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viernes, 25 de noviembre de 2016

La Organización de Cooperación de Shanghái encabeza la gran transformación de Eurasia

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por Ariel Noyola Rodríguez

La Organización de Cooperación de Shanghái está en camino de pasar de la cooperación en materia de seguridad y defensa, a sumar esfuerzos en los ámbitos económico y financiero. Durante su 15ª cumbre, realizada a principios de noviembre, el primer ministro de China propuso a los miembros de este grupo la creación de un área de libre comercio y un banco regional de desarrollo, lo cual elevaría la influencia de Pekín y Moscú en una región que, según uno los principales geoestrategas estadounidenses, terminará por definir el futuro de la hegemonía global.
Zbigniew Brzezinski, quien fuera consejero de seguridad nacional del presidente James Carter, sostuvo en 1997, en su libro El gran tablero: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos (The Grand Chessboard: American Primacy and Its Geostrategic Imperatives), que una de las condiciones para que Estados Unidos conservara su hegemonía mundial consistía en impedir, a toda costa, el surgimiento de una potencia desafiante en Eurasia. Hoy en día, Washington no solamente ha perdido el control sobre esa parte del mundo sino que China está encabezando, junto con Rusia, la construcción de un gran circuito económico y financiero entre todos los países de la región.

Los medios de comunicación occidentales, en su mayoría, ocultaron que a principios de noviembre el primer ministro de China, Li Keqiang, realizó una gira por varios países de Asia central. Li aterrizó en la ciudad de Bishkek (Kirguistán), donde participó en la 15ª Cumbre de Jefes de Gobierno de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) [1]. La OCS, que cubre 300 millones de kilómetros cuadrados (aproximadamente el 60% de toda la superficia de Eurasia) y es el hogar de una cuarta parte de la población mundial, está compuesta actualmente por . La India y Pakistán se encuentran en proceso de incorporación que, previsiblemente, será concluido en la cumbre de Astaná, a realizarse en junio de 2017 [2].

Aunque en un principio fue concebida bajo una perspectiva militar y de seguridad, en estos momentos la OCS incluye también la cooperación en los rubros económico y financiero. Justamente cuando el comercio internacional registra su peor desempeño desde que estalló la crisis financiera de 2008 [3], para los países que conforman la OCS se ha vuelto una imperiosa necesidad estrechar sus vínculos, tanto en términos comerciales, como de inversión. Para enfrentar la desaceleración económica mundial, es urgente que los países emergentes fortalezcan las relaciones Sur-Sur (entre países de la periferia), con vistas a reducir su dependencia de las naciones industrializadas, hoy hundidas en el estancamiento.

La propuesta del primer ministro de China de establecer un área de libre comercio («free trade area») entre los miembros de la OCS apunta, precisamente, hacia la integración horizontal de las cadenas productivas de la región euroasiática [4]. En un momento en el que China está acelerando la reorientación de su economía hacia el mercado interno para, de este modo, disminuir el predominio de las inversiones masivas y el comercio exterior en su patrón de crecimiento, para el resto de países que conforman la OCS es un asunto de primer orden buscar dar el salto hacia la producción de mercancías de alto valor agregado.

Por otro lado, considero que la OCS debe explorar la posibilidad de sumar esfuerzos con otros proyectos de integración que en la actualidad intentan consolidarse. La eliminación de barreras arancelarias bien puede permitir a los países de la OCS aumentar los flujos de comercio y de inversión de forma sustantiva con aquellos bloques regionales que están conformados por las economías emergentes; por ejemplo, la Unión Económica Euroasiática (UEE, integrada por Rusia, Bielorrusia, Kazajastán, Armenia y Kirguistán) o incluso la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés).

Es fundamental, en paralelo, que las estrategias de integración económica regional impulsadas por la OCS y la UEE busquen establecer, cuanto antes, alianzas con las zonas de libre comercio que China está impulsando en el Continente asiático, es decir, encontrar puntos de convergencia, verbigracia, con el Acuerdo Económico Comprensivo Regional (RCEP, por sus siglas en inglés). A mi modo de ver, el protagonismo de China en los flujos del comercio mundial proporciona enormes beneficios a los países localizados en Eurasia. Sin embargo, no se trata solamente de vender mercancías en uno de los mercados más dinámicos del mundo sino, también, de adquirir bienes a precios mucho más bajos.

Adicionalmente, cabe destacar que a lo largo del encuentro con sus homólogos de la OCS, Li puso sobre la mesa de negociaciones la propuesta de poner en funcionamiento un banco regional de desarrollo así como un fondo especial de crédito, instrumentos que, a su juicio, serán capaces de responder a las necesidades de financiamiento de la región euroasiática [5]. Si se materializan, estas instituciones se sumarían a las entidades financieras lideradas por China, y que se han puesto en marcha durante los años recientes: el nuevo banco de desarrollo de los BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés).

Es importante tomar en cuenta que todas estas iniciativas tienen entre sus principales objetivos canalizar el ahorro de los países emergentes hacia el financiamiento de la iniciativa económica y geopolítica más ambiciosa formulada por China en los últimos tiempos: “Un cinturón, una ruta” (One Belt, One Road), una inmensa red de transporte que conectará a los países del Este, Sur y Sudeste de Asia con el Medio Oriente y el Norte de África, atravesando el continente europeo [6].

La República Popular China confirma, una vez más, que la integración económica del continente asiático es una de sus prioridades estratégicas. Aun cuando el Gobierno de Barack Obama lanzó la “doctrina del pivote” en el año 2011 –una estrategia de defensa que tuvo por misión contener el ascenso de China como súper potencia–, los líderes de Pekín han logrado, de forma por demás exitosa, consolidar su liderazgo regional.

Ahora, todo indica que la advertencia que hizo Brzezinski hace ya casi dos décadas, se ha convertido en una dolorosa realidad para Estados Unidos: la OCS, apoyada de forma preponderante tanto por China, como por Rusia, encabeza la gran transformación de Eurasia…

Ariel Noyola Rodríguez
Fuente original: Russia Today (Rusia)
[1] «SCO prime ministers’ meeting gives strong boost to regional economic, security cooperation», China Daily, 5 de noviembre de 2016.

[2] «India, Pakistan may get new status at Shanghai Cooperation Organization in 2017 — diplomat», TASS, 10 de noviembre de 2016.

[3] «World Trade Set for Slowest Yearly Growth Since Global Financial Crisis», Paul Hannon & William Mauldin, The Wall Street Journal, 27 de septiembre de 2016.

[4] «China Suggests Free Trade Zone For the SCO», Catherine Putz, The Diplomat, 4 de noviembre de 2016.

[5] «China proposes SCO development bank», The Nation (Pakistan), 23 de octubre de 2016.

[6] «The rise of the Eurasian silk road», Dan Steinbock, China Daily, 8 de noviembre de 2016.

Ariel Noyola Rodríguez
Ariel Noyola Rodríguez Economista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Integrante del Centro de Investigación sobre la Globalización, Global Research, con sede en Canadá. Sus reportajes sobre la economía mundial se publican en el semanario Contralínea y sus columnas de opinión en la cadena internacional de noticias Russia Today. El Club de Periodistas de México le entregó el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de Mejor Análisis Económico y Financiero por sus trabajos difundidos a lo largo de 2015 en la Red Voltaire.

Fuente: Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «La Organización de Cooperación de Shanghái encabeza la gran transformación de Eurasia», por Ariel Noyola Rodríguez, Russia Today (Rusia) , Red Voltaire , 24 de noviembre de 2016, www.voltairenet.org/article194213.html

jueves, 10 de noviembre de 2016

Xi Jinping, ¿un nuevo Mao?

Xi Jinping, ¿un nuevo Mao?



Sobre el Sexto Pleno del Comité Central del Partido Comunista de China
Xi Jinping, ¿un nuevo Mao?


Pierre Rousset
Europe Solidaire Sans Frontieres


El Sexto Pleno del Comité Central del PCCh, ha otorgado a Xi Jinping, el título de "centro” del partido, que en el pasado solo habían ostentado Mao Zedong y Deng Xiaoping. Xi consolida su control sobre el partido cara al congreso que se realizará el próximo año. Se trata de impedir la explosión de una crisis social generalizada y continuar la expansión internacional del nuevo imperialismo chino.
Xi Jinping, oficialmente apodado Xi Dada ("Tío Xi"), ahora controla la mayor parte de los mecanismos nacionales del régimen. Es Secretario General del PCC, presidente de la Comisión Militar Central y Presidente de la República Popular. También dirige varios organismos encargados de la seguridad nacional, la seguridad cibernética, las reformas económicas. Se ha convertido en comandante del ejército, como si su posición como jefe de la comisión militar no fuese suficiente.

El sexto pleno del Comité Central se reunió del 24 al 30 octubre y le ha otorgado además el título de "centro" del partido, usado por ilustres predecesores como Mao Zedong y Deng Xiaoping.

Desde que accedió a los más altos cargos, Xi Jinping, se ha consolidado de forma sistemática a golpe de purgas y la construcción de un culto a su personalidad. Para muchos comentaristas, se está convirtiendo así en un nuevo Mao. Tal culto, obviamente, significa que un líder es más igual que los demás; sin embargo, no necesariamente no significa que su poder personal es más o menos absoluto. Mao había formado a su alrededor un equipo de dirección de alto nivel compuesto por fuertes personalidades de diferentes orígenes, que no eran meros vasallos [ 1 ]. Este equipo se mantuvo en funcionamiento unos veinte años antes y después de la conquista del poder. El maoísmo histórico entra en crisis precisamente cuando, en su seno, la división se impuso a la solidaridad tras el fracaso del Gran Salto Adelante a finales de los años cincuenta.

Ahora estamos ante la quinta generación de líderes del PCCh. No cuenta con la experiencia ni la solidaridad, ni la legitimidad forjadas en una lucha revolucionaria común. Su llegada al poder ha estado acompañada por luchas faccionales particularmente violentas, a los niveles más altos [ 2 ]. Cualquiera que sea su inteligencia política innegable, no está claro que Xi Jinping, puede constituir un equipo de gestión capaz de imponerse permanentemente en un partido de 88 millones de miembros, en un país-continente con múltiples centros de poder, regionales, administrativos o sectoriales.

Xi Jinping, nacio en 1953, es un "príncipe rojo", hijo de Xi Zhongxun, uno de los principales dirigentes del PCC. Su padre había sido vicepresidente de la Asamblea Popular y vice primer ministro antes de ser marginado por Mao Zedong y rehabilitado por Deng Xiaoping en las luchas fraccionales de 1960-1970. Xi contribuyó a la puesta en práctica de las reformas económicas promovidas por Deng en la década de 1980 que, la siguiente década, abrieron el camino al desarrollo capitalista.

Xi Jinping es él mismo uno de los "jóvenes educados" enviado en 1969 al campo a "aprender de los campesinos", después de la Revolución Cultural. Permanecerá de 15 a 22 años en Shaanxi - afortunadamente para él en la antigua base revolucionaria que dirigió su padre. A partir de 1982, empezó a ejercer responsabilidades en Hebei, Fujian, Zhejiang - es decir, en las provincias costeras del este y noreste-, donde se permitió la inversión de capital extranjero (especialmente taiwanés).

En 2007 fue cooptado al Comité Permanente del Politburó, el núcleo de la dirección central del PCC. Este curriculum le permitió anclar su poder en una red de relaciones que incluyen al puerto y la metrópolis financiera de Shanghai. "Reformador" capitalista, ha sido también un impulsor de la expansión internacional del nuevo imperialismo chino.

El sexto pleno del Comité Central tiene como orden del día principalmente la preparación del próximo congreso del PCC, que tendrá lugar el próximo año. En esta perspectiva, Xi Jinping ha colocado ha ido colocando a cuadros cercanos en posiciones importantes. Por lo tanto, ha roto con la regla de oro que mantenía Deng Xiaoping: asociar a varias fracciones en el reparto de las responsabilidades más altas para prevenir la aparición de un hombre fuerte. Dada la brutalidad con la que Xi impone su ley, sin duda ha hecho muchos enemigos. Sin embargo, no está libre de debilidades.

Al levantar la bandera de la lucha contra la corrupción, Xi intenta hacer frente a una crisis importante para el presente régimen, justificar la eliminación de rivales y asegurarse el apoyo popular. Las posiciones de poder y el enriquecimiento van a la par en la China contemporánea. A menudo son los clanes familiares los que, por medios legales o ilegales, se benefician del acceso a una posición de poder de uno de los suyos. Wen Jiabau es un caso ejemplar. "En total, según la investigación del periodista David Barboza del New York Times , la fortuna del clan alcanzaría los $ 2.7 mil millones (€ 2 mil millones)." "Hace diez años, al principio de su carrera como primer ministro, Wen y su familia no tenían ninguna fortuna [...] cuando acabó, acumulaban un buen cofre" [ 3 ].

Este es el problema: Xi Jinping, no es blanco como la nieve. En junio de 2012, el diario Bloomberg publicó un artículo sobre su fortuna y la de su familia, que fue censurado en China. Las inversiones de 297 millones de euros a las que se refiere el periodista no son atribuidas directamente a Xi Jinping, su esposa Peng Liyuan o su hija Xi Mengze. Sino que serían administradas por su hermana mayor Qi Qiaoqiao, su hermano Deng Jiagui y la hija de este Zhang Yannan. ¡Siempre el clan!

Las inversiones son en telefonía móvil, minerales, bienes raíces o terrenos. Xi Yuanping, un tío de Xi Jinping, es actualmente director general de la Asociación Internacional de Conservación de la Energía y la Protección Ambiental. En abril de 2016, un primo de Xi Jinping, fue citado en los Papeles Panamá [ 4 ] .

Al igual que otros "príncipes rojos" antes que el [ 5 ], Xi ha recuperado algunos gestos maoístas, al tiempo que aplica una política opuesta en lo esencial a la de Mao, tanto a nivel nacional (desarrollo capitalista) como internacional (expansionismo sin fronteras). Se reconoce así que la retórica anti-maoísta no es útil hoy en día. El trauma de la Revolución Cultural y de su colapso en los años sesenta en una dictadura burocrática se aleja. La memoria se reaviva – en parte verdadera, en parte mitificada – de un pasado anterior, donde se redujeron las desigualdades sociales, se había frenado la corrupción, y el status de las clases trabajadoras era valorado. Una memoria cargada de reproches ante el orden actual, que Xi trata de neutralizar al apropiarse simbólicamente de ella como último recurso.

Para Emilie Fienkel, "cuando Mao es esgrimido como figura paterna, se trata de intentar que Xi gane popularidad mediante la revitalización de la legitimidad moral del CCP, apoyándose en el aura que han mantenido del antiguo líder muchos chinos. Mientras que Mao se asocia a menudo en la imaginación intelectual de Occidente con la hambruna, con una política económica desastrosa, con la persecución y un voluntarismo ideológico destructivo, en China evoca más poder y dignidad nacional, integridad, igualdad socioeconómica y de género, y progreso industrial. Según una encuesta de diciembre de 2013, patrocinado por Global Times, un periódico cercano al partido, el 85% de los chinos encuestados cree que los éxitos de Mao superan a sus errores y fracasos " [ 6 ].

China es el escenario de muchos "levantamientos" locales que a menudo incluyen la quema de edificios oficiales. 200.000 "incidentes" han sido registrados oficialmente en 2012. Posteriormente, como aumentan, estos datos han dejado de ser públicos. La sociedad china no está a lo que se le ordene, ni mucho menos. Esto no significa que el régimen no tenga base social. La realidad es muy compleja.

"Por supuesto, -añade Emilie Fienkel-, las encuestas son a menudo poco fiables. Sin embargo, los resultados ponen de relieve la brecha entre la forma en la que los chinos valoran a sus dirigentes de la manera que lo hacen los observadores externos. Lo que obviamente hace que Xi sea popular entre diversos sectores de la sociedad son sus esfuerzos para situar a China con más fuerza en el escenario mundial (lo que agrada a muchos jóvenes) y su impresionante lucha contra la corrupción, que rompe la imagen de que los cuadros del Partido son intocables y da la impresión de acercar a los líderes de los ciudadanos comunes. Es probable que las clases medias y altas sean más sensibles a su voluntad de continuar y profundizar las reformas económicas. También es necesario que la disminución del crecimiento no se traduzca en un cuestionamiento de sus ganancias".

Las políticas represivas de Xi Jinping demuestran que no se apoyan en su popularidad, real o percibida. Se han endurecido considerablemente. Es bastante interesante ver al antiguo "joven educado" víctima de la Revolución Cultural amenazar a su vez a los intelectuales disidentes hoy con enviarlos al campo para que aprendan del pueblo. Sobre todo teniendo en cuenta que como capa social, los estratos intelectuales son, al igual que en otros países, más conservadores que demócratas.

Cualquier forma de organización independiente está prohibida (sindicatos), acosada, sometida a vigilancia. En los últimos años, miles de personas de la llamada "sociedad civil" han sido detenidas: los abogados laboralistas que informan a los trabajadores de sus derechos legales, activistas feministas y líderes de asociaciones ... el acceso a Internet esta controlado y las redes privadas virtuales son bloqueadas regularmente. La censura es más omnipresente en contra de los usuarios de Internet, académicos, periodistas y artistas.

A diferencia de Mao, Xi Jinping alaba las virtudes del confucianismo en la medida en que codifica un orden social intangible. Evita cuidadosamente cualquier llamamiento a la movilización popular y continúa la cooptación de los empresarios capitalistas, de los burgueses ricos chinos a la dirección del PCC, así como la liberalización del mercado y la competencia. ¡Esta descartado cualquier retorno a la planificación maoísta!

El futuro de Xi Jinping se juega en gran medida en su capacidad para prevenir el colapso social causado por el estallido de una crisis económica, ahora latente, al que su régimen no sobreviviría probablemente. Para ello, mucho más que sus predecesores, Xi apuesta por el expansionismo y el dinamismo del imperialismo chino, con cierto éxito. En Asia oriental, en particular, ha recibido un apoyo inesperado con las políticas anti-estadounidenses de Rodrigo Duterte, actual presidente de las Filipinas. Malasia hoy se inclina hacia Beijing después de Laos, Camboya y Tailandia. Nunca la posición de Pekín ha sido más fuerte en el Mar del Sur de China; ni mayor su peso en el ámbito internacional como una potencia integrada en el orden mundial capitalista.

El futuro de la evolución actual de China sigue siendo muy difícil predecir [ 7 ]. No sabemos ni cuándo ni dónde ni cómo estallará la próxima crisis, aunque es probable que la causa sean la magnitud de la deuda pública y privada (incluyendo en el sector inmobiliario) o la capacidad de producción sin salida en el mercado. Xi Jinping, sabe que nada está ganado de antemano. Para hacer frente a un futuro turbulento, quiere un partido, un ejército y una administración bajo control.

Notas

1] FEES (artículo 24655), La Chine du XXe siècle en révolutions – III – Annexe 1 : six coups de projecteur (http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article24655)

2] Por ejemplo, Zhou Yongkang, ex jefe de la Seguridad Nacional, fue condenado.

3] Martine Bullard, Le Monde Diplomatique , disponible en FEES (artículo 26904), Chine : Wen Jiabao, sa mère, sa femme, son fils et les autres: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article26904

4] Wikipedia añade que nada sugiere que Xi Jinping este implicado en malversaciones: https://fr.wikipedia.org/wiki/Xi_Jinping#Fortune

5] FEES (artículo 29634), Chine : le procès de Bo Xilai: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article29634

6] Emilie Fienkel, artículo disponible en FEES (artículo 39389), Xi Jinping, le président chinois le plus puissant depuis Mao Zedong: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article39389

7] Aldo Bronzo, FEES (artículo 39404 La Chine de Xi Jinping – Une transition extrêmement complexe, aux débouchés imprévisibles: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article39404

Pierre Rousset, es un reconocido especialista en la historia del movimiento comunista en Asia, militante de la izquierda anticapitalista francesa y editor de la página web Europe Solidaire Sans Frontieres.

Fuente original: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article39414

Traducción de Enrique García – Sin Permiso
Fuente: http://www.sinpermiso.info/

sábado, 29 de octubre de 2016

La influencia de Estados Unidos y la OTAN en las relaciones de la Unión Europea con China



por Manlio Dinucci

Al intervenir en un foro internacional, el geógrafo italiano Manlio Dinucci sintetiza su análisis sobre el arsenal que Estados Unidos ha venido acumulando para imponer su voluntad al mundo. Este trabajo reviste especial importancia ya que esa voluntad claramente asumida de dominación y esa organización unipolar del mundo son precisamente lo que Siria, Rusia y China cuestionan hoy por la vía de las armas.


Entro de inmediato en el quid de la cuestión. Pienso que no podemos hablar de las relaciones entre la Unión Europea y China sin abordar la influencia que Estados Unidos ejerce sobre la Unión Europea, tanto directamente como a través de la OTAN.

Hoy en día, 22 de los 28 países miembros de la Unión Europea (21 de los 27 después de la salida del Reino Unido) son miembros de la OTAN, reconocida por la Unión Europea como «base fundamental de la defensa colectiva». Y la OTAN se halla bajo el mando de Estados Unidos: el Comandante Supremo de las fuerzas de la OTAN es siempre un general estadounidense nombrado directamente por el presidente de Estados Unidos y todos los demás mandos de la OTAN también están en manos de militares estadounidenses. La política exterior y militar de la Unión Europea se ve así fundamentalmente subordinada a la estrategia estadounidense, tras la cual se alinean las principales potencias europeas.

Esa estrategia, claramente enunciada en los documentos oficiales, es trazada en el momento histórico en que la situación mundial cambia como resultado de la desintegración de la URSS. En 1991, la Casa Blanca declara en la National Security Strategy of the United States:

«Estados Unidos queda como el único Estado que dispone de una fuerza, de un alcance y de una influencia en todos los aspectos –político, económico y militar– realmente globales. No existe sustituto del liderazgo estadounidense.»

En 1992, en su Defense Planning Guidance, el Pentágono subraya:

«Nuestro primer objetivo es impedir que cualquier otra potencia domine una región cuyos recursos sean suficientes como para engendrar un poderío mundial. Esas regiones incluyen Europa occidental, el Asia oriental, el territorio de la ex Unión Soviética y el Asia sudoccidental.»

En 2001, en el informe Quadrennial Defense Review –publicado una semana antes de la guerra de Estados Unidos y la OTAN contra Afganistán, área de primera importancia geoestratégica en relación con Rusia y China–, el Pentágono anuncia:

«Existe la posibilidad de que surja en la región un rival militar con una formidable base de recursos. Nuestras fuerzas armadas deben conservar la capacidad de imponer la voluntad de Estados Unidos a cualquier adversario, ya sean Estados o entidades no estatales, cambiando el régimen de un Estado adverso o ocupando un territorio extranjero hasta que se alcancen los objetivos estratégicos estadounidenses.»

En base a esa estrategia, la OTAN –bajo el mando de Estados Unidos– ha emprendido su ofensiva en el frente oriental: luego de haber destruido la Federación Yugoslava mediante la guerra, desde 1999 hasta este momento la OTAN ha abarcado todos los Estados del desaparecido Pacto de Varsovia, 3 Estados de la antigua Yugoslavia, 3 de la antigua URSS y dentro de poco abarcará otros (comenzando por Georgia y Ucrania, esta última ya está de hecho en la OTAN), moviendo bases y fuerzas, incluso nucleares, hacia zonas cada vez más cercanas a Rusia. Al mismo tiempo, en el frente sur, estrechamente vinculado al oriental, la OTAN bajo el mando estadounidense destruyó el Estado libio –también recurriendo a una guerra– y también trata de destruir el Estado en Siria.

Estados Unidos y la OTAN hicieron estallar la crisis ucraniana y, acusando a Rusia de «desestabilizar la seguridad europea», arrastraron Europa a una nueva guerra fría, principalmente por voluntad de Washington –y a expensas de las economías europeas, ampliamente afectadas por sanciones y contrasanciones– para destruir las relaciones económicas y politicas entre Rusia y la Unión Europea, [relaciones] nefastas para los intereses estadounidenses. En esa misma estrategia se inscribe el creciente traslado de fuerzas militares estadounidenses hacia la región Asia/Pacífico, con objetivos antichinos. La US Navy anunció que, en 2020, tendrá concentrado en esa región el 60% de sus fuerzas navales y aereas.

La estrategia estadounidense está enfocada hacia el Mar de China Meridional, cuya importancia subraya el almirante Harris, jefe del PaCom (el mando militar estadounidense para el Pacífico): por ahí transitan anualmente 5 000 millardos [1] de dólares en mercancías por vía marítima, incluyendo un 25% de las ventas mundiales de petróleo y un 50% de las ventas de gas natural.

Estados Unidos quiere controlar esa vía marítima en nombre de lo que el almirante Harris define como una «libertad de navegación fundamental para nuestro modo de vida aquí y en Estados Unidos» y atribuye a China «acciones agresivas en el Mar de China Meridional, similares a las de Rusia en Crimea». Así que la US Navy «patrulla» el Mar de China Meridional.

Tras Estados Unidos llegan las principales potencias europeas: en julio pasado, Francia pidió a la Unión Europea «coordinar el patrullaje naval en el Mar de China Oriental para garantizar una presencia regular y visible en esas aguas ilegalmente reclamadas por China». Y mientras Estados Unidos instala en Corea del Sur sistemas «antimisiles» –pero capaces de lanzar también misiles nucleares, como los instalados contra Rusia en Rumania y próximamente en Polonia, además de los que llevan los navíos de guerra desplegados en el Mediterráneo– el secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg recibe el 6 de octubre, en Bruselas, al ministro de Exteriores sudcoreano Yun Byung-se para «fortalecer la asociación de la OTAN con Seúl».

Esos hechos y muchos más demuestran que en Europa y en Asia se está aplicando la misma estrategia. Es el intento desesperado de Estados Unidos y las demás potencias occidentales por conservar la supremacía económica, política y militar en un mundo en plena transición, donde están surgiendo nuevos actores estatales y sociales.

La Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), nacida del acercamiento estratégico entre China y Rusia, dispone de recursos y capacidades de trabajo que pueden convertirla en el área de integración económica más grande del mundo. La organización de Shanghai y los países del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) son capaces, con sus organismos financieros, de tomar en gran parte el lugar que actualmente ocupan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), dos instituciones que durante los últimos 70 años permitieron a Estados Unidos y las principales potencias occidentales dominar la economía mundial mediante préstamos dignos de usureros a los países endeudados y otros instrumentos financieros. Los nuevos organismos pueden concretar a la vez la desdolarización de los intercambios comerciales, con lo cual privarían a Estados Unidos de la posibilidad de transferir a otros países su propia deuda al imprimir el papel moneda utilizado como divisa internacional dominante.

Para mantener su cada vez más tambaleante supremacía, Estados Unidos no sólo utiliza la fuerza militar sino también otras armas a menudo más eficaces que las armas propriamente dichas.

- Primera arma: los llamados «acuerdos de libre comercio», como la «Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones» (TTIP) con la Unión Europea y la «Asociación Transpacífica» (TPP) cuyo objetivo no es solamente económico sino también geopolítico y geoestratégico. Es por eso que Hillary Clinton califica la asociación Estados Unidos-Unión Europea como el «objetivo estratégico más grande de nuestra alianza transatlántica», proyectando una «OTAN económica» que integraría [la OTAN] política y militar.
El proyecto está claro: formar un bloque político, económico y militar Estados Unidos-Unión Europea, también bajo el mando de Estados Unidos, para oponerlo al área euroasiática en ascenso, que a su vez se basa en la cooperación entre China y Rusia; y oponerlo también a los BRICS, a Irán y a cualquier otro país que se sustraiga al control de Occidente.
Como las negociaciones sobre el TTIP encuentran dificultades para avanzar, a causa de las divergencias en materia de intereses y de una amplia oposición en Europa, actualmente tratan de recurrir al «Acuerdo Económico y Comercial Global» (CETA) entre Canadá y la Unión Europea, que no es otra cosa que un TTIP disimulado ya que Canadá es firmante del NAFTA [2] con Estados Unidos. El CETA será probable firmado por la Unión Europea el próximo 27 de octubre, en ocasión de la visita del primer ministro canadiense a Bruselas.

- Segunda arma: la penetración en los países designados como blancos para desintegrarlos desde adentro.
Se recurre para ello a los puntos débiles que todo país puede presentar: la corrupción, el deseo de ganar dinero, el arribismo político, el secesionismo fomentado por grupos de poder locales, el fanatismo religioso, la vulnerabilidad de las masas ante la demagogia política. Apoyándose también, en ciertos casos, en un descontento popular justificado hacia la conducta del gobierno del país.
Los instrumentos de penetración son las llamadas «organizaciones no gubernamentales» (ONGs) que en realidad obedecen al largo brazo del Departamento de Estado y de la CIA, que con enormes medios financieros han organizado las «revoluciones de colores» en el este de Europa y que también trataron de realizar una operación similar en Hong Kong con la llamada «Revolución de los Paraguas» («Umbrella Révolution»), tendiente a fomentar movimientos similares en otras zonas de China pobladas por minorías.
Esas mismas organizaciones operan en Latinoamérica, fundamentalmente tratando de subvertir las instituciones democráticas en Brasil [país miembro del grupo BRICS], saboteando así a los BRICS desde adentro.
Otro instrumento de la misma estrategia son los grupos terroristas, como los grupos armados e infiltrados en Libia y en Siria para sembrar el caos, contribuyendo a la destrucción de Estados enteros que son al mismo tiempo agredidos desde el exterior.

- Tercera arma: las «PsyOps» (Operaciones psicológicas) que se realizan a través de los canales mediáticos mundiales, operaciones que el Pentágono define de la siguiente manera:
«Operaciones planificadas para influir a través de determinadads informaciones sobre las emociones y motivaciones, y por tanto en el comportamiento de la opinión pública, de organizaciones y gobiernos extranjeros, con el fin de inducir o fortalecer actitudes favorables a los objetivos predeterminados.»
Mediante esas operaciones, que acondicionan a la opinión pública para que acepte la escalada belicista, se presenta a Rusia como responsable de las tensiones en Europa y a China como responsable de las tensiones en Asia, acusándolas simultáneamente de «violaciones de los derechos humanos».
Manlio Dinucci y su esposa, Carla, ante la casa natal de Mao Tse Tung, en 1965.



Permítanme una última consideración. Por haber trabajado en Pekín en los años 1960, donde contribuimos juntos a la publicación de la primera revista china en italiano, puedo decir que viví una experiencia formativa fundamental en el momento en que China –liberada desde hacía apenas 15 años del control colonial, semicolonial y semifeudal– se hallaba completamente aislada y ni Occidente ni las Naciones Unidas la reconocían como Estado soberano.

De aquel periodo quedaron profundamente grabados en mi recuerdo la capacidad de resistencia y la conciencia de aquel pueblo –por entonces 600 millones de personas– inmerso, bajo la dirección del Partido Comunista, en la construcción de una sociedad con bases económicas y culturales totalmente nuevas. Pienso que aquella capacidad es también necesaria hoy en día para que la China de nuestros tiempos, que está desarrollando su enorme potencial, logre resistir ante los nuevos planes imperiales de dominación, contribuyendo con ello a la lucha decisiva por el porvenir de la Humanidad: la lucha por un mundo sin guerras, donde triunfe la paz indisolublemente vinculada a la justicia social.

Manlio Dinucci
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Este artículo reproduce la intervención de Manlio Dinucci en el Foro Europeo 2016 «La “Vía China” y el contexto internacional», realizado en Roma el 15 de octubre de 2016 y organizado conjuntamente por la Academia de Marxismo de la Academia china de Ciencias Sociales y la Asociación Político-cultural Marx XXI.

Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «La influencia de Estados Unidos y la OTAN en las relaciones de la Unión Europea con China», por Manlio Dinucci, Red Voltaire , 27 de octubre de 2016, www.voltairenet.org/article193888.html

sábado, 10 de septiembre de 2016

China e India ingresan en una nueva era de asociación estratégica



Neeta Lal

Los desacuerdos y otros diferendos fronterizos no resueltos entre China e India, dos de las civilizaciones más antiguas, no han impedido que forjaran fuertes lazos de cooperación en diversos ámbitos.
La relación de estos vecinos asiáticos también hizo que la atención mundial se concentrara en los últimos años en el dominio demográfico de Asia, grandes economías en desarrollo preocupadas por aliviar la pobreza e impulsar el desarrollo nacional.

Los dos países más poblados del mundo, con casi 37 por ciento de la población mundial, están comprometidos a mejorar la situación de sus habitantes, lo que ofrece un espacio para trabajar en sinergia y fortalecer los vínculos.

En la próxima década, China albergará a la mayor población de adultos mayores del mundo, mientras India, por su dividendo demográfico, necesitará generar empleos para la mayor fuerza laboral del mundo. Esas áreas ofrecen oportunidades para que ambos países trabajen juntos.

En tanto que vecinos, China e India también tienen una larga historia de vínculos culturales, científicos y económicos. Pero tras una breve guerra por los límites fronterizos en 1962, se resintieron los lazos comerciales y de inversiones.

Sin embargo, en la última década, las relaciones de los dos gigantes se recuperaron, y de tan solo 3.000 millones de dólares de intercambio comercial a fin de siglo, ya se acercan a los 100.000 millones de dólares, lo que significa grandes oportunidades para comerciantes e inversores de ambos países.

Además de compartir su nueva extroversión y el entusiasmo en sus políticas económicas, Nueva Delhi y Beijing también han estrechado lazos económicos con el resto del mundo.

Ambos países integran la Organización Mundial del Comercio (OMC), India como miembro fundador y China desde 2001.

Sus fuertes lazos económicos también desempeñarán un papel estelar en una de las relaciones bilaterales más importantes del mundo para 2020. Incluso las estimaciones más conservadoras pronostican que para ese año, el intercambio comercial entre ellos superará al de China y Estados Unidos.

Hay un sinfín de oportunidades de negocios entre China e India en diversas áreas como agricultura y procesamiento de alimentos, gestión de valores, construcción e infraestructura, electrónica y tecnologías de la información, transporte y logística. Además del sector farmacéutico, que ofrece posibilidades colosales para ambos países.

China, además, tiene una vasta capacidad subutilizada en el sector manufacturero, sumado a un excedente de capital que necesita nuevos mercados. Con las economías occidentales todavía volubles, India, con sus 1.250 millones de habitantes y su efervescente energía empresarial, ofrece a los inversores chinos un enorme margen de crecimiento.

Beijing también busca aumentar la cooperación económica con Nueva Deli en el corredor Bangladesh-China-India-Birmania y en el programa de la Nueva Ruta de la Seda.

China puede ayudar a acelerar el despegue económico de India concentrándose en áreas clave como manufactura, caminería, vías férreas y parques industriales, lo que puede constituir el cimiento de sus lazos bilaterales.

Los intentos de Beijing y Nueva Delhi por construir una asociación estratégica y de cooperación, a la vez que ampliar la cooperación económica y comercial, hizo que China se convirtiera en el mayor socio comercial de India.

Sin embargo, quedan algunas asperezas por limar como el déficit comercial de India con China, que se disparó de 1.000 millones de dólares, en 2001-2002, a 48.430 millones de dólares en 2014-2015. La asimetría plantea problemas de sostenibilidad.

Pero los acuerdos bilaterales forjados generan esperanzas de que se pueda instalar un intercambio comercial más sostenible.

Con ese fin, los ministros de Comercio de ambos países suscribieron un Programa de Desarrollo Económico y de Cooperación Comercial de cinco años, en septiembre de 2014, como forma de establecer una hoja de ruta a mediano plazo para promover un desarrollo sostenible y más equilibrado de las relaciones económicas y comerciales.

Las señales de cooperación también son visibles en los últimos acuerdos comerciales en materia ferroviaria, de ciudades inteligentes y desarrollo. Si bien ambos países se consideran rivales políticos, en octubre de 2013, suscribieron el Acuerdo de Cooperación para la Defensa Fronteriza.

El pacto reconoce “la necesidad de continuar manteniendo la paz, la estabilidad y la tranquilidad según el control actual de las áreas fronterizas entre China e India y seguir implementando medidas para construir la confianza en el ámbito militar según el control actual”.

Además, China e India también están entre los 21 países asiáticos que suscribieron el nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que le ofrece a esta región un contrapunto de las instituciones financieras dominadas por Occidente, como el Banco Mundial.

Los recursos y los talentos combinados de estos dos gigantes asiáticos pueden impulsar el crecimiento económico regional y global.

A pesar de criticar las políticas expansionistas de China y su mayor rigidez en el océano Índico y el mar de China Meridional, Nueva Delhi busca consolidar los vínculos con Beijing, así como estrechar la cooperación bilateral en materia de infraestructura, industria, comunicaciones y energía.

Además, China e India impulsan la cooperación sino-india en los foros multilaterales como el Grupo de los 20 países ricos y emergentes, la Cumbre Asia Pacífico y el BRICS, el grupo constituido por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

Ambos países fortalecieron el diálogo estratégico en grandes asuntos internacionales como el cambio climático y la salvaguarda de intereses comunes a los mercados emergentes y a los países en desarrollo, lo que está en sintonía con la importancia que la Organización de las Naciones Unidas concede a la cooperación Sur-Sur, que aprovecha a recordar este 12 de septiembre.

“Los países en desarrollo tienen la responsabilidad primordial de promover y realizar la cooperación Sur-Sur, que no reemplazaría la cooperación Norte-Sur sino que la complementaría”, precisa la ONU.

Nueva Delhi y Beijing también están deseosos de aumentar su cooperación en materia ferroviaria, de construcción de parques industriales, de seguridad, operaciones antiterroristas, además de expandir la comunicación y los intercambios en educación y turismo, facilitar intercambios adicionales entre sus gobiernos regionales y salvaguardar juntos sus intereses comunes, así como los de los países en desarrollo.

Como China e India tienen muchos objetivos comunes y áreas de convergencia, las relaciones bilaterales basadas en una participación económica equilibrada, sumada a una mentalidad inventiva y audaz en materia política, puede llegar a beneficiar a ambos países a la vez que disparar una revolución asiática.

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2016/09/china-e-india-ingresan-en-una-nueva-era-de-asociacion-estrategica/

Traducido por Verónica Firme
Fuente: Rebelión

G20





por Thierry Meyssan

Los jefes de Estado y de gobierno buscan oportunidades para reunirse y abordar cuestiones bilaterales, incluso de carácter multilateral. Y acaban padeciendo de “reunionitis”, una enfermedad que consiste en realizar cumbres inútiles sólo para poder reunirse y negociar sobre otros temas, sin tener que justificar ese otro encuentro. La cumbre del G20 en Hangzu no escapó a esa nueva tendencia.
Los jefes de Estados de los países miembros del G20 acaban de reunirse en Hangzhu (China). El G20 es el encuentro entre las 19 economías más importantes del mundo –no participan España, los Países Bajos, ni Suiza– más la Unión Europea. Este foro fue creado en 1999, al margen del G7, con los ministros de Relaciones Exteriores para asociar las economías emergentes a las decisiones de las potencias occidentales. Y posteriormente se convirtió en una cumbre entre los jefes de Estado, ante la crisis financiera de 2008, con la esperanza de limitar la propagación de aquella crisis.

El hecho es que ninguna cumbre del G20 ha tomado decisión alguna sobre ningún tema. Lo cual es más bien tranquilizador porque lo contrario querría decir que son los ricos quienes deciden en lugar de los pobres.

Se supone que el G20 se dedicar al análisis de los problemas económicos. Actualmente se trata de la pérdida de impulso del crecimiento mundial, de una eventual detención de la globalización y de la posible disolución de la Unión Europea. En la apertura del G20, el presidente chino Xi Jinping subrayó la necesidad, en su opinión, de evitar el regreso al proteccionismo y de seguir, por el contrario, desarrollando el comercio mundial para dar un nuevo impulso al crecimiento.

Sin embargo, debido a la poca influencia de los responsables políticos sobre la economía, el G20 fue sobre todo una oportunidad para que los participantes se reunieran al margen de la cumbre para abordar temas políticos: Ucrania, Siria y el terrorismo.

Como siempre sucede, todo el mundo dijo querer preservar la libertad comercial, defender la paz y luchar contra el terrorismo. Pero todos saben que la supremacía de Estados Unidos no resistirá por mucho tiempo ante la apertura de las dos «rutas de la seda» y que los estadounidenses están haciendo todo lo posible para dividirlos en bandos separados utilizando la cuestión del Donbass, en Ucrania, y los conflictos en Siria e Irak.

La Casa Blanca anunció que había fracasado la negociación con el Kremlin por la paz en Siria, supuestamente porque Moscú «dio marcha atrás» sobre «numerosos puntos». ¿Cuáles son esos puntos? La Casa Blanca prefirió, por supuesto, no precisarlos… ¿Por qué? Porque no existen. Desde la conclusión del acuerdo de paz de Ginebra-1, en junio de 2012, son los occidentales –y sólo ellos– quienes han hecho fracasar las numerosas negociaciones. Por dos razones:

La primera es que no quieren una paz generalizada, porque pretenden mantener el caos en el desierto sirio-iraquí para impedir los intercambios comerciales entre Asia y Europa.
La segunda razón es que Washington no quiere reconocer que Rusia ha recuperado el lugar que ocupaba la URSS en la escena internacional, ni compartir el poder con ella.
En cuanto a la lucha contra el terrorismo, desde hace años es el pretexto ideal para permitir a Estados Unidos controlar las transferencias de fondos, lo cual permite a quienes financian el terrorismo y arman a los terroristas mantener las sanciones precisamente contra quienes realmente luchan contra el terrorismo: Irán, Rusia y Siria.

El G20 no puede ser, por consiguiente, más que una oportunidad para dar pequeños pasos políticos con el pretexto de celebrar una reunión de carácter económico. De esa manera, Rusia y Turquía aprovecharon ese encuentro para culminar el restablecimiento de sus intercambios comerciales y económicos, lo cual debería contribuir a que se produzca una evolución de la posición de Ankara sobre Siria.

Thierry Meyssan

Fuente: Al-Watan (Siria) - Red Voltaire

jueves, 1 de septiembre de 2016

China y Siria


Aunque se desconoce su verdadero contenido, hoy se sabe que las fuerzas armadas de la República Popular China y de la República Árabe Siria concluyeron un acuerdo que modifica simultáneamente el campo de batalla y el equilibrio de las relaciones internacionales. Los servicios secretos anglosajones divulgaron el pasado año toda una serie de falsedades absurdas sobre ese tema. En este trabajo, Thierry Meyssan pasa en revista la significación de dicho acuerdo.


por Thierry Meyssan


A pesar de haberse producido en el marco de una serie de contactos con el conjunto de los países de la región, la presencia en Siria del almirante Guan Yufei, jefe del nuevo Departamento de Cooperación Militar Internacional de las fuerzas armadas chinas, ha despertado inquietud en Occidente. Por el momento, según el acuerdo firmado, las fuerzas armadas de la República Popular China se comprometieron solamente a formar en China a miembros de los servicios de salud de las fuerzas armadas de la República Árabe Sirio. Pero todo el mundo intuye que este acuerdo puede ser la parte visible del iceberg dado el hecho que ya hace 4 años que la mitad de los médicos militares sirios se forman en China. Aunque se ignora lo que realmente se decidió durante la visita, la mera existencia de este acuerdo constituye un cambio de naturaleza estratégica.

En efecto, durante los últimos 5 años, la República Popular China se abstuvo de asumir cualquier forma de cooperación que pudiese ser interpretada en Washington como una ayuda de carácter militar. Y no sólo se abstuvo de toda entrega de armamento sino incluso de proveer a Siria algún tipo de equipamiento civil indispensable en el tipo de conflicto que enfrenta este último país, como el equipamiento capaz de detectar la existencia de túneles.

Independientemente de la enorme envergadura económica actual de Pekín, muchos recuerdan probablemente que, a inicios de 2012, Rusia había firmado con Siria un acuerdo similar, documento que ya prefiguraba la asistencia militar rusa iniciada 3 años y medio más tarde. ¿Será que China está preparando su propio despliegue?

Es muy probable que la respuesta dependa de la rapidez del despliegue estadounidense en el Mar de China y de las provocaciones de los aliados de Washington en la región.

En todo caso, el interés de China por Siria data de la Antigüedad y la Edad Media. La célebre Ruta de la Seda atravesaba el Asia Central y pasaba por Palmira y Damasco antes de bifurcar hacia Tiro y Antioquía. Exceptuando la pagoda representada en los mosaicos de la Gran Mezquita de los Omeyas, en Damasco, poco queda actualmente de aquella lejana cooperación comercial. Pero el presidente chino Xi Jinping ha convertido en principal objetivo de su mandato la recuperación de esa vía de comunicación y la creación de una segunda Ruta de la Seda a través de Siberia y Europa.

El otro gran interés de Pekín es la lucha contra el Partido Islámico de Turquestán, afiliado sucesivamente a al-Qaeda y al Emirato Islámico (Daesh). Hoy existe un barrio uigur [1] en Raqqa, ciudad siria actualmente bajo control del Emirato Islámico, y este último incluso publica un diario especialmente dirigido a los miembros de ese Partido.

Los miembros de ese grupo se vinculan con la Orden de los Naqchbandis, una congregación sufista en la que fue líder el ex Gran Muftí de Siria, Ahmad Kuftaru. En 1916, varias logias de esa orden se acercaron a la Hermandad Musulmana, bajo influencia de los servicios secretos anglosajones, la CIA y el MI6. Los Naqchbandis participaron así en la creación de la Liga Islámica Mundial, por parte de Arabia Saudita, en 1962. En Irak, los Naqchbandis se organizaron alrededor de Izzat Ibrahim al-Duri y respaldaron el intento de golpe de Estado organizado en Siria por la Hermandad Musulmana, en 1982. En 2014, proveyeron 80 000 combatientes al Emirato Islámico. En Turquía, los Naqchbandis crearon la Milli Gorus, entre cuyos responsables se hallaba un tal Recep Tayyip Erdogan. Fueron también los Naqchbandis quienes organizaron, en los años 1990, los movimientos islamistas surgidos en el Cáucaso ruso y en la región de Xinjiang, en China.

Incluso más que los rusos, los chinos necesitan datos de inteligencia sobre ese movimiento y sobre la manera cómo Washington y Londres lo controlan. En 2001, los chinos creyeron, erróneamente, que los anglosajones habían cambiado después de los atentados del 11 de septiembre y que colaborarían entonces con la Organización de Cooperación de Shanghai en materia de lucha contra el terrorismo. Hoy en día, 15 años después, ya saben que Siria es un auténtico amigo de la paz.

Thierry Meyssan
Fuente: Al-Watan (Siria) - Red Voltaire

viernes, 15 de julio de 2016

China sacude la mesa del orden financiero mundial

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por Ariel Noyola Rodríguez

Durante la primera cumbre anual del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII), realizada en Pekín, los chinos revelaron sus intenciones de asumir el liderazgo mundial en el financiamiento de infraestructura. Para finales de este año, es muy probable que el BAII tenga más de 100 países de miembros, con lo cual, lograría convertirse en la institución multilateral de crédito bajo el control de los países emergentes más importante de la historia. Sin embargo, todavía está pendiente que el BAII se decida a abandonar el dólar, pues solamente de esta manera la hegemonía de Estados Unidos en las finanzas internacionales será herida de muerte.

China ya tomó la delantera frente a Estados Unidos en el financiamiento global de infraestructura. Las finanzas internacionales están en vías de transformación, pese a la fuerte oposición de la cúpula de poder norteamericana. El año pasado, desde Washington, funcionarios de alto nivel intentaron sabotear el lanzamiento del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII), pero no lo consiguieron.

De hecho, aquellos que eran supuestamente los aliados incondicionales del Gobierno de Estados Unidos, como Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido, a la postre tomaron la decisión de incorporarse a la nueva institución multilateral de crédito promovida por Pekín. El presidente Barack Obama no pudo concebir que, en unos cuantos meses, el BAII haya conquistado el respaldo de más de 50 países.

Es indudable, China está precipitando el declive estadounidense en escala mundial. En abril de 2015, Larry Summers, quien fue secretario del Departamento del Tesoro durante el Gobierno de Bill Clinton, apuntó que la exitosa convocatoria del BAII representaba uno de los episodios más dramáticos para la hegemonía norteamericana: “El mes pasado puede ser recordado como el momento en que Estados Unidos perdió su papel como garante del sistema económico mundial” [1].

Pekín posterga la gran ofensiva contra el dólar

Con todo, hasta el momento China ha actuado con extrema cautela. Gracias a ello, casi todos los países del Grupo de los 7 (G-7, conformado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) han recibido con beneplácito la puesta en marcha del BAII. Sin embargo, si bien es verdad que la extraordinaria capacidad de convocatoria de Pekín socavó la influencia de Washington en el financiamiento mundial de infraestructura [2], el BAII se resiste a desechar el dólar. Aunque muchos especularon [3] que los préstamos del BAII estarían denominados en yuanes, o quizás en monedas locales, hasta la fecha sus créditos han sido emitidos en la divisa estadounidense.

Por añadidura, cabe destacar que de los cuatros préstamos que fueron aprobados los primeros seis meses de este año por el BAII, por un total de 509 millones de dólares, tres de ellos están relacionados con proyectos de inversión en los que también participan las instituciones del viejo orden financiero mundial, ese que se construyó a imagen y semejanza de Estados Unidos tras la segunda posguerra. A mi juicio, los chinos quieren sacar provecho de las acciones que tienen invertidas en el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo, así como de las excelentes relaciones que han sembrado con Europa.

Actualmente, el BAII financia un programa de mejora de vivienda en Indonesia junto con el Banco Mundial a través de un crédito de 216,5 millones de dólares; la construcción de una autovía en Pakistán, con un costo de 100 millones de dólares, se realiza en colaboración con el Banco Asiático de Desarrollo y el Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido; un préstamo de 27,5 millones de dólares, financiado junto con el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, se utiliza para modernizar una carretera en Tayikistán; llevar energía eléctrica a las zonas rurales de Bangladesh, a través de un préstamo de 165 millones de dólares, es el único proyecto que el BAII ejecuta de forma independiente.

La vocación global del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura

Pese a todo, el nacimiento del BAII marca un punto de inflexión en la historia de las instituciones multilaterales de crédito por ser la primera (además del nuevo banco de desarrollo de los BRICS, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en la que las economías emergentes son las principales accionistas [4].

Las aportaciones económicas de las tres potencias orientales de los BRICS son aplastantes: la de China es de 29,78%, seguida de la India con 8,36%, y en tercer lugar Rusia con 6,53%. En contraste, los 20 socios no regionales del BAII contribuyen solamente con una cuarta parte de los 100 000 millones de dólares del capital autorizado [5].

En un primer momento, el BAII se concibió bajo la idea de proveer financiamiento a los países de la región asiática principalmente, sin embargo, todo apunta a que China planea convertirlo en una institución con vocación global capaz de aglutinar las aspiraciones de todas las economías emergentes [6]. Bajo esta perspectiva, en la ceremonia de inauguración de su primera cumbre anual, celebrada en Pekín el mes de junio pasado, el presidente del BAII, el chino Jin Liqun, anunció que en la actualidad están evaluando la incorporación de 24 países más [7].

En la región latinoamericana, Chile, Colombia, Venezuela son los candidatos; en cuanto a África, presentaron su postulación Argelia, Libia, Nigeria, Senegal y Sudán. También destaca la candidatura de Canadá, que junto con México y Estados Unidos forma parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); en Europa, Chipre, Grecia e Irlanda están sumamente interesados. Si todo marcha tan bien como hasta ahora, es muy posible que para finales de este año el BAII cuente con más de 100 países miembros [8], es decir, tendría por lo menos 34 adherentes más en comparación con el Banco Asiático de Desarrollo, aunque todavía estaría lejos de alcanzar los 183 que posee el Banco Mundial.

Apostar por un mundo multipolar

El BAII tiene muchas tareas pendientes. Es que aunque la región asiática registró elevadas tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) durante las últimas dos décadas, no logró hacerse de un sistema de infraestructura de vanguardia. Sultan Ahmed Al Jaber, quien es el ministro de Gobierno de los Emiratos Árabes Unidos, reveló que en Asia-Pacífico casi 1 500 millones de personas carecen de servicios de saneamiento básico, 260 millones no tienen acceso a agua potable y por lo menos 500 000 no cuentan con electricidad en sus casas [9].

En conclusión, la primera cumbre anual del BAII puso de manifiesto la determinación de China para hacerse escuchar en las ‘grandes ligas’ de las finanzas internacionales. Por su compromiso con la construcción de la nueva “Ruta de la Seda” (‘Silk Road’) [10], el BAII constituye un poderoso contrapeso frente a la influencia geoeconómica de Estados Unidos y Japón en la región asiática. Sin embargo, para acelerar la construcción de un orden mundial multipolar es decisivo que los directivos del BAII se decidan finalmente a desechar el dólar y, sobre todo, que nunca abandonen la promesa de mejorar las condiciones de vida de la humanidad.

Ariel Noyola Rodríguez
Fuente
Russia Today (Rusia)

[1] «Time US leadership woke up to new economic era», Lawrence Summers, Financial Times, April 5, 2015.

[2] «The AIIB: The infrastructure of power», The Economist, July 2, 2016.

[3] «China seeks role for yuan in AIIB to extend currency’s global reach», Cary Huang, The South China Morning Post, April 14, 2015.

[4] «Beijing, el crepúsculo asiático post-Bretton Woods», por Ariel Noyola Rodríguez, Red Voltaire , 1ro de noviembre de 2014.

[5] «Asian Infrastructure Investment Bank: Articles of Agreement», Asian Infrastructure Investment Bank.

[6] «President’s Opening Statement 2016 Annual Meeting of the Board of Governors Asian Infrastructure Investment Bank», Asian Infrastructure Investment Bank, June 25, 2016.

[7] «AIIB expansion plans underscore China’s global ambitions», Tom Mitchell, Financial Times, June 26, 2016.

[8] «AIIB will have 100 countries as members by year-end: Jin Liqun», Li Xiang, China Daily, May 31, 2016.

[9] «The AIIB has been designed to benefit all», Sultan Ahmed Al Jaber, China Daily, June 25, 2016.

[10] «China’s AIIB seeks to pave new Silk Road with first projects», Tom Mitchell & Jack Farchy, Financial Times, April 19, 2016.

Ariel Noyola Rodríguez
Ariel Noyola Rodríguez Economista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Integrante del Centro de Investigación sobre la Globalización, Global Research, con sede en Canadá. Sus reportajes sobre la economía mundial se publican en el semanario Contralínea y sus columnas de opinión en la cadena internacional de noticias Russia Today. El Club de Periodistas de México le entregó el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de Mejor Análisis Económico y Financiero por sus trabajos difundidos a lo largo de 2015 en la Red Voltaire.

Fuente: Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional

Artículo bajo licencia Creative Commons

miércoles, 15 de junio de 2016

La política exterior de Clinton y Trump (II): Contención a China

Banco Asiático de Inversión en Infraestructura


Pivote y reequilibrio son los nombres que la Administración de Obama da a la estrategia de bloquear el ascenso de China en Asia y el Pacífico. Con un crecimiento de 5% en 2016, el país oriental ha sido el centro económico del mundo. Para ello, ha empleado las mismas exitosas medidas económicas, diplomáticas, religiosas y militares que EEUU utilizó para acabar con la Unión Soviética.

Hillary Clinton y Donald Trump heredan una política que ha sido basada en:

.Intensificar los conflictos de soberanía territorial entre China y sus vecinos a través de la compleja estrategia de reequilibrio, empujándoles a una mortal carrera militar.

.Reforzar los lazos estratégicos de EEUU con los países como Japón, Australia, Corea del Sur, Taiwán, India, entre otros.

.Limitar la conexión de China con las economías de la región mediante excluyentes ‘acuerdos mutuos’.

.Fortalecer sus bases militares y su presencia naval cerca de China, país que es el objetivo actual de la OTAN. ¿Se imaginan a tropas chinas en México? Washington acaba de firmar un acuerdo con Filipinas para instalar cinco bases en su territorio. Obama ha intentado hacerse con el control del Mar del Sur de China y del Estrecho de Malaca que une el océano Índico con Europa, por donde pasa un total del 90% de las importaciones de energía de Asia Oriental.

.Minar el poderío chino desde dentro, extendiendo el arco de crisis a Asia Central.

.Desmantelar los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Las sanciones contra Rusia y los sucesos en Brasil están en esta dirección.

.Debilitar la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), constituida un mes antes de los atentados del 11-S del 2001. ¡Luego EEUU, en lugar de ocupar Arabia Saudí, ocupó Afganistán por ser el país más estratégico del mundo para la OTAN.

.Impulsar la Asociación de Asociación Transpacífico (TPP) que excluye a China. EEUU se introduce en el mercado preferente de los doce países de la región que representa el 40% de la economía mundial. Sin embargo, el TPP puede quedarse en nada porque en realidad no perjudica a un dragón como China, que es el fundador del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) —alternativo al Banco Mundial y al Banco Asiático de Desarrollo controlado por EEUU—. También, por el desinterés que muestran ambos candidatos hacia el tratado.

.Animar a los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) a integrarse en la OTAN.

.Impedir una Chindia. Obama es el único presidente de EEUU que ha visitado dos veces la India para llevarla a la órbita del Occidente sacrificando a Pakistán. Fracaso total: la Chindia se unió a los BRICS, y el país donde mató al fantasma de Bin Laden, fue recogido por la OCS.

.Obstaculizar el megaproyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda, que según Francis Fukuyama, podrá transformar “el conjunto de Eurasia, desde Indonesia a Polonia” en la próxima generación.

Clinton, la chinófoba

Hillary Clinton siempre ha presumido de odiar a la República Popular de China. Como secretaria de Estado del Gobierno de Obama (2009-2013), Clinton realizó 61 visitas oficiales a los países de Asia-Pacífico para hacer un hueco a EEUU en Asia, destacando la importancia de la ASEAN para el pivote.

En 1992 llamó “carniceros de Pekín” a los líderes chinos, mientras ella misma apoyaba la agresión militar al pueblo iraquí. Luego, en 1995, desde la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Pekín, condenó el abuso de las mujeres en China sin hablar de la realidad de sus compatriotas. En 2008 pidió el boicot a los Juegos Olímpicos de Pekín, y cuando anunciaba en 2011 que la estrategia de EEUU para Asia era la “promoción de la democracia y los derechos humanos”, a los finos oídos chinos sonaba a lanzar una de estas ‘revoluciones de color fabricadas por la CIA y la Fundación Soros.

Clinton acusa a China de colonizar África. Uno de los motivos de destruir Libia por la OTAN fue poder convertirlo en una plataforma para AFRICOM y así parar el avance de China en el continente. Su obsceno grito al conocer la notica del asesinato de Muammar al Gaddafi de “Vini vidi vinci” es una prueba de su implicación directa a este crimen de guerra. Neutralizar la creciente influencia china en Yemen también forma parte de los 25 objetivos de EEUU y Arabia Saudí en la actual guerra contra Yemen: se trata de dominar el estrecho de Bab el Mandeb, camino de los barcos chinos para entrar en el Mediterráneo.

Desde el Centro para una Nueva Seguridad Americana (CNAS), próximo a los demócratas, se advierte que el reequilibrio no parará el ascenso de China, y propone más militarismo combinado con el “poder blando”.

Trump, agente secreto de China

Para el segmento antichino de la política estadounidense, el aislacionismo de Trump beneficia a Chin, ya que tira por la borda la construcción de la alianza entre EEUU y sus socios en Asia y el Pacífico, empujando a los aliados hacia China y Rusia. Su faceta antimusulmana ha hecho que los regímenes pro occidentales de Indonesia o Malasia mostrasen su preocupación por la xenofobia del republicano.

Trump, en su idea de recuperar la supremacía decaída de EEUU, admira,por un lado, el nacionalismo del gobierno chino, que protege su comercio y sus intereses en las aguas adyacentes, y justo por ello planea romper con la política antichina de Obama en los dos ámbitos principales: el comercio y la seguridad.

Lo que propone es:

.Diseñar políticas a favor del crecimiento económico de EEUU con las siguientes medidas:
Romper el TPP. Pues, el comercio es un juego de suma cero y los tratados comerciales regionales dañan la economía de EEUU. Señala a Clinton —Bill, el esposo—, como responsable del cierre de 50.000 fábricas y de la pérdida de unos siete millones de empleos por dejar en 2000 que China ingresara en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Trump culpa a China por el déficit comercial de 505 millones de dólares de EEUU, y propone imponer una carga del 45% sobre los productos chinos, ignorando que la víctima de esta medida serán los consumidores de EEUU, ya que China es hoy el mayor socio comercial de EEUU. Esto desataría además una guerra comercial a nivel mundial, provocando otra posible recesión; sin embargo, no cuenta con la posible represalia china contra las empresas estadounidenses en sus mercados.

Obviamente, un capitalismo exacerbado nunca podrá competir con el complejo sistema económico chino que ofrece, entre otras ventajas, servicios públicos y materias primas casi gratis a las pequeñas y medianas empresas, además de concederles préstamos con expectativa de no cobrarlo. El presidente Xi Jinping está apostando por el ‘renacimiento nacional’, una economía sostenible, animando el consumo interno por el que va subiendo los salarios (provocando el traslado de algunas fábricas chinas a África, en busca de mano de obra barata). Además, la estrategia llamada Made in China 2025 está dirigida a centrar su economía en la exportación de productos de alta gama, como trenes de alta velocidad, la biotecnología, etc.

Establecer un estricto control sobre la propiedad intelectual de la tecnología exportada a China.
Impedir la deslocalización de las empresas estadounidenses. Pero, ¿cómo lo hará si el dinero no conoce nacionalismo ni tiene patria?

Impulsar la industria manufacturera de EEUU, regresando al siglo XIX.

En el terreno de seguridad, el apodado “el hombre más peligroso del mundo” por Der Spiegel, afirma que dejará de pagar por la seguridad de Japón, a cambio se le permitirá armarse con unas bombas nucleares para la autodefensa. Así, los nipones podrán rescatar la llamada “bomba en el sótano”, o sea unas 4,7 toneladas de plutonio almacenado, riéndose del Tratado de No Proliferación Nuclear , mientras se empuja a los países vecinos a una temible carrera militar.

La cuestión de Corea del Norte

“Que China haga desaparecer a ese tipo en una forma u otra y lo haga rápido”, ordena Trump al presidente Xi, como si fuera su chico de los recados, refiriéndose a Kim Jong Un. ¿Propone asesinarlo? Así, el millonario pretende frenar al ‘peligrosísimo’ Corea del Norte. Pero, ¿por qué Pekín debe apoyar el desarme de éste país, beneficiando a los planes de EEUU en la región?

Las relaciones entre Pekín-Pyongyang son más cercanas que “los labios y los dientes”, en palabras de Mao Zedong. Además, éste país hace de Estado tapón entre China y las tropas de EEUU en Corea del Sur. Un Pyongyang aliado de Washington o reunificado con Seúl no le interesa a China, pues, significaría tener un vecino poderoso y encima ocupado por las tropas del enemigo americano.

“¿Qué hace EEUU en la lejana Asia?”, pregunta Trump para responder: ¡Nada! Habría que retirar las tropas de Corea del Sur, armarle con bombas nucleares, ser neutral en una guerra entre ambas Coreas, mientras convence a Kim en una reunión de vis a vis a que deponga sus mortíferos hongos.

Hillary Clinton rechaza extorsionar a los aliados regionales de EEUU y aboga por la aplicación del modelo iraní en Corea del Norte: una combinación de duras sanciones económicas contra la población y amenazas militares.

Es difícil que el 2017 altere las prioridades de la política exterior del imperialismo de EEUU. El militarismo seguirá siendo la fórmula para justificar su presupuesto militar de 650.000 millones de dólares (comparando con los 155 mil millones de China).

No habrá un ‘Siglo pacífico de los EEUU’, pero Clinton y Trump harán del mundo un lugar aún más peligroso para la humanidad.

Nazanín Armanian

Fuente: Público.es

miércoles, 1 de junio de 2016

¿Por qué China no abre su anunciada bolsa petrolera en Shanghai?






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por Alfredo Jalife-Rahme
Aunque se trata de un paso previsto desde hace 20 años, Pekín retrocede en cuanto concretar su proyecto de apertura de una bolsa petrolera. Y lo hace porque China no quiere responder de inmediato a la guerra financiera que Estados Unidos ha emprendido contra ella. Discretamente, el presidente chino Xi-Jinping adelanta otros peones, fundamentalmente el desarrollo a escala exponencial de su propia producción de petróleo.


La "guerra multidimensional" –excluyendo todavía la vía militar directa– de Estados Unidos contra Rusia y China ha elevado su nivel en otros frentes y ahora se practica en forma obscena y directa en tres sectores:
- la "guerra energética";
- la "guerra geofinanciera", y
- la "guerra de divisas",
sin contar las otras confrontaciones, cibernética y de propaganda, en curso.

No fue menor el reciente anuncio timorato de relanzar la proyectada bolsa petrolera rusa de San Petersburgo, Spimex, que busca romper la supremacía energética anglosajona y la hegemonía del dólar [1], en paralelo a los amagos de independencia bursátil y de liberación energética de China.

Bloomberg News destacó hace poco que la apertura de la bolsa petrolera de China en la plaza de Shanghai, donde operaría sus primeros contratos, arrastra los pies todavía después de «más de 20 años» de su anuncio [2].

El motivo aducido, poco creíble, es la "volatilidad" de los mercados, como si ello fuera algo novedoso, cuando es consustancial a la creación de "burbujas" del mercado neoliberal global, como acaba de confesar el francés centralbanquista Jacques de Larosière de Champfeu, malhadado ex director ejecutivo del FMI.

Anunciada para finales de 2015, la apertura de la bolsa petrolera de Shanghai –que contribuiría a romper la supremacía energética anglosajona de la mercantilización del crudo por el Nymex y el IPE, respectivamente, en las plazas financieras de Nueva York y Londres– fue pospuesta hasta una fecha inespecífica de 2016, cuando ya han transcurrido 5 meses.

«Hace más de 20 años», el gobierno chino «introdujo un contrato doméstico de crudo en 1993», que fue «detenido un año más tarde en medio de la evaluación de su industria energética».

No hay que «evaluar» demasiado «20 años más tarde» cuando las importaciones de China se han incrementado en forma sustancial: 7,9 millones de barriles al día (MBD) –un 8,3% más en lo que va del año y cuya mayoría sirve para almacenar sus reservas estratégicas [3].

No es lo mismo la China de hoy que la de hace dos décadas, cuando apenas empezaba a despuntar en la geoeconomía global –en ese momento se encontraba incluso detrás de México– y aún no implementaba su trascendental «asociación estratégica» con Rusia, en la fase de rehabilitación y restauración relativas del zar Vlady Putin.

Hoy los diestros mosqueteros chinos, 20 años después, se han posicionado como la primera superpotencia geoeconómica global (medido por el poder adquisitivo) y han establecido una «asociación estratégica» nuclear y gasera con Rusia –cuyos verdaderos alcances permanecen secretos– para impedir la humillante estrangulación por Estados Unidos.

Como imagen en espejo, las exportaciones de Rusia a China rompieron récord [4], lo que (en)marca la complementariedad que se puede generar entre los dos proyectos de las nuevas bolsas petroleras: la rusa de San Petersburgo (Spimex) y la de Shanghai.

El zar Putin parece aplicar el apotegma biologista de que «la función crea el órgano», como dijo a finales de 2014, durante la cumbre de la APEC en Pekín, antes de las asfixiantes sanciones de Obama y de la guerra contra el rublo (vía desplome del crudo): «El uso del rublo y el yuan podría reducir la influencia del dólar.»



Casi un mes después de los anhelos tripolares de Putin, su feroz contrincante Obama –quien optó hasta ahora en forma eficiente y casi silenciosa por la "guerra geofinanciera" y la "guerra de divisas", en lugar de las desastrosas aventuras militares– le propinó una tremenda paliza al rublo.

No será sencilla ni tersa la transición al nuevo orden tripolar entre Estados Unidos, Rusia y China cuando los halcones –financieros y militares– de Washington se empecinan en su inviable unipolaridad.

China compite ya con Estados Unidos como el mayor importador global de crudo y requiere no sólo establecer mayor influencia en la cotización del oro negro, sino también promover la utilización del yuan/renminbi, por lo que ha relajado las reglas que permiten la importación del petróleo a las refinerías “independientes” [5].

No es nada desdeñable la participación de las refinerías chinas, que han llegado a procesar casi 10,6 millones de barriles diarios.

Más allá de la vulgar cuan reduccionista mercantilización del crudo, las coyunturas geopolíticas son cruciales para la toma de decisiones del gobierno chino, en la etapa de florecimiento/consolidación/salvaguarda por el mandarín Xi de su singular modelo mixto (público/privado).

Lu Feng, funcionario de Shanghai International Energy Exchanges, comentó que dicha bolsa energética debe concluir reglas y conductas de simulación mercantil –¡después de más 20 años!–, además de que requiere la aprobación de la Comisión Regulatoria de Valores Bursátiles de China.

Según Bloomberg, las turbulencias bursátiles y la volatilidad de los mercados financieros –donde descuellan tanto la "guerra de divisas" como la "guerra geofinanciera" entre el dólar y el yuan/renminbi que no se atreven a decir su nombre– han apaciguado las ansias del gobierno chino, que necesita tener mayor influencia en la cotización del petróleo, hoy controlada en forma anómala por las plazas de Nueva York y Londres.

¿Teme China a la "guerra geofinanciera" en boga que le pueden imponer sin misericordia las doblemente plazas financieras/energéticas de Nueva York y Londres?

En el más reciente encontronazo de "guerra geofinanciera" entre el dólar y el yuan/renminbi, China se vio obligada a desprenderse de un billón de dólares de sus reservas de divisas que siguen siendo las primeras del planeta, ahora disminuidas a 3 billones de dólares.

Gabe Collins, del portal The Diplomat (muy cercano a Japón), comenta que «el enfoque intenso sobre el auge del petróleo de Norteamérica (sic), Arabia Saudita y los yihadistas de Daesh/Isis oscurecen una importante tendencia (sic) energética emergente: la producción del petróleo de China está llegando a su pico» [6] –que explicaría su espectacular rebote reciente desde el desplome de 25 dólares el barril hasta los linderos de 50 dólares de hoy–, lo cual «tendrá implicaciones profundas en el mercado petrolero, ya que China no es sólo un importador masivo de crudo, sino que se encuentra también entre los cinco principales productores globales, detrás de Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudita y prácticamente empatada con Canadá» [7].

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Otro capítulo especial lo constituye el petróleo de esquisto (shale oil), del que China posee pletóricas reservas globales con un enorme potencial, según la muy sesgada EIA: 32 000 millones de barriles técnicamente recuperables.

¿Cómo responderá el presidente saliente Obama a las veleidades libertarias bursátiles de Rusia y China?

Por lo pronto, en el área del binomio ambiguo cuan confuso de "cooperación/confrontación" de Obama y el mandarín Xi, Estados Unidos ha levantado en forma alarmante el embargo de venta de armas a Vietnam [8], su antiguo enemigo, para confrontar a su nuevo rival: China.

Alfredo Jalife-Rahme
Fuente
La Jornada (México)

jueves, 19 de mayo de 2016

El petroyuan es la gran apuesta de Rusia y China


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Tras las sanciones económicas que Estados Unidos y la Unión Europea impusieron en contra de Rusia, Moscú y Pekín tejieron una poderosa mancuerna energética que ha transformado radicalmente el mercado mundial del petróleo. Además de incrementar sus intercambios de hidrocarburos de forma exponencial, ambas potencias orientales han decidido poner fin a la dominación del dólar en la fijación de precios del oro negro. El petroyuan es el instrumento de pagos de carácter estratégico que promete facilitar la transición a un sistema monetario multipolar, un sistema que tome en cuenta a varias divisas y que refleje la correlación de fuerzas del orden mundial actual.

 En lugar de humillar a Rusia, la ‘guerra económica’ que Washington y Bruselas han promovido les resultó contraproducente, pues solamente contribuyó a fortalecer la mancuerna energética entre Moscú y Pekín. Recordemos que en mayo de 2014 la empresa rusa Gazprom se comprometió a garantizar el suministro de gas a China por hasta 38 000 millones de metros cúbicos anuales durante las próximas tres décadas (a partir de 2018) mediante la firma de un contrato por 400 000 millones de dólares con la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) [1].

En la actualidad ambas potencias coordinan los trabajos de un ambicioso plan de proyectos estratégicos que lo mismo incluye la construcción de gasoductos y oleoductos, que la operación conjunta de refinerías y complejos petroquímicos de gran envergadura. Sin proponérselo, el acercamiento de Moscú con Pekín produjo profundas transformaciones en el mercado petrolero mundial a favor de Oriente, socavando dramáticamente la influencia de las petroleras occidentales.
Incluso Arabia Saudita, que hasta hace poco tiempo se mantenía como el principal abastecedor de petróleo del gigante asiático, ha sido vapuleada por la diplomacia del Kremlin. Mientras que desde el año 2011 las exportaciones petroleras de Arabia Saudita a China venían creciendo a un ritmo de 120 000 barriles por día, las de Rusia lo hicieron a una velocidad de 550 000 barriles diarios, es decir, casi cinco veces más rápido. De hecho, en 2015 las empresas rusas llegaron a superar en cuatro ocasiones las ventas de petróleo de sus homólogas sauditas a China: Riad se tuvo que conformar con ser el segundo proveedor de crudo de Pekín en mayo, septiembre, noviembre y diciembre [2].
Cabe destacar que los países que integran el núcleo europeo también han visto disminuida su cuota de mercado frente a la región asiática: Alemania por ejemplo, fue suplantada por China a finales de 2015 como la mayor compradora de petróleo ruso [3]. De este modo, los grandes inversionistas que operan en el mercado petrolero mundial apenas pueden dar crédito de cómo, en unos cuantos meses, el principal demandante (China) se convirtió en el cliente favorito del tercer mayor productor (Rusia). De acuerdo con el vicepresidente de Transneft (la empresa rusa encargada de la implementación de los oleoductos nacionales), Serguéi Andrónov, China está dispuesta a importar un volumen total de 27 millones de toneladas de petróleo de Rusia a lo largo de 2016 [4].
La alianza energética ruso-china se ha propuesto ir más lejos. Moscú y Pekín han hecho de sus intercambios de petróleo un canal de transición hacia un sistema monetario multipolar, esto es, uno que no esté basado únicamente en el dólar, sino que tome en cuenta a varias divisas y sobre todo, que refleje la correlación de fuerzas del orden mundial actual. Es que las sanciones económicas impuestas por Washington y Bruselas incentivaron a los rusos a eliminar el dólar y el euro de sus transacciones comerciales y financieras, pues de lo contrario, estarían demasiado expuestos a sufrir sabotajes en el momento de realizar operaciones de compra-venta con sus principales socios.
Por esa razón desde mediados de 2015 los hidrocarburos que China compra a Rusia se pagan en yuanes, ya no en dólares, información que ha sido confirmada por altos ejecutivos de Gazprom Neft, el brazo petrolero de Gazprom [5]. Esto incentiva el uso de la “moneda del pueblo” (‘renminbi’) en el mercado petrolero mundial a la vez que permite a Rusia neutralizar la ofensiva económica lanzada por Estados Unidos y la Unión Europea. Los cimientos de un nuevo orden financiero sustentado en el petroyuan están emergiendo: la moneda china se prepara para convertirse en el eje de los intercambios comerciales de Asia-Pacífico con las principales potencias petroleras.
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© David Manrique
Hoy en día Rusia realiza sus intercambios de petróleo con China en yuanes, en un futuro igual lo hará la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) una vez que China lo exija ¿O acaso el culto de Arabia Saudita por el dólar le hará perder a uno de sus principales clientes? [6] Otras potencias geoeconómicas ya han seguido los pasos de Rusia y China, pues han comprendido que para construir un sistema monetario más equilibrado, la ‘desdolarización’ de la economía mundial es una prioridad.
No menos importante es que tras el desplome de los precios del petróleo en más de 60% (desde mediados de 2014) los bancos chinos se han convertido en un soporte de financiamiento decisivo para las obras conjuntas de infraestructura energética. Por ejemplo, para poner en marcha cuanto antes el gasoducto ruso-chino ‘Fuerza de Siberia’, Gazprom solicitó a Bank of China un préstamo a cinco años por un monto equivalente a 2 000 millones de euros el pasado mes de marzo [7]. Es el crédito bilateral más grande que Gazprom ha contraído con una entidad financiera hasta la fecha. Otro ejemplo es el préstamo que China otorgó a Rusia hace unas semanas por un total de 12 000 millones de dólares para el proyecto Yamal GNL (de gas natural licuado) en la región del Ártico [8]. Evidentemente, la política exterior de Rusia en el rubro energético no padece aislamiento alguno, por el contrario, vive uno de sus mejores momentos gracias a China.
En conclusión, la hostilidad de los dirigentes de Estados Unidos y la Unión Europea contra el Gobierno de Vladímir Putin precipitó el fortalecimiento de la mancuerna energética ruso-china que a su vez, no hizo sino incrementar la preponderancia de Oriente en el mercado mundial de hidrocarburos. La gran apuesta de Moscú y Pekín es el petroyuan, el instrumento de pagos de carácter estratégico que tiene por delante el desafío de acabar con el dominio del dólar en la fijación de los precios del oro negro.
Fuente
Russia Today (Rusia)

martes, 29 de marzo de 2016

China, los precios de las materias primas y la especulación financiera

" la recesión en China está acelerando la caída en los precios"


Alejandro Nadal

Casi todos los análisis sobre la economía mundial y la evolución de la crisis coinciden en una cosa: la recesión en China está acelerando la caída en los precios de las mercancías básicas a escala mundial. La reducción en la demanda mundial debido a la crisis de 2007-08 ha provocado una caída en esos precios, pero hoy predomina la idea de que el freno en el crecimiento en China es el factor explicativo más importante de la caída en los precios de materias primas. La realidad es mucho más compleja.
Es cierto que la contracción económica a raíz de la crisis de 2007-2008 ha llevado a una reducción en los precios de las materias primas y productos básicos. Pero desde hace muchos años se ha popularizado la creencia de que China es la fuente principal de demanda de todo tipo de productos básicos, desde los agropecuarios hasta minerales y otros insumos intermedios. Las altísimas tasas de crecimiento del PIB en China han sido vistas tradicionalmente como el motor de la evolución de precios de estas materias primas y commodities.
Ahora que los precios de los commodities se han desplomado, es muy tentador concluir que la causa se encuentra en la fuerte contracción de la economía china. En efecto, sabemos que el PIB en China ha dejado de crecer a las tasas vertiginosas de hace unos años. Las fuentes oficiales señalan que el crecimiento en 2015 fue de 6.9 por ciento, pero nadie toma esa cifra en serio. Es mucho más probable que el crecimiento en 2015 haya sido de apenas 3 por ciento, lo que es una catástrofe para una economía como la china. Pero aún esta correlación entre el comportamiento del PIB en China y los precios de commodities es insuficiente para concluir que la evolución de la economía china es la causa principal del colapso de precios de los productos básicos.
El Banco Asiático de Desarrollo acaba de publicar un estudio sobre el impacto de la recesión en China sobre los precios de productos básicos. Uno de los resultados es que China ha sido casi auto-suficiente en el caso de muchos productos básicos. Además, China no desempeña un papel determinante en muchos mercados de productos básicos. Por ejemplo, la economía china apenas consume 12 por ciento del petróleo mundial y sólo 5 por ciento del gas natural que se produce en todo el mundo. La reducción del ritmo de actividad en China no puede explicar el cambio en las cotizaciones de estos productos (73 y 55 por ciento en los precios del petróleo y gas natural, respectivamente). Además, la política económica en China mantiene el objetivo de satisfacer 95 por ciento del consumo doméstico de productos agropecuarios (con excepción de la soya). Aunque no ha sido posible alcanzar esa meta, la producción interna en el sector agropecuario es muy importante (sólo 2 por ciento del arroz que se consume en China es importado).
En resumen, no todo el desplome de los precios de productos básicos en el mundo está siendo provocado por la recesión en China. Algo más debe estar sucediendo en la economía mundial.
Además de las presiones para exportar que provienen del exceso de capacidad instalada y del afán de consolidar posiciones en el mercado, el sector financiero también está jugando un papel importante en la reducción de precios de las materias primas y commodities. Muchos fondos de cobertura o hedge funds han ejercido presión en los mercados financieros para deprimir más esos precios.
La práctica de los fondos de cobertura gira alrededor de la venta en corto y la compra en largo (cuando se piensa que los precios van a continuar creciendo). Cuando los mercados de futuros involucran a los productores y comerciantes, una parte de esta especulación puede tener sentido. Pero cuando los agentes ya no están relacionados con las operaciones sustantivas de producción, transporte, comercialización y consumo, y cuando sólo buscan obtener ganancias a través de operaciones de arbitraje y de ventas en corto, todo cambia. Buscar explicar el movimiento del mercado financiero a través de explicaciones tradicionales es engañoso.
La financiarización de los mercados de materias primas y commodities ha incrementado la exposición de muchos agentes financieros en los mercados respectivos. Eso les ha llevado a colocar mayor presión sobre el precio de estos bienes: apostando a que los precios van a continuar cayendo, deciden vender en corto (eso hace que la oferta crezca y el precio efectivamente se reduzca). Esto está bien documentado en los casos del cobre y hasta del petróleo.
Y cuando los fondos de cobertura se convierten en la figura dominante, el mercado deja de ser un espacio económico, las operaciones ya no tienen que ver con hacer frente al riesgo y sólo responden a la especulación pura. El mercado se convierte en un casino y, como bien decía Keynes, la tarea de invertir productivamente no se va a llevar a cabo de manera adecuada.
Hoy el sector financiero, y en especial los fondos de cobertura, siguen desempeñando un papel fundamental en la evolución de la crisis.

Alejandro Nadal

Economista, es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.

Fuente: Sin Permiso

La Jornada, 23 de marzo 2016

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