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domingo, 19 de febrero de 2017

Los inmigrantes, siempre el chivo expiatorio, responden a las mentiras del UKIP

EFE


Las historias honestas y emocionantes de los inmigrantes que contribuyen a diario con el progreso en Reino Unido pueden vencer a los xenófobos.


Owen Jones   


Ake Achi no recuerda cuándo empezó a trabajar en la plantación de su familia, en Costa de Marfil, aunque dice que debió de ser "cuando aprendí a caminar". No había guarderías ni nadie que cuidara de los niños, así que su hermana y él iban a los campos con su madre. Sin embargo, sus padres tenían familiares en Francia y, una noche, despertaron a los dos pequeños de 11 años y los metieron en un vehículo con la esperanza de conseguir una vida mejor.

Hace una década, Achi se mudó a Londres para mejorar su inglés y buscar oportunidades. Tuvo que trabajar mucho. Compaginaba sus estudios en la Universidad de Kingston con un empleo de guardia de seguridad a jornada completa. Hoy es delegado sindical y ayuda a los trabajadores a combatir las injusticias que cometen los poderosos, aunque las culpas recaigan con demasiada frecuencia sobre los inmigrantes. También es fundador de Right2workuk, un grupo que lucha por el derecho de los inmigrantes a trabajar en Gran Bretaña.

Achi pertenece a un movimiento nuevo, One Day Without Us (1DWU), cuyo objetivo consiste en dar voz a los frecuentemente despreciados inmigrantes. El próximo lunes, cuando miles de personas salgan a la calle para manifestarse contra el sometimiento de Theresa May a Donald Trump, los inmigrantes y no inmigrantes que lo deseen podrán sumarse a un acto contra la xenofobia que se celebrará en todo el país: 1DWU les invita a cogerse del brazo, sostener sus pancartas y hacerse una fotografía en lo que será una demostración nacional de solidaridad.

"Cuando las cosas van mal, siempre se culpa a los inmigrantes", dice Achi. El Gobierno ha  prohibido que los trabajadores no comunitarios se queden en Gran Bretaña con carácter permanente si ganan menos de 35.000 libras (41.000 euros) al año o llevan menos de una década en el país. Es una medida que afecta a muchos trabajadores; por ejemplo, de una institución que, como afirma Achi, "no sobreviviría sin nosotros": el NHS (Sistema Nacional de Salud). Pero acusar a los inmigrantes del lamentable estado de la Seguridad Social británica es menos comprometido que acusar al Gobierno por haberla empujado a lo que la Cruz Roja describe como "una crisis humanitaria".

1DWU no podría llegar en mejor momento. Hasta ahora, los inmigrantes carecían de una voz propia capaz de hacerse oír y el debate ha sido demasiado a menudo sobre ellos pero sin ellos. También es crucial por otro motivo: el UKIP ha planteado el asunto desde la emoción y el poder de las historias personales, Por el contrario, los que han defendido la contribución de los inmigrantes se han apoyado en datos y estadísticas.

En cierta ocasión, alguien recordó a Nigel Farage, entonces líder del UKIP, que los inmigrantes aportan mucho a las arcas públicas, a lo que él contestó: "Prefiero comunidades unidas donde los jóvenes británicos tengan una oportunidad real de conseguir empleo". Como de costumbre, su posición se basaba en un mito; las comunidades que sufren los índices más altos de paro juvenil coinciden a menudo con las que tienen menos inmigrantes. Pero esa no es la cuestión.

Farage se presentó como paladín de la comunidad contra los ideólogos de la obsesión por el dinero; decía que el dinero no es lo más importante de la vida, asaltando audazmente uno de los mensajes tradicionales de la izquierda: "Lo social importa más que los mercados". Y su desventurado sucesor, Paul Nuttall, ha intentado usar el poder de las historias personales.

Pero tienden a ser falsas. Sabe que los votantes se sienten atraídos por un pasado vital emocionante, como el de ser jugador profesional de fútbol (falso) y sacarse un doctorado (falso). Sabe que Hillsborough es una tragedia emocional para todos los británicos y  también resultó ser falsa la noticia publicada en su página web de que había perdido a uno de sus amigos en el suceso.

Ahora, por el contrario, hay una oportunidad de promover casos verídicos e igualmente emocionales desde la causa de los inmigrantes. Tienen pasados que cautivan. Y aunque todos dependemos de ellos, están preocupados, asustados y enfadados por el trato que reciben. Como Birgit Möller, una alemana de 55 años que lleva en Gran Bretaña desde casi antes de que yo naciera.

Möller, una apasionada de la educación y los niños, trabaja en una guardería. Tiene un marido y un hijo que también viven aquí. Llegó atraída por la pluralidad social de Londres, "por el clamor de tantas personas de sitios diversos, unidas en una sola comunidad", pero la tóxica campaña del referéndum de la UE, que presentó a los inmigrantes como un problema, le ha dejado "tan impactada como insegura".

"Nunca me había visto en la necesidad de defender mi derecho a vivir y trabajar aquí. No sé lo que va a pasar". En su opinión, hay muchos problemas en Gran Bretaña que no tienen nada que ver con la inmigración, "como la enorme diferencia de ingresos y el excesivo poder de las empresas". Y, al igual que Achi, cree que "se busca un chivo expiatorio para no tener que enfrentarse a las cuestiones reales, muy difíciles de resolver".

Silvia Aced lleva veinte años en Gran Bretaña. Antes trabajaba en la red de transportes y ahora lo hace con niños discapacitados. "Yo misma soy madre de un niño autista y he dedicado mi vida a cosas como esa. Sé por experiencia lo que significa tener un niño con necesidades especiales y lo que cuesta defenderlos".

Aced opina que usar a los inmigrantes como chivos expiatorios es algo "terrible", y explica el sencillo principio que está detrás de 1DWU: "Imagina que faltamos un día al trabajo, solo uno. Sería el caos. La gente se queja cuando los trabajadores del metro hacen huelga, pero sería poca cosa en comparación con el caos que se produciría si nosotros dejamos de trabajar".

El debate sobre la inmigración no será fácil de cambiar. Los sucesivos gobiernos británicos han sido incapaces de ofrecer la vivienda, los empleos estables y bien pagados y el nivel de vida que la gente necesita y tampoco han invertido lo necesario en servicios públicos; especialmente, en los últimos tiempos.

La inmigración se ha convertido en un discurso válido para todo con el que se explican problemas que, en realidad, son culpa de los poderosos. Romper esa lógica va a ser muy difícil, porque implica debatir con mucho tacto con millones de personas que no son conscientes de la contribución de los inmigrantes a la sociedad británica.

Esta no es una causa que podamos ganar con datos y estadísticas. Las sensaciones y las emociones desempeñan un papel crucial. Los inmigrantes han estado ausentes de un debate que les afectaba; pero, si logran que su voz se oiga, podrán hablar de su contribución diaria y cambiar el rumbo de las cosas. El Ukip es un partido de timadores, vendedores de mitos, charlatanes y tramposos profesionales, pero han conseguido envenenar el debate sobre la inmigración porque han monopolizado el discurso emocional durante demasiado tiempo.

El contraataque de los inmigrantes, muchos de los cuales viven el futuro con preocupación, acaba de empezar. Y nos recordarán que el origen de los problemas que sufrimos no está en unas personas que han enriquecido este país, incluso en sentidos que no se pueden explicar con palabras.

Traducido por Jesús Gómez

Fuente: theguardian - eldiario.es

lunes, 21 de marzo de 2016

Necesitamos la inmigración






Fernando Luengo

Profesor de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid,  miembro de econoNuestra y  del Consejo Ciudadano Autonómico de Madrid

Blog: Otra Economía (https://fernandoluengo.wordpress.com/)

Los responsables comunitarios hacen lo posible y lo imposible, vulnerando la legislación internacional y los principios humanitarios más elementales, echando al cubo de la basura los principios sobre los que, en teoría, descansaba el denominado proyecto europeo, para deshacerse de los refugiados  y poner freno a la inmigración.

El mensaje es claro: FUERA.

Al mismo tiempo que Europa intenta echar el candado a sus fronteras –reto imposible-, cerrando el paso a los centenares de miles de personas que huyen de la guerra y la pobreza, ganan terreno y espacio político movimientos xenófobos y de extrema derecha. Y también avanza en la derecha más “civilizada” un discurso político que sitúa a la inmigración como problema.

En Alemania, en Francia, en Austria y en otros países europeos prende, entre segmentos cada vez más amplios de la población, el mensaje –simple, equivocado, pero efectivo- de que los inmigrantes representan una amenaza para nuestros estados de bienestar, pues habrá que dedicar recursos públicos (salud y educación) para atenderles, competirán con “nuestros trabajadores” por los empleos disponibles, contribuyendo al aumento del desempleo, y contribuirán a que los salarios se mantengan en niveles bajos.

¡Cuánta ignorancia y miseria moral  hay en este diagnóstico! En efecto, se han degradado las políticas públicas, el número de desempleados ha seguido una tendencia alcista y se mantiene en cotas elevadas y los salarios han perdido mucha capacidad adquisitiva; pero no es de recibo culpabilizar a los inmigrantes, que son víctimas y no causantes de este deterioro.

Este planteamiento olvida, además, que los inmigrantes han trabajado y trabajan duro, casi siempre en condiciones infames, en las residencias de ancianos, en la hostelería, en la construcción, en las tareas domésticas, en la agricultura… realizando jornadas interminables y recibiendo a cambio salarios bajísimos, a menudo en condición ilegales, sometidos a la explotación de empresarios sin escrúpulos y a la permisividad de las administraciones públicas que han mirado hacia otro lado. Esa misma población inmigrante que producía, también compraba casas, adquiría hipotecas, abría negocios y consumía bienes y servicios. Todo ello ha contribuido, de manera decisiva a la dinamización de nuestras economías, al aumento del Producto Interior Bruto.

La inmigración ha sido vital a la hora de impulsar nuestras economías y para sostener nuestro modelo económico, incluidos los estados de bienestar. No sólo eso, ahora y en las próximas décadas la necesitamos de manera imperiosa. Para corregir la evolución de las pirámides poblacionales de los países europeos, determinada por la reducción de las tasas de natalidad y el progresivo envejecimiento de la población. Aporta básicamente población joven, por lo que contribuye al rejuvenecimiento de las estructuras demográficas europeas. Aumenta la proporción de la población activa respecto de la inactiva, creando de este modo las condiciones para la sostenibilidad de las pensiones.

Tan sólo se trata de algunas pinceladas, sin mayores pretensiones, de un debate muy necesario sobre el papel de las corrientes inmigratorias en el desempeño de nuestras economías. Este debate, clave para hacer llegar a la población otro mensaje, muy distinto del que se está abriendo camino en Europa, en la actualidad está virtualmente fuera de la agenda política.

A punto de concluir estas líneas, me llegan noticias de que la policía y los antidisturbios están desmantelando el campo de Moria en Levos, expulsando a las ONGs y desalojando a los refugiados -asustados, empapados y ateridos de frio-, para deportarlos a Turquía. Siento angustia, impotencia e indignación por la enorme crisis humanitaria de la que estamos siendo testigos, provocada por las autoridades comunitarias. Urge detenerla, la vida de mucha gente está en juego.



Fernando Luengo

Fuente: Público.es

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