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jueves, 12 de enero de 2017

¿Puede Turquía ponerse del lado de Rusia?

Lo que John Kerry hace de día, Victoria Nuland lo deshace de noche.

por Thierry Meyssan

Aunque Rusia tiene históricamente un pasado difícil en su relación con Turquía, y a pesar de que no olvida el papel que el actual presidente Erdogan desempeñó contra ella en la primera guerra de Chechenia, una posible salida de Ankara de la OTAN resulta muy interesante para Moscú. En el bando contrario, el Estado profundo estadounidense, que mantiene su ambición imperial a pesar de la elección de Donald Trump, está dispuesto a todo para mantener a Turquía en la alianza atlántica.

Para garantizar su supervivencia personal, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha desatado una gran purga contra todos los elementos pro-estadounidenses de Turquía, purga que se suma a la lucha que ya había emprendido contra Siria, contra el PKK [1] y, ahora, contra los mercenarios de Daesh, anteriormente bajo sus órdenes.

La destrucción de la influencia de Estados Unidos en Turquía se inició primeramente con la erradicación del movimiento Hizmet de Fethullah Gulen, el predicador islamista que trabaja para la CIA desde su exilio estadounidense en Pensilvania. Y ahora prosigue con la destitución –y frecuente arresto– no sólo de todos los militares turcos vinculados a Estados Unidos, sino de los militares laicos en general. ¡La prudencia nunca está de más!

El resultado es que 450 de los 600 oficiales superiores turcos destacados en la OTAN recibieron desde Ankara órdenes de regresar a Turquía. Más de 100 de esos militares han preferido solicitar asilo político en Bélgica, país sede de la OTAN.

La primera consecuencia de esa purga anti-laica es que el ejército turco queda decapitado por un largo periodo. En 5 meses, un 44% de los generales turcos han sido separados de sus cargos. Pero anteriormente, el 70% de los oficiales superiores ya fueron destituidos, arrestados y encarcelados en el marco del escándalo Ergenekon. Sin oficiales superiores capaces de garantizar su dirección, la operación turca «Escudo del Éufrates» se ha estancado.

Eso implica que Erdogan se ve obligado a revisar sus ambiciones militares para los próximos años, renunciando incluso a buena parte de ellas, ya sea en Siria, en Irak o en Chipre –3 países donde actualmente ocupa territorios. Eso lo llevó a abandonar el este de Alepo, en Siria, aunque no Idlib, y ahora se dispone a retirar sus tropas de Bachiqa, en Irak.

Desde la perspectiva de Washington, la posibilidad de que Turquía salga de la OTAN, o al menos del Mando Integrado de la alianza atlántica, ya provoca sudores fríos a la facción imperialista del poder estadounidense. En cantidad de efectivos, el ejército turco es el segundo más grande de la OTAN, después del ejército de Estados Unidos.

Sin embargo, también en Washington, la eventual salida turca de la alianza atlántica suscita más bien alivio entre los miembros de la facción del presidente electo Donald Trump, quien estima que Turquía es un país a la deriva.

De ahí el forcejeo de los neoconservadores por traer a Turquía de regreso en el «sentido de la Historia», léase el del «Nuevo Siglo Americano». Para lograrlo, Victoria Nuland, secretaria de Estado adjunta, está tratando de ofrecer Chipre al presidente Erdogan, un proyecto que la propia señora Nuland concibió después de las elecciones de 2015, cuando el presidente Barack Obama ordenó la eliminación del presidente turco.

Chantajeando al presidente chipriota Nikos Anastasiadis, la señora Nuland lo “incitó” a aceptar su «plan de paz» para Chipre: según ese plan la isla sería reunificada y desmilitarizada –en otras palabras, Chipre se quedaría sin ejército– y la OTAN desplegaría allí sus propias tropas, concretamente… tropas turcas. O sea, el ejército turco completaría su conquista de Chipre sin disparar un tiro. Si se negara a aceptar ese absurdo arreglo, el presidente Anastasiadis se vería enjuiciado ante un tribunal de Nueva York por su implicación como abogado en los negocios de la firma Imperium de su amigo ruso Leonid Lebedev que pusieron en juego 2 000 millones de dólares.

Resumiendo, una ruptura con la OTAN le costaría a Turquía el noreste de Chipre, que actualmente ocupa, mientras que quedarse en la alianza atlántica le aportaría el control de toda la isla.

Por supuesto, dentro de unas semanas el futuro secretario de Estado Rex Tillerson, ya nominado por Trump, podría sacar a Victoria Nuland del Departamento de Estado. Pero eso no quiere decir que el grupo que ella representa perdería todo acceso al poder. La señora Nuland es miembro de la familia de los fundadores del «Proyecto para un Nuevo Siglo Americano», que participó en la planificación de los hechos del 11 de septiembre de 2001. Su suegro, Donald Kagan, del Hudson Institute, instruyó a los neoconservadores y a los discípulos de Leo Strauss en la historia militar de Esparta. Su cuñado, Frederick Kagan del American Entreprise Institute, se ocupó de las relaciones públicas de los generales David Petraeus y John R. Allen. Su cuñada, Kimberly Kagan, creó el Institute for the Study of War. Su marido, Robert Kagan, percibe actualmente un salario pagado por el ex emir de Qatar en la Brookings Institution. Cuatro individuos, 5 tanques pensantes… una sola ideología.

Victoria Nuland, por su parte, fue sucesivamente embajadora de Estados Unidos ante la OTAN, portavoz de Hillary Clinton y organizadora del golpe de Estado de Kiev, en febrero de 2014. Ayudó al hoy presidente de Ucrania Petro Porochenko y a Erdogan a crear oficialmente la «Brigada Islámica Internacional» que ha perpetrado importantes sabotajes en Rusia y todo indica que el Estado profundo estadounidense dará continuación a su acción contra la futura administración Trump.

Quien prosigue la guerra en Siria es el grupo que está detrás de los Kagan, y su único objetivo es ahora mantenerse en el poder. El presidente Barack Obama no sólo no logró sacarlos de su administración sino que además una personalidad como Victoria Nuland, considerada figura de proa de la administración Bush, no encontró obstáculo para escalar posiciones en la administración demócrata y organizar una ola de rusofobia. Después de haber trabajado en perfecta armonía con Hillary Clinton, la señora Nuland nunca dejó –junto a su amigo Jeffrey Feltman, el verdadero mandamás de la ONU– de sabotear la diplomacia del secretario de Estado John Kerry.

Conocedor del carácter voluble de Erdogan, personaje siempre capaz de cambiar bruscamente de estrategia, Moscú tendrá que arreglárselas para tranquilizar al angustiado presidente chipriota Anastasiadis, o para proponerle a Ankara algo más interesante y lograr que se mantenga a medio camino entre Estados Unidos y Rusia.
Fuente: Al-Watan (Siria)
[1] El PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) es el partido de los kurdos de Turquía. Nota de la Red Voltaire.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Red Voltaire

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «¿Puede Turquía ponerse del lado de Rusia?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire , 10 de enero de 2017, www.voltairenet.org/article194880.html

jueves, 5 de enero de 2017

El cambio de bando de Turquía


por Thierry Meyssan

El presidente ruso Vladimir Putin anunció la proclamación de un alto al fuego en Siria, acordado con Turquía, país que hasta ahora había sido el principal respaldo operativo de los yihadistas. ¿Cómo se explica este giro inesperado? ¿Logrará el presidente turco Erdogan mover su país de la esfera influencia de Estados Unidos a la de Rusia? ¿Cuáles son las causas y consecuencias de este importante cambio de bando?


Turquía es un país miembro de la OTAN, aliado de Arabia Saudita, amo del yihadismo internacional desde que el príncipe saudita Bandar ben Sultán tuvo que ser hospitalizado –en 2012– y padrino de la Hermandad Musulmana desde el derrocamiento de Mohamed Morsi en Egipto y la discrepancia entre Doha y Riad, en 2013 y 2014. En noviembre de 2015, Turquía llegó incluso a atacar a Rusia, derribando un Sukhoi-24 y provocando con ello una ruptura de relaciones diplomáticas con Moscú.

Pero esa misma Turquía acaba de apadrinar el alto al fuego en Siria, diseñado por Rusia [1]. ¿Por qué?

Desde 2013, Washington ha dejado de ver a Recep Tayyip Erdogan como un aliado confiable. Debido a ello, la CIA realizó diversas operaciones no contra Turquía sino directamente contra Erdogan. En mayo-junio de 2013, la CIA organiza y respalda el movimiento de protesta del parque Taksim Gezi. Durante las elecciones legislativas turcas de junio de 2015, la agencia estadounidense financia y maneja el partido de las minorías HDP para limitar los poderes del presidente Erdogan. Recurre a esa misma táctica en las elección de noviembre de 2015, pero el poder turco logra “arreglarlas”. La CIA pasa entonces de la política a la acción secreta. Organiza 4 intentos de asesinato, de los que el más reciente –en julio de 2016– termina muy mal, cuando la agencia estadounidense empuja un grupo de oficiales kemalistas a tratar de dar un golpe de Estado sin ninguna preparación.

Recep Tayyip Erdogan se halla, por lo tanto, en la misma posición que el primer ministro italiano de los años 1970, Aldo Moro: está a la cabeza de un país miembro de la OTAN y enfrenta la hostilidad de Estados Unidos. A Aldo Moro, la OTAN logró eliminarlo manipulando un grupo de extrema izquierda [2]. Pero no ha logrado liquidar a Erdogan.

Por otro lado, para ganar las elecciones en noviembre de 2015, Erdogan tuvo que captar a los supremacistas turco-mongoles reactivando unilateralmente el conflicto con la minoría kurda. De hecho, a su base electoral islamista del AKP le agregó los supuestos «nacionalistas» del MHP. En cuestión de meses mató más de 3 000 ciudadanos turcos miembros de la etnia kurda y arrasó varias aldeas, incluso barrios de grandes ciudades.

Para terminar, al servir de intermediario para la entrega a al-Qaeda y al Emirato Islámico (Daesh) del armamento que enviaban Arabia Saudita, Qatar y la OTAN, Erdogan estableció una estrecha relación con las organizaciones yihadistas. No dudó en utilizar la guerra contra Siria para echarse dinero en el bolsillo, a título personal. Primero lo hizo apoderándose de las maquinarias de las fábricas de Alepo –desmontadas y trasladadas a Turquía– y luego traficando con el petróleo y las antigüedades robados por los yihadistas. Todo el clan Erdogan fue vinculándose paulatinamente a los yihadistas. Por ejemplo, su actual primer ministro, el mafioso Binali Yildirim, organizó talleres para la fabricación de artículos falsificados en los territorios que administra Daesh.

Pero la intervención del Hezbollah en la segunda guerra contra Siria –a partir de julio de 2012– y después la intervención de la Federación Rusa –en septiembre de 2015– imprimieron un giro al conflicto. La gigantesca coalición de los “Amigos de Siria” ha perdido gran parte del terreno que ocupaba y está encontrando cada vez más dificultades para reclutar nuevos mercenarios. Miles de yihadistas han abandonado el campo de batalla y ya se han replegado hacia Turquía.

Pero la mayoría de esos individuos son incompatibles con la civilización turca. El problema es que los yihadistas no fueron reclutados como un ejército coherente sino para reunir el mayor número posible de elementos armados. Llegaron a ser al menos 250 000, quizás incluso muchos más. Al principio eran delincuentes árabes bajo las órdenes de miembros de la Hermandad Musulmana. Progresivamente, fueron agregándose los sufistas naqchbandis del Cáucaso e Irak, e incluso jóvenes occidentales sedientos de revolución.

Esta increíble mezcolanza no puede mantenerse si se desplaza a Turquía. En primer lugar, porque los yihadistas ahora quieren tener su propio Estado, y parece imposible que puedan proclamar otra vez el Califato en Turquía. Y también por todo tipo de razones de orden cultural. Por ejemplo: los yihadistas árabes han adoptado el wahabismo de los donantes sauditas. Según esa ideología del desierto, la Historia no existe. Por eso han destruido numerosas ruinas antiguas, supuestamente porque el Corán prohíbe los ídolos. Si bien esa óptica no ha encontrado problemas en Ankara, nadie concibe que los dejen tocar el patrimonio turco-mongol.

De hecho, en este momento Erdogan tiene –además de Siria– otros 3 enemigos:
- Estados Unidos y sus aliados turcos –el FETO, organización del islamista burgués Fethullah Gulen;
- los kurdos independentistas, sobre todo el PKK;
- las pretensiones de los yihadistas, principalmente los de Daesh, de crear un Estado sunnita.

El interés de Turquía sería aplacar prioritariamente sus conflictos internos con el PKK y con el FETO. Pero el interés personal de Erdogan es encontrar un nuevo aliado. Después de haber sido aliado de Estados Unidos, durante el ascenso estadounidense, ahora quiere convertirse en aliado de Rusia, que ya es la primera potencia militar del mundo en materia de guerra convencional.

Operar este cambio de bando parece particularmente difícil en la medida en que Turquía es miembro de la OTAN, organización de la que nadie ha logrado salir. Quizás pudiera, en un primer momento, salir del mando militar integrado, como hizo Francia en 1966. Y hay que recordar que en aquella época Charles De Gaulle tuvo enfrentar un intento de golpe de Estado y fue objeto de numerosos intentos de asesinato por parte de la OAS, organización financiada… por la CIA [3].

Suponiendo que Turquía lograse manejar ese cambio, todavía tendría que hacer frente a otros dos grandes problemas.

En primer lugar, aunque no se conoce con precisión la cantidad de yihadistas desplegados en Siria e Irak, es posible estimar que ya queden sólo entre 50 000 y 200 000. Sabiendo que esos mercenarios son masivamente irrecuperables, ¿qué se puede hacer con ellos? El acuerdo de alto al fuego, redactado de manera voluntariamente imprecisa, deja abierta la posibilidad de atacarlos en Idlib. Esa gobernación siria se halla bajo la ocupación de una serie de grupos armados, sin vínculos entre sí pero bajo la coordinación de la OTAN, desde el LandCom, instalado en Esmirna (Izmir) –precisamente en Turquía–, a través de ONGs «humanitarias». Contrariamente a Daesh, esos yihadistas no han sabido organizarse correctamente y siguen dependiendo de la ayuda de la OTAN. Esa ayuda les llega a través de la frontera turca, que podría cerrarse de un momento a otro. Sin embargo, si bien resulta fácil controlar los camiones que siguen rutas bien definidas, no es posible cortar el paso a los hombres que se mueven a campo traviesa. Miles, quizás decenas de miles de yihadistas, podrían huir próximamente hacia Turquía y desestabilizar ese país.

Turquía ya inició su cambio de retórica. El presidente Erdogan acusó a Estados Unidos de seguir apoyando a los yihadistas en general y a Daesh en particular, dando a entender que si él mismo lo hizo en el pasado fue bajo la mala influencia de Washington. Ankara espera ganar dinero poniendo la reconstrucción de Homs y Alepo en manos de su empresa constructora. Pero es difícil imaginar que, después de haber pagado a cientos de miles de sirios para que abandonaran su país, después de haber saqueado el norte de Siria y de haber respaldado a los yihadistas que han destruido el país y asesinado a cientos de miles de sirios, Turquía logre evadir todas sus responsabilidades.

El cambio de bando de Turquía –si se confirma en los próximos meses– traerá todo una cadena de consecuencias. Comenzando por el hecho que el presidente Erdogan se presenta ahora no sólo como aliado de Rusia sino también como socio del Hezbollah y de la República Islámica de Irán, o sea de los héroes del mundo chiita. Termina con ello el sueño de una Turquía líder del mundo sunnita, que lucha contra los «herejes» con el dinero de Arabia Saudita. Pero el conflicto artificial entre musulmanes, desatado por Washington, no terminará hasta que Arabia Saudita también renuncie a la ilusión.

El extraordinario giro de Turquía resulta probablemente difícil de entender para los occidentales, que creen que la política es siempre pública. Sin entrar a mencionar el arresto de varios oficiales turcos en un bunker de la OTAN en el este de Alepo, hace 2 semanas, es más fácil de interpretar para quienes recuerdan, por ejemplo, el papel personal de Recep Tayyip Erdogan durante la primera guerra de Chechenia, cuando él mismo dirigía la Milli Gorus, papel del que Moscú nunca habló pero que está ampliamente documentado en los archivos de los servicios de inteligencia de la Federación.

Vladimir Putin ha preferido convertir un enemigo en aliado, en vez de hacerlo caer y tener que seguir batallando contra el Estado que hoy dirige. El presidente Bachar al-Assad, sayyed Hassan Nasrallah y el ayatola Alí Khamenei han comprendido que es mejor hacer lo mismo.

Elementos a recordar:
- Después de haberse ilusionado con la conquista de Siria, el presidente Erdogan ahora se halla en dificultades –únicamente por causa de su propia política– en 3 frentes a la vez: tiene problemas con Estados Unidos y con el FETO –la organización de Fethullah Gulen–; con los kurdos independentistas del PKK; y con Daesh.
- A esos tres adversarios podría agregarse nuevamente Rusia, que posee abundante información sobre la trayectoria personal de Erdogan. Eso ha llevado al presidente Erdogan a optar por aliarse con Moscú y pudiera llegar a salir del mando integrado de la OTAN.

[1] «Los documentos del alto al fuego en Siria (completo)», “Resolution 2336 (Syrian Ceasefire, Astana Talks)”, Red Voltaire, 1º de enero de 2017.

[2] «La guerra secreta en Italia», por Daniele Ganser, Red Voltaire, 2 de marzo de 2010.

[3] «Cuando el stay-behind quiso derrocar a De Gaulle», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 28 de agosto de 2009.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «El cambio de bando de Turquía », por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 3 de enero de 2017, www.voltairenet.org/article194810.html

martes, 6 de diciembre de 2016

Francia y Turquía contra los kurdos

Al colaborar con el presidente turco Erdogan, el kurdo sirio Salih Muslim ha llevado parte del pueblo kurdo a la derrota. Ahora trata de rectificar su error y Ankara ha emitido contra él una orden de arresto.

por Thierry Meyssan

Si los medios occidentales no logran explicar las guerras que asolan el «complicado Oriente» es porque no quieren reportar lo que pasa a escala regional. En lugar de entrar a discutir si lo que sucede en Siria es una revolución, una guerra civil o una agresión, o si la represión en Turquía se justifica o no, Thierry Meyssan propone una lectura diferente de los hechos a través del caso de los kurdos.


Los medios occidentales de difusión abordan los acontecimientos del Medio Oriente país por país. Eso no sorprende a sus lectores, que en su mayoría desconocen la historia de esta región, pero lo cierto es que no logran entender este «complicado Oriente» perpetuamente en guerra.

El Medio Oriente no es para nada comparable con, por ejemplo, Europa, sino más bien con África ya que sus fronteras no se basan en realidads geográficas sino en los “arreglos” entre las potencias coloniales. A lo largo del siglo pasado, los Estados del Medio Oriente se esforzaron por convertir sus poblaciones en verdaderos Pueblos. Sólo Egipto, Siria e Irak lo lograron.

Durante los últimos 5 años, la prensa occidental ha hablado de «revolución democrática» en Túnez, en Libia, en Egipto y en Siria, ha hablado de «injerencia iraní» en Bahréin, Líbano y Yemen y de «terrorismo» en Irak. Pero en el Medio Oriente, todas las fuerzas implicadas, exceptuando solamente a las petrodictaduras del Golfo, han denunciado esa lectura de los acontecimientos y presentado una interpretación regional completamente diferente.

Observemos, por ejemplo, la situación de los kurdos. Podría explicar aquí la situación del Emirato Islámico (Daesh), pero este segundo ejemplo sería mucho más difícil de aceptar para los lectores occidentales.

Según la prensa occidental, los kurdos son felices en Irak, donde disponen de una autonomía casi total en el marco de un sistema federal felizmente impuesto por Estados Unidos. Pero en Siria luchan a la vez contra la dictadura alauita de la familia Assad y la opresión sunnita extremista del Emirato Islámico. Y están demasiado oprimidos en Turquía. Pero son un Pueblo con derecho a un Estado independiente… en Siria, pero no en Turquía.

Para los propios kurdos, la realidad es muy distinta.

Los kurdos tienen una cultura en común, pero no comparten la misma lengua, ni la misma historia.

Para explicar las cosas brevemente hay que decir que los kurdos de Irak eran principalmente pro-estadounidenses durante la guerra fría mientras que los de Turquía y Siria eran pro-soviéticos. Preocupado ante el fuerte respaldo que la URSS encontraba en Turquía, Estados Unidos organizó primeramente una ola de migración kurda hacia Alemania, para que Turquía no se sintiese tentada a romper con la OTAN. Posteriormente, Estados Unidos estimuló la represión contra los kurdos del PKK [1]. Durante la guerra civil de los años 1980, cientos de miles de kurdos turcos del PKK buscaron refugio en Siria, junto a su líder, Abdullah Ocallan, y obtuvieron la protección del Estado sirio. En 2011, esos kurdos de Turquía y sus descendientes optaron por la nacionalidad siria.

Entremos ahora en la parte fundamental de este tema. Nadie mencionó la existencia de una «cuestión kurda» durante lo que llamaré la Primera Guerra de Siria –la que trató de extender a ese país la «primavera árabe» utilizando las técnicas de las guerras de 4ª generación. Todo comenzó poco a poco a partir de la Segunda Guerra de Siria –la que se abrió con la conferencia de los autoproclamados «Amigos de Siria», realizada en París, en julio de 2012.

Las declaraciones de los dirigentes de los países miembros de la OTAN hacían pensar que el derrocamiento de la República Árabe Siria era inminente y que la Hermandad Musulmana ascendería al poder en Damasco, como ya había sucedido en Túnez, en Libia y en Egipto. Así que Turquía invitó las poblaciones del norte de Siria a venir a su territorio, a ponerse al abrigo de los sobresaltos de la «revolución». En septiembre, Ankara incluso nombró para esas poblaciones un «walli», o sea un prefecto turco. Pero ese término proviene de la época otomana y recuerda la opresión del sultán. Bajo la autoridad directa del entonces primer ministro turco Erdogan, ese prefecto –cuyo nombre es Veysel Dalmaz– distribuyó entre los «refugiados» miles de millones de dólares facilitados por las petrodictaduras del Golfo.

En aquel momento, todos vieron que se trataba de una maniobra para debilitar a Siria. Pero nadie entendió el verdadero motivo de aquel desplazamiento de población, a pesar de que Kelly M. Greenhill –muy vinculada a la embajadora de Estados Unidos en la ONU, Samantha Power– ya había publicado un trabajo universitario sobre La ingeniería estratégica de las migraciones como arma de guerra [2], trabajo que debería que haber llamado la atención sobre aquel movimiento. Turquía construyó nuevos poblados para albergar a los sirios, pero no los puso en manos de estos desplazados. De hecho, aún hoy siguen inhabitados. Ankara comenzó por hacer una selección entre los refugiados, según sus opiniones políticas, a algunos los mantuvo en campamentos donde podían recibir formación militar antes de mandarlos de regreso a Siria como combatientes, y a otros los mezcló con la población turca para explotarlos como fuerza de trabajo barata.

Las poblaciones restantes en el norte de Siria se componían principalmente de cristianos, kurdos y turcomanos. Estos últimos se pusieron masivamente al servicio de Turquía y fueron puestos bajo las órdenes de la organización de los Lobos Grises, milicia fascista creada en 1968 por cuenta de la OTAN. Por su parte, Damasco creó milicias cristianas y kurdas para garantizar la protección del territorio. Durante 2 años todos los kurdos sirios lucharon bajo las órdenes de la República Árabe Siria.

Traicionando al fundador del PKK, Abdullah Ocallan, y a sus hermanos kurdos, el sirio Salih Muslim se alió con la Turquía que en los años 1980 masacró parte de su propia familia. Se reunió secretamente en París con los presidentes de Turquía y Francia –Hollande y Erdogan– y concluyó con ellos un pacto. Francia y Turquía se comprometieron a hacerlo presidente de un Estado independiente que se crearía en el norte de Siria. A cambio, Salih Muslim tendría que «limpiar» el terreno masacrando la población cristiana, exactamente como otros kurdos masacraron –hace un siglo– a otros cristianos por cuenta de los otomanos. Salih Muslim tendría que aceptar después que Turquía expulsara hacia el Estado donde él sería presidente a los kurdos turcos, que a su vez serían reemplazados por refugiados sunnitas sirios en los territorios kurdos de Turquía.

Este plan tiene una larga historia. Fue trazado por Ahmet Davutoglu, entonces ministro turco de Exteriores, y su homólogo francés Alain Juppé, en 2011, antes de la incorporación de Turquía a la guerra contra Libia y antes del comienzo de los desórdenes en Siria. El Pentágono lo asumió públicamente, en septiembre de 2013, cuando Robin Wright publicó en el New York Times el mapa de ese futuro Estado, y también el mapa de lo que sería el Califato de Daesh. Por supuesto, el primer Estado se llamaría «Kurdistán», a pesar de hallarse muy lejos del territorio del Kurdistán histórico definido por la Comisión King-Crane en 1919 y reconocido por la Conferencia en 1920. El segundo Estado sería un «Sunnistán» y abarcaría territorios pertenecientes a Irak y Siria, cortando así definitivamente la «ruta de la seda», que China espera restablecer.

Este plan perseguía los objetivos del sultán Abdulhamid II, de los Jóvenes Turcos y del Tratado de Lausana, firmado en 1923: la creación de una Turquía exclusivamente sunnita y la expulsión o masacre de todas las demás poblaciones. Fue precisamente para impedir ese plan y condenar a quienes habían iniciado su aplicación con la masacre de armenios y de griegos pónticos que Raphael Lemkins creó el concepto de «genocidio», cuya definición se aplica hoy tanto a los actos cuya responsabilidad recae en hombros de los franceses Juppé y Hollande y de los turcos Davutoglu y Erdogan.

Nadie debe confundirse sobre lo que aquí escribo. Si bien París y Ankara quieren crear una Turquía exclusivamente sunnita, el hecho es que la mayoría de los sunnitas se opone a ello, lo cual explica la feroz represión desatada tanto en Turquía y como en los territorios del Califato de Daesh.

En julio de 2015, el gobierno de Erdogan ordenó a Daesh la realización de un atentado en la localidad turca de Suruc, atentado que causó la muerte de kurdos y alevitas –estos últimos son el equivalente turco de los alauitas sirios– que expresaban su apoyo a la República Árabe Siria. Erdogan utilizó ese atentado como pretexto para romper la tregua pactada en 2009 con el PKK. Simultáneamente, cortó todo aprovisionamiento a una parte cuidadosamente seleccionada de los refugiados sirios. Así iniciaba Ankara la ejecución del plan anteriormente descrito… y también comenzaba el calvario de Turquía.

En agosto, Turquía empujó los refugiados sirios, a los que había previamente privado de todo recurso, a huir hacia la Unión Europea. En octubre, en Siria, los hombres de Salih Muslim atacaron las comunidades cristianas asirias y trataron de “kurdizar” sus escuelas por la fuerza mientras que, en Turquía, el AKP de Erdogan saqueaba 128 sedes políticas del HDP –partido pro-kurdo– y más de 300 establecimientos pertenecientes a kurdos. Las fuerzas especiales turcas masacraron a más de 2 000 kurdos turcos y arrasaron parcialmente las ciudades de Cizre y Silopi. Nuestros lectores han podido seguir esos hechos, pero los medios occidentales no los mencionaron y sólo ahora –más de un año después– comienzan a hablar de Cizre y Silopi como ciudades mártires.

Con ayuda de Massud Barzani –el presidente «vitalicio» del Kurdistán iraquí– Salih Muslim impuso el reclutamiento obligatorio de los jóvenes kurdos sirios para reforzar sus tropas e imponer el terror. De eso tampoco hablaron nunca los medios occidentales, que prefieren la prosa romántica sobre Rojava. De hecho, los jóvenes sirios de origen kurdo se rebelaron en masa y prefirieron unirse à las Fuerzas de Defensa de la República Árabe Siria.

En septiembre de 2016, el presidente Erdogan anunció que Turquía concedería la nacionalidad turca a una parte de los refugiados sirios que aún quedan en ese país –los que apoyan el plan de una Turquía exclusivamente sunnita. Serán estos quienes finalmente recibirán los apartamentos construidos hace 4 años.

Atrapado entre su ambición personal y la solidaridad de sus hombres hacia sus hermanos kurdos de Turquía, el colaborador Salih Muslim se volvió finalmente en contra de Ankara, que acaba de emitir contra él una orden de arresto en noviembre. Después de recibir al secretario general de la OTAN, el presidente Erdogan anunció que quiere «renegociar» el Tratado de Lausana. Erdogan pretende anexar varias islas griegas, el norte de Chipre, una parte de Siria y también parte de Irak, para crear en 2023 el 17º imperio turco-mongol.

Y desde ahora el ejército turco está ocupando territorios en Siria –Yarablus– y en Irak –Baachiqa. Cuando el primer ministro iraquí, Haidar al-Abadi, lanzó una advertencia a Turquía sobre ese acto de guerra, el presidente Erdogan le respondió con arrogancia que no está «a su nivel» y lo intimó a «mantenerse en su lugar». Al ser cuestionado por dos veces ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador de Turquía y ex ministro de Exteriores Feridun H. Sinirlioglu respondió que su país actúa por el bien de las poblaciones y que por esa razón Irak no debe invocar el derecho internacional ni quejarse.

En un campo de batalla, no puede haber tres bandos, sino dos. En la actual guerra tenemos, de un lado, a Turquía, que pretende dividir las poblaciones en comunidades e imponer la supremacía de una de esas comunidades sobre las demás. Del otro lado está la República Árabe Siria, que defiende la paz y la igualdad entre comunidades que conviven pacíficamente.

¿De qué lado está usted?

Thierry Meyssan
[1] Fundado en 1978, el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) lucha fundamentalmente por los derechos de los kurdos en Turquía. Nota de la Redacción.

[2] “Strategic Engineered Migration as a Weapon of War”, Kelly M. Greenhill, Civil War Journal, Volume 10, Issue 1, julio de2008.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).
Fuente:  Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional
Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «Francia y Turquía contra los kurdos», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 29 de noviembre de 2016, www.voltairenet.org/article194268.html

domingo, 6 de noviembre de 2016

Turquía; El fin de la democracia


Miguel Urbán

La policía turca detuvo la madrugada del viernes a Selahattin Demirtas y Figen Yüksekdag, copresidentes del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), la principal fuerza de izquierdas, kurda, laica y, desde que entrara en las elecciones de 2015 como tercer grupo en el Parlamento, considerado un fenómeno político homologable al de Podemos en España.

Por desgracia estas detenciones no son un fenómeno aislado sino que e inscriben en un proceso de autoritarismo, represión y regresión democrática que lleva varios años produciéndose en Turquía bajo la dirección de Recep Tayyip Erdoğan. De hecho, estas detenciones no hubieran sido posibles sin antes anular la inmunidad a 138 diputadas y diputados, de los cuales 101 representan a las dos principales formaciones de la oposición, el Partido Democrático de los Pueblos (HDP) y el Partido Republicano del Pueblo (CHP), de centroizquierda. El 8 de junio, Erdoğan aprobó las enmiendas a la constitución que abrieron la puerta para someter a juicio a los legisladores de la oposición. Más de un mes antes del intento de Golpe de Estado en Turquía.

Mucha gente puede pensar que son casos aislados de represión o que este tipo de detenciones arbitrarias están relacionadas con el intento de Golpe de Estado de una parte del ejército contra el Gobierno turco el 15 de julio. Pero nada más lejos de la realidad. La involución democrática de Turquía es un proceso que lleva años larvándose, y quizás el intento de Golpe de Estado, lo que haya supuesto es la aceleración de este proceso de pérdida de derechos y represión. Hay que recordar que las medidas autoritarias del Gobierno turco no sólo afectan a la oposición política, sino también socavan los pilares fundamentales del Estado de Derecho como la libertad de expresión, de prensa, académica y un sistema judicial independiente.

La propia resolución del Parlamento Europeo, del pasado 27 de octubre, sobre la situación de los periodistas en Turquía, mostraba su “profunda preocupación por el cierre de más de 150 medios de comunicación; solicita su reapertura, el restablecimiento de su independencia y la reincorporación de los empleados despedidos de conformidad con las garantías procesales; pide a las autoridades turcas que pongan fin a la práctica de utilizar indebidamente las disposiciones de su Código Penal para nombrar administradores en los medios de comunicación privados y que acaben con las injerencias del ejecutivo en los medios de comunicación independientes, también sobre las decisiones editoriales, los despidos de periodistas y redactores, y las presiones e intimidaciones contra los medios de comunicación y los periodistas críticos; condena los intentos de las autoridades turcas de intimidar y expulsar a los corresponsales extranjeros.”

Desde julio del presente año, más de 180 alcaldes, concejales y 300 dirigentes locales de formaciones políticas kurdas permanecen en prisión y una treintena de ayuntamientos, el último el de Diyarbakir, han sido intervenidos por el Gobierno y sus alcaldes democráticamente elegidos reemplazados por administradores cercanos al régimen turco.

Tras el intento de golpe de Estado, la deriva autoritaria del Gobierno de Turquía no ha dejado de aumentar con la detención de más de 15 000 rectores, profesores y funcionarios de Educación; la detención de más de 130 periodistas, los últimos 13 empleados del diario Cumhuriyet que fueron encarcelados a finales de octubre; así como la detención de hasta 40 000 personas y suspensión de empleo de 80.000 funcionarios. Durante las dos últimas semanas, internet ha dejado de funcionar durante días enteros, y las redes sociales fueron bloqueados a diferentes ONGs, partidos de oposición y medios de comunicación. Así mismo la situación en las cárceles es alarmante y las denuncias de tortura son cada vez más numerosas como ha constatado Amnistía Internacional, recordando los períodos más oscuros de la historia turca.

Las instituciones y gobiernos de la Unión Europea no pueden seguir mirando hacia otro lado o, peor, siendo cómplices de las violaciones sistemáticas de los derechos humanos y del Derechos Internacional por parte del Estado turco. El tiempo para expresar diplomáticamente “preocupaciones” se ha acabado hace mucho tiempo. Hemos visto cómo el Presidente de Turquía, Erdoğan, ha explotado al máximo la inacción de la UE, paralizada por miedo de “tocar” el ilegal acuerdo sobre los refugiados con Turquía. La operación de la UE de externalización de fronteras convirtiendo al gendarme turco en el guardián fronterizo de Schengen ha fortalecido y legitimado al régimen de Erdoğan.

No solo podemos y debemos de condenar enérgicamente la detención arbitraria y exigir la libertad de los copresidentes del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), Selahattin Demirtas y Figen Yüksekdag, y otros 11 diputados Nihat Akdogan, Nursel Aydogan, Idris Baluken, Leyla Birlik, Ferhat Encü, Selma Irmak, Sirri Süreyya Önder, Ziya Pir, Imam Tascier, Gülser Yildirim y Abdullah Zeydan, así como los alcaldes de Diyarbakir, Firat Anli y Gültan Kisanak, detenidos el pasado martes 25 de octubre.

Sino que ante la previsión de más detenciones y de que el gobierno turco pueda cumplir su objetivo de acabar con el Partido Democrático de los Pueblos (HDP) y el conjunto de la oposición política en Turquía y Kurdistan. Estamos llamados a incrementar nuestras acciones de solidaridad internacional. La sociedad civil y los representantes políticos de la oposición en Turquía nos piden ayuda. No les podemos fallar, no nos podemos fallar a nosotros mismos.



Miguel Urbán, Eurodiputado de Podemos y miembro del Consejo Asesor de VIENTO SUR

Fuente: VIENTO SUR http://www.vientosur.info/spip.php?article11882#sthash.eq4GDxFP.dpuf

viernes, 21 de octubre de 2016

En busca del chivo expiatorio


por Thierry Meyssan
Alemania, Francia, Rusia y Ucrania trataron en Berlín de desbloquear los conflictos que tienen lugar en Ucrania y Siria. Sin embargo, desde un punto de vista ruso, esos bloqueos sólo existen porque el objetivo de Estados Unidos no es la defensa de la democracia que tanto proclama Washington sino impedir el desarrollo de Rusia y China cerrándoles las “rutas de la seda”. Al disponer de ya evidente superioridad en materia de guerra convencional, Moscú hizo todo lo posible por conectar el Medio Oriente con el este de Europa. Y lo logró concediendo la prolongación de la tregua en Siria a cambio del cese del bloqueo de la aplicación de los acuerdos de Minsk. Mientras tanto, Washington sigue tratando de hacer recaer su propia culpabilidad sobre alguno de sus aliados. Al no lograrlo con Turquía, la CIA se vuelve ahora hacia Arabia Saudita.
El conflicto que enfrenta a Estados Unidos con Rusia y China se desarrolla en dos frentes: por un lado, Washington busca un chivo expiatorio para hacerlo responsable de la guerra contra Siria, mientras que Moscú –que ya vinculó la cuestión siria con el tema yemenita– trata de agregarles el tema de Ucrania.

Washington busca un chivo expiatorio

Para salir de esta situación con la frente alta, Estados Unidos tiene que atribuir la responsabilidad de sus crímenes a alguno de sus aliados. Y tiene 3 posibilidades: endilgarle la culpa a Turquía, a Arabia Saudita o a las dos juntas. Turquía está presente en Siria y en Ucrania, pero no en Yemen; mientras que Arabia Saudita está presente en Siria y Yemen, pero no en Ucrania.

Turquía

Disponemos ahora de información verificada sobre lo que realmente sucedió en Turquía el pasado 15 de julio, y esa información nos obliga a revisar nuestro juicio inicial.

En primer lugar, era evidente que poner la dirección de las hordas yihadistas en manos de Turquía después del atentado que sacó del juego al príncipe saudita Bandar ben Sultán no podia traer otra cosa que problemas. En efecto, Bandar era un intermediario obediente, pero Erdogan seguía su propia estrategia, tendiente a la creación de un 17º imperio turco-mongol, lo cual lo llevaría a utilizar los yihadistas en misiones diferentes a lo previsto en Washington.

Además, Estados Unidos no podía dejar de castigar al presidente turco Erdogan por acercar su país a Rusia en el plano económico, a pesar de ser Turquía un país miembro de la OTAN.

En fin, en plena crisis alrededor del poder mundial, el presidente turco Erdogan se convertía en chivo expiatorio ideal para salir de la crisis siria.

Desde un punto de vista estadounidense, el problema no es Turquía, indispensable como aliado regional, ni el MIT (los servicios secretos turcos) de Hakan Fidan, quien organiza el movimiento yihadista en todo el mundo, sino Recep Tayyip Erdogan.

Por consiguiente, la National Endowment for Democracy (NED) trató primeramente, en agosto de 2013, de llevar a cabo una revolución de color organizando manifestaciones en el parque Gezi de Estambul. Esa operación fracasó o Washington cambió de idea.

Se decidió entonces derrocar a los islamistas del AKP a través de las urnas. La CIA organizó la transformación del HDP en un verdadero partido de las minorías y preparó a la vez una alianza entre esa formación política turca y los socialistas del CHP. El HDP adoptó un programa muy abierto de defensa de las minorías étnicas (los kurdos) y de las minorías sociales (feministas y homosexuales) e incluyó el tema ecológico. El CHP fue reorganizado, tanto para disimular el hecho que los alevitas [1] estaban excesivamente representados en el seno de ese partido como para promover la candidatura del ex presidente de la Corte Suprema. Pero, aunque el AKP perdió las elecciones en julio de 2004, no fue posible concretar la alianza entre el CHP y el HDP. Así que hubo que realizar nuevas elecciones legislativas en noviembre de 2014, elecciones que Recep Tayyip Erdogan “arregló” descaradamente.

Washington decidió entonces proceder a la eliminación física de Erdogan. Entre noviembre de 2014 y julio de 2016 hubo 3 intentos de asesinato contra Erdogan. Contrariamente a lo que se dijo, la operación del 15 de julio de 2016, no era una intentona golpista sino una operación para liquidar solamente al presidente turco. La CIA había utilizado los vínculos industriales y militares turco-estadounidenses para reclutar dentro de la fuerza aérea turca un pequeño equipo que se encargaría de eliminar al presidente durante sus vacaciones. Pero ese equipo fue traicionado por varios oficiales islamistas (estos últimos constituyen casi un 25% de las fuerzas armadas turcas) y el presidente fue advertido una hora antes de la llegada del comando que iba a “encargarse” de él. Erdogan fue trasladado a Estambul, bajo la protección de militares leales a su régimen. Conscientes de las previsibles consecuencias de su fracaso, los conspiradores iniciaron un golpe de Estado sin preparación previa y en momentos en que todavía existía una intensa circulación de personas en Estambul. Por supuesto, fracasaron. El objetivo de la subsiguiente represión no era sólo arrestar a los autores del intento de asesinato, ni tampoco a los militares que se unieron al golpe de Estado improvisado sino más bien a todos los pro-estadounidenses: primeramente, a los laicos kemalistas y luego a los islamistas seguidores de Fethullah Gulen. En total, más de 70 000 personas fueron puestas bajo investigación y hasta hubo que liberar presos comunes para tener dónde encarcelar a los pro-estadounidenses.

La manía de grandeza del presidente Erdogan y su aparatoso Palacio Blanco, su manipulación de las elecciones y la represión que ha desatado contra todo el que no esté totalmente de acuerdo con él lo convierten en chivo expiatorio ideal de los errores cometidos en Siria. Sin embargo, el hecho que haya logrado sobrevivir a una revolución de color y 4 intentos de asesinato hace pensar que no será posible sacarlo del juego rápidamente

Arabia saudita

Para Estados Unidos, Arabia Saudita es tan indispensable como Turquía, por 3 razones: primeramente, por sus reservas de petróleo, de volumen y calidad excepcionales –aunque lo que le interesa a Washington ya no es consumir ese petróleo sino sólo controlar su venta–; por los enormes volúmenes de dinero que maneja el reino (pero sus ingresos han sufrido una caída del 70%) y que permitían financiar operaciones secretas sin control del Congreso estadounidense; y, finalmente, por el control que ejerce sobre las fuentes del yihadismo. En efecto, desde 1962 y la creación de la Liga Islamista Mundial, Riad financia, por cuenta de la CIA, la Hermandad Musulmana y la cofradía de los Naqchbandis, las dos cofradías de donde provienen todos los cuadros yihadistas del mundo.

Pero el carácter anacrónico de Arabia Saudita, propiedad privada de una familia de príncipes que nada tiene que ver con los principios comúnmente reconocidos de la libertad de expresión y la libertad religiosa, exige cambios radicales.

Debido a ello, la CIA organizó, en enero de 2015, la sucesión del rey Abdallah. La noche misma del fallecimiento del soberano, la mayoría de los incapaces fueron apartados de sus cargos y el país fue enteramente reorganizado siguiendo un plan previo. En este momento, el poder se halla repartido entre tres clanes principales: el rey Salman (y su querido hijo el príncipe Mohamed), el hijo del príncipe Nayef (el otro príncipe Mohamed) y el hijo del difunto rey (el príncipe Mutaib, comandante de la Guardia Nacional).

En la práctica, el rey Salman –de 81 años– permite que su hijo, el dinámico príncipe Mohamed –de 31 años– gobierne por él. Y este príncipe Mohamed incrementó la injerencia saudita en Siria, luego emprendió la guerra contra Yemen. En el plano interno, ha iniciado un amplio programa de reformas económicas y de carácter societal enmarcadas en su llamada «Visión para 2030».

Pero los resultados se hacen esperar. El reino saudita se ha empantanado en Siria y en Yemen y esta última guerra incluso le está costando más caro de lo que esperaba debido a las incursiones de los hutis en territorio saudita y las derrotas que han logrado infligir al ejército de Riad. En el plano económico, las reservas petroleras están llegando a su fin y la derrota en Yemen impide a los sauditas la explotación de lo que se ha dado en llamar el «la Cuarta Parte Vacía», o sea la región que abarca parte de los dos países. Cierto es que la caída de los precios del petróleo ha permitido a Arabia Saudita eliminar a varios de sus competidores, pero también ha agotado el Tesoro del reino, que ahora se ve obligado a buscar préstamos en los mercados internacionales.

Arabia Saudita nunca ha sido tan poderosa y a la vez tan frágil. La represión política alcanzó su apogeo con la decapitación del jefe de la oposición, el jeque Al-Nimr. La rebelión va más allá de la minoría chiita y se extiende también a las provincias sunnitas del oeste. En el plano internacional, la coalición árabe es ciertamente impresionante, pero hace agua por todas partes desde que Egipto se retiró de ella. El público acercamiento de Arabia Saudita a Israel en contra de Irán escandaliza al mundo árabe y musulmán. Más que ser una alianza más, el acercamiento entre Riad y Tel Aviv demuestra el pánico que embarga a la familia real, hoy objeto del odio de todos.

Visto desde Washington, ha llegado el momento de escoger a los elementos que sería conveniente salvar en Arabia Saudita y deshacerse de los demás. La simple lógica indicaría un regreso la anterior repartición del poder entre el clan de los Sudairis –pero sin el príncipe Mohamed ben Salman, quien ya demostró su incapacidad– y los Chammar –la tribu del difunto rey Abdallah.

Tanto para Washington como para los súbditos sauditas, lo mejor sería que falleciera el rey Salman. Su hijo Mohamed se vería entonces apartado del poder, que iría a manos del otro príncipe Mohamed (el hijo de Nayef), mientras que el príncipe Mutaib se mantendría en el puesto que actualmente ocupa, a la cabeza de la Guardia Nacional.

En Arabia Saudita, al igual que en Turquía y en otros países aliados de Estados Unidos, la CIA trata de mantener las cosas como están. Y para ello se limita a organizar por debajo de la mesa intentos de cambios de dirigentes, pero sin tocar las estructuras. El carácter puramente cosmético de esas modificaciones facilita que su trabajo se mantenga en la sombra.

Moscú trata de negociar juntos el Medio Oriente y Ucrania

Rusia logró establecer una conexión entre los campos de batalla de Siria y Yemen. Su despliegue militar en el Levante es público desde hace un año, pero también está presente desde hace 3 meses –de manera no oficial– en Yemen, donde participa activamente en los combates. Al negociar simultáneamente el alto al fuego en Alepo y otro alto al fuego en Yemen, Rusia obligó a Estados Unidos a vincular ambos teatros de operaciones. En esos dos países, las fuerzas rusas muestran su superioridad en materia de guerra convencional ante los aliados de Washington, evitando la confrontación directa con el Pentágono. Con esa finta, Moscú evita tener que implicarse en Irak, a pesar de sus antecedentes históricos en ese tercer país.

Sin embargo, la disputa entre los Dos Grandes se origina fundamentalmente en el corte de las dos rutas de la seda, primero en Siria y después en Ucrania. Lógicamente, Moscú trata por eso de vincular los dos asuntos en sus negociaciones con Washington. Esto resulta muy lógico, sobre todo teniendo en cuenta que la propia CIA ya creó un vínculo entre los dos campos de batalla a través de Turquía.

Al viajar a Berlín, el 19 de octubre, el presidente ruso Vladimir Putin y su ministro de Exteriores Serguei Lavrov tenían intenciones de convencer a Alemania y Francia, fuera de la presencia de Estados Unidos, de vincular estos temas. Así que extendieron la tregua en Siria a cambio del cese del bloqueo de los acuerdos de Minsk por parte de Ucrania, un trato que no dejará de irritar a Washington, que hará todo lo que esté en sus manos para sabotearlo.

Por supuesto, al final Berlín y Londres acabarán alineándose detrás de su amo otaniano. Pero, desde el punto de vista de Moscú más vale un conflicto congelado que una derrota –tanto en Ucrania como en Transnistria, por ejemplo. Además, todo lo que afecte la unidad de la OTAN acerca el fin de la supremacía estadounidense.

[1] La religión alevita es la versión turca del alauismo sirio.

Thierry Meyssan
Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional

NOTICIERO DEL CAMBIO DE ORDEN MUNDIAL #12

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lunes, 10 de octubre de 2016

Extensión del conflicto



por Thierry Meyssan


Thierry Meyssan sigue pasando revista a la guerra que opone el bando de Washington y sus aliados al resto del mundo. Egipto ya se incorporó al conflicto. Israel atacó Siria. Ignorando las protestas de Bagdad, Turquía mantiene tropas en Irak. Y nos dirigimos hacia un quinto veto ruso-chino en el Consejo de Seguridad de la ONU, esta vez contra el proyecto de resolución de Francia.
- El ministro de Defensa de Rusia, Serguei Choigu, presentó un balance de las acciones militares rusas en Siria. En un año, señaló, «liberaron 586 localidades y más de 12 000 kilómetros cuadrados de territorio, eliminaron alrededor de 35 000 terroristas, entre los que se hallaban más de 2 700 personas provenientes de Rusia y de los países de la CEI». El ministro ruso comparó esos resultados a los de Estados Unidos, país que dice luchar contra los terroristas cuando en realidad los apoya en contra de la República Árabe Siria.


- Por su parte, la Duma (el parlamento ruso) aprobó por unanimidad el acuerdo ruso-sirio que autoriza el despliegue por tiempo ilimitado de la aviación rusa en la base siria de Hmeimim. Ese acuerdo, firmado secretamente en agosto de 2015, fue presentado a la Duma como medio de hacer pública la posición rusa. La Duma precisó que la presencia militar rusa en el Levante es indispensable para la lucha contra el terrorismo.

- Al mismo tiempo se iniciaron los mayores ejercicios militares ruso-egipcios desde la época de Gamal Abdel Nasser. El estado mayor ruso indicó que esas maniobras permitirán coordinar acciones entre las fuerzas armadas de Rusia y Egipto en el marco de la lucha contra los yihadistas, principalmente en el desierto. Rusia oficializó así su despliegue militar en ese país, además de Siria y Yemen, aunque por el momento su presencia en Yemen sigue sin ser oficial.

- Varios generales estadounidenses han resaltado que la situación nunca había sido tan grave desde la época de la guerra de Corea. Según ellos, un enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia sería breve, pero de envergadura nunca vista anteriormente en la Historia. El general Mark A. Milley, jefe del estado mayor de las fuerzas terrestres de Estados Unidos, afirmó que las fuerzas navales y las fuerzas aéreas de ambos países se neutralizarían mutuamente y que los combates más encarnizados serían precisamente batallas terrestres. En recientes declaraciones, el embajador Charles W. Freeman Jr. advirtió contra toda veleidad de recurrir a la fuerza entre dos países que han logrado hasta ahora evitar la guerra nuclear.

- El PKK, o sea los kurdos de Turquía, aprovechó la situación para ocupar la localidad de Yarablus, en el norte de Siria. Mientras tanto, Turquía rechazaba la protesta de Irak contra la presencia militar turca en territorio iraquí. Ankara se niega a retirar sus soldados del territorio iraquí y subraya que Irak, donde hay presencia militar de una treintena de países, sólo denuncia la presencia militar turca.

- Muy importante es el hecho que, considerando que al estar demasiado inmersos en su propio enfrentamiento Washington y Moscú no tratarían de intervenir, el ejército israelí atacó la zona adyacente a las alturas de Golán ocupado.

En agosto de 2014, Tel Aviv se las arregló para que los cascos azules de la Fuerza de Naciones Unidas de Observación de la Separación (FNUOS) fueran expulsados de la línea de demarcación del Golán y los reemplazó con yihadistas de al-Qaeda. El primer ministro israelí Benyamin Netanyahu incluso se retrató con algunos de los 500 yihadistas heridos que recibieron atención médica en el Ziv Medical Center de Israel. En junio de 2016, Netanyahu declaraba públicamente que nunca devolverá el Golán a Siria. Considerando que el primer ministro israelí había ido demasiado lejos, Estados Unidos y Rusia se pusieron de acuerdo sobre la redacción de un proyecto de resolución que intimaba Israel a cesar su apoyo a los terroristas y a permitir el regreso de los soldados de la ONU. Esa resolución, que debía haber sido presentada al Consejo de Seguridad en agosto, no sobrevivió a la deterioración de las relaciones entre Moscú y Washington.

La artillería israelí cañoneó el lado sirio durante toda la tarde y la aviación de Israel disparó también contra el territorio sirio desde el espacio aéreo israelí. Los yihadistas operaron con apoyo aéreo de Israel.

Si Israel y los yihadistas lograran abrir un corredor entre la zona desmilitarizada siria y la región libanesa conocida como las granjas de Shebaa, tendrían la posibilidad de extender la guerra al sur del Líbano. Los pobladores kurdos de esa zona, fieles al príncipe Talal Arslan a la República Árabe Siria, se hallarían entonces en peligro de ser exterminados por los yihadistas.

- En el plano diplomático, Estados Unidos exigió una investigación por «crímenes de guerra» sobre la ofensiva sirio-rusa contra los yihadistas que ocupan varios barrios en el este de Alepo. El representante del secretario general de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, propuso garantizar el paso seguro de los grupos armados si estos deciden salir del este de Alepo hacia Idlib, para poner fin a los combates y salvar a los civiles. Pero Francia rechazó ese compromiso, sugerido en nombre de Washington por el director de Asuntos Políticos de la ONU, el estadounidense Jeffrey Feltman.

Después de consultar con Israel, Francia decidió no incorporar a su proyecto de resolución las enmiendas que su ministro de Exteriores, Jean-Marc Ayrault, había negociado con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, y presentar ese proyecto este sábado en el Consejo de Seguridad de la ONU. El ministro francés de Exteriores viajará a Nueva York para defender personalmente el proyecto de resolución de Francia ante el Consejo de Seguridad.

El proyecto francés pretende prohibir todo bombardeo artillero o aéreo contra el este de Alepo y prohibir que cualquier aeronave militar sobrevuele la ciudad. Rusia confirmó de inmediato que recurrirá al veto. Aunque aún se desconoce la posición de China es muy posible que veamos este sábado el quinto veto de Moscú y Pekín contra las iniciativas de la OTAN en relación con Siria. Siria se convertiría entonces en el principal tema de fricción internacional desde la Segunda Guerra Mundial. Esta situación de estancamiento podría poner en peligro el futuro de las Naciones Unidas.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «Extensión del conflicto», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 8 de octubre de 2016, www.voltairenet.org/article193575.html

viernes, 9 de septiembre de 2016

Sin oposición, Erdogan se va a la guerra



Eyup Ozer


El 24 de agosto de 2016, el gobierno turco anunciaba haber atravesado la frontera siria y organizado una operación militar en colaboración con grupos del ESL para “liberar” la ciudad de Yarablus bajo dominio de la organización del Estado Islámico (EI)…

Pero no ha hecho falta mucho tiempo para ver la verdadera razón que se oculta tras esta operación. Incluso el nombre de la operación, “Escudo del Éufrates”, dice abiertamente la intención del gobierno turco en esta operación militar. Desde el primer día de la operación, tanto las autoridades turcas como las de Estados Unidos llamaron abiertamente a las unidades de protección del pueblo kurdo, las YPG, rama armada del PYD, la organización de los kurdos en Siria, a desplazarse al Este del Éufrates.

Mientras no hay ninguna información oficial sobre los enfrentamientos con el EI, al que sin embargo se le presenta como el principal objetivo de esta operación militar, la cuenta twitter de la operación “Escudo del Éufrates” permite acceder a numerosos reportajes y fotos que muestran los combates que el ejército turco y el ESL llevan a cabo… contra las unidades de protección del pueblo kurdo, las YPG y la coalición de las fuerzas democráticas sirias del FDS. En los hechos, los únicos atacados por esta operación militar son claramente las fuerzas de protección del pueblo kurdo, las YPG.

Una transición con Assad

El nuevo primer ministro de Turquía ha comenzado también a hablar de una transición en Siria con Assad, lo que es un gran cambio en la política del gobierno del AKP respecto a Siria. Ahora también habla de la protección de la integridad territorial de Siria, lo que significa claramente que Turquía no quiere un control kurdo en el norte de Siria, lo que conllevaría un corredor controlado por las fuerzas kurdas en el sur de Turquía.

Contemplar una transición con Assad es también un cambio importante en la política del gobierno turco. Por tanto previsible que a cambio de este giro político, Turquía quiera obtener algo por parte de Irán y de Rusia. Y ciertamente van a emprenderse negociaciones pasando por encima de la vida de las poblaciones de Siria. Esta es la razón del silencio de Rusia ante esta operación militar. El régimen sirio solo ha hecho unas declaraciones muy moderadas contra la intervención militar de Turquía. Y Rusia acaba de declarar que el gobierno turco debería coordinar sus esfuerzos con el gobierno sirio.

Es un cambio tanto más significativo cuanto que hasta ahora las fuerzas aéreas turcas no estaban autorizadas a sobrevolar el territorio sirio, en particular desde la destrucción del avión ruso por el ejército turco en noviembre de 2015. Pero desde entonces parece que se ha encontrado un acuerdo entre Rusia y Turquía.

Hacia una presencia militar turca permanente

A medio y largo plazo, aunque no se conozcan todas las intenciones de Turquía, está claro que toda esta operación ha sido coordinada con Rusia y Estados Unidos. El objetivo principal de Turquía es establecer una forma de control en esa zona geográfica a fin de evitar en esos mismos territorios un control de las fuerzas kurdas y de la coalición de las fuerzas democráticas sirias. A medio plazo, se trata por tanto de poner en pie una presencia militar permanente apoyándose si es necesario en el ESL. Para Estados Unidos es, por el momento, un juego difícil, porque intenta mantener un equilibrio entre dos de sus aliados en la región: Turquía y las YPG.

Mientras se desarrollan estos acontecimientos, desgraciadamente en Turquía no existe una voz fuerte a favor de la paz o contra esta intervención militar. Tras el fracasado intento de golpe de Estado, el AKP ha logrado reconstruir un “consenso nacional” con casi todos los partidos del Parlamento (salvo el HDP) a fin de “luchar contra el terrorismo”. Este peligroso consenso se ha extendido al apoyo a la operación militar en Siria que el gobierno turco puede realizar sin encontrar ninguna oposición.

La izquierda en Turquía está políticamente paralizada desde hace muchos años y, por consiguiente, no hay casi ninguna voz eficaz contra la intervención militar. Las tensiones entre la Turquía aliada al ESL y las fuerzas kurdas del YPG van a aumentar y tendrán consecuencias seguras para los kurdos en Turquía. Esto hace aún más urgente la necesidad de construir en Turquía un movimiento independiente por la paz.



https://npa2009.org/actualite/international/turquie-sans-contestation-erdogan-sen-va-t-en-guerre

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

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Fuente: Viento Sur

martes, 6 de septiembre de 2016

Los proyectos (diferentes) de creación de un Kurdistán


Los kurdos forman parte integrante de la nación y la sociedad sirias. Esta foto muestra la estatua del general Saladino El Magnífico, a la entrada de la milenaria Ciudadela de Damasco. Héroe histórico de la defensa contra los cruzados, el general kurdo Saladino liberó Damasco en 1174 y fundó la dinastía árabe de los Ayubidas.


por Thierry Meyssan

El actual proyecto de Kurdistán, con respaldo de Estados Unidos y Francia, no tiene nada que ver con el proyecto que esos mismos países reconocieron como legítimo en 1920, en la Conferencia de Sevres. ¡El proyecto actual ni siquiera se sitúa en los mismos territorios! Este seudo Kurdistán sólo es la zanahoria que los occidentales muestran a los kurdos de Siria para utilizarlos contra la República Árabe Siria. Su creación no resolvería el problema kurdo y provocaría un conflicto comparable al que ya dura desde hace más de 70 años entre Israel y los palestinos. Desentrañando la situación actual, Thierry Meyssan pasa revista a las posiciones contradictorias de las 9 principales potencias exteriores implicadas.



Los movimientos de fuerzas y las batallas que han marcado este verano en el norte de Siria no parecen tener sentido para los observadores. El hecho es que cada una de las fuerzas implicadas persigue tenazmente sus propios objetivos.

Aunque todos los protagonistas dicen luchar contra el Emirato Islámico (Daesh [1]), lo cierto es que ese grupo yihadista lo que hace es desplazarse y solamente retrocede hacia el desierto. Lo que realmente está en juego en estas acciones es la eventual creación de un Kurdistán en detrimento de las poblaciones árabes y cristianas del norte de Siria [2].

Veamos un análisis de los objetivos de guerra de las principales fuerzas que se mueven en el terreno, partiendo del principio básico que la República Árabe Siria es un Estado soberano y que ninguno de estos actores tiene, por consiguiente, ningún derecho a arrancarle parte de su territorio para crear allí una nueva entidad.

Nueve respuestas al tema kurdo…
7 de ellas ilegales

1- El Emirato Islámico no obstaculizará la creación de un Kurdistán, a condición de que no sea al este del Éufrates

El Emirato Islámico, creado, en Irak, por el estadounidense John Negroponte y, posteriormente, por el general David Petraeus, sigue bajo control de este general estadounidense y ex director de la CIA. Este último subcontrata a Turquía la dirección de ese conjunto, conformado por la Hermandad Musulmana, miembros de los Naqchbandis y diversas tribus sunnitas del desierto que se extiende entre Siria e Irak.

Es por eso que, durante la reciente toma de Yarablus por el ejército turco, los yihadistas del Emirato Islámico que controlaban esa localidad siria, se limitaron a retirarse, obedeciendo órdenes de su mentor turco, sin oponer resistencia.

Después de la batalla de Ain al-Arab (Kobane), el Emirato Islámico admitió el principio mismo de la creación de un Kurdistán en el norte de Siria, pero no al este del Éufrates.

2- Las 3 posiciones de Estados Unidos

En tiempos de la Primera Guerra Mundial, el presidente estadounidense Woodrow Wilson había incluido entre sus objetivos de guerra la creación de Armenia, de Israel y de Kurdistán. Al final del conflicto, el presidente Wilson envió a la región la comisión King-Crane. Esta última indicó:

«Los kurdos reclaman un territorio muy extenso, basándose en su presencia [en ese territorio], pero como están muy mezclados con los armenios, con los turcos y los demás, y divididos entre sí en [kurdos] qizilbash [3], [kurdos] chiitas y [kurdos] sunnitas, parece preferible limitarlos a la zona geográfica natural que se halla entre la proposición de Armenia en el norte y de Mesopotamia en el sur, con el foso entre el Éufrates y el Tigre como límite oeste y la frontera persa como límite este (…) Es posible desplazar de esa zona a la mayor parte de los turcos y los armenios, que son poco numerosos, mediante un intercambio voluntario de población y obtener así una provincia de alrededor de un millón y medio de habitantes, casi todos kurdos. Debe garantizarse la seguridad de los caldeos, nestorianos y cristianos sirios que viven en la región.»

La Comisión King-Crane visitó la región justo al término de las masacres desatadas contra los cristianos –que se prolongaron desde 1894 hasta 1923–, perpetradas primeramente por el Imperio Otomano y después por los Jóvenes Turcos, con ayuda de la Alemania del II Reich alemán y de la República de Weimar [4]. Dado el hecho que los turcos habían utilizado a los kurdos para masacrar a los cristianos, la Comisión King-Crane se mostró muy prudente en cuanto a la posibilidad de que los armenios pudiesen vivir en un Estado kurdo. Esa vieja herida se reabrió recientemente cuando, en noviembre de 2015, grupos de kurdos del PYD [5] trataron de “kurdizar” por la fuerza a los cristianos asirios del norte de Siria [6].

A pesar de todo, en 1920 la Conferencia de Sevres creó, en los papeles, un Kurdistán. Pero, ante la rebelión turca encabezada por Mustafa Kemal, aquel proyecto nunca llegó a concretarse y Estados Unidos renunció a él con el Tratado de Lausana, en 1923.

El siguiente mapa, tomado del sitio web Les Clés du Moyen-Orient [en español, “Las llaves del Medio Oriente”] permite observar que el presidente Woodrow Wilson había previsto crear aquel Kurdistán en el territorio de la actual Turquía e incluyendo una pequeña parte del actual Kurdistán iraquí. La Siria actual no tenía absolutamente nada que ver con aquel proyecto.


Varios decenios más tarde, durante la guerra civil turca, la Siria de Hafez el-Assad respaldó al PKK, basándose en las mencionadas proposiciones del presidente Wilson. Siria concedió asilo político al líder del PKK, quien se comprometió por escrito a no reclamar ninguna porción de territorio sirio, incluyendo aquellos donde Siria acogía a los refugiados kurdos.

Las estadísticas son elocuentes. El censo de 1962 muestra que en Siria había solamente 162 000 kurdos, pero un millón de kurdos turcos buscaron refugio en Siria, país que además les concedió asilo político. Hoy son 2 millones y la República Árabe Siria les concedió la nacionalidad siria en 2011. Al inicio del actual conflicto, los kurdos defendieron Siria, con armamento y salarios proporcionados por Damasco, frente a la invasión de los mercenarios islamistas.

Renunciando a su posición histórica, Estados Unidos prometió entonces a los diferentes jefes kurdos –en Irak, en Siria y en Turquía– crear para ellos un Estado en Siria si volvían sus armas contra Damasco. Algunos aceptaron la oferta.

A inicios de 2014, cuando el grupo del general estadounidense David Petraeus planifica el desarrollo del Emirato Islámico y su invasión contra la provincia iraquí de al-Anbar, ese grupo autoriza al gobierno regional kurdo de Irak a apoderarse de los campos de petrolíferos de Kirkuk, lo cual se hizo realidad sin que ello diese lugar a ningún tipo de condena internacional, ya que los medios de difusión mantenían la atención de la opinión pública concentrada en los crímenes del Emirato Islámico.

3- Rusia respalda los derechos de la minoría kurda

En un primer momento, Rusia apoyó el proyecto de creación de una región autónoma kurda en Siria, según el modelo de la Repúblicas Autónomas rusas. En febrero de 2016 se abrió en Moscú una representación de las YPG.

Sin embargo, ante la reacción indignada de los sirios, Moscú tomó conciencia del hecho que la situación de la República Árabe Siria no tiene nada que ver con lo que existe en la Federación Rusa. Las minorías sirias están tan mezcladas entre sí que no existe ninguna región del país donde una de ellas sea mayoritaria. Durante miles de años, la defensa de Siria se ha organizado a partir de la mezcla de poblaciones, de forma tal que, en todas partes del país, una minoría vinculada a un eventual invasor pueda proteger al resto de la población. Por consiguiente, el Estado sirio no garantiza los derechos de las minorías entregándoles la gestión de regiones separadas sino organizando las instituciones y la administración según los principios del laicismo, tanto en materia de religión como en el plano étnico.

Es por ello que Rusia aborda ahora la cuestión kurda de manera completamente diferente. Rusia se ha comprometido a defender los derechos de todas las minorías en general, incluyendo los derechos de los kurdos, pero ha invitado a estos últimos a que definan claramente si están a favor o en contra de los yihadistas. En efecto, por el momento, los kurdos de todas las tendencias luchan contra los yihadistas, pero no porque sean yihadistas sino para apoderarse de los territorios que estos ocupan y apropiarse de ellos. Eso ha llevado a Rusia a exigir a los kurdos que definan también a quién consideran como aliado: Washington o Moscú.

4- Turquía quiere la creación de un Kurdistán, pero en Siria y bajo control del clan Barzani

Ankara se niega a la posibilidad de que un Kurdistán sirio pueda servir de retaguardia al PKK, circunstancia que este partido kurdo podría aprovechar para extenderse en Turquía. Ankara mantiene excelentes relaciones con el gobierno regional del Kurdistán iraquí y no tiene porqué oponerse a la creación de un Kurdistán sirio. Es por eso que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan había concluido con los dos copresidentes de las YPG un acuerdo secreto según el cual él apoyaría la creación de ese Estado. Pero ese acuerdo no sobrevivió a la represión desatada contra los kurdos de Turquía por el propio presidente Erdogan a raíz del progreso de estos en las elecciones legislativas de junio de 2015 [7].

La extrema derecha turca, tanto el MHP como los Lobos Grises y la Milli Gorus del presidente Erdogan, profesa una ideología de carácter racial. Según esos movimientos y milicias, Turquía debe ser islámica y basarse en la raza turco-mongola –lo cual implica la expulsión de cristianos y kurdos. La oposición no comparte ese punto de vista y gran parte de los kurdos están perfectamente integrados a dicha oposición.

Abdullah Ocalan crea el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) en 1978, cuando el fundador de los Lobos Grises, Alparslan Turkes, se convierte en viceprimer ministro de Turquía, en 1975, y habla públicamente de liquidar a los kurdos, siguiendo el modelo de liquidación de los cristianos aplicado durante el genocidio desatado contra los armenios y los griegos pónticos. Damasco concede a Ocalan el asilo político hasta 1998, año en que Ankara amenaza con recurrir a la guerra si Siria sigue protegiéndolo. El entonces presidente sirio Haffez el-Assad pide a Ocalan que trate de hallar refugio en otro país. El fundador del PKK será finalmente secuestrado en Kenya por el Mosad –la inteligencia israelí–, con ayuda de los kurdos del PDK, y entregado a Turquía, donde aún se encuentra encarcelado.

5- Irán se opone a la creación de un Kurdistán

Alrededor de 4,5 millones de kurdos son iraníes y son mayoría en una región de la República Islámica. Si bien gozan de igualdad jurídica, la región donde son mayoritarios sigue siendo objeto de diversas formas de discriminación y está menos desarrollada que las regiones de población persa.

La República Islámica de Irán defiende firmemente la preservación de las fronteras, sobre todo porque la creación de un nuevo Estado podría estimular el separatismo de otras minorías, como los baluchis.

Además, siendo aliado de Siria, Irán no puede admitir la creación de un Gran Kurdistán en detrimento de la integridad territorial del Estado sirio.

6- El gobierno regional kurdo de Irak es favorable a la creación de un Gran Kurdistán en territorios que hoy son parte de Irak y de Siria

El gobierno regional kurdo de Irak ve con inquietud a los kurdos de Siria. En efecto, se trata de dos poblaciones diferentes que, a pesar de ser kurdos, no hablan la misma lengua (los kurdos de Irak hablan sorani mientras que el segundo grupo habla kurmanji, por tratarse de kurdos provenientes de Turquía) y tienen una historia de relaciones conflictivas desde los tiempos de la guerra fría. Los kurdos de Irak incluso filtran la entrada a su territorio de kurdos provenientes de Siria y cierran las puertas a los kurdos que les parecen sospechosos de mantenerse vinculados al PKK.

Massud Barzani, jefe del clan Barzani, sigue siendo presidente del gobierno regional kurdo iraquí después de haber prorrogado su propio mandato en 2012, impidiendo la realización de elecciones. Massud Barzani ha instaurado en el Kurdistán iraquí un régimen corrupto y autoritario, sin vacilar en recurrir al asesinato de sus opositores. Con ayuda del Emirato Islámico, Massud Barzani extendió en un 40% el territorio de su región, anexando los campos petrolíferos de Kirkuk, y posteriormente el petróleo robado por el Emirato Islámico circuló a través del oleoducto del Kurdistán iraquí.

Como puede comprobarse en el siguiente mapa, al apoderarse del territorio que va desde Erbil hasta la frontera siria, Barzani impuso una continuidad geográfica entre el Kurdistán autónomo de Irak, bajo su control, y un Kurdistán eventualmente instaurado en el norte de Siria.



Luego de haber respaldado al Emirato Islámico durante la batalla de Ain el-Arab (Kobane), el gobierno regional kurdo iraquí se acercó a las YPG –a pedido de Washington– y les prestó una asistencia simbólica. Actualmente, el “presidente” Massud Barzani anuncia a cada rato que el Kurdistán iraquí va a declararse independiente y que planea anexar entonces una parte de Siria, pero se opone de plano a la creación de un Kurdistán dirigido por Saleh Muslim, copresidente del PYD (Partido de los kurdos de Siria).

7- Israel es favorable a la creación de un gran Kurdistán en territorios de Irak y Siria, pero no en Turquía

Para garantizar su propia seguridad, Israel estimuló inicialmente la creación de zonas desmilitarizadas a lo largo de su frontera, en detrimento de sus vecinos, como en el Sinaí egipcio y el sur del Líbano. Pero, debido al desarrollo de los misiles, Israel abandonó esa estrategia, se retiró del Sinaí y del sur del Líbano y, desde 1982, viene desarrollando una estrategia que consiste en controlar por detrás a las tres grandes potencias de la región, que son Egipto, Siria e Irak. Para lograrlo, estimuló la creación de un nuevo Estado independiente, Sudán del Sur, y ahora incita a la creación de un gran Kurdistán en territorios pertenecientes a Siria e Irak.

Desde la época de la guerra fría, Israel mantiene muy estrechas relaciones con el clan Barzani, actualmente en el poder en el Kurdistán iraquí.

8- Francia es favorable a la solución del problema kurdo sin afectar el territorio turco

En 2011, los entonces ministros de Relaciones Exteriores de Francia y Turquía, Alain Juppé y Ahmet Davutoglu, firmaron un Tratado donde se estipulaba que Turquía apoyaría las guerras contra Libia y contra Siria (esta última ni siquiera había comenzado todavía) a cambio de respaldo a la admisión de Turquía como miembro de la Unión Europea y de la solución del problema kurdo en detrimento de los vecinos de Turquía. En otras palabras, Francia se comprometió a crear un Estado independiente –en Siria o en Irak, o a caballo sobre ambos países– para poder expulsar hacia allí [desde Turquía] a los kurdos del PKK. Ese acuerdo, que planifica la ejecución de crímenes contra la humanidad, se mantuvo en secreto y no fue sometido a los parlamentos de Francia y Turquía.

El 31 de octubre de 2014, el presidente Francois Hollande recibió a Erdogan en la sede de la presidencia de la República Francesa. Saleh Muslim, copresidente del PYD (partido de los kurdos de Siria, cuya rama armada son las YPG), se unió secretamente a este encuentro. Estos tres personajes se pusieron de acuerdo para crear en el norte de Siria, y en detrimento de los pueblos no kurdos que pueblan esos territorios sirios, un Kurdistán donde Saleh Muslim sería “nombrado” presidente.

Pero después de la batalla de Ain al-Arab (localidad siria designada como Kobane en kurdo kurmanji), el presidente Hollande recibió el 8 de febrero de 2015, públicamente y a pedido de Estados Unidos, a la otra copresidente del PYD, Asya Abdullah, suscitando así la cólera de Ankara. La señora Abdullah es conocida como una fiel seguidora del líder histórico del PKK, Abdullah Ocalan, y por consiguiente se opone a una presidencia en manos de Saleh Muslim.

Cambiando nuevamente su posición después de los atentados de París, Francia hizo adoptar en el Consejo de Seguridad de la ONU la resolución 2249 que autoriza a intervenir militarmente contra el Emirato Islámico, lo cual proporciona una excelente coartada para la creación del nuevo Estado. Sin embargo, Estados Unidos y Rusia retocaron el proyecto francés en el último momento para que París no pueda intervenir en Siria sin autorización de Damasco.

9- Las tres principales facciones kurdas son favorables a la creación de un Kurdistán, pero cada una de ellas quiere que sea bajo su control y no bajo control de alguno de sus rivales

Durante la guerra fría, los kurdos se dividieron en pro-estadounidenses (PDK) y pro-rusos (PKK). Las YPG representan a los kurdos turcos del PKK refugiados en Siria. A esta división fundamental han venido agregándose otras, de manera que hoy existen una veintena de partidos políticos kurdos.

La sociedad kurda está organizada según un sistema de clanes que recuerda el que existe en el sur de Italia, de manera que la pertenencia a determinada tendencia política no es una opción personal sino algo que depende principalmente de relaciones de familia.

Durante los siglos XVIII y XIX, los dirigentes kurdos privilegiaron siempre las alianzas con grandes potencias en vez de los acuerdos con los pueblos con los que vivían. De esa manera, los líderes kurdos garantizaron sus propios intereses a costa de los intereses de su pueblo, situación que recuerda el comportamiento de los dirigentes maronitas en Líbano.

En 1974-1975, los kurdos de Irak se aliaron a Estados Unidos en contra del presidente Ahmad Hassan al-Bakr. Pero cuando al-Bakr comenzó a reprimirlos, Estados Unidos los abandonó. Y cuando una comisión senatorial lo interrogó, preguntándole si no le avergonzaba haber abandonado a los kurdos, el secretario de Estado Henry Kissinger respondió secamente: «La política exterior de Estados Unidos no es cuestión de filantropía.»

Los líderes kurdos actuales que aceptaron el proyecto estadounidense con la ilusión de obtener altos puestos en el futuro Estado se niegan a ser responsables de la Nakba [8] que se produciría si fuesen apartados del futuro poder. El problema, en efecto, es que la creación del nuevo Estado supondría la expulsión o masacre de las poblaciones árabes y cristianas asirias que viven en el norte de Siria y que en su momento acogieron allí a los kurdos que huían de la represión turca.

Uso reciente de la fuerza para impulsar cada uno de estos proyectos

A lo largo del verano de 2016, Estados Unidos apoyó directamente las FDS (las denominadas Fuerzas Democráticas Sirias, que no son otra cosa que miembros de las YPG junto con algunos mercenarios árabes y cristianos) para expulsar de la localidad siria de Manbij a los yihadistas del Emirato Islámico, estos últimos también indirectamente apoyados por Estados Unidos a través de Turquía. En cuanto se materializó la toma de Manbij, el Pentágono obligó las YPG a retirarse de la localidad que acababan de conquistar y la puso en manos de grupos armados empeñados en derrocar el gobierno sirio.
El 23 de agosto de 2016, en Ankara, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y su homólogo del gobierno regional kurdo de Irak, Massud Barzani, concluyeron una alianza contra los otros kurdos.



El 23 de agosto, el presidente del gobierno regional kurdo de Irak, Massud Barzani, fue recibido con honores de jefe de Estado por los principales dirigentes de Turquía. Fundamentalmente, Barzani tuvo un encuentro de 2 horas con el presidente Erdogan. El Kurdistán iraquí apoyó a Turquía contra los kurdos del PKK y trazó con Ankara un plan para destruir sus instalaciones en las montañas iraquíes. El gobierno regional kurdo iraquí y Ankara abordaron además la cooperación energética, probablemente la manera de seguir vehiculando el petróleo robado por el Emirato Islámico.

Ese mismo día, el ejército turco entró en territorio sirio y “expulsó” al Emirato Islámico de la ciudad siria de Yarablus, situada entre la frontera turco-siria y Manbij. Los turcos tomaron Yarablus sin combatir ya que los yihadistas del Emirato Islámico se retiraron, obedeciendo las órdenes de su mentor turco. Por cierto, por el momento, nunca hubo ningún tipo de combate, ni en Yarablus ni en ningún otro lugar, entre el ejército turco y el Emirato Islámico.

Tratando de explotar la ventaja adquirida, el ejército turco prosiguió su avance tomando otras localidades y acercándose a Manbij, ignorando con ello las órdenes de Estados Unidos de detenerse. Así que la CIA entregó misiles antitanques a las YPG, que los utilizaron primeramente contra los tanques turcos, pero no en Yarablus, y luego contra el aeropuerto de Diyarbakir, en territorio turco. Mensaje recibido. El ejército turco se replegó hacia Yarablus y puso las aldeas que se hallan al sur de esa ciudad en manos de milicias turcomanas que ahora operan bajo la bandera –que había quedado vacante– del Ejército Sirio Libre.

Al día siguiente de la visita de Massud Barzani, también viajó a Turquía el vicepresidente estadounidense Joe Biden. Siendo senador, Biden había presentado un proyecto de ley tendiente a proclamar la independencia del Kurdistán Irak. Ya en Ankara, el vicepresidente de Estados Unidos anunció haber solicitado a las YPG que se retiren del territorio que se halla al oeste del Éufrates –lo cual incluye Manbij– y que, de no hacerlo, Washington cesaría toda forma de apoyo «a los kurdos». Pero como el Emirato Islámico ya anunció que no permitirá la implantación de las YPG al este del Éufrates, se hace difícil entender qué territorio quedaría ahora para esos combatientes kurdos.

En definitiva, existe un acuerdo tácito entre Ankara y Damasco para obstaculizar el surgimiento de un Kurdistán bajo control de las YPG, mientras que hay otro acuerdo oficialmente concluido entre el Pentágono y las YPG para que ambas partes no luchen entre sí, a pesar del nuevo cambio de casaca de Washington contra la creación de un Kurdistán.

Thierry Meyssan



[1] También designado en la prensa occidental como Estado Islámico o con las siglas EI, ISIL o ISIS.

[2] Los 4 principales partidos kurdos mencionados en este trabajo son:
- el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), organización marxista-leninista creada en Turquía por Abdullah Ocalan en la época de la guerra fría.
- las YPG (Unidades de Protección del Pueblo), creadas en Siria por los kurdos turcos del PKK exilados en la República Árabe Siria.
- el PDK, creado en Irak alrededor del clan Barzani, cuyos miembros trabajaron públicamente para el Mosad (el servicio de inteligencia de Israel) durante la guerra fría y aún siguen vinculados a Israel.
- el UPK, creado alrededor de la familia Talabani y vinculado a Irán.

[3] Los qizilbash son una orden sufista de origen iraní.

[4] «La Turquía de hoy continúa el genocidio armenio», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 30 de abril de 2015.

[5] Partido kurdo creado en Siria por exilados kurdos provenientes de Turquía.

[6] «Estados Unidos e Israel inician la colonización del norte de Siria», Red Voltaire, 1º de noviembre de 2015.

[7] «Erdogan anuncia 5 359 kurdos “neutralizados” », Red Voltaire, 29 de marzo de 2016.

[8] El término árabe nakba, que significa “desastre” o “catástrofe”, es utilizado comúnmente para designar el proceso de limpieza étnica y expulsión de entre 700 000 y 750 000 palestinos durante la autoproclamación del Estado de Israel, en 1948.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

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Fuente : «Los proyectos (diferentes) de creación de un Kurdistán», por Thierry Meyssan,
 Red Voltaire , 5 de septiembre de 2016, www.voltairenet.org/article193114.html

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