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jueves, 28 de abril de 2016

Recesión global: signos de recaída


Recesión global




Alejandro Nadal



La crisis financiero-económica es como un organismo que respira, se mueve y se transforma cada día. Con esas mutaciones, las perspectivas que aguardan a la economía mundial también cambian constantemente. Las que comienzan a dibujarse para los próximos años no permiten hacer pronósticos positivos. ¿Será este 2016 el año de la recaída y de la recesión global?

En días pasados el Fondo dio a conocer su Informe sobre estabilidad financiera mundial. El Fondo identifica tres fuentes de tensión que han empeorado durante los últimos seis meses. La primera consiste en un riesgo macroeconómico de menor crecimiento, mayor incertidumbre y su efecto negativo sobre las expectativas sobre inversiones. Lástima que el FMI no saca la primera lección sobre esto: que debería concluir su enamoramiento con los dogmas neoliberales en el terreno de la política macroeconómica.

La segunda fuente de tensión proviene de la caída en los precios de las materias primas durante los últimos cuatro años. Aquí pesan mucho las preocupaciones sobre la economía en China y su impacto sobre los mercados emergentes y economías desarrolladas. Aquéllas enfrentan una combinación desagradable de freno al crecimiento, endurecimiento de las condiciones en los mercados financieros y creciente volatilidad en los flujos de capital. Éstas (por ejemplo Alemania) ya sufren reducciones significativas en sus exportaciones.

La tercera causa de tensiones es la falta de credibilidad sobre las políticas macroeconómicas. El escepticismo sobre la efectividad de la política monetaria está alimentado por el hecho de que las posturas llamadas no convencionales (flexibilidad monetaria y tasas cero y hasta negativas de interés) no han tenido un efecto decisivo para sacar al mundo de la globalización neoliberal de los efectos de la hecatombe de 2008.

El informe sobre estabilidad financiera concluye que las cosas podrían mejorar si los países avanzados resuelven los principales problemas heredados de la crisis. Uno de ellos es el de la situación de los bancos que enfrentan, entre otras cosas, una abultada cartera de préstamos y el exceso de capacidad instalada (es decir, hay demasiados bancos). En realidad, ese problema no fue generado por la crisis, sino que proviene de tiempo atrás y es más bien una causa de la crisis financiera.

En cuanto a los mercados emergentes, el FMI reconoce que han sido duramente golpeados por el fuerte descenso en los precios de materias primas y por el endeudamiento que acompañó los años de auge. Pero según el FMI la prudente acumulación de reservas es lo que ha permitido a algunas de estas economías salir adelante. Lo que no dice el Fondo es que su definición de reservas incluye la colocación de fondos de corto plazo (inversiones de cartera) que no son otra cosa que una forma de endeudamiento. Por eso la volatilidad en los flujos de capital no solamente socava las posibilidades de recuperación de los mercados emergentes, sino que genera las condiciones de las crisis financieras crónicas que presenciamos durante la década de los años 1990.

Además de los problemas identificados por el Fondo se yerguen varios factores monumentales que podrían ser la principal causa de una nueva recesión global. Uno de ellos es el hecho de que los salarios siguen estancados en Estados Unidos y en Europa. Esto se acompaña de una contracción en la producción manufacturera en Estados Unidos (y un freno en las ganancias de las principales ramas de la industria manufacturera).

El otro gran problema tiene que ver con el efecto de contagio que trae aparejada la caída en los precios de materias primas. Esta evolución desfavorable en esos precios tiene repercusiones importantes en el sector financiero debido a varios mecanismos de transmisión. Muchas de las industrias en el sector petrolero estadunidense a partir de la fractura hidráulica (fracking) están en bancarrota y sus fuentes de financiamiento recibirán un duro golpe. El desplante de Arabia Saudita en la reunión en Doha la semana pasada permite pronosticar una época larga de precios bajos para el crudo, lo que también va a empeorar la situación de ese sector en Estados Unidos y su impacto sobre un sector financiero que ya sufre un grado significativo de estrés.

Hay que tomar en cuenta que el endeudamiento es lo que sigue explicando buena parte del poco crecimiento que ha experimentado la economía global. Hoy los precios de los activos financieros y de los bienes raíces en una economía como la de Estados Unidos ya no pueden mantenerse al alza por el efecto de los ingresos y de la expansión del PIB. Lo que los ha mantenido a flote es la política monetaria flexible, pero ahora que la Reserva Federal ha comenzado a incrementar la tasa de interés, los precios de esos activos comienzan a gravitar hacia la baja movidos por las fuerzas de la deflación. Es decir, estamos presenciando el final de un súper ciclo de endeudamiento y las consecuencias no serán agradables.

En síntesis, el conjunto de señales e indicadores apunta hacia una nueva recesión este año.

Alejandro Nadal

Economista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.

Fuente: Sin Permiso

Fuente original: La Jornada, 21 de abril 2016

martes, 29 de marzo de 2016

China, los precios de las materias primas y la especulación financiera

" la recesión en China está acelerando la caída en los precios"


Alejandro Nadal

Casi todos los análisis sobre la economía mundial y la evolución de la crisis coinciden en una cosa: la recesión en China está acelerando la caída en los precios de las mercancías básicas a escala mundial. La reducción en la demanda mundial debido a la crisis de 2007-08 ha provocado una caída en esos precios, pero hoy predomina la idea de que el freno en el crecimiento en China es el factor explicativo más importante de la caída en los precios de materias primas. La realidad es mucho más compleja.
Es cierto que la contracción económica a raíz de la crisis de 2007-2008 ha llevado a una reducción en los precios de las materias primas y productos básicos. Pero desde hace muchos años se ha popularizado la creencia de que China es la fuente principal de demanda de todo tipo de productos básicos, desde los agropecuarios hasta minerales y otros insumos intermedios. Las altísimas tasas de crecimiento del PIB en China han sido vistas tradicionalmente como el motor de la evolución de precios de estas materias primas y commodities.
Ahora que los precios de los commodities se han desplomado, es muy tentador concluir que la causa se encuentra en la fuerte contracción de la economía china. En efecto, sabemos que el PIB en China ha dejado de crecer a las tasas vertiginosas de hace unos años. Las fuentes oficiales señalan que el crecimiento en 2015 fue de 6.9 por ciento, pero nadie toma esa cifra en serio. Es mucho más probable que el crecimiento en 2015 haya sido de apenas 3 por ciento, lo que es una catástrofe para una economía como la china. Pero aún esta correlación entre el comportamiento del PIB en China y los precios de commodities es insuficiente para concluir que la evolución de la economía china es la causa principal del colapso de precios de los productos básicos.
El Banco Asiático de Desarrollo acaba de publicar un estudio sobre el impacto de la recesión en China sobre los precios de productos básicos. Uno de los resultados es que China ha sido casi auto-suficiente en el caso de muchos productos básicos. Además, China no desempeña un papel determinante en muchos mercados de productos básicos. Por ejemplo, la economía china apenas consume 12 por ciento del petróleo mundial y sólo 5 por ciento del gas natural que se produce en todo el mundo. La reducción del ritmo de actividad en China no puede explicar el cambio en las cotizaciones de estos productos (73 y 55 por ciento en los precios del petróleo y gas natural, respectivamente). Además, la política económica en China mantiene el objetivo de satisfacer 95 por ciento del consumo doméstico de productos agropecuarios (con excepción de la soya). Aunque no ha sido posible alcanzar esa meta, la producción interna en el sector agropecuario es muy importante (sólo 2 por ciento del arroz que se consume en China es importado).
En resumen, no todo el desplome de los precios de productos básicos en el mundo está siendo provocado por la recesión en China. Algo más debe estar sucediendo en la economía mundial.
Además de las presiones para exportar que provienen del exceso de capacidad instalada y del afán de consolidar posiciones en el mercado, el sector financiero también está jugando un papel importante en la reducción de precios de las materias primas y commodities. Muchos fondos de cobertura o hedge funds han ejercido presión en los mercados financieros para deprimir más esos precios.
La práctica de los fondos de cobertura gira alrededor de la venta en corto y la compra en largo (cuando se piensa que los precios van a continuar creciendo). Cuando los mercados de futuros involucran a los productores y comerciantes, una parte de esta especulación puede tener sentido. Pero cuando los agentes ya no están relacionados con las operaciones sustantivas de producción, transporte, comercialización y consumo, y cuando sólo buscan obtener ganancias a través de operaciones de arbitraje y de ventas en corto, todo cambia. Buscar explicar el movimiento del mercado financiero a través de explicaciones tradicionales es engañoso.
La financiarización de los mercados de materias primas y commodities ha incrementado la exposición de muchos agentes financieros en los mercados respectivos. Eso les ha llevado a colocar mayor presión sobre el precio de estos bienes: apostando a que los precios van a continuar cayendo, deciden vender en corto (eso hace que la oferta crezca y el precio efectivamente se reduzca). Esto está bien documentado en los casos del cobre y hasta del petróleo.
Y cuando los fondos de cobertura se convierten en la figura dominante, el mercado deja de ser un espacio económico, las operaciones ya no tienen que ver con hacer frente al riesgo y sólo responden a la especulación pura. El mercado se convierte en un casino y, como bien decía Keynes, la tarea de invertir productivamente no se va a llevar a cabo de manera adecuada.
Hoy el sector financiero, y en especial los fondos de cobertura, siguen desempeñando un papel fundamental en la evolución de la crisis.

Alejandro Nadal

Economista, es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.

Fuente: Sin Permiso

La Jornada, 23 de marzo 2016

lunes, 9 de noviembre de 2015

La próxima recesión

 

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El verano pasado había una creciente preocupación de que la economía mundial, con la recuperación más débil desde la recesión más profunda de producción e inversión desde 1945, se está desacelerando.

De hecho, ahora parece que la horrible posibilidad de otra recesión, que es como los economistas llaman a una contracción de la producción, los ingresos y el gastos, es una posibilidad seria en pocos años o incluso antes. El FMI establece la probabilidad de recesión en las llamadas 'economías emergentes’ de América Latina, China, Asia y el resto del mundo en un 50%.

La desaceleración de las economías emergentes ha comenzado por la significativa desaceleración de la poderosa economía china, que ha caído de un crecimiento real del PIB de dos dígitos apenas hace algunos años a menos del 7% actual segun las cifras oficiales (muchos "expertos" creen que el crecimiento del PIB real es mucho menor que el oficial). A medida que China frenaba, su demanda inexorable de energía, materias primas y otros bienes de exportación provenientes de otras economías, se redujo. Otras economías emergentes grandes cayeron también en recesión (Brasil, Rusia, Sudáfrica).

De hecho, como he señalado anteriormente, antes de la crisis el comercio mundial tendía a crecer casi dos veces más rápido que el PIB mundial, pero desde 2012 el crecimiento del comercio sólo ha igualado al del PIB.

"La economía global está peligrosamente cerca del abismo", ha señalado David Stockton, analista senior del derechista y ortodoxo Instituto Peterson de Economía Internacional. "La economía no es una ciencia exacta como la fabricación de cohetes, e incluso los cohetes con frecuencia caen a tierra en el lugar equivocado o explotan en el aire", escribió Willem Buiter, economista jefe global de Citigroup, que ha estimado que hay una probabilidad del 55% de que el año que viene tenga lugar una contracción mundial moderada o severa.

Esta preocupación ha llevado incluso a la Reserva Federal de Estados Unidos a retrasar su planeado y muy esperado aumento de su tipo de interés básico, que afecta al coste de los créditos de dólares en los EE.UU. y en el mundo. Si las economías emergentes se desploman, sería un mal momento para frenar el gasto de los hogares y la inversión empresarial.

Sin embargo, los optimistas entre los economistas ortodoxos descartan estos pronósticos. Las economías emergentes pueden estar ralentizándose y algunas pueden haberse contraído directamente, pero las principales economías avanzadas no van mal y Europa parece recuperarse un poco de su depresión de 2010-13. Por lo tanto, no va a haber una recesión económica mundial.

Pero ahora estamos conociendo los datos de crecimiento económico real del tercer trimestre de 2015 (de junio a septiembre) de las principales economías avanzadas - y no son buenas noticias para el escenario optimista. La desaceleración de la actividad económica en China y en la mayoría de las economías emergentes se está contagiando a las economías avanzadas.

La economía de Estados Unidos es la más grande en el mundo y hasta ahora se ha estado recuperando relativamente mejor que las otras grandes economías de Europa y Japón. En el T3, la economía estadounidense se expandió, pero sólo a un ritmo anualizado del 1,5%, por debajo del 3,9% del segundo trimestre. Eso significaba que la economía estadounidense se expandió en términos reales en los últimos 12 meses sólo un 2%, frente al 2,7% en el T2.

Esta tasa de crecimiento del 2% se ha convertido en la norma para los EE.UU. desde el fin de la Gran Recesión. No parece que haya posibilidad de un retorno a la tendencia de crecimiento anterior y eso significa que se ha producido una pérdida permanente de valor para la gente en EE.UU. desde la Gran Recesión.

En el T3, la inversión empresarial de Estados Unidos se desaceleró a su tasa interanual más baja desde hace más de dos años. La inversión empresarial creció más lentamente, representando sólo una tasa anual del 2,1%, en comparación con el 4,1% en el T2. La inversión en nuevas plantas en realidad se redujo un 4%, mientras que la inversión en software y similares aumentó al ritmo más lento desde 2013. Y, como porcentaje del PIB, la inversión se mantiene por debajo de los niveles previos a la crisis.

Algunos han venido defendiendo que la inversión empresarial en plantas, maquinaria y equipo es menos necesaria dadas las nuevas "tecnologías de punta" de Internet, software, algoritmos, etc. que no requieren estructuras tangibles. Así que la inversión se lleva a cabo, pero ahora cuesta mucho menos y no se refleja realmente en los datos.

Por ejemplo, McKinsey sostiene que "la economía estadounidense se ha desplazado hacia las empresas basadas en la propiedad intelectual. Las empresas que producen dispositivos médicos, productos farmacéuticos y tecnología aumentaron su participación en los beneficios empresariales hasta el 32% en 2014, desde un 13% en 1989. Dado que la tasa de crecimiento y la rentabilidad del capital de una empresa determinan cuánto necesitan invertir, estas y otras empresas de alta rentabilidad pueden invertir menos capital y aún así lograr el mismo crecimiento de los beneficios que las empresas con rendimientos más bajos". (McKinsey- US – Are share buybacks jeopardizing future growth)

O dicho de otra manera: "mientras que el gasto de capital ha superado el crecimiento del PIB por poco, las inversiones en investigación, desarrollo y propiedad-intelectual han aumentado mucho más rápido. En cifras ajustadas a la inflación, las inversiones en propiedad intelectual han crecido a más del doble de la tasa de crecimiento del PIB, un 5,4% al año frente al 2,4%. En 2014, estas inversiones ascendieron a 690 mil millones de dólares”. McKinsey concluye: "Ciertamente, algunas empresas concretas están probablemente gastando demasiado poco en crecimiento, del mismo modo que otras demasiado. Pero en conjunto, es difícil defender en general que la inversión sea insuficiente".

Sin duda hay algo de verdad en esto. Pero incluso si la inversión es cada vez más en "propiedad intelectual" y no en fábricas y robots (¿en serio?), incluso en el primer caso, parece haber habido una desaceleración en los EE.UU.. La inversión en software ya no es superior a la inversión en hardware.

El gasto de los hogares en Estados Unidos aumentó un 3.2% este trimestre. El impuesto sobre la renta disponible de las personas se redujo, por lo que el ingreso fiscal sobre la renta disponible de las personas aumentó un 4,8% en comparación con el 3,4% en el T2. Y con la inflación general cerca de cero, el ingreso personal disponible real aumentó. Por eso aumentó el gasto de los hogares. Pero si bien es cierto que la tasa de desempleo de EE.UU. sigue cayendo, el ritmo de esa mejora se está reduciendo.

La desaceleración del crecimiento de la economía de EE.UU. también ha tenido lugar en el Reino Unido, la única otra economía avanzada importante que ha experimentado un crecimiento del PIB real por encima del 2% en el último año. El PIB real aumentó sólo un 0,5% en el tercer trimestre de 2015, de modo que el PIB real es ahora un 2,3% mayor que hace un año, frente a una tasa de crecimiento del 2,4% interanual en el T2. Aunque el PIB real del Reino Unido es ahora un 6,4% superior a su punto máximo a principios de 2008 (antes de la Gran Recesión), hace casi siete años, una vez que se tiene en cuenta el aumento de la población (unos 3 millones, en parte por la inmigración neta), el PIB real per capita apenas ha alcanzado el nivel de 2008.

Al igual que en los EE.UU., el crecimiento en el reino Unido se ha restringido casi totalmente a los "servicios". De hecho, el sector manufacturero y construcción se han contraído. Dentro de los servicios, la principal contribución ha sido del sector inmobiliario y las finanzas, los sectores "improductivos" de la economía.

En 2008, la industria manufacturera representó  casi el 10% del PIB y el sector inmobiliario el 8,5%. Ahora el sector manufacturero supone el 8,6% y el sector inmobiliario el 10,4%. Este último ha aumentado más de un 20% desde 2008, mientras que el sector manufacturero se ha contraído cerca de un 7%. De hecho, en el Reino Unido, la industria pesada como el acero está siendo aplastado por la caída de los precios de las materias primas, el débil crecimiento económico en Europa y el dumping del acero chino en los mercados mundiales. Esa es la naturaleza del crecimiento económico del Reino Unido: improductivo e inflado a base de crédito.

En cuanto a las otras economías del G7, la desaceleración es aún peor. Canadá se encuentra en una "recesión técnica", dos trimestres consecutivos de contracción del PIB real.

Japón está al borde de una recesión. Y justo hoy, el Banco de Japón (BoJ) ha reducido su pronóstico de crecimiento económico real hasta 2018. El Banco de Japón prevé ahora un crecimiento anual hasta abril de 2016 de sólo un 1,2%, por debajo del 1,7%. Hasta marzo de 2017, el Banco de Japón espera un crecimiento anualizado del 1,4%, por debajo de la previsión del 1,5% en julio. Y para el mismo período de 2018, el Banco de Japón prevé un crecimiento de sólo el ¡0,3%!

Las otras economías del G7 están en la zona euro. Alemania ha mantenido una tasa de crecimiento muy modesta en los últimos años de alrededor de un 1,0% a 1,5%; Francia tiene un crecimiento aún menor cada año; e Italia se ha estancado (a pesar de que parece estar finalmente experimentando una leve recuperación en los últimos dos trimestres). Sabremos más cuando las cifras del PIB del T3 se publiquen la próxima semana. Pero Alemania es probable que registre un crecimiento más lento en la medida que las exportaciones a Asia y China han caído.

España ha sido la economía con un crecimiento más rápido de la zona euro en el último año, después de haber sufrido mucho en la Gran Recesión con un colapso de la construcción y un aumento masivo del desempleo. Pero la recuperación iniciada en 2013 parece haber terminado. Las cifras dadas a conocer para el T3 de 2015 del crecimiento real del PIB muestran una desaceleración del 0,8% ese trimestre, en comparación con el 1% en el trimestre anterior. La tasa interanual aumentó hasta el 3,4%, aunque en comparación con 3,1% del T2. Pero podría haber acabado ahí.

Así que la recuperación de las principales economías avanzadas se está desacelerando en paralelo con una fuerte caída del crecimiento del PIB en las economías emergentes. De hecho, Taiwán, una economía industrial asiática clave, acaba de anunciar que su PIB real en el T3 se redujo en un 1% respecto al año anterior, la primera contracción en seis años.

Desde la Segunda Guerra Mundial, las recesiones han ocurrido a intervalos regulares, entre 6-10 años. La expansión actual dura más de seis años, desde julio de 2009. La economía ortodoxa ha fracasado rotundamente a la hora de predecirlas. Por ejemplo, en la primavera de 2001, la economía de Estados Unidos se enfrentó a un débil crecimiento en el extranjero y a las consecuencias del estallido de la burbuja de las empresas punto com, pero sólo el 15% de los economistas encuestados creía ese verano que había comenzado una recesión. Sin embargo, la economía se encontraba ya en medio de una recesión que duró nueve meses. En cuanto a la Gran Recesión, el fracaso de casi todos los economistas ortodoxos y de las principales instituciones internacionales, como el FMI y la OCDE, para predecir la gravedad de la crisis que se avecinaba está bien estudiado. (The causes of the Great Recession).

La próxima recesión planteará grandes problemas a los responsables de las políticas económicas de los principales países. La política monetaria de flexibilización cuantitativa (con tasas de interés cero) ha sido prácticamente agotada (aparte de ser bastante ineficaz de todos modos a la hora de impulsar la "economía real" a diferencia de los mercados de valores y los bancos). Hasta ahora se ha frenado o rechazado hacer uso del gasto público, como sugieren los keynesianos, porque los niveles de deuda del sector público son muy altos y la rentabilidad de las empresas muy baja.

Hay quienes, como Ben Bernanke, el ex jefe de la Fed o Andy Haldane, actual economista jefe del Banco de Inglaterra, que defienden que los bancos centrales han salvado a las principales economías de una Gran Depresión y aún se puede hacer más imprimiendo dinero para dárselo directamente a los hogares o con unas tasas de interés negativas para evitar una nueva recesión.

Y los keynesianos como Paul Krugman, Larry Summers, Simon Wren-Lewis y muchos otros continúan presionando para que aumente el gasto público y los déficits presupuestarios para 'cebar la bomba’ de la economía. Pero es probable que ello reduzca aun más la rentabilidad y la inversión del sector capitalista en vez de salvarlo.

No se podrá evitar la próxima recesión y no está muy lejos.

Michael Roberts

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com/2015/10/30/the-next-recession/

Traducción:

G. Buster

 

Fuente: SinPermiso

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