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viernes, 26 de mayo de 2017

La victoria de Sánchez abre la posibilidad de desalojar a Rajoy



Pedro Sánchez, vencedor de las primarias del PSOE


Pedro Gonzalez de Molina

Para sorpresa de propios y ajenos, Sánchez ha ganado las primarias del PSOE con una cómoda ventaja sobre Susana Díaz de un poco más de un 10% de votos y 14.836 votos, sumando incluso unos pocos centenares de votos más que la suma de Patxi y Susana juntos. Esto supone una derrota severa del aparato del PSOE, que se volcó en su gran mayoría (salvo alguna CCAA menor y Cataluña) con Susana Díaz, de las viejas glorias (Felipe, Zapatero, Rubalcaba, etc.), de los poderes mediáticos y del IBEX35, que no le perdonaron a Sánchez que les traicionase y no quisiese abstenerse para dar el Gobierno a Rajoy ,tratando de explorar una vía alternativa de Gobierno tras el 26J. El primer susto se lo llevaron con los avales, donde Susana esperaba arrasar con la presión que podía ejercer el aparato sobre los militantes, que no acabó saliendo bien. La estrategia de presentar a Patxi como “tapado” para restar votos de militantes y apoyos orgánicos a Sánchez acabó por salir mal, ya que restó mucho más voto a Susana. Y la estrategia de alargar el Congreso y gobernar con la Gestora para sostener a Rajoy en el poder, mientras se esperaba que Sánchez se acabase de desinflar, terminó en otro desastre al dar tiempo a Sánchez a recoger el descontento del partido contra su aparato a lo largo de estos meses, mientras la Gestora se quemaba en el proceso. Esto significa que a pesar del poder del aparato, éste no siempre gana (ya perdió contra Borrell también).

De hecho, el PSOE ha dado una lección democrática al resto de partidos, a pesar del atávico y antidemocrático sistema de avales. Siguiendo el modelo clásico de voto en urna, y de voto en un sólo día, logró un porcentaje de participación alto (casi votaron 150.000 militantes de unos 180.000 censados) que benefició a Sánchez. Además, éste ha ganado en todas las CCAA menos en Andalucía (Susana) y el País Vasco (Patxi), con lo que su apoyo está distribuido por todo el país.

Como novedad, en este proceso se ha producido un escoramiento hacia la izquierda de numerosos militantes sanchistas, como del propio Sánchez, que ha sustituido a su anterior equipo social-liberal (que lo traicionó) por dirigentes socialdemócratas (muchos venidos de IS, viejos guerristas, etc.). Una de las claves es que es la primera vez, desde la época de Felipe contra Guerra, donde dentro del partido se discute de política y las propuestas de una de las candidaturas han marcado el debate. Esto significa que en este proceso en el que muchos militantes del PSOE han participado y se han escorado a posiciones más a la izquierda supone un contrapeso al aparato (que no está muerto) y son el apoyo del nuevo Secretario General, pero, a su vez, son también quienes van a estar vigilantes con que el Secretario General cumpla, lo que pone límites a los acuerdos que pueda tener con el aparato. Aún así, hay que recordar que el aparato no está muerto, aunque Susana probablemente sí, intentarán moderar lo que pueda hacer Sánchez en el Congreso, y si éste va muy lejos intentarán hacerle la vida imposible como a Corbyn (aunque dudo de que lo haga el grupo parlamentario, ya que no tenemos esa tradición en España).

Equipo socialdemócrata

Lo importante aquí no es tanto el pasado de Sánchez, o lo que hiciese cuando fue Secretario General y estaba maniatado por el Comité Federal (que en el fondo buscaba que se quemase dando el Gobierno a Rajoy), lo importante es que se ha visto obligado por las circunstancias a asumir un papel más a la izquierda, más cercano a la socialdemocracia clásica y con un equipo de veteranos socialdemócratas a su alrededor. Esa es la novedad, ya que colisiona directamente con los intereses de Felipe González, de la UE y del Establishment, y va a obligar al nuevo Secretario General a responder a las grandes contradicciones entre lo que se hace en la UE, política neoliberal, y la política en España. Va a tener que elegir si no quiere acabar siguiendo la deriva del resto de la socialdemocracia europea devenida en social-liberal. Pensar que una persona no puede cambiar de opinión y de posición política hacia una más progresista es olvidar lo que le pasó a Mario Soares en su vejez, al ex-Secretario General de AP (Vestrynge) o a Largo Caballero (que pasó de moderado colaborador con la Dictadura de Primo de Rivera, a Ministro de Trabajo en la República y acabó como “el Lenin español”), sin querer comparar a Sánchez con la trayectoria de estos tres ejemplos.

En el fondo, no se puede “educar” a votantes y militantes durante 30 años en que el enemigo es el PP y luego justificar la abstención para dejar gobernar al PP con Rajoy el “recortador” como presidente. A Sánchez lo convirtieron en un mártir de la “izquierda” al deponerlo, para darle el Gobierno regalado al PP sin contrapartidas. Eso iba a tener un coste y lo ha tenido.

    PSOE y UP son dos proyectos autónomos condenados a entenderse si se quiere cambiar el Gobierno y la vida de los ciudadanos y ciudadanas a mejor.

En el plano externo, la victoria de Sánchez abre la posibilidad de desalojar a Rajoy antes de que acabe la legislatura y abre un panorama parecido al de Portugal, donde se pueda formar un “gobierno de progreso”, cerrando (de momento) la “gran coalición en diferido” a la española, que representaba Susana. Esto puede provocar una moderación de la austeridad en nuestro país y la recuperación de parte del terreno perdido si ese Gobierno “progresista” se llega a materializar, donde se podría construir un flanco Sur dentro de la UE contra la austeridad (Portugal, Grecia y España) que dependerá de la correlación de fuerzas y cómo estén los diversos países de la UE podrá ser viable o no.

En cualquier caso, esto va a suponer una mayor inestabilidad en el gobierno de Rajoy, el cuál va a necesitar “encajar” los apoyos de los nacionalistas (PNV, PdCAT, CC y NC) para poder sustentarse, haciendo un difícil equilibrio con Ciudadanos por un lado, y con “la amenaza independentista catalana” por el otro, que pueden llevar a la parálisis al Gobierno. Este revés amenaza la hoja de ruta de la oligarquía en nuestro país y veremos pronto qué va a hacer para rehacerse del golpe e intentar lograr imponer el programa contrarreformista neoliberal.

Es muy posible que la victoria de Sánchez, salvo giros inexplicados posteriores, pueda cerrar el grifo del voto socialista a UP y recupere una parte de los votantes que se pasaron a Podemos. Esto obligará a UP a dejar de esperar (como hizo IU con Cayo Lara) a que los votos vayan a caer sobre su cazo y le va a obligar a recuperar voto de la abstención (junto a la exclusión social), nuevos votantes y votantes desencantados de todo. Seguir empeñado en “pasokizar” al PSOE es un error de bulto importante. Las relaciones con el PSOE deberían de ser un poco más fraternas y menos basadas en la confrontación directa como hasta ahora, por supuesto marcando perfil diferenciado y criticando cuando sea necesario. La línea de que UP va a ser la única “alternativa y oposición de izquierdas” está muerta y mientras antes se acepte mejor. El PSOE también tendrá que aceptar que UP no va a desaparecer y que no va a recuperar la mayor parte del voto perdido, lo que significa que “la casa común de la izquierda” no va a volver y tendrá que hacer el mismo ejercicio que UP. PSOE y UP son dos proyectos autónomos condenados a entenderse si se quiere cambiar el Gobierno y la vida de los ciudadanos y ciudadanas a mejor.

No hay que olvidar que esta “recomposición de la izquierda” que se está produciendo en España no está exenta de numerosas contradicciones. El PSOE vivirá en un estado de excepción durante mucho tiempo mientras resuelve las contradicciones que atraviesa la socialdemocracia europea, y que su resolución de una manera o de otra marcará la supervivencia del proyecto socialdemócrata.

The time is changing. Que interesante se ha puesto la política española.
Fuente: Público.es - Radicales Libres

lunes, 22 de mayo de 2017

Sánchez derrota a las élites



Pedro Sánchez renace de sus cenizas y regresa al frente del PSOE con una victoria incuestionable y más poder del que nunca tuvo antes
Susana Díaz, la candidata que prometía “un PSOE ganador”, ha sido incapaz de vencer en su propio partido

Ignacio Escolar  

Contra la mayoría de los dirigentes socialistas, contra casi todo el aparato, contra Suresnes,  contra los barones, contra la gestora, contra la mayoría de los medios de comunicación, contra el poder económico, contra Cebrián, contra Felipe, contra Zapatero... contra unas élites tan alejadas siempre de los ciudadanos, sus preocupaciones y sus intereses. Pedro Sánchez renace de sus cenizas y regresa al frente del PSOE con una victoria incuestionable y más poder del que nunca tuvo antes. Ha recuperado Ferraz a lomos de la indignación de tantos socialistas por la abstención ante el PP y el golpe palaciego con el que se tumbó al primer secretario general elegido directamente por los militantes. Tiene una nueva oportunidad, aunque las élites que han perdido esta batalla volverán otra vez en su contra.

Susana Díaz, la candidata que prometía “un PSOE ganador”, ha sido incapaz de vencer en su propio partido. Solo se impone en su propia federación, Andalucía. Pierde en todas las demás y en la gran mayoría de las agrupaciones ha conseguido un resultado inferior incluso al número de avales que presentó con su nombre; un indicador bastante claro de hasta qué punto presionó a su favor el aparato. ¿El lugar donde más voto oculto había para Pedro Sánchez respecto a los avales? Es fácil de imaginar: en Andalucía.

Hasta hace dos semanas –con el recuento de esos avales, cuando se vio venir lo que finalmente ha pasado–, Susana Díaz pretendía ganar estas primarias sin despeinarse, sin competencia, sin molestarse siquiera en presentar un proyecto propio; solo Esperanza Aguirre había intentado antes ganar unas elecciones sin programa. Díaz solo presentó sus propuestas por escrito cuando la tozudez de los datos de los avales demostró que siempre es un error creerte tu propia propaganda.

La imagen de Susana Díaz es pésima entre los potenciales votantes del PSOE, según todas las encuestas. También salía peor que Pedro Sánchez en la valoración de todos los españoles, incluyendo a quienes no se plantean votar al PSOE. No era así entre las élites socialistas, donde nunca antes un candidato ha tenido apoyos tan unánimes, a pesar que muchos de ellos, en privado, admitían que la presidenta andaluza tenía los pies de barro. Ellos también han sido claramente derrotados y de la generosidad e inteligencia del nuevo secretario general dependerá que formen parte del futuro del PSOE o solo de su pasado.

Sánchez tiene en su mano el mandato más claro que ha tenido jamás un líder socialista desde que Zapatero perdió la presidencia. Ya había ganado antes unas primarias, con menos votos pero más margen frente a Eduardo Madina. Aunque en aquella ocasión Sánchez contaba con el apoyo mayoritario de un aparato que después consideró que la victoria era suya y quiso tutelar cada uno de sus pasos. Casi nadie de los que le apoyaron en aquellas primarias creía en él, empezando por la propia Susana Díaz, que solo le respaldó porque Madina le parecía poco dócil.

Los partidarios de la candidata derrotada tienen herramientas para limitar el poder del nuevo secretario general. En el grupo parlamentario –donde los de Pedro son minoría–, en los gobiernos autonómicos, en las federaciones… En teoría, Sánchez tendrá que pactar también los nombres de la nueva Ejecutiva socialista, que debe ser respaldada por los delegados en el próximo Congreso. En la práctica, el resultado le deja las manos casi libres, aunque la primera comparecencia de Susana Díaz tras su derrota –una intervención donde ni siquiera se ha referido a Pedro Sánchez por su nombre– no permite pronosticar que la presidenta andaluza no vaya a oponer resistencia.

A partir de hoy, Pedro Sánchez tiene una nueva oportunidad de la que, en esta ocasión, será plenamente responsable. Dentro de su equipo le aconsejarán dos cosas contradictorias: unos, que sea generoso e integre a los derrotados; otros, que aproveche esta victoria para regenerar el partido. Probablemente deba mezclar un poco de ambas recetas. De su éxito o fracaso dependerá en gran medida la posibilidad de un país donde el Partido Popular no siga para siempre en La Moncloa.

Fuente: eldiario

La derrota de la soberbia. Hay partido

 Susana Díaz


La victoria de Sánchez no es contra una dirigente regional sino contra todos los poderes que operaron fuera y dentro de su partido para que el PSOE no fuese alternativa y gobernase Rajoy


Suso de Toro

Si hace dos días la imagen en la política española era otra vez la Puerta del Sol ocupada por personas convocadas por Unidos Podemos bajo el llamamiento a apoyar su moción de censura, hoy y en los próximos días la imagen es la victoria de Pedro Sánchez dentro de su partido. Si hubiese perdido la imagen que prevalecería aquella de la Puerta del Sol, demostraría que el único lugar hacia donde mirar muchos ciudadanos para un cambio político sería Unidos Podemos.

El PSOE demostró que no estaba muerto, que estaba de parranda. Estaba vivo y, sobre todo, que no estaba completamente atado. Solo la ceguera más ciega o el sectarismo más enconado puede negar que cualquier cambio político en España tiene que contar de forma cualitativa con el PSOE, aunque también este tiene que aceptar la evidencia, que también solo puede negar ceguera o sectarismo, que tiene que reconocer la evidencia de UP.

La imagen de Susana Díaz saliendo de incógnito de una sede ocupada y rodeada por militantes eufóricos resume la derrota de muchas cosas y el triunfo de alguna otra. Antes de escabullirse entre abucheos, Díaz demostró su falta de categoría en la comparecencia ante los medios. Nadie le puede pedir a un candidato que perdió una elección que sonría reconociendo la derrota, pero alguien que preside y aspiraba a dirigir un partido tiene la obligación, no sólo la cortesía, de reconocer y felicitar al candidato ganador. Díaz no solo no pronunció su nombre ni lo felicitó, sino que únicamente felicitó a sus seguidores en Andalucía y puso condiciones a la dirección del partido en el futuro.

Si alguien de buena fe creyó que esa persona podía ser aceptada por muchos sectores de población y dirigir un partido tan importante e incluso gobernar España debe de estarse bien callado en mucho tiempo. La figura política de Díaz hizo evidente también algo que se solapa siempre, España es un estado mucho más diverso y plurinacional de lo que se dice y una figura política así, que hace bandera de lo étnico particular, crea inquietud en muchas personas que no son de su lugar.

Pero la victoria de Sánchez no es contra una dirigente regional, sino contra todos los poderes que operaron fuera y dentro de su partido para que el PSOE no fuese alternativa y gobernase Rajoy. Los poderes económicos, mediáticos y la vieja guardia, González, Guerra, Rubalcaba, a la que se sumó Zapatero, y presidentes autonómicos, Vara, Puig, Lambán. Y de modo conspicuo "El País", que pretendió nuevamente decidir el rumbo de ese partido.

Y, sobre todo, es una victoria de la militancia, es un golpe de estado interno al revés. El asalto a la secretaría de Sánchez que pasó por aquel episodio de aquella persona, Verónica Pérez, enviada por Díaz desde Sevilla a la calle Ferraz de Madrid y allí gritó que era "la máxima autoridad del partido" y condujo a una gestora totalmente ilegítima y sectaria, como demostró con su trato descortés su presidente cuando recibió a los tres candidatos para un debate en la sede.

La victoria de Sánchez es el fruto del cabreo y la afrenta a la militancia y al sentido común. Una recuperación del partido por parte de la militancia frente al aparato y frente a los poderes. No es un tópico, es la verdad.

Lo que haga Sánchez con esa energía desencadenada ya es otra cosa. Se verá.

Fuente: eldiario.es

lunes, 7 de noviembre de 2016

Los poderes invisibles

EFE


La opacidad del poder es la negación de la democracia. Por eso, la democracia es luz, es un poder visible, transparente, ante el público, sometido a su escrutinio, a  controles y equilibrios. Lo contrario es la oscuridad


Javier Aroca


La entrevista concedida por Pedro Sánchez a Jordi Évole en La Sexta ha provocado una gran conmoción entre propios y ajenos, sin que se sepa, de momento, aunque se sospeche, quiénes son los propios y quiénes los ajenos. Independientemente de las derivadas orgánicas o del oportunismo, la situación descrita por el defenestrado secretario general es un asunto preocupante. No le resta gravedad la ofensiva de sus  compañeros de filas ni la de los nuevos amigos de los socialistas, sumados con entusiasmo a la causa, tras la asonada palaciega. Uno y otros están empeñados en descalificar a Sánchez, señalando, desde su imprudencia a su ligereza, como en reprocharle su escasa valentía en el momento en el que se produjeron los hechos denunciados.

Las acusaciones de Pedro Sánchez de presiones ilegítimas desde una empresa de comunicación, si ciertas, son graves, muy graves. La conducta, al parecer continuada en el tiempo, fue denunciada con más sutileza, en directo, por el ajusticiado en su día, Josep Borrell, víctima de presiones semejantes. Luego, con desatino, en mi opinión, ha vuelto a plantearse por el líder de Podemos, Pablo Iglesias, con ocasión de la conducta inmobiliaria de Espinar, dañando las posiciones mejores en la legítima aspiración al debate sobre el papel de los medios en la política en democracia.

Lo que escribo a continuación son palabras robadas y reflexiones de Norberto Bobbio, un maestro para mí, un referente ético para la democracia. El poder invisible es una enfermedad mortal y moral de nuestra democracia. Se trata de un sistema de prácticas ilegales, a menudo criminales, de relaciones ocultas e inconfesables, de interferencias, intrusiones que, como un río subterráneo, afloran periódicamente. Para Bobbio, los poderes invisibles socavan los fundamentos ideales de la democracia.

La opacidad del poder es la negación de la democracia. Por eso, la democracia es luz, es un poder visible, transparente, ante el público, sometido a su escrutinio, a  controles y equilibrios. Lo contrario es la oscuridad, reservada a unos pocos, a los dictadores y déspotas, un arcano sin control democrático. Esos que ponen y quitan dirigentes, hunden o arruinan carreras políticas, desactivan partidos políticos, la voluntad popular, tuercen el río natural y democrático de un país, en beneficio de su propio interés o el de sus descendientes y afines, sin más control que la competencia entre ellos mismos, su voraz darwinismo, en pro de sus talegas insaciables.

Tras el velo de la invisibilidad de estas conductas, con huevos fritos por delante, a  veces, o en despachos ultramarinos, maduran y se difunden vicios grandes y pequeños que arruinan las raíces del sistema. Es un verdadero peligro porque, como advirtió Maurice Joly, "las instituciones democráticas no duran mucho si no actúan a la luz pública". No valen los dossieres, y menos de las agencias estatales, con promesa de intimidación y extorsión, las conspiraciones ocultas en nombre de la razón de estado, los afinados o relajaciones, los periodistas oblatos, la suplantación del poder y de los gobiernos por subgobiernos a la sombra, compuestos por "ministros" ilegítimos, a los que nadie  ha elegido y que no se someten a control alguno.

Por debajo, aún más en profundidad, operan los criptogobiernos, la parte más corrosiva de la corrupción de la democracia. Poderosos banqueros, empresarios, financieros, intermediarios cortesanos o empresarios mediáticos, que han sobrevivido a todos los regímenes y se han enriquecido de manera ilícita y dinástica, con monarquía, república, dictadura y transiciones a la democracia sin acabar - las que consideran su negocio particular-, consiguiendo en la oscuridad, unos beneficios ilegítimos que a la luz pública no serían capaces de lograr, so pena de dar con sus huesos en la cárcel, en la transparencia de una democracia ideal, por supuesto.

No tienen escrúpulos, no dudan en desestabilizar y arruinar la reputación de personas e instituciones, sea la libertad de expresión, la Justicia, la Hacienda o la Seguridad Pública,  si hace falta; el miedo y la manipulación son sus armas, la compra de voluntades, una de las más refinadas; para ello, necesitan siempre cazar brujas, depurar opiniones disidentes. El complot, o el golpe, si necesario, es la más letal de sus armas. Donde hay un tirano, hay un complot y, si no, se lo inventa.

A sus leales les prometen y conceden posesiones, privilegios y generosas regalías muy por encima de sus valías personales y posibilidades; les seducen con sus oropeles pero, eso si, les exigen incondicionalidad, responsabilidad y prudencia. La prudencia de la serpiente que decía Baltasar Gracián, es decir, la de saber callar. Pero, en hablar, en hacer la luz en la oscuridad que esconde  la intimidación y la corrosión de los valores democráticos, reside un acto de gran patriotismo, aunque éste te condene a la retirada y te ciegue la vía de las puertas giratorias. Callar, aun solo por el hecho de no haber tenido antes la valentía de haber hablado, puede constituirse en  un acto reincidente de una profunda y mayor cobardía y, desde luego, una traición a la democracia. Amén y muy agradecido, don Norberto.

Fuente: eldiario.es/andalucia/desdeelsur/poderes-invisibles_6_577502255.html … Por @JavierArocaA

domingo, 30 de octubre de 2016

Las lágrimas de Boabdil al perder Granada



 Pedro Sanchez durante su comunicado de prensa tras hacer entrega de su acta como Diputado en el registro del Congreso de los Diputados este medidodia .imagen DAVID CASTRO


Juan Carlos Monedero

Si hoy presto oídos
escucho una música que viene de muy lejos,
del pasado también,
de cuanto ha muerto,
de horas y signos distintos de los de hoy,
y de otras vidas.

Quizás la nuestra
-y nosotros mismos, no somos otra cosa que ella-
no sea más que música
porque todos fuimos alguna vez mejores,
o más felices y más dignos:
no obstante, toda música cesa…
…hasta en nuestro recuerdo…
toda música cesa…

Boabdil (último rey de Granada 1460-1527)

Nadie bien nacido deja de emocionarse cuando ve a alguien romperse. Hemos llegado hasta aquí no siendo indiferentes al llanto de un niño y al dolor de nuestros congéneres. Y cuando perdamos eso nos habremos perdido como especie. Pero la emoción que embarga a quien sufre porque ha perdido algo que le era caro –sea un yo-yo, un reino, una secretaría general o un escaño- no debiera hacernos perder la perspectiva. La emoción es esencial como entrada al razonamiento, pero luego hay que enfriar el sentimiento, aunque sea para regresar a él. La solidaridad con el que sufre no significa apoyar las razones de ese sufrimiento. La pasión debe ir siempre, como nos recordó Hirschman, acompañada del análisis de los intereses. A veces uno se rompe porque se ha dado cuenta demasiado tarde de que le ha faltado valor.

A Pedro Sánchez se le ha quebrado la voz anunciando que deja su escaño de diputado. Es la penúltima quiebra de quien lleva demasiado tiempo haciendo vieja política y chocando contra la marcha de los tiempos. Digo la penúltima porque en el PSOE cuando ejecutan ejecutan de verdad. Y la gestora, me temo, aún no ha dicho la última palabra sobre Sánchez. Como un animal herido, el PSOE va teniendo maneras de mafioso. Y no perdonan. Y encima dicen “no es nada personal”. Quizá esa ha sido la razón de su voz cortada y rota.

El papel de Sánchez ha sido triste. Cuando pudo atreverse no lo hizo y dejó que los barones le dictaran el rumbo. Decidió echarse en brazos de Ciudadanos después de las elecciones de diciembre y entró en el juego de descalificar a Podemos para que los de Pablo Iglesias se abstuvieran. Ese discurso encontró eco en algunos sectores de la formación morada, pero la hipótesis de Iglesias resultó correcta: el PSOE nunca iba a permitir un gobierno con Podemos, y en cuando eso cobrara la menor posibilidad, vendría un golpe de estado interno que pondría las cosas en su sitio. Lo que ha pasado ahora hubiera pasado en enero o febrero. Sánchez se ha estado tentando la ropa todo este tiempo.

Sánchez fue aupado en el Congreso Extraordinario de 2014 por Susana Díaz y Felipe González para frenar a Eduardo Madina, quien significaba una posibilidad de cambio tanto en lo ideológico como en lo generacional. Sánchez, un burócrata del partido sin mochila –salvo haber colaborado en la redacción de la reforma del artículo 135 de la Constitución-, que siempre había trabajado para el PSOE y que era, como todos los cachorros de Pepiño Blanco, obediente. Hasta que se vio Secretario General y decidió tomar sus propias decisiones. Y empezó a disparar contra el artículo 135 con el que había colaborado y enfadó a Zapatero. Y se postuló para candidato a la Presidencia del Gobierno y enfadó a Susana Díaz. Y empezó a hablar con Podemos por un por si acaso y enfadó a Felipe González. Y ejecutó a Tomás Gómez y enfadó a la gerontocracia del Partido Socialista de Madrid. Como los doce del patíbulo, se dio a sí mismo una misión suicida que le podía merecer el indulto –ser Presidente del Gobierno- y en una buena finta convocó a las bases para burlar a la baronesada. Pero siempre le faltó coraje. Al final lo han ejecutado y no precisamente como un mártir. En política, incluso los corredores de fondo tienen que acertar con los tiempos y cuándo tienen que jugársela.

El epílogo no dejaba mucho espacio. Votar contra su Comité Federal era cerrar la puerta a que nadie nunca obedeciera las órdenes de los órganos. Mal asunto para quien quiere dirigir un partido. Plegarse y abstenerse haciendo a Rajoy Presidente le convertía a los ojos de cualquiera en un personaje trágico digno de un cuento de Borges sobre traidores y héroes. Toda la jugada le empujaba, en términos racionales, a la dimisión (aunque la desesperación dejaba todos los escenarios abiertos). La voz rota ha sido la constatación en directo de que ha perdido la batalla y, me temo, la guerra.

Anuncia Sánchez que va a recorrer el país de cara al próximo congreso del PSOE. Tiene detrás demasiada mochila. Ese anuncio sirve para maquillar un poco el duro golpe que le ha supuesto tener que marcharse, pero no vale para reconstruir el PSOE. Ese partido se ha roto, y no puede ponerse en marcha con parches. Ni con Borrell que trae el fardo de Abengoa y los consejos de administración, ni con Madina que va a hacer Presidente a Rajoy absteniéndose, ni con Sánchez, que ha hundido a su partido llevándole al peor resultado de su historia y a una falsa lucha interna que solo ha servido para deprimir a los militantes y votantes honrados de ese partido.

Al PSOE no le queda otra que romperse porque la socialdemocracia ligada a la Internacional Socialista ha cumplido su ciclo histórico. Tuvo su momento de gloria en los años cincuenta y sesenta con el SPD alemán y el Partido Laborista inglés, comenzó el declive con la quiebra de Bretton Woods en 1973, abrió las puertas a los barbaros con el Tratado de Maastricht, firmó su defunción con las terceras vías y se enterró a sí mismo entrando en el gobierno con Ángela Merkel, haciendo de Margaret Thatcher su referente, bombardeando Yugoslavia o Irak y entrando en nómina de Gazpron, Gas Natural, Murdoch o Carlos Slim.

En España, al igual que en Europa, hay que reconfigurar el sistema de partidos. Lo viejo no termina de marcharse y lo nuevo no termina de llegar: tiempo en donde proliferan los monstruos. La quiebra del bipartidismo ha venido de la mano de la quiebra de las salidas neoliberales. Ni la naturaleza, ni los países del sur ni las generaciones futuras pueden cargar con el ansia de beneficio que reclama el sistema a sus grandes corporaciones. Por eso ha regresado a Europa esa lucha de clases que significa que en España entren dos salarios en una familia y no lleguen a fin de mes. La lucha de clases que implican las palabras del jefe de la patronal, Rossell, afirmando que “el trabajo estable es una reliquia del siglo XIX”. El PSOE ha decidido –como en Italia, como en Alemania, como en Grecia- ponerse al lado de los que combatía hace treinta años. Y no puede hacer otra cosa porque es una de las dos patas del sistema. Hace dos años y medio afirmé que el PSOE tenía que elegir entre Podemos o el PP, y que si escogía al PP se rompería. La parte más relevante de ese partido ya ha decidido. Ahora falta no que nadie invente falsas reconstrucciones de un partido moribundo ideológicamente, sino que los socialistas de corazón encuentren un nuevo espacio y abran el debate con lo emergente. Y en la sede de Ferraz, colgará boca abajo el retrato de Pedro Sánchez como aviso para navegantes.
Fuente: Público.es

martes, 4 de octubre de 2016

F.G. y Cebrián, operación acoso y derribo a Sánchez

Felipe González, Juan Luis Cebrián


Roberto Montoya
Viento Sur


“Me dijo (Sánchez) que se iban a abstener, me siento engañado”. Con su sinceridad habitual -faltaba más-, el ex presidente Felipe González hacía esas declaraciones a la cadena SER el miércoles pasado. Minutos después el resto de medios del Grupo PRISA rebotaba con fuerza la noticia y a continuación lo hacían en tromba los otros medios y las redes sociales.

Las palabras del eterno intrigante González parecían ser la contraseña acordada -como lo era ’Duque de Ahumada’ para los golpistas del Tejerazo- porque sólo horas más tarde 17 barones de la Ejecutiva Federal del PSOE presentaban conjuntamente su dimisión para forzar la caída de Pedro Sánchez, según su torticera interpretación de los estatutos del partido.

A pesar de las rivalidades políticas y personales que mantienen entre sí varios de esos barones -y baronesas-, quienes vienen orquestando desde hace ya mucho tiempo la operación acoso y derribo de Sánchez consiguieron con su medida el objetivo buscado: unir en un frente común al grueso de los críticos a Sánchez.

Para ello provocaron un impacto mediático que llegó a todos los confines del -mal llamado- mundo desarrollado, centrado en mostrar al máximo líder del PSOE como el único responsable de los desastrosos resultados electorales del partido, como el aventurero que se atrevía a intentar, tímida y tardíamente, tantear la posibilidad de presentar una propuesta de Gobierno alternativo progresista que impida seguir gobernando al PP.

¡Qué barbaridad, a quién se le ocurre algo semejante!, que diría Susana Díaz, quien criticaba estos días a “aquellos que se han cegado con los fogonazos de los partidos nuevos”. Algo parecido a lo que decía González: “la dispersión del voto no ha aportado nada bueno a España” ¿Qué opinará Rivera, que le permitió a Susana Díaz ser presidenta de Andalucía sobre su alusión a los “partidos nuevos”? ¡Ah!, es que hay partidos nuevos, y partidos nuevos-viejos, viejísimos, es eso, hay que saber diferenciar.

Toda esta operación de acoso y derribo contra Sánchez lo ha convertido en un izquierdista de toda la vida, un radical, un extremista.

La trama urdida por el Señor X -perdón, el que fuera presunto Señor X, que el otro día parecía a punto de confesar al fin con eso que dijo de “a pesar de lo que hicimos en el País Vasco, tá, pá, pá”-, junto con Cebrián, los señores del IBEX35 y los fondos buitre y otros accionistas de PRISA, ha estado sin duda bien coordinada.

Esa trama empezó en realidad hace mucho, mediáticamente al menos desde 2014, cuando Felipe González, sentado entonces en su poltrona en Gas Natural y desde el púlpito de PRISA lanzó la provocadora idea de una “gran coalición” entre el PP y el PSOE, indicándole así el camino a seguir al entonces secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Posteriormente F.G. fue diluyendo esa propuesta y apostando abiertamente para que el PP o el PSOE dejaran gobernar a aquel de ellos que resultara más votado. En definitiva, lo importante era mantener el bipartidismo, lo que garantizaba tranquilidad para el Poder real del país.

“Ni el PP ni el PSOE deberían impedir que el otro gobierne”, decía González el 26 de enero de 2016 -en El País, por supuesto-, a cuatro columnas en portada y gran despliegue interno.

De ese segundo planteamiento F.G. pasó dos meses después a declarar en otra entrevista a El País, cuando se le preguntó tras el pacto entre el PSOE y Ciudadanos a qué tercera puerta tendrían que tocar para tener mayoría: “No tengo preferencias entre el PP y Podemos”. Al que hasta dos décadas antes había sido secretario general del PSOE le daba lo mismo que su partido compartiera el poder con la derecha o con la izquierda.

Sin embargo, en su tercera postura en dos años González ya acabó con cualquier ambigüedad. Pidió a Sánchez que se olvidara de intentar un gobierno alternativo progresista con “leninistas 3.0” y “los que quieren romper España”. González reclamó públicamente al secretario general de su partido que se abstuviera ante la segunda intentona de investidura de Rajoy permitiéndole gobernar. Y, según González, Sánchez se comprometió a ello. Por ello se habría sentido “engañado” cuando el líder socialista se negó rotundamente a abstenerse. Se hubiera comprometido o no en aquella conversación -varios analistas aseguraban que esa iba a ser efectivamente la postura del PSOE- el hecho es que Sánchez y su equipo decidieron finalmente plantarse y dejar de bajar y bajar la cabeza una y otra vez como lo venían haciendo.

Y esto desencadenó la crisis.

Cebrián, punta de lanza de la ofensiva

El Grupo PRISA, y muy especialmente El País, ha tomado partido de una forma más abierta que nunca en la escena política nacional y en esta crisis interna del PSOE, porque Cebrián, como González -socio de este en muchos negocios y miembro del Consejo Editorial- y los principales accionistas se juegan mucho en esto.

Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo de PRISA, que en pleno ajuste y despidos de personal en 2014 se aumentaba un 35 % su sueldo -hasta 1,5 millones de euros anuales- y se aseguraba un bonus por jubilación de 1,2 millones anuales, ha logrado en abril pasado que la Junta de Accionistas prorrogue su vinculación con el holding hasta 2020.

Sin embargo, Cebrián no puede estar tranquilo, sabe que Amber Capital, el fondo buitre que controla el 16 % del capital y que tiene como consejero a su fundador, Joseph Oughourlian, va a por él, acusa a Cebrián de ser el principal responsable de la crisis por la que atraviesa PRISA. Por ello para Cebrián es clave estar bien con el poder, “con los de toda la vida”, y le da lo mismo en definitiva que gobierne el PP o el PSOE, siempre que este sea dócil y cómplice.

Los titulares de portada de El País, el tratamiento a la información política nacional y los editoriales ya han perdido la más mínima fachada de objetividad, van a degüello contra Sánchez, contra Iglesias, las Mareas, los nacionalistas, sin intentar siquiera guardar las formas.

En las últimas semanas El País y el resto de medios del poderoso holding PRISA sacan chispas en sus titulares y editoriales: “Los críticos se preparan para frenar los pactos de Sánchez”, “Los líderes del PSOE harán frente al plan de Sánchez”, “Sánchez, dispuesto a un congreso para hacerse fuerte en el cargo”, “Sánchez pasa al ataque para eliminar la crítica en el PSOE”, “El PSOE se alza ante el intento de Sánchez de retener el cargo”, “Sánchez se atrinchera tras su cese”, son algunos de los grandes titulares de las últimas portadas de El País.

Sin embargo, fue el editorial “Salvar al PSOE” del pasado jueves 29, que tenía como subtítulo “El cese inevitable y legítimo de Sánchez es la única salida para el partido”, el que desbordó la indignación de la Redacción de El País y de dirigentes socialistas como Josep Borrell.

Ese mismo jueves el Comité de Redacción de El País mantuvo a última hora una reunión con el director del periódico, Antonio Caño, para transmitirle el malestar suscitado entre numerosos periodistas ante el tono insultante y partidista empleado contra Sánchez, al que se le llegó a tildar de “insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido que con tanto desacierto ha dirigido”. En ese editorial se le acusaba igualmente de “populista” por “convocar a los militantes para atrincherarse en el cargo”. Es loable que la Redacción reaccionara así aún en los tiempos que corren, en los que los EREs, la precarización del trabajo y la pérdida de derechos laborales dificulta en todos los grandes medios las protestas internas, la actividad sindical y la reivindicación de la cláusula de conciencia.

“El Comité no entra a valorar la línea ideológica del periódico, pero sí los calificativos utilizados en este texto, que exceden el equilibrio y mesura propios del estilo editorialista de El País”, dice en uno de sus pasajes el comunicado del Comité de Redacción del periódico.

El texto explica cuál fue el resultado de la reunión con Antonio Caño: “El encuentro, mantenido a última hora de la tarde, apenas duró un minuto. El director argumentó que no acepta ningún debate ni con el Comité ni con la Redacción sobre la línea editorial y que es el único responsable de la misma”. Esta es la idea de periodismo libre e independiente que defiende PRISA. ¿La reivindicará también en su costoso Máster de periodismo?

Días atrás recordábamos en otro artículo (http://vientosur.info/spip.php?article11679) que el Consejo Editorial, del que forman parte, entre otros, González y ahora también Rubalcaba, es clave en la decisión de la línea editorial, pese a que Caño se atribuye la responsabilidad exclusiva de los editoriales.

Ese agresivo editorial, que quedará sin duda como una más de las grandes manchas que cosecha El País en su historia, y ya son muchas, ha provocado también que veteranos dirigentes socialistas, como Josep Borrell, ex ministro de González, reaccionaran con ira: “Me da pena el comportamiento de El País. Que yo sepa, el Grupo PRISA no puede cesar al secretario general del PSOE”.

Y es verdad, los Estatutos del PSOE no lo prevén, aunque por momentos lo pareciera.

Roberto Montoya, periodista y escritor, es miembro del Consejo Asesor de VIENTO SUR

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article11737
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Iglesias quema las naves



Fernando López Agudín

Que en plena campaña electoral en Galicia y Euskadi, en vísperas de la apertura de las urnas, Iglesias haya considerado necesario retomar el debate político e ideológico de Podemos obedece, seguramente, a razones coyunturales que van más allá de las puramente electorales. No se puede encontrar hoy un momento menos idóneo, que los que envuelven a unas elecciones, para abrir públicamente una discusión interna que, además, nunca ha sido planteada abiertamente en la formación morada. Que lo sea aquí y ahora, de una forma imprevista, suscita no pocas interrogantes que, probablemente, se irán aclarando poco antes de que comience el invierno.

La polémica es consustancial a Podemos. Nacido al calor de las movilizaciones del 15M, es una abigarrada suma de identidades pendientes de encontrar una síntesis para poder continuar avanzando. Ya lo advertían los clásicos, sin teoría no hay movimiento. Pero ese debate imprescindible no responde, esencialmente, a la pregunta del por qué y para qué de la intervención del líder morado. No es una clave interna, pese a la urgencia de esa discusión, sino externa la que puede dar la respuesta. Es en esta actual coyuntura política, protagonizada por la crisis del PSOE, donde Sánchez lucha a brazo partido contra los que buscan imponerle la abstención en la investidura de Rajoy, donde hay que buscar la explicación.

Pedro Sánchez ha puesto pie en pared. Formados en la acreditada escuela de Rubalcaba, Sánchez y su cinturón burocrático poseen una amplia experiencia en los manejos del aparato, más que suficiente, para desbaratar conspiraciones e intrigas del viejo PSOE mediante consulta a los militantes, primarias para la secretaria general o convocatoria de un congreso ad hoc. Van dados si, tras los resultados electorales de Galicia y Euskadi, intentan defenestrar al líder socialista. Ya lo dice bien el refrán, cría cuervos….. Urge pues, por parte de los viejos socialistas, la búsqueda de una tregua que evite o aplace, por el momento, el estallido de unas hostilidades que les perjudicarían, dado que carecen de ese ejército de militantes que siguen a Sánchez.

Ese punto de encuentro, que combine la continuidad del líder socialista con los objetivos de los ibexsocialistas, se llama Rivera. Puesto que no es viable un PSOE que se abstenga con la derecha de Rajoy, más vale, piensan, un PSOE con la derecha de Rivera que evita así un PSOE con la izquierda de Iglesias. De esta manera, todo el ibexsocialismo puede sumarse a la nueva tentativa de Sánchez con Ciudadanos y Podemos, incluso sabiendo que es inviable. Se mantendría la unidad socialista, se ganaría tiempo y se iría en mejores condiciones a unas terceras elecciones. Pero falta una pieza fundamental, es imposible la jugada sin conseguir la complicidad subalterna de los morados, dispuestos a embarcarse en las naves armadas por los ibexsocialistas.

Esas son las naves que Iglesias, como ya lo hizo Hernán Cortés, acaba de quemar justo antes de que se empiece a jugar esta partida de los poderosos. No habrá más pacto con Podemos que el que tenga como única meta un amplio gobierno progresista basado en la unidad de la izquierda. Ni habrá tampoco más acuerdo que el que, lógicamente, se suscriba con el líder de la formación morada. Iglesias como Sánchez, además, también puede recurrir a consultar a las bases, en este caso los círculos, sobre qué tipo de alianza se prefiere. Ya lo hizo en la pasada primavera, es previsible que lo volvería a hacer en otoño si también lo necesita.

Quemando estas naves ibexsocialistas arde también el armisticio entre el viejo y el nuevo PSOE. Queda, por lo tanto, un tenso comité federal a cara de perro que deberá resolver ese empate infinito que caracteriza este 2016. Los poderosos, dentro y fuera del socialismo, no pueden imponer un gobierno de la derecha; pero sí pueden impedir un gobierno progresista, basado en la unidad de la izquierda, pese a contar con la mayoría de los escaños. Probablemente no será por mucho tiempo, porque la manifiesta impotencia de hoy de  todos los viejos socialistas en aplastar la renovación generacional, encabezada por Sánchez, preludia también la de mañana para impedir un PSOE alejado de la derecha aunque, de momento, no se sitúe junto a la izquierda.

Fernando López Agudín

Fuente: Público.es

martes, 20 de septiembre de 2016

Echarle el muerto a Sánchez







Fernando López Agudín


Todavía no se han celebrados los comicios del próximo domingo 25 en Galicia y Euskadi y ya se le echa el muerto del previsible fiasco electoral del PSOE a Sánchez. Nadie ignora que el lunes 26, sino es incluso en la misma noche del recuento de votos, el viejo PSOE va a utilizar los resultados de ambas urnas para intentar liquidar ese incordio del nuevo PSOE que se niega a abstenerse en la próxima investidura de Rajoy. Con estos más que probables números rojos en ambas urnas, según indican todos los sondeos, calculan que será muy posible acabar con la negativa de Pedro Sánchez o, sencillamente, terminar con él mismo en una anunciada e inminente reunión del Comité Federal.

Nada más lógico y nada más injusto. Por un lado, el ibexsocialismo pretende rehuir su responsabilidad en la caída constante del PSOE, unos cinco millones de votos perdidos, y, por otra parte, negar que si no hubiera sido por Pedro Sánchez el tan cantado sorpasso sería hoy una realidad política cierta en toda España, como lo va  a ser, probablemente, el domingo en Galicia y Euskadi, donde Podemos adelantará a los socialistas. Han sido las puertas giratorias de González, el torpe terrorismo de Barrionuevo, el socialiberalismo de Solbes, la Otan de Solana, las corrupciones de Chaves y Griñán, la ideología amorfa de Maravall y la genuflexión de Zapatero, los auténticos responsables.

El viejo PSOE reproduce la misma lucha habida en la transición contra el nuevo PSOE. Entonces como hoy, Llopis como Rubalcaba, intentan liquidar una dirección joven que se negaba y niega a ayudar a la derecha. Ayer con Arias Navarro, hoy con Rajoy. No es casual que el Juan Luis Cebrián que hoy dispara balas de papel contra Pedro Sánchez lo hiciese ayer, desde la TVE franquista, contra las fuerzas democráticas. Tanto que volvemos a revivir aquella dualidad de siglas socialistas, el PSOE histórico contra el PSOE renovado, que se vivió en los primeros tiempos de la UCD de Adolfo Suárez. Ha sido, hasta ahora, una lucha soterrada. Dejará de serlo el próximo lunes.

No es la primera vez que el PSOE se fractura generacionalmente. Se dividió en la década de los treinta, volvió a fragmentarse en los setenta y ahora, de nuevo, en la segunda década del siglo XXI. Aquellos viejos que buscaban pactar con Azaña, fueron los mismos que querían ayudar a Arias Navarro y son los que hoy mismo intentan echarle un capote a Rajoy. Periódicamente se repite la oposición de la vieja generación, tan anquilosada como corrompida, a la política de la nueva generación. También hoy Rubalcaba se enfrenta a un Sánchez criado a sus pechos, al igual que lo ha sido el reducido círculo de confianza que rodea en Ferraz al secretario general.

El PSOE es más que centenario, precisamente, por estas oportunas renovaciones generacionales que le vuelven a conectar con la sociedad cada vez que los viejos se pierden en los laberintos del poder. Sin aquellos jóvenes socialistas que se enfrentaron a Prieto, sin los jóvenes socialistas que cuestionaron a Llopis, el PSOE habría ya dejado de existir como fuerza política relevante. Es en las crisis, la de los treinta, como la de los setenta, como la de ahora mismo, donde sus raíces populares rebrotan y cobran vigor. Pedro Sánchez, más allá de sus motivaciones, es la penúltima expresión política de esta ley histórica del socialismo.

Es en las bases socialistas, como lo fueron en las dos anteriores experiencias históricas del PSOE, desde donde Sánchez puede responder a los que se van a lanzar a su yugular echándole un muerto que no le corresponde. Aquel PSOE casi cadavérico, que le entregase Rubalcaba hace año y medio, no ha sido enterrado gracias a la obstinación de quien tuvo claro desde el primer momento que había que resituarlo desde, por y para la izquierda. Aunque la correlación de fuerzas internas en Ferraz le haya impedido reconvertirlo junto con Unidos Podemos, al menos por el momento, en el eje de la alternativa progresista que demanda toda la sociedad española.

Fernando López Agudín


Fuente: Público.es

miércoles, 18 de mayo de 2016

El gobierno de “cambio” de Pedro Sánchez

Fichajes de la muy vieja escuela socialista, combinados con algunas nuevas caras como las de Luc André Diouf, formarán el equipo con el que Sánchez pretende oponer madurez a juventud, moderación a radicalidad
No olvidemos que los conservadores dicen fomentar una conducta madura y sensata frente a la "irresponsabilidad infantiloide" y utilizan semejante argumento para entorpecer, en realidad, una renovación de las clases dirigentes
Genera bastante perplejidad que el gobierno de "cambio" de Pedro Sánchez se presente como una oportunidad para Catalunya, después del drama que el Psoe ha montado en estos meses con el derecho a decidir

Un día después de que el Barça conquistara la Liga, Pedro Sánchez "salió a ganar" en Barcelona con su novísimo gobierno de "cambio", lleno de emoción y de energía, intentando aprovechar los efluvios de un gran éxito futbolístico, y mostrando una resiliencia solo comparable con la del mismísimo Rajoy. En una imagen digna de "La invasión de los ladrones de cuerpos" y tras un reseteo memorístico al estilo Génova, Sánchez iniciaba imperturbable lo que Enric Juliana calificó hace poco como una "operación vintage".
Jordi Sevilla, Josep Borrell, Margarita Robles, Patxi López o Ángel Gabilondo, de la muy vieja escuela socialista, combinados con algunas nuevas caras como las de Luc André Diouf, y fichajes de trayectoria indudable como los de Teresa Rivera, Sami Naïr o Rafael Bengoa, formarán el equipo con el que Sánchez pretende oponer madurez a juventud, moderación a radicalidad, "sentido común" a trastorno sin remedio.
Así es. Con tal exhibición de banquillo, mezcla de sedimentación y acumulación, con su poquito de sal, Sánchez pretende demonizar la efebocracia de algunos y aproximarse, de paso, a las casposas baronías periféricas, a la dirección en la sombra, y a la figura de González, firme antipodemita, por si de esta manera consigue fortalecer su cuestionado liderazgo interno. Lo cierto es que, después de tantos tumbos y gesticulaciones, el hijo pródigo ha terminado donde empezó, y, como era de prever, ha regresado a la casa del Padre. Dicen que mientras uno tenga posibilidad de salvación, la reencarnación puede darse hasta más de 100 veces, y sin recordar nada de la vida anterior, lo cual, visto lo visto, es una ventaja indudable en este caso. Debe ser por esto por lo que, con entusiasmo renovado, en la presentación de su gobierno "en (a) la sombra" Sánchez afirmó de forma tan tautológica como iluminadora: "El Psoe gana cuando gana el Psoe"… al estilo de aquel "Yo soy el que soy", que le dijo Dios a Moisés, y con la misma convicción.
El único y pequeño problema es que en esta reencarnación Sánchez se ha acabado situando de lleno en el minado terreno, discursivo y simbólico, del Partido Popular, y es muy probable que este sea un terreno que, electoralmente, no le interese al Psoe, más allá de que pueda contribuir a la (auto)perpetuación de una figura errática como la suya.
Las reiteradas apelaciones a Suárez, una constante en las intervenciones de Albert Rivera, y el "Puedo prometer y prometo", que ha soltado el líder reencarnado en distintas intervenciones públicas, se fusionan con el hashtag pepero #NosUneSuárez, en un mejunje indigesto que puede difuminar por completo la identidad socialista, mostrando a su cabeza de lista como un Zélig cualquiera o como un personaje en busca de autor, que poco puede ilusionar ya.
Por lo demás, en ese "polo moderado", por cuya representación pelean ahora PP, Ciudadanos y Psoe, el Partido socialista y su supuesta "realpolitik" tienen un escasísimo margen de maniobra, entre otras cosas, porque la apuesta por la madurez, la sensatez y la experiencia de gobierno, no es en absoluto suficiente por sí misma (en política, la experiencia no siempre es un grado) y, sobre todo, porque puede ser disuasoria para quienes no participan de sus pretensiones tecnocráticas, elitistas y conservadoras.
No olvidemos que los conservadores dicen fomentar una conducta madura y sensata frente a la "irresponsabilidad infantiloide" y utilizan semejante argumento para entorpecer, en realidad, una renovación de las clases dirigentes. Para ellos las personas maduras son las que han tenido éxito en la vida, las únicas que han demostrado "capacidad" y "mérito" en un mercado de competencia perfecta, en un mundo que se presupone de justos e iguales, y son estas personas las que están en condiciones de dirigir al pueblo desnortado, tutelar a los fracasados y a los que, abandonados a su suerte, tienden a perturbar el "orden" establecido. Guardianes de la nación, con mayúsculas, de la Constitución, de la Ley y la estabilidad, no hay actitud más conservadora que la de aquellos que se pretenden el Alfa y el Omega, simplemente, porque siempre estuvieron ahí, o porque creen haber propiciado un mundo en el que, como decía el conservadurismo inglés de la postguerra, "nunca se vivió mejor". Hay mucho de eso en el "felipismo del bienestar"; un "felipismo" y un bienestar que hoy no pueden sino suscitar serias dudas, y que los socialistas harían bien en revisar.
Finalmente, que el gobierno de "cambio" de Pedro Sánchez se presente como una oportunidad para Catalunya, después del drama que el Psoe ha montado en estos meses con el derecho a decidir, genera bastante perplejidad a quienes, como algunos de nosotros, estamos atrapados todavía en una vida anterior, con sus recuerdos intactos. Es más, que la propuesta se quiera leer como "[…] una declaración de intenciones de que Catalunya es fundamental para cambiar España", según dijo Batet, sin que se le moviera una ceja, muestra una preocupante falta de conexión con la realidad social y el pulso de la calle. En la presentación del equipo, Gregorio Cámara, al que Sánchez ha encargado la reforma constitucional, destacó la importancia de reconocer el "conflicto político que se está viviendo en Catalunya" (sic), y afirmó que la nueva Constitución federal reconocería sus aspiraciones, su singularidad y sus derechos históricos, como si semejantes exigencias no hubieran sido ya superadas por el propio devenir de la política catalana.
En fin, igual todo esto significa que el futuro ya está aquí y solo unos pocos pueden verlo, pero, salvo revelación o reencarnación, lo que parece más bien es que estamos frente a la enésima reedición del "remake" serie B de un partido socialista en franco deterioro.
Fuente: el diario.es

sábado, 14 de mayo de 2016

Sánchez impide la fórmula valenciana para ir juntos con Podemos al Senado

Sánchez impide la fórmula valenciana para ir juntos con Podemos al Senado
Pedro Sánchez y Ximo Puig, fotografiados la semana pasada en Madrid (Javier Lizon / EFE)

  • El líder del PSOE intenta recomponer la imagen de unidad junto a Susana Díaz

Una fractura se abrió ayer entre la dirección del PSOE y la federación valenciana. Y entre sus líderes, Pedro Sánchez y Ximo Puig. Habrá que ver con el tiempo el alcance de esa fractura, que se inició por la voluntad del valenciano de confluir al Senado junto a Podemos y Compromís. Y que se confirmó ayer por la negativa del líder del PSOE al objetivo de Puig. “Es un error que no nos lo permitan”, lamentó Alfred Boix, responsable de organización de los valencianos, a la salida de Ferraz, una vez que la comisión federal de listas del PSOE rechazó la propuesta. “Es un error que esta dirección del PSOE no haya entendido la singularidad de la situación en Valencia”, insistió Boix.
Ximo Puig renunció a la fórmula; pero renunció por obligación. Hasta el último minuto mantuvo el pulso, desde que el pasado martes su ejecutiva resolvió darle todo el apoyo, por unanimidad, junto a más de 200 alcaldes socialistas valencianos. El presidente valenciano, a pesar de que desde el mismo martes sabía de la negativa de Pedro Sánchez, quiso llevar la presión hasta el final. Incluso ayer, los socialistas valencianos plantearon otras opciones para sumar fuerzas con Compromís y Podemos evitando la coalición. “No nos permiten nada”, criticaron los valencianos.
En lo político, Ximo Puig ha querido reivindicar la autonomía del socialismo valenciano y el modelo federal que a su juicio debe tener el PSOE. En lo práctico, Puig buscaba dos objetivos: que el PP perdiera la mayoría absoluta y que los socialistas valencianos se garantizaran representación en el Senado gracias a la “entesa” con las otras dos fuerzas. Hay temor, real, a que el resultado del PSOE el 26-J sea malo para sus intereses. “Si al final hay un desastre en el Senado, la responsabilidad será solamente de Sánchez”, zanjaron desde el PSPV.
Ximo Puig, hombre conocido por sus buenas formas, no acudió anoche a la cita convocada por Pedro Sánchez en Ferraz, previa al comité federal del PSOE y a su proclamación hoy como candidato socialista a la Moncloa. Prueba de que la fractura entre ambos parece ensancharse.
En contrapartida, el líder del PSOE, contará hoy con su gran adversaria interna, la andaluza Susana Díaz, como telonera de lujo en el acto de proclamación que se celebrará en la localidad madrileña de Móstoles. “No se podía negar”. El líder del PSOE ha querido con esta invitación y con este gesto, en todo caso, intentar recomponer la maltrecha imagen de unidad interna en el partido, a las puertas ya de una nueva cita con las urnas.
A la proclamación hoy de Sánchez como candidato socialista al 26J tampoco acudirán ni Felipe González, ni José Luis Rodríguez Zapatero ni Alfredo Pérez Rubalcaba, con distintas agendas. Pero Sánchez reivindicará en su discurso “lo mejor del PSOE”, según su equipo. “Experiencia, pero también capacidad para atraer talento nuevo”. Junto a los fichajes de última hora de veteranos como Josep Borrell o Margarita Robles, mañana en Barcelona Sánchez también desvelará las jóvenes incorporaciones a su “gobierno del cambio”. Un concepto, por cierto, que no es del agrado ni siquiera de algunos de sus integrantes, por prematuro. “Yo no voy de ministro de nada, es un error hablar de equipo de gobierno cuando de lo que tenemos que hablar es de los problemas de los ciudadanos”, advertía ayer uno de ellos.
Pedro Sánchez, no obstante, pretende hoy centrar su discurso de proclamación en mostrar “las soluciones del PSOE” a esos problemas, en una intervención “muy positiva, de futuro y con una idea de país”. También, añaden en su equipo, con “mucha épica y emoción”, para ofrecer “un país más justo, con oportunidades para todos e instituciones ejemplares”. Frente a las maniobras que en la dirección del PSOE achacan a Pablo Iglesias –la última consideran que fue precisamente el intento de división que quiso forzar al proponer listas conjuntas al Senado–, Sánchez reivindicará a la izquierda que puede hacer posible el cambio en España, a través del voto de sus ciudadanos.
Y, si una enorme bandera española monopolizó el acto de la anterior proclamación de Sánchez como candidato para las elecciones del 20 de diciembre, el pasado mes de junio, hoy también se esperan sorpresas. Aunque de otra índole: “Las sorpresas no se repiten”, avisan en su equipo. El discurso del líder del PSOE, eso sí, intentará despertar “esperanza en el presente para construir el futuro de todos”.

Antes de su proclamación, el comité federal del PSOE ratificará las listas electorales con que concurrirán al 26-J, aprobadas ayer por la comisión federal de listas. La candidatura de Madrid quedó finalmente cerrada con Margarita Robles como número dos y la incombustible activista feminista Ángeles Álvarez como número cuatro. Aunque, una vez descartada la propuesta de los valencianos –Alfred Boix se tomó después una cerveza con el secretario de organización andaluz, Juan Cornejo, para aliviar la disputa–, aún se produjeron algunas tensiones, después de que Ferraz volviera a vetar las candidaturas de Julio Villarrubia y Laura Seara, como cabezas de cartel en Palencia y Ourense, pese a que llegaban avaladas por sus ejecutivas provinciales.

Fuente: La Vanguardia

sábado, 27 de febrero de 2016

A Pedro Sánchez sólo le preocupa su cargo en el partido

Pedro Sanchez, foto publicada en ABC

El objetivo del líder del PSOE al firmar el acuerdo con Ciudadanos, que no va a darle la investidura ni va a permitirle gobernar, es mantener su cargo dentro del grupo socialista

Carlos Elordi
 
El pacto PSOE-Ciudadanos es un sinsentido a no ser que se entienda desde el punto de vista de los intereses de Pedro Sánchez en el interior de su partido. Firmar un acuerdo de investidura o de gobierno, que tampoco eso se aclara mucho en el texto, que no va a darle la investidura ni permitirle gobernar es un despropósito, más allá de cualquier otra consideración. A menos que sirva al líder del PSOE para intentar conservar su cargo. Esa ha sido la prioridad de Pedro Sánchez desde la noche misma del 20-D. Todos los movimientos que ha hecho en los últimos dos meses adquieren una cierta coherencia a la luz de ese objetivo. Lo demás para él ha sido secundario. O simplemente instrumental.
Lo único que podría evitar unas nuevas elecciones es que dentro de unas semanas se acordara una gran coalición presidida por Mariano Rajoy
Menos de una semana después de las elecciones una tormenta interna se desencadenó en el PSOE. Se dio por seguro, aunque nunca se confirmó del todo, que Susana Díaz quiso entonces sustituir a Pedro Sánchez en la secretaría general. Ese extremo nunca se confirmó del todo. Puede que la dirigente andaluza y otros pesos pesados simplemente quisieran ejercer un padrinazgo de hierro sobre Sánchez y que éste se negara en redondo a aceptarlo. Lo cierto es que el trasfondo del debate eran los malos resultados electorales del partido y la exigencia de responsabilidades políticas a la dirección por dicho fracaso.
Cabe recordar que el liderazgo de Sánchez había sido seriamente cuestionado varias veces desde hacía un año antes. Y que las críticas arreciaron cuando a finales de noviembre los sondeos pronosticaron algo parecido a una debacle para el PSOE. Sánchez, con el agua al cuello, reaccionó ante tan negros pronósticos reorientando su campaña hacia la izquierda, asumiendo compromisos de cambio en materia social y económica y olvidando las invectivas y descalificaciones contra Podemos que habían sido la norma desde que el partido de Pablo Iglesias apareció en escena. Ese nuevo tono más 'progre' permitió al PSOE remontar en los sondeos y alcanzar los 90 diputados que, aun siendo el peor resultado del partido en 38 años, permitieron a Sánchez y a los suyos entonar poco menos que cantos de victoria.
Pero en clave interna no todos, ni mucho menos, compartieron ese optimismo. Atendiendo a motivaciones diversas, una amplia gama de personajes del partido expresaron su malestar en términos no precisamente suaves. Sánchez estuvo en la cuerda floja durante varios días. La polémica sobre sus fallos y carencias se trasladó enseguida a la política de alianzas. Porque así convenía a unos y a otros y también porque el partido tenía que definirse al respecto. Un sector variopinto, pero poderoso, pugnó por la gran coalición con el PP. Porque en su opinión permitía salvar los muebles en incluso reforzar las parcelas de poder que el PSOE seguía teniendo en autonomías y ayuntamientos, aunque para ello hubiera que cambiar el signo de los pactos en muchos de ellos y acercarse a la derecha rompiendo con Podemos.
Pedro Sánchez se defendió como gato panza arriba contra esa opción porque su rechazo de la gran coalición había sido una de sus banderas electorales y aceptarla suponía su muerte política. Y su posición terminó ganando. Porque supo manejar su fuerza interna, pero sobre todo porque entregar el gobierno a Mariano Rajoy después de su formidable derrota electoral era una propuesta indefendible.
Pero la suya fue una victoria pírrica. Porque sus oponentes limitaron tanto su capacidad de maniobra para poder configurar una alternativa de gobierno al PP que ésta fue imposible desde un primer momento. Por el 'no' tajante a cualquier acercamiento a los soberanistas catalanes, que Podemos consideraba ingrediente imprescindible de un programa de cambio y que era necesario para obtener su abstención en la votación de investidura. Por la condición sine qua non de que Podemos no entrara en el futuro gobierno, salvo en posiciones decorativas, que aunque nunca se expresó formalmente aparecía enseguida en cualquier conversación con los dirigentes socialistas, sea cual fuera el sector al que pertenecieran. Y porque tampoco se le iba a permitir alegría alguna en materia social o económica.
Esas limitaciones estaban plenamente vigentes cuando Sánchez aceptó presentarse a la investidura, después de que Rajoy se negara a ello, cuando el líder del PSOE se frotaba las manos sabiendo que iba a humillar al del PP en el debate parlamentario que habría estado destinado a ese fin. Sabiendo que un entendimiento con Podemos era imposible porque las fuerzas vivas del PSOE no le permitirían pactar los contenidos que lo habrían hecho factible, Sánchez se lanzó entonces a la tarea de marear la perdiz en la que hemos estado hasta hoy mismo.
Los dirigentes socialistas se indignaron cuando Podemos presentó las condiciones en las que firmaría un pacto con el PSOE. Porque todas y cada una de ellas, y no sólo la exigencia de una vicepresidencia, ponían el dedo en las líneas rojas que el PSOE había impuesto a Pedro Sánchez. Hallazgos puntuales, numeritos publicitarios y mesas aparte, la imposibilidad del pacto estuvo clara desde aquel día. El bloqueo sólo podía romperse si el PSOE cambiaba de postura. Pero su secretario general no podía hacerlo.
Sin embargo, tenía que inventarse algo para no llegar con las manos vacías a la investidura. Su partido se lo haría pagar muy caro si no lo hacía. De ahí, en el momento que fuera, seguramente mucho antes de lo que se ha venido diciendo, nació la idea del pacto con Ciudadanos. Parecía que el partido de Rivera no estaba por esa labor, que su opción era un pacto con el PP. Pero los escándalos de corrupción que desde hace más de un mes cayeron sobre el partido de Rajoy desaconsejaron seguir trabajando en esa vía, al menos por ahora. Por otra parte, pactando con el PSOE Albert Rivera volvía al primer plano del que estaba alejado desde el 20-D. Y más si el PSOE, acuciado por las prisas o por lo que fuera, aceptaba incluir en el texto del pacto buena parte de los puntos del programa de Ciudadanos, sin mayores miramientos.
Ahora los dirigentes socialistas dicen que lo de las diputaciones sí pero no, que el contrato único no es tan único y cosas de ese porte. Porque por ahí, por las prisas, pueden venir dificultades internas para Pedro Sánchez y poner en cuestión el resultado de la consulta a la militancia que ha empezado este viernes. Y que para el líder socialista es una cuestión de vida o muerte política. Porque si pierde estará acabado y si gana, que parece lo más probable, aunque habrá que ver por cuanto, tendrá una baza poderosa para encabezar nuevamente la lista electoral y para ganar el futuro congreso. Con eso Sánchez estaría más que satisfecho.
Así las cosas habrá elecciones el 26 de junio. Lo único que podría evitarlo es que dentro de unas semanas se acordara una gran coalición presidida por Mariano Rajoy. Parece muy difícil que Pedro Sánchez firme ese acuerdo por parte del PSOE. ¿Pero qué haría quien le sustituyera a la cabeza del partido si las cosas le salen mal a su actual secretario general?
Fuente: eldiario.es

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