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lunes, 27 de marzo de 2017

¿Existió alguna vez la “época dorada” del capitalismo?




Alejandro Nadal

En muchos círculos de todo el espectro político se habla de una época dorada del capitalismo. La referencia es al periodo que arranca con el Nuevo Trato impulsado por la administración Roosevelt durante los años de la gran depresión y termina hacia finales de la década de los años 1970.

Entre 1945 y 1970 la economía estadounidense experimentó un incremento sostenido en el ingreso promedio de la población y una expansión casi sin precedentes de la clase media. Casi todos los observadores concuerdan en que durante esos años se consolidó una especie de paz social en la que capital y trabajo convivieron para generar un auge económico sin precedente. Hoy la nostalgia por la época dorada hace soñar a muchos a lo largo de todo el espectro político.

Pero, ¿realmente existió esa “época dorada”? Es una pregunta importante y compleja. Nuestra visión sobre la evolución del capitalismo en los tiempos que corren depende de la respuesta. Los objetivos estratégicos de la acción política de partidos, sindicatos y todo tipo de organizaciones también están condicionados por ella. Para simplificar el análisis podemos hacer referencia en primer lugar a la economía de Estados Unidos. No es casualidad que la referencia geográfica para ese periodo de auge sea ese país pues en él nunca existió otra cosa que el modo de producción capitalista.

Para empezar hay que reconocer que entre 1945-1970 la economía de Estados Unidos efectivamente mantuvo altas tasas de crecimiento de manera sostenida. Y durante esos años se alcanzó algo muy cercano al pleno empleo y el crecimiento de los salarios fue constante. Por esos resultados se considera que fueron los años dorados del capitalismo, tanto en círculos conservadores como en espacios más críticos y hasta radicales.

Son muchos los factores que explican este proceso de crecimiento. Uno de ellos tiene que ver con las nuevas oportunidades de rentabilidad que se abrieron para la inversión. Otro se relaciona con el mantenimiento de una demanda agregada apuntalada por salarios que acompañaron los aumentos en productividad. La reproducción de la fuerza de trabajo pudo realizarse gracias a ese crecimiento de los salarios.

Por otra parte, las élites en Washington fueron muy hábiles para explotar la hegemonía estadounidense en la posguerra. En especial, el sistema de Bretton Woods ofreció ventajas singulares a la economía estadounidense al mantener una demanda constante de dólares. No fue sino hasta la primera mitad de la década de 1970 que el régimen de Bretton Woods se desintegró y Estados Unidos tuvo que inventar otro sistema para asegurar la demanda artificial de dólares. Eso lo logró a través de un acuerdo con Arabia Saudita para que sus ventas de petróleo se hicieran en dólares, pero esa es otra historia.

En las narrativas que hablan sobre la época dorada aparece un común denominador. Se dice que el régimen económico estuvo basado en una tregua entre capitalistas y trabajadores. El respiro en la lucha entre clases habría nacido con el Nuevo Trato de Roosevelt diseñado para afrontar los efectos de la gran depresión. Pero un análisis más detallado revela que la supuesta tregua no fue sino una guerra de posiciones y de preparación para la ofensiva final del capitalismo.

Al inicio de la depresión el movimiento sindical en Estados Unidos era débil. Pero entre 1937-1947 la membresía sindical se multiplicó por un factor de cinco y alcanzó los 15 millones de trabajadores. Entre 1945-1970 estallaron más de cien huelgas importantes en sectores estratégicos: estibadores, trabajadores ferroviarios y obreros industriales en diversas ramas. Una de las huelgas más importantes fue estallada a escala nacional por trabajadores de General Electric en 1946. De ahí nació en la empresa un modelo para promover negociaciones directas con los trabajadores a nivel individual y así marginar a sindicatos y organizaciones obreras.

Las estructuras empresariales nunca vieron con buenos ojos las políticas del Nuevo Trato. Para 1945 sus objetivos pasaron a la destrucción de las bases de la contratación colectiva y a la recuperación del control sobre el proceso de trabajo en talleres y fábricas. La guerra ideológica se llevó a las universidades a través de organizaciones que financiaron todo tipo de proyectos sobre las virtudes del libre mercado y los peligros del autoritarismo y la corrupción sindical. Al arrancar la guerra fría el capital buscó recuperar la hegemonía ideológica, al acusar al sindicalismo y a la intervención estatal de “acercarse al comunismo”. Al final de la década de los setenta, el movimiento sindical había comenzado a fragmentarse y debilitarse.

En síntesis, las condiciones económicas que dieron lugar a la llamada “época dorada” del capitalismo fueron excepcionales y no volverán a repetirse. La supuesta tregua entre capitalistas y trabajadores corresponde a una mala interpretación de los hechos. Hoy que estamos en plena crisis del neoliberalismo no hay que hacerse ilusiones sobre un pretendido regreso a una mítica época dorada del capitalismo.

Fuente: Sinpermiso

 

domingo, 15 de enero de 2017

El final del neoliberalismo “progresista”



Nancy Fraser

La elección de Donald Trump es una más de una serie de insubordinaciones políticas espectaculares que, en conjunto, apuntan a un colapso de la hegemonía neoliberal. Entre esas insubordinaciones, podemos mencionar, entre otras, el voto del Brexit en el Reino Unido, el rechazo de las reformas de Renzi en Italia, la campaña de Bernie Sanders para la nominación Demócrata en los EEUU y el apoyo creciente cosechado por el Frente Nacional en Francia. Aun cuando difieren en ideología y objetivos, esos motines electorales comparten un blanco común: rechazan la globalización gran-empresarial, el neoliberalismo y al establishment político que los ha promovido. En todos los casos, los votantes dicen “¡No!” a la letal combinación de austeridad, libre comercio, deuda predatoria y trabajo precario y mal pagado que resulta característica del actual capitalismo financiarizado. Sus votos son una respuesta a la crisis estructural de esta forma de capitalismo, crisis que saltó por primera vez a la vista de todos con la casi fusión del orden financiero global en 2008.

Sin embargo, hasta hace poco, la repuesta más común a esta crisis era la protesta social: espectacular y vívida, desde luego, pero de carácter harto efímero. Los sistemas políticos, en cambio, parecían relativamente inmunes, todavía controlados por funcionarios de partido y elites del establishment, al menos en los estados capitalistas poderosos como los EEUU, el Reino Unido y Alemania. Pero ahora las ondas electorales de choque reverberan por todo el planeta, incluidas las ciudadelas de las finanzas globales. Quienes votaron por Trump, como quienes votaron por el Brexit o contra las reformas italianas, se han levantado contra sus amos políticos. Burlándose de las direcciones de los partido, han repudiado el sistema que ha erosionado sus condiciones de vida en los últimos treinta años. Los sorprendente no es que lo hayan hecho, sino que hayan tardado tanto.

No obstante, la victoria de Trump no es solamente una revuelta contra las finanzas globales. Lo que sus votantes rechazaron no fue el neoliberalismo sin más, sino el neoliberalismo progresista. Esto puede sonar como un oxímoron, pero se trata de un alineamiento, aunque perverso, muy real: es la clave para entender los resultados electorales en los EEUU y acaso también para comprender la evolución de los acontecimientos en otras partes. En la forma que ha cobrado en los EEUU, el neoliberalismo progresista es una alianza de las corrientes principales de los nuevos movimientos sociales (feminismo, antirracismo, multiculturalismo y derechos de los LGBTQ), por un lado, y, por el otro, sectores de negocios de gama alta “simbólica” y sectores de servicios (Wall Street, Silicon Valley y Hollywood). En esta alianza, las fuerzas progresistas se han unido efectivamente con las fuerzas del capitalismo cognitivo, especialmente la financiarización. Aunque maldita sea la gracia, lo cierto es que las primeras prestan su carisma a este último. Ideales como la diversidad y el “empoderamiento”, que, en principio podrían servir a diferentes propósitos, ahora dan lustre a políticas que han resultado devastadoras para la industria manufacturera y para las vidas de lo que otrora era la clase media.

El neoliberalismo progresista se desarrolló en los EEUU durante estas tres últimas décadas y fue ratificado por el triunfo electoral de Bill Clinton en 1992. Clinton fue el principal ingeniero y portaestandarte de los “Nuevos Demócratas”, el equivalente estadounidense del “Nuevo Laborismo” de Tony Blair. En vez de la coalición del New Deal entre obreros industriales sindicalizados, afroamericanos y clases medias urbanas, Clinton forjó una nueva alianza de empresarios, suburbanitas, nuevos movimientos sociales y juventud: todos proclamando orgullosos su bona fides moderna y progresista, amante de la diversidad, el multiculturalismo y los derechos de las mujeres. Aun cuando la administración Clinton hizo suyas esas ideas progresistas, cortejó a Wall Street. Pasando el mando de la economía a Goldman Sachs, desreguló el sistema bancario y negoció tratados de libre comercio que aceleraron la desindustrialización. Lo que se perdió por el camino fue el Cinturón del Óxido, otrora bastión de la democracia social del New Deal y ahora la región que ha entregado el Colegio Electoral a Donald Trump. Esa región, junto con nuevos centros industriales en el Sur, recibió un duro revés cuando la financiarización más desatada campó a sus anchas en el curso de las pasadas dos décadas. Continuadas por sus sucesores, incluido Barak Obama, las políticas de Clinton degradaron las condiciones de vida de todo el pueblo trabajador, pero especialmente de los empleados en la producción industrial. Para decirlo sumariamente: Clinton tiene una pesada responsabilidad en el debilitamiento de las uniones sindicales, en el declive de los salarios reales, en el aumento de la precariedad laboral y en el auge de las familias con dos ingresos que vino a substituir al difunto salario familiar.

Como sugiere esto último, al asalto a la seguridad social le dio lustre un barniz de carisma emancipatorio prestado por los nuevos movimientos sociales. Durante todos los años en los que los se abría un cráter tras otro en su industria manufacturera, el país estaba animado y entretenido por una faramalla de “diversidad”, “empoderamiento” y “no-discriminación”. Identificando “progreso” con meritocracia en vez de igualdad, con esos términos se equiparaba la “emancipación” con el ascenso de una pequeña elite de mujeres “talentosas”, minorías y gays en la jerarquía empresarial del quien-gana-se-queda-con-todo, en vez de con la abolición de esta última. Esa comprensión liberal-individualista del “progreso” vino gradualmente a reemplazar a la comprensión anticapitalista –más abarcadora, antijerárquica, igualitaria y sensible a la clase social— de la emancipación que había florecido en los años 60 y 70. Cuando la Nueva Izquierda menguó, su crítica estructural de la sociedad capitalista se marchitó, y el esquema mental liberal-individualista tradicional del país se reafirmó a sí mismo al tiempo que se contraían las aspiraciones de los “progresistas” y de los sedicentes izquierdistas. Pero lo que selló el acuerdo fue la coincidencia de esta evolución con el auge del neoliberalismo. Un partido inclinado a liberalizar la economía capitalista encontró su compañero perfecto en un feminismo empresarial centrado en la “voluntad de dirigir” del leaning in o en “romper el techo de cristal”.

El resultado fue un “neoliberalismo progresista”, amalgama de truncados ideales de emancipación y formas letales de financiarización. Fue esa amalgama la que desecharon in toto los votantes de Trump. Prominentes entre los dejados atrás en este bravo mundo cosmopolita eran los obreros industriales, desde luego, pero también ejecutivos, pequeños empresarios y todos quienes dependían de la industria en el Cinturón Oxidado y en el Sur, así como las poblaciones rurales devastadas por el desempleo y la droga. Para esas poblaciones, al daño de la desindustrialización se añadió el insulto del moralismo progresista, que se acostumbró a considerarlos culturalmente atrasados. Rechazando la globalización, los votantes de Trump repudiaban también el liberalismo cosmopolita identificado con ella. Algunos –no, desde luego, todos, ni mucho menos— quedaron a un paso muy corto de culpar del empeoramiento de sus condiciones de vida a la corrección política, a las gentes de color, a los inmigrantes y los musulmanes. A sus ojos, las feministas y Wall Street eran aves de un mismo plumaje, perfectamente unidas en la persona de Hillary Clinton.

Lo que hizo posible esa combinación fue la ausencia de cualquier izquierda genuina. A pesar de arrebatos periódicos como Occupy Wall Street, que se rebeló efímero, no ha habido una presencia sostenida de la izquierda en los EEUU desde hace varias décadas. Ni se ha dado aquí una narrativa abarcadora de izquierda que pudiera vincular los legítimos agravios de los votantes de Trump con una crítica efectiva de la financiarización, por un lado, y con la visión antirracista, antisexista y antijerárquica de la emancipación, por el otro. Igualmente devastador resultó que se dejaran languidecer los potenciales vínculos entre el mundo del trabajo y los nuevos movimientos sociales. Divorciados el uno del otro, estos indispensables polos de cualquier izquierda viable se alejaron indefinidamente hasta llegar a parecer antitéticos.

Al menos hasta la notable campaña de Bernie Sanders en las primarias, que bregó por unirlos luego del relativo pinchazo de la consigna “Las Vidas Negras Cuentan”. Haciendo estallar el sentido común neoliberal reinante, la revuelta de Sanders fue, en el lado Demócrata, el paralelo de Trump. Así como Trump logró dar el vuelco al establishment Republicano, Sanders estuvo a un pelo de derrotar a la sucesora ungida por Obama, cuyos apparatchiks controlaban todos y cada uno de los resortes del poder en el Partido Demócrata. Entre ambos, Sanders y Trump, galvanizaron una enorme mayoría del voto norteamericano. Pero sólo el populismo reaccionario de Trump sobrevivió. Mientras que él consiguió deshacerse fácilmente de sus rivales Republicanos, incluidos los predilectos de los grandes donantes de campaña y de los jefes del Partido, la insurrección de Sanders  fue frenada eficazmente por un Partido Demócrata mucho menos democrático. En el momento de la elección general, la alternativa de izquierda ya había sido suprimida. La opción que quedaba era un tómalo o déjalo entre el populismo reaccionario y el neoliberalismo progresista: elijan el color que quieran, mientras sea negro. Cuando la sedicente izquierda cerró filas con Hillary, la suerte estaba echada.

Sin embargo, y de ahora en más, este es un dilema que la izquierda debería rechazar. En vez de aceptar los términos en que las clases políticas nos presentan el dilema que opone emancipación a protección social, lo que deberíamos hacer es trabajar para redefinir esos términos partiendo del vasto y creciente fondo de revulsión social contra el presente orden. En vez de ponernos del lado de la financiarización-cum-emancipación contra la protección social, lo que deberíamos hacer es construir una nueva alianza de emancipación y protección social contra la finaciarización. En ese proyecto, que construiría sobre terreno preparado por Sanders, emancipación no significa diversificar la jerarquía empresarial, sino abolirla. Y prosperidad no significa incrementar el valor de las acciones o el beneficios empresarial, sino la base de partida de una buena vida para todos. Esa combinación sigue siendo la única respuesta de principios y ganadora en la presente coyuntura.

En lo que a mí hace, no derramé ninguna lágrima por la derrota del neoliberalismo progresista. Es verdad: hay mucho que temer de una administración Trump racista, antiinmigrante y antiecológica. Pero no deberíamos lamentar ni la implosión de la hegemonía neoliberal ni la demolición del clintonismo y su tenaza de hierro sobre el Partido Demócrata. La victoria de Trump significa una derrota de la alianza entre emancipación y financiarización. Pero esta presidencia no ofrece solución ninguna a la presente crisis, no trae consigo la promesa de un nuevo régimen ni de una hegemonía segura. A lo que nos enfrentamos más bien es a un interregno, a una situación abierta e inestable en la que los corazones y las mentes están en juego. En esta situación, no sólo hay peligros, también oportunidades: la posibilidad de construir una nueva Nueva Izquierda.

Mucho dependerá en parte de que los progresistas que apoyaron la campaña de Hillary sean capaces de hacer un serio examen de conciencia. Necesitarán librarse del mito, confortable pero falso, de que perdieron contra una “panda deplorable” (racistas, misóginos, islamófobos y homófobos) auxiliados por Vladimir Putin y el FBI. Necesitarán reconocer su propia parte de culpa al sacrificar la protección social, el bienestar material y la dignidad de la clase obrera a una falsa interpretación de la emancipación entendida en términos de meritocracia, diversidad y empoderamiento. Necesitarán pensar a fondo en cómo podemos transformar la economía política del capitalismo financiarizado reviviendo el lema de campaña de Sanders –“socialismo democrático”— e imaginando qué podría ese lema significar en el siglo XXI. Necesitarán, sobre todo, llegar a la masa de votantes de Trump que no son racistas ni próximos a la ultraderecha, sino víctimas de un “sistema fraudulento” que pueden y deben ser reclutadas para el proyecto antineoliberal de una izquierda rejuvenecida.

Eso no quiere decir olvidarse de preocupaciones acuciantes sobre el racismo y el sexismo. Pero significa molestarse en mostrar de qué modo esas inveteradas opresiones históricas hallan nuevas expresiones y nuevos fundamentos en el capitalismo financiarizado de nuestros días. Rechazando la idea falsa, de suma cero, que dominó la campaña electoral, deberíamos vincular los daños sufridos por las mujeres y las gentes de color con los experimentados por los muchos que votaron a Trump. Por esa senda, una izquierda revitalizada podría sentar los fundamentos de una nueva y potente coalición comprometida a luchar por todos.



Nancy Fraser es una profesora de filosofía y política en la New School for Social Research de Nueva York. Su último libro: Fortunes of Feminism: From State-Managed Capitalism to Neoliberal Crisis (Londres, Verso, 2013).
Fuente:
https://www.dissentmagazine.org/online_articles/progressive-neoliberalism-reactionary-populism-nancy-fraser
Traducción: María Julia Bertomeu



jueves, 27 de octubre de 2016

27 DE OCTUBRE 1962 – 2016







UNA FECHA PARA LA HISTORIA



El 27 de octubre de 1962 fue sábado y aunque no muy conscientemente, los españoles palpaban el miedo, el temor de la guerra.
En aquellos momentos sobre las templadas aguas del mar caribe, un convoy de mercantes rusos encabezados por el transporte especial “Poltava” y protegido por la “flota Oceánica Soviética”, llevaba hacia Cuba un equipo completo de misiles de alcance medio, destinados a proteger la isla de un posible segundo intento de invasión similar al de Bahía de Cochinos de 1961.
El presidente John Kennedy directamente aconsejado por el entonces comandante de la fuerza aérea general Curtis Le May, típico representante del belicismo, ordenó a la flota americana del atlántico interceptar la expedición rusa, bajo amenaza del empleo directo de la fuerza, ello significaba la “guerra mundial” con armamento nuclear.
Tras cinco horas de durísimas negociaciones entre el Kremlin y La Casa Blanca, Nikita Kruschov, ordenó con gran dolor el viraje de la expedición y su regreso a los puertos soviéticos.
En la noche de Madrid se dio la curiosa situación de que, en el descanso de la sesión nocturna de los cines, se anunció por megafonía la evitación al menos momentánea, del comienzo de la guerra, todo un acontecimiento.
El 27 de octubre de 2016, los mismos actores principales se enfrentan en el aire y el mar de un modo bastante más difuso que hace 54 años, pero cada vez más peligroso. La Humanidad sigue amenazada por la “bomba atómica” que se estrenó en 1945.
¿Hacia dónde caminamos?, Rusia aparece como estado-nación ya sin la cobertura ideológica que tenía en 1962 y Estados Unidos sigue representando su mismo pensamiento liberal.
Se dice muchas veces el viejo aforismo de que “olvidar la historia, trae el peligro de repetirla”.
Ese parece ser el camino a que nos está llevando la “gran desmemoria mundial”, no sabemos cómo se anunciaría la tregua prebélica, entonces se trataba del dominio de los mares calientes, ahora, parece ser, que en el fondo de las cosas se halla el deseo estadounidense de cortar de raíz el renacimiento de la ruta de la seda, donde a diferencia del tiempo pasado aparece junto a Rusia la nueva y al mismo tiempo milenaria, gran Potencia China, este es y no las ficciones de las series televisivas, el verdadero siglo XXI.


José Ramón Montes - GatoNegro

domingo, 29 de mayo de 2016

La guerra contra la Historia, una campaña de la OTAN a largo plazo


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La OTAN es una alianza que existe desde tiempos inmemoriales, que liberó Europa del nazismo y nos protege del aterrador oso ruso. Al menos eso es lo que quieren hacernos creer. Como la verdad histórica es muy diferente, la alianza atlántica trata de reescribirla. Tarea a largo plazo y de oscuras consecuencias.




Alerte: Cuando ya habíamos publicado este artículo en otros idiomas, su autor fue encarcelado, según indica el coordinador de los servicios secretos de Polonia.

Varsovia acogerá la cumbre de jefes de Estado y de gobierno de la OTAN, que realizarán una reunión del Consejo del Atlántico Norte los días 8 y 9 de julio de 2016. Esta 25ª cumbre de la alianza atlántica desarrollaría el acuerdo concluido en 2014 en Newport. Se tratará principalmente de instalar en el este de Europa la Fuerza de Acción Rápida para defender el flanco oriental de la alianza. El ministro polaco de Relaciones Exteriores, Witold Waszczykowski, ya anunció que durante esa cumbre se anunciará la instalación de bases militares permanentes de Estados Unidos y la OTAN en territorio polaco.
Se prevé la presencia de 2 500 participantes y de 1 500 periodistas extranjeros. El estadio nacional, en pleno centro de Varsovia, ha sido puesto al servicio de este acontecimiento. Se han reforzado todas las medidas de seguridad, tanto para enfrentar posibles amenazas terroristas como para evitar las manifestaciones anunciadas por varios partidos que se oponen a la realización de esa cumbre.
Paralelamente a la preparación de ese encuentro, se ha desarrollado una intensa campaña de prensa cuyo principal objetivo es exacerbar el miedo a las acciones y planes supuestamente agresivos de Rusia. La guerra contra la memoria forma parte de esta campaña a largo plazo. Es importante reconocer aquí que la reevaluación de los hechos históricos y la negación del papel de la Unión Soviética en la gran victoria de 1945 tienen cierto basamento histórico en los países bálticos y Rumania. Es por eso que los autores de la «historia» de la OTAN se refieren, lo más a menudo posible, directamente a los movimientos locales que colaboraron con la ocupación nazi, presentando sus acciones como ejemplos de la «lucha por la independencia» contra la Unión Soviética.
Esto se ve de manera muy diferente en Polonia, donde resulta bastante difícil encontrar respaldo para la tesis que afirma que la liberación no salvó al pueblo polaco del genocidio hitleriano. La revisión de la historia moderna se ha coordinado aquí con organismos públicos como el «Instituto Polaco de la Memoria Nacional». Todas estas actividades apuntan a evitar la disonancia cognitiva, de tal manera que la población del este de Europa no pueda ver los monumentos que recuerdan que el Ejército Rojo liberó esa parte del continente de la ocupación nazi. El objetivo es imponer la idea de que es Rusia el eterno enemigo y agresor.
La revisión de la percepción misma de los hechos históricos es parte de esa guerra a largo plazo, constituye un proyecto bastante complejo y es un objetivo imposible de alcanzar en sólo los 2 meses que preceden la celebración de la cumbre de la OTAN. Pero es posible realizar otros esfuerzos en ese sentido.
En el marco de la guerra mediática, los medios de difusión del este de Europa publican constantemente documentos sobre el despliegue de armamento nuclear en la región de Kaliningrado y presentan la existencia de esa región como territorio de la Federación Rusa como si representara una amenaza para la existencia misma de los países vecinos. Un papel similar le otorgan esos medios, en el flanco sur, al territorio conocido como Transnistria. O sea, utilizan a Kaliningrado para atemorizar a los pueblos bálticos y a los polacos y hacen lo mismo con la Transnistria para espantar a los rumanos y, en menor medida, a los búlgaros en la escalada de percepción de la supuesta amenaza rusa.
La guerra mediática se desarrolla de forma sistemática y profesional. Todo comenzó con la necesidad de preparar a la opinión para el despliegue de sistemas [estadounidenses] de «defensa» antimisiles en el este de Europa.
Con el proceso de normalización de las relaciones entre Occidente e Irán, los responsables de las relaciones publicas de la OTAN se han visto finalmente obligados a reconocer que sus sistemas de misiles están destinados exclusivamente a enfrentar la imaginaria «amenaza rusa».
Polonia está tratando de desempeñar un papel de primer plano en la carrera armamentista emprendida en las zonas del norte y del Báltico, del este de Europa. Por su parte, Rumania trata de tomar la iniciativa alrededor del Mar Negro. Pero eso le resulta especialmente difícil en la medida en que Turquía ha estado actuando allí como jefe de la coalición anti-rusa desde hace un semestre. Y se trata de la misma Turquía que ya ha mostrado ciertas ambiciones geopolíticas.
Bucarest está tratando, sin embargo, de utilizar la total ausencia de confianza de Washington hacia Recep Tayyip Erdogan para prestar otros servicios al Pentágono. La iniciativa planteada por el ministro rumano de Defensa, Mihnea Motoc, para crear en el Mar Negro una flota militar con la participación de la OTAN, que estaría representada en esa fuerza naval por Estados que no son aún miembros de esa alianza –Ucrania y Georgia–, forma parte de esa maniobra.
La preparación de la cumbre ha sido cuidadosamente supervisada por el Departamento de Estado estadounidense. El adjunto de John Kerry, Anthony Blinken, visitó cierto número de países del este de Europa y las conversaciones que sostuvo con sus colegas de esos países giraban alrededor de un solo punto: los antiguos miembros del bloque del este deberían apoyar sin reservas la posición de Washington durante la cumbre, en particular en lo tocante al dispositivo que la OTAN está construyendo en su flanco oriental y su financiamiento por los presupuestos nacionales.
Blinken afirmó que Rusia tiene intenciones de provocar a las fuerzas de la OTAN antes de la cumbre. Como prueba de su afirmación mencionó las patrullas de la fuerza aérea rusa sobre el Mar Báltico. Pero evitó mencionar que lo que dio lugar al patrullaje ruso es la presencia allí de navíos de guerra estadounidenses que probablemente violan el Tratado INF [1]. Según los estadounidenses, es mejor no mencionar ese punto en el marco de la guerra mediática.
Blinken ha arreglado las cosas de manera tal que el presidente de Estados Unidos se sienta a gusto en la capital polaca. Para crear el mejor ambiente posible para la cumbre, Varsovia ha prohibido la realización de cualquier tipo de manifestación durante ese encuentro, agitando para ello –claro está– el argumento antiterrorista.
Todo eso se ha hecho para garantizar la comodidad del amo de la nueva Europa proestadounidense. Pero los gastos oficiales del ministerio polaco de Defensa vinculados a la organización de esa cumbre se elevarán a 40 millones de dólares, información que podría convertirse en fuente de malestar y llevar al pueblo polaco a acrecentar la tensión durante la cumbre.
[1] «Escalada nuclear en Europa», por Manlio Dinucci, Il Manifesto (Italia) ,Red Voltaire, 20 de abril de 2016.
Mateusz Piskorski
Mateusz PiskorskiDirector del Centro Europeo de Análisis Geopolítico (Varsovia).


domingo, 3 de abril de 2016

La agencia de noticias Associated Press colaboró con la propaganda de Hitler


Un libro de propaganda de Hitler, subastado en Estados Unidos en 2014.

Un libro de propaganda de Hitler, subastado en Estados Unidos en 2014. ASSOCIATED PRESS


The Guardian - Philip Oltermann (Berlín)

Una historiadora alemana desvela que la agencia estadounidense AP distribuía materiales producidos y seleccionados por el Ministerio de Propaganda nazi

"Qué hechos se mostraban y cuáles se mantenían invisibles se decidía en función de los intereses alemanes y de la narrativa alemana de la guerra", afirma la historiadora

Las revelaciones cuestionan la relación de la agencia con regímenes totalitarios actuales como Corea del Norte, donde AP fue la primera agencia extranjera en abrir una delegación en 2012

La agencia de noticias Associated Press (AP) mantuvo una cooperación formal con el régimen de Hitler en los años 30, mediante la cual proporcionaba a los periódicos estadounidenses materiales producidos y seleccionados directamente por el Ministerio de Propaganda nazi. Lo han revelado unos archivos descubiertos por una historiadora alemana.

Cuando el Partido Nazi tomó el poder en Alemania en 1933, uno de sus primeros objetivos fue llevar a su terreno no solo a la prensa nacional, sino también a la internacional. En un año prohibió the Guardian, y en 1935 ya había obligado incluso a las grandes agencias anglosajonas como Keystone y Wide World Photos a cerrar sus oficinas tras ser atacadas por dar trabajo a periodistas judíos.

Associated Press, que se ha descrito a sí misma como "Cuerpo de marines del periodismo, siempre los primeros en entrar y los últimos en salir", fue la única agencia de noticias occidental a la que le permitieron seguir trabajando en la Alemania de Hitler, y siguió en funcionamiento hasta que Estados Unidos entró en la guerra en 1941. Se encontró por tanto en la presuntamente rentable situación de ser el canal principal para la difusión de información e imágenes del Estado totalitario.

En un artículo publicado en la revista académica Studies in Contemporary History, la historiadora Harriet Scharnberg explica que AP solo pudo mantener su acceso al país entrando en un sistema de cooperación con el régimen nazi beneficioso para ambas partes. La agencia, radicada en Nueva York, cedió control de su producto al aceptar la denominada  Schriftleitergesetz (ley de censura), mediante la cual se comprometía a no publicar ningún material "calculado para debilitar la fortaleza del Reich en el extranjero o dentro del país".

Esta ley obligaba a AP a contratar a periodistas que también trabajaban para la división de propaganda del partido nazi. Uno de los cuatro fotógrafos empleados por la agencia en los años 30, Franz Roth, era miembro de la unidad de propaganda de las SS, cuyos fotógrafos elegía Hitler personalmente. AP ha eliminado las fotos de Roth de su web desde que Scharnberg publicó su estudio, aunque las imágenes de vista previa siguen visibles por "problemas de software".

La agencia estadounidense también permitió al régimen nazi usar su archivo fotográfico para su virulenta propaganda antisemita. Entre las publicaciones ilustradas con fotos de AP está el exitoso panfleto de las SS  Der Untermensch ( Los subhumanos) y el folleto  Los judíos en EEUU, que buscaba demostrar la decadencia de los estadounidenses judíos con una foto del alcalde de Nueva York, Fiorello LaGuardia, comiendo con las manos.

Fotos seleccionadas directamente por Hitler
El descubrimiento, que llega poco antes del 170º aniversario de Associated Press que se celebrará en mayo, plantea interrogantes complejos no solo sobre el papel que jugó AP al permitir a la Alemania nazi ocultar su verdadera cara durante los primeros años de Hitler en el poder, sino también sobre la relación de la agencia con los regímenes totalitarios contemporáneos.

Aunque el acuerdo con AP permitió a Occidente asomarse a una sociedad represiva que quizá de otro modo habría estado totalmente escondida –el corresponsal en Berlín Louis P. Lochner ganó por ello un premio Pulitzer en 1939–, también dejó que los nazis taparan algunos de sus crímenes. Scharnberg, historiadora de la universidad Martín Lutero de Halle, considera que la cooperación de la agencia con el régimen de Hitler permitió a los nazis "mostrar una guerra de exterminio como una guerra convencional".

En junio de 1941, las tropas nazis invadieron la ciudad de Lviv, en el oeste de Ucrania. Al descubrir muestras de asesinatos masivos perpetrados por las tropas soviéticas, las fuerzas de ocupación alemanas organizaron matanzas de "venganza" contra la población judía de la ciudad. Las fotos de Franz Roth de los cadáveres en las prisiones de Lviv fueron seleccionadas bajo las órdenes personales de Hitler y enviadas a la prensa estadounidense a través de AP.

Imagen del panfleto de las SS 'Der Untermensch' (Los subhumanos)
Página del panfleto de las SS 'Der Untermensch' (Los subhumanos)


"En lugar de imprimir fotos de las matanzas de Lviv de miles de víctimas judías, que duraron días, a los periódicos americanos solo les llegaban imágenes de las víctimas de la Policía soviética y de los 'salvajes' criminales de guerra del Ejército Rojo", valora Scharnberg en declaraciones a the Guardian. "Por eso es justo decir que esas fotos ayudaron a esconder el verdadero carácter de la guerra librada por los alemanes", añade. "Qué hechos se mostraban y cuáles se mantenían invisibles en el suministro de imágenes de AP se decidía en función de los intereses alemanes y del relato alemán de la guerra".

A raíz de estas acusaciones, AP ha afirmado en un comunicado que el estudio de Scharnberg "describe a personas individuales y sus actividades antes y durante la guerra que eran desconocidas para AP", y que actualmente está revisando documentos de sus archivos y de otras fuentes para "ampliar nuestros conocimientos sobre esa época".

Un portavoz de la agencia estadounidense ha declarado a the Guardian: "Mientras seguimos investigando el asunto, AP rechaza cualquier idea de que 'colaborase' deliberadamente con el régimen nazi. Una descripción precisa es decir que AP y otros medios de comunicación extranjeros estaban sujetos a intensas presiones del régimen nazi desde la llegada de Hitler al poder en 1932 hasta la expulsión de la agencia de Alemania en 1941. La dirección de AP resistió a la presión mientras trabajaba para recopilar noticias precisas, necesarias y objetivas en un momento oscuro y peligroso".

Dudas sobre la relación entre AP y Corea del Norte
El nuevo descubrimiento podría interesar solo a los historiadores, si no fuera porque la relación de la agencia con los regímenes totalitarios vuelve a ser cuestionada. Desde enero de 2012, cuando AP se convirtió en la primera agencia de noticias extranjera en abrir una delegación en Corea del Norte, se han planteado dudas reiteradamente sobre la neutralidad de la información producida en sus oficinas de Pyongyang.

En 2014, la web NK News, radicada en Washington, afirmó que en 2011, altos ejecutivos de la agencia "aceptaron distribuir propaganda de Corea del Norte producida por el Estado bajo el nombre de AP" para conseguir acceso al muy rentable mercado de la distribución de material fotográfico del país totalitario. La República Popular Democrática de Corea es el penúltimo país en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras.

Un borrador de acuerdo filtrado mostró que AP parecía estar dispuesta a dejar que la Agencia Central de Noticias de Corea (KCNA) eligiese a un periodista de texto y a un fotoperiodista de su departamento de agitación y propaganda para trabajar en la delegación de la agencia estadounidense. AP manifestó a the Guardian que "sería atrevido dar por hecho que 'el borrador' es significativo", pero declinó desvelar información adicional sobre el acuerdo final.

Algunos hechos relevantes, de los que informaron los medios internacionales, no fueron cubiertos por la delegación de AP en Pyongyang. Es el caso de la desaparición pública durante seis semanas del líder Kim Jong-un entre septiembre y octubre de 2014, del hackeo a Sony Entertainment en noviembre de 2014 que supuestamente organizó una agencia de "guerrilla digital" norcoreana y de las informaciones sobre una hambruna en la provincia de Hwanghae del Sur en 2012.

Cuando la agencia de noticias francesa AFP firmó un acuerdo para abrir una delegación en Pyongyang en enero de este año, el exdelegado de AP en esa ciudad Jean Lee lo consideró una señal de la "mayor confianza" del régimen "en su capacidad de mantener a los periodistas extranjeros bajo control". El portavoz de la agencia estadounidense niega que esta se haya sometido a la censura: "No enviamos nuestras informaciones a la KCNA ni a ninguna autoridad gubernamental antes de publicarlas. Al mismo tiempo, las autoridades son libres de concedernos o denegarnos accesos o entrevistas".

Nate Thayer, la antigua corresponsal de AP en Camboya que publicó el borrador de acuerdo filtrado, declara a the Guardian: "Parece que la agencia ha aprendido muy poco de su propia historia. Asegurar, como ellos hacen, que Corea del Norte no controla sus informaciones es absurdo. Es natural argumentar que cualquier acceso a países reservados es importante. Pero, a fin de cuentas, es relevante decir a tus lectores que lo que estás contando está basado en fuentes independientes y neutrales".

Traducción de  Jaime Sevilla Lorenzo

Fuente: Diario.es

sábado, 26 de marzo de 2016

Daesh, historia de una palabra proscrita en el 'califato'



Milicianos del autodenominado Estado Islámico, en una imagen de archivo. REUTERS

Milicianos del autodenominado Estado Islámico, en una imagen de archivo. REUTERS



ISIS, ISIL, EI, IS... son varias las formas de referirse a este Ejército de yihadistas que controla parte de Siria e Irak y tiene a Oriente Próximo y a Europa atemorizados.
¿Por qué los líderes políticos rechazan llamarle Estado Islámico?



JAIRO VARGAS

@JairoExtre

MADRID.- El Estado Islámico nació en 1999 en Jordania. Aunque la organización terrorista todavía tenía que pasar por varios hitos, cambios de líderes, nombres y áreas de influencia. El grupo de combatientes inicial fue bautizado como Jamaa al-Tawhid wal-Jihad y estaba liderado por el yihadista jordano-palestino Abu Musab al Zarqawi.
Fue Al Zarqawi quién convirtió ese incipiente reducto de fundamentalistas armados, muchos veteranos yihadistas que batallaron contra los ejércitos soviéticos en Afganistán, en una filial de Al Qaeda. En el polvorín del conflicto afgano, primero, e iraquí, después, se fortalecieron y en 2004 ya pasaron a conocerse como Al Qaeda en Irak.

Abu Musab al Zarqawi, fallecido líder de Al Qaeda en Irak.
Abu Musab al Zarqawi, fallecido líder de Al Qaeda en Irak.


La muerte del Al Zarqawi en un bombardeo americano en 2006 marcaría el mayor giro de la organización. Abu Bakr al Baghdadi, quien hoy es el califa del autoproclamado Estado Islámico, se hizo con las riendas de la filial de Al Qaeda en Irak. No tardaría mucho en comenzar a romper vínculos con la hasta entonces mayor red terrorista mundial, impulsada por Osama bin Laden, que en ese momento ya lideraba el egipcio Aymán al Zawahiri.


Ese mismo año, el grupo terrorista de Al Baghdadi pasa a denominarse ISI, siglas en inglés de Estado Islámico de Irak. Su objetivo no era ser una célula terrorista más de Al Qaeda, sino consolidar un auténtico estado, con territorio real, regido por una interpretación radical de la ley islámica aprovechando el descontento social y el maltrato de las autoridades chiíes, impuestas por EEUU.
El estallido de la guerra en Siria, en 2011, fue la oportunidad perfecta de extender su ámbito de influencia. Oleadas de combatientes iraquíes del ISI llegaron al país de Al Asad y se hicieron con el control de una importante parte. En 2013, con el control de grandes ciudades sirias, ISI pasó a denominarse Estado Islámico de Irak y al Sham.
Al Sham define en árabe a un territorio histórico del califato que incluye también Líbano, Jordania y Palestina, conocido popularmente en inglés como el Levante islámico. Así fue cómo se acuñó el nombre de ISIL (Estado Islámico de Irak y Levante). Tras las conquistas en Siria y los avances en Irak, sobre todo con la toma de la ciudad de Mosul, Al Baghdadise erige como máximo líder religioso y político con un discurso grabado y difundido desde la mezquita de Mosul, en 2014. En ese momento rompe definitivamente los lazos con Al Qaeda y se declara califa soberano de los territorios controlados en Irak y Siria. Ya se llaman definitivamente Estado Islámico (EI), en árabe.



El autoproclamado califa del Estado Islámico, Abu Bakr al Baghdadi, durante su discurso en la mezquita de Mosul en 2014.

El autoproclamado califa del Estado Islámico, Abu Bakr al Baghdadi, durante su discurso en la mezquita de Mosul en 2014.

Daesh, las iniciales que forman un insulto

La autoproclamación de Al Baghdadi como jefe religioso y político supremo de un Estado Islámico desata el malestar entre otros países islamistas. Es entonces cuando comienza a popularizarse el término Daesh, acrónimo árabe del inicial nombre ISIL (Al Dawla al Islamiya al Iraq al Sham). Los primeros en acuñarlo como término despectivo para referirse al EI son las autoridades iraquíes, que mantienen una encarnizada lucha contra los terroristas y sufren severas derrotas.
Pero no son los únicos. Daesh, dependiendo del contexto, es una palabra en sí misma que engloba varios significados, según han explicado diferentes traductores. Una acepción hace referencia a "algo que aplastar o pisotear". También significa "intolerante" o "aquel que siembra la discordia". El término comenzó a utilizarse también entre la población civil del autoproclamado califato, y es conocida la preocupación del Estado Islámico por erradicarla del vocabulario popular. Latigazos y otros castigos ejemplares como la amputación de la legua son algunas de las penas que las autoridades del EI han llegado a imponer a quienes escuchaban pronunciar esa palabra.


Una manifestación en favor del Estado Islámico en una ciudad Siria.

Una manifestación en favor del Estado Islámico en una ciudad Siria.

La negativa a aceptar a una organización terrorista como soberana de un territorio, aunque sea así de facto, dio lugar a la campaña de desprestigio del EI, y tras la captación de yihadistas creciente en Europa y los ataques a varias ciudades del corazón de viejo continente, ha dado un salto en el plano político e internacional.
Fue tras los atentados de París de noviembre de 2015 cuando el presidente francés,François Hollande, se dirigió a una nación en shock para anunciar la "guerra contra el terrorismo del Daesh". "Es un acto de guerra cometido por el Daesh", dijo en televisión. Estado Islámico, nombre oficial acuñado por los terroristas, ha sido paulatinamente sustituido por el de Daesh.
El ministro del Interior español en funciones, Jorge Fernández Díaz, también se refiere públicamente a los yihadistas con este nombre. "El Daesh ha declarado la guerra a todo el mundo civilizado. El presidente (francés) ha dicho, y estamos todos de acuerdo, que no es una guerra de religiones. Los países musulmanes están sufriendo atentados terribles y no hay ningún continente en el que no haya países que han sido víctimas del Daesh. Es una guerra de la barbarie contra la civilización. Por eso está la coalición anti-Daesh prevé en función de sus capacidades y de acuerdo con la legalidad internacional y con el consenso en el ámbito de la UE...".
Desde la UE también es frecuente encontrar la palabra en informes y declaraciones institucionales y el término ISIS o Estado Islámico va desapareciendo de los titulares de prensa en favor del ofensivo. Como palabra de propaganda está funcionando, de ahí que varios diarios, sobre todo británicos, se nieguen a referirse a los militantes del califato como Daesh, precisamente porque es lo que recomiendan infinidad de Gobiernos.

Fuente: Público.es

miércoles, 2 de diciembre de 2015

La Tercera Guerra Mundial

 

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Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

No es descabellado hablar de Tercera Guerra Mundial, no porque lo diga el Papa Francisco, sino porque hay que remitirse a los hechos. Los principales conflictos que se viven en Oriente Próximo, África subsahariana y del norte, en el Cáucaso, y en el centro y sur de Asia, tienen mucho que ver con la denominada Guerra contra el terror, o así la denominan los que dicen combatir el terrorismo.

A este respecto, un dato esclarecedor, en 2012, el Department of Peace and Conflict Research (Uppsala University), contabilizaba 33 conflictos armados, con datos de 2014, señala la existencia de 41. Un aumento que tiene que ver con el auge de conflictos en los que una de las partes es considerada terrorista por las partes contrarias.

Pero la palabra terrorismo tiene difícil definición, al menos Naciones Unidas no ha sido capaz hasta el momento de ponerse de acuerdo sobre ese concepto, debido a las discrepancias entre expertos y los mismos estados. Recordemos que, la mayoría de las colonias que lucharon por la independencia frente al imperialismo, emplearon la lucha armada y atacaron objeticos civiles y en algunos casos, atentaron contra sus metrópolis. Aunque sea en etapas históricas diferentes, muchos de los conflictos actuales surgen de la pésima gestión de cómo se llevó a cabo la descolonización, que favoreció la creación de estados con fronteras artificiales y qué élites que debían gobernarlos. Esto tiene mucho que ver con los pueblos que hoy se sienten ocupados o atacados en Palestina, Afganistán, Irak, Paquistán, Chechenia, Cachemira, Siria, donde grupos de distinto signo utilizan como arma el ataque indiscriminado contra objetivos civiles de sus ocupadores o atacantes, incluidas sus propias metrópolis.

Desde luego con esto no se justifican esos ataques, como los últimos de París, Beirut, Bamako. Pero tampoco se justifican los ataques perpetrados por las coaliciones internacionales que bajo el mando de EEUU, lanzaron sus guerras autodenominadas contra el terror en Afganistán e Irak; Rusia en Chechenia; Turquía en Siria e Irak contra los kurdos; Arabia Saudita en Yemen. Menos aún en Siria, donde el gobierno de al-Asad, Turquía, EEUU, Francia y Rusia han bombardeado a la población de uno y otro signo bajo la excusa de atacar a terroristas. Mientras Irán, Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes Reunidos, Hezbollah desde el Líbano, han ayudado con combatientes, armas y dineros a los diferentes actores en conflicto.

Guerras en Oriente Próximo de las que son cómplices activos nuestros países de la Unión Europea, y sin duda quien más, EEUU. En primer lugar, porque se ha prestado ayuda militar, adiestrado a grupos armados y vendido armas a todos los países de la región. Por ejemplo, en el conflicto más cruento actual, el de Siria (260.000 muertos y más de 4 millones de refugiados). Francia, tras los atentados de Paris, está pergeñando una coalición internacional para emprender una nueva cruzada contra el terrorismo de Daesh. Pero este país, en los últimos cuatro años, vendió armas por valor de 7.304 millones € (1.978 millones € en 2014) a Egipto, Arabia Saudita, Omán, Emiratos Árabes, Catar, Paquistán y Turquía. España, para no ser menos solo en 2014, vendió 736 millones € a Arabia Saudita, Egipto, Omán, Bahréin, Turquía e Israel. Desde luego quien más armas vendió fue EEUU, 4.765 millones $ en 2014 a sus aliados en la región, que son todos menos Siria, a quien Rusia le suministro 351 millones $.

La mayoría de estos países se han involucrado en la guerra de Siria y han ayudado con armas a los rebeldes que combaten a al-Asad (Turquía, Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes,…), también a los kurdos; el mismo François Hollande lo ha reconocido. Mientras Rusia, Irán y Hezbollah ayudaban al gobierno de al-Asad. Todas esas armas y ayudas a los diferentes actores del conflicto han favorecido el crecimiento de los grupos armados, incluidos Daesh y al-Nusra, este ligado al-Qaeda y han ayudado a generar el caos actual en Siria. A las armas y asesores se suman los bombardeos que unos y otros han perpetrado sobre el territorio aterrando a toda la población que huye despavorida buscando refugio en otros países.

Sobre Daesh sabemos que se formó con oficiales y efectivos del disuelto por EEUU, ejército de Sadam Hussein de Irak. Hecho que favoreció la creación de grupos que primero lucharon contra la ocupación de Irak y el régimen títere impuesto en Bagdad, para después, una vez formado Daesh, asentar un califato en territorios de Siria e Irak, declarando la guerra a todos los países que forman parte de la coalición internacional que dan su apoyo a la política de EEUU en todo Oriente Próximo. De ahí que algunos la denominen Tercera Guerra Mundial.

Unas guerras que en cualquier lugar del mundo, son vistas por algunos jóvenes musulmanes, aquellos que no se han integrado en las sociedades de acogida, como una agresión al Islam y que abrazan el yihadismo como una lucha por la libertad y se van a combatir a Siria al lado de grupos rebeldes, incluido Daesh.

Un lío de bemoles, que para remediarlo no sirve la guerra ni los bombardeos, pues generarán más dolor entre la población. A parte de que esos grupos se dispersarán por el territorio y continuarán en una guerra de guerrillas y de ataques suicidas, tanto allí y cuando puedan aquí.

Para revertir esa situación se debe cambiar de estrategia. El cambio solo se producirá con un cambio radical en la política exterior. En Siria, se debe favorecer una conferencia regional buscando un alto el fuego entre todas las partes que combaten a uno y otro lado, incluidos desde luego los rebeldes, pero aislando a los grupos que como Daesh y al-Nusra han declarado la guerra urbe et orbi. En la ONU, propiciar una resolución que permita una misión con cascos azules de países musulmanes no beligerantes en el conflicto para que no sean vistos como fuerzas hostiles y ocupantes. En Irak y Afganistán, acabar con la ocupación militar y facilitar una transición en que la población escoja su futuro, incluida la posibilidad de la ruptura de esos estados.

Desde luego hay más cosas que arreglar que generan mucha frustración en el mundo musulmán. El principal, acabar con la ocupación colonial y de apartheid en Palestina; acabar con los barrios gueto en Europa, dedicando un mayor esfuerzo a la educación e integración de árabes y musulmanes en los países de acogida. Hay que hacer las paces con todo el mundo. Hay que generar una onda expansiva de empatía. Más guerra solo generará más odio y afán de venganza.

martes, 13 de octubre de 2015

Cataluña: Panorama después de la batalla

 


Josep Fontana

 

Una primera ojeada al panorama que se empieza a ver una vez terminadas las elecciones [catalanas del 27S] parece indicar que el resultado ha sido un auténtico desastre. Había una posibilidad de dar un paso serio adelante en la consolidación de un consenso nacional en torno a la demanda del derecho a decidir, un objetivo que pudo conseguir un amplio apoyo de los votantes, y se eligió embarcarse, sin haberlo razonado adecuadamente, en la fórmula de "la independencia en quince días", una propuesta que desveló bastante ilusiones en un sector amplio de nuestra sociedad, aunque olvidando inconvenientes tan serios como el de las fuerzas policiales antidisturbios que estaban estacionadas en Zaragoza, esperando a ver qué pasaba en Barcelona.

Que la independencia en quince días no fuera un objetivo realista se habría podido perdonar si el conglomerado de JxS hubiera sido capaz de obtener un voto suficientemente mayoritario como para demostrar a la opinión española la fuerza del sentimiento reivindicativo de los catalanes. Pero ha fallado también en este objetivo.

Las razones que lo explican derivan del hecho de que esta propuesta, que debería necesitar de un período previo de discusión para alcanzar un consenso más amplio, tenía que asustar a un sector de la población inmigrante a la que no se había explicado suficientemente cuál sería su situación en estas nuevas circunstancias. Sobre todo cuando este programa no venía acompañado de medidas concretas que se ocuparan de sus problemas económicos y sociales, que son bastante angustiosos (el caso de la CUP, que asocia independencia a un cambio social revolucionario, es diferente).

El resultado ha conducido a un hecho tan aberrante como ha sido el de tirar los votantes del viejo "cinturón rojo" de Barcelona, ​​incluyendo el Hospitalet, en brazos de Ciudadanos, el simulacro de partido inventado por el Banco Sabadell (un partido representa normalmente una opción política propia y diferenciada, y ya me diréis qué distingue C's del PP en materia de doctrina).

Que los trabajadores, muchos de ellos en situación precaria, de estas poblaciones hayan optado por votar una formación que les garantiza la continuidad de una línea política que perpetuará el paro, la inseguridad en el trabajo y los recortes en los servicios sociales es una muestra elocuente del desconcierto que han producido estas elecciones.

Ahora vendrá el problema de ponerse de acuerdo para gobernar un conglomerado que no tenía más programa en común que el del "proceso" y que se verá obligado a redefinirse.

Y quedará todavía otro problema bastante angustioso: ¿Qué vamos a votar en las elecciones generales del próximo mes de diciembre? No pediré tanto como cordura, que no parece abundar en nuestra sociedad, pero un poco de reflexión sobre lo que ha pasado sí que nos hace falta.

Josep Fontana

miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso, es catedrático emérito de Historia de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.

Fuente:

http://lamentable.org/panorama-despres-de-la-batalla/

Traducción:

Roger Tallaferro

Temática: 

lunes, 20 de julio de 2015

Un negro 18 de julio

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                  JAVIER CERCAS

 

Rodolfo Alonso

El 18 de julio de 1936, hace setenta y nueve años, el golpe militar franquista se alzaba contra el gobierno legal de la República Española. Generada por la espontánea y ejemplar resistencia del pueblo leal, que la llevaría hasta 1939, la Guerra Civil Española constituyó al mismo tiempo un hecho política y socialmente relevante y un acontecimiento legítimamente legendario. Considerada la última guerra de hombres, antes de que la tecnología bélica ocupara definitivamente el lugar predominante, fue también la primera batalla de la democracia contra el fascismo que de inmediato iba a sumergir a Europa en la Segunda Guerra Mundial, de imprevisibles consecuencias.

 

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                                “SOLDADOS DE SALAMINA”

 


Marcada a fuego en la conciencia de muchas generaciones de españoles, una gran cantidad de testimonios, documentos y obras de creación fue dada a luz con la recuperación de la democracia, una vez fallecido el dictador. Pero esa intensidad se fue amenguando, en cierta medida, no sólo por el paso del tiempo, sino también con el ingreso en los antaño confortables beneficios de la comunidad europea. Por eso fue doblemente significativo que haya sido un entonces joven escritor y periodista español, Javier Cercas, quien con un libro por tantos motivos indeleble, y de una manera absolutamente nada maniquea, volvió a plantearnos con claridad e inteligencia los significados y las consecuencias de aquella gesta histórica.
Por su factura y por su tema, Soldados de Salamina (publicado originalmente en 2001, llevado al cine, y que Tusquets de Barcelona no cesa de reeditar desde un primer momento) es sin duda un texto fascinante. Partiendo de una escritura donde el autor se involucra activamente, ya que no se plantea como creación literaria sino como relato real, y de una anécdota apenas esbozada de la cual no se tienen casi certezas, Cercas consigue erigir un texto de demoledora y tocante eficacia, tan literariamente logrado como fraternalmente conmovedor.
En los meses finales de la guerra, mientras las últimas tropas republicanas asediadas se retiran hacia la frontera francesa, alguien decide fusilar a un grupo de destacados jerarcas franquistas prisioneros. Entre ellos se encuentra Rafael Sánchez Mazas (1894-1966), un brillante intelectual de derecha, fundador e ideólogo de la Falange, quizás uno de los responsables directos del conflicto fratricida que ha ensangrentado a España y dislocado su destino. Sánchez Mazas consigue escabullirse y logrará salvarse, mientras es minuciosamente perseguido, en un instante que lo acompañará toda su vida, gracias a que un humilde miliciano, que lo descubre y encañona, no se sabe bien por qué y con sólo una mirada de por medio, decidirá no denunciarlo.


Ese humanísimo momento, a la vez oscuro y revelador, es el desencadenante del libro. Pero tampoco aquí la mera anécdota alcanza a transmitir lo que el texto contagia con precisión y fluidez, como sin proponérselo, de modo que poco a poco, y hasta en indagaciones realizadas muchos años después, el calibre de aquellos hechos, individuales y colectivos, va cobrando una honda dimensión que termina rozándose inclusive con aquel bienestar democrático de que gozaron hasta hace tiempo, como dijimos, tantos millones de europeos, sin imaginar que todo lo debían acaso a un puñado de héroes anónimos que, en el momento justo, se jugaron la vida para salvar la civilización. Porque es sabido que cuando los tanques del general Leclerq entran en París, consolidando la liberación de Francia del yugo nazi, con él venían veinte mil combatientes republicanos españoles, quienes ingenuamente imaginaron que el próximo paso iba a ser devolver la democracia a España.
Esas páginas, como ya dije, se leen de un tirón y nos contagian una inmensa luminosidad. Literatura en el mejor estilo, son también periodismo de primera. Y entre otras muchas alusiones constituyen también acaso un homenaje implícito a aquella primera generación de intelectuales españoles progresistas, muchos de ellos descendientes de jerarcas del régimen, que se enfrentaron al franquismo desde adentro y entre los cuales se destaca Rafael Sánchez Ferlosio, el hijo preferido de Sánchez Mazas, cuya tocante y desinhibida novela El Jarama (1956) constituye el primer hito de aquella camada inconformista.


Pero algo más nos reserva este incisivo y bello libro. Como si quisiera evidenciar desde la tapa lo que la fotografía arrastra etimológicamente (photos graphein: “Escribir con luz”), una deslumbradora instantánea de Robert Capa (el legendario compañero de Henri Cartier-Bresson en Magnum Photo), tomada en Barcelona el 25 de octubre de 1938, durante la emocionante ceremonia de despedida a los voluntarios de las no menos legendarias Brigadas Internacionales, mediante la intensidad de una mirada tan límpidamente trágica como plena de convicción, decisión y coraje, nos dice mucho más de lo que podría transmitirnos cualquier texto. Incluso uno tan revelador y hondo como este imborrable libro de Javier Cercas.


Rodolfo Alonso: Poeta, traductor, ensayista.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-277311-2015-07-18.html

FUENTE: REBELIÓN

jueves, 14 de mayo de 2015

FRANCIA, ¿UNA NUEVA IDEA DEL ORDEN PÚBLICO ?

 

General Raoul Salan, jefe de los movimientos militares de las tropas francesas en Algeria el 13 de mayo de 1958

Hace cincuenta y siete años, el 13 de mayo de 1958, Francia y el mundo se conmovieron ante un acontecimiento importantísimo y tal vez deliberadamente olvidado, se trataba de los MOVIMIENTOS MILITARES DE LAS FUERZAS FRANCESAS EN ALGERIA, que se jugaron la vida para llevar al Eliseo al venerado  General De Gaulle, esperando de él que mantuviese la presencia francesa al otro lado del mediterráneo y por ironías del destino y de la política iba a ser precisamente el General quien en junio de 1962, firmo con el FLN, Argelino, la independencia del país árabe norteafricano.

Diez años después el otro Mayo el del 68, conmovió al mundo de forma distinta. El artículo que insertamos, en cierto modo parece estar más cerca del olvidado 58 que del siempre celebrado 68.

JOSÉ RAMÓN MONTES, GATONEGRO

 

El amor por la policía
Por Jacques-Alain Miller*
Traducción Silvia Baudini, adaptado por O COLIS

Ilustración de O COLIS para Zonaizquierda.org
Desde París, la noche del lunes 12 al martes 13 de enero de 2015

Sin duda, nunca los policías fueron tan celebrados en París como lo fueron ayer por la tarde. Tres de ellos caídos en el ejercicio del deber, mientras protegían a los "agitadores de Charlie" así como a sus dibujos y bromas. Se les agradecía el espíritu de sacrificio. Nadie pensaba imputarles los fallos del dispositivo, ni los diecisiete muertos. Se agradecía por el contrario a la institución policial, en sentido amplio, no solo a "los canas", sino también a los gendarmes, a los CRS, a todos los agentes de los servicios de información y de seguridad. Sobre todo contaban con ellos para garantizarnos por lo que esté por venir. Expertos de todo pelaje anunciaban con forzada razón que los atentados que vendrán serán imparables. El sentido común asentía. Cada uno, valeroso o miedoso, se sabía, se sentía, blanco potencial; los judíos más que los otros. Cuatro de ellos fueron asesinados el viernes en el supermercado. Eran practicantes, o al menos respetaban todo o una parte del antiguo código alimentario, algunas de cuyas prescripciones sin duda precedieron la Revelación hecha a Moisés.
En resumen, se aprovisionaban en una charcutería kosher. Lo cierto es que los tweets #JesuisFlic, #Respect pour la police (yo soy cana, respeto por la policía), parecía repercutir hasta el infinito en las redes sociales como por una gigantesca cámara de eco.
Llevada por el mismo impulso, la generación llamada del sesenta y ocho, la mía, la que había gritado "¡CRS SS!" en las calles de la capital hace ya medio siglo, se había dado vuelta por completo. Ya no se reconocía. Se diría que experimentaba una despersonalización, pero no grave: ligera, agradable. Un "extrañamiento", para retomar el termino de Gide. "Me sorprendí, leíamos esta tarde en el comentario de Libèration, deseándoles buenas noches a los CRS estacionados en su furgón mientras vigilaban el edificio de Libé. Y estuve lejos de considerar ridículos a aquellos que, en la marcha, que sigo llamando la 'manif', aplaudían a las fuerzas del orden que no podían creer que se les festeje de ese modo y se entusiasmaran con bonhomía". (Luc Le Vaillan) Afluían testimonios de esa conversión al orden público.
Pienso en El entierro del conde de Orgaz, del Greco, esa "obra maestra, decía Barres, con un sentimiento árabe y católico a la vez". Lo resume así: "Es una composición en dos partes: abajo, el entierro del señor de Orgaz; arriba, su recepción en la Corte celestial". Sí, podría creerse que la masacre en las oficinas de Charlie había sido duplicada, de algún modo, con la masacre metafórica, mística, de los "contestatarios" de 1968. Por así decirlo, las kalashnikovs de los hermanos Kouachi les habían "metido plomo en el cerebro". No hizo falta nada más que el asesinato sin rodeos de los "hasta el final" de Charlie para que esta casta llamada baby-boomers, tan privilegiada, termine por entrever lo que su confort o simplemente su supervivencia, le debía cada día a la existencia y a la devoción de las fuerzas de policía que habían abucheado en su juventud. Muchos de esos atolondrados esperaron llegar a viejos para conocer algo de los arcanos del mundo: cómo se mantienen las ciudades, los imperios, los Estados, el precio que se vincula al orden, "las revueltas lógicas", su carácter efímero, etc., etc., resumiendo, todo lo que Lacan subsume con el nombre, "discurso del amo".
A decir verdad, los ex contestatarios se habían percatado hace tiempo, y la revolución en la que le encontraron su razón de ser durante un tiempo, no era incluso ya para ellos más que un sueño. A veces, a lo sumo, una pretensión, una hipótesis. Pero su universo mental no siempre iba a la vez que su vida cotidiana. Acaban de ser obligados a un aggiornamento sin delicadeza. En su descargo, hay que decir que la policía con la cual tuvieron que vérselas en sus tiempos mozos estaba fechada antes del "suicidio francés". Para retomar la terminología de M. Zemmour, era una policía "viril", que se entrenó durante la guerra de Argelia. La misma que perpetró en París una masacre memorable el 17 de octubre de 1961, antes de provocar el año siguiente, el 8 de febrero, la muerte de nueve manifestantes franceses, comunistas, en la estación de metro de Charonne. Si se acepta recordar que fueron los policías franceses los que vinieron a buscar judíos (extranjeros, como lo señaló M. Zemmour) para conducirlos al Velódromo de Invierno, serían más indulgentes con la juventud de 1968, que asimilaba no muy rápidamente las Compañías Republicanas de Seguridad (Grupes mobiles de réserve, GMR, creados por el socialista Jules Moch, durante el Gobierno de Vichy, y reorganizados en CRS después de la liberación de Francia).
Todo eso está lejos, el tiempo ha pasado. El control social sigue ahora vías más discretas, oblicuas. Salvo en la juventud pobre de origen árabe o africano, el resentimiento con la policía no es lo que era. Queda el favor, el fervor, con que la policía se encontró con la población parisina el domingo último, un fenómeno inédito. Del orden de lo nunca visto, sin duda, en la Historia de Francia. Lo que se encuentra en momento privilegiado –dicho sea sin caer en una mitología romántica a la que un De Gaulle jamás cedió– es la osmosis de una población con el ejército nacional destinado a protegerla de las agresiones exteriores. ¿Pero es amor del pueblo por las fuerzas de represión interior? No veo ningún ejemplo. Incluso en tiempos de Ravachol y de los anarquistas. Habrá que buscar. Mientras tanto no veo más que una explicación, el islamismo guerrero es considerado por la población como un verdadero enemigo interior. La policía tiene como misión combatirlo como el ejército combate o previene las amenazas exteriores. Por otra parte, ¿no dicen que la protección de los edificios judíos será próximamente confiada a los militares? A partir esto es cuando concibo lo que puede tener de chocante y de peligrosa la expresión "enemigo interior", que fue utilizada por el primer ministro, no me parece infundada.
Hablé mas arriba de las conversiones de los ex contestatarios al orden público. La palabra conversión pertenece estos días a Houellebecq, que la toma de Huysmans. Él ha captado la tendencia que implica al islam. Solamente, atención, que este islam es totalmente opuesto al islamismo. Tal como lo pone en escena en su sátira, se trata de un discurso que asegura la paz civil, la seguridad de los bienes y de las personas, el empleo. Y bien, aquello a lo que asistimos en efecto, y que deja estupefacto por su amplitud, es a la conversión a la seguridad tan masiva como súbita de la población francesa. Francia experimenta, podemos decir, un verdadero flechazo por su policía.
¿Este enamoramiento durará? Aquí es necesario remitirse a la estructura del "tiempo lógico", tal como la desarrolla Lacan. La forma instantánea aparece primero. Es el shock inicial, el insight, se dice en inglés, la epifanía, en el sentido secular popularizado por Joyce: "el instante de ver". Luego la duración retoma sus derechos: el sujeto piensa, machaca, evalúa, carbura, elabora, no se sabe cuánto tiempo le será necesario, por qué arrepentimientos, qué tormentos, qué dialéctica tendrá que pasar. Es el "tiempo para comprender".
Estamos allí. Los franceses piensan, se hablan, escriben, el país balbucea, está recorrido por una intensa actividad intelectual. Imagino que ocurre lo mismo con los otros países de Europa, pero menos. Nosotros somos una gran potencia, y además nos agarraron del cuello. Eso concentra maravillosamente la atención. Todos, tantos como somos, estamos en libertad condicional. Vivimos con el régimen del imperfecto del lingüista Guillaume: "Un instante más y la bomba explotaba". ¿Sí? ¿No? imposible saberlo. En cuanto al tercer tiempo, "el momento de concluir", queda para más adelante.
Si se admite, a título de hipótesis, que el fenómeno social al que asistimos, y del que participamos, tiene la estructura del enamoramiento, no es difícil precisar a qué tipo responde al objeto de amor aquí en juego. Confiemos en las indicaciones de Freud en su obra titulada "Introducción al narcisismo" (1914). La policía como objeto de amor parece estar elegida con el modelo primero de "la mujer que da los cuidados (al niño)": la madre, el gran Otro materno, que procura ayuda y protección. El terror, el sentimiento de desamparo que atenazó a cada uno después de la masacre de Charlie, tiene como efecto precipitarlo en los brazos de este Otro. Para los judíos toma la figura de Israel. Por hipótesis, la sujeción colectiva se teje así hilo a hilo, a partir de la relación de cada sujeto con el Otro. Es la lección de Freud en su psicología de los grupos.
No es todo. ¿Cómo no suponer que las masacres de estos últimos días indujeron conversiones islamistas? Estas masacres se hacen en parte para eso, para reclutar. Ciertamente, esas conversiones permanecen invisibles para nosotros, no se revelarán sino retroactivamente, pero ya podemos saber que la elección del objeto de amor aquí es de otro tipo. Es el tipo llamado narcisista. El sujeto se ama a sí mismo como lo que querría ser, el soldado de lo Absoluto, Rambo del Ideal, armado hasta los dientes, impenetrable a la duda, dispuesto a dar su vida por la Causa, mientras que, en la vertiente precedente, domina el Primum vivere.
Para terminar, porque ha sido largo, señalaría que el recurrir a Freud no nos impide reconocer que la masa movilizada el domingo último no tenía mucho que ver con esas "multitudes" del siglo XX descritas por Gustave le Bon, de la cual analiza la estructura en su Massenpsychologie.
No fue incluso una manifestación, solamente una "marcha", para no decir una marcha errática; ni un discurso, ni una palabra, nada. Todo el mundo mudo. Como slogan, el famoso "Je suis Charlie", que no tenía nada de "significante amo" homogeneizando a los sujetos. Era más bien una suerte de "significante compañero", que daba a la gran concentración su aire de variada fauna. Es el signo de un individualismo muy avanzado que caracteriza a nuestras sociedades occidentales, señalaba el historiador Pascal Ory en Le Monde. Podemos decirlo así. Susana, una amiga de Tel-Aviv, analista, lo dice de otro modo. Siguiendo el espectáculo por televisión, me escribió la misma noche: "Ver la primera línea de los líderes, marchando, era para llorar. Enlazando los brazos, unidos en la falta de metas. Creo que no solo perdieron la esperanza sino que peor: perdieron la desesperación".
Sin embargo, desde Beirut, L’Orient le jour escribe: "Ayer Francia volvió a tomar la Bastilla". Hum…
Todos se ponen de acuerdo para decir que la imagen que permanecerá de ese momento histórico es François Hollande llorando abrazando al médico Patrice Pelloux. Le acaricia el cabello, el rostro. Lo mece.
Al mismo tiempo, los supervivientes de Charlie tienen un ataque de risa: una paloma acaba de arrojar su excremento, manchando la espalda del presidente.

Continuará

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PS 1: la anécdota de la paloma está en Le Monde, Le Figaro, etc.; existe un video.
PS 2: El Sr. Roland Rouzeau me recuerda por mail que el delito de blasfemia existe todavía en Alsacia y en Mosela. Tomo nota.

*Fuente: ELP, blog de la Escuela Lacaniana en España, el 14/1/2015

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