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lunes, 19 de diciembre de 2016

Francia: “Estamos preparados para una nueva confrontación” Entrevista



Philippe Martínez

El secretario general de la CGT francesa, de origen español, cree que la aplicación del programa de rigor que anuncia Fillon “será una catástrofe” que agravará la situación social en el país. Rafael Poch lo entrevistó para La Vanguardia.

Philippe Martínez (Suresnes, extrarradio de París, 1961) es el primer sindicalista de Francia. Secretario general de la CGT, el mayor sindicato francés, en primavera mantuvo un arriesgado pulso callejero de cuatro meses contra la reforma laboral del gobierno socialista. Aquello demostró que en el país con una de las tasas de sindicación más bajas de Europa (10%), la movilización social aún puede tener un vigor inusitado en Europa.

“Es diferente que en España. Aquí no hablamos de huelga general y sin embargo tenemos movilizaciones de calle, me parece, más importantes que en España”, dice este hijo de españoles republicanos con raíces en la montaña santanderina. Habla un poco español y dice conservar vínculos personales en España.

En España las huelgas generales suelen ser cosa de un día.

De un día y me parece que con menos gente movilizada… pero bueno son países diferentes, con leyes diferentes, relaciones sociales distintas y una historia diferente. Difícil de comparar.

¿Sobre todo porque Francia es un país mejor gobernado?

No sé. En cualquier caso algunas reformas se parecen. Pero ustedes tienen otra historia, los cuarenta años de franquismo. Nosotros no tenemos ese peso, aparte del periodo de la segunda guerra mundial...

Existe la impresión de que los españoles son un pueblo verbalmente muy rebelde pero de corto recorrido, y que, al final, son los franceses, más perseverantes en su exigencia, los que son más rebeldes.

No sé. Creo que cuando el franquismo se acabó hubo mucha ilusión en España sobre un cambio, pero el capital siguió allá, los intereses saben adaptarse muy bien según los gobiernos y siguen estando presentes. Luego estaba la ilusión europea. España prosperó con las ayudas europeas que favorecieron su integración, así que la experiencia de la joven democracia no es la misma que la de nuestra vieja República.

¿Ve inevitable un duelo derecha/extrema derecha en la segunda vuelta de las presidenciales francesas de mayo?

Es lo que dicen los sondeos, pero los sondeos se equivocan. Nuestro empeño es mostrar que se puede hacer otra cosa diferente a lo que se nos presenta como única vía. Demostrar que hay opciones, que puedes ir hacia la austeridad o hacia las alternativas sociales, pero con el cúmulo de problemas de nuestro país es seguro que el populismo con sus ideas simplistas contra el emigrante va a pesar mucho. Eso es algo recurrente.

¿Va a aumentar mucho la presión la victoria de Fillon?

Las cosas se van a agravar. Dice que hay que “trasladar la negociación a las empresas”, es lo mismo que la ley (laboral socialista) El Khomri, y cita el ejemplo del referéndum de la empresa Smart. No dice que ese referéndum dividió a los empleados, que los obreros votaron contra el alargamiento de la jornada de trabajo y los cuadros a favor. El resultado fue que no hubo acuerdo y que la dirección obligó a los trabajadores a cambiar su contrato de trabajo. Como Fillon no va a las empresas, no lo sabe. Se olvidó decir que con el aumento de la jornada las bajas por enfermedad se doblaron en la empresa, porque cuando se trabaja en condiciones difíciles eso tiene efectos en la salud. En definitiva, que incluso en las empresas en las que hay sindicatos cuando te dicen “si no aceptáis, cerramos”, la negociación es muy difícil. Si te dicen, “estás en plena forma, o te dejas cortar los dos brazos o te matamos”, bueno, pues prefieres el corte a morir… Y no hay sindicatos en todas las empresas. Pero Fillón quiere ir aún más lejos.

¿Qué consecuencias tendrá el recorte anunciado de 500.000 funcionarios?

Será la catástrofe. Por desgracia esa es la pregunta que los periodistas no le hacen. La realidad es que los funcionarios ya no pueden más, que no hay que suprimir puestos sino crearlos. Su solución es que trabajen más pero en los hospitales ya están al límite, que las bajas por enfermedad de las enfermeras -casi siempre son mujeres- están al límite. Allí, desde sus despachos, no tienen ni idea de la vida real de la gente. Y en la enseñanza, las clases están sobrecargadas. La educación debería estar sacralizada, darle todos los medios. No es un gasto, sino una inversión y lo mismo ocurre con la sanidad… Y luego, los servicios públicos son la garantía de que, vivas en la Creuse o en Paris, tienes los mismos derechos. Pero están reagrupando los servicios en las grandes ciudades, así que si vive en la provincia profunda el ciudadano deja de ser igual en la República, porque en Burdeos va bien, pero en la Creuse ya no hay hospital, cierra la oficina de correos, no hay internet… es el propio sistema lo que están poniendo en cuestión. Y siempre apoyándose sobre esa misma idea mentirosa de que los problemas de Francia son culpa de los asalariados que no trabajan suficiente, que son unos perezosos que ganan demasiado. Así se culpabiliza al pueblo y se añaden medidas que aún empeoran más su situación. Fillon miente cuando dice que han aumentado en un millón los funcionarios en las colectividades territoriales. ¡Y nadie le contradice!: lo que ha pasado es que han transferido funciones del Estado al poder local, y con ello los funcionarios. Es la cultura de la mentira.

¿Están dispuestos a una nueva confrontación?

Sí. Hemos entrado en una nueva fase en la que la ley laboral ha sido promulgada sin mediar voto, por imposición autoritaria. Pero llega a las empresas y hay resistencia. Se ve menos que cuando somos un millón en las calles, pero hay victorias. En Renault hubo huelgas la semana pasada porque la dirección quería un acuerdo de empresa para que trabajaran una hora más. Eso es la ley laboral ahora. También hay muchas huelgas en correos contra la supresión de carteros, que son funcionarios.

Pero el paquete que la derecha anuncia ahora va a ser mucho peor…

Fillon ni siquiera quiere leyes, lo que quiere son ordenanzas; escribo un texto, lo firmo y ni siquiera hay debate. Hay que convencer a la gente de que las cosas se pueden hacer de otra manera. Saldrá aún más gente a la calle.

¿Entre los políticos hay alguno que proponga hacer las cosas de otra manera? ¿No recomendarán un voto?

Nosotros no estamos para eso. Nos limitamos a proponer y luego veremos. Esa es la diferencia con España, Alemania o Suecia. En Francia somos independientes.

¿Incluso en una situación tan crítica como la que se les viene encima?

Nosotros hacemos propuestas y son los políticos los responden como quieren. La gente no es tonta, no necesita que la CGT le diga a quién votar. No nos corresponde a nosotros decir lo que hay que hacer, excepto en la cuestión del Frente Nacional. Es verdad que la derecha de Fillon culpabiliza a los extranjeros, pero el FN dice, “si tienes problemas es culpa de los inmigrantes”. Y eso es inadmisible.

El problema es que no solo Fillon, sino también Hollande demuestran que hay una “lepenización” de la política francesa. Es un proceso serio, ¿no?

Cuando todos corren tras el lobo, acaban legitimándolo. En eso somos intransigentes: el racismo es inadmisible. Nos hemos opuesto a la retirada de nacionalidad (a binacionales acusados de terrorismo, propuesta por el FN y asumida por el Presidente Hollande, que no logró su aprobación). La extrema derecha siempre ha estado presente en Francia y la CGT siempre se ha opuesto a esta división: el que trabaja a tu lado, siempre es un compañero y no alguien que te quiere quitar el trabajo aunque venga de muy lejos.

Hasta ahora el incremento del voto al Frente Nacional siempre ha sido contenido en Francia por el sistema proporcional y por la alergia que aún provoca la ultraderecha a una mayoría de los franceses. ¿Va a volver a funcionar esta póliza de seguro en 2017?

No estoy seguro. Es verdad que los otros partidos entran en el terreno del FN en lugar de proponer soluciones contrarias. Antes había una verdadera oposición alrededor de los valores fundamentales de la República. Hoy es el FN quien lanza las ideas y determina la polémica sobre los refugiados, por ejemplo. Es grave. Dicho esto, la democracia es el voto proporcional: no se lucha contra las ideas del FN con leyes y artificios electorales, la segunda vuelta y todo eso. Contra las ideas hay que luchar con ideas.

¿Se está yendo hacia una síntesis entre el programa neoliberal europeo y el populismo autoritario de los nietos de Pétain? ¿Podría ser ese el futuro?

¡Pero si el FN es neoliberal! Tanto Marion Marechal Le Pen como Florian Philippot proponen suprimir el impuesto a las fortunas, suprimir las cotizaciones sociales que son el fundamento de la solidaridad social en nuestro país. Todo eso no es para los pobres. ¡Es el programa de la gran patronal del Medef! Proponen, igual que Fillon, liberalizar el trabajo, dejar de molestar a los patrones para que puedan despedir como quieran. Así que el FN es económicamente un partido liberal. La diferencia es que además de eso ponen cosas como el cierre de las fronteras, que los demás imitan, y también la idea de que las elites son siempre los mismos, etc.

Ustedes son un sindicato de gente que trabaja, ¿qué hacer con la realidad social de la gente que no trabaja y que son la mayoría en los territorios abandonados de la República?

Somos la única central en la que hay parados sindicados y tenemos un colectivo que se ocupa de ello, de organizar a los que no tienen trabajo. No es fácil porque, por principio, no tienen vínculos sociales, se quedan en casa, en el barrio… Se les puede encontrar en las oficinas de empleo pero en ellas cada vez hay menos funcionarios que se ocupan de ellos y más ordenadores. Hay mucho trabajo que hacer porque nuestra vertebración es sobre todo la empresa y hay que actuar más en los barrios y con los precarios.

Ustedes proponen trabajar menos para trabajar todos, reducir la jornada de trabajo, pero en nuestra sociedad parece que el trabajo disminuye, se hace más raro, ¿qué piensa de la renta básica?

El trabajo no disminuye. Hay menos gente que trabaja, pero los que trabajan, trabajan más. Que la ley contemple la semana de 35 horas no significa que todo el mundo trabaje 35 horas. La media de trabajo en Francia es de 38 o 39 horas para los empleados y de casi 45 horas para los cuadros. Y eso sin contar el “trabajo invisible” de los fines de semana en casa, siempre localizables por ordenador y móvil… Por eso la CGT lucha por el derecho a la desconexión al salir del trabajo. La idea de trabajar menos es para hacer respetar colectivamente los horarios de trabajo, lo que abre posibilidades.

En el debate sobre la renta básica hay mucha confusión. Nosotros pensamos que el trabajo es estructurador en la vida, un lugar de socialización, de relaciones, algo que evita encerrarse y disolverse a la gente, siempre que las condiciones sean decentes. Por eso tenemos ciertas reservas sobre la renta básica. Eso no quiere decir que no haya indemnizar a quienes no tienen trabajo e incrementar el seguro de paro, pero hay que ir hacia el pleno empleo y no considerar que habrá menos trabajo y encontrar una fórmula para que la gente se quede en casa sin hacer nada. Hay un debate, pero la tendencia es esta: considerar que el trabajo estructura la vida de la gente, que hay que emanciparse, relacionarse e intercambiar con los otros.

¿Quiere decir que la renta básica sería renunciar a todo eso?

Sí. El problema hoy es que se sufre porque no se tiene trabajo, o porque se tiene demasiado trabajo. Por eso nuestra idea de ir a una semana laboral de 32 horas que meta a mas gente en el trabajo, que se les pague bien, porque eso estructura. Puede que una parte marginal de la sociedad no quiera trabajar, habría que verlo, pero a aquellos que no tienen trabajo hay que indemnizarlos porque no es por su culpa.

Casi toda la involución social que reciben en Francia está contenida en directivas europeas. ¿Es posible reparar esta UE o hay que derribarla?

Hay que repararla

¿Cómo reparar una estructura oligárquica, antidemocrática y al servicio del neoliberalismo?

Hay que inyectarle democracia

¿Cómo? ¿Con más soberanía nacional?

Dando más derechos a los ciudadanos

Pero el “ciudadano europeo” no existe. Hay el citoyen francés, el staatsbürger alemán, la mezcla de súbdito y ciudadano español, todos con un marco de referencia, una historia, nacional…

Hay que asociar los pueblos a la construcción europea para que den su opinión sobre lo que se discute en los despachos de Bruselas. Por ejemplo, nosotros en 2005 votamos contra el tratado y nos ignoraron…Debemos trabajar con nuestros homólogos en los demás países para ir a criterios comunes en materia de salario mínimo. No hay que privilegiar la competencia entre países, pero esta Europa se ha construido sobre la oposición de los pueblos. Yo trabajo en Renault que está implantada en Francia, España, Portugal y Eslovenia ¿Qué nos dicen?: “ustedes ganan más que los españoles, deben ponerse a su nivel”. Y a los españoles se les dice, “ganan más que los rumanos, pónganse a su nivel”. En lugar de tomar los mejor como criterio, se opone a un pueblo contra el otro. Así que aunque no estemos al mismo nivel, por lo menos necesitamos los mismos criterios en salario mínimo y jornadas laborales.

Pero eso quiere decir cambiar los tratados europeos, cambiar la estructura fundamental de Europa tal como la conocemos hoy, de ahí mi pregunta sobre la reformabilidad cuando al frente del asunto están personajes como Juncker, Barroso o Draghi, unidos por Goldman Sachs…

Para reorientar la política europea hay que apoyarse sobre los ciudadanos, los asalariados y no sobre los comisarios. Todo depende de la correlación de fuerzas, de la movilización de los ciudadanos en la calle. Por lo menos en Francia las cosas se hacen así. Los políticos hacen las leyes, pero porque hay detrás trabajadores movilizados. En Europa hay que construir la solidaridad y hace falta que los sindicatos amplíen su visión. Nosotros proponemos criterios comunes en materia de salario mínimo en cada país, limitar el tiempo de trabajo, que la fiscalidad sea la misma porque es inadmisible que una empresa se establezca en Irlanda para no pagar impuestos.

El problema es que no existe una CGT europea…

Es usted pesimista.

Ustedes juegan un partido nacional en un terreno de juego que es, por lo menos, europeo.

Encuentro a muchos colegas europeos que comparten nuestras ideas y que reflexionan junto con nosotros sobre las alternativas. Creo que algo comienza a moverse lentamente…

¿Cuántas jornadas europeas de protesta han organizado?

No sé, pero no basta con que los sindicatos organicen cosas desde arriba sobre las que la gente no tiene ni idea.

¿Las cúpulas sindicales son problema?

Claro, los sindicatos funcionan igual que la política y que Europa, con los mismos defectos: personas, expertos, muy alejados de la realidad. El propio sindicalismo debe reflexionar y acercarse más a las enfermeras que a Juncker, por así decirlo.

Usted recibió mucha presión durante la protesta contra la reforma laboral.

Algo más que presión. El trato que recibió la CGT fue absolutamente escandaloso. (El presidente de la gran patronal, Medef, Pierre) Gataz nos trató de “terroristas” sin que nadie dijera, “cuidado que manifestarse y matar gente no es exactamente lo mismo”. Cuando el primer ministro y los medios de comunicación nos trataban de alborotadores violentos -a los que denunciábamos y que nos atacaron en las manifestaciones- porque un tipo encapuchado rompió los cristales de un hospital infantil, fue escandaloso. Vivimos bajo el único Estado de Emergencia de la Unión Europea. Tenemos militantes detenidos, arrestados con enormes peticiones de pena: se pide prisión con libertad provisional para un trabajador que tiró confetis en una reunión con los patrones. Un año. ¡Es escandaloso! Casi cada semana tenemos un sindicalista detenido como si fuera un delincuente.

En marzo-abril parecía que había cierto miedo, cierto nerviosismo en el gobierno, por la convergencia del sindicalismo con la Nuit Debout, el pseudo 15-M francés.

Intentaban oponer a la juventud con la CGT. Macron [ministro de Economía francés] era el especialista: “los jóvenes pasan de ustedes, quieren ser millonarios…” Sí, hay un miedo de que los sindicatos y la juventud dialoguen. Yo fui ha hablar a la Nuit Debout, no estábamos de acuerdo en todo. Creo que ese movimiento idealizó mucho a los indignados españoles.

Después de todo la juventud instruida francesa tiene mucho más futuro laboral y profesional que la española…

Para mi lo fundamental es que en Francia, aunque por todas partes se dice “hay que apañárselas solo”, aún hay una noción de lo colectivo. Se pueden tener problemas individuales, pero todavía está vivo ese reflejo de decir “juntos seremos más fuertes”. ¡Hasta los empleados de Uber han acabado creando su asociación! Permanece la idea de que la asociación es la mejor manera de defenderse y eso es interesante.

La conexión de los trabajadores con la Nuit Debout también fue interesante. Sin embargo, ni ellos ni ustedes tienen una conexión con el mundo de los extrarradios urbanos emigrantes, que concentran el grueso de la miseria y del abandono social en Francia.

Efectivamente: no construiremos nada desde arriba sin estar arraigados con la realidad de la vida de la gente. Hay que trabajar a nivel local. En Marsella por ejemplo, la CGT está implantada en los barrios, pero hay mucho por hacer, eso debería multiplicarse por cien para dar una esperanza a esa juventud. Debemos trabajar mucho antes de que esa fractura se haga irremediable. Están rompiendo la sociedad, pero la República es la solidaridad y el vivir en común.

Philippe Martínez  secretario general de la CGT francesa
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Fuente:
http://www.lavanguardia.com/internacional/20161212/412546895096/entrevista-philippe-martinez-estamos-preparados-nueva-confrontacion.html


martes, 10 de mayo de 2016

¿Para qué sirven los sindicatos?

 
Josep Maria Álvarez
 
 


juantorreslopez.com


Un reciente estudio de Jordan Brennan, investigador del Canadian Centre for Policy Alternatives y del Institute for Research on Public Policy ha revelado algunos datos interesantes sobre el papel de los sindicatos en la economía (el estudio es este y puede leerse pinchando en el título: Rising Corporate Concentration, Declining Trade Union Power, and the Growing Income Gap). La teoría económica dominante afirma que el mercado es el mejor sistema para asignar los recursos y que por sí mismo establece el precio óptimo para todos ellos. En relación con el mercado de trabajo dice que, sin necesidad de intervención, el salario se determina allí en virtud de la aportación que cada trabajador añada al producto total (lo que llaman su “productividad marginal”). Gracias a ello, nos dicen que los salarios que se determinan a través del mercado no solo son los más eficientes sino los que aseguran la justicia distributiva.
Pues bien, lo que Brennan ha descubierto, estudiando datos de los últimos cien años, es que eso es falso porque los salarios no vienen determinados en función de esa productividad marginal sino que dependen del poder que tengan instituciones como las grandes corporaciones o los sindicatos. Concretamente, ha demostrado que la mayor concentración de las corporaciones exacerba la desigualdad de ingreso bajando los salarios mientras que cuando el poder de los sindicatos es mayor la desigualdad disminuye porque sube la masa salarial.
En 1935 la densidad sindical, el porcentaje de población trabajadora sindicada, era del 8% y el porcentaje del ingreso total nacional que iba al 99% de los trabajadores con menos salario era del 44%. La densidad sindical en los años 1970 subió al 30% y el porcentaje de ingreso total que iba para el 99% de salarios más bajo era el 54%.
Desde los años siguientes a los 80 de siglo pasado la densidad sindical bajó y ahora es del 11% mientras que el porcentaje de ingreso total para el 99% de salario más bajo ha disminuido al 41%.
Queda claro, por tanto, que la mayor o menor cantidad de masa salarial guarda una relación directa con el poder de negociación de corporaciones y sindicatos.
Por otro lado, Brennan también demuestra que el mayor porcentaje de ingreso que fue a parar a las grandes corporaciones cuando bajó la masa salarial, por la menor afiliación sindical y al perder poder los sindicatos, no contribuyó a que creciera la economía y hubiese más inversión y más empleo, tal y como asegura la teoría económica neoliberal dominante que debe ocurrir.
Brennan demuestra que el crecimiento del PIB a partir de 1980, cuando el ataque de los gobiernos y las grandes empresas limitó el poder negociador de los sindicatos, crece mucho menos que en los años anteriores de mayor presencia sindical y de mayor participación de la masa salarial en el ingreso total. Y también demuestra que el mayor ingreso recibido por las grandes corporaciones en forma de beneficios gracias al menor poder sindical le ha permitido efectivamente gastar más pero que que ese mayor gasto no se dedicó a inversión creadora de activos fijos o empleo sino a recompra de acciones y a fusiones y absorciones de otras empresas para aumentar así su poder de mercado.
Los datos que proporciona Brennan hablan por sí solos: de 1895 a 1990 por cada dólar gastado en inversión en activos fijos por las empresas estadounidenses, se dedicaron 18 céntimos a fusiones y adquisiciones. Sin embargo, desde 1990, de cada dólar dedicado a inversión en activos fijos se dedicaron 68 céntimos a éstas últimas.
Esto es lo que ha permitido que la parte del mercado que dominan las 100 mayores empresas haya pasado de ser el 9% en 1990 al 21% actual.
Y esa mayor concentración es la que ha permitido que las grandes empresas hayan distribuido niveles record de dividendos a sus accionistas, y que hayan gastado en recomprar sus acciones (cuyo valor ellas mismas manipulan) más que en maquinaria o equipos, con el objetivo de que sus ejecutivos ganen más gracias a las stock options (opciones de compra sobre las acciones de su empresa) con las que se retribuyen.
En definitiva, los datos históricos demuestran que la mayor afiliación sindical fortalece a los sindicatos y aumenta su poder de negociación, que eso permite que suba la participación de la masa salarial en el conjunto del ingreso nacional y que, gracias a ello, la economía registra mayor crecimiento, más inversión y más empleo.
Por el contrario, la evidencia empírica muestra que menos afiliación y menos poder de negociación sindical aumenta el beneficio de las grandes empresas en perjuicio de la masa salarial y que eso lleva consigo más beneficio distribuido, pero menos gasto en inversión productiva y más en recompra de acciones y en fusiones y absorciones que concentran el mercado. Es decir, que a menor poder sindical, menos crecimiento, menos empleo, menos competencia y peor funcionamiento de la economía en general.
Eso es lo que dicen los datos, los hechos históricos. Lo demás, es pura ideología para encubrir el poder y los privilegios de las grandes empresas. Así que ya saben lo que se busca cuando se critica a los sindicatos y cuando se hace todo lo posible para que disminuya la afiliación sindical.
Fuente: http://juantorreslopez.com/impertinencias/para-que-sirven-los-sindicatos/

domingo, 27 de marzo de 2016

Sindicatos y cooperativas, ¿regreso al futuro?



COOPERATIVA PASCUAL




David García Aristegui

Diagonal

La mayor derrota que ha sufrido el sindicalismo en los últimos tiempos es la cultural. No hay que minimizar en absoluto la represión, claro: hay que tener muy presentes casos como el de Ana y Tamara, condenadas a tres años y un día de cárcel por echar pintura a una piscina en una huelga de instalaciones deportivas en 2010. O las funestas consecuencias legales de la huelga de 2012, ejemplificadas en las condenas a compañeros como Alfon en Madrid, Carlos y Carmen en Granada o Laura y Eva en Barcelona.

Y, para acabar, el caso paradigmático del SAT en Andalucía, con más de 600 compañeros sancionados y procesos judiciales que suman peticiones de más de 400 años de cárcel y más de un millón de euros en multas sólo entre 2011 y 2015.

Pero, insistimos, la derrota clave es la derrota cultural. Las y los sindicalistas están preparadas para soportar y pelear las agresiones policiales en la calle y las condenas en los juzgados, pero no para recibir lo que en la guerra se conoce como "fuego amigo".

Dos ejemplos de estos ataques contra la lucha sindical desde compañeros que, al menos aparentemente, parecían en el mismo lado de la barricada, son los de Ada Colau y Pablo Iglesias.

Las declaraciones, actitud y posicionamiento de Ada Colau en la última huelga del TMB, o con los trabajadores de las contratas de Movistar, han sido clarificadoras acerca del papel que juegan los nuevos municipalismos y ayuntamientos del cambio en el frente de la lucha de clases. Caretas fuera.

Pero lo que subyace en el proyecto estatal de Podemos, conviene ser analizado con cierto detenimiento.

En el caso del periódico Público, que mandó al FOGASA a 126 trabajadores y luego les impidió quedarse con la cabecera, Pablo Iglesias explicaba en su texto ¿Quiénes son los de abajo?:

"Teleoperadores, parados, empleadas del hogar, camareros, enfermeros, trabajadores públicos de los que cobran menos del mil euros, profesores interinos, estudiantes que ponen copas en negro para pagarse la matrícula, chavales que reparten pizzas, cincuentones que jamás volverán a encontrar trabajo, migrantes que trabajan en la agricultura, que se prostituyen, que venden dvd's o que cuidan ancianos, falsos autónomos […] Ésos son los de abajo y sólo la miopía de cierta izquierda puede insistir en agruparles a todos bajo la etiqueta de obreros e invitarles a afiliarse a los sindicatos (ojalá pudieran). Muchos de ellos ni siquiera pueden ejercer su derecho a la huelga".

El discurso de Iglesias es nítido.¿Por qué las y los trabajadores que enuncia no pueden afiliarse a sindicatos? ¿Por qué no se pueden considerar obreras y obreros? ¿Por qué no pueden organizarse para defenderse como trabajadores en el mundo del trabajo?

Cuando hablamos de una derrota cultural del sindicalismo nos referimos a este tipo de discursos, que de manera intencionada o no, olvidan toda la historia de las luchas obreras y asimilan el sindicalismo a CCOO, UGT o el sindicato corporativo o amarillo de turno.

Nega, del grupo de rap Los Chikos del Maíz, le respondió en La clase obrera hoy: canis e informáticos, resaltando lo obvio: a pesar de que la actual composición de clase del sector servicios y de su situación cada vez más precarizada, se organizan en torno a sindicatos y, precisamente, es así como se logran, a través de la lucha colectiva, condiciones laborales más dignas.

Pero volvamos de nuevo al texto de Iglesias. En su enumeración de realidades laborales también añadía como grupos "no sindicalizables": "un bar con unos amigos, o una cooperativa, o una pequeña empresa de servicios informáticos, o la señora de la tienda de fruta, o un agricultor".

Aparecen las cooperativas, que están popularizándose como un opción laboral por cada vez más personas, y que cuenta con el apoyo entusiasta tanto de instituciones como de movimientos sociales. Pero… ¿qué es exactamente y qué implica el cooperativismo? Y ¿cómo ha sido históricamente su relación con el sindicalismo?

A pesar de que parezca un fenómeno novedoso, el cooperativismo es un viejo conocido del movimiento obrero internacional. Suele marcarse el origen del cooperativismo en Rochdale, en el norte de Inglaterra.

En 1844 se creó la Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale, que impulsó la primera cooperativa de consumo, bajo la influencia directa de los postulados de Owen y Fourier. En el Estado español, los introductores del cooperativismo fueron fourieristas como Joakin Abreu o Fernando Garrido, fundador de la pionera Asociación General de Abastos y Consumos en París junto con Proudhon y el propio Fourier.

Las relaciones entre cooperativismo y el movimiento obrero en el estado español fueron siempre muy conflictivas.

Para contextualizar la tensión entre cooperativismo y sindicalismo, es interesante recordar, como ya alertó en su momento Kropotkin, que el dogma liberal del laissez-faire se aplicaba únicamente en la libertad para hacer negocios (aunque se hiciese en forma de una cooperativa).

Una libertad de "dejar hacer, dejar pasar" de la que jamás se benefició el movimiento obrero, cuyas organizaciones sufrieron constantes ilegalizaciones, cierre de locales, censura de periódicos, cárcel y ejecuciones de sus militantes. Las iniciativas cooperativas proliferaban mientras la represión política y sindical eran una receta cotidiana.

Como no podía ser menos, fue materia de reflexión del Congreso Obrero de Barcelona de 1870, uno de los motores de impulso para la creación de la Primera Internacional. En sus sesiones se tocaron varios temas fundamentales:

• Se acordó que las huelgas debían tener un carácter reivindicativo, que se impulsaran siempre orientas a superar el mero corporativismo gremial, y que se así se convirtieran en el instrumento más útil para lograr la revolución social.

• Se apostó por la creación de sindicatos de oficio, agrupados en Federaciones Locales, que desde el punto de vista de los anarquistas, podrían servir como embriones de los futuros órganos de gestión de los municipios y del país. Paralelamente, la alianza de anarquistas (antipolíticos) y de sindicalistas (apolíticos) propició la renuncia de las sociedades obreras a intervenir colectivamente en la política institucional, una decisión que que no impedía la acción política individual de sus afiliados.

• Finalmente, se habló de cooperativas. Después de una gran polémica, sólo se aceptó la existencia de las cooperativas de consumo, no así las de producción. Caracterizadas claramente y sin ambages las cooperativas como de "institución burguesa", a nivel organizativo el cooperativismo pasaría a ocupar un segundo plano dentro de las tareas de las sociedades obreras y los sindicatos emergentes. Aunque, en un extraño giro del Congreso, el dictamen final recogía que "la cooperación de producción con la universal federación de asociaciones productoras es la gran fórmula del gobierno del porvenir, y de aquí también la utilidad de ir cultivando este ramo para adquirir hábitos prácticos de manejo de negocios con aplicación a la sociedad futura". Lapolémica en torno a las cooperativas como apuesta táctica o estratégica acompañó desde entonces al sindicalismo revolucionario.

A pesar de que el capitalismo y los estados han evolucionado mucho desde 1870, no podemos decir lo mismo de las respuestas políticas y organizativas que está dando la clase trabajadora. De hecho, podría decirse que estamos volviendo a formas de lucha pre-sindicales, de una suerte de mutualismo primitivo y recuperación acrítica de las propuestas políticas del socialismo utópico.

Si a finales del siglo XIX el sector mayoritario del sindicalismo revolucionario desechó la participación política, las huelgas corporativistas y la centralidad de las cooperativas como herramientas de lucha revolucionaria, ahora mismo nos encontramos en los movimientos sociales en el escenario opuesto.

Si en el seno de la Primera Internacional se veía con malos ojos las cajas de resistencia –entendiendo que tenían un carácter desmovilizador a medio plazo allí donde no pudieran articularse– hoy se presenta como una "novedad sindical" el Correscales, "un crowdfunding de ayuda mutua más grande contra la precarización".

O hay quien caracteriza a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca como un nuevo tipo de sindicalismo o de "sindicalismo 2.0", cuando en realidad no es más que una actualización de las antiguas Sociedades de Socorros Mutuos, ya que no se plantea su actividad enmarcada en la lucha de clases o, al menos, dirigida a la raíz del problema: el mercado de trabajo.

Por tanto, desgraciadamente, no se están perfilando nuevas formas de sindicalismo, ya que el proceso que se está dando es un peculiar regreso a formas proto-sindicales (el contexto es de fuerzas del cambio que no son "ni de izquierdas ni de derechas", recordemos), lo que evidencia la enorme derrota que ha sufrido la clase trabajadora a nivel ideológico, político y organizativo.

David García Aristegui, , autor de "¿Por qué Marx no habló de copyright?".

El autor agradece las aportaciones del foro de Laboral de Alasbarricadas.org

Artículo publicado originalmente en Directa.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/movimientos/29798-sindicatos-y-cooperativas-regreso-al-futuro.html

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