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martes, 19 de julio de 2016

No podemos dejarles a los conservadores las negociaciones con Europa





Jeremy Corbyn


Gran Bretaña se encuentra dividida e insegura. Años de austeridad destructiva y un modelo económico inservible han dado como resultado un país de inseguridad laboral, escasez de vivienda asequible, trabajo en relación de dependencia, recortes salariales y desigualdades cada vez mayores.


Desde que los votantes decidieron abandonar la Unión Europea, estas divisiones se han acentuado. Los incidentes de racismo y xenofobia han llegado a su máximo. Muchos votantes favorable al "no" se sienten conmocionados y distantes de quienes respaldaron marcharse. El país se enfrenta hoy a una crisis económica y política. El gobierno es un desbarajuste. Tal como exigía el laborismo, George Osborne ha tenido que desestimar sus planes de superávit presupuestario lesivo para el empleo. Pero ninguno de los que tratan de substituir a David Cameron tiene ninguna clase de plan de salida. En cambio, una vez más, lo que planean es que pague la gente trabajadora, con más recortes del gasto y más subidas de impuestos todavía.


Lo que se necesita, por el contrario, es liderazgo y una estrategia clara. Debemos respetar la decision democrática del pueblo británico – y negociar una nueva relación con la UE: una relación que proteja el empleo, el nivel de vida y los derechos de los trabajadores – y garantizar también que tengamos la libertad de volver a dar forma a una economía del siglo XXI para todoa nuestro pueblo.


Para reconciliar de nuevo al país, tenemos que comprender lo que está detrás de la reducida mayoría en favor de marcharse de la UE. Esta se debió claramente en parte a las repercusiones de la inmigración en un mercado de empleos desregulados y de vivienda y servicios públicos famélicos de inversiones.


Pero los votantes del “sí” se concentraron en antiguas zonas industriales duramente golpeadas por los bajos salarios, la inseguridad en el empleo y el estancamiento económico. De hecho, las ciudades que apoyaron al laborismo y votaron por el "no", como Londres, Bristol y Manchester, tienen poblaciones inmigrantes bastante más elevadas que muchas de las que respaldaron marcharse.


La diferencia estriba en que estas últimas están entre las zonas que menos se han beneficiado de una recuperación económica dispareja. Fue este el voto de la gente relegada en Gran Bretaña contra un estamento de poder político que les ha fallado.


El laborismo hizo campaña por “quedarse y reformar” la Unión Europea y dos tercios de los partidarios laboristas votaron a favor de permanecer. Eso nos proporciona una sólida base para reunir a votantes de ambos campos, y de establecer una agenda progresista para las negociaciones que refleje las necesidades de la mayoría. El punto de partida han de ser las líneas rojas delineadas por el ministro de Economía en la sombra,  John McDonnell: entre ellas, el mantenimiento de los derechos laborales y sociales existentes, la libertad de comercio con Europa, y la protección de los derechos al trabajo y residencia tanto de los ciudadanos de la UE en Gran Bretaña como de los ciudadanos británicos en Europa.


Esta semana el laborismo venció de forma abrumadora en una votación en los Comunes, dirigida por nuestro ministro de Interior en la sombra, Andy Burnham, que apelaba al gobierno a comprometerse a otorgar a los ciudadanos de la UE en el Reino Unido el derecho a permanecer.


Pero tenemos que ir más allá. Durante la campaña del referéndum, defendimos poner fin a la liberalización y privatización de servicios públicos aplicada por la UE, así como la libertad de mantener empresas públicas e inversiones públicas, hoy restringida por los tratados de la UE. Esas libertades tienen que formar parte de de las negociaciones venideras. El laborismo hizo campaña también a favor de una regulación más severa del mercado laboral y de la explotación del trabajo inmigrante que recorta salarios y condiciones, como mejor forma de proteger puestos de trabajo y niveles de vida en la UE.  


Lo mismo vale para Gran Bretaña fuera de la UE. Si la libertad de movimientos significa libertad para explotar el trabajo barato en una carrera por llegar a lo más bajo,   nunca se aceptará en ninguna relación futura con Europa. Pero la realidad es que en toda Europa tenemos aliados en esa causa, al igual que en muchas otras que estarán en el centro de las negociaciones por llegar. Estas negociaciones no se pueden dejar en manos de un gobierno conservador que no habla en nombre del país.


Por esa razón voy a reunirme con compañeros dirigentes socialistas europeos en París esta semana para discutir la crisis de los refugiados y el futuro de Europa después de que Gran Bretaña votara marcharse. El impulso cada vez mayor para reformar la UE fortalecerá la causa del laborismo.


La política ha cambiado para para bien. Después de años de guerras desastrosas, una desigualdad desbocada y una  élite política deteriorada, ya no puede haber más de lo mismo como siempre. El veredicto condenatorio del informe Chilcot sobre la guerra de Irak confirmó que, mientras que el estamento del poder politico se equivocó de modo desastroso, la mayoría de nuestro pueblo hizo lo correcto. Esta transformación política esencial es lo que condujo también  a mi propia elección hace nueve meses por parte del 60% de los miembros y partidarios del laborismo.


Durante ese tiempo, hemos obligado repetidas veces al Gobierno a desestimar medidas políticas dañinas, hemos ganado todas las elecciones parciales y hemos vencido a los "tories" en las elecciones locales. He dejado claro que estoy dispuesto a ponerme en contacto con los diputados laboristas que se oponen a mi liderazgo, y a trabajar con todo el Partido para proporcionar la alternativa que el país necesita. Por esa razón me complace que los dirigentes sindicales vayan explorando formas de salvar esa distancia y trabajar conjuntamente de modo más eficaz. Pero los diputados necesitan asimismo respetar la democracia de nuestro Partido y los puntos de vista de los afiliados laboristas, que han incrementado su número en más de cien mil miembros hasta llegar a medio millón sólo en los últimos quince días, con mucho el mayor contingente que hayamos tenido alguna vez en tiempos modernos.


Nuestra prioridad debe consistir ahora en movilizar esta asombrosa fuuerza nueva en política, y gantizar que la gente de Gran Bretaña tengan una alternativa política real. Los que quieren poner mi liderazgo en tela de juicio son libres de hacerlo en una competición democrática, en la que yo seré candidato.


Pero la responsabilidad de todo nuestro Partido se cifra en seguir unidos en oposición al gobierno conservador. Si aunamos esfuerzos, podemos aceptar el desafío y vencer.

Jeremy Corbyn
diputado por el distrito londinense de Islington Norte, es desde el pasado 12 de septiembre líder del Partido Laborista británico.
Fuente:
The Guardian, 8 de julio de 2016
Traducción:
Lucas Antón

jueves, 5 de mayo de 2016

El laborismo británico tiene un problema judío. Está dominado por oligarcas sionistas


(¡No seas débil!)




Gilad Atzmon

gilad.co.uk

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Jeremy Corbyn, el hombre que hace tan sólo unos meses era una "esperanza de un cambio", es un pelele. Por meses, el hombre se ha rendido incondicionalmente al lobby judío, ha traicionado sistemáticamente cada uno de sus principios básicos declarados. Como era de esperar, el legendario "ícono izquierdista" incluso ha traicionado a sus amigos.

Los izquierdistas tienden a llamarse entre ellos camaradas. Apelan a la palabra camaradería en cada declaración política. Al parecer no son capaces de captar lo que tiene que ver con la camaradería. La "camaradería" de Corbyn quedó de manifiesto cuando no pudo sostener al heroico Ken Livingstone, quien dijo la verdad bien establecida e innegable sobre el apoyo de Hitler al sionismo y el Acuerdo Havará. Corbyn simplemente se escapó con el rabo entre las piernas.

Desde hace algún tiempo he pensado en la izquierda como un concepto masturbatorio disfuncional. Pero Corbyn era conmovedor, parecía apoyar a los oprimidos. Durante décadas fue el patrocinador de la disfuncional Campaña de Solidaridad con Palestina (PSC). Corbyn se comprometió a cuidar lo que queda de los trabajadores británicos. Dijo todas las cosas más emocionantes, pero ha evidenciado todo lo contrario.

Contra toda lógica, he estado encantado con los últimos desarrollos del Partido Laborista.

Si alguien había fallado hasta ahora en tomar en cuenta el impacto corrosivo del poder judío y la presión política judía, ahora está todo a la intemperie.

Gracias al lobby judío y a donantes judíos el Partido Laborista no es un espacio libre. Es intolerante, opresivo, un territorio ocupado. Cuida de un solo pueblo y esta gente no es la clase obrera. Ellos son, en la práctica, un puñado de oligarcas judíos, de lejos, la gente más privilegiada de este planeta.

Próximamente vamos a ver como el laborismo de Corbyn eliminará a Karl Marx de la herencia laborista por escribir sobre la cuestión judía. En 1843 Marx dio cuenta de que la "emancipación de la carga del comercio y del dinero y en consecuencia de su práctica, fácticamente judíos, sería la autoemancipación de nuestro tiempo". Marx pensaba que con el fin de emancipar al mundo del capitalismo el mundo tiene que emanciàrse del "judaísmo”. Y con el fin de emancipar el laborismo de los guardianes de Judea, debe liberarse de los oligarcas sionistas judíos como Lord Levy, Lord Sugar, Michael Foster y algunos otros.

Probablemente es sólo una cuestión de tiempo antes de que el Partido Laborista suspenda a la clase obrera en su conjunto por interferir con los patrocinadores de los oligarcas judíos del laborismo.

Ahora hay muchas pruebas de que la política del lobby judío es incompatible con el pensamiento y los valores de la libertad occidental. Hay que elegir si queremos vivir en un Estado-gueto dominado por las aficiones de lord Levy y lord Sugar o si preferimos vivir en un Reino Unido libre y preocupado por todos.

Fuente: http://www.gilad.co.uk/writings/2016/4/29/labour-has-a-jewish-problem-it-is-dominated-by-zionist-oligarchs

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y rebelión como fuente de la traducción.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Amanecer de los negros

Dawn Butler

Dawn Butler, una diputada laborista de raza negra, viajaba en el ascensor privado de los parlamentarios de la Cámara de los Comunes cuando se encontró con otro diputado que le advirtió que las empleadas de la limpieza no podían utilizar ese ascensor. Al delito de oscuridad epidérmica, Butler sumaba el agravante de sexo femenino. O puede que fuese al revés. Ya le había ocurrido en otra ocasión, cuando un miembro del gobierno le preguntó qué pintaba ella en una terraza reservada a los parlamentarios. Tras la aclaración, el comentario posterior fue algo más explícito: “Vaya, en estos días admiten a cualquiera”.
Butler no ha querido revelar el nombre de estos dos simpáticos colegas, lo cual es una lástima. Primero le dijeron que se había equivocado de ascensor, luego especificaron que se había equivocado de país.  siempre ha sido un excelente caldo de cultivo para la xenofobia, a pesar de (o tal vez precisamente por) consistir en un enorme puchero de etnias, creencias y religiones que viene hirviendo desde que se desmembró el imperio. En cuanto ideología organizada, el racismo británico se remonta a los tiempos de Oswald Mosley, fundador de la Unión Británica Fascista, BUF, que basta oír las siglas para comprender el asco que dan y que daban.
En los sesenta, con la inmigración masiva de hindúes, paquistaníes, caribeños y africanos procedentes de las antiguas colonias, y la creación de guetos en las grandes ciudades, hubo varias tentativas de refundar el sueño hitleriano de Mosley, las cuales terminaron eclosionando en el actual BNP, el Partido Nacional Británico, un auténtico nido de neonazis que, por suerte, nunca ha llegado muy lejos en las urnas. Mucho más peligroso es el racismo encubierto, ese núcleo reptiliano incrustado en lo más profundo de las circunvalaciones cerebrales y que emerge al ver ocupado el espacio vital de un ascensor por una mujer de piel negra. Tuvo suerte Dawn Butler de no tropezarse en un sitio tan angosto con Strauss-Kahn, porque éste ni le hubiera preguntado.
Salvo por la empatía, esa capacidad extrasensorial de ponernos en el lugar de otro, no hay muchas ocasiones de que un varón blanco experimente la humillación del racismo en occidente. Mi experiencia personal se reduce a que una vez, en la cama, una mulata imponente me dijo que parecía chino. “¿Por mis ojos rasgados?” le pregunté. “No” respondió, “por lo mucho que te esfuerzas”. Chris Rock también quitó hierro al asunto del racismo en Hollywood con un discurso al límite donde dijo que los negros en los sesenta tenían preocupaciones más importantes que la marginación en los Oscars. Sin embargo, también dijo que este año en el In Memoriam sólo iban a salir negros muertos a tiros por la policía, lo cual era una exageración, ya que la ceremonia se habría alargado una semana. El racismo estadounidense se prolongó mucho más allá de la abolición de la esclavitud y cualquier viajero atento que ponga un pie en el país podrá comprobar que, a pesar de Obama, sigue habiendo una inmensa mayoría de afroamericanos dedicados a tareas de limpieza. En una conferencia donde alguien preguntó con alegre inconsciencia “¿Qué pasa con las mujeres y la ciencia?”, el gran astrofísico de raza negra Neil Degrasse Tyson, discípulo de Carl Sagan, pegó un somero repaso a la cuestión, puntualizando que, aunque no tenía experiencia como mujer, sí que le había pasado a menudo, durante sus estudios, que alguien le aconsejara dedicarse a los deportes. Merece la pena ver el video.




David Torres

Fuente: Público.es

 

viernes, 19 de febrero de 2016

El ex jefe del estado mayor británico denuncia la política anti-Siria

 


El general Richard Dannatt, jefe del estado mayor británico desde 2006 hasta 2009 y posteriormente consejero personal del actual primer David Cameron, criticó enérgicamente la posición del Reino Unido en contra de Siria [1].
Según Lord Richard Dannatt, actual «Condestable de la Torre de Londres», el gobierno británico está cometiendo un grave error al apoyar a los yihadistas, cuya derrota es ahora inevitable. Señala que Londres debería, por consiguiente, seguir el ejemplo de Rusia y acercarse de inmediato a la República Árabe Siria.
El Reino Unido desplegó secretamente en Siria unidades del Special Air Service (SAS, fuerzas especiales británicas) que asesoran a varios grupos yihadistas, como Yesh al-Islam («Ejército del Islam»), el grupo armado financiado por Arabia Saudita que bombardea diariamente a la población civil de Damasco, la capital siria.
Fuente: Red Voltaire

lunes, 1 de febrero de 2016

Yemen, una guerra muy británica

Reino Unido confirma su participación en la guerra contra Yemen.

 El canciller británico, Philip Hammond, confirmó el martes que su país está apoyando al régimen saudí en su ofensiva contra Yemen.




Dan Glazebrook
Russia Today

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.


Gran Bretaña es uno de los principales causantes del desastre humanitario de proporciones épicas desatado sobre Yemen.
Desde que en marzo de 2015 empezó la campaña de bombardeos saudíes contra Yemen han muerto al menos 10.000 personas, incluidos más de 630 niños. Según UNICEF, las violaciones de derechos humanos se han disparado hasta llegar a un nivel de unas 43 personas y más de 10 niños asesinados al día. La ONU afirma que el 73% de las muertes de niños son consecuencia directa de los ataques aéreos.
Se ha atacado una y otra vez a objetivos civiles. A los pocos días de empezar los ataques aéreos se bombardeó un campo de refugiados, lo que provocó la muerte de 40 personas y más de 200 quedaron mutiladas, y en octubre fue atacado un hospital de Medecins sans frontieres. Se ha atacado a escuelas, mercados, depósitos de grano, puertos y una fábrica de cerámica. Sobra decir que según el derecho internacional todo ello supone crímenes de guerra, como lo es toda la campaña de bombardeos que carezca, como esta, de un mandato de la ONU.
Más allá de sus víctimas inmediatas, los ataque aéreos y el bloqueo que les acompaña (un crimen atroz contra un población que importa el 90% de sus necesidades básicas) están creando una tragedia de dimensiones épicas. En agosto de 2015 Oxfam advirtió de que aproximadamente 13 millones de personas luchaban por encontrar lo suficiente para comer, lo que supone la mayor cantidad de personas que padece hambre registrada nunca. “Después de cinco meses Yemen parece Siria al cabo de cinco años”, comentó en octubre el presidente de la Cruz Roja Internacional. Al mes siguiente la ONU informó de que 14 millones de personas carecían ahora de acceso a la atención médica y que el 80% de la población de 21 millones de personas del país depende de la ayuda humanitaria. “Calculamos que más de 19 millones de personas no tiene acceso a agua segura ni a servicios sanitarios, más de 14 millones de personas carecen de seguridad alimentaria, entre los que se incluyen 7.6 millones de personas en unas graves condiciones de inseguridad alimentaria y casi 320.000 niños está extremadamente desnutridos”, declaró a los periodistas en noviembre el Coordinador Humanitario de la ONU. Calculó que unos 2.5 millones de personas se han convertido en refugiados a causa de la guerra. El diciembre la ONU advirtió que el país estaba al borde de la hambruna y millones de personas corrían peligro de morir de hambre.
Las declaraciones de los ministros del gobierno británico se preparan para dar la impresión de simpatía por las víctimas de esta guerra y oprobio por sus responsables. “Tenemos que ser claros, el uso de la violencia para obtener logros políticos y la pérdida vana de vidas que ello implica son completamente inaceptables. La reciente violencia no solo daña el proceso de transición política de Yemen, sino que podría alimentar nuevas tensiones y fortalecer la posición de al-Qaeda en la península Arábiga, lo que supone una amenaza para todos nosotros. […] Quienes amenazan la paz, la seguridad y la estabilidad de Yemen o violan los derechos humanos tienen que pagar un precio por sus acciones”, afirmó en septiembre de 2014 el secretario de Estado de Asuntos Exteriores Philip Hammond.
Desde luego. Por lo tanto, se podía haber pensado que cuando los saudíes empezaron su escalada generalizada de la guerra seis meses después de que Hammond hiciera estas declaraciones lo lógico era que el gobierno británico se hubiera indignado.
Pero no. El día después de que los saudíes empezaran la “Operación Tormenta Decisiva” David Cameron llamó personalmente por teléfono al rey saudí para insistir en el “firme apoyo político de Gran Bretaña a la acción saudí en Yemen”.
A lo largo de los meses siguientes Gran Bretaña, suministrador desde hace tiempo de armas a la monarquía saudí, aumentó su suministro de material de guerra hasta lograr el dudoso honor de superar a Estados Unidos y convertirse en su principal suministrador de armas. Desde que empezaron los bombardeos el gobierno británico ha concedido más de cien nuevas licencias de exportación de armas y solo en los seis primeros meses de 2015 Gran Bretaña vendió por valor de más de 1.750 millones de libras a los saudíes, más del triple de la media bianual normal, casi obscena, de Cameron. La inmensa mayoría de este equipamiento parece ser para aviones de combate y misiles lanzados desde el aire, incluidas más de 1.000 bombas. Actualmente los aviones de fabricación británica suponen más de la mitad de la fuerza aérea saudí. Como señaló The Independent, “los aviones suministrados por Gran Bretaña y los misiles de fabricación británica han participado en los ataques aéreos casi diarios contra Yemen llevados a cabo por la coalición de nueve países dirigida por Arabia Saudí”.
Las organizaciones benéficas y los grupos de defensa de los derechos humanos son unánimes en considerar que sin lugar a dudas el patrocinio británico ha facilitado enormemente la carnicería en Yemen. “El gobierno [británico] está alimentando el conflicto que causa un sufrimiento humano insoportable. Es el momento de que el gobierno deje de apoyar esta guerra”, afirmó el director ejecutivo de Oxfam Gran Bretaña, Mark Goldring. La directora de Amnistía Internacional Gran Bretaña UK, Kate Allen, afirmó: “Reino Unido ha alimentado este conflicto atroz a través de temerarias ventas de armas que violan sus propias leyes y el tratado mundial de comercio de armas que en su momento defendió [...] la opinión legal confirma lo que afirmamos desde hace mucho tiempo, que la venta continuada de armas por parte de Reino Unido a Arabia Saudita es ilegal, inmoral e indefendible”.
En opinión de Edward Santiago, director de Save the Children en Yemen, “la renuencia de Reino Unido a condenar públicamente el coste humano del conflicto de Yemen da la impresión de que las relaciones diplomáticas y las ventas de armas acaban con las vidas de los niños de Yemen”, mientras que Andrew Smith de la Campaign Against the Arms Trade [Campaña contra el Comercio de Armas] ha escrito que “los aviones de combate y las bombas de Reino Unido han desempeñado un papel fundamental en la catástrofe humanitaria que se está desatando sobre el pueblo de Yemen”. Destacados juristas, incluido Philippe Sands, han afirmado que Gran Bretaña viola claramente el derecho internacional por vender armas que sabe que se utilizan para cometer crímenes de guerra.
Ahora se ha sabido que en esta guerra no solo se están utilizando armas británicas sino también personal británico. Según Sky News, seis asesores militares británicos están integrados en las fuerzas aéreas saudíes para ayudar con la selección de objetivos. Además, 94 miembros de las fuerzas armadas de Reino Unido sirven en el extranjero “desempeñando tareas para fuerzas desconocidas que se cree que es la coalición dirigida por Arabia Saudí”, según The Week, aunque el gobierno se niega a decir dónde están exactamente.
De hecho, puede que incluso los ataques aéreos británicos en Siria estén en parte motivados por el deseo de apuntalar la cada vez menor guerra en Yemen. Al ser preguntado recientemente en el parlamento Philip Hammond tuvo que admitir que ha habido una “disminución de las misiones de combate aéreas de los aliados árabes” en Siria desde que Gran Bretaña entró en la campaña aérea ahí debido a los “retos” del conflicto de Yemen.
Para el parlamentario nacionalista escocés Stephen Gethins, esto sugiere que “al intensificar los bombardeos en Siria, los países occidentales estaban disculpando [a los Estados árabes] de hacerlo para permitirles centrarse en el conflicto Yemen”, lo cual era especialmente necesario dado que ha ido disminuyendo el apoyo de Estados como Jordania, Marruecos y Egipto a la campaña de Yemen. Resulta particularmente irónico que el supuesto compromiso de los parlamentarios británicos de destruir al ISIS en Siria en realidad esté facilitando una guerra en Yemen cuyo beneficiario directo es el ISIS.
Por último, vale la pena examinar el apoyo británico a la candidatura saudí a ser miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Los informes del Consejo pueden ser muy influyentes. De hecho, fue la condena incriminatoria (y ahora sabemos que fraudulenta) este Consejo a Gadafi lo que proporcionó el pretexto “humanitario” para la la guerra de la OTAN en 2011 contra la Jamahiriya libia. Y la reciente expulsión por parte del gobierno de Yemen del enviado de Derechos Humanos de la ONU muestra lo sensibles que son a las críticas los fiscales de la guerra yemení. Por lo tanto, sería particularmente útil para quienes están desencadenando el infierno en Yemen tener el Consejo de la ONU lleno de simpatizantes para ahogar cualquier crítica este trimestre.
Así pues, Gran Bretaña es la principal fuerza externa que facilita la guerra contra el pueblo de Yemen encabezada por Arabia Saudí. Al igual que los saudíes Gran Bretaña está deseando aislar a Irán y trata de destruir a los hutis como el medio principal para lograrlo. Al mismo tiempo Gran Bretaña parece encantada de ver que al-Qaeda y el ISIS sustituyen a los rebeldes hutis a los que están bombardeando, se supone que al considerar que nueva base para operaciones de desestabilización terrorista en toda la región sirve a los intereses británicos.

Dan Glazebrook es un escritor político independiente que escribe para RT, Counterpunch, Z magazine, The Morning Star, The Guardian, The New Statesman, The Independent and Middle East Eye, entre otros. Su primer libro, Divide and Ruin: The West’s Imperial Strategy in an Age of Crisis, fue publicado por Liberation Media en octubre de 2013. Consta de varios artículos escritos desde 2009 en los que examina las relaciones entre el colapso económico, el auge de los BRICS, la guerra contra Libia y Siria y la “austeridad”. Actualmente investiga para un libro sobre el uso por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña de los escuadrones de la muerte sectarios contra Estados y movimientos independientes desde Irlanda del Norte y América Central en las décadas de 1970 y 1980 hasta Oriente Medio y África hoy en día.
 
Fuente original: https://www.rt.com/op-edge/328560-yemen-war-saudi-bombing-uk/
Fuente: Rebelión

martes, 7 de abril de 2015

Reino Unido: Tres nuevas tribus de votantes dominarán estas elecciones

 

 

GLASGOW, LA ESCOCIA POST INDUSTRIAL

Ahora mismo, los estrategas de los partidos miran de reojo el instrumental demográfico que divide Gran Bretaña en subtribus en una batalla por seducir a los votantes de cada código postal. Pero se pierden una imagen más completa. Estas elecciones están destinadas a verse dominadas por categorías políticas que son nuevas y mucho mayores. En lugar de categorías microdemográficas, lo que tendremos que entender son los sueños. Estos pueden reducirse a tres identidades geoespaciales, a las que he puesto el marbete de Escandi-Escocia, un Sudeste rico en activos y la Gran Bretaña post-industrial. Todo el drama de las elecciones reside en el hecho de que ninguno de los partidos principales ha aceptado plenamente el surgimiento de las líneas de falla y está tratando de atrapar un centro político que no existe. Empecemos con Escandi-Escocia. Si los sondeos son correctos, el próximo Parlamento estará dominado por la cuestión de la independencia escocesa. Si creen ustedes que la cuestión quedó cerrada con el referéndum del pasado septiembre, andan ustedes equivocados. Gran número de escoceses, incluidos algunos de los que votaron no, han configurado una identidad que queda resumida mejor que en ninguna parte en un cartel de antes del referéndum: “Bienvenidos al cálido sur de Escandinavia”. Es socialdemócrata en contenido, pero globalista y europeísta en su alcance. Digan lo que quieran los partidos unionistas sobre una coalición con el SNP [Partido Nacionalista Escocés], será crucial la pregunta de si se puede cumplirse este sueño en el seno del Reino Unido. Pero eso es producto sólo del segundo hecho geoespacial del que nadie quiere hablar: la división norte-sur. Es una vieja realidad, pero una realidad que ha evolucionado hasta volverse algo más duro y más complejo. Existe una identidad diferenciada del Sudeste que se configura en torno a un hecho económico permanente: la riqueza de activos. Si se mira un mapa de Gran Bretaña rediseñado de acuerdo con los precios de la vivienda, Londres y el Sudeste forman un gigante amasijo, y todas las demás regiones y naciones son como simples tallos fibrosos, como un huevo frito que fuera todo yema. Aunque agrandada por el actual auge del precio de la vivienda, esta desigualdad es como mínimo tan vieja como la era del libre mercado y ha producido una mentalidad en el Sudeste de Inglaterra que atraviesa clases y etnias. La gente del Sudeste de Inglaterra entiende implícitamente que cabalgan sobre el éxito de una economía financiarizada. Comprenden que, cuando funciona esta gran máquina financiera, aunque impulse la desigualdad, la única cosa lógica que se puede hacer es encontrar tu lugar, sea como operador de divisas o taxista, bailarina erótica o secretaria judicial. La intuición del “blairismo” consistió en comprender que este cambio estaba en marcha, y adaptar la política del laborismo para hacerse con sectores del Sudeste de Inglaterra. El error del partido consistió en creer que el cambio era universal, y que Escocia, Gales y el norte de Inglaterra seguirían siendo leales a medida que se iban adaptando. Que no lo lograsen ha llevado a la formación de la tercera identidad geoespacial: la Gran Bretaña post-industrial. En ella se incluye buena parte del norte de Inglaterra, el sur de Gales, muchas ciudades costeras y la mayoría de las grandes ciudades. Postindustrial no significa “cinturón de óxido” [de industrias cerradas]; quiere decir que las industrias que sobreviven son de alta tecnología, con un enfoque global y que emplean sólo una parte del personal al que solían dar trabajo. Pero hay una fuerte consciencia industrial que se perpetúa, que se torna descontrolada allí donde el mercado de trabajo está globalizado. ¿Pueden coexistir estos tres grupos en un solo sistema político? Durante el referéndum escocés, quedó claro que muchos jóvenes escoceses creían que el grupo “sureño con aspiraciones” de Inglaterra está más o menos permanentemente alineado con el conservadurismo y el liberalismo, y puede por tanto bloquear el gobierno socialdemócrata de izquierdas que muchos quieren en Westminster. Han visto las tensiones étnicas del la ciudades del norte de Inglaterra, el declive de los sindicatos, la fracturación del voto laborista que se va al UKIP y han sacado en conclusión que, aunque el grupo post-industrial sea su aliado natural, nunca va a alcanzar una mayoría de gobierno. Hoy, con 375.000 millones de dinero de relajación cuantitativa dando vueltas por ahí y una avalancha de proyectos de infraestructura centrados en Londres, el grupo del Sudeste puede mirar por la ventana de los agentes inmobiliarios y sentirse bien de nuevo. El aplastamiento de los salarios significa que el factor de los sentimientos optimistas puede ser débil, pero resulta tan cierto en Basingstoke como ausente está en Barrow-in-Furness. La única línea de falla dentro de la identidad del Sudeste es la generacional. La máquina generadora de riqueza en activos está funcionando sólo para la gente de edad mediana y mayor. Mucha gente joven vive de alquiler, y siente la irritación de quedarse fuera del mercado de la vivienda. Si se consideran las elecciones como una pugna entre tres sueños determinados geográficamente, hete aquí el problema. El único de estos grupos acosado por las dudas y la inconsistencia es la Gran Bretaña post-industrial. El SNP y los “tories” parecen haber captado bien el zeitgeist de sus respectivos feudos. El laborismo, no. Tras haber pasado la semana última en clubes y lugares de trabajo de Blackpool, Preston y Barrow-in-Furness, pude ver la situación claramente: que aun cuando voten sólidamente por el laborismo, lo harán sin entusiasmo. Ante la oportunidad de ver el duelo [televisivo] Paxman contra Miliband [importante periodista de la BBC y líder laborista, respectivamente), los miembros de un club de trabajadores de Barrow cambiaron de canal para ver la Liga de Rugby. De modo que la Gran Bretaña post-industrial se siente atrapada entre dos relatos rivales pero llenos de confianza que no pueden emparentarse culturalmente. Visto de este modo, la elección se convierte en una batalla por la supervivencia del laborismo. Tiene que contener las pérdidas en Escocia, aferrarse a los barrios marginados ingleses y llegar hasta esas partes del Sudeste de Inglaterra en las que la economía de la vivienda está nublando las perspectivas de los jóvenes. Es factible, pero deja con todo intacto el problema básico. La política ya no consiste en encontrar un terreno intermedio entre “dos naciones”: consiste en tres sueños que pueden ser incompatibles dentro del actual marco constitucional. De eso, pese a toda la retórica, es de lo que van las elecciones.

 

Paul Mason es editor de la sección de Economía del Canal 4 británico (Channel 4 News) y lo fue asimismo en el noticiario Newsnight de la BBC2. Profesor visitante de la Universidad de Wolverhampton, entre sus libros se cuenta Live Working or Die Fighting: How the Working Class Went Global (Londres, Harvill Secker, 2007), Meltdown - The End of the Age of Greed (Londres, Verso, 2009) o Why It's Kicking Off Everywhere: The New Global Revolutions. Londres, Verso, 2012). Su libro Postcapitalism: A guide to our Future, será publicado por Penguin en la primavera de 2015.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

FUENTE:  The Guardian, 29 de marzo de 2015

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