregunto, “¿Dónde aprendió a hablar tan bien inglés?”
Muesta una amplia y radiante sonrisa: “En EE.UU. y en el Reino Unido. Pasé 2 años en el Reino Unido y 14 años en EE.UU., donde me entrenaron. También recibí entrenamiento en Austria…”
“¿Dónde exactamente fue entrenado en EE.UU.?”
“En Carolina del Norte”, responde.
En la base, nos sentamos en unas alfombras con unos 10 oficiales kurdos. De nuevo bebemos té. Distribuyo mis tarjetas de visita, pero el coronel solo me da su número de teléfono: “No hay tiempo para internet, ¡pero vuelva cuando quiera! Aquí nos gustan los verdaderos corresponsales de guerra”.
Entrevisto a dos doctores en Mosul, mediante un llamado de larga distancia, mientras vamos de camino a Erbil; los teléfonos celulares siguen funcionando.
“El EI ya no mata”, me dicen. “Los que tenían que morir ya están muertos. Ahora uno fuma y le cortan un dedo. Si trabaja durante la hora de la plegaria lo castigan. Han matado a musulmanes chiíes, kurdos, y cristianos… Tenían una lista de la gente a la que debían asesinar… Ahora Mosul grita de dolor: no tenemos medicinas, leche, pañales para niños, alimentos…”
Por la noche tomo una taza de té con un viejo científico, un físico nuclear llamado Ishmael Khalil, originalmente de la Universidad de Tikrit, ahora refugiado. Estamos en el antiguo salón de té del centro de Erbil. Habla:
“Destruyeron todo lo que tenía… Los estadounidenses son el principal motivo de esta locura, por la destrucción total de Irak. No lo digo solo yo, pregunte a cualquier niño y le dirá lo mismo… Todos pertenecíamos a una gran y orgullosa nación. Ahora todo está fragmentado y arruinado. No tenemos nada, todos nos hemos convertido en mendigos y refugiados en nuestro propio país”.
Machko Chai Khana es una verdadera institución: un viejo y tradicional salón de té incrustado en los muros de la antigua Ciudadela de Erbil. Es donde se reúnen muchos pensadores y escritores locales, donde toman el té y juegan a los naipes.
Ahora los intelectuales locales se codean con refugiados provenientes de todo Irak y de tan lejos como Siria.
“Me dedicaba a enseñar y a crear, contribuía a la construcción de mi país. Entonces invadieron y destruyeron Irak. No puedo hacer nada, ahora… No tengo nada… Ahora solo duermo y como. Y es exactamente lo que quiere Occidente, ¡quieren destruir nuestras mentes!”
Mientras, el profesor Khalil revisa su Smartphone, mostrándome fotos de su universidad, de su oficina y de sus exalumnos.
“Escapé hace cinco meses, después de que mi universidad fuera devastada por el EI. Todos sabemos quienes le respaldan: los aliados de Occidente: Arabia Saudí, Catar y otros… A menudo sueño con mi país como era antes, bajo Sadam Hussein. La infraestructura era excelente y la gente era rica. Había mucha electricidad, agua… Había educación y cultura para todos…”
Ahora la Región Autónoma Kurda de Irak (con Erbil como capital) trata de presentarse como relativamente estable y crecientemente próspera, "no como el resto de Irak". Posee parte de las mayores reservas de petróleo del mundo y por eso atrae inmensas inversiones de Occidente. Mientras el resto de Irak está bañado en sangre, descomponiéndose económica y socialmente, "no se permite" que esta parte del país "colapse", debido a la importancia estratégica que tiene para EE.UU. y Europa.
Hay extranjeros por doquier. Me detienen en un puesto de control, durante una hora, antes de la ciudad de Kirkuk, supuestamente para un interrogatorio de rutina y "por mi propia seguridad"; veo un convoy de varios Toyota Land Cruiser blancos del Gobierno, que aceleran hacia Erbil, con un hombre occidental con gafas de sol sentado detrás de una enorme ametralladora montada en la parte trasera del primer vehículo.
En un hotel de lujo, el Rotana, comparto ascensor con un tipo británico que camina descalzo, un mayordomo lleva sus botas inmundas.
“¡Arruiné mis botas en el desierto! confiesa el occidental sonriendo a su sirviente. “Enseño a disparar a la gente, ¿sabe? ¿Le gusta disparar?”
“¡Oh sí, señor!” responde el hombre que lleva las botas sucias. Probablemente es de Siria, un refugiado. Se muestra muy ansioso de complacer. “¡Me gusta tanto disparar, señor!”
Los extranjeros controlan la producción de petróleo, se "ocupan de los temas militares", dirigen los hoteles e incluso trabajan aquí como masajistas, meseros y trabajadores domésticos. Los occidentales están a cargo de los negocios y hay turcos, libaneses, egipcios, sirios, indonesios, y gente del subcontinente haciendo todo tipo de trabajos de administración, calificados, así como de ínfima importancia.
Turquía está invirtiendo considerablemente y ha estado construyendo de todo aquí, desde torres para oficinas con brillantes cristales y acero hasta el nuevo aeropuerto internacional en las afueras de Erbil. Es el socio comercial más importante del Kurdistán Iraquí, seguido de Israel y EE.UU.
Turquía, incondicional aliada de Occidente y de Israel, también está profundamente involucrado "políticamente". Algunos de mis amigos académicos en Estambul realmente afirman que dirige casi todo el Kurdistán Iraquí.
A pesar de toda esa propaganda positiva y exagerada que difunden sobre el Kurdistán iraquí los medios de masas occidentales, el lugar se siente caótico e incluso deprimente. Como cualquier país o región del mundo que se encuentra bajo el control total de intereses empresariales y geopolíticos occidentales, el Kurdistán Iraquí se orienta sobre todo a la explotación de recursos naturales y al abandono de su propio pueblo. Mientras crecen las desigualdades en los ingresos, se hace muy poco para mejorar los niveles de vida de la mayoría empobrecida, sin educación y profundamente frustrada.
Como explicó un importante gerente (proviene de un país árabe, y no se atreve a revelar su identidad oficialmente) de uno de los hoteles de lujo de Erbil:
“Éramos jóvenes y dispuestos a cualquier aventura; queríamos vivir el mundo. Y nos dijeron: ‘¡aprovechad la oportunidad y venid a Erbil! ¡Pronto se convertirá en otro Dubai! Pero mírelo ahora después de todos estos años: la gente es muy pobre y no existe infraestructura alguna. Básicamente no hay alcantarillado y la electricidad falla constantemente, tenemos apagones durante largas horas cada día y todos los hoteles tienen que usar sus propios generadores. ¿Se puede imaginar un país con tanto petróleo y constantes apagones? Quieren ser independientes de Irak, pero han terminado en el abrazo letal de los extranjeros, occidentales, turcos e israelíes dirigen su país. Es perfecto para los ricos, para las elites. Solo los ricos y los corruptos se benefician de la manera en que está estructurado este país. Aquí no hay ni una fábrica sólida… Siempre me pregunto qué van a comer cuando se les acabe el petróleo.”
Conduzco a la refinería Erbil, que pertenece a KAR (un conglomerado petrolero local), ubicada en el distrito Khabat, en la ciudad Kawrkosek (también conocida como Kawergosk), a solo 40 km al oeste de la ciudad Erbil. El ejército, la policía y los paramilitares están por doquier, protegiendo las instalaciones. Hay camiones cisterna turcos estacionados a todo lo largo de la carretera. Pero al conducir solo unos minutos más, subiendo un cerro, la miseria me grita estruendosamente a la cara.
Hablo con el señor Harki, cuya casa está frente a la refinería. Está indignado, como la mayoría de los ciudadanos comunes:
“Todo esto es para los ricos… Todo esto es para las corporaciones y nada para la gente. Esta compañía petrolera se ha apoderado de nuestra tierra. Dijo que recibiríamos compensación: dinero, combustible, puestos de trabajo… ¡Pero hasta ahora no hemos recibido nada! Estoy muy enojado. Ahora mi familia está enferma: tenemos problemas respiratorios, el aire es simplemente terrible”.
Unos kilómetros más allá, lejos de la carretera, toda el área está contaminada con basura e inmundos cementerios de coches. Todo tipo de cercas, incluso algunas de alto voltaje, dividen la tierra, tal como sucede en el resto del Kurdistán Iraquí.
En la ciudad de Kawergosk veo a varias mujeres musulmanas recogiendo algunas raíces, al lado de la carretera, obviamente para llenar los estómagos de sus familias.
No lejos de ellas, diviso una escuela pública primaria. Está muy deteriorada y es extremadamente simple.
Obviamente esta comunidad musulmana está desatendida a pesar de los pozos de petróleo y las refinerías cercanas. No es sorprendente: el régimen prooccidental de Erbil es abiertamente antiárabe y prooccidental. El presidente Barzani habla repetidamente del carácter eurasiático de su enclave, rebatiendo que tenga nada que ver con un indeseable carácter árabe propio de Medio Oriente.
Una directora de escuela alta, hermosa y orgullosa, lleva un pañuelo. Entro rápidamente en su oficina, y luego voy más despacio y me disculpo. Le hago solo una pregunta: "¿Llegan aquí, a su escuela, al sector educacional, algunos de los ingresos de todas esos campos petroleros y refinerías?"
Su respuesta es breve y precisa, como mi pregunta: “¡No, nada! ¡Nuestra gente y nuestros escuelas no reciben absolutamente nada!”
Pero la cantidad de millonarios kurdos aumenta, así como la cantidad de limusinas de lujo y vehículos todoterreno, así como los ostentosos centros comerciales para las elites, así como los ejércitos de arrogantes guardias de seguridad, locales e importados.
Como en tantos otros estados "clientes" de Occidente, en el Kurdistán Iraquí no es seguro si todos esos hombres que exhiben sus ametralladores protegen realmente al país de los terroristas o defienden a las elites de las masas empobrecidas.
No lejos de los campos petroleros hay un inmenso campo de refugiados; es para los exiliados sirios,
Después de negociar mi entrada logro preguntar al director del campo –Khawur Aref– ¿cuántos refugiados están acogidos aquí?
“14.000”, responde, “y cuando lleguen a 15.000, será imposible administrar este lugar”.
Yo quería saber si todos los refugiados que viven allí provienen realmente de Siria.
“Son todos de la parte norte de Siria; de la Siria kurda. Casi todos son kurdos; hay muy pocos árabes.”
Me dicen que no haga entrevistas, pero en todo caso logro hablar con varios refugiados, incluyendo a Ali y su familia, quienes llegaron de la ciudad siria de Sham.
Quiero saber si se interroga a todos los recién llegados. Así es. Les hacen preguntas, sobre si están a favor o contra el presidente Bashar al-Asad. Sí, lo están: todos los que responden esas preguntas y más… Y si una persona –una persona verdaderamente desesperada, necesitada y hambrienta– responde que apoya el gobierno de Bashar al-Asad y que llegó porque Occidente está destruyendo su país, ¿qué pasaría? Jamás se permitiría que su familia se quedara en Kurdistán Iraquí.
Dentro de la magnífica ciudadela, uno de los sitios habitados desde hace más tiempo en la Tierra, que es ahora Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, Sarhang, restaurador del impresionante Museo textil kurdo, está tan descontento de su país, como casi toda la gente de Ebril y alrededores:
“Supuestamente estamos seguros, pero hace solo unos días, el 19 de noviembre, una bomba mató a 6 personas a solo unos minutos a pie desde aquí. El EI reivindicó la responsabilidad. Ahora, como puede ver, nadie se atreve a caminar por aquí y el museo está vacío. Pero no es el único problema que enfrentamos. Mire los suburbios de Erbil: están construyendo nuevos apartamentos de lujo para las elites locales y para extranjeros. ¡Un apartamento vale unos 500.000 dólares! ¿Quién puede pagar eso? El dinero que se gana aquí desaparece, se lo llevan los extranjeros y nuestros corruptos funcionarios y hombres de negocios. Casi no hay transporte público, y la infraestructura es extremadamente mala…”
De vuelta en Machko Chai Khana, el profesor Ishmaeal Khalil eleva la voz mientras el propietario del salón de té toca antiguas canciones del gran cantor egipcio Am Khalthom:
“Los kurdos hacen un doble juego: dicen una cosa a Occidente, otra al Gobierno iraquí. Francia, Alemania o EE.UU. apuestan claramente por un Kurdistán ‘independiente’. Occidente quiere dividir Irak de una vez por todas. Ya han creado una profunda división entre chiíes y suníes e irán mucho más lejos. Arabia Saudí, Catar, Jordania, Egipto, Turquía, todos son aliados de EE.UU. y están involucrados en el proyecto. Quien habla contra el plan es hombre muerto.”
Repentinamente deja de hablar y mira alrededor. Luego cambia de tema: “Hoy, otra vez, no hay electricidad en Erbil”.
Recuerdo algunas de las últimas palabras del coronel kurdo Shaukat, pronunciadas cerca del frente con el EI: “Nuestros aliados son EE.UU., el Reino Unido, Francia y otros países occidentales”.
Como para confirmar sus palabras, a unos 40 kilómetros, en las puertas del Aeropuerto Internacional de Erbil, hay jets que acaban de llegar directamente de Frankfurt, Viena, Ankara, Estambul y muchas otras "ciudades amigas": Lufthansa, Austrian Airlines, Turkish Airlines y algunos 747 sin identificación.
Hay un creciente nerviosismo en los alrededores y en la ciudad de Kirkuk, que se encuentra sobre inmensos depósitos de petróleo y está gobernada desde hace unos meses por los kurdos y el Gobierno iraquí de Bagdad.
Me dicen: “Algunas fuerzas antioccidentales operan allí, ahora mismo”.
Parece que a casi nadie le gusta el gobierno de Bagdad y a nadie, excepto a algunos kurdos en el Kurdistán Iraquí le gustan los occidentales.
No es ningún secreto que el EI fue bienvenido en Mosul y otros sitios, por los ciudadanos desesperados. Pero muchos, o la mayoría de los ciudadanos iraquíes educados, los ven como una especie de pesadilla cotidiana, un vástago de los movimientos clientes de EE.UU. y Europa, creados y armados a fin de destruir la Siria del presidente al-Asad.
Todo esto es un juego extremadamente peligroso. Millones de personas han muerto durante las últimas décadas en todas partes de Medio Oriente víctimas de los bárbaros juegos geopolíticos occidentales, víctimas de los aliados de Occidente: en Irak, Irán, Siria, Líbano, Palestina y en todo el mundo árabe.
A personas personas como Serena Shim, una periodista libanesa-estadounidense que cubrió esos horrendos eventos para Press TV, las amenazan. Si no dejan de trabajar y de decir la verdad, los asesinan, exactamente lo que le ocurrió a ella.
Mientras tanto los hombres de negocios y funcionarios locales corruptos, pero sobre todo extranjeros, están desvalijando el Kurdistán Iraquí, sistemáticamente.
Y queda muy poco en el resto de Irak.
Como se ha hecho extremadamente común, los ladrones y asesinos se autodenominan "liberadores" y buenos samaritanos.
Irak sangra, pero no se permite que casi nada de la verdad penetre en el resto del mundo sobre el terrible destino de este país que otrora fue conocido como cuna de nuestra civilización.

Andre Vltchek es novelista, cineasta y periodista de investigación. Ha cubierto guerras y conflictos en docenas de países. El resultado es su último libro: “ Fighting Against Western Imperialism”.
Fuente: Counterpunch

miércoles, 2 de julio de 2014

LOS KURDOS DE NUEVO MARGINADOS

 

Irak Disputado Kirkuk Imágenes y Fotos

KIRKUK

 

Nazanín Armanian

EEUU impide la creación de un Estado kurdo

 

Esta vez tampoco podrá ser. A pesar de la euforia desatada entre los kurdos iraquíes por la conquista de varias ciudades del norte del país, entre ellos Mosul y la petrolífera Kirkuk, que permite duplicar su dominio geográfico y su población, John Kerry rechazó la petición del presidente del Gobierno Regional del Kurdistán (GRK), Massoud Barezani, de reconocer un Estado kurdo independiente. Los hechos suceden en el 68 aniversario del derrocamiento de la efímera República de Kurdistán de Irán dirigido por el socialista Gazi Mohammad, por el ejército del Sha bendecido por EEUU.

Esta es la triste historia de millones de integrantes de una milenaria cultura atrapados entre varios Estados poderosos, quienes no han parado de aplicar el kurdicidio en todas sus dimensiones: étnica, lingüística, religiosa, histórica, humana. Y aún a pesar de tanto sufrimiento, de batallas sin ganar, mantienen, no la esperanza, sino el espejismo de que en las circunstancias actuales de un mundo dirigido por bancos y empresas de armas y de petróleo, en un Oriente Próximo, a la deriva, con dirigentes  serviles a los intereses ajenos, un EEUU, al que llaman la cuna de la democracia (que niega un Estado para los palestinos), respetará la voluntad de los kurdos y les asignará un escaño en la ONU. ¡Cuánta ingenuidad en un mundo de realpolitik!

El dilema de Obama

Barak Obama sigue resistiendo, sin mucho éxito,  a la presión (y trampas) de los republicanos, israelíes y saudíes que pretenden que EEUU mantenga una gran presencia militar en Oriente Próximo apuntando a Irán y Rusia; no oculta que su objetivo principal ha sido contener a China y no implicarse en minúsculas peleas vecinales en esta zona.  Aún no había podido organizar la permanencia de las tropas en Afganistán, atender la crisis Siria y Ucrania, y firmar el acuerdo nuclear con Irán, cuando “de repente” se le presenta un nuevo desafío: recoger los destrozos producidos por unos cuantos hombres despiadados al apuntalado Gobierno iraquí. Como guinda, le informan de que unas personas llamadas “kurdos” le pidan permiso para declarar un Estado independiente sobre los restos del país que invadieron las tropas de su Ejército. Su repuesta ha sido un rotundo NO, por las siguientes razones:

1 – Para defender un Estado Kurdo de sus enemigos regionales, debe estacionar tropas en la región. Y hoy ni se lo plantea.

Los árabes no olvidan que  los caudillos kurdos, desde un nacionalismo clasista, miope e insolidario fueron cómplices necesarios de la agresión de EEUU a Irak en 2003 que dejó decenas de miles de muertos (ver: iraqbodycount.org), luego cerraron sus ojos ante la muerte de millón y medio de niños y adultos árabes durante 12 años de bloqueo económico genocida y miraron hacia otro lado cuando salió el escándalo de Abu Ghraib o los vuelos de la CIA que transportaban personas secuestradas a los agujeros negros  de la democracias capitalista.

2- Un Kurdistán separado no solo significaría la tutela total de Irán sobre la región petrolera del sur chií, sino regalarle un acceso terrestre directo a la zona chií de Arabia Saudí. Por lo que Riad tampoco defiende un Irak desintegrado.

3 – Un Irak fragmentado enfrentará directamente a Irán y Arabia Saudí, hundirá la producción de petróleo de los tres países, y con ello a los mercados de petróleo, obligándo a Obama a enviar tropas al Golfo Pérsico.

4 – Empujaría a Irán a una carrera armamentística, y fortalecería sus lazos con Rusia y China.

5 – El cambio de mapa de Irak y de Siria, o simplemente el cambio de sus  mandatarios de chiíes a suníes ─que es lo que piden Israel y Arabia─, pondría fin a las negociaciones nucleares que se están desarrollando con Irán, consolidando los  sectores belicistas en los Gobiernos de ambos países.

6 – No quiere dar la impresión de que Irak se ha desintegrado como consecuencia de la invasión.

7 – Prefiere retocar y mejorar la actual fórmula para Irak: un presidente suní kurdo, un primer ministro chií árabe, y un presidente del parlamento suní (algo parecido al Líbano). Lo que no se comprende es cómo pide la cooperación de Irán para un gobierno iraquí inclusivo, sabiendo que en la República Islámica los suníes, judíos, cristianos, ateos, kurdos, baluches, mujeres, entre otros sectores, están excluidos del poder. ¿O quizás pretende involucrar a Irán en una larga guerra de desgaste?

8 – No ve un movimiento nacional kurdo unido. El tribalismo de sus dirigentes, sobre todo el iraquí y el de Turquía lo han obstaculizado. El Partido Democrático de Kurdistán de Irak (PDK) es un partido de derechas, conservador,  pro-occidental, casi propiedad de la familia Barezani. Mientras el PKK, de izquierda marxista, representa a las clases medias y al campesinado pobre. Difícilmente podrán alcanzar acuerdos aunque sean tácticos.

9 – La desunión no solo reina entre los partidos kurdos de Irak, Siria, Turquía e Irán, sino también entre las formaciones de un mismo país: siguen abiertas las heridas de la ultima guerra civil en 1994, entre el PDK, del clan de Massoud Barezani (presidente del GRK) y la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK) el de Jalal Talebani (presidente de Irak).  Por lo que EEUU desconfía de su capacidad de administrar un Estado en una zona tan compleja: ni siquiera han podido formar un nuevo Gobierno tras las elecciones parlamentarias del pasado septiembre por las peleas entre dos codiciados ministerios, el de los recursos naturales y el de Interior.

10 – No hay que ir a Kurdistán para saber que allí no hay democracia sino un corrupto clientelismo tribal adornado con libertades políticas. En el mismo Washington, Barezani ha impedido que la Oficina de Kurdistán sea dirigida por alguien que no sea de su familia. Por lo que lleva meses sin representante.

11 – Massoud Barezani ni siquiera respeta las formas de la democracia formal. A pesar de agotar los dos mandatos constitucionales, se niega a apartarse del poder porque, según sus seguidores, “es insustituible y el pueblo le quiere”. ¿Qué continuidad tendría un Estado kurdo vinculado a una persona que es mortal como todos? Sólo un sistema estéril y opresor es incapaz de producir talentos y renovarse.
De modo que de los tres principales requisitos para fundar un Estado, los kurdos cumplen sólo dos, a saber:

  1. Viabilidad económica: la conquista de Kirkuk posibilita la atención a las necesidades primarias de la población y en un nivel digno.
  2. Capacidad de mantener su propia seguridad: los peshmargas, entrenados por Israel y EEUU, ya son un ejército de profesionales con moral y  motivación, que lucharían para proteger a lo que sería el embrión de un gran Estado.

Por otro lado, les falla “un proyecto de estado, sostenible y duradero en el tiempo”, por razones antes explicadas.

No es un secreto que Washington carece de una política propia respecto a los kurdos, y sus posiciones varían según la posición de los Estados de la región donde habitan. En caso de Turquía, un socio de la OTAN, Washington ha incluido a la izquierdista PKK en su lista de organizaciones terroristas; tampoco apoyó a los kurdos de Irak cuando fueron gaseados por Saddam Husein, todavía amigo en 1988.

Así que, la soberanía kurda no está en la agenda de la Casa Blanca.

¿Qué dicen los países vecinos?

Turquía: de negar la existencia de los 20 millones de kurdos de su país, sus autoridades han pasado a asimilar la presencia kurda en los órganos del poder en Turquía (ver: Baile de Turquía con el PKK: ¿Estrategia o táctica?), y a defender con la boca pequeña la independencia del GRK. Turquía ha invertido grandes cantidades de dinero y, a espaldas de Bagdad y a pesar del enfado de EEUU, sigue firmando contratos comerciales con el GRK directamente. La integración de Kirkuk en el dominio kurdo abre la posibilidad a Ankara de diversificar sus fuentes de energía, hoy muy dependiente de Rusia e Irán, y de paso consolidar lazos con la población turcomana y aumentar su influencia en el futurible país kurdo.

Erdogan juega a dos bandas: apoya a los yihadistas ─de hecho les ha cobijado en la frontera común con Siria (ver: Carta kurda en la partida siria)─, y también al GRK. Dentro de dos meses necesitará el voto de los kurdos para convertirse en el primer presidente elegido por sufragio directo del país. Para ello, debe amnistiar a los presos del PKK. Pero, ¿será capaz de hacerlo? Un pequeño estado kurdo en el norte de Irak, necesitaría el reconocimiento de Turquía, ese socio de la OTAN.

Israel: “EEUU debe lanzar un gran ataque para mantener la unidad de Irak o permitir su división en líneas religioso-étnicas”. Así han enfocado los israelíes el tema del Estado Kurdo con Washington, poniéndole entre la espada y la pared.

En la aplicación de la estrategia de “alianzas periféricas” de Ben-Gurión ─que propone desarrollar uniones con países y pueblos no árabes y/o no musulmanes de Oriente Próximo y África─, el Gobierno israelí ha establecido fuertes vínculos con los kurdos: durante sus levantamientos contra los gobiernos iraquíes de los años 1965-1975,  enviándoles instructores y armas, por ejemplo. Luego las actividades culturales de unos 200.000 kurdos judíos iraquíes y decenas de asociaciones kurdo-israelís, han consolidado estas relaciones, no siempre inocentes. La autonomía kurda iraquí es hoy una base de espionaje israelí en las fronteras de Irán, de Siria y de Bagdad. Una vez independiente, Israel podrá usarlo como plataforma de ataque a Irán, en sustitución de Azerbaiyán ─otro vecino de Irán, de gobierno y mayoría de población chií, aunque socio de la OTAN e Israel─. Busca la complicidad de Turquía  y repartir la zona de influencia entre ambos. Desde el 1991, el Mossad cuenta con una oficina en Erbil, capital de Kurdistán, entrena a los peshmargas e instruye a los servicios de inteligencia kurda. En julio de 2007, Human Rights Watch detallaba las torturas y los malos tratos en las prisiones administradas por los kurdos.

Los líderes kurdos son conscientes de que una relación abierta con Israel les cierra las puertas de los países musulmanes y de su gran mercado. No se privan de los mismos que reciben de los judíos, donde por arte de magia, encontraron en la leyenda del Rey Salomón raíces comunes entre ambos pueblos, desmontando la tesis del origen medo de los kurdos que les ubicaba en el grupo ario de los pueblos junto a los persas.

Rusia: a Moscú no le interesa un Kurdistán bajo el dominio total de Israel, ni más tensión en Irak. Cuando fue URSS, éste país fue el primero que en 1923 otorgó pleno derecho a los kurdos para desarrollar su cultura y realizar importantes investigaciones sobre sus orígenes, lenguas y religiones, y una autonomía administrativa que se llamó el “Kurdistán rojo”. Moscú también apoyó la Republica kurda de Irán de 1946 y, un año después, otorgó asilo al Mulla Mustafá Barezani, el padre de Massoud.

A Bagdad no le gustaron los acuerdos petrolíferos de  Lukoil  y Gazprom con el GRK, ni a éste la venta de armas y aviones rusos a Bagdad.

Con este panorama, en el mejor de los casos los kurdos mantendrán su estatus actual: un Estado semi independiente conseguido sin enfrentamientos con otros centros del poder como Bagdad o Teherán. Sin embargo, los kurdos pagarán un precio muy alto por apoderarse de Kirkuk: la seguridad y la paz de las que tanto gozaban hasta entonces.

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