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domingo, 27 de noviembre de 2016

Fidel, sinónimo de revolución

Fidel Dastro



 Emir Sader

Fidel se ha vuelto sinónimo de Revolución, desde aquellas primeras fotos de unos barbudos que habían tumbado un dictador en el ya lejano año de 1959. En América Latina, para quienes la revolución era un fenómeno distante en el tiempo —algo que acaeció en Rusia y China con Lenin y Mao—, Fidel planteó para nosotros y para tantas generaciones la revolución como actualidad, evidenció que la revolución era posible aquí mismo, en nuestro continente.

Fidel encarnó a la revolución en América Latina, pero también en todo el mundo, porque Cuba levantaba de nuevo la idea de socialismo cuando éste se había vuelto algo aparentemente petrificado, eternamente postergado.

Empecé mi militancia política en 1959 repartiendo un periódico —Acción Socialista—, que tenía estampada la imagen de unos barbudos que había conseguido acabar con un dictador —en aquel momento de América Central no se hablaba todavía del Caribe—, posando como si fueran jugadores de fútbol. Curiosamente, más tarde, mi generación pasó a convertirse en la generación de la Revolución Cubana, que nos sedujo a tantos con la reforma urbana, con la fundación de la Casa de las Américas, con la soberanía frente al imperialismo, con la proclamación de la Revolución como una Revolución socialista, con la resistencia frente al intento de invasión de la Bahía de Cochinos o el cerco naval a la isla. En definitivo, con todo lo que venía de allí que nos alentaba y marcaba el camino.

Pude ver a Fidel cuando visitó Chile, durante el gobierno de Allende. En sus varias visitas por el país hasta su discurso final en el Estadio Nacional. Después, inmediatamente después del golpe en Chile, pude encotrarme con él por primera vez en La Habana para discutir las consecuencias del golpe.

Inolvidable verlo entrar; enorme, alto, enérgico, simpático y afectuoso. Presenciar su infinita capacidad de escuchar a las personas, de preguntar e interesarse sobre Chile, el golpe, Allende, Miguel Enriquez y el MIR, sobre Brasil.

Tuve el privilegio de convivir con su presencia en la vida cubana durante muchos años, conocer cómo un dirigente se interesa por todo lo cotidiano de un país y del mundo, pronunciarse todo el tiempo sobre todos tipo de problemas, ser el más radical crítico de la Revolución, apuntando problemas y alternativas, implacable con los errores, pero siempre ofreciendo alternativas y despertando esperanzas.

El hecho de poder hacer presenciado sus discursos en la Plaza de la Revolución tantas y tantas veces es de las experiencias más impresionantes que uno pueda tener. En una de esas concentraciones, siempre para millones de personas, se homenajeaba a los muertos por el acto terrorista que tumbó un avión cubano, y que causó la muerte, entre otras personas, a un equipo de desportistas juveniles cubanos. Con todos los cuerpos presentes en la plaza, Fidel hizo uno de sus discursos más emocionantes, que concluyó diciendo:

“Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla.”

Para provocar las lágrimas de aquellos cubanos que se habían desplazado de todas partes para oírlo hablar durante horas al sol.

Fidel siempre sorprendió a todos con su audacia. Desde aquella primera vez del asalto al cuartel Moncada, pasando por el desembarco del Granma, hasta sus iniciativas posteriores, ya desde el poder, valiéndose siempre del factor sorpresa de la guerrilla. Cuando Fidel abrió las puertas de todas las embajadas para que los que quisieran irse de Cuba que se fueran. Permitiendo que llegaran embarcaciones desde Miami para recogerlos. Un gesto audaz, que él supo revertir a favor de la Revolución, como todo lo que él hacia.

Como cuando proclamó que el chico Elian sería recuperado por Cuba, objetivo que parecía imposible pero que él, generando siempre una enorme confianza, logró. Como cuando afirmó que Cuba recuperaría a sus 5 héroes presos en EEUU, lo cual parecía absolutamente inviable, pero él supo construir, una vez más, la estrategia victoriosa para conseguir lo imposible.

Fidel fue el sinónimo de la Revolución durante más de 50 años. Quien quisiera saber de la Revolución y del socialismo, bastaría con dirigir sus miradas hacia él. El comandante, junto con el Che, mostraron para tantas generaciones el horizonte del socialismo, de la revolución, del compromiso militante.

Fidel fue la personificación de la Revolución y del socialismo. Su vida y sus palabras han sonado siempre como la voz más fuerte, más digna, más vibrante, con más esperanza, con más coraje que la Historia ha conocido.

Fuente: Público.es

jueves, 17 de marzo de 2016

¿Por qué Lula formará parte del Gobierno de Dilma?





Después de reflexionar mucho, de sufrir muchas presiones —incluso de la carta abierta de Leonardo Boff– para que aceptara la invitación de Dilma Rousseff sobre su integración en el Gobierno, Lula aceptó y será ministro. La derecha, por su parte, no le ha culpado de querer rehuir de las acusaciones porque ya goza del derecho a responder ante el Supremo Tribunal Federal (STF).

Para ello, el ex mandatario tiene una respuesta preparada: contestará al STF, eludiendo la acción de los promotores regionales cuyas actuaciones arbitrarias han demostrado que se trata de una persecución política. Esta situación quedó muy clara cuando declaró el día 4 de marzo en el Aeropuerto de Congonhas, en Sao Paulo, así  como la intempestiva solicitud de prisión de otro promotor, que fue rechazada por una jueza.

Sin embargo, la razón fundamental para que Lula acepte la invitación es la de fortalecer al Gobierno de Dilma Rousseff en este momento de debilidad. Por una parte, por la crisis económica que se alarga y se profundiza, demostrando así que las medidas tomadas por el Ejecutivo no son efectivas, ya que han generado más recesión y más desempleo. Así pues, el Gobierno recuperará el apoyo popular que había perdido.

Por otra parte, la incapacidad del Gobierno para mejorar los movimientos políticos lo ha llevado a su aislamiento en el Congreso, que hace posible que la alianza entre el Partido del Movimiento Democrático Brasileño y el Partido de la Social Democracia Brasileña obtenga la mayoría suficiente para votar el ‘impeachment’ de la presidenta, aún sin contar con acusaciones fundamentadas. Incluso, quitarle el poder a Dilma Rousseff por parte de algunos sectores parlamentarios.

Cualquiera que sea el cargo que asuma —jefe de la Casa Civil o secretario de Gobierno—, Lula se encargará de recomponer las articulaciones gubernamentales, empezando por acercar a los sectores del PMDB al Gobierno y alejarlos del PSDB y de los proyectos golpistas. Asimismo, Lula se valerá de sus contactos para recomponer las relaciones del gobierno con los empresarios, actualmente muy alejados de éste, para retomar el crecimiento económico. De esta forma, el ex mandatario adecuará la política económica que siempre ha defendido frente a Dilma.

Lula también mediará con el Partido de los Trabajadores, con la izquierda en su conjunto y con los movimientos sociales. Además, pondrá voz al Gobierno en los medios de comunicación y en los discursos públicos.

Como consecuencia, responderá a las acusaciones del Supremo Tribunal Federal y quedará libre de los promotores regionales. De esta forma, las investigaciones de la operación Lava Jato se debilitarán, así como las iniciativas para implantar el ‘impeachment’.

El expresidente se disputa el apoyo del Gobierno. La oposición teme a que Lula no vuelva a salir del Palacio de Planalto, ya que, seguramente, será candidato a la Presidencia en 2018.

Fuente: Público.es

lunes, 11 de enero de 2016

¿Cuáles son los límites de la derecha en América Latina?




Nicolás Maduro
Leopoldo López




Clima de euforia en los medios de la derecha latinoamericana, después de década y media de sucesivas frustraciones. Creen que pueden volver a ser protagonistas de la historia latinoamericana contemporánea. En los medios financieros y en los medios de información internacionales, hay verdadera euforia.

El ímpetu con que actúan en Argentina y en Venezuela puede dar la impresión de que saben hacia dónde quieren ir, que tienen la clave del futuro de nuestras sociedades, que se han renovado al punto de poder volverse fuerza hegemónica en la región. Critican a los gobiernos progresistas, como si se tratara de un ciclo agotado, al cual ellos se proponen suceder y superar.

Pero, ¿qué tanto es así? ¿Qué se puede desprender de los primeros movimientos del gobierno de Mauricio Macri en Argentina y de los de la oposición victoriosa en las elecciones parlamentarias en Venezuela?

Aunque se propongan imprimir un nuevo impulso a la economía, todos los síntomas indican que retomarán el liberalismo económico, a pesar de su fracaso espectacular en el pasado reciente de esos países y en los que aún lo mantienen como modelo, como México, Perú y otros. Las medidas puestas en práctica en Argentina y las que se anuncian en Venezuela representan la vieja fórmula del retiro del Estado de su capacidad de regulación de la economía, de la liberación de acción de las fuerzas del mercado, de reinserción internacional e incluso subordinación al FMI y a la política norteamericana en la región. Profundización de la recesión y aguda crisis social son los corolarios obligatorios de esas políticas.

Nada que ver con la superación del ciclo progresista, aunque declararon formalmente que mantendrían las políticas sociales de esos gobiernos, reconociendo su éxito y apoyo popular. Pero al reafirmar a los supuestos duros de las políticas neoliberales, cortando recursos y afectando directamente a los núcleos que las implementaban, demuestran, en Argentina, la contradicción entre su política económica y los objetivos sociales. Contradicción clara en Argentina, donde se multiplica el desempleo con enorme rapidez, y probable, en caso de que llegaran a gobernar en Venezuela, por la forma cómo se critica la generación de empleos, supuestamente de manera artificial y política por parte de los gobiernos tildados de “populistas”.

Como llegaron al gobierno por la vía electoral, no pueden recurrir a la represión abierta de los movimientos populares, que dio un margen de maniobra a las dictaduras para imponer su “paz social”. En Argentina se enfrentan, desde los primeros días, a movilizaciones populares masivas e indignadas por la brutalidad con que se intenta desmontar los derechos reconquistados a lo largo de los últimos 12 años. No hay luna de miel para el gobierno de Mauricio Macri que, al contrario, cuando recién empiezan las primeras y duras negociaciones salariales, no va a tener la vida fácil como su risueña campaña electoral auguraba.

¿Qué pasará cuando el gobierno se dé cuenta que la economía no volverá a crecer con las medidas que toma? ¿Qué, al contrario, se ahonda la recesión, con elevación del desempleo y de la crisis social? ¿Qué pasará cuando se dé cuenta que no dispone de mayoría política para seguir gobernando mediante decretos? ¿Qué pasará cuando tome conciencia que no puede establecer acuerdos internacionales que se contrapongan al Mercosur, salvo que intente la aventura de abandonar esa alianza regional de la que tanto depende la economía argentina y se aleje cada vez más de Brasil?

En Venezuela, la derecha, eufórica por su mayoría parlamentaria y proyectando el cambio de gobierno en seis meses, también va a tener que enfrentarse con la dura realidad concreta. En primer lugar, triunfaron en las elecciones parlamentarias, obteniendo 400 mil votos más que en la elección anterior – el voto castigo probablemente de chavistas descontentos -, pero también hubo una gran abstención – 2 millones – de chavistas que no optaron por el voto castigo, pero que son una reserva de apoyo para el gobierno. Esos amplios sectores, frente a un referendo revocatorio que la oposición logre convocar, no se sumarán automáticamente al fin del gobierno chavista, a sabiendas de todas las consecuencias negativas para los sectores populares.

En segundo lugar, las nuevas iniciativas del gobierno para reactivar a la economía, a ser enviadas a la Asamblea Nacional, van a plantear a la oposición el desafío de compartir medidas en contra de la crisis o de mantenerse en la impopular actitud de cuanto peor, mejor. A sabiendas que los problemas económicos son los que más afectan a la gente y que el sector moderado de la oposición quiere ayudar a superar la crisis, mientras que el sector radical solo piensa en cambiar el gobierno, las dificultades y el desgaste para la oposición pueden ser decisivos frente a una población necesitada de soluciones inmediatas para sus problemas.

Por otra parte, las medidas con las que el gobierno se ha blindado, dificultan mucho las primeras medidas anunciadas por la oposición, sea en relación a la amnistía o cualquier otra que busque la sustitución del gobierno en seis meses, van a chocar con una institucionalidad adversa, ya sea del Ejecutivo o del Poder Judicial. La euforia inicial se va agotar rápidamente. Quedaría la convocatoria del referendo en la mitad del gobierno de Nicolás Maduro, que puede ser logrado con el 20% de firmas de los electores.

Pero frente a la disyuntiva de terminar de una vez con los gobiernos chavistas y entregar el poder a la oposición o seguir peleando por la superación de la crisis en el marco de esos gobiernos, la oposición no contará fácilmente con una mayoría. Lo decisivo será la lucha de masas en los próximos meses, junto con la reacción popular frente a las iniciativas del gobierno para superar la crisis y las respuestas de la oposición. Las movilizaciones populares, que se han iniciado ya, favorecen ampliamente al gobierno, que cuenta con una militancia activa, mientras que la oposición cuenta con un gran apoyo silencioso y el descontento de sectores populares que siempre habían apoyado al chavismo.

Pero lo determinante será la postura política de la izquierda, de proponer alternativas concretas, de desencadenar la lucha de ideas y ser capaz de movilizar a los más amplios sectores populares en la resistencia en contra de la derecha, dirigiendo, de forma unificada, la continuidad de las luchas en contra del neoliberalismo y de los intentos de restauración conservadora en nuestras sociedades.

Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/174570, Rebelión
 

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Después del 6D: no hay chavismo vencido

 

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Henrique Capriles

Reinaldo Iturriza López

Rebelión

La identidad política del chavismo está intacta. Todo el que haya estado recientemente en las catacumbas lo sabe. Triunfante la guerra económica, el chavismo ha visto disminuir su fuerza. Pero permanece allí, irreductible. Aún puede hablarse con absoluta propiedad de una revolución bolivariana, porque existe un sujeto de esa revolución. Se dirá que son cuestiones básicas, pero son éstas, justamente, las que hay que tomar en cuenta a la hora de los balances por hacer.

No ha triunfado la oposición, sino la contrarrevolución. La caracterización, hecha por Maduro, es clave . La contrarrevolución ha logrado imponer, de manera circunstancial, las reglas de juego. Tiene la iniciativa. Para lograrlo no sólo se ha valido del antichavismo histórico (hay que decirlo, de los deseos legítimos de “cambio” de una parte de su base social, que no se identifica con las tendencias más fachas), sino que, por primera vez, ha logrado movilizar a un porcentaje de la base social del chavismo. Éste es, tal vez, el dato más enigmático del actual momento político.

¿Cuáles son las condiciones que han hecho posible este fenómeno de desafiliación política? ¿Hasta qué punto puede atribuírsele a la guerra económica? Sin menospreciar en lo absoluto los efectos de esta última, mi hipótesis es que este fenómeno también puede ser entendido como una reacción extrema, desesperada, frente a lo que se juzga como no correspondencia entre la práctica de parte del liderazgo chavista (en funciones de gobierno o con responsabilidades en el partido) y la cultura política chavista.

Bien se trate de funcionarios de gobierno o de partido, debemos someter a profunda revisión nuestras prácticas militantes. Revisar, por ejemplo, en qué medida hemos logrado asimilar que la política revolucionaria habrá de ser una política de los comunes. No se trata de una cuestión secundaria: entender que la política chavista es, por definición, una política de los iguales, equivale a resolver un problema conceptual decisivo. Quizá sea ésta la gran revolución teórica del chavismo, su contribución a la emergencia de una cultura política emancipatoria adaptada a los rigores, circunstancias y desafíos del siglo XXI. Y sin embargo, no le prestamos la importancia que merece .

El pueblo lo sabe. Sabe de sobra que con Chávez hizo épica. Los nadie, los invisibles hicieron épica haciéndose chavistas. Después de Chávez, imposible conformarse con poco o resignarse a su remedo.

Revisar nuestras prácticas militantes no significa entregarnos a la introspección mientras la vida acontece. Pero hagamos todo cuanto esté a nuestro alcance para no dedicarnos a enumerar los defectos de una clase política antichavista que, por más impresentable, hoy se erige vencedora. Sobre todo porque no estamos acostumbrados a la derrota electoral, seamos buenos perdedores. No importa si algunos de ellos se comportan como los peores ganadores. No caigamos en provocaciones: ¿acaso no está claro que el objetivo de éstas es inducir nuestros errores políticos?

Además, revisar nuestras prácticas militantes supone la ventaja estratégica de que es una tarea que le corresponde a todo el chavismo, si bien el acento está puesto en su liderazgo. Lo crucial, si al caso vamos, es que éste último evite, en todo momento, recurrir al viejo expediente de la culpabilidad de las masas malagradecidas. Un liderazgo político revolucionario asume responsabilidades, no distribuye culpas. Volviendo: revisar nuestras prácticas es algo que debemos hacer todos, y no sólo Maduro o el burócrata tal o cual. ¿Hasta qué punto hemos asimilado las lecciones históricas de la profunda transformación cultural que significó la insurgencia del chavismo? ¿Cómo se expresa esto en la forma como hacemos política? ¿Realmente hemos entendido que la revolución es una obra colectiva, y no uno más de tantos asuntos pendientes del gobierno, el partido o el Presidente?

La identidad chavista está intacta. Ella puede encontrarse en las catacumbas, pero también se ha expresado electoralmente este 6D con extraordinaria energía. A pesar de tener tanto en contra, o precisamente por ello, el chavismo ha salido a pelear, una vez más, aunque el empeño que le ha puesto no haya sido suficiente. Pero que lo sepa el mundo: el chavismo es, por definición, un sujeto guerrero. Seguirá peleando, y se reencontrará con la victoria. Tan seguro como que se llama chavismo.

No hay chavismo vencido.

* Reinaldo Iturriza López Ministro del Poder Popular para la Cultura y ex-Ministro del Poder Popular para las Comunas y Protección Social de la República Bolivariana de Venezuela

Fuente: Rebelión.org

sábado, 28 de noviembre de 2015

LLEGÓ MACRI




La Argentina que encuentra Macri: Una sociedad organizada y movilizada
Raúl Zibechi
Brecha
La sociedad que recibe a Macri es bien distinta a la que encontró Menem a fines de la década de 1990. Su gobierno deberá lidiar con una nueva conciencia social y con miles de organizaciones de base que ya empezaron a ponerle coto a su gestión.
La reacción de los trabajadores del diario La Nación al editorial publicado el lunes 23 titulado “No más venganza”, donde se justifica el terrorismo de Estado como respuesta “al pánico social provocado por las matanzas indiscriminadas perpetradas por grupos entrenados para una guerra sucia”, muestra que el gobierno de Mauricio Macri no va a tener respiro si intenta implementar su política de revisión de todo lo hecho por kirchnerismo.
El editorial agrega que “la elección de un nuevo gobierno es momento propicio para terminar con las mentiras sobre los años 70 y las actuales violaciones de los derechos humanos”, señala el texto.
Una masiva asamblea de trabajadores del diario conservador se paró con firmeza ante la dirección y emitió un comunicado donde afirma que “decimos sí a la democracia, a la continuidad de los juicios por delitos de lesa humanidad y decimos no al olvido”. Los trabajadores rechazan, en particular, la pretensión de la empresa de “igualar a las víctimas del terrorismo de Estado y el accionar de la Justicia en busca de reparación en los casos de delitos de lesa humanidad con los castigos a presos comunes y con una 'cultura de la venganza'".
Dos miembros de la comisión interna del periódico explicaron a Lavaca que fue una asamblea histórica de 300 trabajadores en la que había votantes de Scioli y de Macri que conviven y sienten que “hay cosas que no tienen que volver a pasar y deben ser juzgadas correctamente”, dijo la diagramadora Irene Haimovichi. Años atrás la redacción también se paró ante un editorial que comparó el kirchnerismo con el nazismo. Antonio Soriano, de la gerencia comercial, destaca que la asamblea masiva fue posible porque “hay cambios que se instalaron en estos 12 años que fueron más allá del mismo kirchnerismo”.
Los gobiernos hacen, la mayor parte de las veces, lo que pueden más que lo que desean. Las sociedades suelen atemperar o acelerar propósitos y programas, marcar límites o abrirse a cambios. Más aún en una Argentina que en los últimos 25 años pasó por situaciones traumáticas, como la crisis de 2001, que no dejó nada en su lugar.
EL PAÍS POSDICTADURA.
Carlos Menem asumió el mando antes de lo previsto, el 8 de julio de 1989, por la crisis terminal del saliente gobierno de Raúl Alfonsín, despedido por la hiperinflación que lo forzó a un retiro anticipado. A lo largo de ese año el peso se depreció 2.038 por ciento con picos inflacionarios del 75 por ciento mensual. La pobreza trepó del 25 por ciento de la población hasta el 47 por ciento, en medio de las secuelas de la crisis de deuda externa que llevó a la moratoria de pagos en abril de 1988.
La hiperinflación fue un drama político, que llevó a Menem al gobierno, pero también social y económico, que destruyó el aparato productivo y las economías familiares. Más dramático aún porque el país estaba saliendo del trauma de la dictadura militar (1976-1983).
La Argentina que encuentra Menem en un año clave a escala mundial como 1989, es una sociedad deshilachada, con heridas abiertas y cicatrices profundas; adolorida, quebrada y desconcertada. Ese año los partidos de izquierda y los sindicatos muestran sus límites y algunos entran en crisis irreversible, sobrepasados por el descalabro económico y político.
En aquella sociedad, había pocos grupos organizados. Madres de Plaza de Mayo era el núcleo de la resistencia y reorganización del movimiento social, pero se había dividido tres años antes entre Línea Fundadora y la Asociación que encabezaban Marta Ocampo y Hebe de Bonafini respectivamente.
Las rondas de los jueves en la plaza, que en la década de los 80 alcanzaron un promedio de 300 a 400 personas, eran la cita obligada de quienes seguían peleando por la memoria. Las anuales Marchas de la Resistencia fueron el principal evento donde se concentraban el grueso de los militantes sociales, no sólo aquellos que recordaban a los 30 mil desaparecidos, sino todo el espectro político de izquierda del país.
Además de Madres, había un puñado de iniciativas que recién despuntaban. En el invierno de 1989 un grupo de estudiantes universitarios formaron FM La Tribu, en lo que era un centro cultural alternativo. Durante el gobierno de Menem la radio sufrió un ataque con bombas molotov que no dejó víctimas ni heridos. Pronto se convirtió en una de las principales referencias de una nueva generación de activistas, ya que enarbolaba modos de hacer bien distintos a los partidos y las agrupaciones estudiantiles.
En el Hospital Neuropsiquiátrico Borda, Radio La Colifata fue la primera radio del mundo hecha por los internados, desde agosto de 1991. Atrajo la atención de periodistas y estudiantes y fue durante largo tiempo un punto de apoyo de experiencias alternativas en el terreno de la psiquiatría.
UNA SOCIEDAD ORGANIZADA.
Los primeros 90 fueron años de crisis de las viejas formas de organización (verticales y patriarcales), y de búsquedas a tientas de nuevos modos de hacer. En 1985, de cada cien organizaciones populares, 47 eran partidos de izquierda y sus respectivas juventudes, o sindicatos. Menos del 5 por ciento eran grupos de mujeres o de homosexuales, y otro tanto eran colectivos barriales. Las agrupaciones estudiantiles (17 por ciento) estaban en su mayoría ligadas a los partidos.
En 1998, en el Encuentro de Organizaciones Sociales el panorama es bien distinto: 24 de cada cien son agrupaciones estudiantiles autónomas, 19 por ciento son colectivos barriales, el 17 por ciento son medios alternativos, casi el 10 por ciento grupos culturales, y los demás son cooperativas, grupos de derechos humanos como HIJOS, de mujeres, de infancia y salud, desocupados y alguna agrupación sindical de base.
Este amplio abanico es el que realizó las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, que voltearon al gobierno de Fernando de la Rúa y abrieron espacios para la era kirchnerista. En una década, la cultura política en el mundo popular se modificó de forma radical. Una de las novedades es la capacidad para hacer de modo autónomo, sin depender del Estado ni de los partidos. Esa cultura inspiró a los trabajadores de La Nación a responder a la dirección de la empresa, sin que mediaran dirigentes políticos.
La primera fábrica recuperada nace en los 90. Entre 2003 y 2007 pasaron de un puñado a más de cien. Hoy son más de 350 gestionadas por sus obreros y empleados, pero lo más notable es que la mayoría fueron recuperadas entre 2007 y 2011, en el momento de mayor crecimiento de la economía, lo que evidencia que la gestión obrera se convirtió en sentido común de la cultura popular.
Desde 2007 se instalaron decenas de bachilleratos populares en los barrios y en algunas fábricas recuperadas, vinculados a movimientos sociales territoriales. En los 20 años posteriores al nacimiento de La Tribu y La Colifata, se crearon más de 4.000 radios comunitarias (muchas comerciales y religiosas), buena parte no regularizadas, que muestran el empuje de una sociedad organizada y movilizada.
Desde 2010, cuando la ocupación del Parque Indoamericano por miles de necesitados de vivienda, este movimiento se ha reactivado y renovado. Sólo en 2015, hubo 300 mil en la marchaNi una menos en junio en Buenos Aires; 65 mil en el 30° Encuentro de Mujeres en Mar del Plata, en octubre; y más de 20 mil en la 9ª Marcha de la Gorra contra la represión, en Córdoba.
Con este archipiélago tendrá que vérselas Macri. Una galaxia de islas y arrecifes que le van a dificultar la navegación, le impondrán cautela y tiempos distintos a los que desearía imponerle a su gobierno. Si las desafía, si las pretende aniquilar, debe pensar en una larga y profunda tradición que atraviesa la historia del país, desde la Semana Trágica de 1919 hasta el Cordobazo de 1969. Los argentinos de abajo acuñaron el concepto de pueblada, para nombrar una práctica convertida en recurso colectivo ante el autoritarismo

Fuente: Rebelión

























jueves, 29 de octubre de 2015

Néstor, Lula y la segunda vuelta

 

      

     NESTOR KICHNER                         LULA DA SILVA

Emir Sader

 

Estábamos en la campaña de la segunda vuelta en Brasil, en 2010, cuando nos fulminó la noticia de la muerte de Néstor. Lula corrió a representarnos a todos nosotros, cuando todos nuestros corazones se volcaban hacia Néstor, hacia todos los argentinos, hacia Cristina en particular.
Sabíamos todo lo que Néstor representaba, cómo junto a Hugo Chávez y Lula, había sido fundamental para lanzar el proceso de integración regional y cerrar el paso al ALCA. Sabíamos cómo Néstor había sido fundamental en el rescate de Argentina de la peor crisis de su historia.
Este aniversario de la muerte de Néstor nos lleva a aquel momento y a la forma en que Lula afrontó una situación similar a la que afronta ahora la Argentina. Ante el nuevo desafío electoral que se abría en aquellos días para nosotros, Lula nos sorprendió de nuevo. Nos dijo: “Siempre es mejor ganar en segunda vuelta, porque la contraposición de planteamientos es más clara, y de esta manera el presidente es elegido con más apoyo”.
En ese momento, sus palabras nos parecieron nada más que un consuelo, una racionalización por nuestra incapacidad para triunfar en 2002, en 2006, en 2010 –y, ahora, más recientemente, en 2014–. Pero después nos hemos convencido de que hay una lógica política importante en esos planteamientos. En la primera vuelta –en Brasil, en Argentina, o en otros países– hay una proliferación de candidatos, de planteamientos, que dificultan la comprensión de los grandes dilemas propuestos a nuestras sociedades.
La segunda vuelta fue fundamental para el triunfo de Lula en 2006 y de Dilma en 2010 y en 2014. Los dilemas centrales de nuestras sociedades se estructuran alrededor de la superación o no del neoliberalismo. No por casualidad los países de la región que han decidido la superación de ese modelo –privilegiando las políticas sociales, la integración regional, el rescate del rol del Estado– han avanzado en el combate a la pobreza y a la miseria, en la defensa de la soberanía nacional y de la autoestima de la gente. Con los países que mantienen el modelo centrado en los ajustes fiscales, en la centralidad del mercado, en el libre comercio, pasó lo contrario.
En la segunda vuelta las alternativas económicas y el rol de las políticas sociales se vuelven centrales en el debate entre dos candidatos y de sus planteamientos. En general los candidatos de la derecha tratan de esconder los fundamentos de su propuesta económica diciendo incluso que van a mantener los avances sociales logrados por los gobiernos progresistas. Es fundamental explicitar en los debates de segunda vuelta la contradicción entre esa promesa y los fundamentos de su propuesta económica.
A pesar de prometer que mantendrían las políticas sociales de los gobiernos del PT, en Brasil, los candidatos neoliberales hacían afirmaciones tales como: “La economía no crece porque el salario mínimo es muy alto”, (sic), “de los bancos públicos no va a quedar casi nada” (como si las políticas sociales pudieran ser implementadas por bancos privados). Eran las contradicciones de los candidatos de la derecha cuando expresaban sus verdaderas intenciones.
Además, en la segunda vuelta siempre se han podido realizar grandes actos y movilizaciones de artistas, intelectuales, movimientos sociales, fuerzas de izquierda en general. Y siempre tomando como eje las dos grandes opciones de nuestras sociedades: avanzar en la superación del neoliberalismo, o el retroceso brutal en lo económico, en lo político, en lo social y en lo cultural, con la represión correspondiente.
En la experiencia brasileña, las campañas en segunda vuelta han sido decisivas para las victorias electorales, para evitar los retrocesos y para avanzar en la profundización de los procesos de construcción de sociedades más justas, más solidarias, más humanas.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-284861-2015-10-28.html

jueves, 15 de octubre de 2015

COLOMBIA, CUBA Y VENEZUELA En la cesta de navidad de EE UU

 

JUAN MANUEL SANTOS, PRESIDENTE DE COLOMBIA

 

JOSÉ MANUEL MARTÍN MEDEM

 

Se evapora el proyecto cubano de socialismo, el gobierno de Venezuela puede perder las elecciones parlamentarias y el posible acuerdo de las FARC con el gobierno de Colombia se firmaría con el paramilitarismo como reserva estratégica de la oligarquía y sus aliados en Estados Unidos. Parece que no se puede comprender adecuadamente el escenario de las negociaciones de la guerrilla con el presidente Juan Manuel Santos sin tener en cuenta la nueva política de Washington contra América Latina. Esas negociaciones comenzaron cuando los gobiernos de Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Uruguay fortalecían la integración latinoamericana frente al imperialismo de Estados Unidos. Ahora tienen menos estabilidad y muchas dificultades económicas y políticas. La presidenta de Brasil asume el programa de la derecha para impedir su destitución, en Argentina el neoliberalismo le disputa la presidencia al peronismo más rancio y en Venezuela el acoso internacional organizado por Washington presiona para provocar la derrota gubernamental en las elecciones legislativas. Obama pretende meter en su cesta de Navidad a una Colombia sin FARC y con una democracia controlada, a una Venezuela con el chavismo desmoronado y a una Cuba condicionada por la contaminación económica y cultural que además podría ser mediadora con Caracas como ya lo es al empujar a las FARC para que firmen el plan de pacificación. Van encadenados en la nueva política de Estados Unidos contra América Latina la evaporación simultánea del bloqueo y del proyecto cubano de socialismo, el fin de la guerra en Colombia para facilitar la proliferación de los negocios de las transnacionales y la obligada negociación entre el gobierno de Venezuela y una oposición con mayoría en el Parlamento. Después vendría la intervención contra Brasil y Argentina. Y el aislamiento de Bolivia y Ecuador.

El poder económico, político y militar que en Estados Unidos conduce las políticas presidenciales ha decidido que resulta imprescindible un nuevo manejo de la proyección imperial contra América Latina. Washington no tenía desde hace quince años, cuando impuso el Plan Colombia, una política estratégica y global para la región. Su única iniciativa posterior, el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), previsto para 2005, fue un tremendo fracaso por la oposición de Brasil en alianza con los mejores gobiernos de América del Sur. Lo que ahora se aplica es una adaptación de su nueva estrategia de dominación militar, light footprint (mínima huella o marcaje suave), para su intervención diplomática, económica y cultural (guerra de la información) contra la Unión de Naciones de América del Sur (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Lo que para el Pentágono son las fuerzas especiales, los drones y la ciberguerra, en el Departamento de Estado se convierten en gobiernos cómplices que debilitan la integración regional (México y Colombia), agresiones contra la soberanía nacional y bombardeos económicos y comerciales.

Todos contra las FARC

Barack Obama ya había decidido iniciar conversaciones secretas con Cuba después de su reelección presidencial cuando hace casi tres años comenzaron en La Habana las negociaciones de las FARC con el gobierno de Colombia.

El 23 de febrero de 2012 estaban en La Habana (cada uno a lo suyo) un enviado de Obama y los representantes del presidente Juan Manuel Santos y de las FARC. En la reunión de Raúl Castro con el senador demócrata Patrick Leahy se iniciaba el camino para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con Cuba y al mismo tiempo comenzaban seis meses de conversaciones confidenciales entre los colombianos para establecer la agenda de las negociaciones.

En junio de 2013 estadounidenses y cubanos iniciaron en Canadá la elaboración de su acuerdo. En 2014 se añadió la colaboración del Vaticano y la información que recibió la Unión Europea provocó su cambio de actitud, decidiendo preparar un acuerdo de cooperación con Cuba.

La reelección de Santos en junio se interpretó como un referéndum a favor de la negociación con las FARC y durante el segundo semestre se pulieron los detalles para anunciar simultáneamente el cambio en la política de Estados Unidos contra Cuba y el encauzamiento de las negociaciones para la desmovilización de la guerrilla colombiana.

Barack Obama y Raúl Castro anunciaban, el 17 de diciembre de 2014, la reanudación de las relaciones diplomáticas. El mismo día las FARC establecían por primera vez un alto el fuego unilateral e indefinido que se interpretó como la confirmación de que las negociaciones con el gobierno de Colombia entraban en su fase definitiva.

El presidente Juan Manuel Santos lo dijo este año en Madrid y fue información de primera plana en El País: “Cuando le propuse a Raúl Castro la negociación con las FARC en Cuba, me dijo sin titubear cuente con nuestro apoyo. Cuba tiene interés porque ayuda a su proyección internacional y contribuyó al cambio de actitud de Estados Unidos hacia Cuba”.

En la víspera del viaje a la isla para izar su bandera en la embajada de La Habana, el Secretario de Estado, John Kerry, le hizo unas declaraciones en exclusiva para la CNN y El Nuevo Herald de Miami a Andrés Oppenheimer, el periodista de cabecera de la Administración Obama para América Latina. Kerry reveló que “las conversaciones para la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba han incluido discusiones sobre Venezuela y sobre la exigencia de Estados Unidos de que las elecciones legislativas del 6 de diciembre sean limpias y supervisadas por observadores internacionales de confianza”.

En el Hotel Nacional, durante la rueda de prensa conjunta de John Kerry y de Bruno Rodríguez, el ministro cubano de Relaciones Exteriores, la última pregunta la hizo un periodista del Granma , órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba:

Granma/ América Latina vive un momento trascendental en su historia. ¿Cómo se inserta este proceso entre Cuba y Estados Unidos en esa realidad y cómo podría contribuir a las aspiraciones que hoy tiene América Latina?

Bruno Rodríguez / América Latina y el Caribe consideran una reivindicación regional el regreso de Cuba a las cumbres de las Américas y los cambios que el presidente Obama ha anunciado en la política de Estados Unidos contra Cuba. Cualquier avance en la relación bilateral será beneficioso para América Latina y el Caribe.

Al día siguiente, en la primera plana del Granma, la noticia más importante era la reunión en La Habana de los presidentes de Cuba y Venezuela, Raúl Castro y Nicolás Maduro. En segundo lugar, Kerry izando la bandera de Estados Unidos en su embajada.

¿Ganan todos? Estados Unidos recupera la iniciativa en América Latina. Cuba mantiene la defensa de su soberanía nacional y puede mejorar su situación económica. Santos consigue acabar con las FARC, el objetivo histórico de la oligarquía colombiana y de sus padrinos estadounidenses. Venezuela es el objetivo de lo que denuncian Alexander Main y Dan Beeton, del Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Washington, en el libro The Wikileaks Files: The World According to the Us Empire (Los archivos de Wikileaks: el mundo según el imperio de Estados Unidos). Obama le ha dado continuidad a los planes de Bush para utilizar cualquier procedimiento en la desestabilización de los gobiernos latinoamericanos que no se someten a los deseos de Washington.

¿Y las FARC? Están rodeadas por el tremendo rodillo militar del imperio y las presiones de los gobiernos de Cuba, Venezuela, Brasil y Ecuador para que dejen las armas. En la CELAC [Comunidad de estados latinoamericanos y caribeños] se consideran anacronismos tanto el bloqueo contra Cuba como la resistencia de la guerrilla en Colombia. Las FARC pueden conseguir un acuerdo razonable. Lo están negociando con dignidad e inteligencia. Pero el poder político, económico y militar de Colombia no lo cumplirá.

El extraordinario colombiano Felipe González

Cuando el presidente Juan Manuel Santos le concedió la nacionalidad colombiana el 12 de diciembre de 2014, dijo que Felipe González es “un ser extraordinario”. Este extraordinario colombiano, que considera una tiranía al gobierno de Nicolás Maduro y que tan alarmado está por la inseguridad, la libertad de expresión y la democracia en Venezuela, debería preocuparse un poco más por su país de adopción y tener en cuenta lo que dicen la Procuraduría General de Colombia (“la democracia está en peligro”) y dos de las publicaciones más importantes de la prensa colombiana: el diario El Espectador (“es imposible hablar de un periodismo libre”)y la revista Semana (“la absoluta impunidad de los asesinatos de líderes sociales”).

El presidente Juan Manuel Santos repite constantemente que con las FARC no está negociando ni el sistema político ni el modelo económico ni la doctrina militar. Argumenta que se va a mejorar la democracia para que las FARC cambien las armas por las urnas y hagan las reformas que consideren necesarias cuando ganen las elecciones. Después de cien años de exclusión política y económica, impuesta por el terrorismo de Estado, la oligarquía a la que representa Santos sigue hablando de su régimen como si fuera una auténtica democracia. Sin cambios en lo político, lo económico y lo militar, el desenlace será el que anuncia Antonio Caballero, el columnista más leído de Colombia: “La firma de la paz no nos lleva al final de la guerra sino que nos devuelve a su principio”. ¿Han cambiado las condiciones de exclusión, injusticia, desigualdad y violencia que provocaron el recurso a la insurgencia? No voy a utilizar las acusaciones de los mamertos (así denomina el régimen colombiano a los rojos) sino las denuncias desde el interior del Estado y a través de los medios de comunicación más acomodados.

El 25 de octubre se realizarán en Colombia las elecciones para gobernadores y alcaldes. La manipulación del censo y la financiación ilegal de los partidos han provocado que María Eugenia Carreño, la delegada para asuntos electorales de la Procuradoría General, haya advertido, entrevistada por El Espectador, que, como consecuencia de la corrupción, “estamos en una democracia a punto de marchitarse”.

El 19 de setiembre, Semana denunciaba que “el asesinato y las amenazas contra líderes sociales y políticos se han disparado con absoluta impunidad”. La mayoría de las víctimas, 69 en lo que va de año según datos de la ONU, eran defensores de los derechos humanos, periodistas y dirigentes indígenas. Los asesinos, dice Semana, pertenecen a grupos de origen paramilitar como las Águilas Negras, losRastrojos y los Urabeños que encubren a fuerzas oscuras”.

El 13 de setiembre, un editorial de El Espectador clamaba contra “el desinterés del Estado” ante los reiterados asesinatos de periodistas y advertía que “así es imposible hablar de un periodismo libre”. Llegaba a la conclusión de que “se necesita con urgencia un compromiso de las autoridades para asegurar que en Colombia se puede ejercer el periodismo libre e independiente”.

El Centro Nacional de Memoria Histórica acaba de publicar un informe sobre el desplazamiento interno como consecuencia de la violencia. Seis millones y medio de víctimas. La mayoría campesinos a los que paramilitares y empresarios les arrebataron sus tierras. El informe denuncia la absoluta impunidad de ese terrorismo de despojo, señala que se ha mantenido por “la no realización de reformas que impidieran el acaparamiento improductivo y especulativo de la tierra” y considera una deuda del Estado que “se investigue y se juzgue a los perpetradores del desplazamiento y a sus cómplices, tanto de la clase política como de los funcionarios públicos, las Fuerzas Armadas y el sector privado”.

En agosto, El Espectador publicó la denuncia de la organización británica independiente Privacy International: el gobierno de Colombia está desarrollando un programa de espionaje masivo e indiscriminado para que la policía pueda interceptar las comunicaciones de cualquier ciudadano sin control judicial, “poniendo en peligro los derechos de libre expresión de las opiniones y de asociarse y organizarse en desacuerdo con una ideología política dominante para exigir cambios”.

La reserva estratégica del paramilitarismo

Esos viejos conservadores y esos viejos liberales que mataron

a Gaitán son los responsables de las guerrillas, del narcotráfico

y de los paramilitares porque ya gobernaban a este país mucho

antes de las guerrillas, de los narcotraficantes y de los

Durante cincuenta años justificaron la guerra, hicieron la

guerra, nos ordenaron la guerra y perseguían al que no la

quisiera. Ahora quieren la paz pero una paz sólo suya, sin

cambios en la injusticia que hizo nacer la guerra y para seguir

siendo los dueños del país.

William Ospina

La victoria es la paz”, decía el presidente Álvaro Uribe. Aplastar militarmente a las FARC con la intervención de Estados Unidos para imponerles una negociación de rendición y sometimiento.

La paz es la victoria”, dice ahora el presidente Juan Manuel Santos. Desarmar a las FARC a cambio de una mínima reforma agraria y una democracia controlada. “La paz es un negocio”, les dijo en Madrid a los empresarios españoles a los que invita a invertir en Colombia. Sin guerrilla continuará la criminalización de la protesta social y se facilitarán los negocios de las transnacionales.

La negociación de lo que debería ser un plan de pacificación, democratización y desmilitarización tropieza en el que se anuncia como su tramo final con dos tremendos obstáculos: la verdad y la no repetición.

Después de tantas décadas de terrorismo de Estado, el gobierno de Colombia pretendía imponer su versión de que las FARC son las responsables de las mayores barbaridades cometidas durante la guerra. La respuesta de la insurgencia es que se sepa la verdad y que todos se sometan a tribunales pactados. Negociando con serenidad y coherencia, la guerrilla consiguió un acuerdo que ahora quiere rectificar el gobierno.

La denominada Jurisdicción Especial para la Paz establece una combinación de Comisión de la Verdad y tribunales blindados que recibirán todas las acusaciones, tanto del Estado como de las asociaciones de víctimas y de las organizaciones de defensa de los derechos humanos. Quién confiese la verdad y asuma su responsabilidad no será condenado a más de ocho años de cárcel. Para los que sean considerados culpables de lo que no han querido confesar las penas pueden ser de hasta veinte años de prisión. El procedimiento se aplicará a las FARC y a las Fuerzas Armadas pero también a los civiles (empresarios y políticos) implicados en la organización y financiación de los paramilitares.

Las FARC y las Fuerzas Armadas están de acuerdo con lo firmado. Pero el gobierno y los cacaos (así denominan en Colombia a los empresarios más poderosos) se han dado cuenta de que la verdad les amenaza: la responsabilidad por los crímenes de guerra puede llegar hasta el Comandante de las Fuerzas Armadas que es el Presidente de la República y lo que cuenten los paramilitares puede condenar a ministros, parlamentarios, gobernadores, alcaldes, empresarios, ganaderos y terratenientes. Incluso a empresas estadounidenses que pagaron a los escuadrones de la muerte.

En el entorno de las negociaciones, se sabe que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos les propuso a las FARC un acuerdo de impunidad total para impedir las investigaciones sobre las responsabilidades en el terrorismo de Estado.

La Jurisdicción Especial para la Paz es el resultado de una complicada elaboración construida por seis abogados, tres en representación del gobierno (dos colombianos y un estadounidense) y tres en representación de las FARC (dos colombianos y un español).

El estadounidense es Douglas Cassel, directamente conectado con Bernard Aronson, el delegado del presidente Obama para el proceso de paz.

El español es Enrique Santiago. Dice que el acuerdo sobre la jurisdicción especial es “un mecanismo eficaz contra la impunidad” y que lo que se está negociando en La Habana son “las condiciones para una confrontación democrática”.

Garantizar la no repetición es lo más difícil. En Colombia siempre que se ha negociado con la guerrilla las fuerzas oscuras asesinaron masiva o selectivamente a los que dejaron las armas.

En la mesa de negociación de La Habana, el gobierno y sus Fuerzas Armadas no pueden (o no quieren) dar garantías de que eliminarán a los paramilitares. Las fuerzas oscuras creadas para la guerra sucia se han integrado en el narcotráfico y se han injertado en el tejido político y económico, de manera que o tienen demasiado poder o la oligarquía no quiere renunciar a esa reserva estratégica por si la brecha de participación democrática que abre la negociación de las FARC se convierte en una amenaza electoral.

En El Salvador, cuando Alfredo Cristiani ganó las elecciones y aceptó la negociación con la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), los grandes empresarios que le apoyaban decían que “ya no necesitamos a los mariachis de D’Aubuisson porque ya estamos aquí los auténticos dueños de la fiesta”. Los mariachis eran los escuadrones de la muerte organizados por el mayor Roberto D’Aubuisson, entrenado para el terrorismo en la Escuela de las Américas de Estados Unidos, que fue también el fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), el partido que ocupó la presidencia durante veinte años (1989-2009) sin respetar los acuerdos de paz.

La investigadora estadounidense Christine J. Wade, del Washington College en Maryland, demuestra en su libro Captured Peace que “las élites económicas aprovecharon el proceso de paz y la transición para reafirmar su control sobre el aparato del Estado”. Ahora, cuando el presidente de El Salvador es del FMLN, esas élites recuperan a los mariachis y utilizan a las maras para desestabilizar al gobierno. Las maras son las organizaciones criminales utilizadas por los cómplices locales de las mafias mexicanas del narcotráfico que tienen en Centroamérica su lanzadera hacia Estados Unidos. Narcoparamilitares como en Colombia.

El presidente Álvaro Uribe fue el capataz contratado por la oligarquía colombiana como caudillo de la gran guerra contra las FARC mediante la intervención militar de Estados Unidos. Bajo su embrujo autoritario (como muy bien lo denominaron las organizaciones de defensa de los derechos humanos), se consolidó la amalgama del narcotráfico con los paramilitares y su penetración en el régimen político, económico y militar de Colombia. Como en El Salvador, los mariachis son un recurso permanente de la oligarquía.

12/10/2012

José Manuel Martín Medem es periodista

jueves, 16 de abril de 2015

América Latina y Europa en espejo

 

Álvaro García Linera, vicepresidenta de Bolivia

El Correo

Intervención en el Foro Internacional Emancipación e Igualdad

¿Qué está pasando en América Latina, que de manera sincera podemos hablar, comunicar, informar a Europa?
¿Y qué está pasando en Europa que podemos recoger en América Latina?

Alvaro García Linera

Muy buenas noches a todos. Un saludo cariñoso, respetuoso, a todas las personas que se han hecho presentes en este hermoso teatro de un, dos, tres cuatro, cinco pisos. A los compañeros de allá arriba, un gran abrazote. Quiero saludar a los compañeros que están allá afuera: me dicen que afuera hay otros miles de personas viendo a través de la pantalla. Quiero saludar a Diego (Tatián), a Ignacio (Ramonet), a Iñigo (Errejón), a Ricardo (Forster), que nos acompañan en la mesa. Y ante todo, compartir la emoción de este encuentro con personas como las Madres, que representan la memoria y la dignidad de los años 70 y los años 80. Y con esta juventud ardiente, que la vimos desfilar en Bolivia el 22 de enero cuando el presidente Evo ascendió nuevamente a la Presidencia. Allí vimos a muchos argentinos jóvenes con sus banderas que nos venían a visitar. Nos sentimos entonces en la Argentina. Y aquí me siento en Bolivia. Muchas gracias por su cariño, muchas gracias por su recibimiento.

Diálogo Europa-América Latina. ¿Qué está pasando en América Latina, que de manera sincera podemos hablar, comunicar, informar a Europa? ¿Y qué está pasando en Europa que podemos recoger en América Latina ? No se trata de imitar moldes, ningún pueblo es parecido al otro, ninguna experiencia histórica es parecida a otra, no hay una ruta, no hay una fórmula que todos debamos imitar. Lo que hay son experiencias compartidas. Situaciones que enriquecen la experiencia del otro. Experiencias del otro que mejoran la comprensión de nuestra propia experiencia. Y quiero dialogar a partir de la experiencia latinoamericana con Europa, con Iñigo (Errejón), con Podemos, con Syryza, un conjunto de temas que hemos atravesado nosotros, y que de alguna manera deberían ser tomados en cuenta por los compañeros. Quizás no los atraviesen, y si les toca atravesarlos que tomen en cuenta lo que aquí se hizo bien o lo que aquí se hizo mal para que allí lo puedan hacer mejor.

Primer tema que planteó Diego (Tatián) cuando inauguraba este Foro : el tema de la plaza. La importancia de la plaza. Y mencionaba la Plaza Murillo, la Plaza aquí en Buenos Aires, la plaza en Madrid, la plaza en Caracas. Las plazas. Las plazas como escenarios de invención de un nuevo orden, de esperanzas, de ideas. De nuevos tipos de organización. Ése es un tema fundamental para América Latina y para el mundo. A todos nos ha tocado atravesar largas épocas de regímenes de democracia representativa, formación de partidos, campañas electorales, elección de gobernantes. Y después de un tiempo, sentimos molestia con los gobernantes, indignación, escepticismo, desesperanza, malestar, angustia y resignación personal.

Lo nuevo de América Latina, y creo que lo nuevo del florecimiento de la democracia radica no en la negación de los procesos de democracia representativa —el pueblo vota, la gente va a votar y forma parte de su hábito—. Quizás lo nuevo que está enseñando América Latina, que está mostrando América Latina, es que la democracia no se puede reducir únicamente al voto. Que el voto, la representación, es un elemento fundamental de la constitución democrática de los Estados. Se garantizan derechos, se garantiza pluralidad. Pero, paralela y complementariamente, hay otras formas de enriquecimiento de lo democrático. Esas formas de enriquecimiento de lo democrático es la plaza, es la calle, es la democracia callejera, es la democracia plebeya. Es la democracia que ejercemos en las marchas, en las avenidas, en los sindicatos, en las asambleas, y en las comunidades. No se puede entender el proceso boliviano sin ese correlato, sin esta dualidad institucional. Formación de una mayoría electoral. Victoria por 54%, 64%, 62%. Mayoría electoral que legitima una propuesta, una voluntad política. Pero esa democracia, o esa voluntad política, no podría sostenerse, no se hubiera sostenido frente a los embates de la derecha, de las fuerzas conservadoras, de los poderes externos, de los organismos internacionales. No se hubiera podido sostener si no hubiera venido aquí acompañada, enriquecida, empujada y defendida con la democracia en las calles.

La democracia de la calle, la democracia de la plaza, la democracia del sindicato, la democracia de la gente reunida para deliberar sus asuntos, para protestar, para marchar, para posesionar, para defender, para apoyar, es la única manera en que las democracias contemporáneas pueden salir de lo que hemos denominado esta «vivencia fósil» de la experiencia democrática. Hoy en muchos países del mundo tienen sistemas electorales, claro que sí. Tienen sistemas democráticos, claro que sí. Pero son democracias fósiles. Sus ciudadanos apáticos, recluidos en sus casas con la mantequilla y el pan suficiente para el día, ¿en qué intervienen? ¿Qué deciden? ¿Deciden el destino de su barrio? ¿Deciden el destino de su departamento? ¿Deciden el destino de su país? ¿Deciden los despidos? ¿Deciden las inversiones? ¿Deciden el crecimiento de la economía? ¿Deciden la asignación presupuestaria para la salud y la educación? No lo hacen. Lo hace una minoría, una élite, una casta. La única manera en que la democracia en el mundo puede rejuvenecer, revitalizarse, abandonar su estado de institución fósil, repetitiva, aburrida y monopolizada por élites o por castas, es la vigencia, el vigor y el complemento de la democracia de las calles, de la democracia de las organizaciones, de la fuerza de los movimientos sociales. ¿Quién va a defender la revolución en Venezuela? La gente, el humilde, el trabajador, la vendedora, el comerciante. En la calle, en el barrio, en la comunidad. ¿Quién defendió al presidente Evo cuando nos cercaban, cuando había golpe de Estado, cuando había grupos de mercenarios dispuestos a matarnos en cada lugar donde aterrizáramos? La gente. Esta democracia plebeya. Esta democracia de la calle que garantiza un nuevo tipo de gobernabilidad. La posibilidad de un rejuvenecimiento de esta Europa que se presenta vieja, y que a través de Podemos y de Syriza marca la posibilidad de un relanzamiento y de un rejuvenecimiento, no solamente puede ni debe radicar en las victorias electorales, que son decisivas, sino que también debe radicar en un diálogo permanente y en un fortalecimiento permanente con la otra democracia, la democracia de las marchas, la democracia de las movilizaciones, la democracia de los sindicatos. La democracia de los hombres y mujeres afectados por las políticas de austeridad y que se sienten convocados a construir un destino común saliendo a la calle, reuniéndose con los vecinos, reuniéndose con los compañeros, creando otro tipo de sociabilidad, otro tipo de comunidad en marcha.

Lo nuevo de América Latina es esta dualidad institucional llamada «gobernabilidad». Hay gobernabilidad en América Latina si simultáneamente se combina fuerza electoral con fuerza en la calle. Hay gobernabilidad en los estados americanos y hay un reforzamiento de la dinámica democrática si simultáneamente la gente vota defendiendo derechos civiles y derechos políticos, y si simultáneamente la gente delibera, la gente participa, la gente asume compromisos, si la gente propone al Estado y al Gobierno en sus ámbitos de organización local, territorial, de la calle, de la plaza, de la asamblea.

Un segundo punto que quiero dialogar con nuestros compañeros de Europa es el tema de la aparente contradicción entre Estado y autonomía. ¿Las izquierdas deben plantearse el tema del Estado, o las izquierdas deben plantearse el tema de la construcción autónoma de espacios de libertad, de soberanía, de creatividad, de emancipación? Un viejo debate. ¿Hay que tomar el Estado? ¿No se corre el riesgo de que el Estado nos tome a nosotros, y que de revolucionarios nos convirtamos en conservadores? Y si dejamos el Estado, ¿entonces nos dedicaremos a construir espacios de autonomía donde el Estado no interviene? Creo que también éste es un debate que en la experiencia latinoamericana, aquí en Argentina, en Brasil, en Ecuador, en Bolivia, en Venezuela, ha dado un paso más allá. El Estado es también otra institución de lo común que tiene una sociedad. ¿Acaso los derechos no son comunes? ¿Acaso la ciudadanía no es una forma de construir un tipo de comunidad de derechos culturales, de derechos cívicos, de derechos políticos? El Estado es una forma de comunidad. Pero Marx nos decía, «es una comunidad ilusoria». Y nunca el revolucionario debe perder de vista eso. Es comunidad, tiene ámbitos de lo común, pero también es ilusoria, porque el Estado también es monopolio. El Estado es también, por definición, concentración de decisiones. Pero es también comunidad, es derechos, son símbolos, son reglamentos, son conquistas, son memorias, son instituciones construidas con el trabajo común de las anteriores generaciones y de esta generación. El Estado es una forma de un yo colectivo. Pero a la vez, si fetichizamos el Estado como el único escenario del yo colectivo, corremos el riesgo de separarnos o de olvidar que es un yo colectivo deforme a la vez. Porque si bien es un yo colectivo que unifica a todos, es un yo colectivo que está concentrado en sus decisiones principales por grupos. Es un monopolio. Y que la manera de vacunarnos contra ello, la manera de vacunarnos contra esta monopolización, es también el cultivo de las esferas de autonomía, de las estructuras autónomas de la sociedad, en comunidades, en barrios, en fábricas, en grupos colectivos de producción, de asociación, de comercialización. Es el uno y lo otro. Si solamente nos dedicamos al ámbito de la autonomía, decimos no quiero nada con el Estado, porque todo lo contamina, yo me aíslo con el grupo, con mi pequeña comunidad, yo puedo vivir bien, ¿pero y el resto de las personas? He abdicado a los poderosos, a los que sí saben administrar de manera monopólica, abusiva y autoritaria e sos bienes comunes para uso privado. Es una forma también de cobardía política. Es abdicar a nuestra responsabilidad con la Historia.

Hay que luchar por el poder del Estado, pero sin ser absorbidos por el poder del Estado. Y al mismo tiempo que peleamos por conquistar el poder del Estado, que es simplemente una nueva correlación de fuerzas de lo popular, de lo campesino, de lo indígena, de lo obrero, de la clase media, con capacidad de empoderarse y tener más influencia, nunca olvidar que simultáneamente se debe reforzar lo local, lo autónomo, lo diferente al Estado. Entonces uno avanza con dos pies. Construyo sociedad y eso me permite reflejar y redireccionar el Estado. Peleamos por el Estado como ampliación de derechos, pero simultáneamente reforzamos lo social y lo autónomo para impedir que eso común se autonomice, se enajene, y se vuelva contra la propia sociedad.

Es un falso debate «Autonomía o Estado». Cuanto más lucho por el Estado, más debo pelear por la autonomía de la sociedad. Y cuanto más lucho por la autonomía de la sociedad, más debo pelear por la transformación del propio poder del Estado. Lo uno por lo otro, lo uno para lo otro.

La voluntad. La esperanza. Las políticas de austeridad, de despido y de maltrato, que las vivimos aquí en Argentina, que las vivimos en Bolivia, y que ahora están comenzando a vivir en Europa: en España, en Grecia, en Portugal, poco a poco en Italia, también en Francia, ¿son suficientes para generar una masa crítica capaz de movilizarse frente a los poderosos? No. La pobreza por sí sola no genera emancipación. La pobreza por sí sola también puede generar desesperación. Puede generar aislamiento. Puede generar frustración. Por lo general eso sucede. La pobreza y el malestar no siempre son sinónimos de caldo de cultivo de los procesos revolucionarios. Los procesos revolucionarios pueden surgir si sobre el malestar, sobre la pobreza, sobre el decremento de tus condiciones de vida, la gente cree que es posible luchar y que su lucha dé un resultado. Uno no lucha solamente porque es pobre: uno lucha porque es pobre y porque cree que luchando puede dejar de ser pobre. Es decir, la esperanza. No hay revolución que no se haya movilizado a partir de una esperanza, de una posibilidad. La esperanza del cambio, la esperanza de que se acabe todo ello, la esperanza de una nueva generación, la esperanza de que se puede nacionalizar, la esperanza de que puede haber asamblea constituyente, la esperanza de que estos tipos que estuvieron aquí enriqueciéndose a costa de nosotros se van a ir. Una esperanza. La clave de un proceso revolucionario también radica en convertir la indignación, el malestar, la pobreza, la precariedad en una fuerza colectiva movida en torno a una esperanza, a un nuevo sentido común, a una posibilidad. En el caso de Bolivia, tres fueron las esperanzas movilizadoras, que surgieron de la calle : nacionalizar los hidrocarburos, asamblea constituyente, gobierno indígena. Tres posibilidades inicialmente marginales, inicialmente secundarias, apabulladas por un sentido común de globalización, de privatización, de acuerdos partidarios que dominaban el escenario de las universidades, de los sindicatos, de los medios de comunicación, de la prensa. Pero esto que emergió de los intersticios de la lucha y del poder estatal, poco a poco fue agarrando cuerpo. Poco a poco fue irradiando. Poco a poco fue logrando una fuerza colectiva con capacidad de movilización.

En el fondo, una lucha política es una lucha por el sentido común, por las ideas fuerza, por las ideas y fuerza que pueden movilizar la esperanza de la gente. Ideas fuerza, Iñigo (Errejón), nadie puede decir cuáles son. Sabrán los españoles. Su problema, los españoles, no es un problema que uno pueda conocer, porque no vivo España, no conocemos España. Ustedes son de allí. Pero una idea fuerza, un principio de esperanza, es lo que hemos visto en esa gran marcha. Era una marcha de esperanza. No había una consigna común: había la esperanza de que todo esto acabe. Eso es la clave.

Ustedes son esperanza, son la nueva generación, se los ve en sus rostros, jovencitos, su discurso, su fuerza. La juventud también es una esperanza. La unidad es una esperanza. El fin de un ciclo es una esperanza. Pero uno tiene que saber permanentemente poner en marcha los temas de la esperanza. Si la esperanza no se cohesiona, puede darse una movilización grande y la gente después regresar a lo suyo, resignarse, volver a su vida cotidiana. La gente va a estar dispuesta a entregar energía. Salir a marchar es energía. Es dejar al hijo en la casa, es dejar el trabajo, es dejar de dormir, es dejar de comer. Y lo va a hacer una, y otra y otra vez, porque cree que eso vale, que va a servir para algo. Y si cree que sirve para algo es porque tiene esperanza. Y si tienen esperanza somos invencibles. La clave de la revolución radica en que esta esperanza se extienda a una mayor cantidad de personas. Pero también las revoluciones, los revolucionarios, la gente progresista, tenemos que tener la capacidad de autoanalizarnos, de autoevaluarnos permanentemente. En América Latina ya vamos casi quince años de este proceso extraordinario y nunca antes superado en su irradiación territorial de gobiernos progresistas y revolucionarios. Y es importante que nosotros, y lo que hagan otros países, nunca pierdan la capacidad de mirarse a sí mismos, de ser autocríticos, y de evaluar cosas nuevas que no habíamos visto al principio.

Yo mencionaría cuatro a cinco temas muy importantes que emergen de la experiencia en Argentina, que emergen de la experiencia en Bolivia, en Ecuador, en Brasil, en Venezuela.

El primero: ¿hay que potenciar el Estado o hay que potenciar la sociedad? Si concentramos todo en la voluntad de crear fuerza electoral, capacidad organizativa y fortaleza institucional, uno va a concentrar toda su fuerza en potenciar el Estado. Puede dar eficacia al principio, pero pierde el aspecto vital de la democratización de lo público. Porque puede haber un Estado bueno, un buen Estado de bienestar, pero si no hay acción colectiva, no hay movilización social con capacidad de intervención en lo público. El Estado de bienestar aparece como una buena gestión de una élite bien pensante y bienintencionada, pero ya no como una creación de la propia sociedad. Hay que reforzar un buen Estado, hay que crear una nueva institucionalidad que corresponda a la nueva época, sí. Pero nunca en función de gobierno, dejar de crear fuerza social, movilización social. Porque solamente ahí radica que podamos pasar de la experiencia de esos capitalismos de Estado que caracterizaron la experiencias de Europa del Este. Capitalismo de estado no es igual a socialismo. Nacionalizar no es igual a socialismo. Ayuda a crear bienes comunes, ayuda a crear derechos comunes, pero mientras está monopolizado no es una nueva sociedad. La única garantía de una nueva sociedad es que la propia sociedad vaya asumiendo el control de esos mecanismos, control de las decisiones. Entonces hay que crear Estado y hay que crear sociedad; hay que crear sociedad, más fuerza, más autonomía, y a la vez potentes instituciones del Estado.

Un segundo tema: ¿economía o compromiso? La voluntad ayuda a mover. La voluntad y la esperanza son los principios que mencionaba Hegel siempre para poder cambiar el mundo. Pero eso tiene un límite. Puede haber un año de voluntad, dos años de esperanza, tres años de voluntad, cuatro años de sacrificio. Pero si ese sacrificio, esa voluntad, no vienen acompañados de resultados prácticos, la voluntad también se cansa. El sacrificio también tiene límites. Es una obligación de los gobiernos progresistas y revolucionarios tener la capacidad de crear un régimen económico sostenible, redistributivo, generador de riqueza, generador de igualdad. No es un tema menor. La sociedad no se mueve perpetuamente. No hay el ascenso perpetuo de la sociedad en sus movilizaciones. No. La sociedad se mueve por ciclos: ciclos de ascenso, estabilización, descenso. Ascenso, estabilización, descenso. Y entre una cima y la otra pueden pasar meses, pueden pasar años, o pueden pasar décadas. Y entre una cima y la otra tiene que haber un régimen de estabilidad económica, de crecimiento económico y de redistribución. Cuando estábamos en la oposición no pensábamos estos temas. Bastaba criticar a los neoliberales, denunciar su incapacidad, denunciar la corrupción y el robo. En gobierno, tenemos la obligación de pensar la gestión. En la movilización y la eficacia, en la movilización y la gestión, en la movilización y la generación de riqueza, en la movilización y en la distribución de la riqueza, tenemos que tener que mostrar que los regímenes progresistas y revolucionarios no solamente somos más democráticos, sino también económicamente más creativos y más igualitarios, más redistributivos de la riqueza. ¿Y saben por qué? Porque no queremos, compañero Ignacio (Ramonet), no queremos que este despertar de las izquierdas latinoamericanas sea un corto verano. No queremos ser parte de una novela de un corto verano. Queremos que dure mucho. Queremos que dure décadas. Queremos que dure para siempre. Y eso es la economía. En gobierno, el puesto de mando se coloca en la economía. Democracia y economía. Cuando uno está en la oposición, es lucha democrática y construcción de sentido común. Cuando uno está en el gobierno, es ampliación de espacios democráticos y construcción de una buena economía con capacidad de distribuir la riqueza y de generar más igualdad entre las personas.

Éste es un tema delicado, me doy cuenta, pero es un tema decisivo. Creo personalmente que el futuro de las revoluciones en América Latina se va a decidir en el ámbito económico. Ahí se define. Y es entonces que hay que crear una estructura económica lo suficientemente diversa, amplia, democrática y redistributiva. El socialismo y el comunitarismo no es la distribución de la pobreza. El socialismo y el comunitarismo es la distribución de la riqueza, de la ampliación de la riqueza distribuida entre las personas.

¿Solo fortaleza local o dimensión mundial? Aquí permítanme unas palabras sobre la hermana República Bolivariana de Venezuela. Comparto el criterio que nos expresó hace un rato el compañero (Ignacio) Ramonet. América Latina está jugando su destino en Venezuela. América Latina, Argentina, ustedes, nosotros los bolivianos, los ecuatorianos, los brasileños, estamos jugando nuestro destino. Los cubanos están jugando su destino en Venezuela. Si Venezuela cae bajo las garras de una intromisión, una invasión, de una injerencia, directa o indirecta, América Latina ha perdido. Porque Venezuela es la llave de América Latina. Fue el inicio y no debe ser el punto del fin, el punto de inicio del fin. Nos estamos jugando nuestro destino como revolucionarios en Venezuela. Aquí tengo que lamentar, criticar, las infames declaraciones, no solamente del gobierno norteamericano, sino también del propio parlamento europeo, que el día de hoy acaba de aprobar una resolución en contra de Venezuela. Yo aquí les digo —ojo, no votó la izquierda, votó toda la derecha—, aquí les decimos a esa derecha europea y a ese gobierno norteamericano —al gobierno norteamericano, no a su pueblo—: ¡ustedes son un peligro a la soberanía latinoamericana! ¡Nosotros no somos peligro para nadie! Ustedes son y han sido un peligro para los pueblos latinoamericanos, un peligro para los Estados latinoamericanos, un peligro para la vida en Latinoamérica. Y a la derecha europea, que acaba de sacar un comunicado, de aprobar una resolución: ¿no son acaso ustedes los que han destruido estados en Asia y en África? ¿No son ustedes los que están asaltando y robando el petróleo de los países de Medio Oriente? ¿Qué autoridad moral tienen para reclamar a un país sobre su vida democrática interna? Primero recojan sus tropas, recojan sus empresas de los países del Medio Oriente y de África para tener autoridad moral de reclamar algo a Venezuela. Si ustedes ven, lo que pasa en cada país repercute en el mundo. Es así. Ninguna revolución y ningún proceso puede sobrevivir por sí solo. Ninguna revolución, ningún proceso emancipativo y progresista va a poder continuar si solamente se mira a sí mismo el ombligo. Todos necesitamos de todos. Argentina necesita de Brasil. Brasil necesita de Ecuador. Ecuador de Bolivia. Bolivia de Cuba. Cuba de Venezuela. Toda América Latina necesita de nosotros. Y nosotros los necesitamos a ustedes, europeos, los necesitamos. Sin ustedes, esto no va avanzar. Y sin nosotros, ustedes tampoco van a poder hacer lo que tienen que hacer. Estamos interconectados, nos necesitamos mutuamente. Hoy la humanidad está en peligro, hoy la humanidad está en riesgo. Hemos visto con los bombardeos de tropas europeas y de tropas norteamericanas destruirse Estados. Y ahora quieren combatir a ISIS. Pero acaso ISIS, ¿no es una criatura de Estados Unidos y de los gobiernos europeos? ¿Acaso ellos no destruyeron Siria, Irak? ¿No destruyeron Libia? ¿No la invadieron, no acabaron con los Estados nacionales para que surja ese tipo? ¿Y ahora se hacen los que «yo no fui», y convocan al mundo a combatir el fundamentalismo de ISIS? Ellos son sus padres, ellos son las madres de ese tipo de fundamentalismos que ha surgido en Europa.

Y claro. Nuestra interdependencia no solamente debe estar basada en la solidaridad política, en la complementariedad y el diálogo de saberes y de experiencias políticas y culturales como lo estamos haciendo acá. Hay que darle una base material. La integración latinoamericana necesita obligatoriamente de una base material de la unidad. Acciones conjuntas en economía, acciones conjuntas en finanzas, acciones conjuntas en derechos. Esta es nuestra gran tarea, mis compañeros de Argentina y especialmente de Brasil, que son los países económicamente más fuertes y sólidos de América Latina. Nuestra estabilidad, como procesos emancipativos, nuestra Patria Grande que está presente en los discursos, en los encuentros, en las emociones compartidas, no va a tener perdurabilidad si no pasamos del encuentro político, del encuentro cultural, al encuentro económico. Empresas conjuntas, producción conjunta, servicios financieros conjuntos. Perdonen estas reflexiones que combinan el fuego de la intelectualidad con la frialdad de la gestión. Tengo lamentablemente esa dualidad personal. Como persona puedo imaginar las ideas más bonitas, pero como gobernante sé la dureza y la frialdad de la vida cotidiana, del salario, del presupuesto, de la producción, del PBI, de los créditos. Y sin eso, las ideas no se sostienen. Tiene que haber una base material, que le de fuerza y sostenibilidad a lo que estamos pensando y reflexionando.

Por último, quiero decir a nuestros hermanos europeos que los argentinos, los bolivianos, vemos lo que está pasando en Europa como si estuviéramos viendo una película retro, de tiempos de Charles Chaplin. Lo que les ha pasado a ustedes ya lo hemos visto, ¡nos ha pasado a nosotros ! Imposición del Fondo Monetario, del Banco Mundial, políticas de austeridad, de privatización, de despidos. Pasó aquí en Argentina, pasó en Bolivia, pasó en Ecuador, pasó en Perú. Lo que está pasando ahorita en Europa es lo que pasó en América Latina veinte años atrás. Y el resultado fue una noche terrible, una noche terrible de desgracia.

¿Qué les decimos? No pasen esa noche. No. Es terrible. Es depredadora. Es mortal. Todas las políticas de austeridad conducen a pérdida de derechos, a pérdida de soberanía, a pérdida de sindicalización, a retroceso económico, a subordinación política, a subordinación económica. Aquí en Argentina, en Bolivia, en los años 80, en tiempos neoliberales, el 40% de la riqueza pertenecía a un país extranjero, el otro 30% a empresas extranjeras. La extrema pobreza se incrementó, la precariedad se infló, los jóvenes no tenían esperanza ni tenían destino. Lo vivimos. Hermanos europeos: no pasen por eso. Si en algo sirve la experiencia latinoamericana es que las políticas de austeridad destruyen las naciones, destruyen la sociedad, anulan la democracia y hacen perder la soberanía económica. Den un salto. Rompan con eso. Hay otra posibilidad de riqueza. Hay otra posibilidad de distribuir y de generar riqueza sin aceptar la imposición terrible, autoritaria, despótica, de esos organismos, de esas Troikas, que se creen los dueños del mundo. ¡No! Europa es de los europeos. No es de los mercados europeos ni del Bundes Bank. Europa es para los europeos, como América Latina para los latinoamericanos.

El mundo está cambiando, a la cabeza de América Latina. El mundo está cambiando a la cabeza de las fuerzas progresistas europeas. El mundo va a cambiar. Porque nos estamos jugando el destino: el destino de la naturaleza, el destino de esta generación, el destino de la vida y de los derechos. Estoy seguro de que, más pronto que tarde, aquellas sociedades abatidas por una decepción y una apatía incontrolable, sabrán encontrar el destino para levantar cabeza, para construir su propia emancipación y acompañar lo que América Latina viene haciendo.

Muchísimas gracias

Álvaro García Linera

Desgrabación del discurso hecha por: Espectadores

FUENTE: REBELIÓN.ORG

jueves, 6 de febrero de 2014

CELAC EN LA HABANA, UN VIENTO DE ESPERANZA



LA HABANA,UN PASO ADELANTE


II CUMBRE DE LA CELAC
Pedro Serrano García
Los sucesivos gobiernos imperialistas norteamericanos, han impuesto su voluntad en las naciones latinoamericanas y caribeñas durante más de dos siglos. Son innumerables las intervenciones armadas, golpes de Estado y hasta asesinato de presidentes por parte de los yanquis.
Pero Cuba y Venezuela, junto a otros gobiernos progresistas, han sabido impulsar un proceso hacia la Patria Grande. Como antecedentes de la CELAC, están: La Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo, en Salvador de Bahía, Brasil, los días 16 y 17 de diciembre de 2008. También la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, en Rivera Maya, Cancún, México. La I Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe, se celebró en Santiago de Chile el 27 y 28 de enero de 2013.
Esta II Cumbre de Estados Latinoamericanos y del Caribe, se ha celebrado durante los días 28-29 de enero de 2014 en La Habana, Cuba, por supuesto sin Estados Unidos ni Canadá. El éxito ha sido enorme. Asistieron la mayoría de presidentes y Jefes de Estado de los 33 países miembros; a los que se unió el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon.
La Cumbre evidenció que las naciones latinoamericanas pueden andar juntas sin la tutela de metrópolis o imperios, y menos el de Estados Unidos, cuyos regímenes históricamente sembraron la división y la confrontación para ejercer su dominio sobre ellas y saquearlas.
USA ha sido como la manzana podrida en un saco que contamina a las restantes. Eso es lo que está ocurriendo en la Organización de Estados Americanos (OEA), con sede en Washington, hoy en fase de putrefacción, y sin remedio alguno.
Un analista dijo: Después de la Cumbre de la CELAC de La Habana, Estados Unidos se convirtió en el traspatio de América Latina y el Caribe. Cuanto le hubiera gustado a Simón Bolívar, José Martí y muchos otros próceres de la independencia de nuestra América, al igual que a los incansables luchadores y entrañables amigos Hugo Chávez y Néstor Kirchner escuchar esa expresión.
América Latina seguirá su rumbo en paz, con tranquilidad, en la diversidad y de manera unitaria”. De este modo respondió el Presidente Nicolás Maduro a las declaraciones emitidas por la vocera del Departamento de Estado de EEUU, que este jueves consideró como una “traición” que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), donde no está representada ni ese país ni Canadá, realizara su II Cumbre Presidencial precisamente en Cuba. Añadió Maduro: “Que se acostumbren a respetar y traten de buscar una nueva visión sobre nuestro continente, porque con esta visión de dinosaurios no podrán entender lo que está sucediendo y, sobre todo, lo que va a suceder en nuestra vida económica, social y política en los años que están por venir”.
Aunque la región ha logrado disminuir la pobreza, ésta continúa afectando a 164 millones, 28% de su población, a la vez que 66 millones padecen indigencia, el 11.3%. Pero lo más estrujante son los 70.5 millones de niños y adolescentes en pobreza. De ellos 23.3 en pobreza extrema. Como colofón, el 10% más rico recibe el 32 por ciento del ingreso. Entretanto, el 40% más pobre recibe el 15 por ciento. Cifras que subrayan la condición de región más desigual en un planeta signado por la desigualdad. Pero se avanza, pues por primera vez existe un esfuerzo común para ponerle fin a la injusticia.
La decisión más trascendental firmada en La Habana por todos los mandatarios asistentes ha sido la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, complementaria de la zona libre de armas nucleares promovida por México en su día a través del Tratado de Tlatelolco. Consagra el principio de que los conflictos en Nuestra América se ventilarán únicamente mediante el diálogo y la negociación, quedando descartado el uso de la
fuerza o la amenaza de su uso. Reivindica como principios fundamentales el de no intervención
en los asuntos internos de otros Estados, el derecho a la soberanía y autodeterminación y el de
darse cada pueblo el régimen económico, político, social y cultural que decidieron todos como
fundamentos de la preservación de la paz y la cooperación entre los países miembros y con los
demás países. Ello está complementado por el llamado a lograr el desarme nuclear a escala
internacional.
Es evidente, por otra parte, que aunque no sea mencionado expresamente en la
declaración, el cumplimiento cabal de esta requiere que Estados Unidos y Gran Bretaña
procedan a retirar sus bases militares, a la eliminación de las armas nucleares que almacenan o
circulan en sus submarinos en América Latina y el Caribe y al retiro de la IV Flota
estadunidense de la región.
La exigencia por el reconocimiento de los derechos argentinos sobre las islas Malvinas
y la condena al bloqueo a Cuba fueron también acuerdos importantes. Llegará el día en que
Puerto Rico se siente en la CELAC junto a sus hermanas latinoamericanas.

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