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lunes, 19 de septiembre de 2016

Velocidades peligrosas sobre vías desastrosas




Es difícil imaginarse cuál será la frenética velocidad a la que se mueven los cubitos de hielo al ser agitados, convulsivamente, por un barman dentro de la coctelera, pero les puedo asegurar que me invadió una sensación parecida


José Antonio Martín Pallín

La estadísticas nos dicen que el porcentaje de accidentes e incidentes en la red ferroviaria de Galicia es preocupante. No es necesario ser un especialista en la materia para sostener, como dato evidente, que los trazados y los mecanismos de control se han quedado al margen de los avances implantados en otras zonas de nuestro territorio.

Por experiencias vividas, creo que una parte importante del problema radica en la decisión política de compensar el abandono de Galicia del plan general de la Alta Velocidad, con el ofrecimiento de mejoras en los tiempos de recorrido en los trayectos medulares de los ejes Norte Sur. El peligro radica en implantar velocidades excesivas, en tramos que no reúnen las condiciones de trazado y seguridad adecuadas para la rapidez que se pretende conseguir.

Dada mi edad y mi impenitente vocación viajera, he tenido la oportunidad de utilizar todo género de medios de transporte y por tanto experimentado marejadas, turbulencias y movimientos laterales en los trenes. Les confieso que nunca había sentido el sobresalto que me proporcionó este verano el viaje Pontevedra-A Coruña en un tren moderno que me llevó a mi ciudad natal en una hora y diez minutos.

Es difícil imaginarse cuál será la frenética velocidad a la que se mueven los cubitos de hielo al ser agitados, convulsivamente, por un barman dentro de la coctelera, pero les puedo asegurar que me invadió una sensación parecida, en el trayecto que estaba realizando. Es cierto que la duración del viaje se ha reducido notablemente pero las condiciones de seguridad me parecieron extremadamente deficientes e incluso peligrosas, si tenemos en cuenta los movimientos (seguramente equiparables a un seísmo de grado 8 o 9 en la escala Richter) que experimentaba el convoy al circular a velocidades superiores a los 100 km/h.

Entra usted en el vagón y ocupa su asiento. Al cabo de un rato, cuando el maquinista decide poner al tren velocidad de crucero, comienza a sentir una agitación lateral compulsiva que le hace temer, no por su estabilidad, porque se puede agarrar con fuerza al reposabrazos del asiento, pero sí por su seguridad. Uno tiene la desagradable sensación de que de un momento a otro el tren puede salirse de los raíles, bien porque estos no reúnen las condiciones necesarias para esas velocidades o bien porque los ejes, en un momento determinado, no resistan tan brutal tracción.

Invito a todos los que quieran experimentar esta sensación a subirse al convoy que le llevará rápidamente a la estación de destino. A cambio deberá soportar un desagradable sobresalto cuando perciban que sus vísceras se agitan como los hielos de una coctelera. Al parecer estas incomodidades y sentimientos de inseguridad no las han experimentado los responsables de los estudios previos a la puesta en marcha de este servicio ferroviario. En todo caso, no las han valorado, suficientemente, los responsables técnicos del mantenimiento de estos trazados.

No hace falta ser un experto para experimentar una razonable dosis de preocupación al comprobar que las agitadas traslaciones de lado a lado, son incluso superiores a las de algunas turbulencias habituales en los trayectos aéreos. Parece que nadie ha reparado en esta situación y, quizá por mi ignorancia, esté exagerando las circunstancias peligrosas por las que atraviesa el viajero en grandes partes del trayecto, salvo cuando el tren aminora notablemente la velocidad.

Tengo la sensación de que en el reciente descarrilamiento de O Porriño, la versión oficial que nos han ofrecido sobre las grabaciones de las llamadas cajas negras, están tergiversadas o sesgadas. No parece racional que un maquinista experimentado que circula habitualmente por ese tramo a mas de cien kilómetros por hora, no aminore la velocidad si tiene la seguridad y certeza de que la vía alternativa que le ofrecen, está limitada a 30. La otra hipótesis descabellada que, al parecer no ha sido todavía manejada, es que se tratase de un suicidio.

Los sucesivos informes técnicos nos dirán cual es la versión más verosímil o ajustada a la realidad. El maquinista ha fallecido y no nos puede contar los detalles de lo que realmente sucedió.

Es necesario y urgente tomar conciencia sobre la evidente antigüedad e inseguridad del trazado ferroviario de Galicia y actuar en consecuencia. Si algún día, espero que no, los ejes del tren Vigo A Coruña no soportan la tracción frenética que experimentan y se salen de la vía, por favor, no descarguen la culpa sobre el maquinista.

Fuente: eldiario.es

viernes, 9 de septiembre de 2016

Galicia y Euskadi entran en campaña flanqueadas por la tensión catalana

El lehendakari vasco Iñigo Urkullu y el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo (David Aguilar / EFE)



El CIS predice un PP fuerte en Galicia y un PSOE muy débil en el País Vasco
Galicia y Euskadi entran en campaña flanqueadas por la tensión catalana


 ENRIC JULIANA, Madrid

Galicia, Euskadi y Catalunya, las tres nacionalidades que la Constitución reconoce pero no nombra, enmarcan el confuso momento español tras ocho meses de irresoluble interinidad. Gallegos, vascos y catalanes hornearán este mes de septiembre el “caso España”. Un país perdido en el interior de sí mismo después del derrumbe de la turboeconomía y del hedonismo a crédito.

En Galicia se puede decidir la suerte de Mariano Rajoy. En Euskadi se pondrán a prueba la solidez del Partido Nacionalista Vasco y la capacidad de resistencia de Pedro Sánchez. Y en Catalunya, la Diada del próximo domingo medirá la robustez del reclamo independentista después de cinco años consecutivos de movilización social sin precedentes.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) dio a conocer ayer su pronóstico. Las encuestas no atraviesan su momento de mayor prestigio en España. Se han publicado demasiados sondeos en los últimos meses, algunos medios de comunicación les han querido dar un enfoque excesivamente indicativo y casi todos los estudios demoscópicos se equivocaron significativamente en las elecciones del 26 de junio. Hay empacho de encuestas, pero el sondeo electoral del CIS sigue siendo un punto de referencia.

Fotografía: el Partido Popular sale con fuerza en Galicia y el PSOE puede desplomarse en Euskadi. Mariano Rajoy superaría la prueba de esfuerzo. El feudo de Galicia resiste. En las nueve elecciones autonómicas que hasta la fecha se han celebrado en Galicia, el PP (antes AP) sólo ha perdido una vez, en 2005, como consecuencia de la terquedad de Manuel Fraga, que no quería retirarse, cumplidos los 80 años. El actual presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, es un candidato sólido, pese a su problemático álbum de postales marineras. Si Núñez Feijóo consigue revalidar la mayoría absoluta con más de 40 diputados (necesita 38), se consolidará como uno de los más sólido aspirantes a la sucesión de Rajoy al frente del PP. Si ello ocurre, no todo serán sonrisas de satisfacción en la calle Génova y en el ala oeste de la Moncloa.

Un hundimiento del PSOE en Euskadi, acompañado de un discreto resultado en Galicia –ese es el pronóstico del CIS para los socialistas– sería un notable contratiempo para Pedro Sánchez. De derrota en derrota hasta la victoria final. Sánchez tendría mayores dificultades para mantener en pie su arriesgada aventura de doble fondo. Una aventura que consiste en intentar construir una difícil mayoría alternativa, para acabar empujando a España a unas delirantes terceras elecciones, que Rajoy también desea, aunque afirme lo contrario.

El derrumbe del socialismo vasco podría poner en peligro los objetivos básicos de Sánchez y su pequeño círculo de confianza: mantenerse en la secretaría general del PSOE con el apoyo de la militancia (“El hombre que le dijo cincuenta veces no a Mariano Rajoy”) , dejar a Susana Díaz en el apeadero de Triana e intentar un mayor desgaste de Podemos y Ciudadanos, provocando que los jóvenes manden la política a paseo en diciembre. Es una estrategia con mucho riesgo. El PSOE también podría ser víctima de la desbandada y del hartazgo. Los datos del CIS sobre la intención de voto socialista en Euskadi y Galicia no son un buen indicador. Los muelles del socialismo parecen seguir flojos. La tenaz Operación Sánchez podría concluir con una seria derrota de toda la izquierda, un bajón de Ciudadanos, y con el Partido Popular en puertas de la mayoría absoluta, después de haber quedado reducido a 123 diputados en diciembre. Espectacular. El caso sería estudiado en las facultades de ciencias políticas de todo el mundo.

Más detalles de la fotografía del CIS. El Partido Nacionalista Vasco volverá a ser el primer partido de Euskadi. Para gobernar puede necesitar más de un apoyo parlamentario, pudiendo verse obligado a recurrir al PP. Pero no se halla ante un cuadro angustioso. No es fácil que el PNV quede en manos de Rajoy. El Podemos vasco podría empatar con Bildu, disputándose ambos el segundo puesto. La Marea gallega (compleja agregación de nacionalistas de izquierda con Podemos e Izquierda Unida) no está tan alta como el pasado mes de diciembre, de manera que se perfila un empate con el PSOE. Ciudadanos va en camino de quedar fuera de los parlamentos de Vitoria y Santiago. Mala noticia para Albert Rivera, el hombre que hoy más teme que el actual pastel concluya con unas increíbles terceras elecciones generales en diciembre. Pablo Iglesias ha encontrado una buena candidata en Euskadi –Pilar Zabala– y en Galicia ha tenido que aceptar la ley de Xosé Manuel Beiras. Podemos es ­fuerte y débil a la vez. Y ahora abren una lucha de corrientes en Madrid.

Galicia y Euskadi serán observadas con lupa y eso siempre gusta al objeto observado. Al ser estudiada, la partícula modifica su comportamiento, dice la física cuántica. España, país de jacobinismo fracasado, tiene algo de eso. El voltaje máximo está ahora en Catalunya, que también siente la pasión del objeto observado. “El mundo nos mira”, dice uno de los lemas más celebrados del soberanismo.

ENRIC JULIANA
Madrid

Fuente: La Vanguardia

domingo, 4 de septiembre de 2016

España en suspenso a la espera del torneo de las tres naciones

El hemiciclo del Congreso de los Diputados, vacío, a la derecha el escaño del presidente del Gobierno (Juanjo Martín / EFE)

Campaña electoral permanente. Ahora es el turno de Galicia y Euskadi, dos pruebas de referencia
España en suspenso a la espera del torneo de las tres naciones´


ENRIC JULIANA

El fracaso de la investidura de Mariano Rajoy ha inundado España de confusión. Confusión política. Desorientación sobre los acontecimientos venideros. Hartazgo. Rechazo a los partidos. Desmayo de aquel renovado interés por la política que se respiraba en las grandes ciudades hace poco más de un año. La creciente sensación de que no hay nada que hacer. España en desazón.

En el plano institucional la iniciativa corresponde ahora al Rey. El jefe del Estado deberá decidir si abre una nueva ronda de consultas a los líderes de los partidos, de manera inminente, o dentro de unas semanas. No es una decisión fácil puesto que España se halla en vísperas de otra cita electoral. Las terceras elecciones de las que tanto se habla están a la vuelta de la esquina. Las terceras elecciones son los comicios del próximo día 25 de septiembre en Galicia y el País Vasco.

Las elecciones vascas y gallegas serán algo más que una prueba parcial, exclusivamente condicionada por los asuntos políticos locales. Serán dos pruebas de referencia. Los comicios de Galicia se convertirán en un test sobre el liderazgo de Mariano Rajoy, puesto que el presidente en funciones quiere tener un papel muy destacado en la campaña electoral, convencido de que una rotunda victoria del Partido Popular en su tradicional feudo atlántico puede ser la llave que resuelva la investidura.

Serán también una nueva prueba de fuerza entre el PSOE y Unidos Podemos. Los socialistas corren el riesgo de verse superados por la agrupación En Marea (alianza de nacionalistas de izquierda con Izquierda Unida y Podemos) en Galicia y por Unidos Podemos en Euskadi. Vista la experiencia de junio, no hay que dar el sorpasso por seguro. Los socialistas saldrán a pelear, enarbolando como estandarte el rotundo no de Pedro Sánchez a la investidura de Rajoy.

En Euskadi también se va a decidir la futura ubicación del Partido Nacionalista Vasco en la política española. El taxativo no del PNV a Rajoy esta semana hay que leerlo en el contexto de una campaña electoral en la que los nacionalistas vascos se ven obligados a batallar por el flanco izquierdo.

Todo el debate de investidura ha estado contaminado por la proximidad de esas elecciones y por la incandescente situación catalana. El mayor grado de dureza de Rajoy en sus referencias a Catalunya, la contundente oposición de Sánchez al candidato popular, la angustia de Ciudadanos ante la posibilidad de aparecer como una fuerza excesivamente subordinada al PP, el tono altisonante de Pablo Iglesias, las proclamas de ERC... forman parte de una campaña electoral que no cesa. El PSOE necesita quitarse presión de encima y ya comienza a hablar de mayoría alternativa. Pedro Sánchez estuvo ayer en Galicia. Rajoy dará un gran mitin en Pontevedra la semana que viene. El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero lanzó un dardo a Sánchez desde Valencia: “Pactar no es traicionar”.

Elecciones en Galicia y Euskadi y un septiembre de alto voltaje político en Catalunya. España en suspenso, pendiente del torneo de las tres naciones, por decirlo con una palabra que no entra en contradicción con el artículo 2 de la Constitución.

Rajoy se lo juega todo en Galicia

Mariano Rajoy quiere un arrollador triunfo del Partido Popular en Galicia el próximo 25 de septiembre que disipe cualquier duda sobre su liderazgo. Nadie en su partido le cuestiona, pero nada mejor que una contundente victoria en Galicia para frenar la maniobra formulada por Felipe González y en parte secundada por Albert Rivera: “Que el PP proponga otro candidato”.

Rajoy quiere martillear al PSOE en Galicia. Una mayoría contundente para dejar a Pedro Sánchez noqueado y a merced de los dirigentes territoriales socialistas. Una mayoría absoluta sin discusión para obtener la abstención del PSOE, o para abrir camino hacia unas victoriosas terceras elecciones generales en diciembre. Galicia como símbolo de la capacidad de recuperación electoral de la derecha. ¡Santiago y cierra España!

No es la primera vez que Rajoy recurre a su tierra en un momento de grave dificultad política. En el 2008-09, cuando estaban en curso diversas maniobras de la derecha madrileña para relevarle como jefe de la oposición, se puso al frente de la campaña electoral gallega, pueblo a pueblo, y el PP consiguió recuperar la presidencia de la Xunta de Galicia, perdida en el 2005. Aquel triunfo salvó su carrera política.

Ahora quiere repetir la operación Galicia, jugando con mayor ventaja. Ya no se trata de reconquistar la Xunta. El objetivo es mantenerla, y para ello es necesario que el Partido Popular gallego revalide la mayoría absoluta, fijada en 38 escaños. El PP cuenta en estos momentos con 41 diputados en el Parlamento de Santiago. Para ser desplazado por una alianza de las izquierdas, debería perder cuatro escaños. No es fácil que ocurra, pese al evidente desgaste del partido gubernamental.

Alberto Núñez Feijóo, actual presidente de la Xunta, es un político fuerte. Sus principales rivales son el juez Luis Villares, que encabeza En Marea (alianza de nacionalistas de izquierda con Podemos), y el economista Xoaquín Fernández Leiceaga, nuevo jefe de los socialistas gallegos. El PSdG-PSOE corre el riesgo de quedar en tercera posición.

Euskadi y la ‘nueva’ izquierda


Las elecciones en Euskadi presentan una novedad. El esquema de casi siempre puede que se esté agotando. (Esquema: la izquierda nacionalista, próxima política y sentimentalmente a ETA; los dos principales partidos de ámbito general –PSOE y PP–, y en medio, el veterano y pétreo PNV, ora cerca de la izquierda abertzale, ora cerca de los socialistas, ora negociando con el PP, ejerciendo el poder de manera natural).

Hay dos novedades importantes. La primera es fundamental: ETA ha desaparecido. Aún no se ha disuelto, pero se halla neutralizada. No hay terrorismo. No hay violencia. La otra novedad es la aparición de un nuevo partido de izquierda sin antiguos vínculos con ETA. Ese partido es Podemos y ha ganado las dos últimas elecciones generales en el País Vasco. Podemos a secas. Sin confluencias. Sin otro nombre.

Es casi imposible que también ganen las elecciones del 25 de septiembre, pero han sorprendido a todos con una candidata con fuerza, la odontóloga Pilar Zabala, hermana de Ignacio Zabala, militante de ETA secuestrado, torturado y asesinado por los GAL en 1983. En el País Vasco y Navarra, Unidos Podemos –que apenas retrocedió el 26-J– atrae votos de izquierda de distinta filiación y ofrece albergue a los abertzales que quieren desentenderse totalmente de ETA. Arnaldo Otegi no puede hacer lo mismo con Bildu. No puede.

Podemos y Bildu se van a disputar la segunda plaza y podrían empujar al PSE-PSOE al cuarto puesto, dando lugar a un Parlamento más fragmentado que el actual. Estos últimos cuatro años, el PNV (27 escaños sobre 75) ha gobernado con acuerdos preferentes con los socialistas (16 escaños). Si los socialistas bajan, el PNV puede necesitar un tercer socio parlamentario. Podría ser el PP vasco. Ese es el bingo que está esperando Rajoy. Entonces sería posible negociar la investidura con los de Sabin Etxea.

El PNV está muy incómodo con estas especulaciones, porque la campaña electoral vasca se va a jugar por la banda izquierda. Su no a Rajoy ha sido rotundo. Tenía que oírse en Bilbao.

Catalunya, conflicto y alimento

En Catalunya no hay elecciones el 25 de septiembre, pero su situación política es más decisiva para el devenir político de España que los comicios de Galicia y el País Vasco. Las elecciones catalanas se celebraron hace un año, el 27 de septiembre del 2015. Ganó la coalición independentista Junts pel Sí (CDC, ERC e independientes) sin alcanzar la mitad de los votos ni la mayoría absoluta de los escaños. La mayoría independentista en el Parlament depende de los 10 escaños de la Candidatura d’Unitat Popular, agrupación que se sitúa claramente a la izquierda de Podemos. Como es sabido, la CUP forzó la retirada de Artur Mas. Un precio que CDC jamás había pagado.

Agobiado por las presiones de los cuperos, el presidente Carles Puigdemont fijó para el próximo 28 de septiembre la votación de una moción de confianza a la que quiere vincular la aprobación de los presupuestos del 2017.

Una parte de la población cree que la independencia es inminente. Otra parte lo teme. Otra no se lo cree y a otra le resulta algo indiferente. El programa de Junts pel Sí está pensado para conducir el país a las puertas de la independencia. Puigdemont está dispuesto a cumplirlo y ese hombre no es un comediante. La ruta de colisión de la Generalitat con el Estado no es una ficción. Estamos hablando del principal problema político de España.

Ese es el plano más visible. Por debajo hay otro: la pugna interna. La recomposición del mapa político catalán, el reajuste de las relaciones de poder en la sociedad y un denso, intenso e insomne combate de judo entre CDC y ERC por el papel de partido guía. En estos momentos, la ex-CDC está perdiendo. Diez partidos en el Parlament, como en la Kneset israelí. Reconfiguración de la izquierda, con entrada en escena de los comunes de Ada Colau, que quiere ser aliada de Podemos en pie de igualdad.

El septiembre catalán será de alto voltaje y sus chispazos le irán de maravilla al PP. ¡Santiago y cierra España!
Fuente: La Vanguardia

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